La situación del país


-Oye, papá, ¿cómo está integrado el gobierno?
El papá, después de pensarlo un momento, respondió: -Mira Pepito, para que te sea más fácil entenderlo te voy a poner un ejemplo basado en la casa:
 Tu mamá             es el gobierno,
 Tu papá             es el poder ejecutivo federal,
 Tu hermano menor    es el país,
 La sirvienta        es el estado y
 Tú                  eres el pueblo.

Esa misma noche el hermanito de 6 meses estaba llorando, y Pepito fue a ver qué le pasaba. Encontró que su hermanito estaba batido en caca. Fue a buscar a su mamá, pero la encontró dormida. Fue a ver dónde estaba su papá y lo encontró fornicando con la sirvienta. Entonces decidió irse de nuevo a la cama.
Al día siguiente, a la hora del desayuno, le comentó a sus papás:
-La situación de anoche estaba "de la fregada", de acuerdo a la descripción que me hizo mi papá del gobierno
El país estaba hecho mierda,
El gobierno... dormido como siempre,
El poder ejecutivo federal chingando al Estado,
y el pueblo... hecho un pendejo sin saber qué hacer.

Moneda conmemorativa de la situación del país.


De acuerdo con un despacho de la agencia internacional de prensa EFE, varios platillos voladores (OVNIS) descendieron simultáneamente en diversos países de la Tierra.
- En Japón el OVNI fue rodeado por una nube de técnicos que en un 2 por 3 copiaron hasta los últimos detalles de la nave para reproducirlo a menor costo.
- En Estados Unidos el OVNI fue rodeado por una nube de agentes de publicidad que ansiosamente presentaron a los visitantes extraterrestres contratos para anunciar productos.
- En Rusia el OVNI fue rodeado por una nube de soldados, policías y empleados del Servicio Secreto que acusaron de espías a los marcianos y los internaron en manicomios y en la Lubianka.
- En México el OVNI fue rodeado por una nube de niños que gritaban: "¡Se lo cuido!...¡Se lo cuido!...¡Se lo lavo!...¡Se lo lavo!"


La ONU acaba de finalizar la encuesta más grande de su historia. La pregunta fue: "Por favor, diga su honesta opinión acerca de la escasez de alimentos en el resto del mundo"
Los resultados no han podido ser mas desalentadores. La encuesta ha sido un total fracaso por lo siguiente:
El discurso de los opositores a la reforma energética, fuera de una que otra excepción, se mantuvo ortodoxamente en los parámetros del cardenismo y la demagogia histórica que lo siguió. Aquí no pasaron los años. Pero el podrido petate del muerto no pudo enfrentar al coloso global de la economía neoliberal, rebosante de novedad y fascinantes ofertas, por lo demás engañosas y fallidas para países en desarrollo.

Se habló entonces de la consulta popular. ¿Y cuándo se informó y formó a la gente para que pudiera opinar llegado el caso? ¿Qué parámetros de juicio manejaríamos? ¿Que bajará el gas, la gasolina y la electricidad, de aprobarse, o por el contrario subirán aún más y todo el tiempo en caso contrario? ¿Que los extranjeros se adueñarán de los recursos energéticos de la patria mexicana, despojándonos de nuestro invaluable patrimonio? ¿Acaso no es precisamente eso lo que han hecho el gobierno y el sindicato con los tan traídos y llevados recursos? ¿Está consciente la sociedad mexicana de las condiciones actuales del petróleo, del gas, de la energía eléctrica, de la infraestructura usada para obtenerlos, de las plantas laborales, de la podredumbre sindical, de las maneras en que se transportan los productos y se venden, y sobre todo del uso que se da a las ganancias? ¿Cómo pueden pues opinar si no es con base a informaciones fragmentadas, demagógicas o míticas? Aún peor, ¿qué porcentaje de la ciudadanía estaría realmente interesada en formarse, informarse, opinar y votar? Toda consulta, dadas las condiciones de nuestra democracia, acaba siendo oligárquica. Patria, pueblo, nación, patrimonio, autonomía, prosperidad, no son sino palabras del infinito vocabulario de una demagogia política cada vez más banalizada por la mercadotecnia boba de todos los días.

Si la reforma energética busca solamente obtener mayores recursos, y lo mismo busca la reforma hacendaria y la laboral, estamos francamente sometidos a la insaciable voracidad del aparato gubernamental, que requiere de más y más recursos para seguir manteniendo una nómina inflada de burócratas desinflados, presupuestos billonarios, obra pública de relumbrón electorero, salarios ofensivos, proyectos faraónicos pagados con más deuda, costeo de una apariencia ante las naciones que se colapsa apenas las naciones nos miran más de cerca.

Quisiéramos por una vez confiar en las acciones de gobierno. Los hechos de cada día nos lo impiden. Lo que verdaderamente requeriría de una profunda reforma, previa a toda otra, es la reforma de la función pública, y esa es precisamente la reforma que nunca llega.

Armando González Escoto
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 5 de enero de 2014).


Más allá de las posibles apreciaciones, los sueños, los buenos deseos, los espejismos y las esperanzas, llevamos a cuestas, como país, un pesado fardo de asignaturas pendientes y proyectos sin realizar. Simplemente, el tema de la pobreza -que, en sí mismo, bastaría para refutar machaconamente nuestros progresos en rubros como la industrialización, la liberalización del comercio exterior o el manejo de las finanzas públicas- sigue estando ahí, a pesar de la colosal cantidad de recursos públicos (mal)gastados en el combate a la desigualdad. Y en muchos otros renglones pareciera que nos persigue una incesante fatalidad al punto de que los ánimos nacionales andan muy de capa caída: la gente parece solazarse en un riguroso pesimismo que, sin embargo, es tal vez entendible en tanto que refleja, hoy día, la decepción colectiva de una nación que se esperanzó grandemente al comenzar la transición democrática.

Y, miren ustedes, luego de la asombrosa alternancia el PRI está de vuelta.

Y ¿a qué ha venido el PRI, ahora? ¿A gobernar como en la década de los años 60? ¿A reprimir la protesta social? ¿A dilapidar los recursos públicos y causar una pavorosa crisis económica? ¿A restaurar el discurso demagógico de antaño y restituir el culto a la figura presidencial? No lo creo, con el perdón de todos esos lectores que, un día sí y el otro también, denuncian una vuelta al pasado como si este país no fuera ya irreversiblemente diferente. Limitemos esta apreciación, de la manera más parcial, a tres puntos: para empezar, no hay ya periódico alguno, como aquellos de mis tiempos, que se sienta obligado a reproducir en portada, todas las mañanas, las declaraciones de un primer mandatario que pontificaba como el oráculo. Por el contrario (y esto, independientemente de la disposición que pueda tener la prensa) Peña Nieto mantiene un perfil bajo, sin triunfalismos ni excesos. En segundo lugar, una gran parte de la población, justamente, no sólo no se traga ya el discurso oficial sino que está inmutablemente en contra del régimen, si no es que del "sistema" en su conjunto. Y esa gente tiene voz... y voto: ha elegido a Mancera en la capital de todos los mexicanos, ve reflejadas sus opiniones en los medios, se organiza en grupos de acción, protesta en las calles, aclama a Obrador (que, encima, en su condición de primerísimo opositor de la nación -y de piedra en el zapato- desempeña un papel muy importante para preservar los equilibrios en el escenario de lo público) y participa abiertamente en actividades políticas. Y, finalmente, el propio PRI ya no es el mismo: recordemos que promovió, en su momento, una reforma política, que impulsó la creación de instituciones independientes y que se acomodó, como cualquier partido en una sociedad democrática, a la realidad de la alternancia en el poder. ¿Dictadura perfecta? No. ¿Democracia imperfecta? Desde luego que sí, sobre todo en lo que toca a la rendición de cuentas. Pero, en este estado de cosas, todos los partidos son responsables, no nada más el PRI.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 5 de enero de 2014).


Hace tiempo que millones de mexicanos están insatisfechos y se quejan por los bajos salarios que se autorizan año con año; hace tiempo que trabajadores con prestaciones sociales protestan en contra de los recortes a los derechos sociales; hace décadas que miles de pueblos del país denuncian el acoso y el despojo sobre sus territorios por entes públicos o privados que se apropian de los bienes comunes. Todos esos reclamos, que no han sido silenciosos, no se han escuchado lo suficiente.

Las políticas económicas de libre comercio, apertura indiscriminada a la inversión privada, contención salarial, recorte de derechos y despojo sobre bienes comunes afectaron inicialmente a sectores de bajos ingresos. Se pensó que eso bastaría para hacer funcional el sistema de apertura económica radical, pero no fue así.

Esta nueva andanada de políticas ultraliberales apunta tanto a la clase media como a comercios establecidos, industriales pequeños y medianos, profesionistas y trabajadores por cuenta propia, e incluso a medianos empresarios.

Para empezar, 2014 arranca con alzas generalizadas de gasolina, transporte público, a pan, refrescos, alimentos para mascotas y nuevos regímenes fiscales para 1.8 millones de comerciantes, entre ellos unas 700,000 familias que viven de una pequeña tienda de abarrotes.

Por eso ahora los reclamos están surgiendo de sectores medios, comerciales y pequeños empresarios. Las quejas ya no son sólo de asalariados sindicalizados con seguridad social (como a fines de los 80), ni de agroproductores o transportistas afectados por el TLCAN (como en los 90), ni de comerciantes informales, pueblos indígenas y campesinos, como ha sido en la década pasada.

Ahora se quejan industriales establecidos, como la Cámara Nacional de la Industria Panificadora, cuyo presidente Erick Navarrete Aguilar advirtió que, con la actual reforma fiscal, la informalidad en su sector podría crecer hasta 45% (ahora es de 30%).

Y mientras se aprieta el cerco fiscal sobre asalariados, profesionistas, tienditas, pequeños comercios, el gobierno de Peña Nieto condonó el año pasado 166,000 millones de pesos, sobre a todo a grandes industrias. Por ejemplo, a las mineras les condonó 7,235 millones de pesos (El Universal, 7 de enero de 2014).

Se está recargando la recaudación sobre las clases bajas, medias y pequeños comerciantes, mientras se condona cantidades millonarias a las grandes empresas. Ésa no es una política recaudatoria justa; eso significa apretar más la soga al cuello de quienes de por sí ya han pagado su cuota de sacrificios en estos años ultraliberales.

Rubén Martín
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de enero de 2014).


La evidencia empírica muestra que durante las últimas décadas los ingresos de las familias de clase media del país (3o. a 9o. deciles de ingresos familiares) han crecido en forma sostenida, no obstante que simultáneamente se ha abierto la brecha absoluta y relativa de ingresos entre las familias del 10o. decil de ingresos y las demás. La pregunta central es ¿cómo se debe calificar? ¿Es bueno o malo? ¿Requiere intervención del Estado?

Sin más datos para calificar esta situación, recomendaría que el Estado se abstenga de intervenir. Importa más la mejora del bienestar económico de las familias de clase media que el deterioro de la distribución de ingresos. Pero si adicionalmente hubiera evidencia que mostrara que la movilidad social (probabilidad de que una familia ascienda de un decil a otro a lo largo de su vida productiva) es muy baja o se está deteriorando, entonces sí me preocuparía la distribución de ingresos, puesto que estaríamos en la presencia de evidencia de que se está conformando una sociedad de castas: una en la cual el estadio económico de la nueva generación está determinada al momento de nacer.

Mi esposa y yo conocemos a un matrimonio de clase media baja desde hace casi 20 años. Vimos a sus hijos crecer y desarrollarse. El primero de ellos ya terminó sus estudios universitarios; el segundo está por concluirlos, y la tercera está en secundaria y seguirá los pasos de sus hermanos. Los padres de estos hijos han invertido todo su empeño en asegurar que sus hijos logren incorporarse al mundo de los profesionales mexicanos. Su principal aspiración es que sus hijos logren un estándar de vida, absoluto y relativo, superior al de ellos. Es probable que la inercia de crecimiento de la economía cause que su deseo respecto del nivel absoluto de ingresos de sus hijos se cumpla. Pero los padres de estos muchachos también quieren que sus hijos ocupen un "estrato social" más alto. Dada la estructura económica y social del país, estimo que la probabilidad de que también se cumpla esta aspiración es muy baja. La estructura económica de México es tan rígida, que casi la única manera de llegar a ser parte de la élite económica y social de México es haber nacido en el seno de una familia de este estrato.

Esto se debe a que en México, como en la mayoría de las economías de mercado, el principal vehículo de movilidad social es el sistema de educación. Como la calidad de la mayoría de las escuelas del país es muy baja, la probabilidad de poder acceder a las instituciones élite de educación superior, donde se forman los profesionales que posteriormente ocupan los roles de liderazgo dentro de la sociedad, también es muy baja. La movilidad social en México es muy baja, entre otras razones, porque el sistema de educación pública es muy pobre y sólo sirve para garantizar la reproducción del statu quo.

La suerte económica de la gran mayoría de los mexicanos esta predeterminada no tanto por su nacimiento, sino por la calidad de la educación que reciben a lo largo de su vida. Los que tienen la suerte de contar con padres que los ayudan a acceder y concluir estudios en uno de los pocos programas académicos de excelencia del país tienen abierto el camino al éxito. Los que no tienen esta suerte están atrapados en la gran masa, aun cuando hayan concluido estudios universitarios. Si queremos una sociedad con mayor movilidad social, es indispensable mejorar la calidad y capilaridad del sistema educativo, en todos sus niveles, para crear vehículos que dinamicen la movilidad social.

Roberto Newell G., economista y vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, AC.
(v.pág.2 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 9 de enero de 2014).


No basta con haber logrado que los legisladores hayan aprobado las reformas educativa, fiscal, política y energética para declarar el triunfo.

Hasta la fecha, no se ve por dónde los maestros estén convencidos y dispuestos a tomarse en serio y comprometerse por un mayor nivel educativo cuando con la mayor de las vulgaridades se han volcado a las calles a manifestar precisamente lo mal educados que están y su postura en contra de ser siquiera evaluados... no digamos todo lo demás que implica mejorar el nivel educativo del país.

Tampoco se ha notado la más mínima disposición ni del presidente Peña Nieto, ni del premiado secretario Videgaray, ni del cuerpo de burócratas que cuelgan en sus organigramas por hacer rendir mejor el presupuesto gubernamental. De hecho, de manera enigmática PRI y PRD consiguieron sacar adelante la reforma fiscal sin poner en la mesa compromiso alguno por racionalizar el gasto público y eficientar cuando menos un poco el gasto gubernamental. Si cuando había menos recursos y no había déficit se gastaba mal, ahora que habrá más recursos y se autorizó operar con déficit, lo menos que podemos esperar son dispendios ofensivos para un país con tanta pobreza y desigualdad social.

Sobre la reforma política hay mucho por demostrar, habida cuenta del bajo nivel de educación democrática que han mostrado los partidos políticos y la irritante manera como han "acarreado" a las masas que los acompañan. La deuda de los partidos políticos con los ciudadanos que los han favorecido con el voto no sólo es enorme, sino que crece con cada votación, como crece también el desencanto del electorado.

También en el tema energético está todo por verse. Al parecer, los únicos contentos son los extranjeros y algunos cuantos empresarios que han ido invirtiendo en entender el tema para ser los primeros en tener un pie adentro, sin embargo, los problemas laborales apenas empezarán a verse por las calles y de ahí se derivarán una serie de desencantos.

Así pues, ya tenemos las reformas, llegó la hora de que el presidente Peña Nieto demuestre para qué las quería.

(V.Razón y Acción del 11 de enero de 2014).


El gran problema de este país no es que no se haya industrializado; tampoco que no tenga una pujante clase media; ni que carezca de buenas universidades; ni que no cuente con instituciones sólidas. El drama de México es que todas estas realidades -la de que es una auténtica potencia industrial, la de que sus ciudades estén llenas de esplendorosos centros comerciales, la de que existan el ITAM y El Colegio de México y la de que el sistema electoral, por ejemplo, sea uno de los más perfeccionados de todo el mundo- no son de aplicación general a lo largo y ancho de la nación sino que benefician a menos de la mitad de los mexicanos. Y así, una parte de la población lleva a cuestas a la otra y los indicadores globales de bienestar andan por los suelos, por no hablar de esas comunidades donde los niveles de vida son comparables a los del África subsahariana más pobre.

Hay razones históricas para esto, desde luego: desde sus orígenes mismos, la nación mexicana se sustentó en un sistema económico de intrínseca desigualdad. Para mayores señas, todavía en 1910, los indios yaquis eran prácticamente esclavizados por los hacendados del henequén en la península de Yucatán. Y, a pesar de que tuvo lugar una gran revuelta social al comenzar el siglo pasado -que, de paso, dejó absolutamente arruinado y empobrecido al país-, los gobernantes revolucionarios no instauraron un régimen abierto en lo político, ni en lo económico, sino que habitaron simplemente un espacio, el que ocupaban antes el dictador y sus allegados, para preservar los privilegios de una nueva clase dirigente.

Nunca hubo manera de celebrar contratos y acuerdos, o de llevar a cabo proyectos, que no implicara una absoluta complicidad con el poder político. Es por eso que, hasta nuestros días, una de las más distintivas aspiraciones del mexicano de a pie es lograr un cargo público que le permita traficar con la repartición de redituables prebendas y beneficios. El capitalismo a la mexicana es algo muy restringido: ¿quién puede adquirir decenas de permisos para operar un equipo de taxis? El familiar, el amigo o el compadre del funcionario responsable de expedir las licencias; o, en el caso de un recién llegado, el que esté dispuesto a untar espléndidamente la mano del otorgador. ¿Quién transporta las gasolinas de Pemex? No lo sabemos, pero lo imaginamos; no somos ni usted ni yo, estimado lector, eso sí que lo tenemos muy claro. ¿Quién obtiene la autorización para operar una agencia aduanal? ¿Quién logra ser el intermediario que se interpone, de manera infranqueable, entre el productor agrícola y los compradores en las ciudades? ¿Cómo se consigue una bodega en la Central de Abastos de la capital de todos los mexicanos? ¿Quiénes reciben las concesiones para proporcionar servicios a las instituciones del Gobierno? ¿Quién consigue venderle su terreno a las autoridades aeronáuticas para edificar un aeropuerto? Etc., etc., etc.

Estamos hablando aquí de un sistema excluyente de repartición de beneficios económicos y, por lo tanto, de una maquinaria que mantiene en la pobreza a muchos ciudadanos porque tiene un carácter esencialmente disuasorio: los individuos emprendedores, enfrentados a la realidad de la tramitología, la competencia desleal, los tratos de favor y las adjudicaciones arbitrarias, se retiran de la escena y perpetúan, involuntariamente, la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos. Muchos sectores de la economía mexicana están así dominados por los monopolios y en ellos no pueden incursionar los recién llegados, por más capacitados y eficientes que puedan ser. Es más, el propio Estado ha sido privatizado, por así decirlo, o, en todo caso, confiscado por ciertos grupos corporativos: ¿un simple ciudadano de a pie, con la debida formación educativa, puede concursar para obtener una plaza, digamos, en Pemex, en CFE o en el sector educativo, o tiene que comprarla? Se dice, por ahí, que los cargos llegan a costar 200,000 pesos. Y, de cualquier manera, si muchas de esas tales plazas son hereditarias, entonces ya no son patrimonio de todos los mexicanos sino propiedad exclusiva de algunas familias. Pero, entonces, ¿qué ocurre si este esquema cerrado se multiplica en el espacio económico de todo un país? Pues, muy sencillo: un sistema excluyente crea gente excluida. Ahí están esos 50 millones de mexicanos que viven en la pobreza, para mayores señas.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 12 de enero de 2014).


Alejandro Solalinde Guerra, sacerdote fundador del albergue para migrantes "Hermanos en el Camino", mandó una carta al Presidente de México, Enrique Peña Nieto, en donde le demanda trabajar por la justicia y prestar atención a la situación de desigualdad que actualmente se vive en el país.

Solalinde hace énfasis en la situación de inseguridad que actualmente domina al país, con "53 millones de pobres, desapariciones forzadas, feminicidios, secuestros, trata de personas, persecución y muerte de periodistas, extorsiones, bullying, primer lugar mundial en consumo de alcohol, de agresiones, desapariciones y asesinatos de sacerdotes católicos".

"¡Estamos asfixiados por la corrupción!; la impunidad es un cáncer. Todo esto ¡va imparable!", señala Alejando Solalinde en la carta de 4 cuartillas, donde también hace énfasis en la situaciones peligrosas a las que se enfrentan los migrantes, así como a las reformas estructurales.

"Tenemos que reconocer que somos uno de los países más corruptos del mundo, y que seguimos practicando la tortura, sobre todo por parte de corporaciones policíacas".

"Por cierto ¡qué buen negocio es la inseguridad! Por un lado, el gobierno no proporciona seguridad a la ciudadanía. Para ésta, hay 40,000 policías federales que, más que proteger, hay que protegerse de ellos. Pero para quien pueda pagar, y AUTOPROTEGERSE, hay 600,000 policías privados alquilables. Las ganancias, millonarias, por supuesto, van para el mismo círculo político, los patrones, que son juez y parte", agrega.

(V.sinembargo.mx en línea del 12 de enero de 2014).


Los números que ofrecía ayer Mario Luis Fuentes en Excélsior son contundentes: el 54% de los michoacanos son pobres, pero de ellos 650,000 viven en extrema pobreza y 291,000 michoacanos no saben ni leer ni escribir, 91,000 están desempleados, 211,000 trabajan pero dicen que no reciben salario alguno y 75% de la población no tiene acceso a prestaciones médicas. Esa es la realidad que alimenta el conflicto armado en Michoacán, un estado que, además, está financieramente en quiebra, con grupos de presión, como los de la CNTE o los de las normales rurales, que manejan agenda propia y tienden a desestabilizar las instituciones. Y que es, paradójicamente, un estado rico, en minería, en productos agrícolas y ganaderos, en muchos otros ámbitos, riqueza que explotan unos pocos.

¿Alguien podría sorprenderse si en esa realidad el narcotráfico ha logrado asentarse con tácticas que oscilan entre las tácticas de guerrilla y el proselitismo religioso? ¿Alguien se puede preguntar por qué los grupos de autodefensa en una sociedad abandonada por las autoridades tienen mayor reconocimiento que éstas? ¿Es necesario decir que muchos de los servicios que no prestan las autoridades, desde la distribución de alimentos hasta ciertos servicios de salud, no hablemos ya de la justicia, aunque sea una justicia deformada, la ofrecen los grupos criminales o armados? Sobre esa realidad se debe operar en Michoacán.

El gobierno local estaba en la administración de Leonel Godoy y sigue estando en los 2 años que lleva la de Fausto Vallejo, rebasado y en algunos casos coludidos con los grupos delincuenciales y armados. Esa trama de complicidades es básica para comprender la expansión que han tenido esas organizaciones, sobre todo los llamados Caballeros Templarios, convirtiendo a muchas autoridades locales en simples empleados de esos grupos.

El gobierno federal se apresta a tomar control de distintos territorios, pero las autodefensas, en los hechos, han cumplido con su papel: han ido desplazando a los templarios de distintos territorios y los han obligado a concentrarse en torno a Uruapan y Apatzingán, luego de que la Marina ocupó el puerto de Lázaro Cárdenas, sus entradas y salidas.

Las fuerzas federales no se pueden dispersar en la sierra, en la Tierra Caliente, persiguiendo, en sus territorios, a los grupos criminales: algo de eso ocurrió en el pasado cercano y lejano y por eso mismo los éxitos fueron escasos. Los templarios y lo que queda de la Familia Michoacana, debemos recordarlo, actúan como virtuales guerrillas y penetrar en la sierra para buscarlos es la estrategia que más les beneficia.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de enero de 2014).


[En los pasados 20 años] faltó invertir mucho más en la transformación institucional del país. Retrospectivamente, es obvio que una de las principales áreas de subinversión fue en la modernización del sector judicial, y sobre todo en lo que atañe a la operación del sistema de procuración de justicia de los estados y municipios. Las reformas que instituyó Zedillo fortalecieron la autonomía de la Suprema Corte y el funcionamiento de los tribunales federales, pero el impulso renovador fue mucho menor a nivel estatal y municipal, con las consecuencias que están a la vista.

También se invirtió de menos en el fortalecimiento de la operación cotidiana de los gobiernos municipales. Actualmente, la gran mayoría de ellos siguen siendo incapaces de cumplir las tareas que les corresponden como proveedores de servicios municipales. Por ello, la gran mayoría de nuestras ciudades enfrenta problemas de todo tipo: la infraestructura urbana es inadecuada, los servicios públicos son deficientes, la seguridad pública es frágil y las finanzas públicas municipales son vulnerables e insuficientes para fondear las inversiones requeridas. Por ello, la oferta urbana de la mayoría de las ciudades del país dista mucho de las condiciones requeridas para atraer y retener inversiones y talento.

Roberto Newell
(v.pág.2 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 16 de enero de 2014).


Si bien las guardias comunitarias están fuera de la ley y pueden estar infiltradas por el crimen organizado, sin duda han sido una respuesta ante la violencia ejercida por los narcotraficantes que, ante las dificultades en su trasiego, no sólo han recurrido al cobro de piso, al secuestro, a la extorsión, sino a la violación de mujeres, a quienes regresan una vez embarazadas para tomar, por la fuerza, a otras víctimas cada vez más jóvenes.

Pero, si este problema no se controla adecuadamente, se puede generar lo que han llamado el "efecto cucaracha", contaminando a estados vecinos, con lo que el esfuerzo realizado sería en vano.

El problema es tal que en un documento de la División para México y Centroamérica del Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea se señala: la situación de violencia que vive el Estado de Michoacán denota que el gobierno ha perdido control efectivo de la entidad. Para continuar: "La seguridad sigue siendo una gran preocupación, como lo demuestran los graves enfrentamientos entre grupos de autodefensa y el cártel de los Caballeros Templarios en Michoacán (...) Este recrudecimiento de la violencia destaca la falta de control gubernamental efectivo en este estado".

Más claro, ni el agua. Tanto Estados Unidos, por su vecindad, como la Unión Europea, están más que preocupados por el estado que guarda la nación en varias zonas, la más álgida: Michoacán, pero no la única.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 18 de enero de 2014).


El gobierno de Peña Nieto. No terminaban de festejar el reconocimiento de agencias como Bloomberg o periódicos como The Financial Times, The Wall Street Journal a las reformas energéticas y otras del 2013 y el nombramiento de Luis Videgaray como "ministro de Finanzas" del año (aunque la economía no creció ni 1%), cuando estalló la crisis de Michoacán.

Y no estalló porque no existiera desde antes sino porque se visibilizó. El único asunto que le importa al gobierno de Peña Nieto y al grupo Estado de México que nos gobierna se conjuntó en el caso michoacano: el Departamento de Estado norteamericano lanzó una alerta y los medios de comunicación comenzaron a dar cuenta del avance de los grupos de autodefensa en los municipios controlados por Los Caballeros Templarios.

El 9 de enero el Departamento de Estado norteamericano emitió la alerta diplomática a sus conciudadanos para no viajar an Michoacán y Guerrero porque "autodefensas operan independientemente del gobierno en muchas zonas". "Aunque no son considerados hostiles a extranjeros o turistas, desconfían de extraños y deben ser considerados volátiles o impredecibles", agregó la nota.

Desde julio del 2013 no se emitía una en tal sentido. A Guerrero se le consideró el "estado más violento", ya que entre enero y octubre del año pasado se registraron 1,718 homicidios y 205 casos de secuestro.

Pero Michoacán era el tema más mediático. Desde mediados de diciembre, los grupos de autodefensa pasaron a la ofensiva y tomaron bajo su control una decena de municipios. Estaban por llegar a Apatzingán, corazón templario.

Durante un año, los estrategas peñistas fueron eficaces en "acallar" y minimizar el tema de forma mediática. La realidad era otra cosa. Los muertos ahí están. Los enfrentamientos prosiguen. Guerrero, Tamaulipas, Veracruz, Michoacán siguen siendo "plazas en disputa". Y, por si fuera poco, las huellas de los enfrentamientos llegaron al Distrito Federal durante esta temporada del caso Heaven y de ajusticiamientos.

Hay una guerra civil en curso en Michoacán y en Guerrero desde hace varios años, ahora admitida con el nuevo operativo de seguridad y policiaco. Hay un vacío de poder en Michoacán, ahora admitido y exhibido con el nombramiento de un comisionado presidencial, Alfredo Castillo, que asume funciones de virrey, mientras Fausto Vallejo aparenta que gobierna desde Apatzingán. Y, por si fuera poco, hay 3 actores identificables en disputa: los Templarios, las autodefensas y las fuerzas policiacas y militares federales.

El problema es que no será un "momento" o un episodio. A Peña Nieto se le puede ir el sexenio, como a Calderón, abriendo las compuertas del infierno creyendo que el crimen organizado es un asunto militar, policiaco y punitivo, principalmente, y no un fenómeno de corrupción política, impunidad compartida y fracaso de modelo social y económico.

Jenaro Villamil
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 18 de enero de 2014).


Por articulado y sensato que sea Mireles, por inútil que sea Vallejo y por mediático que sea la "Tuta", no son ellos los responsables de la situación en Michoacán. Si los 3 desaparecen por encanto el día de mañana, no se acabarán las autodefensas, el crimen organizado ni el desorden gubernamental estatal. No se trata de ellos solamente.

Convertir la crisis en Michoacán en una caricatura con buenos y malos, mover emociones masivas de miedo y furia, y favorecer el linchamiento, es la mezcla perfecta para volver a la guerra emprendida por el ex presidente Felipe Calderón. Una guerra que durante 6 años alteró prioridades, marcó el rumbo político, sacudió la economía y generó pérdidas en todas las dimensiones de la vida pública. La nueva administración está a un paso de cometer el mismo error.

Ivabelle Arroyo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 22 de enero de 2014).


Creo que después de la rebelión de Manzo en 1929, no había habido ninguna insurrección tan peligrosa como la que ahora enfrenta Peña Nieto. La rebelión de Saturnino Cedillo contra Lázaro Cárdenas en 1939 no creo que haya sido tan amenazante como la que ocurre ahora en la Tierra Caliente de Michoacán. Llamando las cosas por su nombre, estamos en una plena guerra civil, a pesar de todas las apariencias y declaraciones triunfalistas de nuestro presidente actual. Con su lucidez de siempre, la semana pasada, en esta misma columna escribió Guillermo Valdés Castellanos: "Michoacán, la tragedia de Estado desparecido. Al existir dos grupos que disputan valientemente su concepción de sociedad, seguridad y justicia se crea una situación de preguerra civil. Un escalón más abajo en la descomposición social y política. Por eso nuestra tragedia: la del Estado débil nacional y desaparecido en Michoacán". (MILENIO 15 de enero, p.18).

En 1994, con el levantamiento zapatista de Marcos, se pensó de momento en un verdadero brote revolucionario altamente peligroso, pero el problema michoacano actual parece, con mucho, más alarmante y peligroso.

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 24 de enero de 2014).


¿Cómo podemos convivir y lograr acuerdos que formen un piso básico para vivir en paz, con dignidad y en libertad que asegure justicia para todas-os? Ese cómo no viene del actual régimen político y de gobierno, que hace reinar el imperio de la impolítica, sino del reconocimiento político de quién(es) tienen autoridad moral e intelectual, la autóritas, para poder ejercer el poder, como potestas, bajo la vigilancia de los que mandan y el acato de quienes obedecen. El mundo al revés de como lo vivimos. En el que la democratización es la razón pública arrebatada, cuya responsabilidad se deja a técnicos, o iluminados, o manipuladores de clientelas sometidas, paradójicamente, a regímenes que las excluyen.

Lo impolítico esconde las potencialidades de la política, bajo el manto del deterioro del servicio público, la corrupción del diálogo, la negación de la escucha y, ciertamente, bajo el poder del dinero. La ira contra los beneficiarios de lo impolítico a través del engaño, no aparece aún con toda la fuerza en proporción a la frustración sufrida. Prevalece la sensación de impotencia ante la magnitud de los problemas, pues entre descontento contenido, desconfianza en las instituciones, o desencanto frente a la democracia, como palanca de transformación social, se instala el pesimismo del sálvese quien pueda, el refugio en el individualismo y la cancelación de un imaginario otro para convivir.

Jaime Preciado Coronado
(v.pág.19 del periódico Milenio Jalisco del 24 de enero de 2014).


El juego extraño ése de "aquí no pasa nada" medio aburguesado que ha nacido -imagino- por el terror de no querer ver la realidad... no puede ser más atroz. Vivimos en Guadalajara, estamos a 3 horas de Michoacán... Es decir, a 3 horas de aquí el mundo se vuelve un campo de batalla, donde algunos han decidido hacer justicia por su propia mano.

Es ilógico, injusto, indignante que el secretario de gobernación Osorio Chong diga que no pasa nada, que vivimos en un estado de derecho, sí... cómo no, de voy derecho y no me quito... La declaración y la actitud del gobierno ante la presencia de las autodefensas me entristecen, me llena de pavor, me indigna, me pisotea... Las cosas se nos han ido de la mano... Entiendo y aplaudo que el gobierno no quiera permitir que los ciudadanos nos hagamos justifica por nuestra propia mano... Lo entiendo... Lo apoyo... Así debe ser... Pero no vivimos en un estado de bienestar donde los justicieros son de generación espontánea, ante un gobierno justo y democrático...

Resulta que estas autodefensas son primeramente nuestro espejo social, nuestro corazón herido, nuestra integridad hecha añicos... Resultado de por lo menos un sexenio de ser ignorados mientras sus hijas son violadas, sus casas saqueadas y su vida extorsionada... ¿Por qué creemos que no pasa nada? O peor aún no lo creemos, pero decimos que creemos como si aceptar la violencia desgarrada nos hiciera menos valiosos o menos valientes... México, su gente, nosotros... Debemos tener el valor de mirarnos a los ojos, ver lo que nos está pasando y no juzgar desde el país mental aburguesado y esquizofrénico del "no pasa nada".

Que la educación en México es un asunto de resolución emergente, que la falta de oportunidades en México es un asunto de alerta nacional, que en Michoacán parece que impera la ley de ojo por ojo... Que el gobierno mexicano es absolutamente incompetente para resolver.

Dolores Tapia
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 25 de enero de 2014).


Si algo hay inadecuado y hasta se puede considerar como una falla significativa, es que una economía no considere vital que sus jóvenes encuentren trabajo.

Es verdaderamente frustrante que un egresado de la universidad se tope con el desempleo y no vea un horizonte promisorio. Son miles de jóvenes que al terminar su carrera, se tienen que enfrentar con el reto de buscar algo que hacer, después de haber dedicado tanto esfuerzo y dedicación a sacar sus estudios.

Muchos jóvenes llegan a sentir franca desesperación y algunos hasta profunda depresión, por vivir el vacío angustioso de no encontrar trabajo. Pasan semanas, meses y a veces hasta varios años, para finalmente encontrar algo relacionado con la carrera que estudiaron. Y ya sabemos, que muchos acaban haciendo cualquier otra cosa, con tal de ganarse la vida.

Me parece verdaderamente injusto que tanto esfuerzo de los padres y de los mismos jóvenes vaya a terminar en un vacío existencial, en la que el ocio y el aburrimiento se convierten en el reto a superar.

Seguramente algo estamos haciendo mal, para que se vean atrapados en una situación así, cuando, sin discriminación alguna, son de los mejor preparados y capaces de nuestra sociedad, por el privilegio y la oportunidad que han recibido.

Si la gente con mejor preparación y conocimientos no encuentra su lugar en la economía productiva y laboral, algo urgente tenemos que hacer.

Lo más evidente es que se generen fuentes de trabajo y se aproveche, de inmediato, el talento y la capacidad de ellos. Y 2o., es indispensable que se vinculen las universidades a la planta laboral de las empresas e instituciones y se programen, con mayor dedicación, que todo egresado debe de tener asegurado un lugar de trabajo.

En la agenda política económica es un asunto que debe ser prioritario.

Guillermo Dellamary
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 26 de enero de 2014).


Pues yo no sé cómo ve usted la situación del país, hay mucha confusión al respecto, muchos sienten que la violencia tanto del crimen organizado como la del desorganizado está desatada, la prensa muestra la cantidad de atentados, fallecidos, grupos que nos hacen desconocer si son buenos o malos; a esta sensación que puede percibirse claramente en las redes y en algunas publicaciones se contrapone una gran cantidad de declaraciones de funcionarios que, siempre basados en estadísticas, sugiriéndonos que quienes tienen esa sensación están equivocados, que la violencia ha disminuido, personalmente creo que las estadísticas son una forma de llegar a conclusiones no exactas.

Carlos Enrigue
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 2 de febrero de 2014).


Han transcurrido 97 años y otra celebración obligatoria de la Constitución sólo pone de relieve la profunda ignorancia general sobre ésta que es la "ley suprema" del país.

Entre el México de 1917 y el de 2014 hay un océano de diferencias.

Aquella era una nación de 15 millones de habitantes. El mexicano promedio residía en el campo, apenas aspiraba a vivir poco más de 50 años, comer medianamente bien y si era afortunado, aprendía a leer y escribir. Viajar era un accidente que le ocurría a quienes no podían ganarse la vida en donde habían nacido, y las palabras placer y fiesta estaban reservadas para escogidas fechas del transcurso de la existencia, como el bautizo y el matrimonio.

El de hoy, es un México con 120 millones de habitantes, de los que la mitad más o menos, viven algún grado de pobreza. Lo que se pretendió por escrito hace 97 años no existe: no hay comida, casa, educación ni acceso a la salud para todos. No hay paz porque la violencia, la inseguridad y el delito apenas se contienen. En algunas zonas del territorio nacional, como en aquel 1917, no se aplica la ley que es obligatoria para todos, sino que se hace lo que dictan algunos poderosos que son la autoridad de facto por la vía de las armas o el poder económico.

Es cierto que un mexicano al nacer puede aspirar a vivir 75 años, pero la calidad de su vida -o su vida misma- depende del azar.

La Constitución de 1917, aquella que tanto se presumía en las aulas universitarias como un "cuerpo de leyes de avanzada", es hoy una amalgama de 136 artículos que ha sido cambiada más de 550 veces, de acuerdo con las necesidades del momento.

Jorge Octavio Navarro
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 4 de febrero de 2014).


Lo que realmente me preocupa y me deprime es el hecho de que cada graduación simplemente subraya el muy triste paso de la condición de estudiante a la de desempleado, a la de nini: ni van a trabajar ni van a estudiar. Algunos "afortunados" seguirán en alguna maestría que, hablando en plata, en la mayoría de los casos, en los becados por CONACYT, será un simple recurso del gobierno para entretenerlos durante 2 o 3 años, sin la menor garantía de que obtendrán un empleo. Como me consta por muy repetidas experiencias de alumnos que aprecio, no es raro que las maestrías sean obstáculo para obtener empleo: "Estás sobrepreparado y no te puedo emplear, no te puedo pagar". En ocasiones, los "maestros" tienen que ocultar esa condición para poder emplearse en algún puesto más modesto. Por varios años me tocó, por parte del CUCSH, revisar los informes periódicos de los doctorandos, y veía cómo regresaban de México y del extranjero con sus flamantes títulos de doctores, pero sin empleo. Los más "afortunados" obtenían alguna clase. Los doctorados son para investigación y no solamente para "dar clase". Muchos maestros universitarios dan clase para ganarse la vida, pero no por gusto ni por vocación de maestros.

Otro capítulo muy escandaloso es la muy triste fuga de cerebros: nuestros estudiantes más brillantes prefieren quedarse en otros países donde sus conocimientos son apreciados y remunerados.

La Universidad de Guadalajara ha aumentado su capacidad, pero es obvio que, siendo cruelmente realista, sólo aumenta el número de jóvenes que, al graduarse, pasan al mundo de los desempleados. Cada vez me convenzo que, junto con el terrible problema de la inseguridad, el Estado mexicano tiene el gravísimo problema del empleo. Ciertamente es un problema mundial, lo cual en nada disminuye nuestra lacerante realidad.

Si no revisamos realistamente nuestros programas, estaremos favoreciendo los ejércitos de los desempleados muy "leídos y escribidos", pero irremediablemente desempleados.

Ser profesionista es el sueño de muchos, pero ¿profesionista desempleado?

Las universidades deberán reforzar sus relaciones con la empresa, con el mundo del trabajo, con la realidad mexicana: formar gente que pueda emplearse en el mundo real en que estamos. La realidad no sé adaptará a la teoría, sino al revés.

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 7 de febrero de 2014).


La reforma educativa tuvo en un alto aprecio el papel de los maestros, porque en ellos está la posibilidad de que, en primer lugar, la escuela sea el espacio donde se inculquen conocimientos y valores, donde los alumnos inicien su camino para ser buenos ciudadanos, críticos y autónomos; en segundo lugar, para que la escuela sea el lugar donde se puedan reordenar y combatir las deformaciones provocadas por dichos factores externos, y entre las que se deben incluir las propias rutinas corporativas y patrimonialistas de los sindicatos magisteriales.

Es aquí en este punto donde se advierte la dificultad que existe para que la reforma tenga el efecto deseado en el corto plazo. A un maestro, a la misma escuela, les va a resultar difícil que el alumno se apegue a valores como el respeto a la legalidad o a las instituciones si advierte que un político corrupto no es castigado o es premiado con un cargo, o si se entera de que unos legisladores hacen sus francachelas en los recintos de las instituciones de la República. No puede tomarse como algo anecdótico o un mero desliz -para lo que tampoco basta una disculpa pública- el espectáculo bochornoso de estos legisladores al decretar los recintos oficiales como salones de fiesta. Es una evidencia del escaso alcance cultural de muchos de ellos y una prueba palpable del desastre educativo del país, el cual hizo posible que la ciudadanía los eligiera.

Asimismo, del mismo hilo conductor, de la misma trama del naufragio en las aulas, son los miembros de la CNTE que se resisten a la reforma con argumentos necios y demagógicos como el de que "se va a privatizar la educación"; pero peor que lo anterior es el modelo de maestro irresponsable y deshonesto que transmiten a los educandos y a la sociedad. Está comprobado que los estudiantes retienen más lo que hacen y cómo son los seres humanos, que los conceptos y el conocimiento que los maestros les enseñan. Para ellos, para los maestros de la CNTE, la holganza es su rutina; el engaño pedagógico, su descaro.

Por ello, ni el modelo de la CNTE, de confrontación, fraude y movilizaciones callejeras contra la reforma, ni tampoco el modelo de políticos ignorantes y palurdos se corresponden con el espíritu de esta reforma que busca rescatar al país de la pequeñez y la crisis educativa; ni mucho menos sirven para derrotar a los otros acérrimos enemigos de la educación: la violencia, la desigualdad, la injusticia y la descomposición social.

Jorge Medina Viedas
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 9 de febrero de 2014).


México es un edificio surcado de fisuras, y en cada una de ellas asoma el escándalo como producto natural de un talante iracundo y decepcionado. No hemos dejado pasar de largo la mínima oportunidad para enfrentarnos, herirnos, dividirnos. Estamos permanentemente en pie de lucha. Cada hombre, cada mujer, cada familia, inauguran el nuevo día con el primer acto de su propia rutina, y hoy, la rutina común de los mexicanos es el escándalo, la confrontación y el insulto.

Los mexicanos hemos transitado con amargura y fatiga, los cambios que conducen de lo malo a lo peor.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2014).


Si se trata de las relaciones entre Canadá, Estados Unidos y México, para las 2 naciones que tenemos al norte nuestro país está muy lejos de ser el hermano menor al que se ha de ayudar: es el vecino débil al que se le puede hacer bullying. Más allá de la diplomacia, que muchas veces consiste en tratar de cortarle los dídimos o testes al interlocutor sin que éste se dé cuenta, de esos desiguales tratos deriva siempre para nosotros una lección que al parecer no hemos aprendido todavía: debemos aprender a rascarnos con nuestras propias uñas, si me es permitida esa ática expresión. La única mano que puede ayudarnos es la que está al final de nuestro brazo. Si los mandatarios de esas poderosas naciones vienen a la nuestra no es para ver qué pueden dar, sino para ver qué pueden sacar de un país cuya riqueza es la que natura puso en él , no tanto la que los hombres han creado con su trabajo. Cantó el inmortal José Alfredo: "Yo p'arriba volteo muy poco; tú p'abajo no sabes mirar". Contrariamente, nosotros tenemos siempre fija la mirada en nuestros vecinos del norte, pidiéndoles lo que esperamos que ellos nos concedan -"Por favor, traten bien a nuestros paisanos"; "Por favor, no nos pidan visa para entrar en su país"-, y no tomamos en cuenta magníficos ejemplos que tenemos en el sur, como el de Chile, que con el esfuerzo de su gente y el talento de sus gobernantes se dispone a entrar en el llamado primer mundo, en tanto que nosotros andamos ya -según el último reporte- en el mundo 236. ¡Malaventurado país el nuestro, tan pobre en administración y tan abundante en politiquería!

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico Milenio Tamaulipas en línea del 20 de febrero de 2014).


Encontré entre mis libros uno que ni me acordaba que tenía, la verdad: El romance de la democracia. Rebeldía sumisa en el México contemporáneo, de Matthew Charles Gutmann, un antropólogo estadounidense que realizó un estudio en la colonia Santo Domingo en la Ciudad de México, en la 1a. mitad de los años 90 del siglo XX, para responder, entre otras, las siguientes preguntas: "¿Cómo podemos explicar la periódica pasión por la política en la clase trabajadora de la ciudad de México? ¿Y por qué este fervor a menudo se extingue tan súbitamente como se encendió?".

Si bien el estudio se concentró en una colonia del Distrito Federal, los resultados y las conclusiones del antropólogo podrían ser de fácil y tersa aplicación en los habitantes de cualquier otra colonia de cualquier otra ciudad de este maravilloso país.

Rescato una de sus conclusiones: "En ciertos aspectos, en México los 2 decenios que van de 1985 a 2005 se caracterizaron por la intensificación y frustración de las expectativas de una mejoría política y económica". Agrega que a partir de las elecciones de 1988 y las de 2000 cuyos resultados seguro recordamos, los residentes de esa colonia (de todo el país en realidad) "deseaban fervientemente creer que se podía alcanzar algo radicalmente nuevo y mejor". Pero no fue así. El desánimo y la decepción cundieron y conforme se acercaban las elecciones del año 2006, en cuyo proceso se registró también fervor y efervescencia, casi frenesí, el desencanto con relación a la seguridad del voto "como vía sagrada hacia un cambio social" era evidente... y se confirmó. Traigo el tema aquí, como para ir reflexionando desde ahorita, con esta clase política que tenemos, experta en llevarnos del frenesí al desencanto decisión tras decisión, elección tras elección.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de febrero de 2014).


Los costos por agotamientos de recursos y degradación ambiental en nuestro país ascendieron a 6.3% del PIB en 2012 según el Inegi. Éste es un daño colateral del avance económico. Tenemos que conocerlo, medirlo y reducirlo, pero sin acabar con el crecimiento que genera prosperidad.

Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango en línea del 27 de febrero de 2014).


Después de conocer el informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social relativo al Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza correspondiente a 2013 todavía me pregunto ¿Salvando a México?

Lo peor de todo es que las muestras de que estamos en problemas se multiplican, pero la élite política está convencida de que "nos está salvando" y si ellos tienen esa convicción, lo demás no importa. Claro que (y aunque se ha dicho hasta la saciedad lo repetiré) es muy sencillo y cómodo afirmar que se está salvando a México o que estamos casi en el paraíso (parafraseando a Luis Spota) y que las reformas son la panacea y nuestro país prácticamente en automático pasará a las filas del primer mundo, desde la seguridad del sueldazo, las prestaciones, los viáticos, los seguros, los préstamos y los demás privilegios de que goza la clase política, sí, también la que forma parte -según esto- de la oposición, esa que dizque también nos representa y que dizque mejor.

Digo ¿o de qué tipo de salvamento se trata? ¿O te salvo para matarte? No entiendo. Basta revisar los números del estudio para saber que el poder adquisitivo de la mayor parte de los mexicanos cayó y también, aunque parezca lo mismo pero no es así, el ingreso per cápita se redujo (y es un promedio).

Hace unas semanas, un estudio de la Cepal reveló que México era el único país de la región en donde la pobreza y la indigencia habían aumentado en un año. ¡El único! De eso ¿alguien, algo, podrá salvarnos? No lo creo.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de marzo de 2014).


Vamos peor de lo que esperábamos.

Todo indica que la recuperación de la economía estadunidense está teniendo un efecto menor en la nuestra que en otros tiempos.

Hay señales de que años, décadas, de deterioro de la infraestructura, productividad y educación del país, más el aumento en la informalidad, aunado a un fragilísimo estado de derecho han provocado que cada vez sea más difícil que la máquina arranque.

Las recetas clásicas ya no funcionan.

Carlos Puig
(v.pág.4 del periódico Milenio Jalisco del 7 de marzo de 2014).


Hace algunos sexenios uno de los candidatos presidenciales andaba ofreciendo computadoras por todos lados, también en las intrincadas zonas montañosas del sur de México, hasta que un profesor rural le hizo notar que primero deberían introducir la energía eléctrica de la cual, por supuesto, carecían.

A pesar de los buenos propósitos y de toda la parafernalia publicitaria del gobierno en funciones, los habitantes de este país empezamos a tener la impresión de que la buena marcha de la nación solamente está ocurriendo en los comerciales, en los discursos y en los informes.

De momento se alardea la aprobación de las reformas, algo inédito, tantas y en tan poco tiempo, como si bastara publicarlas, por más que haberlas aprobado sí sea hasta cierto punto un mérito. Pero los ciudadanos comunes que están enfrentando los hechos reales y concretos de cada día difieren en no pocos aspectos de los triunfos anunciados no porque esperemos resultados al día siguiente, sino porque en algún caso, en especial el de la reforma fiscal, se advierte la increíble improvisación, parece que ningún miembro de la feliz burocracia advirtió que las herramientas con que contaban las instituciones hacendarias no bastaban para dar cauce a las nuevas formas y maneras de proceder en la recaudación.

Las reformas laboral y educativa habrían requerido igualmente de un tiempo específico, mínimo, para generar una cultura social más abierta y receptiva a sus conceptos, no bastaba hacer circular por todo México "De panzazo", y capturar a la maestra Gordillo para persuadir a los principales actores de la necesidad de su involucramiento en un tema tan enredado. Ni basta mostrar que los mexicanos son los ciudadanos que más horas pasan en un trabajo, pues así laboren dos turnos los pueden pasar trabajando solamente la mitad. Evidentemente la educación no ha modificado la cultura laboral de los mexicanos, que le seguimos apostando a la cantidad, no a la calidad, a los productos, no a su eficiencia, a la ganancia no a la creatividad.

La reforma política es hasta la fecha una propuesta ambigua, peligrosa en muchos aspectos, y desde luego parcial, no incluye la reforma del Estado, ni la del gobierno, ni mucho menos la reforma de la burocracia, pareciera hecha exclusivamente para las campañas electorales, no para transformar la mentalidad política de la ciudadanía y hacerla transitar hacia una democracia responsable y participativa, transformación que a su vez haga posible la generación de hombres y mujeres con visión de estado, no de sexenio.

Mientras no cambie nuestra idiosincrasia, de poco ayudarán las reformas, aun si fuesen perfectas, porque los encargados de aplicarlas somos los mismos. Nuestra conducta repetitiva se asemeja a casi cualquier calle del centro histórico de Guadalajara, donde se renovaron las baquetas pero a medias y no todas bien, se arroja el asfalto y lo esparcen con escobas quedando los bodoques en las esquinas o a manera de novedosos topes, se arreglan desperfectos pero quedan los cerros de tierra en las esquinas esperando que llueva y se los lleve, pasa el carretón de la basura y riega más desperdicios de los que intenta recoger, todo gracias es la escalada de la irresponsabilidad. Es la idiosincrasia del "ahí se va", de "dar el gatazo", de "hacer como que hacemos".

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 9 de marzo de 2014).


Para todos es evidente que la problemática existente en Jalisco y en Guadalajara, rebasa a las autoridades, a las municipales y a las estatales, autoridades que lavándose las manos o eligiendo mirar para otro lado, han dejado a la población a merced de la delincuencia, de la inseguridad.

Y ante esta situación, el ciudadano se pregunta: ¿Para qué pagar impuestos si quienes hacen uso de estos recursos o no saben, o no ponen su atención, ni los dineros de los contribuyentes para solucionar los problemas que violentan la vida de los jaliscienses, de los tapatíos?

Porque además a la inseguridad patrimonial que es un grave flagelo sin atender que la población padece, se suma la inseguridad en materia de salud. Jalisco está en los primeros lugares nacionales en la incidencia de dengue y dengue hemorrágico... una enfermedad para la que no se ha hecho lo necesario para frenar y sólo fluctúa sin que sea eliminada.

Porque a Jalisco poco a poco le han hecho perder su liderazgo nacional positivo, para cada vez más acercarlo a un penoso primero lugar negativo. Para muestra a nuestro estado lo tienen en un vergonzoso 1er. lugar nacional en cuanto a la incidencia y mortalidad de la influenza en la población y, otra vez, sin que las respuestas oficiales hayan sido suficientes; centro de salud y hospitales sin las vacunas, aún farmacias sin contar con el indispensable recurso médico, pero el parte oficial continúa diciendo: todo bajo control.

Y si los agravios descritos no fuera suficientes como indicadores de la mala calidad de vida de los jaliscienses y los tapatíos, acaba de ocurrir un trágico accidente por los usos y abusos de los concesionarios, muchos de ellos políticos de varios partidos que beneficiados en sus periodos en puestos públicos han generado formas de trabajo que dejan a las unidades sin el adecuado mantenimiento, a los choferes sin capacitación y presionados para obtener la ganancia más alta a costa de la seguridad de la población usuaria.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de marzo de 2014).


Hay un elemento absolutamente escalofriante en la realidad mexicana de nuestros días: regiones enteras del país son asoladas por bandas de sanguinarios criminales que saquean, destruyen, matan, secuestran y torturan como si viviéramos las épocas más oscuras de la historia humana. Y esto, señoras y señores, en tiempos de paz y sin otro enemigo identificable que esas organizaciones criminales ante las cuales el Estado parece totalmente rebasado.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 16 de marzo de 2014).


En este México democráticamente joven, el enemigo mayor de la democracia es el soborno, toda vez que deteriora fuertemente la confianza en los representantes públicos y con ello, de paso, en el sistema mismo.

Francisco Baruqui
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de marzo de 2014).


En el ámbito de la libertad y el ejercicio democrático los mexicanos hemos hecho avances de consideración, pero en lo relativo a la justicia social estamos trágicamente atrasados. El pueblo de México, en su mayoría, sigue sufriendo toda suerte de carencias, y no disfruta de los bienes necesarios para una vida digna. Ahora algunos piensan que la pensión universal y el seguro de desempleo son actos de justicia social que bien habría podido llevar a cabo un gobierno izquierdista. No sé si tal apreciación sea correcta, pero puedo decir que si bien por un lado se otorgan esos beneficios, por el otro se le impone al pueblo una serie de cargas fiscales y procedimientos recaudatorios que afectan gravemente la economía popular y ponen en riesgo el ahorro, el empleo, la inversión, y por lo tanto el bienestar de la gente. Errar es de humanos, pero no corregir el error es de soberbios. Sin desdoro de su prestigio, sino precisamente para salvaguardarlo, el gobierno puede hacer correcciones a su política fiscal y suprimir o atenuar las medidas que con mayor dureza están afectando a la clase media y popular. Eso sería mejor que el otorgamiento de beneficios que, con todo lo bueno que puedan ser, no alcanzarán a compensar al pueblo por la aflictiva situación en que vive, y menos aún a impulsar la economía en forma tal que de ella derive un mejoramiento de las condiciones de vida de los mexicanos, especialmente de los más necesitados...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico Milenio Tamaulipas en línea del 20 de marzo de 2014).


Tenemos que entender cómo diantres llegamos a esto: qué trizas hicimos con nuestras maneras de relacionarnos entre parientes, compañeros, vecinos, ciudadanos, correligionarios, y con las autoridades, que acabamos en la negación de la mínima fraternidad. Recomponerla pasa por reconstituir territorios desolados, públicos y privados; no es sólo cosa de cárceles y ya, por más que cuestionar qué pasa en ellas, y qué les sigue, sea deber de todo ciudadano. No troquemos, por miedo, libertades por seguridad. Exijamos sin perder lo arduamente ganado.

Guadalupe Morfín
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 21 de marzo de 2014).


El Banco de México dice que la economía nacional "no ha dado muestras claras de mejoría".

Así de anodina la afirmación de algo que es grave y nos afecta a todos; porque además, en el apartado de "notas relacionadas", nada más leer las cabezas es fácil darse cuenta de que la situación es más grave de lo que nos quieren hacer creer aun cuando la información esté "escondida" en el mundo de datos que nos envuelve: "Retroceden ventas en enero: Inegi"; "Débil alza en consumo al cierre de 2013: Inegi" y "SHCP: cae dinamismo por medidas tributarias" (la última cabeza es fatal: el dinamismo al que se refiere el título de la nota es al de la demanda agregada que contempla aspectos como ingreso, consumo, gasto público y exportaciones, un concepto muy conveniente para disfrazar realidades).

Por cierto, con relación a la última nota, resulta que es una declaración del titular de Hacienda, Luis Videgaray, en el foro anual de Bloomberg, en donde dijo (si está parado, mejor siéntese) que las reformas estructurales (sí, esas que llevan y traen como la gran cosa y que dizque son la panacea) ampliarán el potencial de crecimiento económico del país, aunque esa condición se dará en los próximos años.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de marzo de 2014).


Resulta loable la interpretación que da el periodista Francisco Martín Moreno (¿Para que el dinero?, Indigo, 28 de febrero del 2013), quien en relación con la insaciable ambición que muestra nuestra delincuencia, en todas sus expresiones, sostiene: "La sed de tener, la avaricia, debe tener un límite y más nos vale encontrarlo pronto antes de que la codicia acabe con lo mejor de nosotros..."

"Los narcotraficantes envenenan a la sociedad, a la juventud, la parte más valiosa de una nación, por dinero. Enajenan estupefacientes en las puertas de las escuelas, en colonias, pueblos y ciudades por dinero. Disputan a balazos nuevos territorios por dinero. Se matan entre sí con tal de apoderarse de nuevos mercados, por dinero."

¿Todo el bombardeo de que el éxito proviene de la cantidad de bienes materiales que posea una persona la convierten en una entidad que no tiene escrúpulos y glorifica al mal encarnado en la avaricia y en el matar seres inocentes?

La sociedad mexicana, en su conjunto, está obligada a emprender una profunda reflexión para educar a sus niños y jóvenes sobre la base de valores y principios edificantes, que privilegien el respeto por la vida y que rompan con la falacia de que lo mejor de todo está cifrado en el "éxito económico", cualquier cosa que esto signifique; y que comprendan que existen otras formas de satisfacer nuestras expectativas de la vida. Sin renunciar a la búsqueda del éxito económico, las personas, familias y comunidades mexicanas podemos reaprender el significado de la solidaridad, del trabajo creativo y la fraternidad, para hacerle frente a la violencia, al temor y a la delincuencia que, sin lugar a dudas, son hoy por hoy una de las expresiones más latentes de lo que puede engendrar el mal como expresión social.

Carlos Guzmán
(V.México SOS del 23 de marzo de 2014).


PRI y PAN se han alternado en la Presidencia de la República, y junto con el PRD son hoy los coautores de un supuesto intento de rescate de lo que ellos mismos han minado durante estos 20 años.

Porque hace 20 años, cuando mataron a Colosio, pensábamos que habría que tener elecciones más limpias -con menos adjetivos, diría Krauze- y hoy estamos por reinventar el IFE. Hace 20 años creíamos que había que cuidar y reforzar a la CNDH, y hoy no hay quien hable bien de esa institución salvo los que viven de ella. Hace 20 años queríamos transparencia, y hoy ya podemos apuntarnos el haber destruido el primer Ifai. Hace 20 años el bienestar de los indígenas era un tema acuciante, hoy no lo es más. Hace 20 años la gente no confiaba en la televisión...

No estamos tan mal, no nos fuimos al despeñadero, sí hemos mejorado, dirán algunos. A ver quién es el guapo que se atreve a presumir en elecciones la anemia económica, la desigualdad y el crimen como "avances" 20 años después.

Salvador Camarena
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 24 de marzo de 2014).


Paulatinamente hemos estado cayendo en la tentación de hacer encuestas de todo y por todo. De manera insensible hemos ido fabricando un Frankestein populachero que consulta y da jerarquía a una masa de ciudadanos amorfa e ignorante.

La opinión que de ella se obtiene es la peor de todas la opiniones por superficial, por visceral, y porque se expresa la más de las veces sin conocimiento de causa.

La aprobación o rechazo encomendados a una multitud ignara y casi analfabeta, es un indicio claro de que las cosas andan mal.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de marzo de 2014).


Hay personas que mienten sistemáticamente, que roban en cuanta oportunidad se les presenta y que habitualmente hacen el mal. Son seres poseídos de una triple enfermedad muy común en nuestros días: son mitómanos, cleptómanos y por añadidura malvados.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de abril de 2014).


La mitad de los michoacanos respalda la arenga del líder de las autodefensas, José Manuel Mireles, de no entregarle las armas al gobierno, contra un pálido 26% que piensa lo contrario.

El mensaje parece simple: ¿por qué entregar las armas si nada garantiza que los criminales y sus aliados en el poder han sido derrotados?

El michoacano parece preferir el peligroso desorden de las autodefensas que confiar en policías, ministerios públicos y jueces que no han sido depurados. O en un gobierno local humillado por un gobierno federal que no alcanza a borrar la impresión de que su estrategia es dar palos de ciego hasta que llegue el cambio de poderes dentro de 18 meses.

Ciro Gómez Leyva
(v.pág.2 del periódico Milenio Jalisco del 11 de abril de 2014).


Las regulaciones actuales muchas veces estimulan al sector tradicional a mantenerse ahí, con el pretexto de medidas asistencialistas. Se deben eliminar los incentivos que premian la ineficiencia y la informalidad.

Con el pretexto de luchar contra la pobreza se alienta al comercio ilegal, se premia a algunos con condiciones preferentes que no equitativas, se aplican limitaciones al crecimiento del comercio eficiente, se limitan iniciativas innovadoras en el uso y aprovechamiento inmobiliario, y se mantienen prácticas regulatorias absurdas.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 13 de abril de 2014).


Desde que yo recuerdo, una de las más importantes lacras de este país ha sido la corrupción. El PRI gobernó casi en solitario durante décadas, sin contrapeso de la prensa o de una oposición fuerte, y aun así se sabía, porque permeaba, que los políticos saqueaban la nación y que estábamos en manos de bandidos. Cuando Miguel de la Madrid lanzó su programa “moralizador” (Renovación Moral) después de una serie de escándalos que sacudieron al país, entre ellos el de Arturo Durazo Moreno, era porque de plano nos ahogábamos en porquería y no porque Televisa o los diarios de Mario Vázquez Raña (los medios poderosos entonces) lo dijeran.

No había indicadores internacionales, no había internet, no había canales alternos, pero se fue revelando que el jefe de Policía de la Ciudad de México -nombrado por José López Portillo- había institucionalizado las cuotas de corrupción; que estaba detrás del asesinato a machetazos del matrimonio Flores-Izquierdo y de la aparición de 12 cuerpos decapitados y con signos de tortura en el Río de Tula.

Esa corrupción persiste, como sabemos. La organización Transparencia Internacional publicó apenas en diciembre su Índice de Percepción de la Corrupción 2013 y ubicó a México en el lugar 106 de 177 naciones, lo que lo coloca como uno de los países más corruptos: cayó un lugar con respecto a 2012, cuando se ubicó en el puesto 105, en la misma medición; sin embargo, entonces participaron 176 naciones.

El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani, le recordó al Presidente de México, Enrique Peña Nieto, que prometió la creación de una Comisión Nacional Anticorrupción durante su campaña y en octubre de 2012, durante una gira por Europa. El PRI y el PVEM en el Senado presentaron la iniciativa para crearla pero sigue en la Cámara de Diputados.

Y mientras, los casos continúan goteando a diario. Está Oceanografía, que involucra a los hijos de la esposa del ex presidente Vicente Fox Quesada, favorecida por unos 160 contratos de Petróleos Mexicanos entre 1999 y 2013 (durante el panismo, básicamente).

Está el caso de la empresa Hewlett-Packard, que fue acusada por la Comisión de Valores de Estados Unidos de sobornar y pagar más de un millón de dólares a funcionarios de Pemex para ganar la venta de software hace 5 años. Están las corruptelas con Walmart; los fraudes a la Comisión Federal de Electricidad; el saqueo de Coahuila por parte de un ex presidente nacional del PRI, Humberto Moreira; el escandaloso caso de lavado en HSBC.

Es decir: ahora es posible, gracias a los medios (y sobre todo a las denuncias que llegan desde el extranjero), enterarnos de infinidad de casos de corrupción en México, pero no sucede nada: nadie paga, no hay nadie en prisión, no hay investigaciones creíbles en proceso en este momento; no caen funcionarios, no arrestan a empresarios involucrados.

Simplemente se deja correr el agua bajo el puente en espera de que los casos se borren. Lo peor de todo, es que mientras la corrupción en México se mantiene, los partidos de oposición, el PAN y el PRD, están igualmente manchados de cochinada.

De hecho, existe la percepción de que la corrupción avanzó durante el panismo, lo mismo que la impunidad.

Lo más llamativo de todo es que si usted busca un Arturo Durazo Moreno, no existe. No hay siquiera identificado un personaje que simbolice al corrupto. Pero seguimos igual de corruptos. Esto significa que ahora, para desgracia de todos nosotros, la corrupción es más impune y las autoridades no buscan siquiera taparle el ojo al macho. No me extraña, entonces, que el Presidente de México no tenga que aclarar de dónde viene su patrimonio. No me extraña que no deba decir, de cara a los mexicanos, quién le donó las propiedades que tiene (y para qué) cuando era gobernador de Edomex.

Estamos sumidos en una corrupción brutal, y a la vez nos veo adormecidos. Estamos petrificados con el lodazal hasta el copete, y es como si no se nos permitiera sacar la cabeza. Es un fenómeno que no alcanzo a comprender. Es de esos enigmas que nos hacen únicos, a los mexicanos; únicos para mal.

Alejandro Páez Varela
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 23 de abril de 2014).

La cruz de los mexicanos.


México tiene un caso agudo de reformitis. Para que lo diga yo, que llevo años insistiendo en que el país requiere reformas estructurales como las que ahora se están instrumentando, es porque percibo que el movimiento del péndulo ha sido exagerado. La capacidad del Estado para manejar tantos cambios profundos en tantos frentes es cuestionable.

La última vez que el país pasó por un periodo de reformas similar fue en el sexenio del presidente Salinas. Algunas de sus reformas fueron un éxito indiscutible (v.gr., el TLCAN y la decisión de otorgar autonomía a Banco de México). Pero otras reformas fueron menos exitosas de lo que hubiera sido deseable (v.gr., la privatización de los bancos) y contribuyeron a crear las condiciones que condujeron a la crisis política y económica de los 90. Lo que el presidente Salinas buscaba -extender la vida del régimen político del PRI- se malogró. Como salieron las cosas, las reformas de los 90 tuvieron efectos paradójicos que aceleraron la muerte del régimen priista y condujeron a la transición política del país.

Dudo que la ola actual de reformas vaya a culminar en una crisis como la de los 90, pero si no se tiene cuidado, puede suceder. Durante los meses venideros, la regla debe ser cambiar sólo lo indispensable y consolidar avances antes de abrir nuevos frentes.

Roberto Newell G., economista y vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, AC.
(v.pág.2 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 24 de abril de 2014).

Ciertamente, hay vacío de comprensión acerca de la responsabilidad correspondiente en cada ciudadano. Se ha olvidado el sentido de fraternidad y solidaridad, esperando soluciones sólo de las autoridades, rebasadas, en muchos casos, para el ejercicio de la Ley con celeridad. Ministerios públicos, juzgados y centros de readaptación -entiéndase reclusorios de diferentes niveles-, están saturados por las más diversas causas, sin poder actuar con la practicidad que exigen las circunstancias actuales.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 27 de abril de 2014).

Aquí y ahora, en un país como México donde la sociedad civil ha conquistado ya espacios en los cuales puede ejercer plenamente sus derechos, ¿se puede proponer, en una iniciativa de ley sobre el tema de las telecomunicaciones, un artículo donde se plantea “bloquear el acceso a determinados contenidos, aplicaciones o servicios a petición expresa del usuario, cuando medie orden de autoridad o sean contrarios a alguna normatividad” y otro en el cual se otorga la potestad de “bloquear, inhibir o anular de manera temporal las señales de telecomunicaciones en eventos y lugares críticos para la seguridad pública y nacional a solicitud de las autoridades competentes”?

Estos planteamientos, de una inquietante vaguedad porque no sabemos si la censura terminará siendo responsabilidad de los propios proveedores de la señal, formulados en los artículos 145 y 197 de la propuesta de leyes secundarias de telecomunicaciones, han causado mucho malestar en amplios círculos de la sociedad mexicana y, sobre todo, entre los jóvenes internautas. Ciudadanos de muy diversas proveniencias se han manifestado en las calles; miles de tuits han sido enviados; y, en el extranjero, cunde la impresión de que el gobierno mexicano arremete contra la libertad de expresión en la red.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 27 de abril de 2014).

En el país la seguridad social se comprime, la informalidad crece y la pobreza galopa.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 3 de mayo de 2014).

Las leyes secundarias para la reforma del sector energético traen candados para atajar la corrupción y ventanas para incrementar la vigilancia sobre las operaciones de Pemex, CFE y los nuevos jugadores del sector energético. ¿Podrán estos candados y esas ventanas hacer el milagro de desterrar la corrupción y opacidad?

Erradicar la corrupción es un imperativo ético, pero también un asunto económico, en los términos más simples: La corrupción produce darwinismo a la inversa, genera condiciones para que prosperen la ineficiencia y la mediocridad. El único atributo que cuenta es tener el enchufe adecuado.

Hay buenas intenciones en materia de transparencia y combate a la corrupción, un nuevo marco institucional lleno de ojos para vigilar y reglas más estrictas para los participantes. Habrá más de cuatro dependencias que participarán en el proceso de licitación, contratación y pagos: Secretaría de Energía, Secretaría de Hacienda, Comisión Nacional de Hidrocarburos y el Fondo Mexicano del Petróleo, donde estará el Banco de México.

El éxito en la erradicación de la corrupción en el sector energético es imprescindible para construir la narrativa de lo que viene para México. Lo que ocurra con Pemex, CFE y los nuevos jugadores privados contagiará al resto de la economía. Una reforma muy exitosa en términos de generación de riqueza, pero fallida en transparencia y honestidad, nos entregará una nueva oligarquía al estilo ruso, que eventualmente se apoderará de otros sectores.

Una reforma exitosa nos dará riqueza, competitividad y una nueva dosis de confianza, aquella que deriva de saber que la corrupción no está en nuestro ADN, sino en una página de nuestra historia a la que podemos darle vuelta.

Luis Miguel González
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 3 de mayo de 2014).

Desde hace meses se anuncia una mejoría de las condiciones económicas que vive México. Sin embargo el crecimiento registrado desde hace más de un año es muy inferior a lo esperado e incluso a lo calculado por las autoridades y los agentes económicos.

Los factores externos como el lento crecimiento de la economía de los Estados Unidos, los vaivenes en nuestra relación económica con Europa, y las variaciones en los precios de muchas materias primas han influido en el desempeño mediocre de la actividad económica.

Los factores internos también tienen mucha importancia, y quizá el más significativo es la baja demanda interna producto del ancestral rezago en los ingresos de la mayor parte de las familias mexicanas, lo que ha generado una baja demanda agregada y un ahorro casi inexistente.

Pero el que pudiera revertir la tendencia en el corto plazo es el gasto público, que desde el inicio de esta administración federal ha estado contenido.

El hecho hasta ahora es que los indicadores aun no muestran que las compuertas del gasto efectivamente se hubiesen abierto, o que la derrama de la inversión en proyectos ha iniciado.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 4 de mayo de 2014).

Una de las cosas en que más se nos nota lo tercermundistas es en el abandono de la infraestructura. No es sólo un tema de recursos, que sin duda tiene su parte en la historia, sino de cultura. Los mexicanos en general, y muy particularmente los tapatíos, abandonamos con mucha facilidad nuestros activos para construir nuevos, mismos que luego abandonaremos.

Ejemplos hay muchos. El trolebús, ya lo hemos comentado, es un caso patético. La cantidad de infraestructura que hay para este sistema regada por toda la ciudad sin ningún uso es increíble, más aún para una ciudad que padece de problemas de movilidad.

Los mercados están en una situación muy similar: unos abandonados, otros saturados, pero ninguno mantenido. El edificio de la FEG, en Pereira 100, es tierra de nadie; abandonado a la espera de que se tome una decisión, la que sea, de quién hará uso de él.

La Central Camionera (a la que hoy le decimos antigua central) es otro caso para Ripley. Esa que fue la primera central camionera del país tiene miles de metros cuadrado de oficinas desperdiciadas y que se caen a pedazos mientras los gobiernos rentan espacio.

La cultura de nuevos ricos con que hemos administrado la ciudad, abandonado y destruyendo lo viejo para construir cosas a la moda, ha dejado enormes heridas en la traza urbana.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de mayo de 2014).

Algunos de los propios locatarios del Mercado Corona, en medio de su estupor y su desgracia, lo admitieron sin ambages: ellos mismos fueron, en gran medida, los culpables de lo sucedido; ellos mismos se encargaban de sobrecargar, sistemáticamente, las líneas eléctricas; ellos mismos acumulaban en sus puestos muchos más tiliches de los estrictamente necesarios para el ejercicio de su actividad comercial; ellos mismos aplicaban como norma de vida el mexicanísimo criterio del “’ai se va…”.

Los resultados están a la vista.

Los medios de comunicación captaron al vuelo el mensaje, y lo replicaron de inmediato: lo que sucedió en el Mercado Corona pudo haber sucedido -¡y puede suceder!- en todos los demás mercados de la ciudad. En todos, sin excepción, se repite el modelo: en todos hay instalaciones eléctricas improvisadas, perpetradas por personas incompetentes.

Por otra parte, es público y notorio que la dizque “h.” autoridad cobra, en todos los mercados, cuotas a los locatarios. Se infiere que se trata de cuotas de poder, que operan en beneficio de los bolsillos de los consabidos zánganos del sistema… pero no repercuten en ningún beneficio para quienes las aportan.

Colofón: ¿sería demasiado pedir que, puestos a sacar alguna enseñanza de esta desgracia a la que no son ajenos aspectos como la incuria de unos y la indolencia de otros, quienes cobran esas cuotas realizaran, al menos, inspecciones sistemáticas, periódicas, a todos los puestos de todos los mercados de la ciudad? ¿No es estúpido -y no simplemente temerario- tener activadas, desparramadas por toda la ciudad, tantas bombas de tiempo…?

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 7 de mayo de 2014).

La pregunta es: ¿cómo se pasa a la fase de reconstrucción de unas instituciones políticas devastadas; para efectos prácticos, inexistentes?

Hay que reconstruir policías, ministerios públicos, alcaldías y cabildos; todos afectados -unos más y otros menos- por el reinado del crimen organizado en los últimos años. Es un proceso largo y complicado. Hemos visto, por ejemplo, el trabajo y el dinero que le costó a Nuevo León comenzar a construir una policía confiable. O los problemas en los que está el Estado de México con más recursos y menos penetración de la delincuencia en el tejido social.

Aflojar en la parte policiaca podría hacer que en unos años Michoacán regresara al caos y la violencia.

Carlos Puig
(v.pág.4 del periódico Milenio Jalisco del 9 de mayo de 2014).

Tamaulipas es sólo un ejemplo de cómo la clase política (no importa a qué partido pertenece, para el caso es lo mismo) manipula y maquilla y oculta. No sé, la verdad, hasta cuándo van a sostener esta ficción que tiene al país sometido por la crisis económica (nada más hay que revisar y preguntar por la capacidad de compra de las familias) y sumido, en unas entidades más que en otras, en la violencia y la inseguridad.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de mayo de 2014).


Hay 2 fuerzas de raicez históricas profundas y de ambiguo significado: la Iglesia Católica y el Ejército... Como resultado de la debilidad creciente del régimen y de los errores del grupo en el poder, ambas instituciones están hoy en el centro de los acontecimientos políticos, y las implicaciones del hecho son de preocupar. Son 2 fantasmas salidos de nuestro pasado colonial que empiezan a recorrer la geografía mexicana del conflicto. Ante la debilidad del régimen, la Iglesia aprovecha la coyuntura y se ha lanzado a una especie de reconquista del campo político. El Ejército por su parte, de la impresión de estar atisbando las circunstancias para hacer valer sus menguados fueros en la primera oportunidad.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.Razón y Acción del 10 de mayo de 2014).


Alguna fuerza atávica, algún paroxismo histórico, algún terror profundo (o todo junto), están provocando en el país una alarmante elevación de los niveles de encono, de inquina, y desconfianza y de odio. Me imagino que desde la sombra hay mentes perversas y manos agresivas que atizan la hoguera, en espera que ocurra un desastre que suponga para ellos algún beneficio… Su tarea es el trasiego de odios.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de mayo de 2014).


El Papa Francisco hizo referencia a un par de fenómenos característicos del México contemporáneo, menos amables que los habituales, de los que se tiene conocimiento en todo el mundo. Uno, la migración: la necesidad imperiosa que tienen miles de mexicanos -millones, al paso de los años- de cruzar la frontera norte, no ya en busca del mítico sueño americano, basado en la vieja leyenda de que del otro lado del Río Bravo los árboles, en vez de hojas, dan dólares, sino de la simple sobrevivencia. Otro, la violencia vinculada con el narcotráfico, y la “lógica” del abandono del campo.

Se trata, en ambos casos, de una censura al estado de cosas imperante -y creciente, además- en un país incapaz de generar las estructuras adecuadas para la realización personal y profesional de sus habitantes. Un país en que se da la grosera paradoja de que uno de sus nacionales sea uno de los hombres más ricos del mundo, y muchos millones de compatriotas suyos estén por debajo de los niveles de la pobreza extrema, con ingresos menores al equivalente a un dólar diario: una injusticia estructural que ofende la memoria de Morelos cuando plasmó, hace 2 siglos, en Los Sentimientos de la Nación, la consigna de “abatir el abismo existente entre la extrema opulencia y la extrema indigencia”.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 21 de mayo de 2014).

Realmente en México y en estos momentos, no hace falta que nos vengan a decir que el país está en una recesión económica. Se siente, se nota, se percibe y se vive; la falta de flujo de recursos, la carestía económica, la paupérrima situación del salario mínimo, la falta de inversión interna y la ausencia de inversión externa, y la errada inversión de los gobiernos, empezando por el Federal –de hecho la más importante en términos financieros y numéricos-, y siguiendo con la estatal y la municipal que están supeditadas a la federal en este centralismo puro que vivimos hoy día.

Hay hogares, muchos (quizá el suyo sea el caso) donde se han tomado medidas de ahorro y previsión, ya no compras esto o aquello, prescindimos de lo otro y nos arreglamos con lo poco. En el mundo del comercio, las cosas no van bien. Siendo la pequeña y la mediana empresa las principales proveedoras para la economía en México, son las que más están padeciendo la recesión económica.

De acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en los primeros tres meses del año, en México cerraron 115,470 negocios.

¿A qué se debe la inapetencia para la inversión en nuestro país? Desde un punto de vista ciudadano y medianamente informado, a 4 factores: las reformas estructurales del presidente Enrique Peña Nieto, la Fiscal, la Energética y la Política, que si llegan a dar resultados será en el largo plazo; la recesión que está de salida en los Estados Unidos el país con el que mayor intercambio comercial tenemos y del cual depende de manera indirecta (realmente directa) nuestra economía; la poca y mala inversión gubernamental –invierten pero no donde se derrama el dinero, sino donde pocos se aprovechan-, y 4a., la inseguridad cada vez más cruenta, más grave y más llamativa en el País, que inhibe la inyección de dinero extranjero y nacional (Luis Videgaray Caso, el secretario de Hacienda lo dijo hace unos días, antes de anunciar que ajustaría el porcentaje programado de crecimiento económico para México, tasado en 3.1%).

No hay dinero, la gente no compra, no invierte, los presupuestos se acortan y los ahorros, pocos, se guardan para ocasiones peores. La reforma financiera, fiscal, en mucho contribue a ello. Hostigar a la base contribuyente de siempre con trámites basados en la desconfianza y la persecución, como hacer que todos los negocios, absolutamente todos, incluyendo los taqueros, los abarroteros y los desayunadores, tengan que facturar electrónicamente, y de ahí para arriba, obligar a comprar programas de computadora para emitir facturas que antes de ser entregadas deben ser aprobadas por Hacienda. Siguiendo por los gobiernos estatales y municipales que no pueden invertir en obras que no sean parte del proyecto nacional de desarrollo y vayan acorde a las necesidades electoreras y de lucimiento propio del gobierno federal, con tesoreros y financieros y directores de finanzas y administradores que deben estar certificados por el gobierno central para asegurar que los dineros públicos se invertirán donde el gobierno de Enrique Peña Nieto quiera que se inviertan, y no para satisfacer las necesidades reales de la sociedad.

La economía está inhibida, está en recesión y todos lo padecemos. Los abarroteros que deben cerrar porque no alcanza la poca ganancia para adquirir un equipo computacional y un programa fiscal; los vendedores que deben hacer el doble de trabajo para ganar lo mismo, los inversionistas que cambian de estado en busca de mejores condiciones locales para desarrollar negocios transnacionales, los extranjeros que han dejado de invertir en México porque les cuesta más que en otros países del tercer mundo.

Este sexenio, sordo y ciego que no entiende lo que entidades locales, nacionales, internacionales, analizan y consigan, y lo que la sociedad mexicana está viviendo, y que es una recesión, negada por el Presidente de la República y repudiada por el Secretario de Hacienda, crea a costa de sus ciudadanos, inversiones para apoyar, en una estrategia paternalista, a quienes padecen en lo inmediato los efectos negativos de la toma de decisiones en términos financieros en México. Y para ello, crean fondos de recuperación.

Así tenemos que se han creado fondos federales para “ayudar” a los sectores productivos a sobrellevar y sobrevivir las consecuencias de la administración priísta de Enrique Peña Nieto.

La economía mexicana está en recesión, y se siente, aunque el gobierno de Peña lo niegue, y los expertos lo confirmen.

Adela Navarro Bello
(v.sinembargo.mx del 21 de mayo de 2014).

Leí a la maestra de secundaria defendiendo a los maestros, sí me queda claro que hay maestros comprometidos con México y sus alumnos, está claro que hay trabajadores de Pemex que hacen su chamba, hay trabajadores de CFE iguales, pero que también hay un puño de mexicanos que no les importa el país, a quienes sólo el beneficio propio les importa, esos son los mexicanos que no necesitamos, incluyendo Bartletts, Beltrones, Calderones, Foxes, AMLOs, Bartres, Padiernas, etc.

Juan Carlos Alaniz
(v.pág.4 "Cartas a Mural" del periódico Mural del 22 de meyo de 2014).

Aunque técnicamente todavía no se encuentra en una recesión económica, la economía de México tiene los síntomas: no hay demanda en la producción por la falta de flujo, que se originó por un impacto especulativo, que a su vez genera la caída de la producción, de los empleos y del poder adquisitivo, afirmó el presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivo de Finanzas Guadalajara, Benjamín Villanueva Rivera.

El presidente del IMEF dijo que el pasado miércoles el “Banxico bajó el pronostico de crecimiento del PIB hasta 2.3%, lo que da ciertas señales de que todavía creen que pueda seguir bajando”.

(V.pág.13-A del periódico El Informador del 23 de mayo de 2014).

“Si uno promedia el crecimiento de 2013 y el esperado para 2014, el promedio durante los 2 primeros años de la administración de Enrique Peña Nieto sería de 1.8%, suponiendo que se lograra 2.7%”, advierte el investigador del Departamento de Economía del ITESO, Ignacio Román Morales.

Román Morales señala que este pronóstico también confirma que cada vez es más precario el empleo en la nación.

La Población Económicamente Activa, dice, crece a un ritmo de 1.9% cada año, mientras el ritmo de crecimiento del PIB será menor: de 1.8%. “¿Qué significa? Que cada vez más, la gente tiene que meterse a las actividades de baja productividad, al sector informal, a empleos precarios… por lo tanto, tenemos mayores problemas de empobrecimiento”.

Y califica como “optimista” el crecimiento del PIB que registra el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en el primer trimestre de año de 0.28% a tasa desestacionalizada y de 1.8% en comparativo anual. “La realidad es que este país está completamente estancado”.

El panorama es desalentador para el ciudadano, alerta: “Un menor crecimiento económico de entrada implica una menor recaudación del Estado, eso implicará por lo tanto menos recursos gubernamentales para incentivar la economía, el empleo, la política social, para el desarrollo del país e implicará mayor riesgo de contratación de deuda. Esto, evidentemente, le pega a las empresas, las cuales tienen menor posibilidad para vender, por lo tanto para generar empleo, prestaciones, crecimiento y tecnología. Lo más grave es que le pega al trabajador”.

(V.pág.3-A del periódico El Informador del 24 de mayo de 2014).

La descomposición social es grave, multicausal y de parte de las autoridades de todos los órdenes no hay una estrategia, una política pública, un plan o un programa cuyos efectos se sientan y repercutan en una disminución de estos casos, al contrario. La violencia está en aumento en todos los ámbitos, en la calle, entre automovilistas y peatones y ciclistas; todos contra todos; las señoras en el mercado o en el súper; los niños en las escuelas; los jóvenes en los antros. Estamos mal y sí, somos responsables, pero no los únicos responsables. Es urgente que actuemos de manera coordinada para detener esta ola de violencia que hasta el Papa Francisco lamentó refiriéndose a los hechos en Tamaulipas, pero esto es generalizado en mayor o menor medida. La violencia se ejerce cotidianamente en todos sus tipos y es preciso poner un alto.

Presionados, estresados, cansados, con problemas y falta de dinero o de trabajo, enfermedades, problemas con los hijos, con los padres; con los jefes, los compañeros de trabajo; sin vacaciones, con dos y tres turnos para que alcance; con las demandas constantes de comprar y de tener porque es lo que se ve en la tele y en el entorno: tener, tener, tener; comprar, comprar, comprar. Es una vorágine que debe parar porque no nos lleva a ningún lado y la autoridad debe hacer lo que le corresponde y poner orden.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de mayo de 2014).

La era de violencia extrema y absurda que vivimos los mexicanos en años recientes, no comenzó en 2007, pero entonces se hizo evidente que algo nuevo, algo macabro y grave se hacía presente en el país.

Ese año marca el inicio de la narrativa presidencial que exaltó la guerra supuestamente en contra del narcotráfico y la delincuencia organizada, pero que se convirtió en una guerra en contra millones de mexicanos, especialmente los más vulnerables: pobres, niños, mujeres, migrantes, madres, jóvenes sin futuro. Los asesinatos violentos, los cuerpos mutilados o enterrados en fosas, los desaparecidos no nacieron hace siete años, pero se intensificaron de modo notable. Los noticieros en los medios comerciales se empezaron a llenar de notas “policiacas”, de asesinatos, de cuerpos encontrados en fosas, de acribillados. Eran “presuntos delincuentes”.

La mayoría de la prensa mexicana empezó a comprar sin cuestionar el discurso de Felipe Calderón de que la mayoría de las bajas eran producto de la guerra contra las drogas. La prensa comercial actuando, otra vez, como propagandizador (sic) del poder, no en su contrapunto.

Las “bajas” empezaron a contabilizarse, a convertirse en fría cifra. Pero detrás de esa cobertura que parecía hacer apología de la guerra contra el narcotráfico y que entronizó en el conteo de muertos, se ocultaban las terribles historias de los levantados, de los descabezados, de la multiplicación de las fosas, de las detenciones arbitrarias, de personas asesinadas por soldados, marinos o policías en acciones fuera de legalidad y debido proceso.

Rubén Martín
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 24 de mayo de 2014).

La recaudación del SAT ha sido motivo de festejo en la Secretaría de Hacienda.

De por qué se congratula tanto Hacienda en la recaudación, también tendría que responder Videgaray, cuando, al mismo tiempo, la Secretaría de Hacienda ha sido el centro de críticas de múltiples gobiernos estatales, a propósito de la tardanza para llegar recursos programados desde enero mismo. Recursos que tienen que ver con el gasto social, o con el campo, o la ganadería. O con la inversión productiva, generadora de empleos.

Ayer, en voz Miguel Alonso Raya, el PRD trataba de tomar distancia de las feroces críticas de que ha sido objeto por parte del PAN estos días, en el sentido de que ellos también tienen una gran responsabilidad en la crisis económica transfigurada en recesión, porque el freno de la economía ha sido, ni más ni menos, la creación de nuevos impuestos y el incremento de éstos, para 2014.

Alonso Raya decía: “con el argumento de que el bajo crecimiento tuvo como causa la reforma hacendaria y fiscal el gobierno pretende encubrir su incapacidad en el manejo de la economía nacional”.

Esto de la baja del crecimiento, derivado de la reforma fiscal y hacendaria, fue un argumento que enarboló la semana pasada el Consejo Coordinador Empresarial. Y ahora lo ha retomado Videgaray, como queriendo embarrar al PRD en la bronca del parón de la economía.

Silvano Aureoles Conejo, coordinador de la bancada perredista en la Cámara de Diputados, reviró: “No coincido (cuando dice esto Hacienda) porque es un argumento que ya escuché de algunos sectores, sobre todo los dirigentes empresariales, que el problema del no crecimiento de la economía es a causa de la reforma hacendaria. Eso no es cierto”.

Y apostillaba: “¿Por qué no hemos crecido en los últimos 30 años? ¿Por qué en los momentos que tenían ellos todas las condiciones a su manera y, por cierto, ellos eran los que influían en cómo tomar las decisiones, tampoco crecimos y tampoco se generó empleo?".

“Llevamos así 30 años sin crecimiento sostenido y sin generación de empleos. Entonces, que no me digan que es por la reforma del año pasado".

Vicente Bello
(v.pág.10-A del periódico El Informador del 27 de mayo de 2014).

No ha desaparecido la amenaza de que se implante en el país un régimen de caudillismo populista. Antes bien todo lo que ahora sucede en el país parece conducir a eso, y aun hay quienes miran en tal posibilidad una esperanza para México. Hoy por hoy los mexicanos pobres sufren abandono. Los altos designios del Estado miran a otras cosas que nada tienen que ver con la pobreza o con los pobres. A las reformas en materia fiscal, energética, política y de telecomunicaciones, todas de cúpula, no se ha añadido ni siquiera un intento de reforma social que tienda a aminorar, aun en forma mínima, la inmensa desigualdad que existe entre aquellos que todo lo tienen y aquellos que nada pueden conseguir. Los males del pasado y el presente hacen que el futuro se vea sombrío.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico Milenio Tamaulipas en línea del 29 de mayo de 2014).

Michoacán no ha salido del infierno, aseguró ayer José Manuel Mireles, dirigente de autodefensas michoacanas.

Al participar en el Encuentro Nacional de Autodefensas Ciudadanas, rechazó que la entidad esté bajo control, como lo presumió el comisionado para Michoacán, Alfredo Castillo.

"El infierno en Michoacán aún sigue, aún no termina. El día de ayer (martes) hubo 7 ejecutados en los municipios donde nosotros no hemos tomado el control.

"Cuando el señor comisionado dijo 'ya llevamos 100 días y tengo todo en Michoacán bajo control', ese día nomás hubo 28 ejecutados, pero según él ya lo tenía controlado", apuntó.

(V.pág.4 del periódico Mural del 29 de mayo de 2014).

Es un tanto cuanto chistoso que se discuta si el país está creciendo o no cuando en realidad el estancamiento es evidente. Más que eso, lo que se requiere debatir es por qué la economía no se expande. Los empresarios, claro, consideran 2 factores: el incierto gasto del gobierno y la reciente reforma al impuesto a la renta. El gobierno, claro, dice que las cosas se están preparando para la segunda mitad del año, pero ¿cuáles serán esas cosas? Eso mismo dijo el año pasado respecto al actual.

Parece que no se quiere entrar al análisis del campo de las inversiones, es decir, de la estrechez de éste. Cualquiera entiende que para invertir productivamente se requieren empresas viejas o nuevas pero es indispensable que exista un campo para hacerlo, una ampliación de mercado potencial, unas condiciones mediante las cuales sea posible realizar el valor de las mercancías y los servicios. El mayor problema económico de México es que ese campo se ha venido estrechando debido a 2 factores: la baja capacidad adquisitiva real de los salarios y de las percepciones de trabajadores sin patrón, por un lado, y el escaso gasto gubernamental, por el otro.

La política salarial no podría ser peor que la actual. Frente a pérdidas históricas de los salarios reales, el gobierno tiene un acuerdo de acero con la patronal para mantener la tendencia hacia la reducción. La tesis básica es que la economía requiere fuerza de trabajo barata para competir con el mundo y para sostener la tasa media de ganancia. Sin embargo, en el pecado han llevado la penitencia: el mercado interno se sigue deteriorando mientras que las exportaciones han tenido vaivenes al ritmo de la economía estadunidense de la cual dependen.

El congreso ha brindado 2 reformas para aumentar el gasto público: una mayor progresividad en el impuesto a la renta y una autorización para contratar más deuda pública. Sin embargo, el gobierno no emprende un programa de inversiones productivas, todo va a paso de tortuga, existe titubeo porque no hay claridad en objetivos ni seguridad en los proyectos.

La vieja política económica se mantiene en sus grandes trazos, pero ésta no sólo corresponde al gobierno, como se supone, sino a la actitud de los grandes empresarios, los cuales defienden sus inmensos privilegios monopolistas sin importarles mayormente la expansión del mercado y del campo de las inversiones. Acostumbrados a tasas muy altas de ganancia, prefieren los reductos y sólo realizan las inversiones que se encuentran a la altura de los beneficios que ya obtienen. Hasta aquí, el gobierno no hace nada.

Mientras tanto, las salidas de capital-dinero hacia el exterior siguen en su apogeo. Si no hay dónde invertir en el país, el dinero se coloca en el extranjero pues aunque el rédito esté bajo siempre es más seguro. No hay un problema de falta de capital acumulado sino de la manera de colocarlo.

En lugar de discutir si hay recesión o estancamiento, es preciso emprender un debate sobre las reformas económicas para promover el crecimiento y defender la capacidad adquisitiva de los ingresos de la mayoría.

Pablo Gómez
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 30 de mayo de 2014).

Una vez más, como fue durante todo el año pasado, se redujo la perspectiva de crecimiento de la economía mexicana. Bajó de 3.9 a 2.7%, nada menos y nada más que 1.2 puntos porcentuales. Si usted recuerda, el año pasado este mismo fenómeno se repitió mínimo 4 veces y en gran medida la causa fue que el gobierno federal no ejerció el presupuesto, lo que se conoce como subejercicio; hoy, según el CEESP, hay un sobreejercicio, pero, dice, “su destino no ha sido el más efectivo para incidir en el crecimiento de la economía”.

En 2013 claro que oficialmente toda la culpa la tenía la economía de Estados Unidos y la globalización. Y estuvimos en recesión porque el PIB hiló dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo.

Entonces como ahora no lo quieren reconocer. No sé si realmente creen que con eso ganan confianza o evitan que los inversionistas se desanimen, los nacionales y los extranjeros porque, si se trata de la población (los que menos importamos para ellos, por supuesto), vivimos en carne propia la crisis económica. La falta de trabajo es preocupante; y se trata del empleo formal pero también de otras actividades económicas como la construcción, que de manera indirecta contratan a personas que trabajan a destajo, por ejemplo albañiles, fontaneros, carpinteros, electricistas.

Y si es con relación a los inversionistas, ¿creerán acaso nuestros gobernantes y demás funcionarios que tomarán decisiones con base en lo que diga un secretario? Más valdría que hablaran con la verdad para tomar decisiones sobre hechos y no parados en nubes color de rosa.

27 de mayo: unos días antes, un estudio del CEESP concluyó que aumentar los salarios por decreto obstaculizaría el crecimiento económico de México (nada más falta que digan que por eso), que habría despidos y mayores afectaciones al poder adquisitivo; pero este día, el presidente de la Coparmex Jalisco “presumió” que la mano de obra barata es una oportunidad para atraer inversiones, que ya somos tan competitivos como los chinos, por eso, porque a los obreros y trabajadores se les paga poco (¿se habrá escuchado el señor? ¿Se dio cuenta de lo que dijo?).

28 de mayo: Luis Videgaray, secretario de Hacienda, ya con el dato de la reducción de la proyección del PIB para este año, dijo: “El problema de la economía mexicana es que crece menos de lo que debería” (¡no! ¿En serio? Dios santo: es el secretario de Hacienda).

28 de mayo: Eduardo Sojo, el panista que se quedó en el Inegi, afirmó: “La economía mexicana ha registrado un crecimiento muy bajo y lento en los últimos trimestres, lo que indica que se encuentra estancada” (como dicen los chavos: ¡no, bueno! ¿En manos de quién estamos?).

28 de mayo: más tarde, en otra actividad, Videgaray reitera que no hay crisis ni recesión cuando las notas como las que enlistaré a continuación son cosa de todos los días: lecheros atraviesan situación dramática; cae el reparto de utilidades en Jalisco; habrá recuperación hasta el segundo semestre; México va a importar petróleo; crece el abandono de hogares por la situación económica… ¿Le sigo?

Otros países han salido de crisis más severas con una política incentivadora del mercado interno: más salario, menos impuestos, más poder adquisitivo, más producción, más impuestos, más empleo… Otro dato que se me andaba quedando en el tintero es que las ventas de la Asociación de Tiendas Departamentales y de Autoservicio, como dice el Inegi, “no muestran mejoría”, es decir: el mercado interno está deprimido porque no hay liquidez. Lo peor de todo es que tanto el Gobierno como los empresarios se pintan solos para mantener esta situación que se antoja ya insostenible.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 31 de mayo de 2014).

Cuando uno se detiene a considerar las elevadas cifras de la delincuencia local y nacional, la implicación constante de las corporaciones policiacas, aún del mismo ejército de tierra que ha hecho acudir en busca de la marina, la habitual colusión de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial que ha llevado a la destitución de alcaldes y jueces, y al encarcelamiento de los ex gobernadores que se ha podido, se acaba por pensar que el problema de fondo radica en la sociedad misma y el colosal fracaso no de los sistemas de seguridad, o del aparato legislativo, sino sobre todo el fracaso del sistema educativo que no ha logrado formar mejores ciudadanos, pero sí los está preparando para competir denodadamente en el maratón de la delincuencia con o sin uniforme, ilegal o legal, organizada o desorganizada. Si los futuros profesores del país siguen tomando casetas para exigir cuotas a los conductores, o paralizando las universidades, si tantos de los así llamados maestros lo son, pero del vandalismo y la anarquía, y los mandos de la educación superior suelen ser el pantano de las grillas, los fraudes, las muchas plantas de tiempo completo para un solo individuo y sabrá Dios cuántas cosas más ¿Qué podíamos esperar de los resultados?

La mercadotecnia actual no deja de alentar el consumo, la realidad económica del país incrementa la voracidad, y la escuela ha renunciado a educar, lo que sigue es que cada quién, donde sea que se encuentre, busque la forma de adquirir cuánto le venga en gana sin el menor escrúpulo, ya que éstos sólo existen cuando la persona tiene principios y valores. La solución a una sociedad decidida a manejarse por la libre es el imperio de la ley, pero como la justicia se haya copada por la impunidad, la violencia se vuelve un carnaval.

Al clásico “sálvese quien pueda” del momento presente le ha antecedido por años “el que no transa no avanza”, ninguna sorpresa puesto que en nuestro país casi todo, hoy día, se halle falsificado, toda vez que partidos, instituciones, poderes, organismos públicos y privados, códigos, procesos, discursos y declaraciones, carecen del valor que representan.

Armando González Escoto
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 1o.de junio de 2014).

El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto está en problemas, dice la revista inglesa The Economist. El mandatario prometió incentivar la productividad y la formalidad para echar a andar el crecimiento del país, pero todo se ha quedado en buenos deseos.

La publicación dice que “después de la aplicación de una reforma fiscal, que impuso una miscelánea de gravámenes impopular para las empresas, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso prometió no más cambios en los impuestos” hasta el final del sexenio. “Esto es un error, la razón principal para el desempeño económico mediocre de México es la baja productividad. Y la explicación más plausible para ello es la prevalencia de una enorme economía informal de empresas no registradas, en donde 3 de cada 5 mexicanos trabajan”.

(V.pág.15-A del periódico El Informador del 3 de junio de 2014).

En un país donde más de la mitad de la población padece pobreza, ¿qué incentivos existen para participar, así sea como mero observador, en un proceso de reforma?

Debe considerarse además que, encima de todo, los legisladores obedecen a una dinámica en la que acatan las disposiciones de las cúpulas dominantes en su partido político, de manera que si toman acuerdos en el tema de las leyes secundarias, no cambiarán de postura con o sin torneo de futbol.

El mexicano promedio no atenderá nunca una discusión entre senadores, cualquiera que sea el tema, pero por razones muy distintas: desconfía de los diputados, de los senadores y de los políticos; también desconfía de los partidos políticos y está seguro de que los cambios en las leyes se concretan, invariablemente, para beneficiar a quienes están en la punta de la pirámide social, no en la base.

En una nación como esta, sumida en la violencia derivada de la acción del crimen organizado; frenada por la desequilibrada distribución de la riqueza; paralizada por la falta de oportunidades de crecimiento para las nuevas generaciones, poco impacto tiene el mundial de futbol, a no ser que el equipo mexicano sorprenda con triunfos y regale, al menos por unos días, la alegría que la gente no alcanza con su trabajo cotidiano, así sea en la economía informal.

Jorge Octavio Navarro
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de junio de 2014).

A raíz de varios casos graves de bullying (violencia entre iguales) en el país, en una estadística que nos ubica en el nada honroso 1er. lugar en esta materia dentro de las naciones que forman parte de la OCDE, se ha dicho con insistencia que la educación, la formación, los valores y la cultura por la paz por ejemplo, y la no violencia, se aprenden en casa, con la familia.

Es la célula, la unidad básica del conglomerado social, que más embates sufre en todos sentidos. Vive amenazada por la pobreza, por las deficiencias educativas y de formación; por la violencia entre todos sus miembros; las adicciones como el alcoholismo o la drogadicción; la falta de una vivienda digna y de un entorno ambiental propicio y adecuado para el desarrollo de todos sus miembros. La falta de valores en el seno de familias por lo general desintegradas es resultado de que sus miembros, por lo general, provienen de otras familias desintegradas y éstas de otras y así, una cadena sin fin.

¿Podemos responsabilizar de todo a las familias cuando el hábitat es de pobreza extrema, de desnutrición, de desempleo? ¿Cuándo la vivienda -si acaso se dispone de una- tiene pisos de tierra y se ubica en zonas de riesgo? ¿Estamos en condiciones de echar la culpa a la familia de todos nuestros males si viven enfermos, sin trabajo, mal comidos y con los programas corrientes y vulgares, banales y estupidizantes de la televisión abierta que por desgracia es duopolio en nuestro país, como único acceso a la educación? ¿Tienen la culpa, son responsables de reproducir los esquemas de violencia de un entorno adverso cuando además son presa fácil de productos televisivos que hacen apología de la violencia y del crimen?

La familia es responsable, sí, pero también el Estado que no es capaz de (y ni quiere) generar las condiciones mínimas para que los habitantes de este país vivamos mejor; con las necesidades básicas resueltas por lo menos y proyectos familiares a futuro.

En este contexto, la secretaria de Desarrollo Social, una de las mayores desgracias del gabinete presidencial, festina un aniversario de la Cruzada contra el Hambre (dizque) con un concierto que costó más de 10 millones de pesos y luego de haberse gastado más de 100 millones en artículos distintivos y promocionales del programa. 110 millones de pesos suficientes para la promoción de huertos familiares en las viviendas en donde la pobreza extrema es un sufrimiento cotidiano; o para apoyar la instalación de micronegocios o para capacitación o para mejorar las viviendas o para comprar ropa y zapatos para los niños, es decir, para un montón de acciones que podrían incidir en que la gente salga de ese status y mejore sus condiciones de vida ¿Para cuánto alcanzaría todo ese dinero? Mientras nos enteramos de la espera, las filas y los malos tratos que sufren adultos mayores para acreditar que viven todavía, y seguir recibiendo el paliativo, subsidio o limosna que les da el gobierno. Es una desgracia total.

Dos de las formas de manipulación masiva que ha identificado el lingüista Noam Chomsky son mantener al público en la ignorancia y la mediocridad, y además que sea complaciente con esa mediocridad: “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible…” y lograr que el público crea que “es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto”.

Así que si se va a señalar con dedo de fuego a la familia como responsable de todos nuestros males, creo que habría que incluir a los medios masivos de comunicación y su programación idiotizante y al Estado mexicano por sus omisiones y sus marcadas deficiencias y malas decisiones.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de junio de 2014).

A medida que el tiempo transcurre, en el ánimo de todos los sectores sociales se va afirmando el deseo de que nuestro país tenga un gobierno de mano dura que haga frente sin contemplaciones a una delincuencia organizada que tiene a las instituciones contra la pared. No importa que para ello se tengan que cometer excesos y comportamientos al margen de la ley, dado que de otra manera, la prevalencia del hampa y la criminalidad acabarán por confirmar una caricatura de gobierno y una ficción de Estado. La sociedad atemorizada, en sí desesperanzada, está concibiendo la posibilidad de una nueva dictadura, con la obvia presencia del Ejército para imponer férreas disciplinas y despreciables jerarquías de cuartel.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de junio de 2014).

La experiencia nos dice que cuando un gobierno saca al aire un anuncio cuyo mensaje es 'estamos mal pero vamos bien' como han hecho todos de Zedillo para acá, incluyendo recientemente a Peña Nieto, no significa otra cosa más que 'ya nos cargó el pintor'.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de junio de 2014).

La crítica que hiciera el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a la economía mexicana, ha calado hondo en la clase política mexicana, empezando por el presidente Enrique Peña Nieto.

La clase política sale a decir de inmediato que las rutas son diferentes, que no se trata de una competencia y que en realidad es Brasil el que está mal. Lástima de reacción, un desperdicio. Lula ofreció la oportunidad de que se aceptaran los problemas económicos que no se pueden negar ya, la falta de liquidez y la inflación son rampantes en México, no hay dinero que alcance y la actividad económica está verdaderamente deprimida. Un ligero roce o contacto con los demás nos bastarían para darnos cuenta de eso; pero optaron por hacer como que no pasa nada -como siempre- y que en México todo es perfecto y que las reformas y no sé qué tanto más cuando el Banco Mundial (nada menos y nada más) reduce la expectativa de crecimiento de nuestro país, casi inmediatamente después de que la Secretaría de Hacienda; claro, luego de las cifras dadas a conocer por varios organismos especializados de la iniciativa privada.

¿Por qué dolió a los funcionarios lo dicho por Lula? Porque es cierto, porque lo que sí es cierto da coraje y duele. Pero se quedan ahí, en la reacción infantil y no mueven un dedo para cambiar y mejorar las cosas, para que esa ruta que dice el Presidente es diferente a la brasileña, sea clara y garantice mejores niveles de vida para los mexicanos.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de junio de 2014).

Líderes sindicales y políticos y aun empresariales, entre otros individuos ostentan su impunidad ante un reclamo social, algunos al amparo del fuero que la Constitución les otorga por concesión legislativa convertida en cultura de cínica complicidad con onerosa carga al erario, que en su exhausta circunstancia coloca al país y al propio régimen en condiciones peligrosas, puesto que ningún régimen soporta la insuficiencia de recursos económicos. Y éstos están amenazados por la disminución de ingresos por venta de petróleo a Estados Unidos, nuestro principal comprador de este insumo y proveedor de múltiples productos entre los que figuran agrícolas alimentarios.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 15 de junio de 2014).

En este punto del avance sexenal se expresan 2 puntos sin atender a cabalidad, y que están en la preocupación ciudadana, aunque no en la ocupación de las autoridades; uno es la economía que sigue en picada, aunque eufemísticamente le llaman "desaceleración aguda"; y el otro tema que agobia a la población, sin que el cambio de administración le haya traído sosiego, es la inseguridad que sigue en escalada a pesar de las cifras alegres que presentan muchos dirigentes.

Porque el número de extorsiones sigue subiendo en el país, y de manera alarmante en el área metropolitana de Guadalajara. Porque el número de secuestros oficiales no es el real y tampoco se acerca a lo que sucede de manera cotidiana en el país, en el Estado.

Y las víctimas, luego de que los grandes empresarios pusieron medidas de seguridad muy elevadas, están siendo los medianos y pequeños empresarios del estado, empleados y aún maestros en varias zonas de la entidad. Sin embargo, a este delito no se le ha dedicado ni presupuesto, ni capacitación suficiente por parte de las autoridades.

Y también el robo de autos a mano armada resulta, en varios puntos de la zona conurbada de Guadalajara y aún en colonias antes consideradas como seguras, uno de los delitos que en los últimos meses ha subido sin control.

El otro problema es la economía en el país, economía que se ha logrado adelgazando la clase media del país, grupo social que ha sido y es sustento de la cohesión social, la civilidad y la economía de las naciones desarrolladas.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 22 de junio de 2014).

Los niveles de corrupción en el país son alarmantes y así lo demuestra el “Informe sobre la Calidad de la Ciudadanía en México”, dijo el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani.

Ante ello, afirmó que el combate a la corrupción tiene que ser bandera del México nuevo, “para pasar de los escándalos, a las sanciones; de una indignación nacional frente al abuso, del fraude y la impunidad, a una gran movilización por la renovación de la vida pública”.

Detalló que la corrupción más habitual, que es la relacionada con trámites, solicitudes de servicios y contactos diversos con servidores públicos, arroja hasta 5,000 millones de pesos, y eso considerando un promedio conservador de 165 pesos por caso, que es lo que ha manejado la organización Transparencia Mexicana.

También citó los datos del informe -elaborado por el Inegi y el Instituto Nacional de Elecciones- que revelan que 6 de cada 10 considera que las leyes se respetan poco o nada, y 7 de cada 10 no cuenta con otros ciudadanos para defenderse ante una injusticia. “Son alarmantes; explican en gran parte por qué la democracia está todavía lejos de cumplir las expectativas generadas con la transición”.

Recordó que de acuerdo al Inegi, la corrupción es la tercer[a] preocupación de los mexicanos, después de la inseguridad pública y el desempleo.

Lamentó que la Comisión Nacional Anti-Corrupción permanezca congelada.

La iniciativa llegó al Senado a mendiados de noviembre de 2012 -2 semanas antes de que Peña Nieto jurara como presidente- con la idea de que sustituyera a la Secretaría de la Función Pública. Un mes después fue aprobada en el Senado, pero los diputados la tienen congelada debido a la discusión de otras reformas.

(V.pág.10-A del periódico El Informador del 24 de junio de 2014).

Nuestra frontera sur no tiene control alguno y esa será una situación que generará una crisis humanitaria pero sobre todo en Chiapas, con costos sociales y políticos altos, que hasta ahora se ha evitado, pero que más temprano o más tarde se presentará en forma ineludible.

Todos sabemos las dificultades que se presentan en seguridad en Tamaulipas, pero lo que se sabe mucho menos es que al gobernador Egidio Torre las autoridades estadounidenses le envían, semana con semana, miles de deportados. El último año fueron 150,000, que se abandonan en los puentes internacionales sin dar, siquiera, un aviso previo.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 2 de julio de 2014).

Es preocupante el estado de desánimo que priva en la población, apenas mitigado o disimulado durante las acciones deportivas. La esencia de todos los problemas reside en el ejemplo. Las promesas públicas deben acompañarse de actuaciones congruentes, sin buscar culpables ni apelar a estadísticas, comparaciones o encuestas a modo. La realidad es la verdad sin comparaciones eludiendo la responsabilidad.

Ante la carencia de confianza, la deslealtad estructura la traición política expuesta en lucha de facciones sin propuesta, donde sobresalen los intereses grupales o particulares; como ha sido desde las leyes de Reforma, la dictadura de Porfirio Díaz y la Revolución a partir de la traición de Victoriano Huerta desencadenando acciones de y sobre Zapata, Villa y Carranza hasta el asesinato de Álvaro Obregón el 7 de julio de 1928.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 6 de julio de 2014).

Estando en la escuela, la maestra cacha a Pepito diciendo groserías y de castigo le deja de tarea hacer un escrito donde le explique a todos sus compañeros ¿qué es grosería?

Al dia siguiente Pepito lee su escrito que dice:

GROSERÍA es que el salario mínimo de un trabajador sea de $54.00 al día (1,620 al mes) y el de un pinche diputado de $200,000.00 pudiendo llegar con dietas y otras pendejadas a $350,000.00

Grosería es que un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública ganen menos que el más pendejo concejal de festejos de un ayuntamiento de 3a.

Grosería es que los pinches políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les de su chingada gana (por unanimidad por supuesto, y al inicio de la legislatura).

Grosería es comparar la jubilación de un puto diputado con la de una viuda.

Grosería es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación de la chingada y a los bastardos diputados de mierda les baste sólo con 3 o 6 años según sea el caso y que los miembros ojetes del gobierno para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.

Grosería es que los pinches diputados sean los únicos huevones de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del ISR.

Grosería es colocar en la administración a miles de cabrones asesores (amigotes con sueldo) que ya desearían los técnicos más calificados.

Grosería es el chingo de dinero destinado a sostener a los pinches partidos aprobados por los mismos políticos huevones que viven de ellos.

Grosería es que a un pinche político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su chingado cargo (y no digamos intelectual o cultural).

Grosería es el costo que representa para los pendejos ciudadanos, pagarles comidas, coches oficiales, choferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito.

Grosería es que esos méndigos araganes tengan casi cinco meses de vacaciones al año: 48 días en navidad-enero, unos 17 en semana santa -a pesar de que muchos de ellos se declaran laicos- y unos 82 días en verano. ¡Qué poca madre!

Grosería es que esos políticos de la chingada cuando dejan el cargo, tengan a huevo un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses.

Grosería es que esos lamebotas de exministros, exsecretarios de estado y altos cargos de la política cuando cesan son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir 2 putos salarios del erario público.

Grosería es que se utilice a la bola de mierda de los medios de comunicación para transmitir a la sociedad lo que a los pinches funcionarios les conviene y que representa un costo para el bolsillo de los ciudadanos...

Grosería es que todos esos hijos de su chingada madre, nos oculten sus privilegios mientras vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven, mientras, hablan de política social, derechos sociales, derechos humanos, libertad de expresión, etc... la manga del muerto!

¡Qué pinches groserías!

Atentamente: PEPITO.

Al terminar de leer Pepito su carta, la maestra gritó a todo pulmón: ¡Pepito!... Estás bien cabrón, es una chingonería eso que acabas de decir, vamos todos juntos al palacio legislativo a mentarles su chingada madre a esa bola de culeros. ¡Que chingue a su madre el que no vaya incluyendo al director! Allá los esperamos a todos.

Autor desconocido
(recibido por Facebook el 6 de julio de 2014).

Está el horror que produce la simulación de los gobernantes, las banalidades de alcaldes, gobernadores y presidentes; las fotografías que en revistas de moda dan cuenta de sus vacaciones y sus outfits; de sus reuniones felices; de sus discursos abetunados y mentirosos.

El horror de la hipocresía, del desinterés, de los abusos, de las componendas, de las imposiciones vestidas de legalidad y estado de derecho; de los operativos mañosos disfrazados de efectividad y éxito; el horror de la corrupción y del cinismo.

El horror de que poderosos sin escrúpulos, sin amor a la patria ni conciencia nacional tengan en sus manos nuestros destinos; el horror de que las decisiones que toman no tienen que ver con la gente, ni con la tierra ni con la historia. Son decisiones por más poder y más dinero, por impunidad.

El horror de la violencia criminal y la violencia institucional e institucionalizada; de los muertos por deficiencias en la infraestructura pública, en los servicios públicos; el horror por el maltrato, por el abandono de niños y ancianos, por el ensañamiento de las burocracias.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de julio de 2014).

Si empezamos a analizar el comportamiento de la juventud, por la que todos apostamos -nos guste o no-, seguramente que habrá muchas razones por las cuales debiéramos de preocuparnos, pues las nuevas generaciones parecen ser más individualistas que las que nosotros vivimos hace unas tantas décadas; desinformadas y poco sociales, o lo que es lo mismo: desarrollan más el egoísmo y desechan los intereses comunitarios, siempre y cuando cada uno se sienta bien o por lo menos ajeno a los intereses de los demás, ah! pero eso sí, muy tecnológicos.

En materia política, parece prevalecer el dicho de que: “El que no tranza, no avanza”; el interés de una buena parte de quienes se involucran en este tema, lo hacen de manera aspiracional, esto es, porque aspiran a un cargo o “hueso” como suelen decir en el argot de los “grillos”, con poca o nula ideología y menos compromiso social (afortunadamente no son todos). Buscan alcanzar sueldos millonarios antes de cumplir los 30 años de edad, aún cuando no cuentan con la menor experiencia y/o preparación en algún tema, y lo peor es que lo están logrando.

Y digo que lo peor, simple y sencillamente porque aunque ahora están ganando más de 100,000 pesos mensuales por mal representar los intereses de la ciudadanía, luego de su trienio de regalo, seguramente buscarán continuar por el mismo camino, pero con mayores ingresos, y así seguirán en un cuento de nunca acabar, salvo que ahora sí metan a la cárcel a quienes abusan del poder temporal al que tienen acceso.

En los aspectos comercial, empresarial y financiero, tampoco se “cantan mal las rancheras”, los llamados junior, a quienes no les ha costado nada adquirir lo que heredaron -aceptando sin conceder que procede del fruto del trabajo de alguien-, el único interés que demuestran es por seguir acrecentando sus fortunas, sin importarles la sobre explotación a la que someten a sus trabajadores.

Y por lo que hace a los planos familiar y espiritual, la verdad es que la situación tampoco es nada halagüeña -cada cual deberá hacer su propia reflexión al respecto-: ¿A dónde vamos a parar?

Cuauhtémoc Cisneros Madrid
(v.pág.13-A del periódico El Informador del 21 de julio de 2014).

Algunas características del sistema político mexicano hoy: multipartidismo, con tendencia al tripartidismo a nivel nacional y al bipartidismo en algunos estados. División de poderes real, con alta incidencia de gobiernos divididos (cohabitación política). Rendición moderada de cuentas, con escrutinio incipiente entre los poderes públicos y la creación de órganos formales de transparencia a nivel nacional y local. Opinión pública en proceso de maduración, con relativa libertad de prensa y grados crecientes de libertad de opinión. Incipiente participación ciudadana, con la existencia de una pluralidad de organismos civiles dedicados a una multiplicidad similar de tareas y objetivos. Libertades civiles reales y ganando en consistencia y profundidad. Órganos electorales con relativa autonomía, profesionales y, en lo general, observantes y ejecutores de la legalidad. La alternancia de ida y vuelta se da en todos los cargos de elección popular, desde una regiduría hasta la 1a. magistratura del país.

Paralelamente se observa la existencia de un pluralismo que sigue evolucionando, con opciones ideológicas distintas, que buscan ganar adeptos en los planos político, electoral, ideológico, moral y cultural. Barruntos significativos de pluralismo religioso en el marco de un Estado laico, pero no jacobino (para bien y para mal). Debate público relativamente amplio y en expansión, aunque de mediana calidad. El ciudadano informado, responsable y participativo ya existe, si bien no en la cantidad y la extensión convenientes.

Todo esto, formando el síndrome de una situación consolidada, no existía hace 20 años en México. Para no irnos hasta hace 30 ó 40 años, cuando vivíamos en un régimen de partido casi único, con libertades escazas y restringidas, cero debate público, una opinión amordazada, alquimia electoral pura y subordinación de los poderes al ejecutivo.

Es cierto, todavía existen muchos vicios políticos, empezando por la corrupción, pero a diferencia de antes, las relativas virtudes democráticas del régimen político mexicano son ahora muchas más de las que había hace 4, 3 o 2 décadas. De esta manera tenemos 2 caras de la moneda, cuando antes teníamos una moneda con la misma imagen en ambos lados (por así decirlo).

México ha cambiado y mucho, empezando por el ámbito político. Y no ha sido un "gatopardismo" típico el proceso que nos trajo hasta donde estamos ahora, aunque en muchos aspectos pareciera que ese es el caso.

Vaya, hasta donde parece que no hay cambio, éste se ha dado. Tomo como ejemplo la patología de nuestros nuevos políticos. En estos días se están multiplicando las voces que anuncian una elección de estado, preparada por el PRI para el 2015, como si ello, por una parte, fuera en verdad posible, dadas las características del sistema político enumeradas arriba. Y, segundo, como si el PRI fuera en único instituto político capaz de realizar tamaña canallada, e intentar realizarla.

1o.: una elección de estado es imposible, porque no existe un vector de mando y control que atraviese todos los factores de la realidad político electoral en México (tampoco existe, si en vez de Estado se habla de gobierno). Y 2o., porque el sueño de una elección de estado lo tienen recurrentemente todos los políticos de todos los partidos. Y no excuso a los priistas, porque sueñan igual y han sido parte acusadora de lo mismo ahí donde son oposición.

Hay que conceder que los políticos también han cambiado. Obligadamente lo han hecho en una dimensión de su conducta, porque actúan en un entramado institucional distinto al del viejo régimen. Muchas viejas mañas y manías discursivas ya no funcionan más. Lo que no significa que los nuevos políticos sean mejores que los anteriores: Demetrio Sodi declaró con terror que, de hecho, son peores.

Lo que sí en verdad no cambia son los políticos queriendo verle la cara a los ciudadanos, asustándolos con el petate del muerto, como si aquéllos no lo conocieran o no se hubieran acurrucado cómodamente en él.

Marco Antonio Cortés Guardado
(v.pág.7 del periódico Mural del 24 de julio de 2014).

El pasivo.

(V.periódico El Financiero en línea del 30 de julio de 2014).


Lo muy malo y lo re feo, podría titularse un episodio más de la mexicana serie los "bandidos de río revuelto". Es el caso que don Quico Roca, presidente de los colonos de Villas Paraíso quería vender unas casas hipotecadas, cosa difícil de hacer. Procedió entonces a cargar el costo de las hipotecas a los inquilinos de las casas en venta, quienes ajenos consuetudinarios a cualquier cosa que les afecte se sujetaron simplemente a seguir pagando pero ahora más.

Para asombro de los televidentes de esta emocionante serie, resulta que los inquilinos eran en verdad los dueños, que el presidente de los colonos hipotecó sus casas sin avisarles, que de buenas a primeras les comenzó a cobrar renta, que se gastó el préstamo de las hipotecas en cuanto le vino en gana: viajes, vestuarios de marca, peluqueros, pensiones alimenticias, premios, dietas, viáticos de lo habido y por haber, seguros para la 1a., 2a. y 3a. generación, vehículos de lujo y propiedades aquí y allá; por si fuera poco jamás abonó un centavo a los adeudos, con lo cual se acumularon intereses sobre intereses. Tampoco dio mantenimiento a las casas hipotecadas, ni pagó prediales ni agua, todo era explotar el beneficio. Se entiende que ahora que lo quiere vender deba primero liberarlo de tantas cargas amontonadas.

Que para proceder sin remordimientos acudió a 100 y a 500 paleros que a marchas forzadas y periodos extraordinarios justificaran sus proyectos o incluso los hicieran aún peores para los honrados, ingenuos y sufridos colonos.

Esto realmente resultó muy malo para los propietarios de las casas, pero lo verdaderamente feo es que dichos inquilinos aceptaron todo sin chistar. En parte se explica esta dócil actitud en una inercia bicentenaria, otro presidente de colonos había vendido ya media colonia a los vecinos, uno más había saqueado todas las casas para dar y repartir a propios y extraños lo robado, deporte tan emocionante que muchos otros lo han seguido practicando; como dice un aforismo ruso, los errores históricos duelen menos cuando los convertimos en efemérides con descanso obligatorio.

El consejero de don Quico explicó las medidas referidas con pasmosa sinceridad: de todos modos había que pagar. Así que los pasivos generados por décadas de despilfarros, corrupción, pésima administración, colusión de todas las autoridades, sindicatos bandidos y galopante impunidad los debe pagar el contribuyente, de otro modo ¿cómo sería atrayente para la inversión privada y extranjera la riqueza nacional? Además, urge vender las casas libres de hipoteca, añadiría un despistado espectador, creyendo con certeza total que los beneficios sociales de todas estas medidas vendrán exactamente el día menos pensado, del año menos pensado, del siglo menos pensado.

La tragicomedia es interrumpida por repetitivos comerciales en los que se promueve el robo de gasolina, sea de pipas o de oleoductos, garantizando que aún los responsables de evitarlo pueden negociar, porque a fin de cuentas ladrón que roba ladrón, tiene mil años de perdón.

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 3 de agosto de 2014).

El obispo de Saltillo, Coahuila, Raúl Vera, dijo, sin dar nombres, que hay “funcionarios y legisladores a quienes en el menos agresivo de los casos se puede llamar ignorantes”; calificó de “desastre nacional” el enriquecimiento sistemático de unos cuantos, al precio del empobrecimiento de la mayoría de los mexicanos; de las paraestatales que han manejado los recursos energéticos del país, dijo que han sido “botín de pocos y lastre de los contribuyentes”.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 5 de agosto de 2014).

En nuestro país nunca se han generado las plazas nuevas que demanda la población, por eso hay trabajo ambulante y emigración a Estados Unidos como válvulas de escape.

Joel Martínez
(v.pág.2 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 7 de agosto de 2014).

El sistema económico-político que se vive en el país es verdaderamente lacerante para todos -incluso para los riquillos-, pero gracias al estoicismo de los mexicanos permite que con todo y la miopía, corruptelas y falta de capacidad de muchos malos administradores metidos a políticos, la nación se mantenga en pie, aunque cada día parece acumular más y más pobres, lo que sin duda alguna debe de ser uno de los principales problemas a resolver por las autoridades de los 3 niveles de gobierno, pero sobre por el ámbito federal, pues de ahí emanan las llamadas políticas públicas que benefician o afectan a todos los mexicanos.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid
(v.pág.16-A del periódico El Informador del 11 de agosto de 2014).

Peor no se podía ya estar. El estatismo en materia petrolera tenía aherrojado a México; había que romper las ataduras de la demagogia y el anacrónico nacionalismo. Pues bien: aun a quienes estuvimos en favor de la reforma nos habría gustado ver alguna resistencia vigorosa a ella. Extrañamente no se presentó, y las apocalípticas admoniciones de quienes auguraban el derrumbe de la nación a consecuencia de estos cambios resultaron ser a fin de cuentas el parto de los montes. Y con anestesia. La buena noticia, entonces, es que se hizo un cambio impostergable ya. Desde el Tratado de Libre Comercio no se veía en México una reforma de tan hondo calado. La mala nueva es que no hubo oposición firme y razonada a esa medida gubernamental. Toda protesta se diluyó en agua de borrajas. Y del TLC a nuestros días han pasado 20 años. Ante esa situación un referéndum o consulta pública sobre la reforma energética equivaldría a practicarle maniobras de onanismo al hoy occiso, si me es permitido el uso de otra expresión ática.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico Milenio Tamaulipas en línea del 14 de agosto de 2014).

Así como el expediente de las pensiones es insoslayable, el país también enfrenta un enorme desafío en materia de salud. Simplemente para 2025 habrá un cambio ya más tangible en la pirámide poblacional, con las implicaciones presupuestales que esto traerá de cara a enfermedades tan onerosas como la diabetes.

El problema es que hasta ahora las inversiones públicas ni siquiera van al ritmo de las exigencias. Se está en un 6.9% del PIB, cuando en países de igual grado de desarrollo se destina el doble. México es el último lugar en ese ramo entre los miembros de OCDE.

Además de mayores presupuestos, se van a requerir esquemas más innovadores para dar acceso a millones de mexicanos al sistema de salud.

Alberto Aguilar
(v.pág.25 del periódico Milenio Jalisco del 15 de octubre de 2014).

En México, muchísima gente está enojada con todo lo que sucede en todos los órdenes y niveles de gobierno, pero no saben cómo manifestar su descontento, se palpa en la calle, en el campo, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las cartas de los lectores y hasta en reuniones familiares, pero no encuentran canales adecuados para que sus reclamos tengan eco y logren verdaderos cambios en las estructuras de gobierno.

Supuestamente los partidos políticos deberían ser esos conductos para aglutinar el descontento popular, pero hace mucho que perdieron nuestra confianza, solo voltean a ver al ciudadano cuando hay elecciones, después hacen lo que quieren sin importar el color del partido en cuestión, la democracia se ha convertido en una trampa sin salida, en un círculo vicioso; mientras los partidos se alejan de la gente, gobernando en contra de las mayorías, repartiéndose el dinero como delincuentes, el ciudadano está cada vez más descontento y aislado.

Es la gente que mantiene de pie a México, la que produce todos los días, la que paga impuestos, la que aguanta estoicamente que algo cambie, son gente de bien que piensa que protestar es perder el tiempo y ser parte del caos, perjudicando al país que quieren tanto, esta situación es peligrosa, podría salirse de control.

Jonathan González Espinoza
(v.pág.17 "Los correos del público" del periódico Milenio Jalisco del 15 de octubre de 2014).

La población ha sido descuidada. Esto es un hecho. Hay regreso a enfermedades que fueron superadas años atrás: paludismo, amibiasis, tuberculosis. Y hay aumento de otras antes no presentes, como el caso de la diabetes II que sigue subiendo, especialmente en los niños. Pero las autoridades federales y estatales han dejado crecer esta problemática sin tomar las medidas adecuadas y suficientes para frenarlas y revertir sus negativos efectos.

Generación de niños y de adolescentes minada, socavones en el desarrollo de un país donde crece la pobreza negada. Sufrimiento de muchas familias que se culpan por no darles a sus hijos lo inalcanzable para ellos, lo básico para las organizaciones mundiales de la salud.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 16 de agosto de 2014).

México tiene frente a sí el grave problema de la presente y futuras generaciones de jóvenes llenas de ansiedad, estrés, frustración, ira y depresión. Se trata de jóvenes con grados académicos que viven en el subempleo o de plano en el desempleo. Centenas de estudiantes universitarios para pagarse sus estudios toman empleos precarios para los que están sobrecalificados. Los investigadores ven el fenómeno con preocupación, pues este escenario solo conduce -dicen- al conformismo y a la falta de aspiraciones. Frente a esta dramática realidad, tienen frente a si la oferta tentadora que les muestra un narcotráfico pudiente y remunerador, y no son pocos los que sucumben e las tentaciones de una vida sobrada, frente a aflixiones y estrecheces que difícilmente pueden ser superadas en un medio con tantas limitaciones como el nuestro.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.Razón y Acción del 16 de agosto de 2014).

Las escuchas telefónicas ilegales están a la orden del día. Con la excusa del combate al crimen organizado se abrió la posibilidad de que el Estado escuche y grabe conversaciones telefónicas. El problema es que se legisló para que el gobierno pudiera usar este método de investigación, pero nunca se legisló sobre el uso y los límites de dichas grabaciones. Hoy todos espían a todos, cada grupo de poder tiene su sistema de escuchas y cualquier persona con un poco de dinero y mucho de enfermo puede acceder a tecnología de espionaje.

El 2o. tema es quién las filtra. Los aparatos de seguridad del gobierno son, por lo general, los que hacen las escuchas, pero son los políticos y sus inefables asesores los que deciden qué hacer con ellas y de filtrar en función de los intereses políticos. Estas gargantas profundas del poder van por la vida como inocentes y nadie los toca. Hacen y cobran favores con la vida privada de los demás.

El eslabón final de la cadena es la difusión y es aquí donde medios y periodistas tenemos cola que nos pisen.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de agosto de 2014).

Cuando sale uno desde el sur de la Ciudad de México por la terminal de Tasqueña para ir al Bajío, no nos queda otra que soplarnos ese paisaje urbano que tanto nos duele y del que hay que estar fuerte para no deprimirse después de ver cuadras y cuadras con casas de ladrillo gris que siempre tienen en construcción algo a medias y que parece un muladar.

Cuesta trabajo entender cómo y por qué viven así miles o millones de personas sin que puedan dedicarle un poco de tiempo con sus habilidades para mejorar su hábitat (a lo mejor porque están agotados), pero todo parece que no les importa vivir en un chiquero, descuidado, sucio, con azoteas llenas de charcos y abarrotado de cosas inútiles: llantas, bacinicas, un triciclo oxidado, baldes y bolsas de plástico con más porquerías.

Y uno piensa en lo básico, eso que no tiene que ver con el dinero sino de una actitud frente a la vida como la que debieron inculcarles sus padres. No puedo menos que contrastar este viaje con aquel otro que hicimos por España en los 70 -cuando era "más barato ir que no ir", como decía un amigo yucateco- y recorrimos el sur asombrados de esos pueblos de campesinos con sus casitas encaladas (por las señoras), relucientes y limpias, algunas con geranios en la ventana donde uno se imaginaba a sus habitantes como unas personas dignas, flacos y enjutos, tal vez y pobres, sí, pero que vivían y dormían como grandes señores en una casa limpia por dentro y por fuera.

¿Qué nos pasa en México? ¿Esperan que "alguien" venga y les arregle su cochinero? ¿Qué sea Salubridad la que los multe y force a limpiar sus casas? ¿Cómo pueden vivir en medio de ese mugrero? No vi ratas pero no lo dudo que husmeaban entre esa miseria.

Me sentí como Dante cruzando el Purgatorio cuando cruzamos Ecatepec ubicado en el centro industrial más importante del país, sin poder creer lo que veía: miles de casas de "desinterés social", cajones a medio construir que cuando seguro consiguieron el crédito, antes de aplicarlo... se lo bebieron o pagaron lo que debían o vaya usted a saber qué, pero todas están a medias con sus varillas y castillos al aire, oxidándose, hasta que en la otra vida (o sexenio) traten de nuevo para concluir ese cuarto si es que las varillas sirven aunque las hayan tapado con el casco de un refresco para protegerlas del agua.

Es un tema que tiene que ver con esa otra EDUCACIÓN (así con mayúsculas) como esa que recibimos directa de nuestros padres o de una sociedad como sucede en otras partes de este mundo, excepto en México, en donde parece que no nos importa vivir en un muladar en donde se mete el agua de la lluvia, poco ventilado, en donde viven hacinados, sin que puedan descansar, sino más bien vivir angustiados entre las goteras y unos trapos en las ventanas sin que nadie se preocupe por arreglar su vivienda, mucho menos, limpiarla para hacer de ese espacio algo más amable.

Ojalá las nuevas generaciones aprendan a limpiar su casa, encalen las fachadas y tiren las miserias que los rodean para que podamos imaginar que hay esperanza de un círculo virtuoso en donde vivir en un muladar no sea parte de nuestro destino.

Martín Casillas de Alba
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de agosto de 2014).

La corrupción es un fenómeno muy complejo. Recientemente, el presidente Enrique Peña Nieto fue entrevistado por varios comunicadores y uno de ellos, León Krauze, lo cuestionó sobre su dicho de que la corrupción es un asunto cultural.

Para sustentar su postura, Krauze se refirió a los 13 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos y que pagan multas, impuestos y se detienen en los altos. Sobre esta base le dijo a Peña Nieto que la corrupción no era cultural sino del sistema que viene del PRI. No dijo exactamente PRI, pero el presidente se dio por aludido para luego responder, con otras palabras, que la corrupción somos todos.

Sí, sí, sí. Es la cantaleta de siempre. La excusa es que para que haya un funcionario corrupto tiene que haber un corruptor y, con este argumento se acaban las discusiones y sigue sin pasar nada desde hace décadas. Como todos sabemos de alguien que alguna vez o muchas veces en su vida ofreció (ofrece) una "mordida" pues llegamos a la conclusión de que es cierto; y como además es algo dificilísimo de erradicar, mejor cambiamos de tema y la lucha contra la corrupción conserva su inutilidad.

¿Es parte del sistema? Sí. ¿Es un fenómeno cultural? Sí, también. ¿Tiene remedio? Sí, podría tenerlo, pero, reitero, es muy complicado porque sobre todo se requiere voluntad política.

Durante los 3 siglos de dominación española la corrupción era cotidiana. La complejidad de las leyes y ordenanzas reales; el tiempo que tardaban en llegar y luego en aplicarse las nuevas normas producto de sucesivas reformas; la falta de supervisión y vigilancia puntual de su cumplimiento; las distancias, las ambiciones e intereses personales tenían sumida a la Nueva España en un ambiente corrupto y corruptor tan frecuente que era una práctica generalizada, considerada normal y hasta necesaria como la única salida para resolver asuntos o ganar pleitos, pleitesías, favores y prebendas; propiedades y demás privilegios.

Empezó como elemento estructural del sistema y pasó a formar parte de la cultura social, por lo menos de algunos sectores.

La burocracia novohispana era enorme y la mejor forma que la corona española tenía para ejercer control en sus propiedades americanas era esa: alimentar hasta la obesidad mórbida a la administración, imponiendo leyes y reglamentos que fueron complejizando (sic) la vida cotidiana de quienes habitaban estas tierras y dando espacios a cuanto español y criollo que demandaba espacios en el aparato virreinal.

Y luego, México se independizó y no fue posible simplemente desaparecer a los burócratas del antiguo régimen. Me imagino la incertidumbre, las presiones, las exigencias, los pagos salariales, las deudas, en fin, todo lo que heredaron quienes se hicieron cargo primero que nadie de la nueva nación.

La corrupción continuó y persiste. Durante los gobiernos panistas vivió también tiempos de gloria y, hoy por hoy, en el territorio nacional ha sentado sus reales. Desde la "mordida" más insignificante para un agente vial hasta miles de millones de pesos en el manejo de proveedores, por ejemplo.

Ah sí, pero la corrupción somos todos. Si el sistema en verdad funcionara; si un ciudadano tuviera la certeza de que al acudir al poder judicial obtendrá un resultado justo; si el marco institucional operara con eficiencia y eficacia, estoy segura de que los índices de corrupción bajarían de manera drástica.

No somos un pueblo corrupto por naturaleza: por sistema o por cultura sí, en general y no somos los únicos; pero esa idea de que todos somos, no es cierto. El sistema tendría que funcionar y para lograrlo se requiere, decía e insisto, voluntad política. Si el programa de Miguel de la Madrid por la renovación moral en verdad hubiera tenido éxito, quizá seríamos un país mejor en la materia.

Finalmente, la pregunta de cómo se logrará que México avance del lugar 106 al 60 en transparencia no fue contestada, porque el mandatario, como sus antecesores, sabe cómo repartir culpas que luego sí calan y propician que los remordimientos emerjan.

Reitero: la corrupción no somos todos y si alguien debe empezar a poner orden es el Estado mexicano. Asumir la responsabilidad y encabezar los esfuerzos para una auténtica purga en y del aparato burocrático federal así como de los gobiernos estatales y municipales, pero es difícil León Krauze, digo, contestando a su pregunta, casi imposible.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de agosto de 2014).

Una de las constantes del discurso oficial (y, por supuesto, el de los empresarios) es la conveniencia innegable (y ay de quien ose mostrarse en desacuerdo) de que las empresas, los servicios y casi cualquier manifestación humana salga de las manos del Estado y se quede en las de quienes se aventuren a intentar convertir en negocio lo que no lo era o a "patrocinar" proyectos para los que las autoridades dicen no tener dinero (dejemos de lado, por lo pronto, que los presupuestos nacionales son multimillonarios y que el dinero se gasta en publicidad y cosas igualmente inútiles y suntuarias con una esplendidez oriental).

Así, por ejemplo, vemos esos lánguidos cuadritos de pasto en un camellón o glorieta que, pese a estar tan secos y cochambrosos como de costumbre, nos presumen solemnes cosas como: "Este espacio es conservado gracias a Tortillas Mencháquez, el sabor de los sabores" o "Talleres Automotrices MegaSupra conserva este espacio en beneficio de la comunidad". Y el mejor de los casos veremos a un aburrido empleado de MegaSupra (con cachucha y playera con el logotipo de la empresa) regando un poco de agua por el terregal. Eso sí: el colorido anuncio con que nos enteran de la buena nueva de su "responsabilidad social" nadie se los quita.

¿Qué pasó, hemos de recordar, con las joyas de la corona privatizadora original, la de los tiempos de Salinas de Gortari, es decir, las carreteras, la banca, la telefonía? Pues que las carreteras tuvieron que ser rescatadas a un costo delirante. Y la banca tuvo que ser rescatada a un costo delirante también. Ambos asumidos por las arcas públicas, es decir, por los ciudadanos que pagamos impuestos. Y la venta de la telefonía nomás nos deparó, luego de unos años de facturas carísimas hasta para los suecos, la satisfacción de que el hombre más rico del mundo sea un mexicano. Pero que le pregunten a la Profeco cuál es la empresa de la que más se queja el público. ¿Y qué decir de las pensiones, convertidas en Afores que no sacan del hoyo a nadie? Resulta bastante difícil sostener que con la llegada de la iniciativa privada esos negocios son más serviciales y útiles.

El Estado mexicano, a todos los niveles, ha sido históricamente inepto y manirroto. Pero los particulares tampoco han destacado por su honestidad ni eficiencia. Como en aquel viejo cuento de Poe, de un lado está el abismo, el pozo, y del otro la guadaña y el péndulo... Y ya sabemos lo que pasa cuando uno se lanza hacia un lado o se resigna a quedarse en el otro.

Antonio Ortuño
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 24 de agosto de 2014).

Un dato que ha sido constante para la defensa de las reformas recientemente aprobadas: 3 de cada 4 empleos, es decir 76%, son generados por las pequeñas y medianas empresas. ¿El principal promotor del dato? El secretario de Hacienda Luis Videgaray. Y recordé lo que dijo en una reunión de cónsules honorarios de México en junio, "reformar no es hacer magia". No, sin duda alguna no, señor secretario, magia es la que hacen todos aquellos que a diario se las ingenian para tener los recursos mínimos y vivir al día. Magia es la que hacen todos estos negocios a los que se refiere para enfrentar la gran cantidad de obstáculos que generan los trámites burocráticos, la inseguridad y los altos costos de insumos, muchos de ellos provenientes del campo.

No, nadie dijo que era fácil, pero no tan simple como lo quieren presentar. La mayor productividad y flexibilidad que pretenden dar a la economía con la reforma laboral es una misión imposible cuando, esos pequeños negocios en su intento de ingresar a la formalidad, ven afectado su presupuesto por las altas cuotas que se pagan al Seguro Social e Infonavit.

A la fecha, no ha cambiado nada. Puede haber créditos -sin que se especifique cómo se pagarán y qué ocurriría de no hacerlo- la realidad es que las bondades de las benditas reformas aún no son claras para los que están de la 2a. fila para atrás.

Gabriela Aguilar
(v.pág.14-A del periódico El Informador del 26 de agosto de 2014).

Parte del pesimismo es producto de un estancamiento que ha durado ya 2 años y que las autoridades no previeron ni entendieron. Para 2013 Hacienda pronosticó un crecimiento de 3.5% que al final quedó en apenas 1.1%. Para este 2014 previó 3.9% y por lo pronto la Secretaría de Hacienda ha ajustado su cifra a 2.7%.

Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Torreón en línea del 28 de agosto de 2014).

José Alberto Ávila-Funes, jefe del Servicio de Geriatría del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, advierte que en México se vive una epidemia de la vejez y los adultos mayores se encuentran en condiciones de desigualdad, discriminación y pobreza, además de que son víctimas de maltrato.

Desde 2013, dice, en México se ha vivido una transición sin precedentes.

"Para 2050, 1 de cada 4 mexicanos serán adultos mayores. En muchos países, el aumento se ha convertido en un problema de salud pública", alerta.

(V.pág.2 del periódico Mural del 28 de agosto de 2014).

Uno de los temas en que el actual gobierno es deficitario es la seguridad. Si bien en Michoacán se ha detenido el avance de la inseguridad, aún no se puede decir que está listo para regresar al Estado de Derecho sin la presencia del Ejército y del comisionado. Y en la medida en que en Michoacán se ha avanzado, en muchos estados de la república, como Jalisco, se pierde seguridad y la inseguridad en manos del crimen organizado avanza.

En materia de corrupción, la ciudadanía tiene a mano la larga lista de impunidades que no han sido, ya no castigadas, sino siquiera investigadas a fondo para resarcirle a la población el daño hecho sobre el patrimonio nacional que es el erario público. Un ejemplo muy cercano: ni investigación formal ni castigo para las acciones de corrupción de Emilio González Márquez.

Y si lo anterior no fuera suficiente, está la información sobre que el poder legislativo en muchos estados se ha subido el presupuesto hasta en 300%. Cuchara grande con la que se han servido, luego quizá de servir al ejecutivo... Altísimos recursos en un país de mayorías empobrecidas, sin que además tengan la obligación de informar en qué se gastan el dinero, ¡sólo les basta reportar que ya fue gastado!

Como defensa, en la famosa entrevista televisada, el ejecutivo señaló: "el mexicano es corrupto...". Aunque los 110 millones de mexicanos restantes sabemos que no tenemos acceso a semejantes cantidades, tampoco gozamos de tal impunidad, mucho menos tenemos las manos libres para el dispendio del dinero del erario...

Al final, muchas, demasiadas áreas del país descuidadas en aras de las reformas y una población abandonada, muy abandonada.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 30 de agosto de 2014).

Es tanta la violencia en los últimos años, que sus expresiones de todas formas se replican en los más mínimos y cotidianos actos del día. Las muestras de falta de equilibrio emocional que terminan en asesinatos y agresiones por no ceder el paso cuando se va manejando o porque alguien vio feo a otro en la calle, hablan de la situación lamentable que padece la sociedad.

Son las cicatrices que no terminan por cerrar y que en el infructuoso intento lo único que queda es contagiar del mal que inició con todo. Hace unas semanas hablaba con psicólogos y mencionaban que el año pasado los casos que más atendieron fueron víctimas de secuestro y actos violentos.

En México, se hizo una Ley General de Víctimas que como muchas otras, se ve y se lee bonita, nada más. De lo que dicta cuando fue publicada en enero del año pasado, a lo que se hace hoy en día, no hay nada más obsoleto, para muestra: "La presente Ley obliga, a las autoridades de todos los ámbitos, que velen por la protección de las víctimas, a proporcionar ayuda, asistencia o reparación integral". El artículo 115 específica que serán "las instituciones del sector salud, brindarán atención médica, psicológica y servicios integrales a las víctimas".

No hay datos confiables de los secuestros en México, menos de sus víctimas y daños colaterales, el funcionamiento actual del gobierno en todos sus niveles pareciera que se basa partiendo de la mentira dicha varias veces, se convierte en verdad.

Admitir una realidad, significa probablemente aceptar su existencia y por ende abrir la puerta a la culpa. La negación implícita que hace el gobierno y autoridades es pues, una defensa, protege, ayuda a soportar el dolor y abuso, sobretodo si le conviene que así sea. Estamos más enfermos mentales de lo que parecemos, nadie se organiza para hacer algo y evitar esa autodestrucción que aunque duele aceptar, la sociedad aprendió a tolerar.

Gabriela Aguilar
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 2 de septiembre de 2014).

Para el gobierno federal, la jerarquización de emergencias prioritarias ya no tiene a Michoacán encabezando: le ganan Tamaulipas por la inseguridad, Oaxaca por la CNTE y Guerrero por una combinación de ambas.

Carlos Loret de Mola A.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 9 de septiembre de 2014).

Cada gobierno se lo propone y cada gobierno fracasa. Ahora tocó el turno del presidente Enrique Peña Nieto de cazar a las personas que trabajan en el sector informal de la economía. El lunes 8 de septiembre presentó el programa Crezcamos Juntos mediante el cual pretende convencer a 28.6 millones de trabajadores informales de que se incorporen a la economía formal. En la informalidad se encuentran 58% de los trabajadores mexicanos.

Para hacerles atractivo el paso de la economía informal a la formal, el Gobierno federal ofrece 7 incentivos: acceso a los servicios médicos y sociales del IMSS, pensión para el retiro, crédito para vivienda, descuentos en el pago del Impuesto Sobre la Renta, y créditos y apoyos económicos.

Pero una cosa es que el gobierno federal quiera meterlos y otra es que los informales quieran entrar a la economía formal. Yo apostaría que la mayoría no querrá entrar por su voluntad, ya que la idea que tienen los funcionarios de Hacienda y del gobierno está muy alejada de la realidad de los tianguis, de los puestos callejeros, de las tienditas y de los servicios personales que se prestan en la informalidad.

¿Por qué? Porque los "informales" van a sopesar las 7 ventajas que les ofrece el programa Crezcamos Juntos con las ventajas que existen de trabajar en la informalidad: no pagar o pagar menos impuestos, tener mayor ingreso al trabajo asalariado, ser su propio patrón, manejar sus tiempos con flexibilidad.

Los distintos planes que los gobiernos han arrancado contra la informalidad fallan por eso y fallan porque está mal planteada la discusión. Se plantea desde una binaria donde se considera a la economía formal como mejor y se descalifica a la informalidad como si fuera una actividad que rondara la ilegalidad.

La postura contra la informalidad se plantea desde la racionalidad económica capitalista que asume como deseable la economía formal, pero para la mayoría de la población eso significaría dejar su propio negocio para convertirse en trabajador asalariado, con los altos inconvenientes que este rol social y laboral tiene en México: bajos salarios, jefes rigurosos, y sindicatos charros.

Otro gran incentivo para no cambiarse a la formalidad es que se detesta pagar impuestos, entre otras cosas, por la percepción casi generalizada de que hay corrupción en el manejo del dinero público en México.

Y una razón más, de fondo y la más poderosa, es que la economía que llaman informal es en realidad formas de relaciones económicas que surgen del ámbito doméstico, local y comunitario para convertirse no solo en eficaces redes de intercambio comercial, sino en poderosas redes de economía no capitalista (aunque conviva con ella) que permiten la subsistencia y el mantenimiento de la mayoría de las familias en el país. Pretender incorporar la informalidad a la formalidad, como pretende Peña Nieto, es un plan condenado al fracaso.

Aunque no lo crean los tecnócratas del Gobierno, hay quienes viven (y viven bien) sin tarjetas de crédito, sin pagar comisiones a los bancos, sin créditos hipotecarios, sin contador que lleve el control de sus facturas y casi sin relación con el gobierno.

Rubén Martín
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de septiembre de 2014).

"México está politizado, por eso está jodido". Todo en este país se vuelve cosa de política. El asunto del salario mínimo se politiza. La cuestión del nuevo aeropuerto se politiza. En Oaxaca la educación se politiza. La justicia se politiza. Lo único que no se politiza es la política, que entre nosotros es casi siempre politiquería. Necesitamos menos palabras y más números, a partir de los cuales la política se vuelva hechos de beneficio a la comunidad. Política que no se traduce en bien para la gente no es política: es politiquería, estéril e infecundo ejercicio del poder. La política es el arte del bien común. Invito a los políticos a hacer verdadera política. Si no la hacen no merecerán el nombre de políticos. Serán pancistas, ganapanes, oportunistas, vividores, chambistas, parásitos, sacacuartos y sopistas, pero no serán políticos.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico Milenio Tamaulipas en línea del 11 de septiembre de 2014).

México a últimas fechas se ha vuelto un ruidoso herradero. Cada vez hay más tontos que gritan profiriendo inepcias.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de septiembre de 2014).

Es del todo natural que se equivoquen Peña Nieto y algunos otros descalificados para abordar el tema de la corrupción en un país que sufre de un Estado corrupto. En todo sistema de poder existe corrupción, pero no siempre prevalecen estructuras corruptas.

México es uno de esos países en donde la corrupción es forma de ser del Estado y, por tanto, la sociedad ha sido enredada en los hilos de un entramado generalizado. Todo lo que se pueda decir sobre la cultura de la corrupción, la condición humana y otros disparates sólo son maneras de tratar de justificar ese fenómeno, esa estructura que tiene responsables políticos concretos y, también, corruptos de carne y hueso.

El Estado mexicano ha sido tratado como una inagotable fuente de patrimonio personal y empresarial. A través del desvío de fondos públicos y de concesiones se han creado pequeñas y grandes fortunas.

Los instrumentos para combatir la corrupción son todas las instituciones, todas las oficinas públicas y no sólo las auditorías y procuradurías, como algunos dicen suponer. Todo servidor público está obligado a cumplir con su deber y, en esa dirección, a impedir el uso indebido de recursos públicos. Sin embargo, las discusiones sólo son sobre la eficacia de ciertas instituciones que, por diseño y estructura funcional, no podrán jamás combatir la corrupción.

La reforma sobre sueldos, por ejemplo, fue presentada por mí en el Senado como aquella que escogía el PRD para ser especialmente negociada con los demás. Era una por cada partido (año 2006). El PRI (Beltrones) presentó un proyecto sobre la comisión para la reforma del Estado. El PAN (Creel) inició la suya: incompatibilidades de los servidores públicos, lo que se llamó la ley anti Diego, aquella que iba a acabar con el tráfico de influencias o el uso de cargos políticos para hacer negocios o impactar casos judiciales o, sencillamente, para litigar contra el Estado. Las 2 primeras fueron aprobadas, la 3a. se atoró en la Cámara de Diputados porque muchos priistas y panistas se negaron a discutirla. El nuevo artículo 127 constitucional -sueldos de servidores públicos- fue aclamado por la crítica, pero mediatizado por el gobierno panista con la ayuda del PRI, ya que hasta ahora carece de leyes reglamentarias (federal y locales) de tal manera que -se dice sin razón- no se puede aplicar. Hay un proyecto congelado en la cámara.

En cuanto al organismo anticorrupción, es claro que para perseguir corruptos no se necesita una comisión, sino una agencia con capacidad de ejercer acción penal con la mayor independencia del gobierno y de todos los demás poderes formales e informales.

En México, las zonas alejadas de la corrupción son muy pocas. Pero la corrupción no es una enfermedad, sino parte del sistema político, es una forma de operar, de financiar a personas y empresas en tareas que algo tienen que ver con la política o que necesitan de ésta para llevar a cabo proyectos de cualquier especie. La estructura corrupta se construyó durante muchas décadas, por lo cual se puede decir que el mayor fracaso de los partidos de oposición que critican la corrupción es haberla mantenido como parte del sistema cuando asumieron responsabilidades de gobierno.

El gobierno de Peña sabe que no se puede combatir la corrupción desde el PRI, es decir, desde él mismo. Que, por el contrario, se requiere organizarla lo más que se pueda para evitar desbordes. Esa es una vieja idea que nunca ha dado resultado en sus propios y nefastos términos. Los sistemas corruptos tienden siempre a desbordarse porque no pueden ser regidos por normas fijas, claras y duras sencillamente porque la corrupción sistémica es la violación de toda norma.

Pablo Gómez
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 19 de septiembre de 2014).

Lo que se está viviendo en Baja California Sur recuerda también a lo ocurrido en Cancún en 2005, con "Wilma". Allí también se produjo un estado de excepción. El fenómeno meteorológico abrió la puerta a los fenómenos sociales: saqueos, rapiña y violencia. La desigualdad social y económica exacerba la tensión, subrayan los expertos que han estudiado este comportamiento. México es uno de los países más desiguales del mundo.

Las situaciones límite, como la que se vive en Baja California Sur, revelan mucho de quienes somos. Son una fotografía grotesca de la sociedad en que vivimos, llena de rebeldía insolidaria. ¿Cómo actuaríamos si se produjera un terremoto como el de 1985?

Luis Miguel González
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 20 de septiembre de 2014).

La ultraderecha y el conservadorismo rancio en Estados Unidos piensan que México es una amenaza para su territorio porque alberga a los guerreros de la guerra santa -la Yihad- musulmana. Su posición parece derivada de la paranoia y sus fines ideológico y políticos. Lo que no saben es que México sí enfrenta una amenaza que no ha podido detener durante varios años. Son los anarquistas que responden a una organización internacional que han elevado la calidad de su violencia. De ser anti-sistémicos, disruptivos y generadores de violencia material, han pasado a una nueva estrategia para infringir daños físicos y muerte.

Los anarquistas son vistos de manera superficial por muchos en México, que los observan cuando irrumpen en protestas sociales, a las que se suman de manera autónoma y aprovechan la coyuntura para sus propósitos. Fuera de eso, se les olvida y se les recuerda únicamente como "vándalos". Pero los vándalos son descritos por su actuar con violencia y espíritu destructor, que no responden a los objetivos anarquistas, definidos en el Siglo XIX por Pierre Joseph Proudhon, quien afirmó que ellos buscan un orden en el cual no exista el Estado, ni un gobierno, porque no representa a la gente, sino que la gente se represente a sí misma.

Tan distraídos están los mexicanos con otros temas, que tratan a los anarquistas como un fenómeno de coyuntura, que pasó desapercibido que la semana pasada el ministro del Interior chileno, Rodrigo Peñailillo, anunció la detención de 3 personas relacionadas con los bombazos en el Metro de Santiago el 8 de septiembre, que dejó 14 heridos. Entre los detenidos se encontraba el presunto autor material del peor atentado en Chile en más de 2 décadas. El jueves pasado, la organización anarquista Conspiración de las Células de Fuego, reivindicó como suyos los bombazos.

"Como anarquistas no podemos enmarcar nuestras acciones dentro de demandas que abogan claramente por demandas ciudadanas… Debemos mantenernos alejados de adoptar eslogans 'revolucionarios' que perpetúan la existencia de las prisiones, (como) el Estado, y el Capital. Debemos luchar por la destrucción completa de esto y de cualquier otro tipo de prisión de la sociedad... Somos guerreros por la libertad... Guerra social en todos los frentes".

Sus frases pueden parecer delirantes para muchos, y sin rumbo. Pero no se debe soslayarlos.

Los anarquistas, por definición, actúan por fuera de las instituciones, y su única interacción es para destruirlas. En México todavía son grupos marginales, pero si se repasara sus primeras erupciones públicas notables, como los actos llamados en ese entonces "vandálicos" durante las marchas de conmemoración de la Matanza de Tlatelolco hace ya unos 3 lustros, se podría ver que su afiliación se ha incrementado en la medida en que sus métodos de violencia se han elevado, como el año pasado, cuando en el contexto de las marchas de los maestros, intentaron linchar y quemar a un jefe de la policía de la ciudad de México. Tiene casi 2 años que dejaron de colocar explosivos en cajeros de banco, para buscar el ataque directo a las fuerzas de seguridad, que ha sido en forma creciente. ¿Cuándo transitarán, como en Chile, a objetivos civiles?

En las condiciones sociales y objetivas que se encuentra México, no hay que minimizarlos.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.14-A del periódico El Informador del 23 de septiembre de 2014).

Los mexicanos, por debajo del Río Bravo, viven cotidianamente una agenda múltiple en la que dominan temas como la constante expectativa de que la economía mejore, aunque eso no suceda; la permanente violencia que surge de la actividad de los cárteles del narco y otras expresiones del crimen organizado; los desastres naturales que asolan periódicamente, como ocurre ahora en Baja California Sur y en general, la desigualdad en la distribución de la riqueza que se alarga sin que se constate una inercia que la detenga y menos aún, la revierta.

Evidente contraste ofrece el discurso presidencial ante el resto de los gobiernos representados en la ONU y los magnates del capital, con lo que podrían decir los mexicanos violentados de Michoacán y Tamaulipas, o los millares que perdidos en las urbes grandes y pequeñas, sobreviven todos los días, ajenos a los acuerdos internacionales.

Si fuera posible visualizar en una sola escena esa torre de babel que es el intrincado mosaico mexicano, sería evidente que la voz más débil es la de los indígenas. Y quizá uno de los rasgos más notorios de ésta es que ha sido desde siempre la menos escuchada, la que siempre se puede atender después.

Hace exactamente un año las cifras oficiales (las del Coneval) reconocieron que 8.2 millones de indígenas en México viven en pobreza y que sólo 57% de todos los mexicanos autóctonos tiene acceso a servicios de salud. 3 de cada 10 indígenas son analfabetos.

Jorge Octavio Navarro
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de septiembre de 2014).

Signo inequívoco del desempeño gubernamental en nuestro tiempo es no sólo la falta de coordinación entre dependencias, poderes y órdenes de gobierno, sino además la ausencia de diálogo y concertación entre ellos, en el marco de un sistema federal.

Javier Hurtado
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 27 de septiembre de 2014).

Que manda decir la realidad nacional que qué padres las reformas estructurales y el Pacto por México, pero que ya es tiempo de ver cosas más terrenales, como la inseguridad y la inoperancia negligente de algunos gobernadores y otros funcionarios.

Concluido el ciclo de las reformas -las aplaudidas y las criticadas, las redondas y las mochas-, en pocas semanas la agenda mediática ha vuelto a ser capturada por escándalos y noticias graves que se pueden agrupar en dos ejes. Por un lado está la violencia, que no pide permiso. Y por el otro hay diversos eventos, a nivel estatal y federal, que demuestran agotamiento del modelo de gobernabilidad que surgió de la crisis de los 90.

Los intentos del Gobierno de la República por cambiar la narrativa del país han fallado. La falta de éxito no se debe a que carezcan de propuesta discursiva o de empuje (tras el informe, hubo días en que sólo se hablaba del anuncio, por ejemplo, del nuevo aeropuerto). Sin embargo, el ruido de las promesas de las mega obras ha sido desplazado por balazos y pifias.

Ahí está Guerrero, con su incontenible pudrición, que este fin de semana mató a jóvenes. Ahí Jalisco, el estado negacionista donde "nunca pasa nada" hasta que un secuestro doble a plena luz del día despertó a mis paisanos para recordarles que sí, que aunque no quieran reconocerlo, están sobre un volcán a punto de hacer erupción (Guillermo Valdés dixit).

La cascada de problemas sigue con Tamaulipas, donde a pesar del operativo federal colegios y universidades cierran, derrotados por las extorsiones, y con el Estado de México, cuyo gobernador está como aquel chango que ni ve, ni oye, ni habla de la inseguridad que enfrentan los mexiquenses. En similar tenor, en Michoacán vuelve el tiradero de cadáveres mientras un pillo se convierte en leyenda a golpes de YouTube, y las cosas no mejoran en Morelos y Tabasco, donde la alternancia no ha traído seguridad.

Por si fuera poco, hay otros escándalos que impiden la posibilidad de que el Gobierno haga que los mexicanos entonen el coro de la "nueva era". Estos surgen de la prepotencia de funcionarios como el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, o el de Sonora, Guillermo Padrés, o el de Quintana Roo, el inefable Roberto Borge.

Tlatlaya e Iguala, las marchas del Instituto Politécnico Nacional (que son más que una insatisfacción ante cambios en el plan de estudios), Oaxaca ingobernada, una CNDH insustancial... Signos todos de una realidad a la que le van a quedar chicas las reformas estructurales, diseñadas para un país en orden.

Las crisis de los 90 produjeron un modelo de contrapesos (CNDH, por ejemplo) y una apuesta por el federalismo. Parte de ese modelo está agotado.

Salvador Camarena
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 29 de septiembre de 2014).

México aprovechó desde la década de los 30 y quizá por 30 a 40 años más, las fuerzas que impulsaron la industrialización y la urbanización.

Tal vez nos pareceríamos a Bolivia o Ecuador y seríamos un país agropecuario y minero, si eso no hubiera sucedido.

Pero mantuvimos un sistema político lleno de atavismos y una cultura arcaica.

Ese anclaje hizo crisis desde la década de los 60 y perturbó la estabilidad, la "pax" del sistema desarrollista de entonces.

Enrique Quintana
(v.periódico El Financiero en línea del 30 de septiembre de 2014).

En sólo 3 días, Iguala se presentó como el microcosmos del México real. La Policía Municipal resolvió a tiros la toma de camiones por parte de normalistas y mató a 3 estudiantes, una ama de casa, un chofer y un futbolista del equipo "Avispones" de Chilpancingo, de Tercera División. La Policía Municipal actuó junto con civiles armados que, según las primeras investigaciones federales, pertenecen a la banda criminal "Guerreros Unidos". Iguala es una expresión de anarquía, debilidad institucional y, finalmente, ausencia de gobierno. ¿Cómo es esto posible a 190 kilómetros de la Ciudad de México, el corazón político, económico, policial y militar de la nación?

La pregunta debe hacerse directamente al presidente municipal José Luis Abarca Velázquez, financiero y protegido del gobernador Ángel Heladio Aguirre, quien de acuerdo con las autoridades, ha permitido que en la descomposición de Iguala tomen el poder las bandas criminales. Las autoridades federales están investigando sus posibles vínculos con "Guerreros Unidos", surgido en 2011 de la diáspora del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, que opera en Guerrero, Morelos y disputa el Estado de México con La Familia Michoacana.

Abarca Velázquez, recuerdan los igualtecos, vendía sombreros en el mercado, de donde pasó a joyero y más adelante propietario de comercios. ¿Cómo obtuvo todo lo que tiene? ¿De dónde salieron los recursos que inyectó a la campaña para gobernador de Aguirre? Los investigadores federales quieren saber si Abarca Velázquez es parte orgánica de la delincuencia organizada, o es víctima del fenómeno que azota a presidentes municipales en todo el país.

Las autoridades federales hace tiempo que perdieron la confianza en Aguirre. No confían en su gestión política, ni en su capacidad administrativa. Iguala lo colocó una vez más en el límite de la paciencia, y con formas cada vez menos sutiles sobre la ocupación de un poder que él no ejerce.

La putrefacción institucional afecta la vida pública en Iguala y dibuja el país que todos vivimos. ¿Policías municipales en operaciones de represión acompañados de sicarios del narcotráfico? ¿En que mundo vive el alcalde Abarca Velázquez? ¿En cuál el gobernador Aguirre? Habitan el mundo que se les permite y tolera.

Hace tiempo hay un cáncer en Guerrero. Uno de los secretarios de estado más cercanos al presidente Enrique Peña Nieto admite que, peor que Michoacán en sus momentos más álgidos y violentos, es Guerrero. Pobreza, marginación y una larga historia de violencia, son acompañadas por la beligerancia de sus líderes y organizaciones sociales, el activismo de la Iglesia y los maestros, el radicalismo ideológico de sus guerrillas, y la impunidad con la que se maneja el narcotráfico. La mezcla es tóxica cuando no hay gobierno ni autoridades intermedias, o estas, hipotéticamente hablando, son parte consciente del desgobierno. Iguala es el botón de muestra.

Aguirre no está al margen de estos hechos. Deslindar responsabilidades no basta. Tiene que explicar cómo fue posible que Iguala emergiera como un narco municipio ante su mirada pasiva y protectora de quien, piensan las autoridades federales, es el arquitecto de su desgracia.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.10-A del periódico El Informador del 30 de septiembre de 2014).

La agenda de la violencia estalló esta semana: las 22 muertes de Tlatlaya se dieron hace meses atrás, pero hicieron eclosión en estos días; Guerrero y sobre todo la Tierra Caliente, muy cerca de las fronteras de Tlatlaya, sigue con su colección de enfrentamientos violentos, asesinatos y dislates políticos; los normalistas de Ayotzinapa son parte de un movimiento, también violento, que puede confluir con otros que se dan en estos días en la capital del país, como el de los estudiantes del IPN. El escenario puede ser regional, pero puede contaminar, lo hace, lo nacional.

Es mucho lo que hay que ver. Por supuesto que hay que partir de las medidas más urgentes: ¿qué hacer con un gobierno prescindente como el de Guerrero cuando en los hechos ya se ha entrado en la etapa electoral? ¿cómo hacer justicia en el caso Tlaltlaya sin hacer escarnio de la labor de las fuerzas armadas?¿qué hacer con una Comisión Nacional de los Derechos Humanos en pleno proceso de sucesión, que se torna selectiva y hasta sospechosa en sus recomendaciones? ¿cómo frenar un movimiento como el de la normal de Ayotzinapa marcado por la violencia sin violar la ley? Y las preguntas podrían continuar.

No lejos de Iguala, en la misma región de Tierra Caliente, está Teleoloapan, uno de los municipios más castigados por la violencia política.

Y más adelante Arcelia, que se ha convertido en el centro de operación de muchos grupos criminales, pero sobre todo de Guerreros Unidos y los Rojos.

Desde Arcelia se dirigieron los secuestros en Valle de Bravo, y todo el sur del Estado de México, y en estos días los enfrentamientos entre criminales y fuerzas de seguridad federales han sido constantes en la zona.

Tlaltlaya, por cierto, es un paso obligado para trasladarse de Arcelia hacia la zona de Valle de Bravo. Ahí operaban parte de los grupos que trabajaban en el Estado de México.

En este caso como en la lógica de la desestabilización y la violencia, un elemento se convierte en catalizador de muchos otros y en este caso cómo la gobernabilidad perdida influye mucho más allá de las fronteras de un gobierno local.

Es injustificable que se fusile a delincuentes que están siendo perseguidos y los responsables deben ser castigados, pero también se tiene que asumir que esos delincuentes estaban asolando a la ciudadanía de toda una región del país y las únicas fuerzas para perseguirlos eran las militares, ante la ausencia de fuerzas policiales locales con un mínimo de eficiencia y honestidad. Y el Ejército no es la policía.

Es inaceptable que haya grupos como los de Ayotzinapa que hacen del secuestro y la violencia su forma de vida (qué mejor ejemplo que su acción del lunes, cuando para protestar por la represión decidieron incendiar ¡una biblioteca!) pero es menos aceptable aún que la policía los ataque con armas de fuego en lugar de detenerlos.

Es inaceptable que haya grupos tipo comando operando en ciudades y pueblos, pero es explicable que existan y tengan tanta impunidad cuando las autoridades locales están involucradas hasta familiarmente con sus líderes.

No se trata de errores o de malos manejos políticos, ni siquiera de simple ineptitud: lo que está sucediendo en buena parte de Guerrero es la demostración de un mal estructural: es el fracaso de las instituciones del Estado para garantizar paz, seguridad personal y jurídica y gobernabilidad. Guerrero y sobre todo la Tierra Caliente, se han convertido en un foco de inestabilidad que incendia lo local, pero irradia también lo regional y lo nacional.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 1o.de octubre de 2014).

Se trata de llamados de alerta provenientes de zonas de riesgo resistentes al cambio, en escenarios de reformas inconclusas o en curso de instrumentación, frecuentemente amenazadas con presiones para desandar lo avanzado.

En estos casos la única fórmula probada para afianzar las reformas logradas es la de avanzar con más decisión en las reformas faltantes. Las crisis de Tlatlaya, Iguala, Acapulco y Tlaquepaque pueden alejarse de sus zonas de riesgo si se aprovecha la oportunidad para asegurar ejemplares rendiciones de cuentas de lo ocurrido, rigurosas imputaciones penales a quienes resulten responsables; justas reparaciones de daños a las víctimas y a sus deudos y satisfacciones a la sociedad, empezando por los sectores directamente lesionados.

Se trata de cerrar el ciclo reformador con la conclusión de las reformas pendientes en los temas de la seguridad para acabar con la impunidad de los criminales y con las sospechas de complicidades entre ellos y algunas fuerzas del Estado, en sus diversos órdenes. Ésta parecería ser la vía para controlar las resacas que seguirán amenazando con revertir o neutralizar los efectos de las reformas concluidas y en curso de instrumentación. Incluso parece el mejor camino para ponerlas a salvo de teorías -o de prácticas- conspirativas.

José Carreño Carlón, director general del Fondo de Cultura Económica
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 1o.de octubre de 2014).

Luis Videgaray Caso, que funge actualmente como secretario de Hacienda, dándose cuenta que se percibe claramente una tendencia hacia la baja en los precios mundiales del petróleo, acaba de anunciar la compra gubernamental de coberturas petroleras para el 2015.

Esto le proporciona un "piso" a los ingresos gubernamentales: es un blindaje sensato y prudente, ya que el gobierno federal deriva una tercera parte de sus ingresos del petróleo y por lo mismo no puede darse el lujo de que una caída brusca en el precio del petróleo lo deje sin ingresos. Ésta, la caída de precios, no sólo luce posible, sino probable.

Ello porque existe una gran probabilidad de que pronto Estados Unidos se convierta por 1a. vez desde los años 70 en un exportador de crudo.

Así como el secretario Videgaray blindó sus ingresos comprando coberturas contra una caída en el precio del petróleo, así también deben procurar blindar los ingresos de los hogares mejicanos (como lo escribía el historiador y poeta miembro de la Academia de la Lengua, Alfonso Junco Voigt).

Para ello preciso es recortar el gasto corriente, frenar las alzas constantes en el precio de los energéticos, ponerle un límite a la ambición recaudatoria del SAT, eliminar trabas burocráticas (con todo y los que las ponen), incrementar la certeza jurídica y por supuesto los índices reales de seguridad pública.

Bien que cuiden ellos sus ingresos, pero mejor aún que también cuidaran los de todos los mejicanos.

Manuel J.Jáuregui
(v.pág.7 del periódico Mural del 2 de octubre de 2014).

En mis tiempos, los estudiantes jamás fuimos consultados sobre cuestiones tan fundamentales y decisivas como la enseñanza de la caligrafía o la eliminación, pura y simple, de la asignatura de Civismo. Las decisiones fueron tomadas a la torera y sanseacabó. Y así, tras de que se suprimiera la letra cursiva y se excluyera de los programas educativos todo lo referente a las instituciones y los valores ciudadanos, millones de mexicanos no solamente son totalmente incapaces de escribir manualmente con un mínimo de velocidad -por no hablar de que dominen algún estilo, así fuere uno sencillo como el Palmer- sino que carecen de los más esenciales conocimientos sobre la estructura del Estado o las leyes que promueven la convivencia entre los mexicanos. El perjuicio a la nación ha sido enorme.

No estoy enteramente seguro, sin embargo, de que estos temas merecieran siquiera la más disminuida movilización estudiantil en estos días. No importan. Por el contrario, otros asuntos sí provocan una inmediata y contundente respuesta de los estudiantes. Ahí está, para mayores señas, la agitación que tiene lugar en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y que resulta de exigencias tan concretas como desaforadamente ilegítimas: pedir que te sea otorgada una plaza así nada más, en automático, sin cumplir con el trámite de un examen, es una demanda desproporcionada que, de ser cumplida, significaría una auténtica aberración porque no hay un solo país, en este mundo, donde la absoluta ausencia de requerimientos se haya consagrado como un modelo educativo; ocurre más bien todo lo contrario y en naciones como Corea, Japón, Alemania y Singapur -o en el la mismísima República Popular China- los requisitos para merecer un trabajo entrañan pruebas muy rigurosas: los candidatos no pueden aspirar ni a una prueba de admisión sin haber cumplimentado con excelencia sus deberes académicos.

El caso de las escuelas normales, en México, es bien extraño porque sus egresados son los primerísimos responsables de la educación de los niños y los jóvenes. ¿No debieran, los profesores, tener los máximos niveles de cualificación profesional para ejercer, justamente, una profesión que es primordial para el futuro del país? Tenemos ahí un muy grave problema que, mientras más sea postergado, mayores daños provocará.

Estas reflexiones tienen que ver con las exigencias de las diferentes comunidades estudiantiles: en cierto momento, la Universidad Nacional estuvo completamente paralizada porque los alumnos más combativos rechazaron violentamente el cobro de cuotas, así fueren mínimas o estuvieren fijadas según la capacidad de pago de cada quien. Y, nuevamente, las pérdidas para el país fueron colosales, aunque nadie pareciera darse cuenta. La medida fue retirada pero nuestra máxima casa de estudios, en manos de un grupo de agitadores que logró imponerse a todos los demás, seguía paralizada. El presidente Zedillo tomó finalmente la decisión de utilizar a la Policía Federal para recuperar el espacio. Por una vez, las fuerzas del orden actuaron con exquisita mesura y gran profesionalismo aunque no faltaron las voces que denunciaron la "represión" perpetrada por un "régimen autoritario".

Luego entonces, no es sencillo determinar, en un primer momento, cuándo se puede o debe intervenir para modificar los programas de estudio, para endurecer los requisitos de admisión, para proteger las instalaciones o para meramente cobrar unas colegiaturas a quienes sí pueden pagarlas (de otra manera, las solventan todos los demás ciudadanos aunque no estudien). Y, en 2o. lugar, es también muy complicado precisar, ya tomada la decisión de hacer algunas reformas, si las protestas de los estudiantes, que en ocasiones adquieren dimensiones masivas, se derivan de preocupaciones legítimas o si resultan de una suerte de mentalidad corporativista que rechazaría, por principio, cualquier forma de exigencia.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 5 de octubre de 2014).

Imagínese el desastre que sería que en 2018 llegara al gobierno y a la mayoría de las cámaras una tendencia política que tuviera como programa echar para atrás las reformas que se han aprobado en los últimos meses.

O que la nueva administración dijera que es mala decisión la de construir el aeropuerto donde se decidió y echara para atrás el proyecto.

No se requiere que los consensos sean en todos los aspectos. De hecho, eso sería lamentable pues la diversidad es muy relevante. Pero sí que haya un núcleo esencial de acuerdos.

Déjeme resumir algunas que deberían estar en esa lista: la necesidad de incrementar la productividad de la economía mexicana; la estabilidad financiera como un valor a mantener; la necesidad de reducir la burocracia y diseñar un Estado más eficiente; la creación de un ambiente amigable a los negocios con las regulaciones adecuadas y no asfixiantes; la necesidad de incrementar los niveles de vida de los más pobres, por citarle sólo algunos ejemplos.

Enrique Quintana
(v.periódico El Financiero en línea del 7 de octubre de 2014).

Guerrero ha sido históricamente un Estado complicado de leer. La cultura de las armas que ahí se vive difícilmente la encontramos en otro lugar del país. No sólo es la cuna de una de las guerrillas más duras y longevas del país, sino que ningún otro estado aporta tantos elementos a las fuerzas armadas como éste. Para terminar el coctel, durante los últimos años se ha desarrollado ahí uno de los grupos más violentos del crimen organizado, el que encabezaron los Beltrán Leyva.

Guerrero es, además, un estado de enormes contrastes sociales, con el desplante de los ricos en Acapulco y cientos de comunidades en el abandono y en la peor de las pobrezas. Su estructura política es caciquil y el desarrollo del PRD, partido que ha gobernado Guerrero por más de una década, está más vinculado a los conflictos internos del PRI, muchos de los cuales se resolvieron a balazos, que a una evolución de los grupos de izquierda.

Que fuerzas del Estado arremetan contra los estudiantes y los maten, es de por sí una desproporción; un país en el que el gobierno mata a sus jóvenes no tiene futuro. Pero que el asesinato haya sido ordenado por el narco y con la complacencia y cooperación de la policía de la capital, habla de un una ausencia total de Estado.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de octubre de 2014).

Los muertos de Ayotzinapa son el horror, confirman que la barbarie se instaló en México, que hace tiempo que convive con nosotros.

No es la 1a. vez que delincuentes participan en tareas de represión pero probablemente la masacre de Iguala muestra la consolidación de una tendencia que viene ocurriendo a lo largo de la última década. Muestra además, como dijo Petrio Ameglio, el paso del exterminio individual al exterminio masivo de activistas o defensores populares.

Algunas lecturas de lo ocurrido plantean que esta masacre revela la disfunción de las policías, la corrupción de los gobiernos locales y ambas como expresiones de un Estado fallido.

Rubén Martín
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de octubre de 2014).

El Diario de Guerrero, según reporta Diego Osorno, aventó una portada sorprendente el día de las balaceras: "Por fin se pone orden". El periódico ese día ya no está en línea, pero encontré una columna también en portada, de apenas hace 2 jornadas, que tenía un tono también interesante: el autor decía que la sociedad de Guerrero está harta de los "seudoestudiantes", de los criminales, y de los políticos. De todos juntos.

El autor mete a todos los sectores en el mismo saco porque sí se borraron los límites entre autoridades, fuerzas del orden, oposición política y crimen organizado.

El fiscal de Guerrero asegura que los policías ni mataron ni desaparecieron a los estudiantes, sino que los entregaron a los más malos: al crimen organizado. Eso implica que en Iguala los policías colaboran con el narco (y hasta ahí es una historia ya contada en muchos lugares del país) pero lo nuevo es que además se encargan de combatir la oposición política y de "poner orden" a su buen y salvaje entender.

La lógica indica entonces que los gobernantes locales no sólo están sometidos al control de delincuentes, sino que a su vez usan al narco para las actividades propias del ejercicio del poder, en su vertiente más autoritaria.

Que alguien nos explique: ¿quién diablos se encarga de Guerrero? ¿Los integrantes de la cobarde clase política estatal, perdidos en la crisis de seguridad y gobernabilidad del estado, amenazados o financiados por los comerciantes de droga?

¿El crimen organizado con sus vasos comunicantes, de ida y vuelta, con las autoridades locales? ¿Las autoridades municipales, que llevan doble vida? ¿Los policías-sicarios que hoy corren peligro en las cárceles a los que los llevaron? Y cuando no hay ninguno de estos, ¿toman las calles los normalistas? Y en cuanto oscurece, ¿los guerrilleros de EPR, algunos de los cuales también siembran droga?

Ivabelle Arroyo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 8 de octubre de 2014).

Salir de este país y decir que eres de México se está convirtiendo en una vergüenza nacional. El país está en picada.

Myriam Moscona
(v.pág.7 del periódico Mural del 9 de octubre de 2014).

Los hechos de Iguala demuestran que la coordinación no basta. Ni por mucho. Nadie podrá negar que había coordinación entre Guerrero y la federación. Es más, Guerrero fue el estado que de septiembre del año pasado a este septiembre más visitó el presidente (por lo de la reconstrucción). Guerrero estaba siempre en las reuniones regionales de coordinación. No faltaba Ejército ni Marina en el estado y hasta estos días, los federales no se quejaban de los estatales ni viceversa.

Pero no es suficiente. Hay un problema estructural serio, desde hace mucho. Desde la manera en que se transfieren recursos para la seguridad (Subsemun, FASP) hasta la manera en que se auditan a candidatos a puestos de elección; se reclutan, controlan y vigilan a policías, se estructuran las procuradurías, se vigila a los jueces, la mala broma del voluntario "mando único" sin atribuciones legales... En fin.

Carlos Puig
(v.pág.4 del periódico Milenio Jalisco del 10 de octubre de 2014).

El 5 de febrero de 1978, Jesús Reyes Heroles alertaba: “Nuestra disyuntiva es clara: no podemos, lisa y llanamente mantenernos en la democracia que tenemos; o avanzamos en ésta, perfeccionándola o retrocedemos. Pensemos precavida o precautoriamente que el México bronco, violento, mal llamado bárbaro, no está en el sepulcro; únicamente duerme. No lo despertemos, unos creyendo que la insensatez es el camino, otros aferrados a rancias prácticas. (...) Todos seríamos derrotados si despertamos al México bronco".

Lo único que puede perturbar en su cueva el sueño de ese monstruo llamado México bronco, es el fantasma de la creciente desconfianza en la ley y en la justicia.

¿Cómo es posible que las autoridades del Estado de Guerrero no hayan hecho nada para impedir la huida (con todo y fuero) del alcalde de Iguala y de su esposa (que no tiene fuero)? ¿Cómo entender la actitud de sus autoridades que desde 2009 sabían de las actividades ilícitas de ese matrimonio y nunca hicieron nada para impedirlo o para llevarlos a la justicia?; y ¿cómo entender que el PRD haya postulado como su candidato a ese personaje; y que hoy, sus líderes, diputados y autoridades locales lo defiendan, en vez de defender a los afectados?

El México ideal ya terminó; y con ello los reconocimientos internacionales por las reformas realizadas. Este es el México real. Lo peor sería que la inseguridad y la violencia afectaran el crecimiento y la inversión.

Las circunstancias obligan a terminar cuanto antes con anacrónicos fueros y privilegios de funcionarios públicos. Se precisa fortalecer el Estado de Derecho, la eficacia y responsabilidad gubernamental; reivindicar también el valor civilizatorio de la política.

Ese es el mejor soporífero para el México bronco y el mejor aliado de que no existan dos Méxicos, sino uno solo.

Javier Hurtado
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de octubre de 2014).

El mensaje para todos los mandatarios en el país es contundente y (aparentemente) simple de entender.

La bestia de la ilegalidad, la corrupción y la impunidad se está devorando a sí misma y empezó a destruir los cimientos sociales con total cinismo.

Aunque cueste trabajo verlo ahora, en Guerrero se marcó el punto sin retorno y es muy probable que las acciones políticas, las que intentan apaciguar los ánimos más encendidos, no sean suficientes para detener una oleada de indignación que prefiera hacerse justicia por mano propia.

En un escenario como el actual, no son las estructuras de gobierno las que evitan el caos, sino las estructuras civiles. Sólo gracias a las personas que laboran de ese lado del espectro social es que se mantiene lo que comúnmente se denomina "tejido social".

Pero el tiempo se agota.

Jorge Octavio Navarro
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de octubre de 2014).

Asombra la pérdida de capacidad de asombro de la sociedad mexicana, que descansó cuando se enteró que los cadáveres encontrados en las fosas no eran los de los estudiantes, en lugar, creo yo, de asustarse por el hecho que día a día se encuentren a lo largo y ancho del territorio nacional cadáveres cuyos homicidios en la gran mayoría quedaran impunes.

¿Qué va a pasar con la investigación de esos homicidios una vez que desparezca la presión internacional? Dice el Comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido García, que buscan a los jóvenes por aire, tierra y agua; no lo dudo, pero conforme pasan los días disminuye la posibilidad de encontrarlos vivos, aunque nuestro deseo es que hayan huido y sean encontrados con vida. La pregunta que queda en el aire, es ¿cuántas narco-fosas existirán en nuestro país que faltan de encontrar?

Es increíble que un presidente municipal y su esposa estén involucrados como se les acusa, pero no es de extrañarse cuando los partidos políticos no tienen adecuados filtros para verificar la solvencia moral de sus candidatos, que muchas veces se convierten en eso por sus aportaciones económicas a los partidos.

Queda claro que el Partido de la Revolución Democrática y los pejezombies son los grandes perdedores del caso Ayotzinapa, y sus líderes tienen que explicar el por qué enviaron a los jóvenes normalistas a "botear" a Iguala. No encuentran ahora cómo bloquear en redes sociales las fotos del eterno candidato, Manuel Andrés Lopez Obrador (MALO), junto con el prófugo presidente municipal de Iguala.

Héctor A.Romero Fierro, auditor, contador público, abogado y corredor público
(v.pág.25 del periódico Milenio Jalisco del 17 de octubre de 2014).

Ha sido demasiada impunidad, demasiada corrupción. La narco-política en su más dura cara y la complicidad de cuello blanco hasta la hermandad delictiva. La concentración de la riqueza: irracional. Franco retroceso a lo peor del siglo XIX, generando atroz aumento de la desigualdad, pobres oportunidades, bajo empleo, esperanza trunca y el bono generacional dilapidado. Los ricos, son más ricos, los políticos más corruptos y los delitos contra la población: impunes.

Un país con demasiados focos rojos los señalados desde el extranjero: Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Zacatecas, Durango, Sinaloa, Michoacán, Estado de México, Guerrero y Morelos. Algunos, apenas atajados bajo el orden militar. Situación que no sostiene al Estado de Derecho, ni siquiera a la inversión extranjera.

Presidencialismo puesto a prueba, ausencia de control de los gobernadores, presidencias municipales corrompidas, autoridades rebasadas y el país hirviendo. Incertidumbre e inseguridad que ha provocado el enojo social en los antes "aguantadores" pobladores de este país. Y los que se llamaban "el poder": acorralados.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 18 de octubre de 2014).

La terminología de "estado fallido" está más que de moda. En México, el debate sobre "el fracaso del estado" llegó a las portadas de los periódicos durante el sexenio de Felipe Calderón, aunque con la victoria electoral de Enrique Peña Nieto y su poco énfasis en materia de seguridad, se fue enfriando de poco en poco. Sin embargo, el caso Guerrero ha planteado de nuevo interrogantes sobre la fortaleza de las instituciones a nivel local para enfrentar el problema del crimen organizado en México. Y aunque el país entero no cabe en ninguna definición de estado fallido, lo que sí podemos decir es que hay muchos estados o regiones que sí reúnen muchas características de países que han sido denominados como fallidos.

Según el Fondo para la Paz, organización global que elabora el índice anual sobre estados fallidos, la clasificación varía en torno a 2 ejes: control territorial y eficacia gubernamental. De estos 2 elementos se extraen 42 indicadores sociales, económicos y políticos y de respeto a los derechos humanos que determinan si un Estado ha logrado el "monopolio legítimo de la fuerza" -de acuerdo a la clásica definición de Estado de Max Webber- o si en cambio al interior de sus fronteras existen grupos terroristas, guerrilleros o criminales que limitan su capacidad para controlar el territorio nacional y proveer eficazmente los servicios a su población.

En este índice, México ocupa la posición 97 (2013). El país se encuentra situado en una posición intermedia; es decir, no debe haber una alerta desmesurada, pero hay señales que los peligros de ingobernabilidad existen. A México le acompañan en el mismo escaño del Índice, países que solemos ver como más ingobernables que el nuestro: El Salvador, Cuba o Arabia Saudí. Así, la complejidad de un país tan grande como México, con distintos grados de institucionalidad, desarrollo económico, estabilidad política y cohesión social, constituye un mapa de asimetrías regionales muy marcadas. Mientras el Distrito Federal es considerada como una ciudad estable, segura y en desarrollo, estados como Guerrero se encuentran en un paso anterior: la lucha por el control político del territorio y su incapacidad para proveer el servicio más básico a su población, la seguridad. Pero, de acuerdo a la clasificación del Fondo para la Paz que publica la revista norteamericana Foreign Policy, ¿Podemos denominar a Guerrero como un estado fallido?

Los indicadores estatales son realmente escalofriantes. Guerrero cumple con el prototipo de un estado al borde de la ingobernabilidad y del fracaso: 69% de la población sufre de alguna condición de pobreza; es decir, 2'442,000 habitantes se encuentran en carencia, un porcentaje que supera por mucho la media nacional. Y la cosa se pone peor: uno de cada 3 guerrerense se encuentra en pobreza extrema (Jalisco con un crecimiento constante del indicador desde 2008 sólo tiene 5.8% de personas en pobreza extrema). Así, Guerrero es después de Chiapas, el estado con mayor pobreza extrema de toda la República Mexicana.

En desigualdad, la realidad del Estado es aún más lastimosa. El 20% de los hogares en Guerrero concentra el 62% de todos los ingresos del estado, mientras que el 20% más pobre solamente tiene acceso al 4% de la riqueza de todo el estado.

El promedio de escolarización en el estado es de 7 años; es decir, hasta 1er. año de secundaria, y la tasa de analfabetismo es más del doble de la media nacional: 17% de los habitantes de Guerrero no sabe leer ni escribir, lo que provoca que la movilidad social sea una auténtica quimera en un estado que tiene niveles educativos comparables con el África Subsahariana. En conclusión, si tomamos los 20 indicadores que sugiere el Fondo para la Paz como criterios cuantitativos para determinar si una entidad es fallida o no, Guerrero cumple cuando menos con 16.

En el plano político e institucional, el panorama es casi tan sombrío para Guerrero. Los retos para la gobernabilidad nacen de 2 fuentes: la ilegitimidad y falta de operación efectiva de las instituciones gubernamentales, así como el crecimiento de los cárteles del narcotráfico. El 1o. está más que diagnosticado, pero los últimos datos muestran una tendencia acelerada al deterioro. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Guerrero es el estado más corrupto del país de acuerdo a la percepción de sus ciudadanos. 9 de cada 10 habitantes del estado consideran que la corrupción en Guerrero es "muy frecuente", lo que coloca a la entidad del Pacífico como la más corrupta del país según sus habitantes.

Sin embargo, ahí no acaba el drama institucional. La corrupción gubernamental tiene en la falta de credibilidad, su otra cara. 2 de cada 3 guerrerenses no confían en las instituciones del Gobierno del Estado, un porcentaje que supera por mucho el promedio nacional. La incredibilidad de la autoridad política es uno de los lastres más potentes para evitar los cambios institucionales necesarios para recuperar la eficacia de los gobiernos. En servicios, los habitantes de Guerrero creen que no hay nada rescatable de lo que hacen sus autoridades. Ni seguridad, ni servicios, ni economía, ni administración, un cóctel para la conflictividad social.

El eje de seguridad es tal vez el desafío coyuntural más apremiante. Todos los indicadores son propios de un Estado ausente. El número de policías por cada mil habitantes (1.9) es uno de los más bajos en todo el país, y según la Organización de las Naciones Unidas 37% de los municipios tienen su policía infiltrada por el narcotráfico. Las autoridades federales y estatales aceptan que hay por lo menos 11 policías municipales que se encuentran al día de hoy infiltradas. Esto ha provocado que las comunidades constituyan policías comunitarias que han logrado fortalecer a los municipios que se encontraban en el abandono estatal. Sin embargo, reportes de prensa ya registran la aparición de unidades de autodefensa, en donde siempre existe la sospecha del dinero del crimen organizado. Un caldo de cultivo difícil de combatir, incluso para estados como Michoacán.

Las cifras que se desprenden de esta baja institucionalidad, corrupción e ilegitimidad colocan a Guerrero como el estado "más caliente" del país en materia de crimen organizado. Los homicidios dolosos (Inegi-SNSP), y las ejecuciones (Lantia Consultores), son los 2 indicadores que más han crecido de 2011 a la fecha. Actualmente, Guerrero tiene la tasa más alta de homicidios por cada 100,000 habitantes (29) y también lidera el apartado a ejecuciones (promedio de 70 mensuales); es decir, de asesinatos vinculados al crimen organizado.

La dispersión de cárteles es también un problema que dificulta la consecución de estabilidad a nivel local. Las últimas investigaciones en la materia revelan que en Guerrero operan 10 cárteles, algunos propios (Los Rojos y Guerreros Unidos) y otros que son células de los llamados cárteles nacionales. La dispersión y la operación de estos impactan en ciudades medias, en las regiones del interior y en la Zona Caliente, el punto más álgido del narcotráfico en Guerrero.

En todos los países existen autoridades corrompidas, la diferencia es que en los países institucionalmente sólidos, se castiga severamente la corrupción.

Enrique Toussaint
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 19 de octubre de 2014).

El 5 de octubre del año 2011 el gobierno federal anunció el programa "Guerrero seguro", a implementarse en un plazo de varios meses de acuerdo a las etapas consideradas. Un año antes, el 2 de diciembre, se había conocido la noticia del secuestro de 22 turistas procedentes de Michoacán, noticia que finalmente se fue diluyendo con el tiempo y confundiendo con la más diversa serie de versiones. Que no eran turistas. Que eran braseros. Que eran la avanzada del cártel michoacano en boga por esos años. Que las indagaciones iban muy avanzadas. Que ya se había identificado a varios sospechosos. Finalmente el asunto pasó al olvido.

El 11 de septiembre de 2012, el gobierno federal analizaba los resultados de su programa, ya que el 26 de agosto anterior habían sido regados 11 cadáveres en la autopista, y el 10 de septiembre se habían hallado otros 16 dentro de una camioneta. Lo único seguro en Guerrero era que seguía siendo inseguro.

Con motivo de la reforma educativa, buena parte del magisterio del Estado de Guerrero realizó manifestaciones vandálicas lanzando consignas amenazadoras cargadas de violencia. A numerosas personas les quedaba claro que era mejor tener a los maestros en huelga que dando "clases".

La participación de la escuela Normal de Ayotzinapa en incontables manifestaciones tanto por motivos escolares como políticos es ya una tradición, desde los tiempos de Lucio Cabañas y la ocupación del inmueble por el Ejército mexicano en 1975. En el año 2007 estas protestas habían producido 230 estudiantes heridos, 30 detenidos y 2 desaparecidos. Las turbulencias en diciembre de 2011 tuvieron por 1a. vez un saldo fatal, 2 asesinatos.

Fieles a sus hábitos, en el pasado mes de septiembre los estudiantes secuestraron camiones para trasladarse a nuevas manifestaciones cuyo saldo conmueve ahora a toda la nación. Desde luego la conmoción es justa, pero no por ello menos paradójica, pareciera que en este país el valor y dignidad de los seres humanos depende de que sean o no normalistas, de ahí que el gobierno exhuma-cadáveres se dé el lujo de descartar uno tras otro si no cumple con el requisito publicitario de haber sido normalista.

Estos cadáveres no generan protestas nacionales ni paros estudiantiles, son de desconocidos, lo mismo da volverlos a tirar. Al propio gobierno no parece avergonzarle el hecho terrible de dar, finalmente, con tantas sepulturas clandestinas, y declarar muy ufano, que afortunadamente no son de los normalistas desparecidos.

A los ex gobernadores Rubén Figueroa, Alejandro Cervantes, J.Francisco Ruiz Massieu, Rubén Figueroa, René Juárez y Zeferino Torreblanca, ni quién les pida cuentas, todos están de alguna u otra forma finados. Pero Ángel Aguirre ya había gobernado como interino de 1996 a 1999.

Los hechos que a lo largo de 45 años han afectado al Estado de Guerrero hablan de una violencia endémica en buena parte explicable porque en Guerrero el hambre, el fracaso educativo y la corrupción han sido permanentes. Hablar entonces de desaparecer los poderes en ese estado resulta de genuino humor negro, ¿cuáles poderes buscan desaparecer si hace tiempo que de hecho desaparecieron?

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 19 de octubre de 2014).

Una terrible masacre que está desmontando el mito de que vivimos en una democracia, que tuvimos una transición y que vivimos un Estado de derecho.

Dos años de propaganda publicitaria de Enrique Peña Nieto, para mostrar a un México que se reformó para hacerse atractivo a los capitales privados, se derrumbaron con la masacre de Iguala y los 43 normalistas desaparecidos.

Millones de mexicanos vieron de golpe que en muchos estados del país, como Guerrero, existe un "narcoestado" que se sostiene sobre la represión; y que la violencia y las desaparición de personas no son asuntos entre criminales, sino que puede alcanzar a cualquiera.

La masacre de Iguala está revelando que tenemos un régimen de control, mantenido además por la complicidad de una clase política corrupta y cínica, que no se tienta el corazón para utilizar la persecución, encarcelar disidentes o asesinarlos y desaparecerlos sólo para el mantenimiento de ese régimen de poder al servicio de la acumulación por despojo.

Rubén Martín
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de octubre de 2014).

Hay demasiada violencia sobre el terreno. Los presagios son siniestros. La situación demanda responsabilidad a todos.

José Woldenberg
(v.periódico Criterio en línea del 23 de octubre de 2014).

La historia nos demuestra que es difícil, si no imposible, prever estallidos sociales o rebeliones. Unos y otras suelen ocurrir de manera imprevista y en circunstancias muy diversas. Pero hoy en nuestro país se están acumulando presiones tan fuertes que parecería que nos acercamos al abismo de la ingobernabilidad.

La desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala ha generado masivas movilizaciones de protesta en Guerrero, el Distrito Federal y otros lugares del país. Los ánimos están caldeados. Los manifestantes han tomado casetas de peaje y han bloqueado carreteras. Los maestros de la CETEG destrozaron las oficinas del PRD en Chilpancingo. También un grupo armado de policías comunitarios bloqueó la carretera Chilpancingo-Tixtla, cortando la comunicación entre el centro y la montaña del estado. Un día antes habían vandalizado las oficinas de Guerrero Cumple, un programa asistencialista del gobierno estatal. Ni la policía municipal ni la estatal ni la federal se han atrevido a hacer nada. La autoridad está aterrada.

El país sufre también las consecuencias del paro del Instituto Politécnico Nacional, al cual se han unido otras instituciones educativas. Las manifestaciones por el tema del IPN y de Ayotzinapa han sido constantes.

El crimen en el país sigue alcanzado niveles inquietantes.

El coctel es explosivo y peligroso. El gobierno ha tratado de maniobrar la situación con tranquilidad y conciliación. Por eso salió el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a hablar con los paristas del Politécnico el 1o. de octubre. Por eso la autoridad se ha negado a utilizar la fuerza pública para desbloquear carreteras o impedir actos de vandalismo de manifestantes. Hay la conciencia de que algunos de los grupos que están participando o promoviendo las movilizaciones buscan no sólo una protesta sino provocar una rebelión que lleve a un cambio de sistema político y económico en el país. El gobierno no quiere dar motivo para nuevos enfrentamientos.

El resultado de la acumulación de hechos de violencia y protestas, sin embargo, genera la percepción de que el país se le está yendo de las manos al presidente Enrique Peña Nieto. Quizá sea una idea exagerada, pero la experiencia nos dice que en política la apariencia es a veces tan importante como el fondo.

Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango en línea del 23 de octubre de 2014).

El sistema político mexicano es hoy un híbrido, mezcla del montado por el PRI el siglo pasado –la "dictadura perfecta"– con elementos nuevos que, a su vez son un amasijo de ingredientes positivos y negativos. Lo positivo es el mayor pluralismo político, pero lo negativo es la firme implantación del crimen organizado y la consecuente descomposición política y social en estados como Guerrero, Michoacán, Morelos, Estado de México, Tamaulipas, Coahuila y Veracruz, entre otros.

Y es que el impulso democrático que alcanzó su cúspide en 2000 se topó con la decisión de no tocar a los peces gordos de la corrupción, de incorporar al viejo corporativismo sindical priista –el SNTE entre otros– al nuevo gobierno, de elegir a la izquierda como el enemigo a derrotar y al PRI como el aliado indispensable. Con el "haiga sido como haiga sido" de la elección de 2006 y con la "guerra contra el narco" se ahondó el fracaso. Hoy, a los 23 meses de post calderonismo se han contabilizado 14,534 ejecuciones ligadas al crimen organizado. (Reforma, 11 de octubre). Todo lo anterior condujo al retorno del PRI al control del sistema y a un "Pacto por México" que modificó el corazón mismo de la Constitución en beneficio de un tipo de economía muy sesgada en favor de la desigualdad.

Hoy ya no se sabe hacia dónde se dirige el país. Y la incertidumbre tiene lugar en una coyuntura donde la dinámica política del no avanzar en la democratización no significa quedarnos varados, sino retroceder. Acontecimientos como los de Tlatlaya –ejecución de prisioneros por el ejército– e Iguala –el secuestro y asesinato con saña espantable de estudiantes normalistas rurales por policías y una organización criminal–, son indicadores de que el retroceso político está en marcha.

Como telón de fondo la acumulación de miles de ejecutados y desaparecidos más la persistencia de las organizaciones criminales, Edgardo Buscaglia, estudioso del narcotráfico, caracteriza hoy a México como un país donde sus responsables políticos apenas si desempeñan el papel de administradores de un pacto de impunidad en la corrupción y que desembocó en el colapso del Estado por descontrol.

En su libro Por qué fracasan los países (México: Paidós, 2013), Daron Acemoglu y James Robinson examinan los orígenes históricos de la pobreza y la riqueza de las naciones. Esa comparación les llevó a desarrollar una dicotomía entre sociedades de carácter extractivo e inclusivo. En ambos casos el entramado institucional se examina tanto a nivel político como económico para concluir, de manera un tanto simplificada, que las sociedades exitosas desarrollaron instituciones políticas incluyentes que propiciaron la participación efectiva de una mayoría en los procesos de toma de decisiones, y eso derivó en la construcción de mercados no monopólicos y dinámicos. Por el contrario, los sistemas no democráticos tienen como meta excluir a la mayoría de la participación política efectiva para mantener sistemas económicos monopólicos que extraen riqueza de esa mayoría en beneficio sólo de una minoría.

Una y otra vez, Acemoglu y Robinson usan el caso de México –los conquistadores, los porfiristas o Carlos Slim– para ejemplificar la naturaleza de un sistema excluyente en lo político que también excluye en lo económico para favorecer acumulaciones fabulosas de riqueza en un puñado de personajes. Lo que estos autores no observaron es que aquí el esquema puede ser más complicado y terrible, pues hay que introducir tanto la política como la economía ilegales. En México, entre otras razones, como origen y consecuencia de una transición fallida, surgió un sistema de poder criminal paralelo que ha colonizado a gobiernos municipales y estatales y eso, junto a la economía formal excluyente, dio forma a otra economía ilegal y también excluyente que, empleando la violencia ilegítima, extrae impunemente recursos de la sociedad dentro de la que vive y predomina.

Es más, el propio crimen organizado ya tiene 2 economías y políticas, la de los grandes carteles que no buscan explotar a su medio social –el caso del Cártel de Sinaloa–, y los depredadores de su medio, al estilo de los Zetas, La Familia o de esos Guerreros Unidos de Iguala. Y resulta que estas últimas política y economía son las que han crecido a raíz de la fallida "guerra contra el narco", pues al descabezarse a los grandes carteles, su pedacería vive cada vez menos del tráfico internacional de estupefacientes y más de extorsionar a los habitantes, propietarios y gobiernos locales.

Lorenzo Meyer
(v.periódico El Sur de Acapulco en línea del 23 de octubre de 2014).

El juicio que se haga del gobierno de Peña Nieto estará estrechamente relacionado con el éxito que tenga resolviendo la crisis de Iguala y otras estrechamente relacionadas que derivan de las condiciones de estado fallido presentes en la región de Tierra Caliente.

Debe diagnosticar correctamente de qué se trata la crisis de violencia y de gobernabilidad. Si concluye que se debe exclusivamente a la presencia de grupos criminales, habrá llegado a una conlcusión superficial e incorrecta.

La pandemia de mafias en la región es evidencia de un estado fallido que debe ser reconstruido.

La estrategia de solución a instrumentar debe atender 2 retos. En el corto plazo, la prioridad debe ser restablecer el orden. Para ello es indispensable acabar con las mafias y eliminar la relación simbiótica que crearon con algunos gobiernos locales. Pero para que la estrategia tome raíz será necesario asegurar que todos los grupos políticos que hay en la región acaten las leyes y respeten los derechos de las personas. No sólo debe acabar con las mafias, también debe someter al orden a todos los grupos inconformes, incluyendo a los de la CNTE y los normalistas de Ayotzinapa. Si se instrumenta una situación que otorga privilegios ilegítimos a grupos de presión, se prolongará el desorden y la violencia en la región.

También es indispensable (re)construir las instituciones políticasy económicas de la región. Si omite esta parte de la estrategia, en cuanto la Policía Federal y los militares regresen a sus cuarteles, las mafias y las guerrillas se volverán a apoderar de la región. Tomará varios años y requerirá hacer fuertes inversiones en el establecimiento de gobiernos locales confiables y eficientes, y la creación de un sistema de procuración de justicia moderno.

La tragedia de Iguala no es única en el país. Cosas similares están sucediendo en varias regiones donde aún no se han establecido instituciones modernas. Crear instituciones no es fácil ni vistoso, ni siempre lleva a ganar concursos de popularidad, pero es la principal responsabilidad que los ciudadanos exigen de sus gobernantes: que muestren la voluntad de gobernar.

Roberto Newell G., economista y vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.
(v.pág.2 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 23 de octubre de 2014).

Más de un mandatario estatal está tentado a tomar su pancarta y sumarse a las marchas para exigir la renuncia del guerrerense Ángel Aguirre.

¿Por qué? Porque Iguala ya dejó de ser un asunto de Guerrero y se convirtió en un conflicto nacional. Y la prueba está en que ayer las marchas y manifestaciones se repitieron en todo el país, lo mismo en escuelas públicas que en privadas.

Y de lo que más se quejan los gobernadores es que el caso de los normalistas desaparecidos les está complicando algunos asuntos meramente locales.

Por ejemplo, a Miguel Mancera el DF volvió a ponérsele de cabeza. Aquí, Aristóteles Sandoval vio crecer de manera exponencial el asesinato del estudiante de la UdeG en Guanajuato. Y en Oaxaca, la solidaridad con Ayotzinapa se mezcló con un viejo conflicto estudiantil.

S.Cabañas
(v.pág.6 del periódico Mural del 23 de octubre de 2014).

¿Cuánto cuesta mantener la paz en un municipio, en un estado, en un país? Esta es una pregunta que muy probablemente muchos candidatos se estén planteando, no en términos de programas sociales, sino de cuotas concretas impuestas por aquellos que tienen el poder real de alterar el orden o conservarlo.

Hace algunos años la pregunta era ¿cuánto cuesta una plaza? Es decir, cuánto se debe pagar a quien tenga el poder de dar permisos para operar un negocio ilícito en un determinado lugar. Se supone que más de algún funcionario público entró en este tipo de negocios desde tiempos remotos, hasta que el poder adquirido por la delincuencia se volvió tan determinante que al final quienes cobraban acabaron pagando.

La diversificación ha sido una clave esencial para el éxito de cualquier empresa, y la empresa delincuencial se ha sabido diversificar en los últimos 20 años a tal punto que puede ser vista como una prestadora de servicios múltiples, y no necesariamente como un montón de traficantes vulgares que no salen de su mismo y repetitivo oficio. Lo alarmante sería que aun quienes se dedican a la política desde cualquier partido acudieran a los servicios de estos nuevos giros para boicotear gobiernos establecidos, triunfar en los comicios, amedrentar a la población, arruinar posiciones partidistas, cancelar cacicazgos inveterados o respaldar programas en curso.

Por lo que informan los medios sabemos que efectivamente ha habido actores políticos que antes y después de las campañas se han asociado con la delincuencia, y que a fuerza de hacerlo una y otra vez un poco o un mucho por todas partes, han acabado por someterse, ellos y sus sucesores a sus iniciales socios. Ahora es la delincuencia la que impone las cuotas al más puro estilo michoacano, tamaulipeco, o lo que se junte, y aquellos funcionarios nuevos que llegan decididos a romper esta sumisión acaban asesinados, sin que haya poder público alguno que lo impida o luego lo aclare y castigue.

La abundante y constante información sobre todo lo que está sucediendo en el país ha creado una percepción social ya no de sospecha sino de abierta desconfianza en las autoridades, un sentimiento de sálvese quien pueda y como pueda, porque en esta nación ya no hay nada a qué atenerse, vecinos, transeúntes, amigos, conocidos y hasta parientes pueden estar involucrados, con mayor razón aquellos que más posibilidades tienen de sacarle provecho a la crisis general de seguridad que vive México.

Las interrogantes se multiplican y también se focalizan: ¿qué está pasando en las regiones costeras de Jalisco, en la región Valles o en la de la Sierra de Amula? ¿Cuántas personas más, ciudadanos o funcionarios públicos, deben ser asesinados para que la universidad pública se paralice y promueva protestas, no sólo por los jóvenes normalistas de Guerrero, o el estudiante de Lagos, sino por la condición general que se vive en México? La sociedad mexicana ahora exige no la desaparición de poderes, sino su inmediata aparición, porque ya son muchos años de vivir en un caos creciente.

Armando González Escoto
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 26 de octubre de 2014).

Lo que hoy se vive en nuestro país es producto de una constante acumulación de hechos criminales, que por décadas ha involucrado a agentes delictivos, personas y grupos con intereses muy privados o particulares, y/o su infiltración, presencia y vínculos entre las instituciones de seguridad pública, de gobierno y entre las coladeras de las organizaciones políticas. Todo eso ha envuelto, de paso si se quiere, por omisión o falta de compromiso, a una comunidad nacional como conjunto de ciudadanos que ha dejado en manos de unos cuantos sus altos intereses. No se puede eludir el momento y magnitud del problema-conflicto que ha puesto al descubierto la grave situación de una crisis anunciada, que, desde los sectores más recónditos del poder, se ha intentado no develar por lo que quizás podría representar abrir sus habitaciones, subterráneos y cañerías. Se ha inhibido atacar los fondos de su manifestación, dejando que la impunidad sea el marco de su movimiento, situación no libre de acuerdos bajo la mesa, que es parte de la corrupción que invade el país, o pactando ocultar su situación y efectos nocivos; esos que tarde o temprano han emergido del lodazal porque ya no cabían en su propio abismo.

Muchos han sido ya los muertos y escasa y casi ausente la justicia. El miedo y el riesgo, son desde hace tiempo una parte de la vida cotidiana de la mayoría, incluso de aquellos que por eso se cubren la espalda con autos blindados y guardaespaldas.

Porque cuando las fuerzas de la corrupción han actuado durante mucho tiempo, corrompen el ambiente socio-cultural y avivan las avideces de la riqueza y los comportamientos que descomponen el uso del poder.

Daniel González Romero
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 31 de octubre de 2014).

Si bien es cierto que los acontecimientos reportados en las noticias de las últimas semanas no son del todo nuevos, el volumen y frecuencia de los mismos puede considerarse como alarmante, y podríamos empezar por el zafarrancho provocado por las barras de los clubes Atlas y Guadalajara, en donde pudimos ver (gracias a la "magia" de la televisión y los videos de celulares), la saña con que un grupo de "seres humanos" golpeaba a otro de manera furiosa e inmisericorde.

Ya antes habíamos conocido de los "trabajos" realizados por los criminales organizados, los cuales son conocidos como "pozoles" -que prefiero no describir-; luego siguieron los bloqueos; las "pilas" de cadáveres dejados en una camioneta; las llamadas narco-fosas.

Los disturbios callejeros iniciados como marchas de protesta que terminan en saqueos y pinta de fachadas, incluso de edificios históricos, mismos que en no pocas ocasiones obligan a la policía a salir corriendo, pues dicen que los "protocolos" y los "derechos humanos" prohíben que la fuerza pública accione en contra de quienes no solo perturban el orden, sino que además roban y causan daños a personas y bienes públicos y privados.

Y como si se tratara de un guión cinematográfico, luego siguieron los llamados "levantones" en diferentes puntos de la geografía del país, hasta que una parte de la población decidió armarse y auto-defenderse ante la incapacidad manifiesta de las "autoridades" responsables de resguardar el orden y la paz social.

El "revolucionario" punto de vista de Vicente Fox -dejar ser, dejar hacer- permitió que cuanta organización criminal quisiera, sentara sus bases en nuestro país, lo que sin duda alguna le heredo una gran carga a Felipe Calderón, y éste a su vez a Enrique Peña Nieto, pues luego de 12 años perdidos, será más difícil recuperar el orden, pero es también una obligación del Estado.

El espacio nos obliga a cerrar con los acontecimientos de Iguala, el asesinato de inocentes y levantón de 43 estudiantes desaparecidos luego de más de un mes, lo que ha ocasionado malestar nacional e internacional.

El secuestro de 7 atletas, que afortunadamente ya fueron recuperados con vida y sanos y salvos.

El operativo antipiratería en el mercado de San Juan de Dios, que terminó con un enfrentamiento con las policías (de los 3 niveles de gobierno), en donde la turba quemó vehículos y saqueo una tienda de conveniencia... y todo a plena luz del día.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid
(v.pág.18-A del periódico El Informador del 3 de noviembre de 2014).

Tener 20 años en este país no es fácil. En muchas zonas de México, estar en esa etapa de la vida significa ser un apetitoso recluta del crimen organizado, sumar dígitos a las cifras macroeconómicas del desempleo o dedicar las noches a estudiar una carrera que no se va a ejercer.

Tener 20 años, unos más, otros menos, en algunas zonas rurales, significa tener el camino de los campos secos, de la salida para siempre al norte, de la agitada vida de los cárteles o de la guerrilla o de las autodefensas o de las fuerzas públicas.

Estar en esa edad en la ciudad implica ser adolescente. Los más afortunados empiezan (?) apenas su vida de estudiantes, que ahora se acaba después de los 30, y los menos suertudos dedican su tiempo a ser ninis, a anhelar celulares inteligentes o a trabajar de tiempo completo en trabajos mal pagados para los que tienen que desplazarse en condiciones malas y caras.

En este país hay alrededor de 30 millones de mexicanos entre los 15 y los 29 años, y algunos de ellos (muchísimos en las últimas semanas) tienen ganas de gritar porque hoy, además de todo, ser joven puede llevarte en el DF a la cárcel, en Guerrero a una fosa, en Michoacán a desaparecer.

El 22 de octubre, muchos mexicanos en edad de estudiar tomaron la bandera de Ayotzinapa para reclamar el vergonzoso gobierno, el pésimo futuro, la indignante corrupción, la impunidad homicida y el autoritarismo político mezclado con crimen organizado que rige muchos lugares del país.

Estos jóvenes no están acompañados de la generación que los precede. Los perredistas que alguna vez protestaron son mal vistos por los estudiantes (a Cárdenas lo apedrearon) y la generación de la protesta mexicana hoy tiene más de 60 años.

Ivabelle Arroyo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 5 de noviembre de 2014).

México ha tomado con seriedad el proceso de reformas, pero lo que falta todavía es hacer reformas que ataquen de manera fundamental la dualidad de la economía y se mejore el Estado de Derecho, afirmó el ex presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León.

Consideró que en la economía mexicana hay todavía ciertos incentivos negativos, que hacen que se sigan creando por ejemplo más "changarros" en lugar de empresas más competitivas que generen empleos y compitan en el entorno actual.

"Hay enormes obstáculos que limitan la creación de empresas, la iniciativa de las personas, tenemos todavía inmensas imperfecciones en el sistema económico, derivado de falta de competencia".

Indicó que cuando no hay un buen estado de derecho, la justicia es débil.

El ex presidente, afirmó que hace falta un "fuerte, vigoroso, eficaz" estado de derecho, si bien hacen falta mejorar la educación o infraestructura, en su opinión, en primer lugar se debe atender el estado de derecho, ya que eso permitirá abordar otros temas en el país.

(V.pág.17-A del periódico El Informador del 6 de noviembre de 2014).

Los movimientos políticos que está viviendo México parecen muy localizados. La manifestación por el Paseo de la Reforma provoca problemas de tránsito, como es usual en una zona presa de marchas casi todos los días. Pero son los manifestantes de siempre, los que están en contra del "régimen neoliberal" y se reúnen de manera cotidiana como si se tratara de una fiesta. Los cierres de las escuelas sólo se pueden lograr porque grupos pequeños de activistas imponen el paro ante poblaciones estudiantiles que o son indiferentes o no quieren pelearse físicamente con los activistas.

Los grupos políticos que se unieron para apoyar el movimiento #Yosoy132, el SME y otras causas similares están nuevamente en pie de lucha. Tienen la capacidad de llamar la atención de los medios de comunicación nacionales y extranjeros, de bloquear calles y autopistas, de robar autobuses, de saquear supermercados, de incendiar oficinas públicas y de increpar o agredir a figuras públicas como Jesús Zambrano o Cuauhtémoc Cárdenas. Pero no parecen tener la capacidad de realizar esa revolución que derrocaría el régimen neoliberal.

El gobierno de Enrique Peña Nieto ha tomado la decisión de no utilizar la fuerza pública aun en casos en que los manifestantes abiertamente violan la ley. No es una respuesta inusitada. Ésta ha sido la estrategia del gobernador perredista de Oaxaca, Gabino Cué, a lo largo de todo su sexenio. Es preferible nadar de muertito que echarle un cerillo a una protesta estudiantil.

El presidente Peña Nieto le apuesta también a que el tiempo debilite el movimiento de protesta. Los desmanes de los manifestantes, después de todo, sólo afectan a personas sin importancia, mientras que el uso legítimo de la fuerza pública puede provocar una reacción que (¡horror!) deje al político fuera del presupuesto.

Por lo pronto el movimiento de Ayotzinapa convocó ayer a un paro nacional y pudo cerrar algunas escuelas. Sin embargo, el país siguió operando de forma normal.

Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango en línea del 6 de noviembre de 2014).

La realidad social de Guerrero es cruel, pobreza, enfermedades, marginación, injusticia, emigración, abandono de las autoridades, escuelas cuyos profesores apenas si se asoman 2 o 3 días por semana. Falta de caminos frustra todos los años la salida de las cosechas, el abuso de los intermediarios hace inútil el cultivo de las huertas, hay una permanente ausencia de los servicios básicos y un horizonte poblado de desesperanza.

En este ambiente de miseria y escasas oportunidades de progreso irrumpe la delincuencia organizada, imponente, imparable, armada, protegida y con abundantes recursos económicos para añadir a la pobreza y la injusticia los levantones, los secuestros, los asesinatos, el cobro de cuotas, provocando que familias enteras emigren por el miedo y la inseguridad que se está viviendo.

Toda esta región forma parte de una circunscripción eclesiástica, la diócesis de Ciudad Altamirano, cuyos efectivos no se han visto libres de todo tipo de agresiones, el propio Obispo, algunos sacerdotes y seminaristas han sido víctimas de robo, secuestro y extorsión, también han sido asesinados los sacerdotes Habacuc Hernández Benítez, Joel Román Salazar, Ascensión Acuña Osorio, y 2 preseminaristas, por haber levantado su voz en contra de este clima de opresión y abandono. Estos crímenes permanecen impunes, como impune parece permanecer todo cuanto sucede en Guerrero.

El pasado 28 de octubre los habitantes de varias comunidades de esta región han decidido prácticamente levantarse en armas, con lo que puedan, carabinas, machetes, palos. Nada que ver con los normalistas de Ayotzinapa, y todo que ver con la condición general que guarda el estado de Guerrero. ¿Autodefensas? No sabemos bajo qué rubro puedan ser luego calificados, ni el derrotero que siga su iniciativa a la luz de lo ocurrido en Michoacán, lo evidente es la desesperación, la impotencia, y el hartazgo.

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 9 de noviembre de 2014).

Sigue latente el riesgo de que la matanza de Ayotzinapa, en efecto, sea la espoleta de una reacción de la sociedad civil contra la corrupción y la impunidad que parecen haberse convertido en el ADN de la política mexicana.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de noviembre de 2014).

Desde el sexenio echeverrista, -de los más nefastos de nuestra historia-, se inició una descomposición cimentada en el enfrentamiento de sectores y clases sociales, enmarcado en la exposición de la demagogia más pura a la que el comunismo y el socialismo a ultranza significaban -no había más que ver la clase de socios que tenía su gobierno con países gobernados bajo tales doctrinas-, lo que derivó en el declive que provocó un desplome del que todavía en el hoy se tienen las consecuencias.

El orden de valores se trastocaba...

La confusión de una ciudadanía que empezaba a desorientarse hacía que México fuera campo fértil para influencias dañinas, cuando gran parte de su población -duele escribirlo y más, mucho más reconocerlo-, había vivido, vive y ojalá algún día deje de vivir, con la mano extendida hacia "papá gobierno", en un afán de que sea la solución inmediata y permanente de su subsistencia.

Así, el sistema se fortalecía contando con los votos electorales que le permitían continuar en el poder ostentándolo, ejerciéndolo a conveniencia y lucrando desmesurada y cínicamente con él.

Con la apertura democrática sobrevino la proliferación de partidos políticos fundamentados en una burocracia indignante, para vivir del presupuesto con todas las prebendas y canonjías que esto conlleva, llegándose a... A lo que se ha llegado.

Lo importante son los partidos y sus gentes. México como país con su ciudadanía, poco interesan.

Por los intereses partidistas y personales de quienes manejan a la nación con controles de toda índole, la delincuencia organizada pudo acendrarse a todos los niveles de gobierno preponderando peligrosamente sobre los estamentos de la sociedad, que ha visto la posibilidad de proyectarse a mejores niveles de vida, uniéndose e integrándose a la delincuencia misma -la conciencia vendida-, trayendo consecuentemente el clima de inseguridad y peligrosidad que ha alterado la cotidianeidad de vida en todos los ámbitos de la sociedad mexicana.

La capacidad de asombro se ha ido perdiendo... Casi con naturalidad se miran los crímenes que a diario se cometen sobrealimentando una nota roja obesa que hace que la sociedad se insensibilice y vea que todo eso es... Es cosa de todos los días.

La tesis de un complot por desestabilizar a la nación, cobra vigencia propiciada por movimientos izquierdistas que van, desde la decadencia del partido representativo, el PRD con sus facciones desarticuladas, a la de un partido naciente, "morena", dirigido por la mitomanía manifiesta de un líder con complejo de "mesías", insatisfecho por no alcanzar sus metas ambicionadas, cimentado en la demagogia exultante que insulta y engaña.

Escuchando las palabras del ex presidente Ernesto Zedillo refiriendo que México está muy mal en su Estado de Derecho, quedando demostrado que la corrupción muestra la debilidad de este principio, con todo y que el presidente Peña asegura que el país se fortalece, el acontecer, viéndose lo que viéndose se está, parecería que todo el territorio nacional está convertido en un rastro...

Un rastro humano, que sí, en el que la vida, tan llana como simplemente, no vale... No vale nada...

Francisco Baruqui
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de noviembre de 2014).

"Un muertito por el amor de Dios" es el clamor, tan vergonzante como infame, implícito en "la lucha" de agrupaciones cuyo giro "justiciero" no es la solución sino el mantenimiento de problemas, y que enarbolan causas legítimas como fachada.

El gobernador interino de Guerrero, Rogelio Ortega, ilustraba el sábado la miserable condición ética de quienes, con la coartada del drama ocurrido en Iguala, se meten por ejemplo al mercado de Chilpancingo a comer y se van sin pagar a los modestos locatarios.

¿Y qué tal el saqueo de todo tipo de tiendas, la quema de vehículos, las extorsiones en las carreteras?

Grave momento éste, y peor cuando a los problemas acumulados viene a añadirse el de quienes, en vez de realizar explicables actos de protesta, se revelan, también, como criminales...

Carlos Marín
(v.primera plana del periódico Milenio Jalisco del 10 de noviembre de 2014).

Los empresarios reclaman que el año haya sido malo en lo económico; otros hablan de que no se han resuelto los problemas de seguridad; algunos más siguen enojados con la reforma fiscal, y desde luego, el tema de Iguala y todas sus secuelas, salen a colación.

Lo que a mi me sigue causando sorpresa es el hecho de que hace apenas un par de meses, algunos de quienes hoy reclaman, estaban eufóricos con las reformas, particularmente con la energética.

Enrique Quintana
(v.periódico El Financiero en línea del 11 de noviembre de 2014).

Quemando Palacio Nacional, metrobuses o creando brigadas de ajusticiamiento no se va a solucionar la crisis de inseguridad que vive el país. En realidad, esas acciones lo que buscan es acrecentar la violencia y convertirla en un arma política. Las muertes de Cocula nos tienen dolidos y desilusionados, nadie puede negarlo, pero con la violencia lo que estamos viendo no es la indignación social sino acciones de movimientos que la utilizan para sus propios fines desestabilizadores.

Tienen razón Krauze y Gómez Leyva cuando dicen que esa indignación habría que volcarla contra los verdaderos asesinos, contra los delincuentes y sus estructuras de protección. Pero tampoco eso es nuevo. Nos tocó subrayarlo en aquellos diálogos con funcionarios, especialistas y víctimas del sexenio pasado y fue parte de lo que siempre hemos debatido con personajes como Javier Sicilia o con aquellos que inventaron lo de la guerra de Calderón. No fue aquella, "la guerra de Calderón" como ésta no es la de Peña. Es la guerra, si a alguien le gusta ese término, de los grupos criminales entre sí y de esos mismos grupos contra la gente.

Nadie secuestró, mató e incineró a los jóvenes de Ayotzinapa por una decisión de Estado, porque eran parte de grupos radicales y que en muchos de los casos tienen añeja relación con organizaciones armadas. Los secuestraron, mataron e incineraron porque molestaban a un presidente municipal y su esposa que eran parte de la delincuencia. Los mataron de forma tan brutal porque, justificadamente o no, esos delincuentes pensaban que eran parte de un grupo rival y acabaron con ellos como han acabado con miles de personas en los últimos años.

Hechos de violencia tan brutales como éstos hemos visto demasiados en los últimos años y no recuerdo que, salvo excepciones, la indignación se haya volcado contra los verdaderos responsables. Me tocó ver, oler, la casa del Pozolero, aquel personaje que trabajaba para el cártel del Teo García Simentel en Tijuana y que disolvió por lo menos 300 cuerpos en sosa cáustica para depositar esa especie de pasta en una enorme cisterna. Me tocó ver restos de las mujeres asesinadas por decenas en Juárez sin que tengamos todavía una verdadera respuesta sobre quiénes fueron los asesinos. En Juárez estuve en Villas de Salvárcar, cuando un comando entró en una fiesta juvenil y mató a todos, pensando, como en Iguala, que eran de un grupo rival. Me tocó ver fosas comunes en Juárez, en Uruapan, en Guerrero, mucho antes de que fuera el tema de todos los días. Estuve en la frontera viendo cuerpos de migrantes masacrados y olvidados. Conocí a funcionarios ejemplares asesinados por el narcotráfico por no corromperse. Tengo algunos buenos amigos como Alejandro Martí e Isabel Miranda que han tenido que convivir con la muerte y la tragedia en sus propias familias. Estuve en Monterrey cuando el olor de los cuerpos quemados por narcotraficantes en el Casino Royale aún envolvía todo.

Me ha tocado ver demasiadas muertes. Pero estoy cansado de que se sigan acumulando las tragedias y que los partidos las manipulen, que haya grupos que quieran convertir un gravísimo problema de descomposición social, que exige soluciones nacionales, que involucre a todos, en objeto de chantajes políticos; que no haya visto, hasta ahora, una sola manifestación de normalistas, maestros o anarquistas o quien sea, protestando contra los verdaderos criminales.

Me indigna, pero también me cansa, que los mismos partidos no recuerden su historia: que no recuerden que antes de Abarca existió un Julio César Godoy o un Mario Villanueva o un Gutiérrez Rebollo o aquel padre Montaño que protegió a los Arellano Félix o aquel gobernador panista que dijo que mataban a las mujeres en Juárez porque usaban minifalda. No recuerdan porque no quieren ver.

En el libro La batalla por México, de Camarena al Chapo Guzmán (Taurus, 2012), decíamos que, en parte, el fracaso de la lucha contra la inseguridad se debía a que no se la quería asumir como un esfuerzo nacional, comprometiéndose con él. En el libro concluíamos diciendo que "las instituciones del Estado siempre serán más fuertes que los grupos criminales. Pero, para que esto ocurra, se necesita que esas instituciones existan y funcionen, no sólo a nivel federal sino también estatal y municipal. Se necesitan leyes y voluntad política".

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 11 de noviembre de 2014).

Nosotros, todo el pueblo de México, estamos cansados, muy cansados, de mantener a un gobierno obeso, inepto, ineficaz y asaz corrupto.

Nos cuesta más la energía eléctrica y los combustibles a los mexicanos que lo que les cuesta a los norteamericanos; cuando baja el precio del petróleo, el precio de los combustibles sigue la misma suerte en otros países, no en México. El precio del petróleo está a la baja y el gobierno nos receta un aumento para enero de 3%.

Estamos cansados de la corrupción; cansados de que desde el 12 de marzo pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo de la PGR que crea la Fiscalía Especial para el Combate a la Corrupción, que entrará en funciones en el momento en que el Senado nombre al titular de la Fiscalía. Entre los delitos incluidos están el enriquecimiento ilícito, cohecho a servidores públicos, peculado, tráfico de influencia, abuso de autoridad, ejercicio indebido del servicio público y delitos contra la administración de justicia. La aplicación del decreto no le urge al Senado -perro no come perro-. Estamos cansados y avergonzados de que México, según Transparencia Internacional ocupe el lugar 109 de 177 países en el Índice de Percepción de Corrupción.

Estamos cansados de que la corrupción nos cueste entre 2% y 8% del PIB, según estudio de Transparencia Mexicana a cargo de Federico Reyes Heroles.

Estamos cansados de tener un aparato legislativo obeso e ineficiente; cansados de soluciones parciales que se proponen para reducir a 400 el número de diputados. Nos sobran 100 más y 96 senadores. Estados Unidos sólo tiene un senador por cada estado. Estamos cansados de los sueldos, beneficios, prestaciones, bonos y gratificaciones que se auto otorgan diputados y senadores, como la pensión por jubilación por haber trabajado durante tres o seis años, seguro de gastos médicos mayores para el titular y su familia; deben utilizar los servicios del ISSSTE, como todo burócrata. Los diputados no deben votar sus propios aumentos de salario ni demás beneficios; estamos cansados de que no se les puede juzgar por tener fuero. El fuero debe desaparecer para todos los políticos.

En resumen, todos los mexicanos estamos cansados de la delincuencia, de la corrupción, de un gobierno que ha sido rebasado por los problemas, que permite que impere la anarquía.

Luis Jorge Cárdenas Díaz
(v.pág.19-A del periódico El Informador del 13 de noviembre de 2014).

Aterrador el relato de las últimas horas de los estudiantes de Ayotzinapa en voz de uno de los malandros que participaron en "la operación".

Mala tarde en la que a esos jóvenes se les ocurrió retar a ese presidente municipal y a su esposa, y tratar de llevar a cabo uno más de sus actos contestatarios y revoltosos pensando ilusamente que sería fácil como seguramente lo hicieron antes decenas de veces secuestrando camiones, bloqueando carreteras y caminos, tomando calles e incluso saqueando comercios, siempre bajo la mirada complaciente de la autoridad que nunca intentó hacer algo por frenarlos. Impunidad total.

Tres responsabilidades se concatenaron ese 26 de septiembre en Iguala para que se diera esa "Tormenta Perfecta" que es vergüenza del sexenio de Peña Nieto tanto en el país como en el extranjero.

La 1a. responsabilidad sin lugar a dudas es de los partidos políticos, de todos, y la perversión de ese sistema que excluye a quienes no acatan las reglas de los organismos políticos. En su afán de conseguir votos, posiciones de poder y por tanto recursos, los partidos eligen a sus amigos, socios y candidatos con la visión utilitaria de ganar la elección sin tomar en cuenta antecedentes ni relaciones de los interesados. Así fue como cayó la presidencia municipal en manos de una pareja de hampones, del mismo modo que seguramente ocurre en muchas comunidades más del país, ante la pasividad y complacencia de autoridades estatales y federales. Porque es innegable que las autoridades por lo menos tienen sospechas de qué gobernantes podrían tener relaciones siniestras, simplemente por la forma de gastar dinero o de ostentar el poder, como ocurría en Iguala.

El narco y los criminales tienen gigantesca responsabilidad, pero no sólo por haber asesinado a sangre fría y contra natura a sus iguales, sino por no pensar o sentir como seres humanos. Hasta el más desalmado de esos malandros debe por ahí tener hijos o afectos y es increíble que no registren que ese mundo que están fabricando es donde algún día vivirán sus hijos y quizás su nietos.

Responsabilidad asimismo de los propios estudiantes normalistas, que como tantos excluidos han encontrado en las acciones contestatarias y provocadoras su forma de participar en la sociedad. Ni ellos ni quienes tienen la habilidad de dirigirlos se han puesto a pensar en el incendio que están a punto de provocar en un país que también es suyo, de sus padres y eventualmente de sus hijos. Ese protestar y provocar se ha vuelto en un estilo de vida para cientos de jóvenes marginados en todo el país.

Y las 3 responsabilidades convergen en una sola, la del gobierno, no de ahora sino de décadas, que ha perdido la noción de lo que es su función primaria de fortalecer las instituciones que garanticen sustento, justicia e inclusión para todos los mexicanos. Antes está su visión partidista tan enfocada en "hacer política" para conseguir votos y poder, y se han ausentado de atender un sistema de justicia que maneje cero tolerancia desde los grandes capos hasta los vendedores ambulantes pasando desde luego por los políticos corruptos. Todos se pueden pasear en el país con total impunidad.

Ausencia de proyectos reales de inclusión social, cultural y económica para esos jóvenes marginados que empiezan a sumar millones, y que su mejor opción de hacerse ver será armar eventos provocadores, a sabiendas de que cuentan con la complacencia oficial, aunque ahora con el riesgo de terminar sus horas brutalmente asesinados en un basurero en la montaña.

Pablo Latapí
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 13 de noviembre de 2014).

Dice Mafalda que "el drama de ser presidente es que si uno se pone a resolver los problemas de Estado no le queda tiempo para gobernar". Algo así sucede con la visita del Presidente Peña a China.

Decir que el Presidente tenía que quedarse en el país por la crisis generada a partir de Iguala no tiene sentido. No se puede minimizar lo sucedido con los normalistas, pero tampoco el país puede seguir girando sólo en torno a un tema que, además, no tiene solución en sí mismo. Contradiciendo a Mafalda hay que buscar como resolver los problemas de Estado pero también hay que gobernar. Y nuestros 2 grandes desafíos son, hoy, la seguridad y la economía cotidiana.

En la seguridad, ya lo hemos dicho, hay que emprender una serie de medidas que se apliquen de forma estricta: nuevo modelo policial, mando único, coordinación obligatoria de los estados con la federación; revisión de los ministerios públicos; depuración judicial; instrumentación de todos los acuerdos de seguridad establecidos desde el 2008 y aún sin cumplimentar, todo con el objetivo de garantizar la seguridad cotidiana, la de todos los días, para que la gente pueda vivir en paz y no como hoy cuando el 68% de las personas se siente insegura aun dentro de su casa.

Y en la economía se requieren inversiones, trabajo, ingresos, desarrollar un mercado interno que no crece porque no hay dinero ni tampoco expectativas de que la situación mejore. En ese terreno, renunciar a participar en grandes reuniones internacionales como la de la APEC es una tontería: todos van porque todos creen que tienen algo que ganar o por lo menos que defender. Problemas tienen todos los países y por ende todos los mandatarios, si no habría que preguntarle a Barack Obama o a Vladimir Putin qué hacían en Beijing.

Hay una tendencia en nuestro país, afianzada a lo largo de muchos años, desde 1994 para ser exactos, de subestimar la inserción global de México en el mundo. Se percibe en muchos políticos que muestran una ignorancia supina respecto a lo que sucede en el mundo (o incluso en candidatos que se vanaglorian de no haber casi viajado al exterior), en los medios que hace años que no tienen secciones internacionales de real peso, en una opinión pública que considera cualquier acción internacional como superflua o parte del turismo político o parlamentario.

Valoramos la presencia de México en el mundo mucho menos de lo que el mundo valora la presencia de México. Y no terminamos de comprender que cuanto menor presencia tengamos en el mundo, cuando menos comprendamos en la sociedad, los medios o en el mundo político lo que sucede en el planeta y cómo está cambiando todo por las nuevas tecnologías y la globalización, cada día estaremos más rezagados. Si no estamos bien informados e integrados, tampoco le podemos exigir con certidumbre a los gobiernos que aprovechen esas oportunidades correctamente. Estaremos perdidos en un bosque de la China.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 13 de noviembre de 2014).

Si bien Jalisco no tiene las condiciones sociales de los estados del sur, estamos muy lejos de estar blindados. La pobreza y la exclusión social son realidades que están presentes en todos los rincones del estado.

Llevamos muchos años administrando la pobreza, haciendo como que hacemos pero sin resolver el problema de fondo. Son muchos años en que los pobres ven sólo las migajas del presupuesto, aquello que queda después de pagar a una burocracia cara e ineficiente, atender las demandas de los grupos de poder, gastar en obras electoreras y atender a las clientelas.

Si de verdad queremos blindar al estado de posibles conflictos sociales tenemos que empezar por reorientar el gasto, lo mejor para los que menos tiene. Antes que pavimentar Acueducto o Ávila Camacho, por poner 2 ejemplos recientes, hay que darle infraestructura a las colonias de la periferia; hay que hacer que la infraestructura cultural y educativa vaya a las colonias y comunidades más deprimidas; que los mejores policías y la mejor vigilancia esté en las zonas de mayor marginación; que el alumbrado público nunca falle en las calles de los que llegan a casa a pie; que los burócratas trabajen para los más pobres, en lugar de despreciarlos y hacerles la vida imposible; que la justicia llegue a los que menos tienen y que la portación de cara deje de ser delito.

Si queremos dejar de asustarnos hay que comenzar a ocuparnos.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de noviembre de 2014).

Los campos de disputa en las relaciones Estado-sociedad que Ayotzinapa hace emerger son:

  1. La impunidad política creada por la connivencia entre cárteles del crimen organizado y distintos órdenes y poderes de la república, así como del sistema político y de partidos;
  2. la crisis de gobernabilidad proveniente de la incapacidad del Estado para brindar seguridad a toda la población;
  3. la corrupción del sistema judicial que hace inoperante la procuración e impartición de justicia, la inoperancia de la Ley de Víctimas, que abandona a familiares y población afectada sin la debida restitución de daños;
  4. la vulnerabilidad y debilidad en la aplicación de las leyes electorales, para evitar la penetración de los poderes fácticos del dinero, incluyendo al crimen organizado;
  5. el creciente debilitamiento de los organismos públicos autónomos, particularmente de las comisiones estatales y nacional de Derechos Humanos, que son colonizados por el reparto de cuotas de poder entre los poderes políticos y partidistas;
  6. la ineficacia de las políticas de seguridad pública, por estar centradas en la represión, sin esfuerzos proporcionales en la investigación policial, en políticas de prevención, ni en la comprensión y actuación frente a la raíces estructurales de la violencia. Ejército y Marina, realizan así tareas que competen a la policías;
  7. criminalización de la protesta pública, sin asumir las demandas emergidas desde la vida cotidiana de quienes se sienten afectados por diversas políticas gubernamentales y sin capacidad de escucha.

Jaime Preciado Coronado
(v.pág.19 del periódico Milenio Jalisco del 14 de noviembre de 2014).


Los pactos políticos han demostrado su ineficacia y que los dividendos de los mismos siempre quedan en esa frontera burocrática entre ricos y pobres que vive de la demagogia y las migajas que dan a las clases bajas mientras presionan y chantajean a las acomodadas.

La clase política, los líderes sindicales, los empresarios tramposos, los activistas de sillón, los políticos mezquinos buscan el hueso y las influencias para sostener la plutocracia.

Gonzalo Oliveros
(v.pág.19 del periódico Milenio Jalisco del 14 de noviembre de 2014).

El grupo gobernante y toda la clase política profesional es corresponsable de esta época de barbarie en la que estamos sumidos en México, una barbarie con cerca de 300,000 muertos y desaparecidos, y casi 2 millones de desplazados por violencia y despojos.

De arriba no vendrán las soluciones, pero en este momento de abajo tampoco se están encontrando los caminos adecuados para salir de esta barbarie.

Rubén Martín
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 15 de noviembre de 2014).

Es un cansancio de años, generacional, que ahora estalla después de décadas de aguantar, de esperar, de confiar, de creer, de cumplir...

Esto se suma a pendientes añejos e históricos, dolores enquistados que volvemos a notar y a sentir. Los mismos jóvenes, muchachos que ni siquiera vivieron aquellos hechos, ahora los recuerdan: la matanza de 1968; la de junio de 1971; Aguas Blancas, Acteal, Atenco, Morelia (los petardos en la celebración del Grito en 2008 que dejó 7 personas muertas); los niños de la Guardería ABC de Hermosillo; los jóvenes de Villas de Salvárcar, Chihuahua; los 72 migrantes hallados en fosas en San Fernando, Tamaulipas; los 300 desaparecidos desde 2011 en Allende, Coahuila; los muertos en el Casino Royale en Monterrey; Tlatlaya, Estado de México... Ayotzinapa y las decenas de fosas con otros muertos sobre los que nadie ha explicado nada.

Más la indiferencia, el menosprecio, la minimización de las demandas desde la clase política; el tratar de cambiar una percepción generalizada e intentar hacernos creer que somos la mayoría los que estamos mal, o hacernos sentir hasta culpables: ¿cómo nos atrevemos a pensar así?

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de noviembre de 2014).

Exigir la vigencia del Estado de Derecho violando la ley nos puede llevar a perder la convivencia social civilizada.

La indignación es comprensible, la violencia injustificable. Las causas de la irritación social se localizan en la colusión de policías con criminales para atentar contra estudiantes inocentes, así como en la tardía respuesta de las autoridades federales y en la burda postura encubridora del partido político al que pertenecen las autoridades implicadas.

El politólogo Samuel P.Huntington acuñó a fines de los 60 del siglo pasado el concepto pretorianismo para designar con él, tanto la excesiva influencia de los militares en la política, como debilidad institucional con exacerbada politización de las fuerzas sociales que "se enfrentan desnudas, no reconocen ni aceptan instituciones políticas, ni cuerpos de dirigentes políticos profesionales para moderar los conflictos entre los grupos". Esto obliga a la intervención de los militares en la política, configurando el pretorianismo. Es decir, en México nos encontramos ya prácticamente en lo que podría llamarse como pretorianismo social, con una peligrosa tendencia a abarcar el concepto en su totalidad. Eso es lo que no ven los que justifican y azuzan las protestas sociales por los medios que sean.

Tan irresponsable sería desatar una escalada provocadora de violencia para obligar a la autoridad a utilizar la fuerza, como que la autoridad asumiera una actitud pasiva, de indiferencia, desdén, o hasta de hastío ante lo que está ocurriendo.

Ciertamente, el Presidente de México es el responsable de la seguridad y de las fuerzas armadas, pero no exijamos que se comporte como jefe de la policía, sino como jefe de Estado. Empero, dejar de actuar como policía no implica asumir una actitud vacilante o menospreciante. Hoy México requiere que su presidente actúe como jefe de Estado.

Hacerlo, obliga a situarse por encima del conflicto y con una visión de largo plazo evitar que México se convierta en la Pretoria de América. Supone dar golpes de timón para resolver los problemas que hoy en día amenazan con destruir la estabilidad política y la paz social:
  1. fomentar la cohesión social;
  2. fortalecer el Estado de Derecho;
  3. mejorar la seguridad;
  4. combatir la corrupción y la impunidad.

Javier Hurtado
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de noviembre de 2014).


En México existe la percepción de un exceso de libertad "con manifestaciones descaradas de anarquía" donde no hay límite, lo que ha generado en la población una depresión social que podría llevar a la autodestrucción, advirtió el arzobispo de Morelia y Responsable de la Pastoral Educativa de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Alberto Suárez.

Recordó que la libertad no consiste en hacer lo que se nos viene en gana, sino en el autodominio, entendiendo que debemos tomar acciones respondiendo a los demás, viviéndola en la red de relaciones en la que vivimos, comenzando con la familia.

(V.pág.10-A del periódico El Informador del 16 de noviembre de 2014).

El argumento es tan fácil como falaz. ¿Por qué te quejas de los bloqueos y las agresiones? ¿Qué harías tú si se hubieran llevado a tu hijo? No tienes corazón. Los padres tienen derecho a protestar.

Por supuesto que los padres de Ayotzinapa tienen derecho a pedir justicia. Como los padres de los 22 de Tlatlaya. Y los padres de los 72 de San Fernando. Y los padres de los 15 de Villas de Salvárcar. Y los padres de las víctimas del Pozolero. Y los padres de los 22,322 desaparecidos que la PGR contabilizaba apenas en agosto. Y los padres de las 22,732 víctimas de homicidio doloso que el INEGI registra para el 2013.

Pero una cosa es protestar por la falta de seguridad y justicia en el país, por la falta de un Estado que cumpla con sus principales obligaciones, y otra muy distinta agredir a terceros inocentes como se ha venido haciendo de manera sistemática. La injusticia no se combate con injusticia.

Quienes encabezan los actos de agresión contra la población lo saben, pero su objetivo no es conseguir justicia. Quieren aprovechar el secuestro y presunta ejecución de los 43 normalistas de Ayotzinapa para promover su causa y derrocar al Estado mexicano. Los bloqueos y actos de violencia son una estrategia para exasperar a la población, provocar el uso de la fuerza pública y generar nuevos mártires para la causa. Es una estrategia cruel, pero que ha resultado eficaz en el pasado. "La revolución es imposible sin una situación revolucionaria" escribió Lenin. "La revolución no se hace sino se organiza".

Fuera del país, la idea generalizada es que México está en llamas. No sorprende. En las noches los noticiarios de televisión llevan información sobre los hechos de Iguala y las imágenes de los bloqueos y quemas de edificios públicos o vehículos. Da la impresión de que el pueblo mexicano entero se ha unido en un esfuerzo para derrocar con violencia a un gobierno corrupto y asesino. La cobertura no aclara que, aunque el gobierno pueda ser impopular y la mayoría de los mexicanos puedan sentirse indignados por lo ocurrido en Iguala, los grupos que están protagonizando los actos de agresión contra los ciudadanos son pequeños.

Fuera del país se espera que pronto ocurra en México un episodio similar a las revoluciones de la llamada primavera árabe de 2011. No hay simpatía ni por Enrique Peña Nieto ni por el gobierno del PRI. Así como cayeron los gobiernos corruptos de Túnez, Egipto y Libia, así debe caer el de Peña Nieto. Las imágenes de la lujosa Casa Blanca no han ayudado a proyectar la imagen de un Presidente honesto y capaz, del Salvador de México. Nadie apunta, sin embargo, que ninguno de los países de la primavera árabe está hoy mejor que antes. Sus economías y sistemas políticos han sufrido retrasos importantes. Pero los desastres de la postrevolución son menos atractivos para los medios de comunicación que las llamas de la revolución.

Al final los revolucionarios buscan el poder y cuando lo obtienen no son mejores que sus predecesores. "El revolucionario más radical se hará conservador al día siguiente de la revolución" advertía Hannah Arendt.

Los grupos que recurren a la violencia para protestar quieren aprovechar la tragedia para conquistar el poder. No es una situación inédita. Los revolucionarios saben que deben aprovechar los momentos de debilidad de los gobiernos y el gobierno mexicano hoy muestra gran debilidad. La protesta violenta es un arma que ha funcionado muchas veces en el pasado para crear la "situación revolucionaria" que promovía Lenin. Y el gobierno de Peña Nieto parece paralizado ante una situación que lo ha rebasado.

Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango en línea del 17 de noviembre de 2014).

La gente quiere cambios, operación y abandono de lo que percibe como parálisis, para avanzar en su seguridad y su economía cotidianas. Hoy ambas se ven vulneradas.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 17 de noviembre de 2014).

La situación política nacional es grave y no parece haber perspectiva de mejora inercial. No todo ha sido causado por el debilitamiento progresivo de las instituciones del Estado, pero es posible asegurar que este proceso es uno de los motivos sobre los que se han montado diversos oportunismos, desde el crimen organizado hasta las pandillas que medran en los partidos.

El régimen político constitucional es una estructura que perdió la capacidad de cohesionar, coordinar y controlar a los gobernantes en un conjunto gobernable de acuerdo con la legalidad. No son la democracia y el pluralismo que la caracteriza en México los causantes de este debilitamiento, sino la persistencia de modalidades de gobernanza caducas que corresponden a tiempos ya pasados. Podemos mencionar varias de ellas: la penuria fiscal que postra al municipio, la hipertrofia del poder de los gobernadores, la irrelevancia de las legislaturas estatales, la corrupción de jueces y magistrados, la ineficiencia del Ministerio Público, la corrupción e ineficacia de las policías. La lista puede completarse también por arriba: una jefatura de estado que no lo puede dirigir por caminos de gobernabilidad, un legislativo que emite leyes cuyo destino y eficacia es por lo menos incierto, una Corte Suprema rebasada en su capacidad para constitucionalizar el orden jurídico y poner orden en la impartición de justicia. A ello hay que sumar violencia e impunidad que agravian a millones de personas sometiéndolas a la zozobra y el desamparo.

No habrá salida fácil de la presente situación. Se requieren decisiones políticas de fondo para sentar las bases de una mejoría, y la 1a. es empezar por cumplir y hacer cumplir la legalidad de manera tangible.

A los sectores de la sociedad movilizada debe responderse con un claro propósito de modificar los impedimentos a la gobernabilidad democrática. Algunos de ellos son resistencias sociales injustificables y violentas, como las de la CNTE o modalidades de violencia como la de los grupos anarquistas o la de la CETEG en Guerrero. Pero esos grupos no representan el sentimiento de la mayoría que, si bien está indignada, espera respuestas a la altura de las circunstancias.

No es exagerado decir que podemos estar ya en una carrera de las instituciones contra el tiempo. Si quienes las encabezan no admiten con rigor que han evadido o que su accionar ha sido insuficiente para la reconstrucción del edificio, podríamos atestiguar un deterioro de la legitimidad política cuyas consecuencias pueden ser desastrosas. Debemos mirarnos en el espejo de Venezuela y de Ecuador en las que el derrumbe de las clases gobernantes dio paso a experimentos populistas que revirtieron la democratización de sus estados nacionales.

Francisco Valdés Ugalde, director de Flacso en México
(v.pág.20-A del periódico El Informador del 17 de noviembre de 2014).

Asusta que el Presidente se sienta atacado y responda como una presa arrinconada, pero sobre todo que quienes están tomando decisiones y asesorando a Peña Nieto no entiendan que el acelerado proceso de descomposición política no puede venir de un "afán orquestado" sino de una acumulación de problemas no resueltos, expectativas frustradas, ineficacia del gobierno (éste y los anteriores), y una profunda corrupción que va más allá de la cultura de la mordida y que tiene que ver fundamentalmente con la colusión de las autoridades con el crimen organizado, con los monopolios empresariales, con monopolios sindicales, con intereses creados, etc., en detrimento del interés común. Se puede o no estar de acuerdo con el paquete de reformas y con el modelo de país que está planteado el Presidente, pero no se puede pedir a nadie que esté de acuerdo con la ausencia de seguridad, la incapacidad del Estado para encontrar a 43 estudiantes secuestrados por elementos de la policía, con la evidencia de corrupción en la cancelación de un concurso de 58,000 millones de pesos y la sospecha de una casa blanca que lo único claro es la opacidad de su origen.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de noviembre de 2014).

La indignación general por la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Guerrero ha abierto la posibilidad de que los movimientos armados intenten reactivarse y reclutar nuevos miembros, tomando ventaja del sentimiento de agravio que cunde ahora entre muchos jóvenes mexicanos y aprovechando la turbulencia de un ambiente infestado de milicias armadas, grupos de delincuencia organizada, funcionarios corruptos y agencias de seguridad abusivas e impunes.

Algunos de esos grupos podrían sentirse animados a abandonar su estado de células dormidas, unirse con otras células y acumular fuerza para futuras acciones armadas. En un estudio reciente de Jane’s, una empresa de análisis de seguridad, las células dormidas mexicanas, integradas cada una por unos 15 elementos, podrían tardar 5 años en obtener capacidades reales de realizar operaciones armadas contra el gobierno local, estatal o federal.

La vigilancia tan cerrada de los servicios de inteligencia en universidades y centros de estudio afectó sus sistemas de proselitismo y redujo la posibilidad de reclutamiento.

Ante la dificultad de reclutar y entrenar nuevos integrantes, los movimientos armados podrían buscar alianzas con grupos de la delincuencia organizada que han sido diezmados por el gobierno y que pueden representar una oportunidad de acumular rápido fuerza y capacidad armada.

Reclutar estudiantes puede ser una actividad de alto riesgo para los grupos insurgentes, pero aliarse con criminales resentidos con el gobierno, curtidos y entrenados en la clandestinidad, pudiera representar una ventaja.

La variedad de formas de ejercicio de la violencia en México hace posible la formación de alianzas nuevas e inesperadas. Los grupos del narco se alían y se combaten entre sí en forma intermitente. La influencia de grupos criminales en las autoridades locales parece existir en por lo menos 250 municipios. Si a eso le agregamos la actividad de grupos de autodefensa y de grupos paramilitares, tenemos entonces un escenario complejo de resolver en el país.

El país necesita evidencias de que el gobierno federal esté tomando pasos para reducir la violencia, desmantelar las alianzas entre autoridades y grupos criminales y disminuir la impunidad en las violaciones cometidas por policías y soldados. Las respuestas ambiguas e ineficientes del gobierno aumentan la posibilidad de que más estudiantes se radicalicen y que los grupos insurgentes intenten salir de su condición dormida.

Jorge Luis Sierra, especialista en Fuerzas Armadas
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de noviembre de 2014).

En materia política, la apertura democrática nos colocó en la posición de rehenes del pluripartidismo que se encuentra en proceso de consolidación, y de paso nos oprime y asfixia con sus pugnas y reestructuraciones internas.

Nuestra frágil y tambaleante economía, víctima del saqueo de políticos y financieros, se globaliza para compartir la suerte mundial asida a la tabla de salvación del vecino del norte.

En materia de seguridad sufrimos el peor deterioro después de la revolución, que culminó hace 100 años y que celebramos el 20 de noviembre. Estamos inmersos en el caos de una revolución no declarada en la que se enfrentan fuerzas de narcotráfico, crimen organizado y población civil, que toma las armas para defenderse ante la tibieza de las autoridades. Las víctimas de esta pre revolución se cuentan por decenas de miles, la cifra varía según la fuente de información, por lo que no se sabe a ciencia cierta cuantos son los muertos y cuántos los desaparecidos.

En Guerrero ya empezó la insurrección, las autoridades estatales no despachan en sus oficinas porque están tomadas y, ellas hacen lo que Benito Juárez, despachan en donde andan. Un documento del CISEN indica que el Ejército Popular Revolucionario movilizó a la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación. Las policías comunitarias que se asientan en el corredor indígena que cruza Chiapas, Oaxaca y Guerrero, es donde operan las guerrillas de Tendencia Democrática Revolucionaria del Ejército del Pueblo; el Comando Justiciero 28 de Junio y las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, entre otras.

A los grupos que piden la renuncia del Presidente, debe aclararse que eso tampoco resuelve el problema. Lo que se necesita es cambiar de raíz el sistema judicial, que es lo que hizo Italia con la mafia de La Cosa Nostra, por eso en vez de matar políticos, mataban jueces, pero finalmente se logró controlar la mafia pero no desaparecerla.

Luis Jorge Cárdenas Díaz
(v.pág.18-A del periódico El Informador del 20 de noviembre de 2014).

Hay una serie de movimientos y grupos que son utilizados por distintas fuerzas para operar cotidianamente, generando una y otra vez, actos violentos que, para colmo, quedan siempre impunes. Desestabiliza la violencia y contribuye a ella la impunidad.

Prudencia (una virtud que preserva la vida pero no la hace dichosa, dice algún clásico) parece ser la palabra predilecta desde el poder en estos momentos. Porque lo delicado de la situación lo exige, pero también porque pareciera que se duda sobre qué ruta seguir: y el espacio entre la prudencia y la duda lo ocupa el vacío.

La prudencia marca también la cancelación de los eventos del aniversario de la Revolución, incluyendo el tradicional desfile, mientras se entregará la Ciudad de México a los manifestantes (y a los vándalos) sin que intervenga autoridad alguna para no ser calificada de imprudente.

Pero el hecho es que la gente lo que está esperando son las acciones que logren darle la vuelta al proceso desestabilizador, a la violencia y también a la impunidad.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 20 de noviembre de 2014).

Más allá de las imágenes “apocalípticas” que proyectan de México, los estrategas del desastre no están tomando en cuenta un factor clave: al infundirle miedo, gran parte de la sociedad no verá con malos ojos que se abran las nefastas puertas de la represión...

Carlos Marín
(v.primera plana del periódico Milenio Jalisco del 21 de noviembre de 2014).

Si algo ha quedado claro con los acontecimientos que se han presentado desde fines del mes de septiembre pasado es que las estructuras institucionales, los gobernantes, los líderes políticos, la comentocracia, los voceros de la "sociedad civil" y sus discursos se encuentran completamente desfasados de la realidad.

Decir que el responsable de la desaparición de los jóvenes normalistas "fue el Estado", expresa la responsabilidad que los 3 órdenes de gobierno tienen del caso.

Cuando se plantea la exigencia de la renuncia del Presidente de la República como solución a los problemas, no está claro si los que quieren su salida aceptarían como substituto automático al actual secretario de Gobernación; y posteriormente al Presidente Sustituto que elija el Congreso de la Unión, de conformidad a lo establecido en el artículo 84 de la Constitución.

Cuando en un país un problema se convierte en problema de Estado y éste no tiene capacidad para resolverlo en el marco de la Constitución y de las instituciones sólo hay 2 salidas: una revuelta popular o un golpe de estado, o ambas a la vez. Por eso, es muy diferente entender la seguridad pública como función de Estado a visualizarlo como problema del Estado. Los problemas que tenemos son de gobierno o de gobiernos -si se quiere- y derivados de un deficiente o anacrónico diseño constitucional, pero no del Estado.

Javier Hurtado
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de noviembre de 2014).

Le han puesto al país una trampa. Es imperioso que los delincuentes dejen de seguir ganando espacio en las calles, pero sobre todo en la opinión pública. La recuperación de la gobernabilidad debe empezar en el terreno de las ideas y de la conciencia nacional.

Beatriz Pagés
(v.pág.11-A del periódico El Informador del 22 de noviembre de 2014).

¿Qué está pasando realmente en México? ¿El gobierno no puede con la delincuencia? ¿El gobierno está sometido por la delincuencia? O todavía peor: ¿el gobierno se ha aliado con la delincuencia? Si la policía captura inocentes y los entrega en manos de los delincuentes, ¿cuál de las 3 hipótesis planteadas es la correcta? Diríamos al menos que un buen porcentaje de policías y sus mandos están sometidos a los criminales. Y si un gobernador no sabe lo que pasa en su Estado, y si sabe, no lo puede controlar, se diría que el gobierno es incapaz de solucionar el problema; entonces ¿quién lo va a resolver?

La Gendarmería Nacional de reciente creación se publicitó como una gran respuesta a la demanda social de seguridad y justicia, pero si un gendarme afirma que cuando capturan a tal o cual delincuente, basta con una llamada de celular del capturado para que les ordenen soltarlo, ¿qué piensa la nueva y flamante gendarmería sobre todo de este asunto, vale la pena arriesgarse?

Eventualmente criminales con menos "palancas" caen en manos de la justicia; tampoco es un problema, basta que un leguleyo advierta errores nimios en la integración del expediente, para que de inmediato un juez leguleyo dicte auto de formal liberación. De lo contrario el criminal tendrá la oportunidad de seguir operando desde la propia cárcel, donde además de nuevos cómplices aprenderá nuevos recursos y sabrá de nuevas formas de relacionarse con el gobierno en sus tres niveles.

La impunidad resultante se demuestra por el hecho de que mientras medio país anda en marchas y protestas por el asunto de Guerrero, no por ello la delincuencia ha dejado de operar: secuestros, chantajes y ejecuciones se siguen dando por todas partes. Sufre la sociedad, pero la empresa delincuencial se mantiene en boga y saludable.

De igual forma, las protestas por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa cuestiona la ausencia de protestas por los 2,113 desaparecidos en Jalisco, por las balaceras de la semana pasada en Lomas del Batán, el asesinato de comandantes policiacos, alcaldes, exalcaldes, un diputado federal y centenares de civiles en todo el estado. ¿Qué hipótesis puede explicar lo que ocurre en Jalisco?

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 23 de noviembre de 2014).

El país, la sociedad, los partidos, las instituciones, el gobierno, en los medios, necesitamos una tregua. Hay demasiada violencia, demasiado rencor, demasiada desazón y pesimismo en el ambiente político, económico y social, y cuando ello ocurre esos sentimientos se pueden mantener por años y envenenar la vida de más de una generación. Destruir una nación.

El país necesita una tregua: la tesis de agudizar las contradicciones, se escuchaba muy bien cuando los maoístas lo aplicaban en su tesis de la guerra popular prolongada y hoy algunos, que poco o nada tienen que ver ni con el maoísmo ni siquiera con la izquierda, pero que tampoco comprenden que esta realidad tampoco nada tiene que ver con aquella, no comprenden que agudizar las contradicciones, se haga desde la izquierda, el centro o la derecha, acaba con las democracias y sólo le abre el paso a los populismos autoritarios, que siempre terminan pareciéndose o siendo una dictadura, más allá del ropaje con el que se vistan.

Se requiere una cesación de hostilidades políticas porque si no, no habrá espacio para realizar los ajustes que la situación política, económica y social requiere y mucho menos para que maduren las reformas estructurales que se han aprobado en los últimos años.

Se necesita una tregua en la política porque estamos yendo, más allá de los aciertos, errores, verdades y mentiras que se esgrimen cotidianamente, hacia lo que se llama un sistema de aniquilación mutua asegurada. La verdad es que nadie, ningún partido político, está íntegramente libre de sospechas, desconfianza, debilidades, actos de corrupción, reales o supuestos. Pero la consigna enarbolada por aquellos que piden "que se vayan todos", no comprenden o no quieren comprender que eso significa que alguien se queda y que no sólo las cosas no cambian sino que suelen empeorar.

¿Para qué entonces una tregua política? Para poder establecer acuerdos constitucionales que permitan sacar adelante reformas sobre el estado de derecho, la justicia y la lucha contra la corrupción que no saldrán mientras las fuerzas políticas estén acusándose unas a las otras en forma virulenta. No debe ser tampoco un acuerdo entre partidos sino entre poderes e instituciones, donde todos participen. Y no hay tiempo: si esas medidas, que todos sabemos cuáles son, no toman identidad propia rápidamente, se contaminarán con el proceso electoral y la respuesta será la parálisis.

Pero se necesita también una tregua económica. El Inegi acaba de dar a conocer una encuesta de ingresos de la población y el resultado es aterrador: hoy sólo 7% de la población gana más de 10,000 pesos mensuales. Y paradójicamente ese 7% es el más castigado, además, por las medidas fiscales en curso. Se necesita darle celeridad a la propuesta del jefe de Gobierno capitalino, Miguel Mancera, de incrementar los salarios mínimos al mismo tiempo que se declara una tregua fiscal que permita mayores deducciones a los causantes y que en el terreno empresarial permita aligerar algunas de las restricciones a la consolidación. Y de la mano con ello se deben acelerar las inversiones públicas y las condiciones para las privadas.

Una tregua de estas características no tendría porqué ser eterna. Sería, como toda tregua, por un espacio de tiempo, una suerte de política económica de emergencia. ¿Por cuánto tiempo? Digamos que 2 o 3 años, antes de que lleguen las nuevas elecciones presidenciales pero también la fecha que es cuando se supone que las reformas estructurales comenzarán a cristalizar en resultados tangibles. Se puede hacer todo: ajustar la política, luchar contra la corrupción o abatir la inseguridad, pero si la gente sigue sin sentir que su economía no mejora, si sigue sintiendo que no tiene dinero en su bolsillo, si los hijos siguen viviendo peor de lo que vivieron sus padres, todo eso servirá de muy poco.

Por supuesto que habrá quienes no estén en absoluto interesados ni en una tregua ni mucho menos en establecer acuerdos. Hay quienes piensan que cuanto peor estén las cosas, es mejor... por lo menos para ellos. Pero son una minoría aunque hoy pareciera que esas minorías le están dictando la agenda a las mayorías y la razón es simple: cuando no se sabe hacia dónde se va, decía Séneca, ningún viento es favorable. Y hoy no hay claridad, ni en el gobierno ni en las oposiciones, para decirle a la gente hacia dónde vamos.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.16-A del periódico El Informador del 24 de noviembre de 2014).

Lo ocurrido con los provocadores que reventaron la marcha del jueves ejemplifica bien quienes apostarán por una u otra vía. Ahí están quienes se quejan de que haya habido detenciones, quienes dicen que es una barbaridad enviar a estos jóvenes a prisión, hay personajes políticos que se han prestado a pagar sus fianzas, y hay quienes, como Miguel Barbosa, el presidente del Senado, han dicho que preservando el derecho a la manifestación, a los provocadores hay que identificarlos, acusarlos, detenerlos y castigarlos.

Apostar a cualquier otra cosa es hacerlo a la desestabilización. Pensar que ese proceso no existe es creer que no hay intereses afectados por las recientes reformas o por decisiones de poder, que están participando en la radicalización de las protestas legítimas, o en su manejo mediático.

Hay que insistir en que no es solamente el Estado de Derecho, la seguridad y la corrupción lo que debe atenderse. La situación económica es crítica para darle vialidad a esa agenda. Con todo y el caso Ayotzinapa, a la mayoría de la gente, como lo demuestra la encuesta de BGC y asociados que publicó ayer Excélsior, la economía les preocupa más que la seguridad y ello no quiere decir que la seguridad esté muy bien, sino que la situación de la economía cotidiana es, para muchos desesperada.

Apenas ayer se informó que la inflación el mes pasado fue del 4.6%, el viernes se reconoció que se debía reconsiderar a la baja la tasa de crecimiento, que si bien nos quedará en cerca del 2%. Los salarios no crecen, al contrario y los empleos tienen un crecimiento marginal respecto a las necesidades. Las movilizaciones y protestas se han dado, sobre todo, en el DF, Guerrero, Michoacán y Oaxaca, también en Chiapas, Morelos y en el Estado de México. Pero quien haya ido recientemente a Monterrey o Guadalajara, a cualquier ciudad sobre todo de la frontera norte, quien hablé con empresarios o profesionistas de cualquier lugar de la república, comprenderá que el enojo va más allá de la muy justificable indignación por el caso Iguala, y se alimenta de la falta de perspectivas económicas. Eso no se puede solucionar por decreto, pero sí se puede, por decreto, aligerar a la gente en una coyuntura tan difícil.

El punto es operar ahora para poder recuperar mañana.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 25 de noviembre de 2014).

Hay una molestia profunda, combinada con frustración, amargura y de muchas formas, rencor. Las clases medias están incendiadas, los ilustrados despliegan una retórica de odio, el grito se enfoca en el presidente Enrique Peña Nieto, que es acusado -sin razón alguna- de asesinar a 43 normalistas de Ayotzinapa, y le exigen cuentas o, como reivindicación ante la nación, que renuncie.

¿Qué es lo que nos está pasando? ¿Por qué estamos tan enojados? ¿Qué tantos agravios se han acumulado durante cuánto tiempo para que el crimen abominable de Iguala transformara a México en un Krakatoa post-industrial? Las manifestaciones por ellos han sido un crisol de grupos interesados y miles de personas espontáneamente sumadas a la protesta. Pero sin importar cuál es el detonante social, político o emocional que los moviliza, ahí están, en las calles, confrontando al Presidente, como emblema, se podría alegar, del Estado Mexicano.

¿De qué protestan? De lo que sea. Contra la impunidad y la corrupción, por la inseguridad y la economía, por la insatisfacción y decepción de sus líderes que no les resuelven sus problemas. También porque no hay alumbrado y las calles están llenas de baches, porque la vida debe transitar entre mordidas y corruptelas, y porque las vacaciones se convirtieron en una decisión sobre salir o no ante la posibilidad de que las carreteras estén tomadas por quien quiera hacerlo. Porque las calles son del que más grite, y porque se ha perdido la certidumbre. ¡Qué difícil es ser ciudadano en México! Vivimos en el mundo de los incentivos cruzados o invertidos, y nos indignamos impotentes.

Las encuestas reducen la inconformidad a la inseguridad y la economía, insuficiente para entender lo que está pasando en esta sociedad que grita por la destrucción de sus sueños rotos. Ni inseguridad ni depresión económica como en muchas otras partes del país había en Baja California Sur cuando los vientos de "Odile" desnudaron la furia y el resentimiento contra todo lo que representaba al status quo, y a quienes veían como tenedores de la riqueza. Parecía que la lucha de clases encontró en los balnearios más caros de México su Palacio de Invierno.

24 días antes de la noche trágica en Iguala, aquí se escribió que lo único que estaba fuera del control de Peña Nieto y podía alterar la buena marcha de sus planes, era el humor social de los mexicanos. Desde junio, la empresa Nodos reflejaba el malestar con el gobierno. La comunicación se encontraba en su nivel más bajo de atención y credibilidad, lo que significaba que los mensajes del gobierno, no fueron escuchados, y a aquellos que sí lo fueron, no les creyeron. Las reformas no impactaron en la población en general y lo que el gobierno celebra, dijo Nodos, no representaba beneficio claro para los ciudadanos.

Peña Nieto es el pararrayos de lo que parece una larga cadena de agravios que en Iguala salieron del subconsciente. Redescubrimos al villano que no exorcizó los lastres del pasado. En menos de dos meses, materializando en él lo que no podemos explicarnos o identificar en qué momento se evaporaron nuestros sueños, estamos tan enojados con el Presidente que lo usamos como chivo expiatorio. No es inocente del todo. Su gobierno es excluyente y es más pública la corrupción. Pero del problema de la crisis de todo y de todos, no es el autor intelectual. Es bastante más complejo que ello, aunque no tenemos ninguna respuesta que explique por qué ésta es una sociedad impregnada de rencor.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.11-A del periódico El Informador del 27 de noviembre de 2014).

Si nuestro país no es "fallido", definitivamente como Estado está reprobado, pues las instituciones que deberían procurar seguridad, justicia, bienestar, educación y mejores formas de convivencia sí están fallando, y son las que conforman el concepto de Estado. Las estadísticas no mienten, y no hay una sola de ellas en que nuestro país salga bien librado: el Estado mexicano está reprobado en seguridad, impunidad, hambre, pobreza y son muy cuestionables los resultados en educación cuando vemos el porcentaje de egresados de las instituciones de educación superior respecto a los que ingresan a la primaria, y de ese número de profesionales quiénes trabajan realmente en lo que estudiaron y cuántos gracias a sus estudios han logrado un aceptable nivel de bienestar, y más allá de las aulas no existe el concepto de orgullo o amor por el país. Y todo este sistema "reprobado" está aderezado por un cáncer que sustrae recursos y destruye la confianza: la corrupción, que absorbe el 10% del Producto Interno Bruto.

Lo que seguramente enojó al gobierno de Peña Nieto de las declaraciones de Mujica es que México no es un Estado del todo fallido, pero sí está muy cerca. La verdad no peca pero incomoda.

No es gratuita la indignación a todos niveles que nos ha provocado el caso Ayotzinapa y su manejo. Creemos que va mucho más allá de la desaparición y probable ejecución de los estudiantes guerrerenses. Quizás es la gota que derramó el vaso ya bastante lleno. Debajo de esa desaparición subyacen todas y cada una de las carencias del Estado: ahí está la corrupción, la injusticia, la inexistencia del Estado de derecho, la miseria y pobreza , y la marginación de millones de jóvenes que no tienen ni tendrán inclusión en proyectos culturales, sociales y económicos. Y la impunidad: indigna que con todos los recursos económicos y técnicos con que cuenta el gobierno, aún no se haya dado con toda la trama que llevó al final trágico de los jóvenes, y sobre todo con los actores, que deberían de estar ya pagando por su crimen y exhibidos ante los medios de México y el mundo.

Ojalá y la renuncia del Presidente y sus equipo resolvieran el problema, pero después vendrían otros muy parecidos que seguirían manteniendo el estado de las cosas, porque el problema es el sistema en que los políticos viven y operan para servirse y no para servir.

Hoy el descontento seguirá creciendo en la medida en que el Presidente no adopte el papel de estadista, dimensione el tamaño del descontento por tantas y tantas cosas, y empiece a generar las respuestas que todos esperamos, y que haga algo por recuperar un poco la confianza en él y las instituciones, porque de no ser así este barco seguirá yéndose a pique.

Pablo Latapí
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 27 de noviembre de 2014).

Los hombres-masa se conforman y saturan todos los ámbitos de la vida moderna, se reproducen a sí mismos a un ritmo aterrador que ahoga en su marea agresiva todas las personalidades calificadas, que son sostén y fortaleza de una sociedad... El repulsivo fruto de las masas se hace presente en todas partes. Todo aquel que sea capaz de ver la realidad, tiene a mano una serie de datos inequívocos acerca de cómo nos asalta lo vulgar, lo chabacano, lo ramplón; de cómo nos domina la violencia, de cómo nos sumerge lo irracional; el desafío a todas las tradiciones que estructuran la cultura; el culto a la grosería y a la agresividad; el gusto por el estruendo; el gregarismo fundador en los mas deleznables elementos y, en fin, la pertenencia a toda la contracultura del consumo. Los progenitores, se han inclinado vencidos abdicando de la autoridad moral, ante una juventud que el día de mañana se convertirá en legiones de viejos inútiles con un pasado vacío, en una masa de lesionados físicos, intelectuales y morales.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de noviembre de 2014).

La época del ciudadano Kleenex ha llegado a su fin. Es decir, ese ciudadano que es "usado una vez y es desechado". En América Latina, México es uno de los países donde los canales de participación se encuentran más cerrados. No existe hoy en día a nivel federal, ningún mecanismo vivo para preguntarles a los ciudadanos por su opinión en distintos temas. Ya no hablemos de Suiza en donde los ciudadanos acuden a las urnas por lo menos 5 veces al año para votar por distintos temas.

Para acabar de empeorar la situación, ya sea por error de los legisladores o por una interpretación sumamente estrecha de la Constitución, la Ley de Consultas Populares quedó en letra muerta tras las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Si bien en otros casos importantes, la Corte ha tenido una visión mucho más progresista y más sistémica de los problemas, en el caso de las consultas decidió jugar conservador y regresarles el problema a los diputados. Se necesita otra reforma constitucional para hacer de la participación un derecho auténtico.

Hoy en día la mayoría de los ciudadanos en México conciben al voto como su único acto político (nuestras tasas de participación en elecciones presidenciales son comparables con democracias consolidadas. Arriba del 60%). Si revisamos los datos de asociacionismo a nivel nacional, nos damos cuenta que somos un país apático a la hora de defender causas colectivamente: solamente 6% de los mexicanos ha participado alguna vez en una manifestación y sólo 2% ha participado en una huelga. En lo relativo a asociaciones u organizaciones, la participación más alta se da en entidades religiosas y sólo alcanza una membresía activa de 10%. 9 de cada 10 mexicanos nunca ponen en su vida un pie en una organización. Hay que decirlo, la baja participación política es un fenómeno inercial en nuestro país que nos remonta al viejo régimen. Una especie de entendido: el ciudadano se dedica a su vida y los políticos a las decisiones. Una 2a. transición debe romper este círculo vicioso que impide la consolidación democrática.

Enrique Toussaint
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 30 de noviembre de 2014).

El desafío, hoy, es la economía.

La gente no tiene dinero, no le alcanza, a quienes pagan impuestos el fisco lo está ahorcando porque la economía no crece pero sus obligaciones sí, las clases medias están en el límite. Se necesita antes de fin de año otro decálogo, pero éste económico, que sirva como una tregua y un respiro, mientras las reformas comienzan a dar frutos.

El presidente Peña llegó a Los Pinos porque fue, por sobre todas las cosas, un gobernador eficiente y logró trasmitir esa cualidad cuando el país reclamaba mejores resultados y ese es hoy su mayor desafío. Pero esos resultados la gente, hoy, los quiere en el corto plazo, en el día a día, y ellos pasan, sobre todo por su economía cotidiana.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 1o.de diciembre de 2014).

En el caso de México faltaría un ingrediente: por ahora los indignados no tienen guías fidedignos -un líder moral, por ejemplo- que ayuden a discernir la verdad de la mentira.

Pablo Majluf
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de diciembre de 2014).

Ver los cartones en los periódicos con la imagen del presidente Peña Nieto, el peso mexicano y el precio del petróleo en caída libre puede causarnos gracia, pero es sólo el reflejo de una de las cosas más preocupantes que le ha pasado a México y a su economía en muchos años; las consecuencias aún no se sienten, pero con seguridad no serán leves.

El daño a la imagen presidencial difícilmente será reversible, sobre todo si vemos un presidente nervioso, desarticulado y sobre todo, falto de creatividad para remontar las dificultades.

El precio del petróleo lo tenemos protegido por medio de coberturas por un tiempo, así que habrá que ver cómo evoluciona el mercado y qué deciden hacer los productores de la OPEP con tal de que no les crezca la competencia en Norteamérica. Mientras tanto, en aquellos países cuyos precios de los combustibles están en función del precio del mercado petrolero, los consumidores están gozando de importantes ahorros, pero no es el caso de México que aún le faltan otro escalón en la escalera de los "gasolinazos".

Lo del tipo de cambio obedece por un lado a la fortaleza del dólar, pero por otro a la salud de las finanzas públicas. En estas la recaudación ha subido, y aun así, curiosamente, la deuda pública ha aumentado, así que mientras no se aplique una política de austeridad a fondo y se racionalicen las nóminas del Sector Público y muchas otras prácticas presupuestales, el temor de un regreso de la inflación estará latente.

En síntesis, el rumbo se ha perdido en muy poco tiempo y las tenebrosas aguas del desempleo que se sigue acumulando cada año, la impunidad y la carencia del Estado de Derecho, la corrupción y la falta de transparencia, hacen más difícil mantener la nave a flote, estable y con rumbo claro.

A esto se suma que a río revuelto ganan los pescadores y ahí los tenemos, los buitres de la política degustando la carroña que gobernantes y gobernados hemos ayudado a destazar.

No hay más solución que regresar a lo básico: austeridad, exigencia, orden en el cumplimiento de las leyes, finanzas públicas responsables y ahora sí, legalizar la producción de drogas para controlar a qué mercados se dirige y que sean los mismos productores quienes jalen a sus ejércitos de criminales a enfocarse en su negocio y reconstruir la paz. Los que queden fuera de esto, que enfrenten la justicia.

(V.Razón y Acción del 6 de diciembre de 2014).

Es la desigualdad. No le demos más vueltas: el gran problema de este país es la distribución de la riqueza. Ricos cada día más ricos, impúdicamente ricos, y pobres cada día más pobres, lastimosamente pobres. El problema es que en los últimos años la clase política ha concentrado su esfuerzo en colarse ellos mismos al 1er. grupo y no, como debería ser su chamba principal, en diseñar políticas para equilibrar a Este país, hoy en la cumbre de la crispación.

Un estudio de la OCDE sobre el beneficio social del gasto público demuestra que en México el quintil (20%) más pobre de la población recibe sólo 9% de los beneficios del gasto público, mientras que el quintil de mayores ingresos se queda con el 58%. En Australia, para darnos una idea, el quintil de mayores ingresos se queda sólo con 3% de los beneficios mientras que los de menores ingresos reciben 43% de éstos.

Es decir, el Estado Mexicano no sólo no cumple con la función de ser un factor de redistribución de riqueza sino que es en sí mismo un creador de desigualdad.

Otro dato de la misma fuente, confirma que México es el país en el que la pobreza disminuye menos después del gasto. El efecto del gasto sobre la pobreza, medida antes y después del pago de impuestos, es de apenas 2 puntos porcentuales, mientras que en países como Italia o Alemania la reducción es de más de 25 puntos.

Discursos como el del presidente Mujica este fin de semana resultan muy incómodos para el poder, sea el político o el económico. Frases como "hay que meter la mano en la bolsa de los ricos" para generar igualdad pueden sonar muy fuertes, pero no hay de otra. Para que el Estado cumpla con su función de darnos seguridad y generar condiciones de equidad tiene que reorientar el gasto y los subsidios, pero sobre todo tiene que tener claro que esa y no otra es su chamba.

La desigualdad es la primera y la mayor de las violencias.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de diciembre de 2014).

Iniciando el mandato de Enrique Peña Nieto, volviendo el priismo a "la grande" tras 2 sexenios panistas, la maquinaria de imagen se desbordaba sobre un Presidente que llegaba avasallante de acuerdo a los números electorales, y con una proyección de liderazgo que le hacían verse como el salvador de México.

El salvador, sí, por su espíritu reformista que supuestamente vendría a superar errores que los ex presidentes blanquiazules habían cometido; desde un pasivo Fox que había pasado su gestión "nadando de muertito", a un Calderón abriendo la lucha contra la delincuencia organizada.

La soberbia política se hacía patente en el nuevo Presidente y su gabinete preponderando al ver de arriba para abajo la menospreciada realidad del país. Creían tener la fórmula mágica para que la nación, una vez aplicadas las reformas estructurales, se convirtiera pujante, competitiva y productiva en la búsqueda de condiciones mejores de vida.

Un pacto político con el resto de los partidos sería la varita mágica que al leve giro de la mano presidencial, solventaría todo lo que solventarse se debiera bajo un tenor internacional de alabanzas permanentes -económicamente con generosidad recompensadas en un marco publicitario sin precedentes-, que pondrían al país en el pandero.

Así, todo se solucionaría. Se PECABA de prepotencia, sin pensar que la PENITENCIA pondría la realidad que en el hoy se padece.

El envanecimiento nublaba la visión de un México convulsionado con manos conspiradoras meciendo la cuna de un complot por desestabilizarlo, intereses políticos personales y partidistas en franco menosprecio de una ciudadanía inmersa en un ambiente de inseguridad nacional, con un crimen organizado predominante y predominando claramente infiltrado en el poder, que tiene a la realidad nacional como la tiene.

Tardaron mucho en darse cuenta que el complot de traición para el país, se había iniciado desde que las aspiraciones políticas de quien y quienes venían ambicionando el poder a costa de desquiciarlo, tomando fuerza con el control de nuevos partidos, y advirtiéndolo desde que Peña Nieto recibió la banda presidencial.

No lo supieron ver.

Y si lo vieron, no le dieron la importancia y la trascendencia que en esencia y fondo tenía.

Ahora se ve y se padece que, aunque les cueste reconocerlo, el país se les salió de las manos.

La problemática nacional está a la vista y a los ojos del mundo.

Las marchas de gente, cientos y miles de rostros tristes, decepcionados, hartos, desesperanzados y dolidos, es la imagen de un México que no ha podido ser "salvado" en la proyección de un Estado que ha fallado desde que el detonador, Iguala, se oprimió provocando el estallido.

La pasividad exasperante de una autoridad ostentada pero no ejercida, hace que la paciencia llegue a una situación de agotamiento.

La duda me asalta, que se esperen más derramamientos de sangre como muestra por demás visible y palpable del afán implacable para deslegitimar al gobierno en una acción que han tardado mucho, muchísimo en descubrir y percatarse de las consecuencias que a lo largo y ancho del territorio nacional se padecen.

Los actos vandálicos bajo una orquestación perfecta -los atrapan y los sueltan en la expresión de impunidad más campante-, que aprovechan las cadenas de marchas y protestas, son la acción criminal del complot.

El "colage" de anarquistas mercenarios, guerrilleros financiados por el hampa organizada, con sindicalistas de la educación manipulados por la mano de una reclusa sentenciada por corrupción, y la otra mano desde un partido político, mueven la resobada cuna desestabilizadora, teniendo en juego el futuro de México, de nuestro país, de nuestra tierra, de nuestra nación.

El pecado ha sido mortal... Que no lo sea la penitencia.

Francisco Baruqui
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de diciembre de 2014).

El debate sobre el caso de los normalistas de Ayotzinapa representa una acumulación, es el andar recolectando problemas sin resolver.

Lorenzo Meyer, historiador
(v.pág.4 del suplemento "Regional" de La gaceta de la Universidad de Guadalajara del 8 de diciembre de 2014).

México va a cambiar cuando...

Alguien nos ha convencido a los mexicanos de que el problema de la corrupción es histórico, cultural, genético... bueno no falta quien diga que la corrupción tiene pasaporte mexicano. El mismo Presidente de la República lo dijo en un programa de televisión. Podemos alegar hasta el cansancio sobre el tema, pero lo cierto es que ese discurso que convierte a la corrupción en algo inevitable es el que mejor le viene a los corruptos. No lo digo por el presidente, aunque aún estamos esperando una explicación creíble de la "casa blanca", sino por todos los políticos y empresarios que han hecho sus fortunas bajo la fe de que el que no es transa no avanza.

Ni México es corrupto por naturaleza, ni todos los mexicanos somos corruptos por el hecho de ser mexicanos, ni existe un gen español que mezclado con los nativos nos hizo esencialmente corruptos. La corrupción existe por 2 motivos: por la profunda impunidad que impera en nuestro sistema de justicia y porque los ciudadanos somos muy tolerantes, por miedo, desesperanza, apatía, comodidad, por la razón que sea, con los corruptos.

El PAN cometió muchos errores durante la transición, pero los 2 más importantes fueron no haber aprovechado el momento para refundar, vía una nueva Constitución, al sistema político, y no haber podido, o querido (el resultado es el mismo) enfrentar la corrupción.

La reconstrucción de la credibilidad del presidente Peña Nieto pasa en una gran medida por dar una respuesta a la crisis derivada por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, pero fundamentalmente por la respuesta que dé al tema de la corrupción. Ciertamente no es poniendo a su mujer a dar explicaciones y vendiendo la casa como la opinión pública va a perdonar el tema. Vender la casa ayuda a "desaparecer la evidencia", pero no reconstruye la credibilidad. Se requiere un cambio sustancial en el discurso pero sobre todo en las acciones, en las políticas públicas anti corrupción. Un poco de humildad en el equipo de gobierno sin duda ayudaría (aunque a juzgar por la declaración de Aurelio Nuño, la mano derecha del presidente, siguen sin entender que no se ponchó una llanta, se tronó el motor) pero se requiere mucho más que eso para salir del hoyo: lo que está en juego es la confianza.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de diciembre de 2014).

Desde que Lucio Cabañas se fue a la sierra hace 47 años para tomar las armas y romper por esa vía la miseria y la marginación, Guerrero ha vivido una convulsión permanente que hoy, sus herederos, ven como el principio de ese cambio para convertirlo en una región autónoma gobernada por comunidades indígenas.

Es una apuesta alta, utópica en términos federales, improbable y casi se podría decir que imposible. No lo ven así los arquitectos de esa meta, que ante el agotamiento del pretexto de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, escalaron sus demandas. Ya no de justicia, sino políticas, en el prolegómeno de un invierno de mayor confrontación, violencia y provocación.

Ya no es la lucha armada que escogió por impotencia Cabañas, el maestro rural formado en Ayotzinapa.

Hoy, sus discípulos optaron por una revolución blanda.

Se puede argumentar que en Guerrero, los grupos armados -cuyo núcleo es el EPR-, su frente de masas -organizaciones civiles, sociales y de derechos humanos, junto con colectivos de abogados y productivos-, y el eje multiplicador de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación -la CETEG es parte de la disidencia que tiene en la Sección 22 en Oaxaca su motor rebelde-, están desarrollando con éxito esta estrategia.

Toman casetas y la Autopista del Sol, con lo que al estrangular el turismo en Acapulco, voltean a los empresarios contra el gobierno federal y hacen que las cancillerías del mundo exijan a Los Pinos seguridad para sus ciudadanos. Incendian objetivos estratégicos para que las cámaras de televisión registren las llamas en el Palacio de Gobierno y el Congreso de Guerrero, y saquean y destrozan tiendas y propiedades de empresas multinacionales, para que el gran capital reclame. Como nadie los detiene, la incubación de la idea de un estado hobbsiano, ingobernable, avanza aceleradamente en el mundo.

En el exterior están los resortes de la presión internacional, con las cancillerías pidiendo la aplicación de la ley, y las organizaciones no gubernamentales que financian, reclamando al Estado mexicano que la aplique sin reprimir. Es la lucha del débil contra el fuerte, donde el débil es el bueno y el fuerte, sin legitimidad. Las imágenes son de paralización, pese a que los poderes, aunque a tropezones, siguen funcionando sin interrupción. La revolución blanda en Guerrero gana terreno. Este martes se pudo apreciar la sintonía de los discursos entre grupos que, bajo la misma causa legítima de justicia por el crimen contra los normalistas, dibujan para dónde van.

En el Senado, los padres de las víctimas de Ayotzinapa, en voz de uno de los papás, Felipe de la Cruz -el más radical y beligerante de todos [y quien según informa el periodista Jorge Fernández Menéndez, "no tiene ningún familiar que haya sido víctima en Iguala ni en ninguna otra circunstancia"]-, y del abogado Vidulfo Rosales -cercano al ERPI-, afirmaron que no hay condiciones en Guerrero para que se celebren elecciones el próximo año.

¿Qué tiene que ver la justicia en Ayotzinapa con un proceso electoral dentro de casi 6 meses?

En Chilpancingo, la CETEG aseguró que deben desaparecer los poderes en Guerrero, donde además, no hay condiciones para las elecciones. Hoy sí hay, de acuerdo con el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, pero los grupos antisistémicos trabajan aceleradamente para construir la destrucción.

Mientras en el Senado descalificaban a los representantes federales y los rechazaban como interlocutores, en Chilpancingo los maestros disidentes secuestraron a dirigentes de los partidos de izquierda y a funcionarios electorales locales, a quienes humillaron e hicieron desfilar con pancartas de "Fuera Peña" y "en el PRD somos ratas". La sesión del Consejo Electoral de Guerrero fue interrumpida con violencia, y como los órganos electorales estaban "clausurados", dijeron, no habría elecciones hasta que no aparecieran los 42 normalistas cuyo paradero y destino aún se desconoce oficialmente.

La causa legítima de Ayotzinapa es como el combustible restante de la revolución blanda. Necesitan presionar al gobierno federal y a las instituciones con impedir las elecciones, como la siguiente fase de la estratagema.

En este momento todos los grupos antisistémicos están unidos en la misma lógica de trastocar el orden legal y administrativo en Guerrero. Pero el objetivo es distinto -aunque pueden convivir-. Por un lado, los grupos armados buscan crear un corredor indígena que cruce Chiapas, Guerrero y Oaxaca, que sea un ente autónomo de la federación. Por el otro, la disidencia magisterial pretende la abrogación de la Reforma Educativa y que sea ella la que mantenga en esos mismos estados -a los que se uniría Michoacán- la rectoría educativa, con recursos y prebendas del gobierno federal.

Impedir que haya elecciones, como lo plantean públicamente ahora, es sólo un paso más en la estrategia.

Para el gobierno federal nada de esto es un secreto, pero no han mostrado capacidad y reflejos para impedir que la revolución blanda les vaya arrebatando, día por día, Guerrero.

Llevan 76 días consecutivos de derrotas.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.14-A del periódico El Informador del 11 de diciembre de 2014).

Hasta donde recuerdo, digo, nunca como ahora ha sido tan grande la distancia que separa al Presidente de la República de los ciudadanos. Siempre ha habido separación entre ellos: el sistema presidencialista bajo el cual hemos vivido desde el antepasado siglo hace del presidente en turno el gran tlatoani que preside los destinos de la nación -así, en plural, se dice-, y lo aleja del común de los mortales. Sin embargo hoy por hoy la brecha que separa al Presidente de los gobernados es tan enorme que algunos dicen es insalvable ya. La desconfianza se ha apoderado de la ciudadanía; cualquier palabra o acción del Presidente es recibida con escepticismo. No cabe duda: lo de la tristemente célebre "casa blanca" fue un golpe al plexo solar del régimen. No comparto las tesis de quienes en vista de la situación proponen soluciones extremistas o convocan a gestas revolucionarias. Pienso que debemos seguir en la vía del ejercicio democrático. Me preocupa mucho, sin embargo, el abismo que se ha abierto entre Peña Nieto y la gente común. La presencia del mandatario se da sólo en las cúpulas, en actos de mero protocolo, puramente cosméticos o publicitarios, sin ningún contenido popular, vale decir sin ninguna verdad real. No pretendo que el Presidente vaya al box los sábados como hacía López Mateos, o que cabalgue días enteros para llegar a un villorrio de Chihuahua, a la manera de Lázaro Cárdenas, pero creo que debe acercarse al pueblo, con necesaria prudencia en un principio -ahora no está el horno para bollos-, y luego con mayor intensidad. Urgen al mismo tiempo obras de bien comunitario que convenzan a la gente. Quizá todavía sea posible esa credibilidad sin la cual es imposible hacer un buen gobierno.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico Milenio Tamaulipas en línea del 11 de diciembre de 2014).

La situación en que se encuentra México no se resolverá con dejar pasar el tiempo, ni con el silencio de las instituciones, señaló el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan N.Silva Meza; agregando ante el ejecutivo de la nación: "La única ruta a seguir debe ser la de respetar y hacer valer los derechos de las personas: ese es el camino de las soluciones constitucionales; ese es el camino en el cual no hay regresión". Y con esta declaración dio directa respuesta a quienes desde el poder político intentan acallar, olvidar o desacreditar la voz ciudadana que se expresa contra la inseguridad, la corrupción y la impunidad.

Lo dicho por el presidente de la SCJN, en su 4o. informe de labores, que fue escuchado por el ejecutivo, el presidente del Senado y el presidente de la Cámara de Diputados, fue una llamada de atención: "Los lamentables acontecimientos que ha vivido México, son motivo de dolor nacional y de profunda indignación, dentro y fuera de nuestras fronteras: violaciones graves a los derechos fundamentales, cometidas por quienes deberían brindar seguridad a la población".

Mensaje de la SCJN ante el cual funcionarios, legisladores y el ejecutivo, deben saberse advertidos por la más alta magistratura del país.

México está sumando desconfianzas, la policía, el aparato judicial, las televisoras, los legisladores, el ejecutivo, los partidos, las elecciones, la justicia, la economía y, ahora, la educación, pues sólo en Chilpancingo y Acapulco han cerrado 198 escuelas por secuestros contra estudiantes y maestros.

Es por ello que el presidente de la SCJN advirtió al ejecutivo: "El reconocimiento de los problemas sociales, económicos y de justicia y la determinación de hacerles frente, será lo que podrá devolver la paz a un México, hoy, lastimado". Y no pretendiendo que el olvido y el silencio hagan la tarea.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 13 de diciembre de 2014).

¿Cómo se nos pudrió el pueblo bueno? ¿Qué le enseñamos y qué le permitimos y qué derechos se tomó con apoyo o al menos omisión de la autoridad y la falta de crítica?

  1. En Oaxaca los appos bloquean calles y carreteras, destruyen y roban comercios, queman edificios históricos. Tienen permiso del gobierno.
  2. En Guerrero los normalistas bloquean la autopista a Acapulco varias veces cada año, todos los años, asaltan camiones repartidores de cerveza y golosinas. Con sus teléfonos celulares, lo dicen sobrevivientes del 26 de septiembre, organizan robo de autobuses para ir a cumplir misiones de "lucha". Exigen plaza automática al concluir estudios que no hacen. En diciembre de 2011, en un bloqueo de la autopista, prendieron fuego a la gasolinera que se negó a venderles gasolina para fabricar molotovs y así quemaron vivo al trabajador Gonzalo Rivas cuando intentaba cerrar las válvulas para que no estallaran los tanques y volaran en llamas centenares de coches, autobuses de pasajeros, camiones que aguardaban el fin del bloqueo. A 3 años no hay investigación y Gonzalo es un héroe olvidado.
  3. El PRD sabía los antecedentes de su candidato a la alcaldía de Iguala, José Luis Abarca, apoyado por Lázaro Mazón, candidato de López Obrador a gobernador de Guerrero.
  4. Pero también los conocía la gente que votó por Abarca, como sabía que su esposa venía de familia de narcos, Guerreros Unidos, y que abofeteaba subordinados. El pueblo, libremente, votó por él. Y ganó.
  5. La PGR conocía los lazos del alcalde y su esposa con el crimen. Pero el PRD estaba en el Pacto por México, negociando las reformas que resultaron aprobadas. Ir sobre su alcalde criminal era perderlo como aliado. El presidente lo evitó. Sabía todo porque para eso es el CISEN, pero además porque hubo denuncia de René Bejarano contra Abarca.
  6. Dejamos pasar peores crímenes porque no eran estudiantes: el 16 de noviembre pasado publicó aquí Román Revueltas: "Una tarde de marzo de 2011, en el poblado de Allende, situado en la región de Los Cinco Manantiales de Coahuila, se aparecieron 40 camionetas tripuladas por sicarios de la organización criminal Los Zetas y, a lo largo de varios días, saquearon casas, incendiaron locales y se llevaron detenidas a más de 300 personas -entre ellas mujeres y niños- que no han vuelto a aparecer". No hubo: "Vivos se los llevaron, vivos los queremos". Y pregunta Revueltas: "¿Dónde estaban todos ustedes"... los indignados de hoy?
  7. Los 2 crímenes de San Fernando, Tamaulipas, suman unos 500 asesinados. Tampoco eran estudiantes de una normal que ha producido guerrillas famosas, sino pobres que trataban de llegar a Texas para trabajar. No robaron autobuses: se subieron al tren de carga La Bestia. Los masacraron criminales a los que no pudieron pagar el precio del cruce ilegal a EU, o no se unieron a sus bandas o algo que no sabemos porque nunca se levantó una ola de indignación que exigiera: Vivos llegaron, vivos los queremos. Solo eran pobres en busca de trabajo. No hubo conmoción internacional ni espontáneo irrumpiendo en el premio Nobel de la Paz. Nada. Muertos y enterrados en fosas clandestinas.
  8. Héctor de Mauleón publicó en El Universal una crónica escalofriante: en 2009, estudiantes del Tec de Acapulco de entre 18 y 23 años secuestraban condiscípulos. Por falta de pago los mataban y descuartizaban, metían los cuerpos destazados en bolsas y los desaparecían. Tampoco hubo manifestaciones ni la indignación puso fuego a edificios públicos. Nada. Nada. Nada.

El pueblo en masa es malo. Lo hemos visto en Canoa, Puebla; en Tláhuac donde la multitud quemó vivos a 2 investigadores; en Atenco, cuando rociaron de gasolina a los negociadores del gobierno y debió rescatarlos la fuerza pública (y fue "represión"). Alrededor de Iguala, buscando a los 43, se han encontrado fosas clandestinas llenas de cadáveres que, como no eran de Ayotzinapa, nadie buscaba.

Luis González de Alba
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 15 de diciembre de 2014).

Se requieren esquemas que incentiven las inversiones y revisar las disposiciones fiscales que encarecieron los costos de operación de las empresas formales, como el tope a la deducibilidad en las prestaciones laborales. Necesitamos también recuperar los estímulos a las aportaciones a fondos de pensiones y haberes del retiro.

Disminuir la tasa impositiva a las personas físicas, o aumentar sus posibilidades de deducibilidad, permitiría también que hubiera mayor capacidad de consumo, para reactivar el mercado interno. Si a ello sumamos la deducibilidad de las inversiones y la generación de más empleo, podremos lograr un mejor escenario para afrontar los retos del 2015.

Más allá de los esfuerzos para que la economía crezca, se requiere atender los reclamos de muchos mexicanos que se sienten agraviados por la corrupción, por la cultura de los privilegios y por el mal uso de los recursos públicos. Hay un reclamo que no están atendiendo los partidos políticos.

Muchos mexicanos sintieron decepción de que concluyera el periodo ordinario de sesiones del congreso sin que pudieran aprobarse reformas fundamentales para buscar soluciones de fondo en los asuntos que más preocupan a la sociedad, como el Sistema Nacional Anticorrupción que quedó congelado en la Cámara de Diputados, y el nombramiento del fiscal anticorrupción, que no se aprobó en el Senado.

Tampoco se aprobaron la creación del mando único en las policías estatales, los candados para las autoridades municipales bajo sospecha de estar capturadas por la delincuencia organizada, y la desvinculación del salario mínimo como unidad de cuenta en diversas leyes y ordenamientos.

Juan Pablo Castañón, presidente nacional de Coparmex
(v.periódico El Universal en línea del 19 de diciembre de 2014).

En el transcurso de esta semana se supo de más mansiones compradas por funcionarios mexicanos en condiciones sospechosas, en el poder legislativo se rechazó el proyecto de ley de transparencia y anticorrupción, continuaron las manifestaciones violentas e infiltradas en Guerrero por el asunto pendiente de Ayotzinapa; se desató un enfrentamiento fatal en Michoacán (11 personas asesinadas) y, entre muchos otros asuntos por el estilo que se registran en todos los ámbitos, niveles y órdenes, nada más a manera de ejemplo, en Jalisco la ley se aplica a discreción, dependiendo de si los funcionarios quieren o no les da la gana aplicarla.

La situación en México sigue siendo grave, por los hechos enumerados y por la situación económica que pinta para muy fea en el cierre de este 2014 y peor en el arranque de 2015. Pero para la clase política no pasa nada y todos estamos locos o paranoicos, si todo marcha sobre ruedas aun cuando la inversión extranjera haya caído igual que las expectativas de crecimiento y el dólar siga a la alza.

Difícil saber por dónde empezar porque todo es grave e importante, porque avanza el tiempo y desde los gobiernos (municipales, estatales y federal) la toma de decisiones no se concreta y se queda en puntos y ¿buenas? intenciones.

Este no querer ver y no querer darse cuenta de cómo están las cosas realmente es lo más grave. De pronto puede llegar a pensarse que todo lo hacen adrede, que saben bien lo que pasa pero de frente a la sociedad se preocupan por disimular -los priistas son los grandes expertos en la simulación y en guardar apariencias- y actúan y hablan como si México ya hubiera cambiado y estuviéramos entrando de lleno en el 1er. mundo.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de diciembre de 2014).

El caos parece ir ganando. Cada día la nota roja del transporte público, de las complicidades e inoperancias del congreso, de la ausencia de autoridad en las calles, de la corrupción galopante, de la sociedad anárquica, de las balaceras, los asaltos, las ejecuciones, las llamadas telefónicas, los secuestros conocidos, los detenidos en el CURVA, los escándalos de éstos y aquellos, la contaminación, el grito recio, intimidante, de las marchas y las protestas, el terrorismo mundial, las pandemias, la guerra de Isis, la de Ucrania, los atentados en Pakistán, la vida mutilada, saltando en pedazos contra las pantallas del televisor.

Armando González Escoto
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 21 de diciembre de 2014).

Tropezamos, una y otra vez, con la misma piedra. Ahí sigue estando, como una sempiterna asignatura pendiente, el tema de la educación: debido a la deficiente instrucción recibida, generaciones enteras de mexicanos tienen serias dificultades para entender el lenguaje escrito, para comprender instrucciones o para desempeñar tareas en un entorno laboral de creciente rigurosidad. Es cierto que ya se implementó una reforma educativa. Pero, hay organizaciones de maestros que no quieren someterse siquiera a las más mínimas exigencias para mejorar sus capacidades y que, por el contrario, reclaman airadamente que se les sigan otorgando las absurdas prerrogativas obtenidas en las épocas del corporativismo clientelar. Es verdaderamente asombroso que, en estos mismos momentos, esos grupos protagonicen acciones violentas de protesta y que, pretextando la defensa de sus intereses, dejen sin clases, cada que toca, a millones de pequeños en entidades como Oaxaca, Michoacán o Guerrero. Estamos hablando de una contravención mayor: la flagrante violación de los derechos de los niños de la nación mexicana. Y ¿quién los defiende, quién los ampara y quién los apoya? Pues, hemos visto que se quedan meses enteros sin escuela. Este país no sólo se ha envilecido por dejar que corra la sangre sino por desentenderse de lo más valioso que tiene, a saber, su infancia. ¿Tan difícil de resolver es un asunto de tan incontestable y apremiante importancia?

Pasemos al tema de la seguridad: Felipe Calderón emprendió una decidida batalla contra las organizaciones criminales. Se olvidó, sin embargo, de que los fiscales y los jueces que tenemos no necesariamente cumplen sus obligaciones con solvencia -por no hablar de unos cuerpos policiacos tan corrompidos e ineptos, en su mayoría, que fue necesario recurrir al Ejército y la Armada para que se encargaran de la tarea- y, miren ustedes (y a guisa de ejemplo), así de enterado como estaba el hombre, junto con la gente de su entorno directo, de que decenas de alcaldes y funcionarios de Michoacán se habían aliado con los delincuentes (algo que luego nos ha resultado más que evidente a los ciudadanos de a pie), así de inútil fue su maniobra de detenerlos en el llamado "michoacanazo": salvo un par de casos, no hubo casi manera de comprobar su conducta delictuosa y ahí andan ahora, ahí siguen, tan panchos y tan campantes mientras su comarca se cae a pedazos. Aquí sí que la tarea parece imposible: ¿cómo limpiar la casa? O, dicho en otras palabras, ¿cuánta gente hay que detener, en un primer momento, para luego enjuiciarla, juzgarla y dictarle severas penas de prisión? ¿Mil personas? ¿Diez mil o 50 mil? Eso de que los mexicanos somos mayormente buenos es tal vez cierto pero hay zonas de este país donde el porcentaje de canallas es demasiado elevado como para que se puedan garantizar las reglas de la civilización. Y, si al mero hecho de que los malnacidos ya están ahí añadimos la circunstancia de que el aparato legal con el que pudiéramos desactivarlos está singularmente podrido, entonces vemos la magnitud de la empresa. Ya no se trata únicamente de cortar el flujo de drogas hacia Estados Unidos (he dicho, varias veces, que la última de mis preocupaciones es que un manejador de fondos en Wall Street se atiborre de cocaína) sino de impedir que los cárteles de la droga, justamente porque su negocio tradicional se les está dificultando, secuestren y extorsionen a los indefensos habitantes de muchas comunidades.

Dentro de este panorama adverso, la economía parece una cuestión más solucionable; después de todo, la inversión extranjera sigue fluyendo, las reformas habrán de dar frutos a mediano plazo y México no ha dejado de ser una potencia industrial, a pesar de todos los pesares. En este sentido, debemos ser capaces de advertir las diferencias: no es lo mismo Aguascalientes que Guerrero y tampoco se pueden comparar los desempeños de Querétaro con los de Oaxaca. El drama de México es precisamente ése: es un país desigual que funciona a dos velocidades. Sin embargo, el furibundo pesimismo de los agitadores no sirve a la causa nacional y mucho menos la violencia de los vándalos. Y, admitiendo que la tarea de limpiar la casa parece prácticamente imposible, tenemos que reconocer que las cosas han mejorado inclusive en donde se creía que no había ya esperanza posible: ahí están, para mayores señas, Ciudad Juárez y Tijuana. También Nuevo León resurge luego de haber sufrido los embates de la delincuencia.

Por lo visto, la negatividad es también uno de los grandes problemas que enfrentamos. No propugno el optimismo idiota de los inconscientes. Pero, 2015 será mucho más amable para todos si dejamos de regodearnos en nuestros malignos denuestos.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco del 28 de diciembre de 2014).

Odio, ambición, envidia, resentimiento, protagonismo, xenofobia, es un México que da vergüenza... Nuestro país destila veneno.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de enero de 2015).

Por 1a. vez en muchos lustros y luego de demasiados abusos de todo tipo llevados a cabo por los representantes del poder, la ciudadanía está al tope y lista para, desde su sitio ganado cabalmente en la democracia, exigir un trato de respeto que incluya la garantía de seguridad y el crecimiento económico como las lícitas demandas.

Este año hay elecciones, lo que pone en la picota popular al hacer político y a los partidos; y a los votantes con el poder de decisión para dejar clara su postura y sus demandas.

Y estas demandas incluyen abatir la corrupción y, sobre todo, la impunidad. Porque nada crece cuando estas 2 bestias son dejadas sin freno; ningún erario basta, ningunos recursos son suficientes, ningún país, ni el que fue llamado cuerno de la abundancia, bastan. Y en los últimos años, ya más de 30, demasiados malos políticos, pésimos funcionarios y algunos tramposos empresarios le quitaron el bocado a los corceles de la corrupción y de la impunidad, dejando a México resquebrajado.

Porque el daño hecho al país ha sido profundo, muy profundo; porque la confianza se ha rasgado a fuerza de secuestros, violencia y de sangre, mucha sangre; porque si desde los años 80 México está en crisis, el actual abismo en el que han sumido al país resulta el punto final de ese gatopardismo conveniente, donde todo cambió para seguir igual y aun peor, a pesar de la supuesta alternancia, que sólo fue de nombres, jamás de haceres.

Porque bajo las actuales condiciones de inseguridad, crimen, delincuencia organizada, corrupción e impunidad y sus mortales efectos, aun el secretario de Hacienda reconoció que la inversión extranjera se ha alejado.

Sin seguridad y sin empleo el sexenio está perdido.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 3 de enero de 2015).

"Podemos" es el fenómeno político de 2014. Un partido político que en un año ha logrado colocarse como 2a. fuerza política de España en todas las encuestas. Más que un partido político, Podemos es una plataforma de jóvenes indignados, con una narrativa clara y con un proyecto, a veces utópico, pero bien fundamentado. No son unos chavos marcados sólo por la voluntad de cambio, sino universitarios que saben conjugar un proyecto honesto y transparente con la eficacia necesaria para gobernar. Un mensaje que reniega de los partidos tradicionales, pero no de la política; se aleja de la frialdad de los tecnócratas, pero valora la ciencia y el progreso; critican la "telecracia", pero son habituales de las tertulias políticas en las grandes cadenas de televisión; condenan la política del eufemismo tan acentuada en la clase política, pero saben de comunicación política y la importancia del mensaje claro y rotundo; denuncian a los poderes fácticos y a los "secuestradores" del Estado, pero buscan que su mensaje sea más de esperanza que de revancha o miedo.

"Podemos" nace en un contexto relativamente sencillo de dilucidar: la crisis económica de España. Es la consecuencia de la derrota del Estado por los mercados y los poderes fácticos, de la política de infiltración de los empresarios en las decisiones públicas y en la impunidad en la que actúan.

México enfrenta problemas más estructurales que España. Con algunas regresiones, pero España es una democracia que conjuga estado de derecho y rendición de cuentas. Si bien, los malestares denunciados por Podemos son ciertos, la realidad es que el entramado institucional es tan sólido que es capaz de sentar en el banquillo de los acusados a una hermana del Rey de España. También es capaz de procesar a decenas de políticos, alcaldes y diputados por corrupción, malversación de fondos o abuso de autoridad. Algo que difícilmente veremos en México, ya que los "peces gordos" de la política rara vez caen en prisión. Y aunque las comparaciones suelen tener algo de arbitrario, es posible delinear algunas enseñanzas que la experiencia de "Podemos" arroja para el caso mexicano.

En México, el discurso de casta aplica como "anillo al dedo". En nuestro país ha tenido distintos nombres desde oligarquía como lo llaman algunos académicos de izquierda hasta la "mafia del poder" como lo señala Andrés Manuel López Obrador, pero lo cierto es que sigue habiendo una pequeña élite que controla los flujos económicos, el acceso a los cargos públicos y los medios de comunicación. Los datos son dramáticos. El 1% de los mexicanos controla 43% de la riqueza de todo el país; el Banco Mundial ha señalado que en México todos los sectores estratégicos tienen una forma de operación oligopólica y estamos convertidos en un "estado de partidos" en donde las siglas partidistas deciden prácticamente todos los cargos públicos en los 3 poderes de gobierno y en todos los niveles. Es así, un país con una casta de unos pocos que son capaces de saltarse las reglas democráticas, torcer la economía e informar lo que en una mesa ellos decidan. Pongamos el calificativo que sea, pero la democracia sólo podrá germinar en un entorno de competencia económica justa y una élite que deba rendir cuentas a los ciudadanos. Mientras no haya una política distributiva, en lo económico y en lo político, la casta seguirá siendo un problema de primera línea para este país.

El desprecio por la arena electoral de los movimientos sociales ha coadyuvado para la construcción de un sistema aún más cerrado. Lo que el ejemplo de "Podemos" demuestra es que las plataformas de cambio son más incluyentes y eficaces cuando se toman en serio la democracia, las elecciones y la construcción de partidos políticos distintos. En México, muchos movimientos sociales o intelectuales de raigambre anarquista o filo-comunista, desprecian las elecciones por identificarlas como salidas liberales a problemas más complejos. La realidad es que las elecciones es la manera más equitativa y justa de dirimir las diferencias ideológicas en democracia. La aversión por las elecciones que muestra una parte de la izquierda en México sólo ayuda a configurar un sistema electoral con menos alternativas de cambio.

El problema no son los partidos políticos en esencia, nacidos para representar a la pluralidad emergente, sino su tendencia a convertirse en grupos de interés que se alejan de los ciudadanos.

La impunidad es el problema político más grave de nuestra incipiente democracia. Corruptos hay en todo el mundo, la diferencia es que las democracias avanzadas castigan a los corruptos y combaten con toda la fuerza del Estado la impunidad, mientras que los países de baja calidad democrática toleran la impunidad y hasta le encuentran una función política. Una clave del éxito de "Podemos" fue poner sobre la mesa el debate sobre la impunidad como el ácido que corroe las entrañas mismas de la democracia. Muy tarde entendimos en México que no hay democracia sin Estado de Derecho. Ningún proyecto de modernización sirve sin Estado de Derecho. ¿Cómo es posible que funcione una reforma energética como la propuesta por Enrique Peña Nieto si ni siquiera sabemos que las licitaciones irán a las mejores empresas y no a los amigos del régimen? ¿Cómo podemos pedir que se invierta más en programas sociales cuando tenemos sospechas de los objetivos electorales detrás de él? La impunidad debe volver al centro del debate político en México, con todo lo que implica: reforma al poder judicial, eliminar los fueros innecesarios, transparencia y control del gasto público.

El cambio difícilmente podrá ser enarbolado por aquellos que participaron directamente en la erosión de legitimidad de la transición que se agota sin esbozar respuestas. En México se necesita un partido político como "Podemos" que reivindique la política y el cambio desde la democracia, la pluralidad y las elecciones.

Enrique Toussaint
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 4 de enero de 2015).

Nuestros problemas sin duda son muchos, es difícil hasta empezar a enumerarlos, pero ninguno supera la caída de las expectativas por el deterioro de la economía cotidiana y eso en ocasiones no se entiende porque se ven las cifras macroeconómicas, sin duda positivas, pero sencillamente no se habla con la gente para ver cómo la está pasando o cómo espera que le vaya. Cómo se refleja la macroeconomía en la vida cotidiana.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de enero de 2015).

Obama y Peña están atorados en pensar que la seguridad de los mexicanos es combatir a los cárteles y arrestar a los capos. El asunto va más allá: es combatir la impunidad, fortalecer la procuración de justicia, fortalecer las instituciones encargadas de ello.

Carlos Loret de Mola A.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de enero de 2015).

México ha sido productor de materias primas desde siempre y sólo de eso... Los habitantes mismos han sido materia prima superior e inferior en otros tiempos. Parece una especie de fatalidad secundar a los otros en las formas más variadas.

200 años de Encomienda petrifican la actitud de unos y de otros: unos mandan y otros obedecen, unos usan y los otros son usados a discreción. En el siglo XIX se inicia el nuevo sentido del valor del hombre como unidad y como masa, esto es, materia prima con significación importante. De 1810 a 1910 transcurre un siglo de revueltas, de gobiernos, abuso, explotación, dictadura, intentos de liberación, de hacer respetar los derechos humanos, de matar y destruir, de integrar el sentido del 'Estado' y de la 'Patria', del derecho del hombre a la felicidad, de la ausencia de coerción religiosa, de la terminación de la explotación burda... Se acentúa así mismo la dilución del individuo dentro de la masa amorfa... traen lo francés a un pueblo que se muere de hambre, que tampoco lee, que no vive sino en forma vegetal. La etapa de la 'ciencia', la 3a. de todas, es impuesta para la salvación de este mundo de mitología, superstición, magia, animismo y analfabetismo.

Para el mexicano no resulta fácil entender todo esto, por qué están ahí esos señores, por qué no se van, por qué no se coloca mejor gente; lo cierto es que el pueblo no puede nada ni tiene nada. Se acostumbra al encanijamiento, al secundarismo y al ninguneo; acabará por creer que él no es nadie. Aceptará que podrán imponerle un gobernador, un cacique, un ministro, un presidente; acabará retirándose paulatinamente y aceptándolo todo con la natural disminución de sí mismo como individuo, como persona respetable.

Aniceto Aramoni
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 8 de enero de 2015).

Viendo las noticias de las últimas semanas se puede obtener una lectura clara de los mensajes que desde las cúpulas políticas se dan al país, más allá de las palabras. Ni combate a la corrupción, ni a la impunidad. Todo lo contrario. La simulación sigue, el trucado de la realidad prevalece y el trato a la corrupción parece el merecido regalo a quienes, en abuso de sus puestos, han hecho su agosto con el erario público.

Así, mensaje claro es la falta de esclarecimiento de las casas Higa. Y la asignación en Jalisco de obras multimillonarias a empresas fantasma, sin investigación y sin sanción.

Mensaje claro, cuando un delegado del Distrito Federal investigado por su -evidente- enriquecimiento ilícito, renuncia, no para que proceda la investigación, sino porque contenderá por una diputación federal con el beneplácito del PRI... Mensaje claro, cuando un coordinador regional del Infonavit, luego de regalarle a su vástago un costosísimo auto deportivo, presumido en redes, deja su cargo, no por mal manejo del dinero púbico, sino para buscar una diputación federal por el PRI. Y del PAN tenemos triste memoria...

Por ello, el analista Alfonso Zárate señaló: "Detrás de la descomposición que sufrimos está la certidumbre de los criminales de que nunca pagarán sus delitos".

Mensaje claro, cuando el PRD alega "no tener una bola de cristal" para saber qué harán sus candidatos en el poder, y se lava las manos del -aparente- vínculo con el crimen organizado de su presidente municipal en Soledad de Graciano, San Luis Potosí. Mensaje doloroso y claro, irresponsabilidad y colusión, en el caso Iguala.

Mensaje claro, cuando en Michoacán continúan aniquilando la poca credibilidad en las acciones del Estado para frenar al crimen organizado. Ciudadanía amenazada, ahora por partida doble.

Mensaje claro, cuando en Acapulco siguen en paro 100 planteles de educación básica por la inseguridad, sin que la federación, ni el etado hayan implementado un programa de protección a estudiantes y maestros, que pueda ofrecer garantías para reestablecer la vida en ese puerto, donde millonarias campañas de turismo mal maquillan el violento contexto.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 10 de enero de 2015).

El sacrificado de siempre.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 12 de enero de 2015).


No estamos demasiado lejos de la barbarie planteada por los grupos islamistas. En realidad estamos demasiado cerca. Ellos esgrimen una coartada religiosa que es tan falsa como cualquier fanatismo. En nuestro caso, nuestros criminales ni siquiera tienen que esgrimir algo que vaya más allá de sus propios intereses. Pero los nuestros también decapitan, secuestran, matan, lo hacen con absoluta frialdad y los objetivos son los mismos: exigen impunidad, y quieren sembrar el miedo, el terror, acabar con los mecanismos de respuesta social de una comunidad, un estado, un país.

Como los que actuaron en las Torres Gemelas o ahora en París, así lo hicieron nuestros propios terroristas en Iguala, y lo han hecho una y otra vez en distintos lugares del país, se pueden llamar Guerreros Unidos, Rojos, Zetas o Chapos, pero terminan actuando igual que aquellos que hoy el mundo civilizado repudia.

La pregunta es por qué no existe esa misma condena, de esa misma magnitud, en nuestro caso, por qué no existe una visión conjunta que vaya más allá de los partidos, las ideologías, los gobiernos. El caso Iguala lo demuestra: quienes son los asesinos en Iguala es claro, las causas, síntoma de la barbarie, también. La intención de politizar hasta caricaturizar el caso, de explotar a familiares hasta llegar a sustituirlos, de no querer aceptar una investigación que muestra con claridad lo sucedido, es como si en Francia en estos días hubiera quienes estuvieran organizando manifestaciones porque no se detectó la actividad de los asesinos del semanario Charlie Hebdo a tiempo, aun sabiendo que eran simpatizantes yihadistas; como si se estuvieran haciendo bloqueos culpando al Eliseo de haber provocado la muerte de los 17 jóvenes o simplemente diciendo que Hollande es el responsable directo de las mismas. Es como si se reclamara que los dibujantes o los clientes del supermercado atacado fueran presentados con vida cuando lamentablemente están muertos.

Todo eso hemos vivido en México en las últimas semanas: por supuesto que la sociedad francesa evaluará lo actuado por sus autoridades y premiará o castigará en las próximas elecciones ese desempeño, pero todos tienen claro (hasta el poco presentable Frente Nacional) quiénes son los verdaderos adversarios, contra quién hay que luchar. En nuestro caso no es así: todos hablan de la violencia, del crimen, pero no quieren enfrentarlo, ni se plantea un castigo estricto a quien vulnere las normas. Tenemos a los verdaderos responsables frente a nuestras narices y preferimos ver si la culpa la tuvo Calderón por combatirlos, Peña por no detenerlos a tiempo o el PRD porque Abarca y familia fueron sus candidatos. Todos ellos tendrán que asumir, para bien o para mal, sus responsabilidades políticas por sus decisiones o ausencia de ellas. Pero los enemigos son otros, están identificados, son públicos, actúan muchas veces con la impunidad que le dan los grupos que, de una u otra forma, los solapan o los usan para justificar sus propios crímenes e intereses. Y lo hacen apelando también a la violencia y la intolerancia. No terminamos de comprender que la nuestra es también una lucha de la civilización contra la barbarie.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 13 de enero de 2015).

El país en el que viven Peña Nieto y los gobernantes no es exactamente el mismo en el que operan la mayoría de los mexicanos. Es cierto que la economía informal sólo genera el 25% del PIB, pero ocupa al 60% de la población trabajadora. Son mexicanos que no pagan impuestos, que no usan un crédito bancario, que operan en el subsuelo institucional a lo largo del día, y todos los días. Una buena porción de sus actividades transcurre al margen de las normas y leyes que rigen la vida de los otros.

La vida de una persona como la del país y sus habitantes no podría explicarse sin esta dimensión oculta que afecta y condiciona la zona visible que recogen las estadísticas oficiales. Si la economía informal fuera un país y la formal otro país, en realidad la mayoría de la población de ambas naciones estaría viviendo en la frontera. No es que 60% de los mexicanos habiten el subsuelo de la informalidad y el otro 40% esté confinado a la punta del iceberg emergido. Todos van y vienen en sus trajines diarios para sobrevivir en una sociedad dominada por códigos formales, muchos de los cuales resultan inoperantes.

Incluso las clases medias y las altas que están en el padrón de contribuyentes o reciben correos de los bancos recurren a la informalidad cada vez que les resulta conveniente. Sea para comprar en el tianguis, adquirir piratería, pagar servicios domésticos en efectivo o simplemente para evadir impuestos. Pero también la república de la opacidad, los sectores populares, cruzan la línea y emergen a la zona iluminada. El comerciante del puesto de tacos de la calle o el dueño del taller clandestino va al banco a pagar el recibo de la luz y del celular o su servicio de televisión por cable.

El problema no es que existan varios Méxicos. Después de todo, si no contáramos con esa enorme válvula de escape que es el autoempleo, el país que conocemos ya se habría desintegrado por la incapacidad del sistema para ofrecer alternativas a la mayoría de sus habitantes. No hay sociedad capaz de sobrevivir si resulta inviable para el 60% de sus integrantes. Que se hagan viables a sí mismos en este universo paralelo termina siendo una bendición que conjura la pesadilla de la inestabilidad crónica, las revueltas o la desintegración.

El problema no es ése, sino el hecho de que se pretenda gobernar como si no existiese.

Escucho a Peña Nieto y a su gabinete y me da la sensación que sólo hablan y gobiernan para esa punta del iceberg en el que vive la minoría. O quizá estoy siendo injusto y no se trate de un desdén deliberado sino de un simple reflejo de impotencia. Las palancas y botones sobre el tablero de navegación con el que cuentan producen efectos solo en la zona institucional, y muy poco o nulo en el vasto territorio de la informalidad.

Hace unos meses leí el libro del venezolano Moisés Naim, El fin del poder, en el que da cuenta de la manera en que se ha descentralizado el poder en una miríada de factores. Los centros tradicionales son incapaces de conservar su influencia por las presiones internacionales cambiantes, las redes sociales, la circulación incesante del dinero. Incluso Obama en la Casa Blanca quedó paralizado por el Senado y los gobernadores y la compleja trama de intereses a los que sirven.

En el caso de México, la impotencia del gobernante aún es mayor. Una gran porción del territorio está sujeta a demonios inconsecuentes incluso consigo mismos. Se ha dicho, y con razón, que la tragedia del país reside en el hecho de que los cárteles de la droga no pertenecen al crimen organizado sino al desorganizado. Y si a esto añadimos el peso de este universo paralelo de la informalidad, terminamos por entender que el soberano es en realidad soberano de muy pocas cosas.

El riesgo es que la élite termine atrincherada, haciendo un gobierno de ficción detrás de las murallas que les separan de la mayoría de los mexicanos. Normas cada vez más exigentes de parte de Hacienda como si cada ciudadano tuviese un contador al lado y un servicio de banda ancha perfecto, discursos político dirigidos a otros políticos, decisiones de política económica para los sectores punta de exportación. Mientras tanto, cada vez más mexicanos se pasan a vivir afuera de las murallas, al margen de la vida institucional crecientemente hueca y ficticia.

Tengo la impresión de que en Los Pinos no se han dado cuenta de que la vida ya está en otro lado y no en los espejos cortesanos que rodean al presidente.

Jorge Zepeda Patterson
(v.periódico El País del 14 de enero de 2015).

No hay que perder de vista que el problema central que tiene nuestra economía es el lastre que representa su segmento más atrasado con millones de personas y unidades económicas que viven en el atraso y en muchas ocasiones en la informalidad.

Si hay que darle prioridad, allí está nuestro problema y no en la cotización del dólar.

Enrique Quintana
(v.periódico El Financiero en línea del 15 de enero de 2015).

El moche o el diezmo es un impuesto adicional que están pagando los empresarios de México. Casi siempre, se oye el reclamo en voz baja u off the record. Por eso, llamó la atención el mensaje de Ricardo Navarro, presidente de la Canaco DF, "cualquier oportunidad de negocios con el gobierno está expuesta a que se le solicite contribución por anticipado antes de ser asignada", dijo ante el presidente Peña Nieto.

Navarro pidió poner un freno a los moches, pero no recibió una respuesta concreta del mandatario. De él escuchamos algunas frases anticorrupción en su primer mensaje del 2015. Todavía está en el aire el primer compromiso que contrajo como precandidato: crear una agencia nacional anticorrupción.

2 años, un mes y 15 días han pasado desde la toma de posesión del Presidente. El máximo responsable del tema en el ejecutivo federal no tiene rango de secretario de estado, es un "encargado de despacho". Parece claro que la iniciativa y el impulso para el combate a la corrupción no vendrá de Los Pinos.

Hay un amplio consenso acerca de la necesidad de acabar con la simulación en el combate a la corrupción. Los empresarios no son los únicos que están hartos de la corrupción. Profesores, periodistas, contadores, ingenieros, médicos, choferes, campesinos, amas de casa, estudiantes... hasta políticos. Ocupamos el lugar 103 de 175 países en percepción de corrupción, de acuerdo al ranking que elabora Transparencia Internacional. La encuesta 2013-2014 del Foro Económico Mundial de Davos indica que la corrupción es el factor más problemático para hacer negocios en México.

¿Cómo romper el círculo vicioso? El gobierno de México no tiene problemas para firmar documentos donde se compromete a combatir la corrupción. El problema es el aterrizaje, la implementación o como ustedes quieran decirle. Desde 1997, nuestras autoridades firmaron, en el marco de la OCDE, un acuerdo para limitar y sancionar los sobornos y las malas prácticas. ¿Han sentido ustedes el efecto de la firma de este documento?

El reto es enorme, pero afortunadamente hay muchas cosas concretas que hacer. Transparencia Mexicana propone, por ejemplo, que se legisle para regular, prohibir y sancionar el conflicto de intereses. Extraño, como puede parecer, sigue siendo algo no contemplado por la legislación mexicana.

Luis Miguel González
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 17 de enero de 2015).

Los farsantes se dicen voces airadas del "pueblo de Guerrero" y avisan que éste les ha encomendado impedir elecciones democráticas mientras no aparezcan los 43 normalistas de Ayotzinapa. Nada mejor que imponer condiciones imposibles cuando una minoría decide asaltar un gobierno y, sobre todo, los dineros públicos del presupuesto. Tras eso van.

La exigida resurrección de 43 muertos sirve para implantar en municipios de Guerrero, su gobierno estatal y congreso, los equivalentes de los comités de lucha estudiantiles que se autonombran de una vez y para siempre, y cancelaron la democracia estudiantil desde 1969, en que sustituyeron a los comités de huelga.

La condición es insoluble, por eso la exigen: los normalistas fueron secuestrados, asesinados, carbonizados y sus restos tirados al río San Juan, que ya se los llevó al mar. Conclusión, nunca volvería a haber elecciones federales ni estatales en Guerrero hasta el Día del Juicio y su resurrección de los muertos. Eso desea quien se ha apoderado de la vocería de los padres con hijos asesinados la terrible noche del 26 al 27 de septiembre.

Cuando maestros que no dan clases, normalistas que no estudian, padres de familia que comen sin trabajar y vocero de los padres con hijo desaparecido que no tiene ningún hijo desaparecido roban un tráiler de doble caja y lo lanzan contra la reja del cuartel de Iguala, ¿qué buscan? Que el Ejército haga lo que sus normas exigen y dispare a matar. Habrían alcanzado su gozoso objetivo.

Así renovarán con cadáveres su intentona golpista, su robo del presupuesto de Guerrero y tendrán motivo para aullar, como La Llorona, por sus hijos caídos mientras lanzaban contra soldados un tráiler como ariete.

Luis González de Alba
(v.pág.3 del periódico Milenio Jalisco del 23 de enero de 2015).

No se vale que quieran involucrar a las fuerzas armadas porque el dicho de un padre de los desaparecidos, quien sin mostrar pruebas, afirma tener el celular de su hijo y que el GPS de ese equipo señalaba que había estado en las instalaciones militares. Si esto es así, ¿Por qué no entregar dicho equipo al Ministerio Público Federal que conoce el caso? ¿Cómo es que un celular propiedad de uno de los desaparecidos fue a parar a manos de su familia? ¿Era tan sofisticado el equipo que almacenaba la ruta y lugares del usuario? ¿Un alumno de normal rural puede comprar un equipo así de sofisticado? ¿Su padre lo sabe manejar y extraer esa información? ¿O es simplemente un truco más para seguir fastidiando al gobierno federal? ¿Qué necesidad de que visiten instalaciones militares a muchos kilómetros de distancia? Insisto, la dignidad de nuestras fuerzas armadas tiene límites, si las versiones de la Procuraduría General de la Republica son las más verosímiles, y soportadas con declaraciones de los involucrados, ¿por qué dudar de la averiguación cuando las declaraciones de todos los detenidos son coincidentes? Ahora ya ni en los peritos argentinos creen. ¿Qué ganaría el gobierno federal con ocultar a un irrelevante grupo, políticamente hablando, de estudiantes de 1er. ingreso de una escuela rural? Lamentablemente se le debe dar carpetazo social a este asunto y dejar a las familias con su respetable luto y a las autoridades correspondientes proseguir con las averiguaciones.

Muchos grupos sólo utilizan la desgracia de estos jóvenes como excusa para vandalizar, sólo basta un ejemplo: antes una de las actividades humanas más admirables era la del magisterio, esos grandes seres humanos a quien debemos, gracias al conocimiento que nos transmitieron, mucho de lo que somos, pero ahora, la verdad, algunos maestros dan pena.

Héctor A.Romero Fierro, auditor, contador público, abogado y corredor público
(v.pág.14 del periódico Milenio Jalisco del 23 de enero de 2015).

La lucha por eliminar los núcleos destructores de la estabilidad es compleja y cuando la fuerza se impone se sataniza elevándola al calificativo de represión por parte de la autoridad. Los esfuerzos por incorporar núcleos de inconformidad generaron demagógica confusión y traición con armas de ingreso ilegal empleadas para combatir a la fuerza pública.

El escenario de la inconformidad tiene expresiones totalmente ilegales, como la obstrucción de caminos de acceso y otras muchas en las ciudades en forma de manifestaciones lesionando, seriamente, la vida de la población pacífica y ajena al reclamo que deriva en daños materiales con seria afectación económica.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 25 de enero de 2015).

A empresarios, gobernantes y turistas nos preocupa si vamos a poder reventar/descansar como nos venga en gana en el puerto, mas no nos preocupa en lo mínimo que en ese mismo destino la vida se haya depreciado al punto de que un centenar de escuelas no tienen clases desde mediados de noviembre.

Los datos exactos de esta tragedia que no gana reflectores, me explican conocedores locales, son volátiles. Se sabe que todo empezó el 14 de noviembre, cuando cerraron 198 escuelas públicas de educación básica (kínder, primaria y secundaria), planteles donde los docentes estaban hartos de ser víctimas de la extorsión o de la muerte.

Desde esa fecha, algunas autoridades, con el secretario de educación Salvador Martínez Della Rocca a la cabeza, batallan para generar las condiciones que permitan reabrir los planteles. Van escuela por escuela. Para esta semana calculan que al menos 10 reabran. "Pero luego otras se ven obligadas a cerrar, por las amenazas de los criminales, es terrible", me cuenta un colega guerrerense.

Se calcula que en total hay 2,000 maestros en paro por la falta de seguridad. Hace 10 días, Martínez Della Rocca informaba que desde noviembre 22 maestros han sido asesinados y otros 8 fueron secuestrados. Los criminales además incendiaron un plantel.

Ni los empresarios de Acapulco, ni los de México, ni los medios de comunicación harán llamados para regresar a 16,000 niños a las aulas, para proteger a los maestros que quieren dar clases. Para ellos no habrá campañas ni recursos. ¿Listos para el puente?

Salvador Camarena
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 26 de enero de 2015).

Desde que el ex presidente Felipe Calderón determinó que los militares salieran de sus cuarteles para combatir al crimen organizado, el prestigio de las fuerzas armadas ha caído consistentemente. La imagen castrense ha quedado manchada por violar derechos humanos, actuar con exceso de violencia y asesinar a inocentes; la corrupción y los escándalos palaciegos alcanzaron a varios de sus mandos más distinguidos; se aprobaron reformas que someten a los militares a la justicia civil y la actividad política, tradicionalmente cuidadosa de no involucrar a las instituciones castrenses, manosea a la milicia sin pudor.

Los militares, como individuos y como instituciones, están siendo confrontados y acusados, con razón o sin ella. Los políticos los retan y un sector considerable de la población los relaciona con la corrupción y la impunidad.

¿Hasta cuándo y hasta dónde soportarán los militares?

Los equilibrios de gobierno en México se tejieron durante decenios con los hilos de la legalidad, pero también de la complicidad y la protección que se brindaron entre sí las élites gobernantes. Un acuerdo tácito fue el respeto total al Ejército, a cambio de que éste renunciara al poder.

Al parecer, ese equilibrio está resquebrajado. Peligro.

Jorge Octavio Navarro
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 27 de enero de 2015).

4 meses después de que el presidente Enrique Peña Nieto dijera que la desaparición de los estudiantes era tema del gobierno estatal y él no tenía nada que opinar, sabemos que el caso Ayotzinapa marcó el sexenio y significó un punto de quiebre en la presidencia en la que se tocaba "por nota". Sabemos también que el crimen organizado tocó las estructuras de los partidos; que no habrá reforma educativa en los estados del sur del país donde rifa la coordinadora; que el presidente y su equipo no saben tomar decisiones cuya respuesta no esté en el guion o el libro de referencia; que, una vez más, en este país donde todo es creíble porque todo es posible, la verdad nunca se sabe.

Los 120 días que pasaron se convirtieron en una pesadilla; los problemas estaban ahí pero no queríamos verlos. Pero lo más grave es que los 120 días que vienen seguirá la pesadilla, porque nadie está haciendo nada para que no sea así. A estas alturas cualquier explicación que se dé no sólo cae en el sospechismo (sostengo que ésta sigue siendo la gran aportación de Santiago Creel a la cultura política nacional) sino que en automático se convierte en parte del complot.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 27 de enero de 2015).

El tiempo transcurrido desde entonces, más los testimonios coincidentes de decenas de personas implicadas en el crimen que han sido detenidas y consignadas, robustecen la hipótesis de que la versión oficial es plausible. Además, como no fuera el caso de un secuestro masivo realizado con fines chantajistas, políticos o económicos, la versión de que "los tienen" -¿quiénes...?- ocultos en alguna parte, carece de sentido.

De hecho, hay consenso en que la anuencia de la autoridad para permitir que las instalaciones militares de Iguala sean "inspeccionadas" por los padres de los estudiantes desaparecidos, por grupos supuestamente defensores de los derechos humanos y por representantes de Organizaciones No Gubernamentales (chaqueta "unitalla" que queda a la medida tanto para asociaciones animadas por irreprochables intenciones como para grupos sediciosos o delincuenciales), sólo prueba la tibieza de la autoridad al hacer concesiones esencialmente inaceptables, y su descrédito a los ojos de un amplísimo sector de la opinión pública.

Más allá del dolor de los familiares, cada vez parece más claro que el tema se ha convertido en bandera de los oportunistas, interesados en desestabilizar las instituciones -ya de suyo bastante endebles- y en "exigir" la renuncia del presidente Peña Nieto (lo que sería una escandalosa confesión tácita de la incompetencia absoluta del aparato gobernante en pleno para hacer su parte): un movimiento que se nutre en la apatía del común de los ciudadanos y en el creciente descrédito que la autoridad tiene, por las abundantes muestras de corrupción y de inoperancia que surgen todos los días, por todas partes, en un amplio sector de la sociedad.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 27 de enero de 2015).

La realidad actual de México es triste en crecimiento económico y valoración del desempeño de la figura presidencial, advierte Lorenzo Servitje Sendra, luego de condicionar el respaldo del sector privado a la presidente de la república.

El fundador del Grupo Bimbo dijo que los empresarios necesitan facilidades para desarrollar sus negocios. Pidió a la administración de Enrique Peña Nieto que tome medidas útiles para el crecimiento económico y la generación de empleos en el país. Dijo que es una "situación triste que México esté creciendo a tasas de 3% cuando debería de hacerlo al 5 o 6%". Ello se debe a que en el país falta en realidad empresarios para invertir, "pero también si no hay seguridad, difícilmente habrá inversión en la nación". Enfatizó que en los últimos años en América Latina no hay nadie que haya tenido tan bajo reconocimiento como Peña Nieto y "esto es peligroso, por lo que hay que cerrar filas en torno a él y en servicio del país".

(V.pág.14-A del periódico El Informador del 28 de enero de 2015).

Con el dictamen del procurador Murillo la tragedia de Ayotzinapa queda zanjada "judicialmente". Para desgracia del gobierno y de México, el tema hace rato que dejó de ser judicial para hacerse político.

Jorge Zepeda Patterson
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de enero de 2015).

El país en unos meses ha pasado de una fase maniaca, oscilando entre feliz e irritable, a una fase depresiva en la que la pérdida de la autoestima y el desgano se mueven a sus anchas. No solo porque la narrativa de la historia cotidiana ha cambiado, sino porque aquello que en el discurso pareciera ser común a todos en la práctica es un verdadero galimatías. Si acaso el ciudadano escucha, lo más seguro es que no entienda. Por ello, no puede más que desconfiar. Pensemos en el tan traído tema de qué hacer con la corrupción en el país, la que, todo indica, ha vuelto por sus fueros de manera preocupante.

Con sus matices, los partidos políticos dicen querer apoyar la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, todos salvo el PRI. Éste enfatiza la creación de la Fiscalía General y la ampliación de facultades de la Auditoría Superior de la Federación y de la resucitada Secretaría de la Función Pública. Pero más allá de la vergüenza que debiéramos sufrir por lo que indica la renovada discusión sobre la corrupción en México, fenómeno tan cultural e institucional como ningún otro, el ciudadano contrasta discurso con realidad y no puede sino desconfiar. Dos perlas:

Ante el desfalco para el DF por la Línea 12 del Metro, la izquierda señala que el cuestionamiento a Ebrard y compañía "es político". Defensa a ultranza de los suyos para que nadie rinda cuentas. Ante el daño a la imagen presidencial por el conflicto de interés, en un error de comunicación él mismo da posesión al nuevo secretario, quien dificulta su propia labor apenas en su primera entrevista.

Dicen que quienes sufren trastorno bipolar tienen mayor riesgo de suicidarse. Son más propensos a intentar modificar su realidad mediante el consumo en exceso de alcohol o de otras sustancias, lo que agrava los síntomas y los acerca al barranco. Dicen también que los países no se suicidan, pero cuando se ve lo que sucede en Venezuela, por ejemplo, o lo que pudiera suceder en Grecia, si ésta cree que puede modificar su realidad haciendo lo mismo que le llevó a la bancarrota, más valdría hacer lo correcto y llamar de inmediato a un profesional. No sea que de no extirpar el tumor de la corrupción, en unos años el país termine llamando a un misionero de pacotilla para que le cure.

Marco Provencio
(v.pág.4 del periódico Milenio Jalisco del 6 de febrero de 2015).

Ahora mismo en las filas de la iniciativa privada hay desánimo, porque ahora la difícil circunstancia económica que volverá a mermar el ritmo de crecimiento del PIB se suma a los muchos temas políticos que ya lastimaban la confianza, dadas las recurrentes situaciones de impunidad y falta de estado de derecho que se manifiestan, al igual que la inseguridad hace imposible realizar nuevas inversiones en muchas entidades.

Alberto Aguilar
(v.pág.25 del periódico Milenio Jalisco del 6 de febrero de 2015).

Sin duda vivimos tiempos muy enredados, un casi permanente estado de insatisfacción que muchos atribuyen a una especie de anticipo del fin del mundo, no creo que sea para tanto aunque hay una evidente inconformidad casi por todo lo que está sucediendo.

Carlos Enrigue
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 8 de febrero de 2015).

Quitando a aquellos que sólo creen en las más locas interpretaciones conspiratorias, la realidad es que el gobierno mexicano siempre ha intentado cerrar las polémicas y los escándalos de la misma forma que establece el precio de la gasolina o los impuestos. Es decir, cerrar por decretos.

Pero más allá de la necesidad del gobierno federal de cerrar el problema de Ayotzinapa a 4 meses de la elección, lo cierto es que a nadie le conviene que lo que sucedió el 26 de septiembre pase a un 2o. lugar en las prioridades de la prensa y la clase política. Sólo con el recuerdo vivo de Ayotzinapa se podrán hacer los cambios necesarios para convertir a México en un país de estado de derecho, donde la clase política rinda cuentas y la corrupción sea castigada. Ponerle punto y final a Ayotzinapa constituiría una forma de diluir su impacto sobre el proceso electoral y el debate de los partidos político de cara a las elecciones intermedias de 2015. Ayotzinapa constituye un hito porque es una afrenta sistémica; es decir, todos están manchados, no hay partido o color de camiseta que pueda sentirse exonerado de lo sucedido en Iguala. Los golpes sistémicos son los más efectivos para propiciar cambios.

No hay caminos cortos o atajos. Ayotzinapa se cerrará con justicia y responsabilidad a corto plazo, y persistirá como un referente del largo camino que tiene México para lograr una democracia de estado de derecho, combate a la impunidad y rendición de cuentas.

Enrique Toussaint
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 8 de febrero de 2015).

Los mexicanos que se van a vivir a sociedades donde la plaga de la corrupción está controlada, se vuelven ciudadanos modelo, el problema no son los ciudadanos, la corrupción de ninguna manera es cultural, el problema en México, es que, no sólo dejamos de fumigar con castigo y prevención, sino que además la alimentamos con impunidad, por lo que la corrupción se multiplica exponencialmente impulsada desde el mismo gobierno, por eso no me extraña que hasta el mismo presidente se crea, o le convenga creer, eso de que la corrupción es cultural.

Guillermo Jimenez Lopez
(v.pág.12 "Los correos del público" del periódico Milenio Jalisco del 13 de febrero de 2015).

Guerreo ha sido de muchos años atrás un estado violento y rijoso. La tasa de homicidios es la más alta, 4 veces superior a la media nacional. A tal circunstancia, se añade el problema de las variadas mafias que controlan y se disputan el mercado de las drogas que ofrecen a los jóvenes a falta casi absoluta de oportunidades, el mundo tentador de los dólares. La máxima aspiración de un joven es ser maestro. Para sus padres, mandarlos a la normal de Ayotzinapa, era como enviarlos a la universidad... El Estado de Guerreo es una larga historia de violencias políticas y una querella sangrienta entre Montescos y Capuletos; ha sido un estado ingobernable desde la época de la Colonia; fue escenario de las guerras de Independencia y Reforma, y en la actualidad, una secuela de despojos y desafueros, derrocamientos y diversiones. Entre 1849 y 1942, sólo un gobernador ha concluido su gestión... La irrupción masiva del narcotraficante y su alianza con los poderes locales, es la imagen deprimente que se tiene de México en la comunidad internacional.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de febrero de 2015).

Andreas Schedler coordinó la Encuesta Nacional de Violencia Organizada, patrocinada por el Conacyt y por el (entonces) IFE. En la introducción de la misma, publicada en 2014, el académico del CIDE expone lo siguiente:

"Desde hace más de una década, el país está sumergido en una nueva guerra civil. No es una guerra por el Estado ni por ideología. Es una guerra civil de las llamadas 'nuevas' que se libran por ganancias materiales, no por motivos políticos. Y es una guerra que son muchas guerras. Una guerra opaca donde conviven, se mezclan y se refuerzan la violencia criminal de empresas ilícitas y del Estado, la violencia entre organizaciones criminales y dentro de las mismas y la violencia ejercida contra combatientes y contra la población civil".

"Con toda la distancia que media entre los mundos de la violencia desde arriba y de la violencia desde abajo, en guerras civiles los ciudadanos enfrentan dilemas morales similares a los que enfrentan en dictaduras. ¿Qué es lo que saben de actos o campañas de violencia criminal? ¿Qué es lo que quieren saber? ¿Qué postura toman? ¿Qué hacen para impedir la violencia criminal? ¿Hacen todo lo que pueden? No hay respuestas fáciles, ni ante las dictaduras ni en las guerras civiles. El miedo y la impotencia son excusas de peso, pero nunca son sencillas ni certeras ni definitivas. No disuelven los dilemas morales. Más bien los crean".

"En guerras civiles, las responsabilidades son más difusas, dispersas, opacas. No hay un dictador central con su burocracia represiva quienes actúen como responsables de la violencia criminal. Los actores de la violencia son muchos y generalmente están ocultos. Peor aún, las líneas divisorias entre ellos tienden a ser borrosas. Las redes criminales se incrustan en el Estado y se expanden en la sociedad. Los reclamos de paz y justicia, por tanto, no tienen destinatarios claros. Se dirigen al Estado, por su fracaso de dar protección, pero también a los actores sociales quienes se erigen en soberanos privados sobre la vida y la muerte".

La semana pasada, y a pesar de que debido a hechos delictivos tuvo que acudir de emergencia a Tamaulipas, el secretario de Gobernación declaró que México tiene los mejores niveles de seguridad de los últimos 10 años.

El gobierno federal no se debería dar el lujo de reducir "el problema" de la inseguridad al registro de los homicidios dolosos, que siguen a la baja como desde 2012.

La administración que se ha afanado en señalar que la violencia está focalizada, o que se da en regiones específicas, debería escucharse a sí misma en esa categorización.

En el gobierno federal saben mejor que nosotros en cuánto asiste la razón a Schedler cuando formula que estamos en una guerra que son muchas guerras, y que las motivaciones de éstas son las ganancias materiales.

Comenzar a reconocer que ya no estamos sólo en "la guerra contra el narco", vuelve imperativo el discutir los tipos de violencia que enfrentan los mexicanos, y sus probables soluciones, más cuando en el gobierno de la República renace otra vez la tentación del discurso del triunfalismo.

Salvador Camarena
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 16 de febrero de 2015).

Si el PRI gana con el 32% de los votos, como sugiere la encuesta hasta hoy, pero con una abstención cercana al 30%, el partido de gobierno estará recibiendo un voto bruto de apenas 23% de los electores empadronados. El que un gobierno tenga que regir sobre el país con un respaldo de menos de una cuarta parte de los votantes parece garantizar que México seguirá sufriendo las consecuencias de una enorme inestabilidad política, con presiones por parte de los grupos de poder que se han acostumbrado a obtener beneficios de los gobiernos débiles.

Las nuevas reglas electorales, por otra parte, generan incertidumbre sobre el resultado final. El rebase del tope de gasto de campaña será por primera vez motivo automático de anulación de una votación. En un país en el que casi ningún candidato reconoce una derrota, esto significa que la judicialización de los procesos se incrementará. Todos los perdedores buscarán la anulación de las elecciones.

La idea de que la democracia eliminaría tarde o temprano los conflictos electorales parece cada vez parece más lejana. Tenemos una democracia sin demócratas.

Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Torreón en línea del 17 de febrero de 2015).

Cuando nombró recientemente al arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, nuevo cardenal mexicano, el Papa Francisco confirmó las señales de lo que venía pensando sobre México.

El cardenal Suárez Inda parece portador del nuevo mensaje papal. Durante una conferencia de prensa este lunes en Roma, habló de "manipulación" de los padres de los normalistas y de intentos de "insurrección". Su lenguaje es insólitamente duro para un prelado, pero absolutamente claro para lo que quiere transmitir El Vaticano. "Percibo que hay una cierta manipulación y una cierta tendencia política, de intereses que se aprovechan del dolor de los padres de familia para provocar insurrecciones", afirmó el cardenal.

Las organizaciones católicas han jugado un papel central en la lucha contra las desapariciones forzadas, y algunos de sus cabezas, viejos luchadores por la defensa de las garantías individuales, estaban muy activos en el caso de Ayotzinapa.

Uno de ellos era Emilio Álvarez Icaza, secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quien durante largos años ha trabajado por años con el laico Miguel Álvarez Gándara, director de Servicios y Asesoría para la Paz, que fundó el finado obispo Samuel Ruiz. Ellos lo propusieron para ser Premio Nobel de la Paz, y jugaban un rol clave, muy poco explorado aún, con el EZLN en Chiapas, donde uno recaudaba fondos y el otro generaba spin mediático cuando había que elevar de atención un tema.

Álvarez Gándara era el operador político del obispo Ruiz, y responsable de las redes de financiamiento para la guerrilla en Chiapas, principalmente de la Universidad Católica de Lovaina, pero también de fundaciones alemanas, españolas y holandesas. Está vinculado con la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero, a través de Minervino Morán y Gonzalo Juárez, ex secretario general de la disidencia magisterial, y a Vidulfo Rosales, el abogado de los padres de los normalistas de Ayotzinapa, quienes tienen vínculos con los movimientos armados guerrerenses.

Álvarez Icaza y Álvarez Gándara son los más visibles, pero no los únicos. Dentro del Movimiento Popular de Guerrero, la organización paraguas que agrupa a las organizaciones antisistémicas que buscan crear de ese estado una entidad autónoma, se encuentran 2 sacerdotes con un papel muy activo en la zona de La Montaña, donde se encuentran la zona de mayor incidencia guerrillera.

Se trata de Mario Reynaldo Campos Hernández, el cura de Tlapa de Comonfort, que es uno de los principales organizadores de los grupos de autodefensa. El otro es Hugo Melitón Santillán Cantú, cura en Xalpatláhuac, relacionado con Eliseo Villar Castillo, uno de los comandantes de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias, y ligado a la Unión de Pueblos Organizados del Estado de Guerrero, que tiene ramificaciones con la guerrilla.

Los curas de la zona de La Montaña pertenecen a una nueva generación de sacerdotes católicos vinculados a los movimientos sociales y armados.

Por las palabras del cardenal Suárez Inda, El Vaticano está preocupado que detrás de la demanda justa de justicia por el crimen de los normalistas de Ayotzinapa, se prepare la insurrección. La guerrilla ha venido concretando su proyecto insurreccional en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, llamado La Línea de la Esperanza, que busca instaurar un Estado dentro del Estado. Eso no va a suceder.

El Estado Mexicano no se va a quebrar y ante la amenaza final, es de temerse una respuesta drástica por lo desesperada. En ese momento, quienes hayan sido manipulados serán arrastrados a la violencia, convirtiéndose en la carne de cañón para fines que nunca fueron los suyos. La Iglesia Católica debe ver lo que empieza a surgir en el horizonte mexicano y, cuando menos, querrá salvar a los suyos.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 18 de febrero de 2015).

La participación de la Iglesia Católicos en los movimientos armados en México no es inusual. Desde Miguel Hidalgo y José María Morelos en el Siglo XIX, hasta quienes sirvieron como correos e intermediarios de las guerrillas rurales de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas en los 60 y 70, y el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, que en los 90 apoyó al EZLN con dinero mientras los dominicos articulaban las redes de insurrección y las monjas marinol compraban las armas para los zapatistas en San Francisco, California, que introducían a través de las redes religiosas a México. La opción de los sacerdotes católicos por la lucha armada como camino para el cambio en México nunca se detuvo, como en Guerrero, donde desde hace una década 2 sacerdotes son parte central de los intentos insurreccionales en aquél estado.

Desde hace años, los aparatos de seguridad del Estado Mexicano siguen los pasos de los sacerdotes Mario Reynaldo Campos Hernández y Hugo Melitón Santillán Cantú, cuyo expediente también es del conocimiento de la Nunciatura Apostólica, que es el equivalente a una embajada de El Vaticano. Los 2 trabajan en Tlapa, en la Región de La Montaña, que es el punto de encuentro de los actores que se levantaron en contra del Estado Mexicano desde octubre pasado al iniciar una guerra sofisticada donde el vehículo para el cambio no son las armas, sino las conciencias. Atrás quedó la retórica de "la lucha contra el Estado burgués", una proclama desgastada que polariza, y dio paso al reclamo de justicia por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que es una causa incluyente, aglutinadora, legal y legítima.

Los 2 sacerdotes han sido vigilados permanentemente desde hace casi 15 años, pero nunca se ha interferido con sus actividades. Campos Hernández se volvió miembro del Centro de Derechos Humanos de la Montaña "Tlachinollan", en donde se encuentran los abogados de los familiares de los normalistas desaparecidos, que es uno de los vectores por donde cruzan las fuerzas insurreccionales en Guerrero, en 1994, y desde 2000, fue identificado en los expedientes gubernamentales como un promotor y reclutador de cuadros para el EPR y su escisión ERPI en el municipio de Malinaltepec. Santillán Cantú, tomó la opción guerrillera en 1996, al declararse a favor del EZLN, y fue vinculándose a los movimientos armados en su estado, y en particular con el Comandante Emilio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo, desprendida también del EPR.

A principio de junio de 2013, los 2 encabezaron una reunión en el municipio Xalpatláhuac, también en La Montaña, donde expusieron sus planes para armar un nuevo movimiento armado al margen del ERPI, que hasta antes del crimen de los normalistas de Ayotzinapa era la guerrilla dominante en Guerrero, por diferencias tácticas con el comandante eperrista, Beto, y los líderes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero, los hermanos Bruno y Cirino Plácido Valerio. Los sacerdotes fueron promotores y respaldaron la creación de las policías comunitarias, que se encuentran enfrentadas con los hermanos Plácido Valerio, quienes las consideran "grupos paramilitares".

Los vasos comunicantes entre todos ellos han sido extensos a lo largo de los años, y de acuerdo con funcionarios guerrerenses, las diferencias siempre son menos grandes y profundas de lo que parecen. Esto explica, por ejemplo, que las alianzas entre esos grupos y los sacerdotes se alteren con regularidad, porque al final buscan el mismo objetivo, que no haya presencias exógenas en esa región -por ejemplo, todos se oponen a las mineras y a los proyectos ecológicos-, y que mejoren las condiciones de vida de los guerrerenses.

En noviembre de 2013, por ejemplo, Santillán Cantú urgió a los pobladores de Malinaltepec a organizarse en contra de las mineras. Un año antes en Tlapa, Campos Hernández afirmó ante sus fieles: "Los pueblos indígenas deben seguir exigiendo sus derechos porque se quiere engañar a los pueblos dándoles espejitos a cambio de que se establezcan los proyectos mineros, lo que únicamente traerá muerte para el ser humano".

La pastoral social es persuasiva. Santillán Cantú, inclusive, ha pedido a los sacerdotes preocuparse por los problemas políticos, sociales, culturales e ideológicos, y no únicamente a los religiosos. En Guerrero 7 de cada 10 habitantes no pueden cubrir sus necesidades básicas de alimentación -el 20% de los niños sufre desnutrición-, vivienda y educación.

Pero en la Región de La Montaña, 65.3% sufre pobreza alimentaria, 71.8% no tiene los recursos para acceder a servicios de salud y educación, y el 84.8% no posee patrimonio propio. Es una zona sin futuro. El 40% de su población son analfabetas, pero el 85% de los mayores de 15 años, ni siquiera terminó la primaria.

Con una población condenada a la miseria, la voz de los sacerdotes, que a la perspectiva espiritual se le suma la demanda material, es poderosa. Campos Hernández y Santillán Cantú no tienen imputaciones que busquen lucro o bienes materiales en sus expedientes. Están en la lógica de la opción por los pobres y del cambio, y confluyen con los grupos insurreccionales tras décadas de abandono institucional. Puede criticarse su método para el cambio, pero no el objetivo.

La insurrección en Guerrero sí tiene un origen real, la marginación, que no se ve cómo resolverse. Esta parte de la ecuación nadie puede olvidarla. Ni el Estado Mexicano, ni El Vaticano.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 18 de febrero de 2015).

Chiapas, Oaxaca y Guerrero son los 3 estados más pobres de México. Tierras sometidas por caciques, han vivido décadas de represión y marginación. Entre los 3 hay 2.5 millones de indígenas que de los desfavorecidos, son los más excluidos. Chiapas, Oaxaca y Guerrero, componen la cuenca del descontento que en los 2 últimos años ha vivido en convulsión. O mejor dicho insurrección, detonada por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, que prendió los motores de la rebelión social para concretar La Línea de la Esperanza, el proyecto que busca darle una vida libre e independiente a esa región.

La Línea de la Esperanza fue diseñada por el EPR y el ERPI, que forman las viejas ramas militares de las guerrillas en Oaxaca -más ideológica- y Guerrero -más militarista-, de acuerdo con documento en manos de autoridades federales desde la primavera del año pasado. Lo que buscan es instaurar una nación indígena en la cuenca más pobre de la nación, en donde todo el sistema de organización social recaiga en ellas. Es un programa mucho más ambicioso que los municipios autónomos que creó el EZLN, que son espacios territoriales donde el Estado Mexicano está ausente.

El documento fue entregado al Cisen y revisado durante las reuniones del grupo intergubernamental que se reúne todas las semanas en la ciudad de México para analizar la seguridad en el Estado. Sin embargo, de acuerdo con funcionarios, no se hizo nada. Palabras como "insurrección" o "guerrillas" no parecen haberles significado nada a los responsables de la seguridad del Estado. Tanto que el Cisen desmanteló su división de movimientos armados, lo que explica por qué durante al menos los primeros 30 días después de la desaparición de los normalistas, pese a la densa actividad guerrillera, el presidente Enrique Peña Nieto nunca recibió un informe que lo alertara de la variable guerrillera en Guerrero.

Desde mediados de noviembre se mencionó en esta columna que el EPR y el ERPI, con sus organizaciones fachada en el frente de masas guerrillero, articuladas por la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación, las policías comunitarias y una parte del clero radical, impulsaban la consolidación de una nación indígena, para beneficiar a 15% de la población en Guerrero, 34% en Oaxaca y 26% en Chiapas, mediante el sometimiento del resto de la población en esa franja del sur del país, y la claudicación del Estado Mexicano a administrar la cuenca del descontento.

Los municipios donde se concentra la fuerza de la insurrección son Acatepec, Ahuacuotzingo, Ajuchitán del Progreso, Ayutla, Coyuca de Catalán, Malinaltepec, Metlátonoc, Olinalá y Tecoanapa, donde operan las guerrillas del EPR, el ERPI, Tendencia Democrática Revolucionaria del Ejército del Pueblo, el Comando Justiciero 28 de Junio, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, que confirma las informaciones previas de que los grupos armados se habían unificado bajo el mando de los eperristas.

En este espacio se describió el árbol de la insurgencia en Guerrero, donde un papel central lo tiene la coordinadora de maestros, que dirige Ramos Reyes Guerrero, a quien vinculan las autoridades con el Ejército de Liberación Nacional, una escisión del EPR que secuestró al abogado panista Diego Fernández de Cevallos en 2010. Opera desde Tlapa, en la Región de La Montaña y tiene como lugartenientes, vinculados también con las guerrillas, según el Cisen, a los maestros Pedro Eligio Cabañas en Cualac -hermano de Lucio Cabañas, el dirigente guerrillero histórico-, Taurino Rojas, simpatizante del EPR, en Metlatónoc, y Florencio Andreu Castañeda, en Olinalá. Otros líderes del magisterio disidente, como Minervino Morán, ex vocero magisterial, son simpatizantes del ERPI.

Morán pertenece al Frente Popular Revolucionario, organización paraguas y fachada de la guerrilla, que encabeza Omar Garibay Guerra, que participa en el Movimiento Popular Guerrerense, del que es líder Ubaldo Segura Pantoja, dirigente de la Unión Social Independiente de Pueblos Indígenas, un frente del EPR, donde participa Bertoldo Martínez Cruz, dirigente del Frente de Organizaciones Democráticas de Guerrero y el Comité Contra la Tortura y la Impunidad, al que vincula el Cisen con el ERPI.

En el MPG, cuya función central es articular los vínculos a nivel nacional, está el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, que dirige Abel Barrera, y cuyo asesor jurídico, abogado de los familiares de los normalistas de Ayotzinapa, es Vidulfo Rosales, quien ha participado en actos de organizaciones fachada del ERPI. También se encuentra la Unión de Pueblos y Organizaciones de Guerrero, donde cuando menos 3 de sus dirigentes son jefes del ERPI, Ernesto Gallardo, "comandante Neto", Gonzalo Torres, "comandante Gonzalo", y Crisóforo García, "comandante Guerrero", y la Red Guerrerense de Derechos Humanos, que encabeza Manuel Olivares, defensor y adoctrinador en la normal de Ayotzinapa, señalado por las autoridades como simpatizante del ERPI.

El EPR niega todas las vinculaciones con organizaciones sociales, y afirma que quienes las realizan trabajan como “mercenarios” de los órganos de seguridad del Estado. La realidad es que el proyecto de liberación de La Línea de la Esperanza ha ido avanzando sin que el gobierno federal muestre capacidad para frenar lo que sería, de concretarse, la partición del sur mexicano.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 21 de febrero de 2015).

Entre el pasmo económico, el crimen organizado, las desapariciones forzadas y la falta de acciones eficaces de esta administración sexenal, México se asemeja cada vez más a un país de fantasmas. Espíritus, de carne y hueso flagelados, que la clase política parece no ver, mucho menos tomar en cuenta, y actúa como si quisieran beberse hasta las heces de lo que queda del país.

Porque de aquel cuerno de la abundancia poco resta, y sobre eso siguen echando su gato a retozar, a la antigua usanza sin habilidad y sin oficio político, peso muerto que impide al país sacudirse la urdimbre de corrupción e impunidad que lo tiene apresado.

Narcopolítica, aumento de secuestros y de delitos patrimoniales, disminución y muchas veces la exculpación de penas, otorgando la libertad a delincuentes, por parte de impartidores de justicia, cómplices acciones de los partidos políticos, manipulación electoral, devoluciones de impuestos a grandes empresas sin el sustento legal suficiente, al final congraciándose con dichos consorcios y aumentando el peso tributario sobre lo que queda de las clases medias.

Por si fuera poco, la propuesta de la OCDE para que la Cámara de Diputados los contrate para "enseñarlos" a hacer leyes, contrato por varios millones de dólares que pagaría México, a pesar de las vacas flacas, al organismo presidido por José Ángel Gurría, de triste memoria en el país.

Y al final de este oscuro túnel, procurado por la ineficiencia y la falta de respeto de la clase política al ciudadano y a la nación, la escenografía fue echada por tierra con la evaluación de la Organización de Naciones Unidas, que afirma sin ambages: en México "hay un contexto de desapariciones generalizadas en gran parte del territorio mexicano, muchas de las cuales podrían calificarse como desapariciones forzadas". Es decir, las desapariciones y secuestros no son, como argumentan las autoridades mexicanas, casos aislados, pues además de la frecuencia de estos actos, en muchos de ellos han intervenido las propias fuerzas del Estado.

Por ello, Rainer Huhle, miembro del Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU, expuso la profundidad del problema: "En México, ante el fenómeno de las desapariciones forzadas, existe un temor generalizado de la sociedad, lo que la convierte también en víctima".

La respuesta oficial del gobierno mexicano no se hizo esperar argumentando falta de acuciosidad del documento, lo que quizá fue mejor, pues de haber sido una evaluación exhaustiva el resultado hubiera revelado aún más agravios.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 21 de febrero de 2015).

Es una realidad que México vive una situación grave, que esto ya es conocido y reconocido a nivel mundial, sobre todo por el tema de las desapariciones forzadas, y más que pretender rasgarnos las vestiduras y hacer berrinches por lo dicho por González Iñárritu y el Papa, es momento de reconocer el desgobierno imperante y empezar a cambiar las cosas para evitar que este gran país, que se merece lo mejor en todos sentidos, se siga hundiendo por la ambición e incompetencia de gobierno tras gobierno.

Pablo Latapí
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 26 de febrero de 2015).

No sé si la amenaza del neoliberalismo espante más a los venezolanos que las realidades del chavismo/madurismo. Creo que no, por la sencilla razón de que tienen el desastre enfrente. Todo el daño que pudiera hacerles el neoliberalismo en el futuro se los hace día con día el chavismo/madurismo.

De chavismo ha cojeado una parte de la izquierda mexicana: López Obrador, Dolores Padierna, La Jornada. Sería bueno saber si mantienen su entusiasmo.

Un asunto triste de la política y de la vida es que nunca hay alternativas perfectas, se suele escoger entre males, por la ley del mal menor.

Si neoliberalismo es lo que ha vivido México durante los últimos años y el chavismo ha sido durante esos mismos años la oferta alternativa de Venezuela, vale preguntar: para el futuro, ¿chavismo o neoliberalismo?

Héctor Aguilar Camín
(v.pág.3 del periódico Milenio Jalisco del 27 de febrero de 2015).

A las autoridades no les gusta que en el extranjero se diga la realidad de lo que sucede dentro del país. Porque ha sido su hábito vestirse de mentiras para el lucimiento internacional, aunque al país lo tengan de "panzaso" en varios rubros de las evaluaciones de la OCDE. Porque hoy a México lo han puesto a la par que Haití, con todo respeto a ese pequeño y sufrido país.

A los políticos mexicanos se les increpa con reclamos y la población no es bien recibida, porque luego de haber echado a perder al país, a los mexicanos en el extranjero se les revisa doble y se les trata con suspicacia, algo impensable cuando la doctrina Estrada fue el mejor acierto de la diplomacia mexicana y rindió impecables frutos a esos mismos países que hoy miran con pena la "cataflixia" que los políticos mexicanos han hecho de este país.

En México no hay credibilidad ni en los funcionarios, ni en los administradores del sexenio, lo reconoció el más alto líder del PRI. Y la credibilidad económica, que era la única que quedaba, está en riesgos parecidos a los de los años 70. Es por ello que 20 poderosas empresas y centros de análisis, en desplegado, criticaron duramente el ejercicio de Peña Nieto.

La democracia mexicana no está siendo cuidada, por el contrario, ha sido agredida en todos los flancos, especialmente el de seguridad, procesos electorales y ahora economía, lo que deja a la población mexicana no sólo vulnerable, sino lastimada por quienes debieran cuidarla: las autoridades de este sexenio.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 28 de febrero de 2015).

Las formas de trabajo y convivencia han cambiado profundamente en los últimos años, los principios meritocráticos del individuo productivo están fortaleciéndose con la competencia, la productividad y la visión global. Ello en detrimento de una visión exclusivamente enfocada al asistencialismo y la supuesta solidaridad social.

La responsabilidad individual y la sujeción al derecho están imponiendo un rigor cada vez mayor a una sociedad acostumbrada a encontrar siempre atajos tramposos y eso ha abierto un debate social en el fondo muy positivo. Queremos jugar en el mundo pero echamos de menos la laxitud cómoda de antaño.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 1o.de marzo de 2015).

Existe una percepción generalizada, casi consensuada, de que los mexicanos no nos merecemos el gobierno que tenemos. Que aquellos que detentan el poder, gobiernan escuchando a sus propios intereses, mientras el pueblo mexicano, trabajador y honesto, debe vivir aguantando a sus corruptas autoridades. El gobierno es el principio y el origen de todos los males, y nadie en su sano juicio pensaría que algún pueblo se merece tanta corrupción y abuso. Sin embargo, más allá de generalizaciones e ideas compartidas, ¿Cómo podemos saber qué gobierno nos merecemos? ¿Son los gobiernos reflejos de su pueblo?

La democracia tiene muchas definiciones, pero es innegable que es un sistema de elección que busca reflejar la pluralidad de la sociedad en las instituciones de gobierno. Es decir, la democracia es precisamente la forma de remediar este conflicto: todo pueblo tiene el gobierno que se merece porque vota por él. Punto final. Eso dice la teoría. A pesar de ello, sabemos que la democracia electoral pocas veces logra ese propósito. Ya sea por desinformación o por falta de participación, pero muchos ciudadanos no sienten que en la configuración final de un congreso su voz se encuentra debidamente representada. Por lo tanto, considero que es difícil sostener que tenemos el gobierno que nos merecemos por el simple hecho de votar por él. Y en el caso mexicano es aún más complicado sostener esta afirmación debido a nuestro cerrado sistema político y a la tendencia de los partidos políticos a ensimismarse.

Sin embargo, el hecho de que el voto o la abstención no sean elementos definitivos para concluir que tenemos el gobierno que nos merecemos, no significa que no hayamos hecho "méritos" para tener el gobierno que tenemos. Si bien es imposible generalizar, lo que sí podemos afirmar es que como sociedad hemos dejado de hacer ciertas cosas que han permitido que los gobiernos corruptos e ineficientes se configuren con cierta comodidad.

Decía el politólogo Juan Linz que los regímenes autoritarios se alimentaban de una "cultura de baja participación ciudadana y un pueblo poco movilizado". El abandono ciudadano de lo público, es oxígeno para sistemas de opresión política. México es un espejo del razonamiento de Linz. Nos acostumbramos durante 7 décadas a que las manifestaciones públicas las encabezaran los líderes charros del sindicalismo oficial o las corporaciones vinculadas al partidazo. Y aunque esa tendencia se modificó a partir de la alternancia, e incluso en los últimos años del PRI en el gobierno, es indudable que los datos retratan a un México desmovilizado, poco asociativo y con bajísimo capital social.

Según el Informe País sobre Calidad de la Ciudadanía en México, presentado por el Instituto Nacional Electoral en 2014, solamente 6% de los mexicanos ha participado en una manifestación política; solamente 12% ha acudido alguna vez a defender sus derechos municipales al cabildo (en Estados Unidos la cifra supera el 25%) y, lo dramático es que sólo las clases medias y altas participan en estos actos públicos. Y es que de acuerdo al mismo estudio, 7 de cada 10 mexicanos que han participado en una manifestación pertenecen al 30% más rico del país. En contraposición, el 30% más pobre del país sólo aporta el 5% de los manifestantes totales en los últimos años en México.

Igual sucede en materia de asociacionismo. Mientras en México 5% participa en una asociación cultural o en una de profesionistas, en Brasil alcanza hasta al 10% de la población. En números totales, 45.76% de los mexicanos son los únicos que han pisado una asociación civil.

¿Es posible tener el "gobierno que merecemos" sin una ciudadanía que presione y lo exija? ¿Cómo es posible que tengamos el "gobierno que merecemos" si la participación política para la amplia mayoría se reduce al voto cada 3 años? ¿No es una locura pensar que un gobierno rendirá cuentas ante una ciudadanía desmovilizada, poco asociada y carente de crítica? Así, no es un secreto que los buenos gobiernos en otros países no nacen por "generación espontánea", sino que son el fruto de años de presión ciudadana por derechos, libertades y rendición de cuentas. En este reglón, los datos demuestran que sí tenemos el gobierno que merecemos o, por lo menos, somos cómplices de la opacidad y la corrupción de las autoridades.

El "Código de Honor" de Kwame Anthony Appiah ha puesto de nuevo en el debate público el papel de las revoluciones morales como arma contra los malos gobiernos. Uno de los puntos clave que plantea el autor para explicar las revoluciones morales es precisamente cómo ciertos valores arraigados en una sociedad comienzan a perder vigencia hasta ocasionar el rechazo social. Pasó con la esclavitud o con la corrupción en muchos países. En el caso de México, esa revolución moral de combate a la corrupción no la encontramos por ningún lado. El político corrupto es más elogiado por su ingenio, su pragmatismo y su realismo, que criticado por su bajeza, inmoralidad o traición a sus electores. Rara vez veremos una condena social al corrupto, en cambio vemos como muchos hombres públicos que se han enriquecido con lo que es de todos entran en caros restaurantes con la cabeza en alto, saludan a los comensales con especial fraternidad y hasta son lo suficientemente cínicos como para aconsejar a los más jóvenes en sus trayectorias políticas. Hay un reconocimiento y un prestigio social sin importar si esa trayectoria se forjó de forma corrupta o si, por el contrario, es fruto de la ética y la honestidad.

Los valores nocivos para una sociedad tienen fecha de caducidad. El gobierno no es capaz de imponer por decreto valores que la sociedad ya no comparte. Hasta los gobiernos más autoritarios y opresivos necesitan de cierta legitimidad de principios. Por ello, el oxígeno de los malos gobiernos es la permeabilidad de sus valores en el tejido social. Su aceptación y defensa por parte de la sociedad. Un funcionario de movilidad se puede sentir tranquilo al permitir que los agentes de tránsito extorsionen al primer ciudadano que ven, siempre y cuando sepa que lo mismo hace un ciudadano con los trabajadores de su empresa que laboran sin seguridad social, o el director de una preparatoria con los estudiantes al obligarlos a comprar libros a sobreprecios. Y es que en México la condena a la corrupción pocas veces pasa por un razonamiento moral, sino que es simplemente la condena a la suerte del otro. Para que el gobierno cambie sus actitudes y se acerque a lo que creemos que debe ser, primero la ciudadanía debe rechazar tajantemente la corrupción. No entenderla, y hasta justificarla en ciertos contextos, sino señalar al corrupto, repudiarle socialmente y castigarlo a través del voto. Si seguimos siendo permisivos ante la corrupción, no me queda duda que merecemos el gobierno que tenemos.

La democracia sirve a base de contrapesos. No en vano dijo alguna vez James Madison, padre de la democracia en Estados Unidos, que "la ambición del hombre sólo se contiene con la ambición de otro hombre". En el caso de los gobiernos, la ambición sólo se contiene con la ambición de la oposición y de los contrapesos: sociedad civil, medios de comunicación, empresarios, sindicatos y hasta la iglesia. Sin embargo, estos contrapesos que podrían contener a un gobierno abusivo y corrupto, en la realidad se desvían de su labor democrática. Los empresarios están más preocupados por ver cómo se acomodan cerca del gobierno que en criticar la política económica y sugerir alternativas; los medios de comunicación prefieren la publicidad oficial que la crítica constructiva y fundada; los sindicatos son presa de líderes charros que negocian prebendas personales y se olvidan de las demandas de los trabajadores; y hasta la iglesia prefiere pactar con los gobiernos en turno para proteger sus intereses que ejercer una crítica, desde la laicidad, a los problemas que presentan los gobiernos.

Esto no quiere decir que no existan organizaciones, empresarios, sacerdotes, sindicalistas y periodistas que día a día entienden su rol en una sociedad democrática que aspira a mejores gobiernos, pero siguen siendo franca minoría. Si queremos buenos gobiernos es fundamental que se apueste por entender el papel de la oposición, que no es destructivo ni tampoco denigrante del gobierno, pero sí fiscalizador y supervisor de lo que dejan de hacer. Sin oposición es difícil construir el gobierno que decimos que merecemos.

No comparto la famosa idea de Joseph de Maistre: "Todo pueblo tiene el gobierno que se merece". Como buen conservador, la frase nace de su poca fe en la capacidad de la ciudadanía para construir un régimen democrático. Él creía en el paternalismo a ultranza como la única forma de llevar a las "masas" hacia la civilización y el orden. Asimismo, considero que hay muchos mexicanos que merecen un gobierno mejor, y que lo demuestran con su vocación cívica, su crítica fundada y constructiva a los gobiernos, su participación ciudadana y su respeto firme al Estado de Derecho y a las leyes de todos. No es posible saber si realmente merecemos el gobierno que tenemos, pero lo que sí podemos afirmar es que si construimos una ciudadanía participativa, que condena explícita y categóricamente la corrupción, y que ejerce su papel de contrapeso cívico, seguramente el gobierno mexicano se parecerá mucho más a aquél que decimos merecer.

Enrique Toussaint
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 1o.de marzo de 2015).

Michoacán está lejos de componerse. Sin duda las condiciones han mejorado y podrían mejorar más en los próximos meses si todos hacen lo que tienen que hacer, pero da la impresión que de aquí a las elecciones lo que harán es seguir administrándolo desde el centro, aunque ya no tenga virrey. El gran reto del nuevo gobernador será reconstruir unas instituciones que están literalmente en zancos, sino es que ya derruidas.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de marzo de 2015).

El verdadero problema para las autoridades ahora está en Guerrero. El secuestro y asesinato de los jóvenes de Ayotzinapa en Iguala, ha logrado poner de manifiesto el grado de podredumbre que existe en el estado, donde también una parte considerable de la clase política está profundamente penetrada por el narcotráfico. Pero con componentes adicionales mucho más delicados: hoy no sabemos hasta donde los movimientos que se suceden en el estado son consecuencia del irracional radicalismo sindical de la CETEG y sus satélites, de los grupos armados que proliferan en la entidad o de bandas del crimen organizado, con límites muy difusos en muchas regiones del estado entre los 3 fenómenos.

El gobierno de Rogelio Ortega, a pesar de que el gobernador se ufana de que las condiciones han mejorado, no parece comprender la magnitud del desafío y el gobierno federal tampoco termina de involucrarse del todo de un estado donde las autoridades son mayoritariamente del PRD.

El mayor desafío en Guerrero no es la política, es el narcotráfico y la forma en que el mismo influye en la política y en los políticos.

Allí, aparecen grupos de supuestos guerrilleros, líderes sociales, ecologistas que en realidad trabajan para distintos criminales, mientras que los verdaderos guerrilleros, líderes sociales y ecologistas terminan confundidos en ese proceso. El secuestro de los jóvenes de Iguala es la mejor demostración de cómo esos límites se han perdido.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 3 de marzo de 2015).

Lo que se gasta el gobierno en publicidad para convencernos que está trabajando para nosotros, bien puede emplearse en una campaña que llegue a todos los mexicanos para convencernos de que la corrupción sólo se acabará si comienza por nosotros mismos. Si escogemos el camino fácil para vencer los obstáculos, para facilitar nuestros negocios y damos propinas, regalos, sobornos, no tenemos cara con qué señalar a los funcionarios corruptos. Debemos cambiar nuestra mentalidad, ver a la corrupción como una lacra a la que no queremos pertenecer; señalar con la denuncia a los corruptos y con el tiempo, quizás dentro de una, 2 o 3 generaciones, nuestros descendientes vean el pasado de México como el país más corrupto del mundo.

Luis Jorge Cárdenas Díaz
(v.pág.12-A del periódico El Informador del 5 de marzo de 2015).

Ricardo Salinas Pliego recalcó: "El cambio de cultura y reforzar la educación es el único camino, aclarando que el gran patrimonio que tenemos en nuestro país es la juventud, no el petróleo. El actual sistema educativo es anacrónico, de tal forma que cuando ya salieron de la escuela sólo les enseñaron a obedecer y a memorizar, no lo que se necesita que es promover la imaginación y la innovación".

Yo quiero añadir que ese patrimonio que tenemos en México, la juventud, desgraciadamente está influenciada y en manos de la turba de vándalos convertidos en delincuentes que presumen ser maestros, que están en contra de la Reforma Educativa y se niegan a realizar el examen para probar su capacidad y no conocen siquiera el "futuro de subjuntivo" como "imaginare o innovare", y se la pasan en manifestaciones agresivas y bloqueos, que la ley lo prohíbe, pero ahí entra lo "flexible".

Por otra parte, actualmente todos hemos palpado los obstáculos que existen provocados por la corrupción y la burocracia que enfrentan los empresarios, es urgente un cambio en el enfoque de la cultura y la educación y claro que se puede. Se mencionó el ejemplo de Corea del Sur y de Chile, un gran cambio social y cultural, para el que se necesita realmente un liderazgo político social que tenga una verdadera visión de futuro.

José Manuel Gómez Vázquez Aldana
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 8 de marzo de 2015).

Seamos serios. Ni es la peor etapa de la historia ni "la patria se desmorona", como bellamente dice Fernando del Paso.

Los problemas del país son muchos, pero ni son irresolubles ni son los peores que hemos tenido ni viene la hecatombe ni desaparecerá la tortilla. Desespera escuchar las respuestas que estos artistas [Guillermo del Toro y González Iñárritu] reciben de la clase política y de los funcionarios, que están peor, porque ni tienen imaginación ni parecen trabajar en los espacios públicos. Ahí está Nájera, balbuceando respuestas sobre la necesidad de una crítica "propositiva". De risa. ¡Le dice eso al director detrás de Hellboy!

A los problemas del país hay que ponerles nombre y diseccionarlos, mapearlos y clasificarlos. Atenderlos con herramientas racionales e imaginación, no con el miedo que generan las universalizaciones y esta histeria histórica.

Miren: nunca ha habido mayores expectativas de vida, más gente que sabe leer, más recursos de turismo. Jalisco va lento pero por fin dejó los deshonrosos lugares a la mitad de la tabla en el país. Nunca se había hecho tanto cine. Nunca había habido tanta participación (si bien virtual) en los temas públicos. ¿Sirve lo anterior, siendo todo cierto, para decir que vivimos en el paraíso, que somos Primer Mundo, que ya llegamos al cielo? ¡Claro que no! Nadie lo tomaría en serio.

Ivabelle Arroyo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 11 de marzo de 2015).

Varcruz es el 4o. estado más violento del país, el 6o. con más secuestros y encabeza la lista de entidades donde más matan periodistas. Son datos oficiales. Se siguen registrando balaceras, secuestros y cobros de derecho de piso. No pocos afectados han optado por irse a vivir a Puebla, Mérida o de plano Estados Unidos, claro, cuando tienen recursos para mudarse.

Es el 5o. peor en escolaridad y el 4o. con más analfabetas, según el Inegi.

Según la Auditoría Superior de la Federación, Veracruz es uno de los 3 estados con mayor opacidad en el uso del presupuesto.

Extraoficialmente se ha detectado un notable gasto en la renta de aviones particulares mientras hay proveedores a los que no se les ha pagado desde hace varios años y a quienes se les sugiere "arreglarse" con Tesorería y con el hermano del gobernador para "destrabar" sus asuntos (no hay ninguna denuncia concreta ante las instancias de procuración de justicia y las autoridades estatales han negado las imputaciones).

Lo cierto es que las finanzas estatales están en territorio de colapso. Fuentes de 1a. fila me revelan que el presidente Peña Nieto ya fue informado que Veracruz está en situación de quiebra. Tal es el diagnóstico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Cuando los reporteros le preguntan sobre esta bancarrota, el gobernador Javier Duarte señala que heredó un gran desorden de la administración anterior, encabezada por su compañero de partido y padrino político Fidel Herrera. Omite decir que entonces él era secretario de Planeación y Finanzas.

Mientras tanto, desde Veracruz, lo que se reporta a las autoridades federales son las gracejadas y fiestas del gobernador Duarte, un carácter iracundo que le hace perder el equilibrio con frecuencia y un abucheo durante los Juegos Centroamericanos que todavía se recuerda.

Carlos Loret de Mola A.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de marzo de 2015).

Uno de los problemas en México es que tenemos que redefinir nuestro federalismo, que hoy en día significa el poder absoluto de los gobernadores, que curiosamente son los únicos que no rinden cuentas y no hay transparencia. Reciben mucho más dinero que incluso hace 20 años. Todo esto abre un espacio a la corrupción mucho mayor. Cuando la figura del presidente era la del "Señor Presidente", fue en el periodo de 1965 a 2000, pero eso no existió antes y no existe hoy día. Yo diría que el estado presidencial es muy débil y nuestro problema es redefinir el federalismo.

Ahora la figura presidencial queda, más que nada, como chivo expiatorio. El poder real es el que no se ve, tanto el del narco como el del dinero y de quienes se reparten el botín [partidos políticos].

En junio, por 1a. vez en mi vida, yo no sé por quien votaré. El PAN está sumido en una crisis tremenda, el PRD se descalificó, MORENA ni quiero saber de él y los otros partidos deberían desaparecer, porque son una vergüenza para la democracia mexicana.

Hoy en día, toda esa parte de arriba nos obliga al pesimismo, pero abajo sigue existiendo el pueblo mexicano, y no me refiero a los malvados de Tepito y de la plebe que vive de los traficantes y narcotraficantes, hablo de esos trabajadores sencillos y honestos: policías, barrenderos, los obreros o los ingenieros. ¿Por qué crees que los Estados Unidos aprecian tanto la mano de obra mexicana? Eso es lo que me da esperanza, así como la gente que se organiza. Con todo y los problemas hay muchos recursos y no me refiero a economía, hablo de la gente.

Creo que hay un desgaste de la democracia que es peligroso, porque la misma gente quiere tirar la democracia al bote de basura porque no ha resuelto sus problemas. El problema de la corrupción no sé cómo lo vamos a resolver, porque es tan antiguo que ya permeó a toda la sociedad. Mientras que en otros países la corrupción se mantiene en una esfera, en México está en todos los niveles. En Italia la mafia mataba jueces, aquí se nos olvida lo corrupto, no se le da seguimiento.

Jean Meyer
(v.pág.6 de La gaceta de la Universidad de Guadalajara del 16 de marzo de 2015).

¿Quién tendrá derecho a opinar aquí? ¿Sólo quien esté con lo que se entiende como "izquierda" en este país? ¿Sólo los politólogos? ¿Sólo los que están contra el gobierno? ¿Sólo los que lograron descalificar a quien no opine igual que ellos debido a su profesión, aficiones o hobbies?

¿Y quién no? ¿Los arquitectos? ¿Los taqueros? ¿Los ganadores del Oscar? ¿Los que hablamos acerca de los ganadores del Oscar? ¿Las comadritas? ¿Los políticos? ¡Qué triste y perversamente nos dividimos solos!

Creo que esto nos está pasando a todos desde donde quiera que sean nuestras trincheras de la vida. Mientras que algunos debaten los verdaderos puntos de conflicto en nuestro país (que vaya que los hay) hay una enorme cantidad de personas que actúan como que les entregaron un pase libre para lo que empieza a saber como un enorme "pleito de cantina ideológico". Sin la menor duda, hay mucho que decir. Mucho que hablar. Mucho que arreglar. Mucho que exigir, pero si las personas de buenas intenciones seguimos perdiendo nuestra energía y tiempo dándonos de tuitazos y similares entre nosotros, ¿quién va a quedar para de verdad cambiar las cosas?

Susana Moscatel
(v.pág.35 del periódico Milenio Jalisco del 20 de marzo de 2015).

A lo largo de mi trayectoria como pobresor y en otros cargos en el poder judicial local y federal, en que he tenido el alto honor de servirle a la República, muchas personas me han preguntado y de manera muy seguida, sobre todo en los últimos años, el por qué existen tantos problemas, guerras, narcotráfico, secuestros, desaparecidos, fosas con miles de muertos, pleitos y demás crímenes de toda índole y una respuesta contundente es que no tenemos respeto, de que no nos respetamos a nosotros mismos ni a los demás, que a partir del respeto personal y hacia los demás, podríamos construir la paz, el orden...

José de Jesús Covarrubias Dueñas
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 20 de marzo de 2015).

Flota la incógnita sobre si en regiones de Guerrero donde la autoridad es el crimen organizado hay condiciones de seguridad para que el 7 de junio se vote la renovación de la gubernatura, del congreso local y de las alcaldías; además, claro está, de que ese día deben ser elegidos los diputados federales guerrerenses.

Los actores políticos -es decir, partidos, gobiernos, legisladores e incluso órganos electorales-, defienden la realización de las elecciones con el argumento de que lo contrario representaría un grave descalabro democrático.

Concedido que la cancelación de unos comicios constituye una señal de que algo grave habría logrado interponerse en la normalidad democrática donde un pueblo puede elegir a sus representantes. Pero, ¿la no suspensión de los comicios es por sí misma, en sentido contrario, un síntoma de salud institucional?

Dicho en otras palabras, ¿qué van a ganar los guerrerenses con el hecho mismo de que sí haya elecciones? Quienes resulten elegidos, darán a su entidad ¿mayor tranquilidad? ¿progreso? ¿igualdad?

En unos días se cumplirán 10 años del inicio de los gobiernos perredistas (es un decir) en Guerrero. Este mes, la ONU publicó el Índice de Desarrollo Humano para las entidades federativas, México 2015. Avance continuo, diferencias persistentes. Se trata de un reporte del PNUD que nos ayuda a dimensionar la terrible herencia del PRI en esa entidad y la incapacidad del PRD para, en una década, cambiar ahí las condiciones sociales.

Los menores niveles de desarrollo en México están en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, que respectivamente se asemejan a los de Gabón, Egipto y Botsuana.

Guerrero ha tenido elecciones e incluso (no se rían) alternancia.

¿No es tiempo de preguntarnos, elecciones sí, pero como para qué? ¿Para perpetuar el ciclo de gobernantes nuevos en instituciones inoperantes? ¿Sólo para eso? Los únicos que ganarían serían los partidos, que pueden seguir este juego de la simulación.

Cabría recordar que a finales del gobierno de Calderón, hubo algunas voces que plantearon suspender en Michoacán, que ya era un estado fallido, las elecciones. Todos dijeron que no, que como país no nos podíamos permitir el lujo de suspender elecciones. El resto es historia.

Salvador Camarena
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 23 de marzo de 2015).

Imaginemos por un momento, las repercusiones que tendrá un presupuesto base cero que reduzca plazas laborales, destine una partida importante para liquidaciones de trabajadores estatales, revise las participaciones a los estados y los obligue a éstos a cobrar sus propios impuestos, que revise y acabe con partidas de supuesto apoyo al campo o a ciertas industrias o servicios que en realidad son un gran negocio para líderes campesinos, sociales o selectos empresarios.

Un ejemplo: lo más importante que se ha hecho en la última década en este sentido ha sido la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, una empresa paraestatal ineficiente, redundante con la CFE, que ocasionaba pérdidas de miles de millones de pesos al año, con recursos que se quedaban a veces en manos de sus administradores y siempre en su sindicato. Han pasado casi 6 años desde entonces y el tema sigue un largo proceso político, impuesto por su sindicato inexistente de una empresa disuelta, negociado precisamente en las mismas oficinas del subsecretario de Gobernación Luis Miranda. Imagínese ahora un proceso similar multiplicado por decenas, pueden ser cientos o miles, de grupos afectados en sus intereses.

El tema no es si es justo o no revisar el presupuesto 2016 desde una base cero, lo que sería una medida necesaria ante un instrumento que ha sido ya demasiado manoseado a lo largo de los años. La pregunta es si el gobierno federal puede imponer políticamente medidas de esa envergadura. Si lo puede hacer dentro del propio gobierno federal, en los estados y en el congreso, donde en junio estará en disputa su propia mayoría en la Cámara de Diputados. Porque los intereses afectados trascenderán partidos y fronteras. No vaya a ser que nos encontremos con cientos de pequeños CNTE o SME a lo largo y ancho del país. Porque ese camino, son muchos los que ya aprendieron a recorrerlo.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 26 de marzo de 2015).

En Iguala, Arcelia y Cocula, de fama mundial en los últimos meses, la actividad criminal no ha parado. En Cocula, donde la PGR sostiene que incineraron a 43 normalistas de Ayotzinapa, el crimen es rampante a todas horas del día. Arcelia continúa siendo la cabecera criminal del secuestro en el sur del país. En zonas como Coyuca de Catalán, la presencia guerrillera, cuyo objetivo desde hace años es el aniquilamiento de todas las instituciones, se mantiene muy fuerte.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.10-A del periódico El Informador del 26 de marzo de 2015).

Las encuestas dan cuenta de que Peña Nieto experimenta muy bajos niveles de aprobación (entre 38 y 40% de los encuestados). Eso confirma a los críticos que la mayoría de la población no apoya al presidente porque lo está haciendo mal. Nos decimos que 60% de los mexicanos no puede estar equivocado. De acuerdo, pero tampoco podemos desconocer al otro 40% y simplemente atribuir su opinión a que están siendo manipulados, son unos borregos o han sido comprados.

El problema con estas 2 posiciones es que parecería no haber soluciones intermedias o posibilidad de conciliar las diferencias.

Que los mexicanos se partan en 2 visiones tan viscerales y antagónicas es lamentable. Que el presidente de (en teoría) todos los mexicanos se compre esta visión y se encierre en uno de los 2 bandos podría ser una tragedia. Los que tenemos alguna responsabilidad en la escena pública tendríamos que evitar que este abismo se siga ensanchando.

No creo que lo mejor para el país sea la renuncia de Peña Nieto. Ni es factible ni es conveniente. Entre otras cosas porque el problema no es el hombre sino el sistema. Los poderes de facto simplemente lo sustituirían por otro igualmente funcional a sus intereses, con la desventaja de una inestabilidad que perjudicaría a todos.

Pero reivindico la necesidad de cuestionar una y otra vez los excesos, los vicios y malas prácticas de su gobierno, porque estoy convencido de que sólo mediante la presión de la opinión pública y la intervención ciudadana, las élites de este país se verían obligadas a introducir cambios para disminuir la corrupción, la desigualdad o la injusticia. En efecto, México no es una dictadura militar y hay más apertura que hace 30 años. El sistema tiene muchos rasgos autoritarios pero está lejos de constituir un régimen represivo. Si así fuera no podría publicar lo que escribo en este espacio. Pero eso no quiere decir que debamos aceptar la miseria que se ceba en tantos, la corrupción ofensiva y la impunidad flagrante, las infamias que día a día se cometen en contra de los desprotegidos. El nuestro es un país profundamente desigual e injusto y todos somos responsables, pero nuestras autoridades están obligadas a ofrecer una respuesta.

Tenemos derecho a disentir, y ellos tienen derecho a ser juzgados y evaluados de acuerdo a todos sus actos y no sólo aquellos que confirman nuestras fobias y pesimismos. No en todo acto político o de gobierno hay un designio satánico ni mucho menos; pero tampoco en cada crítica hay un misil destinado a la destrucción. Mientras no lo entendamos continuaremos ahondado la intolerancia y la mutua indignación. No me interesa seguir indefinidamente confirmando las infamias de un sistema por demás imperfecto. Me resulta mucho más interesante revisar que podemos hacer para zanjar tales infamias. Y para ello tendríamos que comenzar dialogar los 2 méxicos en los que nos hemos convertido.

Jorge Zepeda Patterson
(v.sinembargo.mx del 29 de marzo de 2015).

México experimenta un peculiar malestar con su democracia. Comprender las razones de la exasperación mexicana no es sencillo. Salta a la vista la ausencia de novedad. Nada de lo que ha provocado una oleada de indignación es nuevo. Por lo menos en los últimos 6 años el país ha vivido una pesadilla de violencia homicida sin precedentes desde la Revolución.

Muchos se imaginaron que el sexenio que corre pasaría a los anales como uno de los más corruptos. Pocos se imaginaron que el gran escándalo de corrupción del gobierno del presidente Peña Nieto tuviera que ver con actos cometidos antes de asumir la presidencia. El conflicto de interés que evidenció el escándalo de la casa blanca palidece en comparación con los actos de corrupción que los presidentes del PRI cometían a diario en el periodo de oro del autoritarismo mexicano. Hace 30 años nadie hubiera levantado la ceja ante las andanzas del grupo Higa y los gobernantes mexiquenses. Eran -y son aún en una parte del país- los usos y costumbres del poder.

El enojo tiene, a mi parecer, 3 variantes distintas. La 1a. se relaciona con las expectativas que los mexicanos teníamos de la democracia. Durante las décadas que precedieron a la alternancia, la democracia fue una diosa a la que se le rezaba y de la que se esperaban toda clase de bienes terrenales y del más allá. La democracia traería un maná de desarrollo económico, igualdad social y Estado de Derecho. Le pedíamos peras al olmo. En 2o. lugar, como muchos otros países con un pasado autoritario, idealizamos a la democracia. Los mexicanos están insatisfechos con su gobierno democrático no sólo porque no les ha provisto de los bienes sociales que a menudo se esperan, de manera realista o no, de la democracia. También están descontentos por la brecha que perciben entre su concepción idealizada de la democracia y la forma de operar de las instituciones democráticas existentes. La tergiversación tiene su entronización en la Constitución misma, que en el Artículo 3 define a la democracia no solamente como un tipo de régimen político sino como "un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo". Un sistema de vida. Finalmente, ha aparecido una fuente de descontento con la democracia que es muy reciente. Tiene que ver con el descubrimiento de las patologías democráticas en un Estado débil. Para algunos la transición a la democracia parió una "criatura grotesca que hoy parece inaguantable". Se reconoce que el partido hegemónico perdió elecciones, que a la mayoría de los estados llegó la alternancia, que la izquierda gobierna desde hace muchos años la capital del país. Sin embargo, nos dice Jesús Silva-Herzog Márquez, nada de eso "es suficiente para lograr una política que asiente la paz, que permita convivencia y que se controle a sí misma" (Reforma, 8 de diciembre, 2014). Tiene razón. En efecto, "el encendedor de las elecciones no fue suficiente para implantar un régimen que merezca calificativo de democrático. Tal vez ahí estuvo nuestra ingenuidad. Creer que la alfombra electoral puede extenderse en una casa sin piso. Desenrollar el tapete de las elecciones sobre el vacío del Estado, la burla de la ley y el paño roto de la comunidad". Hoy las señas de la política mexicana son: "pluralismo sin ley, competencia sin contrapesos, arbitrariedad descentralizada, poderes sin responsabilidad, plutocracia alternante. ¿Qué nombre describe el régimen que padecemos?" De la misma forma, muchos han descubierto que la competencia por los cargos públicos depende críticamente del dinero. Ningún sistema ha podido, en ningún lugar, eliminar por completo este mal. El financiamiento público de los partidos políticos y las campañas electorales no acaba con la economía política del voto y la movilización. Sólo nos hace creer que esa doble contabilidad, que es la real, no existe. Esto siempre ha sido así, sólo que hasta ahora lo descubrimos. Este no es un defecto de nacimiento de la democracia, es un mal congénito que acompañará al paciente hasta la tumba. De igual forma, vimos con estupefacción cómo del huevo del federalismo salían feos dragones: irresponsables, codiciosos y hambrientos de fondos públicos.

El riesgo del astigmatismo producto de la exasperación es que no veamos lo mucho que hemos logrado. Es cierto que la pluralidad y la competencia no instalaron controles y contrapesos. La dinámica virtuosa no ocurrió. Esas son las asignaturas liberales de nuestra política democrática. Sin embargo, se construyó un entramado institucional que no debe ser menospreciado. La cruda democrática es útil si nos recuerda el costo de nuestros excesos, nuestras desmedidas expectativas, sin embargo es peligrosa cuando disminuye el valor intrínseco del método democrático. El desencanto con la democracia, dejado libre a sus instintos, alimenta retrospectivamente la idea de que las incipientes instituciones democráticas eran, son, defectuosas y perversas. Entonces no era descabellado, después de todo, mandarlas al diablo. Nuestro régimen es, con todas su horribles deformaciones, democrático. Haríamos bien en no repudiarlo porque hoy es el único futuro que tenemos.

José Antonio Aguilar Rivera
(v.periódico Milenio en línea del 30 de marzo de 2015).

"En México se presenta la corrupción en todos los niveles de la sociedad y en la mayoría de los aspectos de la vida política y económica. No nos estamos justificando y mucho menos auto denigrándonos, sino únicamente estamos conscientes de una realidad".

Así escriben Julián Matute Y Ma. Isabel Matute Ruiz en su libro Perfil del Mexicano, EDAMEX 1992, ¿Cómo somos y por qué somos como somos?

Hay escritores que afirman que es un mal endémico de nuestra forma cultural de ser, hay quienes se lo atribuyen a la falta de una educación cívica adecuada, y hay también quien acusa a los gobiernos de ser tan codiciosos, que han hecho del poder una oportunidad de asaltar las arcas del pueblo, sin importarles nada y [sin] sufrir consecuencia alguna.

Los autores citados, definen corrupción como "la acción o efecto de corromper... alterar la forma de alguna cosa, echar a perder, dañar y podrir, entre otras acepciones".

"No todos los mexicanos son corruptos, pero en la vida diaria hasta los más honesto caen en la corrupción, pues las cosas se le facilitan más".

"Quienes actúan en política caen irremisiblemente ante los embrujos que tiene el poder y pocos son los que logran resistirse al deleite que produce tener una situación de predominio. La corrupción no consiste sólo en obtener lucros indebidos sino que proviene también de la oportunidad de conseguir prestaciones y servicios a aprovechar situaciones ventajosas para lograr beneficios personales".

Vista así, si resulta muy viable que nadie nos escapemos a ser artífices de un país que promueve la corrupción.

Con el simple hecho de usar palancas y aprovechar de los parientes y amigos en cualquier estructura del poder para sacar beneficios personales o familiares, ya estamos siendo corruptos.

No se requiere meter mano directa al presupuesto. Basta sacar un permiso al margen de la ley o simplemente no haciendo la cola, como todos, ante las cajas de una recaudadora.

La corrupción no es propia de la cabeza de la pirámide, sino que "presenta una estructura piramidal... que se inicia en los cimientos y va ascendiendo hasta llegar a la cúspide. Siempre se tiene que tomar en cuenta al inmediato superior".

El principal error y el más grave es no respetar el sistema y hacer una complicidad con tajadas de por medio.

Esto es lo que genera a mantener un país corrupto.

Guillermo Dellamary
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de abril de 2015).

Hace 100 años la denigración del pueblo mexicano se atribuía a la pasada dictadura porfirista y se enfocaba fundamentalmente en los aspectos educativo y económico. Un pueblo ignorante y miserable sin otro horizonte deseable que poder comer al menos una vez al día.

Hoy las cosas han cambiado, el analfabetismo ha sido casi erradicado, y aunque aún México tiene un 50% de su población viviendo en pobreza, hay otro porcentaje casi igual que ha superado ese nivel. La denigración actual se ubica más bien en otros ámbitos, concretamente en el proceso sostenido de alcoholización social, debilitamiento moral y anarquía comunitaria, entre otros.

Bajo el principio de que el fin justifica los medios, y el sofisma de que lo importante es dar trabajo, sea de lo que sea, el crecimiento de todo tipo de sitios para la venta y consumo del alcohol se ha desaforado, cebándose principalmente en los alrededores de cuanta institución educativa, pública o privada exista. Los señores tequileros, con el afán de vender su producto, lo han convertido en el 2o. escudo de Jalisco, y lo peor, han trabajado tan consistentemente que acabaron por transformar un gusto en un vicio. Vender alcohol y cerveza a granel y en grandes cantidades parece ser el objetivo supremo de los antros, bares y conexos, donde a las cubetas han seguido los barriles, mesa por mesa, para que los concurrentes se harten y congestionen, pues más que beber, tragan alcohol bajo la complaciente mirada de las autoridades, muy ufanas porque están aumentando la planta laboral.

En no pocas escuelas, ya desde la primaria, la educación sexual se convirtió en promoción de las relaciones sexuales a la edad que sea, y mientras más pronto mejor, bajo la excusa de que ya saben cuidarse, como si un adolescente tuviera la suficiente contención para hacerlo a la hora de las pasiones desatadas. El resultado ha sido la proliferación de embarazos y eventualmente de abortos, que dejan en quienes los viven una inevitable autodenigración.

Pasionales y alcoholizados, lo mismo sobrios que ebrios, dan el siguiente paso, la anarquía de la existencia, donde las reglas mínimas que favorecen la vida en sociedad se quiebran y pulverizan con un costo muy alto para la vida de todos. Y hay que advertir que en este aspecto, no es la delincuencia común la más visible, sino la que cometemos todos los ciudadanos todos los días, y que inicia por la falta de respeto a las leyes de tránsito, a las normas de la buena vecindad, a la honestidad laboral, a la responsabilidad medioambiental.

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 5 de abril de 2015).

Silenciosa, permanente, dramática y demoledora, es la nueva revolución iniciada en pleno siglo XXI en México y desencubierta por las cifras oficiales dadas a conocer en diversos momentos -sobre todo policiales y del Inegi-, que establecen que hoy existen más de 66 millones de mexicanos que sufren incapacidad económica para adquirir la canasta básica con el sueldo mínimo autorizado por el "órgano técnico".

Quienes piensan que una revolución al estilo de la protagonizada en 1910 (que diera como resultado histórico más de un millón de muertes -entre los cuales se cuentan niños, jóvenes, adultos, ancianos de familias enteras-), no se volverá a dar en nuestro país, tienen razón. Las condiciones y circunstancias de ahora son diferentes, con tanta gente preparada, capacitada, intelectual y emocionalmente, una revolución de aquellas características es prácticamente imposible.

Las revoluciones del mundo no se han presentado de un día para otro, son producto de procesos fallidos de la sociedad.

En tiempos de reflexión -y de campañas-, vale la pena considerar los antecedentes históricos para no cometer los mismos errores y para que los más de un millón de ricos, ricos que existen en México -según cifras del Inegi- pongan sus barbas a remojar, pues ni con todos los guaruras del mundo y tecnología de seguridad existentes podrán evitar los secuestros, robos, asesinatos, ejecuciones, corrupción y demás males que nos aquejan, porque cuando hay hambre, desempleo y desesperanza, lo que sigue es el quebranto de la salud, la incapacidad para prepararse o desarrollarse, y la delincuencia desesperada.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid
(v.pág.11-A del periódico El Informador del 6 de abril de 2015).

La opinión que nos hemos formado del gobierno-institución a través del tiempo por sus acciones, sus declaraciones contradictorias, el comportamiento indeseable de algunos funcionarios, los ataques a la propiedad privada y las constantes declaraciones de buscar una sociedad igualitaria, no en base a elevar el nivel cultural de las masas, sino hostilizando al capital, no nos puede dar la esperanza firme de que no volverá a suceder y es por esto que no será fácil restituir la confianza.

¿Qué más prueba queremos de la confianza que nos han dispensado los países que ha visitado el presidente Peña Nieto? ¿Van a invertir en México porque nos tienen confianza? Más bien creo que tienen confianza en sí mismos, en su capacidad negociadora, en su tecnología avanzada, en su habilidad financiera y en su poder económico que les garantiza el éxito en cualquier empresa que emprendan en un país que carece de seguridad interna y no confía en su gobierno.

"En lo que sí podemos confiar es en que las malas personas no cambiarán jamás" (William Faulkner, escritor estadounidense). A la primera oportunidad que tienen traicionan nuestra confianza en su beneficio personal o para su grupo de poder.

Tampoco debemos culpar al gobierno de todas nuestras desgracias, es necesario aceptar la parte de culpa que nos corresponde por nuestra apatía, falta de valentía para pedirle que frene sus ímpetus de crecimiento burocrático, de su poder y su rectoría.

Luis Jorge Cárdenas Díaz
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 9 de abril de 2015).

La polarización política está anidada en México. ¿Cuántos años tiene de vivir en nuestras casas? Hay quienes señalan a Andrés Manuel López Obrador como el arquitecto del fenómeno, desde Tabasco, cuando perdió la gubernatura frente a Roberto Madrazo, por lo penetrante de su discurso teológico -fraseado todo entre el bien y el mal, lo negro y blanco sin grises- que generó discordias estatales que aún no se superan. Lo repitió en 2006, cuando perdió la Presidencia ante Felipe Calderón, y lanzó la diatriba de la mafia que le robó el poder, que dividió incluso a familias, y exacerbó dinámicas de una sociedad dividida, confrontada e intolerante.

Capítulo de esta larga y ominosa historia se enmarca en la ilegalidad del director de la Conagua, David Korenfeld, de usar un helicóptero oficial para fines privados. Con Korenfeld, el antisemitismo es común. Hace unas semanas, cuando la conductora Carmen Aristegui llevó al terreno de la libertad de expresión su diferendo con MVS Radio, sus legiones de seguidores lapidaron a quienes se quedaron trabajando en la empresa. Lo notable, empero, es que se enfocaron en Ezra Shabot, que dirige el noticiero vespertino en la misma estación, cargados de un antisemitismo que no ha estado ausente en ataques a otros connotados mexicanos de origen judío, como el historiador Enrique Krauze y el ex canciller Jorge Castañeda.

Menos conocidos son otros casos, como el de Adela Micha, a quien le llovían amenazas y canalladas en las redes sociales tales como "te vamos a convertir en jabón", como hacían los nazis en el Holocausto.

El debate sobre la libertad de expresión en Estados Unidos tiene dividida a la sociedad. En México no ha habido necesidad de debate alguno, pues de manera racionalmente disfuncional hemos partido a la sociedad sin discutir qué tipo de libertades queremos. La libertad de expresión, dice el profesor de Harvard Harvey Mansfield, hace a uno pensar en el otro, y aun si uno tiene una razón egoísta, debe asumir que la otra persona piensa de la misma manera. Lo contrario, agrega con los ojos puestos en la dinámica de la condición humana, "no es una receta para una sociedad feliz ni estable". En México, de esto, sabemos ya bastante.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 9 de abril de 2015).

Al fracasar el levantamiento del cura Hidalgo que no logró darnos independencia de España, Vicente Guerrero se ocultó donde era tradición que lo hicieran los perseguidos de toda laya, desde homicidas hasta cuatreros: en las ariscas, secas y alacranientas montañas de la región que hoy lleva su nombre, Guerrero.

El Estado de Guerrero sigue hundido en pobreza, violencia de todos contra todos y la cifra más alta de homicidios en México. Ha sido gobernado por caciques desde que somos independientes, algunos de ellos héroes de la Historia, hasta la camada siniestra de los Figueroas. No es una maldición, es la expresión de "usos y costumbres": los conflictos entre vecinos se resuelven a balazos y el gobierno estira la mano para recibir de la federación lo que Guerrero no produce.

La educación ha sido el motor del México contemporáneo: gratuita, laica y basada en los resultados del progreso científico, exige el Artículo 3º de la Constitución. Letra muerta en Guerrero y Oaxaca, en manos de una pandilla de sanguijuelas que chupa el presupuesto federal: la CNTE y la Ceteg.

Hoy Guerrero tiene escuelas sin excusados, sin agua, sin electricidad, con piso de tierra. Receta fácil: la Federación debe invertir más. Veamos números:

El presupuesto para 2015 es de 4"695,000 millones. Distribución eliminando miles de millones: SEP: 305, Defensa Nacional: 71, PGR: 17, Cámara de Diputados 7, Senado: 4. Partidos políticos más de 5,000 millones. Un presupuesto alto, dice el presidente consejero, Lorenzo Córdova, "para que no busquen (dinero) donde no deben"... entran risas grabadas. Los partidos gastan 20 veces más.

El presupuesto de Educación Pública es más de 4 veces el de la Defensa. Dinero para escuelas dignas y maestros capacitados lo hay. Pero los líderes sindicales del magisterio comenzaron por negarse a responder el censo con el que la SEP esperaba saber, al menos, cuántos maestros dan clase, cuántos tienen licencia sindical y cuántos son aviadores. Guerrero seguirá en la miseria el próximo siglo.

Luis González de Alba
(v.pág.3 del periódico Milenio Jalisco del 10 de abril de 2015).

Los acontecimientos de los últimos días podrían anticipar una campaña que coloca el acento en la seguridad. Sin embargo, la economía y el empleo siguen estando en la mente de la ciudadanía como un tema ineludible. En un entorno de debilidad económica, con constantes ajustes a la baja del crecimiento (2.95% y apenas estamos en abril) y una débil producción de empleos, parece que a nivel nacional la economía será por mucho el tema a debatir.

La corrupción emerge como otro tema fundamental en la campaña. Varía de estado a estado, pero la corrupción es uno de los problemas mayores del país para 7 u 8 de cada 10 mexicanos. Con los escándalos que hemos visto a nivel nacional, la opinión pública ha volteado de nuevo al tema de la corrupción como uno de los ejes fundamentales del debate político.

Enrique Toussaint
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 12 de abril de 2015).

El presupuesto de base cero resultará difícil, si no imposible, de aplicar en el gobierno mexicano. Esta semana la investigadora Sunny Villa del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria señalaba que por los pagos obligatorios considerados por la ley sólo permiten modificar un 5.29% del gasto público. Otro 21.71% podría cambiarse, pero sólo si se enmienda la ley. El resto, un 73%, es inamovible.

Recordemos que los burócratas de base no son como el resto de los mexicanos que podemos perder nuestro empleo; ellos tienen garantizado sueldo, prestaciones y pensión sin importar que el gobierno tenga dinero o no y aunque no hagan nada o nada lo hagan bien.

Si juzgáramos el gasto gubernamental por sus resultados, habría buenas razones para recortar muchos programas que hoy son vacas sagradas. Por ejemplo, el gasto para combatir la pobreza, como he señalado antes, aumentó de 15,888 millones de pesos en 1994 a 310,302 millones de pesos en 2012 (cifras ajustadas por inflación). A pesar de este aumento de 20 veces la pobreza medida por el Coneval apenas bajó de 52.4% de la población en 1994 a 52.3% en 2012. Quizá este enorme crecimiento del gasto ha servido para crear burocracia o para enriquecer a algunos políticos, pero no para reducir la pobreza que era su razón de ser.

Esta situación se presenta por doquier en el presupuesto del gobierno. Ha subido el gasto en salud, especialmente por el Seguro Popular, pero no la salud de los mexicanos; ha subido el gasto en seguridad, pero no la seguridad; ha subido la inversión en petróleo, pero no la producción.

En un presupuesto de base cero evaluado por resultados, cada programa debería reconsiderarse para mantener sólo los que realmente tuvieran resultados positivos para la sociedad. Hoy los políticos se paran el cuello al decir que han aumentado el presupuesto de un programa u otro, pero rara vez se preocupan por ofrecer resultados.

La tentación de continuar aumentando el gasto para congraciarse con algún grupo u otro de la sociedad, no ha desaparecido.

De hecho, parecería que no hemos aprendido las lecciones de la vieja manera de presupuestar. En lugar de plantear metas concretas, como investigaciones en campos definidos, se anuncia simplemente una meta cuantitativa de 1% del PIB. El gobierno no ha dejado atrás, como vemos, los vicios que lo han llevado a gastar fortunas sin ningún resultado positivo.

Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Torreón en línea del 15 de abril de 2015).

Es cierto que en este tema de países no existe el descenso como tal, pero sí existe el estar día a día peor, descender en los estándares de vida y convivencia, y los ciudadanos siendo meros testigos de cómo cada día se hacen peor las cosas, se debilitan las de suyo débiles instituciones del Estado, y se acumulan puntos negativos en las grandes asignaturas nacionales de: población en condiciones de pobreza (la mitad), inseguridad, impunidad, injusticia, corrupción, marginación educativa y severos problemas económicos, viendo también cómo los responsables de dirigir al país hoy aparentemente ya no saben hacia dónde moverse.

Llegó el tiempo de campañas políticas, de la "renovación", e ingenuamente, al igual que al inicio de un partido de futbol de un equipo que no juega a nada, las observamos con la ilusión de que mejoren las cosas, de que aparezcan las fórmulas que ayuden a cambiar los resultados, que surjan las estrellas que puedan salvar al equipo... pero nada. Son los mismos, haciendo lo mismo, y buscando únicamente quedar en las posiciones de poder a costa sólo de demostrar que el rival es más cochino e incapaz.

En el futbol los malos resultados llevan al descenso; en el país llevan a una situación de aún mayor desesperanza, con un crecimiento cada vez más amenazante de la delincuencia organizada, expansión de los territorios que gobiernan los malandros, y contando con la disimulada o abierta complicidad de las autoridades vía la corrupción, esa tentadora maldición que se está convirtiendo en la razón de ser y sangre vital del sistema político mexicano.

Como país es cosa de esperar a que de la banca salga esa estrella que con un par de goles cambie el rumbo del partido. Aunque buscando entre quienes aspiran a entrar a la cancha... no se ve por dónde.

Pablo Latapí
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 16 de abril de 2015).

No es fácil que un país cambie cuando sus élites están tan poco interesadas en el cambio. Y quizá esa sea la gran tragedia que vive México. Los problemas estructurales que padece exigen ya soluciones radicales.

Jorge Zepeda Patterson
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de abril de 2015).

Hoy como nunca se exige a los mexicanos que cumplan con mayores contribuciones al fisco. Y la situación económica no está generando ningún optimismo sobre el futuro. Así, la jefa o jefe de hogar llega a su casa, cansado de trabajar todo el día para llevar lo necesario a su familia y enciende la televisión sólo para encontrarse con amigables recordatorios del SAT sobre el pago de impuestos, seguidos de interminables anuncios de partidos políticos acusándose mutuamente. Toda una receta para el descontento.

José González Morfín, diputado federal por el PAN
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 22 de abril de 2015).

Creo que la tentación populista mexicana crecerá en los próximos años. México ha dibujado lo que parece el mapa de una nueva modernización de amplios alcances, cuyos beneficios tardarán en llegar.

Los reformadores han afectado grandes intereses sin que haya todavía grandes beneficiados con esas afectaciones.

La modernización mexicana tiene un problema serio de tiempos.

La pregunta es si la ejecución de estas grandes reformas se verá marcada, deslegitimada, por la corrupción y el capitalismo de los amigos o será una verdadera llamada a la transparencia, la competencia y la productividad.

La pregunta clave es si la nueva modernización no servirá solo para crear nuevos empresarios e inversionistas, sino también una oferta masiva de empleos bien pagados.

La cantidad y calidad de los empleos dirá si esta nueva modernización es suficientemente incluyente o solo otra de las modernizaciones inconclusas, vieja especialidad mexicana y latinoamericana, de donde han salido históricamente los Perón y los Velasco, últimamente los Chávez, los Morales, los Kirchner y los López Obrador.

Héctor Aguilar Camín
(v.pág.3 del periódico Milenio Jalisco del 24 de abril de 2015).

Este fin de semana se confirmó en Guerrero lo que se sabe desde hace mucho tiempo: no hay gobierno, hay un vacío de poder institucional que llenan grupos criminales y grupos armados, organizaciones radicales que están unidas a unos u otros, caciques que siguen ocupando espacios, aunque hayan cometido todo tipo de crímenes, y partidos políticos que suelen ser franquicias de cualquiera de esos otros actores. Todo eso convive con una terrible debilidad institucional. No es Guerrero un estado pobre: lo han empobrecido quienes lo han gobernado, lo han saqueado, más allá de partidos e ideologías: desde los peores caciques hasta los más radicales grupos de izquierda, todos, en uno u otro momento, han abusado de la entidad y de su gente.

Apenas el viernes, luego de largas negociaciones, porque quería regresar al cargo, Ángel Heladio Aguirre, un hombre que tendría que estar bajo investigación por los hechos de Iguala, aceptó presentar su licencia definitiva a la gubernatura. Sigue teniendo enormes espacios de poder en el gobierno estatal y no se resignaba a dejar el poder: el que las autoridades no lo hayan sujetado a un proceso quizás le hizo pensar que podría regresar.

Obviamente no fue así. Pero el congreso local no tiene un sustituto. El gobernador interino, Rogelio Ortega, que hoy lunes pudiera ser ratificado en el cargo, ha hecho una gestión penosa: no tiene control del estado y no quiere tenerlo. Jamás ha asumido ante la CETEG y sus aliados una actitud de mínima autoridad y los saqueos, bloqueos, actos de vandalismo, hasta muertes, se han sucedido una y otra vez, mientras un buen número de municipios (no se sabe exactamente cuántos) están bajo control de grupos armados que, como los que encañonaron al candidato de MC, Luis Walton, en el fin de semana, ni siquiera se tiene conciencia de quiénes son. Pudieran ser desde un grupo guerrillero hasta un retén de narcos, desde un grupo de autodefensas hasta sicarios de algún cacique local. En ocasiones, insistimos, son los mismos con distintas cachuchas.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 27 de abril de 2015).

El 16 de enero de 2014 la Secretaría de Gobernación nombró un comisionado para el Estado de Michoacán. La razón era evidente: el gobierno de esa entidad estaba en franca descomposición. En el congreso federal hubo diputados que exigían la desaparición de poderes, mientras los periodistas exigían que los poderes finalmente aparecieran. La crisis michoacana era profunda, amplia, bien arraigada y devastadora, pero sobre todo, la gente, la población civil, había comenzado a levantarse en armas bajo el ejemplo de Cherán, y lo estaba haciendo con éxito, mostrando su capacidad para hacer lo mismo que hacía la delincuencia, sustituir al gobierno.

Ninguno de los estados de la república, con crisis de seguridad, llegó a ese extremo de la noche a la mañana, vivimos las consecuencias de muchos años de complicidad e incapacidad, y desde luego, el efecto de la innovación que ha transformado sustancialmente la empresa delincuencial. Esta innovación se observa en las estructuras de organización, en el estilo y forma de los liderazgos, en el modo de ejercer el dominio territorial, en las redes nacionales e internacionales, en la derrama económica que generan, en la estrategia de expansión y consolidación, en la sorprendente movilidad, la sofisticación tecnológica, el nivel de herramientas que manejan, estamos hablando de un posicionamiento de 1er. nivel.

En contraste tenemos a las fuerzas de seguridad, atravesadas y debilitadas por la lepra de la política mexicana, por los acuerdos colaterales, las preocupaciones electoreras, los tiempos de campaña, los protegidos y los recomendados. Fuerzas que parecen más bien debilidades por su poca preparación, retraso tecnológico, burocratismo incurable, bajos salarios, carencia de ética, colusión permanente con los delincuentes en más de un caso, precario sistema de inteligencia, y constante desmoralización por la corrupción de los jueces que sueltan a los delincuentes que tanto trabajo les da atrapar. Para vitaminarlos sacan al ejército a las calles, mostrando así el alto grado de impotencia que padecen las instituciones civiles.

Cuando se nombró al comisionado de Michoacán, muchos agoreros del fin del mundo pronosticaron la próxima caída del gobernador, otros dijeron que un comisionado era una especie de super gobernador o de mini presidente, una intromisión del poder federal por encima de la soberanía estatal; los de veras mal pensados llegaron a insinuar que el agravamiento de la crisis michoacana tenía causas situadas muy arriba, no otra cosa que un recurso, sin duda, criminal, para meter en cintura a un gobierno rebelde, que quería hacer las cosas a su modo, también en lo que mira a la toma de acuerdos con la propia delincuencia. Tal vez las cosas eran más simples, lo cierto es que la situación de Michoacán ha dejado los escenarios televisivos, sin que eso signifique que se haya resuelto.

Por lo pronto quienes pagan los platos rotos son los ciudadanos, la gente de Tamaulipas, Guerrero, Nuevo León, Zacatecas, y tantos otros estados que como Jalisco tienen años de estar asolados por la delincuencia, mirando absortos las escenografías cinematográficas que montan las autoridades para tomar acuerdos, pero que se esfuman a la hora de aplicarlos.

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 10 de mayo de 2015).

Desde que a algunos "maestros iluminados" -por allá en los 70s- se les ocurrió "simplificar" el proceso educativo, eliminando materias tediosas y supuestamente inútiles para la formación del joven y adolescente, como la ética, el civismo, la filosofía y sociología, ahora contamos con hijos de aquellos padres que llegan a las escuelas para aprender, sin haberse "educado" en casa.

¿Por qué nos sorprende encontrarlos así, si doña Tele fue quien "los educó"?

Aprendieron que "el que no tranza, no avanza" y "en la vida todo vale"; con padres que prefieren el "orgullo" de tener un hijo "abusón", a uno que sea víctima del llamado bullying.

¡Que se divierta el niño!... ¿Jugando al secuestro?...

Razón y Acción
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 23 de mayo de 2015).

Si en un país decenas o miles de personas dejan su lugar de origen por la presencia de grupos armados, abandonan pueblos o pequeñas ciudades invadidas por cobradores de "cuotas de piso" ¿cómo se pueden llamar? Desplazados ¿no? Si en medio de enfrentamientos quedan como daños colaterales la desfragmentación de familias dejando viudas y huérfanos y en el entorno se configuran a diario todas las manifestaciones de violencia existentes: robos, extorsiones, secuestros, asesinatos, lo anterior aderezado con personas desaparecidas, además de hechos que la ley y las autoridades definen como "actos vandálicos", entonces estamos frente a un conflicto armado, según la Organización de las Naciones Unidas y la Cruz Roja.

Por supuesto que cuesta aceptarlo pero es la realidad teórica y práctica que padecemos y justo en medio de todos esos sucesos violentos y omisiones de las autoridades de todos niveles está la ciudadanía. Ya no podemos ignorar que la violencia rebasó la tranquilidad de Jalisco, ocurrió hace un rato y no sólo con las bandas criminales. Si el conflicto hubiera quedado entre ellos como lo quiso acomodar más de alguna autoridad, qué bueno, pero no, la situación es aprovechada por delincuentillos que utilizan la dudosa capacidad mental que tienen para intentar replicar lo que hacen otros "grandes capos". Le explico: luego de la jornada del 1 de mayo se han registrado llamadas telefónicas a negocios y hogares intentando extorsionar con el argumento de que "ya llegaron a la plaza" y deben cobrar ya sea por tener algún negocio o bien, con el cuento de siempre, que tienen algún familiar secuestrado. El miedo está a la orden del día y más de alguno sigue cayendo en estas y otras redes delincuenciales que parecen incontenibles.

Está también la infaltable corrupción que hace posible que la justicia sea inexistente con los miles de muertos que ha dejado esta condición.

Ya no sólo preocupa lo que ocurre, están las devastadoras consecuencias que se reproducen en todos sentidos dejando los efectos en un ambiente hostil en el que crecen nuevas generaciones y vivimos el resto sin que exista el desinfectante adecuado para esta terrible área de putrefacción.

Gabriela Aguilar
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 26 de mayo de 2015).

Hoy sabremos hasta qué punto los grupos desestabilizadores como la CNTE son capaces de bloquear el proceso electoral en sus estados, en Guerrero y en Oaxaca, hasta qué punto son capaces de arriesgar lo que se les ha concedido, que trasciende cualquier margen de generosidad política.

Si la semana pasada ha sido de provocaciones y presiones constantes, sobre todo de Morena y sus satélites contra el Gobierno del DF y el PRD, esta semana y a partir de hoy, la Coordinadora querrá hacer su demostración de fuerza, pondrá en marcha su plan para frenar los comicios. Con la suspensión indefinida de la evaluación docente (un error de las autoridades federales, una concesión de un fin último a cambio de una tregua absolutamente coyuntural, que difícilmente se respetara), la agenda magisterial de la CNTE ha quedado superada, la que queda ahora es la real, la política, la de la simple disputa por el poder. Así actuarán hoy y así le deben responder, ahora, las autoridades.

En los estados de Guerrero y Oaxaca (también en Michoacán) las organizaciones más radicales del espectro político amenazan con impedir la realización de los comicios: en los terrenos de la normal de Ayotzinapa se acumulan los autobuses robados, la gasolina y el diesel para echarlos a rodar (y para las bombas molotov) el día de las elecciones y así impedir la instalación de las casillas (sería tan sencillo bloquear las sedes, como Ayotzinapa, donde están los camiones secuestrados e impedir así la consumación así de un delito); en el Distrito Federal, los grupos organizados en torno a Morena, han iniciado desde días atrás una verdadera campaña para estrangular la ciudad y tratar de sacar tajada electoral: ahí participan desde los grupos de taxistas pantera hasta Antorcha Campesina. Y es que un triunfo en toda la línea del PRD en la capital podría ser lapidario para Morena.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 1o.de junio de 2015).

Son muchos los que preguntan, los que piden como si fuera consejo para comprar un auto nuevo: ¿por quién hay que votar?

Después de las campañas y las acciones de contraste (guerra sucia, les llaman) que exhibieron candidatos y partidos políticos para destacar las supuestas virtudes propias y desnudar los presuntos defectos de los contendientes, gana fuerza la percepción de que a la mayoría se le confundió antes que aclararle las cosas.

Menuda ironía, sobre todo en un México como el de estos días, que debate lo que ya se denomina suicidio político después de la suspensión de la evaluación a los maestros o lo que es equivalente: la sepultura de la reforma educativa por parte del Estado que intentó ganar legitimidad precisamente con esto.

Y es una ironía o más, una paradoja, porque mientras la gestión de lo público pierde autoridad moral, más dinero se destina a la elección de nuevas autoridades que heredarán un Estado que se erosiona rápidamente.

Las elecciones del año 2015, no debe olvidarse, le cuestan al erario federal más de 18,500 millones de pesos. Y aún personajes como Jorge Alcocer (ex político y hoy especialista en temas electorales) se atrevieron desde el año pasado, a calcular una sumatoria de lo que cuesta el proceso electoral completo, considerando también el costo judicial (tribunales electorales) y los presupuestos de los institutos electorales de los estados. El resultado fue la impresionante cifra de 37,000 millones de pesos.

Y esa montaña de dinero termina en la pregunta, muchas veces urgente, de quienes piden: ¿por quién hay que votar?

Se antoja entonces desmontar varios mitos, como aquel que asegura que el futuro del país se asienta en un resultado electoral; a la ciudadanía se le bombardea con el mensaje constante de la trascendencia del voto como palanca del futuro, cuando en realidad lo que se logra es la perpetuación de un sistema que no cumple, ni de lejos, con las expectativas.

En Jalisco, a unos días de las elecciones intermedias, es cuando menos sorprendente corroborar cómo se tambalea el proyecto político del gobernador Aristóteles Sandoval Díaz -dañado por la actuación de su padre magistrado y promotor de la ilegalidad, Leonel Sandoval Figueroa-.

¿Hasta cuándo seguirá vigente el juego de la elección como fundamento de la democracia?

La pregunta persiste: ¿por quién hay que votar?

Jorge Octavio Navarro
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de junio de 2015).

El país está en una profunda crisis social, económica, política y civilizatoria que se expresa en las enormes dificultades para la reproducción de la vida digna que tienen millones de mexicanos.

En México el Estado no es una institución al servicio de la gente, controlada por las leyes, sino una maquinaria político-criminal compuesta de la clase política de todos los partidos, fuerzas de seguridad, poderes fácticos y los cárteles de los negocios capitalistas ilegales.

A pesar de las evidencias de que tenemos un narco-estado criminal, todavía algunos confían en que es posible cambiar este cuadro social mediante las elecciones, con el poder de cruzar una boleta. Son millones de personas inconformes con la situación del país, pero conformes con el sistema político. Creen que el voto todavía puede ser útil para poner freno a lo peor del sistema y eventualmente cambiar las cosas desde dentro con políticas públicas adecuadas. Ese amplio campo tiene dos posturas: los que votarán y los que anularán como forma de protesta.

Entre los primeros parece coincidir el rechazo al PRI y sus prácticas autoritarias, corruptas y represivas, y a los partidos tradicionales (PAN y PRD), pero piensan que pueden encontrar opciones menos malas en Morena, Movimiento Ciudadano y ciertas candidaturas independientes.

De otro lado, hay un abanico de posturas en contra del sistema político: desde quienes llaman al boicot electoral.

En medio de todo este bloque está una mayoría de abstencionistas que sin organización evidente se ha ido conformando a lo largo de las últimas décadas en abierto y manifiesto cuestionamiento al sistema político. Para esta amplia mayoría votar no sirve de nada porque las elecciones no cambian la realidad de los sujetos en su vida cotidiana. La base de esta postura política es el análisis de que todos los partidos son iguales tanto en sus prácticas como en su proyecto, con apenas matices en el poder. Pero también es una experiencia histórica, sedimentada en la memoria, de que incluso los cambios revolucionarios ocurridos en México les han escamoteado sus demandas y derechos.

En México no hay democracia, sino un sistema de dominación con múltiples opresiones, un sistema que domina para explotar, despojar, reprimir y despreciar. Por eso el voto no sólo es una ilusión como cambio de la realidad del país, sino que al final participar en las elecciones, así sea por candidaturas independientes, termina avalando ese sistema. Las campañas y las elecciones son dispositivos que refuerzan el sistema liberal basado en la separación de dirigentes y dirigidos y se convierten en la principal fuente de legitimación del sistema político.

Rubén Martín
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de junio de 2015).

En México llevamos muchos meses de rabia, de coraje. El país que tenemos no es el que queremos. Nos hemos dado permiso de soñar y nos gustó ese imaginario. Pero lo que estamos viendo no es lo que soñamos.

Hemos atestiguado campañas en donde personajes de todos los partidos han quedado exhibidos en sus excesos, sus corruptelas, sus incapacidades, sus vínculos inconfesables.

Carlos Loret de Mola A.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 4 de junio de 2015).

Ante media docena de camionetas con 30 narcos, 28 armas de alto poder que ni el Ejército mexicano tiene, y misiles tierra-aire para derribar helicópteros militares, ¿cuánta fuerza es "excesiva fuerza"? Una bomba atómica. Todo lo demás es necesario y, hemos visto, insuficiente.

Niños bien y clasemedieros, metidos a anarcos, pueden quemar con gasolina a trabajadores de la policía mal pagados; es un intento de homicidio ante el que deberían disparar: todos estamos autorizados a cuidar nuestras vidas. Pero sus mandos no les permiten ni defenderse. Al Ejército exigimos que primero grite un enérgico "¡Alto allí! ¿Quién vive? ¡Arrojen sus armas si las traen y si no pos no!".

Cuidamos los derechos del (presunto) delincuente que ya aprieta el gatillo de esa arma infernal que dispara 700 balas por minuto. El capitán a cargo apenas ha dicho "Alto a...", y no concluye porque ya está muerto en el cumplimiento de su deber... y de los moños preocupados por lacras que no se la piensan para derribar un helicóptero lleno de soldados de élite ni para emboscar y matar a 15 policías federales, también de élite.

El Ejército no puede actuar como los delincuentes que persigue, de acuerdo. Pero, ¿no hay complacencia en destacar los posibles excesos? ¿En revisar estadísticas entre muertos y heridos en Tanhuato, cuya curva de Bell no es regular?

¿Hay muertos con tiro de gracia? No. ¿Hay delincuentes rendidos y luego rematados? Quizá, pero no sabemos si, luego de rendirse, uno de ellos hizo un movimiento sospechoso: yo, soldado, ¿le pregunto si nomás se va a rascar los güevos o a sacar la granada que acabará con mi batallón? No le pregunto: disparo. Y luego reviso el cadáver: Uta, era una manzana mordida lo que iba a sacar... ¿Qué opino yo, un no soldado? Que el soldado hizo bien su trabajo y disparó antes de comprobar qué sacaría el presunto...

¿Saben qué? No mamen. ¿No podríamos cerrar las bocotas? Soldados y policías se están jugando, y perdiendo, la vida y les exigimos lo que no haríamos en su lugar.

¿Y el asesinato de Gonzalo Rivas, quemado vivo por los normalistas que incendiaron a propósito la gasolinera donde trabajaba?

Luis González de Alba
(v.pág.3 del periódico Milenio Jalisco del 5 de junio de 2015).

Ley seca que se impone para cuidar unas de las más álgidas votaciones del país. Comentario fuerte que habla de la pobreza electoral en un país donde las cosas no van bien, no repunta, los objetivos planteados parecen inalcanzables y las acciones del ejecutivo dejan ver que de lo que se trata es de terminar, con los menos golpes posibles, este sexenio.

La corrupción sigue incontenible y, lo más grave, la impunidad crece con débiles y malos disfraces como una dura afrenta a la ciudadanía, casas, presas, uso de aviones con recursos del erario, comisiones dadas y recibidas, costos de obras abultadas. En muchos puntos del país, crece la violencia y la inseguridad con el avance del narco, además de que la economía nacional está estancada a pesar de los muchos anuncios oficiales de lo contrario.

Y en materia electoral la guerra sucia, la compra de votos y el pago a representantes de casilla, flacos candidatos en su mayoría sin propuestas, partidos coludidos. Para colmo las acciones de violencia que ponen en vilo las elecciones en tres estados: Oaxaca, Michoacán y, especialmente, Guerrero.

El Instituto Nacional Electoral ha tratado de hacer su trabajo, pero reconoce que en Oaxaca hay un retraso del 40% y que las condiciones en los otros 2 estados mencionados es precaria. Al final, el INE señala que la ley es clara: los consejos distritales tienen facultades para abrir o no las casillas, de acuerdo a las garantías de seguridad existentes. Casillas que de no abrirse darían paso a la repetición del ejercicio hasta lograr la elección de todos los diputados locales.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de junio de 2015).

Al término de la administración de Miguel de la Madrid, estados y municipios ejercían 5% del total de gasto federalizado en el país. Al término de 2014, esa participación es de 34%. En estos mismos años, el crecimiento anual de dicho gasto en términos reales ha sido de 7%. Doble efecto: más participación de mayores recursos. Como diputado federal, Felipe Calderón fue pieza clave al condicionar la aprobación del presupuesto para 1998 a la transferencia de mayores recursos a los municipios. "Hay que promover el federalismo" era la consigna, y a partir de ahí la bonanza para estados y municipios comenzó a tomar forma.

Luego vino el 1er. presidente en más de 30 años que había sido gobernador. Y la fiesta continuó, pues además los gobernadores del PRI se liberaban del control previo de la casa presidencial. Luego vinieron los mayores precios del petróleo en la historia. Y en ausencia de auditoría, de supervisión, de mecanismos efectivos de control a escala subfederal, aquello ha devenido en pachanga.

Entre varios otros factores, la susceptibilidad hacia actos de corrupción crece donde hay mayor disponibilidad y acceso a recursos públicos. O donde las reglas se han escrito de manera tal que no hay manera de hacer nada. Desde 2011, por ejemplo, el congreso aprobó la Ley General de Contabilidad Gubernamental, que se traduce en la armonización contable entre los tres órdenes de gobierno para incrementar la transparencia y rendición de cuentas. Pero ¡ah!, cómo se han encontrado resistencias para su aplicación en algunas regiones del país. Y no es porque los gobiernos locales no sepan de contabilidad...

Ahora, la promulgación del llamado Sistema Nacional Anticorrupción es la culminación de esfuerzos para una política sancionadora: castigar tanto a servidores públicos como a particulares hasta con la disolución de empresas, fortalecer y ampliar las facultades de fiscalización de la Auditoría Superior de la Federación, crear un Tribunal de Justicia Administrativa, ampliar de 3 a 7 años la prescripción de faltas administrativas... Si bien no hay reformas "definitivas" en esta materia, es claro que cuando menos se ha escuchado el mensaje: el país no aguanta más la corrupción.

¿Qué nos falta? Retomar la educación de valores. Retomar un sentido de moralidad que se extravió en el camino pero que con un poco de esfuerzo se puede reencontrar. Una política únicamente sancionadora no se va a dar abasto...

Marco Provencio
(v.pág.4 del periódico Milenio Jalisco del 12 de junio de 2015).

La niñez mexicana vive amagada por la pobreza y la violencia; está expuesta al trabajo infantil y a la migración, además de que su nutrición es precaria. Sin embargo, las tareas políticas actuales no pasan por solucionar este álgido problema. Porque para quienes de la política han hecho un modus vivendi, su preocupación central es lograr, recuperar, no perder, sustentar: el poder.

Pero ¿poder para qué? No para solucionar los problemas de los mexicanos, sino para ser presidente municipal, regidor, diputado, senador y aún presidente. Ser y poder, lo demás, las duras condiciones de la infancia, es cosa baladí para ellos. Lo fundamental es alcanzar, vivir en y con poder.

De acuerdo con el UNICEF, el 53.8% de niñas, niños y adolescentes viven en pobreza extrema. 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes han vivido violencia contra ellos; y en trabajo infantil están 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes. Además de que ya van 12,301 niñas, niños y adolescentes mexicanos repatriados desde Estados Unidos, sin la compañía de un familiar.

Los políticos no pueden fingir ignorancia cuando el UNICEF expone la realidad de la infancia mexicana una y otra vez, sólo que ellos, los postulados y otros más, prefieren mirar para otro lado, ése donde sólo está su ambición de poder.

Lourdes Bueno, investigadora de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 20 de junio de 2015).

No tenemos una economía exitosa ni tampoco un paquete de reformas que ya están impactando positivamente. Solamente estamos menos peor que muchos otros países.

Óscar Armando Herrera Ponce
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 25 de junio de 2015).

Perdida en la parte final de una larga entrevista con el secretario de la Defensa, general Salvador Cienfuegos, aparece una advertencia al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, a la clase política y a la sociedad: "¿A quién le conviene un Ejército que no obedezca? ¿A quién le conviene un Ejército que no tenga disciplina? ¿A quién le conviene un Ejército que no esté entregado a su país?". Las palabras del general reflejan por 1a. vez la molestia del alto mando y de generales retirados, que en diciembre le reclamaron que el Ejército estaba sometido a una campaña de desprestigio, y que los había abandonado el ejecutivo al permitir que fueran juzgados en tribunales civiles. Todo, lo increparon, con su aceptación.

La entrevista es una rara introspección a la mente de un secretario de la Defensa, que refleja asimismo su molestia con el gobierno y con la clase política. Criticó al gobierno que quiera que los soldados hagan tareas que le corresponden a la policía -"no es el papel real que deba de cumplir un Ejército respecto de la seguridad interior"-, sin dar el apoyo presupuestal para crecer al Ejército. Sobre la clase política, la inacción para legislar en materia de seguridad interna y defensa nacional. "Si vamos a utilizar las Fuerzas Armadas", agregó de manera pragmática, "(usémoslas) para poner orden, no para ver si pondremos orden".

Cáustico el secretario, que usó las palabras con cuidado. A lo que se refirió es a la dicotomía de los políticos. "Pondremos el orden", como lo dijo, manda el pensamiento hacia los eternos temores de que si los soldados salen a la calle a poner orden y lo hacen con eficacia, entonces ¿por qué no de una vez por todas toman el poder? El miedo al golpe de estado ha girado en la cabeza de los políticos desde que se crearon las instituciones en el 2o. cuarto del siglo pasado para que los conflictos se resolvieran por la vía pacífica, no por la vía armada, como sucedió en la Revolución.

El gobierno y los políticos, han dicho generales retirados, no están del lado del Ejército e, incluso, lo han traicionado. El quiebre de su respeto hacia el ejecutivo se dio con la forma como se procesó el Caso Tlatlaya en junio del año pasado, donde se acusó a 8 soldados de matar a 22 personas, vinculados algunos con bandas de secuestradores, que los atacaron con armas de uso exclusivo del Ejército. El entonces procurador Jesús Murillo Karam, dijo que los soldados los habían "ejecutado", que motivó una protesta en Los Pinos del general, con lo cual se borró ese verbo del lenguaje oficial. Debido a que el congreso canceló el fuero militar, fueron consignados a la autoridad civil. El testimonio por el cual los inculparon fue de la madre de la novia de uno de los abatidos, que después se desdijo. Un año después del incidente, ni siquiera ha empezado el juicio.

Pero Tlatlaya se convirtió en la piedra angular de las críticas al Ejército, que ha llevado al secretario a afirmar que hay una campaña de desprestigio contra las Fuerzas Armadas. ¿De dónde vienen esos ataques?, le preguntó el reportero de El Universal. "Me encantaría saber de dónde vienen", respondió. "Pero el efecto está ahí, lo vemos en algunos medios, algunas organizaciones que consideran que el Ejército no está haciendo su tarea adecuadamente, o que ha afectado a la ciudadanía. Mi percepción es que efectivamente hay quienes están interesados en desprestigiar a las Fuerzas Armadas y lo hacen a través de los medios". ¿Qué es lo que ha hecho el gobierno para compensarlos? Fuera de dinero y discursos laudatorios, realmente nada. El Ejército está solo. El gobierno, reclamaron los generales en diciembre al secretario de la Defensa, no los defiende. El general Cienfuegos contuvo en aquél momento las críticas hacia su persona, y las imputaciones al ejecutivo.

En la entrevista se queja de la falta de leyes, de la anulación del fuero militar, de la PGR que no ha hecho nada ante las denuncias sobre quienes presumen responsables de la campaña de desprestigio, del abandono en el que, en términos reales, tienen a los militares. Eliminar el fuero militar, dijo, fue un error, "porque están poniendo al Ejército en situaciones muy sensibles, vulnerables, delicadas, en las que nuestro personal ahora piensa que si lo procesan por desobediencia, por no obedecer al secretario, o lo procesan por violar derechos humanos. Creo que al soldado le conviene que lo procesen por desobediencia, pero al país no le va a convenir".

Ese es el fondo del argumento del general secretario. Si lo que sucede ante la falta de leyes y abandono del gobierno lleva al dilema y el soldado decide por bajar los brazos, ¿quién resultará afectado?

Externalizar el enojo interno es el 1er. paso. El 2o. es cuánto más tolerarán la situación en la que se encuentran.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 30 de junio de 2015).

"Tierra de Cárteles", documental cuyas 50 copias -el doble de las que normalmente se le dedican a una obra en esta categoría-, empezaron a proyectarse en cines mexicanos este fin de semana. Pero quien quiera ver la crisis del estado de derecho en México, esta es la mejor introducción a la tragedia mexicana. "Tierra de Cárteles" es la abolición de las leyes en una parte del territorio nacional, la claudicación del Estado ante los criminales, y la utilización de delincuentes para combatir la delincuencia.

"Cuando tu gobierno no puede proveer la seguridad básica ante los criminales asesinos organizados, ¿es aceptable tomar la ley en tus manos para proteger a tu familia, tu tierra y tu país?", comienza la presentación del documental en la página del Sundance Film Festival, una institución fundada y presidida por Robert Redford, única en el mundo para el cine alternativo. "Ésa es la pregunta en el fondo de 'Tierra de Cárteles', un viaje poderoso y visceral de dos movimientos vigilantes actuales".

El documental, por el cual fue premiado este año su director Matthew Heineman, y cuya productora ejecutiva es Kathryn Bigelow, la directora de The Hurt Locker, describe las razones y tribulaciones de dos grupos que tomaron la justicia en sus manos, enfocado en sus 2 líderes, Tim Foley, de Arizona Border Recon, y José Manuel Mireles, fundador de los grupos de autodefensa civil en Tepalcaltepec, Michoacán. "Es una reflexión escalofriante -describe su promocional- sobre el rompimiento del orden y la frontera donde la vida vence a la ley".

Esa frontera, sin embargo, se mide por diferentes raseros. La 2a. Enmienda de Estados Unidos permite a los ciudadanos tener armas para defenderse. En México, la ley no permite tener armas sin permiso de la Secretaría de la Defensa Nacional, y menos aún de uso reglamentario del Ejército. En Estados Unidos, el grupo vigilante, con un discurso de odio hacia los inmigrantes, detiene y entrega indocumentados -criminales o no- a la policía fronteriza, para que los deporte. En México, los grupos de autodefensa capturan y matan a presuntos criminales, secuestran a inocentes a quienes golpean y hacen juicios sumarios, con el apoyo de la Policía Federal que también viola las garantías y los derechos de los presuntos culpables. Tan delincuentes los federales mexicanos como los grupos a los que arropó, la estrategia contraproducente contra Los Caballeros Templarios del gobierno federal.

"Tierra de Cárteles" demuestra visual, documental y cinematográficamente, la claudicación del gobierno a proveer la seguridad -razón primaria en la fundación de los estados modernos-, y de cómo, institucionalmente, autorizó a que michoacanos desesperados lucharan hombro con hombro junto a criminales, y se alzaran contra bandas rivales para hacer el trabajo sucio al gobierno. Fue guerra sucia pública, manejada públicamente como una lucha de buenos contra malos. Se podía violar la ley si se trataba de aniquilar a Los Caballeros Templarios, y gozar de un salvoconducto gubernamental, aún en los excesos.

Esa parte es narrada y filmada en "Tierra de Cárteles", que se salta la 1a. gran consecuencia de ello: en enero de 2014, Michoacán estaba al borde de la guerra civil. La estrategia había resultado un fracaso. Para enfrentar a un ejército de sicarios se alentó a otro ejército de sicarios y autodefensas que tomaron la ley y el negocio en sus propias manos. A mediados de ese mes, el gobierno nombró a Alfredo Castillo comisionado para la Seguridad y el Desarrollo en Michoacán, y lo convirtió en un procónsul. Lo que desarrollo el gobierno fue una estrategia de guerra de baja intensidad en ese estado.

"Tierra de Cárteles" muestra cómo esa estrategia también fracasó. Los grupos de autodefensa fueron incorporados a la institucionalidad, al crear la Fuerza Rural en Michoacán. En su momento, alejado del ojo público, hubo un encontronazo entre la Secretaría de la Defensa Nacional y el gobierno civil por la administración de ese nuevo grupo michoacano. Los militares querían absorberla dentro sus históricos cuerpos rurales, pero al final, Castillo se impuso. Serían civiles, vinculados a la Policía Federal.

El resultado lo esboza el documental. La Fuerza Rural es un nuevo cártel de drogas en Michoacán, con armas y uniformes legales y legitimados por el gobierno mexicano. Ha bajado la violencia, en efecto, y se vive mejor en Michoacán que en los años recientes. Es el fenómeno que sucede cuando un cártel vence a sus enemigos y se queda con la plaza. Eso ya lo sabemos y ya lo vivimos, como tantas cosas que de no haberse cometido tantos errores, no serían parte fuente de inspiración en "Tierra de Cárteles".

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de julio de 2015).

Led La Gran Depresión Mexicana.
Led La situación del país (2001-2010).
Led La situación del país (2011-2013).


La corrupción ya acabó con México.

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