Trabajo y Alegría


Trabajar a gusto

Este domingo, como mucha gente sabe, ha sido canonizado en Roma el fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer.

No quiero hacer un análisis religioso de lo que esto supone para la Iglesia Católica, ni tampoco adentrarme por sendas teológicas o doctrinales, en las cuales, dicho sea de paso, soy bastante lego, para criticar o justificar la elevación a los altares de este cura español, ya que como bien dice un refrán, español precisamente, y muy oportuno para este caso: "doctores tiene la iglesia". Por lo que yo, desde esa óptica, cierro el pico.

Lo que sí me animo a decir, es que me gusta la idea de que haya una religión que esté proponiendo como ejemplo, a un hombre que resaltó durante toda su vida, como así hizo Escrivá, la importancia de deleitarse en el propio trabajo haciéndolo con la mayor perfección posible, y de encontrar en la jornada laboral un campo fecundo para el propio desarrollo y una forma de poner en juego todas las potencialidades humanas.

No mucha gente piensa que la mayor parte de nuestra vida, cuando no estamos durmiendo o comiendo, estamos trabajando, al menos en teoría... Traten de encontrar otra actividad que uno realice durante 40 horas a la semana y se darán cuenta que no existe. Aun así, el trabajo es para mucha gente más mortificante que una suegra metiche; por lo que inician cada mañana la jornada laboral resucitando fatigosamente del lecho, como canta Sabina, bostezando y amenazando al despertador.

Claro, detrás vienen no uno sino cientos de problemas laborales, ya que se trabaja con un ojo en la computadora y otro amarrado al segundero del reloj, y el rictus todo el día de niño "mehicedelbañoenterito"; y compromisos incumplidos, y quejas constantes ante cualquier problema estúpido, y críticas a los compañeros, al jefe, a los empleados, y falta de iniciativa, de responsabilidad, de orden, y la permanente frase en la boca: me pagan una miseria.

Qué diferente cuando uno encuentra personas que disfrutan en la chamba. Hace unos meses, al ir a realizar unos de los muchos trámites que uno debe hacer anualmente, en unas oficinas del Gobierno federal en la calle Alcalde, tuve la suerte que me atendiera una persona que me llamó poderosamente la atención por su alegre mirada y su sincera sonrisa, refulgía con distinción frente al típico gris-funcionarial. Lo más increíble de todo es que no sólo no se empeñó en crearme problemas nuevos, táctica alevosa y muy común en la burocracia de todo el mundo, como bien relata Kafka en su novela El castillo -equivale, en términos futbolísticos, a sacar el balón del área dándole un patadón-, si no que empeñosa e inteligentemente, trató de resolverme los que tenía.

Les puedo asegurar, e intuyo que no me equivoqué, que estuve tratando con una persona feliz en muchas otras parcelas de su vida, probablemente porque trabaja a gusto...

Miguel Rumayor, profesor universitario
(Publicado en la pág.4-A del periódico El Informador del 9 de octubre de 2002.

Trabajador


¿Por qué tendemos a desunir el trabajo y la alegría?.

Nuestro día de labor no suele ser nuestro día de júbilo; por tanto queremos un día de descanso; porque desdichados como somos, no podemos advertir que nuestra fiesta puede estar en nuestro trabajo.

El río halla su placer en fluir hacia adelante; el fuego lo encuentra en la irrupción de su llama; la esencia de la flor lo ve en su purificación de la atmósfera; pero en nuestro trabajo de todos los días no hay para nosotros tal placer.

Y el trabajo nos abruma porque no nos abandonamos, porque no nos entregamos a la tarea gozosamente y por completo.

Dondequiera que los campesinos labran la dura tierra, emerge la alegría en el verdor de los maizales; dondequiera que el hombre desaloja la enmarañada selva y suaviza el pedregal y se proporciona espacio para construir un hogar, allí la alegría lo envuelve en el orden y la paz.

Rabindranat Tagore


Sé alegre y optimista cuando te dirijas a tu trabajo, hazlo dichoso. El trabajo que haces es digno de tu persona... aunque sea pequeño es de mucha responsabilidad para ti y para el mundo...

Nunca te olvides de agradecer a Dios el trabajo que te proporciona el pan de cada día...

Llega a tu sitio de trabajo con el corazón contento y tu trabajo se te convertirá en pasatiempo y estímulo, fuente de alegría desbordante y de felicidad inmensa para cada día que empieza.

Anónimo


El momento del retiro

Los gurús de la auto-ayuda no ayudan

Los gurús de la auto-ayuda rutinariamente hacen recomendaciones poco exitosas con impunidad. Por ejemplo, ¿no ha escuchado a un gurú decir que la llave del éxito es la autoestima? ¿O insistir en que "suéñalo y podrás hacerlo"? ¿O incluso "No se presionen. Cuando deba ser, será"? Los gurús lo persuaden con cuentos acerca de cómo ellos o sus acólitos pasaron de la depresión al deleite, de los harapos a la riqueza, de recogedor de estiércol a diva.

Lo que los gurús no dicen son las probabilidades. Seguro, funcionó para su ejemplo seleccionado o para ellos mismos. Después de todo, fueron lo suficientemente listos, motivados o afortunados para que les publicaran un libro o para aparecer en televisión. El problema es que la mayoría de los consumidores de sus biografías no son tan listos, motivados o afortunados. Los gurús no admiten que por cada historia de éxito de un millón de dólares, incontable gente compró sus exhortos, y continúan hablando con sus tarros de cerveza.

Barbara Sher, una de las pocas expertas en auto-ayuda que respeto, autora de "Wishcraft" y del libro lleno de pepitas de oro "Barbara Sher's Idea Book", está de acuerdo.

"Le pido a mis audiencias: 'Levanten la mano aquellos de ustedes que realmente hayan sido ayudados por pensar positivamente'. Nadie lo hace."

¿Qué es lo que más frecuentemente le ha ayudado a mis clientes?

Marty Nemko
(Bankrate.com 28 de marzo de 2005).


Con el trabajo, la chamba, el jale, hay problemas que pasan por el dinero, y otros que tienen que ver con lo que simboliza. Decía recientemente Luis González de Alba que uno de nuestros grandes errores es verlo como una explotación, una carga, una obligación y no como una virtud, como algo que aporta, que nos impulsa más allá de lo económico y que alcanza incluso el crecimiento espiritual.

Myriam Vidriales
(v.pág.22 del periódico Público del 31 de marzo de 2006).


Por la mañana miro muchos rostros tristes, de hombres y mujeres que van en su automóvil, o en el metro o el autobús, con la mirada perdida, hoscos, igual que si fueran a una cárcel. Creo saber la causa de su expresión sombría. Van al trabajo, y su trabajo no les gusta. Son esclavos, por tanto; galeotes o forzados que por dinero venden parte de su vida.

Jamás he sido bueno para dar consejos -y menos aun para seguirlos-, pero a mis hijos les hice una recomendación: "Procuren ganarse la vida haciendo lo que les gusta. Así nunca tendrán que trabajar".

Yo he trabajado desde que tuve 14 años. Pero jamás he trabajado. Quiero decir que siempre he hecho lo que me gusta. Espero con ansia que amanezca el día para empezar a jugar con mis amigas -dóciles a veces, a veces huidizas- las palabras.

Soy un privilegiado. Porque es muy feo eso de tener que ganarte la vida a costa de tu vida.

¡Hasta mañana!...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango del 25 de junio de 2009).


Jean Cusset, ateo con excepción de cuando lee a Darwin, dio otro sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y continuó:

-A los católicos se nos enseñó a despreciar el mundo; a fijar toda nuestra esperanza en una patria definitiva: el Cielo. Se nos enseñó también a despreciar los bienes terrenales -sobre todo el dinero-, pues según la doctrina son cosa del demonio. Esas enseñanzas, con ser tan espirituales y elevadas, no hicieron de nosotros gente de trabajo. ¿Quién quiere arar en un valle de lágrimas?

-La reforma protestante -siguió diciendo Jean Cusset- dio a los hombres un nuevo sentido del mundo, del trabajo y de la dignidad de los frutos que el trabajo da. Mientras los pueblos germánicos y sajones que se afiliaron a la nueva concepción medraron y se enriquecieron, las naciones latinas siguieron en su esperanza de una recompensa sobrenatural.

-Reconozco que lo que digo es muy simplista -concluyó Cusset-, pero aun así creo que no hace ningún daño pensar que el bienestar en la Tierra no está reñido con la prometida felicidad del Cielo.

Así dijo Jean Cusset, y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.

¡Hasta mañana!...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango en línea del 4 de agosto de 2011).


Aunque las cifras de desempleo y accidentes laborales pueden llegar a ser consideradas como alarmantes, y hasta una de las causales por las cuales algunas personas -que no son pocas- optan por la delincuencia como una forma de resolver sus problemas, me llama mucho la atención la actitud de las personas, pues constantemente se quejan de la falta de oportunidades; de que no ganan lo suficiente -o lo que ellos quisieran-; de que tienen que cumplir con jornadas de 8 horas; y en pocas ocasiones piensan o están dispuestas a aportar un extra para que la empresa, dependencia u organización en que trabajan alcance mejores resultados y/o dividendos, pues consideran que de cualquier manera ellos no se verán beneficiados.

Es entonces cuando intento reflexionar al respecto y me cuesta trabajo entender a ciencia cierta el comportamiento humano bajo los siguientes parámetros: si el problema es el desempleo y yo cuento con 1 o 3, luego entonces significa que soy bendecido. Si mis jornadas de trabajo son de 8 horas, entonces aún tengo 6 u 8 extras que puedo aprovechar para objeten más recursos, o en el mejor de los casos, puedo dedicar el tiempo extra para prepararme mejor y obtener un empleo que reditúe en mejores dividendos... ¿y entonces?

Siempre será mejor contar con un empleo a estarse tronando los dedos o convertirse en un delincuente.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid
(v.pág.15-A del periódico El Informador del 10 de agosto de 2015).

Hoy es lunes y el trabajo nos espera, las actividades recobran todo su esplendor y lo menos que puede uno preguntarles es: ¿qué tal la cruda?

Por supuesto que me refiero a la cruda realidad, la que hay que enfrentar luego de varios días sin trabajar, sin tener que producir nada, hay miles de afortunados -privilegiados diría yo- que cuentan con esa posibilidad, y no obstante, muchos de éstos son de los que a diario, o un día sí y otro también se quejan de que ya no les alcanza el sueldo, sus ingresos, pensión o herencia, para vivir acorde a lo que consideran son merecedores, y todo porque el pin... gobierno -de cualquier color- no es capaz de resolverles todos sus problemas, aseguran con voz firme y harto convencimiento.

Si los observamos un poco, pronto nos daremos cuenta de que son los mismos que aseguran (después de concienzudos y doctos análisis), que el país se está cayendo a pedazos, que la inseguridad y la corrupción brotan con cualquier pretexto, y que el sacrificio de los héroes de la Patria no sirvió de nada, salvo como pretexto para dejar de trabajar -dejar de producir- unos días del año.

Son aquellos que regresan a sus lugares de trabajo a cumplir con un horario, con una rutina, aunque les quede claro que con sólo eso es insuficiente para sacar adelante a un país, que si bien es cierto que éste se encuentra viviendo no una, sino varias crisis a la vez, entre ellas destaca la de falta de valores, de compromiso e identidad social, sustancias todas ellas que desafortunadamente no se pueden adquirir en ningún supermercado o tienda departamental, tampoco en cursos de "superación" o con alguno de los "iluminados" que se sienten, creen o difunden que son los "salvadores de todos los males".

El que aprendió, aprendió diría uno de mis profesores de la educación básica (escuela federal El Leal) No se trata de exhaustivos estudios, ni mucho menos de largas reprimendas, sino de "sembrar" esos valores desde temprana edad, para que cuando se llegue a la adolescencia y posterior juventud, sean esos valores los que perduren, porque no es cuestión de sentirse de izquierda, de derecha o de centro (mucho menos de combinaciones que se antojan antinaturales), sino de cumplir con las tareas que a cada cual nos corresponden -y un poco, o un mucho más-.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 19 de septiembre de 2016).
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