Fábulas mexicanas


Refieren las crónicas que en 2002 se celebró una competencia de remo entre Japón y México. Los remeros japoneses se destacaron desde el comienzo. Llegaron a la meta una hora antes que el equipo mexicano.

De regreso en México, el Comité Ejecutivo se reunió para analizar las causas de tan desconcertante e impreviso resultado.

Las conclusiones fueron:
1) En el equipo japonés había un jefe de equipo y 10 remeros.
2) En el equipo mexicano había un remero y 10 jefes de equipo.

La decisión pasó a la esfera de Planificación Estratégica para el próximo evento, con una restructuración que calaría en lo más profundo de la delegación.

En 2003, producida la largada de la nueva competencia, el equipo japonés volvió a adelantarse desde el comienzo...

Esta vez el equipo mexicano arribó a la meta dos horas más tarde.

El nuevo análisis del Comité Ejecutivo arrojó los siguientes resultados:
1) En el equipo japonés había un jefe de equipo y 10 remeros.
2) En el equipo mexicano, luego de los cambios introducidos por el departamento de Planificación Estratégica, la composición era la siguiente:
* Un jefe de equipo
* Dos asistentes del jefe de equipo
* Siete jefes de sección
* Un remero

La conclusión del comité fue unánime y lapidaria: "El remero es un incompetente".

En 2004 se le presentó una nueva oportunidad al equipo mexicano.

El departamento de Nuevas Tecnologías y Negocios había puesto en marcha un plan destinado a mejorar la productividad, introduciendo novedosas modificaciones en la organización que generarían, sin lugar a dudas, incrementos sustanciales en efectividad, eficiencia y eficacia. Serían la llave del éxito, el broche de oro de un trabajo que humillaría al mismísimo Peter Drucker.

El resultado fue catastrófico. El equipo mexicano llegó tres horas más tarde que el japonés.

Las conclusiones revelaron datos escalofriantes:
1) Para desconcertar, el equipo japonés optó por la alineación tradicional: un jefe de equipo y 10 remeros.
2) El equipo mexicano utilizó una novedosa formación vanguardista, integrada por:
* Un jefe de equipo
* Dos auditores de calidad total
* Un asesor de empowerment
* Un supervisor de downsizing
* Un analista de procedimientos
* Un tecnólogo
* Un contralor
* Un jefe de sección
* Un apuntador de tiempos y movimientos
* Un remero

Luego de varios días de agotadoras reuniones y profundo análisis, el comité decidió castigar al remero quitándole "todos los bonos e incentivos por el fracaso alcanzado".

En la reunión de cierre, el comité junto con los accionistas representativos concluyeron:
"recurriremos a la contratación de un nuevo remero, pero a través de un contrato de outsourcing, con el objeto de no tener que lidiar con el sindicato y no estar atados a convenios laborales anquilosados, que sin duda, degradan la eficiencia y productividad de los recursos".

Moralejas de esta historia:

  1. No hay justicia en los deportes.
  2. Los remeros japoneses usan anabólicos.
  3. El remero era reactivo en lugar de ser proactivo.
  4. El remero era perezoso y no se apegó a la misión, visión, objetivos, estrategias y tácticas del sistema, y por si fuera poco, no supo trabajar en equipo.

Otra fábula mexicana


Es del tiempo en que las haciendas empezaban a ser manejadas por los hijos de aquellos hacendados que poco a poco se fueron retirando o se fueron muriendo, por aquellos jóvenes que ya habían tenido el privilegio de acudir a una universidad, y que eran la sangre nueva.

Resulta que Pablo, después de la muerte de su padre, se hizo cargo del rancho y un buen día le dijo a Juan, el peón más viejo de la hacienda y a quien quería como si fuera familiar: -Vente Juan, vamos a recorrer las tierras.

-Sí patroncito-, repondió Juan y se montó en su caballo, y al trote se emparejó con Pablito, "su niño".

Juan estaba un poco resentido porque después de tantos años de lealtad y entrega a la familia de Pablito, éste, su niño, al que le enseñó las suertes de la reata, los piales y las manganas, los secretos para no perderse en el campo aunque se cabalgara en la noche más negra... al que le había enseñado ¡todo!... hasta cómo encontrar agua... que había regresado a la hacienda por la enfermedad de su padre, cuyo posterior fallecimiento y despedida lo habían sumergido en pena y dolor, y del cual no se había separado durante estos acontecimientos, confortándolo y apapachándolo, asumiendo durante esos días la dirección de la heredad... pero que ¡oh decepción! había contratado nuevos empleados, y entre ellos... ¡a un nuevo caporal!...

¡Cómo era posible! Pablo, Pablito, ¡su niño! No lo había hecho caporal, su sueño más anhelado, caporal de la hacienda para ayudar a su niño... y no lo habían nombrado.

Esto lo traía triste y contrariado. Pablo había contratado a otro, más joven ¡sí! ¿Pero 'onde quedaba la lealtad y el cariño, 'onde los años de devoción y entrega a esa familia por la que hubiera podido dar la vida si así se lo hubiesen pedido?

Juan sentía que Pablo había sido ingrato con él... y Pablo algo de eso maliciaba: Juan no lo trataba igual, no quería estar cerca de él, lo rehuía... algo había en esas conductas que no eran las habituales.

Andaban los dos juntos, los caballos casi se rozaban, pero ellos estaban lejanos, distantes, cuando de repente, a lo lejos, una gran polvareda, y Pablo pregunta: -¿Juan, qué es eso?

-¡Ahorita te digo, mi niño!- Y diciendo y haciendo, Juan le bajó la cuarta a su cuaco y salió a galope tendido rumbo a la polvareda. Al poco rato llegó con el cuaco jadeante y le dijo: -¡Son unas carretas, mi niño!

-¿Y a dónde van?

-Ahorita te digo-. Al rato regresa y dice: -¡Van pa' Durango!

-¿Y qué llevan?

Y vuelta pa'trás. -¡Llevan trigo!

-¿Y como cuánto trigo?

Chin... y nuevo galope: -¡como veninte toneladas!

En ese ir y venir andaban cuando se les emparejó Jacinto, el nuevo caporal, y el patrón le preguntó: -¿Jacinto, ya viste esa polvareda?

-¡Sí patrón!

-¿Qué será?

Aquí Juan no daba más crédito; el había recorrido ese camino en varias ocasiones, casi había reventado a su caballo, y ya había informado... ¿Qué estaba pasando? ¿Pablo le había perdido la confianza?

Mientras Juan roía sus resentimientos, Jacinto ya venía de regreso para informarle a su patrón.

-Son unas carretas, patrón, van para Durango y llevan como veinte toneladas de trigo. Son del rancho "La Noria", los que están del otro lado del cerro.

Moralejas de esta historia:

Citada por Conrado Trapero Rivas
en la pág. 20A del periódico Ocho Columnas del 19 de agosto de 2001.

Una más


Todos los días, muy temprano llegaba a su empleo la Hormiga. Allí pasaba sus días, trabajando y tarareando una antigua canción de amor. Ella era productiva y feliz, pero ¡ay!... no era supervisada.

El Abejorro gerente general consideró que ello no era posible, así que se creó el puesto de supervisor, para el que contrataron a un Escarabajo con mucha experiencia en JIT, Poka Yoke & Kan Ban.

La primera preocupación del Escarabajo supervisor fue organizar la hora de llegada y de salida y también preparó hermosos informes. Pronto fue necesario contar con una secretaria para que ayudara a preparar los informes, así que contrataron una Arañita muy picuda en PFMEAs que organizó los archivos y se encargó del teléfono.

Mientras tanto la Hormiga productiva y feliz trabajaba y trabajaba.

El Abejorro gerente estaba encantado con los informes del Escarabajo supervisor, así que pidió cuadros comparativos y gráficos, indicadores de gestión y análisis de tendencias. Entonces fue necesario contratar un Gorgojo especialista en ISO9000, SPC y GDT para el supervisor y fue indispensable un nuevo computador con impresora a color.

Pronto la hormiga productiva y feliz dejó de tararear sus melodías y comenzó a quejarse de todo el papeleo que había que hacer ahora.

El abejorro gerente, entonces, consideró que era momento de adoptar medidas. Así crearon el cargo de gerente del área donde trabajaba la Hormiga. El cargo fue para una Cigarra "Black Belt" que alfombró su oficina se hizo adquirir un sillón especial. El nuevo gerente necesitó -claro está- un nuevo computador y cuando se tiene más de un computador hay que tener una red local y por supuesto un ingeniero de sistemas, cargo que fue ocupado por un aguerrido Piojo egresado del Tec de Monterrey, muy ducho en Windows XP, Linux, Oracle, Java, .Net, PHP, DreamWeaver, Photoshop y SQL.

Con tanta información, el nuevo gerente de área, donde trabajaba la Hormiga, pronto necesitó un asistente, un Grillo trilingüe con 5 años de experiencia en MRP que había sido su ayudante en la empresa anterior, fue contratado para que le ayudara a preparar el plan estratégico y el presupuesto para el área donde trabajaba la Hormiga.

La Hormiga ya no tarareaba sus viejas melodías y cada vez se le notaba más irascible. "Vamos a tener que contratar un estudio de clima laboral un día de estos", dijo la Cigarra. Así que se contrató a una Luciérnaga especialista en:

Pero un día el gerente general, al revisar las cifras, se dio cuenta que la unidad de negocios donde trabajaba la Hormiga, ya no era tan rentable como antes; así que contrató al Búho, prestigioso consultor de World Class Consulting Group, para que hiciera un diagnóstico.

El búho estuvo tres meses en la empresa y pronto emitió un sesudo informe: "Hay demasiada gente en este departamento...".

El gerente general siguió el consejo del consultor y... ¡despidió a la Hormiga!

Hormiga despedida

Moralejas de esta historia:

Gerente

Variante política de esta historia:

(publicada en la pág.157 de la revista Selecciones de septiembre de 2008).

La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano. Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano jugando.

Al llegar el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que necesita hasta la primavera.

La cigarra, sin alimento ni cobijo, organiza una rueda de prensa y pregunta por qué la hormiga tiene todo cuando hay otros con menos suerte.

La televisión transmite un programa en vivo en el que se ve a la cigarra pasando frío y calamidades, y a la vez muestra un video de la hormiga bien calientita en su casa con la mesa llena de comida. Todos se sorprenden de que en un país tan próspero dejen sufrir a la pobre cigarra mientras hay otros que viven en la abundancia.

La población se manifiesta frente a la casa de la hormiga. Los periodistas instan al gobierno a tomar medidas contra la hormiga para que las cigarras puedan vivir mejor.

Todos unidos con las cigarras.

El gobierno aumenta los impuestos de la hormiga y le aplica una multa por no contratar a la cigarra. Embargan la casa de la hormiga, quien no tiene dinero para pagar la multa y los impuestos.

La hormiga se va a otro país, donde prospera. Su antigua casa se convierte en albergue social. Entretanto, la cigarra muere de una sobredosis de holganza, comida y cerveza.

La destartalada casa es ocupada por una banda de arañas inmigrantes. El gobierno se felicita por la diversidad cultural que hay en el país.

Otra variante política de esta historia:

por Francisco Baruqui (publicada en la pág.2-A del periódico El Informador del 1o.de octubre de 2012).

Al hacer referencia del trabajo se recurre a la fábula consabida de la hormiga y la cigarra, vaya pues...

Trata de la hormiga que se parte el alma trabajando en verano construyendo su casa y aprovisionándose para el invierno. En cambio la cigarra bailando y jugando.

Llegado el frío, la hormiga en casita con todo hasta la primavera y la cigarra, titiritando, sin cobijo ni comida, palmó bien enfriada...

En nuestro país sucede "casi" lo mismo con el resultado de la hormiga cómoda, con buena vida gracias a su trabajo, solo que la cosa cambia con la cigarra que temblando, organiza una rueda de prensa cuestionando el por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando hay otros que tienen hambre y frío.

Se montan programas en vivo con la friolenta y hambreada cigarra y videos de la hormiga en casa y alimentándose.

Muchos se sorprenden por situación tal y asociaciones contra la pobreza, la APPO, la sección 41 de Antorcha Jardinera, macheteros de Atenco, la CNDH, -¿derechos humanos o humanos con derechos..?-, y "#Yosoy132", hacen manifestaciones pintarrajeando la casa de la hormiga.

Periodistas izquierdistas cuestionan cómo la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra. Se hacen encuestas telefónicas y "on line" preguntando mañosamente si son partidarios de la igualdad o la discriminación. Luego el "congreso" se pronuncia por una Ley de Igualdad Económica y otra Ley Anti-discriminación.

A la hormiga le elevan los impuestos multándola por no hacerse cargo de la cigarra en invierno. Entonces la hormiga decepcionada, decide irse a otro país en donde sea reconocida su labor esforzada que le permita disfrutar de los frutos más que bien ganados. Así, la casa de la hormiga se convierte en albergue social para cigarras que con manos extendidas aguardan la donación de alimentos y recursos para sobrevivir "con dignidad"...

Parlanchines demagogos le reprochan al gobierno no brindar los necesarios medios, y los inefables partidos políticos proponen una "comisión" investigadora pluripartidista que costará varios miles de millones de pesos y, entretanto, la cigarra fallece a consecuencia de una sobredosis de comida, cerveza y lo peor, de holganza elevada al cubo...

Es entonces que en los medios se comenta el tremendo fracaso del gobierno para la corrección de la injusticia económica que ha derivado en desigualdades sociales.

Moralejas de esta historia:

El saco, pues, a quienes les quede, porque hasta que el sistema cobije a holgazanas cigarras y a tendenciosos manifestantes que disfrazan su mediocridad en la crítica a quienes han conseguido lo que ellos no, "justificándose" con plantones y diarreas verbales diciendo lo que otros deben hacer, hablando, hablando y hablando pero sin trabajar, esto, no se dude, seguirá igual, pero yendo a peor.


El Pendejo


Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el pendejo del pueblo, un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas.

Diariamente algunos hombres llamaban al pendejo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales.

El siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió: Lo sé, no soy tan pendejo. Ella vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

  1. Quien parece pendejo, no siempre lo es.
  2. ¿Cuáles eran los verdaderos pendejos de la historia?
  3. Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero la conclusión más interesante es:

Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

"El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pendejo delante de un pendejo que aparenta ser inteligente"


Fábula Moderna (La Gallina y los Huevones)


Una Gallina encontró unos granos de trigo y dijo a sus vecinos: -Si sembramos este trigo, tendremos pan para comer. ¿Alguien me quiere ayudar a sembrarlo?

-Yo no, ¡estás loca!- dijo la vaca.

-Ni yo. ¡Tengo otras cosas que hacer!-, aseveró el pato.

-Yo tampoco-, replicó el cochino.

-Mucho menos yo-, completó el cabrito.

-Entonces sembraré sola-, dijo la gallina. Y así lo hizo.

El trigo creció y maduró, con unos granos dorados.

-¿Quién me ayudara a cosecharlos?-, quiso saber la gallina.

-Yo no; ya tengo salario mínimo garantizado-, dijo el pato.

-No es parte de mis funciones. Sólo si me das una compensación-, dijo el cochino.

-No, después de tantos años de servicio-, exclamó la vaca.

-No voy a arriesgarme a perder el paro forzozo-, dijo el cabrito.

-Entonces, yo misma los cosecharé-, dijo la gallina, y así fue.

Finalmente, llegó la hora de hornear el pan.

-¿Quién me va a ayudar a hacer el pan?-, indagó la gallina.

-¡Yo huí de la escuela y no aprendí esas pavadas! Me mantengo con el paro!-, dijo el cochino.

-Yo no puedo arriesgar mi pensión por enfermedad-, continuó el pato.

-Suponiendo que sólo sea para ayudar, eso es discriminatorio- refunfuñó el cabrito.

-Sólo si me pagan horas extras-, exclamó la vaca.

-Entonces, yo mismo lo haré-, exclamó la pequeña gallina.

Cocinó 5 panes y los puso en una cesta para que los vecinos los vieran.

De repente, toda la gente pasó y querían pan, pedían un bocado.

La gallina simplemente dijo: -¡No! Voy a comérmelos yo sola.

-¡Lucros excesivos, usurera!-, gritó la vaca.

-¡Sanguijuela capitalista!-, exclamó el pato.

-¡Yo exijo igualdad de derechos!-, gritó el cabrito.

El cochino gruñó: -¡La paz, el pan, la educación, son para todos! ¡El pueblo tiene derechos!

Pintaron carteles y pancartas diciendo "Injusticia" y marcharon protestando contra la gallina; gritaron obscenidades y toda clase de improperios.

Llamaron a un fiscal del gobierno, y le dijo a la pobre gallina: -Usted, gallina, no puede ser así tan egoísta. Usted ganó pan por demás y por eso tiene que pagar muchos impuestos.

-Pero yo gané ese pan con mi propio trabajo y sudor-, se defendió la gallina. -¡Los otros no quisieron trabajar! replicó resentida.

-Exactamente- dijo el funcionario del gobierno. -Esa es la ventaja de la libre iniciativa. Cualquier persona, en una empresa, puede ganar lo que quiera. Puede trabajar o no trabajar. Pero, de acuerdo con nuestra moderna legislación "la más moderna y adelantada del mundo", los trabajadores más productivos tienen que dividir el producto del trabajo con los que no hacen nada. Además de eso, existen el IVA, el impuesto al cheque, el débito bancario, el impuesto al lujo, el control cambiario, la tenencia y demás impuestos distorsivos. Todos ellos para garantizar la salud, la educación y la justicia de nuestro pueblo. ¡Y todos ellos son los mejores del mundo!

Y todos vivieron felices para siempre, inclusive la pequeña gallina, quien sonrió y cacareando dijo: -Yo estoy complacida, Yo estoy complacida, Yo estoy complacida.

Ahora los vecinos se pasan todo el tiempo preguntándose porqué fué que la gallina nunca más hizo un pan.

Esta fábula debería ser distribuida y estudiada en todas las escuelas. Tal vez así, transcurridas una o dos generaciones, el mensaje central o la idea principal pudiera tomar el lugar de toda esa estupidez pseudo-igualitaria que insiste en deprimir a un país y condenarlo a la eterna miseria.

A la gente no se le ayuda dándole de comer gratis, repartiendo tarjetas para comprar comida. Con eso solo se le enseña a que para vivir no es necesario hacer ningún tipo de esfuerzo y quedan convencidos de que los demás están obligados a mantenerlos.

A la gente se le ayuda dándole trabajo. Y sólo se puede generar trabajo en un país donde se estimula a los sectores productivos, no donde se estimula la corrupción, no donde el gobierno tiene matones a sueldo (a costa de TODOS los mexicanos.

Un país donde no se estimula la producción no puede generar ni recursos ni trabajo para sus ciudadanos.

(Recibida por e-mail el 5 de noviembre de 2009).


-Amigo, le compro el caballo.

-No lo vendo.

-¿A ningún precio?

-A ningún precio... Imagínese: ese caballo es campeón de salto y de velocidad. Pasea a los niños y, aunque usted lo dude, sirve para cuidar la casa de día y de noche. Todas las mañanas recoge el periódico de la reja y me lo lleva a la cama. Barre la casa y tiende las camas. Va al mercado con una canasta y un billete; compra el mandado y regresa con el cambio. Si suena el teléfono, me lo acerca; lo único que todavía no consigo es que lo conteste y tome los recados. Pero, por todo lo demás, es el caballo más inteligente y obediente que pueda usted imaginarse... ¿Cómo cree, pues, que pudiera pensar en venderlo...?

-¿Ni por un millón de pesos?

-Ni por un millón de pesos.

-¿Ni por dos...?

-¿Por dos...? Ah, caray. Por dos ya lo pensaría.

-¡Le doy tres millones de pesos por él!

-Trato hecho.

Al paso del tiempo, los dos tipos se encuentran nuevamente.

-Amigo -reclama el comprador-, qué fraude fue su caballo: es un perfecto inútil y un absoluto holgazán. Ni corre, ni salta, ni deja que lo monte nadie. Nada de que cuida la casa, ni recoge el periódico, ni va al mandado. Es el caballo más flojo, bronco y estúpido que he conocido en mi vida.

-Amigo -riposta el vendedor-, usted me pagó muy bien por el caballo. Merece, por tanto, que le dé un consejo: no hable mal de él... porque así nunca va a venderlo.

(Moraleja de la historia: tampoco hable mal de un futbolista que tenga en su equipo... porque de otra manera nunca va a venderlo).

Jaime García Elías
(v.pág.2-C del periódico El Informador del 10 de noviembre de 2010).


En cierta olimpiada, la medalla de oro en la lucha olímpica sería disputada entre un ruso y un mexicano: "el Chaquiras".

Un día antes de la final, el entrenador del Chaquiras le advierte: -Este pinche ruso tiene una llave especial, creada por él mismo: la llave Pretzel. Todos a los que se la ha aplicado tuvieron que rendirse... incluso tuvieron que ser llevados al hospital, porque no hay escapatoria. Así que, por ningún motivo dejes que te la aplique. ¡Si te agarra con esa llave, ahí termina todo!

Llegó el día de la gran final, y el encuentro comienza.

El Chaquiras y el ruso dan vueltas y más vueltas, tratando de encontrar el mejor modo de atacarse. En eso, el ruso ataca y le aplica al Chaquiras la temida llave Pretzel. ¡Uuaaghh! Los comentaristas de tv, los asistentes a la gran final y la multitud que seguía esa medalla de oro tan esperada se decepcionan y el entrenador, que no quiere mirar, se cubre la cara pensando ¡ya valió madres!

De pronto, el gentío grita, ¡incrédulo, asombrado! El entrenador mira sin poder creerlo que el Chaquiras levanta al ruso y lo arroja fuera del ring y cae de espaldas sin levantarse mas... ¡Y el Chaquiras gana la medalla de oro! El árbitro lo declara vencedor con la medalla de oro y la multitud de México ruge.

Más tarde, en los vestidores, el entrenador del Chaquiras le pregunta: -Oyeme cabrón, ¿cómo le hiciste para salirte de la llave Pretzel? Hasta ahora nadie lo había podido hacer, y menos quitarle lo invicto al pinche ruso.

Y el Chaquiras comenta: -Cuando me aplicó la Pretzel ya iba a rendirme. Pero, de pronto, abrí los ojos y veo un par de bolas... y me dije ¡son sus pinches huevos! En ese momento, con las últimas fuerzas que me quedaban, estiré mi cuello lo más que pude y mordí ese pinche huevo tan fuerte como pude... y ¡puta madre!

-¿Y, entonces?- pregunta el entrenador.

-Sabe una cosa, entrenador: ¡No tiene la menor idea de la fuerza que uno adquiere cuando se muerde uno mismo sus propios huevos!

Moraleja: pa' lograr lo imposible... hay que morderse un huevo.

(Recibida por Facebook el 12 de marzo de 2012).


Los ciudadanos sabemos bien cómo los gobiernos de todos los colores abusan de una ecuación teórica que en síntesis dice: "Pueblo, me elegiste gobernante y no puedo vivir si no pagas impuestos. Tributa bien y tendremos dinero para funcionarios bien que te proporcionarán bien los servicios públicos que necesitas sin necesidad de pagar uno a uno". Y sucedió que el pueblo pagó. El gobernante vivió. El funcionario también. Los servicios se prestaron... mal y a regañadientes. El pueblo pagó su inocencia.

Hubo desconfianza y muchos no pagaron más. El gobernante astuto dijo: "Bueno, pueblo, para que recuperes la confianza en mí, los servicios públicos los prestarán los más capacitados para hacerlo. Vamos a hacer concursos y asignar el negocio, perdón el servicio público, al que prometa hacerlo mejor. Y si no lo hace se lo quitamos. Y ¿sabes qué? Sigue pagando impuestos para que tengas gobernantes como yo, astutos, perdón, serviciales y pueda decidir y vigilar bien a quienes les concederemos el honor de prestar los servicios públicos". Así sucedió. El pueblo confió. Volvió a elegir. Se hizo el concurso. Se dieron las concesiones, se prestaron los servicios públicos y... mal otra vez. ¿El pueblo? A pagar otra vez. Porque "la gasolina, las llantas, y el autobús no son gratis". Ni siquiera piensan mejorar las condiciones del conductor.

¿Para qué sirven los impuestos? Tenía razón mi amigo el sociólogo: "El crimen organizado, eso que tú llamas gobierno, habita en Palacio".

Miguel Bazdresch Parada
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 19 de agosto de 2012).


Había una vez un rey que quería ir de pesca.

Llamó a su pronosticador del tiempo y le preguntó el estado del mismo para las próximas horas.

Éste lo tranquilizó diciéndole que podía ir tranquilo pues no llovería.

Como la novia del monarca vivía cerca de donde éste iría, se vistió con sus mejores galas. Ya en camino se encontró con un campesino montado en su burro quien al ver al rey le dijo:

-Señor es mejor que vuelva pues va a llover muchísimo.

Por supuesto el rey siguió su camino pensando: -Qué sabrá este tipo si tengo un especialista muy bien pagado que me dijo lo contrario. Mejor sigo adelante.

Y así lo hizo... y, por supuesto llovió torrencialmente.

El rey se empapó y la novia se rió de él al verlo en ese estado. Furioso volvió a palacio y despidió a su empleado. Mandó llamar al campesino y le ofreció el puesto pero éste le dijo: -Señor, yo no entiendo nada de eso, pero si las orejas de mi borrico están caídas quiere decir que lloverá.

Entonces el rey contrató al burro.

Así comenzó la costumbre de contratar burros, que desde entonces tienen los puestos más remunerados en el gobierno.

(Recibida por e-mail el 18 de abril de 2013).


Organigrama en el gobierno.


Moraleja de la ejecución de Edgar Tamayo en Texas.

Paco Calderón
(23 de enero de 2014).


La guardia del bien

En el imaginario orwelliano, unos perros guardianes son entrenados en secreto, con la sola autoridad del perverso jefe Napoleón, quien los vuelve sombras propias. No obedecen otro mando y sus hocicos nunca han servido para lamer una herida: sólo para producirla. Cuando aparecen, amenazantes y colmilludos, los animales no los pueden ver como los cachorros con los que siempre habían lidiado en la granja. Estos no son perros amigos, son un grupo de choque formado para obligarlos a obedecer al temido líder.

Orwell representa con esa alegoría el comienzo de la destrucción de una sociedad utópica que apenas nacía. Se trata de una granja de animales iguales que se libra de la mafia humana con una romántica revuelta inspirada por ideales de libertad. La nueva sociedad no tendría clase opresora, ni vicios, ni anhelos de superioridad como las que tenían los viejos dueños... pero se topó con el tirano Napoleón.

El brillante escritor inglés estaba viendo las sociedades de la 1a. mitad del siglo pasado; el ascenso del fascismo, del stalinismo y en general de los totalitarismos. No le tocó ver la degradación de la democracia liberal y nunca construyó una alegoría en la que la sociedad se ve atacada por criminales internos y está ayuna de defensas ante la violencia y la inseguridad.

Dan ganas de construir esa alegoría con los elementos del universo orwelliano, un poco para alejarnos de nuestros absurdos, un mucho para acercarnos a ellos y verlos con claridad.

Yo imagino una sociedad (una granja) en la que no gana un perverso Napoleón, sino otro líder. Uno querido, respetado, con anhelos de proteger y sacar adelante a los más maltratados. Un líder que quiere construir una identidad auténtica, sin contaminantes extranjeros y de la mano de los grandes héroes del pasado. Un líder que expulsa a la vieja mafia humana y ahora debe pelear contra los que roban y matan en la granja. Normalmente en la granja lo harían los caballos, pero son pocos y no han hecho bien su tarea: ya nadie los respeta y ellos se hacen ojo de hormiga. Ni modo, piensa este buen líder, hay que usar a los mastines, pero cuidando mucho que sean guardianes del bien.

Los animales más inteligentes, algunos incluso de su equipo cercano, le piden que si los mastines van a hacer las rondas, que al menos los enseñe a responder a otra autoridad, que un grupo de animales sabios sea capaz de darles órdenes o disolver la guardia en caso necesario, o por si falta el líder. El líder dice que no, que confíen, que serán guardianes del bien.

Otros animales, también algunos de sus cercanos, le piden que les ponga un plazo mientras los caballos se entrenan, o que por favor no los dirija un mastín. Los animales conocen el valor y el heroísmo de estos guardianes de colmillo, pero también su ferocidad. Saben que los necesitan, pero temen que se les pase la mano. Por eso le piden al buen líder que los limite.

El buen líder no escucha. Confía en su criterio y les pide a todos confiar en él. No quiere aceptar ni que los mastines puedan ser incontrolables ni que un día los pueda heredar un Napoleón.

Ivabelle Arroyo
(v.pág.11-A del periódico El Informador del 20 de febrero de 2019).

Un gobierno socialista-asistencial es el que pretende erradicar la pobreza y reducir las desigualdades regalando dinero y sembrando la idea de que es injusto que alguien tenga más que otros, que desvalora el esfuerzo propio, la educación y el conocimiento que hay detrás de un bienestar honesto y duradero.

No hay mejor ejemplo para explicar los efectos negativos de lo anterior, que la vieja historia que una vez más ha comenzado a circular en las redes sociales acerca de un supuesto experimento en el que un maestro de economía, cansado de las críticas al sistema capitalista, decidió hacer para demostrarle a sus alumnos cómo funciona el socialismo.

El experimento socialista consistía en implantar un esquema distributivo e igualitario de las calificaciones. Como si fuesen dinero, las notas que cada alumno obtuviera en los exámenes serían repartidas entre todos en base al promedio de la clase, con lo que en teoría nadie resultaría reprobado.

Tras la 1a. prueba, el maestro calculó el promedio y todos recibieron "justamente" una calificación de "7". El resultado fue que quienes estudiaron con dedicación (los que generaron la riqueza) quedaron indignados y los que no se esforzaron quedaron felices. (¡Arriba el socialismo!).

Tras la aplicación de la 2a. prueba, los estudiantes flojos estudiaron mucho menos (esperando sacar el mismo "7" sin hacer nada) y los que antes estudiaron mucho, decidieron estudiar menos y así también aprovecharse del sistema.

El promedio de la 2a. prueba bajó a "4", y el de la 3a. a "1". Como nadie quería estudiar más para beneficiar al resto, todos resultaron reprobados. La búsqueda de "igualdad y justicia" había sido la causa.

Algunas de las conclusiones atribuidas a este hipotético experimento son: no se puede llevar al más pobre a la prosperidad quitando la prosperidad del más rico; por cada uno que recibe sin haber tenido que trabajar, hay una persona trabajando sin recibir; es imposible multiplicar la riqueza dividiéndola. Cuando la mitad de la población se da cuenta de que no necesita trabajar, la otra mitad se da cuenta que no vale la pena trabajar para sostener a la primera. En ese momento comienza el fin de una nación.

Estas nociones son fácilmente entendidas por aquellos que en base a esfuerzo y trabajo honesto han logrado niveles de bienestar aceptables, mas no es fácil que las entiendan y acepten quienes no tienen nada, quienes viven en modo de supervivencia y van resolviéndose la vida un día a la vez, como se pueda.

No son injusticias los resultados diferentes derivados de esfuerzos y talentos distintos. Las injusticias tienen que ver con la falta de educación y de oportunidades o con la discriminación. Injusticia es hacer creer a la población menos educada, que sus problemas se resolverán con dádivas del gobierno.

Sería mucho más justo y eficaz si, por ejemplo, en lugar de regalar dinero mensual a un joven de escasos recursos a cambio de nada, se le da cada vez que termine un grado escolar.

¿Cómo hacer para que el bienestar que otros han logrado con educación, trabajo honesto y perseverante, en lugar de provocar sentimientos de envidia e injusticia, sea visto como ejemplo a seguir?

¿Cómo demostrar que el dinero fácil y las riquezas mal habidas producto de la corrupción, la delincuencia y la impunidad no son duraderas, son una falacia?

La respuesta la encuentro en algo que nos diferencia a los humanos de los animales, y que es la capacidad para pensar en el futuro, y no sólo en las necesidades o placeres inmediatos.

Pensar en el futuro es pensar en las consecuencias de nuestras acciones y omisiones; pensar en el futuro es el acicate para estudiar, trabajar, invertir y ahorrar hoy para disfrutar mañana, y que se explica en la llamada "Paradoja Ecuatorial", que indica por qué los países más cercanos al Ecuador que tienen los niveles de renta per cápita más bajos del mundo, y los países con climas fríos, cuyos habitantes se han acostumbrado a pensar en el futuro (el invierno) son más ricos.

Si sólo se piensa en hoy, no hay nada mejor que recibir dinero y comida a cambio de nada, ni emprendimiento más productivo que tomar lo ajeno.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(13 de diciembre de 2019).

Esclavos de los changos

A la selva africana llegó una manada de changos feroces, comandados por un chango patriarca que quería adueñarse de toda la jungla. En una noche oscura, el ambicioso patriarca reunió a sus 435 changos más fuertes y crueles y marcharon para apoderarse de la tierra de las hormigas.

Atacaron por sorpresa el hormiguero central y empezaron a destruirlo. Pero las hormigas son valientes y organizadas, cuando sus líderes se percataron del ataque, se reunieron para crear una estrategia y midieron a su enemigo.

El escenario era terrible, iba a ser una batalla feroz y sangrienta: 435 gigantescos y furiosos changos contra 60 millones de pequeñísimas hormiguitas.

Con toda ecuanimidad, los líderes operaron sincronizados, dividieron sus fuerzas en 435 batallones, esperaron pacientemente hasta que el enemigo pensó que habían huido, y a la orden de sus líderes, al unísono salieron de sus túneles para defender su territorio.

Cada batallón de 138,000 hormigas, atacó a un solo chango...

La batalla duró solo 7 minutos. Los 5 changos que de milagro sobrevivieron, huyeron despavoridos atrás de su cobarde patriarca.

¿Cuál hubiera sido el resultado si esa batalla hubiera sucedido con hormigas mexicanas?

Hubieran ganado los changos... porque la mitad del ejército hubiera sido de hormigas apáticas, la otra mitad de hormigas cobardes. Y los líderes mexicanos no se hubieran unido, ni se hubieran coordinado.

Eso es exactamente lo que nos está pasando en México, nuestro país fue invadido por un patriarca con 311 diputados, 77 senadores, 27 miembros del gabinete y 20 gobernadores: 435 changos...

Los supuestos defensores somos 60 millones de hormigas, pero la mitad somos apáticos y la otra mitad somos cobardes. Y aunque tenemos un puñado de buenos líderes... ellos actúan individualmente. Y lo hacen porque nunca nos han enseñado a trabajar en equipo. La guerra no es la especialidad de nuestros líderes, su especialidad es la política. Y al no tener entrenamiento militar, no saben que las guerras de guerrillas nunca se ganan, solo se empatan. Las guerras se ganan con un solo ejército, con soldados valientes bien pertrechados, pero sobre todo, con líderes operando en conjunto.

Señores líderes de opinión, de organizaciones ciudadanas, de universidades , de asociaciones, de partidos políticos y gobernadores: Si ustedes se unen, forman un frente común, y planean una defensa de movimientos multitudinarios coordinados, podemos vencer a los 435 changos y a su líder... igual que las hormigas africanas. Así de fácil.

Después del triunfo, podrían repartirse el poder e integrar un gobierno parlamentario. Ya México no puede tener un chango-rey sexenal, llevamos más de 80 años con ese sistema presidencial... y no funciona.

Estamos perdiendo la batalla muy rápidamente. ¡Tenemos que defendernos ya!

Si no lo hacemos, en menos de un año, acabaremos siendo... esclavos de los changos.

Alberto Martínez Vara
(25 de julio de 2020).

Un cuento de borrachos

Todos los días, 10 amigos se reunían en un bar a beber cerveza. La cuenta total siempre era de $100 ($10 por c/u).

En un acto de solidaridad, los que más trabajaban -los "ricos"- acuerdan pagar la cuenta de la misma manera en que el gobierno les exige pagar impuestos, de forma que el más rico paga más y los más pobres no pagan nada; beben a costillas de los ricos.

El pago lo dividen de esta manera:

- El 10º (el más rico) paga $59
- El 9º paga $18
- El 8º paga $12
- El 7º paga $7
- El 6º paga $3
- El 5º paga $1
- Los otros 4 -los más pobres- no pagan nada.

Hasta ahí todos eran felices, se divertían y mantenían este acuerdo (que, si bien no era justo para todos, era muy cómodo para el bolsillo de los bebedores). Hasta que un día, el dueño del bar los metió en un problema: "Ya que ustedes son tan buenos clientes, les voy a reducir el costo de la cuenta, les voy a CONDONAR $20. La cuenta total desde ahora será de $80".

El grupo, sobre todo los más ricos, plantearon seguir pagando la cuenta en la misma proporción en que lo hacían antes.

Los 4 primeros siguieron bebiendo gratis. La condonación no les afectaba ni beneficiaba en absoluto.

¿Pero qué pasaba con los otros 6 bebedores, los que realmente abonan a la cuenta? ¿Cómo debían repartir los $20 de rebaja de manera que cada uno recibiera una porción justa?

Calcularon que los $20 divididos entre 6 daban como resultado $3.33. Pero si restaban esta cantidad de la porción de cada uno, entonces el 5º y 6º amigos estarían cobrando por beber, ya que el 5o. pagaba antes $1 y el sexto $3.

Entonces, el barman sugirió una fórmula en función de la riqueza de cada uno y procedió a calcular la cantidad que cada persona debería pagar:
- El 10º pagaría $50 en lugar de $59: ahorro 16%
- El 9º pagaría $14 en lugar de $18: ahorro 22%
- El 8º pagaría $9 en lugar de $12: ahorro 25%
- El 7º pagaría $5 en lugar de $7: ahorro 28%
- El 6º pagaría ahora $2 en lugar de $3: ahorro 33%
- El 5º ya no pagaría nada: 100% de ahorro
- Y los otros 4 hombres (los más pobres), seguirían sin pagar nada.

Cada uno de los 6 "ricos" estaba ahora en una situación mejor que antes, pero, una vez fuera del bar, comenzaron a comparar lo que estaban ahorrando.

"A mí solo me condonaron $1 de los 20 ahorrados", dijo el 6º hombre y señaló al 10º, diciendo: "A él le condonaron $9".

"Sí, es correcto", dijo el 5º hombre. "Yo solo ahorré $1, es injusto que él reciba 9 veces más ahorro que yo".

"Es verdad", exclamó el 7º hombre. "¿Por qué recibe él $9 de rebaja cuando yo solo recibo $2? ¡Los malditos ricos siempre reciben los mayores beneficios!".

"¡Un momento!", gritaron los 4 más pobres al mismo tiempo. "Nosotros no hemos recibido ni un solo peso del ahorro. ¡El sistema opresor y capitalista siempre nos explota a nosotros, los que necesitamos ayuda, se aprovechan de los pobres!".

Llenos de rabia y motivados unos a otros por lo que consideraban una tremenda injusticia, los 9 hombres rodearon al 10º y le dieron una paliza para que entendiera que no debía aprovecharse de ellos.

La noche siguiente el 10º hombre -el más rico- ya no acudió al bar.

Los otros 9, felices por haberle dado su merecido e imaginárselo adolorido, se sentaron bebieron sus cervezas, pero a la hora de pagar la cuenta, descubrieron algo inquietante que les molestó aún más: entre todos, los 9 que estaban ahí, solo juntaban 30 pesos y no alcanzaba para pagar ni LA MITAD de la cuenta total de 80 y empezaron a maldecir al bebedor más rico por no seguir ayudándolos.

Y así, amigos, profesores y universitarios, sindicalistas, asalariados, profesionales y gente de la calle, es como funciona el sistema de impuestos. Una pequeñísima proporción de la gente (los "malditos ricos") es la que paga la inmensa mayoría de los impuestos y la que debe recibir más beneficios fiscales.

Yo los invito a que les pongan más impuestos a los ricos, los ataquen por su riqueza, los señalen por recibir beneficios, los ejecuten públicamente sin pruebas... y lo más probable es que un día esas personas decidan cerrar sus negocios, dejar de invertir, ayudar y no aparezcan nunca más. De hecho, es casi seguro que comenzarán a beber en algún otro bar en el extranjero, uno donde la atmósfera sea más amigable y sus compañeros de "fiesta" sean más inteligentes.

Moraleja y algunos apuntes

El modelo nacional popular de dádivas y apoyos, fracasa cuando se les acaba el dinero... obviamente el dinero de los demás.

Recuerden que lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para crearlo... pero sin recibir nada a cambio.

El gobierno no puede entregar nada a alguien, sin que antes se lo quite a alguien más. Y si no hacemos nada para impedirlo, un día, cuando no tengan nada más que repartir, van a ir por lo que te dieron como "ayuda" y después regresarán por lo que todavía conserves.

Y lo más curioso es que culparán al rico que se fue y no siguió ayudando al país.

Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas y generar riqueza para repartírselas, empieza un grave problema. Uno que se agrava cuando la otra mitad -que sí trabaja- se convence de que no vale la pena esforzarse porque el gobierno les quitará lo que han logrado con empeño para regalárselo a aquellos que solo estiran la mano. Eso, mis queridos amigos, es el fin de cualquier sociedad.

¡No se puede multiplicar la riqueza repartiéndola, dividiéndola, ni castigando al que la genera!

Ricardo Salinas Pliego
(v.periódico El Informador en línea del 26 de abril de 2021).

Estaba un señorcito cerrando la cortina metálica de su negocio, cuando de repente le llegan 4 tipos mal encarados, vestidos con traje negro, camisas blancas, corbatas delgaditas y portafolio ejecutivo. Y le gritan: "¡Alto ahí! ¡No cierre esa cortina, somos auditores de la UIF y del SAT, enséñenos su contabilidad, sus estados de cuenta del banco, sus declaraciones y sus pagos de impuestos!"

El pobre hombre, con manos temblorosas y totalmente pálido, los deja entrar.

Ellos cierran la puerta, sacan unas pistolotas de sus portafolios y le gritan: "¡Híncate desgraciado, este es un asalto!"

El señorcito se les queda viendo, la cara de terror se convierte en una gran sonrisa y les dice: "¡Ay, jijos! ¡Bendito sea Dios!... Qué susto me metieron".

Alberto Martínez Vara
(16 de enero de 2022).

La 1a. vez que el campeón llegó a una final iba ganando 3 a 1. Sintió que el triunfo estaba en la bolsa y comenzó a jugar con indolencia. Insultó al entrenador del equipo contrario, se burló del contrincante. El público que le había aplaudido sus grandes jugadas del 1er. tiempo perdió el ánimo. En los últimos minutos se dejó empatar y terminó perdiendo el partido en una jugada polémica. Mientras el campeón gritaba y alegaba la falta, el gol definitivo cayó y el árbitro lo dio por bueno. Estaba tan enojado que llamó a la porra a invadir la cancha, se autoproclamó ganador enfrente de sus seguidores, quienes trataron de impedir la premiación del contrario. Las medallas las entregaron en el vestidor y con dificultad recibieron la copa. No hubo festejos. La jugada del gol final se sigue discutiendo como una de las grandes injusticias del futbol.

En el siguiente campeonato volvió a llegar a la final. Esta vez el contrincante era más fuerte, venía enrachado. El campeón hizo un gran juego, pero no le alcanzó. Alegó el favoritismo del árbitro para con el equipo contrario, no sólo en la final, sino durante toda la temporada. Llevó el caso a las más altas autoridades y las convenció de que se requería mucho más que un par de jueces de línea, que había que vigilar todo el campo, todo el tiempo, rastrear minuto a minuto los chanchullos de los equipos que con trampas lo habían derrotado. Así nació el VAR.

La siguiente final era la suya. Bien preparado, concentrado y con un campeón defensor que se había caído a media temporada, el campeón volvió a llegar a la final. No la dejó ir; ganó por goliza. No hubo necesidad de recurrir al VAR, pues el marcador fue contundente. Festejó como los grandes: el equipo chico, el que tenía menos dinero, el más populachero de la liga había conquistado el campeonato. Viene una gran transformación en el futbol, dijo el campeón, se acabó la era de los llamados equipos grandes.

Arrancó bien, dando unos juegazos y achicopalando a los contrincantes cuyas estrellas se opacaron. La soberbia hizo que intentara lo que nadie había hecho, y los goles en contra comenzaron a caer. A media temporada la diferencia con el 2o. y 3er. lugar se redujo. Comenzaron los problemas en el vestidor. El campeón no deja de arengar a los suyos, pero cada día le escuchan menos. Son los árbitros, tronó, en un esfuerzo por recuperar la autoestima. El VAR es muy caro y no sirve para nada. La comisión de arbitraje, la que designa a los árbitros, representa intereses oscuros de los dueños de los equipos; no son de fiar. El campeón se organiza a sí mismo un partido homenaje fuera de la liga para que la gente le aplauda, que la tribuna recuerde quién es el campeón. Los árbitros le dicen que prender el VAR y mandar un equipo de árbitros cuesta mucho. Careros, dice. Le recuerdan que fue él y nadie más quien propuso la existencia del VAR. Árbitros rateros, contesta.

Una gran idea lo ilumina. ¿Y si proponemos que los árbitros salgan de una cascarita entre el público? Total, tenemos la porra más grande. El campeón es un genio, corea la porra oficial.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3-A del periódico El Informador del 30 de marzo de 2022).

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