¡Cómo será bello el futuro!


Es evidente que la raza humana está condenada, tal y como está constituida genéticamente en la actualidad.
A medida que el hombre incrementa sus conocimientos, aumenta la posibilidad de que cualquiera provoque un desastre atómico.

Mario Puzo (La cuarta K)

La extinción es la regla, La supervivencia es la excepción.

Carl Sagan

Vivimos una época muy difícil. El único consuelo es que lo que viene será peor.

Carlos Monsiváis

He visto el futuro, hermanos, y es puro crimen.

Leonard Cohen


Cuando en octubre de 2006 Corea del Norte llevó a cabo su 1a. prueba nuclear nadie le hizo mucho caso y los científicos occidentales ningunearon aquel experimento ridiculizándolo: tener bombas atómicas estaba fuera del alcance de esa satrapía miserable y hambrienta. Y, en todo caso, si las cosas se ponían serias, China y Rusia, más realistas que su perrito faldero norcoreano, lo pondrían en vereda. En aquella época todavía hubiera sido posible parar en seco a Kim Jong-un mediante una acción militar limitada que pusiera fin a sus sueños de convertir a su país en una potencia nuclear y sirviera de escarmiento preventivo al "Brillante Camarada", como llaman los norcoreanos al amo del país.

Hoy día ya no es posible aquella acción militar, por más que el presidente Trump haya amenazado a Corea del Norte con "una furia y un fuego jamás vistos en el mundo". Y no lo es por la sencilla razón de que, en 1er. lugar, aquella acción ya no sería "limitada" sino de gran envergadura -lo que significa miles de muertos- y, en 2o., porque la respuesta de Kim Jong-un podría causar otra matanza gigantesca en los propios Estados Unidos, o en Corea del Sur y Japón, y quién sabe si desatar una guerra generalizada en la que todo el siniestro polvorín nuclear en que está convertido el mundo entraría en actividad. Perecerían así millones de personas.

Esta perspectiva parecerá absurda y exagerada a mucha gente racional y sensata, que está a años luz de ese joven extremista que goza de poderes absolutos en su desdichado país, y al que, probablemente, la condición de dios viviente a que ha sido elevado por la adulación y el sometimiento de sus veinticinco millones de vasallos hace vivir una enajenación narcisista demencial que lo induce a creer aquello de lo que alardea: que la minúscula Corea del Norte, dueña ahora de una bomba varias veces más poderosa que las que se abatieron sobre Hiroshima y Nagasaki, puede, si lo quiere, herir de muerte a Estados Unidos. Podrá no desaparecerlo, pero sí infligirle daños monumentales si es verdad que su bomba de hidrógeno es capaz de ser acoplada a uno de esos misiles que, por lo visto, ya podrían alcanzar las costas norteamericanas.

La racionalidad y la sensatez llevaron a los países occidentales a responder al desafío nuclear norcoreano con sanciones, que, aprobadas por las Naciones Unidas, han ido aumentado en consonancia con los experimentos nucleares de Pyongyang, sin llegar, sin embargo, por la oposición de Rusia y China, a los extremos que quería Estados Unidos. En todo caso, convendría reconocer la verdad: esas sanciones, por duras que sean, no servirán absolutamente para nada. En vez de obligar al líder estalinista a dar marcha atrás le permitirán, como las sanciones económicas de Estados Unidos a Cuba, que, al igual que lo hacía Fidel Castro, responsabilice a Washington y al resto de países occidentales de la penuria económica que sus políticas estatistas y colectivistas han acarreado a su nación. Pues, gran paradoja, las sanciones sólo son eficaces contra sistemas abiertos, donde hay una opinión pública que, afectada por aquellas, reacciona y presiona a su gobierno para que negocie y haga concesiones. Pero, contra una dictadura vertical, cerrada a piedra y lodo contra toda actividad cívica independiente, como es Corea del Norte, las sanciones -que, por otra parte, jamás llegan a materializarse por completo, pues abundan los gobiernos que las violan, además de los contrabandistas- no afectan a la cúpula ni a la nomenclatura totalitaria, sólo al pueblo que tiene que apretarse cada vez más el cinturón.

Si las cosas son así ¿qué cabe hacer? ¿Mirar a otro lado y, por lo menos los creyentes, rezar a los dioses que las cosas no vayan a peor, es decir, que un error o accidente no ponga en marcha el mecanismo de destrucción que podría generar una guerra atómica? Esto es, en cierto modo, lo que está ocurriendo.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? En muchísimos sentidos el mundo ha ido mejorando en las últimas décadas, dando pasos gigantescos en los campos de la educación, de los derechos humanos, de la salud, de las oportunidades, de la libertad, dejando atrás las peores formas de la barbarie que a lo largo de tantos siglos causaron sufrimientos atroces a la mayor parte de la humanidad. Para una mayoría de seres humanos, el mundo es hoy menos cruel y más vivible. Y, sin embargo, jamás ha estado la humanidad tan amenazada de extinción como en esta era de prodigiosos descubrimientos tecnológicos y donde la democracia -el régimen menos inhumano de todos los que se conocen- ha dejado atrás y poco menos que desaparecido a los mayores enemigos que la amenazaban: el fascismo y el comunismo.

No tengo ninguna respuesta a esa pregunta que formulo con un sabor de ceniza en la boca. Y temo mucho que nadie tenga una respuesta convincente sobre por qué hemos llegado a una situación en la que un pobre diablo seguramente inculto, de inteligencia primaria, que en las pantallas parece una caricatura de sí mismo, haya sido capaz de llegar a tener en sus manos la decisión de que la civilización siga existiendo o se extinga en un aquelarre de violencia.

Mario Vargas Llosa
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 17 de septiembre de 2017).

Estamos en una frontera crítica con respecto a nuestra relación con los robots. En 1er. lugar, por la desaparición masiva de empleo que conllevan. Un estudio de la Universidad de Oxford calcula que se destruirán 1,600 millones de puestos de trabajo en los próximos 18 años. La OCDE asegura que un 12% de los empleados españoles pueden ser sustituidos por robots en un plazo breve, y Comisiones Obreras vaticina que en 2020, dentro de apenas una docena de años, el 26% de los puestos de trabajo mundiales estarán desempeñados por máquinas. Y no sólo peligra la mano de obra, sino también el trabajo de mesa: en mayo, una empresa de seguros japonesa montó una plataforma de inteligencia artificial que sustituyó a 34 de sus administrativos. Si googleamos Will robots take my job? (¿Me quitarán los robots mi empleo?) podremos acceder a una página que está teniendo un éxito tremendo y que calcula tu futuro laboral basándose en el estudio de Oxford. Basta con escribir a qué te dedicas (en inglés, eso sí) y enseguida aparece tu porcentaje de riesgo. Impresiona.

Ya ha sucedido antes, por supuesto. Es bien conocida la rebelión ludita, esos artesanos ingleses que se dedicaron a destruir las nuevas máquinas textiles a principios del siglo XIX. Entre ellos sin duda habría retrógrados que se oponían al progreso tecnológico, pero se diría que sobre todo fue un movimiento obrero que intentaba defender los puestos de trabajo. Causaron cuantiosos daños en un millar de fábricas y al final cometieron también graves violencias contra las personas. 30 luditas fueron ahorcados, y todo ese tumulto doloroso no consiguió detener ni un ápice el rugir de las máquinas. Algunos utilizan el ludismo como prueba de que no hay que tener miedo a la automatización, porque destruye empleos, pero crea otros. Seguro, pero esos nuevos empleos, ¿serán suficientes? Porque además se diría que la robotización está sucediendo en un lapso de tiempo menor que la industrialización del XIX: ¿podremos reciclarnos?

Y no se trata sólo del trabajo; como previó Asimov, los robots son una frontera de nuestra humanidad. Pueden convertirse, por ejemplo, en máquinas de matar, una posibilidad espeluznante y tan real que en 2015 más de mil científicos, entre ellos Hawking, firmaron una carta abierta contra el desarrollo de robots militares autónomos que no precisen del control humano (pero Rusia anunció en abril la creación de un Terminator capaz de disparar armas con precisión milimétrica). No menos inquietantes son las máquinas de amar; ya hay varias fábricas de robots sexuales, algunos de ellos muy perturbadores: los hay que imitan niños, y existe una robot adulta que incluye varias personalidades, una de ellas frígida, que mimetiza una violación.

Está claro que no se puede desinventar lo inventado. No podemos olvidar lo que sabemos. Tendremos que encontrar nuestro camino al futuro, y para eso me parece que nos hace falta más debate, más imaginación, más información y más pensamiento.

Rosa Montero
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 30 de julio de 2017).

En riesgo, 52% de empleos en México por robots y automatización.

¿Cuántos de estos empleos desaparecerán? McKinsey hizo una proyección que sirve para trazar un mapa de riesgo laboral: las actividades más vulnerables son rutinarias y se desarrollan en entornos predecibles. En México, el comercio minorista es el sector con más empleos en riesgo, 5.5 millones; le sigue la manufactura, 4.9 millones; actividades agropecuarias, 4.7 millones e industria de la construcción con 1.6 millones.

El futuro está definiéndose ahora y no está predeterminado. Son muchos factores los que definirán cómo será el mercado laboral, por ejemplo, el grado de aceptación social de la interacción con las máquinas, el desarrollo de las capacidades tecnológicas entre la población y las leyes y reglamentos laborales. En cualquier caso, se trata de un asunto que tendrá mucho que ver con asuntos económicos, una de las cuestiones más importantes es la relación entre el precio de las soluciones tecnológicas frente al de los sueldos que reciben los trabajadores.

Imposible hacer pronósticos sobre lo que ocurrirá en nuestro país porque hay muchos Méxicos. La 4a. revolución industrial avanza a pasos gigantes en las zonas industriales más vinculadas al sector exportador: Estado de México, Ciudad de México, Monterrey, Querétaro, Guanajuato y la zona fronteriza del norte. Una cifra deja claro este avance: México es el mayor comprador de equipos de automatización hechos en Estados Unidos, por encima de Canadá y Alemania. Estas compras crecieron a una tasa anual de 10.9% entre el 2009 y el 2015 y llegaron a 2,235 millones de dólares.

Las cifras son un poco alarmantes y, en algún sentido, corresponden al peor de los escenarios posibles. El Instituto McKinsey habla de riesgo de pérdida de estos empleos, pero no implica que seguramente se perderán. No menciona, cuando se refiere a México, cuántos empleos se crearán asociados a las nuevas tecnologías: desarrolladores, encargados de mantenimiento y reparación, por ejemplo. El futuro existe y está mal repartido, pero más nos vale mirarlo de frente, porque puede arrollarnos.

Luis Miguel González
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 23 de julio de 2017).

El crimen y la acumulación de capital por medios ilegales dejó de ser excepcional para transformarse en estructural y estructurante de la política y de la economía. No podemos entender la violencia como nos la presentan los medios, es decir, como dispersa, esporádica y anómala. Tenemos que percibir la sistematicidad de esta gigantesca estructura que vincula elementos aparentemente muy distantes de la sociedad y atrapa a la propia democracia representativa.

Rita Segato
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de julio de 2017).

Él la utiliza. Él la necesita. Pero él le teme.

Ésta podría ser una conclusión razonable de las palabra de Elon Musk en su exposición del sábado ante una reunión da la National Governors Association, sobre el tema de la Inteligencia Artificial.

"Tengo acceso a la IA más avanzada, y pienso que la gente debería estar verdaderamente procupada por ella", declaró el CEO de Tesla y SpaceX. La describió como "el mayor riesgo que encaramos como civilización".

Extrañamente en alguien que exhibe una tendencia libertaria, Musk sugirió que el mejor remedio era la regulación. La regulación proactiva.

"La IA es un caso raro sobre el que pienso que necesitamos ser proactivos en su regulación en lugar de reactivos. Creo que para el tiempo en que seamos reactivos con la regulación de la IA, ya será demasiado tarde", afirmó.

"No podemos esperar a que sucedan cosas malas como pasa regularmente antes de que se pongan regulaciones".

"La IA es un riesgo fundamental para la existencia de la civilización humana, de una forma que los accidentes automovilísticos, las caídas de aviones, los medicamentos defectuosos, o la mala alimentación no lo son", agregó.

Fue más allá para describir sus temores específicos acerca de la IA. Los robots, dijo, podrán hacer cualquier cosa mejor que nosotros.

Él cree que la IA "pudiera iniciar una guerra mediante noticias falsas y robando cuentas de correo electrónico y emitiendo falsos comunicados de prensa. O, también -como algunas empresas aseguran que pueden hacerlo- haciendo que la gente (parezca) decir algo que la máquina quiere".

Musk presentó las realidades comerciales al desnudo. Dijo que los reguladores necesitan tener el poder para pausar ciertos desarrollos de IA, con la finalidad de examinar su seguridad.

"Se requiere que los reguladores lo hagan para todas las partes en juego. De otra manera los accionistas presionarán diciendo, ¿por qué no estás desarrollando la IA más rápido? La competencia lo está haciendo", explicó.

Al dinero no le importa la humanidad... hasta que es demasiado tarde.

El mero hecho de que Musk haya expresado tan fuertes y específicas advertencias muestra lo peligroso que verdaderamente son nuestros tiempos.

Chris Matyszczyk
(v.CNET-News del 16 de julio de 2017).

Se diría que nos estamos acostumbrando a vivir en la antesala del fin del mundo. Después de un par de siglos de progresiva omnipotencia, de desarrollos científicos que nos infundieron la ilusión de que podíamos controlarlo todo y hacer de la existencia un lugar seguro, ahora resulta que esa misma tecnología parece haberse vuelto en nuestra contra. ¿Que el loco norcoreano y el no menos loco Trump se lían a bombazos nucleares y nos dejan el planeta para el arrastre? Podría ser. ¿Que, como vaticina Stephen Hawking, aparece en cualquier momento un virus resistente a los fármacos que diezma en un soplo letal a los humanos? No digo yo que no. ¿Que el calentamiento global, cada vez más acelerado y evidente, nos conduce a inundaciones, cataclismos climáticos, desplazamientos masivos, hambrunas y matanzas? Bueno, esto no sólo es posible sino probable, y además se diría que está sucediendo ya: expertos mundiales han señalado que la tragedia de Siria se ha visto fomentada por una inaudita sequía de 7 años que hizo que centenares de miles de personas se desplazaran desde el campo hacia Damasco y Alepo, creando una situación de inestabilidad social que favoreció la radicalización y el estallido de la violencia. Por todos los santos, ¡si ni siquiera nos extrañaría mucho que un día, al salir de casa, se nos desplomaran encima de la cabeza los restos de un satélite artificial! En este mundo de postrimerías, del cielo ya no caen rayos, sino tuercas.

Rosa Montero
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 2 de julio de 2017).

Aunque la nanotecnología, la inteligencia artificial, la computación cuántica o el internet de las cosas, traerán mejoras en la calidad de vida de la gente, estas tendencias de la 4a. revolución digital [¿industrial?] pueden conllevar la pérdida de millones de empleos y revoluciones sociales por parte de sectores que se quedarán fuera de estos beneficios.

Así lo analizó John Farrell, actual inversor de capital de riesgo, y ex director de YouTube Latinoamérica y Google México.

El ex directivo de Google considera que la desigualdad ha crecido mucho desde la década de los 701, y la tendencia continuaría con la Cuarta Revolución Industrial. Sucesos como el Brexit (la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, son consecuencia del descontento de una clase media que está desapareciendo. Reducir la desigualdad es otro reto importante de la nueva era tecnológica.

(V.pág.9-A del periódico El Informador del 17 de junio de 2017).

Democracia: para el Siglo XXI se anuncia la victoria de la democracia y su extensión indefinida a todos los ámbitos donde ahora se ve excluida (...) Pero el futuro de la democracia no es tan radiante. El mercado agravará las desigualdades entre los agentes económicos al impedir que muchos de ellos ejerzan sus derechos políticos. La financiación de la vida política será, de forma cada vez más patente, asunto del mercado; la corrupción se convertirá en algo legal.

Dictadura: muchos países experimentarán aún la dictadura. Y no precisamente aquellos en quienes se pensaba ni tampoco la dictadura en que se piensa. La impotencia del político frente a las fuerzas del mercado, la falta de trabajo para todos, la incapacidad de dar un sentido a largo plazo, abrirán, incluso, en las democracias más firmes, es decir, incluso en Europa occidental y en Estados Unidos, un amplio campo para las tentaciones totalitaristas.

Ética: si como parece verosímil, el derecho prevalece sobre la ley y el mercado sobre la democracia, la ética se convertirá en el principal aglutinante social. A falta de moral colectiva, se establecerán ciertas reglas de comportamiento necesarias para vida en sociedad. Cada uno tendrá que ser honrado y transparente para no ser fraternal y solidario.

Violencia: así como el Siglo XX llegó al apogeo de la violencia política con el sacrificio mediante las armas de más de 100 millones de individuos, el Siglo XXI podría llegar al apogeo de la violencia económica con el sacrificio por el hambre y la epidemia de muchos cientos de miles de millones de personas.

Jacques Attali
(Diccionario del siglo XXI, Paidós, 2007).

Hace poco leí acerca de una máquina de recolección de lechuga desarrollada por investigadores asociados a la Universidad de Stanford. Las computadoras del robot, llamado Lettuce Bot, reconocen maleza cuando la máquina pasa por el campo, confrontan las imágenes de la planta con una base de datos amplia y, con eso, el robot decide si aplica una dosis que aniquile a la hierba mala y, al mismo tiempo, alimente a las lechugas buenas. ¿La apuesta siguiente de sus creadores, para sus pruebas piloto? Probarlo para que cuide el mayor cultivo de Estados Unidos -y de México-, el maíz.

El Lettuce Bot tiene una efectividad del 98% para reconocer malezas, mayor que la del ojo humano, dicen sus creadores.

En otra parte del mundo está Ladybird, un robot para grandes superficies agrícolas. La máquina, que ya pasó pruebas piloto en Australia, en una de cuyas universidades fue creada, se maneja de manera autónoma alimentada por celdas solares que le permiten recorrer grandes territorios verificando tanto la salud de las plantas como las condiciones climáticas, las necesidades de nutrición y, como el Lettuce Bot, las malezas riesgosas. A diferencia de aquel, Ladybird ya nació equipada con un brazo robótico para eliminar plantas nocivas que podría permitir también ayudar en la cosecha, reduciendo ya no solo la necesidad de humanos para plantación y cuidado, sino también para recolección.

El Lettuce Bot y Ladybird no están solos: Estados Unidos también realiza pruebas con robots menores para cosecha. Son pequeños (se alzan por debajo de la rodilla) y tienen brazos con terminaciones prensiles para transportar plantas. No usan GPS (que los haría más costosos) sino sensores laser para detectar obstáculos a corta distancia. El operador da al robot las coordenadas de dónde recolectar y depositar, luego la máquina se ocupa del resto.

Según estimaciones privadas, para una industria agrícola como la estadounidense, la automatización podría representar ahorros de al menos un 7% anual en costos laborales. México debe tomar en cuenta que los cambios no solo no se detendrán, sino que continuarán más allá de un presidente que está en contra de la inmigración. Trump puede estar orgulloso: los robots que antes quitaron empleos a los obreros industriales norteamericanos, ahora quitarán del campo a los "bad hombres" latinos. Mientras para nosotros, es tiempo de comenzar a pensar lo obvio: los robots harán más eficiente al agro americano y esto incrementará la presión para la migración inversa; hacia nuestro país. ¿Qué sucedería con estos migrantes si también el agro mexicano decide automatizar su producción?

Jacques Rogozinski
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de mayo de 2017).

Los peligros de las bacterias resistentes a los antibióticos han llegado a las salas pediátricas. Según un nuevo estudio, entre 2007 y 2015 aumentó la cifra de niños hospitalizados con infecciones por algún tipo de bacteria resistente a numerosos tipos de antibióticos. Dicho estudio es el primero que confirma la gravedad de las infecciones por bacterias multirresistentes (MDR) -superbacterias, como las llaman muchos expertos- entre niños de Estados Unidos, y subraya la proliferación alarmante de patógenos bacterianos que ya no podemos tratar con nuestros medicamentos.

Para investigar la prevalencia de bacterias MDR entre los niños, los investigadores de la Escuela de Medicina de Case Western Reserve University estudiaron datos de pacientes de 48 hospitales pediátricos de todo el país. Con base en los diagnósticos y los códigos de reclamación de reembolso, identificaron diagnósticos de infecciones por enterobacterias, grupo de patógenos que incluye la Salmonella, Escherichia coli y Shigella, entre otros. Y entre los diagnósticos precisaron los categorizados como resistentes a múltiples fármacos.

En los cerca de 107,000 diagnósticos de infecciones por enterobacterias identificados en los registros hospitalarios analizados, los investigadores hallaron 724 casos de multirresistencia. Eso significa que menos de 1% de las infecciones fueron resistentes a los antibióticos. No obstante, el estudio, que abarcó un periodo de 8 años y fue publicado este mes en Journal of Pediatric Infectious Diseases Society, reveló una tendencia impactante. Si bien la cantidad total de infecciones por enterobacterias se mantuvo bastante estable año con año, la proporción de infecciones resistentes a los antibióticos aumentó de 0.2% en 2077 a 1.5% en 2015. "Para el público general, un cambio de 0.2 a 1.5% quizá no signifique mucho", dice Sharon Meropol, pediatra y epidemióloga que dirigió el estudio. "Pero para expertos en enfermedades infecciosas, es muy ominoso".

Un análisis ulterior de los registros nosocomiales reveló información adicional inquietante. Casi todos los niños adquirieron las infecciones MDR antes de que se hiciera el diagnóstico, lo que indica que las superbacterias circulan cada vez más en el público general. "Estas solían ser infecciones hospitalarias", dice Meropol. "Ahora los niños se infectan en la comunidad". Fuera del confinamiento de un hospital, esas bacterias pueden diseminarse más lejos y más rápido. Y aunque el análisis no reveló una tasa de mortalidad drásticamente más elevada entre los niños infectados por superbacterias, hubo más muertes en este grupo respecto de otros con infecciones no MDR. Además, la estancia hospitalaria promedio fue de 4 días más (21 contra 17 días) para las enfermedades con resistencia antibiótica, comparadas con otras infecciones por enterobacterias. En otras palabras, su tratamiento es más difícil y costoso.

En gran medida, los expertos atribuyen el origen de las superbacterias al abuso de los antibióticos. Según los Centros para Control y Prevención de Enfermedades, al menos 30 por ciento de los antibióticos recetados anualmente son innecesarios. El exceso de antibióticos facilita la proliferación de cepas bacterianas capaces de resistir estos tratamientos. En consecuencia, una infección urinaria ocasionada por E. coli,que antaño podía eliminarse fácilmente con penicilina o cefalosporina, hoy persiste pese a varias rondas con estos antibióticos. La administración de antibióticos al ganado para acelerar su crecimiento y mantenerlo sano -práctica que representa hasta 80% del consumo de antibióticos en Estados Unidos- también impulsa la proliferación de superbacterias.

Las consecuencias de las infecciones MDR son terribles. Haas señala que, cuando fracasan los antibióticos de 1a. y 2a. elección, algunos de los "fármacos de último recurso" pueden resultar peligrosos para los niños. La escasez de medicamentos eficaces ha orillado a ciertas farmacéuticas a proponer antibióticos descartados hace mucho por considerarlos excesivamente tóxicos. Y como demuestran los hallazgos del nuevo estudio, el problema está escalando. "Es escalofriante", dice Meropol. "Los especialistas en enfermedades infecciosas están asustados".

Meropol conserva el optimismo en cuanto a la posibilidad de detener e incluso, revertir la tendencia. Si se reduce, drásticamente, el uso de antibióticos con el ganado y dejan de recetarse, innecesariamente, en humanos, sería posible ralentizar la diseminación de superbacterias. Ya se han tomado medidas para alcanzar esos fines, como las nuevas reglas que emitió la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, con objeto de controlar el consumo de antibióticos para uso agrícola. La prevención proactiva de enfermedades bacterianas -mediante vacunas o, simplemente, mejorando la higiene- también podría frenar la diseminación de superbacterias, informa Meropol. Además, Smith señala que los médicos deben poner de su parte para detener el abuso. "Si no tienes evidencias convincentes de una infección bacteriana, no debes recetar antibióticos", puntualiza Michael Smith, especialista en enfermedades infecciosas pediátricas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Louisville.

Jessica Wapner
(v.Soy SD mx del 18 de marzo de 2017).

La Organización Mundial de la Salud publicó el lunes una lista de 12 familias de bacterias resistentes a los tratamientos actuales y contra las que es urgente desarrollar nuevos antibióticos, debido a su peligrosidad.

El riesgo para la salud es "crítico" en el caso de 3 familias de bacterias, resistentes incluso a los antibióticos más recientes y causantes de la mayoría de infecciones en los centros hospitalarios.

Los llamados "patógenos prioritarios" provocan infecciones en la sangre, los pulmones, el cerebro y también el tracto urinario, que pueden ser mortales.

"La resistencia a los antibióticos está creciendo, y nos estamos quedando rápidamente sin opciones de tratamiento", dijo Marie-Paule Kieny, asistente del director general de la OMS.

"Si dejamos este asunto a las fuerzas del mercado, los nuevos antibióticos que necesitamos urgentemente no se desarrollarán a tiempo", señaló esta experta.

La OMS emplaza a los gobiernos a incentivar la financiación pública y privada para luchar contra estas "superbacterias".

La agencia ha advertido con anterioridad de que si no se actúa, el mundo está abocado a una era de "post antibióticos", en la que infecciones comunes y pequeñas heridas volverán a ser mortales.

Las bacterias pueden volverse resistentes cuando el paciente no toma correctamente los antibióticos. Estas infectan mediante el contacto directo con otras personas, los animales, el agua y el aire.

Cuando los antibióticos más usuales no funcionan, se recurre a otros tratamientos más caros y largos, que a menudo requieren la hospitalización.

Las bacterias destacadas por la OMS fueron seleccionadas, entre otros criterios, según el grado de severidad de las infecciones que causan, la facilidad con que se propagan y cuántos antibióticos eficaces quedan para hacerles frente.

La lista está dividida en 3 categorías, según su prioridad: crítica, alta y media.

La 1a. incluye "superbacterias" resistentes a los antibióticos carbapenémicos, un recurso de última oportunidad para las infecciones potencialmente mortales que a menudo se propagan en los hospitales, asilos y entre pacientes que necesitan respiradores y catéteres.

En enero, una mujer estadounidense murió debido a una infección resistente a los 27 antibióticos disponibles, causada por el germen Enterobacteriaceae, incluido en la lista de la OMS.

La 2a. y 3a. categorías incluyen bacterias que causan enfermedades "más comunes", como gonorrea y salmonella.

La lista será examinada junto a expertos en materia de salud del G20, reunidos en Berlín esta semana.

"Los nuevos antibióticos contra esta lista prioritaria de patógenos ayudarán a reducir el número de muertes debido a las infecciones resistentes en el mundo", dijo Evelina Tacconelli, de la Universidad de Tübingen, en Alemania, que participó en su elaboración.

En septiembre, un estudio británico afirmó que las bacterias resistentes podrían "matar a hasta 10 millones de personas por año de aquí a 2050, es decir, a tantas como el cáncer".

En la lista de la OMS no se incluyó la tuberculosis porque ya existen programas de financiación para desarrollar nuevos antibióticos, afirmó la organización.

(V.periódico El Informador en línea del 27 de febrero de 2017).

Si escudriñamos con atención el año que acaba de terminar en el aspecto fundamentalmente político esa verdad se parece mucho a una mentira. Porque sólo en una serial televisiva se concibe que haya ganado las elecciones presidenciales un señor como Donald Trump que, sin que le tiemble la voz, dice que los mexicanos que emigran a los Estados Unidos son "ladrones, violadores y asesinos", que el Brexit es un ejemplo que deberían seguir otros países europeos, que desdeña a la OTAN tanto como a la Unión Europea y que admira a Vladimir Putin por su energía y liderazgo. ¿Las hazañas del antiguo agente de la KGB en Alemania Oriental y ahora a la cabeza de Rusia, no tienen acaso algo de las proezas terribles e inauditas de esos malos de las seriales? Desde que subió al poder se ha tragado parte de Ucrania, mantiene los enclaves coloniales de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, amenaza con invadir los países bálticos y, gracias a su intervención armada en Siria, tiene ahora una influencia y protagonismo de primer orden en el Medio Oriente. A diferencia de lo que ocurría durante la URSS, los periodistas y opositores molestos no van al Gulag, sólo mueren envenenados, apaleados o tiroteados en las calles por misteriosos delincuentes que luego desaparecen como por arte de magia.

En Turquía un supuesto intento de golpe de Estado ha dado pie a la represión más salvaje y al retorno del oscurantismo religioso y el despotismo que se creían cosa del pasado. Y Venezuela, potencialmente uno de los países más ricos de la tierra, en el año 2016 llegó, en la frenética carrera hacia la desintegración a que la conduce la pandilla de demagogos e ineptos que la gobiernan, a una especie de apoteosis de la crisis terminal en que la ha sumido el "socialismo del siglo XXI". ¿Será ese el destino de Francia si, como insinúan las encuestas, la señora Marine Le Pen, admiradora desembozada de Trump y de Putin, gana las próximas elecciones presidenciales?

O sea que, después de todo, se diría que el mejor espejo de las cosas horripilantes que pasan a nuestro alrededor en este despuntar del año 2017, no está en la gran literatura, ni en las películas realmente creativas, sino en esas seriales que, como llamaba Flaubert a los "personajes transitables", son meros puentes que se cruza y olvida al instante, durante esos paseos que damos para limpiarnos la cabeza luego de muchas horas de trabajo.

Pues sí, ya que las cosas andan de este siniestro modo, distraigámonos viendo seriales en la pequeña pantalla, en este mundo sorprendente, que, luego de la extinción del comunismo, algunos ingenuos creíamos había emprendido un camino resuelto hacia la libertad y la prosperidad en vez de convertirse nada más y nada menos que en un reality show.

Mario Vargas Llosa
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 22 de enero de 2017).

Me gusta mucho la ciencia y soy una alegre y maravillada partidaria de la tecnología. Y, sin embargo... Quizá sea que la dimensión del cambio comienza a ser demasiado abrupta, demasiado grande. O que cada vez soy más consciente de la inmadurez de los humanos, de nuestra falta de rigor, de nuestra irresponsabilidad como especie. O puede que simplemente se trate de un apocamiento de la edad, de mi vejez que empieza. Pero lo cierto es que me preocupa esta velocidad tecnológica que nos lleva en volandas hacia donde no sabemos. Una ignorancia esencial ante nuestros propios descubrimientos que ya hemos mostrado antes, por ejemplo, al inventar la bomba atómica o al desarrollar la energía nuclear, con cuyos letales, longevísimos deshechos no sabemos qué hacer, cosa que no impide que cada año produzcamos otras 10,000 toneladas métricas de basura nuclear de alto nivel que mantenemos en cementerios provisionales, una chapuza tóxica en la que casi nadie piensa. Además el problema no es sólo la fisión del átomo. Por ejemplo: Japón acaba de anunciar que va a empezar a utilizar robots para sustituir a trabajadores de oficina. ¿De verdad tenemos alguna idea de hacia dónde nos dirigimos? ¿Nos preocupa? ¿Hacemos algo para prevenir, para responsabilizarnos, para intentar acercarnos más a un modelo de mundo en vez de a otro? A veces me parece que sólo somos niños intelectualmente inteligentes, pero emocional y moralmente tontos. Y quizá malos.

Rosa Montero
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 22 de enero de 2017).

En un futuro no muy lejano, estamos hablando de 10 años para Estados Unidos, 15 quizás para México, no habrá choferes; ni en el transporte de carga, ni en el transporte público, ni en los taxis ejecutivos. El que maneje será por gusto, pero el verdadero control del auto lo tendrá la computadora. Además, la mayoría de las plantas de manufactura estarán robotizadas. El valor y el desarrollo económico estará, pues, en la industria creativa y en los servicios de calidad. La verdadera tragedia de Estados Unidos es que lo que propone Trump es la defensa de la economía que va de salida y está cerrando las puertas a lo que es la materia prima de la nueva economía de las ciudades: la atracción de talento.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de enero de 2017).

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta dio a conocer en su reporte semanal de morbilidad y mortalidad, el caso de una bacteria que logró resistir a todos los antibióticos disponibles.

Todo inició cuando el pasado 2016, el Distrito de Salud del Condado de Washoe en Reno, Nevada, fue notificado de la muerte de una paciente de 70 años que se encontraba internada dentro de un hospital de cuidados intensivos en una habitación con cuidados de contacto, según dice el informe.

La mujer había ingresado el 18 de agosto con un diagnóstico primario de síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, probablemente como resultado de un seroma de cadera infectado. El paciente desarrolló shock séptico y murió a principios de septiembre de 2016.

La paciente ya había necesitado hospitalizaciones anteriores en la India debido a una fractura de fémur y otra por ostiomielitis de fémur y cadera, la más reciente en junio 2016.

La bacteria, llamada Klebsiella pneumoniae, fue aislada de una muestra de la herida recogida el 19 de agosto de 2016. Las pruebas de sensibilidad a los antimicrobianos indicaron que esta bacteria logró resistir a 26 antibióticos, incluyendo todos los aminoglucósidos y polimixinas probados, y resistencia intermedia a la tigeciclina, menciona el informe.

El caso podría representar un hito en los estudios de antibióticos y bacterias para tomar las medidas necesarias en el control de éstas últimas, ya que los microorganismos adquieren resistencias (totales o parciales) cuando se exponen al medicamento por un tiempo e intensidad insuficiente para que el fármaco actúe, lo cual aprovechan para mutar y adaptarse.

(V.periódico El Informador en línea del 16 de enero de 2017).

Hay que estar conscientes de que las presiones fiscales que observamos este año y que obligaron al incremento de las gasolinas y previamente a los recortes, no constituyen un episodio que vaya a ocurrir de una sola vez.

Más bien se trata de un cuadro que tendremos en el futuro, pase lo que pase con Trump o con las elecciones de 2018.

Más nos vale asumir que en el futuro se va a requerir mayor carga fiscal y menor gasto improductivo (económica o socialmente) simplemente por las presiones que va a imponer el cambio demográfico y la demanda creciente de pensiones y servicios médicos.

Más nos vale discutir ese tema ahora, o el impacto del gasolinazo va a quedar como una broma cuando en el futuro veamos lo que se requiere para estos propósitos.

Enrique Quintana
(v.periódico El Financiero en línea del 16 de enero de 2017).

El científico británico Stephen Hawking llamó a la humanidad a trabajar en conjunto para afrontar los retos globales como el cambio climático y la aniquilación de otras especies, debido a que "estamos en el momento más peligroso para el planeta".

En un análisis sobre la situación mundial el científico alertó sobre los retos ambientales, de cambio climático, producción de alimentos, sobrepoblación, la aniquilación de otras especies, las epidemias y acidificación de los océanos.

"Esto es un recordatorio de que estamos en un momento peligroso para el desarrollo de la humanidad. Tenemos la tecnología para destruir el planeta en el que vivimos, pero no tenemos la habilidad de escaparnos de él", afirmó.

El autor del bestseller "Breve Historia del Tiempo" agregó que "quizá en unos cientos de años podremos establecer colonias humanas entre las estrellas, pero por ahora solo tenemos un planeta y tenemos que trabajar juntos para protegerlo".

Opinó, asimismo, que la reciente elección de Donald Trump en Estados Unidos y el referendo en Gran Bretaña para salirse de la Unión Europea son una manifestación de "enojo" de la gente que se siente abandonada por sus líderes.

"Fue, estamos todos de acuerdo, el momento cuando los olvidados hablaron, encontrando sus voces para rechazar el consejo y guía de expertos y de la élite de todos lados", aseguró el físico.

Hawking, quien en su momento se pronunció en favor de seguir siendo parte de la UE y calificó a Trump de "demagogo", hizo un llamado para cerrar filas en favor del planeta y de trabajar juntos para protegerlo.

"Para hacerlo necesitamos echar abajo y no construir barreras entre naciones. Si queremos tener una oportunidad, los líderes mundiales necesitan saber que han fallado y que les han fallado a muchos", señaló.

El científico, que está confinado desde hace décadas a un silla de ruedas debido a una enfermedad neuromotora, advirtió que con la desaparición de empleos y de industrias completas "necesitamos ayudarle a la gente a capacitarse en un nuevo mundo y apoyarlos financieramente".

"Si comunidades y economías no pueden enfrentar los actuales niveles de migración, tenemos que hacer más para alentar el desarrollo global, y esa es la única forma en que millones podrán ser persuadidos de encontrar un futuro en su propio país".

El científico de 74 años de edad, mejor conocido por su teoría de los agujeros negros, se mostró optimista por la especie humana pero advirtió que "requerirá que las élites desde Londres a Harvard, de Cambridge a Hollywood, aprendan las lecciones del último año".

"Aprender por encima de todo algo de humildad", concluyó el científico de la prestigiada Universidad de Cambridge.

A principios de este año, Hawking lanzó la iniciativa Unlimited World que busca desafiar un mundo crecientemente dominado por máquinas y tecnología y responder a preguntas sobre qué es lo que realmente nos enriquece como sociedad.

(V.periódico El Informador en línea del 2 de diciembre de 2016).

Stephen Hawking, uno de los físicos más respetados en la historia, reveló un dato verdaderamente preocupante en torno al futuro de la humanidad.

Durante una plática en la Oxford Union Society, mencionó y aseguró que los años de la humanidad están contados. El pronóstico que Hawking dio fue de mil años de vida en el planeta.

La predicción del teórico físico no fue una cuestión al azar, debido a que realizó este cálculo con base a el cambio climático radical que hemos estado experimentando y todo el daño que generamos a la Tierra.

Como era de esperarse, la humanidad está en una constante búsqueda por prevalecer y permanecer en existencia, pues hemos visto incontables esfuerzos por habitar otro planeta como Marte, o construir estaciones espaciales.

Por esta razón Stephen Hawking mencionó lo siguiente: "Debemos continuar con nuestros viajes al espacio por el futuro de la humanidad. No creo que sobrevivamos más de mil años si no escapamos más allá de nuestro frágil planeta".

Por otra parte, el físico de renombre a nivel mundial comentó, de manera modesta, que ésta es una época gloriosa para estar vivo y seguir realizando trabajos de física teórica: "Nuestra imagen del universo cambió mucho en los últimos 50 años. Y estoy contento de haber contribuido en algo. El hecho de que nosotros, los humanos, meras partículas elementales de la naturaleza, hayamos sido capaces de entender las leyes que gobiernan el universo es ciertamente un triunfo".

En la exposición, Hawking concluyó su aportación mencionando que el fin de la humanidad también se deberá al constante desarrollo de inteligencia artificial, la cual invariablemente terminará dominando a la humanidad.

(V.unocero del 21 de noviembre de 2016).

El mundo encara la amenaza global que representa la resistencia a los antibióticos y otros antimicrobianos con más preguntas que respuestas, aunque con la certeza de que parte del problema está en la forma de producir alimentos.

La Asamblea General de la ONU acordó hace unos días, por primera vez luchar contra las "superbacterias", resistentes a unos fármacos que antes funcionaban y que cada vez son menos eficaces, lo que dificulta el tratamiento de infecciones comunes y potencialmente mortales como la neumonía o la malaria.

Esta vez los países se comprometieron a adoptar una estrategia coordinada contra la resistencia a los antibióticos, que ha aumentado con el uso y abuso de medicamentos en humanos, animales y plantas, y que constituye "el mayor y más urgente riesgo global requiriendo atención nacional e internacional".

El director general adjunto de la Organización Mundial de la Salud, Keiji Fukuda, recordó que se trata de un problema que "está ocurriendo ahora y en todas partes", y que no depende del nivel de desarrollo.

Se estima que tan sólo en Estados Unidos unas 23,000 personas fallecen al año por infecciones resistentes a los antibióticos y en la Unión Europea otras 25,000.

Según el Banco Mundial, esas enfermedades podrían causar una fuerte crisis económica que arrastraría hasta 28 millones de personas a la pobreza para 2050.

Muchas de las miradas están ahora puestas en el sector primario, donde se suelen usar medicamentos para tratar las enfermedades animales o evitar que se propaguen en granjas y piscifactorías (llegando incluso a dejar residuos en los suelos, cultivos y agua); prácticas que abren la puerta a la aparición de microbios resistentes que después pueden afectar a los consumidores.

Está por ver si los países darán finalmente el paso de prohibir la polémica utilización de antibióticos para estimular el crecimiento de los animales que se realiza a través, por ejemplo, de piensos.

(V.pág.31-A del periódico El Informador del 5 de octubre de 2016).

Los efectos de las infecciones resistentes a los fármacos quizá lleguen a plantear más peligro que el cáncer. Se calcula que las muertes causadas al año por esta resistencia aumentarán de 700,000 en 2015 a 10 millones en 2050, según Review on Antimicrobial Resistance. La población mundial toma cada vez más antibióticos, lo que les resta eficacia, y los laboratorios farmacéuticos producen menos antibióticos nuevos.

(V.pág.21 de la revista Selecciones Reader's Digest de junio de 2016).

En 1970 había en el mundo 1,230 millones de cristianos y 570,000 musulmanes.

En 2015, los cristianos eran 2,017 millones y los musulmanes 1,600 millones. Para el año 2050, según la previsión del World Economic Forum habrá en el mundo 2,920 millones de cristianos y 2,760 millones de musulmanes.

Me temo que no son cifras que presagian lo mejor para el futuro en términos de violencia religiosa.

Héctor Aguilar Camín
(v.pág.3 del periódico Milenio Jalisco del 8 de abril de 2016).

Desestabilizar un pais, es ya cosa de manual, un manual que se atribuye al americano Gene Sharp. Se trata de un conjunto de maniobras conspirativas aunque no necesariamente violentas que es la manera formal y ya anticuada de golpe de Estado. Ahora las cosas se han hecho más sutiles tal y como nos cuenta la wikipedia en esta entrada.

Aqui por ejemplo hay un manual que sigue las indicaciones del método Sharp y que combina algunas de las estrategias antiguas: huelgas, manifestaciones, propaganda, etc, con las nuevas, mear en lacalle, enseñar las tetas en la iglesia, romper la constitución y llamar facha a todo el mundo.

Al parecer este método fue pensado para ayudar la CIA en las desestabilización de regímenes "enemigos" de America Latina, pero ahora la cuestión se ha emborronado tanto que incluso ciertos regímenes golpistas acusan a sus "enemigos internos" de utilizar los golpes blandos para defender sus posiciones. De manera que al universalizarse el método Sharp ya no sabemos quién es el malo y quién es el bueno. Pues esa es precisamente la función de la propaganda y del "agit prop", confundir al personal si es necesario poniendo el mundo del revés.

Aunque a mi me parece que más que a Sharp habría que leerse a Gramsci y su idea del neolenguaje, aquel comunista italiano que inventó lo de la "coyuntura" idonea en busca del golpe blando cambiando la percepción de la realidad de los votantes, a través del manejo hegemónico de las palabras. De lo que se trata es que los ciudadanos perciban que los alborotadores son en realidad los buenos dándole la vuelta a la tortilla de la razón.

En la actualidad Europa tiene puntos débiles que también pueden utilizarse en favor del golpe:

  1. El terrorismo yihadista. No cabe duda de que el terrorismo con sus bombas y atentados indiscriminados es una fuente de desestabilización muy importante en cualquier territorio, pero en mi opinión el terrorismo por si solo tiene los días contados. Los islamistas son extremistas que tienen prisa y que quizá no saben que el arma más potente que tiene el Islam en Europa no son las bombas sino la demografía y la rendición de los gobiernos europeos a la cultura islamista al tratarla de igual a igual. Ejemplo de esto es que hoy se ha publicado en el BOE la orden que garantiza a los musulmanes el derecho a recibir enseñanza religiosa en los centros docentes españoles.
  2. La crisis de los inmigrantes que cruzan desde Turquia, Libia o Marruecos hacia Europa de forma masiva y descontrolada parece responder más a una estrategia de guerra movida por oscuros intereses que una huida del caos. Llama la atención la escasa ayuda humanitaria de los países adyacentes con esta población y también la enorme cantidad de hombres solteros que huyen hacia Europa. No son simples refugiados de guerra, ellos quieren ir a Alemania, tienen un plan como preconfigurado. Cuando un país está en una guerra civil, los primeros que se reclutan forzosamente son precisamente esos hombres jóvenes. ¿Quién interviene en esa guerra si todo sus hombres están en campos de refugiados?
    Probablemente mercenarios. ¿Pagados por quién?
  3. La emergencia de un populismo de derechas asusta más a los países bienintencionados que los de izquierda. La oposición al proyecto europeo es la misma y calcada tanto en Le Pen como en Podemos y sin embargo Le Pen da mucho miedo. ¿Por qué?

Se trata de amenazas que son en teoría globales para toda Europa, pero si a mí me parecen amenazas no es por lo que representan por sí mismas sino por los objetivos que persiguen o parecen perseguir.

¿A alguien puede habérsele ocurrido que la mejor forma de reemplazo de una población europea envejecida y con poca natalidad podría ser a través de esta inmigración que parece humanamente comprensible?

Volvamos a los gramscianos. Ellos no son árabes, ni terroristas pero no condenan los atentados. ¿Por qué no lo harán? ¿Por qué no hacen piña con sus conciudadanos con independencia de su ideología política?

¿Por qué contribuyen con sus proclamas a hacer sentirnos culpables por una cuestión con la que nosotros los españoles no tenemos nada que ver? ¿Por qué defienden que aquellos millones de personas se instalen en Europa sin condiciones?

¿No será esta una manera de acelerar sus proyectados golpes blandos? ¿Pues quien alimentará a todos esos inmigrantes? ¿Los verán como futuros aliados en los desordenes callejeros? ¿Como mano de obra barata para sus negocios?

Y hay otras cuestiones adheridas: los nacionalismos emergentes en Europa, los discursos de género y el tema de la deuda. ¿A quien le debemos dinero los europeos?

Si supiéramos a quien se lo debemos podriamos entender mejor a quién debemos rendirnos, aunque me temo lo peor.

Paco Traver
(v.La nodriza de las hadas y el rey carmesí del 29 de marzo de 2016).

Moshe Vardi, profesor de Ingeniería Computacional en la Universidad Rice, en una conferencia expuso un futuro que no es más que un montón de espinas.

Vardi cuestiona la idea frecuentemente expresada de que los avances tecnológicos siempre terminan beneficiando a la humanidad.

"Una respuesta típica es que si las máquinas harán todo nuestro trabajo, estaremos libres para realizar actividades recreativas", comenta.

Para Vardi esto no será así.

"Yo no encuentro en esto un futuro promisorio", dice, "así como no encuentro atractivo el prospecto de una vida sólo de recreación. Yo creo que el trabajo es esencial para el bienestar humano".

En 30 años, expone Vardi, las computadoras podrán realizar casi cualquier trabajo humano. Asumo que esto incluye trabajar como profesor de Ingeniería Computacional. Vardi prevé que el desempleo rebasará el 50% para el 2045.

"No creo que se pueda detener la tecnología. El genio ya está afuera de la botella. Lo que necesitamos es empezar a pensar intensamente ahora e invertir en investigar cómo la sociedad puede enfrentar el avance de la automatización".

La línea de tiempo es apretada.

"Si esperamos 25 años, pudiéramos encontrarnos nosotros mismos en un cambio social muy difícil. La Revolución Industrial trajo la Revolución Rusa y la Revolución China, con un costo humano de 100 millones de vidas. Espero que seamos más sabios en esta ocasión".

Las empresas tecnológicas insisten en que todas están "haciendo del mundo un mejor lugar", pero ellas pudieran estar meramente usando el mundo como un laboratorio para sus experimentos.

Chris Matyszczyk
(v.CNET-News del 14 de febrero de 2016).

"Estamos en manos de políticos ignorantes, que no conocen la Historia ni tienen cultura. Solo se preocupan por conservar su sillón. Pasan el día escuchando la opinión del contrario y pensando en qué respuesta darle. Así no se construye nada. No hay líderes ni hombres de Estado y así nos va: la Unión Europea es un edificio mal construido y se está derrumbando. La situación se hace más desastrosa porque algunos han creído que se podían integrar los inmigrantes musulmanes, y eso es imposible".

Giovanni Sartori, de 92 años, uno de los mayores expertos en ciencia política, entre los más leídos y estudiados del mundo -con obras de referencia imprescindibles como "Partidos políticos" o "Teoría de la democracia"-, analiza con lucidez los asuntos de más candente actualidad: inmigración, Europa, islam, multiculturalismo,xenofobia, guerra de religión, etc.

Por sus diagnósticos y severas críticas sus obras fueron recibidas al principio con recelo; pero muchas de sus ideas y pronósticos se han revelado proféticos. Por eso, no le sorprende que, en un exceso de tolerancia que supuso "renegar de nuestra cultura", media docena de estatuas desnudas fueran cubiertas en los Museos Capitolinos de Roma para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani. "Fue una payasada, reflejo de un mundo imbécil que hace solamente lo que encuentra útil y conveniente al momento. Uno tiene derecho a que se respeten sus principios y tradiciones".

Puede considerarse una anécdota, pero es un episodio significativo, como otros que se han sucedido en el último mes y que reflejan que están cambiando mucho las cosas en Europa, sobre todo en relación con la inmigración, que desborda las fronteras del continente y pone en evidencia la dificultad de integrar a los inmigrantes musulmanes, por su falta de respeto a valores muy arraigados en la cultura europea, como son la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer.

En Fin de Año se produjeron en Colonia, y en otras 2 ciudades alemanas, agresiones sexuales de casi un millar de jóvenes árabes, en su mayoría marroquíes y argelinos, a mujeres que encontraron en su camino. La noche que inauguraba 2016, en el país que ha abierto generosamente las puertas a casi un millón de prófugos de Oriente Medio y de otras zonas en guerra, quedaba manchada por lo que se ha considerado un gravísimo episodio de enfrentamiento de dos civilizaciones. Se ponía de manifiesto que la relación del islam con las mujeres es un asunto devastador y que existe un abismo cultural insalvable entre la Europa rica y liberal y algunos de países árabes. Los datos lo confirman: según una encuesta realizada por el centro de investigación Pew en 2013, más del 90% de marroquíes y tunecinos piensan que la esposa debería obedecer siempre al marido.

Para comprender mejor lo que representa la mujer en el mundo de Alá y por qué es agredida sexualmente, el escritor argelino Kamel Daoud da esta explicación: "La mujer es negada, velada, encerrada, poseída. El cuerpo de la mujer pertenece a todos, pero no a ella, y no es visto como lugar de libertad".

¿Es posible entonces que un inmigrante, educado en una cultura o una religión distinta de la nuestra, como el islam, se pueda integrar, negando los principios que forman parte de su educación, de su sensibilidad? Para el profesor Sartori la integración ético-política es imposible: "El islam es incompatible con nuestra cultura. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular".

¿Qué significa integrarse? Angela Merkel lo ha dicho claramente: "Queremos que los inmigrantes absorban los fundamentos culturales de nuestra convivencia"; es decir, el sistema de valores, de reglas y de comportamientos que rigen entre nosotros. Tal proyecto está en contradicción con la idea del multiculturalismo que se ha intentado imponer en Occidente, siguiendo la línea de lo políticamente correcto. Ese multiculturalismo se basa en que en una sociedad puedan convivir sin problemas culturas diversas. Según Giovanni Sartori, eso es imposible: "El multiculturalismo no existe. En nuestra sociedad tenemos unas normas generales, unos principios. El inmigrante puede hacer en su casa lo que quiera, pero debe aceptar las reglas de el Estado que le acepta".

A este respecto, cabe destacar al imán de Colonia Sami Abu-Yusuf, quien en una entrevista declaró que la responsabilidad de las violencias sexuales de Nochevieja no se debían atribuir a los jóvenes, sino a las mujeres que iban por la calle medio desnudas y perfumadas. El imán lleva decenios en Alemania, pero no ha dado un solo paso hacia la cultura que le ha acogido, mostrándose como un invasor arrogante. ¿Se puede dialogar con un troglodita que ve un demonio en la feminidad? El profesor Sartori lo tiene muy claro: "A quienes no están dispuestos a aceptar nuestras normas, se les debe colocar en la frontera para que se marchen a su casa".

Giovanni Sartori esta considerado como un liberal progresista. Cuando le digo que desde la izquierda le pueden reprochar sus ideas, o verlo como xenófobo o conservador, responde con firmeza: "La izquierda ha perdido su ideología. Utilizan la palabra multiculturalismo como una nueva ideología, porque la vieja ha muerto. Pero no tienen ni idea. No saben lo que es el islam. Son unos ignorantes. A mí no me importa la derecha o la izquierda, sino el sentido común".

La integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado porque, asegura, "el islam no tiene capacidad de evolución". Cita, por ejemplo, a la India, "donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados; después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes". Y ya más cerca, el profesor Sartori recuerda lo que ocurre en los países europeos: "Los musulmanes de 3a. generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático".

Sartori indica: "No se puede practicar una política de puertas abiertas, como ingenuamente cree alguna izquierda. Está bien hablar de solidaridad, porque los inmigrantes pueden ser un elemento positivo para nuestra economía, pero los flujos migratorios hay que regularlos. Quien entra en Europa debe tener documentos, una identidad segura".

En definitiva, sostiene Sartori que "Occidente y sus valores están en peligro porque no se está dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico". Hace ya 15 años que, en el Corriere della Sera, Sartori afirmó que estábamos asistiendo a "una guerra inédita con 4 características: terrorista, global, tecnológica y religiosa". Hoy lo reafirma con más fuerza, viendo el terrorismo del Daesh: "En una guerra hay que emplear todas las armas que uno tiene a su disposición. Nosotros, Occidente, somos los agredidos, con un terrorismo de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recuerda. Además, cuando un hombre-bomba, kamikaze por la fe, se hace explotar en medio de civiles, el enfrentamiento ha llegado al máximo".

"Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa -añade-. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política". ¿Y cómo acabará? Su respuesta no es muy reconfortante: "Veremos. Este es un mundo que se está suicidando".

"Yo soy realista y tengo un lema muy claro -explica-: el pesimismo es peligroso si nos lleva o induce a la rendición; el mal lo hace el optimismo o el 'tranquilismo' que conducen a no hacer nada".

(V.periódico ABC en línea del 4 de febrero de 2016).

Hace unos 10 años comencé a leer un libro apasionante, pero abandoné su lectura a las pocas páginas porque era, al mismo tiempo, terrorífico. Lo había escrito un grupo de científicos que, luego de establecer, hasta donde era posible, el número de armamentos nucleares que pueblan el planeta -se debe haber incrementado en el tiempo transcurrido-, explicaba las consecuencias que podría tener para el mundo el que, por un acto de locura ideológica o un mero accidente, esos artefactos de destrucción masiva comenzaran a estallar.

Las cifras eran escalofriantes tanto en número de muertos y heridos como en contaminación del aire, las aguas, la fauna y la flora, al extremo de que, a la corta o a la larga, podía desprenderse de este proceso la extinción de toda forma de vida en el astro que habitamos.

Si esto es cierto, y supongo que lo es, ¿no resulta incomprensible que un asunto tan trascendente -la preservación de la vida- apenas llame la atención del público muy de tanto en tanto, por ejemplo esta semana, cuando Kim Jong-un, el patológico sátrapa de Corea del Norte, anunció que, celebrada por toda la población norcoreana, acaba de hacer estallar su primera bomba de hidrógeno? Los técnicos de Estados Unidos y Europa se han apresurado a decir que este anuncio es exagerado, que la última dictadura estalinista del planeta apenas ha conseguido fabricar hasta el momento una bomba nuclear. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Unión Europea y distintos gobiernos -entre ellos, el de China- han condenado el experimento (cierto o falso) anunciado por Kim Jong-un. ¿Habrá nuevas sanciones de castigo al régimen norcoreano? En teoría, sí, pero en términos prácticos, ninguna, porque ese país vive en un aislamiento total, como dentro de una probeta, y sobrevive gracias al puño de hierro que aherroja a sus infelices ciudadanos-esclavos, al contrabando y a la demagogia delirante.

Oficialmente, hay 6 países en el mundo que poseen armas nucleares -Estados Unidos, Rusia, China, India, Pakistán y Corea del Norte- y sólo 2 de ellos, Estados Unidos y Rusia, han experimentado bombas de hidrógeno, que tienen una capacidad destructiva 7 u 8 veces mayor que las bombas que aniquilaron Hiroshima y Nagasaki. Sólo una décima parte del arsenal nuclear ya acumulado sería suficiente para acabar con todas las ciudades del globo y desaparecer a la especie humana. Debemos estar todos muy locos en este mundo para haber llegado a una situación semejante sin que nadie haga nada y sigamos contemplando, a nuestro alrededor, cómo los arsenales nucleares siguen allí, acaso aumentando, a la espera de que, en cualquier momento, algún fanático con poder encienda la chispa que provoque la gigantesca explosión que nos extermine.

Ya sé que hay organizaciones pacifistas que tratan -sin mucho éxito, por lo demás- de movilizar a la opinión pública contra este armamentismo suicida, y gobiernos e instituciones que, de manera ritual, protestan cada vez que un nuevo país, como Irán hasta hace poco, intenta acceder al club exclusivo de potencias atómicas. Pero lo cierto es que, hasta ahora, el desarme ha sido una mera retórica sin consecuencias prácticas y que, empezando por los de Estados Unidos y Rusia, los planes de desarme no avanzan. Los depósitos de armas de destrucción masiva continúan allí, como anuncio permanente de un cataclismo que acabaría con la historia humana.

¿Hay que resignarse, esperando que esta situación se prolongue, o es posible hacer algo? Sí, es posible, y hay que comenzar por hacer exactamente lo contrario de lo que hice yo hace 10 años con aquel libro aterrador. Hay que enterarse del horror que nos rodea y, en vez de jugar al avestruz, encararlo, difundirlo, alarmar a cada vez más gente con la siniestra realidad a fin de que las campañas pacifistas dejen de ser obra de minorías excéntricas y cobren una magnitud que movilice por fin a los gobiernos y haga funcionar de manera efectiva a los organismos internacionales. Nada de esto es utópico; cuando hay una voluntad política resuelta, es posible sentar a una mesa de diálogo a los adversarios más encarnizados, como ha ocurrido con Irán, que ha consentido detener su programa atómico a cambio del levantamiento de las sanciones que tenían paralizada a su economía.

¿Y si la negociación es imposible? En raros casos esto puede ser cierto y, sin duda, uno de estos casos podría ser el régimen de Pyongyang.

La satrapía de los Kim no sólo ha condenado al pueblo norcoreano a vivir en la miseria, la mentira y el miedo. Con su búsqueda frenética del arma nuclear que, cree, le garantizará la supervivencia, pone en peligro a sus vecinos de la península y a todo el Asia. La comunidad internacional tiene la obligación de actuar, poniendo en acción todos los medios a su alcance para acabar con un régimen que se ha convertido en un riesgo para el resto del planeta. Hasta China, que fue uno de los escasos valedores de la dictadura norcoreana, parece haber comprendido el peligro que representan para su propia supervivencia las iniciativas demenciales de Kim Jong-un. Y la forma de actuar más eficaz es cortar de raíz la posibilidad de que el régimen de Pyongyang continúe con unos experimentos nucleares que constituyen, en lo inmediato, una gravísima amenaza para Corea del Sur, China y Japón. La comunidad internacional puede dar un ultimátum al régimen norcoreano, a través de las Naciones Unidas, dándole un plazo preciso para que desmantele sus instalaciones atómicas so pena de proceder a destruirlas. Y cumplir con la amenaza en caso de no ser escuchada. No creo que haya un caso más evidente en el que un mal menor se imponga por sobre el riesgo de que Pyongyang provoque una catástrofe con cientos de miles de víctimas en el Asia y, tal vez, en el mundo entero.

En uno de esos lúcidos ensayos con los que se enfrentó al mesianismo ideológico al que sucumbieron tantos intelectuales de su tiempo, George Orwell se preguntaba si el progreso científico debía ser celebrado o temido. Porque esos extraordinarios avances en el conocimiento, al mismo tiempo que han creado mejores condiciones de vida -en la alimentación, la salud, la coexistencia, los derechos humanos-, han desarrollado también una industria de la destrucción capaz de producir matanzas que ni la imaginación más enfermiza de antaño podía anticipar. En nuestros días, el avance de la ciencia y la tecnología ha sembrado el planeta de unos artefactos mortíferos que, en el mejor de los casos, podrían devolvernos al tiempo de las cavernas, y, en el peor, retroceder este planeta sin luz a aquel pasado remotísimo en que la vida no existía aún y estaba por brotar, no se sabe todavía si para bien o para mal. No tengo respuesta para esta pregunta. Pero lo que haré de inmediato será buscar aquel libro que dejé sin terminar y leerlo esta vez hasta la última línea.

Mario Vargas Llosa
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 17 de enero de 2016).

El ambiente de inquietud que en el hoy hay en Europa es de tensión por cuanto al Islam y la islamización del Viejo Continente se refiere, dada la amenaza permanente de los radicales yihadistas que con atentados y derramamientos de sangre, aunado a la explosión demográfica musulmana, viene alterando temerosamente la cotidianeidad.

Las consecuencias de lo anterior han llegado a grado tal, precisamente en el tiempo navideño, hasta de retirar símbolos cristianos, derivando en una acendrada polémica entre gran parte de los pobladores, ya que es incuestionable que 2 de las tradiciones más representativas a nivel mundial, son tanto el árbol de Navidad, como el montaje de nacimientos, -por allá conocidos como "belenes"-, con los que se conmemora la venida al mundo del Niño Jesús.

¿El motivo?

La "ofensa" a las creencias religiosas de los musulmanes, retirándose los árboles y el belén en varias ciudades, siendo cambiados por otra clase de objetos que no molesten a los seguidores de Mahoma.

Así, bajo el enunciado de Navidad, no; Ramadán, sí... La situación ha tomado un cariz de gravedad, particularmente en naciones históricas de la Unión Europea que han tenido, tienen y posiblemente sigan teniendo una importante por numerosa inmigración de origen musulmán, como son Bélgica y Dinamarca entre algunas otras.

En la ciudad danesa de Kokkedal, en la que más de la mitad son musulmanes, se negó a dar presupuesto para la decoración navideña, aceptando la Junta Ciudadana, destinar el apoyo económico para la organización del Eid al Fitr, festividad con la que se celebra el final del Ramadán.

Para mayor preocupación dado el crecimiento de la población que profesa el Islam, va a que en barrios de la capital Copenhage, como en otras partes del nórdico país, grupos de musulmanes los han declarado bajo vigilancia de la ley islámica, con señalamientos visibles en los que se lee: "está entrando en zona controlada por la sharia..." Control tal lo hace la llamada "policía moral" que patrulla las calles de los sitios, enfrentándose a todos aquellos que acuden a discotecas, a quienes consumen alcohol o que llevan a cabo cualquier actividad contraria al Islam.

Por cuanto a Bélgica, a decisión del ayuntamiento de retirar el tradicional árbol navideño de la Gran Place substituyéndolo por una escultura luminosa que nada tiene qué ver con la época, y todo con el fin de no "ofender" a los musulmanes con un símbolo cristiano, es causa de una polémica de consideración.

Se calcula que dentro de 4 años, Bruselas tendrá 1'300,000 habitantes de los que tan solo cerca del 30% serán belgas de origen; un 50% serán naturalizados, de los cuales una parte grande serán de origen musulmán.

Referente a Francia hay datos que señalan que en un lapso de entre 35 a 40 años podría convertirse en una república islámica, refiriendo que en ciudades galas como Marsella o Niza, el 45% de los menores de 30 años es musulmán de origen.

Y hay que mirar a Gran Bretaña, en donde la población musulmana en las últimas 3 décadas ha crecido de 82,000 a los 2.5 millones, 30 veces, pues, a la cifra original, refiriendo la estadística de que en el hoy en las islas, existen más de mil mezquitas, siendo muchas de ellas antiguos templos de otras religiones.

Y ni qué decir de Holanda, en donde los datos son muchísimo más trascendentes, toda vez que el 50% de los recién nacidos son musulmanes, y en tan solo 3 lustros, la mitad de la población holandesa musulmana será.

Parece que los tiempos de: "al país que fueres, hacer lo que vieres", han quedado atrás, muy atrás; y que habiendo de todo -que hay gente de bien que desea vivir en paz-, hay migrantes y naturalizados que sin adaptación ni respeto a los países que les han acogido, intentan conquistarlos y someterlos desde su interior. Esto es lo que está sucediendo.

Francisco Baruqui
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 21 de diciembre de 2015).

Científicos chinos identificaron una nueva mutación de bacteria, a la que llamaron gen MCR-1, que es resistente al antibiótico colistina.

La colistina es una de las últimas armas para combatir bacterias polirresistentes, por lo que el descubrimiento es considerado por algunos científicos como un indicativo de que el mundo está en el umbral de una "era post-antibiótico".

Según los científicos, que publicaron sus hallazgos en la revista Lancet Infectious Diseases, la bacteria puede anular la efectividad del antibiótico tanto en pacientes como en ganado.

Y expertos consideran que esa resistencia se puede propagar por todo el mundo y aumentar el espectro de infecciones intratables.

El hecho de que las bacterias se están haciendo completamente resistentes a los tratamientos -o que en el mundo de la ciencia se conoce como "el apocalipsis de los antibióticos"- podría, según especialistas, hacer retroceder la medicina a una era en que las infecciones comunes podían resultar mortales.

Cirugías y tratamientos contra el cáncer, que dependen de antibióticos, también podrían verse amenazados.

En el estudio, la bacteria mostró resistencia en un quinto de los animales que se analizaron, en el 15% de las muestras de carne cruda y 16 pacientes.

Y determinaron que la resistencia está esparcida en una gama de especies y cepas bacterianas, incluyendo E. coli, Klebsiella pneumoniae y Pseudomonas aeruginosa.

También hay evidencias de que esta mutación está presente en Laos y Malasia.

El profesor Timothy Walsh, de la universidad de Cardiff en Gales, quien colaboró en el estudio, dijo que "todos los actores clave ya están en su lugar para que un mundo post-antibiótico se haga realidad".

"Si el gen MRC-1 se hace global -un caso de cuándo, no de si ocurrirá- y los genes se alinean con otros genes resistentes a antibióticos, lo que es inevitable, entonces tendremos muchas posibilidades de llegar al principio de una era post-antibióticos", agregó.

"Punto en el cual, si un paciente cae gravemente enfermo, digamos con E. coli, entonces virtualmente no hay nada qué hacer".

El estudio encontró el gen resistente tanto en animales como en pacientes.

Ésta no es la 1a. vez que surge una resistencia a la colistina.

Sin embargo, la diferencia crucial en este caso es que la mutación ha surgido de una forma que es muy fácil de compartir entre las bacterias.

"La tasa de transferencia de este gen resistente es ridículamente alta, esto no se ve bien", señaló el profesor Mark Wilcox, del Leeds Teaching Hospitals NHS Trust.

Cada mes su hospital se enfrenta a múltiples casos en los que tienen "problemas para encontrar un antibiótico", algo que hace 5 años sería "tan raro como dientes de gallina".

Wilcox aclaró que no hay un solo acontecimiento que marque el inicio del apocalipsis de antibióticos, pero que está claro que "estamos perdiendo la batalla".

La preocupación está en que el nuevo gen resistente se conectará con otros que son una plaga en los hospitales, lo que puede hacer que las bacterias sean resistentes a todos los tratamientos.

Wilcox dijo que definitivamente teme que llegaremos una situación de organismo intratable.

Sin embargo, las autoridades chinas parecen estar actuando rápido para atacar el problema y este fin de semana habrá una reunión para discutir si prohibir la colistina para usos agrícolas.

La profesora Laura Piddock, del grupo de activistas Antibiotic Action, considera que no se deberían utilizar los mismos antibióticos para animales y humanos.

"Con suerte la era post-antibiótico todavía no ha llegado. Sin embargo este (estudio) debe servir como llamado de alerta al mundo", dijo.

Piddock señala que el inicio de una era post-antibiótico "en realidad depende de la infección, el paciente y si hay alternativas disponibles" como una combinación de antibióticos que todavía pueda ser efectiva.

Un comentario en Lancet concluye que "las implicaciones (de este estudio) son enormes" y a menos de que se introduzcan cambios significativos, los doctores "se enfrentarán a cada vez más pacientes a los que le tendrán que decir 'lo siento, no hay nada que podamos hacer para curar su infección'".

(V.BBC Mundo del 19 de noviembre de 2015).

La más reciente novela de Michel Houellebecq (Anagrama, 2015) titulada Sumisión, en donde nos plantea de qué manera los musulmanes conquistan Francia no por la fuerza, como sucedió en el 711 cuando las tropas árabes y bereberes cruzaron el estrecho de Gibraltar para conquistar el sur de España y quedarse ahí hasta el año de 1492, cuando los reyes católicos los expulsaron de Granada, el último de sus reductos. Ahora, Houellebecq nos cuenta cómo lo logran esta conquista de manera democrática en pleno siglo XXI.

Narra todo esto como si fuera el oráculo del siglo XXI basado en algunas esas cosas que pueden estar pasando en Francia, tal como nos enteramos en El País o en TV Euronews en donde, poco a poco, se va hartando de su total "libertad", como la que obtuvieron los franceses desde la Revolución en 1789 cuando era una de las banderas del cambio y que ahora parece estar agotada.

Martín Casillas de Alba
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de octubre de 2015).

Stephen Hawking ofreció una nueva preocupación en una respuesta acerca del desempleo tecnológico.

"Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyan las cosas", escribió. "Todos pueden disfrutar de una vida de lujoso descanso si la riqueza producida por las máquinas se distribuye, o la mayoría de la gente terminará miserablemente pobre si los dueños de las máquinas negocian exitosamente contra la redistribución de la riqueza".

Algunos pudieran ver esto como una esperanza de socialismo tecnológico. Pero Hawking observó: "Hasta el momento, la tendencia parece ser hacia la 2a. opción, con la tecnología impulsando una inequidad siempre creciente".

Muchos han debatido y seguirán debatiendo acerca de si la tecnología realmente impulsa la inequidad o si la gente se ajusta a las nuevas circunstancias y nuevos inventos que generan nuevos mercados y nuevos empleos, que anteriormente no se preveían.

Algunos no se impresionaron con la economía de Hawking y sus implicaciones políticas.

"Resumido lo que dice Stephen Hawking: 'Por cientos de años, la gente que ha reclamado que las máquinas reducen empleos se ha mostrado necia. ¡Pero ahora será diferente!'", tweeteó el inversionista Marc Andreesen.

Andreesen sugirió que alguien le comprara a Stephen Hawking un texto de Economía 101.

Chris Matyszczyk
(v.CNET-News del 8 de octubre de 2015).

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que 2 años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y 98 años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.

Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.

Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.

A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.

Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.

Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual. Y es que no hay forma de parar la Historia. "Tiene que haber una solución", claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar.

La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.

Arturo Pérez-Reverte
(v.Patentes de Corso del 14 de septiembre de 2015).


Pithovirus sibericum

Científicos del Centro Nacional Francés para la Investigación Científica encontraron un virus de 30,000 años de antigüedad, el Pithovirus sibericum, en el permafrost ruso. Como se describió en la publicación Proceedings of the National Academy of Sciences el año pasado, los científicos revivieron una muestra del Pithovirus sibericum en condiciones seguras de laboratorio y determinaros que todavía era infeccioso, aunque sólo afectaba a las amibas.

Jean-Michel Claverie, un biólogo evolucionista del Laboratorio de Información Estructural y Genómica en el Instituto Mediterráneo de Microbiología, en Marsella, Francia, coautor del estudio, comentó que el permafrost venía de un terreno que contiene valiosos recursos minerales, como petróleo. Advirtió que la explotación industrial de éste y otros sitios similares es seguro que continúe si el hielo continúa fundiéndose debido al cambio climático, y esto pudiera afectar a patógenos no descubiertos.

Claverie explicó que es posible que partículas de éste y de otros virus desconocidos sepultados en el permafrost "sean suficientes, en presencia de un anfitrión vulnerable, para revivir virus potencialmente patógenos".

Agregó: "Si no somos cuidadosos e industrializamos esas áreas sin colocar salvaguardas en el lugar, corremos el riesgo de despertar virus como el de la viruela que pensábamos que estaba arradicada."

Danny Gallagher
(v.CNET-News del 9 de septiembre de 2015).

Expertos en robótica de todo el mundo han pedido una prohibición de las armas autónomas, advirtiendo que una revolución en la aplicación de la inteligencia artificial a la guerra podría significar un desastre para la humanidad.

La carta abierta, publicada por el Future of Life Institute, ha sido firmada por cientos de investigadores de IA y robótica, así como por personas de alto perfil en el mundo científico y tecnológico incluyendo a Stephen Hawking, el CEO de Tesla Elon Musk y el cofundador de Apple Steve Wozniak. El celebrado filósofo y científico cognoscitivo Daniel Dennett está entre los que han agregado sus nombres a la carta.

Los desarrollos en inteligencia mecánica y robótica están impactando ya el terreno tecnológico -por ejemplo: drones equipados con cámaras están originando debates acerca de la privacidad personal, y automóviles autoconducidos tienen el potencial de revolucionar la industria automotriz. Sin embargo, muchos expertos están preocupados de que el progreso en el campo de la IA pudiera ofrecer aplicaciones para la guerra que tomaran a los humanos fuera de base.

La carta abierta define armas autónomas como aquellas que "seleccionan y atacan objetivos sin la intervención humana". Sugiere que cuadricópteros que cacen y maten gente son un ejemplo del tipo de IA que debería prohibirse para prevenir una "carrera global de armas con IA".

"Las armas autónomas son ideales para tareas tales como asesinatos, desestabilización de naciones, sometimiento de poblaciones y asesinato selectivo de un grupo étnico", prosigue la carta. "Nosotros creemos que una carrera militar de armas con IA no sería benéfica para la humanidad".

El robotista Noel Sharkey, quien ya firmó esta petición, advirtió que los robots asesinos de la vida real estarían muy lejos de las fantásticas descripciones de ciencia ficción que vemos en las películas. "Parecerían tanques", declaró. "Se verían como barcos, se verían como jets de caza".

"Un sistema de armas autónomas es un arma que, una vez activada o lanzada, decide seleccionar sus propios objetivos y matarlos sin intervención humana posterior", explica Sharkey, quien es miembro de la Campaign to Stop Killer Robots -una organización lanzada en 2013 que está presionando por un tratado internacional que haga ilegales las armas autónomas. "Nuestro objetivo es prevenir que la decisión de matar le sea otorgada a una máquina".

La carta abierta menciona ejemplos exitosos de acuerdos internacionales referentes a otros tipos de armas, tales como las químicas, y los láseres cegadores.

Luke Westaway
(v.CNET-News del 27 de julio de 2015).

Un estudio reciente predice que en 2050 unos 10 millones de personas morirán cada año como resultado de infecciones resistentes a los antibióticos. De acuerdo con un nuevo artículo de TIME, el problema es aún más grave.

El autor explica:

El ADN de las bacterias resistentes a los antibióticos que se encuentran en el ganado estadounidense es ahora transmisible por aire, lo cual crea una nueva vía por la que este tipo de bacterias podrían transmitirse a los humanos y obstaculizar el tratamiento de las infecciones que amenazan la vida.

[Los investigadores] encontraron que el aire proveniente de las [granjas ganaderas] contenía antibióticos, bacterias y un número "significativamente mayor" de comunidades microbianas con genes resistentes a los antibióticos.

Las bacterias se liberan en el aire a través de las heces secas de las vacas "que se han convertido en polvo y han sido desplazadas por los vientos que cruzan a través de los corrales". El estudio estima que "la cantidad total liberada por las granjas ganaderas en Colorado, Kansas, Nebraska, Oklahoma y Texas supera los 21,000 kg por día".

¿Suena aterrador? ¡Creemos que sí!

Podemos ayudar a detener la proliferación de bacterias resistentes a los antibióticos al sacar la carne de nuestros platos.

(V.Elige Veg.com del 10 de junio de 2015).

A Christopher Raymundo Márquez, de 6 años de edad, 5 amigos y vecinos le propusieron jugar a "el secuestro". Lo llevaron a un sitio lejos de su casa, lo amarraron, lo apedrearon y le clavaron un cuchillo en la espalda. El niño murió. Fue arrastrado a un arroyo seco, cubierto con hojas y con un animal muerto. Sus agresores resultaron ser 3 niñas y 2 niños, todos entre 11 y 15 años. El hecho sucedió en Chihuahua, no se asuste, pero ¿descarta que esto pueda suceder cerca de su casa?

Es cierto, los atacantes de Christopher Raymundo no tienen valores, pero lo peor es que han crecido sin distinguir lo bueno y lo malo, la vida y la muerte, muchos niños están creciendo sin conocer que los juegos de manos tienen consecuencias y deben pagarse. El sentido de la ética, del civismo, la dimensión de la realidad, no está siendo depositada en su formación, si a esto sumamos un entorno de familias con escasos ingresos, bajo nivel de estudios y pocas oportunidades de mejorar su calidad de vida, el círculo vicioso es terrorífico, por decir lo menos.

¿Y cómo actúa la autoridad? En Ciudad Juárez crearon el Fondo de Atención a Niños y Niñas Hijos de las Víctimas de la Lucha contra el Crimen, para apoyar con becas, tratamientos médicos y sicológicos a las víctimas. Una autoridad estatal afirmó el año pasado que sólo tenían a 20 profesionales de la salud mental para esto y su apoyo podría alcanzar sólo a 2,500 menores ¿y los demás?

Alguien me decía que los siguientes 15 años vamos a ver las secuelas del clima de violencia y descomposición social que ahora vivimos porque los principales afectados, los niños, llegarán a la mayoría edad sin valores, si parámetros, sin distinción de lo bueno y lo malo. ¿Cuánto nos costará eso por no tomar medidas preventivas y atenderlos ahora?

Gabriela Aguilar
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de mayo de 2015).

El año pasado, el 1er. ministro de Gran Bretaña, David Cameron, designó a Jim O'Neill, ex economista jefe de Goldman Sachs, para que encontrara soluciones a las fallas del mercado que causaron que se secara la producción de antibióticos.

Un informe inicial de su comisión predijo que la resistencia a los medicamentos pueden costarán a la economía global 100 billones de dólares (millones de millones de dólares) en los próximos 35 años y causarán 10 millones de muertes al año para 2050 si no se producen nuevos antibióticos. Cameron advirtió de un regreso "al oscurantismo de la medicina" con infecciones menores que pueden ser fatales.

(V.pág.27 del periódico Milenio Jalisco del 15 de mayo de 2015).

Stephen Hawking declaró: "Las computadoras dominarán a los humanos con Inteligencia Artificial en menos de 100 años. Cuando eso suceda, necesitamos asegurarnos de que tengan objetivos alineados con los nuestros".

Así es, requerimos asegurarnos de que las computadoras tengan objetivos alineados con los nuestros ahora y continuar asegurándonos posteriormente de que esto suceda.

De todas formas, entre más inteligentes se vuelven las computadoras, menos predecibles son las decisiones a las que su supuesta inteligencia las lleva.

El martes Hawking dijo: "Nuestro futuro es una carrera entre el creciente poder de la tecnología y a sabiduría con la que la utilicemos".

Pero si hay algo que sabemos, es que no podemos confiar en nosotros mismos. Existe tanto retorcimiento dentro de nosotros que lo más probable es que tratemos de crear monstruos que nos devoren vivos -sicológicamente primero y físicamente después.

Cuando descubrimos las armas nucleares, tuvimos que lanzar una o dos, sólo para ver qué se sentía. Por ello me pregunto qué pasará cuando aparezca el primer robot dominante y autosuficiente.

Sospecho que no será agradable.

Chris Matyszczyk
(v.CNET-News del 13 de mayo de 2015).

Steve Wozniak, cofundador de Apple, describió su visión del futuro en tonos sombríos.

Dijo: "Las computadoras van a tomar el lugar de los humanos, no hay duda".

Woz continuó: "Como personas incluyendo a Stephen Hawking y Elon Musk han predicho, estoy de acuerdo con que el futuro es espantoso y muy malo para la gente. Si construimos esos aparatos para que se hagan cargo de todo en nuestro lugar, eventualmente llegarán a pensar más rápido que nosotros y se desharán de los lentos humanos para manejar las empresas más eficientemente".

¿Pero no están ya los (pretendidamente) lentos humanos siendo removidos por aquellos que son (pretendidamente) más rápidos y, me atrevo a mencionarlo, más jóvenes?

Woz tiene la esperanza de que la Ley de Moore deje de funcionar mientras los transistores de silicón se vuelven tan pequeños como un poro en la piel. El teme, no obstante, que nos convertiremos en meras mascotas de nuestras computadoras, igual que los perros son nuestras mascotas actualmente.

Bueno, al menos seremos alimentados con regularidad.

Chris Matyszczyk
(v.CNET-News del 23 de marzo de 2015).

Túnez ha sido ahora el blanco cobrando vidas y regando sangre de inocentes, 23, de los cuales 20 eran turistas extranjeros y muchos heridos más, el grupo yihadista Estado Islámico ha reivindicado el atentado.

Como es usual en estos casos, las sociedades de occidente repiten de nueva vez, todo el ritual que encierra la expresión de consternación y de condena, como también resulta habitual que las comunidades islámicas pacíficas reiteran que los criminales y asesinos no las representan.

Lo único cierto es que verdaderamente los atentados en diferentes partes del planeta son cada vez más frecuentes y sangrientos, y lo que creo que reviste gravedad mayor, que resultan ciertamente previsibles cuando el campo de batalla de esta guerra se desplaza expandiéndose cada vez más a que los que asesinan vienen desde Afganistán hasta las costas libias en donde hacen degollamientos en masa de cristianos cerca de territorio europeo.

El fondo y la esencia de los atentados revisten el mensaje de los integristas islámicos que rechazan intolerablemente la democracia en los países musulmanes, poniendo claramente de manifiesto con un fanatismo a ultranza, su disposición para atacar con toda fuerza, derramando sangre y segando vidas, cualquier simbolismo que tenga significación de igualdad y libertad con la propuesta definitoria de destrucción de sociedades enmarcadas en estos principios.

Pienso que ante lo que está sucediendo, la comunidad internacional mantiene una inacción gravemente preocupante.

Sí, se consterna y condena, vigila, pero hasta ahí...

Si las sociedades occidentales enmarcadas en la libertad sostienen sus principios tolerantes por cuanto al respeto a la libertad religiosa y a la política de integración, las comunidades musulmanas, por principio las más acendradas y enraizadas en naciones europeas, deben tomar dirección en el mismo sentido repudiando y aislando desde su interior, a los que pregonan y exaltan la violencia y la intolerancia.

Francisco Baruqui
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de marzo de 2015).

Bill Gates tiene una advertencia para la humanidad: Cuidense de la Inteligencia Artificial en las próximas décadas, antes de que sea demasiado tarde.

"Estoy en el campo que está preocupado por la superinteligencia", declaró Gates. "Primero, las máquinas realizarán muchos trabajos para nosotros y no serán superinteligentes. Eso debiera ser positivo si lo manejamos bien. Pocas décadas después, pienso, la inteligencia será lo suficientemente fuerte para ser motivo de preocupación".

"Estoy de acuerdo con Elon Musk y algunos otros y no entiendo por qué alguna gente no está preocupada", agregó Gates.

Nick Statt
(v.CNET-News del 28 de enero de 2015).

El coordinador de la lucha contra el terrorismo en la Unión Europea, Gilles de Kerchove, reconoció que "no se podrá impedir un nuevo atentado" terrorista y por ello habría sido también que, reunidos en la Casa Blanca, el presidente Obama declarara este viernes que "la inteligencia y la fuerza militar no van a resolver este problema por sí solas", al tiempo que el primer ministro británico James Cameron coincidiera en que "la lucha contra la amenaza terrorista extremista en Europa va a ser larga y dura".

Ésta, y no la de "ser o no ser Charlie", es la cuestión. Si reconocemos que desde Afganistán al menos (donde la retirada de los Estados Unidos se parece tanto a la graciosa huida de Inglaterra en la Palestina de 1948), las guerras asimétricas y desiguales están perdidas para los ejércitos y policías, que no podrán evitar jamás que una célula terrorista logre concretar otro atentado en cualquier sitio del mundo (la fotografía de la Torre Eiffel vigilada por las tropas francesas da idea de la fragilidad del modelo de seguridad nacional desplegado, donde el cierre de fronteras digitales y libertades cibernéticas es ya un saldo negativo del combate); que la sociedad abierta y globalizada ha puesto en desventaja a los estados formalmente democrático liberales frente a los capitalismos autoritarios (China y Rusia, ausentes como Estados Unidos de la marcha de jefes de estado en París, a la caza del mínimo error de la OTAN en sus zonas de interés, señaladamente Bielorrusia, Ucrania y Crimea; hackeados los sistemas del Comando Central del Pentágono), califatos totalitarios (esa pesadilla engendrada por el sueño de la Primavera Árabe, ahora con petróleo, territorio y armas, asediando Turquía, frontera con la Unión Europea) y cleptocracias musulmanas (amenazando el frágil equilibrio en medio oriente, Iraq y Siria hundidas en una delicada crisis); las persistentes tensiones entre Palestina e Israel, furioso por la osadía de aquélla de acudir a la Corte Penal Internacional, lo menos que podemos es entender el malestar de "L'Observateur" con el editor de "Charlie Hebdo" y reconocer que éste no tomó nota de los profundos cambios ocurridos en el mundo desde que publicó sus primeras caricaturas incómodas para el yihadismo.

No cabe esperar ahora que ocurra el asesinato de un archiduque en Sarajevo para que se declare la Tercera Guerra Mundial. Son incontables los momentos en que luego de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín, pudo haber ocurrido el detonador de la gran conflagración mundial -diversa, ubicua, cruenta como ninguna otra-, en que estamos inmersos sin querer reconocerlo. Así lo creen el Papa Francisco y el vice presidente Joe Biden.

"La libertad y la búsqueda de la felicidad, pueden no ser del todo compatibles, así como tampoco lo son la igualdad y la fraternidad. De modo que debemos pesar y medir, pactar, conceder y prevenir la destrucción de una forma de vida por quienes se oponen a ella", escribió el mismísimo Isaiah Berlin en 1994.

A menos que queramos ignorar las reacciones organizadas este sábado y el lunes en todo el mundo musulmán, cada vez más indignadas, que replicaron a las occidentales con millones de carteles del irreprochable "Yo soy musulmán, y amo a mi Profeta", para llegar a incendiar banderas y proferir nuevas amenazas de venganza.

Si no queremos que el abigarrado, complejo, perverso y delicado sistema de intereses que sostiene el "nuevo desorden mundial" (cf. el ensayo de Michael Ignatieff así titulado en "Letras Libres", 193, p.8) que se perfila para organizar al planeta Tierra el siglo XXI acabe desmoronándose, y con él un acervo básico de libertades y derechos, más vale que echemos mano de las mejores virtudes democráticas y reformulemos un nuevo código de derechos humanos que destierre el miedo y reconozca garantías en materia de confesiones religiosas a cambio de una paz más duradera. Es una exigencia del progreso y la sobrevivencia de la especie.

José Luis Cuéllar Garza
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 25 de enero de 2015).

La aguja del Péndulo del Apocalipsis, que simboliza la inminencia de un cataclismo planetario, fue adelantada 2 minutos y ahora está a sólo 3 minutos de la catastrófica medianoche, dijeron científicos internacionales el jueves.

El Boletín de los Científicos Atómicos, una asociación que cuenta con 18 premios Nobel entre sus miembros, considera "muy alta la posibilidad de que ocurra una catástrofe planetaria si no se toman medidas rápidamente" contra el cambio climático y la carrera armamentista nuclear que amenazan a la civilización.

El célebre péndulo (en inglés, The Doomsday Clock) fue creado en 1947 por esta asociación para simbolizar la inminencia de un cataclismo nuclear. El péndulo cambió 18 veces desde entonces, registrando variaciones extremas como cuando marcó 2 minutos antes de la medianoche en 1953 y 17 minutos antes de la medianoche en 1991.

La última vez que se desplazó la aguja fue el 10 de enero de 2012, cuando avanzó un minuto y se colocó en las 11:55.

Mientras más cercana a la medianoche está su aguja, más se aproxima el apocalipsis de la civilización, según la metáfora utilizada por los científicos del Boletín, que cada año analizan las amenazas planetarias.

La última vez que estuvo a sólo 3 minutos antes de la medianoche fue en 1983. Ese fue el año más helado de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

"Hoy en día, el calentamiento global incontrolado y la carrera armamentista nuclear como resultado de la modernización de enormes arsenales, son amenazas extraordinarias e innegables para la supervivencia de la humanidad", estimó Kennette Benedict.

"Y los líderes mundiales no han actuado con la rapidez ni la apertura necesaria para proteger a los ciudadanos de una potencial catástrofe", añadió, al justificar la decisión de acercar la aguja del péndulo a la temida medianoche.

(V.La Prensa del 22 de enero de 2015).

Debe considerarse con toda la trascendencia y la importancia que amerita, que buscando el fondo de una guerra "santa", la espiral del terrorismo es una evidencia incuestionable toda vez que los gobiernos de Europa no quieran extremar el alarmismo, cuando la yihad está ya en las calles europeas.

Ésta es una realidad que debe aceptarse para enfrentar al nuevo terrorismo integrista. Y la otra, que el terror islamista fundamentado en el Ejército Islámico, maneja otros tiempos que contrastan con los occidentales, toda vez que el fanatismo musulmán no se fija plazos en sus objetivos de irredentismo, cuando solo estará a la espera del momento propicio para atacar, sin dejar a un lado la evidencia que hay musulmanes ya nacidos en Europa que han sido educados en sus libertades, y que apoyando el Estado Islámico se han reconvertido en terroristas para atacar a los occidentales en sus mismos países.

Tiempos peligrosos, de riesgo los que el terrorismo traerá perjudicando a musulmanes de bien asentados en Europa y América, que serán mirados sospechosos por el rabillo del ojo sembrando la fobia y la desconfianza al asaltar el pensamiento aquel de justos por asesinos...

Francisco Baruqui
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de enero de 2015).

Todos hablan de una "guerra" de la que dependerá el destino del Viejo Mundo. La patria de la Luz choca fatalmente contra el Islam, que dentro de sus fronteras halló refugio y nutrió sus demonios.

Enzo Traverso
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 13 de enero de 2015).

Aún no se le llama por su nombre, ni se le reconoce como tal, pero desde 2003 vivimos la 3a. guerra mundial. Politólogos, periodistas y diplomáticos (y ahora el Papa) hablan de ella. Larry Gatlin, un famoso cantautor de country increpó a Obama en carta abierta titulada "¡La III Guerra Mundial está aquí!" Pretendía sacarlo de su indolencia.

Podríamos referirnos al fenómeno con el elegante título de "Choque de civilizaciones", parafraseando el visionario ensayo de Samuel P.Huntington, publicado hace 20 años en Foreign Affairs. Nadie hablaba entonces de ISIS. El ogro apocalíptico era Al Qaeda, el antecesor que pronto mostró su peligrosidad con atentados a las embajadas americanas en África, y con el más atrevido acto terrorista de todos los tiempos: el ataque a las Torres Gemelas.

A quienes hayan estudiado guerras tradicionales la mención de una "3a. guerra mundial" en las circunstancias de hoy les parecerá descabellado. Y si comparan los acontecimientos actuales con la II Guerra Mundial, concluirán que los verdugos de ISIS están lejos de las disciplinadas tropas del III Reich, marchando arrogantes a paso de ganso por el corazón de un París humillado.

Los críticos advertirán la ausencia de figuras históricas que se han agigantado con los años: De Gaulle, Churchill, Roosevelt, Stalin. Los señores Putin y Obama son remedos lejanos. Pero son los líderes a quienes la humanidad parece haber confiado la 3a. guerra mundial. Ellos, junto con Aymán al-Zawahiri, el médico egipcio que sustituyó a Osama Bin Laden como líder de Al Qaeda, y Abu Bakr al Baghdadi, quien dirigió Al Qaeda en Iraq en vida de Osama, son quienes deciden. Formaron ISIS (Islamic State of Irak and Syria): Estado islámico de Iraq y Siria. No espere declaraciones formales de guerra. Ya no se acostumbran...

La carta abierta de Gatlin pretende sacudir a Obama; hacerlo consciente de que la tercera guerra mundial ya está tocando a su puerta. Se disculpa por interrumpir su juego de golf en medio de un verano que promete más decapitaciones. Gatlin pretende inspirar a Obama con párrafos de Franklin D.Roosevelt, y le exige que declare una guerra sin cuartel a los enemigos de Estados Unidos.

Después de Pearl Harbor, concluye Gatlin, Estados Unidos, "desenfundó y echó a andar la más devastadora maquinaria de guerra conocida hasta entonces". ¿Y qué cree señor presidente?, le pregunta a Obama como despedida: "ganaron los buenos". Ganaron porque el presidente Roosevelt "tuvo los cojones (así, en español) de apretar el gatillo...".

Y luego viene el Papa con el tema, en una misa en el monumento de Redipuglia, donde descansan 100,000 soldados italianos de la 1a. guerra, (algunos Bergoglio, que pudieran estar emparentados con él). El Pontífice mencionó que los crímenes y masacres de hoy pudieran indicar que estamos en una 3a. guerra mundial disputada por episodios aislados.

Jorge Camil
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de octubre de 2014).

La reproducción de musulmanes dentro de países europeos, Estados Unidos, Canadá y Australia supera 1 a 8 la de los infieles. Y han comenzado a aplicar sus leyes dentro de las democracias que habitan.

Una blasfemia contra el profeta produjo conmoción en Dinamarca y los religiosos obtuvieron una disculpa oficial porque un diario, de propiedad privada, publicara dibujos de Mahoma con una bomba en el turbante. En toda Europa se exige respeto para creencias ridículas, como las que niegan educación a las mujeres o que muestren el cabello (los más tolerantes) y ni un centímetro de piel los más intolerantes que exigen hasta velo translúcido sobre los ojos y guantes en las manos.

Es sombrío porque nos hemos acostumbrado, desde la Ilustración, a blasfemar contra Cristo y todos los textos sagrados. Es pecado hacerlo, pero no es delito.

Hemos aprendido a no imponer nuestras reglas sobre los demás.

Aprovecho antes de que la yijad islámica instale el sultanato mundial predicho por el Corán para el Fin del Mundo y nos degüellen a los impíos, como hacía, hasta antes de la Ilustración y la Revolución Francesa, la Santa Inquisición.

Luis González de Alba
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 5 de octubre de 2014).

Compruebo que hay algunos idiotas -a ellos iba dedicado aquel artículo- a los que no gustó que dijera, hace 4 semanas, que lo del Islam radical es la 3a. guerra mundial: una guerra que a los europeos no nos resulta ajena, aunque parezca que pilla lejos, y que estamos perdiendo precisamente por idiotas; por los complejos que impiden considerar el problema y oponerle cuanto legítima y democráticamente sirve para oponerse en esta clase de cosas.

La principal idiotez es creer que hablaba de una guerra de cristianos contra musulmanes. Porque se trata también de proteger al Islam normal, moderado, pacífico. De ayudar a quienes están lejos del fanatismo sincero de un yihadista majara o del fanatismo fingido de un oportunista. Porque, como todas las religiones extremas trajinadas por curas, sacerdotes, hechiceros, imanes o lo que se tercie, el Islam se nutre del chantaje social. De un complicado sistema de vigilancia, miedo, delaciones y acoso a cuantos se aparten de la ortodoxia. En ese sentido, no hay diferencia entre el obispo español que hace setenta años proponía meter en la cárcel a las mujeres y hombres que bailasen agarrados, y el imán radical que, desde su mezquita, exige las penas sociales o físicas correspondientes para quien transgreda la ley musulmana. Para quien no viva como un creyente.

Por eso es importante no transigir en ciertos detalles, que tienen apariencia banal pero que son importantes. La forma en que el Islam radical impone su ley es la coacción: qué dirán de uno en la calle, el barrio, la mezquita donde el cura señala y ordena mano dura para la mujer, recato en las hijas, desprecio hacia el homosexual, etc. Detalles menores unos, más graves otros, que constituyen el conjunto de comportamientos por los que un ciudadano será aprobado por la comunidad que ese cura controla. En busca de beneplácito social, la mayor parte de los ciudadanos transigen, se pliegan, aceptan someterse a actitudes y ritos en los que no creen, pero que permiten sobrevivir en un entorno que de otro modo sería hostil. Y así, en torno a las mezquitas proliferan las barbas, los velos, las hipócritas pasas -ese morado en la frente, de golpear fuerte el suelo al rezar-, como en la España de la Inquisición proliferaban las costumbres pías, el rezo del rosario en público, la delación del hereje y las comuniones semanales o diarias.

El más siniestro símbolo de ese Islam opresor es el velo de la mujer, el hiyab, por no hablar ya del niqab que cubre el rostro, o el burka que cubre el cuerpo. Por lo que significa de desprecio y coacción social: si una mujer no acepta los códigos, ella y toda su familia quedan marcados por el oprobio. No son buenos musulmanes. Y ese contagio perverso y oportunista -fanatismos sinceros aparte, que siempre los hay- extiende como una mancha de aceite el uso del velo y de lo que haga falta, con el resultado de que, en Europa, barrios enteros de población musulmana donde eran normales la cara maquillada y los vaqueros se ven ahora llenos de hiyabs, niqabs y hasta burkas; mientras el Estado, en vez de arbitrar medidas inteligentes para proteger a esa población musulmana del fanatismo y la coacción, lo que hace es ser cómplice, condenándola a la sumisión sin alternativa. Tolerando usos que denigran la condición femenina y ofenden la razón, como el disparate de que una mujer pueda entrar con el rostro oculto en hospitales, escuelas y edificios oficiales -en Francia, Holanda e Italia ya está prohibido-, que un hospital acceda a que sea una mujer doctor y no un hombre quien atienda a una musulmana, o que un imán radical aconseje maltratos a las mujeres o predique la yihad sin que en el acto sea puesto en un avión y devuelto a su país de origen. Por lo menos.

Y así van las cosas. Demasiada transigencia social, demasiados paños calientes, demasiados complejos, demasiado miedo a que te llamen xenófobo. Con lo fácil que sería decir desde el principio: sea bien venido porque lo necesitamos a usted y a su familia, con su trabajo y su fuerza demográfica. Todos somos futuro juntos. Pero escuche: aquí pasamos siglos luchando por la dignidad del ser humano, pagándolo muy caro. Y eso significa que usted juega según nuestras reglas, vive de modo compatible con nuestros usos, o se atiene a las consecuencias. Y las consecuencias son la ley en todo su rigor o la sala de embarque del aeropuerto. En ese sentido, no estaría de más recordar lo que aquel gobernador británico en la India dijo a quienes querían seguir quemando viudas en la pira del marido difunto: "Háganlo, puesto que son sus costumbres. Yo levantaré un patíbulo junto a cada pira, y en él ahorcaré a quienes quemen a esas mujeres. Así ustedes conservarán sus costumbres y nosotros las nuestras".

Arturo Pérez Reverte
(v.Patente de Corso del 29 de septiembre de 2014).

La Yihad es cosa seria. Bajo la jurisprudencia islámica clásica es la única forma de guerra permitida, y sus combatientes se han convertido en la primera línea de fuego del radicalismo islámico. No hay país con conciencia sobre el fenómeno del terrorismo -México no es uno de ellos-, que no vea a los grupos yihadistas con atención. En Estados Unidos, principal enemigo del terrorismo fundamentalista, hay una creciente preocupación en la sociedad -6 de cada 10 así lo dicen- por la forma como está creciendo en el mundo. Una encuesta del Pew Research Center reveló que los estadounidenses cada vez se inclinan más por la seguridad que por mantener las libertades civiles en las políticas contra el terrorismo.

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.15-A del periódico El Informador del 22 de septiembre de 2014).

Francis Fukuyama publicó en 1989 su famoso artículo sobre el fin de la historia y, en 1992, el libro en que amplió y argumentó su teoría, explicando que, con la desaparición de la Unión Soviética y del comunismo, la democracia no tendría ya en el futuro alternativas de peso e iría poco a poco integrando al mundo en una civilización global de paz y libertad.

¿Quién se atrevería un cuarto de siglo después a sostener una tesis tan optimista? Donde uno vuelva ahora los ojos, la historia está más viva que nunca, las contradicciones y rechazos violentos a la cultura democrática son el signo de la época y ganan terreno por doquier. La URSS y el comunismo han desaparecido para todos los efectos prácticos y los dos últimos Estados comunistas -Cuba y Corea del Norte- son 2 antiguallas destinadas a extinguirse más pronto que tarde. Pero Rusia, bajo el liderazgo de Vladimir Putin y su cogollo de antiguos agentes del KGB, resucita como una potencia despótica que desafía a Occidente con éxito y va reconstituyendo su imperio ante un Estados Unidos y una Europa que, con el respaldo de su respectiva opinión pública, protestan y amenazan con sanciones pero no van a ir hoy a la guerra por Ucrania, ya medio devorada por el gigante ruso, ni mañana por los estados bálticos que serán probablemente el próximo objetivo del nuevo imperialismo ruso.

La primavera árabe, que despertó tantas esperanzas en todo el mundo democrático, está muerta y enterrada. Sobrevive de milagro en Túnez, pero desapareció en Egipto, donde las elecciones libres subieron al poder a unos Hermanos Musulmanes que comenzaron a instalar una teocracia excluyente y agresiva y han sido echados del gobierno por una dictadura militar vesánica. En Libia, la dictadura paranoica de Gadafi se hizo trizas y su caudillo fue liquidado, pero el país vive ahora en una anarquía sangrienta en la que facciones religiosas y militares se desangran sistemáticamente y en la que, sin duda, terminarán prevaleciendo los fundamentalistas islámicos.

El caso más trágico, sin duda, es el de Iraq. La intervención militar destruyó la tiranía sanguinaria de Sadam Husein pero, luego de un breve paréntesis en que pareció que un régimen de legalidad y libertad podía echar raíces, se declaró una guerra sectaria entre chiíes y suníes, y los terroristas de Al Qaeda y otras organizaciones islamistas extremas se hicieron presentes y han perpetrado verdaderas orgías de atrocidades, clima en el que un movimiento aún más cruel y fanatizado que Al Qaeda, el Estado Islámico, se ha apoderado de parte del país al igual que de Siria e instalado allí un nuevo Califato, en el que imperan la sharia y demás formas extremas de la barbarie, como decapitar, crucificar y enterrar vivos a quienes se niegan a convertirse a la rama fundamentalista del Islam y donde las mujeres son esclavizadas y, aún niñas, entregadas como concubinas a los militantes y futuros "mártires".

El gran movimiento de liberación que se alzó en armas contra la dictadura de Bachar el Asad en Siria, y en la que, en un primer momento, dominaban las fuerzas democráticas y modernizadoras, fue traicionado por los países occidentales, que se bajaron los pantalones ante Putin, proveedor de armas de la dictadura, permitiendo de este modo que los principales protagonistas de la lucha contra El Asad fueran los fanáticos del Estado Islámico. Ahora, la situación en Siria ha llegado a una pantomima grotesca, en que, como la última alternativa es la peor, Estados Unidos y la Unión Europea consideran bombardear a los enemigos del tirano, ya que éste, aunque un asesino genocida de su propio pueblo, resulta un mal menor comparado al Califato.

No menos trágica es la situación de Afganistán, donde los talibanes parecen invencibles. Durante su campaña electoral, Obama criticó al presidente Bush, afirmando que éste se había equivocado dando la primera prioridad a Iraq, cuando el verdadero peligro para el mundo libre lo constituían los fanáticos talibanes. Y, al subir al poder, aumentó el número de efectivos y de armas para combatirlos. Unos años después, ante el fracaso de este esfuerzo, ha retirado las tropas, al igual que el resto de los países de la OTAN, de modo que allí queda sólo una pequeña dotación militar más bien simbólica y no es improbable que el régimen que prohibió a las mujeres estudiar, ejercer cualquier profesión, las encerró en el hogar como esclavas, restauró la sharia, destruyó el patrimonio cultural del país e instaló una dictadura oscurantista medieval, vuelva al poder más pronto que tarde.

La unidad europea ha traído ya enormes beneficios a los países del antiguo continente, entre otros hacerlos vivir el más largo periodo de paz y convivencia de su historia. Pero, en los últimos años, sobre todo a raíz de la crisis económica y financiera, el cuestionamiento de Europa en su propio seno ha crecido con el retorno de los nacionalismos y de fuerzas de extrema izquierda y de extrema derecha que rechazan la Unión, quisieran acabar con el euro y regresar a las viejas nacionalidades. De hecho, la primera fuerza política es hoy, en Francia, el Front National, un partido neo fascista que quiere liquidar la moneda única y la integración de Europa. Todas las encuestas dicen que en el Reino Unido una mayoría de ciudadanos quiere salirse de la Unión y que el referéndum que, al respecto, ha prometido convocar el gobierno, lo perderían los europeístas. Sin Gran Bretaña, Europa nacería baldada.

¿Qué concluir de esta deprimente visión panorámica de la eterna pugna entre la civilización y la barbarie? A diferencia del comunismo, un mito capaz de seducir a mucha gente con su sueño igualitarista, el fundamentalismo religioso islámico, hoy el principal adversario de la civilización, sólo puede convencer a los ya convencidos, pues sus ideas y paradigmas son tan primitivos y cavernarios que se condena a sí mismo a ser derrotado tarde o temprano por agentes exteriores o por descomposición interna. Esa guerra nunca nadie la ganará de manera definitiva; se ganarán y se perderán batallas, y, eso sí, lo realista sería reconocer que, en los últimos tiempos, la causa de la libertad la han estado perdiendo muchas más veces que ganando.

Mario Vargas Llosa
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 7 de septiembre de 2014).

Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la silla y sonríe, amargo. «No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta». Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con una pistola debajo de la almohada. «Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».

Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia. Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás. Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales- resultaron ser preludios de muy negros inviernos. Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: «Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada».

Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta». Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».

A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te llamen puta. Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe. Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e ir al Paraíso. En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra. Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros.

Arturo Pérez Reverte
(v.Patente de Corso del 1o.de septiembre de 2014).

Con la Inteligencia Artificial estamos invocando al demonio. Ustedes conocen todas esas historias donde aparece un tipo con el pentagrama y el agua bendita... Él está seguro de que puede controlar al demonio, [pero] no le funciona.

Elon Musk

Elon Musk, el tecno-optimista milmillonario, fuerza impulsora detrás de Tesla Motors y SpaceX, continúa declarando acerca de lo que él visualiza como los peligros de un futuro lleno de máquinas superinteligentes.

El sábado Musk posteó un tweet recomendando la lectura de un libro que examina ese futuro: "Vale la pena leer Superinteligencia de [Nick] Bostrom. Necesitamos ser supercuidadosos con la Inteligencia Artificial. Potencialmente es más peligrosa que las armas nucleares."

No es la 1a. vez que Musk ha hecho pública su preocupación acerca de la Inteligencia Artificial, la cual otros notables futuristas como Ray Kurzweil de Google ven bajo una luz mucho más positiva e incluso romántica. En junio, Musk declaró a la CNBC que él considera seriamente la posibilidad de que un escenario tipo "Terminator" llegue a suceder, y que ha invertido en empresas de IA para vigilar a dónde se dirige la tecnología.

Eric Mack
(v.CNET-News del 3 de agosto de 2014).

La inversión requerida para desarrollar un nuevo fármaco y pasar por el proceso de pruebas clínicas que exigen las autoridades de salud es enorme, en exceso de 1.3 millones de dólares para cada producto de patente que llega al mercado. Con costos tan altos, las empresas farmacéuticas están obligadas a pensar las cosas no una, sino varias veces antes de lanzar un nuevo proyecto de investigación. Con costos de desarrollo tan altos, conviene a las empresas farmacéuticas invertir en productos cuyo perfil de riesgo sea más favorable. En esta dimensión, los antibióticos salen perdiendo, puesto que las bacterias se reproducen tan rápidamente, que en poco tiempo producen mutaciones que resisten los nuevos productos antibióticos. Esto lo saben las empresas farmacéuticas. El efecto es disuadir inversiones en estos productos, puesto que hay una probabilidad razonablemente alta de que las bacterias desarrollarán resistencias que nulificarán el valor terapéutico de los nuevos productos en un plazo menor al requerido para recuperar las inversiones.

Para colmo, la mayoría de las infecciones se caracterizan por un periodo agudo relativamente corto. Después de ese plazo, normalmente sucede cualquiera de dos cosas: el sistema inmunológico del paciente responde y derrota la infección, o en el caso contrario, el paciente fallece. Por ello, el periodo de tratamiento con antibióticos normalmente también es corto. Esto significa que el plazo durante el cual el producto genera ingresos también es corto. En esta dimensión, las enfermedades crónico-degenerativas salen ganando, puesto que el periodo de aplicación en estos casos puede ser de varios años.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la población más expuesta a las infecciones que causan las bacterias está compuesta de personas de ingresos bajos que no tienen los recursos para adquirir estos medicamentos. Esto limita el tamaño del mercado a servir y la condición se agrava aún más durante el periodo cuando los productos gozan de la protección que les confieren las patentes.

El efecto de todo lo anterior es desincentivar el desarrollo de familias nuevas de productos antibióticos. Estamos ante una falla de mercado que no se resolverá por sí sola. En estas circunstancias, es indispensable que los gobiernos desarrollen nuevas políticas públicas que remedien la falla de mercado.

Roberto Newell G., economista, vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, AC.
(v.pág.2 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 12 de junio de 2014).

Los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Center for Disease Control (CDC) del gobierno estadounidense apuntan a que vamos hacia una crisis de salud. La mayor resistencia de las bacterias a los antibióticos disponibles está aumentando la virulencia y mortandad de varias infecciones que hasta hace poco parecían estar controladas. Lo peor del caso es que aun cuando los médicos logren salvar vidas, lo harán usando estrategias más complejas y sofisticadas que encarecerán el tratamiento de las infecciones.

Al iniciar el siglo 20, las principales causas de mortandad eran infecciones contagiosas, entre ellas tuberculosis, pulmonía y enteritis. Sus efectos eran devastadores y pegaban particularmente duro a niños e infantes. Esto cambió durante la primera mitad del siglo debido a cuatro factores principales: mejor nutrición, desarrollo de programas de salud pública e higiene, descubrimiento y aplicación de vacunas, y la aparición de antibióticos para controlar las principales enfermedades infecciosas.

La población más beneficiada por las medidas arriba descritas fueron los niños y lactantes, pero el desarrollo y aplicación de antibióticos aportó beneficios a todos los segmentos de la población. Sumadas, estas medidas causaron que la expectativa de vida al nacer aumentara más de 30 años durante la primera mitad del siglo pasado. En el caso de Estados Unidos y Europa, aproximadamente la tercera parte de ese aumento se debió al desarrollo y uso de antibióticos.

Los antibióticos son tan importantes para la salud de las personas, que conviene preguntar: ¿qué vamos a hacer cuando ya no podamos contar con los beneficios que aporta esta familia de fármacos? La pregunta no es ociosa ni especulativa, puesto que ya existen bacterias que han desarrollado resistencia a todos los antibióticos disponibles. A veces, las resistencias limitan o reducen la eficacia de los medicamentos, requiriendo de productos costosos, mayor estancia hospitalaria y la posibilidad de contagiarse por algún otro microorganismo. Esto inicialmente afecta a personas inmunocomprometidas, pero existen ya infecciones resistentes que pueden afectar a cualquier individuo independientemente de su estado físico. Lamentablemente, estamos cerca del momento crítico cuando los antibióticos ya no cumplirán su función actual. Cuando esto suceda, la medicina perderá una de sus armas más eficaces y las personas dependerán sobre todo de la capacidad de sus sistemas inmunológicos para combatir varias de las bacterias más comunes y malignas.

La OMS, el CDC de EU y la Secretaría de Salud están plenamente conscientes de que se avecina una crisis. Hasta el momento todavía no han encontrado una estrategia de intervención que les permita revertir el problema. En mi opinión, y la de personas mucho más calificadas, las estrategias que proponen suenan rudimentarias e insuficientes: lavarse las manos frecuentemente; aislar a las personas infectadas; fortalecer el control de infecciones en sitios donde se prestan servicios médicos y de salud, y asegurar la aplicación de las vacunas disponibles para evitar la recurrencia de brotes epidémicos.

Las acciones que están al alcance de los individuos también me parecen insuficientes ante el tamaño del problema: evitar usar antibióticos sin receta médica, aplicar la dosis completa recetada por el doctor para evitar que persista la infección que se está combatiendo y, por último, evitar el uso indiscriminado de antibióticos para problemas que en realidad no lo requieren, por ejemplo, una infección viral.

Seguramente, estos remedios servirán de algo, pero me temo que no resolverán el problema. Por ello, recomendaría complementar estas medidas con otras: primero, es urgente que los gobiernos nacionales desarrollen incentivos económicos para estimular la investigación y desarrollo de nuevas familias de antibióticos; no ha habido un descubrimiento nuevo desde 1962, si tomamos en cuenta que los "nuevos" antibióticos sólo son modificaciones estructurales de familias viejas. Segundo, los gobiernos también deben preparar planes de contingencia para enfrentar las crisis que seguramente llegarán. Entre las cuestiones importantes que se deben resolver es qué hacer en caso de una epidemia; cuál debe ser el papel de las instituciones de salud; qué protocolos de acción implantar; cómo identificar y proteger los grupos más vulnerables; así como definir qué acciones se deben implantar para evitar la diseminación de las bacterias.

Parece ser tarde para evitar una crisis de salud, pero no es demasiado tarde para preparar una respuesta inteligente.

Roberto Newell G., economista, vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, AC.
(v.pág.2 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 5 de junio de 2014).

La penicilina fue descubierta en 1928 y las primeras dosis no-experimentales en el campo de batalla se aplicaron en 1943, salvando a soldados que estaban a punto de morir. Dos años después, el descubridor del medicamento, Sir Alexander Fleming, advirtió que sus beneficios podrían ser poco duraderos. Al aceptar el Premio Nobel de Medicina en 1945 declaró:

"No es difícil crear microbios resistentes a la penicilina en el laboratorio mediante su exposición a concentraciones insuficientes para matarlos... Existe el peligro de que el hombre ignorante pueda con facilidad autorrecetarse concentraciones insuficientes y mediante la exposición de sus microbios a cantidades no letales del medicamento, hacerlos resistentes".

Cada prescripción inapropiada y dosis insuficiente mataría a las bacterias débiles, pero dejaría sobrevivir a las más fuertes. Las bacterias pueden producir una nueva generación en 20 minutos; con decenas de miles de generaciones cada año buscando estrategias de supervivencia, los organismos pronto sobrepasan a los potentes medicamentos nuevos.

Un estafilococo resistente a la penicilina apareció en 1940, mientras el medicamento todavía se estaba probando en unos pocos pacientes. La tetraciclina fue introducida en 1950, y la shigella resistente a la tetraciclina apareció en 1959; la eritromicina salió al mercado en 1953, y un estreptococo resistente a la eritromicina apareció en 1968. Al aumentar la disponibilidad de antibióticos e incrementarse su uso, las bacterias desarrollaron defensas más rápidamente. La meticilina llegó en 1960 y la resistencia a la meticilina en 1962; la levofloxacina en 1996 y los primeros casos de resistencia el mismo año; el linezolid en 2000 y la resistencia a él en 2001; la daptomicina en 2003 y las primeras señales de resistencia en 2004.

Con los antobióticos perdiendo utilidad tan rápido -y por ello no recuperando el estimado de US$ mil millones por medicamento que cuesta su creación- la industria farmacéutica perdió el entusiasmo por su fabricación. En 2004 sólo había 5 nuevos antibióticos en desarrollo, comparados con más de 500 medicinas para enfermedades crónicas en las que la resistencia no es un problema -y las cuales, a diferencia de los antibióticos, se consumen durante años, no por días. Desde entonces, los bichos resistentes se han vuelto más numerosos y al compartir su DNA entre ellos, se han vuelto más difíciles de tratar con los pocos medicamentos que quedan. En 2009, y otra vez este año, investigadores en Europa y en los Estados Unidos hicieron sonar la alarma sobre una ominosa forma de resistencia conocida como CRE, para la que sólo un antibiótico sigue funcionando.

En septiembre, el Dr. Thomas Frieden, director de los Centros para Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, emitió una fuerte advertencia: "Si no somos cuidadosos, pronto estremos en una era postantibióticos. Para algunos pacientes y algunos microbios, ya estemos allí". La funcionaria médica jefe de Gran Bretaña, Dame Sally Davies -quien califica a la resistencia a los antibióticos como una amenaza tan seria como el terrorismo- recientemente publicó un libro en el que se imagina lo que vendrá después. Ella describe un mundo donde la infección será tan peligrosa que cualquiera con síntomas menores sería confinado hasta que se recuperara o muriera.

La era postantibióticos.

Sin la protección ofrecida por los antibióticos, categorías completas de procedimientos médicos deberán ser repensados.

Al volverse más peligrosas las infecciones, la industria de los cuidados médicos estará menos dispuesta a correr riesgos.

Sin antibióticos, la quimioterapia o el tratamiento mediante radiaciones se volverán tan peligrosos como los cánceres que pretenden curar. Lo mismo pasará con los trasplantes. Las unidades para tratamiento de quemaduras tendrán un problema muy difícil para mantener vivos a sus pacientes.

Estarán fuera las unidades de cuidados intensivos, con sus ventiladores, catéteres y portales, así como las diálisis renales.

Después se irán las cirugías, especialmente las de órganos con grandes poblaciones de bacterias, como los intestinos y el tracto urinario. Y la implantación de protesis que no pueden limpiarse sin antibióticos. Sin antibióticos, uno de cada 6 receptores de una prótesis de cadera morirían.

Sin antibióticos los riesgos de operaciones mayores, como las de corazón abierto, y rutinarias, como las cesáreas y las bipsias de próstata, serían tan riesgosas que la probabilidad de que los médicos las lleven a cabo se modificará. No valdrá la pena correr el riesgo.

Un número creciente de investigaciones científicas relacionan la utilización de antibióticos en animales con la aparición de bacterias resistentes: en el sistema digestivo de los animales, en el estiércol que los granjeros utilizan en sus cosechas o almacenan en sus terrenos. Las bacterias resistentes se mueven de los animales a los humanos a través de los cuerpos de agua y el polvo, a través de las moscas, y a través de la carne en que esos animales se convierten.

Las reses, los cerdos y los pollos -y en algunos países los peces y los camarones- reciben dosis regulares de antibióticos para acelerar su crecimiento, incrementar su peso y protegerlos de enfermedades en el ambiente insalubre en que son mantenidos. De todos los antibióticos vendidos en los EUA, el 80% se utiliza en la agricultura y ganadería.

En su reporte de 2011, la FDA encontró que el 65% de las pechugas de pollo y el 44% de la carne de res tenían bacterias resistentes a la tetraciclina, y el 11% de los cortes de cerdo tenían bacterias resistentes a 5 tipos de antibióticos. La carne lleva esas bacterias a la cocina, donde si no se maneja cuidadosamente y se cocina completamente ocasionará infecciones.

Investigadores y activistas han tratado durante años que la FDA ponga un alto al sobreuso de antibióticos en las granjas con casi ningún resultado.

Una era postantibióticos pondrá en peligra la agricultura tal como lo hace con la medicina.

En los EUA también se utilizan antibióticos para controlar enfermedades de las frutas, pero también esas protecciones están fallando.

En países como Dinamarca, Noruega y Holanda, la regulación del gobierno del uso médico y agrícola de los antibióticos ha ayudado a detener la rápida evolución de las bacterias hacia la intratabilidad. Pero los EUA nunca han tenido la voluntad para instituir tales controles, y la alternativa de libre mercado de pedir a médicos y consumidores que usen conservadoramente los antibióticos se ha intentado por décadas sin mucho éxito.

Maryn McKenna
(Medium.com)

"Aunque el impacto a corto plazo de la Inteligencia Artificial depende de quién la controle, el impacto a largo plazo dependerá de si puede ser controlada siquiera".

Tanto en el corto como en el largo plazo, existen enormes pesadillas potenciales al acecho.

Stephen Hawking, ciertamente, parece no confiar para nada en los llamados expertos en IA.

Él declaró: "Enfrentando posibles futuros de incalculables beneficios y riesgos, los expertos seguramente están haciendo todo lo posible para asegurar el mejor resultado, ¿de acuerdo? Error. Si una civilización alienígena superior nos enviara un mensaje diciendo: 'llegaremos en unas pocas décadas', ¿les responderíamos solamente: 'OK, avísenos cuando estén aquí... dejaremos las luces encendidas'? Probablemente no... pero esto es más o menos lo que está sucediendo con la IA".

En verdad frecuentemente parece que los compromisos de la ingeniería sobrepasan cualquier amenaza que el producto final pudiera tener para la humanidad. Automóviles que se conducen solos son un pequeño ejemplo. A los ingenieros parece no importarles mucho que las personas realmente disfruten conducir.

Hawking aceptó que los roborts y otras máquinas artificialmente inteligentes pudieran traer enormes beneficios. Si así sucediera, explicó, sería "el mayor evento en la historia humana".

De todas formas, él también sugirió que la IA pudiera ser el último evento en la historia humana.

Lamentó el hecho de que relativamente poca investigación se está llevando a cabo para examinar los posibles riesgos y beneficios.

Dijo de la dinámica llegada de la IA: "Enfrentamos potencialmente la mejor y la peor cosa que pudiera sucederle a la humanidad en la historia".

En el pasado, Hawking a tratado de recordarle a la gente que toda la fascinación con la ciencia ficción puede cegarnos. Esta puede enmascarar algunas veces la noción de que las consecuencias pudieran ser un desastre mayor.

La humanidad tiene una tendencia a enamorarse de su propia inteligencia y de alguna manera nunca considerar que algo pudiera salir mal.

Quizá, como Hawking dice, más personas del lado científico de la vida debieran enfocarse en prepararse para las cosas malas.

Chris Matyszczyk
(v.CNET-News del 2 de mayo de 2014).
Ya nos lo avisaban los estudiosos: el siglo XXI no sería el escenario de guerras entre las naciones sino que habría de estar marcado por la delincuencia, el terrorismo, los conflictos sociales y la decreciente disponibilidad de recursos naturales. Y, en este sentido, México estaría cumpliendo a cabalidad con las profecías de los sociólogos: se ha convertido en el territorio privilegiado de los enfrentamientos contra unas mafias mundiales del narcotráfico que, por si fuera poco, ya no se limitan meramente a negociar con las sustancias que los Estados se empeñan tercamente en prohibir sino que asumen abiertamente las funciones de la autoridad en muchas comunidades. La especie de que un personaje como El Chapo es una suerte de benefactor que dispensa generosamente mercedes a sus paisanos no sería más que una parte de la ecuación: en ciertos pueblos, las organizaciones criminales cobran tributos a los ciudadanos, hacen justicia por cuenta propia y ejercen un poder tan absoluto como aterrador.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 16 de marzo de 2014).


Hace 20 años, H.M.Enzensberger escribió un pequeño libro (Perspectivas de guerra civil. Traducción: Michael Faber-Kaiser. Anagrama) tratando de entender un fenómeno que pensaba expansivo luego del final de la Guerra Fría: la multiplicación de expresiones violentas en el marco de las sociedades nacionales. Decía entonces que la nueva violencia tenía algunas características: "se desligaba totalmente de justificaciones ideológicas", a diferencia de lo que habían hecho por ejemplo los "guerrilleros o terroristas de los años sesenta y setenta que creían necesario justificar sus acciones"; era desatada "casi sin excepción por jóvenes" como una nueva forma de "machismo" que desplegaba una enorme "fuerza destructiva"; era marcada por "una reacción radical a la presión modernizadora" y enfrentaba a perdedores con otros perdedores; y carecía de cualquier aspiración de futuro, derivando en una "agresión sin contenido". Escribía: "De este modo, cualquier vagón del metro puede convertirse en una Bosnia en miniatura... Cualquier diferencia -que alguien prefiera otro equipo de futbol- se convierte en un riesgo mortal".

Quienes desencadenaban esa violencia no pretendían ganar algo. "Saben muy bien que sólo pueden perder... (y) hacen todo cuanto está en sus manos para agudizar al máximo su situación. No solo quieren convertir en "una auténtica mierda" a sus contrincantes, sino también a sí mismos". Reproducía parte de un informe de un trabajador social que reportaba que en los suburbios de París "han acabado destruyéndolo todo: los buzones, los portales, las escaleras de las casas. Han arrasado y expoliado la policlínica en la que están tratando gratuitamente a sus hermanos y hermanas...". Sorprendido, a Enzensberger le parecían zombis que habían perdido cualquier esperanza y que incluso tenían atrofiado el "mecanismo regulador de la auto conservación". Encarnaban una especie de utopía negativa: "el protomito de la lucha de todos contra todos".

Enzensberger reaccionaba ante una serie de laberintos interpretativos que le parecían callejones sin salida. Uno de esos, quizá el que más lo irritaba, era el de los que "se erigen como tutores de las ovejas descarriadas, las exculpan con desmesurada benevolencia de toda responsabilidad por sus actos violentos. La culpa jamás la tiene el criminal, siempre el entorno: el hogar paterno, la sociedad, el consumismo, los medios audiovisuales, los malos ejemplos". Parecería que no existen responsabilidades individuales, que hay solo una culpa: la del "sistema". No negaba que el contexto influye en las personas y modela algunas de sus conductas, pero esa forma de interpretar lo único que lograba, en lo inmediato, era relevar de compromisos a quienes desataban la violencia.

Llamaba "guerra civil molecular" a esa ola destructora que se iniciaba de manera imperceptible, sin necesidad de una movilización general. Sus manifestaciones empezaban con grafitis sin gracia ni sentido que llenaban los muros públicos, con la multiplicación de "neumáticos pinchados, teléfonos públicos inutilizados", hasta llegar, en los momentos de máxima exaltación a enfrentamientos ardientes, coches incendiados, policías heridos, agresores "agredidos". El autor de Política y delito no escondía su desaliento, y él mismo decía: "no soy neutral. Estoy contagiado. Siento cómo la rabia, el miedo y el odio se están acumulando en mí". Le parecía una ingenuidad pensar que la cultura era "capaz de proteger a una sociedad frente a la violencia" y la reproducción a gran escala de los sucesos sangrientos en los medios no hacía sino convertirnos en espectadores impotentes. Total, un panorama desolador.

No vislumbraba una salida fácil, pero sabía que la mayoría acunaba todavía la ilusión de una vida civil sin violencia. Escribió al final quizá para darse ánimo: "Tampoco la guerra civil pequeña, molecular, dura eternamente. Tras los combates en las calles llegan los vidrieros; tras el saqueo dos hombres provistos de alicates conectan de nuevo el teléfono de la cabina. En hospitales saturados, los médicos de urgencia trabajan día y noche para salvar la vida de los supervivientes. La perseverancia de esas personas parece un milagro. Saben que no podrán arreglar el mundo. Sólo un fragmento, un techo, una herida...". Son los héroes civiles que con su trabajo y esfuerzo intentan mantener, edificar o reformar algo de lo que sí funciona, porque saben que lo otro sí lleva a alguna parte, a una especie de abismo feroz y sangriento. Sísifo -escribía- es ahora un personaje cotidiano, "obligado a llevar una piedra peñas arriba, una y otra vez. Esta piedra es la paz".

José Woldenberg
(v.pág.7 del periódico Mural del 24 de octubre de 2013).


Capo brasileño habló como un profeta y todo lo dicho es espeluznante y vigente.

Marcos Camacho, más conocido por el sobrenombre de Marcola, es el máximo dirigente de una organización criminal de Sao Paulo (Brasil) denominada Primer Comando de la Capital (PCC). Las respuestas de Marcola nos aproximan a lo que puede ser el futuro de la delincuencia común en América Latina.

O Globo: ¿Usted es del Primer Comando de la Capital?

Marcola: Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía... ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre "la belleza de esas montañas al amanecer", esas cosas...

Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.

O Globo: Pero la solución sería...

Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de "solución" ya es un error.

¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios...).

Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.

O Globo: ¿Usted no tiene miedo de morir?

Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay 100,000 hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes.

La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común.

¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja...! Yo leo mucho; leí 3,000 libros y leo a Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.

No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una 3a. cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua.

Está delante de una especie de post miseria.

La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes.

O Globo: ¿Qué cambió en las periferias?

Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio... Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y "colocado en el microondas".

Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes.

Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos. (¡MENUDO COMENTARIO WOW!)

O Globo: ¿Pero, qué debemos hacer?

Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a "los barones del polvo" (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?

No tienen dinero ni para comida de los reclutas Estoy leyendo "Sobre la guerra", de Klausewitz. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros... solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?

O Globo: Pero... ¿No habrá una solución?

Marcola: Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la "normalidad". No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema.

(V.Diario República del 29 de septiembre de 2013).


Ya hemos visto cómo se han multiplicado, hasta el absurdo, los controles en los aeropuertos luego de los atentados del 11-S. Todos los viajeros deben someterse a las más exhaustivas inspecciones. Resulta, sin embargo, que algunas personas son detenidas en los puestos de inspección por llevar el mismo nombre de un presunto terrorista o, peor aún, de un sujeto que está simplemente bajo sospecha. Y, en este sentido, la información que puedan tener las autoridades sobre cada uno de nosotros es un factor que determina fatalmente el desenlace de la experiencia. Imaginemos, a partir de ahí, que el gobierno sabe cada vez más y que, en el entorno de creciente inseguridad que estamos viviendo (el siglo XXI, a diferencia de la centuria anterior, no va a estar marcado por los grandes conflictos bélicos entre los Estados nacionales, sino por el desbocado incremento del terrorismo y de la actividad de las organizaciones criminales), quiera controlar cada vez más. Las inspecciones que llevaría a cabo se extenderían entonces a las carreteras, los centros comerciales, los museos y las oficinas públicas, entre muchos otros espacios, y los datos a su disposición podrían ser crecientemente incriminatorios. ¿Por qué? Pues, por el hecho de que ciertas informaciones ya obtenidas -las visitas a ciertos sitios de internet, las preferencias sexuales, la simpatías partidistas, las creencias religiosas, etc.- puedan servir para catalogarnos como personas poco confiables, por decirlo de alguna manera, si no es que abiertamente sospechosas. Y, a partir de ahí, la amenaza de que ese antedicho aparato oficial de persecución se ponga en marcha se trasmuta en un peligro real.

Naturalmente, la gran mayoría de nosotros no hemos cometido delitos mayores sino simples faltas administrativas e infracciones de tránsito. Pero podemos, llegado el momento, ser víctimas de esa tentación totalitaria que siempre está ahí, en las entrañas del Estado, y que puede brotar por poco que se aparezcan subrepticiamente los esbirros de turno. Después de todo, ya estamos viendo la aplastante persecución que padece ese muchacho, Edward Snowden, por haber denunciado precisamente esto, lo de la vigilancia a los ciudadanos. No hay, en estos momentos, hombre más desamparado en el planeta. Estamos avisados.

Román Revueltas Retes
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 7 de julio de 2013).


Crecimiento de la población mundial.

Efectos del crecimiento de la población mundial.

Presentados en la novela "Inferno" de Dan Brown.


Stephen Hawking, uno de los más grandes físicos y cosmólogos del mundo, una vez más está advirtiendo a sus compañeros humanos que nuestra extinción está en el horizonte a menos que encontremos alguna forma de vivir en el espacio.

El razonamiento de Hawking es que la Tierra es un planeta demasiado delicado para aguantar el maltrato humano.

"Por la humanidad, debemos continuar nuestra marcha hacia el espacio", declaró. "No vamos a sobrevivir otros 1000 años sin salirnos de este frágil planeta".

Por años, Hawking ha aconsejado que se busquen nuevos planetas para habitarlos. En 2006 dijo que la supervivencia de la raza humana dependería de su habilidad para encontrar nuevos hogares en otra parte del universo. En 2011 agregó: "Nuestra única oportunidad de sobrevivencia a largo plazo es no quedarnos escondidos en el planeta Tierra, sino diseminarnos en el espacio".

(V.CNET-News del 10 de abril de 2013).


Una de las más celebres mentes científicas del mundo, Stephen Hawking, se pregunta si los alienígenas y los humanos pudieran realmente coexistir.

Según el Times de Londres, Hawking ha hecho un nuevo documental, "El Universo de Stephen Hawking", que se televisará en Mayo. En esta película, que se tomó 3 años para filmarse, Hawking ofrece su punto de vista de lo que realmente pudiera estar allá afuera.

El no pinta un cuadro del todo atractivo. Aunque no duda, por simple deducción matemática, que existan otros seres en la galaxia, no se imagina que pudieran ser especialmente agradables o especialmente brillantes.

No es optimista sobre que muchos alienígenas vayan a ser inteligentes o particularmente peligrosos, pero si los humanos llegan a estar en contacto con ellos, él teme más por nosotros que por ellos.

"Si alguna vez nos visitan aliens, pienso que el resultado sería muy similar a cuando Cristóbal Colón llegó por primera vez a América, lo que no resultó muy bueno para los nativos americanos".

Hawkin agregó: "Me imagino que ellos pudieran existir en naves masivas, después de haber agotado los recursos de su planeta de origen. Esos aliens tan avanzados quizá se convertirían en nómadas, buscando conquistar y colonizar cualquier planeta al que pudieran llegar".

Chris Matyszczyk
(v.CNET-News del 25 de abril de 2010).
Una de las cuestiones que más indignaban a Viviane Forrester cuando escribió un inusitado best seller hace unos años titulado El horror económico, era que una buena parte de la humanidad (y creciendo) estaba ya de más para el poder económico. No les interesan como empleados u obreros. Menos aún como consumidores. El gran capital encuentra caminos cada vez más cortos y estilizados para producir mucho con pocos, y para cada vez más pocos. Los demás sólo incomodan ligeramente la conciencia, y ya. Nada que no pueda resolverse con unos miles en alguna tienda departamental.

Toñecas Punk
(v.pág.2 del suplemento "ocio" del periódico Público del 14 de agosto de 2009).


Tiempo habrá siempre, espacio ya no. Mientras las urbes se extienden hasta alcanzar la meta de lo inagotable, los habitantes se restringen a departamentos y casas pequeñas; los millonarios y los multimillonarios comparten el espacio amplísimo con sus medidas de seguridad y sus guardaespaldas y su certidumbre última: la soledad perfecta de un triunfador exige en el cuarto de al lado veinte personas convenientemente armadas.

Carlos Monsiváis
(v.pág.14 del periódico Público del 21 de junio de 2009).


Vivimos característicamente ya la sociedad del riesgo. Hemos fomentado las condiciones para nuevas formas de riesgo y peligrosidad distintas a lo acostumbrado hasta hace poco. Nos encaminamos hacia una nueva modernidad en la que el eje que estructura nuestra sociedad no es ya la distribución de sus bienes, sino de sus males. No es ya el aprovechamiento de nuestras riquezas, sino la minimización del riesgo y la inseguridad lo que activa hoy a la gente.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 28 de abril de 2009).


Bienvenidos al siglo XXI. Nos anunciaban ya que no sería un tiempo de grandes guerras nacionales sino de batallas contra las bandas criminales; una época de contrabandistas, narcotraficantes, piratas, secuestradores y tratantes de blancas. Un siglo, también, de atentados terroristas y escaramuzas perpetradas por grupos de agitadores. En estos tiempos, el enemigo no es un ejército uniformado que combate bajo los colores de una bandera sino que está aquí, con nosotros, en la casa de al lado o en ese taller de la esquina donde una pandilla atesora su pequeña colección de armas mortíferas y materiales venenosos. Nos han advertido igualmente de la eclosión de los fanatismos religiosos y de los nacionalismos a ultranza. Nos han avisado de grandes migraciones, de pueblos enteros que, rebelándose contra una vida de pobreza y desesperanza, se buscarán un destino en los países ricos de este mundo. Pero, sobre todo, nos han hablado de un colosal desastre ecológico porque el agua, ese líquido que extraemos irracional y abusivamente de los depósitos subterráneos y que usamos para desalojar nuestras inmundicias, el agua del planeta se está terminando.

Román Revueltas Retes
(v.pág.4 del periódico Público del 12 de abril de 2009).


Hace años, el director del Instituto de Limnología de la Universidad de Guadalajara me confió, al tiempo que se lamentaba de la torpe manera en que se desperdicia el agua y de la estulticia con la que se busca proveer de más agua a Guadalajara, que al paso que vamos, en 30 años, esta ciudad estará en un desierto, sin bosques alrededor, sin agua potable ni posibilidad de traerla sino de muy lejos y a costos impagables, con noches muy, muy frías y días muy calurosos y con poca accesibilidad para traer alimentos, ya que tendrían que llegar también de muy lejos, dado que no habrá parcelas en los alrededores.

Los que vivan aquí, por más ricos que sean, como los habitantes de los pisos 30 ó 50 de esos altísimos edificios, se les terminará la electricidad y tendrán que bajar y subir las veces que sea necesario los numerosos pisos para salir de compras, ir al trabajo, a la escuela y, por más dinero del que dispongan, no podrán comprar el confort que perdieron cuando todos los habitantes de la llamada "Perla de Occidente", unos abusaron y otros permitieron el abuso de los recursos naturales que una vez la hicieron una habitable ciudad.

Martha González Escobar, divulgadora científica de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de agosto de 2008).


El planeta terminal

El fin del mundo se ha anunciado suficientes veces con anterioridad como para saber que éste no llegará -no al menos en la modalidad de una profecía apocalíptica-. Lo que sí ocurrirá es lo que vienen advirtiendo una serie de reputados científicos, sociólogos, filósofos, historiadores y economistas: nos encontramos viviendo los últimos momentos de la civilización tal y como la conocemos. La marcha forzada de la industrialización -y los efectos que causa en la Tierra, en su intento insuficiente por abastecer a una superpoblación cada vez más disparada-, es insostenible. Según las estimaciones más conservadoras, hacia el 2050 habrá 8,000 millones de habitantes. Pero entonces, los estragos causados por el cambio climático generarán principalmente 2 fenómenos que pondrán a la civilización al borde del colapso: migraciones masivas en busca de lugares habitables y feroces guerras en las que se disputará el control de los recursos naturales cada vez más escasos.

¿Por qué un panorama tan desolador? ¿En verdad los seres humanos no somos capaces de revertir el proceso de destrucción? ¿Qué nos ha puesto ante este sombrío umbral? Según el economista inglés John Gray, autor del libro Contra el progreso y otras ilusiones (Paidós, 2006), enfrentamos tal situación debido a que fracasó la idea de que el desarrollo y la ciencia traerían el bien y la salvación a nuestra especie. "El conocimiento humano crece -apunta Gray- pero el animal humano sigue siendo más o menos el mismo. Los seres humanos utilizan sus conocimientos crecientes para promover sus objetivos confrontados, sean cuales sean".

Como bien señala Gray, uno de los puntos más preocupantes del tema de la devastación del planeta y sus consecuencias en el futuro inmediato, es que aún no ocupa un lugar importante en el debate público. Entre otros motivos, lo atribuye al "arraigado hábito humano de negar el peligro hasta que el impacto del mismo resulta inminente". Como ejemplo de uno de los orígenes de esta grave crisis, destaca la tendencia de los países ricos a ignorar el hecho de la superpoblación. "Su prosperidad depende de su apropiación de una parte enormemente desproporcionada de los recursos no renovables mundiales. Si en algún momento llegan a afrontar esa realidad, tendrán que admitir que su riqueza actual es insostenible".

Hay, sin embargo, quienes han abanderado el tema e intentado ponerlo en la agenda internacional. El exvicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, lleva tiempo montado en una cruzada para alertar sobre los efectos del calentamiento gobal, lo que le ha dejado ya un premio Oscar por su documental Una verdad incómoda (1) y -muy probablemente también- la resurrección de su carrera política. Pero lo criticable de su campaña ecológica, es que está impregnada por una visión hollywoodense: EU se salvará y, a través de ellos, el mundo entero, como si se tratara de algún filme de Roland Emmerich (recordemos El día de la independencia o El día después de mañana) (2).

Resulta significativo que el cineasta mexicano Alfonso Cuarón tenga una aportación mucho más acertada y urgente al respecto, como lo demuestra su documental La posibilidad de la esperanza, que incluyó en los materiales extras del DVD de Niños del hombre (3). Según se desprende de este filme, lo que más puede agravar el de por sí complicado futuro de la humanidad, es la negación de lo que nos espera; el que no seamos capaces de entender la magnitud de los cambios que se avecinan. No bastará con reciclar la basura, ahorrar energía o firmar tratados internacionales, como promueve Gore (4). Además de eso, la tarea básica consiste en preparar a las generaciones que nos siguen para enfrentar lo que les estamos heredando: un mundo que estará regido por el caos que propiciarán los refugiados ambientales y la reestructuración del mapa geopolítico, y donde la eliminación de fronteras será vital para evitar mayores desastres. Un mundo -en pocas palabras y como sugiere el filósofo esloveno Slavoj Zizek en La posibilidad de la esperanza- sin raíces (5).

Volviendo a Gray, éste se refiere a nuestra raza como el homo rapiens. Y no le faltan motivos: las especies están desapareciendo entre 100 y 1000 veces más rápidamente que antes de la llegada de los seres humanos. Y explica: "Para que la población humana pueda seguir existiendo, deberá explotar los menguantes recursos del planeta de un modo cada vez más intensivo. Los seres humanos acabarán convirtiendo el planeta en una extensión de sí mismos a todos los efectos. Cuando miren a su alrededor, no hallarán más que su propio detritus" (6). Para Gray, el homo rapiens es una criatura altamente destructiva, pero aún es mayor su capacidad de autodestrucción.

¿Qué hacer entonces ante esta perspectiva? Llama la atención la conclusión del científico James Lovelock, autor del polémico libro La venganza de la Tierra, en el documental de Cuarón: "Yo tengo 9 nietos. Y no sé qué decirles, salvo la verdad. Lo mejor que puedo hacer es alentarlos para que lo vean en el sentido de que no sólo es terrible, sino también una aventura y una oportunidad para mejorar. Y que ellos deberían continuar teniendo hijos. No deberían decir que no tiene sentido traer niños al mundo ahora con lo que les espera. El sentido de la selección natural se vería arruinado si hicieran eso" (7). Esperanzador y, al mismo tiempo, escalofriantemente conocido: como siempre, sólo los más aptos y fuertes sobrevivirán. Pero también -y aquí está el punto clave de todo esto- los más realistas. La supervivencia de los seres humanos dependerá en buena medida de que nuestro pensamiento evolucione a un realismo práctico. El optimismo terminará por extinguirnos.

Bernardo Esquinca
(v.pág.28 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 13 de octubre de 2007).

Notas del webmaster:

(1) Y medio Premio Nobel de la Paz 2007.
(2) El asunto no es hollywoodense, pues resulta que los gringos consumen el 25% de los recursos mundiales y, a la vez, generan el mismo porcentaje de contaminantes. Entonces, y aunque nos caigan gordos, sin ellos el asunto estará muy difícil. De hecho, ellos solos podrían tener un impacto sensible aun si ningún otro país se les uniera en una campaña para salvar al planeta.
(3) Si lo renta en Blockbuster no viene tal material adicional.
(4) Y así las propuestas de Gore, quien es un hombre práctico y se aboca a lo posible más que a o deseable, se ven difíciles de alcanzar en nuestra sociedad...
(5) ¿Deberemos enviar a nuestros hijos a campamentos donde los enseñen a manejar armas, soportar el dolor, matar a mano limpia y comer raíces? En tal caso los nuevos dirigentes serán egresados de instituciones como los Green Berets o los Navy Seals. Países como el nuestro, donde hasta por portar un cuchillo de cocina lo encarcelan a uno, no se diga por un arma de fuego, están condenados, nuevamente, a salir derrotados.
(6) Parece que nos va a tocar ver la selva amazónica convertida en un gigantesco cañaveral para la producción de biocombustibles que se utilizarán para que las Hummers contaminen menos.
(7) Todo reducido a la sobrevivencia del ADN de algunos sujetos que hayan pasado por los cuerpos militares de elite y tengan acceso al mejor armamento. La serie de películas de Mad Max deberá considerarse como educación básica.


Las noticias son malas para los osos polares... malas para los gorilas de las tierras bajas occidentales... y muy malas para la gente también. Cuando las heladas del invierno se retrasen en China, un caracol de agua, portador de enfermedades, contará con toda clase de nuevas oportunidades para enfermar a la gente. Para 2085, mil millones extras de personas estarán en riesgo de contraer el dengue debido a los cambios en las temperaturas y en las lluvias.

"Tierra, Tierra, cabalgando en tu carrousel hacia la extinción", escribió la poetisa Anne Sexton. ¿Qué tan amenazadores deberán ser los encabezados acerca del mañana antes de que la gente se decida a cambiar sus costumbres hoy?

Nancy Gibbs
(v.pág.11 de la edición internacional de la revista Time del 24 de septiembre de 2007).


Año 2046. Soy un carcamal centenario. Lo sé porque llevo la cuenta, pero nadie lo diría. Sigo siendo fértil gracias a la tecnología biogenética. Hasta el año 2020 mis tratamientos los pagó la seguridad social, pero tras la gran quiebra del 21, los sufrago con un seguro privado. Estoy pensando que quizás debería tener otro hijo, pero el mundo no es un lugar seguro. Si bien mis pechos siguen tan turgentes que parecen a punto de explotar mientras hago el amor fogosamente con mi joven novio de 26 años (reales). Mi tez es tan suave que cuando me toco la cara me confundo con mi tataranieta. Tengo un implante celular de bótox en la base del cuello que derrama toxina botulímica por todo mi organismo con la generosidad del aspersor de agua del césped de mi jardín. Hasta mis intestinos son los propios de un cuerpo de 20 años. Mis cabellos, que nunca fueron largos ni espesos, ahora parecen un anuncio de escobas. No necesito teñirme porque el pelo me crece unos siete centímetros por mes, de un rubio natural. No me queda ni rastro de vello en el cuerpo, salvo en la cabeza y las cejas. Tampoco puedo decir que eche de menos el bello corporal, soy tan vieja que viví en la Era de la Depilación a la Cera Caliente, y puedo asegurar que a veces todavía sueño con ella y me despierto gritando en mitad de la noche. Mi nieta Yamisleidis, por el contrario, pertenece a un nuevo tipo de mujer que ha empezado a surgir. Las mujeres como ella amenazan con convertirse en un movimiento revolucionario: se niegan a implantarse nada en el cuerpo, a retocarse, a aliviar su decrepitud auxiliándose por la ciencia. Mi nieta parece una vieja amargada, y cuando viene a verme me paso todo el tiempo preocupada por si tropieza y se cae. (Para las personas de mediana edad las caídas suelen ser fatales, sobre todo cuando no consienten que la técnica las ayude). Hoy día, las mujeres envejecidas como mi Yamisleideis suelen ser pobres o revolucionarias y, como dice mi novio Whinston Chuong, no se sabe si es peor una cosa o la otra. Mi joven macho de compañía se refiere a que, en nuestro mundo actual, las divisiones sociales se han acrecentado de manera brutal: una ínfima parte de la población vivimos mejor que los reyes del siglo XX, y el resto sobrevive como puede. La esperanza de vida se ha reducido a 35 años con suerte y una ración de proteínas al mes. Estaba claro que con un único planeta no íbamos a tener para todos al ritmo que lo estábamos esquilmando. Hay pocas especies que hayan subsistido a la Gran Depresión de los años 20: algunos insectos, mamíferos de granja, humanos... Nunca se declaró una Tercera Guerra Mundial, pero la hubo: la formada por millares de pequeñas guerras tribales, religiosas y suicidas que acabaron con todo vestigio del antiguo estado de bienestar occidental y arrasaron los cimientos de todas las civilizaciones del mundo. Desde mi refugio en Groenlandia, pienso que soy afortunada. Me miro al espejo digital (conectado con mi cirujano) y le pregunto: "¿Quién es la más bella?". El me responde: "Tú, querida". Aunque siempre evito preguntarle quién es la más joven. O la más sabia. Hay cosas que es mejor no saber.

Angela Vallvey
(v.pág.40 de la revista Tentación del periódico El Informador del 6 de enero de 2007).


De la movida mahometana me quedo con una foto. Dos jóvenes tocados con kufiyas alzan un cartel: Europa es el cáncer, el Islam es la respuesta. Y esos jóvenes están en Londres. Residen en pleno cáncer, quizá porque en otros sitios el trabajo, la salud, el culto de otra religión, la libertad de sostener ideas que no coincidan con la doctrina oficial del Estado, son imposibles. Ante esa foto reveladora -no se trata de occidentalizar el sano Islam, sino de islamizar un enfermo Occidente-, lo demás son milongas. Los quiebros de cintura de algunos gobernantes europeos, la claudicación y el pasteleo de otros, la firmeza de los menos, no alteran la situación, ni el futuro. En Europa, un tonto del haba puede titular su obra Me cago en Dios, y la gente protestar en libertad ante el teatro, y los tribunales, si procede, decidir al respecto. Es cierto que, en otros tiempos, en Europa se quemaba por cosas así. Pero las hogueras de la Inquisición se apagaron -aunque algún obispo lo lamente todavía- cuando Voltaire escribió: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que nadie le impida decirlo".

Aclarado ese punto, creo que la alianza de civilizaciones es un camelo idiota, y que además es imposible. El Islam y Occidente no se aliarán jamás. Podrán coexistir con cuidado y tolerancia, intercambiando gentes e ideas en una ósmosis tan inevitable como necesaria. Pero quienes hablan de integración y fusión intercultural no saben lo que dicen. Quien conoce el mundo islámico -algunos viajamos por él durante 21 años- comprende que el Islam resulta incompatible con la palabra progreso como la entendemos en Occidente, que allí la separación entre Iglesia y Estado es impensable, y que mientras en Europa el cristianismo y sus clérigos, a regañadientes, claudicaron ante las ideas ilustradas y la libertad del ciudadano, el Islam, férreamente controlado por los suyos, no renuncia a regir todos y cada uno de los aspectos de la vida personal de los creyentes. Y si lo dejan, también de los no creyentes. Nada de derechos humanos como los entendemos aquí, nada de libertad individual. Ninguna ley por encima de la Charia. Eso hace la presión social enorme. El qué dirán es fundamental. La opinión de los vecinos, del barrio, del entorno. Y lo más terrible: no sólo hay que ser buen musulmán, hay que demostrarlo.

En cuanto a Occidente, ya no se trata sólo de un conflicto añejo, dormido durante 5 siglos, entre 2 concepciones opuestas del mundo. Millones de musulmanes vinieron a Europa en busca de una vida mejor. Están aquí, se van a quedar para siempre y vendrán más. Pero, pese a la buena voluntad de casi todos ellos, y pese también a la favorable disposición de muchos europeos que los acogen, hay cosas imposibles, integraciones dificilísimas, concepciones culturales, sociales, religiosas, que jamás podrán conciliarse con un régimen de plenas libertades. Es falaz lo del respeto mutuo. Y peligroso. ¿Debo respetar a quien castiga a adúlteras u homosexuales? Occidente es democrático, pero el Islam no lo es. Ni siquiera el comunismo logró penetrar en él: se mantiene tenaz e imbatible como una roca.

"Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia", ha dicho Omar Bin Bakri, uno de sus los principales ideólogos radicales. Occidente es débil e inmoral, y los vamos a reventar con sus propias contradicciones. Frente a eso, la única táctica defensiva, siempre y cuando uno quiera defenderse, es la firmeza y las cosas claras. Usted viene aquí, trabaja y vive. Vale. Pero no llame puta a mi hija -ni a la suya- porque use minifalda, ni lapide a mi mujer -ni a la suya- porque se líe con el del butano. Aquí respeta usted las reglas o se va a tomar por saco. Hace tiempo, los Reyes Católicos hicieron lo que su tiempo aconsejaba: el que no trague, fuera. Hoy eso es imposible, por suerte para la libertad que tal vez nos destruya, y por desgracia para esta contradictoria y cobarde Europa, sentenciada por el curso implacable de una Historia en la que, pese a los cuentos de hadas que vocea tanto cantamañanas -vayan a las bibliotecas y léanlo, imbéciles- sólo los fuertes vencen, y sobreviven. Por eso los chicos de la pancarta de Londres y sus primos de la otra orilla van a ganar, y lo saben. Tienen fe, tienen hambre, tienen desesperación, tienen los cojones en su sitio. Y nos han calado bien. Conocen el cáncer. Les basta observar la escalofriante sonrisa de las ratas dispuestas a congraciarse con el verdugo.

Arturo Pérez-Reverte
(2 de febrero de 2006).
Sólo son felices los más burros.
(V.Ocio del 8 de junio de 2012).
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