Dios no está de mi lado. Ni del tuyo.


Esta es la temporada en que tendemos a pensar en Dios, (si es que pensamos en El alguna vez), y me gustaría dar la opinión de que Dios no está pensando en nosotros. O que si lo hace, no hay manera de saberlo -a menos, claro, que uno sea como Mohamed Atta, con un punto de vista patológico de la fe, o Jerry Falwell, cuya mentalidad es Talibán sin lo sanguinario. Esta semana el líder Talibán, Mohammed Omar, debe estarse preguntando qué tan cerca está de Dios en realidad. En septiembre estaba seguro de que Dios echaba porras a nuestra extinción. Ahora, con la rendición de Kandahar, el mullah debe estar buscando una deidad más competente.

"Un fanático" decía Mr. Dooley de Finley Peter Dunne, "es un hombre que hace lo que piensa que haría El Señor si El conociera todos los hechos de un caso dado". Por otra parte, está la gente como yo con una fanática incertidumbre acerca de los que Dios está pensando. Yo creo en El, de acuerdo. Pero no creo que esté de nuestro lado, ni del de nadie, en las guerras, o que El presida sobre mi juego de boliche.

El acto esencial de fe, me parece, es admiración -una especie de fascinación involuntaria llena de temor. Esto no es la búsqueda que tanto escuchamos en estos días al recordar afectuosamente a George Harrison en My Sweet Lord. No creo en buscar, y no creo en encontrar.

La mayoría de las religiones dificultan el temor de Dios, porque están preocupadas con la ideología, la uniformidad, la lealtad y el favoritismo -que no son las heramientas más útiles para aquellos que escogen vivir en el misterio. Uno dice respetar la religión de los demás, pero es como decir que se piensa que los niños de otro son maravillosos.

Similarmente, si uno reza por dones y protección, uno debe asumir naturalmente que Dios microadministra el universo para ventaja de determinados creyentes. Si uno ve la oración como lo que el teólogo Paul Tillich llamó "un grande y profundo suspiro", la oración se convierte en un acto de adoración inconsciente. La religión se vuelve más generosa y modesta. Aún los Evangelios fueron escritos "según alguien", lo que es una forma de decir "desde un punto de vista".

A uno le gustaría pensar que Dios está de nuestro lado contra los terroristas, porque los terroristas son malos y nosotros buenos, y cualquier deidad que valga debe ser capaz de discernir esta verdad objetiva. Pero esto es simplemente arrogancia bien intencionada con una cubierta de moralidad -la misma clase de pensamiento que hace a la gente decir que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. El Dios al que vale la pena adorar es el que nos hace el cumplido de dejarnos autorregularnos, y podemos regresárselo a través de atender nuestros propios asuntos.

Tan indefinida es mi idea de Dios que ni siquiera lo relaciono con la moralidad. Es agradable creer que Dios quiere que nos portemos bien, y que si lo hacemos, estaremos eligiendo aquello que El esperaba cuando nos dejó solos. Nuevamente, no podemos. ¿Qué tal si Dios es como dijo James Joyce en Retrato del Artista como un Adolescente, alguien que después de la creación se sentó a "limarse las uñas"? La idea es dura de aceptar, es lo que hace a la fe igualmente confusa y estremecedora.

En términos prácticos, puede ser bastante perturbador saber la opinión de Dios sobre temas tales como la clonación humana, el aborto, la oración en las escuelas, la pena de muerte, la ecología, las armas nucleares, la hambruna, la enfermedad y un excesivo número de temas espinosos. ¿Dónde ha estado Dios desde 1973 según los Knicks de Nueva York? Me gustaría saberlo. Si alguien quiere una prueba de que Dios no está del lado de alguien que lo invoca con frecuencia, por favor vea a los deportistas que lo hacen frecuentemente.

Todo este negocio de conocer los mecanismos de Dios es particularmente irritante para los estadounidenses científicos, quienes nos hemos convencido de que somos capaces de conocer todo. Pero siempre es interesante ver como el conocimiento, no importa qué tan fundamental o revolucionario sea, muestra tantos misterios como los que desentraña.

El teólogo Dietrich Bonhoeffer se dirigió hacia los Estados Unidos desde la Alemania Nazi al inicio de la Segunda Guerra mundial, pero luego decidió regresar a su país y unirse a la Resistencia. Participó en un fallido intento de asesinar a Hitler, fue atrapado, encarcelado y ahorcado. Bonhoeffer explicó esta cuestión del conocimiento con el ejemplo de una rosa. Dijo que la ciencia nos permite entender casi todo acerca de la composición de una rosa porque hemos aprendido mucho acerca de la polinización, fotosíntesis y demás. Y aún así, dijo, después de haber hecho todo el análisis nos preguntamos, ¿Qué es una rosa?

Hitler tuvo una pregunta diferente. "¿Quién dice", preguntó, "que yo no estoy bajo la protección especial de Dios?"

Roger Rosenblatt
(v.revista Time del 17 de diciembre de 2001).


Jean Cusset, ateo con excepción de las veces que habla con un ateo, dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y prosiguió:

-Hay quienes se sienten agentes de ventas de Dios, y pretenden hablar en nombre suyo. Tal se diría que el Señor les dio una franquicia o concesión como la que reciben los vendedores de hamburguesas. Dios no es una marca registrada. Ninguno lo tiene en monopolio. Nos pertenece a todos, hasta a aquéllos que no lo merecemos. Nadie hay que se atreva a vender el sol, o el aire, o el mar, y sin embargo hay quienes venden a Dios como una mercancía, y convierten su nombre en un producto comercial para sacar dinero. Malditos de Dios serían esos mercaderes si Dios fuera capaz de maldecir. Como yo no soy Dios sí los maldigo. Mi fe me dice que Dios se hará el desentendido mientras acabo de decir mi maldición.

Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.

¡Hasta mañana!...

Armando Fuentes Aguirre, "Catón"
(v.pág.5A del periódico Mural del 8 de julio de 2004).


Si tú le hablas a Dios, eso es una oración. Si Dios te habla a ti en respuesta, eso es esquizofrenia.

Oscar Cruz, obispo filipino
(v."Verbatim" de la edición internacional de Time del 21 de noviembre de 2005).


Cuatro mil millones de gentes dicen que creen en Dios, pero pocos creen verdaderamente. Si la gente creyera en Dios, vivirían cada minuto de sus vidas de acuerdo con esa creencia. La gente rica daría su riqueza a los necesitados. Todo mundo estaría frenético determinando cuál religión es la verdadera. Nadie pordría estar cómodo pensando que pudiera haber escogido la religión equivocada y por este error condenarse eternamente, o tener una mala reencarnación, o alguna otra consecuencia impensable. La gente dedicaría su vida a convertir a otros a sus religiones.

Una creencia en Dios demandaría una devoción obsesiva al cien por ciento, influenciando cada momento en que estamos despiertos durante esta breve vida en la Tierra. Pero cuatro mil millones de los llamados creyentes no viven sus vidas de esa manera, excepto por unos pocos. La mayoría cree en la utilidad de sus creencias -una utilidad terrena y práctica- pero no creen en la realidad subyacente.

Dicen creer porque pretender creer es necesario para conseguir los beneficios de la religión. Declaran a otras gentes que creen y realizan acciones de creyentes, como orar y leer libros sagrados. Pero no hacen las cosas que un verdadero creyente haría, las cosas que un verdadero creyente tendría que hacer.

No es creer decir que Dios existe y continuar pecando y acumulando riqueza mientras gente inocente se muere de hambre. Cuando la creencia no controla tus decisiones más importantes, no estás creyendo en la realidad subyacente, estás creyendo en la utilidad de creer.

La gente alega creer en Dios, pero la mayoría no cree literalmente. Sólo actúan como si creyeran porque existen beneficios terrenales en hacerlo. Crean una ilusión para sí mismos porque ésta los hace felices.

Cuando las ilusiones funcionan bien y el humano suscrito a la ilusión sobrevive, esas ilusiones son pasadas a las nuevas generaciones.

El cerebro humano es un generador de ilusiones. Las ilusiones son alimentadas por la arrogancia -la arrogancia de creer que los humanos son el centro del universo, que sólo nosotros estamos dotados de las mágicas propiedades de alma y moralidad y libre albedrío y amor. Presumimos que un Dios omnipotente tiene un particular interés en nuestro progreso y actividades mientras que pone al resto de la creación como nuestra cancha de juego. Creemos que Dios -porque El piensa igual que nosotros- debe estar más interesado en nuestras vidas que en las rocas y árboles y plantas y aninmales.

La extraña colección de moléculas que conforman a un ser humano permanecerán con ese acomodo por menos tiempo de lo que le toma al universo parpadear. Nuestra arrogancia ocasiona que imaginemos un valor especial a esta colección temporal de moléculas.

Es absurdo definir a Dios como omnipotente y luego cargarle nuestra propia visión miope de la significación de los seres humanos. ¿Qué pudiera ser interesante o importante para Dios que todo lo sabe, todo lo puede crear, todo lo puede destruir? El concepto de 'importancia' es humano, nacido de nuestra necesidad de hacer elecciones para sobrevivir. Un ser omnipotente no tiene necesidad de ordenar cosas. Para Dios nada en el universo sería más interesante, más valioso, más útil, más amenazador o más importante que cualquier otra cosa.

Scott Adams, "God's Debris - A Thought Experiment", Andrews McMeel Publishing, Kansas City, 2001.


Los filósofos enseñan por medio de la razón y los teólogos por medio de la imposición. Como éstos no conocen la duda, se sienten autorizados a comportarse autocráticamente. El pensamiento teológico mantiene al hombre de rodillas, mientras que el pensamiento libre lo sostiene de pie con la cabeza en alto. El peligro de la teología es que se dice dueña de la única verdad, de manera que el hombre arrodillado considera como enemigo a cualquiera que no se postre de rodillas a su lado. El hombre de pensamiento libre, en cambio, aprende las lecciones imprescindibles de la tolerancia mutua. Estas reflexiones las confirman dramáticamente las noticias de todos los días. ¿Cuáles han sido las guerras más cruentas del pasado y de la actualidad? Las religiosas. Siempre lo han sido. A eso nos han llevado las teologías en general y los monoteísmos en particular. No el solo Dios, conste, sino los sacerdotes de sus varias iglesias, los ayatolas, los rabinos, los cruzados y los fundamentalistas de todas las religiones. Por eso se matan con saña exterminadora en Irán e Iraq, en Israel y en los campos de los palestinos (los filisteos del Antiguo Testamento), cuya lucha sin tregua data desde los tiempos bíblicos. Mientras no se practique la tolerancia y el respeto mutuos, la humanidad seguirá condenada en los siglos por venir a pagar con sangre el precio de su intransigencia.

Alguna vez un historiador hará la lista de todos los males que le han venido al hombre por causa de esos que algunos llaman aún "libros sagrados". En esos libros está la semilla de la intolerancia. El creyente está con ellos o contra ellos. Cada libro sagrado parece decir a quien lo lee: "Fuera de mí no hay salvación". Esos libros han dividido a los hombres en bandas inconciliables.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de marzo de 2006).


Lo que más me ha alejado de los devotos de profesión es esa rigidez de costumbres que los hace insensibles a la humanidad. El amor a Dios les sirve de excusa para no amar a nadie. Se diría que sólo se elevan hacia Dios para ejercer su autoridad sobre la Tierra.

Juan Jacobo Rousseau.


Los candidatos que han incorporado a su discurso y a sus estrategias de campaña la ostentación de sus creencias religiosas -lo que tampoco garantiza a los electores que sean modelos de congruencia, ni, mucho menos, que vayan a ser buenos gobernantes si ganan las elecciones-, meten al buen Dios en el mismo predicamento en que lo ponen los boxeadores (o los futbolistas, si se prefiere la analogía) que, en cuanto suena la campana (o el silbato), antes de soltar el primer golpe o el primer puntapié, se santiguan con unción.

¿A cuál de los dos se supone que Dios debe ayudar?... Y si llegara a suceder que uno de ellos no se santiguara -o, al menos, no lo hiciera ostensiblemente- y perdiera el que sí lo hizo, ¿qué pasaría?... ¿Volvería a desgarrarse el velo del templo?... ¿Menguaría la credibilidad de Dios?...

Menos mal que, para esos casos, la literatura, misericordiosa, aporta un argumento en su auxilio: la sarcástica cuarteta anónima que muchos memoriosos almacenan entre sus mejores gemas: "Llegaron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que Dios ayuda a los buenos... / cuando son más que los malos".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 11 de abril de 2006).


Existen quienes creen simplemente que, por definición, Dios no puede ser comprendidos por nuestras limitadas y falibles mentes y almas humanas. Si Dios es definitivamente incomprensible, entonces ¿cómo podemos tener la certeza de cuál es la posición real de Dios en, digamos, el detino de Terri Schiavo? ¿O la moralidad de la anticoncepción? ¿O el papel de las mujeres? ¿O el amor de una pareja homosexual? También la fe para muchos de nosotros está entrelazada con la duda, una duda que puede reforzar la fe dándole perspectiva y sombras. Esa duda significa tener una gran humildad ante el rostro de Dios y una enorme reluctancia a imponer las creencias propias, mediante la ley civil, a alguien más.

Yo estoy en desacuerdo con la polución política de la fe personal sincera. Estoy más fuertemente en desacuerdo con el intento de argüir que un partido representa a Dios y el otro no. Estoy en desacuerdo con tener mi fe cooptada y manejada por gente cuya política no comparto y cuya intolerancia aborrezco. La palabra cristiano no pertenece a ningún partido político. Es tiempo de que la mayoría silenciosa de creyentes la recupere.

Andrew Sullivan
(v.pág.52 de la edición internacional de la revista Time del 15 de mayo de 2006).


¿Microadministra Dios el universo o puso a los humanos en esta tierra con la libertad de cometer errores y la necesidad de vivir con las consecuencias?

Roberta M.Etheredge - Sunnyvale, Cal.
(v."letters" de la edición internacional de la revista Time del 7 de agosto - 14 de agosto de 2006).


El papa Benedicto XVI, quien fue catedrático de dogmática e historia del dogma de 1969 a 1977, se apoyó en un diálogo entre un emperador bizantino del siglo XIV, alimentado por la filosofía griega, y un erudito persa para exponer su razonamiento.

"Para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendental. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la razón".

También citó al teólogo musulmán Ibn Hasn, de los siglos X y XI, según el cual Dios ni siquiera se somete a su palabra "y nada le obliga a revelarnos la verdad".

Según el Sumo Pontífice, quien fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el "encuentro" de la fe bíblica con los interrogantes filosóficos del pensamiento griego, al que se añade "el patrimonio de Roma, creó Europa y sigue siendo el fundamento de lo que se puede llamar Europa". Pero "en el mundo occidental, la opinión de que sólo la razón positivista y las formas de filosofía derivadas de ella son universales domina ampliamente", lamentó el papa.

El problema es que "las culturas profundamente religiosas del mundo consideran justamente que esta exclusión de lo divino constituye un ataque contra sus convicciones más profundas".

(V.pág.17-A del periódico El Informador del 13 de septiembre de 2006).


Para quienes no creen en Dios o no tienen certeza sobre su existencia, o para aquellos que sí ven un papel para la divinidad en el universo pero no la de intervenir directamente en la vida de los humanos, la muerte es un acertijo todavía mayor. Se convierte en una puerta que, muy probablemente, se abre a un abismo insondable de oscuridad y falta de sensaciones. La ausencia de conciencia es lo que más aterra; más que el infierno de los cristianos, la desaparición absoluta de los recuerdos, de los afectos, de los amores: de todo lo que nos hace ser lo que somos.

Dicen los científicos que la energía no se crea ni se destruye sino sólo se transforma. Esta ley de la física les ha dado cierta esperanza en el último siglo a muchos no creyentes de que al final de todo algo puede quedar después de la vida: quizá incluso esa conciencia que nos permitiría mantener nuestra individualidad. Pero la verdad es que, de no aceptarse el concepto religioso, lo más probable es que esa persistencia de la energía se lleve a cabo de maneras que no permitan que se mantengan ni la conciencia ni la individualidad.

Sergio Sarmiento
(v.pág.8 del periódico Mural del 2 de noviembre de 2006).


Hace más de tres siglos, el filósofo francés Blas Pascal sugería a quienes tenían dudas sobre la existencia de Dios que la actitud más racional era apostar por su existencia. El argumento iba más o menos así: si uno cree y dios existe, será recompensado al término de la vida; en tanto que si uno no cree y dios existe, será castigado. Por otro lado, si uno cree y dios no existe, no habrá recompensa alguna; en tanto que si uno no cree y dios no existe, tampoco la habrá. La única forma de asegurar la recompensa y evitar el castigo es, según Pascal, creer en su existencia.

Marco Provencio
(v.pág.20 del periódico Público del 2 de febrero de 2007).


Pocos científicos dudan que encontrarán la conciencia en la actividad del cerebro. Para muchos no científicos, este es un prospecto terrible. No sólo estrangula la esperanza de que sobreviviremos a la muerte de nuestros cuerpos, sino también parece socavar la noción de que somos personas libres responsables de nuestras elecciones -no sólo durante esta vida, sino también en la vida futura. En su ensayo milenario "Sorry, but Your Soul Just Died", Tom Wolfe se preocupa de que cuando la ciencia haya matado al alma, "el espeluznante carnaval que se originará hará que la frase 'el eclipse total de todos los valores' parezca inocua".

Mi punto de vista es que será al revés: la biología de la conciencia ofrece una base más sólida para la moralidad que el improbable dogma de un alma inmortal. No es sólo que el entendimiento de la fisiología de la conciencia vaya a reducir el sufrimiento humano mediante nuevos tratamientos para el dolor y la depresión. Ese entendimiento puede también forzarnos a reconocer los intereses de otros seres: el núcleo de la moralidad.

Como cada estudiante en Filosofía 101 aprende, nada puede obligarme a creer que alguien aparte de mí esté consciente. Este poder para negar que las otras personas tienen sentimientos no es sólo un ejercicio académico sino un vicio muy común, como lo observamos en la larga historia de la crueldad humana. Pero una vez que nos damos cuenta de que nuestra propia conciencia es producto de nuestro cerebro y de que otra gente tiene cerebros como el nuestro, la negación de la sensibilidad de otra gente se vuelve absurda. "¿No tiene ojos un judío?" preguntó Shylock. La pregunta hoy es más exacta: ¿No tiene un judío -o un árabe, o un africano, o un bebé, o un perro- un córtex cerebral y un thalamus? El hecho innegable de que estamos hechos de la misma materia neural hace imposible que neguemos nuestra común capacidad de sufrir.

Y cuando se piensa en ello, la doctrina de una vida futura no es una idea tan edificante después de todo, porque devalúa necesariamente la vida en la tierra. Sólo recuerden la gente más famosa en la memoria reciente que actuó con la esperanza de una recompensa en el más allá: los conspiradores que secuestraron los aviones el 11 de septiembre.

Piensen, también, en por qué algunas veces nos recordamos a nosotros mismos que "la vida es corta". Es un ímpetu para extender un gesto de afecto a alguien que amamos, para enterrar el hacha en una disputa sin sentido, para usar el tiempo productivamente en lugar de malgastarlo. Yo alegaría que nada le da más propósito a la vida que el darnos cuenta de que cada momento de conciencia es un regalo precioso y frágil.

Steven Pinker, profesor Johnstone de psicología en Harvard y autor de The Language Instinct, How the Mind Works y The Blank Slate
(v.pág.45 de la edición internacional de la revista TIME del 12 de febrero de 2007).


En mi carrera como médico, nunca he presenciado una curación milagrosa, y tampoco espero verla. Considero, así mismo, que la oración no es un medio para controlar a Dios y lograr que haga lo que queremos. Para mí, orar es comulgar con Dios. Rezo para tratar de entender lo que debo hacer, en vez de decirle a Dios Todopoderoso lo que El debe hacer. El "Padre Nuestro" es el mejor ejemplo: dice "hágase tu voluntad" y no "Padre nuestro, que estás en el Cielo, por favor, consígueme un lugar donde estacionarme".

Si Dios interviniera milagrosamente cada vez que uno de nosotros decide hacer algo malo, el mundo sería un lugar del todo extraño, caótico e imprevisible. El libre albedrío nos lleva a hacer cosas terribles y, en consecuencia, mueren muchos inocentes. Sin embargo, los únicos culpables son los malhechores, no Dios. Lo que resulta difícil de explicar es por qué hay sufrimiento sin una mala acción humana de por medio: un niño con cáncer, un desastre natural, un tornado o un tsunami. ¿Por qué Dios no impide que ocurran esas cosas?

Francis Collins, líder del Proyecto Genoma Humano y autor del libro The Language of God.

El físico estadunidense Steven Weinberg, quien es ateo, se pregunta por qué seis millones de judíos, -entre los cuales estaban incluidos sus familiares-, tuvieron que morir en el Holocausto para que los nazis ejercieran su libre albedrío.

Algunos filósofos, como Charles Hartshorne, sugieren que quizá Dios no controla plenamente su creación. Annie Dillard, poeta, expresa esta idea en su frase: "Dios, el capaz a medias".

John Horgan, autor especializado en temas científicos, quien en El fin de la ciencia y Rational Mysticism explora los límites entre la ciencia y la espiritualidad, dirige el Centro para Escritos Científicos del Instituto Stevens de Tecnología, en Hoboken, Nueva Jersey
(v."Voces" de la revista National Geographic en Español de febrero de 2007).


Han empezado a resucitar los viejos demonios que creíamos enterrados, o al menos domesticados, como los nacionalismos, los integrismos religiosos, las querellas fronterizas, los conflictos étnicos y raciales y el perfeccionamiento y propagación del terrorismo, que incendian múltiples regiones, desintegran países y siembran calles y campos de cadáveres de inocentes. Ello lleva a preguntarnos si vale la pena seguir luchando por cambiar un mundo que, como expresa Shakespeare: "Parece creado por un siniestro dios del ruido, del furor y el sin sentido".

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de marzo de 2007).


Una reciente investigación publicada en el número de marzo pasado de la revista Psychological Science, podría aclarar la relación entre adoctrinamiento religioso y violencia, tópico que ha ganado creciente notoriedad con la ola de ataques terroristas desde el 11 de septiembre. Investigadores de la Universidad de Míchigan encabezados por Brad Bushman sugieren que cuando la violencia en las Escrituras aparece apoyada por Dios, los niveles de agresión se incrementan, en especial entre creyentes.

Los resultados no deberían sorprender; recordemos que los esclavistas en el no tan viejo sur de Estados Unidos encontraban en la Biblia sostén divino para condenar a los negros a la esclavitud. Ya un sacerdote ilustrado comentó durante un debate televisivo, que "con la Biblia se puede fundamentar lo que sea". Siempre encontraremos un versículo al gusto de la más aberrante opinión.

Los autores del nuevo estudio examinaron esa interacción entre "mandatos divinos" y violencia con una serie de experimentos en los que emplearon estudiantes de universidades con dos diversas actitudes religiosas: la Brigham Young University, donde el 99% de los estudiantes declararon creer en Dios y en la Biblia (como palabra divina), y la Vrije Universiteit de Amsterdam, Holanda, donde sólo un 50% declaró creer en Dios y apenas el 27 aceptó la Biblia como expresión divina.

Luego de reportar su afiliación religiosa y creencias, los participantes leyeron un relato, adaptado de un pasaje oscuro de la Biblia, en el que se describe la brutal tortura y asesinato de una mujer y la subsecuente venganza tomada por su esposo contra los atacantes. (Debe de ser el relato "El levita y su concubina", en Jueces 19 y 20, donde los aliados del levita preguntan a Dios si deben pelear contra hermanos, la tribu de Benjamín, a la que pertenecían los hombres que violan y matan a la concubina porque el anfitrión de éste, como en el caso de Lot en Sodoma, se niega a entregar al levita, como exigen los lujuriosos que rodean su casa: "Saca al hombre que ha entrado en tu casa para que lo conozcamos". Dios responde que deben hacer guerra contra ellos. Derrotados los vengadores varias veces, preguntan de nuevo a Dios y les responde que vuelvan al ataque porque esta vez les entregará a los de Benjamín. 20:35: "Y derrotó Jehová a Benjamín delante de Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día a veinticinco mil cien hombres de Benjamín". Luego matan a cuanto hombre encuentran, lo mismo a las bestias "y todo lo que fue hallado; asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que hallaban." 20:48.)

A la mitad de los participantes se les dijo que el pasaje provenía del libro de los Jueces en el Antiguo Testamento (donde viene el relato de Sansón y Dalila), mientras que a la otra mitad se le dijo que el relato provenía de un antiguo rollo descubierto en una expedición arqueológica. Además de la diferencia en cuanto al origen del texto, la mitad de los participantes, tanto del grupo Biblia como del grupo rollo antiguo, leyeron una versión arreglada que incluía el versículo: "Y el Señor ordenó a Israel tomar armas contra sus hermanos y castigarlos ante el Señor."

Luego los participantes fueron colocados en pares e instruidos para competir en una tarea sencilla de reacción. El ganador podía agredir a su oponente con un ruido de hasta 105 decibeles, más o menos el volumen de una alarma de incendio. El test medía agresión.

Tal como se esperaba, los alumnos de la Brigham Young, de alta religiosidad, fueron más agresivos, es decir emplearon mayor volumen en sus estampidos, cuando se les había dicho que el pasaje previamente leído procedía de la Biblia y no del rollo. De forma similar, los participantes fueron más agresivos si habían leído el versículo adicional que describe a Dios imponiendo la violencia.

En la más secular, y holandesa, Vrije Universiteit, los resultados fueron sorprendentemente similares. Aunque sus estudiantes resultaron menos inclinados a recibir influencia por la fuente del material, también emplearon volumen más agresivo cuando el pasaje leído incluía el apoyo de Dios a la violencia. Este efecto ocurrió hasta en los no creyentes, aunque en menor medida.

La investigación arroja luz sobre los posibles orígenes del fundamentalismo religioso violento y está en línea con teorías propuestas por estudiosos del terrorismo religioso, quienes plantean la hipótesis de que la exposición a escrituras violentas puede inducir a los extremistas a involucrarse en acciones agresivas. "En la medida en que los extremistas religiosos se involucran en prolongadas lecturas selectivas de las escrituras, y en vez de tomar el mensaje general de aceptación y comprensión se enfocan en los castigos violentos que reciben los no creyentes", escribe Bushman, "uno puede esperar que verá un incremento de la brutalidad."

Referencia: (Association for Psychological Science, "When God sanctions killing, the people listen".)

Luis González de Alba
(v.pág.34 del periódico Público del 8 de abril de 2007).


El mayor conflicto no es entre las religiones como creen algunos ingenuos; el verdadero conflicto es entre quienes quieren la democracia laica y quienes quieren la teocracia. [Entre] quienes aspiran a una democracia donde la religión sea un asunto privado y un derecho de cada cual, pero no un deber colectivo, y los que tienen visiones teocráticas de la comunidad inspiradas en la fe de uno u otro dios y quieren que la religión sea un deber de todos.

Fernando Savater
(v.pág.17 del periódico Público del 13 de abril de 2007).


La primera razón de violencia en el mundo ha sido, desde que tenemos conocimiento histórico, la religión, y la segunda el nacionalismo. Todos los grandes enfrentamientos religiosos han tenido también un inocultable contenido nacionalista. Son las dos fuentes principales del Apocalipsis en la historia. En nuestros días hemos tenido una confirmación trágica y al mismo tiempo grotesca de cómo las pasiones religiosas incendian y envenenan a millones de almas arrastradas en la vorágine de fundamentalismos irreductibles. La pasión nacionalista la hemos visto en los Balcanes, en el corazón de Europa, que se tradujo en un estallido irracional de inhumanidad y salvajismo. Cuando se hurga en el fondo de estas catástrofes, se advierten las raíces envenenadas de ambos fanatismos. ¿Culpables?: quienes asumen la religión de una manera fundamentalista, excluyente, fanática, y quienes han hecho del nacionalismo una religión. En el Siglo de las Luces se llegó a pensar que la cultura sería el gran antídoto contra el fanatismo, la intolerancia, y contra esa forma de irracionalidad que es pretender imponer a nuestros semejantes una verdad única.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 21 de abril de 2007).


Convertir las propias creencias en obligaciones para otros no puede ser otra cosa que fundamentalismo, el mismo que tanto se critica de otras religiones.

Luis Petersen Farah
(v.pág.19 del periódico Público del 22 de abril de 2007).


En los tiempos que corren es urgente aprovechar las ventanas que se presenten para debilitar la teocracia, cualquiera que sea su profesión de fe, y lograr que se aleje cada vez más de nuestra vida pública, para que esta vida sea abierta, incluyente e igualitaria para todos.

Myriam Vidriales
(v.pág.22 del periódico Público del 27 de abril de 2007).


Practicar una religión sin conocer su historia es una resistencia común en los que se consideran religiosos a ciegas. A lo largo de los años hemos sido testigos de la tiranía religiosa, la que sea, del mundo católico o musulmán, especialmente. La religión no te enseña a pensar; más bien dogmatiza el pensamiento. Es una educación trucada en base a sucesos históricos que nadie ha podido aun comprobar. Es la superstición la que crea las iglesias en cualquier religión. Y son los sacerdotes los que dominan a los supersticiosos.

Craso error es confundir a la fe con la religión, con un Dios, el que sea. Porque la fe es una necesidad , un instinto por sobrevivir. Un yo interior. Un confiar en sí mismo. La fe es un rechazo al pesimismo, un estado de optimismo. Para tener fe no hacen falta santos, dioses ni líderes espirituales. La fe no es más que un instinto intelectual de autoconfianza.

Las religiones, en cambio, usan el concepto de la fe para mover conciencias a su favor, en detrimento del desarrollo de los pueblos. Con el uso que las religiones han hecho de la fe han muerto millones de personas y animales, por siglos. Se ha sacrificado el progreso. Se ha vuelto improductiva la naturaleza. Han desaparecido razas y países o tribus. La historia de la religión es una historia de barbarie.

Difícilmente puede hablarse del clero religioso, cualquiera, como un pensamiento que deja a los demás la libertad de elegir su propio razonamiento. En vez de consagrarse al servicio del culto, intervienen en política, manipulan a su grey e influyen en decisiones que solo al estado laico pertenecen. El cielo es de todos: agnósticos o ateístas, creyentes o liberales. Bendecidos o no por cualquier dios, queda el espíritu personal de cada quien para escoger sus creencias.

Finalizo: ningún estado de derecho se puede socavar por pensamientos religiosos. No es sano para ningún pueblo confundir los deberes sociales con los religiosos.

Una certeza: muchos religiosos aprendieron a separar la laicidad de la Iglesia. La fe avanza.

Braulio Peralta
(v.pág.39 del periódico Público del 30 de abril de 2007).


Yo sí creo en Dios, lo que pasa es que es un monstruo, porque cómo siendo todopoderoso, pudiendo hacer todo bien, hizo esta chambonada de mundo. Y nos impuso el dolor, la enfermedad, la muerte y nos llenó de ciclones y de sida y de tuberculosis y del PRI, del PAN y del PRD.

Fernando Vallejo, escritor
(v.pág.45 del periódico Público del 25 de mayo de 2007).


Religión errónea la que trata de persuadirte de que Dios está, invariable y automáticamente, de tu lado.

Rowan Williams, arzobispo de Canterbury
(v.pág.27 de la edición internacional de la revista TIME del 18 de junio de 2007).


A los modernos partidarios del "diseño inteligente" les recuerda Francisco J.Ayala (en su libro Darwin y el diseño inteligente) que el "mundo de la vida está lleno de imperfecciones, defectos, sufrimiento, crueldad y aun sadismo. La espina dorsal está mal diseñada, los depredadores devoran cruelmente sus presas, los parásitos sólo pueden vivir si destruyen a sus huéspedes y 20% de todos los embarazos abortan espontáneamente durante los dos primeros meses de la preñez". Si todos estos males fueran el fruto del diseño específico del creador, éste sería un diseñador torpe, cruel y mísero, viene a decir Ayala, para añadir que la teoría de la evolución explica tanta calamidad como consecuencia de la selección natural, proceso torpe y azaroso. A muchos les resultará difícil de entender, sin embargo, como la mera reclasificación de los aludidos males como efectos indirectos o colaterales de la acción divina pueda hacerlos compatibles con un Dios de amor, misericordia y sabiduría.

Concluye que, si admitimos que el universo no tiene por qué tener propósito alguno, que puede ser un ente accidental y sin norte, no hay necesidad de andar enredando con falsas nociones y preguntas.

Francisco García Olmedo
(v.pág 6 de la sección "Visor" del periódico Público del 24 de junio de 2007).


El más grande logro de Occidente fue la separación de los mundos divino y humano: dio al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, como pidió Cristo sin saber que en su nombre se levantaría un imperio con césar y pontífice en uno: poder terreno y espiritual unidos en la Roma papal como en los reyes-sacerdotes mayas. La separación de ciencia y espiritualidad, de conocimiento natural y religión, fue un logro germinal de Occidente porque de allí procede el origen de la ciencia, la filosofía y su más reciente derivado: la revolución tecnológica que ha hecho de los países occidentales la Meca (gulp) de todos los inmigrantes.

Dos son los momentos fundacionales de la ciencia. Uno, la ruptura de los filósofos jonios con las explicaciones espirituales del mundo, ruptura que trajo la poderosa idea de explicar la Naturaleza por la Naturaleza misma y no por fuerzas ajenas a ella, se llamaran Zeus, Jehová, Kukulkán o Quetzalcóatl. Y dos, la recuperación de esa idea maravillosamente sencilla por la Italia del siglo XV, lo cual abrió la puerta al Renacimiento que se extendió por toda Europa.

Para que viéramos el desarrollo científico y tecnológico de los últimos dos siglos, con su carga de bienes y servicios jamás gozados ni por los antiguos príncipes, fue necesario que nunca más hubiera reyes-sacerdotes como en Roma o Chichén Itzá. Mientras el conocimiento estuvo bloqueado por ideas espirituales, no hubo ciencia. La ciencia se deriva de la convicción, surgida en Jonia y sólo en Jonia en el siglo VI antes de Cristo, de que los hechos naturales pueden explicarse en base a procesos regulares y a la vez naturales; de que la naturaleza es comprensible por la razón.

Una grandiosa cultura, la maya, no superó la edad de piedra porque no descubrió los metales duros: cobre, hierro. Quizá por estar atareados en levantar a sus dioses pirámides recubiertas de estuco. Para obtenerlo debían quemar inmensas extensiones de selva, lo cual trajo una catástrofe primero ecológica, luego política con el colapso, en el siglo IX de nuestra era, de la autoridad basada en reyes-sacerdotes.

Ninguna cultura del continente americano urdió el sencillo artefacto que se produce al atravesar una rueda con un eje: la carretilla egipcia, el carro babilonio. De igual forma, ninguna gran cultura del mundo, salvo Jonia del siglo VI a. C., se propuso conocer el mundo sin ayuda de intervenciones espirituales.

Luis González de Alba
(v.pág.33 del periódico Público del 22 de julio de 2007).


Las religiones son amalgamas de creencias inverificables, supersticiones, leyendas, cuentos edificantes, tabúes y profecías, que inspiran la cotidianidad de personas de todas las clases sociales.

Fernando Savater


Dijo Xenófanes en el siglo VI AC: "Si los caballos y los leones tuvieran manos y dibujaran, los caballos dibujarían a los dioses como caballos y los leones como leones...". ¡Genial! Jamás han recibido las religiones, todas, un madrazo parecido.

Luis González de Alba
(v.pág.17 del periódico Público del 13 de agosto de 2007).


Para los fanáticos, la realidad ha sido definida de una vez por todas por un texto sagrado. Para ellos, el texto sagrado, por definición, es un texto terminado y exclusivo. Nada se le puede añadir. El texto sagrado ofrece refugio perfecto a los inseguros, que con la protección del texto dogmático, proceden a excomunicar a aquéllos cuya seguridad consiste en buscar la verdad, no en tenerla.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de agosto de 2007).


Toda religión está llena de doctrinas y creencias que pueden parecerle locas a los extraños. Jesús podría ser visto como un vendedor de aceite de serpiente si uno no es un comprador de aceite de serpiente. Jacob Weisberg, editor de Slate, declara que el mormonismo es diferente por ser tan "reciente", relacionado a eventos milagrosos en el siglo XIX en el estado de Nueva York. Bueno, no sé. La pátina del tiempo pudiera explicar por qué la caminata de Jesús sobre el agua es más fácil de creer que los placas doradas y cristales mágicos de Smith. Pero no llega tan lejos como para justificar la distinción. Para mí, cualquier candidato que crea en la verdad literal del Viejo Testamento, del Nuevo Testamento, del Libro de Mormón o de las novelas de Jane Austen, es probablemente demasiado crédulo como para llegar a presidente.

Michael Kinsley
(v.pág.19 de la edición internacional de la revista Time del 17 de septiembre de 2007).


En un estado laico como lo es (gracias a Dios) el nuestro, las políticas públicas pueden o no coincidir con los principios de una determinada religión, pero en ningún caso un principio religioso como tal se debe convertir en una política de estado.

Si así fuera se estarían imponiendo a todos las creencias de unos, violando su derecho a la libertad de credo.

Por eso no hay otro camino que el laicismo. Quien piense lo contrario, lo que quiere es vivir en una teocracia y no en una democracia.

El lugar para inculcar principios religiosos es en las escuelas e instituciones privadas creadas con tal fin, mas no en las públicas, y los que nos llamemos demócratas debemos asegurarnos que a quien le interese recibir o impartir cualquier tipo de educación religiosa pueda hacerlo libremente y sin impedimento alguno.

Sólo así es como concibo el que existan y asuman puestos de poder demócratas con subtítulo de cristianos, de judíos, de musulmanes o de ateos.

Demócratas que desde su propias convicciones personales nos garanticen que si nuestros hijos asisten a una escuela pública, no regresarán a casa diciéndonos que tal o cual cosa es pecado, pero sí diciéndonos que tal o cual cosa es ilegal.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 4 de octubre de 2007).


¡Milagro, milagro! decía el encabezado de la nota que describía el primer triunfo rojinegro en el torneo de apertura 2007. Pero el milagro en este caso no era un mero decir.

Para muchos fue el resultado de una petición divina que unos días antes habían hecho mediante la celebración de una misa en el estadio Jalisco, a la que todos los jugadores asistieron.

Cuando leí que por motivo de los pésimos resultados futbolísticos el equipo Atlas había organizado esa misa para intentar revertir la situación, la verdad me quedé atónito.

Según las declaraciones hechas la finalidad de la ceremonia era "...que el grupo se uniera, se compenetrara y lograr el bien común pues las ocho derrotas habían dañado el ánimo de los jugadores y la obtención del triunfo era ya una obsesión y no una meta sana".

Sin embargo, en la mente del público el objetivo era mucho más simple, mucho más directo y mucho más equivocado: "pedirle a Dios ganar el próximo partido".

Debido a que muchos creen que con sólo rezar se pueden lograr resultados favorables como ganar un partido de futbol, en algún momento de los ruegos surgió la única frase sensata que en estos casos aplica: "a Dios rogando y con el mazo dando".

Sin embargo, sucedió lo que me temía que ocurriera, que después de la misa efectivamente ganaran, porque ahora, más de algún jugador, directivo o seguidor habrá quedado convencido de que sus oraciones tuvieron el efecto deseado: ganar el partido. Que Dios tuvo que ver en el triunfo (¿o en el fracaso del otro?).

¿Qué le pide a Dios un jugador que esta a punto de ejecutar un tiro penal, y qué le pide a Dios el portero que en ese mismo momento intentará pararlo?

Es obvio que el primero le pide meter la pelota a la portería y el segundo, pararla.

Frente a estas dos peticiones simultáneas la pregunta es: ¿que hará Dios? A quien le hará el favor, ¿al tirador o al portero? ¿Al que fue a misa o al que no fue; al honorable o al deshonesto?

La respuesta es que a nadie. Porque independientemente de las cualidades o defectos morales de los involucrados, de su fe o de su falta de fe o de que hayan o no rezado, si la penal es bien tirada será gol. Si no, pos' no.

Y no hay plegaria que pueda cambiar el curso de un tiro desviado, porque Dios no interviene para que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de quienes le piden algo. Ni tampoco en perjuicio de quienes no le piden nada, lo desconocen o ni siquiera le hablan.

Y es que la mayoría de la gente reza para pedir cosas. Piden la cura de enfermedades, la cancelación de deudas y favores de toda índole. Piden que sus problemas, cualquiera que estos sean, desaparezcan como por arte de magia.

El peligro de solicitar estas intervenciones divinas es que cuando las cosas resultan favorables al "pedinchi" si éste no tiene la capacidad intelectual o la cultura suficientes para atribuir el buen resultado a su esfuerzo personal, a los errores de otros, a las leyes de la naturaleza o a las condiciones físicas y materiales involucradas en el proceso, el peticionario queda religiosamente atrapado en una falsa ecuación mental: ritual + oración = deseo cumplido.

Esta fórmula, equivocada a más no poder, es utilizada como sustituto del esfuerzo personal, de la planeación y del trabajo. Y quienes creen en ella, cada vez que enfrentan un reto, en lugar de ellos mismos prepararse para vencerlo, repiten la cómoda fórmula, y le piden a Dios que "nuevamente" interceda en su favor.

Confían más en Dios que en ellos mismos, llegando al fanatismo extremo de incluso dejarse morir, por esperar la intervención de Dios en lugar de la del doctor.

Lo importante de casos como éste, de los que hay muchos, es entender que si por ejemplo el Atlas ganó, no fue por alguna intervención divina sino porque simplemente metieron un gol más que sus adversarios. Y la misa y las oraciones realizadas en todo caso sirvieron de motivación para jugar mejor y atinarle a la portería.

Si no se entiende así el resultado del partido, en lugar de haber sido de 3 goles a 2, habrá sido de 3 goles a Dios. Uno por cada distorsión, por cada superstición y por cada falsa ilusión.

El rabino Abraham Joshua Heschel (1907-1972) decía que la oración es acción. Es un punto de vista desde el cual observamos, desde el cual respondemos a los desafíos que enfrentamos.

En lugar de rezar para pedir intervenciones celestiales que modifiquen el curso natural de las cosas, hay que meditar, reflexionar y pensar en lo que uno mismo puede y debe hacer para cambiar el curso de las cosas que nos afectan o nos desagradan y actuar en consecuencia.

La oración (si algo es) es preámbulo a la acción. Es el inicio, no el fin. Y es por sobre todo, un acto privado, un compromiso personal, un acto íntimo y confidencial, que al menos en mi opinión, si se lleva a cabo en un estadio, con fotógrafos y televisión presentes, se convierte en un acto público, se sale del terreno de la intimidad y entra al terreno del espectáculo. Y ése hay que dejárselo al futbol.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 11 de octubre de 2007).


Son todos los curas de las tres religiones monoteístas, judíos, cristianos y musulmanes, quienes han traído al mundo la vergüenza del cuerpo, la repugnancia por el sexo (salvo en la sacristía) y la creencia en un Ser pleno de ira, venganza, mandatos, injustas predilecciones y megalomanía; un Poder Infinito que pone pruebas cuyo resultado conoce por anticipado y aplica la sevicia de torturas eternas, sin Comisión de Derechos Humanos, el llamado Jehová, Dios, God, Alá. ¿Hasta cuándo nos libraremos de sus voceros?

Pensemos en nosotros y en los terrores que la religión produce en muchos niños, en las lesiones psicológicas dejadas por un aprendizaje espeluznante que pinta un dios pícaro que mete zancadilla para vernos caer y luego, a diferencia del pícaro, que sólo se ríe de nosotros, nos manda al fuego eterno, siendo que no le pedimos ni la vida ni las pruebas. Es el Dios de católicos, protestantes, testigos de Jehová y cuanto hongo crece a esa sombra. Es el Creador cuya sublime maldad nos hizo de tal forma que debemos comernos unos a otros para sobrevivir: el conejo mata verduras, el lobo, conejos. Una avispa paraliza orugas para dar alimento vivo a sus larvas que devoran por dentro la oruga. ¿Bondad del Creador?

Nada produce más severos y permanentes daños que aterrar a los niños con imágenes de un Ser que exige sufrimientos y sacrificios, condena a la humanidad a padecer en esta vida y más en la eterna por el pecado de desobediencia más bobo imaginable: una mordida a lo que había prohibido y hace pasar la pena de padres a hijos y a nietos por los siglos de los siglos... hasta que no lo calma sino la sangre ¡de su propio hijo!; exige que Abraham lance al desierto a la esclava que le había dado un hijo porque ahora ya tiene otro, nacido de su legítima esposa.

Ahogó en un Diluvio Universal no sólo a niños inocentes, sino miles de animales y plantas que no tienen ni concepto de bien y de mal. Se cuidó de salvar una pareja de cada especie... aunque nunca nos explica esa infantil narración cómo hizo Noé para llegar a Australia y conseguir sus canguros, cómo llegó al Polo Norte por osos polares y al corazón de la Amazonia por sus boas constrictor. ¿Y por qué razón los peces, las almejas y otros seres marinos se salvaron del castigo? Historia ridícula escrita por pastores imaginativos.

Con citas de la Biblia los judíos apedreaban a muerte a la mujer encontrada en adulterio (pero no al hombre), y con citas de la Biblia los nazis llevaron a los hornos a seis millones de judíos, homosexuales y gitanos. Los esclavistas sureños en Estados Unidos probaban con la Biblia que Dios había hecho a los negros para servir a los blancos.

Y así seguiremos mientras no evitemos el nudo que nos atan en la infancia. Por eso las diversas iglesias nos quieren imponer la educación religiosa desde los primeros grados: saben que después, cuando la persona ya piensa, es demasiado tarde: la clientela no llega.

Luis González de Alba
(v.pág.19 del periódico Público del 15 de octubre de 2007).


La religión es mejor cuanto más lejos está del poder político (...) A veces, la gente piensa que si algo está hecho en nombre de la fe o la religión, debe de ser bueno. Por desgracia, eso no es cierto.

No sé si existe Dios o no. Nadie lo sabe, digan lo que digan (...) Si se mantiene invisible, es porque está avergonzado de sus seguidores y la crueldad e ignorancia de las que hacen uso en su nombre. Si fuera él, yo no querría tener nada que ver con ellos.

Philip Pullman, escritor d ela trilogía "La materia oscura"
(v.pág.6-E del periódico El Informador del 4 de diciembre de 2007).


Si Dios nos creó a su imagen y semejanza como expresa el texto bíblico, ¿por qué no salimos así?

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de diciembre de 2007).


No podemos volver al Estado Teocrático Medieval. Los calabozos de la Inquisición no son respuestas a los campos de "Gulag" (campos de castigo en Siberia). No vale la pena "sustituir el Estado-Partido por el Estado-Iglesia", una ortodoxia por otra. La única arma eficaz contra las ortodoxias, es el ejercicio de la crítica; para defendernos de la intolerancia y los fanatismos, no tenemos más recurso que ejercer, con firmeza, pero con lucidez, las virtudes opuestas: la tolerancia y la libertad de espíritu.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de diciembre de 2007).


Desde que se inventaron las religiones, o aparecieron, sus mandos, gobiernos o poderes son afines, parientes, cómplices o socios de quienes dominan políticamente; es más que sabido, aunque omitido. Y de aquí antes de la conquista europea, las teocracias no han tenido cabal solución de continuidad. Si se ha de admitir lo que ponderada y escrupulosamente propone Gonzalo Puente Ojea ("Fe Cristiana, Iglesia, Poder", S. XXI, España, 1991) "En un país de tradición cristiana, la disposición mental favorable a comportamientos fideistas es inculcada desde la infancia" lo que conlleva incapacidad o imposibilidad, según razona Puente, un "superego que condiciona drásticamente toda la economía afectiva de la personalidad". Si se aplican estas aserciones a los estados de la república, y a más de un área metropolitana, se reconocerá la facilidad de suscitar simpatías o empatías para un ávido de votos o cargos civiles, con faramallas seudo religiosas.

Francisco Martín Moreno, en su novela histórica "México ante Dios" (Alfaguara, México, 2006) previene y recuerda en su prólogo inevitable: "...sin olvidar a Victoriano Huerta porque el asesino tuvo la osadía de invocar en la Cámara de Diputados el nombre de Dios, ni a la 'dictadura Perfecta' y a sus otros 70 años de imposición corporativa priista que culminaron con notable éxito el desquiciamiento del país. ¿Cuándo vimos predicar a la iglesia desde los púlpitos el amor a la democracia?".

Y otra vez, no obstante, se señala y requiere: "La tan extendida insatisfacción espiritual es debida a la neurosis de vacío que está desgarrando al mundo, no sólo en política, sino emocionalmente. Somos hijos de nuestro tiempo, escépticos, incrédulos nihilistas... Todas las fes hoy vivas ansiosamente buscan sobrevivir y se están readaptando a las nuevas condiciones de la vida. El Hinduismo y el Budismo revisan su actitud social mientras preservan sus valores permanentes..." (S. Radhakrishnan, "La Religión y el Futuro del Hombre", Guadarrama, 1969). Más les vale, fe y poder se anulan, finalmente. Revísese la historia en todos los tiempos y continentes.

Froylán M. López Narváez
(v.pág.10 del periódico Mural del 27 de diciembre de 2007).


Lo que es irracional lo puede entender cualquiera. Es por eso que la religión apareció en el mundo tan temprano y se extendió tanto, mientras que la ciencia apareció muy tarde y no se ha extendido casi nada.

G.K.Chesterton


Algunas lectoras se inconformaron por mi comparación de Dios con un perro. Comprendo que mi aserto puede ofender ciertas sensibilidades religiosas, pero desafortunadamente no puedo autocensurarme en lo futuro para complacerlas, toda vez que tengo sobrados argumentos para escribir lo que escribí:

  1. Al menos desde Ockham (siglo 13) sabemos que los adjetivos Todopoderoso, Omnipresente, Omnisciente, Alpha y Omega no contribuye en nada a nuestra comprensión de Dios, pues son realidades metafísicas inaccesibles a la experiencia humana concreta.
  2. De ahí que no sea mala idea partir -como hace Tomás de Aquino en su "vía de los grados de perfección"- de una experiencia común (como la nobleza de un animal) y exagerarla a su máxima expresión para forjarnos una mejor idea de Dios.
  3. Suponer que comparar a Dios con un animal es denigrarlo es un prejuicio exclusivo de los monoteísmos occidentales, ya que tanto en el mundo griego como en las religiones orientales (budismo, jainismo e hinduismo), todos los seres vivos tienen idéntica dignidad.
  4. Si comparar a Dios a un animal es ofensivo, habría que preguntarse por qué el arte cristiano, a lo largo de 20 siglos, no ha tenido objeción en presentar al Espíritu Santo como un pájaro.
  5. Puesto que Dios es Omnipotente nada le impide manifestarse como perro, toda vez que en otras ocasiones lo ha hecho como zarza ardiente (Exodo 3:2), paloma (Marcos 1:10), lenguas de fuego (Hechos 2:3), libro (Corán) y, en el capítulo 11 del Bhagavad Gita como todo lo existente.
  6. Finalmente, según la Cábala judía el acto de amor más propio de Dios (tzimtzum) es manifestarse de tal manera que pueda ser captado por todos -a través de un perro, un amanecer, un hijo- y en este misterioso roce, transformar nuestra existencia.
  7. Como decían los antiguos gnósticos: no encojamos el Misterio de Dios para que quepa en los estrechos moldes que nos han creado los teólogos, mejor ensanchemos el alma para poder ver en todos lados -inclusive en la nobleza de un perro- Su Misterio.

Dra.Claudia Ruiz Arriola
(v.pág.10 "Cartas del lector" del periódico Mural del 17 de enero de 2008).


Un libro ateo para niños del autor, Michael Schmidt-Salomon, ha desatado una polémica en Alemania. El libro, titulado ¿Cuál es el camino hacia Dios?, preguntó el cerdito, ha sido criticado también por reducir las 3 religiones monoteístas a sus corrientes fundamentalistas.

Los personajes centrales son un cerdito y un erizo, que intentan iniciar una conversación sobre Dios en la que salen malparados un rabino ultraortodoxo, un imán musulmán y un obispo.

Schmidt-Salomon, presidente de la Fundación Giordano Bruno, que tiene como objeto propagar el pensamiento laico en Alemania, ha respondido a esas críticas sugiriendo que la religiosidad auténtica es siempre fundamentalista.

"No debemos cometer el error de confundir la religión light con la auténtica religión. El que la mayoría de la gente en este país no padezca una obsesión religiosa o que sólo la sufra en dosis homeopáticas no quiere decir que ésta no sea socialmente significativa en el mundo", dijo Schmidt-Salomon.

Para Schmid-Salomon, la obsesión religiosa avanza como una epidemia y para él su libro es una alternativa para los padres ateos o agnósticos que trata de compensar un poco los muchos libros para niños que existen con contenidos religiosos.

De momento, los defensores del libro de Schmidt-Salomon lo llaman el "Dawkins para niños" -en alusión a Richard Dawkins, por su bestseller contra la religiosidad- y han iniciado una campaña en contra del intento del Ministerio de Familia de incluir el libro entre los peligrosos para la juventud.

El ministerio está convencido de que el libro, con su ridiculización de las 3 religiones, incita al odio y que por lo tanto puede considerarse peligroso para la juventud.

Schmidt-Salomon se define como ateo, pero sostiene que la argumentación de su libro no es atea sino agnóstica y recuerda que al final el cerdo saca la conclusión de que o Dios no existe o, si existe, en todo caso no vive en esos "castillos de tinieblas" a los que se refiere la iglesia, la sinagoga y la mezquita.

(V.pág.44 del periódico Público del 4 de febrero de 2008).


Adán le preguntó al Señor: -¿Quiénes serán los mejores teólogos del mundo?

-Te diré- respondió el Creador: -Los mejores teólogos del mundo se llamarán Copérnico, Galileo, Paracelso, Sevet, Newton, Pasteur, Darwin, Einstein, Freud...

-Señor-, dudó Adán, -entiendo que esos señores habrán de ser científicos.

-Y teólogos también- dijo el Creador. -Son ellos los que mejor explicarán mi creación, y por lo tanto, los que mejor me explicarán a Mí.

El problema de las religiones es que establecen una radical separación entre el mundo de lo natural y el mundo de lo sobrenatural. en eso se basan todas las religiones: En la división entre el mundo que vemos, y el que sólo podemos conocer a través de lo que nos dicen los profesionales de cada creencia.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 9 de febrero de 2008).


El amor del género humano es inimaginable, ininteligible y completamente imposible si no va acompañado por la fe en la inmortalidad del alma del hombre.

Fedor Dostoievski


Benedicto XVI advirtió ayer que existe en la actualidad el riesgo, para todo creyente, de practicar una "religiosidad no auténtica" que pretende "usar a Dios" como una especie de amuleto mágico.

"En cuántas ocasiones nuestra fe se manifesta frágil, nuestra confianza débil, nuestra religiosidad contaminada por elementos mágicos y meramente terrenos", apuntó el líder católico en la homilía de una misa que presidió en una parroquia, en Roma.

Según el Sumo Pontífice "muy a menudo" ocurre también que los cristianos de hoy buscan la respuestas más íntimas del corazón no en Dios sino que pretenden utilizarlo como si El estuviera al servicio de nuestros deseos y proyectos.

(V.pág.20-A del periódico El Informador del 25 de febrero de 2008).


La religión, sempiterna adversaria de la libertad humana, se ha opuesto siempre a una misericordiosa eutanasia a los seres que doloridamente la reclaman. El doctor Jack Kavorkian que ayudó a bien morir a 130 desdichados en los Estados Unidos, purga hoy una condena de por vida por haber tenido compasión de sus sufrimientos.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de marzo de 2008).


Soberbia... Envidia... Gula... Avaricia... Pereza... Ira... Lujuria... Tales son los 7 pecados capitales que en su olvidado catecismo enumeró el buen padre Ripalda. (Puse primero a la soberbia porque de ella nacen todos los demás pecados. Y al final puse a la pobrecita lujuria porque es culpa tan efímera y tan frágil que con los años se termina. Para matar a los otros pecados debe uno combatir contra ellos, pero la lujuria muere de muerte natural. Y, sin embargo, pese a ser una culpa tan humilde como ese borriquito que nuestro cuerpo es, la lujuria es la falta más temida y condenada por los clérigos, pues en ella va envuelta la mujer, a quien algunas religiones ven con ojos de sospecha y de temor, y por tanto la marginan todavía y la ponen por abajo del varón). Pues bien: a los pecados que el padre Ripalda mencionaba la Iglesia añade ahora algunos más, entre ellos la acumulación de riqueza. Ciertamente el dinero ha sido visto siempre con recelo por la religión católica. La frase aquella del camello y el ojo de la aguja puso en los ricos un estigma o sambenito: se les juzga de salvación difícil y de fácil acceso a los infiernos. Eso no obsta, claro, para que algunos obispos coqueteen de día con los pobres y de noche se acuesten con los ricos; pero en lo general se sigue considerando que el dinero es el estiércol del diablo, y se condena la riqueza en sí. Muy diferente es la actitud asumida por el protestantismo. Ahí la riqueza no es cosa del diablo, sino de Dios. En países de tradición católica -México, entre ellos- ser rico es una culpa, y ser pobre es un mérito que lleva al cielo. En las naciones de raíz luterana o calvinista la riqueza es el premio que el Señor concede a quien trabaja, y la pobreza es motivo de vergüenza para la comunidad. Es justo, entonces, condenar a la avaricia, insana acumulación de riqueza por la riqueza misma -la clásica imagen del avaro contando sus monedas a la luz de una vela en un zaquizamí-; pero esa execración no debe incluir a la riqueza cuando ésta es fruto del trabajo y el talento honrados, y cuando sirve para que otros puedan trabajar también y allegarse los bienes necesarios para una vida digna, y se aplica a obras de beneficio a los demás. La exaltación de la pobreza interior -"Bienaventurados los pobres de espíritu"- es cosa buena, pero proponer la pobreza en sí como virtud que conduce a la salvación eterna, y en ese contexto ver a los ricos como réprobos, es algo que propicia el atraso de los pueblos, ese atraso, precisamente, en que vive -o sobrevive- el pueblo mexicano. En fin, como decía el inolvidable Chaparro Tijerina: "El dinero no compra la felicidad; sobre todo si es poco"...

Armando Fuentes Aguirre, "Catón"
(v.pág.7 del periódico Mural del 13 de marzo de 2008).


Los argumentos racionales, no importa cuán sólidos y aplastantes sean, se hacen siempre añicos, si se les refuta con el úcase temible de la divinidad. Si Dios mismo ha decidido que el hombre y la mujer "sólo" pueden hacer el amor para procrear hijos y que, por lo tanto, la razón de ser última del cuerpo femenino sea la trascendente y sagrada de la procreación, ¿de qué puede valer ante ello, mil estadísticas miserablemente pedestres, convertida en una práctica generalizada, aquella decisión condena a cientos de millones de mujeres a una vida de servidumbre animal, puebla el planeta de niños miserables y eterniza a las naciones del Tercer Mundo, aquejadas de demografías galopantes, en el subdesarrollo y la pobreza? ¿Cómo podría hacer mella, en una ineluctable decisión fraguada desde el principio del tiempo por el Ser Supremo, la comprobación científica de que si no se pone en práctica lo antes posible a escala mundial una efectiva política de control de la natalidad, los sufrimientos y tragedias sociales de hoy se habrán multiplicado, generando indecibles holocaustos y Apocalipsis para los pobres de este mundo, que serán la gran mayoría de los seres humanos?

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de marzo de 2008).


Si nos propusiéramos rendir testimonio sobre el nefando influjo de las religiones en las vidas de los hombres y las mujeres, ejemplos no nos faltarían. La historia de las religiones, en particular la de los monoteísmos, es la historia de un crimen continuo y versátil contra la humanidad. El espectro de ultrajes cometidos en nombre de Dios es espectacular: va desde la misma petición de fe hasta el genocidio, pasando por todo tipo de engaños, abusos, persecuciones, intolerancia, extorsiones, xenofobias, violaciones, supercherías, martirios, complicidades con otras tiranías, campañas de desdoro contra el cuerpo, el placer, el humor y la diferencia.

Romeo Tello A.
(v.pág.6 del suplemento "Visor" del periódico Público del 16 de marzo de 2008).


Lucrecio o Cicerón creían en el alma, pero como una fuerza vital que se disipaba con la muerte. Y eran ateos del segundo caso platónico: hay dioses, pero les importa un cuerno la vida humana y la de los caracoles.

Incluso como mero recurso de la inteligencia, la existencia de Dios me permite varios procedimientos. En primer lugar, ni la verdad ni el sentido dependen de que yo los comprenda. (Lo mismo se puede decir respecto del sufrimiento: si no hubiera Dios carece de sentido). Puedo andar por el mundo con dudas y confusiones porque Alguien, que no soy yo, y que tampoco es tan falible como yo, sostiene y garantiza el sentido. Si no fuera de ese modo me declaro loco y ya.

Julio Hubard
(v.pág.7 del suplemento "Visor" del periódico Público del 16 de marzo de 2008).


El filósofo judío Martin Buber -citado por el teólogo Juan José Tamayo en sus "reflexiones sobre laicismo, política y religión"- afirma que "los hombres dibujan un monigote y escriben debajo la palabra 'Dios'. Se asesinan unos a otros, y dicen: 'Lo hacemos en nombre de Dios'..."

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de marzo de 2008).


Aunque en lo personal soy agnóstico, estoy firmemente convencido de que la religión cumple una función social de primer orden y que es insustituible para garantizar una vida espiritual y una guía moral a la inmensa mayoría de los seres humanos, a quienes una cultura exclusivamente laica sume en la confusión y en un peligroso anonimato moral. A condición de que exista una nítida separación entre la iglesia y el estado, que permita a éste frenar a aquélla cuando tienda a transgredir los límites de lo espiritual y pretenda constituirse como poder temporal, la religión es un ingrediente básico de la civilización.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de marzo de 2008).


Los 7 pecados capitales según Mahatma Gandhi:
  1. Riqueza sin trabajo,
  2. Placer sin conciencia,
  3. Conocimiento sin carácter,
  4. Negocios sin ética,
  5. Ciencia sin humanidad,
  6. Religiosidad sin sacrificio,
  7. Política sin principios.

La peor ebriedad, la más nociva y peligrosa, es la ebriedad de un Dios. Quien sufre esa embriaguez, se siente por encima de los hombres y cree que Dios habla por él. ¡Cuidado con los embriagados de lo sagrado, son capaces de profanarlo todo!

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 12 de abril de 2008).


Las religiones proveen de reglas bajo las cuales vivir; ofrecen solaz en tiempos de problemas y un sentimiento de comunidad. Algunos estudios económicos sugieren que esto puede promover niveles más altos de educación e ingresos, más matrimonios y menos divorcios.

Un club así necesita de reglas fuertes y creíbles. Como en el matrimonio, la membresía será más valiosa de acuerdo con el compromiso que los participantes tengan con la causa común. Las reglas exigentes -como el celibato o no comer carne durante la Vigilia- ayudan a elevar el nivel de compromiso.

Las reglas estrictas, dice el economista ganador del premio Nobel Gary Becker alejan a los oportunistas que desean disfrutar de los beneficios de la membresía, pero que no están dispuestos a invertir el fervor suficiente en la empresa.

También las reglas proveen de dispositivos de compromiso -como los planes de 10 puntos para dejar de beber. Y unen más cercanamente a los miembros al sustituir tabúes -como beber y bailar- con actividades aceptables, como la plegaria o la escuela dominical.

Larry Iannaccone, un economista de la Universidad George Mason, quien ha estudiado la historia y el comportamiento de las religiones, observa que algunas de las más exitosas en cuanto al reclutamiento inmediato de nuevos feligreses, como los Testigos de Jehová o los Cristianos Pentecostales, que cuentan con congregaciones muy fervientes, tienen requisitos estrictos. Las religiones relajan las reglas bajo su propio riesgo. Para Iannaccone, "cuando las iglesias suavizan las exigencias que les hacen a sus miembros debilitan su credibilidad".

El Vaticano está particularmente atento a estas constricciones. El catolicismo ha perdido atracción en muchas partes del mundo. Sólo 24% de los estadunidenses adultos se identifican con la Iglesia católica, aunque más de 31% dice que fueron criados en esa fe. En Italia, sólo 1 de cada 4 individuos que respondieron a una encuesta en el año 2002 dijo que la religión era muy importante.

Muchos tradicionalistas atribuyen el declive de la Iglesia Católica al debilitamiento de sus constricciones. Piensan que fue dañada por el Concilio Vaticano II a mediados de 1960, que intentó que la Iglesia católica estuviese más cerca de la gente, proclamó la libertad religiosa, acogió a miembros de otras creencias cristianas y aceptó la verdad en otras religiones.

Por lo tanto, tal vez no sea sorprendente que la Iglesia de Roma haya estado avanzando en la dirección contraria. El papa Benedicto XVI ha traído de regreso ritos abandonados después del Vaticano II y reafirmó la posesión que tiene su Iglesia sobre la verdad.

En este contexto, sería peligroso actualizar los pecados de una manera que pueda quitarle el énfasis a las violaciones individuales y cambiar el enfoque a los crímenes sociales que conllevan una culpa colectiva y, por lo mismo, diluyen la personal. Los pecados nuevos podrían ajustarse mejor al mundo moderno, pero se arriesgan a enajenar a sus miembros.

Juan Porter
(v.pág.29 del periódico Público del 13 de abril de 2008).


Los hombres más peligrosos que hay son los que dicen hablar en nombre de Dios. Alejémonos de los profetas vociferantes, de los predicadores estentóreos; huyamos de quienes creen tener una franquicia otorgada por la divinidad. En nombre de Dios sólo pueden hablar sus creaturas: las estrellas, las flores, el diminuto insecto, las aves, el mar... En ellos está la palabra divina.

Malbene, teólogo


¿Qué intereses protege el cardenal Sandoval cuando acepta el donativo gubernamental? La respuesta la proporciona Joseph Ratzinger, por escrito. Dice: "En el curso de los siglos, bajo distintas formas, ha existido esta tentación de asegurar la fe a través del poder, y la fe ha corrido siempre el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para que el reino de Jesús no pueda ser identificado con ninguna estructura política hay que librarla en todos los siglos. En efecto, la fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios." (Ver Ratzinger, J. Jesús de Nazaret. Ed.Planeta, Pág.65 México 2007). La Iglesia jerárquica mexicana no puede hacerse la sorda. Más claro imposible.

Miguel Bazdresch Parada
(v.pág.17 del periódico Público del 20 de abril de 2008).


En el miedo a la muerte se fincan todas las religiones.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de mayo de 2008).


Lo más inspirador que alguna vez me dijo el Dalai Lama fue que ignorara todas las religiones organizadas y me mantuviera en el camino hacia una conciencia más alta. "Sin apoyarnos en la religión, acudimos al sentido común, a la experiencia común y a los descubrimientos de la ciencia para el entedimiento", me dijo.

Deepak Chopra
(v.pág.33 de la edición internacional de la revista Time del 12 de mayo de 2008).


El biólogo inglés Richard Dawkins ha hablado de una epidemia de ignorancia voluntaria y virtuosa. Se trata de una enfermedad que infecta la mente. Quienes padecen este malestar sienten la necesidad de creer en algo sin base en prueba o razón que fundamente su credo (dogma). Creen que el carácter misterioso de una convicción es, en sí mismo, algo bueno; la certificación de su altísimo significado. Los católicos -dice el intelectual inglés- creen que llamar a algo "misterio" lo resuelve todo.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de mayo de 2008).


Einstein, quien ayudó a desenredar los misterios del universo con su teoría de la relatividad, expresó puntos de vista complejos y probablemente contradictorios sobre la fe, percibiendo un universo empapado de espiritualidad a la vez que rechazando la religión organizada.

Einstein escribió que "la palabra Dios no es para mí sino la expresión y el producto de la debilidad humana, la Biblia una colección de honorables pero primitivas leyendas las cuales son, de cualquier forma, muy infantiles".

"Para mí", agregó, "la religión judía, como todas las demás, es la encarnación de las más infantiles supersticiones".

John Brooke, profesor emérito de ciencia y religión en la Universidad de Oxford, comentó que el escrito de Einstein reforzaba la noción de que "no era un teísta convencional" - aunque tampoco era un ateo.

"Como muchos grandes científicos del pasado, era bastante peculiar acerca de la religión, y no siempre consistente de un periodo a otro", explicó Brooke.

Nacido en una familia judía en Alemania en 1879, Einstein declaró que tuvo una fase devota cuando era niño, antes de comenzar a cuestionar la religión convencional a los 12 años.

Posteriormente en su vida, expresó un sentimiento de admiración ante el universo y sus misterios -lo que él llamó un "sentimiento religioso cósmico"- y es famoso por haber dicho: "La ciencia sin la religión está coja, la religión sin la ciencia está ciega".

Pero también dijo: "No creo en el Dios de la Teología que recompensa el bien y castiga el mal. Mi Dios creó leyes que se encargan de eso. Su universo no es gobernado por ilusiones, sino por leyes inmutables".

Brooke concluyó que Einstein creía que "existe algún tipo de inteligencia trabajando a través de la naturaleza. Pero ciertamente no es una visión religiosa cristiana o judía convencional".

(V.Associated Press del 13 de mayo de 2008).


Preferiría que nuestros líderes se apoyaran en la ciencia y en la lógica en vez de en la fe, es menos peligroso.

Rosamund Hubley - Londres, Inglaterra
(v."Ibox" de la edición internacional de la revista Time del 30 de junio / 7 de julio de 2008).


¿Es realmente cierto que todas las religiones tienen esta virtud adormecedora? José Saramago es de una opinión completamente diferente y en muchas ocasiones se lanzó contra las religiones, pues las considera fuente de conflicto: "Todas las religiones, sin excepción, nunca servirán para acercar y reconciliar a los hombres, al contrario, son y siguen siendo causa de sufrimientos indescriptibles, de tragedias, de violencias monstruosas, físicas y espirituales, y constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana". (La Repubblica, 20 de septiembre 2001.)

Sobre las banderas nazis estaba escrito "Gott mit uns" (que significa "Dios está con nosotros"); que masas de capellanes militares bendecían los gallardetes fascistas, que católicos y protestantes se han masacrado encantadoramente durante muchos años, que tanto los cruzados como sus enemigos estaban empujados por motivos religiosos, que para defender la religión romana se permitía que los cristianos fueran devorados por leones, que por razones religiosas fueron encendidas muchas hogueras, que son muy religiosos los fundamentalistas musulmanes, los que realizaron los atentados de las Torres Gemelas, Osama y los talibanes que bombardeaban a los Budas, que por razones religiosas hay luchas entre India y Pakistán, y que, finalmente, invocando el "God bless America" Bush invadió Irak.

Umberto Eco
(v.pág.5 del suplemento "Visor" del periódico Público del 6 de julio de 2008).


La educación de las conciencias libres, críticas y responsables, constituye la meta que distingue a la enseñanza de la indoctrinación. La indoctrinación inculca las certidumbres del dogma que nos aherroja al primitivismo intelectual, mientras que la educación nos induce a pensar por cuenta propia como vía única para el conocimiento positivo de la realidad.

Flavio Romero de Velasco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 12 de julio de 2008).


Como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger había mostrado sus reservas ante las visiones y milagros, denunciando con frecuencia sus abusos.

(V.pág.16-A del periódico El Informador del 15 de septiembre de 2008).


No hay que ser religioso para darse cuenta de que sin las religiones la vida sería infinitamente más pobre y miserable para los pobres y los miserables, y, también, de que los pueblos tienen las religiones que les hacen falta.

Aunque no soy católico (creyente sí), estoy convencido de que una sociedad no puede alcanzar una elevada cultura democrática, si no está profundamente impregnada de esa vida espiritual y moral que, para la inmensa mayoría de los seres humanos, es indisociable de la religión.

Flavio Romero de Velasco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 4 de octubre de 2008).


El teólogo Malbene, en la revista de la Universidad de Leyden, escribió: "Dios es amor, pero las religiones no. En vez de unir, separan, y al reclamar cada una la verdad, todas contienen en sí mismas la semilla de la discordia, y aun del odio. Un ateo bien educado es menos peligroso que un creyente fanático. Es imposible suprimir la idea de Dios, pero si hemos de creer en Dios, creamos en El razonablemente".

Flavio Romero de Velasco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de octubre de 2008).


Es pura vanidad creer que los dioses se ocupan de nosotros. Los dioses no son temibles porque nosotros, efímeros, mal hechos, no merecemos nada más que su indiferencia.

Epicuro


Llaman ahora "diseño inteligente" a la viejísima idea de que el cosmos y los seres humanos fueron creados por una divinidad que hizo tonterías tan grandes y diseño tan poco inteligente como pasar la uretra de los hombres por la próstata y con ello conseguir muertes horrorosas, entre dolores tremebundos, cuando esa glándula productora de líquido seminal se inflama e impide el vaciado de la vejiga. Por eso en otros tiempos era tan frecuente que los hombres de edad mediana murieran "de un dolor".

En fin, argumentos contra el diseño inteligente sobran. Otro, contra la bondad de esa divinidad, es que nos haya creado para comernos los unos a los otros, porque hasta el vegetariano más estricto devora una pobre lechuga e inermes zanahorias, tan vivas como una vaca.

Luis González de Alba
(v.pág.32 del periódico Público del 21 de diciembre de 2008).


Probablemente Dios no existe.

Entiendo que a veces a uno le dé flojera que lo pongan a pensar. Pero que alguien se enoje porque lo inviten a hacerlo, eso ya habla de patologías. Es lo que sucedió, primero en Londres y luego en otras ciudades, al comenzar una campaña de publicidad provocadora en los autobuses: Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida.

Según el diario El País, esa frase circulante ha generado molestias entre los grupos religiosos de España, quienes la consideraron una falta de respeto a los creyentes. El arzobispado de Barcelona salió pronto a la defensa de la fe, argumentando que ésta no es incompatible con "gozar honestamente". Otros, evangélicos, ya lanzaron su contraofensiva: Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo, y la traen rodando en un autobús por la Comunidad de Madrid.

La campaña, es cierto, resulta tan polémica como pretenciosa. Para sus organizadores, de lo que se trata es de hacer pensar y sostienen que pensar es contrario a la religión. En realidad la frase que utilizan supone que la vida es más disfrutable sin fe religiosa, lo cual es ya un prejuicio qua habría que revisar: como si las preocupaciones básicas desaparecieran si desapareciera la fe. A fin de cuentas manejan un "ateísmo salvador", bastante caricaturizado, que no los libra de proponer una militancia a cambio de otra. Y si ya tenemos suficiente con la militancia religiosa, para qué queremos cambiarla por una igual pero de signo de contrario.

De cualquier manera, y como yo soy de los que van a morir de curiosidad, me parece francamente divertido que alguien se interese públicamente en asuntos de creencias religiosas y se atreva a lanzar el desafío de ponerlas en duda. Si esos líderes religiosos españoles estuvieran más seguros de lo que creen, no se enojarían tanto: ellos mismos caen en el error de creer que pensar es contrario a su fe. Otros más listos se han ido por vías distintas y han dicho que la campaña alienta el interés en Dios, o que puede lograr que algunos se interesen en las preguntas más fundamentales de la vida; han afirmado que el cristianismo es para gente que no tiene miedo de pensar en la vida y su significado.

Ojalá que esta campaña llegue a México, pero que no la escriban en los autobuses. Porque disfrutar la vida en nuestros camiones, eso sí que está camión. La conclusión de nuestros defensores de la fe sería que el ateísmo es tan peligroso como el transporte público.

Diego Petersen Farah
(v.pág.12 del periódico Público del 11 de enero de 2009).


De manera peculiar, en Estados Unidos hubo grupos que pelearon para que el sistema de educación pública introdujera el concepto de "Diseño Inteligente" como una alternativa a la teoría de evolución. "Diseño Inteligente", es básicamente creacionismo con cambios semánticos para que se escuche más amigable y menos pues, raro -en un contexto científico.

En 2005, el consejo educativo del estado de Kansas sorprendentemente votó que deberían de enseñarse las 2 posturas. En vista que el fundamento de "Diseño Inteligente" dejaba ambiguo a un "Creador Inteligente", un gringo bastante abusado aprovechó el hueco para reclamarle al consejo que también se enseñara su religión. La misma parte de un monstruo de espagueti volador y plantea que existe una correlación entre el número de piratas activos y el calentamiento global -mi parte favorita.

Si Dios existe, me gustaría pensar que se rió. De hecho, pienso que en general se le han de hacer un tanto raras las cosas que debatimos en su entorno -y los uniformes de cada religión caray. Como se ha dicho ya, el razonamiento nos lo dio por algo.

Rodrigo Espinosa Marván
(v.pág.19 del periódico Público del 13 de febrero de 2009).


"Divinizar a la humanidad". La idea no es nueva: es la base del cristianismo (el hombre creado a semejanza de Dios), reivindicada después por el humanismo de la Ilustración (el hombre totalmente diferente de los animales porque es dueño de su destino). Pero somos animales. Es la lección de Darwin, que debemos recordar en su bicentenario: los humanos no somos divinos, somos animales que evolucionamos ante los cambios de la naturaleza, la cual nos puede llevar a la extinción. Pues somos mortales.

Carlos Tello Díaz
(v.periódico Público en línea del 20 de febrero de 2009).


No se sabe qué haga más daño, si no tener una religión o tener demasiada religión. Entre un ateo pacífico y equilibrado, o un creyente a ultranza dispuesto a matar en nombre de su Dios, prefiero mil veces al ateo. La relación con Dios es peligrosa, si no nos lleva a tener una buena relación con los hombres, con todos los hombres y con todas las criaturas. Es malo estar cerca de Dios, si su cercanía fanática nos hace estar lejos del prójimo.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador el 21 de febrero de 2009).


Yo soy un ateo que, para serle sincero, se siente profundamente ofendido por las prácticas y creencias de la religión organizada. No necesito de los sermones de moralistas profesionales para saber cómo debo comportarme. Y tampoco necesito de un dios que me lo señale. Soy muy capaz de llevar una existencia moral sin necesidad de dar crédito a creencias imposibles de demostrar, que se encuentran más allá de la credulidad, y que, en mi opinión, no son más que cuentos de hadas para niños inventados por adultos, con el mismo fundamento en los hechos que la creencia en Santa Claus. Supongo que está al tanto de los escritos de Bertrand Russell. Bertrand Rusell, el distinguido matemático y filósofo británico que ganó el Premio Nobel de Literatura. Una de las obras literarias por las que se le otorgó el premio Nobel es un famoso ensayo, que primero dictó en una conferencia en 1927, "Por qué no soy cristiano".

Yo lo conozco porque me aprendí de memoria muchas de sus páginas. No se me han olvidado, y me prometí nunca hacerlo. Este ensayo y otros por el estilo contienen los argumentos de Russell no sólo contra la concepción cristiana de un dios sino también contra el concepto de dios que sostienen las grandes religiones del mundo, que a Russell le parecen, todas ellas, falsas y nocivas a la vez.

Philip Roth, "Indignación"


El problema religioso mayor con la evolución por selección natural no es que no deje lugar a la acción divina, pues ya desde Pierre Teilhard de Chardin hay religiosos que la proponen, y desde Pío XII la Iglesia católica la acepta como el posible método elegido por Dios para la diversidad de la creación. No, el problema es que no deja lugar para la bondad divina: la naturaleza no es siquiera cruel, es impasible. No la conmueve el piar del gorrioncito caído del nido, ni la estéril defensa del cachorrito de león ante el león adulto enemigo, tampoco los gritos de una madre humana a la que un hijo pequeño se le ha caído a un pozo profundo. Sólo elige: ciertos niños de ciertos padres mueren más que otros. Punto. Los escandinavos recurren a una fórmula: el silencio de Dios, para explicar esta impasibilidad ante el dolor.

Luis González de Alba
(v.pág.27 del periódico Público del 22 de febrero de 2009).


En un muy discutido estudio de 1988 el cardiólogo Randolph Byrd, del Hospital General de San Francisco, encontró que a los pacientes cardiacos por quienes se oraba les iba mejor que a aquellos por quienes no se oraba. Pero un estudio mayor en 2005, por el cardiólogo de la Universidad de Harvard Herbert Benson, contradijo los resultados del anterior, reportando que ocurrieron complicaciones en el 52% de los pacientes a los que se les praticó un bypass cardiaco y por quienes se intercedió con oraciones. En los que no recibieron intercesiones ocurrieron complicaciones en el 51%. El profesor de medicina del comportamiento de la Universidad de Columbia, Richard Sloan, comenta que la simple intención de encontrar una base científica para una relación entre la oración y la salud es una tontería, por la más básica razón metodológica: "Es imposible saber qué tanta oración se recibe", dice, "y dado que no se sabe eso, no se puede determinar una dosis".

Jeffrey Kluger
(v.pág.37 de la edición internacional de la revista Time del 23 de febrero de 2009).


El sacrificio voluntario, dependiente de un esfuerzo continuo y prolongado para alcanzar una meta, conlleva libertad y promesa; el forzoso gesta ansiedad, angustia, depresión. Es muy distinto el sacrificio de una madre para dar a sus hijos lo que necesitan, al de la esposa que aguanta la violencia de un esposo.

Pero el fanatismo religioso convoca al pensamiento mágico e invita a obedecer, a no pensar, a repetir sin reflexionar lo que se espera supuestamente de los cristianos. Las consecuencias son fatales. La clínica psiquiátrica, la psicológica, dan cuenta de innumerables víctimas con problemas emocionales y mentales. También la Procuraduría de Justicia comparte estadísticas de casos de violencia hasta la muerte, porque las mujeres se sacrificaron por creencias religiosas. "Es mi cruz", suelen decir mujeres cuando narran la historia de maltrato severo que les propinan sus maridos.

Algunos sacerdotes sensibles al poder de sus palabras han ayudado a liberar a sus fieles del sufrimiento estéril y enfermizo, el que, lejos de redimir, hace escuela en las familias.

El mismo Benedicto XVI, en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, con motivo del aniversario de la Declaración de los Derechos Universales, manifestó que "la presencia de Dios, tanto en la conciencia de cada hombre como en el ámbito público, es un apoyo firme para el respeto de los derechos fundamentales de la persona y la edificación de una sociedad cimentada en ellos". Agregó que el único objetivo de la Iglesia es servir al hombre, inspirándose, como norma suprema de conducta, en las palabras y en el ejemplo de Jesucristo, que "pasó haciendo el bien y curando a todos", como dice el libro de Hechos de los Apóstoles.

Pero también dentro de la jerarquía de la Iglesia persisten ideas oscurantistas y bajo sus mantos se difunden en sus homilías mensajes convocando al autosacrificio y flagelación como requisito para la salvación. No existe mucha diferencia entre esta creencia y la de los musulmanes que se inmolan. En ambos casos, son sacrificios enfermizos a la luz de la psicología.

Vividas así las religiones, son un factor de riesgo para la salud mental de la gente y un peligro para la sociedad.

Josefina Leroux
(v.periódico Mural en línea del 9 de abril de 2009).


En sus discusiones a favor de aumentar el gasto para la investigación científica y la educación superior en Estados Unidos, Steven Weinberg acepta haber "logrado un récord perfecto: no haber cambiado nunca el parecer de nadie". Sabiendo que no se trata de convencer, se propuso ofrecer sus ideas sobre cómo es posible vivir sin Dios.

¿Cómo es posible vivir sin Dios? Después de analizar las fuentes de tensión entre religión y ciencia, Weinberg advierte: ante todo, cuidado con los sustitutos: sería mejor adorar a Dios que adorarnos los unos a los otros. En realidad hay que aprender a vivir sin adorar: muchos de los horrores del siglo XX fueron obra de regímenes que rechazaban enseñanzas religiosas pero copiaban las peores características de la religión misma.

Quizá la más atractiva de las opiniones de Weinberg es la necesidad de recurrir al humor. Un poco de risa autoburlona no hace que la tragedia de vivir disminuya, pero la pone en perspectiva: "podemos sentir una jovialidad empática hacia nosotros mismos cuando nos vemos intentando vivir en equilibrio sobre el filo de la navaja".

Además, ahí están los placeres cotidianos de la vida, tan mal calificados por los fanáticos religiosos. "Y no desdeñemos los placeres de la carne: quienes no somos fanáticos podemos regocijarnos, porque cuando el pan y el vino dejan de ser sacramentos siguen siendo pan y vino". Weinberg tiene claro que el abandono de la religión no nos llevará a ninguna decadencia moral.

"Hay muchas personas que no profesan una religión y viven vidas moralmente ejemplares, y aun cuando la religión ha inspirado en ocasiones estándares éticos admirables, también ha fomentado con frecuencia los crímenes más odiosos." Sin embargo, lo que más extrañarán quienes han perdido sus creencias religiosas es la promesa de que nuestras vidas continuarán después de la muerte y de que allá encontraremos a quienes hemos querido. "Vivir sin Dios no es fácil. Pero la dificultad misma que conlleva ofrece otra consolación: que hay un cierto honor, quizá tan sólo una adusta satisfacción, en enfrentar nuestra condición sin desesperanza y sin ilusión, con buen humor, pero sin Dios". Alabado sea.

Luis Petersen Farah
(v.pág.14 del periódico Público del 12 de abril de 2009).


Desde el punto de vista de los orígenes, la doctrina y la tradición, no hay religiones modernas y primitivas, flexibles o inflexibles, democráticas y autoritarias. Todas, incluido el benigno budismo, son dogmáticas y autosuficientes, convencidas de poseer una verdad absoluta y la autoridad moral necesaria para imponerla a los demás, aun con derramamiento de sangre... Si la religión católica ha dejado de mandar herejes a la hoguera, y las tenazas y parrillas del Santo Oficio se han enmohecido, en tanto que, en cierta forma, el fundamentalismo islámico mantiene vivas dichas prácticas y se jacta de ellas sin rubor como pueden atestiguar Salman Rushdie y Taslima Nasrim, ello se debe a que, a diferencia de las sociedades musulmanas que siguen siendo entrañablemente religiosas, las cristianas han experimentado un proceso de separación de la religión del poder político que ata de pies y manos a la Iglesia y la obliga a actuar dentro de los confines de una legalidad en la que la Iglesia puede influir, pero que no dicta ni controla. Gracias a este largo proceso que comenzó con la Reforma Protestante y que alcanzó una suerte de vértice con la Revolución Francesa, existe el sistema democrático y podemos hablar de una cultura de la libertad.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador el 18 de abril de 2009).


Frases incluidas en La Biblia del Ateo, libro que puso a circular la editorial Seix Barral:

La religión es lo que impide a los pobres asesinar a los ricos. Napoleón Bonaparte.

En la Iglesia, la música sagrada nos hace a todos creyentes, pero los predicadores se encargan de restablecer el equilibrio. Mignon McLaughlin.

Los hombres nunca cometen maldades tan grandes y con tanto entusiasmo como cuando las hacen por su convicciones religiosas. Blaise Pascal.

Hubo un tiempo en que la religión gobernaba el mundo. A esa época se le conoce como los Años Oscuros. Ruth Hurmenge Green.

El pensamiento religioso es un intento de encontrar una salida allí donde no hay puerta. Albert Einstein.

Debemos casi todo lo que sabemos, no a aquellos que estaban conformes, sino a los que discreparon. Charles Caleb Colton.

El hecho de que un creyente es más feliz que un escéptico no apunta nada más que el hecho de que un borracho es más feliz que un sobrio. George Bernard Shaw.

Recuerdo la historia del filósofo y el teólogo. Ambos se enzarzaron en una disputa y el teólogo recurrió a la vieja frase de que un filósofo es como un ciego en una habitación a oscuras, buscando un gato negro que no está allí. "Puede ser -dijo el filósofo-, pero un teólogo lo habría encontrado". Julian Huxley.

En cierta forma, terrible, extraña y paradójica, los ateos tienden a tomarse la religión más en serio que los creyentes. Jonathan Miller.

Cuando estaba en Irlanda interpretando mi espectáculo de monólogos... le dije al público que yo era ateo, y una mujer se levantó y dijo: "vale, pero ¿en qué Dios no cree ? ¿En el de los católicos o en el de los protestantes?" Quentin Crisp.

Sólo piense en la tragedia que es enseñar a los niños a no dudar. Clarence Darrow.

La gente común ve la religión como si fuera algo cierto; los filósofos como algo falso y los gobernantes como algo útil. Séneca.

En cada pueblo un hombre enciende una llama, el maestro. Y otro la apaga soplando, el cura. Víctor Hugo.

Se cuenta una historia... bastante conocida, de cuando los misioneros vinieron a Africa. Ellos tenían la Biblia y nosotros, los nativos, la tierra. Y entonces ellos dijeron: "vamos a rezar" y nosotros, obedientemente, cerramos los ojos. Y cuando volvimos a abrirlos ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia. Desmond Tutu.

La civilización no alcanzará su perfección hasta que la última piedra de la última iglesia caiga sobre el último sacerdote. Emile Zolá.

El relato bíblico del Arca de Noé y el Diluvio es tal vez la más inverosímil historia que pueden defender los integristas. Por ejemplo, al llenar el arca, ¿en qué parte de Palestina encontró Noé pingüinos y osos polares? Judith Hayes

(V.pág.13 del periódico Público del 3 de mayo de 2009).


Yo creo en Dios, pero no con la fe del carbonero que no razona. Creo en El con toda la debilidad de mi fe y con toda la fuerza de mis dudas.

Yo no puedo aceptar la autoridad de ninguna iglesia en mi vida espiritual, ni de sus dogmas en mi vida intelectual.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador el 11 de julio de 2009).


Ocurren cosas terribles en este mundo. La tragedia humana parece la prueba de que Dios no puede ser todopoderoso y bienintencionado al mismo tiempo. Si nos ama y cuenta con el poder de cambiar nuestra situación, podría ahorrarnos el dolor, ¿verdad?

Dan Brown
("Angeles y Demonios" / Ediciones Urano / 2009).


Fui educado episcopaliano, leí la Biblia y fui muy religioso. Cuando comencé a estudiar ciencia aprendí sobre el Big Bang y fui con un sacerdote. Le dije que no entendía, que había leído que la Tierra se había creado en 7 días, pero que en otros libros había aprendido que se había formado de una manera muy distinta y buscaba saber cuál era correcta.

El me dijo 'los niños buenos no hacen preguntas', eso marcó mi vida, en ese momento me moví fuertemente hacia el mundo de la ciencia.

Dan Brown, novelista
(v.pág.7 de la sección "gente!" del periódico Mural del 29 de octubre de 2009).


Nadie que haya pasado su infancia sin oír hablar de dioses podría imaginar uno tan berrinchudo, vengativo y ruin que por castigar a los humanos destruyera a todos los animales terrestres del planeta inundando todas las tierras, leyenda torpe e infantil.

Ese Espantajo que condena sus hijos, porque probaron de un fruto prohibido -arbitrariamente prohibido como prueba de obediencia ciega-, a tortura eterna y sufrimiento en este mundo, no lo imaginaría nadie que no fuera un pastor ignorante aterrorizado por los rayos y ajeno a las grandes culturas de su época, florecientes en Egipto y Mesopotamia.

Y ese mismo Espantajo es el que, según la moral judeo-cristiana-musulmana, nos arroja a las llamas eternas por hacernos una puñeta o usar lo que nos da sin pasar por la bendición (y pago) de Sus representantes terráqueos, a los que debemos mantener para que nos permitan usar el cuerpo. Nadie que no viviera en el casi desierto, al borde cotidiano de la muerte, pudo inventar un Creador que hizo a sus criaturas de forma tal que debamos comernos los unos a los otros: la vaca se come la pradera, nosotros a la vaca, el lobo a la oveja, el pez grande al chico, el león a la gacela que aún no muere y ya ve sus tripas devoradas por los encantadores cachorritos: un Ser monstruoso.

La Iglesia católica y las protestantes perdieron las culturas occidentales con la Ilustración, la Revolución Francesa, la separación de iglesias y estados, con el fin de la persecución del pecado por la policía. Con las hogueras apagadas, los representantes del Monstruo de Ira tienen poco para amenazar y seguirse dando vida de reyes. Pero no pierden la esperanza de recuperar el reino de este mundo. Y el camino pasa por recuperar la infancia: allí está el meollo de las furias cardenalicias.

Cuando somos niños estamos en pleno moldeamiento cerebral. Los niños, como los changuitos, deben tener una gran plasticidad en el aprendizaje para que el idioma y las normas comprobadas que les permitirán sobrevivir en un mundo plagado de carnívoros se moldeen y ajusten. Por eso en la infancia nos tragamos cuentos como el de un viejo panzón vestido de colorado que lleva, en una sola noche, juguetes a todos los niños del planeta, excepto a los pobres que de seguro se portan mal. Creemos todo.

También nos tragamos, de niños, que el creador del tiempo y del espacio se preocupa por encontrarnos las llaves extraviadas, o nos salva al hijo enfermo si le rezamos, pero no lo salva -monstruo de soberbia- a quien no se le hinca. Y Su crueldad es tal que ni la burla perdona cuando hace desbarrancar el autobús repleto de peregrinos que van entre cánticos a un santuario a entregar limosnas.

Eso es lo que está en juego cuando el cardenal y todos los dirigentes de iglesias, que de eso y nada más de eso viven, vociferan ante sus feligreses: las limosnas y el negocio de la Eternidad.

Luis González de Alba
(v.pág.30 del periódico Público del 1o.de noviembre de 2009).


Hemos inventado a Dios a nuestra imagen y semejanza. Por eso es tan cruel.

José Saramago


Dijo el clérigo Fulánez:

-Yo represento a Dios. El habla por mi boca. Lo que yo digo es como si lo dijera El.

Aquéllos a quienes yo condene serán condenados por El, y sólo aquéllos a quienes yo ofrezca salvación estarán salvos. En nombre del Señor ataré y desataré.

Mi voluntad será la suya. Interpretaré su palabra, y mi interpretación será la única que valga. Fuera de mí no podrá haber salvación.

Un día le llegó el día, y murió el clérigo Fulánez.

Le dijeron a Dios:

-Está aquí el clérigo Fulánez.

Y preguntó el Señor:

-¿Quién es el clérigo Fulánez?

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango del 12 de noviembre de 2009).


La mejor carta de presentación de cualquier religión es el miedo. Ya se sabe, el miedo más primitivo a lo que no se entiende del mundo natural; miedo al castigo divino que puedan merecer nuestras faltas en el más allá o en el más acá (algunas veces las deidades actúan diligentemente); miedo a sabernos solos, perecederos y desamparados. Miedo y más miedo: un mercado muy grande para todas las religiones.

¿Cómo llegamos a las nuevas guerras religiosas, donde todos los dioses (incluido el mercado, por supuesto) fomentan la intolerancia y el terror? En algún punto los diversos teísmos encuentran o, más exactamente, vuelven a sus fuentes más irracionales, de verdades absolutas y arcanos insondables. Llegados a esa zona distante de la razón no es difícil que aparezcan los fanáticos con discursos flamígeros y odios renovados.

Quién lo dijera, atrás de los mensajes celestiales, el suave rumor de las oraciones y el perfume de flores o inciensos, se han preparado a lo largo de la historia las más espantosas embestidas de la violencia. Como últimos remates de este círculo infernal tenemos el 11-S y los bombazos de Madrid o de Londres, pero mal haríamos (y no con fines justificatorios o buscando equivalencias absurdas) en no ver los horrores que sirvieron de cimiento para tanta sed de sangre, venganza y destrucción. En el comienzo de muchas de estas y otras barbaridades -y tengo ganas de jurarlo hasta por el Dios más abstracto y universal- está la estupidez religiosa.

El filósofo francés Michel Onfray ha honrado nuevamente su talante provocador y heterodoxo (demostrado, por ejemplo, en la suculenta revisión que hace unos años emprendió con El vientre de los filósofos) en su Tratado de ateología, llamado a combatir los monoteísmos y a desmontar todas las modalidades de la teocracia.

De religiones y sus seguidores está poblado mayoritariamente el mundo. La condición masiva del teísmo de todo signo abruma a los defensores de la razón ateológica que, más allá (o antes, si se quiere) de la filosofía, siempre han existido. La ontología materialista, el gran desafío que se plantea Onfray, tiene otros antecedentes más cotidianos y próximos: la necesidad de ser libre, de pensar y sentir por cuenta propia, lo que muchas veces permite descubrir una necesidad más compleja, la de no creer en dioses ni iglesias.

Ariel González
("Breviario de correrías").


Alguna vez, alguien remarcó que no tenía nada en contra de Dios, era más bien a su club de fans al que no aguantaba.

Rodrigo Espinosa Marván
(v.pág.23 del periódico Público del 27 de noviembre de 2009).


Yo, Iosl Rakover, jasid de Gur, escribo estas líneas mientras el ghetto de Varsovia está en llamas.

Siempre recordaré el terrible día cuando una lluvia de bombas alemanas cayó sobre los refugiados en Varsovia y Grodno. Durante aquel o ataque perdí a mi esposa y al bebé que tenía en brazos. El mismo día dos de mis niños desaparecieron y otros tres perecieron en el ghetto.

No puedo decir que mi relación con Dios no haya cambiado. Siento que Él me debe algo. Dios ha ocultado su rostro del mundo. Por eso los seres humanos son entregados en manos de criaturas inhumanas.

No espero milagros ni pido a Dios que tenga piedad de mí. No trataré de huir. Ahora tengo una oportunidad rara vez otorgada al hombre antes de morir: puedo ver una diferencia fundamental entre nuestro Dios y el de ellos.

Sólo me quedan tres botellas de gasolina. Después de vaciar una sobre mí mismo, meteré en ella estas líneas que escribo. La ocultare en algún sitio profundo de la ventana. Si alguien alguna vez la encuentra y la lee, probablemente comprenda los sentimientos de uno de los judíos que pereció abandonado por el Dios en quien tanto cree. Con las dos botellas restantes mataré a los malvados alemanes.

Pero, Dios, te hago una pregunta que me consume: ¿qué más ha de sucederle a los hijos de Israel para que Tú te aparezcas ante nosotros nuevamente?

¿Tenemos, nosotros, que ahora somos pisoteados como gusanos, sepultados y quemados vivos, degradados, humillados y destruidos, el derecho de saber cuánto tiempo puedes ser tan paciente?

No tires demasiado de las cuerdas, podrían romperse. La prueba a la que nos has sometido es tan difícil, tan dura y amarga, que te pido que perdones a aquellos de los nuestros que se han vuelto en contra de ti.

Te cuento esto porque creo en ti más que nunca. Sé ahora que tú eres mi Dios. Tú no puedes ser su Dios porque sus espantosos actos son la expresión de una viciosa ausencia de Divinidad. Pero si tú no te apareces a mí como mi Dios, entonces ¿de quién eres Dios?¿De los asesinos?

Tengo que terminar de escribir. La Varsovia judía está muriendo. El sol se pone y yo agradezco a Dios que no lo veré nuevamente. Muero en paz pero no contento, golpeado pero no en la desesperación. Muero creyendo en Dios.

Zvi Kolitz
("Iosl Rákover habla a Dios", Fondo de Cultura Económica, 1998).


Cierto evangelista de Estados Unidos (de América) -alguno de esos sunday preachers de la televisión que tanto abundan allá- dio cuenta de su escandalosa imbecilidad al bramar que el pueblo de Haití se había ganado a pulso su desgracia, una especie de castigo divino enteramente apropiado, por practicar el vudú, una creencia que le viene a ellos de sus raíces africanas y que, por lo visto, no te garantiza las reconfortantes seguridades que te brinda el cristianismo. Al contrario, te endilga la ira de Dios.

Ese cretino portavoz autonombrado de un Altísimo que se olvidó de inocularle las mínimas dosis de compasión exhibe, en toda su dimensión, el referido mecanismo de culpabilización que utilizamos ante el sinsentido del dolor injusto. Es una más de las muchas manifestaciones del cuento del pecado original, es decir, la historia de una acusación primigenia que serviría para justificar los castigos más tremendos. Ahora bien, según otras interpretaciones (o sea, creencias), la falta pudo haber sido también cometida en vidas pasadas. Y así, el bebé que muere aplastado ya llevaba sobre los hombros el peso de un karma o algo así. Finalmente, en el caso de que a la víctima no se le pueda realmente comprobar infracción alguna, entonces nos queda, a todos, el consuelo de que tiene acceso directo al Paraíso. Estamos hablando, pues, de un sistema de compensaciones y equilibrios muy sabiamente dispuesto para que el horror de lo injusto no nos quiebre el alma y que la cabeza no se nos llene de perturbadoras incertidumbres. Requerimos, para funcionar, de inmutables certezas y explicaciones. De otra manera, no podríamos ni salir a la calle.

Es entendible, entonces, la acusación de Pat Robertson -el cristiano fundamentalista que culpa a los haitianos de su propio infortunio por no adorar al dios oficial.

Román Revueltas Retes
(v.pág.4 del periódico Público del 7 de febrero de 2010).


Sin duda la religión es una incomodidad para el ser humano, y no precisamente por las Iglesias que se cobijan o nacen alrededor de una religión: esas son instituciones creadas por seres humanos concretos por intereses y propósitos, cuya dinámica y veleidades se explica por lo veleidosos o sensatos que sean los responsables de dirigirla. La religión no viene de intereses o propósitos concretos y no es un asunto de instituciones. En su sentido más elemental es la respuesta, en la esfera personal, íntima, a la pregunta: ¿a qué o a quién estoy ligado existencialmente? La religión es una pregunta que forma parte de lo que la filosofía moderna llama el "cuestionario existencial" de los seres humanos. La respuesta en la historia de la humanidad ha sido de dos clases solamente: estoy ligado a nada o estoy ligado a la trascendencia. Ambas respuestas se concretan en diversas formulaciones con las cuales se definen un conjunto, muy pequeño la mayor parte de las veces, de creencias indemostrables para la mera razón pero movilizadoras de los dinamismos humanos de los creyentes.

En el asunto del poder público los seres humanos también nos atoramos y nos incomodamos. Y por eso, durante muchos siglos resolvimos el problema del poder con base en las creencias de alguna religión. Así como hacemos una ética personal con base en la religión, hicimos una ética pública con base en creencias religiosas. Funcionó el invento hasta que, entre otros, Maquiavelo dejó clara, mediante un poderoso edificio intelectual, la incompatibilidad de la ética religiosa y la política. No por nada la Iglesia Católica prohibió a sus fieles leerlo.

La humanidad aún no dispone de una ética laica aceptable por todos. Hay quien la califica de imposible.

Miguel Bazdresch Parada
(v.pág.15 del periódico Público del 14 de febrero de 2010).


Siempre será preferible que los hombres tratemos de entendernos a partir de la razón, que pretender lograrlo a partir de la fe.

Fernando Savater, en "La Vida Eterna", sostiene que "ciertas conquistas de la dignidad humana se hicieron remando contra el Cielo... o, al menos, contra sus representantes más distinguidos"... A algunos podrá dolerles. Pero es verdad.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2010).


A krishnan le parece difícil imaginar que el universo saliera de la nada: "Si el universo es espacio-tiempo entonces antes de la creación del universo debió haber algo por fuera del espacio-tiempo", si está fuera del espacio es individido, si está fuera del tiempo es eterno y sin cambio. El universo debió venir de algo individido, eterno y sin cambio. "Ninguna cantidad de experimentación física puede detectar eso".

Responde J.L.Cirne-de-Castro: "Krishnan: antes del Big Bang, o antes de la creación del Universo, como tú dices, nadie sabe si hubo algo. Es difícil aceptar que no hubo nada. Pero es aún más difícil entender qué hubo. Probablemente Dios. Pero ¿no piensas que también es difícil entender a Dios? Estoy seguro de que no llegaremos allí por medio de la ciencia. Así que entendamos primero cómo fue el Big Bang".

Sección de comentarios de ScienceNow.

Luis González de Alba
(v.pág.30 del periódico Público del 18 de abril de 2010).


No creo en ningún dios... las religiones son sectas. Usan y manipulan a la gente.

Darina al Joundi, actriz libanesa, residente en Francia
(v.pág.37 del periódico Público del 30 de abril de 2010).


Paralelamente, junto a unos pocos no creyentes que tienen un sentimiento profundo de lo sagrado, deambulan millones de católicos con un aterrador vacío del pensamiento. Ninguna relación se establece entre su fe y su vida.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador el 29 de mayo de 2010).


A Dios lo han secuestrado los hombres. Han creado unas religiones disparatadas, que no entiendo como han sobrevivido durante siglos y siguen expandiéndose. Son implacables, predican amor, justicia y caridad, y para imponerlas cometen atrocidades. Los señores muy principales que propagan estas religiones juzgan castigan fruncen el ceño ante la alegría, el placer, la curiosidad y la imaginación. Muchas mujeres de mi generación hemos tenido que inventar una espiritualidad que nos calce, porque los dioses del patriarcado definitivamente no nos convienen: nos hacen pagar por las tentaciones y pecados de los hombres. ¿Por qué nos temen tanto?

Isabel Allende
("La suma de los días". Ed.Random House Mondadori, S.A.de C.V. México 2010).


Triste cosa, muy triste, es el martirio. No prueba absolutamente nada, a no ser la voluntad del mártir de morir por una causa. Pero el martirio no es evidencia de la justicia de esa causa, de su verdad o su razón. Todas las religiones han tenido mártires, lo mismo el cristianismo que el judaísmo o el Islam, y su martirologio no demuestra que alguna de ellas sea la única verdadera religión. El catolicismo, que ofrece el catálogo más numeroso, más variado y colorido de los mártires, contribuyó con generosidad a aportar mártires a los credos que se le oponían.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango del 22 de julio de 2010).


Si algún día me lo encontrara (a Dios) le pediría unas cuantas explicaciones, no la va a tener fácil.

Fernando Trueba, cineasta
(v.pág.8 del suplemento "Visor" del periódico Público del 1o.de agosto de 2010).


No tengo idea de quién o qué es Dios, pero si creo en algún gran poder espiritual. No sé cómo llamarlo. Lo siento sobre todo cuando estoy afuera, en la naturaleza. Es sencillamente algo más grande y fuerte que yo, o que cualquier persona. Lo siento, y eso me basta.

Jane Goodall, primatóloga
(v.pág.114 de la revista Selecciones de septiembre de 2010).


La Biblia no es el único libro del que se afirme que es parte de la Revelación (la otra parte es la tradición... siempre y cuando haya sido certificada por la Iglesia Católica... y no haya cambiado de opinión, como con el Purgatorio o las torturas del Infierno). También el Corán fue revelado al profeta Mahoma por el arcángel Gabriel y obliga a las mujeres a salir de su casa siempre acompañadas por un hombre familiar cercano, y disfrazadas de lechugas. Hacia el 610 recibió Mahoma sus primeras revelaciones. Es, para el Islam, el último de los profetas y la última revelación del Altísimo.

Pero Dios no lo pensó así porque en 1870-79 hizo nuevas revelaciones, entonces a un gringo de Pensilvania, Charles Taze Russell, y con tanta fuerza, que hoy ese nuevo mensaje se predica, de casa en casa, en más de 500 idiomas, unos 250 países, y aparece en unos 8 millones de revistas que los conversos reparten, casi siempre gratis. El mensaje divino es: "Restaurad mi Iglesia", la iglesia cristiana del siglo I. Son los Testigos de Jehová.

Pero Dios nunca acaba de completar sus mensajes y olvida algún detalle, así que el 6 de abril de 1926, y en Guadalajara, Jalisco, Dios habló al hermano Eusebio Joaquín González para que fundara, siguiendo un versículo de la Biblia (1 Timoteo 3:15) La Iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad, restauración de la primitiva iglesia cristiana oootra vez. Más breve: la Luz del Mundo.

Los mensajes divinos se parecen en algunos aspectos, como el de hacer a las mujeres fuente del pecado de los hombres y darles condición sometida. Pero es muy diversa la opinión de Dios en materias tan importantes como la divinidad de Cristo, discutida por los cristianos durante los 4 primeros siglos. Triunfó la postura divinizadora y fueron declarados herejes los obispos y teólogos que la negaban, entre ellos Arrio, quien tuvo entre sus discípulos nada menos que a san Agustín, luego arrepentido.

No hay forma de dilucidar el bueno entre los mensajes. Y acaba uno por responder como el gallego a los Testigos de Jehová: Mirad, que si no creo en la única religión verdadera, menos voy a creer en otras...

Así crea uno en Dios o no crea: Dios, si es, es eterno y perfecto, no puede cambiar de opinión, no puede enojarse sin perder su perfecta perfección, ni alegrarse pues ya es infinitamente feliz. Por lo mismo no puede enviar castigos ni diluvios ni fuegos sobre los pecadores porque implica un cambio temporal en un Ser inmutable en su infinita perfección. Tampoco se puede condoler y enviar por eso salvadores.

Luis González de Alba
(v.pág.30 del periódico Público del 12 de septiembre de 2010).


El Diablo:

-¿Crees que la exigencia de tu razón es la que hace la ley de las cosas? Sin duda el mal es indiferente a Dios, puesto que la Tierra está llena e él.

¿Es por impotencia por lo que él lo soporta, o es por crueldad que lo conserva?

¿Acaso piensas que él deba ocuparse continuamente de reacomodar el mundo como si fuera una obra imperfecta y vigilar todos los movimientos de todos los seres, desde el vuelo de una mariposa hasta el pensamiento de un hombre?

Si él ha creado el universo, su providencia es superflua. Si la Providencia existe, la creación es defectuosa.

Pero el mal y el bien no te conciernen sino a ti, como el día y la noche, el placer y el dolor, la muerte y el nacimiento, que son relativos a un rincón de la inmensidad, a un medio especial, a un interés particular. Porque sólo el infinito es permanente, existe el infinito. ¡Eso es todo!

Gustave Flaubert
(La tentación de San Antonio)


Va de nuevo el Dios de Baruch (Benedicto o Benito) Spinoza (1632-1677): "Por Dios entiendo un ente absolutamente infinito, esto es, una sustancia que consta de infinitos atributos de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita." No es un Dios personal, no cumple deseos, no cuida hijos de sus devotos, no encuentra llaves perdidas.

¿Existe ese ente descrito por Spinoza? No es asunto de la ciencia: ésta lo que ha hecho es explicar la Naturaleza sin recurrir a dioses, espíritus ni Dios único. Ha ido iluminando territorios que fueron posesión de la religión. Pero nunca negará, para el creyente, que Dios exista (y cada quien le pone características a su gusto y lo llama fe). La ciencia no niega tampoco la existencia de sirenas: se limita a no mencionarlas entre las especies conocidas. Probar una negación es tarea lógicamente inabordable: ni la revisión milímetro a milímetro de los fondos y fosas marinas sin hallar sirenas sería prueba. Busque los artículos deducción e inducción en su enciclopedia favorita.

De ahí que los científicos hayan podido creer en Dios, sin hacerlo parte de sus teorías. La necesidad de Dios es un tema filosófico muy entretenido. Busque el "argumento ontológico".

En 1613 escribió Kepler lleno de angustia: "No hay nada que quisiera resolver hace más tiempo y con mayor urgencia que esto: ¿Puedo encontrar a Dios, a quien casi puedo asir con mis propias manos al mirar el universo y también en mí mismo?", cita Owen Gingerich en The Great Books de la Britannica. Pero las leyes de Kepler para las órbitas planetarias no recurren a Dios. Einstein lo llamaba "El Viejo" y era el definido por Spinoza. Son científicos para los que Dios es una hipótesis que no necesitan para llegar a sus conclusiones, como dijo Laplace a Napoleón. Mejor aún: es una hipótesis que se prohíben emplear porque dejarían el terreno de la ciencia.

Siempre podemos intentar lirismos: una prueba de la existencia de Dios es Mozart, dice una amiga. Y escuchando el Agnus Dei de la Misa de la Coronación, el Rex del Réquiem, le doy razón. Pero no es el Dios personal del Diluvio que manda un hijo a redimir quién sabe qué pecados.

Luis González de Alba
(v.pág.30 del periódico Público del 26 de septiembre de 2010).


Un Dios, entendido según la religión, estaría más allá del espacio y del tiempo que forman la base de las ecuaciones humanas.

David Jou, catedrático de Física de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Barcelona
(v.pág.29 del periódico Público del 14 de noviembre de 2010).


Hemos lanzado telescopios al espacio exterior para explorar los confines del universo, hemos mirado hacia atrás en el tiempo para conocer lo que sucedió en el origen de todo. Es seguro afirmar que muchos de nosotros no estaríamos aquí si no se hubieran desarrollado los antibióticos y las vacunas.

Ésta debería ser una era que haga palidecer a todas las que nos antecedieron. Y, sin embargo, por todo el mundo muchos siguen manteniendo su obediencia en creencias primitivas que apenas han cambiado desde la época medieval, como la religión.

Las cosas pueden estar mejor en México, pero las encuestas muestran que más de 40% de los estadounidenses creen que el planeta tiene sólo 6,000 años de antigüedad, aunque sabemos que tiene 4.5 miles de millones de años.

¿Cómo podemos saber qué es verdad? La tradición es una mala razón para creer en algo, la autoridad también, la revelación es peor y la fe puede que sea la peor de todas. La única buena razón para creer en algo es la evidencia científica.

La gente mala hará cosas malas y la gente buena hará cosas buenas, pero los buenos sólo harán cosas malas a causa de la religión.

Richard Dawkins, biólogo evolucionista británico
(v.pág.17-A del periódico El Informador del 15 de noviembre de 2010).


Más de mil millones de personas por medio mundo son musulmanes. Trazando una línea recta desde Mauritania a Filipinas, casi todos los países pertenecen al islam. Geográficamente, tres cuartas partes del planeta está islamizado. Pero esto no es malo. Todo lo contrario. La riqueza cultural, religiosa, étnica, lingüística no hace sino magnificar al ser humano. Lo malo es la mala utilización de algunos o todos estos rubros que acabo de mencionar.

Lo digo porque lamentablemente la mayoría de las guerras han sido religiosas. Se ha matado en nombre de Dios, en nombre de Alá. La Guerra Santa se llevó por delante a decenas de miles de personas. Los cruzados y los sarracenos tenían luchas encarnizadas por sendas religiones. La utilización de la religión para un mal uso personal o colectivo es lo que la manosea y la cosifica. Le da un carácter banal que no le corresponde. Así está pasando con el cristianismo y el islam, que por cierto, quiere decir "paz".

Estoy seguro de que 99% de los musulmanes son gente de bien; que buscan la solidaridad y la ayuda y la caridad hacia el resto. Lo mismo que el resto de los creyentes de otras religiones. Pero hay fanáticos en todos lados.

En el islam hace mucho que un grupo muy menor esta queriendo imponer sus dogmas a base de golpes. Osama bin Laden y Al Qaeda no son más que eso: la golpiza permanente hacia el mundo occidental para romper aquello que consideran suyo. Quieren comenzar por Al Andalus, es decir la España actual, para poder "recuperar" el resto de Europa. Y de alguna u otra manera lo están consiguiendo. En el Viejo Continente la población musulmana ha crecido en los últimos años lo suficiente como para cambiar el mapa etnográfico.

En Alemania existe una población musulmana de 7% -la mayoría de ellos son ciudadanos turcos-. En Reino Unido, 2.5%, muchos de los cuales son paquistaníes. En Francia se ha incrementado en 14.6%, la mayoría procedente de Argelia. Finalmente en España ha habido una subida de 1.20%, más un millón y medio de musulmanes, casi todos marroquíes.

En alguna ocasión, ya he escrito que el antiguo presidente de Argelia, Bumedian, tenía la esperanza primero y, la certeza después de que el islam abduciría a Europa; "Conquistaremos Europa a través del vientre de nuestras mujeres" y "os venceremos con vuestras leyes y os gobernaremos con las nuestras", y así está siendo -de una manera relativa- según lo pronosticó hace más de 6 lustros.

Pero no es negativo. Lo que sí, es que alguno de ellos -pocos pero potentes- quieren hacerse con Occidente. Sólo hay que recordar los atentados de Madrid o Londres o los frustrados de la capital británica, Barcelona y Alemania. Todos los terroristas eran integristas, fundamentalistas, fanáticos que piensan que no tenían nada que perder, salvo la vida. Y eso sí representa un peligro real y serio porque lo tenemos dentro de nosotros.

Alberto Peláez
(v.pág.26 del periódico Público del 21 de noviembre de 2010).


En "Hablemos de Dios", Victoria Camps y Amelia Valcárcel demuestran cómo las mujeres pueden abordar el tema religioso, y aun hacerlo igual -o mejor- que los hombres.

Unos cuantos botones de muestra: "Lucrecio escribió que el miedo creó a los dioses (...); una cosa es lo que hace que pervivan las religiones, y otra (...) lo que mantiene funcionando a las iglesias"; "La crítica filosófica abierta a la religión (...) consistió en asimilarla a la superstición pura y simple, aunque la religión fuera una superstición de mayor nivel y mejor organizada"; "Las actuales formas religiosas, ni pueden ni quieren comprometerse con la explicación del mundo; saben que tienen poco que contar, y se limitan a administrar nuestros ritos, nuestros miedos..."; "El dios al que invocamos no sirve ya para curar enfermedades ni para propiciar que llueva"; "Ya no necesitamos la hipótesis divina ni para el mundo físico ni para la política, y ahora se está agotando también para la moral"; "Argumentar desde la voluntad divina es bastante fácil, mientras que hacerlo desde la prudencia y la razón es trabajoso y muchas veces complicado". Etc.

San Pablo exigía que las mujeres callaran. ¡Peor para él...!

Jaime García Elías
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 29 de noviembre de 2010).


Benedicto XVI comenzó el año gastando, innecesariamente, parte de su capital -el ascendiente que en el aspecto espiritual tiene sobre buena parte de la especie humana-, incorporando la hipótesis (indemostrable, para su desgracia) de la presencia de un creador detrás de la teoría del "Big Bang" que aspira a responder, en nombre de la ciencia, a la incógnita más remota que el hombre, en todos los tiempos, se ha planteado acerca de sí mismo. Siguió, ya encarrerado, en su tradicional discurso de principio de año ante el cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano, con una filípica contra la educación laica, interpretándola como "otra amenaza -no la primera, pues...- a la libertad religiosa de las familias".

El laicismo, en Europa y -como dijo el Papa- "en algunos estados de América Latina" (entre los cuales México), gana terreno a pasos agigantados, reduciendo el ámbito de la religión al sacrosanto, íntimo, inviolable terreno de la familia y la conciencia de las personas... en detrimento del que fue, durante siglos, latifundio de la Iglesia. Días vendrán en que ésta acabará por entender que precisamente el laicismo es la mejor garantía del pleno respeto de los estados y de la sociedad en su conjunto, al inalienable derecho de las personas a profesar las creencias (o increencias) que prefieran. Días vendrán en que se entenderá que los defensores de la plena libertad religiosa no son, en absoluto, como pretenden los modernos inquisidores, "enemigos de la fe". Sería la fe, en todo caso, la que, al anteponer los dogmas -atentados a la razón-, la obediencia ciega y la actitud acrítica a la probabilidad y aun a la certeza científica y a la honestidad intelectual, parecería empecinarse en ser, en muchos aspectos, enemiga declarada y contumaz de la inteligencia.

Cada quien es libre de tener las creencias que prefiera, pero no tiene ningún derecho de imponérselas a nadie. Los sistemas educativos públicos, así, deben circunscribirse a enseñar lo verificable... aunque no concuerde con las "verdades absolutas" de quienes, en nombre de su fe, sustentan lo contrario. La educación religiosa es un derecho de las personas y las familias, sí... pero no una obligación del Estado.

Como dice Fernando Sabater en "La Vida Eterna", cada cual puede tener las creencias que prefiera... sin dejar de reconocer que, como la historia se ha encargado de demostrarlo reiterativamente, "las creencias (...) siempre guardan una ferocidad latente contra quienes no las comparten".

Jaime García Elías
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 12 de enero de 2011).


Los "valores universales" que monseñor Christophe Pierre quisiera ver incluidos con urgencia en los sistemas educativos -y que lo están, de hecho-, pueden condensarse, como el espectro cromático, en 3 básicos: verdad, bondad y belleza. El laicismo, que el Nuncio Apostólico en México identifica con hipocresía ("fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan", según la Academia), respeta lo mismo el derecho de algunos a creer en la eficacia de los talismanes, la astrología y el tarot, que el de los creyentes a dar la vida por defender los dogmas que el agnóstico se resiste a aceptar: desde la filiación divina de Jesús hasta la santidad de la Iglesia; rechaza, en cambio, que alguien quiera imponer tales aseveraciones, absolutamente improbables (imposibles de probar), como verdades absolutas... Vaya: saltando al terreno de la belleza -otro de los "valores universales"-, todos somos libres de elegir entre Johan Sebastian Bach y Joan Sebastian a secas, o entre Anna Netrebko y Cruz Lizárraga, digamos por ejemplos... pero no tenemos ningún derecho a imponer nuestro gusto a nadie. Así: a nadie.

Si de valores vamos a seguir hablando, las enseñanzas de Jesús son, seguramente, respetabilísimas, irreprochables normas de conducta y modelos de vida: la solidaridad, el perdón, el amor al prójimo... Sin embargo, monseñor Pierre, de la misma manera como cualquiera capta que "cristiano" (imitador de Cristo) o "creyente" no son sinónimos de "sincero", ni éste y aquéllos son necesariamente vocablos incluyentes (y usted, Su Ilustrísima, debe conocer, con nombres y apellidos, unos cuantos ejemplos de ello...), un mínimo de honradez intelectual, asociada, de preferencia, con los ejemplos de respeto al prójimo que Jesús dio a sus discípulos -caridad cristiana, la llaman algunos-, lo llevará a la conclusión de que "laico" e "hipócrita" tampoco lo son.

Jaime García Elías
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 9 de febrero de 2011).


O Dios no existe, o es cruel de una forma inimaginable.

Si crees en la eternidad, entonces la vida es irrelevante.

Dr.Gregory House, de la serie televisiva Dr.House,


A falta de conocer la Naturaleza y de coraje para aceptar sus leyes, el hombre renunció a la experiencia a cambio de sistemas imaginarios, inventando dioses, sacerdotes y reyes ungidos por éstos. Sometiéndose sin reservas a seres iguales a él, que aprovecharon para convertirlo en esclavo desprovisto de razón y ajeno al hecho clave: todo está en el orden natural, e incluso el desorden es tan corriente como su apuesto.

[...]

Prefiere las ilusiones falsas a la realidad que desmiente por sí misma la idea del Ser bondadoso, supremo, inteligente y justiciero. Sería una aberración que un padre armara la mano de un hijo irascible y lo condenase luego por haber matado con ella.

Arturo Pérez-Reverte
(págs.268 y 388 de "El Asedio". Ed.Alfaguara. México 2010).


No sería insensato afirmar que hemos inventado a Dios en el momento en que nos hicimos conscientes de que no podíamos hallar una explicación lógica de nada; entonces resumimos todo lo ilógico que nos angustiaba en una genial palabra: Dios. Lo que equivale a decir que nombrando a Dios no es que se nos aclararan todos los misterios, sólo los almacenamos en un cómodo clóset al que nos permitimos dar su nombre.

Reconozco mi agnosticismo en materia de religión, pero tengo inquietud en razonarla lo máximo posible. Pienso continuamente en mi ignorancia, pero es como la hidra: mientras más cabezas le corto, más se multiplica. Qué cómoda es la posición de tantos creyentes de las más variadas religiones que no necesitan pensar, porque ya todo lo pensaron por ellos. Ni se angustian ni se acongojan.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador el 5 de marzo de 2011).


La casi totalidad de los estados modernos se han decantado por la saludable separación de Iglesia y Estado. Y los que no, lamentan hasta la fecha las funestas consecuencias sociales del dogmatismo y el fundamentalismo (es decir, la convicción de que se tiene la posesión absoluta de la verdad, especialmente en asuntos de moral, usos y costumbres) institucionalizados.

Jaime García Elías
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 8 de marzo de 2011).


Alguna religiones se basan en el temor que inspira a los humanos la idea del fin del mundo, y esgrimen abundantes profecías para demostrar que ya está cerca. Hasta ahora, tales profecías no se han cumplido. Su sistemático incumplimiento es una invitación a nuestro optimismo.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.6-A del periódico El Informador el 20 de marzo de 2011).


¿Qué es este mundo sino la ausencia de Dios, su retiro, su distancia (que llamamos espacio), su espera (que llamamos tiempo), su huella (que llamamos belleza)? Dios sólo pudo crear el mundo retirándose (de no ser así sólo habría Dios) o manteniéndose bajo la forma de la ausencia, del secreto, del retiro, cual una huella que dejó en la arena durante la bajamar un caminante desaparecido, único testimonio, a un tiempo, de su existencia y desaparición.

Simone Weil


En el prólogo a El último Cuaderno, de José Saramago, Umberto Eco dice no estar seguro de que, como dice Saramago, "si todos fuéramos ateos, viviríamos en una sociedad más pacífica".

Comparto la duda. Es verdad que en la historia del hombre hay pocos espectáculos más homicidas que las guerras de religión. Es verdad que los hombres se valen de los dioses para dar rienda suelta a su intolerancia, quizás a su necesidad de odio.

Hay también el otro lado del problema. Creer en Dios inflama y apacigua. La religión es el opio del pueblo en el doble sentido de que nubla el entendimiento pero conforta la vida.

La creencia de Dios ofrece el consuelo de algo inconmensurablemente mayor que nosotros, más sabio, más bello y más justo que sin embargo nos ama, nos protege, nos explica, y nos espera en su reino.

Un verdadero creyente no puede entender al verdadero no creyente. Lo mira con extrañeza y compasión, acaso con escándalo. Pero la intolerancia del creyente es menor ante el descreído que ante la competencia del que cree en otra cosa, aquel que porta en sí la propagación de dioses extraños que niegan el propio.

El creyente puede convivir con el descreído, si el descreído no se empeña en imponerle su falta de fe, su ateísmo, como una religión sustituta.

Los dioses combaten pero también generan orden. Son fuentes de guerras y de reglas. Reglas de culto, reglas de convivencia, reglas de conducta, reglas de lo bueno y lo malo, de lo que nos enaltece y lo que nos degrada.

Las reglas pueden ser absurdas y hasta dañinas para la salud, la dicha o la libertad, pero son ordenadoras: legislan, reprimen, contienen.

Porque ordenan y contienen, porque son autoridad en materia de costumbres, los dioses y sus clérigos pueden después llamar a la guerra, abusar hasta el crimen de la fe.

¿Son gobernables los pueblos sin religión? No lo sabemos porque no hay pueblo sin religión, esa necesidad abrumadoramente mayoritaria de una cura espiritual para el sentimiento de orfandad y pequeñez con que somos echados al mundo.

Si Dios no existe, dice Iván Karamazov, todo está permitido. Y ese todo es el animal sin acabar que es el hombre, a quien el primero en domar y reprimir fue la religión.

Después vino el estado y al final vendrá quizá la civilización que sueña Saramago, esa humanidad sin dioses, sin ídolos ni ilusiones ultra terrenas que puede vivir en paz, y hasta ser feliz, con lo poco de tiempo y de vida que le toca.

Héctor Aguilar Camín
(v.pág.2 del periódico Público del 22 de abril de 2011).


La conciencia de la muerte, que a su vez es una consecuencia de la conciencia del propio yo, predispone a los hombres hacia las creencias religiosas. Como consecuencia de tener conciencia del carácter transitorio de su existencia individual, los hombres ven con ansiedad el hecho de la muerte; y tal ansiedad o angustia es aliviada, al menos en parte, por medio de las creencias religiosas que dan significado trascendental a la vida individal.

Francisco J.Ayala
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 24 de abril de 2011).


Benedicto XVI dijo que si el hombre fuese solamente un producto casual de la evolución, "su vida no tendría sentido o sería incluso una molestia de la naturaleza".

(V.primera plana del periódico El Informador del 24 de abril de 2011).


Es imposible probar la inexistencia de Dios. Pero también es tarea inútil e injusta: debe probar quien afirma. Si niego la existencia de sirenas, el creyente en ellas me podrá demostrar que no he revisado cada metro cuadrado de los fondos oceánicos. Es una discusión tonta y por evitar. Dios ha venido siendo, con los avances de la ciencia, cada vez más la "hipótesis no necesaria", como la llamó Laplace ante Napoleón. Para la existencia del universo, tenemos el Big Bang; para la del sistema solar tenemos a Laplace y su nube de polvo y gases, para la de los elefantes, las lechugas y nosotros tenemos la evolución.

Pero siempre un Dios pudo haber detonado el principio de todo y puesto las variables que los físicos encuentran tan notablemente ajustadas que resultan demasiadas casualidades en cadena. Para eso repito un ejemplo sencillo: si tengo un millón de boletos para la rifa de un millón de pesos y los vendo todos (digo todos), la probabilidad de que una persona particular se lo saque es un millonésimo. Pero la de que una persona cualquiera (digo cual-quie-ra) se la saque es 1: es imposible que no se lo saque nadie.

Así podemos explicar nuestro particular Bang: como uno de los infinitos bangs que crean universos que duran instantes y decaen, otros con leyes que no permiten la formación de materia, etcétera. Como quien se sacó el millón: en uno de tantos bangs, de entre millones de millones, era imposible que no se dieran las condiciones que condujeron a que la materia cobrara conciencia y se estudiara a sí misma.

Un creyente puede llamar a esa infinita y eterna espuma de universos "Dios". Pero al menos una de sus características no existe: es todo menos bondadoso. La vida, desde que surgió en seres unicelulares, estuvo diseñada para que un ser se comiera al otro.

Si por las hormigas fuera, acabarían con todos y cada uno de los árboles sobre la Tierra, pero la evolución ha creado también sus balances: hay aves, murciélagos y otros animales que comen hormigas, árboles que lanzan señales al aire ante un ataque para que otros árboles desprendan resina pegajosa y se defiendan. Las bacterias más feroces, las que matan al organismo invadido, se suicidan porque mueren con el portador. Sobreviven las que, de linaje más benigno, no matan pronto y así permiten que el portador siga dispersándolas. Eso se llama selección natural y alguien puede decir que es obra de Dios... Quizá, pero de un Dios muy cruel y, sobre todo, impasible: no hay llanto de niño que lo conmueva ni injusticia que impida.

En los terremotos se caen iglesias con más frecuencia que burdeles porque son más frágiles en su afán de ser altas. A menudo leemos que los peregrinos que iban a un santuario perecieron al caer su autobús a un barranco; la madre soltera que sale a trabajar para el sustento de sus tres hijos puede volver y encontrar que la veladora encendida a un santo dio inicio a un incendio donde los tres niños murieron carbonizados... ¿Y la Virgen o el santo dónde carajos estaban? José Emilio Pacheco tiene un bello poema donde dice que los santos lo son precisamente porque son insobornables (cito de memoria).

La inmensa mayoría de los ateos no hemos matado a nadie, no robamos, no secuestramos, ayudamos a nuestros padres hasta sin saber que un mandamiento lo exige. Es un producto de la evolución: especie que se mata en exceso entre sí, no se va al infierno, se va a la nada, desaparece. De ahí nos viene la ética laica: sin Dios ni paraíso ni infierno.

Luis González de Alba
(v.periódico Público en línea del 24 de abril de 2011).


Es más difícil defender la causa correcta cuando no se pertenece a ninguna iglesia. Si a la hora de actuar sobreviene la duda, el creyente siempre puede refugiarse en los dogmas de su fe. En cambio, para llevar una vida buena los ateos sólo cuentan con su razonamiento moral.

En una memorable conversación sostenida con el abate Pierre, hace 15 años, así defendió Bernard Kouchner, el fundador de Médicos Sin Fronteras, la ausencia de sus convicciones metafísicas.

Ricardo Raphael
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 25 de abril de 2011).


Stephen Hawking al abordar la cuestión "¿Por qué estamos aquí?", afirma que pequeñas fluctuaciones cuánticas en un universo recién creado plantaron las semillas de la vida humana.

Su libro de 2010 "The Grand Design" provocó la reacción de líderes religiosos por argumentar que no era necesaria una fuerza divina para explicar la creación del universo.

(V.Reuters del 16 de mayo de 2011).


Grupos religiosos se ofendieron de los dichos del científico británico Stephen Hawking acerca de que la idea del paraíso y de la vida después de la muerte es un "cuento de hadas" de gente que le tiene miedo a la muerte.

Hawking, director de investigación del Centro de Cosmología Teórica de la Universidad de Cambridge, dijo en una entrevista publicada el lunes en el diario británico The Guardian:

"Yo veo al cerebro como una computadora que deja de funcionar cuando sus componentes fallan. No hay cielo ni vida después de la muerte para las computadoras rotas. Ése es un cuento de hadas para la gente que le teme a la oscuridad", dijo.

(V.periódico El Universal en línea del 18 de mayo de 2011).


Se ha dicho repetidamente que el terreno está plagado de fanatismos. De un lado están los fundamentalistas católicos queriendo imponer sus verdades absolutas sobre todo el que se deja, y de otro lado, muchas sectas cristianas, todas pugnando abiertamente por la creación de regímenes moralistas que persigan y sometan a sus disidentes. Ni católicos ni protestantes, ni budistas ni ateos, ni islámicos y fundamentalistas de todo signo deben intentar posicionarse social o políticamente para presionar a nadie a obedecer los mandatos de sus creencias.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador el 21 de mayo de 2011).


De la lapidación verbal al linchamiento físico azuzado por quien o quienes, se suponen ser emisarios y representantes de Dios, no hay mas que un espacio muy reducido. En todas las religiones sobran fanatizados que se sienten ungidos y mandatarios de un Dios severo, castigador e intolerante, capaces de los mas absurdos despropósitos. Demos la espalda a tales emisarios y presuntos representantes.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.Razón y Acción del 29 de mayo de 2011).


¿Quién no ha cantado -o tarareado, al menos- los más conocidos versos de John Lennon?: "Imagine there’s no countries, it isn’t hard to do; nothing to kill or die for, and no religion too..." ¿Quién, mientras los canta, no piensa en los principios de solidaridad, respeto y tolerancia al prójimo que esos versos proclaman?: "Imagina que no hay países: no es difícil; nada por qué matar o morir, ni religiones tampoco".

Habría que pensar si no estamos cavando, quizá, paciente, continua, metódicamente, aquí y ahora, las trincheras para una guerra fratricida cada vez que por divergencias políticas, deportivas y hasta religiosas (espantosa paradoja, puesto que todas las religiones preconizan el amor al semejante como norma suprema... aunque, llevadas al extremo del fundamentalismo, fomentan y aun practican el desprecio e incluso el odio a quienes piensan diferente), se descalifica a quienes honestamente sustentan ideologías diversas... y -por congruencia con sus convicciones, precisamente- deciden, respetando la nuestra, vivir "a su manera".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 27 de julio de 2011).


El laicismo, lejos de atacar a una religión, las protege a todas, y protege por igual a todos los creyentes y los no creyentes, incluyendo a los propios jefes de estado que, en una república laica, tienen la libertad de ejercer su propio credo privado.

Fernando del Paso
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 30 de julio de 2011).


Contra el prejuicio -subproducto de la discusión que generó, en su momento, la insistencia de las leyes mexicanas (a partir de Juárez, sobre todo) en la laicidad del Estado y de la educación en México- de que laico significa enemigo de la religión, la Real Academia puntualiza: por laicismo debe entenderse la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa.

En la medida en que el concepto, en la llamada "cultura occidental cristiana", intenta romper una tradición de siglos de sometimiento del Estado a la Iglesia, conviene distinguir, como propone Fernando Savater: una cosa es el religioso, entendido como el hombre que encuentra en la religión el sentido de la vida, y otra muy diferente el fanático. "Para el fanático -señala Savater-, la religión no es un derecho sino un deber para él y para todos los demás. Y, además, él considera que tiene el deber de hacer que los demás cumplan con ese deber". La religión tiene pleno derecho a decir qué es pecado y a imponer a sus fieles la obligatoriedad de aceptarlo así… pero no puede hacer extensivo a toda la sociedad el criterio de que lo que para ella es pecado, también es delito.

La religión, como derecho de cada individuo, debe ser respetada; como deber que imponga dogmas, preceptos y lineamientos de conducta a toda la sociedad, en cambio, no puede serlo. La tolerancia religiosa, pues, entendida como el respeto a las creencias o increencias de cada persona, sólo puede darse, precisamente, dentro del laicismo.

Voltaire -citado por Savater-, asombrado por la tolerancia de los ingleses, decía que "los ingleses van al cielo o al infierno, cada cual por el camino que quiere".

Eso, sin más, es laicismo.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 2 de agosto de 2011).


Los no creyentes suelen ser más educados, más tolerantes y conocen más sobre Dios que aquellos que se declaran devotos, según revela un nuevo estudio.

Cada año de educación que se alcanza aumenta en 15% las probabilidades de que una personas piense que "hay algo de verdad en más de una religión", publica el profesor Philip Schwadel de la Universidad de Nebraska-Lincoln en un artículo para la revista "Review of Religious Research".

Para llevar a cabo su estudio, el catedrático en sociología entrevistó a 1,800 adultos en los Estados Unidos que dijeron tener creencias y prácticas religiosas.

"La gente cambia su perspectiva sobre la religión debido a que, conforme avanzan por la preparatoria y la universidad, se hacen de amigos con otros criterios, incluidas personas con distintas creencias a las suyas", asegura Schwadel.

Según el reporte, por cada año adicional de educación después de la secundaria es más probable que las personas digan que creen en un "poder superior" en lugar de "en un Dios".

Además la probabilidad de que vean a la Biblia como la "palabra de Dios" disminuye en 13%, al tiempo que sube la probabilidad de buscar una religión menos estricta.

Por su parte el psicólogo Phil Zuckerman, quien busca dirigir un plan de estudios seculares en una universidad de California, asegura que los no creyentes suelen ser más éticos, se oponen a la pena de muerte, a la guerra y a la discriminación, a diferencias de los religiosos que apoyan causas más radicales.

(V.periódico El Universal en línea del 12 de agosto de 2011).


Occidente creyó que Dios había muerto y estaba enterrado, o por lo menos expulsado del espacio público. "En el estruendo de las bombas, a la luz de los incendios, las procesiones desbordando de odio y las imprecaciones de sus portavoces proclamados, uno descubre, con azoro, que Él vuelve con fuerza. ¿Quién mejor que Él para juntar tales multitudes, atizar tales pasiones, levantar tales murallas, transformar mujeres en fantasmas y muchachos en antorchas vivas? ¿Dios? Es una manera de hablar. Porque de Dios no se sabe nada. Es la religión". Palabras del historiador Elie Barnevi en su valioso librito "Religiones mortíferas".

Jean Meyer
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 3 de septiembre de 2011).


La religión sirve para muchas cosas. Ha sido, a lo largo de la historia, por ejemplo -y lo sigue siendo hasta la fecha-, uno de los principales motivos para las guerras. Como a innumerables contiendas se les denomina "santas", cuando se llega a ellas "en nombre de Dios", al cabo de las mismas queda la sensación de que el Quinto Mandamiento del decálogo ("No matarás") admite perfectamente una excepción cuando se matan "infieles": es decir personas "equivocadas" porque no comparten nuestros dogmas (verdades "absolutas" aunque indemostrables) ni comulgan con las mismas ruedas de molino que nosotros. Con un "plus": que a los muertos que en esas pugnas aportamos -modestia aparte- "los buenos", se les puede denominar "mártires" y hacer objeto de veneración y culto público "per omnia saecula saeculorum".

Por supuesto, la religión tiene también usos más amables. El mejor de todos, por supuesto -y seguramente el único punto de plena coincidencia entre creyentes y agnósticos-, sería, como dice la definición clásica, el "conjunto de normas morales para la conducta individual y social", y cuyo común denominador sería el pleno respeto a los demás.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 12 de octubre de 2011).


La religión no podría sobrevivir sin la superstición.

¿Estaban los dioses más allá de su comprensión, como el sol está más allá de la comprensión de un escarabajo? ¿O es que, sencillamente, no había nada? ¿Sólo un vacío, un silencio, un túnel de oscuridad? "Y todas nuestras religiones, nuestros rituales complicados, nuestros sacerdotes y templos, no nos han enseñado nada. ¿Es porque sabemos instintivamente que todo es una farsa, un esfuerzo mezquino por llenar a nuestro gusto ese negro vacío? ¿Es porque comprendemos que la religión es simplemente una fantasía creada por el hombre, que sublima su temor corrosivo a la aniquilación total? Si creemos lo que deseamos creer, ¿será entonces la religión únicamente el resultado de nuestro deseo de que la muerte no sea el fin de todo?"

La religión es una expresión más del notable e insolente ego del hombre.

Taylor Caldwell y Jess Stearn
(v.págs.112, 143 y 217 de "La leyenda de Atlántida". Ed.Grijalbo, México, 1983).


A los 13 años Steve Jobs dejó de ir a la iglesia luterana. El pastor no supo qué contestar a por qué Dios permitía que en Biafra los niños murieran de hambre. No quiso tener "nada que ver con una adoración de un Dios así".

(V.pág.8-B del periódico El Informador del 30 de octubre de 2011).


Los profesionales de todas las religiones han tomado el nombre de Dios que es vida, para inspirar en sus hijos el miedo de morir. Por muchos siglos han sembrado en ellos el temor al juicio que vendría tras la muerte, inculcándoles la amenaza de la condenación eterna. ¿Cómo no iban a temblar ante la presencia de la muerte?... El oficio de las religiones ha sido dominar por el terror, y eso no es obra de Dios sino de los hombres que niegan la bondad divina.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 19 de noviembre de 2011).


El hombre de los principios religiosos puso dolor en la vida de muchos hombres y mujeres: los divorciados, los eclesiásticos o las madres solteras. Olvidados del amor y el perdón, los eclesiásticos sembraron en la gente fanatismos y prejuicios, que condenaban a esos que llamaban "pecadores" al desprecio de la sociedad. Alguna vez la Iglesia tendrá que pedir perdón a las víctimas de su intolerancia, por las angustias y aflicciones que les causó al olvidar el supremo mandamiento del Señor: "Amaos los unos a los otros".

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 3 de diciembre de 2011).


Ya en el siglo XIX el filósofo alemán Schiller había establecido 2 tipos de religión: la superior, donde la creatura humana se sujeta a la voluntad de Dios, y la inferior, donde la creatura humana quiere poner a Dios a su servicio. Desde este punto de vista, el cristianismo sería la máxima expresión de una religión superior, por lo mismo llama mucho la atención el que toda una estructura que se presenta como "cristiana" llegue a banalizar de tal modo la fe, promocionándola como se hace con los detergentes, armando espectáculos a la Taurus do Brasil.

"Venga por su milagro" sonó entonces como un eco del "buen fin", una imagen burda de un dios baratero que se pone al alcance de cuanta necesidad pueda uno tener y la otorga por un mínimo precio, aunque luego vengan las mensualidades con muchos intereses que cobrarán los organizadores de la feria de los milagros. Los predicadores de las noches de gloria, todos de corte norteamericano, harán lo propio, con oratorias copiadas de los promocionales de compras telefónicas, los de "llame ya mismo", "y si usted llama en los próximos 30 minutos llévese 3, oyó usted bien, llévese 3 por el mismo precio..." todo dicho con su peculiar acento portorriqueño. Aplicar una mercadotecnia capitalista a la predicación del cristianismo no es una simple audacia o una ocurrencia, sino una total contradicción con la esencia de este noble y trascendental mensaje. Pero la tentación del espectáculo y de las emociones baratas no se detiene ante nada.

Desde luego que su mercado nicho son los jóvenes, ilusionados porque el buen Dios les aparece un peso para el camión si se lo piden con fe; no sabemos si el mismo método funciona si le piden un millón de dólares, o si para una tal suma se requiera de una fe equivalente.

Armando González Escoto
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 4 de diciembre de 2011).


Hay un riesgo en abrir los espacios públicos a la intervención del clero. El fundamentalismo religioso es un virus para la salud de la conversación pública. La regresión social y democrática que hoy padecen las sociedades islámicas tiene mucho que ver con la irrupción de este fundamentalismo en los espacios políticos. Tendríamos que encontrar mecanismos para evitar ese riesgo en última instancia.

Jorge Zepeda Patterrson
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 18 de diciembre de 2011).


Christopher Hitchens acaba de morir. Fue sobre todo un polemista ilustrado, heterodoxo, soberbio. Difícil de catalogar, revisó famas y creencias, trayectorias y acontecimientos y arremetió contra lo que pensó erróneo, inmoral, injusto.

Sólo un botón de muestra: su "alegato contra la religión". Escribió: "sigue habiendo cuatro objeciones irreductibles a la fe religiosa: que representa de forma absolutamente incorrecta los orígenes del ser humano y del cosmos; que debido a este error inicial consigue aunar el máximo de servilismo con el máximo de solipsismo; que es causa y consecuencia al mismo tiempo de una peligrosa represión sexual y que, en última instancia, se basa en ilusiones".

Su crítica conjugaba la contraposición entre conocimiento y fe y las derivaciones prácticas de la segunda. Asumía que sus afirmaciones en esa materia no eran originales ni sofisticadas, pero que representaban las premisas que no sólo lo alejaban de la fe, sino que promovían su combate. "Nuestra creencia no es una fe. Nuestros principios no son una fe. No confiamos exclusivamente en la ciencia y la razón, ya que estos son elementos necesarios en lugar de suficientes, pero desconfiamos de todo aquello que contradiga a la ciencia o atente contra la razón".

Como parte de una añeja tradición laica, atea y/o agnóstica, Hitchens reiteraba que "Dios no creó al ser humano a su imagen y semejanza. Evidentemente fue al revés, lo cual constituye la sencilla explicación para toda esa profusión de dioses y religiones y para la lucha fratricida". Esa inversión de la causa y el efecto, nada original pero fundamental, le permitía no sólo desmontar las premisas del discurso religioso, sino sondear las fuentes de tantas disputas, tensiones y guerras "que tanto han retrasado el progreso de la civilización". "La crítica más suave de la religión es la más radical y la más demoledora. La religión es una creación del ser humano".

A diferencia de los creyentes que lo saben todo -sobre todo creen que saben que Dios existe y además saben lo que él quiere de nosotros, "desde lo que tenemos que comer hasta nuestros ritos o nuestra moral sexual"-, Hitchens asumía que "algunas contradicciones seguirán siendo contradictorias (y) que algunos problemas no se podrán resolver jamás con el equipamiento de un mamífero con el córtex cerebral humano y que algunas cosas son incognoscibles indefinidamente".

Pero Hitchens que combatía las ideas y representaciones religiosas, a diferencia de muchos creyentes, se abstenía de incendiar su propio discurso por el temor a desatar espirales de intolerancia y violencia. "En una ocasión escribí un libro sobre George Orwell, quien podría haber sido mi héroe si yo tuviera héroes, y me irritó su indiferencia ante la quema de iglesias en Cataluña en 1936. Mucho antes de la aparición del monoteísmo, Sófocles nos enseñó que cuando Antígona se oponía a la profanación hablaba en nombre de la humanidad. Dejo para los creyentes lo de quemar las iglesias, mezquitas y sinagogas de los demás, cosa que siempre se puede estar seguro que acabarán haciendo. Cuando acudo a la mezquita, me descalzo. Cuando voy a la sinagoga, me cubro la cabeza".

No creía que se pudiera ni debiera erradicar la religión. Lo desconocido, la muerte, la perpetua incertidumbre, nuestra fragilidad, alimentan a las religiones y la necesidad de creer. "Por esa razón, no la prohibiría, ni siquiera en el caso que pudiera hacerlo". Pero como solía hacer, terminaba con un duro vuelco de tuerca: "Pero ¿serán los creyentes igual de indulgentes conmigo?".

José Woldenberg
(v.pág.9 del periódico Mural del 22 de diciembre de 2011).


El mal recordado George Bush, ha sido el primer presidente agresivamente religioso en la historia norteamericana. Ni George Washington (protestante episcopálico) , ni Thomas Jefferson (deísta anticlerical), ni John F.Kennedy (católico), ni Richard Nixon (cuáquero), ni siquiera Jimmy Carter (bautista) manipularon la fe con propósitos políticos. George W.Bush, en cambio, actúa, según su propia confesión, guiado por la mano de Dios. "Mi misión", declaró a la prensa, "es parte del plan maestro de Dios". A su asesor Karl Rove, le dijo: "Estoy aquí por una razón: yo no consulto a mi padre; sería el padre equivocado; yo apelo a un padre más alto". La situación creada por el presidente Bush, expuso a su país a ser temido y odiado como nunca antes por toda la Humanidad. La situación que creó con sus cohortes de cristianos renacidos, neo-conservadores estrábicos, nacionalistas militantes y militaristas, pudo conducir a una conflagración mayor en el Medio Oriente... Un hombre público poseído de la ebriedad de un Dios, es capaz de profanarlo todo.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 24 de diciembre de 2011).


Hay hombres que pretenden hablar en nombre de Dios. Tal pretensión los lleva a hablar luego por Dios, y acabar finalmente hablando como si fueran Dios. De esos hombres hay que huir como de la peste, dado que ellos son la encarnación de la soberbia, y la soberbia es la fuente de todos los pecados. Nadie puede hablar en nombre de Dios. Únicamente la Naturaleza puede arrogarse su representación.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 11 de febrero de 2012).


Las religiones han sido, junto con las ambiciones expansionistas de los países, uno de los pretextos más socorridos para las guerras. Las "guerras santas", perpetradas en nombre del concepto de Dios, acuñado a imagen y semejanza de sus supuestas criaturas, desde el relato bíblico que atribuye el primer crimen de la historia -un fratricidio, por cierto- a la envidia de Caín porque sus ofrendas no eran gratas a Dios, como sí lo eran las de Abel, hasta los atentados del 11 de septiembre de 2001 y sus reacciones, han existido siempre.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.8-B del periódico El Informador del 13 de febrero de 2012).


Religión habrá mientras los hombres tengan 2 sentimientos que -parece- habrán de acompañarlos siempre: el miedo y la esperanza.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango en línea del 23 de febrero de 2012).


Me opongo a toda superstición, sea musulmana, cristiana, judía o budista.

Bertrand Russell, filósofo y matemático inglés, premio Nobel en 1950.


Que haya seres humanos que deciden no creer en Dios no es una novedad, los ha habido siempre, la misma Biblia testifica este hecho (Sal.14,1). Que muchos de esos hombres han sido profundamente honestos en su decisión, que no la han tomado a la ligera ni como un escape, que no fue por arranques emocionales o rencores circunstanciales, también es verdad. Que para otros tantos la opción por el ateísmo fuese consecuencia de un drama desgarrador de su inteligencia llevada al límite, también es verdad, y uno de los ejemplos más célebres a este respecto fue Federico Nietzche.

Sin embargo en nuestro tiempo más que verdaderos ateos, respetables por la sinceridad de su proceso, lo que abundan son personas frívolas que creen o dejan de creer a tenor de sus veleidosas emociones, de su ausencia de pensamiento, de su flojera mental.

(V.pág.13-A del periódico El Informador del 15 de abril de 2012).


A pesar de cardenales y teólogos, niego que si hubiera un dios infinitamente poderoso y bueno lance castigos contra los humanos desobedientes, como un diluvio que los ahoga, pero también a perros, caballos, toros, tigres, ardillas sin pecado. Al fin todopoderoso, en menos de un microsegundo habría desaparecido de la faz de la tierra a los malos.

El peor pecado de Lutero, lo crea usted o no, fue traducir la Biblia del latín común al alemán, pues el pueblo no estaba preparado para leer sin guía esa colección de fábulas risibles y pataletas divinas. No sé si lo diga Weber, pero es claro que aprender a leer para leer la Biblia en alemán tuvo consecuencias indeseables para la religión: además del cuento divertido que narra el Génesis, leyeron a Galileo, a Kepler y otros, lo cual produjo, un par de siglos después, la Revolución Industrial en países de lectores, todos protestantes.

¿Leo hebreo bíblico? No. Pero la historia de Noé y el Arca me parece, en términos técnicos y con todo respeto, idiota, infantil, risible. Y desde niño me pregunto cómo consiguió Noé su pareja de canguros australianos, la de osos polares y la de pingüinos. Y por qué salvó ese dios a los delfines, peces y pelícanos, que no se ahogaron. Ni para qué perder el tiempo: es el escrito de un pueblo de pastores de la edad de bronce, aterrados por una inundación que bien pudo ocurrir muy cerca, pues la relatan pueblos vecinos. Quizás fue la ruptura del estrecho puente de tierra que separaba el Mediterráneo de una llanura fértil que hoy es el Mar Negro. En los restos está Constantinopla, que los turcos llaman Estambul. ¿Tengo pruebas? No, ni las busco, pero suena sensato...

Luis González de Alba
(v.periódico Milenio Jalico en línea del 15 de abril de 2012).


Una cosa es el interés cultural que puedan tener -y tienen- las religiones y otro hacer propaganda a los prejuicios de los clérigos. El obispo de Alcalá dice cosas propias de su pintoresco cargo: lo raro sería que compartiese los puntos de vista de Pedro Almodóvar. Pero podemos exigir que las diga en su parroquia a quien se las quiera escuchar y no a través de un altavoz mediático que llega a las casas de millones de españoles. Hay otras muchas iglesias y levitas de variado pelaje en nuestro país: como todos ellos coinciden en obedecer a la voz del Altísimo antes que a la del sentido común y la constitución laica, lo más prudente es que los medios de comunicación públicos se nieguen a darles la mínima cancha, aunque muy amablemente, eso sí. Algunos representan creencias y comportamientos tradicionales en nuestro país, pero nada nos obliga a dar por buenas esas venerables reliquias: aceptemos las festividades típicas en lo que tienen de lúdico y estético, pero en cuanto a la ética ya hay cosas mejores.

Para prevenir la intolerancia -en la medida de lo posible, claro- la educación pública y laica es el instrumento indispensable. No podemos dejar la enseñanza de valores cívicos exclusivamente en manos de las familias, porque las consecuencias de la mala educación no son sólo familiares sino sociales. Y tampoco pueden educar únicamente los clérigos, que a veces son sin duda maestros excelentes pero en otros casos perpetúan prejuicios y supersticiones. Por último, no conviene olvidar que los medios de comunicación de masas son también a su modo escuelas, a veces de buenas y a veces de malas costumbres: los financiados con fondos públicos tienen que fomentar el humanismo constitucionalmente establecido y no ponerlo en entredicho con sermones dudosos...

Fernando Savater
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 22 de abril de 2012).


No creo en el antropomorfismo de un creador y diseñador porque ya hace unos 2,500 años, en Grecia (but of course) Xenófanes hizo escarnio de la religiosidad popular con una expresión de fuerza inigualable: "Si los leones y los caballos tuvieran manos, los leones dibujarían a los dioses como leones y los caballos como caballos”. Nadie lo ha dicho mejor.

Luis González de Alba
(v.periódico Milenio Jalico en línea del 6 de mayo de 2012).


¿Acaso ustedes no enseñan que la fe es un don? Bien, soy una de las personas que no recibió su parte del premio.

[...]

Habitamos muchos que nunca fuimos condicionados ni fuimos agraciados por las macizas certidumbres de la cristiandad. Tenemos que arreglarnos con lo que se nos da: la luz fugaz, la tormenta pasajera, cierta medida de amor para atemperar el dolor de las cosas, el débil atisbo de razón en un mundo eloquecido.

Morris West
(v.pág.32 y 126 de "Lázaro", Javier Vergara Editor, Argentina, 1990).


Yo quisiera creer como mi mamá que después de la muerte hay todo eso que te imaginas, que vas a estar volando entre nubes. Yo no creo que haya mucho más, espero que sí, pero creo que no hay nada. Lo que hicimos aquí, lo hicimos.

Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, dramaturgo
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 22 de julio de 2012).


¿Cómo definir una salvación que, si se considera el estado actual del mundo, no parece haber tenido mucho éxito? ¿No es la historia de la salvación una historia malograda? 2,000 años de cristianismo para venir a desembocar en una sociedad enferma no es precisamente un éxito.

¿De qué nos libró entonces Jesucristo?

¿De la muerte? Si la gente sigue muriendo, ¡Y tan frecuentemente en forma atroz! ¿Del pecado? Si por todos partes sigue dominando insolentemente el egoísmo de los individuos y de las naciones; y los estragos de la injusticia, de la guerra, del orgullo, del odio o de la indiferencia que llenan las columnas de nuestros periódicos y las pantallas de nuestros televisores. Siempre el mal dominando con su poder el mundo; siempre el odio fermentado en el corazón de los hombres. Las grandes industrias acaparando la especulación, vertiendo sus desechos tóxicos a los mares. Qué mundo es éste que se dice haberse salvado y los hombres mueren a millares por inanición, mientras nuestros cubos de basura occidentales rebosan de nuestras glotonerías.

Yo nací bajo una férrea educación religiosa, misma que hasta la fecha es parte intrínseca de mi "ser". Las peleas dentro de mí son constantes. Y aunque dicen que dudar es complemento de la fe, creo, que lo que más me "perjudicó" es la imagen que me inculcaron de un Dios con atributos humanos; justo, personal, infalible, todopoderoso y "creacionista absoluto de todo cuanto existe". Y como Borges diría: "Darle atributos a Dios humano es como si un perro dijera, que Dios es eminentemente canino". Y la salvación se ha explicado en términos de "redención" dándole un sentido de un "rescate" meramente comercial y mercantilista. No es ajeno a la imagen de Dios un cierto tipo de masoquismo: habiendo sido infinita la ofensa, el precio que ha de "pagarse" para pagarla ha de ser también infinito. De ahí la intervención de Cristo, Hijo de Dios, el único capaz de pagar tal "rescate" al precio de su propia vida.

Quiero que quede claro que yo sigo en la búsqueda de ese Dios que anhelo llevarlo dentro de mí, y que le podríamos llamar "paz interior". No se confundan; al no preguntarte sobre el Dios del catecismo y la realidad del mundo se le llama "fundamentalismo", o sea, "creo por que así me lo enseñaron y no me cuestiono nada".

Carlos Corvera Gibsone
(v.pág.12-A del periódico El Informador del 26 de agosto de 2012).


Dios tiene muchas casas chicas. Se llaman iglesias.

Recopilación de Héctor Aguilar Camín
(v.pág.4 del periódico Milenio Jalisco del 7 de septiembre de 2012).


La toxina de la religión

Niños en la cama de un cura, suicidios masivos ordenados por un pastor, "profetas" que eligen vírgenes en sueños, padres que impiden la educación o la vida de sus hijos porque su fe se los prohíbe, predicadores de histeria cada que se avecina "otro" Fin del Mundo, fieles que se atan kilos de pólvora para destruir y destruirse; en suma, someter al prójimo: todos en nombre de la fe... definitivamente, la religión no es cosa de juego.

"¿Sirve la religión para que las personas se comporten mejor?", pregunta Christopher Hitchens en Dios no es bueno. Alegato contra la religión y concluye que "cuanto peor es el infractor, más devoto resulta ser". Desde la tentativa parricida de Abraham hasta la caída de las Torres Gemelas, pasando por las Cruzadas, la Inquisición y el Holocausto, la mayoría de los conflictos se disputan no por razones políticas, sino raciales y religiosas. Justificada bajo el nombre de algún dios, cada vertiente religiosa ha patentado su propia -y no pocas veces atroz- marca registrada de la verdad, apartada de la filosofía, la ciencia, el humanismo y la razón.

Pensemos en el Museo Creacionista de Kentucky (Estados Unidos), creado en 2007 por el grupo evangélico Respuestas en el Génesis. Según este museo, en el paraíso convivieron en armonía Adán, Eva y los dinosaurios, que se dejaban montar alegremente; y tiene una explicación bíblica para todo: desde el huracán Katrina, la homosexualidad, la prostitución, el sida, hasta los tsunamis de Asia. Al modo de Ripley advierte a la entrada "Prepárense para creer", como los templos budistas que piden a quienes entran "que pongan a dormir la razón y que se despojen tanto de su mente como de los zapatos".

La ola de violencia que se ha desatado en el mundo árabe durante los últimos días, no tiene otra explicación. Ofendidos por un agravio fílmico (el video "La inocencia de los musulmanes"), reaccionarios islámicos han incendiado embajadas y causado víctimas en defensa del profeta Mahoma. Mientras que en la comunidad Nueva Jerusalén, Michoacán, otro conflicto de raíz religiosa tiene lugar: la secta fundada por Nabor Cárdenas "Papá Nabor", y ahora liderada por Martín de Tours, se opone por "voluntad" de la Virgen del Rosario a la educación laica que el Estado tiene la obligación de impartir.

El escritor Salman Rushdie ha vivido bajo amenaza desde 1989, cuando publicó su novela Los versos satánicos, prohibida en numerosos países no sólo islámicos, a causa de una fatua dictada por el ayatola Ruholla Jomeini, que lo condenó a morir (y a quienes editaran o tradujesen su obra) por blasfemia al profeta Mahoma y el islam; la recompensa por su ejecución: tres millones de dólares (actualmente 3.5 millones). Sin asesinos a sueldo, pero con el mismo fervor, Martin Scorsese sufrió el boicot contra su película La última tentación de Cristo, basada en la novela de Nikos Kazantzakis, que presenta a un Jesucristo más humano que divino. En México pasaron 16 años para que pudiera llegar a las salas de cine, desde 1988 hasta 2004, no sin polémica ni ataques del fanatismo que desata odio e ira contra obras de ficción.

Tras crisis como éstas que reavivan el debate entre la libertad de culto y la negación de derechos humanos básicos, cuando no la vida, uno se pregunta si las iglesias en realidad persiguen la convivencia y el respeto o son, como dice Hitchens, "un elemento de la toxina que nos ha contagiado la religión".

Sísifo y su tragedia

Como escribió Albert Camus, "los dioses condenaron a Sísifo a empujar eternamente una roca hasta lo alto de la montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Pensaron, con cierta razón, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza [...]. Lo trágico de este mito estriba en que su héroe es consciente". Tanto para Sísifo como para Adán o cualquiera de nosotros, el pecado es la conciencia, "la aparición de nuestro pensamiento crítico", dice Hitchens, "el rechazo a creer en un vigilante sobrenatural", reconocer que "la religión y las iglesias son un producto de la invención humana", que "la ética y la moral son bastante independientes de la fe y no se pueden deducir de ella; y dado que la religión apela a una exoneración divina especial por sus prácticas y creencias, no solo es amoral, sino inmoral".

Pero, ¿qué hay donde no hay dioses? El vacío, la libertad de la nada. El prisionero acostumbrado a sus cadenas no sabe qué hacer cuando las abandona, porque su vida había dependido, hasta entonces, de ellas. Alejado de la "continua sumisión, gratitud y temor", promueve "la libre indagación, la actitud abierta", abandona "las doctrinas y permite que su mente, libre de cadenas, piense por sí misma", que se transforme en consciencia.

El arte de vivir sin dios

"Pertenecer a la tendencia o facción escéptica no es, en absoluto, una opción blanda. La defensa de la ciencia y la razón es el gran imperativo de nuestro tiempo. [...] Ser no creyente no sólo significa poseer ‘una mente abierta’. Es, más bien, una admisión decisiva de incertidumbre, que está dialécticamente conectada con el repudio del principio totalitario, en la mente y en la política", dice Hitchens en su biografía Hitch-22.

Acepta, como Dostoievski, que "sin Dios, todo es posible", pero rechaza que las posibilidades deban ser únicamente repulsivas: "la honradez humana no se deriva de la religión. La precede". Por tanto, no habría razón alguna para que hacer el bien a los demás deba supeditarse a determinada religión. No necesita subyugarse a ningún culto para justificar su existencia, tiene al arte y al pensamiento como instrumento para ponerla en tela de juicio o reafirmarla: "La superioridad de la literatura sobre la religión como fuente moralidad y ética".

Pocos cultivan el arte de vivir sin dios, pero quienes lo hacen con resolución, como Christopher Hitchens no sólo comunican sino que siembran dudas, ejercicio indispensable, de hecho, para asumir una postura crítica donde "la filosofía es nuestro único consuelo", mientras que el fanatismo de "la religión lo emponzoña todo".

Berenice Castillo
(v.pág.5 del suplemento "O2" de La gaceta de la Universidad de Guadalajara del 24 de septiembre de 2012).


A mi juicio, la asignatura de Religión debería ser un espacio donde a un niño se le dotara de los mecanismos culturales adecuados para comprender el peso y papel de las religiones en el mundo: Islam, budismo, etc. Lo que se trajina. Lo que hay. Y también, naturalmente, el Cristianismo y el peso indudable que la Iglesia Católica, para bien y para mal, ha tenido en 20 siglos de civilización y cultura europea. En las bases de lo que algunos aún llamamos Occidente. Lo mismo que la cultura clásica, el Renacimiento o la Ilustración: somos Homero, Platón y la Enciclopedia tanto como los Evangelios y la Biblia.

Arturo Pérez-Reverte
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 13 de enero de 2013).


Tememos a lo desconocido, a lo que hay o puede haber después de la muerte, y necesitamos conjurar ese temor. Las religiones nos lo disipan con promesas que son fuente de esperanza. Del miedo de los hombres y de aquello que esperan, viven los profesionales de la religión como los magos de la antigüedad que vivían de la mentira.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 19 de enero de 2013).


El ser humano necesita forzosamente tener una religión, un freno, un castigo que traspase la muerte. Si las religiones no existieran, los pobres ya se hubieran comido en pozole a los ricos.

Alberto Martínez Vara
v.blog del 7 de marzo de 2013).


La religión, por definición, es dogmática, establece verdades absolutas, y no quiere coexistir con verdades contradictorias.

Mario Vargas Llosa
(v.pág.2 del periódico Milenio Jalisco del 15 de marzo de 2013).


¿Qué les está pasando a muchos de nuestros políticos que no terminan de comprender que, como dice la Constitución en su Artículo 40: "Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental". El que el Estado sea laico, o sea independiente de cualquier organización o confesión religiosa, que las funciones de la Iglesia y el propio Estado estén claramente separadas por la Constitución y las leyes, no es un capricho o un simple punto de vista.

Tampoco tiene nada que ver con profesar o no una fe religiosa, sino como una forma de afrontar nuestra historia (pletórica de cicatrices dejadas por las distintas luchas religiosas, que tuvieron 3 puntos culminantes, la conquista, las leyes de reforma y la guerra cristera) y como un forma de reafirmar una separación que han impuesto todos los estados modernos, entre la religión (que no es lo mismo que la fe) y el poder político.

Pareciera que más de 5 siglos de historia y una legislación profusa y contundente en la materia no alcanza para que se comprenda claramente esa distancia, esos 2 ámbitos diferentes que son los cargos públicos y la religión.

Dios no es el responsable de sus aciertos o errores y tampoco determina la eficacia o ineficiencia de un gobierno.

Seamos más serios. Y eso involucra a todos los partidos, porque personajes de todos los hay que quieren realizar operaciones políticas escudándose en la fe.

Alguien me ha dicho que en otros países, como en Estados Unidos, los funcionarios juran sus cargos sobre una Biblia e invocando a Dios. Es verdad, de la misma manera que en el billete de un dólar dice muy claro que los fundadores creían en Dios (In God we trust), y también que en cada billete hay múltiples referencias e imágenes masónicas que era la pertenencia que compartían Washington, Franklin, Jefferson. Es parte de su historia, de sus tradiciones y todas son muy respetables pero ¿usted recuerda a algún presidente estadounidense, incluyendo a los más conservadores de las últimas décadas, entregando su país a Dios o a cualquier orden religiosa?

Eso es lo que diferencia, por ejemplo, al integrismo del Tea Party con los políticos republicanos o demócratas que saben que existe una separación entre Estado e iglesias que deben respetar.

Jorge Fernández Menéndez
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 12 de junio de 2013).


Muchas preguntas me hago sobre Dios, entre ellas una muy inquietante: ¿qué hace el buen Señor cuando 2 boxeadores salen a combatir al sonar la campana que llama al 1er. round, y ambos se persignan? Seguramente al final favorece al que boxea mejor, pero por lo pronto los 2 púgiles lo ponen en apuros para decidir. Así las cosas, pienso que Diosito le agradeció su intervención a Yogi Berra, el legendario catcher de los Yanquis de Nueva York, aquella vez que un pelotero latino trazó con su bate una cruz en el home plate para pedir la ayuda divina antes de batear.

Yogi borró el signo con su guante y le dijo al bateador: "Deja que el Señor se limite a ver el juego". Otra interrogación me asalta: ¿qué hará el Augusto con las llaves de los estados y ciudades que en estos días le están entregando en profusión un buen número de gobernadores y alcaldes mexicanos? ¿Dónde pondrá todo ese fierrerío, si me es permitida la expresión?

Uno de los mandamientos del Decálogo prohíbe a los creyentes tomar el nombre de Dios en vano.

Considero que violan esa prescripción -aparte de violar la ley- lo mismo los políticos que usan la religión para congraciarse con la gente que los curas católicos o pastores evangélicos que llevan a los gobernantes a hacer en público pronunciamientos religiosos, ya sea invocando al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen Santísima o en el nombre de Jesucristo Salvador. Yo soy creyente -lo soy por tradición, por intuición y por instinto de conservación-, pero pienso que la fe es un asunto que pertenece a lo más íntimo de mi persona, y que no debo convertirla en instrumento para favorecer mis intereses particulares o de grupo.

No puedo imponer mis creencias a los demás, y menos aún vulnerar la norma constitucional que hace de México, venturosamente, un país laico. No hagan politiquería los curas y pastores, y los políticos no hagan santurronería.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico Milenio Tamaulipas en línea del 13 de junio de 2013).


La "primavera árabe" sacudió de raíz las satrapías de Túnez, Libia, Egipto y ahora sigue luchando en Siria. Era exaltante ver cómo, por fin, aquellos pueblos decían ¡basta! al anacronismo en que vivían, al despotismo, la corrupción, la miseria, el pisoteo de los derechos humanos, y reclamaban justicia, democracia, modernidad. ¿Iban a entronizarse por fin en el África y en el Medio Oriente sistemas democráticos y liberales a la manera occidental?

Estoy convencido de que muchos de los millones de jóvenes que se volcaron a las calles a reclamar libertad en aquellos países, la querían de veras, aunque no todos tuvieran una idea muy precisa de como materializarla en el ámbito social y político. Pero carecían de líderes, organizaciones, de la experiencia indispensable, y, apenas llegaron al poder, comenzaron los problemas. Y la quinta columna, minoritaria pero animada por la fe ciega de estar en la verdad y convencida de que todos los medios son válidos para imponerla, aun los crímenes más horrendos, comenzó a hacer de las suyas, a ganar terreno, a reinar en la confusión y a imponerse mediante la prepotencia y la violencia. No se puede decir que los islamistas extremistas hayan ganado la partida todavía, felizmente. Pero lo que sí es ya seguro es que la idea de que la gran movilización popular contra las dictaduras de Gadafi, Mubarak, Ben Alí y El Assad iba a desembocar en la instalación de democracias más o menos funcionales, era una ilusión. La quinta columna islamista no ha triunfado en ninguna parte pero sí ha puesto en claro que mientras ella exista ningún régimen de legalidad y libertad será estable y duradero en los países árabes.

El caso de Egipto es particularmente trágico. Las masas que se volcaron a condenar la dictadura castrense de Mubarak triunfaron, después de que centenares de jóvenes ofrendaran su vida en las protestas y otros miles fueran a la cárcel. El país celebró, por primera vez en su historia milenaria, unas elecciones libres. Y la voluntad popular llevó al poder a un movimiento religioso que había sufrido duras persecuciones a lo largo de varias décadas: los Hermanos Musulmanes, bajo la presidencia de Mohamed Morsi. En lugar de construir la democracia, el nuevo mandatario y sus colaboradores se dedicaron a impedirla, siguiendo, de hecho, las consignas de la quinta columna, es decir, del islamismo más intolerante y radical. Los cristianos coptos, el 10% de la población, fueron acosados, perseguidos y algunos asesinados, se dieron leyes y reglamentos que, en lugar de respetar los derechos humanos, los violentaban abiertamente, encaminando el país, inequívocamente, al reinado de la sharía, la imposición del velo, la discriminación de la mujer, la desaparición de la enseñanza laica y mixta, la deformación de la justicia y de la información para acomodarlas a la voluntad de los clérigos. En su año de gobierno, Morsi no sólo acabó de arruinar la economía y sembrar el caos en la administración y el orden público; sobre todo, pese a las protestas en contra del presidente, sirvió de Caballo de Troya a los islamistas fanáticos.

Millones de egipcios salieron de nuevo a protestar y a enfrentarse a los matones y policías y de nuevo corrió la sangre por la plaza Tahrir, las ciudades y los campos. ¿A quién recurrían en pos de ayuda esta vez los rebeldes frustrados y coléricos? ¡Al ejército! Egipto corre de prisa a convertirse de nuevo en una satrapía castrense. El régimen ha prometido llamar a elecciones pero todos los golpistas de estado prometen siempre lo mismo y nunca cumplen. ¿Hay alguna esperanza de que no sea así? Espero que la haya, pero yo confieso, tristemente, que no la veo por ninguna parte. ¿Y si, en la dudosa posibilidad de unas nuevas elecciones libres, ganaran de nuevo los Hermanos Musulmanes? ¿Habría valido la pena ese gigantesco sacrificio para que el país se convierta en una dictadura religiosa?

La situación de Siria no es menos trágica ni paradójica. El levantamiento contra el tiranuelo El Assad, que ha demostrado ser todavía más sanguinario que su padre, fue celebrado por todo el mundo democrático. ¿Y si la caída de El Assad significa para los sirios saltar de la sartén al fuego? ¿Y si a la satrapía corrupta y tiránica de ahora la reemplaza un régimen islamista fanático que desaparezca hasta el más mínimo asomo de tolerancia y retroceda a las mujeres sirias a una condición tan bárbara como la que vivieron las afganas cuando la dictadura talibán?

Tengo algunos amigos musulmanes y todos ellos, personas cultas, modernas, tolerantes, genuinamente democráticas, me aseguran que no hay nada en su religión que no sea compatible con un sistema político de corte democrático y liberal, de coexistencia en la diversidad, respetuoso de la igualdad de sexos y de los derechos humanos. Y, por supuesto, yo quiero creerles. Pero, ¿por qué no hay todavía un solo ejemplo que lo demuestre? Turquía parecía serlo, pero, después de los últimos acontecimientos, resulta aventurado creerlo. Con mucha discreción y sabiduría y, lo que es peor, con apoyo de un amplio sector de la población, el gobierno de Erdogan ha ido socavando poquito a poquito la institucionalidad y reemplazándola con medidas inspiradas en la religión, lo que ha movilizado a un vasto sector de la sociedad que de ninguna manera quiere que Turquía regrese a los tiempos anteriores a Kemal Atatürk, que éste con mano muy dura creyó finiquitar para siempre. No ha sido así. La radicalización islamista del gobierno de Erdogan, cuyo partido se jacta de ser de un islamismo moderado y moderno, tiene algo que ver sin duda con la reticencia o el abierto rechazo en Europa que ha encontrado Turquía a su empeño en incorporarse a la Unión Europea. Yo siempre pensé que esas reticencias eran injustas y que hubiera sido bueno para Europa y para todo el Medio Oriente que una democracia musulmana formara parte de la Unión. Pero ahora dudo mucho de que se pueda llamar democracia a aquello en lo que Erdogan y su partido han convertido a Turquía.

Nadie desea tanto como yo que los países musulmanes rompan el círculo vicioso entre dictadura militar o dictadura clerical del que, hace tanto siglos, no consiguen salir. Pero cada vez me convenzo más que ese salto no pasa por la política sino por la religión, por la retracción del islam a un mundo privado, familiar e individual, de manera que la vida social y política puedan ser primordialmente laicas. Mientras ello no ocurra, será sin duda la sinuosa y eficiente quinta columna la que seguirá dirigiendo la función en los desdichados países musulmanes.

Mario Vargas Llosa
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 11 de agosto de 2013).


Dios es un ser separado de las criaturas, una potencia independiente, una función pura.

Johannes Tauler


Si no quieres creer que serás redimido por la sangre de mi redentor, te ahogaré en la tuya propia.

Aldous Huxley
(La Isla).


-Al cabo de un tiempo la gente comenzó a tener conciencia de sí y los antiguos Dioses Oscuros empezaron a parecer poco prestigiosos. Entonces, cambio el escenario. Aparecieron los Dioses de la Luz, los profetas, Pitágoras y Zoroastro, los jainos y los primeros budistas. Entre todos ellos inauguraron la Era de la Riña Cósmica: Ormuz contra Arimán, Jehová contra Satán y los Baal, el Nirvana en oposición al Samsara, la apariencia contra la Realidad Ideal de Platón. Y salvo en el espíritu de unos pocos tankristas y mahayanistas y taoístas y cristianos herejes, la pendencia continuó durante casi dos mil años.

-¿Después de lo cuál?- interrogó él.

-Surgen los comienzos de la biología moderna.

-"Dios dijo: Que surja Darwin", y surgió Nietzche, el imperialismo y Adolf Hitler.

-Todo eso -convino ella-. Pero también la posibilidad de un nuevo tipo de Sabiduría para todos. Darwin tomó el antiguo totemismo y lo elevó al plano de la biología. Reaparecieron los cultos de la fertilidad, en forma de genética y Havelock Ellis.

Aldous Huxley
(La Isla).


Somos los únicos animales que tenemos miedo a morir sin que el peligro esté presente. Los únicos que tenemos conciencia de su existencia y su ferocidad [de la muerte]. Algunos se consuelan pensando en la reencarnación, en la ida al cielo (a los diversos cielos), o incluso al paraíso donde le esperan 70 vírgenes (y en algún momento pensé en volverme musulmán nomás por eso, pero luego me arrepentí ante la posibilidad de que sólo se quisieran entre ellas, en todo su derecho y tú te quedaras con un palmo de narices). Pero los que no creemos en nada tenemos como único consuelo el saber que tenemos el "ahora mismo" para reír, amar, comer, disfrutar, conocer, escribir, y a él le dedicamos nuestro esfuerzo.

Benito Taibo
(v.pág.8-B del periódico El Informador del 18 de septiembre de 2013).


Yo creo en Dios, pero no en un Dios católico... Existe Dios, universal, nuestro Padre.

Papa Francisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de octubre de 2013).


¡Dios mío, un ángel!


Las religiones han glorificado más a los hombres sumisos y complacientes que a los enérgicos y decididos, relegando el bien de la colectividad en la abyección. El mundo seguirá siendo presa fácil de la malevolencia y la perversidad, si los millones de hombres dóciles y contemplativos, con tal de ir al paraíso, prefieren soportar golpizas que vengarlas.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de enero de 2014).


Los monoteísmos históricamente están estrechamente vinculados a la intolerancia. Un solo Dios significa una verdad única, un solo gobernante, llámese faraón, rey, papa u obispo. En la Roma Imperial a nadie se le ocurría adorar un solo Dios, tenían muchos y muy diferentes, y no había problemas religiosos. Cada quién creía lo que quería. Después en el Siglo IV se impuso el monoteísmo; el cristianismo se hizo religión de Estado, y se eliminaba a quién no creyera en ella. La intolerancia sentó sus reales, y desde entonces los que creen en un solo Dios, hasta nuestros días, siguen matando por cientos de miles. Cualquier religión exclusiva y única provoca conflictos. Social e históricamente, el credo que mejor ha servido al Estado es el de Confucio, que no es una religión sino un sistema de enseñanza ética. Hace 2500 años un discípulo le preguntó cuál era la suma de la sabiduría humana, y el respondió: "Haced al prójimo lo que quieras que él haga contigo", sentencia que es una anticipación a las palabras de Cristo en el sermón de la Montaña cuando da su regla de oro: (San Mateo 7:12) "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas", entre los cuales quizá se refería a Confucio.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de enero de 2014).


Es objetable que las religiones institucionales discriminen a los que no creen en Dios, ni en cosa alguna que no sea científicamente comprobable.

Uno de los derechos del individuo, es también el derecho a no creer en Dios.

El hombre sólo intuye, pero nada puede saber de Dios, por lo cual, el concepto mismo de "Teología" (estudio de Dios) suena a blasfemia.

Muchos fundamentalistas resentidos, refugiados en sus prácticas religiosas, piden fervientemente a Dios que reviva el Santo Oficio y ser nombrados grandes inquisidores. Esos seres, permanentemente rencorosos y agraviados, son los que hacen dudar de la religión como norma suprema de vida.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de febrero de 2014).


No creo que el Señor nuestro Dios desee el bien de sus criaturas.

Shmuel Yosef Agnón
(v.Huésped por una noche).


Una declaración hecha por Malbéne a la televisión francesa ha causado revuelo. El controvertido teólogo dijo lo siguiente:

"Los católicos han matado protestantes y los protestantes han matado católicos. Los judíos han matado musulmanes y los musulmanes han matado judíos. Todas esas muertes se han cometido en el nombre de Dios. Nunca he sabido, sin embargo, de un ateo que mate a otro hombre por no ser ateo. Siento entonces la tentación de hacerme teólogo ateo. O ateo teísta. Entonces no hablaría en nombre de Dios, que es gran soberbia. Hablaría en mi propio nombre, y procuraría hacerlo con humildad. No sé si de ese modo sería un teólogo mejor. Sí sé que sería un mejor hombre".

Esas palabras en labios de un religioso han escandalizado a muchos. Pero, según parece, Malbéne piensa que su misión estriba en buena parte en conseguir que los hombres salgan de su indiferencia, aunque sea escandalizándolos.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.pág.9 del periódico Mural del 13 de marzo de 2014).


Los seres humanos nunca hacen el mal de manera tan completa y feliz como cuando lo hacen por una convicción religiosa.

Blas Pascal


Mi padre tampoco sentía ningún afecto por la religión: los sacerdotes de todas las confesiones le parecían algo dudosos, ignorantes, instigadores de antiguos odios, propagadores del miedo, falsificadores de sermones engañosos y derramadores de lágrimas de cocodrilo, mercaderes de falsos objetos sagrados, de aparentes antigüedades, de todo tipo de creencias banales y prejuicios. De alguna manera todos los "hombres santos" que vivían de la religión le hacían sospechar de toda clase de engañosas maquinaciones. Solía citar con satisfacción a Heinrich Heine, que afirmó que tanto el rabino como el cura huelen mal (según la versión suavizada de mi padre: "¡Ninguno de ellos huele bien! ¡Y por supuesto tampoco el gran muftí musulmán Haj Amin, el amigo de los nazis!".).

Amos Oz
("Una historia de amor y oscuridad", pág.403. Random House Mondatori, S.A.de C.V. México 2008).



El webmaster sugiere que se haga un estudio con clérigos de todas las religiones en el que se les cuestione sobre sus creencias mientras se encuentran conectados a un polígrafo (detector de mentiras). Los que no acepten se asumirá que no creen en lo que predican... De los que acepten ya se verá el resultado.

Vínculos interesantes

  • disbeliefnet


    Regreso a mi Página Base Regreso a mi página base
    El Tesoro de la Jumentud > La página de nuestra vida > Dios no está de mi lado. Ni del tuyo.
    "Dios hace que las cosas se forjen ellas mismas."
    Pierre Teilhard de Chardin SJ
    "Dios no cumple caprichos ni endereza jorobados."
    Refrán popular

    "No quiero alcanzar la inmortalidad a través de mi obra. Quiero alcanzarla no muriéndome."
    Woody Allen


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