Atractivos turísticos de la zona metropolitana de Guadalajara


Cultura y folklore


La zona metropolitana de Guadalajara, contrario a lo que se piensa, es rica en vestigios arqueológicos. En las siguientes dos fotografías, como ejemplo, se presentan dos antiguos túmulos, conformados en su parte sobresaliente por artículos de uso diario de la tribu denominada "guadalajareca". Cabe aclarar que los guadalajarecas están conformados por varias etnias:
  1. Los "tapatiecas", que fueron los habitantes originales del lugar, pero que ahora son minoría y se encuentran en peligro de extinción.
  2. Los "chilangotas", también conocidos como "gandayas", venidos del centro del país en grandes cantidades después del gran terremoto del 85.
  3. Los "sinaliux" y los "sonoriux", dos ramas de las tribus bárbaras del norte antiguamente conocidas con el nombre genérico de "chichimecas". Muchos "sinaliux" llegaron en peregrinación guiados por sus caciques o "narcos" en los 70's y 80's, cuando un dios cruel y castigador, llamado "Operación Cóndor", les ordenó buscar otro lugar para asentarse, muy lejos de sus hábitats naturales. Esta última tribu es la responsable del estilo arquitectónico "cuiliacaniense tardío" que ha florecido en toda la zona.
  4. Los "tarates" o "michoacanillos", descendientes de los "tarascos", venidos del suroeste para vivir cerca de sus clientes de la tribu sinaliux (entiéndase esto como una integración de la línea de producción con la línea de comercialización). Los "tapatiecas" aseguran que los "michoacanillos" llegaron acá bajados del cerro a tamborazos.
  5. Los "tepaches", de la zona conocida como "Los Altos" del estado. Esta tribu ha tenido continuos intercambios con los "tapatiecas" a través de los siglos, así que casi son considerados locales. Parte del trato preferente a los "tepaches" se debe al garbo, porte y brío de las hembras de esa tribu, muy apreciadas por sus cualidades entre los "tapatiecas".
  6. Tribus varias, pero que no llegan a figurar, como "colimillas", "monterreyenos", "tepís", "oaxacos", "tamaulipos o hijoelas", "yucas", etc.
Volviendo a los túmulos, abundantes por todos los rumbos de la zona, los arqueólogos se preguntan qué es lo que hay debajo de ellos, ya que tienen tanto tiempo en su sitio que nadie recuerda cómo era éste antes de que aparecieran. El asunto es que nadie desea moverlos de donde están, ni los dueños de los inmuebles frente a los que aparecieron, ni las autoridades de los municipios a que pertenecen, que se encuentran muy ocupadas en viajes al extranjero para conocer otras culturas, despreciando las manifestaciones locales como las que aquí presento.

Millet 448, La Estancia, Zapopan - May/28/2002 Beethoven 5550, La Estancia, Zapopan - Jul/3/2002

Una manifestación más avanzada de estos monumentos mítico-religiosos de los "guadalajarecas" está representada por las llamadas "Esferas Macedonias", anteriormente conocidas como "Esferas de Cornelio" (en honor a un mago de la región que hacía desaparecer archiveros llenos de recibos alterados y aparecer billetes en cajones de escritorios), que se utilizan para adornar algunos árboles (ver foto siguiente). Según algunos estudiosos de mentalidad simplista, el nombre les viene de los reyes zapopanos que se han caracterizado por su ineptitud en el servicio de recogida de basura en los últimos años; alegan los simplistas que estos adornos se multiplican en relación directa a las fallas del camión recolector para pasar por los asentamientos "guadalajarecos". Antropólogos más afines a la creencia de este autor, aseguran que es parte de un ceremonial mucho más complejo, relacionado con las costumbres de los europeos para celebrar el solsticio de invierno, y que aún falta el análisis de documentación recientemente descubierta para dar una explicación exacta.

Lo que es una realidad, es que la película "El proyecto de la bruja de Blair" se inspiró en estas extrañas costumbres de la tribu guadalajareca.

Millet y Chopin, La Estancia, Zapopan - Jul/20/2002


Los visitantes de la zona metropolitana de Guadalajara sin duda disfrutarán de las abundantes "pinturas naquestres", que abundan en la región. De hecho está considerada una de las zonas más ricas, si no es que la más rica en el mundo en este tipo de arte, creado por algunos de los elementos más nefastos de esta sociedad que, en un esfuerzo para mostrar a sus congéneres los profundos estados de palurdez, cretinismo e imbecilidad alcanzados, se esfuerzan en decorar cuanta superficie plana se les pone enfrente, apoyados en las actitudes de los gobernantes de la zona, que han sido y son mecenas reconocidos universalmente de este arte.

Este tipo de arte tiene los mismos fundamentos que la conocida costumbre de los canes de orinar sobre toda saliente de terreno para indicar que ese es su territorio y que los demás deben entrar en el mismo con la discreción y respeto del que penetra en casa ajena.

Brahms y Chopin SE, La Estancia, Zapopan - Jun/1/2002 Brahms y Chopin NE, La Estancia, Zapopan - Jun/1/2002

Publicado en el periódico Mural el 5 de junio de 2003. Publicado en el periódico El Informador el 13 de junio de 2006. Publicado en el periódico El Informador el 29 de noviembre de 2006. Publicado en el periódico El Informador el 29 de marzo de 2010. Publicado en el periódico El Informador el 18 de agosto de 2012. Publicado en el periódico El Informador el 11 de mayo de 2013. Publicado en el periódico El Informador el 11 de mayo de 2013. Publicado en el periódico Mural el 6 de junio de 2013. Publicado en el periódico El Informador el 2 de julio de 2013.

A estos mismos mecenas debe agradecerse la existencia de exposiciones monumentales de arte al aire libre. La galería más importante es la que se ha creado para recibir a los visitantes que llegan por vía aérea, y puede admirarse todo el camino desde el aeropuerto hasta la entrada a Guadalajara. Hay otras galerías importantes, aunque de menor magnitud, distribuidas por toda la zona metropolitana.

Una ventaja adicional de estas exposiciones es que distraen a los conductores de vehículos de la monotonía del transitar por las calles y avenidas... que cuesta algunas vidas y algunos daños materiales... pues sí, pero el arte y la cultura merecen sacrificios. Recuérdese aquel refrán que reza: "la letra, con sangre entra".

Publicado en el periódico Mural el 5 de junio de 2003. Publicado en el periódico El Informador el 26 de octubre de 2005. Av. Patria - Jun/9/2002 Av. Patria - Jun/9/2002 Av. Patria - Jun/9/2002 Publicado en el periódico El Informador el 30 de agosto de 2006. Publicado en el periódico El Informador el 1o.de noviembre de 2006. Publicado en el periódico El Informador el 8 de junio de 2009.
Publicado en el periódico Mural el 21 de diciembre de 2006. Publicado en el periódico El Informador el 5 de abril de 2010. Publicado en el periódico El Informador el 28 de julio de 2009. Publicado en el periódico El Informador el 5 de abril de 2010. Publicado en el periódico El Informador el 17 de mayo de 2010. Publicado en el periódico El Informador el 30 de junio de 2010. Publicado en el periódico El Informador el 14 de mayo de 2012. Publicado en el periódico El Informador el 15 de mayo de 2012. Publicado en el periódico El Informador el 9 de enero de 2013. Publicado en el periódico El Informador el 9 de enero de 2013. Publicado en el periódico El Informador el 9 de enero de 2013. Publicado en el periódico El Informador el 22 de enero de 2014. Publicado en el periódico El Informador el 16 de marzo de 2014. Publicado en el periódico El Informador el 12 de julio de 2015. La Minerva.


Otro de los atractivos arqueofolklóricos de la región son los árboles torturados. Los "guadalajarecas", ante la imposibilidad de llevar a cabo sacrificios propiciatorios de miembros de otras tribus ante sus deidades (están concientes de que a los trancazos pueden perder... y en la mesa también, como el caso del pleito con los "guanajuatillos" por el agua del Lerma que éstos han agandallado), la han tomado contra otros miembros de la creación que no pueden hacer nada para defenderse: los árboles.

En las fotografías siguientes aparecen dos ejemplares que fueron sometidos a una joda (leyó usted bien: dice joda, no poda). En cuanto les aparecen algunas hojitas verdes, les cortan más las ramas. Este procedimiento puede llevar meses, pero finalmente se logra el objetivo: la muerte de la ofrenda. Los estudiosos han llegado a la conclusión de que esta ceremonia tiene el fin de propiciar mejores lluvias para las tierras de los guadalajarecas, ahora en perpetua sequía desde el agandalle ya mencionado de los "guanajuatillos", acaudillados por su "ayatola" o guía espiritual "El Fox". Las pruebas que se ofrecen para esta teoría es que de otra manera sería incomprensible la acción, ya que ocasiona un daño significativo a una de las deidades más importantes del panteón "guadalajareca": el Dios Carro. Esta deidad sufre fuertemente por la falta de árboles, ya que es asediada por uno de sus ancestrales enemigos: el sol con sus rayos. Para tratar de proteger a este dios tutelar de todas sus familias, los "guadalajarecas" se ven obligados a luchar por ganar las sombras de los árboles de los pocos vecinos que no los han sacrificado, y esto es causa de que esos vecinos, molestos por la falta de lugar de estacionamiento afuera de sus hogares, hagan en ocasiones una especie de "maldición vudú" a los dueños de los carros que los ocupan, embarrándoles de caca de perro las manijas y orinándose en las válvulas de aire de las llantas.

F.Chopin 5525, La Estancia, Zapopan - May/31/2002 F.Chopin 5552, La Estancia, Zapopan - May/31/2002


Mucho hogares "guadalajarecas" cuentan con altares, algunas veces individuales y otras colectivos, para varias familias, en los que rinden culto y depositan ofrendas a los dioses tutelares de la casa, similares a los nahuales de los antiguos mexicanos. Estos altares son colocados en el exterior de las casas en un extraordinario afán altruista de que todos puedan gozar de ellos y, si se encuentran lejos de sus propios hogares, practicar en los mismos sus devociones. Los olores de los elementos aromatizantes que en ellos se utilizan son indescriptibles.

Las ofrendas, al igual que las "Esferas Macedonias" antes mencionadas, casualmente también crecen en relación directa a las fallas del servicio de limpia y recolección de basura de los ayuntamientos de la zona.

F.Chopin y R.Sanzio, La Estancia, Zapopan - Jun/1/2002 J.Brahms y J.S.Bach, La Estancia, Zapopan - Jun/2/2002


No puede dejar de notarse la costumbre de los "guadalajarecas" de adornar su cielo con toda clase de cables y alambres que cruzan sobre las calles como una muestra de los avances tecnológicos de esta sociedad. Basta con levantar la vista para regocijarse con este bello decorado al cual, ocasionalmente, se le agregan adornos tales como pares de zapatos con sus cintas entrelazadas, prendas de vestir y uno que otro cometa o papalote, mismos que quedan allí suspendidos hasta que las inclemencias de la naturaleza terminan por deshacerlos.

F.Chopin y R.Sanzio, La Estancia, Zapopan - Jun/4/2002

Publicada en el periódico Mural del 5/jun/2003

La gaceta de la Universidad de Guadalajara - Jun/10/2013.


Otra de las manifestaciones de la abundante cultura existente enre los asentados en el Valle de Atemajac es la representada por el material escrito, especie de bulas, que es repartido diariamente y sin costo (financiado por empresas comerciales venidas del centro y del norte) en todos los domicilios. Este material por lo general, es dejado por los "guadalajarecas" en la calle para su disfrute por parte de todos los amantes de la lectura.Casualmente, este material está impreso sobre extracto de cadáveres de árboles, lo que contribuye al sacrificio de éstos tan apreciado por los "guadalajarecas" y que hace que la región se asemeje cada vez más a los lugares de origen de las tribus "fuereñas".

Millet y Bizet - Sep/01/2002

Pero que no se critique a los "guadalajarecas" como depredadores de la ecología; por doquier pueden hallarse muestras de reservas territoriales donde abunda la fauna local (ratas de dos y cuatro patas, ratones, arañas, moscas, hormigas, aves, etc.), y que además se utilizan como depósitos de materiales antropológicos que serán la admiración de las futuras generaciones.

Beethoven, entre Sanzio y Brahms, La Estancia, Zapopan - Jul/3/2002 Beethoven, entre Sanzio y Brahms, La Estancia, Zapopan - Jul/3/2002 Periódico El Informador - May/22/2010 Periódico Mural - Abr/28/2011 Periódico Mural - May/19/2011 Publicada en Milenio Jalisco el 8/jul/2011 Periódico Mural - Ago/25/2011 Bote de basura tapatío de alta tecnología, periódico El Informador - Mar/23/2015 El Informador - Jul/11/2015

Además, en cualquier calle pueden encontrarse abundantes muestras de bosta de algunas bestias de "caza mayor" que altruistamente han sido dejadas "libres" por sus propietarios en busca de repoblar la zona con animales de especies "en peligro de extinción" (algunos, por desconocimiento, alegan que es por irresponsabilidad, pero esto es impensable en una sociedad de tan altos estándares cívicos como lo son los "guadalajarecas").

Bosta en las aceras de La Estancia - Jul/2002


¿Y qué decir de la costumbre de las clases más "nobles" de adornar periódicamente con sus pendones y sonrientes efigies todos los rumbos y espacios de la ciudad durante las competencias trianuales en las que a los triunfadores se les premia dándoles acceso a las arcas públicas para que procedan a saquearlas. Estos desinteresados "nobles"; qué digo "nobles", "filántropos"; qué digo "filántropos", "santos", cuyo mayor interés es el bienestar económico de sus familias, sus "amistades" y, principalmente, el propio, con sus pendones tratan de demostrarle a los "guadalajarecas" que no los olvidan y que están sumamente interesados en beneficiarlos (haciendo que el dinero salga del bolsillo de los "guadalajarecas" y entre al de los "nobles" que sí saben como darle un buen uso). Algunos "guadalajarecas", (los díscolos y desconfiados), ponen a los pendones de la "nobleza" en la misma categoría que la caca de perro en las aceras, como algo inevitable y que hay tratar de evitar e ignorar, mientras que otros muchos, los que sacarán utilidad de la prevalencencia de algún "noble" sobre sus competidores, muestran un sinigual entusiasmo ante los pendones de sus amos y señores.

Publicada en el periódico Mural el 5/jun/2003

Publicada en El Informador el 15/feb/2006

Publicada en Mural el 16/abr/2009


Actividades deportivas


Entre los "deportes extremos" que se practican en esta zona existen 2 particularmente populares: el "acering" y el slalom automovilístico. Al no contar con facilidades para el rafting, el surfing, el alpinismo, etc., los guadalajarecas crearon el "acering". Este es un peligroso deporte consistente en caminar por las aceras de la zona metropolitana, llenas de obstáculos de todo tipo: pozos, desniveles, superficies sueltas oscilantes, ramas bajas de árboles (¿será en este caso que están calculadas para gente de muy baja estatura, como la mayoría de los "chilangotas"?) aceras bloqueadas por puertas abiertas, automóviles estacionados, puestos ambulantes de todo tipo, etc. Además es común que por las aceras circulen bicicletas y motocicletas, y no debe olvidarse que puede haber automóviles entrando o saliendo de cocheras sin ninguna precaución (no es inusual que atropellen hasta a "los de casa"). Bajo su propio riesgo éste es un deporte que puede practicarse sin más equipo que el que se trae puesto normalmente, pero no es recomendable, ya que puede derivarse en un atropellamiento (por parte de los practicantes de slalom automovilístico). También puede suceder que, en tiempo de lluvias, usted desaparezca permanente de la superficie de la tierra, succionado dentro de una alcantarilla o boca de tormenta destapada; lo mínimo, una pierna rota. Es mejor practicarlo con casco, protecciones para los codos y rodillas y botas de minero con punta de casquillo de acero.

S. Bolívar entre López Cotilla y Vallarta - Jun/12/2002 Pedro Moreno y Bernardo de Balbuena - Jun/12/2002 Mural - Julio 17/2008 16 de Sep.y P.Sánchez- Público - Sep/8/2006 H.y Cairo- Público - Jul/30/2007 Río Nilo y Loma Sur - Público - Sep/24/2007 Federalismo Nte. y Maestros - Público - Sep/24/2007 Publicada en Mural el 8/jul/2010 Público - Jul/9/2010 Público - Mar/18/2011 Publicada en Milenio Jalisco el 8/jul/2011 Publicada en Milenio Jalisco el 21/oct/2011 Publicada en Milenio Jalisco el 6/ene/2012 Mural - Marzo 8/2012 Mural - Marzo 22/2012 Mural - Octubre 4/2012 El Informador - Julio 2/2013 El Informador - Julio 2/2013 Mural - Julio 11/2013 La Gaceta de la Universidad de Guadalajara - Enero 27/2014 Mural - Febrero 20/2014 La Gaceta de la Universidad de Guadalajara - Febrero 24/2014 Mural - Agosto 14/2014 Garibaldi y Alcalde - Mural - sep/25/14 Centro de Zapopan - Mural - oct/9/14 Avenida Aviación - Mural - oct/16/14 Invidente accidentado en Manuel Acuña y Liceo El Informador - ene/3/16

Los guadalajarecas, por lo pronto, en su afán de mejorar su competitividad en "acering", han creado al poniente de su ciudad una pista de entrenamiento a la que denominaron "Parque Metropolitano", en la cual practican a convivir en las aceras con bicicletas y, para hacerla más difícil, a algún "genio" se le ocurrió la "brillantísima" idea de cubrir los "andadores-pista ciclista" con polvo y grava de piedra roja volcánica para provocar derrapones y caídas, además de hacer más dolorosas las heridas. Sin duda son aguerridos, pero el visitante interesado en este deporte podrá dominarlo con unos pocos kilómetros de práctica.

Por otra parte, y como muestra del ingenio de los naturales: no tendremos playas pero contamos con oleaje abundante "de mar picada" durante la época de lluvias, ya que los vehículos son utilizados para producirlo, reventando las olas sobre los felices peatones que no caben en sí de la diversión, sintiéndose como en las playas vallartenses.

Público - Ago/10/2007 Periódico Mural - Jul/25/2013

Y algo que no debe perderse ningún visitante es esa maravillosa "ocurrencia" de disfrazar "pares viales" de un solo sentido como avenidas de doble sentido, incluyéndoles un arbolado camellón al centro (una de las más grandiosas y brillantes ideas de nuestros políticos autóctonos, que nos envidian hasta en Curitiba). Con ello se ha pretendido desarrollar la capacidad de concentración de los "naturales" y promover la selección natural de los más aptos, ya que a la menor distracción, después de toda una vida de acostumbrar a mirar a la derecha cuando se cruza sobre un camellón para ver si viene tráfico, los distraídos, que miran hacia donde acostumbran, pronto verán separada su alma de su cuerpo. Se recomienda, muy especialmente, Hidalgo, de Américas hacia el poniente; y La Paz, entre Enrique Díaz de León y Chapultepec.


El primer paso para el segundo "deporte extremo" de los "guadalajarecas" ha sido la construcción "torcida" de algunas calles que pudieran haberse hecho rectas, como las que se pueden disfrutar alrededor del "Parque Metropolitano", convertido en centro de entrenamiento para deportistas locales de "alto rendimiento" .

¿Para qué rectas si pueden hacerse chuecas? - Jun/16/2002

Además, para afinar las habilidades de los conductores, las autoridades de los ayuntamientos de la zona metropolitana han permitido que las calles cuenten con baches, topes y alcantarillas (unas hundidas y otras cuyas tapas sobresalen de la superficie de rodamiento). Una gran diversión y entretenimiento producen estos "obstáculos" a quien circule por nuestras calles. Además permiten el crecimiento económico, ya que hacen proliferar talleres de reparación de llantas y suspensiones automotrices, para quienes no han adquirido la habilidad necesaria en el slalom todavía. Los "guadalajarecas" acuñaron la frase "Guadalajara los recibe con los baches abiertos" para dar la bienvenida a sus visitantes.

Calle Tchaikovsky - Jun/30/2002 Calle Tchaikovsky - Jun/30/2002

Para hacer las cosas más difíciles, los semáforos están arreglados de tal forma que, en cuanto caen del cielo unas pocas gotas de agua, éstos se apagan o se quedan pegados. También cualquier viento fuerte los mueve y los deja apuntando en otra dirección. Por otro lado, y para que sirva para ejercitar la memoria, cada semáforo es diferente a los demás: unos son de "vuelta con flecha", otros de "vuelta con siga", otros de "vuelta prohibida", etc., así nadie se acostumbra a ningún estándar y, cuando salen a otras partes del país o del mundo, no les extraña ni les espanta cualquier clase de semáforo que encuentren. Lo que sí es que aquí se desconocen desde hace años los semáforos para peatones, siendo esto parte del deporte del "acering" anteriormente mencionado y provoca fuertes emociones cuando al ir cruzando frente a los carros detenidos ante el alto de un semáforo, a mitad del camino, se pone el "siga" y todos arrancan dejándolo parado sobre el grueso de una raya blanca que divide a dos carriles de circulación (a la pasada, impunemente, algunos automovilistas le tirarán un agarrón -a la bolsa o a alguna parte de su anatomía).

Además puede practicar el off road sin salir de la ciudad. Sólo tiene que circular por las intransitables desviaciones que circundan a las interminables obras en la vía pública.


Paraíso de los vehículos "todo terreno"


La zona metropolitana de Guadalajara ha sido científicamente diseñada para emplear en su totalidad las capacidades de los vehículos "todo terreno". Se cuenta con avenidas que someterán a las más duras pruebas a las suspensiones y llantas de estos automotores. Las las avenidas de la colonia Providencia son un pequeño pero impresionante ejemplo de estas construcciones, dignas de un estado, Jalisco, cuyas carreteras son utilizadas como pistas de pruebas para camiones que se han diseñado para circular por las terracerías africanas.

Publicada en el periódico El Informador el 29/oct/2003 Cerca de Central Camionera - Informador 3/jul/06 Cerca de Central Camionera - Público 4/ago/06 El Informador 8/ago/06 Las Juntas - El Informador 8/ago/06 El Informador 8/ago/06 El Informador 8/ago/06 El Informador 9/ago/06 El Informador 9/ago/06 El Informador 6/nov/06 El Informador 22/ene/07 El Informador 6/feb/07 Público 30/jul/07 Mural 2/ago/07 Público 17/ago/07 Mural 26/jun/08 Público 20/jun/08 El Informador - Jul/12/2008 El Informador - Jul/12/2008 El Informador - Jul/21/2008 Publicada en el periódico Público el 25/jun/2010 El Informador - Ago/11/2010 Publicada en el periódico Público el 13/ago/2010 El Informador - Sep/8/2010 Publicada en el periódico Público el 10/sep/2010 Publicada en el periódico Mural el 23/sep/2010 El Informador - Nov/8/2010 Publicada en el periódico Público el 19/nov/2010 Público en línea del 13/mar/2011 Público en línea del 13/mar/2011 Publicada en el periódico Mural el 28/jul/2011 Publicada en el periódico Mural el 25/ago/2011 Publicada en el periódico Milenio Jalisco el 2/sep/2011 El Informador - Sep/21/2011 El Informador - Sep/21/2011 El Informador - Oct/19/2011 El Informador - Oct/19/2011 El Informador - Ene/24/2012 El Informador - Feb/14/2012 Publicada en el periódico Mural el 1/mar/2012 Publicada en el periódico Mural el 1/mar/2012 Publicada en el periódico Mural el 8/mar/2012 Publicada en el periódico Mural el 8/mar/2012 Publicada en el periódico Mural el 15/mar/2012 El Informador - Mar/25/2012 El Informador - Jul/14/2012 Publicada en el periódico Mural el 22/nov/2012 El Informador - Ene/23/2013 Publicada en el periódico Mural el 16/may/2013 El Informador - Jul/2/2013 Notisistema - Jul/23/2013 El Informador - Jul/24/2013 Publicada en el periódico Mural el 1/ago/2013 Publicada en el periódico Mural el 19/sep/2013 Publicada en el periódico Mural el 3/oct/2013 El Informador - Oct/9/2013 Publicada en el periódico Mural el 10/oct/2013 El Informador - Dic/30/2013 Publicada en el periódico Mural el 14/may/2014 El Informador - Ago/10/2014 El Informador - Sep/8/2014 El Informador - Sep/8/2014 El Informador - Sep/9/2014 El Informador - Sep/16/2014 El Informador en línea - Oct/1/2014 El Informador en línea - Oct/1/2014 El Informador - Mar/19/2015 El Informador - Mar/19/2015 El Informador - Agosto 26/2015 Publicada en el periódico El Informador el 19/nov/2015 Publicada en el periódico El Informador el 19/nov/2015 Publicada en el periódico El Informador el 6/dic/2015 Publicada en el periódico Milenio Jalisco el 5/ago/2016 Publicada en el periódico El Informador el 7/sep/2016 Publicada en el periódico El Informador el 7/sep/2016 Publicada en el periódico Milenio Jalisco el 9/sep/2016 Publicada en el periódico Milenio Jalisco el 9/sep/2016

También en las inmediaciones de la ciudad se cuenta con instalaciones para el disfrute y prueba de tales vehículos:

Publicada en el periódico El Informador el 18/ago/2013 Publicada en el periódico El Informador el 18/ago/2013

Con la finalidad de enriquecer la experiencia de los conductores de los "todo terreno", se han creado una serie de "sorpresas" que les permitirán disfrutar de la satisfacción de comprobar que cuentan con un vehículo robusto y potente.

En resumen: sólo lugares como el Amazonas, Irak, Afganistán, los territorios ocupados de Palestina y similares pueden ofrecer aventuras equivalentes a las que usted y su vehículo disfrutarán en esta "justa, sabia, fuerte y leal" ciudad.

Periódico Milenio Jalisco - Ago/5/2011

El webmaster.


¿Primera vez en Guadalajara?

Si usted suponía que la Zona Metropolitana de Guadalajara es una de las más bellas de nuestro país, estaba en lo correcto. Nuestra ciudad es aún lo suficientemente grata como para seguir viviendo en ella. Su magnífica arquitectura, gran actividad comercial y exquisita gastronomía la distinguen en el territorio nacional.

No obstante, adolece de rezagos que hacen de la contidianidad urbana un recordatorio de lo mucho que falta por hacer. Así, espero le resulten útiles estos consejos [al visitante]:

  1. Haga caso omiso del anuncio que le recibe en esta "noble y leal ciudad" con el imperativo de que "obedezca las señales", ya que éstas brillan por su ausencia. De hecho, estará ingresando a una de las urbes peores señalizadas del país.

    Por lo que, si intenta dirigirse hacia Chapala, por la avenida Lázaro Cárdenas, a Tlaquepaque o a Nogales por el galimatías de Los Cubos, remítase a su gran sentido de orientación tipo casco azul en Irak. Y si intenta conducir entre carriles virtuales, señales preventivas invisibles y semáforos camuflados, libere su mejor instinto de conservación.

  2. Si también le informaron que la ex arbolada capital del graffiti es además amable, tampoco le mintieron. Lo que sucede es que el contaminante y lento tráfico ha generado una tendencia a la fácil irritabilidad en las que fueron damas educadas en la tradición conservadora tapatía. Desarrollando una espontánea proclividad a usar el claxon de manera soez, pero conservando los más lindos ojos de la tierra mía. Lo de la virilidad del macho jaliscience está "probado". Aunque debe tener presente que no todo lo que brilla es oro. Y aquí y en China, siete años de mala suerte son muchos.

  3. Si huele a tierra y no precisamente mojada, seguro que está usted a punto de ingresar, sin previo aviso, en zona de inversión de los recursos públicos "ahorrados", durante dos años, por los honorables ayuntamientos metropolitanos. Ni se le ocurra pensar que ha sido por falta de planeación estratégica en la obra pública, sino para que todos los habitantes de esta magnífica ciudad estemos a tono con Bagdad. Nada tiene que ver en este desinteresado esfuerzo el proceso electoral que se avecina y mucho menos el conocido "año de Hidalgo".

  4. Si cae en el infortunio de cometer una infracción de tránsito, por favor no ofrezca la clásica y mexicana "mordida", so pena de ser encarcelado por cohecho. Lo cual debe significar que en Jalisco el gobierno del cambio persigue automovilistas infractores, porque acabó con la delincuencia de cuello blanco, fraudeadores de cajas populares, inspectores municipales amafiados, concesión irregular de "maquinitas", protección a giros negros, venta de licencias, explotación sexual de niños, salarios de escándalo en el servicio público, venta de droga en las escuelas y en fin, por esos sonados éxitos es que ahora le toca a más de un agente vial de quienes se sospecha han enviado a sus hijos a conocer Disneylandia.

  5. Si va a cruzar el Periférico a pie, ni lo intente. Su vida peligra a menos que sea usted escolta de un alto funcionario en medio de la inauguración de uno de los pocos puentes que aquí, como consignara el ilustre Alcalde de Lagos, "se pasa por arriba". Lo cierto es que la distancia entre éstos obliga al modesto peatón, ciclista o señora con niño al hombro a jugársela por atropellamiento o por infarto, en una difícil decisión que llevó al Solovino en "el mejor de los mundos imposibles" de Abel Quezada, a un trágico final tan sólo por amor perruno.

  6. ¿A refrescarse a Chapala? Ni se preocupe por llevar traje de baño. Una buena arriscada de pantalón le permitirá disfrutar de un estimulante baño de tobillos, después de caminar los dos o tres kilómetros en el terreno semidesértico que hoy separa al malecón del agua. Una buena bicicleta y mejor condición física para el pedaleo le ahorrarán el pasaje a la Isla de los Alacranes. Y ya que ni las promesas de Fox ni el exceso de prudencia del Gobernador han podido recuperar al lago, lleve un recuerdo de lo que producen sus aguas: un buen ajo u hortaliza cosechada en el hoy verdoso estado de Guanajuato.

  7. La exuberante "decoración" gráfica que tienen la mayoría de los edificios en la ciudad donde Orozco creó "El hombre de fuego" es para algunas autoridades "culturales" y sociólogos de la localidad, una "forma de expresión", a la cual le llaman graffiti. Supongo, como un homenaje a la expresión pictórica monumental y callejera surgida en los barrios bajos de New York, Chicago y algunas ciudades europeas en los años ochenta y que alcanzó la etiqueta de estilo en los grandes museos de arte como una rica e innovadora propuesta plástica.

    No obstante, le sugiero no hacer comentario alguno sobre el fenómeno de "tachas" y "vómitos" en toda la zona metropolitana que, seguramente por ignorancia, en otras partes del mundo se considera daño en propiedad ajena, pues corre el riesgo de molestar a vendedores de aerosol y promotores de espacios exclusivos para grafitear, y cuyo éxito pronto motivará a las autoridades municipales para crear la primera zona exclusiva para el desvalijamiento de autos en el país. Sin reversa, seguimos a la vanguardia.

  8. El alegre, desenfrenado y veloz pulular de camioneros y taxistas en esta "Ciudad de las rosas", donde Luis Pérez Verdía organizaba magníficos paseos en bicicleta, puede ser de fatales consecuencias. Aléjese de ellos. Sus tentáculos mutantes han logrado la adaptación a todos los cambios climáticos y políticos de los últimos veinte años. Pueden adoptar forma de propietario, concesionario o líder sindical, según sea necesario, cualidad que ni los gobiernos estatales o la teoría de Darwin han logrado justificar frente a los tapatíos. Los primeros son el último eslabón en la cadena del ecosistema urbano con especialización en ciclistas y peatones. Los segundos lo pueden botar del auto como adúltero descubierto si se atreve a esbozar ingenuamente: "¿Sirve su taxímetro?".

  9. Como son más las virtudes de nuestra ciudad que los pendientes, puede invertir en los negocios más rentables de esta pujante ciudad. Si así lo decide, le recomiendo un buen "balde aparta lugares". Ingresar en este gremio sólo requiere de un pacto de sangre con la policía, la Secretaría de Vialidad y los inspectores de mercados. El acuerdo incluye la licencia para extorsionar automovilistas en cualquier lugar de la ciudad. El estilo es responsabilidad de usted, no obstante, el centro comercial Centro Magno [o el Hospital El Carmen] y sus alrededores le dan magníficas facilidades para imponer una cuota según se dejen los incautos. También se puede meter de revendedor del Estadio Jalisco. Para mayores informes contacte con las directivas de los clubes de futbol de Primera División y la -¡Qué coincidencia!- otra vez Dirección de Inspección del Ayuntamiento de Guadalajara. Si por el contrario, sólo desea emigrar acá para catapultarse a la fama, esta es la ciudad ideal. Embriáguese en un bar de mala muerte, finja ser un simple ciudadano y orine en la calle. Sólo necesita esperar las cámaras de Televisa para aparecer en el "Show de la barandilla".

  10. Finalmente debe confirmar usted mismo que un buen tapatío nunca "necesita", porque todo lo "ocupa". Y si probó las ahogadas, el menudo con aguacate, las jericallas, un buen tejuino, la cerveza de La Alemana, las nieves de La Violeta, los tacos de lengua o la birria del Mercado Alcalde, habrá valido mucho la pena visitar esta ciudad de magnífica arquitectura colonial, independentista, afrancesada, ecléctica y contemporánea. De extraordinaria escultura urbana y de obra de los grandes como Clemente Orozco, Urzúa y Luis Barragán; del Museo de Paleontología más grande del país, sede de la segunda universidad más grande de México y del primer periódico independiente de América. La que, a pesar de su grandeza y sus políticos, suplicante reza: "Que nunca llegue el rumor de la discordia".
Carlos M. Orozco Santillán
(v.pág.6/A de El Occidental del 20 de abril de 2003).
Por una ciudad más digna.

Opiniones invitadas


La inseguridad y la basura impide[n] el desarrollo turístico.

Hoteleros de Guadalajara
(v.pág.3A de la sección "Negocios" de Mural del 3 de julio de 2003).


Publicado en el periódico El Informador el 16/jun/2004

Resulta de risa que quieran construir un museo de las características y la estirpe del Guggenheim, en una ciudad que carece de planeación urbana, puesto que el día de mañana, cuando vengan los turistas a visitarlo en época de lluvia, antes de llegar al museo tendrán que pasar por todo una travesía de turismo de aventura como son: los rápidos de avenida Patria, los obstáculos de avenida Colón, 'dile al policía que te pase por el laberinto' y muchos más; por lo que desde esa óptica, los visitantes del museo quedarán maravillados de una ciudad tan completa en cultura y, sobre todo, turismo de aventura involuntario.

Rafael Raya Lois
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 13 de julio de 2004).


No hay como desparecer por unos días de la ciudad para verla, al regreso, con nuevos ojos. Como de extranjero, diría, o de 'repatriado voluntario'.

Así, los baches lucen casi como atracción turística, los midibuses como deporte extremo y los atascones de tráfico como verbenas populares. Qué bonito es lo bonito.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 22 de julio de 2004).


Lo más próximo que tenemos es el aire que respiramos. Nos llegan por oleadas mezclas desagradables de olores de origen disperso, acompañados de contaminantes tóxicos y los ruidos disonantes, cacofónicos y encimados de los pleitos de claxon, estornudos de escapes motorizados, pitillos escalofriantes de alarmas fortuitamente detonadas en coches desatendidos; locales comerciales chillando nocturnamente en falsa-alarma-sostenido-mayor y el bum bum bum de los amplificadores demoníacos de sonidos bajos que parecen emerger del inframundo cajuelero como los runrunes que anticipan las olas sísmicas de un temblor, haciendo vibrar nauseabundamente a las tripas antes de que el oído los percate.

Sufrimos los males externos a nuestra casa aún antes de salir de ella. Llegando apenas a abrir la puerta encontramos banquetas agrietadas ondulantes e impropias para carriolas, bicis, patines o simplemente poder caminar sin ejercer destrezas de atleta. La calle resulta insuficiente para los autos que la demandan (tanto para moverse como estacionarse); insuficiente para los árboles que la pueblan más como enfermería que como el ostentado "bosque urbano"; insuficiente para los cables que la enredan como telaraña metálica o las inundantes aguas pluviales. Los parques y jardines públicos sobresalen por su escasez. Los muros y las fachadas hacen de portadores de la basura críptica del "graffiti" vándalo.

Norberto Alvarez Romo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 21 de agosto de 2004).


Todos los días veo con tristeza en lo que se ha convertido esta ciudad que en un tiempo se hizo llamar "la ciudad de las rosas". Camellones llenos de basura, desde desechos de comida, botellas latas y hasta pañales desechables...

La mayoría de los camellones no tienen pasto, sólo hierba que crece en tiempo de aguas y que se seca, pero que sigue rescatada gracias a las bombas de agua que riegan de vez en cuando... y mantienen de pie algunas varas altas con una que otra rosa. Lo más tremendo es el "grafito visual" del que sufre Guadalajara.

Por todas las avenidas principales se cuelgan de los postes cartelones con todo tipo de propaganda, especialmente de la "Expo". Expo ferretera, Expo ganadera, Expo boda, Expo mueble y todos los tipos de exhibisiones que este lugar lleva a cabo durante todo el año. Se agregan a estos cartelones los diversos eventos: Fiestas de Octubre, conciertos de todo tipo, publicidad de diferentes partidos (uera y en tiempo de elecciones), publicidad religiosa, inauguraciones, etc. Con tanto cartelón y banderín, Guadalajara ya parece un pueblo globero.

Para la Cumbre de las Américas se le dio "manicure" a la ciudad... la limpiaron, plantaron y hasta quitaron la docena o más de perros muertos que se juntan sobre la carretera a Chapala, saliendo del aeropuerto. Entonces, ¿aquí sólo se limpia para ciertos eventos importantes, no para los ciudadanos?

Josefina Chaprales de Agnesi en "Buzón de nuestros lectores"
(v.pág.12-D del periódico El Informador del 9 de noviembre de 2004).


La calidad de la vida pública está en la condición de esas banquetas que abundan agrietadas, disparejas y llenas de postes; de las calles agredidas por vehículos autistas, majaderos en demasía y por las telarañas de cableados colgantes que amenazan aprisionarnos; de los parques tristes carentes de afecto jardinero; de las plazas anárquicamente invadidas por ambulantes ventajosos; de las fachadas grafitiadas que desfiguran el rostro hogareño; de la basura esparcida por transeúntes apáticos; de los humos y polvos que vician el aire, los pulmones, la salud.

Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de enero de 2005).


En sus ingresos por las vías carreteras se produce una mala impresión de lo que es nuestra ciudad. Esto es cierto al arribar desde todos los puntos cardinales. Para los visitantes primerizos que llegan vía el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, la primera impresión es un olor de putrefacción y desechos que no cesa durante el año completo. Notoriamente, esta zona es un ejemplo más del manejo insuficiente de los drenajes que contaminan a los arroyos y cauces de toda la ciudad.

Una vez registrado el olor alrededor del aeropuerto y ya en camino a la ciudad, los anuncios publicitarios (mal llamados espectaculares, de lo cual tienen poco) se encargan de contaminar y destruir el paisaje precisamente desde la salida del aeropuerto con una saturación tal de mensajes que ninguno llega a producir el efecto informativo que se pretende con ellos. Todos juntos ya anuncian simbólicamente el caos demencial que se avecina.

Así sucede también en los demás ingresos a la ciudad; cada uno con sus variantes peculiares. Es como si cada ingreso estuviera cumpliendo con alguna consigna implícita e intencional de no mostrarse como una entrada bella y digna a la ciudad intermunicipal más grande del país que es Guadalajara.

Lo que resulta con las malas impresiones que luego se repiten demasiado es que provocan algo así como una vacuna o adormecimiento cerebral que nos impide reconocer la realidad horrorosa en la que se nos está convirtiendo nuestra ciudad frente a nuestras propias narices. Quizás es una autoprotección a la neurosis o depresión mental que se desataría si realmente todos nos fijáramos con atención, interés y honestidad a lo que ocurre con nuestras calles atascadas, fachadas grafitiadas, banquetas desquebrajadas, cielos en cableados y jardines demacrados. Habrá que reconocer también a los vehículos endemoniados, poseídos por seres transmutados al volante.

Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 5 de febrero de 2005).


La zona metropolitana de Guadalajara se distingue por los intentos de solución vial en la que los nodos, la infraestructura carretera, la señalización y no se diga el aeropuerto, resultan deprimentes para quienes tenemos que sobrevivir en una ciudad con un caos urbano agravado por la ineptitud gubernamental para desarrollar la obra pública. Dicha obra debería dotar a sus habitantes de soluciones viales pertinentes y no galimatías como el que encontramos en los famosos "cubos" de la Avenida Vallarta y obras interminables cuyo costo económico y político puede ser mayor que los beneficios por las molestias que han causado a los afectados.

Guadalajara, Tlaquepaque, Zapopan, Tonalá y Tlajomulco han hecho un pacto suprapartidario bajo la batuta del gobierno estatal para convertir a esta ex ciudad amable en una de las más peligrosas de México por su señalización e insuficiente infraestructura vial.

Paradójicamente, donde hay obra ésta se ejecuta sin planeación, sin información suficiente y con una ineficiencia que multiplica la molestia ciudadana cuando se observan en pleno día trabajos que podrían acelerarse por las noches, como en la Ciudad de México en donde la pavimentación, balizamiento, calafateo, semaforización e iluminación se realizan exclusivamente por la noche.

Carlos Manuel Orozco Santillán
(v.pág.7/A de El Occidental del 6 de febrero de 2005).


Guadalajara, Guadalajara... la llamada "Perla de Occidente", la "Ciudad de las Rosas", "Ciudad de las Fuentes", eran tantos los calificativos que distinguían a la noble capital de Jalisco, pero la han convertido sus habitantes en la cumbre del grafito, el congestionamiento vial, la ansiedad y falta de respeto hacia el peatón.

(V.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2005).


Guadalajara llega a su 463 aniversario siendo una ciudad descuidada. Basta con caminar por las calles del centro histórico, para observar el grafito por todos lados, la mugre hasta en los edificios públicos, en los adoquines de las plazas.

Graciela Abascal Johnson, curadora de la sala de historia del Museo Regional de Guadalajara
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2005).


Desde 1985 nuestra ciudad crece desordenadamente. Aquí se perdió la brújula cuando el temblor de la Ciudad de México provocó el éxodo masivo a la provincia; y la nuestra fue al principio la preferida. Desde entonces han imperado las ocurrencias y las improvisaciones en casi todos los ámbitos de nuestra vida pública.

Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 5 de marzo de 2005).


Quedará pendiente la obligación de atender aquellos aspectos de nuestra ciudad, que por referirse a los errores del pasado no reciben la atención y entusiasmo de los sueños futuros. El crecimiento desordenado que ha sufrido por dos décadas ha traído consigo errores cuya corrección rebasa el alcance de los proyectos individuales y que solamente podrán resolverse con una concertación pública y un liderazgo heroico, de lo cual parece que aquí escaseamos.

El problema lo recordamos en los espacios abiertos; los lugares públicos en que coincidimos todos, donde nos movemos, nos vinculamos. Allí están los muros graffitiados, las banquetas agrietadas, los parques ausentes, los embotellados coches, los tambores nauseabundos de auto estéreos cholos, las ubicuas alarmas chillantes desatendidas a fuerza de ser tantas tan falsas, los árboles mutilados por el conflicto de espacio con la telaraña del cableado de distribución eléctrica y desde luego los monstruosos autobuses urbanos (lo peor de lo peor).

Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de marzo de 2005).


Como parte de la reciente oleada de emociones fuertes y deportes extremos, las aceras de nuestra ciudad ofrecen su aporte: banquetas destruidas, bloqueadas por automóviles, postes inútiles, cabinas telefónicas mal ubicadas y hasta abismos.

Martín Mora
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 1o.de abril de 2005).


Con la novedad de que Guadalajara abre nuevas atracciones para los afines a deportes extremos. Si usted alguna vez soñó con ser extra de los Dukes de Hazzard, gustaba de ves la persecuciones en las calles de San Francisco o es adicto a los Pilotos Infernales de Francia, no lo piense más y haga su sueño realidad. Sólo acuda a las confluencias de Av.Américas y Jesús García y compruébelo usted mismo.

Salgo de mi casa a las diez de la noche, voy circulando en mi coche (ahora en espera de reparación en la agencia) y los semáforos me marcan el verde. Entonces, súbitamente, veo el tope unos cuatro metros delante de mí; muy tarde para frenar, las cuatro llantas en el aire (no exagero), aterrizaje forzoso y comienzo a maldecir la hora en que a alguien se le ocurrió poner un tope debajo de un semáforo en plena Av.Américas y sin pintar. Sólo una señal al lado, con un letrero "Tope".

Ahora acabo de leer que estos topes no pretenden disminuir la velocidad del tráfico, sino desviar el flujo de agua de lluvias. ¿Difícil de creer? Así es, pero nuestros funcionarios no dejan de sorprendernos. El tope apareció de la nada el miércoles 18 de mayo, por la mañana. Casualmente, desde ayer por la mañana el tope estaba pintado (supongo que lo hicieron en la madrugada, pues tomé fotos antes y después e incluso saqué video la misma noche de mi percance con autos haciendo acrobacias aéreas con chispas).

Señores secretarios de Vialidad y de Desarrollo Urbano, les pido que me respondan quién va a pagar mis daños. La ineptitud de no señalizar bien, sus "magnas" obras dañaron mi auto y el de muchos más. Espero que tengan la vergüenza para responder.

Fernando González
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 20 de mayo de 2005).


En cada poste hay un letrero colgado, la mayoría de estos letreros son obsoletos y están a punto de caerse; no hay un solo poste libre de pegostes, colguijes o mecates y unidos a las marañas de cables que los coronan crean una caótica sinfonía visual.

Las banquetas y machuelos no son mejores. Prácticamente no hay ninguna en buen estado. Sus machuelos están hechos añicos y los cajetes, que alguna vez albergaron un árbol, están cayéndose a pedazos.

En los casos en que el árbol sobrevivió a la contaminación y la sequedad, el cajete no tuvo la misma suerte, pues su mal diseño fue incapaz de resistir las raíces de su arbóreo huésped o los golpes de los automóviles vecinos. Los más sólo contienen basura y tierra reseca.

Los arroyos de las calles son otra obra maestra del desconstruccionismo urbano. Las calles que alguna vez se construyeron de concreto son un muestrario de parches de asfalto que impiden transitar suavemente y sin sobresaltos. Cada parche es testimonio fiel de la falta de previsión o de la improvisación, pues son el producto de cientos de ranuras y agujeros que todo mundo hace para colocar tuberías y conexiones que, por algún extraño motivo, no fueron instaladas antes de terminar la calle. Si no me creen fíjense en la Avenida Montevideo o en la Avenida Terranova, en la Colonia Providencia.

Pero no sólo los parches y agujeros hacen que pasear en coche por Guadalajara sea una abrupta experiencia.

Los desniveles provocados por el crecimiento de las raíces de los árboles localizados en los camellones levantan los bordes y reducen el ancho efectivo de las calles.

Sin duda son especies que nunca se debieron sembrar pues sus raíces no crecen hacia abajo, sino hacia los lados.

Y qué decir de los topes, Guadalajara está plagada de ellos y pocos son los realmente necesarios, bien construidos y bien señalizados.

La mayoría son instalados por los vecinos, que consideran que tener uno frente a su casa hará no sólo que los coches se detengan, sino que servirá además como prueba de sus influencias y como símbolo de un estúpido estatus social.

Hay dos calles que son un gran ejemplo de esto, la calle Alberta, también en la Colonia Providencia, y la Avenida General Ramón Corona (si es que se le puede llamar avenida a ese mal construido camino donde está el campus del Tec de Monterrey y que lleva a todos esos nuevos lugares con salones de eventos para fiestas). En esa avenida de rancho, hay un tope detrás de otro, y a las dos o tres de la mañana, al regresar de una fiesta sin más iluminación que la del coche nos hacen salar de coraje decenas de veces.

Cada tope es distinto al otro. Unos tiene vibradores (de los que no usan pilas) en la parte de arriba, otros son unas verdaderas bardas, otros son de proporciones tales que hacen que el chasis inevitablemente pegue contra ellos; unos los hacen de asfalto, otros de concreto, y por supuesto casi ninguno está pintado ni cuenta con señalizaciones previas que los anuncien, por lo que nos enteramos de su existencia cuando brincamos de susto o damos un frenón para intentar aminorar el golpe.

Todo lo anterior aunado al graffiti, a la basura, a los camellones de tierra o con pasto seco y a miles de detalles más, lo único que nos dice es que nadie se fija en ello y que nadie ha gastado un centavo en remodelar las calles de la ciudad desde que se construyeron. Las calles más nuevas se ven algo mejor, pero su inevitable destino será terminar igual de abandonadas que sus antecesoras.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.8A del periódico Mural del 9 de junio de 2005).


La ciudad al tener una contaminación visual pierde sus características arquitectónicas, ya que si esos elementos son tapados por otros como los anuncios, la urbe se vuelve un medio publicitario.

"Hay esquinas en Guadalajara que cuentan con un alto número de anuncios. Otro ejemplo es cuando sales del aeropuerto hacia Guadalajara sitio donde existen 64 anuncios y en la ruta hasta la ciudad hemos contabilizado hasta 112 anuncios".

Guillermo Sandoval Madrigal, investigador del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño, precisó que es obligación de los ayuntamientos regular la instalación de estos medios publicitarios, pero no han tomado cartas en el asunto debido a que para los municipios representan una fuente de ingreso.

"Es por un afán comercial que no toman en cuenta los riesgos que representan, a pesar de que la norma es muy clara y dice que una ciudad debe estar exenta de cualquier tipo publicitario. Ya que para este fin deben instalarse áreas especiales como kioscos o instalarse en parabuses".

Puntualizó que ciudades como Morelia, donde las autoridades acaban de rescatar el centro histórico, no existe ningún anuncio y la misma situación presenta Zacatecas, lo que significa que hay educación y cultura.

Hacia el aeropuerto

(V.pág.3-B del periódico El Informador del 13 de junio de 2005).


La contaminación visual no es sólo producto de los espectaculares. Hay otro tipo de publicidad urbana que le roba espacios a la ciudad, la afea e incomoda a los ciudadanos. Son los miles de pendones que de manera indiscriminada se colocan en las principales avenidas, parques y jardines, anunciando de todo: eventos artísticos y culturales, alimentos, servicios... y política.

Por donde usted transite, sea a pie o en automóvil, se encuentra con este tipo de publicidad colgada de los postes, árboles y balcones. Y este problema crecerá en los próximos meses, cuando inicien las campaña de los candidatos a ocupar algún puesto en las elecciones de 2006. Empezaremos a ver grandes mantas en los puentes peatonales, o en todo lo ancho y alto de fachadas de edificios. Mantas con fotografías de los candidatos, sus lemas de campaña, los colores de los diferentes partidos. ¡Invasión publicitaria en toda la ciudad!

La contaminación del aire cuesta más trabajo combatirla, lo mismo que la auditiva. Sin embargo, la visual sí se puede evitar más fácilmente: Basta con que los ayuntamientos dejen de pensar en el negocio que les resulta otorgar los permisos, en el caso de los anuncios espectaculares y pendones publicitarios. En cuanto a la publicidad política, el Consejo Electoral del Estado está a tiempo de implementar reglas para que se respete la imagen de la ciudad. Guadalajara y sus habitantes se los van a agradecer.

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de junio de 2005).


Puestos a buscar explicaciones lógicas al fenómeno de que Guadalajara haya perdido su encanto -si no del todo sí, al menos, para dejar de ser el arquetipo de calidad de vida que llegó a ser para sus habitantes-, lo más fácil sería hacer tabla rasa: culpar, en general, a los gobernantes que en las últimas décadas ha padecido: burócratas oportunistas; funcionarios públicos desprovistos de proyecto e impreparados para dar rumbo al destino de la ciudad y de sus moradores actuales y futuros; arribistas de la política, incapaces no sólo de honrar sus huecas promesas de campaña sino, simplemente, de cumplir su compromiso de permanecer tres años en el cargo, y que toman a la ciudad como mero escalón o trampolín en su carrera política...

Sin embargo, quizá lo más honesto sea reconocer que la culpa del deterioro de Guadalajara como la ciudad más habitable del país sea de "Fuenteovejuna". Es decir, de sus propios habitantes.

Y lo peor: admitir que lo más probable es que ese deterioro ya resulta irreversible.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 20 de junio de 2005).


Imagina que como buen tapatío "bien" te compras un carrazo con un valor menor de lo que mereces, pero mucho mayor de lo que puedes costear. Y ni modo, te endrogas por varios años. Sales una hermosa mañana de la distribuidora de autos europeos, sintiéndote galán en Miami, de perdida, y antes de que te des cuenta, ¡bolas!, caes en algo como un bachezote... pero más grande que tu carro, y de tres metros de hondo.

Pero igual les pasa a los que van en minibús, o hasta a los camiones de gas: vete a saber si es por las innumerables e interminables obras públicas, por la pésima red de agua potable y alcantarillado, o porque simplemente el famoso suelo de jal en el que estamos asentados ya se deslavó y dio de sí, pero ahora sí que la tierra se nos está escurriendo de los pies. Y nos estamos hundiendo.

Parece ser que a partir de ahora, la mejor forma de transportarse será con equipo de alpinista. Para que le vayas calculando.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 7 de julio de 2005).


La otrora bella y señorial Guadalajara, poco a poco, por culpa de las autoridades, tanto estatales como municipales, se fue degradando, fue perdiendo su dignidad y prestancia, hasta dejar de ser la ciudad amable y lugar de esparcimiento para las familias tapatías, y es que 10 años de gobiernos panistas, más preocupados por viajar, engordar sus cuentas bancarias y sus bolsillos que por dignificar y modernizar la ciudad, la convirtieron en todo, menos en ciudad amable, como antes era y si duda sobre lo que aquí estoy diciendo, veamos algunas de las lacras, lo antiestético y contaminante que tenemos:

Pobre Guadalajara, con tal de sacar dinero para sus viajes y mantener al mantenido de Casa Jalisco, las autoridades cualquier poste lo convierten en fuente de ingresos, sin importar que molesten a la ciudadanía y lo invito a que si va caminando por cualquier calle, tenga la curiosidad de mirar a ambos lados de las aceras y verá lo que yo miré por la avenida de Las Américas: Cosas desagradables que cuelgan, suspendidas de los postes y de los árboles, sin que lleguen al suelo, pero que afean la vista por lo antiestético; en una sola cuadra y por una sola acera encontrará estos colgajos:

  1. El anuncio de más de tres metros de largo, por uno de ancho de una agencia automotriz, donde da a conocer las ofertas de sus automóviles último modelo.
  2. Le parecerá increíble, pero a menos de cinco metros, en otro anuncio del mismo tamaño que el anterior, le informan de las ofertas en gatos, perros y canarios que ofrecen en la Feria de "Mascotas", que se realizará en Expo-Guadalajara.
  3. Camina otros cinco pasos y un nuevo anuncio: -El Hartista, así con H, Miguel Bose se presentará en Guadalajara, donde por medio de sus gritos y gemidos se llevará los dólares de los tapatíos a España.
  4. "Técnicas americanas de estudio para niños"; así reza el siguiente anuncio de un colegio y en el mismo poste otro anuncio más promoviendo el Festival Cultural de Mayo.
  5. Y al terminar la cuadra, anuncios de teatro, con la obra "José El Soñador", y así podríamos seguir con la siguiente cuadra... y la siguiente y la siguiente.
A todo lo anterior agréguele los carteles de la Secretaría de Vialidad, anunciando los desvíos y las rutas alternas que deben seguir los automovilistas y camioneros por las obras que se están realizando, las cuales ya llevan meses y meses sin que se vea su fin; es el colmo ¿no?

Por si fuera poco lo anterior, a pesar del peligro que representan, sobre todo para niños y ancianos, por toda la ciudad tenemos en cada esquina las alcantarillas sin tapa y como ejemplo podemos señalar la que está en la esquina ubicada frente al edificio que ocupan las oficinas del Consejo de la Judicatura en avenida Las Américas y Eulogio Parra, que no obstante que tiene meses destapada, se ha convertido en basurero y trampa mortal; ¿estarán esperando las autoridades que algún magistrado se rompa alguna pierna?, y si eso es en un edificio público importante, pienso que usted se imaginará qué sucede en el resto de las esquinas de nuestra pobre ciudad. ¿Y las autoridades?, bien gracias, pues otra vez están de vacaciones en el extranjero, comprando las "garras" que sus mujeres quieren. ¡Ahora que se cayó el burro y no les cuesta!

Adolfo Martínez López
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 25 de julio de 2005).


Publicado en el periódico El Informador el 27/jul/2005

Hay un número indeterminado de anuncios espectaculares en la ciudad. Se dice que en el municipio de Guadalajara hay 360, en Zapopan 543 y en San Pedro Tlaquepaque 150. A esta cantidad hay que añadir más de un 10% de anuncios irregulares. Además, los que se ubican en municipios conurbados como Tlajomulco o El Salto. ¿El resultado? Tenemos una de las zonas metropolitanas visualmente más contaminadas del país. Y, a lo que se ve, una anarquía regulatoria muy poco envidiable en el tema. Y, a río revuelto, la ciudad pierde.

De enorme tamaño, agresivo diseño, ínfima calidad constructiva, eliminan de un plumazo el encanto y la escala de cualquier perspectiva citadina. Se convierten en un gran menor común denominador. ¿Quién va a tener ganas de cuidar las calles cuando semejantes monstruos se encargan de afearlas definitivamente? Es triste que aún los ayuntamientos (como el de Zapopan), instituciones educativas y candidatos a "gobernar mejor" utilicen estos vehículos a sabiendas (en el mejor de los casos) que con ello profundizan la degradación urbana de la ciudad que pretendidamente quieren mejorar. Ciertos comunicadores afirman, además, que la eficiencia de los espectaculares es ya mínima, merced a la saturación que los propios anunciantes han propiciado.

Guadalajara, como zona metropolitana, debería tomar el problema por los cuernos y limitar muy severamente los espectaculares. Prohibirlos en la mayoría de la mancha urbana, y en donde fueran permitidos, reglamentarlos efectivamente. Se dirá que es una industria que da trabajo a mucha gente. Claro, porque se permite algo así. Si las autoridades propiciaran el respeto a la ciudad y cerraran este fértil campo de negocios y componendas, automáticamente el mercado se desplazaría a otros segmentos menos dañinos para la urbe. Así ha sucedido en la mayoría de las ciudades civilizadas y los publicistas y la gente que depende de esta labor ha encontrado maneras de seguir operando.

La belleza y la dignidad de la ciudad son inapreciables. El ciudadano aprende a querer y respetar a su entorno si es capaz de identificarse con él, de encontrar armonía y serenidad en su contexto. Revisemos cualquier libro de fotografías de Guadalajara antes de este ataque de "modernidad": era una ciudad agraciada, querible. No es posible que nuestra generación deje que la ciudad heredada sea convertida en un gran tinglado publicitario en beneficio de unos cuantos. Es tiempo de rescatar el decoro y la dignidad de una urbe que ha sido largamente, espectacularmente, descuidada.

Juan Palomar Verea
(v.pág.12-B del periódico El Informador del 27 de julio de 2005).


Quien en automóvil viaja,
de inmediato se da cuenta
cuando a Jalisco ha llegado,
porque la tensión aumenta.

Después que tranquilamente
otro estado ya ha dejado,
se encuentra con que el camino
es cual terreno minado.

Es un sello jalisciense,
que su imagen deteriora,
sus pésimas carreteras:
quien las recorre, hasta llora.

Anflopo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 2 de agosto de 2005).


Aquí, todo lo que se mueve, se estorba mutuamente. Los coches se estorban unos a otros cuando más prisa llevan; y cuando llueve, las calles se vuelven los arroyos que alguna vez fueron y desconocen haber sido rellenados para levantar casas, comercios y caminos; la electricidad y las señales de comunicación que fluyen por los cables se han vuelto una telaraña de alambres que parecen grandes estopas colgantes; los camiones urbanos como depredadores se pelean ferozmente por presas pasajeras; la verdadera cara urbana de la ciudad se esconde tras las tecatas cosméticas de las publicidades exteriores de productos y precandidatos que luchan por dominar la voluntad de nuestras mentes a la hora de actuar en las urnas y en las compras.

Norberto Alvarez Romo, promotor de desarrollo sustentable
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de agosto de 2005).


Con frecuencia se informa sobre algún vehículo que al circular normalmente por una calle o avenida de la zona metropolitana de Guadalajara, de pronto rompe el pavimento y queda atrapado en un socavón, ocasionando por lo menos un tremendo susto a sus ocupantes.

El descubrimiento de 50 colonias que pudieran ocultar bajo sus calles y casas peligrosos socavones, es un llamado de alerta...

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de agosto de 2005).


Los publicistas llevaron a Río de Janeiro, para efectos de la presentación de la sede, una imagen idílica, con tomas espectaculares de las estupendas vialidades de Guadalajara en los momentos en que funcionan a la perfección (no a la hora de los congestionamientos de vehículos, de los embotellamientos en torno a los puentes y túneles que se construyen, de las caóticas "vías alternas", de las acostumbradas inundaciones, de los "socavones", de los paisajes lunares a que se asemejan innumerables rúas citadinas en esta temporada de lluvias...).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de septiembre de 2005).


En las décadas de los años 50, 60 y gran parte de los 70 del siglo próximo pasado, las autoridades municipales de Guadalajara desplegaron siempre una especial vigilancia para comprobar que las fachadas y las banquetas de todas las fincas de la ciudad estuvieran en buenas condiciones.

La supervisión, por parte del personal del Departamento de Inspección y Vigilancia de Reglamentos, se centraba más en las banquetas, a fin de que siempre se hallaran en buen estado para el seguro desplazamiento de los peatones, especialmente de las personas mayores de edad, pues si se encontraban con hoyancos o peligrosos desniveles podrían tener un traspié, un tropezón o una caída, con graves lesiones o huesos rotos para las víctimas.

Sin embargo, esta vigilancia aflojó mucho, hasta casi desaparecer, cuando empezaron a imperar en la comuna las políticas populistas, impulsadas por el presidente Luis Echeverría Álvarez, que terminaron en populacheras, desatendiéndose por completo la buena imagen de Guadalajara.

Ante esta ausencia de vigilancia y de interés por parte de las autoridades municipales, los dueños de las fincas se desatendieron de arreglarlas en su aspecto público.

Ahora, en todos los rumbos de la ciudad, abundan las fachadas y banquetas descuidadas, y en muchos casos con daños severos y peligrosos.

Para no ir más lejos, hasta algunos edificios públicos tienen sus fachadas y banquetas en mal estado, como es el caso del Museo de las Artes Populares, ubicado en la esquina suroeste del crucero de las calles San Felipe y Pino Suárez.

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 24 de octubre de 2005).


Con un recorrido en periférico oriente, entre Avenida Alcalde y la cabecera municipal de Tonalá, el Reportero Urbano constató que hay alrededor de 1,590 baches de diferentes dimensiones y profundidades.

Publicado en el periódico El Informador el 29/oct/2005

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 29 de octubre de 2005).


Cervantes, en una de sus "Novelas Ejemplares", refiere la historia de un personaje cuyo mayor tormento, hoy, sería... una invitación a visitar Guadalajara.

El nombre de pila del personaje en cuestión era Tomás Rodaja. Aparece intempestivamente en Salamanca, atraído por el deseo de estudiar y entendido de que "de los hombres se hacen los obispos". Sin embargo, algunos pícaros lo enrolaron en la milicia. Metido en "aquella vida, que tan cercana tiene la muerte" -refiere el Manco de Lepanto-, viajó Tomás por toda Italia. De regreso en Salamanca, una dama desdeñada lo hizo víctima de un hechizo ("bebidas o comidas amatorias llamadas 'veneficios' -dice Cervantes- porque no es otra cosa lo que hacen sino dar veneno a quien las toma"), cuya consecuencia fue que Tomás quedó "loco de la más estraña locura que entre las locuras hasta entonces se había visto. Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio (...). Cuando andaba por las calles iba por mitad dellas, mirando al cielo, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase".

A partir de aquel arrebato de locura, Tomás Rodaja cambió su nombre y antepuso el título de que hasta entonces carecía: "Licenciado Vidriera".

El caso es que si el Licenciado Vidriera hubiera saltado de la fértil imaginación de Cervantes a la realidad y reencarnado en los tiempos presentes, seguramente se aterraría ante la perspectiva de verse seducido por los vendedores de los fascinantes atractivos turísticos de Guadalajara; sus estupendos museos; sus magníficos parques y jardines; su irresistible gastronomía; el respeto cuasi-sacramental de los lugareños a las gemas que integran su patrimonio cultural; sus múltiples joyas arquitectónicas...

Sería difícil convencerlo de que un episodio como el ocurrido ayer al mediodía, en pleno centro de la ciudad, es, simplemente, una anécdota... Si ya la ciudad y sus habitantes vivieron, hace 13 años, las explosiones de los colectores de una extensa y populosa barriada, ¿quién puede asombrarse de que se fracture y se desprenda, desde unos 10 metros de altura, un fragmento (de aproximadamente media tonelada) de una cornisa de una de las puertas frontales de la catedral?...

Se dijo, a raíz de la construcción del túnel vehicular de la Avenida Hidalgo, que esa obra amenazaba la solidez de la voluminosa mole de cantera y otros materiales de que está hecha la iglesia que ha devenido símbolo de la ciudad. Hubo dictámenes periciales en el sentido de que la estructura había sufrido "grietas -se dijo entonces- en las que perfectamente podía caber, parado, un hombre de mediana complexión".

Se hicieron -eso se aseguró- reparaciones "a fondo". Independientemente de modificaciones menores, como la remoción, en tiempos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo como arzobispo, del manifestador o "ciprés", que dio pie a una encendida polémica que por poco no acabó con una reedición a escala tumultuaria de la bíblica gresca fratricida de Caín y Abel, se supone que la discutida catedral (a la que alguien dedicó un retrato hablado que se ha vuelto típico: "Es una ecléctica y armoniosa colección de mediocridades arquitectónicas"... sin conseguir que se le dejara de ver -con el mariachi- como la tarjeta de presentación de los tapatíos en el mundo), no se ha sabido de nuevos atentados que amenacen con convertir a la (pese a todo...) majestuosa edificación en una ruina.

Sirva lo de ayer, de todos modos, como llamada de atención...

Porque, ¿se imagina usted lo que sería Guadalajara sin su catedral... o, peor tantito, a Guadalajara con una catedral perpetrada por alguna de las actuales "vacas sagradas" de la arquitectura local?...

¡Los santos mártires de la Cristiada nos tengan de su bendita y milagrosa mano...!

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 2 de noviembre de 2005).


El otro día fui a la zona de la calzada Indepestilencia, y en la avenida La Paz y la calle Comercio me tocó ver la mugre en que vivimos: aparte de baches, coladeras rotas, puestos de periódicos sin periódicos ni revistas, puestos ambulantes y montones de basura por doquier. ¿Qué sucede con el municipio de Guadalajara, el primer cuadro de la ciudad, por donde circulan ciudadanos, turistas nacionales y extranjeros? ¿Por quién estamos gobernados? ¿Dónde están los inspectores? Y así en toda la ciudad.

Mateo Hernández
(v.pág.4, "Correo" del periódico Público del 20 de noviembre de 2005).


México es un paraíso para las bacterias y las amibas y, por ende, para las enfermedades gastrointestinales, por la contaminación del agua, suelo y aire, además de la falta de higiene personal, indicó Elia Rodríguez Di Bin, especialista en infectología. Así, hoy día uno de los principales problemas de salud pública en el país es la amibiasis. Tan solo en Guadalajara se calcula que 14% de su población padece esta enfermedad.

(V.pág.12 del periódico Público del 4 de diciembre de 2005).


Admitió el ahora ex alcalde, Emilio González Márquez, llevarse un cargo de conciencia: "Dejar una ciudad sucia".

La frase invita a reflexionar. ¿Qué quiso decir don Emilio con "ciudad sucia"?...

El vocablo "sucio" tiene varias acepciones. Una: "que tiene manchas o impurezas". Las manchas que Guadalajara acusa en su fisonomía son múltiples: desde los baches en las calles, los hoyos en las banquetas y el "grafitti" que de unos años a la fecha se ha convertido, para mal, como un tatuaje repelente, en parte de su rostro; las impurezas, por lo consiguiente: adefesios arquitectónicos -desde edificios horripilantes perpetrados por la iniciativa privada hasta elementos "ornamentales" que las autoridades le han incorporado alevosamente-, en detrimento de la dignidad y la armonía que, bien que mal, la caracterizaban... Otra: "manchado con pecados o imperfecciones". Botón de muestra: la anarquía con que funciona -a gran escala, por lo demás- el comercio en la vía pública; muy particularmente, el expendio indiscriminado de alimentos y bebidas... Una más: "deshonesto u obsceno en usos y palabras"; ¿hay alguna duda de que el vocablo retrata a la perfección costumbres tan difundidas como la de arrojar cochinadas en la vía pública, y las formas de expresión -pletóricas de vulgaridades y de una pobreza formal rayana en la indigencia- tan usuales incluso entre nuestros universitarios?... Y una más: "hablando de algunos juegos, sin la debida observancia de sus reglas y leyes propias". Esto, con una poca de imaginación, podría hacerse extensivo al desdén que en la vida cotidiana se tiene hacia determinadas normas de convivencia -las leyes de tránsito, por ejemplo-, y la naturalidad con que, llegado el caso, se disparan los esquemas institucionalizados de corrupción, coloquialmente conocidos como "mordida".

Al margen de que la frase del señor González Márquez pudiera referirse a cualquiera de esas acepciones del nada envidiable adjetivo, bien pudiera haberse limitado a reprochar el desapego del ciudadano por cumplir y a la incapacidad de la autoridad por hacer cumplir los ordenamientos municipales con respecto al aseo de la casa común, reflejo del decoro de sus habitantes.

Ya es un tópico: cuando Guadalajara se preciaba de ser "ciudad limpia" -reflejo de la manera de ser de sus habitantes-, se sabía que los inspectores de la comuna salían a patrullar las calles, block de infracciones en mano, a partir de las 10 de la mañana, y a dejar notificaciones de multas en los domicilios en que fuera notorio que no se había barrido la banqueta y el frente de las casas.

Las multas no eran especialmente severas. Nadie podía decir que el reglamento que autorizaba a imponer 10 pesos de multa por la omisión señalada, tenía propósitos recaudatorios. Con otra: que estaba tan generalizada la sana costumbre de barrer las calles, que las eventuales y escasas omisiones -excepciones de desidia que confirmaban la regla del civismo como costumbre-, que en muy pocos casos se llegaba al extremo de las infracciones.

En la administración anterior, la ventolera por el aseo en la vía pública, fue, por una temporada, tema de una campaña propagandística de mal gusto -aquellos pendones desplegados por el primer cuadro, con el rostro patibulario de un cómico de la televisión-, por una parte, y vil llamarada de petate por la otra.

No hubo que ir demasiado lejos por la prueba de que es aplicando la ley y no afeando la ciudad con pendones (costosos, además) como Guadalajara puede sacudirse una etiqueta que la deshonra -la de "ciudad sucia"- y reconciliarse con la contraria, que la honraba.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de diciembre de 2005).


Es curioso, pero el Ayuntamiento [de Tonalá] lo único que hace es "parchar" el pavimento [del Periférico], de ahí que esté todo boludo y parece que vamos a caballo y no en un vehículo, además del riesgo existente de que se afecte la suspensión del automóvil.

Margarito Mayorga Pila
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de diciembre de 2005).


El Periférico es el reflejo de las diferencias sociales en esta ciudad; el tramo poniente luce balizado, como vía de comunicación del primer mundo; al cruzar Belisario Domínguez, es un calvario para los automovilistas: hoyos en el pavimento, basura y animales muertos acumulados a un lado de la vía ¿y la autoridad...?

(V.pág.5-A del periódico El Informador del 6 de diciembre de 2005).


La avenida Patria, desde su cruce con Acueducto, presenta un aspecto deplorable en cuanto al aseo, plagada de anuncios espectaculares en ese tramo, hasta la Universidad Autónoma, nada que ver con una ciudad limpia.

Siguiendo por Patria, antes de llegar a Moctezuma, si usted maneja su vehículo por esa calle en la noche, más vale que la conozca muy bien, de lo contrario puede subirse a los camellones que tienen unos retornos, pero el color amarillo ya no se nota.

Avenida Cruz del Sur, es un desaseo para ruborizar a cualquier tapatío; en el cruce con Lapislázuli, el pasto ya no existe, ahí están grupos de niños y adultos vendiendo cosas y pidiendo dinero; en lugar de pasto hay envases de refresco, envolturas de fritangas, en fin es un cochinero de vergüenza, claro, para quien tuviera.

Regina Ureña
(v.pág.6-A "Buzón de nuestros lectores" del periódico El Informador del 14 de diciembre de 2005).


Guadalajara lució ayer una imagen muy distinta a la que están acostumbrados tanto sus habitantes como los miles de visitantes, que por cierto en estas fechas se multiplican. La ciudad amaneció ayer, y así permaneció durante todo el día, prácticamente desierta. Las calles, libres de tráfico; el comercio, cerrado en su mayoría...

Como pocas veces también se ve la otra imagen que mostró ayer la capital tapatía, convertida en un gigantesco basurero: La zona centro, los alrededores del Mercado Libertad, la calle Obregón y las vías aledañas a mercados tradicionales de venta navideña, amanecieron "adornadas" con montones de basura, dando un aspecto bastante desagradable ante los sentidos de propios y extraños.

La Guadalajara que tanto enorgullece a los tapatíos, limpia, aunque saturada de tráfico, desapareció por un día para dar paso a una ciudad sucia, maloliente en algunas partes, con la basura generada por el ajetreo de la víspera acumulada en las esquinas, derramándose de los contenedores. Por todos los rumbos de la metrópoli pudo constatarse la falta de previsión de las autoridades municipales.

Muchos turistas salieron a pasear ayer por el centro histórico, otros visitaron el Mercado Libertad, o se dieron una vuelta por la Plaza Tapatía... quedaron decepcionados, porque no esperaban ver a Guadalajara en esas condiciones.

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 26 de diciembre de 2005).


Considera que Guadalajara es una ciudad:
Sucia 74%
Limpia 26%
(Opiniones recibidas a través de una encuesta vía internet de 636 participantes).

Veredicto
(v.primera plana del periódico El Informador del 27 de diciembre de 2005).


Guadalajara llegó ya al punto en que quien la visite difícilmente podría entender si se está intentando construirla o se está tratando de destruirla. Condenada por su crecimiento anárquico, cumple ya la especie de profecía -¿o sería maldición gitana?- que hiciera hace un cuarto de siglo el preclaro ingeniero Jorge Matute Remus: "Va a convertirse en un eterno escarbadero". Condenada por la espantosa multiplicación de los automóviles particulares y la consiguiente insuficiencia de las "vialidades", pinta para convertirse en una ciudad de circulación lenta -aun en las dizque "vías rápidas"- y de niveles cada vez más alarmantes de contaminación.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 4 de enero de 2006).


Las buenas banquetas deben considerar que por ellas deben transitar sin problema la gente en silla de ruedas, las señoras con cochecitos para niños, los viejos.

Pues bien, después de unos días de refrescar el tránsito peatonal por distintas zonas de Guadalajara es muy triste constatar que nuestras banquetas son lo todo lo contrario a lo arriba descrito. Lo primero que salta a la vista es el desgaste de los pavimentos de las banquetas. Y esto lleva a recordar una consideración que entre nosotros parece haberse olvidado: las banquetas son responsabilidad de cada vecino que debe asegurar el perfecto estado del tramo que se encuentra frente a su propiedad. Sin embargo el ayuntamiento ha descuidado su labor de vigilancia y sanción de este rubro. Cada vez es más usual encontrar banquetas destrozadas enfrente de negocios florecientes o casas de alto valor. (Permítase un ejemplo de punta: la banqueta de la casa que está en Vallarta y Atenas, esquina norponiente, del lado de Atenas. No es posible que los propietarios de una de las casas más caras de Guadalajara permitan tal majadería a los peatones, y menos posible es que la autoridad no haga nada.)

Este desinterés del inmediato espacio público a los ámbitos privados tiene quizá mucho que ver con la enajenación de los ciudadanos respecto de la urbe. Y todo lo demás viene en cascada: coches atravesados sobre cada banqueta, "cajones" que la invaden, registros sin tapa, árboles secos o trozados, escalones y desniveles que el reglamento prohibe, pavimentos destrozados por las canalizaciones mal hechas de las compañías telefónicas, y un largo etcétera. Esto no es ningún "detalle" de la ciudad: es un estado de cosas que atenta contra su misma esencia.

Juan Palomar Verea
(v.pág.10-B del periódico El Informador del 4 de enero de 2006).


Guadalajara fue una ciudad limpia; ya no lo es... Guadalajara fue una ciudad amable; ya no lo es... Guadalajara fue una ciudad segura; ya no lo es... Guadalajara fue una ciudad envidiable por la amplitud y suficiencia de sus vialidades; ya no lo es... Guadalajara fue una ciudad modelo por la calidad de su transporte público; ya no lo es... Guadalajara fue "La ciudad de las rosas"; ya no lo es... Guadalajara fue "La Perla de Occidente"; ya no lo es.

De Guadalajara, a despecho de su falta de iglesias, museos, parques, edificios y demás que fueran, por sí mismos, imanes para el turismo, llegó a decirse que se parecía a su catedral, a la que ya es un tópico definir como "un armonioso conjunto de mediocridades arquitectónicas".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 9 de enero de 2006).


El vandalismo que se advierte en el desaseo generalizado de la ciudad -la casa de todos- y el deterioro -deliberado las más de las veces- del mobiliario urbano, denota una absoluta falta de civismo ("celo y generosidad al servicio de los demás ciudadanos", nos ilustra el tumba-burros) de sus habitantes. La suciedad, el descuido, el ruido y el desorden que aparecen por todas partes, son síntomas de que quedaron atrás, cada vez más perdidos en la polvorienta memoria de los viejos, los felices tiempos en que Guadalajara hacía honor a su fama de "ciudad amable".

Hoy por hoy, la regla -a la que cada vez es más difícil encontrarle excepciones que la honren- consiste en que en estas latitudes lo que ha sobrado de proclividad al desgarriate, ha faltado de orden, respeto y autoridad.

De gobierno, en una palabra.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 23 de enero de 2006).


El centro histórico de Guadalajara está convertido en un basurero. Los esfuerzos de las autoridades han resultado infructuosos, pese a que impusieron multas durante la pasada administración a quien fuese sorprendido tirando basura en la vía pública.

Sin embargo, actualmente los 200 trabajadores de Aseo Público de Guadalajara están a tal grado rebasados, que numerosos comercios en el centro histórico han adoptado una iniciativa: Colocar bolsas de plástico, amarradas a los árboles o los postes de energía eléctrica, para que ahí los peatones depositen su basura.

Es evidente que faltan botes fijos para los desechos sólidos.

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 31 de enero de 2006).


En este momento enfrentamos el problema del escarbadero. Inician obra, tardan dos años en realizarla y sin haberla concluido, comienzan otra. Esto provoca serios problemas de circulación vial. Anteriormente iniciaban una, la concluían y luego se hacía otra obra, de esta forma se afectaba lo menos posible a la población.

Otro aspecto que ha contribuido a que la ciudad pierda algunas de sus bondades, como el buen clima, es la gran cantidad de gente que se vino a vivir aquí después del terremoto de 1985, esto provocó el surgimiento de fraccionamientos sin servicios. No quiero decirlo, pero todo tiempo pasado fue mejor...

Constancio Hernández Allende, notario público, escritor e investigador
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 14 de febrero de 2006).


El crecimiento en Guadalajara salió de su carril acostumbrado a raíz del éxodo que provocó el gran temblor de 1985 en la Ciudad de México; pues realmente había logrado ser una de las joyas urbanas del mundo, si bien se mantuviera modesta por su rica vida provinciana. Este éxodo de los habitantes de la capital trajo no sólo a personas sino las acompañó de políticas públicas centralistas y capitales inversionistas desvinculados a los valores y tradiciones propios de nuestra localidad. El amor, cariño, respeto y cuidado que se tenía fue apabulladamente arrollado por los embates consecuentes del gran sismo; cuando tembló allá, aquí se nos rasgó la paz en que vivíamos. La estructura de liderazgo en nuestro tejido social y político se vio gravemente rebasada; fue tal la maldición que nos cayó, que las caóticas repercusiones que siguieron provocaron que la ciudad literalmente explotara algunos años después.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Econometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de febrero de 2006).


Los múltiples achaques que aquejan a Guadalajara -algunos, propios de la edad; otros, consecuencia de las torpezas e ineficiencias de sus gobernantes anteriores-, son la saturación de las vialidades; el deterioro de centenares de construcciones en su "centro histórico"; los vanos afanes por hacerlo habitable nuevamente (tan sucio, tan ruidoso, tan pestilente, tan inseguro, tan deteriorado, tan estresante, tan contaminado, tan estrangulado, tan desprovisto de espacios para la recreación...); los demagógicos anuncios de que se reordenará el comercio semi-fijo que lo ha convertido en un tianguis infecto; los fallidos intentos por dotarlo de un transporte público digno y eficiente, que evite el previsible y cada vez más próximo colapso vial.

Se trata, al parecer, de afecciones crónicas, progresivas e incurables.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 22 de febrero de 2006).


¿Los problemas de suciedad, inseguridad y contaminación?... ¿Los congestionamientos en las atiborradas vialidades?... ¿Los laberintos de las adecuaciones y rutas alternas?... ¿El lamentable transporte público?...

¡Por favor: seamos positivos!... ¿Quién se va a fijar en esas minucias junto al esplendor de nuestras plazas comerciales, la magnificencia de la Plaza Tapatía y la majestuosidad de los Arcos del Milenio, por sólo poner tres modestos botones de muestra?...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 8 de marzo de 2006).


Se va volviendo reiterativo: Guadalajara -entendida como la caótica mancha urbana que ha crecido en torno suyo- ya tiene un aire tan malo como el del Distrito Federal; abastece a su población de aguas derivadas de descargas de todos los núcleos urbanos asentados en la cuenca del Río Lerma; proyecta hacerlo en los próximos 25 años, mediante una presa que suscita más dudas razonables que confianza; multiplica brutalmente el número de automóviles por la incapacidad de dar con un esquema capaz de ofrecer a la población un servicio digno de transporte público...

Confucio dijo que "Gobernar significa rectificar"... (y no, como aquí, institucionalizar los errores).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 13 de marzo de 2006).


Debido a los innumerables e ilógicos topes en las calles, ¿ya sabe usted que Guadalajara es "la perla topetía"?

Rubén Pérez García
(v.pág.6-A "Buzón de nuestros lectores" del periódico El Informador del 22 de marzo de 2006).


En el ayer, es decir, hace ya 50 años, Guadalajara tenía fama a nivel nacional e internacional de ser una de las ciudades más limpias y amable, una urbe para bien dormir y descansar; a lo anterior se sumaba su buen clima y la gentileza de sus habitantes, lo que hizo que se convirtiera en polo de atracción para compatriotas y extranjeros; pero en el hoy, para nuestra desgracia, todo eso ha cambiado, de todos los parabienes que teníamos, sólo nos queda la añoranza, sólo el recuerdo de lo que fue y ya no es, más el desprestigio total de los políticos y gobernantes que por su incapacidad o su ignorancia no pudieron o no quisieron conservar el señorío de nuestra bella ciudad.

Pero, ¿qué es lo que ha contribuido para que Guadalajara perdiera su prestancia y prestigio? A continuación señalaré varias de esas razones, algunas de ellas son simples, otras no tanto, pero todas forman el diario vivir y son las que causan molestias y enojo en la ciudadanía:

  1. Los automóviles en nuestra ciudad ya no caben; el tránsito por sus calles se ha vuelto conflictivo en grado sumo, pues nuestra ciudad no fue diseñada para que por ella rodaran tantos automóviles, pero también contribuye que los habitantes cometemos descortesías; ¿no le ha sucedido que a algunos se les ocurre estacionarse en mitad de su cochera y le obstruyen el paso a pesar de que está el carro de uno en ella y próximo a salir al trabajo?
  2. Vivir cerca de la agencia de los automóviles cuyo nombre empieza con V y los automotores españoles por la Avenida de las Américas y del edificio donde se ubica el Poder Judicial de la Federación y el Consejo de la Judicatura Federal, es una verdadera molestia, pues las empleadas del tribunal y funcionarios del mismo (abogados) antes de entrar a trabajar convierten sus automóviles en lugares para aplicarse la tlapalería que acostumbran: El rímel, ponerse las pestañas postizas, delinearse las cejas, quitarse los tubos del pelo, la crema limpiadora y demás menjurjes para embellecerse y afilarse y pulirse las uñas (en el buen sentido de la palabra). Lo peor es que se olvidan del civismo que debe tener todo ciudadano, pues a pesar de que son profesionistas y por lo mismo cultos, muy discretamente antes de correr a su trabajo, sacan del vehículo las bolsas de basura que no dejaron en su casa y las dejan a un lado de las llantas y el machuelo de la banqueta. ¿Y qué sucede? Que los perros callejeros tratando de comer algo, hacen destrozo y medio con las bolsas y al rato toda la cuadra es ya un basurero, y súmele esto por toda la ciudad. ¿Y el respeto a los vecinos? ¿Y la convivencia ciudadana?
  3. Las agencias publicitarias que hay en nuestra ciudad, en vez de realizar campañas agresivas o modernas para anunciar los productos que les encomendaron dar a conocer, su trabajo se reduce a arrojar basura (volantes) y propaganda inútil a los domicilios de los ciudadanos o pegarla en la puerta o los canceles de las casas a sabiendas de que dicha basura, perdón "propaganda", nadie le hace caso y menos que la lean los moradores, pues más tardan en pegarla que los vecinos, ya molestos, la quiten y "al bote de la basura", sin enterarse siquiera de qué se trata; por si fuera poco lo anterior, los jóvenes que deben repartir esos volantes en los domicilios, muchas veces al llegar a las esquinas, arrojan a la calle entre los carros estacionados, docenas de anuncios que con el aire se convierten en lo que son: basura y más basura, sin que sea recogida por los vecinos o el carretón del aseo, siendo como dice la canción: "Hojas de papel volando", otra cosa sería si esa propaganda se hiciera o fuera impresa en separadores de libros, en pequeños calendarios o algo utilitario, donde el futuro consumidor pudiera conservar dicha propaganda o cuando menos viera de qué se trata y no la tiren junto con el recibo de la luz, del teléfono o del agua, que los empleados también arrojan a las cocheras o al jardín a pesar de que en la casa hay buzones.
Adolfo Martínez López
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 3 de abril de 2006).
  1. Para que pueda aquilatar el deterioro de Guadalajara, como ciudad, recorra la parte poniente de ella a partir de la Avenida de las Américas, y se dará cuenta de que, además de las obras que ya tienen meses y felices días sin que se terminen los ya famosos (por su inutilidad) pasos a desnivel, encontrará en las calles de los diferentes fraccionamientos (Ladrón de Guevara, Lomas de Guevara, etc.), carros que fueron abandonados como chatarra, frente a los domicilios de los vecinos y no obstante que se reportan una y otra vez a las autoridades correspondientes, parece que se predica en el desierto o se llamara a sordos, pues no acuden a retirarlos, por lo que dichos carromatos se convierten en vivienda o letrina de vagos y malvivientes, resultando un verdadero peligro para los niños y jóvenes que asisten a los colegios que existen en la zona y un ejemplo de lo que no debe existir en ninguna ciudad que se respete y menos en Guadalajara, que fue considerada como "la Perla de Occidente".
  2. No sé si a usted amable lector le afectó como al que esto escribe el cambio al llamado Horario de Verano, pero ahora que no se puede conciliar el sueño por la modificación en su reloj biológico, se da uno cuenta de la cantidad de perros y gatos que los vecinos tienen en sus domicilios, los cuales están en las cocheras o las azoteas de sus viviendas, pero no crea que esos perros son pequeñas mascotas como los chihuahueños o los "cocker", sino perro grandes y bravos como los pastor alemán, "doberman" o "rottweiler" que con sus ladridos o sonoros aullidos molestan a todos los vecinos que tienen la desgracia de vivir cerca, ya que es en la madrugada o a media noche cuando se les ocurre iniciar sus conciertos o acompañan a los que ya tienen rato ladrando: al amanecer cuando uno se levanta malhumorado por no haber podido dormir con tranquilidad y salir de su domicilio a barrer su tramo de calle ¿qué encuentra? Que algunos de los vecinos del fraccionamiento ya sacaron a sus perros y ahora hasta gatos a que hagan sus necesidades en los jardines o a la entrada de nuestra casa y muy orondos se retiran sin recoger esos desechos como lo hacen los que sí son responsables y cuidan que la ciudad esté limpia.
    Todo lo anterior es lo que ha contribuido a que Guadalajara ya no sea la ciudad amable y limpia para vivir, tal como era en el ayer, sino una ciudad contaminada, agresiva y carente de valores cívicos y de seguridad; conviene aclararle al lector que su servidor no es enemigo de los perros y gatos o cualquier otro animal doméstico, (un vecino tiene un pavo real y ahora que están de moda hasta una chachalaca que todo el día grita); sé que las mascotas son una necesidad, sobre todo para las personas mayores, solas o sin hijos, pero sé también que esas mascotas deben ser cuidadas y atendidas, pero tenerlas en lugares que no causen molestias a los vecinos.
  3. Parece que no entendemos, pues los vecinos siguen dejando su basura en las esquinas donde está ubicada su vivienda, en vez de esperar a que el camión recolector pase a recogerla (en mi domicilio pasa dos veces en el día), algunas veces el camión que pasó lo hizo media hora antes y sin embargo, algunos vecinos sacan sus bolsas de basura, las cuales tienen que permanecer en dicho lugar todo el día y la noche ¿y mientras? los perros callejeros hacen tiradero de todos los residuos contaminantes por toda la calle sin que nadie se moleste en levantarla. ¿Cuándo entenderemos? ¿Cuándo volveremos a ser solidarios con nuestros vecinos? ¿El civismo ciudadano dónde quedó? ¿O los irresponsables no son tapatíos de nacimiento y vinieron de otros estados y por lo mismo no les importa la ciudad, olvidándose de que: "A la tierra que fueres haz lo que vieres"?
Adolfo Martínez López
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 17 de abril de 2006).
En semana de Pascua el SIAPA está de vacaciones y sólo trabaja personal de guardia en las oficinas para recibir pagos, así como alguna cuadrilla para atender emergencias. Un vehículo cayó en una de las obras inconclusas del Sistema y varias personas resultaron lesionadas. Es urgente que se tomen medidas, y no sólo en vacaciones...

(V.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de abril de 2006).


Me cansé de ver y rodear una obra que realizó el SIAPA en la Glorieta del Charro; primero dejaron destapado el agujero que abrieron para reparar la fuga, después el escombro quedó amontonado a un lado de la obra.

Poco a poco, los vehículos han ido pasando sobre el escombro y se han encargado de regarlo, pero todavía puede verse un promontorio por ahí, además de que el viento se está encargando de llevarlo, en algunos casos, a las alcantarillas cercanas.

No duden que al rato que inicie el temporal de lluvias estén tapadas, de por sí en la Glorieta del Charro cada que llueve fuerte se inunda el lugar... lo que pasa es que sí es una constante del SIAPA acudir a reparar alguna fuga y dejar en malas condiciones el pavimento que abren, dicen que tienen un convenio con los ayuntamientos para que éstos reparen; deben revisarlo porque no se está haciendo y los vecinos echamos pestes en contra del Sistema.

Luis Eduardo Salazar, vecino de la Colonia Jardines de la Paz
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 19 de abril de 2006).


Guadalajara está empeorando en su apariencia física, a pasos agigantados. Luce como cualquier pueblo abandonado por sus autoridades.

Guadalajara padece serios problemas de aseo público, de conservación de banquetas y de fachadas y de las regulares condiciones de sus pavimentos.

Hace mucho tiempo que las autoridades municipales no velan y menos vigilan que todos los vecinos tengan limpio el frente de sus casas, y tampoco se les exige que mantengan en buen estado las banquetas y las fachadas de sus viviendas.

Sobre la limpieza, quienes son vecinos de los sitios donde se instalan los tianguis semanales, sufren, invariablemente, el problema de una saturación de basura, que originan esos comerciantes y sus clientes, y que nadie recoje, puesto que las cuadrillas municipales se limitan a barrer las calles donde se instalan los tianguis, y se olvidan por completo de las calles adyacentes, donde la acumulación de basura es igual o mayor.

Ya es tiempo de decir ¡basta! al descuido de las autoridades municipales y a la indolencia de nosotros los habitantes, ante los problemas urbanos de Guadalajara.

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 22 de mayo de 2006).


Un ventarrón violento interrumpió la tarde. Una nube inmensa se interpuso entre los tapatíos y el sol. Unas láminas volaron. Unos niños gritaron de miedo. Un chubasco corto se desplomó sobre algunas colonias de Guadalajara... y gran parte de la ciudad -habitantes incluidos- se enfermó de lluvia.

En Guadalajara, ese padecimiento, que se agudiza en cada temporal, tiene síntomas inconfundibles. En Federalismo y Joaquín Angulo, un embotellamiento puede provocar que un automovilista gaste media hora en llegar a Federalismo y Niños Héroes. En Federalismo y Angulo, los automovilistas que circulan de norte a sur creen que con la lluvia es más adecuado pasarse las luces en rojo. En Federalismo y Juan Manuel, los semáforos dan un giro de 45 grados, de tal forma que de haber servido a los que venían por Juan Manuel ahora sirven a los que circulan por Federalismo. En Federalismo y la calle Libertad, los que recorren la gran avenida piensan que en las lluvias sí pueden dar vuelta en U, maniobra prohibida durante las secas. Ahí mismo, un par de peatones creen que en las lluvias los automovilistas sí se detendrán para darles el paso y pasan sin ver. En Federalismo y Montenegro, en Federalismo y Mexicaltzingo, en Federalismo y Niños Héroes los conductores creen que la llovizna le quita autoridad a los agentes de tránsito que pitan y repitan para acomodar el caos que provocó la descompostura de todos los semáforos.

Para este mal no hay vacunas.

Vanesa Robles
(v.pág.8 del periódico Público del 2 de junio de 2006).


Tratándose de los problemas de nuestra metrópoli, el caos es tal que nadie se siente responsable y los culpables son los demás. Paradójicamente, en ambas posturas se encuentra algo de razón; desde el tráfico descabezado, los arroyos contaminados y las calles mugrientas, trastocadas, hasta la falta de dirección y rumbo para el ordenamiento futuro de la ciudad.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de junio de 2006).


El Informador en línea, 14/jun/2006


La Unidad Estatal de Protección Civil de Jalisco le recomienda que se mantenga retirado de áreas inundadas; el agua puede estar contaminada con gasolina, aceites o aguas negras, además podría estar eléctricamente cargada por líneas caídas o subterráneas.

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 28 de junio de 2006).


Los pasos a desnivel,
si llueve están inundados
y no se encuentra la causa,
¿serán mal planificados?

Aún es tiempo de enmendar,
y hasta puede ser costeable,
convirtiendo estos lugares
en una atracción amable.

Mientras dure el temporal
que los conviertan balneario,
y si instalan toboganes
¡habrá cupo lleno, diario!

Anflopo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 11 de julio de 2006).


Hay calles que súbitamente se transforman en ríos turbulentos. Las medidas de prevención de los vecinos se tornan insuficientes en cuanto las compuertas celestiales se abren de par en par.

Además de que las aguas penetran por todas partes, arruinan muebles, dañan aparatos domésticos y dejan inhabitables las casa durante varios días, sucede lo peor: los drenajes se saturan. Las aguas negras se mezclan con las aguas pluviales. Lo invaden todo. Lo contaminan todo. Hay colonias que se quedan, por días, convertidas en inmundos, pestilentes lodazales. Quienes no tienen a dónde huir, tienen que vivir en focos de infección, expuestos a enfermedades gastrointestinales o de la piel.

Las dependencias públicas activan sus operativos de emergencia: las cruces, a recoger lesionados; Protección Civil, a poner a funcionar albergues y mecanismos operativos para dotar de alimentos, medicinas y ropa a los damnificados; los bomberos y el SIAPA, a desazolvar bocas de tormenta y retirar las aguas acumuladas; Parques y Jardines de los ayuntamientos, a cortar y remover ramas y troncos de los árboles caídos; la Comisión Federal de Electricidad, a reparar destrozos en líneas y transformadores; Vialidad, a enderezar, reemplazar y reparar semáforos...

Luego viene el recuento de los daños: tantos árboles caídos; tantos automóviles dañados; tantos más, varados en las calles o sumergidos bajo las aguas; tantas familias trasladadas a los albergues; tantos trabajadores puestos a laborar incesantemente para volver las cosas a la normalidad...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 24 de julio de 2006).


Publicado en el periódico Mural el 27/jul/2006

Publicado en La Gaceta de la Universidad de Guadalajara el 28/jul/2006

En cuanto al reparto intensivo de volantes publicitarios en viviendas y vehículos, la autoridad municipal debe reglamentar bien esta actividad, que, por ahora, sólo está ensuciando las calles de la ciudad, y que está muy lejos de lograr buenos resultados a sus patrocinadores.

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 21 de agosto de 2006).


Gobiernos van, gobiernos vienen y a los habitantes de Guanátum les sigue lloviendo sobre mojado. Ya nos sabemos de memoria la infame rutina de cada temporal: árboles caídos, completo caos vial e inundaciones en todas las zonas conocidas, más las que estén por conocerse.

Cada año que pasa es más evidente la necesidad de colectores eficaces, pero cada sexenio testificamos cómo el presupuesto para obra pública se invierte en lo que sí se ve: nodos viales y otras estupideces monumentales.

Esa omisión se la han heredado de administración en administración como si fuera deuda pública, y a ninguno de los gobernantes parece importarle.

Lo que nos deja boquiabiertos es la campaña de difusión en la que el implacable Placus [Ramírez Acuña] se vanagloria de sus múltiples nodos viales y pasos a desnivel, que nomás sirven para llevar el embotellamiento hasta el siguiente crucero donde todavía no hay nodo ni modo.

Toñimáximus
(v.pág.2 del periódico Público del 27 de agosto de 2006).


El ánima de Kafka inspiró, muy probablemente, a quienes designaron a Guadalajara -ex Capital Latinoamericana de la Cultura, entre otras galas, por si ya se había olvidado...- como sede, por estos días, de un "Seminario Internacional sobre Intermunicipalidad y Gestión de Servicios Urbanos".

Hay versiones -malévolas, por supuesto- de que se invitó a la ex Perla de Occidente a integrantes de los equipos de gobierno de varias ciudades, con la deliberada intención de que constataran, en vivo y en directo, el catálogo de barbaridades que deberían, a toda costa, evitarse en un conglomerado urbano, y aquí -modestia aparte- se perpetran todos los días...

El índice es prolijo: desde pavimentos destrozados, so pretexto de las lluvias, hasta los cada vez más frecuentes y prolongados embotellamientos automovilísticos, pasando por obras públicas (la mayoría, imperfectos y deficientes parches a las vialidades, destinados a recorrer 500 metros los congestionamientos que se producían antes de dichas obras)... y las de relumbrón, ostentosas, inútiles y de discutible buen gusto (v.gr., los inefables Arcos del Milenio).

El ostensible deterioro de la ciudad y la degradación en la calidad de vida de sus habitantes lo demuestra: una megalópolis como ésta tiene que ser gobernada por expertos; no por improvisados... (por iluminados que sean o bien intencionados que parezcan).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de agosto de 2006).


En estos momentos podemos presumir que Jalisco es punta de lanza en la Ingeniería "artística". Y pongo entre comillas el adjetivo porque no se trata de juntar el frío, preciso, cálculo del ingeniero civil con la sensibilidad hacia la belleza. No, eso ya ha sido tratado desde tiempos antiguos.

Tenemos a los modernos ingenieros "artistas". Y de ellos, el más avanzado, don Claudio Sáinz, Secre de Desarrollo Urbano. Ni modo de no mencionarlo. Es increíble cuánto se puede lograr en tan sólo un sexenio, con un poco de voluntad... y el padrinazgo irrestricto del mandamás local. Mejor aún, a pocos meses de cerrar el changarro, aún no da muestras de cansancio.

En un alarde de creatividad, don Claudio y sus muchachos han sabido tenernos con el Jesús en la boca una y otra vez con sus desplantes de imaginación. ¿Hay que construir un simple paso a desnivel en López Mateos y Manuel Acuña? Sí, pero para echarle salsita... ¿qué tal si se reduce la capacidad del colector... como un homenaje a la teoría del caos? Que hay que construir una carretera en la costa, bien... pero ¿por qué no destrozar la selva alrededor, como una atrevida "intervención" al estilo del arte contemporáneo? ¿Una simple vía corta de Mascota a Las Palmas, bueno... pero ¡con deslaves y aventura extrema!

Después, el Nudo Colón, con dos niveles de profundidad... ¡en un manto freático y sin estudio de por medio! Lo más hermoso vino después: se tapó la inundación como se pudo y ahora, como un recurso para concientizar a los ricachones de la zona en lo que deben sufrir los pobres que viven en zonas de inundaciones, ¡se inunda toda la zona! Claro que las zonas pobres se inundan aún peor, pero no es momento de seguir señalando las diferencias, no vayan a creer que uno es plantonista del Peje.

Pero mi favorito es el más sencillo, tan sutil como un poema. Efímero como una flor. Peligroso como... bueno, como el mismísimo inge Sáinz. Me refiero a su obra más reciente: el chorrito de Las Rosas. Recordarán ustedes que en la avenida del mismo nombre se encuentra la fuente de La Hermana Agua que, oh paradoja, siempre está más seca que un taco de pinole.

Nuestro héroe, entonces, decide elevar la apuesta y colocar su paso a desnivel en la zona, a unos metros del célebre Bajío, lugar donde se concentra un aguaceral en cada lluvia, y sin agrandar los colectores. El resultado, ya lo dije, es un poema zen: llueve, se deslava la arena compactada alrededor del túnel... y allá por la fuente brota un chorrito. Se hizo grandote... ¿y se hará chiquito?

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 31 de agosto de 2006).


Bienvenidos al mundo de las desviaciones, los cables, los baches, la basura y los espectaculares; al smog y al congestionamiento perenne. Odiamos la belleza, amamos la fealdad.

Alejandro González Gortázar
(v.pág.13 del periódico Público del 15 de octubre de 2006).


El mundo de las banquetas, que en nuestra ciudad predominan en un estado deplorable.

Ellas son demasiado angostas, dispares, agrietadas y sucias. Están invadidas por grafitis, coches mal estacionados y roturas de raíces aprisionadas; con hoyos de negligencias acumuladas y contaminadas por humos vehiculares chafas. Imponen torturas ruidosas de malas ondas sonoras y nos enredan el paisaje con estopas colgantes del cableado en telefonía, telecable y electricidades mayores. De sus alcantarillas escurren desechos olorosos que a menudo se fugan entre charcos y pisadas. Postes y propagandas marcan la jungla de obstáculos a librar entre los trayectos que buscamos para llegar de un lugar a otro; o simplemente algún lugar para estar bien. Nuestro espacio público banquetero es sólo apto para los valientes, los muy necesitados o los zombis.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de octubre de 2006).


Sale uno de su casa y encuentra que una mano misteriosa dejó un papel donde se ponderan las excelencias de productos, artículos, servicios ofrecidos a las puertas de la casa de la persona que ve, acaso tome en cuenta, o acaso tire aquel papel al bote donde junta la basura.

Los señores publicistas piensan atraer al público hacia productos, marcas, establecimientos comerciales. Discurrieron de este modo desparramar papelitos con un mensaje que atrapará a los vecinos de aquella calle, barrio o colonia.

Los mozuelos contratados para la distribución tienen instrucciones al caso: si hay reja o cancel, hagan un rollo del papel-propaganda e insértenlo ahí; si no, usen una porción de cinta adhesiva para que lo peguen en las puertas.

Se imaginan los señores publicistas que el dueño de la casa o sus deudos, van a salir a la puerta y con ojos de asombro, con actitud complacida recogerán su mensaje, luego lo van a comentar, a celebrar y a decir a toda la familia: ya está, vámonos ahora mismo de compras, aquí dicen dónde debemos proveernos de lo que necesitamos.

Pero el papelillo que metieron en la reja o pegaron en la puerta, maldita la gracia que hizo a los habitantes de aquel domicilio; si no lo apachurraron en bola para tirarlo en el bote de la basura, lo despegaron de la puerta y lo tiraron a volar por la calle, por la colonia, por el barrio.

La calle, la avenida o la plaza se quedaron llenas de cientos, de miles de papelitos lejanos y ajenos, para que el nuevo alcalde de la ciudad venga luego a juntarlos en edificante acción, buscando la limpieza y la dignidad de Guadalajara... ¿No será mejor ir a los mismos autores de este irracional e inútil afán de regar papeles que ensucian la ciudad?

Luis Sandoval Godoy
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 9 de enero de 2007).


Desde hace 25 años, nuestra ciudad se desparramó en un crecimiento urbano desordenado, desintegrado e irracional. La que fue alguna vez la "Perla de Occidente", hoy es más como una devastada estopa sucia de taller automotriz; hilos mugrosos pisoteados por las llantas, un hilacho enredado de principio a fin... sustancial y mayormente hueco. Aquella "Ciudad de las Rosas" hoy vive en el alzheimer, olvidando su futuro y confundiendo su pasado; atrapada en un instante fugaz, yendo y viniendo perdida entre sus barrios que ya no lo son y la metrópoli que no alcanza a ser.

Nuestra ciudad metropolitana esconde su esencia entre confusas fachadas grafitiadas y tras las ilusiones prometidas en espectaculares publicitarios que compiten por el paisaje con los frágiles árboles decrépitos (de cuyas ramas mutiladas y raíces estranguladas apenas se sostienen vivos; hasta que un soplo veraniego los acueste para siempre).

Vista desde el espacio sideral, nuestra urbe es una gran mancha gris, salpicada con escasos lunares verdes desperdigados y acotada por grandes campos naturales en bosques, arroyos, cerros y barrancas. Se descubre la gran paradoja: que teniendo todo para ser una ciudad jardín paradisíaca, de ella hemos hecho un puro infierno callejero.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de enero de 2007).


Muchas son las deudas que las autoridades han dejado crecer con esta ciudad. Algunas grandes y complejas y por lo mismo costosas, como la falta de un transporte público, al que no han querido invertir las líneas de tren ligero que la grandeza y el caos de la ciudad requiere. Otras son pequeñas y sin embargo muy laboriosas, como la simple reparación de banquetas; el pintado de bardas de lugares deshabitados; el cableado telefónico y eléctrico subterráneo; la apertura de estacionamientos en el centro; el reemplazo de la semaforización; el pintado e iluminación de zonas peatonales; el cierre definitivo de vías céntricas y peligrosas, en pro del esparcimiento y el turismo; la reglamentación y uniformidad de anuncios luminosos o de todo tipo comercial; el policía turístico que sirva al peatón...

Todos son ejemplos de necesidades que esta ciudad tiene todos los días y que muchas, muchas otras ciudades, incluso más pequeñas que la nuestra, han cubierto con éxito. Pero si se tratara de solicitar, como ciudadano, una sola atención, un solo servicio, no dudaría en pedir y al mismo tiempo en exigir, una Guapalajara libre de basura, para que no nos vayan a confundir con Guacalajara.

Martín Almádez
(v.pág.19-B del periódico El Informador del 12 de febrero de 2007).


Un aniversario más de Guadalajara. Las autoridades festejan dicho acontecimiento con bombo y platillo, pero yo me pregunto con mucha tristeza y melancolía: ¿qué le festejamos a nuestra ciudad? Mayor flujo vehicular, contaminación, congestionamiento, falta de espacios de estacionamiento, basura, mucha basura -si no, vean alrededor de las clínicas del Seguro Social, parques, avenidas como avenida Patria, González Gallo, 8 de Julio, Colon, puedo mencionar toda la ciudad-. Además, miles de carros viejos abandonados en toda nuestra ciudad, nos estamos encacharrizando.

Raúl Villalobos Carlos
(v.pág.20, "Correo" del periódico Público del 16 de febrero de 2007).


Desde hace décadas nuestra ciudad crece desordenadamente. De plano perdimos la brújula cuando el gran temblor de la Ciudad de México provocó un éxodo masivo hacia la provincia; preferentemente a Guadalajara. Desde entonces, nuestra ciudad está rebasada en casi todos los ámbitos de la vida pública, de cuyos largos rezagos no se recuperará fácilmente. Mientras el lastre del pasado ancla al futuro, nuestro presente seguirá siendo siempre incompleto. Donde más se revela esto es en la vida de los espacios públicos; notoriamente en lo que acontece en las calles; donde todos, tarde o temprano, nos encontramos.

Para entender mejor lo que ocurre en nuestras calles no podemos evitar empezar con lo que más impacta allí: el transporte público. Reconozcamos lo que no es.

Para empezar no es el transporte público de una ciudad metropolitana a la altura del siglo XXI, cuyas unidades de transporte están siempre limpias por dentro y por fuera, estando cada unidad apropiadamente rotulada y en correcto orden mecánico; cuyas rutas son calculadas y definidas profesionalmente para optimizar la eficiencia del tiempo que se lleva para trasladar a una persona desde un punto determinado hacia cualquier destino detallado claramente en mapas fáciles de entender; cuyas unidades cuentan con amplias entradas cuyo acceso se logra sin pisar la calle (porque el nivel del piso del vehículo está al mismo nivel que las banquetas donde se les espera para abordar) y están preparadas para recibir adecuadamente a discapacitados, personas mayores y carriolas infantiles (¡algunas hasta tienen monturas externas para bicicletas!); cuyas paradas están bien definidas, señaladas y protegidas porque solamente se hacen abordajes o bajadas en sus lugares precisos, con sus tiempos precisos; cuyos horarios son calculados para permitir la mayor funcionalidad del servicio y los períodos son cumplidos con una rigurosa puntualidad; cuyos operadores son profesionales eficaces y corteses debidamente capacitados, (nunca manosean un solo centavo de los ingresos, pues el sistema de pago por el servicio está diseñado para evitar cualquier suspicacia en el manejo del dinero). Un viaje en estos autobuses es cómodo pues el ruido del motor apenas se percibe y sus ventanas ofrecen una visibilidad panorámica de la calle desde los asientos que, livianamente acolchonados, reflejan un vehículo concienzudamente diseñado y construido.

Una de las principales metas de los gobiernos responsables ha sido priorizar el servicio de transporte público en todas sus dimensiones: seguridad, economía, limpieza, equidad, eficacia y comodidad.

Por contraste, aquí nuestra ciudad ha hecho todo al revés en este tema, distinguiéndose por aquello que no lo es.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de febrero de 2007).


Tratándose de los problemas de nuestra metrópoli, el caos es tal que nadie se siente responsable y los culpables son siempre los demás; desde el tráfico descabezado, los arroyos contaminados y las calles mugrientas trastocadas hasta la falta de dirección y rumbo para el ordenamiento futuro de la ciudad.

Notorio es el caso de que año con año sufrimos inundaciones cada temporada de lluvias debido al fraccionamiento del territorio que se ha venido haciendo desde hace décadas sin la menor consideración a los conocidos problemas que causa. No somos un caso de ignorancia sino de negligencia y mala fe. Todo mundo sabe que el agua corre hacia abajo y busca su cauce por lo más viable; que se impone al suelo que le estorba y arrasa con todo en su camino. Haber destruido la estructura de escurrimientos y arroyos privilegiando la ganancia inmobiliaria es la mayor herencia que esta ciudad le debe a sus antepasados.

En los espacios naturales, los arroyos son los lugares de mayor riqueza; donde se dan las mejores condiciones para todas las formas de vida. Haber despreciado su potencial integrador para la ciudad es el mayor error acumulado de todas las generaciones de tapatíos. Los parques y jardines naturales que la ciudad pudo haber tenido alrededor de sus construcciones y calles junto con su clima, que está entre los mejores del mundo, más su riqueza de formaciones naturales alrededor (la Barranca, el bosque La Primavera y el lago más grande de México) hubieran hecho de Guadalajara como una de las ciudades más maravillosas del mundo moderno; sino es que la mejor.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 27 de febrero de 2007).


El dato es empírico, tomado de la experiencia personal: lo habrán advertido el lunes pasado quienes tuvieron la dicha inicua de perder el tiempo en la carretera libre Ameca-Guadalajara. En el tramo que va de Tala, poco antes de llegar a La Primavera, hasta la zona metropolitana, y que normalmente se recorre en unos 15 ó 20 minutos, los dichosos automovilistas y su impaciente prole se entretuvieron... dos horas y media. Eso los que llegaron, pues más de medio centenar de vehículos se quedaron tirados en el camino, sin poder soportar el esfuerzo de frenar, avanzar unos cuantos metros y volver a frenar, una y otra vez.

Vamos, que en venganza por el dudoso privilegio de salir de la ciudad, así fuera sólo a tirar basura al bosque, se nos brindó un recibimiento de primera. De primera velocidad, porque la segunda sólo pudo entrar, con comodidad, adelante del retén militar de La Venta.

Y es que el único plan que tienen esta ciudad y sus autoridades para controlar el tráfico es correr a los automovilistas. Si hay un pésimo anfitrión en el país, es esta metrópolis: todos sus letreros conducen a Saltillo. ¿Plaza del Sol? Pos sabe. ¿La Glorieta del Charro? Sabe, tú. ¿La Fuente Olímpica? Menos. Pero eso sí, en plena Minerva podemos leer: Nogales, derecho.

Del mismo modo, tampoco quieren que entremos. Viene uno por Ameca, y la carretera pasa de dos a cuatro carriles. Muy bien, porque aumenta el tráfico. Pero justo donde aparecen los camiones cañeros, la vía se reduce de nuevo a dos. Más adelante, otra vez cuatro. Y otra vez dos. Cuatro, dos. Como chiste, pues. Y donde se entronca con la libre a Nayarit, el chiste se convierte en broma de mal gusto. Y las víctimas somos nosotros.

Es fácil adivinar que, aparte del ridículo avance de las obras -que lleva años, por no decir décadas-, gran parte de la culpa es del heroico Ejército Nacional. En específico, del ya tradicional retén situado justo antes de La Venta del Astillero. Y en efecto, después de pasarlo, vuelve el tráfico a fluir.

Si Calderón se apoya ahora en la fuerza y la integridad del Ejército como último recurso contra el narco, y consecuentemente debe otorgarle mayores recursos, ¿por qué descuidar el frente de la opinión pública?

Vamos: si cumplen una función específica, ¿por qué no modernizar los dichosos retenes, y en vez de reducir los carriles de una carretera e improvisar topes con mecates, no se habilitan dos, sino ocho o diez carriles, según la afluencia de vehículos, y en cada uno se destaca a un soldado para dar el vistazo?

Digo, ya bastante tenemos con los torpes encargados de las carreteras para amargarnos los escasos días de descanso. Y el Ejército bien puede aprovechar toda buena impresión que pueda causar en la ciudadanía. Porque su guerra -muy cruenta, por cierto- está en otro lado.

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 22 de marzo de 2007).


El crecimiento desordenado que viene sufriendo la zona metropolitana de Guadalajara desde el temblor capitalino del 85 ha desvinculado nuestro pasado de nuestro futuro. Aquí se sabe (aunque a menudo se olvida) que cada año en la temporada de lluvias: árboles caerán, calles inundarán y destrozos abundarán. Lo nuevo siempre es distinto, pero no tanto. Así los tapatíos hemos hecho esta ciudad; y así la seguimos haciendo. Basta cotejar la memoria veranea de los periódicos que por décadas nos muestran siempre lo mismo casi igual; una ciudad angustiada que cada año siempre le falta agua y siempre le sobra agua; a destiempos.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de abril de 2007).


El estado de las banquetas es una de las principales señales que la ciudad envía a quienes la transitan. En Guadalajara este aspecto va de lo mediano a lo desastroso. Cualquier decoro está ausente en un espacio peatonal en el que no se puede circular sin encontrar coches atravesados, registros sin tapa, escalones indebidos, pavimentos destruidos y un largo etcétera.

Otro aspecto, en general, lejano al decoro, es el del acentuado descuido visual que Guadalajara padece. Las notas principales que la ciudad emite a quien la ve manifiestan un acentuado desprecio por el decoro. La proliferación de anuncios publicitarios, de todos tamaños y características indica el ánimo consumista que impera. El ámbito visual es particularmente delicado: ante la agresión en este campo el ojo está indefenso. El ámbito de lo visible es especialmente susceptible a las invasiones de todo tipo. Resulta entonces de la mayor importancia reforzar las reglamentaciones que acoten esta permanente marea que adocena y vulgariza hasta límites intolerables el medio ambiente comunitario.

Juan Palomar Verea
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 11 de abril de 2007).


Quienes se ufanan del nombre de nuestra ciudad y hacen memoria de épocas de dignidad urbana, se duelen del perfil ajado y sucio de su rostro; muestran al visitante o van ellos mismos en lo que llamamos centro histórico, a ver lamparones de suciedad, vetustos edificios abandonados, rinconadas malolientes, banquetas destrozadas, calles oscuras, llenas de basura.

Nos quedamos atrapados en la incuria, mientras la capital del país y varias ciudades de provincia muestran los signos de su historia, la galanura de su antigüedad en edificios que señalan la alcurnia con que fueron dibujando los siglos en honra de su nombre y de su estirpe, mereciendo la alabanza, la admiración y el gozo de sus moradores y de las personas que las visitan.

Guadalajara en tanto, con el desaliño de lo que tenemos como rostro de la ciudad, como perfil de identidad, ofrece el congestionamiento de tráfico, caserones abandonados, la innoble huella de grafiteros, anuncios comerciales en todas las esquinas, dignos edificios convertidos en bodegas, guarida de vagos y aventureros porque sus dueños no han querido restaurarlos.

Luis Sandoval Godoy
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de abril de 2007).


Hay diversas formas de mirar la basura en las calles: una de las más cómodas es subir al automóvil y emprender un paseo por algunas arterias de la ciudad, por ejemplo el periférico, para darnos cuenta que en las laterales, junto a la valla central, al lado de los pocos prados y sobre la enorme cantidad de suelo terregoso, tenemos miles de papeles, latas, botellas y toda suerte de desperdicios. El que pasea mira la basura con afán de evaluación (aunque lo más común es que ya esté acostumbrado a ella y no le llama la atención), o pasa de largo, como pasar sin ver, como si fuera un problema de otros. Por cierto, la excursión es más evidente al circular por la avenida 8 de Julio y darse cuenta de que en los costados de la nueva vialidad del sur de la ciudad existen verdaderos montículos de desperdicios multicolores.

Una segunda versión del contacto con la basura es caminar pausadamente por alguna de las calles de la urbe, por ejemplo en las cercanías del Estadio Jalisco, o por las banquetas de la calle Santa Mónica, o mejor aún, en las inmediaciones de cualquier hospital del IMSS. En este caso la basura huele, el polvo se levanta hasta tocar la piel de la cara produciendo esa sensación de humedad con tierra que recuerda los juegos de la niñez. En este caso el contacto molesta, pero la solución es salir de estos rincones mugrosos y refugiarnos en algún sitio limpio.

Pero la verdadera experiencia es caminar, no el centro histórico, donde puede haber algunas toneladas de desechos malolientes el domingo por la tarde en cualquier plaza, sino andar en la colonia Polanquito, en la Jalisco, en Arenales Tapatíos o en Lomas del Paraíso, colonia que parece burlarse de su desdicha con sólo el nombre. Ahí, al caminar un fin de semana se observa el descuido de un servicio público que a todas luces es una pena.

Vivimos en calles cada vez más sucias, el barrido de las mismas parece ser un excepción muy singular, limitada a los sitios más concurridos por los que sólo pasan sin ver.

A los líderes políticos, alcaldes, líderes empresariales, religiosos, flamantes funcionarios, se les invita a un recorrido por la ciudad, para conocerla; para tomar contacto con la basura. La mejor ruta puede ser iniciar desde el aeropuerto, pero deteniéndose por ejemplo en Las Juntitas, para avanzar a las obras del Nodo Colón, seguir hacia Arenales Tapatíos, ingresar a la ciudad por 8 de Julio y llegar a la colonia Polanco con parada obligada a un kilómetro del Periférico. Por favor, no olviden pasar por el sitio donde corresponda el tianguis del día. Como ya están tan habituados a las encuestas, se les pide que realicen estudios sobre lo que opinan de la basura de la ciudad, los visitantes extranjeros. Un cuestionario a los niños también les ayudaría.

Luego del recorrido se cita para un reunión del Consejo de Promoción Turística y Calidad de Vida, con su correspondiente rueda de prensa que presumirá los avances en desarrollo humano de cara a los Juegos Panamericanos.

Luis Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de abril de 2007).


Lo que Guanajuato presume (que en algún risueño rincón de su territorio "la vida no vale nada"), Jalisco -modestia aparte- lo hace efectivo...

Guadalajara (y anexas), ciudad para machos, no apta para pusilánimes, bien podría recibir a sus visitantes con letreros similares a los que se colocaban a la entrada de las míticas ciudades del Viejo Oeste norteamericano: "Usted entra a su propio riesgo".

Hay estadísticas más o menos confiables acerca de algunos riesgos que se corren por el simple hecho de estar -residentes o visitantes: da igual- en la ex Perla de Occidente: por ejemplo, las de las "víctimas del transporte público". No las hay, en cambio, acerca de los "ajusticiados" que con excesiva frecuencia aparecen en caminos vecinales, en los alrededores de la otrora "Ciudad Amable". Si las notas policiacas -que en nuestro medio han pasado a ser ejemplos de literatura costumbrista- refieren que "las víctimas, en apariencia, fueron ejecutadas por alguna venganza entre bandas de narcotraficantes" (las marcas de la casa suelen ser el tiro de gracia, estar envueltas en cobijas o atadas con cordones de persiana y amordazadas con cinta canela), una cosa puede anticiparse: que tales crímenes -los intuitivos investigadores descartan, en todos los casos, la hipótesis de suicidio- se agregan a la lista de asignaturas pendientes para el Día del Juicio... pero ya en la tarde.

Adicionalmente, acaba de difundirse un "atlas de riesgos", confeccionado por la Universidad de Guadalajara, incorporando "tours de deporte extremo", en recorridos que podrían empezar, verbigracia, al pie de las justamente afamadas torres de Catedral, donde ocasionalmente pueden caer, en plena banqueta, desde pedazos de cornisa hasta campanas que bien pueden descalabrar a un cristiano.

El nuevo slogan de la ciudad (y sus cada vez más dilatadas orillas) podría ser éste: "¡Echele peligro: visite Guadalajara!".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de abril de 2007).


Penden de las puertas como adornos navideños. Los hay chicos y grandes, impresos en papel cuché o en papel de estraza, con fotografías a color o con una modesta tinta verdosa. Algunos anuncian productos trasnacionales, otros promueven los changarros barriales. Unos y otros terminan pegados con cinta adhesiva en las puertas de las casas. Desde que algún genio de la publicidad y la mercadotecnia descubrió que los volantes son más efectivos si se pegan con cinta adhesiva en las entradas de los hogares que si se depositan en el buzón, un mar de basura cubre las puertas. Si un tapatío deja su casa un fin de semana, al volver la encontrará tapizada de papelitos.

Pizzas, academias de inglés, tacos, fraccionamientos, carnicerías, cremas para las arrugas, tés milagrosos, grupos de oración, mecánicos de mofles, limpiadores de tinacos, fumigadores. Hay volantes de todo, incluso para anunciar volantes. Como plaga de termitas y sin consideración de ningún tipo, los volanteros recorren las calles pegando su propaganda en cualquier lugar. Les da igual si el cancel está pintado o si la pintura se desprenderá al despegar el anuncio. Incluso la pegan sobre la boca del buzón.

La falta de respeto a la gente y a sus hogares no es privativa de "vándalos desquehacerados". Día tras día los propietarios de los negocios en cuestión mandan a sus hordas a descarapelar pinturas y levantar barnices. Muchas puertas y canceles guardan en sus descascaradas superficies las cicatrices de los múltiples ataques publicitarios.

Además de los daños que provocan en las fachadas y de la basura que genera, el vandalismo publicitario favorece también a los delincuentes que pueden distinguir con facilidad, por el número de volantes pegados en las fachadas, las casas deshabitadas temporalmente.

¿Por qué los empresarios gastan en cinta adhesiva si pueden depositar sus papelitos en los buzones de las casas o los pueden dejar debajo de la puerta?

Juan Carlos Núñez Bustillo
(v.pág.11 del periódico Público del 7 de mayo de 2007).


Hoy día, ingresar a la ciudad de los tapatíos metropolitanos es una de las experiencias más desagradables que se pueden tener aquí. Especialmente si se transita por el camino que viene desde el aeropuerto, Chapala y la zona industrial; entre la intensidad del tráfico caótico, las construcciones que desbordan los lados y los nauseabundos olores de las crudas aguas negras depositadas a lo largo del camino.

Las puertas de los ingresos carreteros de la ciudad de Guadalajara ya no existen. Las que hubo ya quedaron perdidas entre el crecimiento desordenado de la mancha gris. Los multívocos y confusos letreros de "Bienvenida" son insuficientes para ni siquiera cumplir tan sólo con eso; con hacer sentirse uno bienvenido.

Si realmente se quiere arreglar la ciudad, como se dice desde hace varias iteraciones de administraciones públicas, el mejor lugar para empezar es por el ingreso; las puertas de entrada. Requieren la menor inversión y rinden el mayor beneficio; el de realmente hacer sentirse bienvenidos a los foráneos que nos visitan y sentirnos nosotros orgullosos de volver a nuestra ciudad. Si tan sólo por los momentos en que estamos entrando.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de mayo de 2007).


El aspecto de calles y perspectivas es confuso, abigarrado, inarmónico. Han concurrido a ello la usura, la codicia y la dejadez de autoridades y ciudadanos. La llamada publicidad exterior se ha desbordado y se ha revertido, incluso, contra los anunciantes mismos, los que fabrican los anuncios, y contra el público en general. El exceso ha terminado por morderse la cola.

El espacio visual tapatío se encuentra sumamente devaluado. Como hay tal abundancia de "mensajes" que invaden los campos visuales, éstos han terminado por anularse los unos a los otros. Podemos ver "espectaculares" que siguen anunciando películas que dejaron hace meses la cartelera. Muchas de estas estructuras están vacantes, o tienen el letrero de "disponible". Los "pendones" o colguijes que embarran postes y árboles forman una cacofonía ilegible. Las "vallas" que se adosan a los lotes baldíos (o a las bardas de casas de personas sin mayor amor propio) vociferan cosas ininteligibles. A lo que se ve, es baratísimo ensuciar el campo visual del prójimo en este valle.

Hace no mucho, unas carteleras de madera permitían exponer en ciertas esquinas carteles a dos tintas que anunciaban funciones de box o lucha libre. Eran razonables. Costaban poco, llegaban a mucha gente que, por no estar saturado el entorno, les podían hacer caso. Ahora, los publicistas y las compañías de anuncios siguen afirmando a sus clientes que poner un espectacular les resulta costeable. Muy dudoso.

Es necesario regresar al orden. Acordarle al espacio visual de los ciudadanos la gran valía que encierra, y respetarlo. Recordar el principio básico de la publicidad que afirma que el que ve demasiado no percibe realmente nada. Y darle su valor al espacio público, a las perspectivas comunes. A lo construido con años de trabajo y cuidados sobre el armatoste que llega a invadir el campo visual sin ningún miramiento. Quien dejaría de perder a diario, y ganaría la posibilidad de volver a ser un lugar digno, es la ciudad misma.

Juan Palomar Verea
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 23 de mayo de 2007).


Se me ocurre hacer lo mismo con todas las empresas que tapizan la puerta de mi casa con folletos y anuncios. Voy a guardarlos y después, ya que tenga una caja de considerable tamaño, ¡se los voy a mandar de regreso! O, tal vez, todas juntas, a la autoridad municipal responsable de otorgar los permisos de volanteo (o vigilar que no se haga, en todo caso). Debería ser delito que afecten nuestro patrimonio con pegotes de cinta adhesiva sobre canceles o paredes de propiedad privada.

Si nos unimos contra estas tácticas comerciales, violatorias, a todas luces, de nuestros derechos, estoy segura que las cosas cambiarán.

Elizabeth Magallanes García
(v.pág.20 "correo" del periódico Público del 1o.de junio de 2007).


El Informador del 2/jun/2007


Lo de la invasión de lechos de ríos en Guadalajara es una historia que comienza a partir de 1908, cuando arrancan las obras del entubamiento del río San Juan de Dios. De ser una ciudad armónicamente trazada y que tendía puentes sobre sus arroyos, comenzó a taparlos, a invadirlos, a crecer caóticamente generando amplias fortunas a sus promotores, hasta convertirse en la megalópolis actual que año con año se inunda sin remedio.

(V.pág.13 del periódico Público del 3 de junio de 2007).


Quienes llegan a Guadalajara utilizando el autobús como medio de transporte, reciben de entrada una impresión nada positiva de la ciudad, una vez que han arribado a la Nueva Central de Autobuses, cuyo entorno se encuentra en deplorables condiciones: calles llenas de baches, basura y suciedad, comercio ambulante, una plaza comercial que no ha llegado a ser tal, locales abandonados, grafiti... Es ésta la primera imagen con que se encuentran los viajeros. Y si llegan de noche, peor aún: iluminación deficiente, drogadictos y malvivientes... Basta con darse una vuelta por la zona para constatar esta situación.

Esta pésima imagen urbana que presenta el entorno de la terminal no es nueva, tiene ya bastantes años en esas condiciones, sin que hasta ahora se haya hecho nada por mejorarla.

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 12 de junio de 2007).


En Guadalajara se sabe (aunque a menudo se olvida) que cada año en la temporada de lluvias, árboles caerán, calles se inundarán y destrozos abundarán. Cada año lo nuevo es distinto, pero no tanto. Basta cotejar la memoria veranea de los periódicos que por décadas nos muestran siempre lo mismo casi igual; una ciudad angustiada porque cada año siempre le falta agua y siempre le sobra agua.

Lamentablemente, el crecimiento desordenado que viene sufriendo la zona metropolitana de Guadalajara ha desvinculado nuestro pasado de nuestro futuro con el etéreo abismo que existe entre las planeaciones y las acciones.

Así nuestra ciudad, toda ciudad, es resultado del cúmulo de complicidades y omisiones que por generaciones de administraciones sucesivas (algunas más que otras) han servido para que pesimistas, oportunistas, idealistas, optimistas y realistas hagan de ella lo que más les convenga. Son los granitos de arena que la edifican.

Lo que distingue las épocas buenas de las deplorables han sido los liderazgos humanos que han visto el potencial futuro en su momento y han tenido la capacidad de conjugar la confianza y el compromiso de las voluntades con la buena administración y procuración de los recursos posibles. Fueron los que han sabido de dónde venían y a dónde iban.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de junio de 2007).


El centro de Guadalajara, en el pasado, perfectamente podía retratarse con cuatro palabras: amable, limpio, acogedor, floreciente. El mismo ejercicio, en el presente, podría realizarse con los antónimos: desagradable, sucio, repelente, ruinoso.

(Si pudiera, quizá pediría prestadas las quejumbrosas coplas de "La Llorona" para cantar, con voz cascada, su historia: "Ayer maravilla fui, Llorona... y ahora ni sombra soy").

En la práctica, el cacareado "rescate" del dichoso "Centro Histórico" se ha limitado a dos cosas: el maquillaje de algunas calles, y la sustitución del ambulantaje formal -que había convertido en tianguis los andadores de Morelos, Pedro Moreno, Colón y Galeana- por el ambulantaje informal que irrumpe en cuanto los inspectores del municipio dan la espalda. (O sea, continuamente)...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de junio de 2007).


A Alfonso Petersen, presidente municipal de Guadalajara: Quiero pedirle, con todo mi derecho de ciudadana, que usted y sus empleados (pagados por los contribuyentes) dejen de viajar al extranjero y se den una vuelta por ciudades como León, Aguascalientes, Zacatecas, Querétaro, etcétera, y verán la limpieza y orden que se manifiesta por lo menos en el primer cuadro y principales avenidas.

En algunas ciudades tienen un programa de empleo para personas mayores que consiste en hacerles responsables de la limpieza de cinco o seis manzanas. Traen sus uniformes, guantes, un tambo bien pintado y con rueditas, algunos con unas tenazas para recoger basura. Así cumple el ayuntamiento una doble misión, dan empleo a personas de la tercera edad y mantienen limpia la ciudad. Lo más probable es que si vemos que todo está limpio, ya no nos atrevamos a tirar basura.

Vaya a Monterrey a ver sus museos, Macroplaza y sobre todo sus camellones verdes, llenos de flores y árboles bien recortados y cuidados. Qué diferencia con los nuestros.

Es una vergüenza la recién inaugurada Lázaro Cárdenas, desde Los Arcos del Milenio hasta el entronque con Vallarta sólo hay tierra, basura, árboles descuidados, lo mismo que la mayoría de las avenidas de nuestra ciudad que se encuentran en completo abandono.

Señor Alfonso Petersen, ya no recete a sus pacientes; ahora usted ya no es doctor, lo elegimos como administrador de nuestra ciudad y lo necesitamos de tiempo completo para que ponga a Guadalajara en el lugar que merece. Espero que no responda como el gobernador: "Me vale madre". Y esto va para todos los presidentes municipales que no tienen ojos para ver, ni oídos para oír.

Graciela Hernández
(v.pág.10 "Cartas del lector" del periódico Mural del 21 de junio de 2007).


Público del 30/jul/2007


Por razones de trabajo me toca pasar todos los días por arriba del tristemente célebre nodo-embudo de Colón, el que ahora cuando llueve forma caudalosos ríos que antes no veíamos. Y es que, en lo que a las nuevas obras viales se refiere, como se dice coloquialmente: estábamos mejor cuando estábamos "pior".

Pues ándale que la semana pasada, durante una de las fuertes lluvias que azotaron la ciudad, al ir circulando por la avenida Américas para intentar dar vuelta en la calle Colomos, el nivel del Río Colón (así habría que llamarle ahora a esta zona) era de unos cuarenta centímetros, y salían chorros de las alcantarillas como si fueran las fuentes del Bellagio vistas en una pesadilla.

Llovía a cántaros, sí, pero era más el agua que salía de abajo para arriba que la que caía de arriba para abajo.

Avanzando lentamente, con el miedo de que el coche no se fuera a quedar parado o el agua se metiera por las puertas, de repente sentí tremendo golpe al frente.

Al principio no supe que fue. Como pude me eche hacia atrás, y pude ver que lo que golpeé fue la tapa de acero de una alcantarilla que se había girado quedando la mitad de ella hacia arriba.

Debido a lo tupido de la lluvia pegando en el parabrisas y la turbulencia del río café apenas y se podía ver la tapa levantada.

Después del susto, continué avanzando temeroso a vuelta de rueda, hasta que pude salir de ese embudo vial que, desde que lo construyeron, cada vez que llueve fuerte se convierte en un verdadero amazonas urbano.

Unos minutos después, al circular por la calle Montreal y pasar por encima de la rejilla de una boca de tormenta, sentí otro golpazo. Un pedazo de la rejilla que debió estar rota pegó en la parte baja de mi coche, destruyendo buena parte de la defensa.

Ahora que tengo que llevar mi coche al taller y pagar las reparaciones, me pregunto, ¿no deberían el Ayuntamiento o el Siapa responder por esto? Pues estos incidentes se debieron a tapas de alcantarillas sueltas o mal construidas y que no resisten la presión del agua que intenta salir hacia arriba (son tapas, no tapones), a que los colectores fueron hechos para el drenaje y no para las lluvias, y sobre todo al mal diseño del desalojo de las aguas pluviales en las obras de urbanización.

Y ya ni hablar de decenas de agujeros en las calles que, gracias a algunos vecinos que se preocupan por lo que pueda ocurrir, son señalados con palos, escobas y ramas para avisar a los automovilistas de que existe un hoyo profundo, dando así no sólo la imagen, sino confirmando que vivimos en una ciudad chafa y sin mantenimiento.

Otro problema es el de los topes mal diseñados.

Hace poco colocaron uno al final de la calle Mar Caribe en su entronque con la avenida Plan de San Luis. Este tope es más alto de lo normal y muchos automóviles -el mío entre ellos-, pegan al centro del chasis al intentar cruzarlo. A simple vista pueden verse los raspones que dan cuenta de cada uno de los automóviles que pegan al pasarlo.

Los topes se ponen para reducir la velocidad de los autos, sin embargo según pude averiguar, éste lo pusieron para impedir (ajá) que el nuevo amazonas urbano, ocasionado por el embudo de Colón, se meta hacia la colonia Country Club.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 6 de septiembre de 2007).


Esta ciudad cada vez más necesita un manual de usuario. Hoy, por ejemplo, usted deberá saber que la avenida López Mateos será propiedad exclusiva de los automovilistas, que por la mañana el centro y el eje de las avenidas Alcalde-Avila Camacho estarán cerrados por la romería de la Virgen de Zapopan. Prevéngase de tianguis y calles cerradas por la construcción de obras viales. Conserve la calma.

La tremenda corte
(v.pág.3 del periódico Público del 12 de octubre de 2007).


La fealdad asalta sin parar, a la menor provocación, a la ciudad. Y es muy grave. No es una simple cuestión estética ni tiene nada que ver con remilgos ni exquisiteces. La fealdad apareja con ella los elementos mismos de la disolución del cimiento de la convivencia y del principio de la voluntad por tener un razonable espacio comunitario.

Un abandono gradual y cierto de lo colectivo en aras de un individualismo indiferente ante lo que sucede en el ámbito público propicia la resignación ante la fealdad. Campo muy conveniente para que los poderes "fácticos" se desenvuelvan a sus anchas. Como el consumismo, el afán desmedido de lucro, la usura. Y también el deterioro ambiental, la falta de cohesión social, la sumisión a una vida que está lejos de la dignidad y la justicia.

Recuérdese la Guadalajara que se adivina en las fotografías antiguas, en algunas pinturas. Plomada y cordel, adobe y a veces cantera -que era lo que había- enjarres blancos, calles bien trazadas, alrededores amenos y bien conservados en los que sus habitantes tenían una frecuente experiencia de la naturaleza.

Considérese ahora la Guadalajara que nos toca vivir. Desde las afueras se respira un sentido de desorden y de ausencia de armonía, de fealdad, en buena medida provocados por el irresponsable uso de la publicidad. Arquitectura que ha decaído desde hace decenios mal cubierta por un arbolado que cuenta con numerosos enemigos. Desigualdades que hieren la vista y el sentido de justicia.

Juan Palomar Verea
(v.pág.8-B del periódico El Informador del 20 de octubre de 2007).


Todos los días transito por calles y avenidas donde ha desaparecido por completo la armonía estética. Guadalajara se ha llenado de mala arquitectura, de tala de árboles, de basura y de contaminación visual.

Constantemente me encuentro con recuerdos de grandes árboles que fueron mutilados por el mismo personal de Parques y Jardines. Quitamos fresnos y jacarandas para poner palmeras y ficus en formas cuadradas y redondas. Damos preferencia a los cables de la luz y acabamos con el arbolado de colonias completas.

Cada día hay más espectaculares por todos lados. Son tantos que ya no sabemos ni lo que anuncian. Las autoridades siguen dando permisos para poner más y a la vez se ven atados de manos al enfrentarse a amparos de parte de las mafias tenedoras de los derechos de los mismos que sólo piensan en el dinero que genera su negocio sin considerar el bien de la ciudad.

El aumento de guetos cursis, llamados cotos, es cada día más alarmante. Los estilos arquitectónicos que los conforman sólo se pueden encontrar aquí. Columnas dóricas con teja estilo californiano con vidrios polarizados y minimalismo con vitropiso son sólo algunos ejemplos de lo que hay.

La basura se ha convertido en parte del paisaje. No tenemos una conciencia de limpieza. Somos unos cochinos.

Esto que pasa es como una pesadilla de la que tenemos que despertar. Es un sueño que no se acaba y parece que estuviera empezando.

Afortunadamente Guadalajara también tiene gente preocupada y comprometida en buscar soluciones para esto. Hay buenos arquitectos (la minoría), hay gente limpia y, sobre todo, habemos muchos que estamos cansados de esta realidad tan triste.

Siempre ha habido buenos edificios y espacios, sólo que cada vez brillan menos entre tanta fealdad.

Tenemos que concientizarnos de lo que pasa y contagiar a la población en general de esta necesidad de cuestionar lo que estamos haciendo. No podemos dejar que nuestra ciudad siga así. Deberá surgir una minoría conciente que tenga la fuerza de convencer e influenciar a los demás.

Claudio Javelly Aldana
(v.pág.10 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 22 de diciembre de 2007).


Publicado en el periódico Mural el 10/ene/2008

En el municipio tapatío la cantidad de basura en las calles aumenta y el personal encargado de limpiarlas disminuyó.

El director de Ecología, Francisco Javier Ochoa Covarrubias, reconoció que el personal a su cargo es insuficiente para limpiar la ciudad.

Por ejemplo, en el área de Parques y Jardines hace dos administraciones tenían 1,800 empleados. Actualmente, con el gobierno de Alfonso Petersen, hay 756.

Además, de las 16 barredoras que hay para Aseo Público, sólo funcionan de 8 a 10 en promedio, ya que el resto se la pasa en el taller.

La máquina destinada a Mejoramiento Urbano tampoco sirve y es con la que se limpiarían los túneles vehiculares.

La falta de cultura en los tapatíos no contribuye a mantener limpios los espacios públicos, sino al contrario, cada vez se ensucian más, lamentó.

(V.primera plana del periódico Mural del 10 de enero de 2008).


Publicado en el periódico Mural el 10/ene/2008

Caminar en Guadalajara significa moverse entre la basura. Pisarla, olerla y verla casi en cada esquina de la ciudad.

El que transita en su vehículo particular, el que espera el camión en cualquier calle, el que sale en patines a la Vía Recreactiva. La suciedad existente en la capital del estado es democrática: lo mismo afecta a ricos que a pobres, a jóvenes y ancianos, a hombres y mujeres.

No se trata solamente de los desechos orgánicos que quedan tirados en plena calle después de un tianguis, tampoco son sólo los pasos a desnivel en los que se acumulan los desperdicios que luego taparán las alcantarillas, ni siquiera el problema se concentra en las bolsas dejadas a la buena de Dios en las esquinas y que comienzan a aromatizar el ambiente cuando sale el sol.

El problema con la basura es que nadie parece verla, o al menos importarle.

(V.pág.1 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 10 de enero de 2008).


No será difícil para Televisa y el Departamento de Turismo encontrar qué promocionar a la ex bella Perla Tapatía. Para muestra un botón, los invito a que pasen por La Paz y Escorza, donde se encuentra un agujero "camuflado" en el cual han caído muchos automóviles.

Y no se diga "Ciudad Zapopan", donde hay basura acumulada, baches, lámparas del alumbrado apagadas. Y López Mateos Sur, frente a la Unidad Administrativa Las Aguilas; el carril de baja velocidad, saturado y congestionado por obras inconclusas por el Siapa.

Mateo Hernández
(v.pág.8 "Cartas del lector" del periódico Mural del 10 de enero de 2008).


Una de las cosas que han dado fama a Guadalajara en todo el país, aunque sea una fama no deseada, es porque nuestros visitantes consideran que tenemos una de las peores vialidades, con muchísimos problemas, que se extienden a toda la zona metropolitana.

Incluso, hacen notar que el tránsito vehicular en Guadalajara es más peligroso que el que se tiene en el Distrito Federal.

Asimismo, estiman que nunca hemos hecho algo efectivo que solucione nuestros problemas viales, ni nosotros ni las autoridades del ramo.

Luis René Navarro
(v.pág.7-B del periódico El Informador del 14 de enero de 2008).


Los alcaldes de esta gran urbe se interesan más por su futuro inmediato que en el de los cientos de toneladas diarias que aquí se generan... y también se degeneran, sin llegar jamás a los tiraderos.

Vean, por ejemplo, al doctor Petersen, tan decente él, tan buena persona y... tan lento para darse cuenta del problema. Después de un año -la tercera parte de su reinado-, como que ya se dio cuenta que las campañas de concientización no sirven de mucho. Y que valdrá la pena poner un poquito más de gente a recoger el tiradero... en cuanto haya una chancita.

Peor aún, su válido en este tema, el director de Ecología Francisco Javier Ochoa, se va directo a la yugular del respetable público: de puercos no nos baja a quienes tiramos basura en la calle, es decir, casi todos los que tenemos necesidad de salir de nuestros palacios en algún momento de la vida. Porque da la casualidad que no hay botes suficientes, y cuando los hay, están repletos. Y por lo tanto, "puerco" es tanto el que impunemente baja la ventana del carro para tirar una lata de bebida como el que lleva 10 ó 15 cuadras caminando sin encontrar dónde dejarla, porque al señor Ochoa y sus colegas están más ocupados en insultar a quienes tiran basura que en hacer su trabajo.

Por cierto, no es cosa del otro mundo; en las grandes capitales del mundo también se tira basura en las calles, con una diferencia: allá sí hay botes donde hacerlo, castigos efectivos para quien no lo haga y personal dedicado a limpiar todo. No nada más excusas... o insultos.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 17 de enero de 2008).


Mientras soñamos sentirnos importantes en el escenario global, estamos descuidando la calidad de nuestras banquetas, fachadas, parques, jardines, del aire, del agua, los ruidos, los olores.

La vida en nuestra metrópoli se vuelve una auténtica pesadilla por todos lados.

Por ejemplo, el proyecto de viaducto intermitente (orita sí, orita no) resulta de la larga negligencia irresponsable sufrida por el crecimiento desordenado a lo largo de las principales vías de acceso a la ciudad; hecho que, además de ser insuficiente para las necesidades de ingreso a la segunda ciudad del país, presenta condiciones innecesarias de alto riesgo, de molestas pérdidas de tiempo valioso para los transeúntes locales, y una desvaloración estética que amenaza al incipiente orgullo local.

Desde hace rato, la Perla de Occidente ha estado "chafeando" en su progreso. Mientras más tiempo pasa en reconocerlo, más costará en corregirlo.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de enero de 2008).


Las fotografías de la basura acumulada en las calles de la ciudad publicadas en los últimos días por MURAL, mostraron dos cosas simultáneamente: la falta de cultura y educación cívica de muchos tapatíos que sin la menor reserva tiran basura a la calle, y la incapacidad de la autoridad para recogerla y sancionar a quienes impunemente lo hacen.

No nos hagamos tarugos, el territorio de limpieza del tapatío, se reduce a su propiedad privada y a su colindancia inmediata, y no siente obligación alguna por cuidar lo que le pertenece a otro, llámese vivienda, local comercial, plaza o avenida.

Cada quien pinta su raya, y solamente barremos y limpiamos el frente que nos corresponde. Ni un centímetro mas. Y cuando nadie nos ve, la basura se la echamos al vecino y así nos "deshacemos" del problema, recorriéndolo hasta llegar a la esquina o a la avenida principal donde, por arte de magia, los desechos que originalmente fueron nuestros, se vuelven ajenos, y por lo tanto responsabilidad municipal.

En la propiedad ajena (y la de todos es considerada ajena), se vale tirar basura, escupir, pintarrajear o destruir. Y si vemos a niños o adultos hacerlo, nos hacemos los desentendidos y guardamos un silencio cómplice a menos, claro está, que la propiedad en cuestión sea la nuestra. Entonces sí que reclamamos al otro su falta de educación y de civismo.

No disculpo a las autoridades por su insuficiencia para mantener limpias las calles y espacios públicos, pero aunque suene trillado, el problema y la solución no es sólo del gobierno, sino de todos.

Las asociaciones de colonos podrían ayudar mucho en esto, y así como se organizan para exigir enérgicamente a la autoridad que pare las construcciones que no les parecen y castigos para quienes las autorizan, de la misma manera deberían organizarse para exigir la limpieza periódica de las "tierras de nadie", de los pasos a desnivel y de las grandes avenidas que colindan o pasan por sus colonias, porque los basureros públicos tapatíos no son recipientes adecuados y estratégicamente colocados en las calles y avenidas de la ciudad, sino los mismos montones de "basura de nadie" acumulada en las "tierras de nadie" a los que cada transeúnte o automovilista que pasa cerca de ellos les agrega algo de su propia cosecha.

Como que a la "basura de nadie" se vale echarle más encima, al cabo nosotros no fuimos los que empezamos el montón.

Nos podemos desgañitar reclamando atención, pero al final esto no se corrige limpiando todo lo que los ciudadanos irresponsablemente ensuciamos, es un asunto de cultura y educación cívica, particularmente de la autoridad que tiene a su cargo el aseo público (aunque lo subcontrate), porque la basura se tira en las narices de los mismos policías y ni se inmutan. Yo mismo los he visto dejar basura y envases de refrescos en los cajetes secos de las banquetas, pero nunca he visto a uno llamarle la atención a alguien o levantar una infracción por tirar basura en la vía pública.

Y si apareciera por ahí un policía o agente de tránsito educado en Suiza y nos multa por tirar basura, el monto y las consecuencias son de tal manera ridículas que no son freno o escarmiento suficiente como para dejar de hacerlo.

La solución no tiene más que dos lados: el lado ciudadano y el lado de la autoridad.

El lado ciudadano se llama cultura cívica, y esa sólo se va a lograr si desde las escuelas se hace un agresivo y permanente programa de educación cívica que involucre a alumnos, maestros y padres de familia, pues de nada sirve decirle a los niños con dibujitos que la basura hay que ponerla en su lugar, si en el trayecto a la casa, sus padres (que no tienen madre) tiran la bolsa del lonche por la ventana del auto.

Y en el lado de la autoridad, habrá que hacer varias cosas: además de endurecer la ley y ver que se aplique, organizar mejor su trabajo y asegurarse que los policías, los agentes de tránsito y sus familias reciban un curso intensivo de educación cívica.

Solo así podremos cambiar ese arraigado y nefasto modo de ser los hombres y mujeres de esta impune y vapuleada ciudad, que en su fuero interno dicen que: lo mío es mío y lo demás no importa.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 24 de enero de 2008).


La ciudad se ha dejado cubrir de basura. La imparable contaminación visual y auditiva que envuelve a la urbe forma una capa de fealdad y desarmonía que comunica incesantemente a todos los que la perciben que de nada sirven los pequeños esfuerzos mientras el marco general indique que la ciudad puede usarse como basurero, lugar de anuncios fuera de control y de orden, espacio donde cualquier estruendo se permite.

La densa capa de coches que roe a la ciudad la va mermando, haciendo cada día más difícil conservar sitios tranquilos, calles desahogadas, espacios calmos.

Lo primero y lo esencial es que a la gente le importen la limpieza, el orden la armonía. Cualidades sin las que la convivencia urbana se deteriora y empobrece. Sin las que la calidad general de vida disminuye.

Juan Palomar Verea
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 26 de enero de 2008).


En las últimas semanas, cholos y grafiteros han vuelto a las andadas, pintarrajeando las fachadas de casas habitación y de negocios, con la confianza de que nadie los molestará y menos detendrá.

En una abierta burla y como un reto a las autoridades municipales de Guadalajara, han pintado a su antojo los muros exteriores del mercado General Manuel Avila Camacho, que el ayuntamiento acababa de pintar, dentro del remozamiento general de ese centro comercial del municipio.

En distintas zonas de la ciudad, pero especialmente en los barrios de su parte antigua, mal acaban los vecinos de pintar las fachadas de sus casas o negocios, cuando al día siguiente amanecen todas pintarrajeadas con los mensajes ilegibles de cholos y grafiteros.

Ante esta situación, es urgente que el Ayuntamiento de Guadalajara le dé a su policía municipal las armas legales para acabar con esta pintadera de casas, poniendo tras las rejas a estos vándalos.

Si se actúa con firmeza por parte de la policía, deteniendo y consignando a estos depredadores, en lo futuro muchos de ellos ya no se animarán tan fácil a pintarrajear paredes, pues sabrán que podrán terminar en la cárcel.

A este respecto, se requiere que en la reforma se determine también el no derecho a fianza para estos vándalos, y así no puedan salir luego, sólo para reírse de sus consignadores.

Por lo pronto, en el combate contra el grafito, el ayuntamiento puede exigir que las tiendas de pinturas, las tlapalerías y los abarrotes no vendan pinturas, en la presentación que tengan, a adolescentes y jóvenes, sólo a los adultos, a fin de que cuando menos disminuyan estas pintas.

Los tapatíos mayores señalan que el grafito llegó a Guadalajara cuando se tuvo la gran inmigración de habitantes de la ciudad de México, por los fuertes sismos que sufrieron el 19 de septiembre de 1985, y que se asentaron en diversas partes de la zona metropolitana, incluidos entre ellos muchos grafiteros, que vieron en la capital tapatía un campo virgen para sus maldades.

Antes de eso, el grafito sólo se veía en los sanitarios de los baños públicos, donde sus paredes estaban llenas de leyendas, versos y frases con palabras obscenas.

En la medida en que se generalice la detención y consignación de grafiteros, volverá la confianza de los propietarios de fincas en sus autoridades municipales, que se traducirá en una reanudación de los trabajos de mejoramiento de las fachadas de sus propiedades, y todos saldrán ganando, especialmente Guadalajara.

Luis René Navarro
(v.pág.15-B del periódico El Informador del 28 de enero de 2008).


Arboles porta-anuncios.

Ahora es muy común observar los camellones llenos de anuncios colgados o clavados en árboles y arbustos, lo que además está "estrictamente" prohibido por el Reglamento de Parques, Jardines y Recursos Forestales para el Municipio de Guadalajara.El gobierno de la ciudad tiene la facultad de aplicar sanciones que van desde los 5 a los 50 salarios mínimos a quien no cumpla las reglas. Si el ayuntamiento no puede evitar que indebidamente los pongan, por lo menos debería retirarlos de los árboles. Cuando no hay capacidad para operar competentemente la función pública, los problemas de una zona metropolitana como la de Guadalajara, crecen y se complican, día a día.

Horacio Villaseñor Manzanedo
(v.pág.15 "correo" del periódico Público del 4 de febrero de 2008).


Ahora que las autoridades patrocinan la producción audiovisual, resulta oportuno proponer que se dedique una partida especial para una nueva telenovela que se llame Las Mentiras de Jalisco; el guión sería una crónica social y pueden aprovecharse algunos actores espontáneos. Como se trata de reflejar la vida cotidiana del estado, pude iniciarse con una serie de capítulos dedicados a la vida en los municipios de El Salto y Juanacatlán, en donde se encontrarían acentos trágicos, sin necesidad de escenografía.

Por ejemplo, tendremos tomas con miles de personas que viven en las inmediaciones de ríos y cuerpos de agua llenos de suciedad, veremos niños con infecciones derivadas de la insalubridad, escuelas contaminadas, también el enjambre de moscos que pudiera ser motivo de un amplio capítulo dedicado a anunciar desinfectantes, y por supuesto que no deben faltar las tomas de los perros muertos en las calles llenas de tráfico que avanza por avenidas con márgenes sin banquetas, llenos de basura, polvo y olor a humo.

Seguramente los actores podrán involucrarse de lleno en este guión, si al bajar del avión visitan directamente las comunidades asentadas en las cercanías del aeropuerto; podrán disfrutar de la obra inconclusa de ampliación del Periférico en medio de lo que podemos llamar la laguna negra.

Para acentuar el contacto con esta realidad social, es deseable que el equipo completo haga un alto en la comunidad de San Sebastianito, para avanzar luego por la avenida 8 de Julio hacia la colonia Polanco, donde disfrutarán de un paisaje propio del surrealismo en donde se combinan el dispendio, el olvido, la demagogia y la pobreza, todo en sólo unos minutos.

Para contrastar, se sugiere que se alternen escenas de la vida palaciega de los funcionarios encargados de la ecología y salud pública, como de los funcionarios municipales de la zona metropolitana, con tomas espontáneas que seguramente serán de alto impacto.

Con todo ello, tendremos un documento fílmico que reflejará lo que sucede en una entidad en la que el saneamiento de las aguas es una asignatura pendiente desde hace años. Las grandes plantas de tratamiento que repetidamente se han comprometido no son sino falsas promesas, como lo han sido las repetidas menciones en informes y discursos respecto a la construcción de la obras para abastecer de agua a la ciudad. Sólo palabras que ofenden a la inteligencia de los jaliscienses que con tristeza observamos cómo la insalubridad se apodera de la periferia.

Luis Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 6 de febrero de 2008).


Aquí sí estamos civilizados, no cabe duda: somos una ciudad grande y moderna, no como otras ciudades del país, sea Guanajuato o Zacatecas, donde la mayoría de los anuncios son pintados a mano, tienen un aspecto artesanal, se componen solamente de uno o dos colores, con tipografía similar, pequeños y discretos, proporcionados a la fachada del negocio, con una altura adecuada al peatón y en general creativos y con una cierta intención estética. Nosotros no compartimos semejante ocurrencia, esos letreritos no nos bastan: nosotros tenemos el privilegio de contar con un alto espíritu consumista y nos fascina ver encendidos, toda la noche si es necesario, cada uno de nuestros anuncios.

Ahora también existen las pantallas electrónicas en cruces estratégicos donde, a manera de televisión gigante (para quienes la extrañan al salir de casa), nos deleitan con todo tipo de comerciales, incluidos chistes y frases célebres, que distraen hasta al más cauteloso conductor.

Laura Zohn M.
(v.pág.18 del sumplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 9 de febrero de 2008).


Tiran el dinero sin ton ni son los empresarios o dueños de negocios que insisten en seguir anunciándose por medio de los volantes que ordenan repartir en las calles o que pegan en las casas, fachadas, puertas y ventanas; en canceles y carros, o de plano aventándolos ¡y a puños! en los jardines. Todavía esos empresarios no entienden, ni aprenden, que con esos volantes es nula su propaganda, nadie los lee, otros ni siquiera los ven ni saben de qué se trata, molestos los recogen y... ¡al bote de la basura van a dar! Además, no entienden que con eso contaminan la ciudad, y todo por falta de visión, de iniciativa, por carecer de imaginación y desconocimiento de las reglas más simples de la mercadotecnia.

Esa propaganda, hasta ahora inútil, podría ser de provecho a su negocio o empresa, si buscaran la forma de despertar el interés de los posibles clientes, agregándole algo práctico que le pudiera ser útil al futuro comprador, o de interés, según el lugar donde la entreguen.

Adolfo Martínez López
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de febrero de 2008).


En una auténtica papa caliente se ha convertido para las autoridades municipales de la zona metropolitana de Guadalajara el problema de los grafiteros y sus pintarrajeadas de puertas, cortinas y fachadas de casas habitación y de comercios, y en lugar de afrontarlo lo están eludiendo.

Esta situación sin control está rebasando a los cuerpos policíacos, que no tienen ahora elementos legales a su alcance para combatir este vandalismo moderno.

Tal parece que ni los ayuntamientos de la zona metropolitana ni los diputados tienen mucho interés en presentar esa iniciativa. Por eso, es necesario que las barras y colegios de abogados, recurriendo a sus miembros especialistas en Derecho Constitucional, presenten esa iniciativa de reforma al Congreso del Estado, con la seguridad de que esté bien redactada y, sobre todo, bien respaldada.

Esta reforma tiene el objetivo de que se declare al graffiti delito perseguido de oficio y sin derecho a fianza, por lo que ya no serían necesarias una acusación o una orden de aprehensión previas.

De esa manera, las distintas policías podrían detener y consignar ante el Ministerio Público a cuanto grafitero sorprendieran en su nefasta diversión.

Todas las personas que han sufrido la acción de los grafiteros y que vuelven a pintar las fachadas y cortinas de sus casas o negocios, no disfrutan de un buen aspecto ni siquiera un mes, ya que cuando mucho a los 15 días ya están nuevamente pintarrajeadas sus propiedades.

Es necesario que las autoridades municipales de toda la zona metropolitana salgan ya en defensa de las numerosas víctimas de los grafiteros en sus respectivas jurisdicciones.

Sobre este problema, un investigador de culturas juveniles, de El Colegio de Jalisco, Rogelio Marcial Vázquez, asegura que el graffiti más que una expresión de vandalismo es el resultado de la falta de espacios de expresión de estos jóvenes, y está presente en todas las grandes ciudades por la misma razón.

No obstante, debe quedar claro que la falta de espacios no justifica que anden pintando, con sus ilegibles figuras, cualquier espacio privado o público.

Es como si se permitiera que todas las personas que no tengan vivienda propia, ocupen y se posesionen de la primera que encuentren desocupada.

Tampoco se justifica que algunas personas roben algo para comer, porque no tienen el dinero suficiente para comprarlo.

Vivimos en sociedad y tenemos normas que debemos respetar, en beneficio de terceros y de nosotros mismos.

No todo es sencillo y fácil en la vida que nos ha tocado, pero recurriendo a ilegalidades no vamos a tener soluciones.

Así que debemos lograr que nuestro entorno urbano se respete por todos, incluidos los grafiteros, para así disfrutar de seguridad y paz.

Luis René Navarro
(v.pág.9-B del periódico El Informador del 3 de marzo de 2008).


La ciudad de Guadalajara, conocida por muchos años como la Perla de Occidente por sus encantos provincianos, culturales y naturales, tuvo en una época la oportunidad de fomentar a conciencia la actividad turística y sembrar los cimientos sólidos para su desarrollo, lo cual fue desaprovechado. En su lugar, la complacencia de nuevo jugó su rol habitual, y ahora encontramos cada día más difícil poder apreciar y gozar de una ciudad que si bien todavía queda mucho allí, la destrucción de su paisaje urbano y el tráfico caótico e insoportable hacen que ese encanto desaparezca entre malestares del humor.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de marzo de 2008).


Ya es una muy buena lana la que nuestro espléndido gobernador ha donado a Televisa; no conforme con eso, ahora dona 90 millones de pesos a la construcción de un templo católico. Todas estas donaciones, según dice él, son inversiones para atraer turismo.

Bueno, Emilio, ojalá que yo me equivoque y efectivamente tengas un buen sustento para hacer tantas "donaciones" del dinero que tanta falta hace a nuestro estado y para no dedicarlo a cosas que veo que son necesarias, como: mejor educación en las escuelas públicas, mejores caminos y vialidades, limpieza (esto sí atrae al turismo. Por si no te has dado cuenta, Guadalajara está extremadamente sucia), inversión en becas para buenos estudiantes, mejores programas para el retiro de los trabajadores, mejoras de salud y educación a las comunidades marginadas, mejores programas de educación y asistencia para las pymes, etc.

Dagoberto Brizuela
(v.pág.8 "Cartas del lector" del periódico Mural del 27 de marzo de 2008).


Aquí la mayoría de las personas se transforman cuando justo al separarse su suela del zapato del piso, toman su volante redondo, montándose en su automóvil, olvidándose de su condición peatonal original y creyéndose seres extraterrestres que ya no pisan sobre la Tierra, sino que la dominan desde el centro del universo que se vuelve cada coche.

Los que no tienen su auto propio y toman el transporte público se convierten a su vez en seres infelices que durante el trayecto se la pasan sufriendo un estado física y emocionalmente desgastador, en una tensa vigilia alerta propia de condiciones de alto riesgo.

Lamentablemente, saliendo apenas por la puerta casera encontramos banquetas agrietadas, ondulantes e impropias para poder caminar sin ejercer destrezas de atleta; no se diga para carriolas, bicis, patines, etc. La calle también resulta insuficiente para los autos que la demandan (tanto para moverse como para estacionarse); insuficiente para los árboles que la pueblan más como enfermería botánica que como el tan presumido "bosque urbano" que no lo es; hasta resulta insuficiente para los cables que la enredan como telaraña metálica. Los parques y jardines públicos sobresalen por su escasez y descuido; los muros y las fachadas sufren de la basura críptica del graffiti vándalo.

Con razón ya poco gusta caminar la ciudad.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de abril de 2008).


El pasado domingo salimos a pasear por la avenida Chapultepec, después de un buen café. Atravesamos al camellón donde hay una exposición de fotografías sobre la basura y la contaminación ambiental. ¡Oh, horror de horrores! Parecía que la misma avenida era parte de ese montaje: latas, botellas de plástico, vasos desechables, bolsitas de frituras, popotes y cualquier cantidad de porquerías.

Una cosa es que tengamos un deficientísimo sistema de limpieza, pero otra muy diferente es que hagamos de nuestra ciudad un basurero. Es cierto, no hay suficientes botes de basura, pero vamos, ¿que no podemos guardar la botellita o el popote o la bolsa de papitas y tirarlos cuando lleguemos a casa o cuando encontremos, en algún sitio, un bote?

Mónica Torres
(v.pág.8 "Cartas del lector" del periódico Mural del 1o.de mayo de 2008).


En décadas pasadas, sobre todo en las primeras de la segunda mitad del siglo próximo pasado, se lograba que toda la ciudad estuviera libre de basura y con una excelente presencia.

Claro que había otros factores que colaboraban a hacer factible esta realidad, como eran entre otros, el que en esos años aún no hacía su aparición esta plaga moderna, que ahora padecemos, del reparto indiscriminado de volantes publicitarios, casa por casa, en toda la zona metropolitana de Guadalajara, y que en un gran porcentaje va a terminar en las banquetas y en las calles, no sólo ensuciándolas, sino ocasionando problemas de taponamientos en alcantarillas y bocas de tormenta en todos los temporales de lluvias, con las consiguientes inundaciones en varias partes de esta zona.

Otro factor que ayudaba también a mantener limpia la ciudad, era el que en esos años no se tenían los productos plásticos y desechables, como vasos, platos y recipientes diversos, ni las bolsas de plástico, y tampoco teníamos los envases de ese mismo material para diferentes líquidos, ni las botellas de refresco no retornables, y sólo empezaban a aparecer, con un uso no generalizado, los botes de aluminio para refresco y cerveza.

Muchísimos de estos productos, en lugar de depositarse en las bolsas con basura, se les avienta, simplemente, a las calles, con los problemas consiguientes de desaseo y de taponamiento de alcantarillas.

Por eso, lo que ahora se necesitan son campañas de convencimiento del aseo público que debemos observar y fomentar, sobre todo en la formación de niños y jóvenes.

En lo que toca a los volantes publicitarios, que son repartidos casa por casa, y que van a parar a las calles como basura, el ayuntamiento debe estudiar, detenidamente, la conveniencia de prohibirlos, habida cuenta que con ello no se afectaría la libertad de expresión, pues hay suficientes medios y canales de comunicación, en los que tendrían un sitio adecuado, sin causar problemas a la ciudad.

Luis René Navarro
(v.pág.7-B del periódico El Informador del 26 de mayo de 2008).


Soy extranjero y hace 7 meses llegué a Guadalajara para trabajar temporalmente. Mi opinión en una oración: "Jalisco, estado sin sentido común". Esta falta se refleja tanto en el gobierno como en los habitantes de Guadalajara, en vuestra manera de conducir y de comportarse como ciudadanos.

He viajado por todo México y las peores carreteras están en Jalisco, los pueblos "mágicos", comenzando por Tequila, son deprimentes y sucios. El turismo se atrae con lugares limpios, con fácil acceso y con comodidad para el turista.

Jalisco y Guadalajara en 6 puntos:

  1. En Guadalajara los tapatíos no sienten la menor responsabilidad y amor por sus espacios públicos. Lo único turístico que pueden mostrar es el centro histórico y desafortunadamente es deprimente ver el nivel de suciedad. El alcalde y su séquito deben tomar acción si no quieren mostrar una ciudad tan urbanamente caótica y ser el supremo hazmerreír de los visitantes durante los Juegos Panamericanos. ¡Si yo fuera tapatío me moriría de vergüenza!
  2. Estoy de acuerdo con la vía peatonal, una magnifica idea que tomaron prestada de Bogotá, Colombia. No estoy de acuerdo con el programa Vamos al Centro, atrae a demasiados destructores de lo poco que les queda por mostrar. He visto cómo dejan el centro: un asco, lleno de botellas, comida, papeles y cuanta cosa desagradable se puede arrojar a la calle. Los llamados "camiones" son demasiados, están sucios y llenos de graffiti, en malas condiciones, contaminan y obstruyen.
  3. Los proyectos de desarrollo urbano quizá estén fuera del centro histórico, pero no conozco a nadie que venga a Guadalajara para conocer Puerta de Hierro o Providencia. Vienen a ver lo poco que los tapatíos y su desgobierno no han destruido. El único proyecto en el centro histórico es la Villa Panamericana y el sistema de "transporte rápido", también tomado de la bella y limpia ciudad de Bogotá.
  4. El espacio público en el centro no está bien utilizado. Los estacionamientos están casi siempre llenos. El único parque presentable es la Glorieta de los Jaliscienses Ilustres, aunque siempre está lleno de gente tirada en las áreas verdes comiendo, dejando su basura y pisoteando el césped. Hay que poner miles de botes de basura para evitar tanta suciedad y hacer de la ciudad algo más atractivo.
  5. Las instituciones cívicas parecen que no hacen mucho por crearles civismo a sus ciudadanos. De lo contrario veríamos una ciudad limpia y no la peor que he visto en México. La entrada a la Biblioteca Publica del centro tiene un plazoleta donde sus fuentes son gigantescos botes de basura y mientras más basura hay más los tapatíos disfrutan en llenarlos. Las fuentes de la Plaza Tapatía y la avenida Chapultepec, cuando funcionan, tienen botellas plásticas flotando en ellas.
  6. El desarrollo económico urbano debe de ser promovido. En el centro deben existir negocios atrayentes. Los banquetones de la ciudad están en terrible estado, casi hay que caminar con la cabeza inclinada hacia el piso para no dar un tropezón y evitar caer en un hueco, claro lleno de basura y desperdicios. En el centro no hay un lugar dedicado a vender artesanía ni un restaurante decente.
Miguel Ordoquiz
(v.periódico Público del 12 de junio de 2008).
Recuerdo lo que propios y extraños comentaban cuando se gestionaba la posibilidad de un Museo Guggenheim en nuestra ciudad, y que incluso entre los asesores de la Fundación Guggenheim había más azoro que confianza sobre la pretensión desmedida de los promotores contra las evidentes carencias de infraestructura pública, política, cultura y social de la ciudad.

Leopoldo Mora
(v.pág.20 "correo" del periódico Público del 20 de junio de 2008).


Aquí, todo lo que se mueve, se estorba mutuamente. Los coches se estorban unos a otros cuando más prisa llevan; y cuando llueve, las calles se vuelven los arroyos que alguna vez fueron y todavía desconocen tercamente haber sido rellenados para dar lugar a la invasión de casas, comercios y caminos; la electricidad y las señales de comunicación que fluyen por los cables se ha vuelto una telaraña de alambres que parecen grandes estopas colgantes; las calles están dominadas por franeleros y grafiteros. Los camiones urbanos son como unos depredadores, se pelean velozmente para acaparar las presas pasajeras. La verdadera cara urbana de la ciudad se esconde tras las tecatas cosméticas de las publicidades exteriores de productos y políticos que luchan por dominar la voluntad de nuestras mentes a la hora de actuar en las urnas y en las compras.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de junio de 2008).


Lo que van a promover [los asistentes al evento] es lo que ellos van a ver aquí, y si ven el grafiti que tenemos y el poco aseo en el centro de la ciudad, pues el efecto pudiera convertirse en un efecto negativo.

Benito Fong, presidente de los hoteleros en el estado, sobre los premios MTV Latinos
(v.pág.3 del periódico Público del 27 de junio de 2008).


Cuando corro trato de no mirar hacia abajo, para la calle o la banqueta, por una sencilla razón: me molesta y me indigna la impresionante cantidad de basura que voy mirando y saltando para no tropezar. Cascos de refresco y cerveza, cajas de cartón, envolturas, todo tipo de envases, bolsas de plástico embarradas de no sé qué, llantas, pañales usados y otras cosas que prefiero no mencionar. Siempre ha habido basura tirada o concentrada en ciertas esquinas, pero me preocupa que cada día es mayor. No sé si la gente se ha vuelto más descuidada, más sucia, o si los camiones recolectores no acuden con la frecuencia requerida. En todas partes, en colonias elegantes, en barrios, en las plazas del centro de la ciudad, en parques, en centros comerciales...

Es muy común ver los botes copeteados de basura a punto de explotar o volteados de cabeza por algún gracioso con el consecuente desparrame. Los camellones y las jardineras en las banquetas también se han vuelto el depósito ideal de peatones y automovilistas que arrojan lo que les va estorbando en el camino, que al cabo ellos no viven por ahí.

Laura Zohn
(v.pág.18 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del día 5 de julio de 2008).


Contrariamente a lo que pudiera pensarse de los habitantes de un estado de gran prosapia como lo es Jalisco, su zona metropolitana de Guadalajara ha sido convertida -por casi todos- en un verdadero cochinero, que por más campañas de limpieza que se realizan, parece que no queremos entender de lo que se trata.

Desde hace por lo menos una década, los visitantes de la capital tapatía nos han calificado como "cochinotes", y es uno de los puntos que con más reiteración se mantiene en las encuestas realizadas para detectar el grado de satisfacción de los turistas.

Pero independientemente de turistas o no, ¿A quién le gusta vivir en medio de un muladar? Bueno pues al parecer no son pocos los que ya se han acostumbrado a arrojar sus desperdicios, basura, colillas de cigarro, entre otras cosas a la banqueta de sus casas o de las ajenas.

Así lo podemos constatar tanto visualmente, como por la información que reporta el Ayuntamiento de Guadalajara, en el sentido de que 2,216 personas han sido detenidas por policías municipales tan sólo en lo que va del año, por arrojar basura a la calle, los cuales han tenido que pagar una multa o bien permanecer en la cárcel de 24 a 36 horas -lástima que no es hasta que se les quite lo cochino-, pues si de por sí las penitenciarías ya se encuentran saturadas, ahora imagínese con tanto cochinón.

¡Ah!, pero eso sí, las autoridades también deben de cumplir con su parte y disponer de los recipientes necesarios para depositar la basura, además de que el servicio de recolección debe de ser más expedito y eficiente, pues luego vemos en las esquinas bastantes bolsas o cajas de basura, esperando a que buenamente pasen los del aseo público -contratado o propio, da igual-, mientras tanto, los bichos crecen y se reproducen en contra de nuestra salud e imagen.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid, presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de julio de 2008).


El Informador del 12/jul/2008


Las banquetas por lo general lucen deterioradas, aunque hay lugares en que ni siquiera existen.

Catalogue todas las que recuerde: las fracturadas por raíces de los árboles, las que convirtieron en estacionamiento, las angostas, a las que les cortaron una parte para ampliar la calle, las que quedaron sepultadas bajo capas de asfalto, las invadidas por puestos ambulantes o teléfonos públicos.

(V.pág.6 del periódico Público del 20 de julio de 2008).


Hoy por hoy, nuestra ciudad esconde su cara entre sonoros embotellamientos, fachadas grafitiadas y tras las seductoras ilusiones prometidas en los espectaculares publicitarios que compiten por el paisaje de los frágiles árboles decrépitos (de cuyas ramas mutiladas y raíces estranguladas apenas se sostienen vivos) hasta que un mojado soplo veraniego llega y los acuesta para siempre.

Practicamos la amnesia voluntaria haciendo caso omiso, por ejemplo, del futurista proyecto de "Tren Ligero", dejándolo a medias y conformándonos con dos líneas truncas y una intersección semigloriosa, prefiriendo mejor saturar las calles de coches y camiones inubicuos. Preferimos aumentar el caudal a la red de distribución del agua potable en lugar de reparar sus fugas de "oquis". Y construimos sobre arroyos superficiales para terminar socavando el subsuelo. Bajo los cables eléctricos plantamos árboles como si éstos jamás fueran a crecer hacia arriba (o necesitar extender sus raíces estranguladas) y cuando los mutilamos (so pretexto de poda), los dejamos desahuciados, listos para caer durante la siguiente temporada de chubascos, aplastando a los mismos coches inubicuos.

Las banquetas sufren por ser demasiado angostas, dispares, agrietadas y sucias. Están invadidas por basuras y coches mal estacionados; por raíces aprisionadas; por hoyos repletos de negligencias acumuladas; y apestan contaminadas por humos vehiculares chafas. Imponen las torturas ruidosas de malas ondas sonoras y nos enredan el paisaje con estopas colgantes del cableado en telefonía, telecable y electricidades mayores. De sus alcantarillas escurren desechos olorosos que a menudo se fugan entre charcos y pisadas. Postes y propagandas marcan la jungla de obstáculos a librar entre los trayectos que buscamos para llegar de un lugar a otro; o simplemente buscar algún espacio para estar bien. Nuestro ámbito banquetero es sólo apto para los valientes diestros, los muy necesitados o los zombis. Y esto solamente para llegar a la esquina.

Es paradójica nuestra ciudad metropolitana en la que escasean la función pública, la arquitectura y el urbanismo, pero donde abundan los funcionarios públicos, los arquitectos y los urbanistas.

El principal problema se debe a que sobre el territorio urbano imperan muchas autoridades empeñosas; todas parciales en su especialidad y jurisdicción y ninguna atendiendo el todo completo, íntegro.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de julio de 2008).


Mural del 24/jul/2008


El Informador en línea del 26/jul/2008

¿Vivimos en una ciudad malhecha, lastimada, inservible? Si la respuesta queda en base al número de baches -o a la cifra del diámetro y profundidad de éstos- que se encuentren los automovilistas tan solo del trayecto hecho de su casa al trabajo, y al número de alcantarillas tapadas y a las que parecen géiseres lanzando hacia lo alto litros y litros de agua cafesosa, lo más probable es que sí... Guadalajara no sirve. A los del gobierno se les ha olvidado que el chapopote, como normalmente decimos los tapatíos para referirnos a la masa asfáltica que recubre el suelo de gran parte de la ciudad, sólo es útil para sanear pero no suficiente ni óptimo como para reemplazar la firmeza del cemento. La sensación de ir jugando choya -ese juego infantil que consistía en meter canicas a varios hoyos que se hacían en el piso- cuando uno viaja en auto, es ineludible. No hay calle en esta ciudad en la que se pueda conducir a una velocidad continua sin tener que frenar o zarandear el volante ante socavones que, más bien, parecen pasajes al infierno. Habrá que incapacitar a Guadalajara después de las lluvias o darle vacaciones. Son muchos los daños que el agua le ha traído y mucho el rencor de sus hijos tapatíos.

Oprobio
(v.pág.3 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 26 de julio de 2008).


Mejor cómprese una 4x4, que de paso contamina más que un auto pequeño, los cuales son los que caben actualmente en este apretujadero, sólo que sufrirá desperfectos en la suspensión en general, ya que las calles parecen verdaderos caminos todoterreno en cualquier parte de la ciudad a donde vaya.

Víctor Jiménez Estrada
(v.pág.18 "correo" del periódico Público del 1o.de agosto de 2008).


He leído con interés la misiva de un visitante ("Ciudad en ruinas", 5 de agosto), y encuentro que si bien tiene el visitante una idea general de las bellezas de la "Pompeya mexicana", yo como habitante de esta muy noble y leal ciudad le recomendaría no dejarse llevar por el cansancio y disfrutar de algunas otras maravillas:

  1. Homosexuales prostituyéndose públicamente, en calle Navío a una cuadra de Patria, frente a un conjunto habitacional donde varias familias gozan del espectáculo gratuitamente a partir de las 9:00 p.m.
  2. Facilidad para ejercer la santa virtud de la caridad con los innumerables limosneros, viene-viene, limpiacoches, repartidores de volantes, etcétera, que dan a la ciudad un aspecto internacional, comparable a Calcuta.
  3. Todas las principales avenidas están decoradas con cientos de anuncios espectaculares, según la reglas del Feng-Shui para relajarse.
  4. Complázcase con la alta integridad moral de los tapatíos, especialmente a la hora de conducir, donde si respetas el límite de velocidad recibirás todo tipo de insultos de parte de una dama que transporta a sus hijos en el asiento trasero.
  5. ¿Viajero veneciano? Tenemos también un gran canal de aguas negras frente al mercado de comestibles de Atemajac.
  6. Si usted gusta de deportes extremos como el buceo de profundidad, puede practicarlo en cualquier paso a desnivel en este tiempo de lluvias.
  7. Poda implacable y remoción ilegal de los escasos árboles por parte de dueños de peluquerías, bares, talleres, torterías, para que luzca la sofisticada publicidad de sus locales.
  8. Facilidad para saciar la sed (y otros apetitos) dado el inmenso número de micheladas, bares, centros de masaje, table-dance, sex-shops...
  9. ¿Gusta usted de las emociones fuertes? Conduzca por el Periférico o Lázaro Cárdenas, en donde juniors, narcos en Hummer, motociclistas e intrépidos conductores de Chevys y Tsuru lo retarán a duelo mortal.
Todo esto bajo la beatífica mirada del gobernador, que fortaleciendo su espíritu contra todo mal, regala nuestro dinero a empresarios y televisoras, mientras mienta la madre a los ciudadanos.

Así sugiero llamar a la ciudad: Infierno Occidental, por ser lugar en donde sólo se escuchan llantos y rechinar de dientes, y en donde la Minerva debería anunciar: "Aquellos que vivís aquí, abandonad toda esperanza".

Definitivamente, Emilio, la copa de la ira está llena hasta los bordes.

Mayela García
(v.pág.8 "Cartas del lector" del periódico Mural del 7 de agosto de 2008).


La señalización de las calles tapatías, son un ejemplo de cómo no hacer las cosas. Basados en el pasado, los letreros viales que vemos en las calles indican cosas que parecen absurdas al visitante, para quienes en su mayoría, está hecha o debería estar hecha la señalización vial. Me pongo en los zapatos de un turista, digamos, capitalino, que vino a Guadalajara para ver jugar al Cruz Azul contra el Atlas, en el estadio Jalisco. En su intento por llegar al evento, seguramente se deparó con letrero que le indicaba la dirección de Saltillo, lo que no estaría nada mal, de no ser por el hecho de que esa simpática ciudad se encuentra a casi mil kilómetros de la capital jalisciense. De regreso, seguro vio otro que lo mandaba a Colima, pero si buscó alguno que le dijera como llegar a Tonalá, Tlaquepaque o a El Salto, le costó tanto trabajo como dar con uno que le mostrara la ruta al aeropuerto. Un tapatío de más de 40 años de edad, sabe que "Saltillo" en un letrero, significa la salida a la carretera con dirección a Saltillo. No estoy seguro si los más jóvenes lo sepan.

Porque las cosas cambian y la que un día fue conocida como "carretera a Morelia", hoy lleva a Tapalpa, Ciudad Guzmán, Colima o Manzanillo, pero ir a Morelia por la prolongación de la avenida López Mateos sur, es un verdadero martirio.

El tema no es nuevo, pero sí insistente. Porque a cada nueva obra se acentúa. Cuando se termina, digamos, un paso a desnivel, llegan nuevos letreros, indicando también cosas tipo "Saltillo o Colima". Esto, cuando hay letreros. En el paso de la avenida Mariano Otero sobre el Periférico, el que venga por éste de norte a sur, o conoce muy bien la zona y sabe que hay que salir a la lateral mucho antes del puente, para hacer un retorno o vuelta a la izquierda, o pasará derecho siendo obligado a hacer ese retorno o vuelta en la más que conflictiva López Mateos sur. Con un simple letrero, se ayudaría el tráfico en ese lugar. La señalización de la ciudad no sólo es mala por indicar rutas sin sentido, también lo es por su tamaño demasiado reducido y por la escasez de señales.

Sergio Oliveira
(v.pág.6-E del periódico El Informador del 9 de agosto de 2008).


Este último fin de semana estuve en la ciudad de Querétaro; fui a una boda. Ibamos varios tapatíos y estábamos admirando lo bonito que está la ciudad, lo limpia y bien cuidada; no encuentras basura acumulada por ninguna parte, hay basureros en cada esquina y la gente los usa, nadie tira basura al piso.

Platicando, comentaba alguien que estuvo hace pocos días en Aguascalientes y encontró igual una ciudad limpia, y otro más dijo de Zacatecas y otro de Morelia y otro de otra ciudad, y así hasta darnos cuenta con tristeza y muchísima vergüenza que la "Ciudad de las Rosas", aquella bonita ciudad que todo mundo admiraba por su belleza, se acabó.

Guadalajara, hoy en día, da vergüenza y muchisísima tristeza, ojalá todos podamos hacer algo, cuando menos no tirar basura en la calle, hay que hacer algo por nuestra ciudad. Nosotros. El gobierno no lo va a hacer, qué tristeza.

Alfonso Bouquet N.
(v.pág.8 "Cartas del lector" del periódico Mural del 14 de agosto de 2008).


Hay quienes prefieren caminar bajo la lluvia y disfrutar de la vida con un cierto aire cosmopolita, pero con estos baches -el riesgo es caer en uno, dar un paso en falso y lastimarse un tobillo, las rodillas y hasta tener una lesión en la cadera- lo hacen imposible.

Lo que es un hecho es que si bien antes había baches, este año han aumentado en cantidad y en medidas. Se han abierto varios socavones en arterias importantes, como ejemplo el de avenida Patria y Avila Camacho, o aquél que se abrió a un costado de Unico; sobre López Cotilla se ha abierto uno que está casi a punto de colapsar.

Lo que sí es digno de reconocer es que éstos no son baches rascuaches, son baches del primer mundo, si tiene alguna duda basta con ver sus dimensiones.

Jukas Pearsall
(v.pág.8 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 23 de agosto de 2008).


Este problema de los baches también es, como los encharcamientos, recurrente año con año durante el temporal de lluvias, y pareciera que nos hemos acostumbrado, a fuerza de lidiar con ellos. Desde luego, los principales perjudicados son los automovilistas, que deben hacer gala de pericia al conducir para evitar esos enormes hoyancos que un día aparecen en las calles, y si por suerte son cubiertos por los trabajadores del área de pavimentos de los ayuntamientos, basta con que vuelva a llover para que aparezcan nuevamente... Como en el cuento de nunca acabar.

Además de los baches, en diferentes zonas de la ciudad aparecen grandes socavones. Que la causa de esto son los colectores ya obsoletos, o la mala compactación de los suelos, o materiales de poca calidad... Las causas de baches y socavones pueden ser muchas, pero los efectos son los mismos: el perjuicio que ocasionan en los vehículos y el riesgo en que ponen a los conductores.

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de septiembre de 2008).


Avenida Malecón

La actividad convocada en el marco del foro Com:Plot permitió a unos 100 participantes apreciar una ciudad trazada con desorden, "sucia" y con pocos espacios públicos amables.

(V.pág.6 del periódico Público del 21 de septiembre de 2008).


En Guadalajara no hay rutas para trasladarse en bicicleta, las banquetas representan un riesgo para la integridad física, el servicio de camiones es bastante deficiente...

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de septiembre de 2008).


El centro de Guadalajara luce sucio, saturado de vehículos y es poco amable para los turistas. Hay muy pocos edificios y locales comerciales que han sabido aprovechar la ventaja de su ubicación para trasformarse en un imán para los visitantes, ya sean extranjeros o locales.

Jorge Valdivia G.
(v.pág.11 del periódico Público del 28 de septiembre de 2008).


Entre los muchos factores que se han conjuntado para que Guadalajara haya perdido sus encantos de ciudad amable, apacible, grata a la vista de propios y extraños, juega un importante papel la proliferación de anuncios llamados espectaculares, cuyo abuso se ha extendido por toda la zona metropolitana; lo mismo se encuentran en los accesos carreteros, la puerta de entrada a la metrópoli, que en los linderos municipales. Anuncios de gran formato que ocultan las bondades con que cuenta la ciudad.

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de octubre de 2008).


Guadalajara sigue siendo una ciudad muy sucia o lo que es lo mismo, los tapatíos somos muy puercos.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 17 de octubre de 2008).


Al gobernador del estado, Emilio González, le pregunto, ¿qué quiere ganar al "promocionar turísticamente a Guadalajara"?

¿Por qué gasta tantos millones en el Santuario de los Mártires o en los premios MTV para promover a Guadalajara, cuando la ciudad está en las peores condiciones para recibir a los turistas, cuando las calles e incluso muchas de las avenidas más importantes están llenas de baches, cuando la mayoría de los portones o bardas están llenos de graffiti a más no poder, o cuando ves el camión de enfrente, avanzando y llenando de humo el ambiente o también cuando viajas la mirada al suelo y ves la calle o banqueta llena de basura, cuando los asaltos se están incrementando de una forma alarmante o lo que es peor, cuando entras a la ciudad y ves una espesa capa gris, filas enormes de carros parados y pocos árboles en comparación?

Después de reflexionar, le pregunto, ¿esa es la Guadalajara que quiere que presuman los turistas cuando vuelvan a su hogar? Yo creo que no, y le digo, mejor invierta el dinero en reparar las calles, en mejorar la seguridad y en darnos un transporte digno, que bastante mala fama ya tiene, y de paso nos quieren llevar a los tapatíos entre las patas.

Gustavo Enrique Martínez González
(v.pág.10 "Cartas del lector" del periódico Mural del 23 de octubre de 2008).


En esta ciudad cada año que pasa las tormentas se traducen en inundación, embotellamiento, peligro vial y peatonal, descompostura de autos y pérdidas materiales. Gran parte se debe a la insuficiente capacidad de tuberías y drenajes, rebasada desde hace años. Pero la culpa también es de todos nosotros -peatones y automovilistas- que hemos hecho de calles y banquetas nuestros depósitos predilectos de basura desechable, eso por supuesto acaba por obstruir rejillas, alcantarillas y bocas de tormenta.

¿Dónde están los basureros? El ciudadano común camina cuadras y cuadras, en muchas zonas habitacionales y comerciales, y no se vilsumbra ni uno (y si acaso existe, no se distingue debido al desbordamiento de desperdicios que lo disfraza). ¿Qué pasa con nuestro ayuntamiento? ¿Qué acaso no es parte de sus labores colocar botes y mantenerlos limpios? Se nos está respingando la nariz como chanchos, nos hemos vuelto no sólo insensibles al cochinero, sino además pésimos en matemáticas: "Al cabo es nomás un envase, nadie lo va a notar, qué tanto es tantito...". Hemos olvidado multiplicar ese desecho que arrojamos furtivamente (y que podría reciclarse con facilidad) por 2, por 4, por 8, por 16 personas que hacen lo mismo... cada día, cada semana y al mismo tiempo.

Laura Zohn
(v.pág.18 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 25 de octubre de 2008).


Considero que es muy molesto para todas las personas que son foráneas toparse con agentes de Vialidad que planean abusar de su poder como servidores públicos, asustando a la gente.

Detienen a las personas por faltas menores y terminan diciendo que tendrán que recoger la unidad a menos de que "nos permitamos ayudarlos".

Lo peor del caso es que después se te entrega un comprobante de la donación que le hiciste al agente, con el cual, si te detiene otro agente de Vialidad, no podrán volverte a cobrar.

Me parece que es una situación muy molesta, que no debería ocurrir, ya que deja una muy mala impresión de esta ciudad y se suma a todos los desperfectos de Obras Públicas.

Ulises Esaú Santana
(v.pág.10 "Cartas del lector" del periódico Mural del 13 de noviembre de 2008).


Es un sentimiento ampliamente compartido que la calidad de nuestra vida en Guadalajara está muy perturbada por el crecimiento urbano desordenado y caótico que ya ha rebasado la capacidad y voluntad de nuestras autoridades dispersas, trienales, intermitentes. La ciudad crece de una manera tonta, descontrolada, incongruente, monstruosa, acéfala.

Seguimos sin comprender la idea de desarrollo sustentable tratada desde 1987 por la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo de la ONU, en cuyo reporte sobre "Nuestro Futuro Común" advierte dejar a las generaciones futuras por lo menos tantas oportunidades como las que hemos tenido para nosotros.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 16 de diciembre de 2008).


Nuestra ciudad es tan basurienta que separar en casa los sobrantes de lo que traemos del súper, la tienda y el mercado es sólo un paliativo para la conciencia.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de enero de 2009).


La carencia de un presupuesto, el poco personal para su mantenimiento, el mal estado del equipo y la falta de cultura de los propios tapatíos, han provocado que las más de 90 fuentes que hay en Guadalajara estén convertidas en estanques de basura, tierra y enormes murales para los grafiteros.

El atractivo de las fuentes se ha perdido poco a poco, y aquellos espacios en donde se veía que la presión y el agua hacían una fiesta de figuras y daban una decoración especial en las esquinas, camellones de las avenidas y parques del municipio, han terminado por quedar ocultos y olvidados.

(V.pág.4-B del periódico El Informador del 3 de febrero de 2009).


El carácter de la vía pública se cimienta en la condición primordial de esas banquetas. Que por cierto aquí abundan en un estado deplorable. Agrietadas, disparejas y llenas de postes; agredidas por vehículos autistas majaderos y por las telarañas de estopas cableadas colgantes que garabatean con rayas negras la vista del cielo y descuartizan el paisaje de las nubes. Las banquetas son invadidas egoístamente por los mercaderes ambulantes ventajosos. Las bardas y fachadas grafiteadas desfiguran el rostro común. Nos hartan basuras esparcidas por transeúntes apáticos; humos y polvos que vician el aire, los pulmones, la salud. Atiborran publicidades vanas cuyos soliloquios hablan al aire encimados todos a la vez, entendiéndoseles casi nada.

En la gama de actividades que afectan la felicidad de lo más positivamente a lo más negativo, el extremo atroz es la experiencia de desplazarse de un lugar a otro sufriendo los horrores del transporte público y la inseguridad selvática de las banquetas.

Si el sentido de la vida es vivirla felizmente, entonces a los habitantes tapatíos nos falta evidentemente enderezar aquello que no hacemos bien por el espacio compartido. Nos ha estado fallando el sentido de comunidad.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de marzo de 2009).


Muy probablemente el momento adecuado para anticiparse a los problemas de movilidad de Guadalajara se presentó a finales de la década de los 60 -en efecto: hace 4 décadas-, cuando el entonces gobernador Francisco Medina Ascensio "vendió" ("enamoró", dirían los gobernantes actuales) al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz la idea de dotar de "Metro" a la ciudad. La matanza de Tlatelolco -un parteaguas en la historia del México moderno- frustró, quizá para siempre, aquel sueño.

La calidad de vida de los habitantes de aquella Guadalajara se fue deteriorando paulatina, gradual, sistemáticamente, hasta llegar a la situación actual. Y así como la ciudad fue incapaz de experimentar en cabeza ajena y, en cambio, fue copiando fielmente el lamentable modelo de crecimiento del Distrito Federal, por la falta de autoridades aptas para hacer un diagnóstico adecuado y encontrar las soluciones a la medida para sus problemas (como quedó demostrado cuando a los gobernantes de hace 20 años les temblaron las piernas para llevar a la práctica el proyecto de las rutas ortogonales para el transporte público), se llegó al punto en que han tenido que copiarse, de manera acrítica, las fórmulas que ya se aplican, con resultados disímiles, en otras ciudades del país.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de marzo de 2009).


Las calles de la ciudad de Guadalajara son un desastre, están llenas de los llamados "baches". Estos se encuentran en cualquier parte de la ciudad y pueden causar daños de miles de pesos a los autos de los ciudadanos.

A mí ya me ocurrió un accidente gracias a estos desperfectos. ¿Cuántos accidentes más tienen que pasar para que el gobierno se ponga las pilas y le de un mejor mantenimiento a las calles? Si quiero que el gobierno me pague los daños por el automóvil tengo que hacer trámites interminables donde pierdo mi tiempo y no me aseguran que los vayan a pagar.

Al menos deberían tomar la acción de arreglar las calles y ahorrarnos el motivo de tener que hacer eso largos trámites ahorrando nuestro tiempo y el de ellos mismos.

Eduardo Pérez Ibarra
(v.pág.19 "correo" del periódico Público del 13 de marzo de 2009).


Sólo en Guadalajara se da el lujo de que un río sirva de base a una gruesa capa de asfalto para que el transporte urbano cuente con espacio apropiado, sin olvidar que el río entubado, convertido en cloaca, se emplee también para desaguar una nada despreciable cantidad de agua de diversos veneros para que vaya a engrosar el gran desagüe fétido del Río Santiago. ¡Qué diéramos por tener una corriente de agua cristalina que refrescara nuestra ciudad!

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 13 de marzo de 2009).


Ante la frustración que provoca el acontecer cotidiano, la falta de acuerdos políticos, la incomprensión de los proyectos de sustentabilidad, las contradicciones frecuentes de las autoridades, el lento y tortuoso avance de los proyectos ecológicos, la sobre politización de los programas gubernamentales y el buey que sigue tirando basura desde su carro, la idea de que una mejor ciudad es posible se convierte fácilmente en una quimera y el optimismo se confunde con ingenuidad. Para colmo, en el café, el más apocalíptico siempre tiene la razón.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 24 de marzo de 2009).


Unicamente a un gobierno y a un pueblo sin sentido común y con mínimas nociones cívicas se les ocurre hacer festivales de "música" en un área tan limitada y congestionada como frente al Teatro Degollado.

Los automóviles se están estacionando en las nuevas banquetas sin ser multados (claro está, destruyendo arbolitos y banquetas). La música en la plaza penetra las paredes del Degollado, interrumpiendo a los artistas invitados de países del primer mundo.

Ya es hora de aplicar leyes, multas substanciales y despedir a los miles de policías que permiten tal desastre vial y urbano en las calles de la ciudad y de una vez terminar con la suciedad y el graffiti del centro histórico.

José Luis Troche
(v.pág.8 "Cartas del lector" del periódico Mural del 2 de abril de 2009).


Guadalajara, entendida no sólo como un lugar físico, sino como el entorno que propició un talante, un estilo de vida, una manera de ser que se heredó de generación en generación... hasta que algo, repentinamente, sucedió, que acabó con todo. La Ciudad de las Rosas se convirtió, como si hubiera mediado el hechizo de una bruja perversa, en el paraíso del grafitti; la Ciudad Amable se transformó en una ciudad hostil; la ciudad con mañanas olorosas a "limpia rosa temprana" y con tardes lluviosas aromáticas "a pura tierra mojada", sustituyó esas fragancias por pestilencias innombrables...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 26 de mayo de 2009).


La ciudad, vista con ojos de turista, desde la altura de lo que es la simulación de un tranvía y con la actitud de quien se encuentra por vez primera con ella -y no, como es verdad, que nació en ella- resulta desencantadora, lastimosa y en el caso de quien escribe, decepcionante.

Un breve recorrido que da origen en la Plaza Guadalajara, para recorrer a partir de la Calzada Independencia Juárez-Vallarta y regresar por López Cotilla, deja ver más tristezas que emblemas de presunción: la primera vuelta abre la ventana a la prostitución a la carta, a los indigentes, a los túneles de la pobreza y de los malos olores, al mercado negro y a las cantinas de imagen lacerante.

A la altura de Alcalde y Federalismo, el tráfico, las calles inconclusas, los montones de tierra, los cables sueltos, las fachadas deslavadas y el sinnúmero de locales de negocios quebrados son las postales de una ciudad desvencijada.

Ya montados sobre la zona rosa, de Díaz de León hasta la Minerva sucia y sin agua, las banquetas muestran escenarios de destrozos, carros invadiendo las banquetas y muchas, muchas fincas que hasta antes de la remodelación fueron restaurantes concurridos.

Martín Almádez
(v.pág.15-B del periódico El Informador del 22 de junio de 2009).


Llegó el temporal y con él aflora una de las peores caras de Guadalajara: las calles de una ciudad de tercera, viejas, agrietadas y llenas de hoyos.

La excusa de cada año para no realizar una cirugía mayor a las arterias viales es que sale muy caro renovar el pavimento de la ciudad. Se maneja una cifra de algo así como 4,000 millones de pesos, que es poco menos que el presupuesto anual total del municipio tapatío.

¿Es mucho? ¿Es poco? Depende del cristal con el que se mire. La autoridad podrá decir que 300 millones es mucho dinero, pues esto es casi el total de lo presupuestado para este año para obra pública en Guadalajara, pero también está el dato de que no representa ni siquiera 15% de lo que se destina al pago de salarios municipales (2,075 mdp en 2009) y apenas es el doble de lo que se dijo que costará la Villa Panamericana.

Lo que sí, es que nunca nadie ha dicho que dicho presupuesto se tenga que ejercer en un solo año. Si se destinaran 300 millones de pesos anuales a la renovación de la superficie de rodado (algo así como 300 pesos por cada vehículo que circula por ellas, que equivale a lo que se cobra por concepto de refrendo vehicular), en 15 años estaría completo el proceso y las vialidades seguirían en permanente modernización.

Sin embargo, el ayuntamiento sigue prefiriendo bachear a renovar. El año pasado se destinaron a esta casi inútil tarea 28 millones de pesos, que apenas si sirvieron para cubrir los peores baches que surgieron con el temporal de 2008 y que hoy vuelven a aparecer, pero en mayor número, en calles y avenidas un año más viejas.

Y seguirán envejeciendo y multiplicándose los baches mientras no se ataque el problema de raíz y se renueve la superficie de rodado, una acción que agradecerán los miles de tapatíos que cada año se ven obligados a invertir importantes cantidades de dinero en reparar los desperfectos que sufren sus automotores (llantas ponchadas, rines rotos, suspensiones dañadas) por el proverbial mal estado de nuestras calles.

Jorge Valdivia C.
(v.pág.12 del periódico Público del 5 de julio de 2009).


Cada que se celebra un acto político de relevancia en la ciudad, queda claro que para la autoridad son más importantes los visitantes que los ciudadanos que les llevaron al poder y les pagan sus generosos sueldos.

Esto nuevamente se evidencia con la manita de gato exprés que se le está dando a Guadalajara para recibir al presidente de Estados Unidos, Barack Obama y al primer ministro de Canadá, Stephen Harper -a Felipe Calderón no lo incluyo, pues a él lo ven como de casa y nunca se preocupan por hacer arreglos mayores para recibirlo-.

No digo que la ciudad no deba estar presentable para recibir a sus huéspedes distinguidos, pero no es posible que sólo se preocupen por darle lustre cuando hay un encuentro como la Cumbre de Líderes de América del Norte, que entre hoy y mañana paralizará grandes sectores de Guadalajara.

Si de veras hubiese una real preocupación por la ciudad y sus habitantes, Guadalajara invariablemente debería estar lista para recibir a quien fuese, sin necesidad más que de arreglar algunos detalles mínimos.

Si en realidad existiera amor por la ciudad y sus habitantes, siempre habría presupuesto suficiente para mantener a la Perla Tapatía bella y funcional.

Jorge Valdivia C.
(v.pág.13 del periódico Público del 8 de agosto de 2009).


Pacote 19/ago/2009


Después de que se abrieron 2 socavones, uno en el cruce de las avenidas México y López Mateos, y otro en el cruce de avenida Patria y Eca do Queiroz, el gerente de Agua Potable y Alcantarillado del SIAPA, Jorge Monreal, reconoció que la ciudad tiene 1,400 km de redes de tuberías de drenaje que son totalmente obsoletas.

Estimó que necesitan 5,000 millones de pesos y 10 años de trabajo para reparar completamente las redes y evitar más fugas de agua, que seguirán generando socavones en cualquier punto de la ciudad.

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 25 de agosto de 2009).


Lo dice -con un dejo de nostalgia- un fuereño: Guadalajara era una ciudad que enamoraba por su encanto, por su clima, por la belleza de sus mujeres... pero, sobre todo, por la amabilidad de sus habitantes.

Qué pena que la Guadalajara actual se parezca cada vez menos a su espejo de antaño...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de septiembre de 2009).


Guadalajara en un llano,
dice la vieja canción
escrita cuando, sin duda,
no había ningún socavón.

Hoy por toda la ciudad
el subsuelo está ahuecado,
crecimiento desmedido
se dice que lo ha dañado.

Pero esas oquedades
se deben aprovechar,
y con calles subterráneas
se podrían comunicar.

Anflopo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de septiembre de 2009).


La desproporcionada instalación de anuncios espectaculares en la ciudad se desprende más de una necesidad comercial que de brindar un dato informativo, cultural o de servicio a la ciudadanía. Por lo anterior, Guillermo Sandoval Madrigal, investigador del Departamento de Técnicas de Construcción del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara, los llamó "exceso de taponamiento del entorno urbano".

Del Aeropuerto Internacional de Guadalajara a Periférico hay 172 espectaculares; de Santa Anita a Periférico, 142; y otra cantidad similar de la última caseta de cobro antes de ingresar a la zona metropolitana de Guadalajara, por la carretera a Nogales.

"Son espectaculares que no transmiten valores, sino vicios: al consumo de cigarros, vino, cerveza, prostíbulos y más cosas nocivas. No hay ningún elemento que transmita cultura".

Agregó que ante el bombardeo de publicidad visual, se oculta el paisaje rural y urbano, además de que distrae a los automovilistas, los hace transitar más lento y los expone a sufrir accidentes.

Las legislaciones de Guadalajara, Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan coinciden en que los anuncios deben ir de acorde con la estética urbana, y que no atenten contra "los valores históricos, de identidad y fisonómicos". Prohiben la incitación a la violencia, mensajes pornográficos, imágenes que atenten contra la moral y la convivencia social y que promuevan la discriminación (racial, condición social o religiosa). Además, no permite que se instalen este tipo de anuncios en vialidades de alta densidad vehicular, como el Periférico.

Sandoval Madrigal añadió que hay una reglamentación internacional en esa materia: "Entre un espectacular y otro debe existir una distancia no menor a 150 metros, y si uno pasa por los espectaculares que están afuera del aeropuerto, esas estructuras están continuas. Otro de los aspectos que maneja es que deben estar instalados por lo menos a 300 metros de las líneas de alta tensión y en este caso, los elementos están casi pegados".

(V.pág.4-B del periódico El Informador del 7 de octubre de 2009).


Hará más de 20 años, o por ahí, que no voy a las Fiestas de Octubre. Puedo afirmar que, hasta que súbita y deliberadamente interrumpí la costumbre, acudí todos los años, e incluso que sin falta me asomé en cada ocasión al desfile inaugural. Cada octubre apelmazado en esa memoria lejana es la sucesión de las mismas impresiones, con sólo una variación decisiva, de naturaleza topográfica: primero el Parque Agua Azul, luego el Auditorio Benito Juárez. De ahí en más, las Fiestas eran -y, malamente, quiero creer que seguirán siendo- la monótona reiteración de las mismas expectativas siempre defraudadas (o cumplidas, ahora ya no sé): la idea de que se trataba de una feria, seguida por la suposición de que las ferias son para divertirse, y al final, invariablemente, la constatación de que no había habido tal diversión.

Imagino, desde luego, que si las Fiestas de Octubre siguen celebrándose ha de ser porque para mucha gente resulta divertido ir y hacer lo que ahí se hace: comer alguna cochinada, comprar alguna chuchería, ver a algún cantante chafa, subirse a los juegos mecánicos y, si el entusiasmo lo exige y el presupuesto lo facilita, entrar además al palenque. De aquí se sigue que el acedo soy yo, que ignoro cómo pasarla bien en una suerte de tianguis donde podría comprar un calentador solar, un aparato para rallar verduras, un llaverito de la Coca-Cola o un gigantesco balero de madera; como además los juegos mecánicos me dan náuseas y terror, las morelianas me figuro que saben a cartulina y no tengo previsto ver jamás El Show de Barney ni a Lagrimita y Costel...

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 8 de octubre de 2009).


Si usted quiere saber y vivir en carne propia lo que es la tierra de nadie asómese al pequeño espacio de banqueta que queda debajo del puente que cruza la avenida Avila Camacho sobre Patria. Un puente monumental (diseñado por Fernando González Gortázar) cuya función es dividir al municipio de Guadalajara del de Zapopan. Es, en teoría, la puerta de entrada al municipio maicero. Bien, ahí, en la banqueta oriente, existe la tierra de nadie. Son 15 metros que no atiende ni Guadalajara ni Zapopan y donde la basura puede acumularse no por días o semanas, sino por meses o años. Los cristales rotos de un anuncio de Eumex duraron casi un año y la basura acumulada de la llevada de la virgen de Zapopan el pasado 12 de octubre sigue ahí y puede durar hasta la siguiente temporada de lluvia (que es la única encargada de la limpieza de ese lugar).

Igual que ese punto hay montones de lugares, en todos los municipios, de los que los ayuntamientos se desentienden con una facilidad impresionante. Usan la misma lógica de quien esconde la basura debajo de la alfombra o no limpia donde cree que nadie ve. El común denominador de las obras públicas es que no se terminan. Nunca falta el hoyo que se quedó a media banqueta porque retiraron un poste o una banca pero nadie llegó después a reparar. O el equipamiento viejo y destruido que nadie retiró porque no estaba en el contrato de renovación. O las jardineras que riegan pero no cuidan y se llenan de maleza, que termina ahogando las plantas en las que se gastó un dineral. La ciudad está llena de estos pequeños ejemplos de trabajos a medias convertidos en basureros y que lejos de renovar el espacio público, terminaron por pauperizarlo.

De nada sirve un discurso de recuperación del espacio público si detrás de este no hay una reorganización del servicio público. Una gran parte del dinero que se ha invertido en los últimos años en recuperación de espacio se ha perdido por falta de atención. El daño es doble: no sólo es dinero tirado a la basura (ese que dicen que no les ajusta y por lo tanto hay que subir impuestos) sino que mina la confianza ciudadana. Si no hay una transformación real de las estructuras de los municipios y del gobierno para hacer eficiente el servicio público de nada sirve recuperar espacios; terminarán convertidos en tierra de nadie.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 23 de octubre de 2009).


La suciudad.

Así que la correa, los zapatos, la torpeza con la que me coloco el rompevientos, el sonido de la puerta, el jalar duro de ambos canes por la acera. Así surge la ciudad, húmeda, grisácea, dura. Y en cada esquina miro y no encuentro un bote de basura para tirar la bolsa llena de deshechos caninos que tengo en la mano.

Descubro que no hace falta porque toda la ciudad es un basurero. No existe calle que no tenga una colección triste de botellas de agua, un nicho de desechos orgánicos, una pila de cosas pudriéndose para beneficio de las moscas.

Es tan dura la ciudad que ni siquiera pueden darse el lujo los torpes canes de beber de sus charcos. Todo abrevadero es potencialmente venenoso y todo árbol tiene una capa ya no de hojas sino de plásticos, papeles, vomitadas...

Un hombre es lo que piensa -dice el Buda- con su pensamiento hace el mundo. Un hombre es también lo que hace, constantemente. Un hombre es su casa y su patio es la ciudad. La ciudad es una extensión de quien la construye. La ropa, el auto, los zapatos hablan de su dueño. La limpieza del cuarto, la bañera, la corbata. Todo nos cuenta historias claras de la personalidad de quien lo habita.

Así la ciudad habla de nosotros como un conjunto y temo que no dice nada bueno.

Jorge Zul de la Cueva
(v.pág.10-B del periódico El Informador del 7 de noviembre de 2009).


Me duele decirlo, pero Guadalajara, de ser una muchacha bonita, amable y apta para vivir, por la incapacidad, ineptitud y corrupción de los gobernantes en los últimos 20 años la han convertido en un esperpento, en un basurero, y si lo dudan pongamos algunos ejemplos:

La insalubridad pulula por todas partes, por los "6 puntos cardinales", por el oriente, por el poniente, por el sur y el norte, así como "por arriba y por abajo", nos rodean por todas partes focos de infección: El Salto de Juanacatlán y su río de la muerte; la Barranca de Huentitán con su río contaminado que la convierte en una cloaca; la Cuenca del Ahogado y lo que fue una laguna, hoy es un lugar que no permite la vida; los tiraderos de basura de la zona conurbada, Picachos, etc., etc.; colonias paupérrimas; mugre por todas partes...

Adolfo Martínez López
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de noviembre de 2009).


Todo comenzó con una respuesta prefabricada a una pregunta coyuntural, tal vez ingenua. Esta brotó por generación espontánea, a la vista de la proliferación de vendedores ambulantes, especialmente al anochecer, en la zona peatonal del llamado "centro histórico" de Guadalajara. La respuesta del director municipal de Inspección y Vigilancia, Héctor Castañón, fue rotunda y categórica: "El ambulantaje no nos ha rebasado".

Hubo, después de la declaración del funcionario, nuevas entrevistas que evidenciaron la ineficacia de los "operativos" y lo equívoco de los "indicadores". Si las multas han distado de ser ejemplares; si la intención de "limpiar" las calles convertidas en andadores no se ha cumplido; si el "centro comercial" habilitado bajo la antigua Plaza de los Laureles no ha evitado que la zona se convierta en un tianguis; si los comerciantes establecidos siguen teniendo argumentos -basados en los hechos- para quejarse de la "competencia desleal" que representan los vendedores ambulantes -la mayoría de los cuales ni siquiera pagan "derecho de piso" al municipio, ya que andan "a salto de mata"-..., y, sobre todo, si el mismo funcionario que aseveraba que "vamos ganando" prefería soltar una prédica moralista acerca de la etiología del subempleo (más como si fuera el secretario de Desarrollo Social que acaba de llegar al cargo, rebosante de buenas intenciones, que como el director de Inspección y Vigilancia cuya ineficacia para "cumplir y hacer cumplir leyes y reglamentos" -según "protestó" al asumir el puesto- ha sido exhibida por los hechos), es porque alguien no ha hecho su tarea.

En efecto: tanto quienes deberían atacar las causas estructurales (marginación y desempleo), como quienes deberían atacar los efectos (la infracción sistemática de los reglamentos municipales), cobran salarios que, en rigor, no devengan.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de noviembre de 2009).


La calidad de la vida pública está dada por la calidad del ambiente de los espacios en que ocurre y la naturaleza de los vínculos que se tejen entre las personas de un lugar. Así resulta que, al salir de casa, las banquetas son nuestra primera incorporación al ámbito público; de allí la calle; y luego los demás espacios abiertos. Aquello que lo hace público es que allí nos encontramos con todos los demás, compartiendo las vías, andadores y los lugares de estar y esparcimiento. Es aquí donde nos movemos y nos descubrimos todos. Donde intercambiamos miradas, servicios, mercancías y gestos.

La calidad de la vida pública, entonces, empieza en la condición de esas banquetas, que por cierto aquí abundan agrietadas, disparejas y llenas de postes. Les siguen las calles agredidas por vehículos autistas, harto majaderos y omni-estacionados. Luego están las telarañas de cableados colgantes que amenazan aprisionarnos; y los parques tristes carentes de afecto jardinero; y las plazas anárquicamente invadidas por ambulantes ventajosos; y las fachadas grafitiadas que desfiguran el rostro hogareño; y la basura esparcida por transeúntes apáticos; hasta los humos y polvos que vician el aire, los pulmones, la salud.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de enero de 2010).


Una de las mayores desgracias de Guadalajara ha sido la justa fama que creó, de ser una de las mejores ciudades de México. Otra, la de haber sido gobernada por personas cargadas por chiquihuites de buenas intenciones y vanidad, a partes iguales, pero que resultaron ser, a la hora del balance, incompetentes de solemnidad.

La fama que le crearon sus rapsodas -es decir, sus propios habitantes-, incontenibles en sus panegíricos, inspirados en las bondades de su clima, la belleza de sus mujeres y -modestia aparte- la gallardía de sus varones, como consta en actas, la convirtieron en un polo de atracción para habitantes de ciudades "del interior" y aun de otros estados, no necesariamente vecinos. Y aunque Guadalajara siempre fue "tierra de migrantes", los que llegaron (¿o hay que decir, en justicia, "llegamos"...?) en los últimos tiempos, contribuyeron más, así haya sido involuntariamente, a su crecimiento desordenado, a su degradación y deterioro, que a su embellecimiento y su progreso.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 6 de enero de 2010).


Las autoridades de nuestra querida zona metropolitana han buscado que esta ciudad sea una ciudad de avanzada en muchos campos, pero se les ha olvidado algo muy importante, que toda ciudad depende de sus recursos naturales y del cuidado que tenga de ellos, qué más da que los basureros estén hasta el tope de su capacidad y que las campañas de reciclaje se olviden, y se dejen de implementar por parte de las autoridades competentes.

No importa no poner botes de basura en las paradas de autobuses, al fin de cuenta la ciudad es de lo más moderna, seguir concediendo permiso para construir en lugares de reserva ambiental. Hay tantas cosas en cuestión ecológica que se han descuidado por parte de las autoridades que llegará el momento en que para solucionar a estos problemas, se tomarán medidas extremas. Pero continuemos con nuestro sueño de ser una ciudad ejemplar en desarrollo, pero pésima en conservación del medio ambiente.

Fernando Hilario González B.
(v.pág.20 "correo" del periódico Público del 29 de enero de 2010).


En el caso particular de la nomenclatura, mandaron hacer unas placas de fibra de vidrio para darle una mayor dignidad a los letreros con que se identifican las calles, y la verdad es que se ven bien, pero ¡ah! sorpresa, las colocaron a un costado de las viejas láminas desgastadas, con lo que la imagen continúa igual: de dar vergüenza.

Por lo que hace a la Comisión de Reglamentos y la aplicación de los mismos, baste y sobre decir que con respecto a la imagen urbana, en cualquier calle del centro histórico se pueden encontrar en una misma cuadra, letreros de chile, de mole y de picadillo, y ni quien les diga nada... ¿Por qué será?

Cuauhtémoc Cisneros Madrid, presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de febrero de 2010).


Es un sentimiento ampliamente compartido, que la calidad de vida en el espacio público en Guadalajara se ha desmejorado por el desordenado crecimiento urbano del último cuarto de siglo. Desde los años 80 se ha despistado la ciudad de una manera descontrolada, incongruente, precipitada y caótica.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de febrero de 2010).


Las malas condiciones de nuestras calles también fueron expuestas 5 meses antes de lo usual, pues 4 días de pertinaz lluvia bastaron para hacer surgir incontables baches por toda la ciudad, obligando a los conductores a extremar precauciones para esquivarlos y a las autoridades a destinar recursos no previstos para taparlos.

Pero tal vez el desnudo más impresionante fue el de la infraestructura de drenajes y colectores de la ciudad. Por años, las autoridades sostuvieron que sus continuos fallos durante el temporal normal, que devienen en una serie de inundaciones por toda la urbe de junio a septiembre, se debían a la gran cantidad de agua que caía en un breve periodo de tiempo, lo que, aseguraban, colapsaría cualquier sistema en cualquier parte del mundo. Pero ahora que cayó, sí, mucha agua, pero distribuida en un lapso de 24 horas, como el miércoles pasado (55.6 milímetros según las mediciones del IAM, lo que da a un promedio de 2.33 mm por hora), resulta que tampoco hubo capacidad suficiente para desahogarla y se formaron encharcamientos por prácticamente toda la ZMG, algunos de los cuales obligaron al cierre de calles y de pasos a desnivel, como sucede tras los buenos chaparrones de la temporada de lluvias.

Jorge Valdivia G.
(v.pág.11 del periódico Público del 7 de febrero de 2010).


Andar por las calles de esta noble y leal ciudad es tortuoso. Las pruebas son muy duras para peatones y ciclistas. Y para los automovilistas, recorrer la zona metropolitana se parece a una prueba de videojuego en la que el reto es conseguir hacer un trayecto sin caer en un bache. Misión imposible. La dejadez de las autoridades tiene las vías hechas un asco, y parece que no hay recursos ni voluntades suficientes para resolver el asunto. Para lo único que alcanza es para poner parches. Nada más. No hay un plan integral que busque corregir el mal de raíz.

El asunto de los baches no es privativo de una zona determinada de la ciudad: son omnipresentes. Enlisto unos ejemplos: la avenida Vallarta, una de las vías más importantes, tiene zonas para llorar: el puente que está antes -o después, según se vea- de la Gran Plaza tiene hoyos dignos de concurso; la misma Vallarta, en su carril lateral entre Aviación y Periférico, es un desafío para el conductor más audaz, tanto por la cantidad como por la profundidad de las aberturas. Circular por las calles Francia o Venezuela es garantía de una buena sacudida para la suspensión de cualquier vehículo, lo mismo que en Humboldt a la altura de Garibaldi, o Pavo entre Alemania y La Paz, o Río La Barca entre R. Michel y González Gallo. No hay manera -no al menos hasta que se inventen los autos voladores- de salir limpio de bache. En Mariano Bárcena (aclaro: así lo pone la placa de la calle) y Jesús García hay un par de hoyos de los que, con un poco de suerte, igual y se extrae petróleo.

Más ejemplos: toda la avenida Alemania, desde Niños Héroes hasta calzada Del Águila, es un catálogo de baches de todas las formas, tamaños y profundidades. Washington, de Héroes Ferrocarrileros a Venezuela, ofrece variantes: donde no hay baches hay bolas por los parches de asfalto. En algunas partes incluso se combinan las dos modalidades. Algo similar a lo que ocurre en Circunvalación, entre Federalismo y Normalistas. El espacio no alcanza para reseñar todos los puntos que quisiera.

Supongo que las grandes camionetas de los gobernantes tienen sistemas sofisticados que las hacen inmunes a los baches. Porque, de otro modo, no entiendo cómo nadie se ha decidido a hacer algo al respecto (obvia decir que no me refiero a sólo tapar los hoyos, ya que está de sobra probada la ineficiencia de esa "solución"). Pareciera que la consigna es: siempre ha habido baches y siempre los va a haber, ni modo.

Edgar Velasco
(v.pág.20 del periódico Público del 12 de febrero de 2010).


Fundada en 1531.

Guadalajara tuvo 4 fundaciones, pero la definitiva fue el 14 de febrero de 1542, no en 1531. En todo caso, la primera fundación, en Nochistlán, fue en 1532. La placa debería honrar también a Nuño de Guzmán, con quien Cristóbal de Oñate fundó la ciudad.

A la hora de lucirse con sus invitados, digamos, en una fiesta, su falta de cultura termina haciéndola quedar en ridículo. El proyecto Ciudad Legible (que costó cerca de 18 millones de pesos y se financió en conjunto con el Fideicomiso de Turismo), y la señalización en inglés, francés y portugués en la estación Juárez del Tren Ligero pueden ilustrarlo de buena manera: stàçao por staçào, une station...

Hoy, el perímetro que comprende al norte la calle San Felipe, al sur Prisciliano Sánchez, al oriente la calzada Independencia y al poniente Federalismo, luce nuevas placas en sus calles, con graves errores historiográficos. Además de que es visible la falta de estandarización de criterios a la hora de decidir cómo desplegar la información sobre el prócer, personaje o fecha histórica. Mientras que en Cristóbal Colón, Pedro Moreno y Galeana podemos leer sus lugares de nacimiento y fechas de natalicio y/o deceso (aunque con errores), la mayoría de los demás tuvieron que conformarse (como en el caso de Juárez) con aparecer sólo como "el Benemérito de las Américas".

En el caso de la estación Juárez se entiende que la idea de poner debajo de las señalizaciones en español, textos en las 3 lenguas oficiales de los países que se darán cita en los próximos Juegos Panamericanos, tiene el objetivo de hacer parecer esta ciudad amigable con sus visitantes. Pero al tomar esta decisión, directivos del Siteur debieron haber consultado expertos en cada lengua, o ya de perdida, interceptar a muchos de los extranjeros que residen aquí, que usan el Tren Ligero como su medio de transporte y pedirles ayuda. Ojalá y las autoridades correspondientes se den por aludidas y los enmienden antes de que Guadalajara quede en ridículo ante más ojos de propios y extraños.

(V.pág.6 del periódico Público del 14 de febrero de 2010).


468 años de baches.

V.Caricaturista Pacote del 15 de febrero de 2010).


La falta de educación de la gente por tirar basura en la calle agrava el problema de las inundaciones y las anegaciones que afectan a cientos de personas y que parece no importarles.

(V.pág.22 del periódico Público del 21 de febrero de 2010).


Nuestra circunstancia como ciudad es justo el resultado de haber privilegiado históricamente el sentido de la ganancia, principio fundamental de la inversión privada en los procesos para producir esta ciudad. Por ello es que no pudimos ser una ciudad con un lago, con un río, con manantiales, con varios bosques, con un centro histórico pletórico de su arquitectura y traza original. Todos esos recursos los tuvimos, pero fueron destruidos por el capital y autorizados por el gobierno en nombre del "progreso", del "desarrollo" y la "modernización".

Jorge Regalado Santillán
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 24 de febrero de 2010).


Los hay de todos tamaños,
distinta profundidad,
cráteres parecen unos...
¡son una calamidad!

Y sí, adivinó usted,
son los millares de baches
que hay en toda la ciudad
aún sin recibir sus parches.

Bueno sería que el alcalde
usara su camioneta
por las zonas afectadas,
seguro que haría rabieta.

Anflopo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de febrero de 2010).


Es cierto que cuando los que habitamos una ciudad nos dedicamos a tirar basura no hay barrenderos que alcancen, pero no barrer porque la gente de todas formas va a ensuciar es un argumento tan falso como no bañarse porque mañana vamos a sudar. Hay que barrer diario y, si es necesario, 2 o 3 veces al día para que la basura nunca se acumule. Poco a poco los usuarios del espacio público se van acostumbrando a ese lugar limpio y cada vez habrá menos basura y más gente.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 10 de marzo de 2010).


Si una ciudad que tuvo justa fama de ser "ciudad amable" de repente se muestra desordenada, sucia, ruidosa, maloliente, insegura; si sus habitantes, antaño cordiales, se tornan hostiles; si por todas partes resplandecen las señales de descuido y las expresiones de patanería; si en sus calles, por la noche, se respira el miedo; si sus visitantes advierten el abandono y la dejadez de sus moradores y la incompetencia de sus gobernantes, estamos hablando de su deterioro físico; de su decadencia moral. En una palabra, de su ruina.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 10 de marzo de 2010).


Se anuncia en la televisión la campaña Limpiemos México. A mí me gusta la idea, pero tengo una especie de miedo a decepcionarme más. La campaña pasada junto con mi mamá y mi hermana limpiamos una esquina de mi colonia que es un verdadero asco. ¿Y qué pasó? Algunos vecinos se burlaron y otros al día siguiente la dejaron igual, a nadie le importó en absoluto. Esta es una queja, estoy harta y no sé cual es la solución.

Gabriela Ramírez
(v.pág.19 "correo" del periódico Público del 12 de marzo de 2010).


La llegada a Guadalajara, por cualquiera de sus entradas carreteras, muestra las orillas, siempre en movimiento, de una mancha urbana desordenada y descuidada. A juzgar por los barrios periféricos, el modo de vida de los habitantes deja mucho qué desear: hacinamiento, precariedad, asentamientos en áreas de riesgo. Visualmente, el visitante asiste a una cacofonía de señales y anuncios que hacen predominar su tamaño y agresividad sobre cualquier otro elemento del paisaje. Su aparición ensucia el recorrido previo al comienzo de la ciudad por muchos kilómetros. El resultado es confuso y desagradable, la lectura del viajero al llegar a la mancha urbana revela una ciudad dominada por el desorden, el mercantilismo y la injusticia.

Penetrando en las demarcaciones interiores, el hecho que más llama la atención es la preeminencia del coche sobre cualquier otra cosa. La proporción de habitantes por auto de Guadalajara supera a la de cualquier otra ciudad de América Latina. Este hecho salta a la vista y revela un muy deficiente sistema de movilidad general. Embotellamientos, contaminación, centenares de miles de horas hombre perdidas a diario, grandes obras viales que fomentan esta inercia. Es fácil leer aquí un marcado individualismo citadino, propiciado por la incapacidad para establecer un transporte más racional y moderno.

Juan Palomar Verea
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 26 de marzo de 2010).


Los tapatíos estamos condenados a tener en el horizonte nada más que anuncios, porque las autoridades no consideran que parte de su trabajo es mantener limpio el cielo: limpio de smog, y limpio de contaminación auditiva y visual. Tan el cielo es un espacio público, que los ayuntamientos dicen regularlo, pero en la práctica no hay forma de que paren un espectacular porque se volvió un asunto de amparos. ¿Si mi compadre tiene un espectacular en su terreno, o en el techo de su casa, por qué yo no?, ¿si a mi competencia le dieron licencia en tal calle, por qué a mi no?

En Sao Paulo, Brasil, se enfrentaron al mismo dilema en que estamos ahora nosotros. El exceso de espectaculares obligó al ayuntamiento a buscar la forma de regular el tema. Después de mucho discutirlo llegaron a la conclusión de que lo único realmente justo era no permitir ningún espectacular: o habría para todo mundo, para que cualquier persona pudiera poner un anuncio en la azotea de su casa o en su cochera, o se prohibía a todos. Los brasileños optaron por esto último. Como no podían estar "todos coludos", porque las colas no iban a caber, entonces "todos rabones"... y todos fue todos. En algunas otras ciudades lo que hacen es que consideran al cielo espacio público y como tal, los ayuntamientos regulan y cobran muy caros los espacios predeterminados para poner las carteleras. Claro que son ciudades donde no existe "amparito".

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 6 de abril de 2010).


Publicado en el periódico Mural el 4/abr/2010

Las nuevas autoridades no se han distinguido por eficientar el servicio de recolección de basura.

Justo atrás de la nueva Casa de Salud del ayuntamiento tapatío, en la Colonia Beatriz Hernández, está lleno de basura.

También hay ramaje en la banqueta que lleva a la recién inaugurada Casa de Salud, en la calle Ignacio Gutiérrez.

En Zapopan, en la esquina de Guadalupe y Patria, no hay bote, sólo una bolsa que ya fue vencida por los desechos.

(V.pág.3 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 8 de abril de 2010).


La basura en las calles, banquetas, jardines, parques y camellones de Guadalajara otorga un desolador aspecto a la ciudad, la cual sería mucho más atractiva y presentable a los ojos de propios y extraños si se mantuviera limpia.

Hace años se aprobó la ley municipal que sanciona a quienes tiran basura en la vía pública, ésta, como otras leyes entre las que se cuentan la que restringe el uso de teléfono celular mientras se conduce un automóvil o la que sanciona el uso obligatorio del cinturón de seguridad, son letra muerta, por lo que no ha resultado ser una medida efectiva para reducir la basura en el suelo tapatíos. ¿Por qué será que a pesar de tantos esfuerzos por evitar la mugre, Guadalajara sigue siendo una ciudad mugrosa y basurienta? ¿Será acaso porque no hay contenedores ni tambos, ni botes ni recipientes o como les quieran llamar, para depositar la basura como se debe? Para muestra esta la Vía RecreActiva y las calles del centro histórico en las cuales debes caminar por lo menos entre 6 y 8 cuadras con tu basura en la mano para encontrar un recipiente. Para las autoridades municipales: ¿No sería bueno incrementar el número de contenedores, botes y tambos en la ciudad a la par que se realicen campañas en coordinación con las autoridades educativas para desalentar la práctica de tirar la basura en el espacio público, entre los ciudadanos y de paso mejorar la imagen urbana?

José Guadalupe Ramírez Pérez
(v.pág.19 "correo" del periódico Público del 30 de abril de 2010).


No falla: en cuanto el gobierno decide "acrecentar su patrimonio" e invertir, para tan laudable efecto, fondos públicos -los mismos que escasean, misteriosamente, cuando los vecinos demandan servicios básicos- en el "rescate" de alguna añeja construcción que sin el oportuno "salvavidas" de la autoridad estaría irremisiblemente condenada a pasar del abandono a la ruina, se le encuentra una "utilidad": convertirse en "museo".

Por museo, salvo prueba en contrario, debería entenderse el lugar en que se guardan, conservan y exponen objetos de valor cultural, potencialmente atractivos para el público. En esta Guadalajara de todos nuestros pecados, varias fincas que fueron "rescatadas" -¡ah, la imaginación del lenguaje oficial...!- una vez que ni siquiera sus dueños se interesaron por ellas, fueron convertidas en otros tantos "museos". Son los casos de la Casa Museo López Portillo, el Museo de la Ciudad, el de Las Ciudades Hermanas, el de las Artes Populares, el del Periodismo y las Artes Gráficas, entre otros. "Museos" que se defienden mediante algunas actividades pretendidamente culturales -cursos, conferencias, exposiciones temporales...-, pero que, como museos propiamente dichos, serían absolutamente incapaces de ganarse la vida, por una razón elemental: que carecen de atractivo.

La lista, como es del dominio público, tiende a acrecentarse: además del de Arte Moderno y Contemporáneo -premio de consolación, una vez que "se cebó" el Guggenheim-, las oficinas de la Mitra, en Catedral; el edificio de la XV Zona Militar y hasta Palacio de Gobierno, obsoletos e inoperantes para las funciones que cumplían antes, pondrán a Guadalajara, muy probablemente, en el Libro de Récords Guinness, con todos los honores, como la ciudad con más museos chafas -valga el vulgar neologismo- sobre la faz de la Tierra.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 10 de mayo de 2010).


De Guadalajara, hace poco, un periodista que se dignó descender del olimpo del Distrito Federal para observarla, aunque fuera a vuelo de pájaro, sin hacer la salvedad de si le había conocido tiempos mejores, tuvo a bien calificarla como una ciudad sucia. Muchos se esforzaron en dejar constancia de su rubor y su bochorno. Pocos repararon en que la aseveración, bien vista, era calumniosa... ¿Por qué?: porque podrá haber ciudades más o menos hermosas, pero no sucias o limpias. Habrá, en todo caso, ciudades que pueden jactarse de tener habitantes amantes del aseo, respetuosos del entorno, amigos del decoro... y ciudades que deben lamentarse ("y mentárse-la", diría alguien) de que a sus habitantes no se les puede calificar de cochinos, cerdos, puercos o marranos, sin incurrir en una ofensa, imperdonable y gratuita, para los nobles mamíferos que aportan a la gastronomía desde los democráticos chicharrones hasta el aristocrático jamón "pata negra".

Ahora, para más inri, burla o afrenta, a raíz de que acaban de publicarse reformas al Reglamento de Anuncios para el municipio, se repara en que Guadalajara, además de sucia en sentido estricto, es, también, una de las ciudades más contaminadas en los aspectos visual y sonoro: una ciudad en que cuando no es el ruido de los camiones -motores, frenos, bocinas...- es la "música" estrepitosa con que tratan de llamar la atención algunos comercios, o la que pasean en sus estéreos algunos semovientes.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 22 de junio de 2010).


Después de los parabuses se le dio a Eumex la concesión para poner teléfonos públicos. Pusieron unos muros enormes y estorbosos con una pequeña caseta telefónica que, sorpresa, no tiene teléfono, pero eso sí, tiene publicidad por ambas caras. Es decir, la contraprestación de un servicio público a cambio de explotar publicitariamente el mueble no se da y en no pocos casos, son un verdadero estorbo. Ya encarrerado el ratón y atontado (o coludido) el gato, le siguieron dando en la torre a la ciudad. No contentos con los teléfonos sin teléfono inventaron los "recoge pilas". Para poner un cajoncito de 20 x 20 centímetros en medio de la nada ponen un marco de un metro por metro y medio.

Luego invadieron la avenida Federalismo con mapas de la línea uno, pero las ubicaciones y los espacios están pensados para que se vean desde el coche, no para que los vea el usuario del tren. Finalmente, decidieron que para mantener informados a los habitantes de esta noble y leal ciudad, había que poner unos enormes muebles publicitarios que nos dijeran la hora y la temperatura.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 5 de julio de 2010).


No hay mejor manera de certificar lo mal pavimentada que está la ciudad, que subirse a una bicicleta. No sólo son los baches, que de eso todo automovilista puede dar exacta cuenta de cuántos hay en sus trayectos cotidianos. Pero para certificar lo mal terminado de los pavimentos en las orillas de las calles (literalmente con holanes como de cortina Luis XV); las olas creadas por los frenones y arrancones de los camiones, y las verdaderas trampas mortales que son las alcantarillas sumergidas, que ya van 20 centímetros debajo del nivel del arroyo de la calle, hay que circular en 2 ruedas. Decir que en Guadalajara se ha pavimentado es un piropo: a las viejas calles de empedrado se les ha puesto chapopote encima una y otra vez, y a las calles buenas de concreto, en lugar de repararlas como se debe, les han puesto parches de chapopote, con lo cual lo único seguro es que el bache volverá a aparecer.

Tanto el Gobierno del Estado como el Ayuntamiento de Guadalajara han planteado, por separado (recordemos que no pueden trabajar juntos porque se contaminan) la necesidad de hacer un gran programa de pavimentación con concreto hidráulico en la ciudad, aprovechando la coyuntura de los Juegos Panamericanos. Más allá de la factibilidad, pues en este momento se podrían bajar recursos federales con la excelente excusa de los juegos, es también la oportunidad para mandar una señal a los ciudadanos (no sólo de Guadalajara, sino de toda la zona metropolitana) de que los Panamericanos son algo más que grillas, gritos y sombrerazos. Independientemente de quién se ponga la estrellita en la frente, lo importante es que se logre avanzar en la modernización de los pavimentos de la ciudad.

El cambio de carpetas asfálticas por concreto hidráulico es sin duda un gran noticia. Ojalá este tema no lo engrillen los políticos y que efectivamente pueda darse esta transformación de la ciudad y desaparezca de una vez el arcaico sistema del "bacheo en caliente". Los que bachean son como los médicos de pueblo, que viven de que la gente se enferme, no de que se alivie; los asfalteros no viven de reparar la ciudad, sino de que ésta se destruya una y otra vez en cada temporal de lluvias (que, dice mi compadre, salvo deshonrosas excepciones, es cada año).

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 20 de julio de 2010).


Al ingresar por las carreteras se produce una primera mala impresión de lo que es nuestra ciudad. Así es, llegando desde todos los puntos cardinales. Para los visitantes primerizos que llegan vía el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, la primera impresión es un olor de putrefacción y desechos que no cesa durante el año completo. Notoriamente, llegar por esta zona es una muestra del pésimo manejo de los drenajes que contaminan a los arroyos y cauces de toda la ciudad.

Una vez registrado el olor alrededor del aeropuerto y ya en camino a la ciudad, los anuncios publicitarios (mal llamados espectaculares, de lo cual tienen poco) se encargan de contaminar y destruir el paisaje, precisamente ya desde la salida del aeropuerto con una saturación tal de mensajes que ninguno llega a producir el efecto informativo que se pretende con ellos. Todos juntos ya anuncian simbólicamente el caos demencial que se avecina.

Así sucede también por las demás entradas a la ciudad, cada cual con variantes peculiares. Es como si cada ingreso estuviera cumpliendo con alguna consigna implícita e intencional de mostrarse como una entrada poco bella y digna.

Lo que resulta con las malas impresiones que luego se repiten demasiado, es que provocan algo así como una vacuna o adormecimiento cerebral que nos impide reconocer la realidad horrorosa en la que se nos está convirtiendo nuestra ciudad frente a nuestras propias narices: con nuestras calles atascadas, fachadas grafiteadas, banquetas resquebrajadas, cielos encableados y jardines demacrados. Habrá que reconocer también a los vehículos endemoniados, poseídos por seres transmutados al volante.

Además de los primeros auxilios, nuestra ciudad requiere cuidados intensivos de urgencia.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 20 de julio de 2010).


Luis Pérez Verdía e Hidalgo.

Luis Pérez Verdía. Un trapeador es el único señalamiento que advierte a los automovilistas y peatones de un bache ubicado en la esquina de esta vialidad y la avenida Hidalgo, pues por estar tapado por un encharcamiento, se convierte en un peligro oculto.

(V.pág.4 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 22 de julio de 2010).


Guadalajara es una ciudad terrible, donde aparte de eso se expiden licencias de conducir a todo mundo sin saber manejar."

Antonio Alvarez Esparza, dirigente estatal de la CROC
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 9 de agosto de 2010).


A semejanza de los elefantes de la canción infantil -aquellos que "se balanceaban sobre la tela de una araña" y que "como veían que resistía" iban a traer más elefantes-, la autoridad municipal, en Guadalajara, estima que la ciudad aún no llega al límite de lo tolerable en contaminación vial, visual y auditiva. En consecuencia, el "h." cabildo que supuestamente la gobierna, está en vías de regular la operación de los vehículos que andan por ahí, cargando "espectaculares" publicitarios "acompañados de sus correspondientes bocinas", en sus plataformas y aun en remolques.

La relativamente novedosa modalidad, cada vez más difundida, ya no se limita a anunciar circos mediante el tradicional perifoneo y el desfile de 2 o 3 tigres, otras tantas llamas y 3 o 4 trapecistas. El sistema se aplica ahora lo mismo a productos (refrescos, alimentos...) que a servicios (bares, bancos, autofinanciamientos...) y casinos o centros de espectáculos. En algunos casos, además de acrecentar la contaminación visual en una ciudad que probablemente ha rebasado en esa materia el nivel de saturación -es decir que quizá ya ha llegado al punto en que los mensajes, por excesivos, resultan repulsivos y en consecuencia tal vez han perdido eficacia-, ese tipo de publicidad, amén de que también aumenta la contaminación vial, incorpora elementos distractores para los demás automovilistas.

Así, en vez de que los encargados de poner orden en la ciudad aprovecharan la coyuntura para dar señales de que realmente se interesan por el bienestar de los gobernados y por establecer límites a la desbocada inventiva de los publicistas, en aras de una convivencia más apacible, siguiendo el ejemplo de ciudades que se han empeñado en ser respetuosas no sólo del entorno arquitectónico y urbano sino, sobre todo, de los habitantes que prefieren la armonía al estruendo sistemático, quienes aquí cobran como si realmente gobernaran, están por tomarle la palabra, al pie de la letra, a la regidora Dulce Roberta García Campos: puesto que el fenómeno ya existe, y esas unidades, ostensiblemente contaminantes desde cualquier perspectiva, han hecho de las calles sus dominios, la solución es "regularlas", entendido esto último no como ponderar su operación, sino, simplemente, como cobrarles impuestos.

(¡Eso es criterio para gobernar...!).

Cobrar por todo es, por lo visto, lo que aquí se entiende por reglamentar: aprovechar la proclividad de las gallinas a salirse del huacal, para imponerles los correspondientes "derechos" y alcabalas por ello... fastídiese quien se fastidiare.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 16 de agosto de 2010).


Es un sentimiento ampliamente compartido aquí, que la calidad de la vida en Guadalajara está cada vez más afectada en forma negativa por un crecimiento urbano desordenado y caótico que ha rebasado la capacidad y voluntad de su población y de sus autoridades y líderes civiles. Desde hace rato se ha despistado el crecimiento urbano de una manera descontrolada, incongruente y precipitada. Allí están los ejemplos del caos vial y las agresiones sobre el paisaje urbano perpetradas en los espectaculares y el grafiti, en la invasión de los franeleros, en el ruidajal pum-pum-pum de los autos cholos, en el estado infernal de las banquetas, en muchos etcéteras.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.7-B del periódico El Informador del 31 de agosto de 2010).


Lo que resulta terrible es que las banquetas estén ausentes de todo proyecto metropolitano. Y no es sólo un asunto de gobierno o de partidos; los tapatíos en general tenemos muy poco respeto por el espacio peatonal. No sólo es común ver coches estacionados en las banquetas, sino que para muchos la banqueta es ese espacio por donde lord coche pasa de la calle a la cochera; si el peatón tiene que caminar a 45 grados para que el coche pueda ir a su lugar de descanso, es problema del que anda a pie.

Si al realizar un obra el constructor, o destructor, en turno tiene que interrumpir el tráfico requiere permiso de Vialidad, pero si rompe el piso, pone montones de tierra, estaciona camiones o hace mezcla en la banqueta, nadie le dice nada. Total, qué trabajo le cuesta al peatón bajarse a la calle o cambiarse de acera.

El desprecio que le tienen nuestras autoridades municipales a las banquetas es, pues, directamente proporcional al que le tenemos los ciudadanos. Nadie pelea por una banqueta: los medios reportamos cualquier bache pero nunca problemas en las banquetas; Vialidad nunca ha ofrecido una solución a un paso peatonal que no sea puentes donde el peatón es quien tiene que hacer el esfuerzo (¡trepen perros, que la calle es pa’ los coches!). Para acabar pronto, en la ciudad no hay rango más bajo que el de peatón.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 6 de septiembre de 2010).


Sin ninguna duda, nuestras calles, banquetas y muchos otros espacios públicos sufren un deterioro garrafal debido a hartas décadas de abuso, de negligencia en su mantenimiento y de impulsivos arreglos fallidos.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 21 de septiembre de 2010).


Parque de la Revolución.

La compañía que fue autorizada para el manejo de residuos en las papeleras instaladas en el primer cuadro de la ciudad vuelve a incumplir su compromiso de mantener los recipientes limpios y listos para su uso. La fotografía fue tomada en el Parque Revolución sobre la calle Pedro Moreno.

Omar Guillermo García Santiago
(v.pág.14 "correo" del periódico Público del 24 de diciembre de 2010).


Hace algunos años era común ver de mañana muy temprano a personas que escoba en mano, salían a barrer y regar la calle. Como parte de una rutina de recogían hojas y basuras. Como cortesía se rociaba el agua para evitar que el polvo se levantara. Era un gesto de cuidado por la cosa pública. Había un cierto orgullo de la limpieza del barrio, de la cuadra, de la banqueta, del arbolito o de la maceta que daba hacia la acera. Llegamos a ser la ciudad de las rosas, la ciudad jardín de México. Algunas décadas después belleza y pulcritud se convirtieron en un asunto ajeno. El orgullo se convirtió en queja y el compromiso fue dejado al gesto de pagar impuestos. Se ha perdido aquel olor matutino y con él, hemos dejado de considerar nuestros los espacios públicos para dejarlos a merced de los funcionarios.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 4 de enero de 2011).


Mientras soñamos sentirnos importantes en el escenario global (con los Juegos Panamericanos, por ejemplo) estamos descuidando la calidad de nuestras banquetas, fachadas, parques, jardines, del aire, del agua, los ruidos, los olores. Aquellos espacios abiertos que resultan de la urbe y son los únicos que compartimos todos para movernos, para estar, caminar, esparcirnos, encontrarnos. Un medio ambiente muy desmejorado y con una preocupante insuficiencia del presupuesto y con poca capacidad gubernamental.

Se nos ha repetido, desde hace rato, que la Perla de Occidente ha estado "chafeando" en su progreso. Y que mientras más tiempo pasamos en reconocerlo, más nos costará corregir sus consecuencias, si acaso es que nos empeñamos en ello.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 4 de enero de 2011).


Parque de la Revolución.

Aunque el centro tapatío luce limpio, en zonas como el Parque de la Revolución parece un basurero.

(V.pág.3 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 6 de enero de 2011).


Todo sigue igual: el puente Atarantado no se ha concluido, aunque dicen que ya merito; el del Álamo sigue ahí, incomprensible para quien lo vea por donde lo vea; la nata de contaminación flota sobre Guadalajara, densa y dañina: quien vea la zona metropolitana desde el cerro del Tapatío sentirá unas ganas de vomitar, sabiendo que el camino conduce directamente a las entrañas de esa nata. Ahí están también los baches, las calles que no sirven, el transporte público ineficiente -aunque ya hace un año que subieron la tarifa-, el tráfico colapsado. Es más: hasta la balacera permanece.

Edgar Velasco
(v.pág.12 del periódico Público del 7 de enero de 2011).


La calidad de la vida pública se forma en la condición de esas banquetas (que abundan agrietadas, disparejas, invadidas y llenas de postes); en las calles (llenas de baches y agredidas por vehículos autistas, majaderos), y por las telarañas de cableados colgantes (que amenazan aprisionarnos); en los parques (tristes y carentes del afecto jardinero); en las plazas (anárquicamente invadidas por ambulantes ventajosos); en las fachadas (grafitiadas que desfiguran el rostro hogareño); en la basura esparcida por transeúntes apáticos; en los humos y polvos que vician el aire, los pulmones, la salud. En los cuantiosos anuncios, olores y ruidos.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 11 de enero de 2011).


Un museo, en lo que para efectos de inventario llamaremos "resto del mundo", es un lugar en que se adquieren, conservan, estudian y exponen los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre. Un museo, en Guadalajara, es, simplemente, una casa vieja en la que se almacenan tiliches. De hecho, salvo -hasta cierto punto- el Museo Regional, Guadalajara (sus autoridades y algunos ocasionales mecenas) ha abaratado el concepto de museo.

Los dizque museos que proliferan en estos pagos, son el resultado de una noción muy "sui géneris" del respeto por el patrimonio cultural, arquitectónico e histórico de la ciudad: cualquier casona del centro, por el simple hecho de ser grande y vieja -y, por lo tanto, incapaz de ganarse la vida-, es "rescatada" por el gobierno; éste paga por ella, ordinariamente, mucho más de lo que vale; la rehabilita; es decir, le mete dinero bueno al malo; si puede convertirla en guarida de burócratas, bueno; si no, le atiborra un montón de trebejos dotados de cierto significado de carácter presuntamente cultural y cuyos dueños ya no hallaban dónde guardar... y ya está.

Guadalajara, en materia de museos, es, seguramente, una de las ciudades más modestas -para decirlo amablemente- de México. Monterrey, Chihuahua, Guanajuato, Querétaro, Morelia, San Luis Potosí, Aguascalientes y, por supuesto, el Distrito Federal, entre otras, están, en esa materia, a años luz de distancia... Ahora, sin embargo, en un alarde de imaginación, las autoridades municipales decidieron que ya estuvo bueno de "entrada libre" (gesto por demás generoso... que casi nadie agradecía), y tomaron la decisión de echarle estrategia de mercadotecnia al asunto, cobrando a los visitantes de los dizque museos citadinos.

(Quién quita y algunos incautos traguen el anzuelo y crean que, puesto que cobran por entrar, la experiencia de hacerlo desquite la inversión. ¡Quién quita...!).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 24 de enero de 2011).


Dos preguntas... Una: ¿Cuándo y exactamente por qué influencia maligna, intervención directa del chamuco o descuido de los que por siglos fueron sus manes protectores, perdió Guadalajara el título de "Ciudad Amable"...? Dos: ¿Sería de justicia colgarle ahora mismo, con motivo de su cumpleaños -y aprovechando que ya está el clavo en la pared-, la denominación de "ciudad hostil"...?

Las 2 preguntas están conectadas, por supuesto, con el "incidente" de la madrugada del sábado en un bar, sito a tiro de piedra -decir que "de granada" sería una ironía excesivamente sangrienta- del emblema de Guadalajara (la Glorieta Minerva), cuyo pedestal ostenta una leyenda que en la actualidad parecería, ésa sí, una obra maestra del humor negro: "Justicia (?), sabiduría (?) y fortaleza (?) custodian (?) a esta leal (?) ciudad".

(El comentario de cualquier tapatío, de bote-pronto, al leer esa divisa, sería la frase consabida: "Demasiado collar para tan poco perro").

Podrá decirse: "Es que, ¿quién podría prever que, a raíz de un simple altercado, cuasi una nimiedad, uno de los participantes reaccionara con tanta violencia?"... En efecto: es demencial que alguien decida dirimir una reyerta de taberna lanzando una granada de fragmentación, a sabiendas de la estela de sangre -en el caso, 6 muertos y cerca de 40 heridos- que su explosión puede causar.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 14 de febrero de 2011).


(Fe de erratas: en el pedestal de la Minerva, en la fuente del mismo nombre, donde dice "Justicia, sabiduría y fortaleza custodian a esta leal ciudad", debe decir: "Impunidad, incompetencia y mugre caracterizan a esta otrora leal ciudad").

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 15 de febrero de 2011).


Cuando se pretendió devolver a Guadalajara su antigua condición de "Ciudad Limpia", una encuesta demostró que los ciudadanos estaban dispuestos a que se multara -como disponen los reglamentos municipales- a quien ensuciara las calles o no barriera el frente de su casa. A la autoridad, sin embargo, le tembló la mano: optó por la "concientización" y zarandajas similares... con los resultados que constan en actas: Guadalajara (¡qué pena, tener que decirlo!) es una ciudad sucia.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 21 de febrero de 2011).


Al principio pareció una mala broma. Hoy parece que los alcaldes priistas están empeñados en que la ciudad sea colorada. Seguramente fue un asesor de imagen que, con un par de citas de semiótica y publicidad subliminal, los convenció que había que inundar la ciudad de rojo para que, como zombis de Sahuayo, los ciudadanos acudiéramos en bola a votar por el rojo. No son los únicos que hacen esas tonterías, los panistas también las hacían: en cuanto llegaron al poder inventaron pintar las fuentes de cantera de color azul calzón y todo, coincidentemente, era azul con naranja.

Con todo respeto a los asesores de imagen, eso de pensar que pintar la ciudad de un color o de otro hará diferencia en la votación, no habla más que de la superficialidad con la que asumen la política. La ciudad votó por el PRI para que gobernara la ciudad, no para que se la adueñara o la hiciera su espacio de campaña, menos para que la afeara. Lo que se esperaba de ellos era su sensibilidad social y su experiencia, no pintura roja.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 22 de febrero de 2011).


Los habitantes de núcleos urbanos como Guadalajara, cuyo crecimiento ha rebasado -salvo prueba en contrario- la dimensión humana, viven, en carne propia, todos los días y en todas partes, el fenómeno de la saturación de mensajes. Las entradas y salidas de la ciudad, las principales avenidas de la mismas, las glorietas y los espacios públicos, por ejemplo, son agresivas colchas de parches, abigarrados mosaicos -anárquicos, horrísonos, repelentes- de mensajes que el común de la gente es incapaz de clasificar y utilizar... Para desgracia suya (seguimos hablando de las personas que habitan en las ciudades), de la misma manera como nuestro aparato respiratorio parece volverse insensible hacia la contaminación del aire y nuestros oídos parecen acostumbrarse al ruido, la vista sólo se entera de la contaminación visual que de ordinario la envuelve, cuando se libera de ella. Es decir que para enterarnos de que la mancha urbana nos agrede sistemáticamente, y para darnos cuenta de que la ciudad soñada que alguna vez fue, se ha transformado en una megalópolis de pesadilla, es necesario que salgamos de ella para compararla... y admitir que los años -¡oh, dolor!-, lejos de embellecerla, la han afeado.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 16 de marzo de 2011).


Ante la imposibilidad de contar con nuevas calles o avenidas y de dotar de un sistema vial ágil y oportuno -en el corto plazo- lo que la ciudadanía quiere es que por lo menos les dotemos de calles por las cuales se pueda circular adecuadamente, ya sea en auto, camión, motocicleta, bicicleta e incluso caminar, pues hoy en día lo que queda de los pavimentos es la sombra de lo que fueron, de ahí que haya tantos percances de diferente tipo y una gran exigencia de la ciudadanía para que el ayuntamiento tapatío haga algo.

Mauricio Gudiño Coronado
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de marzo de 2011).


Ya no se puede circular por las calles de la zona metropolitana de Guadalajara. La razón principal de ello tiene que ver con el exceso de vehículos en circulación, la falta de conciencia de nuestra parte, la inexistencia de un servicio público adecuado, y por si todo ello fuera poco, "bachelandia" se queda corta ante lo que se tiene que sufrir a diario.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid, presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de abril de 2011).


Desde ayer y hasta el domingo, toda la zona adoquinada y peatonal del centro histórico de Guadalajara, en un cuadrante que comprende, entre otras, las calles de Ocampo y Galeana, desde Hidalgo hasta Prisciliano Sánchez, ha sido tomada por asalto por tianguistas que venden toda clase de baratijas de plástico, madera y tela, lo mismo que accesorios para teléfonos móviles, comida, verduras cocidas, dulces, empanadas y hasta brebajes refrescantes en jarritos.

Se presume que esos modestos comerciantes están ahí con licencia del gobierno municipal que encabeza el priista Aristóteles Sandoval Díaz, quizá inspirado en la idea de que quienes visiten la Ciudad irán en agitado tropel a aprovechar las alucinantes ofertas de los tianguistas temporales.

Es de dudarse que eso suceda, habiendo para los turistas ofertas mucho más atractivas.

Quienes hayan visitado Morelia, Michoacán, hace poco más de 15 años, recordarán que el centro histórico de esa ciudad experimentó una extraordinaria transformación, luego de que sus principales avenidas y plazas fueron liberadas de una perniciosa invasión de tianguistas que se habían apoderado impunemente de los espacios públicos.

Hoy, Morelia luce su gran señorío, su provincial donaire, y el centro histórico ha sido rescatado para deleite y disfrute de los morelianos y de sus visitantes.

Otro ejemplo admirable es lo que se ha hecho para la restauración, preservación y dignificación del limpísimo centro histórico de la ciudad de San Luis Potosí. Es una verdadera delicia recorrer y disfrutar las zonas peatonales de esa histórica ciudad, adornada con señoriales palacios.

¿Haremos algún día un esfuerzo similar por Guadalajara?

Pedro Mellado
(v.pág.4 del periódico Mural del 21 de abril de 2011).


Las ciudades sostenibles reconocen a las banquetas como el espacio público por excelencia. Ver una ciudad a través de sus banquetas es mucho más que una aproximación, es una muestra del alma de la ciudad, de sus prioridades, de su coordinación, de la forma en que se entiende y asume la administración del territorio y la manera en que conviven gobierno y gobernados. Un par de días recorriendo ciudades como Bethlehem, Philadelphia o Nueva York, dan muestra de la importancia que tienen las banquetas. Con escasos 75,000 habitantes la primera, un millón y medio la segunda y 8 millones en NY, el espacio público es el lugar que las hace similares. En estas ciudades un niño, una madre con carriola, una persona con muletas o silla de rueda, o un adulto mayor, pueden pasear en condiciones adecuadas, atravesar calles, llegar a parques, hasta subirse al trasporte público prácticamente de manera autónoma. Ver las banquetas de estas ciudades no te deja dudas de cuáles son las prioridades.

Si todos somos peatones, entonces todos necesitamos excelentes banquetas. Los pasos peatonales por ejemplo, no son rayas pintadas sobre la calle, hay cambio de piso para mantener la dignidad del peatón. Las banquetas siempre están mejor que las calles y caminar por esos espacios dignifica tu condición humana. Una ciudad de "primer mundo" se reconoce principalmente por el desarrollo de sus espacios públicos.

El espacio público comienza y termina en la banqueta y la calidad de vida de sus habitantes también.

Alfredo Hidalgo Rasmussen
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de mayo de 2011).


La poda de árboles y eliminación de áreas verdes, combinada con la pavimentación de suelos y el uso indiscriminado del automóvil, así como la multiplicación de las fuentes de calor domésticas e industriales, han vuelto a Guadalajara una ciudad caliente.

Jorge Valdivia
(v.periódico Público del 29 de mayo de 2011).


Todo esto sería menos terrible si no hiciera este calor tan espantoso, así que señores que tienen la batuta en nuestra ciudad y que están repavimentando cuanto camino panamericano se les ha ocurrido, pueden mientras hacen eso, pintar una vía para ciclistas, sembrar un montón de esos árboles bonitos como las jacarandas y primaveras para que refresque el termómetro y la vista, y si fuera posible, ya que los cables de luz son rete feos, vamos enterrándolos (digo, ya abrieron media ciudad) para que crezcan en paz las jacarandas. Ah y apúrense que ya casi nos inundamos otra vez, porque de drenaje profundo mejor ni hablamos, o hablamos hasta que sea tiempo de descabellado prometedero electoral.

Jorge Zul de la Cueva
(v.pág.9-B del periódico El Informador del 8 de junio de 2011).


Hay cosas que sólo se ven en bicicleta, y otras que sólo se sufren en bicicleta, como las alcantarillas flojas, los pésimos terminados de los pavimentos tapatíos, las olas que dejan los frenos de los camiones en cada esquina, etc.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 20 de junio de 2011).


Además de la falta de alumbrado, son la basura y graffitis los que "adornan" tramos del Periférico y obras recién concluidas, como el Puente El Álamo.

"Las iniciativas que tienen que ver de concientización, algo se tiene que hacer, porque por más que pongamos gente a levantar basura, siempre tendremos mucha menos gente para levantar basura que la que la tira, en esa simple ecuación es bien difícil salir con un dato a favor", enfatizó Sergio Carmona Ruvalcaba.

"Tenemos una unidad (cuadrilla) que se dedica a estar levantando basura del Periférico y son decenas de camiones diarios los que sacan de basura".

(V.primera plana del periódico Mural del 30 de junio de 2011).


Hace unas semanas, una lectora me escribió advirtiendo de lo feo que olía nuestra ciudad. ¿A que huele Guadalajara? Nos gusta decir que a tierra mojada, o a rosa temprana, pero eso es tan falso como que Tlaquepaque es una pueblito, o que las tapatías sean fieles al rebozo, sólo por citar los clichés de Pepe Guízar. A falta de tierra sin urbanizar, hoy para que huela a tierra mojada se requiere una tarde limpia de verano, con viento que traiga desde El Arenal o Cuquío ese olor de la tierra recién llovida que era nuestra y ya no lo es. De las rosas ni hablemos, han ido desapareciendo del mapa urbano, al igual que los jazmines y las camelias de los jardines.

Hoy, los olores de Guadalajara dependen fundamentalmente de la zona, pero ninguno es agradable.

El Centro huele a drenaje. El sifón del colector que corre debajo de la Calzada Independencia es una fuente de mal olor. A todo lo que pasa por ahí abajo es a lo que huele arriba. Gracias a la cantidad de túneles y obras viales que se han construido en la ciudad, el olor a drenaje se ha democratizado y podemos percibirlo en una gran parte de la ciudad.

Otro olor característico de Guadalajara es el smog. Estamos tan acostumbrados a respirar humo que casi no lo distinguimos, pero es una mezcla de olores de diesel de camiones, olores de autos viejos a combustión de gasolina y los nuevos que, gracias al catalizador, despiden menos gases venenosos, pero más olorosos. Como cada día hay más autos, cada día huele más.

Pero el peor sin duda es el olor del aeropuerto. Ese olor a azufre, a huevo podrido, no lo tiene ninguna ciudad del mundo. Con ese olor, que viene de la Presa del Ahogado, que la mayor parte del año es un pantano, y sobre la cual se vierten cualquier cantidad de porquerías, vamos a recibir a los invitados Panamericanos porque no fuimos capaces de resolverlo a tiempo.

¿A que huele Guadalajara? A desastre urbano.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 4 de julio de 2011).


Apenas llovió y ya brotaron baches por donde quiera, algunos bien podrían ser cráteres lunares. Está visto que de nada va a servir el enorme gasto de re-pavimentación, porque sólo alcanzó para una pocas calles, y la gran mayoría seguiremos tratando de evadir los hoyos de Bachelajara.

En cualquier otra ciudad la gente ya hubiera explotado contra su gobierno, pero aquí estamos en Apatilandia: todos nos quejamos pero nadie hace nada.

Pedro Valencia Zaragoza
(v.pág.22 "Los correos del público" del periódico Milenio Jalisco del 8 de julio de 2011).


De años atrás, Guadalajara dejó de ser una ciudad limpia y presentable para propios y extraños. Hoy es un rostro groseramente tatuado por una horda de depredadores urbanos que impunemente la han pintarrajeado con una extraña caligrafía, acaso entendible sólo por los grupos pandilleriles empeñados en una innoble como inexplicable tarea que no respeta edificios públicos o privados. El aspecto de una ciudad se corresponde fielmente con las personas que la habitan. Debemos preocuparnos por legislar penal y administrativamente al respecto.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.Razón y Acción del 17 de julio de 2011).


Dicen los nuevos urbanistas que una ciudad debe ser pensada siempre en función del más débil. Donde puede caminar un viejo, donde puede circular una madre con una carriola, donde puede pasar una silla de ruedas, donde un ciego puede ir seguro, cabemos todos, caminamos todos, nos sentimos seguros todos. Guadalajara es todo lo contrario. Las banquetas están hechas (más bien deshechas) de manera que es riesgoso caminar, no digamos para discapacitados, sino para una persona joven, ágil e intrépida. En alguna época les dio por poner rampas para sillas de ruedas, pero las hicieron de un tamaño menor a las sillas estándar y con una inclinación difícil de sortear para una persona sola. Para colmo, algunas rampas van a dar directamente contra un poste o una pared, es decir no sirven para nada. Lo hicieron para "cumplir" y para beneficio de alguna constructora, nada más. Las nuevas, por lo menos en el centro, las hicieron ya pensando en que realmente sirvieran, pero en general son un desastre.

Los pasos peatonales están pensados para gente en plenitud de sus capacidades físicas. Pueden ser, no hay que negarlo, buenos para obligar a la gente a hacer ejercicio en estas épocas de guerra a la obesidad.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 19 de julio de 2011).


Una vez liberados del velo hipnótico de los modernos medios de comunicación electrónica, encontramos que lo más próximo que tenemos de la ciudad son las papeletas volantes pegadas a las puertas. Luego está el aire que respiramos; nos llegan por oleadas mezclas desagradables de olores de origen disperso, acompañados de contaminantes tóxicos y de ruidos disonantes, cacofónicos y encimados de los claxon o de los chillidos escalofriantes de las alarmas de coche fortuitamente detonadas. También están la alarmas de locales comerciales chillando nocturnamente en falsa-alarma-sostenido-mayor, o el bum bum bum de los amplificadores demoníacos de sonidos bajos que parecen emerger del inframundo cajuelero de los autos cholos, haciéndonos vibrar nauseabundamente las tripas antes de que el oído los percate.

Sufrimos los males externos a nuestra casa aún antes de salir de ella. Llegando apenas a abrir la puerta encontramos banquetas agrietadas ondulantes e impropias para carriolas, bicis, patines o simplemente poder caminar sin ejercer destrezas de bailarines. La calle resulta insuficiente para los autos que la demandan (tanto para moverse, como para estacionarse); insuficiente para los árboles que la pueblan más como enfermería botánica que como el soñado "bosque urbano" que algunos ostentan; insuficiente para los cables que la enredan como telarañas metálicas o para los charcos omnipresentes de las aguas pluviales. Los muros y las fachadas hacen de portadores de la basura críptica del grafiti vándalo.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 19 de julio de 2011).


En el centro histórico de Guadalajara se pueden medir todos los días índices de ruido superiores a los 55 decibeles que marca como máximo recomendable en espacios abiertos la Organización Mundial de la Salud.

La falta de alternativas de movilidad y de regulación del tráfico de automóviles saturan las calles de nuestro centro de un tránsito mayoritariamente de paso. Los espacios para estacionar autos están rebasados por una demanda fuera de control. Las calles aledañas a Obregón están cubiertas de franeleros que guardan el estacionamiento para autobuses que todos los días vienen a abastecerse de mercancías en una zona que se consolida como uno de los centros de distribución de fayuca y piratería más grandes del país.

Aunque gran parte de las banquetas fueron mejoradas ya se ven desperfectos por falta de mantenimiento y algunas rampas recién remodeladas lucen invadidas por puestos de periódicos sin regulación alguna. En Esteban Alatorre una lamentable ampliación de la banqueta dejó postes de electricidad y telefonía al centro del área de circulación peatonal neutralizando la que pudo ser una mejora.

El Parque Morelos sufre el abandono de los lotes que fueron comprados por el municipio para las fracasadas Villas Panamericanas.

El intento de ordenamiento de comerciantes ambulantes asignándoles un local en el sótano de la Plaza Guadalajara fracasó ante la ausencia de clientela. Esta plaza ahora funciona más como bodega de vendedores que han vuelto a las calles.

Felipe Reyes
(v.pág.46 del periódico Milenio Jalisco del 22 de julio de 2011).


Por el uso inadecuado que se les da a las papeleras que están colocadas en el primer cuadro de la ciudad, el Ayuntamiento de Guadalajara ha marcado como focos rojos algunos sitios dentro del programa Sistema Centro Histórico Limpio.

De acuerdo con Magdalena Ruiz Mejía, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Ecología del municipio tapatío, en algunas zonas, tanto los propios vecinos como los dueños o encargados de comercios utilizan las papeleras como botes de basura particulares, lo que favorece que estos recipientes se saturen más rápidamente.

(V.pág.1 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 4 de agosto de 2011).


Siempre he sido enemigo de cambiarle el nombre a las calles; es una de las formas más perversas del ejercicio de poder, pues nos imponen a todos el criterio del gobernante. Pero más allá de eso, la razón de peso es histórica: cada que se le cambia el nombre a una calle se pierde un pedazo de memoria. Guadalajara ha perdido mucha de su identidad en estas faenas políticas en las que el que llega quiere dejar huella, o peor, pagar favores propios con sombrero ajeno.

Los nombres de las calles tenemos que verlos como un patrimonio, como un rastro de historia de la ciudad. Justamente por no entender lo que valen los nombres perdimos referencias urbanas, datos históricos que harían más comprensible la ciudad. Si Chapultepec se llamaba Lafayette era justamente porque ésa era la colonia Francesa; si Guadalupe Zuno se llamaba Bosque, es porque ahí comenzaba el Bosque de Santa Eduviges. Si Enrique Díaz de León se llamaba Tolsa, era justamente porque ésos eran los terrenos de la Familia Tolsa (nada tiene que ver, por cierto, con el arquitecto Manuel Tolsá que construyó el Hospicio Cabañas). La Calle 16 de Septiembre era San Francisco, por el templo del mismo nombre. A Laureles en Zapopan, le cambiaron el nombre por Juan Pablo II, aunque nadie le diga así. Como estos, hay cientos de ejemplos en la ciudad que ha ido perdiendo sus referencias por calenturas políticas del momento.

Hay que quitarles ya a los ayuntamientos esa absurda atribución de destruir memoria.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 9 de agosto de 2011).


Ciudadanos que últimamente abundan por las calles, con sus altas camionetas, de imponentes llantas y otros elementos que se ganan un lugar en el estereotipo de patán que acelera en plena lluvia y poco parece importarle los que andamos por banqueta. Y es que una vez más la ciudad de Guadalajara se ha convertido en un verdadero parque acuático (con toboganes, albercas y chapoteaderos en cada esquina).

Negrito Sandía
(v.pág.48 del suplemento "Ocio" del periódico Milenio Jalisco del 12 de agosto de 2011).


Hoy el problema es que tenemos empresas con derechos adquiridos que viven de usufructuar una graciosa concesión de las autoridades de un bien que es nuestro. Además de los propietarios de las empresas hay un gran número de propietarios de predios donde se desplantan las estructuras de los anuncios que reciben una renta y que no pagan impuestos por ello. La maraña de intereses no es menor y esa es la causa fundamental de que un simple problema de autoridad se convierta en un grave tema político y urbano.

Hay 2 formas de ver el problema. Uno, como lo hizo la ciudad de Sao Paulo, en Brasil, es considerar el cielo como un bien público en el que todos tienen igual derecho a su disfrute o a su usufructo. Así pues, si a alguien se le permite tener una estructura de espectacular en su terreno se le debería de permitir a todos sin excepción, por lo que sólo tenían 2 opciones: o liberar absolutamente los permisos para espectaculares, lo cual iba a acabar no solo con la ciudad sino con el negocio, o se prohibía definitivamente todo tipo de espectaculares. Optaron por lo segundo y la ciudad se limpió en cuestión de semanas. El otro es administrar el bien público en función de los intereses de la ciudad. La ciudad tiene todo el derecho a decidir dónde, cuánto, y de a cómo cobrar los permisos para este tipo de anuncios. Y aunque estas definiciones implicarán problemas jurídicos, alguien tiene que comenzar a hacerlo.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 15 de agosto de 2011).


Borran 49,000 graffitis.

¿Por qué no mejor borrar a los graffiteros? Son el problema raíz, si no acaban con ellos, se la van a pasar gastando pintura con nuestros impuestos.

Víctor
(v.pág.4 "Comentarios a mural.com" del periódico Mural del 25 de agosto de 2011).


Las deficiencias en el servicio de transporte público convencional tapatío son infinitas como para enumerarlas y no parece que ninguna ley aplique para que los transportistas al menos reduzcan la brecha de años luz que los separa de un sistema de calidad; los proyectos de líneas troncales de transporte masivo se enredan fácilmente en líos políticos, nunca se concretan y si de casualidad lo hacen son susceptibles a cancelación aún con el presupuesto en la mano; nuestras banquetas pueden tener un agujero enorme por meses sin que nadie haga nada y si están en buen estado seguro estarán invadidas por autos estacionados, normalmente sin autoridad alguna que se atreva a levantarlos.

Felipe Reyes
(v.pág.46 del periódico Milenio Jalisco del 2 de septiembre de 2011).


Peatones y conductores somos víctimas del desorden irresponsable; causa de accidentes, más de alguno irreparable.

La desesperación de conductores induce al uso de espacios, sin mediar la distancia adecuada entre el vehículo que va delante; impera la imprudencia de conductores intentando ocupar el carril cercano en espera de obtener mayor agilidad en el tránsito.

Esos mismos espacios, aun los más reducidos, son aprovechados por motociclistas y ciclista en audaces maniobras que ponen en peligro su seguridad personal más la de sus pasajeros, que en la gran mayoría viajan sin el casco protector.

La velocidad continúa siendo la mayor amenaza. La batalla contra el tiempo es ineludible. Los trayectos de 15, 30 o 45 minutos fácilmente se duplican y en las llamadas horas pico resultan impredecibles. Camiones urbanos de pasajeros, en su intento de ganar usuarios, cubrir horarios o simplemente emplear como arma su potente máquina, lanzan su vehículo sin el mínimo cuidado.

Existen las advertencias de no ocupar sitios como estacionamiento, con pena de multa por la infracción, pero, como tantos, son letra muerta. A cambio proliferan los puestos ambulantes, ocupando espacios en banquetas y arroyos; éstos sí, con vendimias de comida cuya calidad e higiene carecen de control.

Los agentes de Policía Vial son insuficientes para cumplir su cometido de control y servicio a la población angustiada por un tránsito peatonal y vehicular sin precedente.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 4 de septiembre de 2011).


Para quien no conoce la ciudad, desplazarse dentro de ella resulta un verdadero acertijo. Hay poca señalización orientadora y mucha de la que existe no lleva al lugar que uno quiere. Así, por ejemplo, si alguien va en automóvil del centro de Guadalajara a la Nueva Central Camionera, se encuentra con que es un laberinto entrar al nodo vial Revolución, por lo que puede equivocarse para tomar la ruta correcta de ingreso a la terminal de autobuses. O si viene en sentido contrario, bien puede llegar a Zapopan en lugar de al primer cuadro tapatío. Y si el visitante se encuentra en éste y busca llegar a algún sitio en especial a pie, en bici o en autobús, sólo le quedará encomendarse a la buena voluntad de los tapatíos para que lo encaminen correctamente.

Ahí está el ejemplo de la carretera Chapala-Guadalajara, donde se ubica el aeropuerto internacional. Quienes arriben por ella con destino a la metrópoli se encontrarán con un mosaico saturado de anuncios espectaculares en una curva, que distraen la atención de las pocas señales de orientación existentes.

La carretera Chapala-Guadalajara es el ejemplo de lo que no debe hacerse: predominan los anuncios de fraccionamientos, hoteles, restaurantes y hasta de universidades particulares, con apariencia de señales viales: "Universidad Panamericana a 29 kilómetros", indica un letrero con una flecha que señala hacia donde está el campus del ITESM mientras otro marca un retorno para que la gente sepa cómo llegar al hotel Howard Johnson, a la altura del parque Montenegro.

Omar Ruiz Gutiérrez, quien es diseñador gráfico de profesión y estudió un doctorado en Ciudad y Territorio, explicó que a Guadalajara se le puede aplicar la etiqueta que usan los teóricos en comunicación visual: "Es una ciudad-anuncio", como se dijo en su momento de Barcelona, donde ya se corrigió en parte ese problema.

Quienes vivimos en la ciudad "ya nos acostumbramos" a desplazarnos sin señales de orientación. A veces la gente pregunta, a veces se pierde, a veces alguien sí orienta en forma adecuada, pero a veces, también quienes atienden alguna pregunta de orientación, acaban por perder a los visitantes o a los neófitos locales.

(V.pág.6 del periódico Milenio Jalisco del 7 de octubre de 2011).


Los letreros más importantes y visibles que nos encontramos, en lugar de indicarnos la ruta que debemos seguir para llegar a la avenida fulana o a la zona zutana, nos indican como llegar, por ejemplo, ¡a Nogales!

¿Para qué nos sirve dentro de la ciudad el dato de cómo llegar a una ciudad fronteriza que se encuentra a miles de kilómetros de distancia?

Guadalajara es tan grande ya que, aunque se haya vivido aquí toda la vida, hay lugares en los que definitivamente uno puede perderse, particularmente de noche, ¡y en ese caso no sé de qué nos sirve un letrero que nos diga cómo llegar a Tepic!

No parece que se apliquen criterios sistematizados para los señalamientos viales. Aparentemente cada municipio, o cada que se hace una obra pública, pone y quita letreros de forma intuitiva, variando las normas de diseño y jerarquización de la información de un lugar a otro.

Por ello vemos letreros con tamaños de letra distintos, con dibujos de calles y flechas curvas de salidas complicadísimos de entender mientras manejamos, o que priorizan extrañamente la información vial, con poca o nula anticipación, y muchas veces anteponiendo señalamientos de empresas privadas o de importancia secundaria a las de las principales avenidas y lugares públicos.

Es más fácil por ejemplo, saber cómo llegar a la Universidad Panamericana que a la Avenida Vallarta.

No entiendo esa obsesión de las autoridades de Vialidad de decirnos mil veces cómo llegar a Nogales y ocultarnos cómo llegar al aeropuerto.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 13 de octubre de 2011).


Hay que ser bien hipócritas, ocultar como somos y mostrarnos como deberíamos ser. Y para lograr esta imagen de ciudad feliz, culta y decente, y que obviamente no se parece en nada al DF.

Hay que hacer como que no hay embotellamientos, que las avenidas a propósito son de un solo carril y que los otros coches que están ahí parados, están simplemente estacionados. Afortunadamente los visitantes no van a ver los topes y los baches, porque los coches atorados en el tráfico los ocultarán. Que es una ciudad bien segura, que los espejos y molduras de los coches son rentados y cada mes vamos otra vez por ellos a la calle de Los Ángeles. Que no hay inundaciones, Plaza del Sol es la Venecia de Occidente.

A los noticieros de radio y TV y a los periodistas: que si se enteran que algo pasa (de lo que siempre pasa), que no lo digan, que se hagan tarugos, que hablen de lo bonito de la FIL, de la Expo ganadera, de la Romería, de los puentes nuevos, de los estadios... en fin, de lo de relumbrón.

Alberto Martínez Vara
(v.pág.6 del periódico Mural del 13 de octubre de 2011).


La seguridad y la movilidad son el coco de Guadalajara en este momento, pero si nos comparamos con otras ciudades del país e incluso de América Latina, no salimos tan mal librados. La sustentabilidad es quizá en lo que menos hemos avanzado: no tenemos fuentes de agua aseguradas, tenemos una contaminación bestial y una cantidad de autos por habitante como ninguna otra ciudad de este país.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 31 de enero de 2012).


Prácticamente han sido 5 días con cielo nublado y lluvias intermitentes en la zona metropolitana de Guadalajara. Pero desde siempre hemos sabido que no es necesario esperar hasta el temporal para que en nuestra ciudad se haga honor a un par de viejos dichos, típicos entre los tapatíos: "Bienvenidos a Bachelajara" o "Guadalajara lo recibe con los baches bien abiertos".

Basta salir y circular en cualquier calle o avenida para darnos cuenta de las malas condiciones del asfalto. Si no quiere batallar con los baches, puede trasladarse por las atestadas pero remozadas avenidas de concreto hidráulico que tenemos de estreno luego de los Juegos Panamericanos.

Los más valientes se atreven a circular por puntos de la ciudad como Periférico a la altura del Tutelar; Periférico y la Calzada Independencia, la Zona Sur de la ciudad y, para finalizar, el lado Oriente de la metrópoli, donde calles como Álvaro Obregón, Felipe Ángeles y Plutarco Elías Calles, lucen en pésimas condiciones.

A pesar de esto, a algunos automovilistas poco les importa llevarse la suspensión por delante, con tal de pasar rápido.

(V.pág.3-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2012).


Pocas ciudades tienen un centro tan inhóspito como el nuestro: banquetas invadidas, coches estacionados por ambos lados de la acera, mobiliario urbano descuidado, etc.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 29 de febrero de 2012).


Hace poco en la Colonia Americana un joven, por culpa de un bache, se reventó la clavícula contra el asfalto. "Lamentablemente un factor que motivó la acción fue el accidente de un amigo, con quien pedaleaba tranquilamente por la calle Mexicaltzingo, casi esquina con Rayón, él cayó de su bicicleta fracturándose la clavícula en cuatro partes y con necesidad de cirugía de una placa y cuatro clavos para reconstruirle el hueso quebrado. Pues un bache de proporciones gigantescas fue el causante del accidente, logrando que mi amigo perdiera el control de su bici quedando desmayado a media calle", escribe Edgar Vallín.

Así surgió hace poco el grupo de "Adopta un bache" en Facebook (http://www.facebook.com/groups/181732075273359/ ) y el hashtag o clave numérica #adoptaunbache en Twitter. Me encantó y acompañé el proyecto de inmediato.

El bache es tan democrático que logra unir a enemigos acérrimos de la jungla de concreto: el automovilista, el peatón y el ciclista, enemigos a muerte, son todos víctimas del depredador máximo del asfalto: el rey bache. Don bache rompe por igual los rayos de las bicicletas, las suspensiones de los automóviles y las clavículas de sus víctimas de carne.

Y don bache está en todas partes. El estado catastrófico de las calles es innegable por más que, paradójicamente, se presuman unas cuantas vialidades de concreto hidráulico. ¿De que sirven 5 metros de supercarretera en medio de lo que parece Chechenia?

Las calles que no alcanzaron concreto asfáltico, es decir, la mayoría, se quedaron sin presupuesto porque aquí todo se lo gastan en sueldos de "aviadores"; perdón, quise escribir de asesores para campañas políticas o en obras de relumbrón.

El problema de mayor gravedad es que los baches sí son peligrosos, además de que resulta muy inocente creer que las autoridades tapatías van a pagar los daños que causan. No tienen para tapar los baches, van a tener para pagar daños a terceros.

Las acciones de "Adopta un bache" atacan justo ese problema, son simples y van ligadas a la prevención. Se selecciona una colonia cada sábado y se pinta el borde de los baches más grandes para hacerlos visibles y ayudar a prevenir accidentes.

He acompañado este proyecto a lo largo de sus dos primeras jornadas; en la primera eran apenas unos seis estudiantes, la semana pasada una decena de personas, incluidos padres de familia e hijos adolescentes, a este grupo se sumaron vecinos y pintaron contentos sus baches, hartos de caer en ellos. Claro que hubo quien llamó a la policía pensando que se trataba de un grupo de vándalos con graffiteras intenciones, pero el incidente es aislado y menor, la mayoría de los vecinos entienden de inmediato la idea y la apoyan con alegría.

Jorge Zul de la Cueva
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 7 de marzo de 2012).


¿Quiénes son los responsables de tanta basura?

Bueno, bueno parece una pregunta fácil de hacer y más fácil echarle la culpa a la gente sucia y mal educada, pero en realidad hay muchos responsables, que deben de meter las manos para que tengamos menos "cochinero" en las calles de la ciudad.

Un hecho ineludible y por demás evidente, es el cómo quedan los espacios después de un evento masivo. Toneladas de desechos de gran variedad, desde envases hasta restos de todo tipo de alimentos embarrados en el suelo.

No hay botes suficientes para tanta basura, no hay más que meterlas en camiones e irla a tirar a las afueras de la ciudad, en los susodichos basureros municipales, que dicho sea de paso, son un verdadero asco.

¿Son responsables los que nos dan los vasos desechables, o los que los arrojan al suelo después de usarlos?

Las miles de bolsas de plásticos y todos los empaques publicitarios y decorativos de cuanto se nos ocurra, acaban por ser basura. ¿Y quiénes son los responsables?

La verdadera basura no son las hojas de los árboles que las doñas se sienten obligadas a barrer todas las mañanas en las banquetas y patios de las casas, sino los cochinos envoltorios de toda la chatarra que comemos, los residuos de refrescos que bebemos, como camellos sedientos, enfrente de los tendajones y changarros.

Urge llamar la atención por esta epidemia de basura que nos conquista e invade camellones, parques, avenidas y nuestros propios hogares.

Guillermo Dellamary
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 18 de marzo de 2012).


Podría pensarse que la recomendación de Rodrigo, experto en detallado automotriz, es sensata: lo mejor -dice- es circular despacio para tener tiempo de ir esquivando los baches. Pero circular por Santa Tere (o la colonia Villaseñor, si se quiere ser formal) es la prueba de fuego para confirmar que, de plano, no se puede. Y no se puede porque la densidad de baches por cuadra rompe con el promedio que podría ser tolerable. No hay manera, aún manejando despacio, de esquivarlos. Y es que algunos incluso parecen esconderse y aparecer cuando ya no hay más que resignarse. ¿Y, entonces, mejor no manejar?

La opción de subirse al transporte público para evitar los baches sólo puede tener éxito en el caso del Tren Ligero y el Macrobús. En los demás casos el asunto se maximiza: a la mayoría de los camioneros y minibuseros parece no importarles que su unidad caiga en un bache. O quizá han creado una especie de resistencia, pues a ellos parece irles bien cuando comienza el zangoloteo y la sucesiva caída de las llantas en cuanto bache existe en la ruta. Es un asunto serio cuando se entera uno de casos en los que sobre todo personas de la tercera edad se han lastimado la columna cuando el camión cayó o brincó en un grosero obstáculo. Los más expertos recomiendan nunca sentarse en la fila de hasta atrás pues dicen es donde más seco se siente el golpe. ¿La bicicleta entonces?

Cuando recién han "bacheado" la calle, si lo hicieron más o menos bien, lo que sucede es que los hoyos se convierten en "montecitos", por llamarlos de alguna manera. Bordes, topes involuntarios que hacen que cuando cualquier auto circula por ahí, baile y brinque igual o peor que si hubiera baches. Es un tema así de sencillo: hoyanco o bordo, en ambos casos lo que no es parejo es chipotudo. Y quien piense que si va uno en bicicleta el problema está resuelto, se equivoca. Basta circular sobre la calle Justo Sierra, en el tramo que va de Américas a López Mateos. Es un horror el bailoteo y el que lo resiente es el trasero. Si alguien piensa que subirse a la banqueta soluciona las cosas está equivocado: también en la banqueta hay baches, bordes, raíces de árboles, concreto roto y cientos de autos subidos de todas las formas posibles, lo que hacen imposible que circulen cómodamente ya no digamos bicis, sino peatones. Ni hablar de los que necesiten andar en silla de ruedas. ¿Y ahora?

David Izazaga
(v.pág.10-B del periódico El Informador del 25 de marzo de 2012).


La proliferación del ambulantaje en las calles, originalmente peatonales y previstas a ofrecer imagen de identidad con dignidad al Centro, en la realidad están convertidas en mercado carente de control solapado por disimulo a la venta de productos con potencial ilegalidad, carentes de autenticidad, origen y sin la debida cobertura de impuestos por las operaciones de compras y ventas.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 26 de marzo de 2012).


En buena parte del tejido urbano de Guadalajara se dispusieron, históricamente, sobre ciertas fracciones de los lotes particulares, "servidumbres". Áreas de la propiedad que, en función del interés público, deberían guardar ciertas características. Mantenerse libres de construcción y estar sembradas con adecuadas especies vegetales serían los principales rasgos determinados para estas franjas de terreno.

El establecimiento de estas servidumbres, de estas limitaciones a la propiedad privada, tiene diversos fines. No se trata simplemente de propósitos fisonómicos o de ornato, aunque éstos sean importantes. Los lineamientos pueden atender también a objetivos sanitarios, de aeración y asoleamiento, de seguridad, de eventuales ampliaciones del espacio público. Su implantación contribuyó fuertemente al carácter y las bondades de los entornos.

Este último caso es el de la zona de las viejas colonias tapatías. En ellas, los principios de la ciudad jardín, tropicalizada desde Inglaterra, dieron pie a masas construidas armoniosas y ordenadas y, sobre todo, rodeadas de abundante vegetación. El beneficio público del ejercicio de estas servidumbres es todavía evidente.

Sin embargo, desde hace décadas se observa una gradual erosión de estos espacios "ganados" a favor de la ciudad y sacrificados en pro de los intereses particulares: lo más usual es que estas servidumbres ajardinadas den paso a estacionamientos vehiculares dispuestos de cualquier modo o a diversos tipos de construcción. Nunca se ha hecho la cuantificación de las decenas de miles de metros cuadrados de áreas verdes indispensables para la ciudad que estas servidumbres perdidas han supuesto. Es tiempo de contabilizarlas y de cuidarlas. Porque el establecimiento y la observancia de estas servidumbres constituye un activo público.

Resulta ahora desgraciadamente usual ver cómo se pierden y se construyen estas servidumbres que tantas bondades aparejaban.

Juan Palomar Verea
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 4 de abril de 2012).


Una reciente y, por fortuna, brevísima incursión al Centro de Guadalajara, en estos días en que la ciudad canjea a buena parte de sus habitantes por visitantes que la eligen como destino vacacional por razones que cada vez me parecen más difíciles de conjeturar: ¿qué esperan hallar aquí, qué les han contado, qué se proponen descubrir? Mi experiencia es la de un visitante del Centro que inevitablemente ha de cotejar cada nueva vivencia de ese espacio con el recuerdo de tiempos en que esas vivencias constituían lo cotidiano: ahí viví más de un cuarto de siglo y, aparte de cualquier idealización propia de la contemplación a la distancia de la infancia o la juventud, no puedo sino encontrar decadencia, deterioro, abandono, horror y hostilidad crecientes. Pero ¿qué ven esos visitantes, con qué impresiones se quedan?

Habría que preguntarles, claro, pero lo que me temo es que prevalezcan las impresiones de una ciudad enemistada consigo misma, revolcada en la suciedad inconcebible en la que se place, crispada y agresiva, vociferante y, en suma, temible. No hay en el Centro, prácticamente, rumbo o estación que, pudiendo ser armoniosos y disfrutables, no se vean pronto corrompidos y estropeados por lo que Philip Roth llamó "la mancha humana": la huella o la presencia de quienes estamos o pasamos por ahí para emporcarlo todo, para empujar lo que esté por caerse, para afear de una vez lo que aún no sea del todo horrible, para pasar unos encima de otros en nuestras ansias de desastre. El Centro no era lo que es, no me cabe duda.

Y lo que es resulta sencillamente indefendible.

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 5 de abril de 2012).


Lo que sobresale de la Guadalajara actual, por desgracia, es el desaseo: un fenómeno que retrata, en la imposibilidad manifiesta de mantener en calles, banquetas y fachadas un grado mínimo aceptable de limpieza, la desidia de los lugareños y su desamor por la casa común.

Al margen de ese reproche, por supuesto, hay lugar -no faltaba más...- para el correspondiente a las autoridades municipales, especialmente porque al principio de la administración que ya va de salida, con tal de justificar las "inversiones" millonarias que se hicieron, en teoría, para contratar a una empresa extranjera que aportaría equipamiento y asesoría para tan deseable efecto, se comprometieron a hacer de Guadalajara "la ciudad más limpia de México"...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 10 de abril de 2012).


Los robos no son lo que más afecta a las 134 fuentes de la ciudad, sino su constante contaminación por parte de los mismos habitantes que tiran ahí basura, como botes, bolsas, incluso pañales, lo que ensucia el agua.

La fuente de Américas y Avenida México presenta una particularidad: es continuamente ensuciada por los lavacoches de la zona, quienes, según la Dirección de Mejoramiento Urbano, la utilizan como lavadero de sus trapos y utensilios.

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 18 de abril de 2012).


El desaseo se ha convertido, para mal, en señal distintiva de Guadalajara... y -¡qué pena!- de sus habitantes. (Una pena porque tiempos hubo, Señor Don Simón, en que Guadalajara se significaba por la limpieza, y los tapatíos se caracterizaban -ahí donde los ven...- por la pulcritud)... Con el ánimo de revertir esa creciente tendencia a lo cuachalote, ha habido de todo: desde aquella campaña, meramente verbal, del municipio, que aseveraba que "En Guadalajara, la limpieza va en serio", hasta la inversión que hizo la administración saliente en basureros "inteligentes" -según eso...-, con los magros resultados que constan en actas.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 15 de mayo de 2012).


La Perla Tapatía ahora es la "ciudad de las fosas" por tantos baches existentes. Los señalamientos verticales y horizontales (balizamiento) le corresponden a la H.Secretaría de Vialidad y desgraciadamente adolecemos de ellos; cuando manejas por las noches no puedes atinar a saber si vas por tu carril o vas a pegar en la acera, ya que la iluminación de las mismas arterias es tan pobre que ocasiona un sinfín de accidentes.

¡Cómo es posible que las ciudades colindantes a esta capital, como son Colima, León, Aguascalientes, Morelia, etc., que nos envidiaban, estén mejor balizadas y con mejor nomenclatura que ésta que nos vanagloriamos de presumir como la segunda ciudad del país!

Arturo Díaz
(v.pág.4 "Cartas del lector" del periódico Mural del 24 de mayo de 2012).


A la ciudad le hace falta recuperar su cultura cívica; ceder el paso al peatón, respetar al ciclista, no invadir banquetas, sonreír más seguido. También le urge un redensificación urbanística y mejorías en su sistema de transporte público metropolitano.

Héctor Padilla, jefe de prensa de la Secretaría de Vialidad
(v.pág.2 del suplemento "Ocio" del periódico Milenio Jalisco del 8 de junio de 2012).


Guadalajara, hace medio siglo, era una ciudad cuyas calles se significaban, precisamente, por su limpieza. Hace 40 años era una ciudad modelo por el sistema de aprovechamiento de la basura: se limpiaba y separaba el cartón y papel, el metal y el vidrio, susceptibles de reciclaje; la basura orgánica se transformaba en composta (mejorador de suelos), y el resto se confinaba de manera inocua para el ambiente. El proyecto se permutó por otro más mexicano, aunque menos eficiente: la anarquía. La Ciudad Limpia -así, con mayúsculas- que llegó a ser aquella Guadalajara devino en el mugrero que es actualmente, y que desdice tanto de la pulcritud (y el civismo, de paso) de sus habitantes, como de la eficiencia de sus gobernantes, encargados, en teoría, de suministrar los servicios básicos.

Deambular, hoy, por las calles del centro histórico de Guadalajara, es deprimente y vergonzoso: es una experiencia de la que puede quedar exento un candidato, que circula por las calles en camioneta con aire acondicionado, pero que constata, con pena, el ciudadano común a cada paso.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 13 de junio de 2012).


Leo en las respuestas de los candidatos sobre cómo incrementar el turismo.

Yo les diría, a los 4 y al que gane, que si mantienen limpia la ciudad de Guadalajara, el turismo, seguro se incrementaría, llegando a ser como Morelia, o Querétaro.

A mí me da vergüenza recomendar Guadalajara, el centro está puerco y lleno de ambulantes.

Ricardo Alfonso
(v.pág.4 "Cartas del lector" del periódico Mural del 14 de junio de 2012).


Por desgracia nuestra ciudad es en la actualidad un verdadero desastre, un soberano caos. De ser una ciudad amable, apacible y de la cual sus habitantes se sentían orgullosos, en el hoy ven con temor y tristeza todo lo que está sucediendo. Por la inseguridad que impera y tanto robo, tantos ejecutados y secuestros, sus habitantes, los buenos, ya no salen, están tras las rejas que en sus casas mandaron poner en puertas y ventanas, y los malos andan libres haciendo sus fechorías a pesar de los cientos y cientos de policías que se tienen.

Pero para que vea lo ruidosa e insegura que es nuestra ciudad pongamos un solo ejemplo ¿no ha tenido la curiosidad de contar las veces que en un solo día escucha la sirena de una ambulancia que a toda velocidad va a recoger algún herido o muerto que produjo algún choque o accidente de transito? De día o de noche, a toda hora, ¿no ha visto y escuchado a las 5 o 6 patrullas que con su sirena abierta y a todo volumen van a algún banco o negocio que es asaltado? o en pleno día ¿no ha escuchado la campana y la sirena de algún o algunos carros de bomberos que van a prestar servicios por algún incendio que por accidente o provocado, desquicia toda una zona habitacional rompiendo la tranquilidad y la paz de sus habitantes y agréguele a todo lo anterior las múltiples llamadas telefónicas que a diario se reciben en las horas más inoportunas, de los partidos políticos para que voten por sus candidatos.

¿Cree que con lo anteriormente narrado a nuestra ciudad podemos hablar de amabilidad o de tranquilidad para vivir?

Adolfo Martínez López
(v.periódico El Informador en línea del 17 de junio de 2012).


La civilidad básica se ha perdido de las calles tapatías. La gente se estaciona en donde le pega la gana y es frecuente ver a los peatones bajarse al arroyo de la calle a favor de un imbécil que ha juzgado que allí le conviene estacionar su coche por el tiempo que mejor le parezca. Así es que la propuesta es muy sencilla: que los inspectores de estacionómetros tengan las facultades y las funciones necesarias para sancionar no nomás a quien no tuvo cambio para el aparato o no depositó en él dinero, sino también a todo aquél que haga mal uso del espacio público. Estorbos que anuncian cosas, coches, puestos, canceles que impiden el tránsito, banquetas rotas (que son responsabilidad de cada vecino), etc.

Que operen en donde haya estacionómetros y en donde no. Los niveles de convivencia se deterioran grandemente en donde el espacio público y la civilidad no son respetados.

Juan Palomar Verea
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 27 de junio de 2012).


Mirar de frente y con atención, por el parabrisas, resulta insuficiente. Inevitablemente las llantas entrarán en 1, 2 o muchos más de los inmensos baches de la Perla Tapatía.

Da igual si es una calle privada o una avenida concurrida. El constante paso de las moles de acero y el agua del temporal alimentan las cada vez más grandes fracturas de la carpeta de rodamiento.

La llave entra en la ranura de encendido y el motor del auto ruge, aunque con miedo, por el futuro incierto que le depara a su suspensión. El recorrido inicial sobre la Calzada Lázaro Cárdenas, desde la calle Roble y rumbo a la carretera a Chapala, es relativamente simple sobre la -no obstante, imperfecta- llamada "vía rápida".

El destino: Fuelle. Es una de las vialidades que mayores reportes por mal estado recibe este medio, y que a decir de los lectores, requiere intervención inmediata. El panorama al acercarse a esa calle involucra a no pocos vehículos de carga, y el acostumbrado paso de unidades del transporte público.

"Por eso están las calles como están", expone un empleado de una refresquera próxima al lugar, quien pide no ventilar su nombre. Desde su óptica, el actuar de las autoridades en ese sitio es ineficiente, pues al ser paso obligado de tráileres de carga, el asfalto constantemente se estropeará, lo que "les traería a vuelta y vuelta": una tarea poco atractiva, asegura, para quienes se hallan en la función pública.

El recorrido es, ciertamente, accidentado. Los que antes eran baches hoy tienen condición de pozos que demandan pericia a los conductores.

Tráfico constante, semáforos en rojo a cada calle recorrida, accidentes ocasionales, patrullas o ambulancias que demandan paso inmediato al hacer sonar sus sirenas, son parte del obligado padecer diario del automovilista metropolitano. Pero es el temporal de lluvias y los baches que éste provoca son lo que, indudablemente, mayor molestia genera al ciudadano.

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 14 de julio de 2012).


En este temporal de lluvias, es tan común que a las primeras gotas de agua, haya apagones, los teléfonos se descomponen, aparecen los baches enormes en las calles, se descomponen los semáforos y la vialidad se vuelve intransitable debido a las inundaciones.

Tal parece que entramos en zona de desastre. Estoy hablando de una ciudad que tiene una precipitación pluvial a partir del mes de julio y hasta el mes de septiembre. 4 meses del año, en el que llueve constantemente, todas las tardes, con vientos huracanados algunas veces, ventiscas y de vez en cuando, trombas.

Pero a pesar de eso, nuestra ciudad de Guadalajara, nunca está preparada para esas lluvias. Cada año, los tapatíos padecemos toda clase de incomodidades en las que las lluvias son las causantes de ellas.

Parece que el gobierno no cuenta con un programa especial para los casos de inundaciones, caídas de árboles, cuadrillas especiales que auxilien de inmediato al ciudadano, es más, ni un programa de prevención contra este fenómeno que se repite año con año.

Trinidad Terrazas Gastélum
(v.pág.31 del periódico Milenio Jalisco del 20 de julio de 2012).


Vacaciones en la ciudad.

(V.pág.2 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 9 de agosto de 2012).


El arte urbano de Guadalajara continúa con su intensa y prolifera creatividad al compartir su sublime encanto por hacer hoyos en el pavimento, tanto como los grafitos en las paredes de cualquier barda.

Los hay de muchas formas, unas espontáneas y unas mas aparecen con reiterada insistencia, con la misma figura de antaño pero con decorosas innovaciones.

Su belleza es incuestionable, provoca en los conductores y transeúntes una singular emoción que sólo la escultura puede provocar con sus suculentas estructuras.

En vez del lienzo, la madera, la cantera o el fierro. Los baches se hacen en el pavimento, se esculpen a base de instrumentos poco comunes en manos del artista, las susodichas llantas, que con el peso, van configurando las caprichosas curvaturas y desquiciantes grietas, que a la postre acaban por delinear una figura, digna de ser transportada a los mejores museos de arte moderno. Que tal vez, aún no han descubierto el talento que existe, en la Perla Tapatía, para crear tantos y de tal variedad.

El estremecedor efecto que produce en el cuerpo humano es de indiscutible valor, pero tiene su natural compensación en las elegantes y moldeadas curvilíneas denominadas topes. Unas protuberancias bien configuradas y de colores diversos, que hacen elevar, casi en forma natural, las mejores emociones de los distraídos conductores. Tienen la gran facultad de producir aletargamiento o lentitud, sobre todo para los que tienen prisa. Es una emoción de exquisita presencia y de inaplazable utilidad.

Entre baches y topes el arte urbano crece con propuestas de enorme carácter y de contundente impacto. Su frenética reproducción hace que nuestro ambiente respire un aroma de exquisita dulzura y de amarga entrega.

Caer en un bache se siente tan perfecto, que ni los más ingenuos y cándidos podrían dejar de reconocer su vital aportación al engrandecimiento de la vida cotidiana.

No deje de asistir al museo abierto, gratuito y novedoso de baches y topes. Sobre todo si cae en ellos, verá cuan única es una experiencia estética de esta naturaleza.

Por favor no lleve su auto es peligroso.

Guadalajara, la ciudad del bache y el tope. Gran exhibición, no falte.

Guillermo Dellamary
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 2 de septiembre de 2012).


El bache tapatío.

Los baches en la cinta asfáltica se han convertido en aliados de los asaltantes de camiones de carga pesada, ya que al verse obligados a circular a baja velocidad, los operadores son blanco fácil.

Desde hace 2 años los operadores de las unidades de carga maniobran entre baches, asaltantes y desperfectos mecánicos por las avenidas de la zona metropolitana de Guadalajara.

Cada día, 4 a 5 camiones en el estado reben ser remolcados por descomposturas en ejes, llantas, amortiguadores y otras reparaciones, cuyo costo oscila entre los 10,000 y 12,000 pesos.

(V.primera plana y pág.1 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 20 de septiembre de 2012).


La pobre Perla Tapatía parece de papel, nomás llueve y se destruye.

Negrito Sandía
(v.pág.48 del suplemento "Ocio" del periódico Milenio Jalisco del 12 de octubre de 2012).


Los mejores diseñadores urbanos se han dado cita para hacer más hermosa la visibilidad de nuestras calles y avenidas. Han decidido utilizar diversos tipos de cables, de tonos grises, pero predominantemente en negro, para colgarlos en postes especiales y entre algunos árboles.

Algunos han puesto énfasis en estirarlos bien, pero otros tienen el tino de dejarlos medio colgantes, lo que les da un toque más de belleza, al mostrar una caída curvilínea de especial seducción.

Las autoridades han puesto todo su esfuerzo para promover que se coloquen unos sobre otros, y que se puedan entrelazar. Lo maravilloso es que ciertos cables se pueden aprovechar del poste del vecino y ahorrarse el propio, eso con tal de poner su sello sin costo extra.

Hay cables de colores que sirven para hacer diablitos y los cuelgan de una manera tan estratégica que suelen robarse la energía de los cables principales sin costo alguno. Ese enjambre multicolor tiene una creatividad sui generis, va creciendo exponencialmente y acaba por convertirse en un mega enredo de complicada saturación.

No deje de tomarle fotos a los cables de su colonia y trate de valorar su aportación a la cultura estética de nuestra vida urbana.

Guillermo Dellamary
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 14 de octubre de 2012).


Según el presidente municipal de Guadalajara, Ramiro Hernández, hay registro oficial de 180,000 cráteres en las vialidades de la ciudad que buscan reparar, sin embargo, no hay recursos suficientes para ello.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 28 de octubre de 2012).


Si paseas con tu familia a las 10 u 11 de la noche por el centro histórico, estarás ratificando su desastrosa situación actual que ha promovido la existencia de vagabundos, quedándose muchos a dormir en las bancas o en los quicios de las puertas, además de pandillas que merodean provocando inestabilidad, incomodidad para el peatón que quiera o tenga necesidad de caminar por el centro a esas horas, dando una sensación de verdadero peligro.

José Manuel Gómez Vázquez Aldana
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 4 de noviembre de 2012).


Los verdaderos tragahumos somos los ciudadanos que circulamos por esta noble y leal ciudad (forma cursi de decir Guadalajara), pero sobre todo los peatones y ciclistas que vamos por las calles tragándonos el humo de los camiones.

Hace años, cuando los camiones contaminaban más, al menos el humo era más negro (el diesel salía casi sólido de los escapes de los camiones) se obligó a todas las unidades a tener una chimenea, un tubo de escape hacia arriba. Es cierto, aquellas nubes negras expulsadas con furia por los motores luego caía, o se atoraban es las hojas de los árboles y en la primera lluvia chorreaba el petróleo de las hojas, un espectáculo bastante asqueroso, pero se evitaba que todo aquello entrara directo a los pulmones del peatón, ciclista, motociclista o incluso los automovilistas.

Aunque usted no lo crea, existe una primera capa de contaminantes que no se disipa a una altura de 1.20 metros. Esta capa está generada por el calor y los contaminantes fundamentalmente de los autos, pero también y de manera muy importante por los camiones cuyos motores son más contaminantes y no usan convertidores catalíticos.

Aventar la chimenea de los camiones hacia arriba no resuelve el problema de fondo, pero sí mitiga esta especie de inversión térmica a nivel de piso.

Con el tiempo y el cambio de unidades se olvidó ese pequeño detalle. Hoy los autobuses y minibues "ecológicos" avientan las bocanadas de humo directo a la cara de quienes están en la banqueta o circulan detrás de ellos sin que ninguna autoridad levante la mano.

Las llamadas chimeneas se dejaron de poner en las unidades de transporte público porque era un gasto adicional. Los transportistas decidieron que mejor no se gastaban los 1000 o 2000 pesos y nadie les reclamó nada.

Los peatones (principalmente los niños) y los ciclistas nos tragamos el humo hasta de lo que es perfectamente evitable, el de los camiones. ¿Por qué desapareció la norma de la chimenea alta para los camiones? Porque a nadie le importa, porque son otros los que se tragan el humo.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 11 de diciembre de 2012).


La idea era pasear un rato el domingo por la mañana y, en particular, visitar el Ex Convento del Carmen para ver la exposición que estaba ahí.

En la esquina que forman unos arcos a la entrada del Ex Convento, antes de traspasar la reja de acceso, había un grupo de unos 8 o 10 jóvenes -ni modo: llega una edad en la que necesariamente hay que excluirse de ese término- tumbados a la sombra, evidentemente instalados ahí debido a ésta, en lo fresquecito, se veía que plácidamente. Alguno o varios, me pareció, traían instrumentos musicales, y por lo que su aspecto indicaba -ni modo: las llamadas "tribus urbanas" tienen características en las que se esmeran y por las que es inevitable reconocer determinadas vocaciones o querencias que las mueven- daban la impresión de ser habituales (no sé si espectadores o protagonistas) de la cosa cultural: esas actividades que mencionaba antes, preferiblemente callejeras, y que quizás puedan resumirse en la noción de lo "alternativo".

Cuando salimos de la exposición ya se habían ido, y en el espacio que ocuparon quedaba un auténtico marranero. Botellas de plástico y colillas y envolturas de lo que estuvieron tragando. Ninguno tuvo la iniciativa de, siquiera, meter la basura en una bolsa y dejarla en un rinconcito: ya habría sido mucho pedir. No será, entre todas las conductas que vuelven miserable la coexistencia del espacio público, la más reprobable (es peor matar gente), pero sí la más inexplicable, y la que más sencillamente da idea del desprecio que nos inspiran los demás, tanto como para que les emporquemos así la vida. Y si esto hacen estos jóvenes -ni modo- "alternativos" y culturalosos -ni modo-, bueno, qué se puede esperar.

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 7 de febrero de 2013).


Alcalde y Juan Manuel.

Pese a que en el primer cuadro de la ciudad hay decenas de papeleras y botes de basura, y que los peatones cumplen con tirar ahí sus desechos, hay personas que por pepenar dejan un tiradero, como ocurrió ayer en el cruce de Avenida Alcalde y Juan Manuel, a sólo unos pasos de la Presidencia Municipal tapatía y de la catedral metropolitana.

(V.pág.4 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 18 de abril de 2013).


Cuando me desempeñé como servidor público no encontraba la forma de que el presupuesto alcanzara para mantener decorosas las unidades deportivas del municipio zapopano y fuera del alcance de los grafiteros delincuentes -hay otros que son artistas urbanos- quienes no daban reposo a los esfuerzos realizado por las cuadrillas de trabajo.

En alguna ocasión de visita por alguna de aquellas unidades deportivas me abordo un grupo de madres de familia que se quejaba por tanto grafito en sus casas y centros deportivos, pero el caso es que en muchas de las ocasiones son sus propios hijos los que lo llevan a cabo, y cuando la Policía los sorprende y los detiene, son ellas mismas las primeras en tratar de proteger a esos pequeños y no tan pequeños delincuentes.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid, presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 13 de mayo de 2013).


Temporada de baches.

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 27 de mayo de 2013).


De Guadalajara, decía el ilustrísimo inge Enrique Flores Tristchler (entre otras tantas cosas), que era la ciudad que había inventado el pavimento soluble, porque a cada lluvia la mezcla asfáltica se desvanecía en la nada dejando enormes boquetes en su lugar.

Ha pasado una vida desde esas fantásticas declaraciones y no ha habido gobernador o presidente municipal que se haya preocupado por innovar un poco, por aplicar una tecnología mejor o un método menos timorato que el pavimento soluble para las calles tapatías.

Jorge Zul de la Cueva
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 11 de junio de 2013).


Esta ciudad que ahora se distingue entre las principales de la república por la suciedad de sus calles y banquetas -indicio de la dejadez de sus habitantes y de la incompetencia de las autoridades- se distinguió, en otros tiempos, por su pulcritud.

Alguna administración municipal, relativamente reciente, se interesó en el tema. Difundió los resultados -perfectamente creíbles, por lo demás- de una encuesta, según la cual los habitantes de la ciudad aplaudían que la autoridad aplicara, a rajatabla, las multas que establecen los reglamentos de Policía y Buen Gobierno, tanto a los ciudadanos que tiren basura en espacios públicos, como a los vecinos que no barran todos los días el frente de su casa... A la hora de la verdad, todo quedó en que se hizo famoso a un ciudadano al que se aplicó una multa de mil pesos por haber tenido la osadía de arrojar una colilla de cigarro frente a Catedral, en plena campaña de limpieza... y, de paso, a un seudocómico al que pagó alguna respetable cantidad por el uso de su vera efigie como emblema de una deleznable campaña propagandística con el eslogan de "En Guadalajara, la limpieza va en serio".

El asunto, según dicen, se retoma. Las notas informativas de la semana pasada hablan de que habrá una campaña de "socialización" para enterar a los ciudadanos de que el proyecto resucita y los reglamentos municipales se desempolvan. Se habla ya de multas "hasta de 129,000 pesos" a quien tire basura, y "hasta de 12,950" a los vecinos que mantengan sucio el frente de su domicilio. Ésos serían los máximos. Los mínimos, al parecer, en ambos casos, serían de 1,250 pesos.

Como de costumbre, habrá que conceder a la autoridad el beneficio de la duda... (sin perder de vista el axioma de que "no hay entusiasmo tapatío que dure 72 horas").

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 8 de julio de 2013).


Una fina capa de lluvia cubre mi ciudad generando las tradicionales albercas de temporada en calles y avenidas. Pequeños y grandes baches y cañadas son el pan de cada día. También, onda imitación de las afamadas playas chilangas (y posteriormente tlajomulcas), las avenidas principales se vuelven ríos en cuyas rápidas aguas es posible navegar y en las que he visto navegando a varios vehículos motores no especialmente diseñados para eso.

Lo que a mí me sorprende es que esto a nadie le sorprende. Llueve; luego entonces, la ciudad se inunda. ¿Qué tiene esto de sorprendente? ¿Por qué debería importarnos un pepino? Más vale resignarse, comprar un kayak y soportar con estoicismo las crecidas de los ríos de temporada.

El asunto que a mí me llama la atención es que los ríos de temporada están aquí desde que tengo memoria y la cosa se está poniendo peor. Las inundaciones son cada vez más grandes. Pero las autoridades están ocupadas con los temas de moda y con la rentabilidad electoral.

Jorge Zul de la Cueva
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 23 de julio de 2013).


Resulta que los amplios espacios ajardinados del centro histórico son el sitio menos a propósito para tomarse un descanso, admirar lo que resta de la arquitectura urbana tapatía, o hacer una pausa a la tensión del trabajo, pues ahí radica de sol a sol el peor de todos los ambulantajes, el ruido estridente, confuso, múltiple y variado, en un ambiente de inseguridad, donde el turista admira tal o cual edificio abrazando bolsos, carteras o cámaras y contestando celulares a 2 manos, mirando con recelo para todos lados, en tanto los merolicos de la salvación agreden las creencias ajenas, contribuyendo al caos circundante.

Armando González Escoto
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 1o.de septiembre de 2013).


El bache cenote.

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 11 de septiembre de 2013).


Nuevo récord en baches.

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 2 de octubre de 2013).


Pocas ciudades en el mundo tienen tantos postes como la nuestra. En Guadalajara el principal uso de las banquetas es albergar a los postes, los que a su vez tienen la función de sostener cables, creando una maraña incomparable; no hay fotógrafo que pase por Guadalajara y no se lleve una maravillosa estampa de la telaraña de bronce que atraviesa nuestra ciudad.

Pero más allá de sostener cables, que sirven entre otras cosas para colgar tenis y pasar lista de las parvadas de pájaros que aún habitan la ciudad, los postes tienen múltiples funciones. La 1a. de ellas es, por supuesto, estorbar, algo fundamental en la cultura tapatía. Si podemos poner algo en la banqueta que estorbe al peatón, bienvenido sea, y los postes, algunos de ellos con tirantes de acero, son inmejorables cuando de hacer la vida difícil a peatones y discapacitados se trata.

Recientemente han encontrado que los postes sirven también como aviso de ocasión y vehículo publicitario. Durante algún tiempo fue el lugar para colgar a los candidatos, pero en algún momento se convencieron de que sólo afeaban la ciudad y, no sin presión, decidieron bajarse los de postes y se modificó el reglamento para prohibir la publicidad política, y toda la demás. Pero, desde que un señor de nombre "Faros Opacos", que promovía en los postes el pulido de micas de los autos, decidió que éstos servían para anunciarse gratuitamente, hoy cada quien cuelga lo que quiere sin ningún orden: clases de yoga, venta de terrenos, conciertos, dietas mágicas, grupos multinivel, se busca perro, etc. Todos se anuncian; nadie limpia.

El ayuntamiento tapatío encontró que entre la multiplicidad de usuarios de los postes hay 250 empresas que los tienen ya como su herramienta publicitaria.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 21 de enero de 2014).


El paisaje agavero es realmente hermoso; la planta del agave es francamente horrible. El paisaje agavero, se disfruta cuando se ve a lo lejos, será por eso que hablamos de paisaje: ver los cerros azules y brillosos llenos de plantas de tequilana weber con la barranca al fondo es un espectáculo, pero darle la vuelta a la Minerva y ver a tres metros una plantas enclenques con hojas picudas y sin gracia no sólo no es disfrutable, es feo.

En algún momento de los últimos 10 años se decidió que apropiarse de los símbolos nacionales como identidad tapatía era rentable turísticamente, y quizá así sea, pero de ahí que toda la ciudad deba ser invadida por plantas de agave y que donde antes había flores de ornato ahora haya que poner agave, porque ahora somos puro tequila sí señor, no sólo es un error, es también un atentado al buen gusto.

Hay paisajes francamente hermosos en todo el mundo, pero a nadie se le ocurre llevarlo a la ciudad. El dorado del trigo salpicado de amapolas silvestres en la Toscana es precioso, pero a nadie se le ocurriría poner trigo y amapolas en los camellones de Florencia; la caña en flor es un paisaje incomparable, pero ni en Cuba, ni en Guatemala, ni en Nicaragua, donde se produce ron de alta calidad, siembran cañas en las glorietas para presumirlo.

La invasión del agave en camellones y glorietas de Guadalajara llegó a un exceso. No necesitamos sembrar agave para decir que somos la tierra del tequila. Lo que se requiere es que la experiencia de tomar un tequila en Guadalajara sea mejor que en cualquier otra parte del mundo.

Ahora sí que la Minerva no tiene la culpa. Hay que dignificar los espacios púbicos, regresar a la jardinería propia de la ciudad (ahí están la rosas que no por cursis dejan de ser un elemento muy nuestro) y dejar que el paisaje sea paisaje y el ornato preferentemente bello.

Decía el arquitecto Díaz Morales que el mariachi de lejos y que lo pague otro; el paisaje agavero, también.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 27 de enero de 2014).


Una fuente que no funciona es una ciudad que no funciona. Seca y vuelta un basurero, o bien llena de agua estancada (y de basura), mientras permanezca así será prueba de que la administración pública es por lo menos inepta. Se podrá aducir el argumento de las prioridades: antes que arreglar el desperfecto habrá que abatir la inseguridad, resolver las mayores urgencias de infraestructura, evitar que la ciudad colapse. Pero cuando tampoco se ve que nada de eso mejore, la fuente estropeada sigue siendo injustificable.

No es raro hallar ruinas así por rumbos de Guadalajara: lo raro es que la ciudad se interese en dar mantenimiento a sus fuentes y tenerlas operando. Y si ni siquiera eso puede hacerse (¿cuesta tanto, no alcanza?), ya sabremos a qué atenernos con todo lo demás que tampoco sirve.

José Israel Carranza
(v.pág.7 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 20 de febrero de 2014).


Pensemos en Pátzcuaro, por lo menos en su casco tradicional. O en París, en Florencia, en Sevilla... En esos lugares la conciencia de la armonía urbana es común, aceptada, apreciada y defendida. Su belleza es un cotidiano alimento para sus moradores, un consuelo y una llamada a tener ánimos, alegría, esperanza. Es parte esencial del pan de cada día.

Guadalajara tuvo, durante siglos, parecidas características. De manera natural, sus moradores fueron segregando -como lo hacen ciertas especies animales- una sustancia constructiva que espontáneamente generó un entorno integrado a sus vidas, armonioso y ordenado. Un contexto entendible y compartible que transmitía tranquilidad y orgullo a sus habitantes. Después llegó una mal entendida modernidad y sus estragos comenzaron. Se nubló la conciencia del lugar, se desdibujó el orgullo militante que produce las buenas ciudades. Se resignó, vacunamente, la gente.

Aun así, a estas alturas, a Guadalajara le queda -medio velada muchas veces- un sustrato de belleza que, no por amenazada y comprometida, es menos indispensable.

Es inaceptable, es idiota y abyecto, es injusto que la existencia suceda y se envenene entre la fealdad urbana, la confusión y el sometimiento a factores egoístas que devalúan cotidianamente la vida de cada uno. Esa vida que se fuga mientras las multitudes pasivamente miran un “espectacular” horrendo, un cable que hizo que se cercenara toda una hilera de árboles, un embotellamiento de vehículos de motor ruidosos y apestosos.

Juan Palomar Verea
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 23 de mayo de 2014).

No es tan remota la época en la que la fama tapatía de urbe ordenada, respetuosa y grata para habitantes y visitantes, era común moneda de cambio en la mentalidad de propios y extraños. Esto aún sucedía en los años 60 del siglo pasado. Mucha gente podrá recordar los batallones de barrenderos, provistos de un diablito acondicionado con un tambo de 200 litros y una escoba de popotes, que peinaban la ciudad limpiándola constantemente. O las barredoras -las “bigotonas”- que hacían las delicias de los niños cuando pasaban por las calles. O los camellones bien cuidados y llenos de rosas, los muros blanqueados y carentes de grafiti, las plazas impecables, el cielo limpio y libre de “espectaculares”… Quedan muchas postales, muchos testimonios de que el hábito del orden, la limpieza y el amor propio de los ciudadanos se hacía presente, y las autoridades municipales cumplían con un trabajo mantenido a lo largo de muchas generaciones.

Hasta que nos alcanzó una vida que estableció la cuachalotez urbana, que volvió a Guadalajara -en más de un aspecto- una ciudad fodonga, alejada de sus antiguos hábitos.

Históricamente, mucho tiene que ver este cambio con las premuras que aquejaron a Guadalajara a partir de los años 70. Fuerte inmigración desde el campo, aparición de vastos asentamientos irregulares, dispersión creciente de la mancha urbana, menores recursos per cápita, pérdida o dilución de la identidad colectiva, etcétera. Porque, ciertamente, era la propia gente la que solía imponer la costumbre de la limpieza y el decoro, y las autoridades actuaban en consecuencia. Las décadas siguientes han sido escenario de múltiples extravíos. Desde la autoridad que no cumple y exige -con reglamentos en la mano- su deber de mantener el orden, hasta la gente común que ya no se da el tiempo de barrer su banqueta, de conservar sus casas, de pintar sus bardas, de cuidar sus árboles. El desorden visual se ha establecido y es difícil pedir decoro a cada habitante cuando el ámbito público tiene tan graves fallas en su regulación visual.

Juan Palomar Verea
(v.pág.10-A del periódico El Informador del 25 de junio de 2014).

Una de las cosas más evidentes de la ciudad de Guadalajara es el abandono de su espacio público. No sólo del municipio capital, sino de toda la zona conurbada. A simple vista es evidente que el dinero, por la razón que sea, no alcanza para darle mantenimiento a miles de kilómetros de calles y banquetas; plazas y parques; árboles y luminarias, etc.

A simple vista pareciera que el dinero nunca será suficiente para mantener una ciudad que nunca deja de crecer. Eso es en parte cierto. Dentro de la misma zona metropolitana tenemos un municipio como Guadalajara que ya no crece ni poblacional ni espacialmente y sin embargo el deterioro del espacio público es también creciente. El dilema, y el problema, parece estar en otra parte.

¿Para qué debe destinarse el dinero público: para hacer cosas nuevas o mantener lo que tenemos? La respuesta obvia es que para ambas. Lo que no es tan obvio es cómo decidimos.

Toda obra necesita mantenimiento. Eso significa que, si hiciéramos las cosas con una lógica de eficiencia administrativa, por cada peso público invertido deberíamos asignar permanentemente 10 centavos por año para asegurar su mantenimiento. Dicho de otra forma, si en los últimos 10 años se han invertido en obra pública en la zona metropolitana 15,000 millones de pesos en infraestructura, este año debería de haber 1,500 destinados sólo a mantenimiento de esas obras. Evidentemente que eso no es así.

Nuestra ciudad siempre parecerá a punto de caerse, a medio hacer, decía un amigo danés, mientras no entendamos que el mantenimiento es tan importante o más que las obras nuevas. Esto implica que la enorme burocracia de los ayuntamientos esté más enfocada a la calle y menos a las oficinas, pero sobre todo que el presupuesto se trabaje con lógica de servicio y no de construcción; con lógica de mejoramiento urbano y no de cumplimiento de promesas políticas.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de julio de 2014).

Es normal que en época de lluvias salgan baches, pero este año prácticamente toda la zona metropolitana es un bache tras otro, uno más grande que el siguiente y al otro día está peor, las cuadrillas de mantenimiento brillan por su ausencia ¿En qué manos se está quedando el presupuesto para baches?

Martín Arellano Martínez
(v.pág.17 "Los correos del público" del periódico Milenio Jalisco del 11 de julio de 2014).
Mi bache y yo (música de Mi árbol y yo).

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de agosto de 2014).


Hay 2 etapas más o menos recientes en las que Guadalajara fue, sin duda, una urbe más justa y más bonita: una terminó cuando empezó la destrucción del patrimonio arquitectónico causada por las desafortunadas ampliaciones de Alcalde-16 de Septiembre y Juárez, hacia 1950, a las que siguieron, imitando este nefasto ejemplo, infinidad de pérdidas. La otra etapa de cierta armonía fue, aproximadamente, de 1960 a 1975, lapso durante el que la ciudad encontró, gracias a una planeación razonable, un cierto equilibrio y decoro.

De entonces a esta parte, todo ha sido decadencia. Obviamente ha habido circunstancias mayores que la han propiciado: la intensa migración a la urbe, la pobreza en aumento, la decadencia de las instituciones. El resultado: una ciudad deprimida que ha perdido el orgullo y la identidad como un contexto en el que la gente pueda residir con una cierta esperanza de lograr mejores condiciones generales de vida y en un acuerdo tácito o activo con su entorno, lo que naturalmente se refleja en la manifestación física de la ciudad. Esto, repitiendo, afecta al corazón mismo de la vida cotidiana, al indispensable buen ánimo que sólo provocan la belleza, el orden y la verdad expresados en un ámbito común.

Por supuesto que lo anterior es difícil de medir, de ser incluido explícitamente en las políticas, estrategias y programas que rigen la vida comunitaria. Pero no por ello deja de ser algo indispensable. ¿Qué hacer? Empecemos por prohibir y retirar todos los anuncios llamados "espectaculares". Si en Puerto Vallarta se pudo, ¿qué aquí somos menos?

Luego poner en orden, en general, toda la imagen urbana. Regular todos los letreros comerciales, retirar mantas y otros adefesios prohibidos. Para seguir, plantar muchos y apropiados árboles para mejorar las calles y disimular tanta "arquitectura" atroz. Poner en orden las podas majaderas de la Comisión Federal de Electricidad y exigirle a la "empresa de clase mundial" un programa inmediato e intenso de ocultamiento en el piso de sus redes eléctricas más dañinas.

Reparar y cuidar las banquetas, manteniendo a raya la invasión de coches y otros estorbos sobre ellas. Barrer y lavar esas banquetas. Mejorar radicalmente la enseñanza en las escuelas de arquitectura, restaurar el patrimonio arquitectónico que -a ciencia y paciencia del INAH, y de las secretarías de Cultura estatal y municipal- se sigue cayendo y deteriorando. Repoblar las zonas centrales. Hacer campañas para que la gente adecente y pinte sus casas y negocios... la lista es larga y podría seguir.

Hay que salir de la depresión que causan el desorden, la vulgaridad, el adocenamiento y la fealdad.

Juan Palomar Verea
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 13 de agosto de 2014).

De los accesos al estacionamiento de la Plaza de la Liberación se eleva una peste a orines y caca cuya explicación ni siquiera hace falta asomarse a buscar: están impregnados de orines y caca, son retretes. Y lo han sido desde hace mucho tiempo, y a nadie parece importarle.

¿A todo terminamos por acostumbrarnos? Esa fetidez vergonzosa seguramente forma parte del recuerdo de todo visitante: el recuerdo de una ciudad que podrá tener espacios y arquitectura notables, pero que es incapaz de mantenerse limpia: una ciudad cuyos habitantes somos capaces de envilecer así.

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente" del periódico Mural del 25 de septiembre de 2014).

El actual deficiente y obsoleto alumbrado, aunado a la gran cantidad de calles y avenidas carcomidas, peligrosas y en evidente mal estado, son una auténtica incomodidad y riesgo para el tránsito de vehículos, haciéndolo alarmantemente peligroso la falta innegable de señalamiento y señalización en toda la metrópoli.

José Manuel Gómez Vázquez Aldana
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de octubre de 2014).
Fosas clandestinas.

(V.pág.38 del periódico Milenio Jalisco del 17 de octubre de 2014).


Ubicar el vehículo en cualquier espacio, incluyendo los marcados con línea amarilla como señal de prohibición y hasta banquetas está convertido en costumbre reductora de vialidad, donde aquellas con asignación de dos o tres carriles para vehículos son reducidos a uno, frecuentemente ocupados por autobuses de pasajeros y unidades de reparto con frecuentes paradas obstructoras del tránsito con la fluidez prevista en el protocolo teórico.

Es motivo de mención la invasión de vendedores ambulantes ubicados en los cruces vehiculares, franeleros y supuestos vigilantes convertidos en auténticos depredadores de los espacios sin alcanzar sanción por parte de alguna autoridad.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 19 de octubre de 2014).

Nadie ha cuestionado con seriedad si las plazas públicas deben seguir siendo utilizadas para tianguis, espectáculos, ferias, o exposiciones que las inhabilitan hasta en los periodos vacacionales, cuando deberían estar libres de carpas y tenderetes a fin de que el turismo las pueda disfrutar, máxime que se hicieron justamente para que pudiesen apreciarse los importantes conjuntos arquitectónicos que en torno a dichas plazas se hallan. En su lugar aparecen esos tendidos de lonas sobre las cuales apenas si sobresale el frontispicio del teatro Degollado o las torres de catedral, nadie quiere llevarse una semejante foto del recuerdo a no ser para exhibir las decisiones tapatías y el modo en que los tapatíos dejamos que traten nuestros monumentos.

Por si fuera poco, la autoridad municipal que da permisos para los tianguis obtiene recursos, pero deja a la ciudadanía en el abandono, caso emblemático es el tianguis navideño del jardín de San José, también llamado Reforma. Montado desde mediados de noviembre y a sabiendas del caos vehicular que provoca, jamás la autoridad vial se ha hecho presente para regular y agilizar la zona, al contrario, da la impresión de que les pagan para que no vayan. Con la prepotencia que les caracteriza, estos comerciantes dejan sin banqueta a los peatones que deben, o meterse al tianguis a más no poder, o exponerse a caminar por media calle Reforma. Los compradores desde luego hacen lo que les viene en gana obstruyendo la vialidad en la avenida Alcalde por el congestionamiento de las calles aledañas. De la basura que dejan todo el día, ni hablar.

No hay duda que a la gente le gusta el circo, pero ¿hay que dárselo en la gran plaza ubicada entre el teatro Degollado y la catedral? Esa es justamente la plaza que muestra los edificios más emblemáticos de la ciudad ¿Qué no tiene el ayuntamiento infinidad de grandes baldíos a unas cuadras de dicho lugar?

Ahora, para apreciar estos lugares de tanta historia y tradición hay que ir en otra época del año, sin que eso sea garantía, porque hoy día resulta difícil saber cuándo dejarán a los jardines y plazas ser lo que son y aquello para lo que fueron hechos.

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 14 de diciembre de 2014).
Así luce el lago.

La imagen de la zona del malecón de Chapala luce notablemente descuidada. Basta con ir un fin de semana y observar lo que ahí sucede: un parque repleto de comercio en locales desiguales y descuidados, ambulantaje, botes de basura llenos, gente haciendo del malecón una cantina y "usando" la parte seca del lago para prender fuego y hacer un día de campo con carne asada.

Las playas están invadidas de maleza y dan un mal aspecto para los visitantes del lago, considerado como sitio turístico obligado cuando se viaja a Guadalajara.

"El malecón era una tradición para quienes vivimos en Guadalajara, y ahora es pura tomadera; hay mucha basura, nadie cuida a pesar de que hay muchos visitantes, y se llevan muy mal aspecto de Chapala". Jennifer Dueñas, visitante.

"Como turista, te topas con una desagradable sorpresa: el andador comercial; se podría pensar un lugar para presumir la gastronomía, las artesanías, y sólo te encuentras con un pasillo de malos olores, baratijas y basura por donde quiera". Benjamín Flores, visitante.

"Vengo a Guadalajara desde Monterrey, y me presumían Chapala como la gran cosa, y la verdad, llego y veo un lago seco, con mucha maleza, una especie de tianguis horrible que no tiene orden, y la gente haciendo sus días de campo dejando basura". Julio Delgado, turista.

(V.primera plana y pág.2-A del periódico El Informador del 25 de enero de 2015).

Un político que no pude identificar, entre sus promesas hizo una que a mí me gusta que volverán las rosas a la antigua glorieta Minerva, la que yo por razones obvias llamo desde hace tiempo plaza de la prostitución porque en ella un ayuntamiento cedió ante el poderío de una empresa tequilera y decidieron establecer un absurdo sembradío de agaves, a mi juicio un ataque a la dignidad de esa maravillosa bebida y estableciendo simplemente que un cuerpo edilicio se vendió y entregó a quienes le pagaron. El paisaje agavero es una gloria en su lugar, aquí es un bodrio.

Carlos Enrigue
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 8 de febrero de 2015).

Richard es un tipo corpulento, con barbas de corsario y una playera desteñida de los Chicago Bulls. Conduce una camioneta de carga hará sus buenos 20 años. Hace un par de semanas, en medio de una tormenta, su vehículo tropezó con un bache de dimensiones colosales camuflado por la inundación y terminó sin una llanta. Desde ese día Richard usa un collarín. Deberá llevarlo encima buena parte del verano. Como es un optimista, dice que al menos no se quedó tunco. Escucho su historia en la fila del supermercado. Cada uno de los 3 o 4 que oímos hablar a Richard tenemos nuestras propias anécdotas sobre el pavimento tapatío. Son, desde luego, puras historias de horror.

El estado del pavimento en amplias zonas de Guadalajara es tan malo que cabe preguntarse si no sería mejor terminar por arrancarlo del todo y quedarnos en terracería. Ya resulta difícil establecer en cuál de los 4 o 5 niveles de destrucción en que se encuentran nuestras calles queda más material útil (si es que queda). Los parches de chapopote se superponen unos a otros y terminan arrastrados por la lluvia. Las tapas de registro y las bocas de tormenta se convierten en trampas para rinocerontes. Hasta las zonas en que se invirtió en concreto hidráulico, que son las menos, lucen rajadas y arruinada. Nuestras calles, pues, se parecen a un pastel mil hojas asaltado por ávidas manos. Un asqueroso pastel.

Hay motivos de sobra, claro, para que estemos en el fondo de este literal despeñadero. El 1o. es que tenemos una cantidad de vehículos que excede notoriamente la infraestructura de la ciudad. Por si esto fuera poco, las calles en la mayor parte de Guadalajara son de sentido voluntario, con lo que el flujo y el tráfico dependen de lo que se les pegue la gana a los conductores (porque sabemos que los oficiales de Vialidad suelen estar más pendientes de ganarse la vida con las mordidas que de aplicar los reglamentos). En casi cualquier urbe civilizada existen, por ejemplo, horarios y rutas obligatorias para los transportes de carga pesada y mediana: acá circulan por donde sea y a la hora que sea. Basta darse una vuelta por cualquier avenida para mirar a los dobles remolques de muchas conocidas marcas "empoderados", reinantes, y a la hora que sea ¿Que quiere uno meter un tráiler del jitomate del tamaño de Optimus Prime en la Minerva a las 2 de la tarde? Pues lo mete. ¿Que quiere uno entrarle a un paso a desnivel con otro de similar tonelaje? Pues lo hace, aunque pase tan apenitas que hasta se rasguen los letreros de lámina que indican que la altura máxima es de 2.50 o cosa semejante. ¿Cuál es la consecuencia? Tener que darle "lo del refresco" al oficial que atine a llegar.

El resultado del exceso de tránsito y de que muchas calles deban soportar pesos para los que no fueron reforzadas, como el de los dichosos dobles remolques, es que nuestros pavimentos parecen mazapanes y raro es el conductor que no se ha dejado suspensiones, amortiguadores, llantas y columna vertebral en el empeño de llegar a su casa. Y en época de lluvias, como esta, la circulación se convierte en algo similar a una carrera por un campo minado.

Hace unos meses vino un amigo alemán a la ciudad. Aunque se embebió en los murales de Orozco y las casas de Barragán, nada de Guadalajara lo admiró tanto como la imposibilidad de dar con una calle sin baches. Nosotros, malamente, nos hemos habituado ya, como quien se acomoda a una enfermedad crónica e incurable.

Antonio Ortuño
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 12 de julio de 2015).
Impactantes imágenes de la superficie...

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 16 de julio de 2015).


Los que ya se van quedaron a deber, y mucho; en ese aspecto, los que están por llegar tienen, por tanto, la dorada oportunidad de retomar una asignatura que todas las administraciones municipales de Guadalajara y anexas -subrayémoslo: ¡todas!- han reprobado, y no sólo en unos pocos años, sino en varias décadas: la correspondiente a la limpieza.

Guadalajara -y, por extensión, los municipios conurbados-, antaño, se preciaba de ser una ciudad limpia: reflejo de la limpieza de sus habitantes. Guadalajara, hoy en día -pregúntenselo a los turistas-, es una ciudad sucia: reflejo... de la dejadez de sus gobernantes.

Encharcamientos como los registrados a raíz de las lluvias del presente temporal, con los correspondientes atascos viales y molestias colaterales para muchos miles de citadinos, obedecen, en buena medida, a la basura que las aguas pluviales arrastran hacia las alcantarillas. Independientemente de ello, no sólo es importante la imagen que la ciudad proyecta acerca de la índole de quienes la habitan y quienes la gobiernan, sino entender que aseo es indicio de decoro y de otras virtudes de quienes se esmeran en cultivarlo.

Hace pocos años, cuando los gobernantes de Guadalajara tuvieron la desfachatez de anunciar que recibirían el galardón de "La Escoba de Plata", que se otorga a ciudades que se caracterizan por su limpieza, el tema se tomó a chunga: es probable que la otrora "Perla Tapatía" todavía tenga "de qué presumir", como decía la canción. Empero, el aseo dejó de ser, hace mucho, una de las galas morales que la adornaban.

De las administraciones relativamente recientes, alguna hizo un sondeo para saber si los habitantes estarían dispuestos a que se hiciera cumplir la añeja ordenanza que establecía multas a los vecinos que a cierta hora del día no tuvieran barrido el frente de su casa. La respuesta fue afirmativa. El resultado, nulo: a la autoridad (?) le tembló la mano para dar el siguiente paso... Otra administración mostró mano dura al detener y multar a un incauto que incurrió en el gravísimo pecado de arrojar al piso una colilla de cigarro frente a Catedral, y luego afeó el centro histórico colgando unos pendones con la vera efigie de un cómico (al que le faltaba de gracia lo que le sobraba de "felleza") y una leyenda tan intimidatoria como hueca: "En Guadalajara, la limpieza va en serio".

Colofón: la asignatura sigue pendiente... para los gobernantes que llegarán en octubre.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 21 de julio de 2015).
El mar viene a la ciudad.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de agosto de 2015).


Veamos lo que sucede con Guadalajara. Su imagen urbana está tan destruida, tan alterada, agredida y prostituida, que nomás queda la esperanza de que pantallas generalizadas de buenos árboles tapen tantos horrores y le den cierta unidad tranquila (y ecológica). Quedan algunas calles, ciertos rumbos, más o menos sanos. Pero estos tejidos saludables, en vez de extenderse, cada vez se ven más acosados. Un ejemplo patético: la avenida Las Américas, desde Vallarta a la glorieta Colón. Debería ser una de las calles más bonitas de la ciudad. Y está totalmente echada a perder, por 3 factores que un ayuntamiento con visión y energía podría componer: los estacionamientos ilegales sobre las banquetas, los cables que mutilaron todos los árboles del lado oriente, y los numerosos "espectaculares". Con voluntad política y adecuada gestión social y arquitectónica (y árboles) podríamos tener en 3 años una avenida de presumir.

Pero, en este mar de confusión, existen instituciones que deberían poner ejemplo de sensatez y buena imagen urbana. Examinemos dos: Una es Expo Guadalajara. Se sabe que, por definición, los "espectaculares" son dañinos y ubicuos: pueden estar en cualquier parte, da lo mismo, y en cualquier parte hacen daño. Por eso, muy probablemente, la gente ha dejado de verlos y se sospecha que su "efectividad" comercial está muy sobrevaluada. Y Expo Guadalajara, esa institución tan importante, anuncia los "eventos" que allí suceden con ¡un espectacular! 1er. efecto: nadie, o muy poca gente, se da cuenta de lo que dice tal estramancia, ya que a los "espectaculares" es igual no hacerles caso y nadie relaciona su presencia con el edificio cercano. (Además la Expo se cargó todos los árboles del camellón de Mariano Otero y no los ha repuesto). Seguramente la Expo tendría los recursos y el talento como para sustituir su "espectacular" con un verdadero y bonito hito urbano que además sirviera para anunciar con eficacia lo que ahí sucede.

El Teatro Diana está peor. El muro exterior de tal creación arquitectónica -que ya estaba pasada de moda por lo menos una década antes de que la estrenaran- es un vulgar respaldo para todo tipo de anuncios y colorines que, además de estar prohibidos en el centro, no logran ni siquiera comunicar sus "eventos". Aparte de la falta de respeto a la ciudad y a su propio edificio, fracasan en el principio básico de comunicación. Y, por cierto, el Diana se cargó con singular oligofrenia el muy bonito pórtico de acceso que había hecho Julio de la Peña y ahora, para medio cumplir la misma función, ponen unos tolditos penosos.

Es obvio que falta en la ciudad alguien con el poder y la inteligencia como para obligar a que, desde dentro de las instituciones, se hagan cosas apropiadas en referencia al espacio público. Y que estos espacios públicos, en general, comiencen a evolucionar rumbo a una mínima armonía que podría hacer que los tapatíos y sus visitantes vivieran la ciudad más contentos.

Juan Palomar Verea
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 2 de septiembre de 2015).
Si hubiera una competencia
de baches y socavones,
sin duda en Guadalajara
podríamos ser los campeones.

Aunque habría fuertes rivales:
municipios conurbados
para entrar a la contienda
ya estarían bien apuntados.

Mientras, las autoridades
nomás a la expectativa...
desde luego las actuales,
al fin ya van de salida.

Anflopo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de septiembre de 2015).


Zona metropolitana de Guadalajara.

La ciudad de Guadalajara y en particular su centro histórico cualquiera sea la medida que se le quiera dar, es en este momento motivo de vergüenza para cuantos en ella vivimos, entre grafiteros, vándalos, apáticos, bandidos y burócratas la han arruinado, situación que exige una toma de conciencia ciudadana muy dinámica y generosa si queremos rescatar lo mucho que aún nos queda, pero este esfuerzo debe alentarse desde el compromiso serio de abatir la impunidad no porque hubo cambio de partido, sino porque un país sólo puede crecer si se acaba con la corrupción de la justicia.

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 18 de octubre de 2015).

Un simple que oyó decir al presidente municipal, Enrique Alfaro Ramírez, que, con el tiempo y el consabido ganchillo, el centro de Guadalajara será "el más bonito de México", no resistió la tentación de preguntar:

-¿Y por dónde van a empezar a demoler el actual...?

No es la 1a. vez, en la actual administración, que se suelta, a voz en cuello, ese reto. Se trata, de hecho, del siguiente paso, en la lista de proyectos de los actuales gobernantes, a partir del que ya se dio, trascendental e histórico, esta misma semana... Una vez cumplido al pie de la letra el anuncio de que el 1er. cuadro de la ciudad sería liberado de la presencia de los vendedores ambulantes que -con el respeto que todos y cada uno de ellos merecen como personas- habían degradado la zona, convirtiéndola en un mercado callejero que proyectaba una desagradable imagen de promiscuidad, suciedad, desorden y, al final de cuentas, anarquía (es decir, falta de autoridad), puede pensarse, en efecto, en tomar medidas para darle otro rostro al corazón de la ciudad.

Ya otra vez que se habló de esa buena intención, fue menester anotar que difícilmente el centro de Guadalajara puede ser "más bonito" que los de otras ciudades de la república dotadas de traza urbana, espacios y edificios públicos estética, arquitectónica e históricamente muy estimables. De hecho, nadie ha intentado hacer un "ranking" que distribuya rangos y clasificaciones, en ese aspecto, entre todas las ciudades del país...

En todo caso, cualquiera que recuerde los tiempos anteriores a la degradación del centro de Guadalajara -merced a la proliferación del ambulantaje-, estará de acuerdo en que a la zona que va de Catedral al hoy Instituto Cabañas, pasando por Palacio de Gobierno, la Presidencia Municipal (anacronismo arquitectónico construido a mediados del Siglo XX), el Museo Regional, el Congreso del Estado (otro anacronismo) y el Teatro Degollado, condenados a convivir con algunas construcciones modernas y unas cuantas que sobrevivieron a la ampliación de las avenidas Juárez y 16 de Septiembre-Alcalde, le queda a la medida la frase con que los puristas de la arquitectura han definido a la emblemática Catedral de Guadalajara: "Es una armoniosa colección de mediocridades".

Colofón: es poco probable que el centro de Guadalajara merezca, algún día, ser considerado "el más bonito de México"; es seguro, en cambio, que sus habitantes merecen recuperar -¡ánimas...!- el centro bonito que alguna vez tuvieron.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 12 de noviembre de 2015).

Por lo común el centro histórico tiene sonidos, visiones y olores, también apela al sentido y al gusto, y todo con especial estridencia. La travesía por sus espacios resulta sumamente dispareja, las calles tienen infinidad de baches y tambaches de asfalto, las banquetas unas bailan cuando las pisas, otras más bien se hacen esperar, pero todas son creativamente dispares, no por cuadras, sino por tramos en ocasiones muy breves y con toda clase de trampas sesudamente ubicadas para hacer caer o tropezar tanto al desvalido como al distraído.

El griterío es proverbial, pues los ambulantes compiten entre sí para ofrecer todo tipo de productos, con estudiada voz y distinto volumen, las mercaderías se muestran sobre mantas o hules pecho a tierra, en improvisadas y frágiles mesas, en armatrostes de alambre, o se llevan a cuestas propiciando un generoso compartir del piso que apretuja a los transeúntes y los hace caminar entre todo tipo de obstáculos, tenderetes de películas pirata, discos compactos de la misma marca, juguetes de plástico, prendas de vestir, aparatos eléctricos de reducida dimensión, bolsas, carteras, cinturones, bisutería, y cuanto comestible se pueda uno imaginar, escenario que parece va a desaparecer, al menos de momento.

Para incrementar el barullo general tienen su espacio cantantes, guitarreros, malabaristas y batuqueros, conjuntos musicales de huicholes, y de vez en vez intérpretes de la danza de los viejitos, junto con predicadores evangélicos aderezándole los alimentos a los turistas con todo tipo de amenazas bíblicas e inminentes apocalipsis.

Gracias a todo este alboroto es difícil apreciar el deterioro del centro histórico, llevar la cuenta de las casas abandonadas o derruidas, identificar las pocas fachadas que se han librado de los grafitis, advertir el terreguero que se expande por todos los rumbos, junto con los botes de basura pletóricos porque la gente comedidamente los llena apenas los acaban de vaciar y hasta los encopeta en su afán de que todo deshecho quede en ese perímetro, por su parte los responsables no los vacían con la frecuencia que debieran, y hay que ver los difíciles equilibrios que hacen botes, papeles, olotes, platos y vasos de plástico, bolsas, cáscaras, botellas y cucuruchos, agarrándose unos con otros a fin de no caer. Otros prójimos ni siquiera advierten que hay botes de basura o si los ven, ignoran para qué sirvan.

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 15 de noviembre de 2015).

Todos los presidentes municipales en algún momento de su administración se proponen barrer el Centro. Seguramente es porque una vez que toman posesión y tienen que ir diario al Centro comienza a darles vergüenza el estado en que encuentran el 1er. cuadro de la ciudad.

Cada uno ha tratado de matar las pulgas a su manera. Sólo por recordar algunos, Fernando Garza hizo una gran campaña publicitaria (Atínale al bote) para concientizar a los tapatíos. Colocó unos tambos horrorosos y hasta ganaron premios con la campaña, misma que cacarearon como si hubieran ganado un mundial. Se les olvidó que el objetivo era limpiar el Centro, no hacer una campaña; ellos se fueron muy premiados y el Centro quedó igual. El actual gobernador, Aristóteles Sandoval, le quiso aplicar tecnología a un tema que es estrictamente cultural y compró la idea de los famosísimos botes inteligentes. El único inteligente es el que los vendió, porque ninguno avisa cuando se llena ni hace otra cosa que no sea recibir basura y oler mal, lo cual lo logra hasta el bote de mi casa que de inteligente no tiene un pelo. Nos costaron carísimos, pero sobre todo, sirvieron de poco; a la vuelta de los años la gente volvió a tirar la basura en la calle. Luego vino Ramiro Hernández y puso a un ejército, el ejército electoral del programa empleo temporal, a barrer las calles. Había puntos en que se juntaban hasta 3 barrenderos por metro cuadrado. Ciertamente la limpieza de un pequeño cuadro del Centro mejoró, pero vinieron las elecciones, su partido perdió, el programa de empleo temporal terminó y nunca más alguien volvió a pasar una escoba por las calles de la ciudad.

Ahora la administración de Alfaro vuelve con una brigada especial para barrer el Centro. No sólo es positivo, es urgente, pero si algo hay que aprender de las administraciones anteriores es que una acción en sí misma, campaña, botes o barrenderos, no resuelve el problema. Por más barrenderos que pongamos no hay manera de ganarle a decenas de miles de personas tirando basura; de nada sirve poner botes (inteligentes o tarados, da igual) si no hay un servicio de recolección eficiente que evite que los negocios saquen su basura a la calle; de poco ayuda barrer un día aquí y otro allá si no hay un programa sistemático y permanente de manutención del Centro; de nada sirve una campaña si no es permanente y viene acompañada con sanciones a quien tire basura.

Limpiar el Centro requiere, entre otras cosas, una reestructuración del ayuntamiento que hoy por hoy tiene más burócratas que barrenderos o jardineros.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de noviembre de 2015).

"Espectaculares", los llaman eufemísticamente. En rigor, deberían llamarse "estridentes"...

Se trata de los anuncios descomunales que proliferan, que se han adueñado del espacio público, que se multiplican cuando hay el pretexto de las campañas electorales y que han generado, incluso, verdaderos ecocidios: el sacrificio de innumerables árboles a los que se ha despojado inmisericordemente de sus copas con la deliberada intención de que no "quiten vista" a los carteles gigantescos.

Hacia ellos, según acaba de informarse, apunta sus baterías un programa "metropolitano" que pretende "ordenar" ese fenómeno, a semejanza de las varias ciudades del país que en ese rubro son ejemplos vivientes de esmero por cuidar la imagen de la casa común de sus habitantes y visitantes: Zacatecas, Querétaro, San Luis Potosí, Morelia, Guanajuato, el propio Distrito Federal... De entrada, porque la mancha urbana está infestada -literalmente- de esa plaga: se estima que en Guadalajara y anexas hay cerca de 6,000 rótulos de dimensiones mayúsculas.

Entrenado por sus gobernantes para ser escéptico, el ciudadano común ahora se pregunta si será verdad tanta belleza...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 2 de diciembre de 2015).

El anuncio de los alcaldes de Guadalajara y Zapopan de que meterán orden en los anuncios espectaculares es una buena noticia para Guadalajara, y será un gran regalo el día que lo logren. Esta forma de publicidad exterior se convirtió, en los últimos 15 años, en una verdadera plaga que infectó toda la ciudad. 1o. fueron las carteleras espectaculares, luego las vallas a ras de suelo, luego vinieron los puentes peatonales, le siguieron las pantallas y al final las lonas en los edificios. No sólo acabaron con su propio negocio, pues el exceso y lo desordenado de la oferta ha provocado que 1 de cada 3 no esté rentado, sino que acabaron con nuestro derecho a ver la ciudad. Pero lo más grave es que el giro de la publicidad exterior se convirtió en un negocio de tráfico de permisos, o lo que es lo mismo de corrupción (por si alguien se lo está preguntando sí, el TAE también está detrás de muchos de estos permisos). No sólo vencían a los ayuntamientos con amparos, dejaron incluso de pagar licencias y a la postre se convirtieron en los principales enemigos de los árboles de la ciudad. El nuevo reglamento que están proponiendo los alcaldes busca limitar sustancialmente el número de este tipo de anuncios, establecer un mínimo de 200 metros entre una cartelera y otra (ahora hay un amontonamiento ahora sí que espectacular), regular las pantallas, pero sobre todo reservar el derecho de mirada de los tapatíos en 39 puntos emblemáticos.

Las ciudades que han logrado meter en cintura a la publicidad exterior lo han hecho partiendo del principio que el entorno es parte fundamental del espacio público, pero sobre todo con estrategias jurídicas. Sao Paulo, Brasil, lo hizo bajo el principio de que si alguien podía poner un espectacular en su propiedad entonces todos debían tener el derecho. La disyuntiva era permiso para todos o para nadie; optaron por la 2a. Cancún basó su nuevo reglamento en un tema de seguridad. A raíz del ciclón Gilberto que derribó la mayoría de las estructuras espectaculares las prohibieron y dejaron sólo vallas, pocas y bien reguladas, a ras de piso.

No será una batalla fácil ni rápida. Son muchos los intereses afectados y si bien hay empresas muy serias en el negocio de la publicidad exterior, que pagan impuestos y respetan las reglas, dos terceras partes viven fuera de la ley y algunas tienen prácticas francamente mafiosas. Encima, en los últimos años a este negocio entraron muchos políticos con prestanombres por lo que a cada paso los alcaldes irán pisando cayos, algunos insospechados.

Lo que está en juego no es sólo el derecho de mirada y la dignidad de la ciudad, sino parar de una vez por todas este abuso espectacular.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de diciembre de 2015).

Hay un lugar común que tiene mucho de cierto, pero no todo: "No hay ciudades sucias ni limpias, hay ciudadanos sucios o limpios". Es verdad, pero la autoridad pone o no su parte necesaria. En Guadalajara la gente arroja al suelo cualquier papel, envoltura, bolsa vacía. Pero también es cierto que yo mismo he caminado cuadras y cuadras con un olote en la mano sin encontrar un bote para basura.

Luego hay la transa: en tiempos del PAN se instalaron muchos basureros... Sólo que eran tamaño buzón y cerrados por arriba, con una ranura al frente por donde no cabía uno de esos enormes vasos de plástico al uso o el primero se atoraba.

Como en un buen diseño experimental, allí veía uno separadas las variables ciudadano/gobierno. En vez de simples botes, los buzones-basurero iban sobre un poste, así que hubo que abrir aceras para enterrar el poste. ¿Pero qué necesidad? Quizá el primo del regidor R hizo la obra. Luego, como se llenaba o tapaba, veía uno a su alrededor y nada más en torno al poste, basura que el ciudadano civilizado había depositado encima y debajo: había modales ciudadanos, pero la respuesta de gobierno era ridícula.

Una ciudad bellísima, París, hizo famosa la expresión merde!, gritada por el peatón que pisaba una mierda de perro bien comido. Hubo prevención: multa al dueño del perro cagón. Y curación: unas motos con un conductor vestido de astronauta: casco, lentes herméticos, guantes, botas, que veía el objetivo, atacaba y ponía encima el trasero de la moto con una aspiradora, cepillos, agua y jabón. La acera quedaba inmaculada en medio minuto.

La prueba de que el mexicano tiene conciencia de no tirar basura es que nomás cruza la frontera norte y se vuelve gringo: guarda el papelito en la mano hasta el próximo bote de basura. Pero sabe que lo hay cuando mucho a una cuadra. Y sabe que hay multas.

Por cierto: ¿qué fin tuvieron aquellos inútiles buzones tapatíos para basura? Los pagamos todos.

Luis González de Alba
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 30 de diciembre de 2015).

Usuarios consideran que el vandalismo se ha incrementado dentro de Los Colomos luego que la autoridad decidiera suspender el cobro de la entrada. El vigilante Luis Antonio Rodríguez Venegas lo confirma: "Los puentes están grafiteados; antes no estaban así. Fue a partir que se abrió la entrada gratuita. Ahora entra distinto tipo de gente...".

Salvador Cornejo Reynoso, director del bosque, responde que tras hacer gratuita la entrada se incrementó de 6,000 a 6,600 paseantes los fines de semana. Pero usuarios como Jorge Trujillo temen que la zona se descuide: "El cobro del boleto sí representaba una ayuda para el mantenimiento. Ojalá el ayuntamiento reponga ese recurso para evitar que decaiga la zona".

También en la Unidad Tucson exponen que la entrada gratuita sólo se tradujo en más inseguridad. Lilia Plaza López, trabajadora de la tienda dentro del parque, comenta que entra "todo mundo" y los guardabosques se presentan una sola vez durante todo el día.

A plena luz del día ya vio a víctimas de robos o asaltos: "Entra todo mundo y va decayendo la unidad. Los que vienen a correr y ejercitarse tienen miedo". Asegura que por eso algunos ya no van. "Falta más vigilancia".

Jorge Hernández coincide en que está bien que no se cobre, pero espera que se sigan otorgando recursos para el mantenimiento y la vigilancia porque "son constantes los asaltos debido a la falta de alumbrado...".

En Guadalajara se tienen detectadas 8 unidades que son "foco rojo" por sus niveles de inseguridad y están ubicadas en las colonias Balcones de Oblatos, Balcones del Cuatro, Santa Elena Alcalde, Miravalle ("Manuel Uriarte Tovar"), Las Huertas, Monumental y López Portillo, así como el Parque Ávila Camacho. Por su parte, la Tucson está entre las 22 "con focos amarillos".

(V.primera plana del periódico El Informador del 31 de diciembre de 2015).

Enclavada en el corazón del barrio de San Juan de Dios, la que alguna vez formó parte (con la Catedral, la Minerva, el Teatro Degollado, la Rotonda y algún "hito urbano" más) de las postales y lugares de visita obligada para los turistas, la Plaza de los Mariachis ha sido objeto de diversas "intervenciones". Se le han invertido lo mismo fondos públicos que recursos de particulares. Todas esas intentonas, sin excepción, han servido para 3 cosas: para nada, para nada y para nada.

Se trata, por una parte, de un afán legítimo: devolverle a la ciudad un espacio característico, folklórico, representativo de una de sus mejores tradiciones; ofrecer a los visitantes un sitio tan ameno como pudieran serlo una cervecería en Baviera o un lugar donde escuchar música de gaitas en Escocia. Pero se trata, también, de un esfuerzo que hasta ahora se ha estrellado con un obstáculo, no insuperable ciertamente, pero que requeriría una operación de cirugía mayor: la degradación ambiental, urbana y social de la zona.

Devolverle a esa plaza la dignidad y el encanto que alguna vez tuvieron, se antoja una misión imposible. O una encomienda que habrá que arrostrar -considerando que "no hay quinto malo"-... en la próxima fundación de Guadalajara.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 5 de enero de 2016).

Los anuncios llamados "espectaculares" son un desarreglo de los organismos que son las ciudades. La muestra patente es que están prohibidos en todos los entornos urbanos que en el contexto nacional e internacional se respetan. Por elemental salud pública.

¿Por qué Guadalajara padece la permanente plaga de los "espectaculares" que por tantos lados echan a perder la prestancia y la dignidad urbanas? La respuesta es muy fácil: por dinero, por mucho dinero. ¿Y quiénes lo ganan? Un muy reducido grupo de personas: los anunciantes, algunos publicistas, los dueños de las propiedades en donde se instalan. (Se supone que los ayuntamientos reciben -increíblemente- algunas cuotas por permitir esta práctica perjudicial; y a juzgar por la enorme cantidad de anuncios sin licencia el pago de "derechos" debe ser aún más ridículo). ¿Y quiénes no solamente salen perjudicados, sino que costean directamente su propia degradación? Cerca de cuatro millones y medio de habitantes de la ciudad.

Resulta increíble la corrupción que guarda este tema: cientos de anuncios, a la vista de todos, que la autoridad tolera, cientos de casos en los que se viola flagrantemente la reglamentación aplicable. Tráfico consuetudinario de anuncios de este tipo para difundir mensajes de candidatos y partidos políticos. Utilización de tubería de desecho y fuera de norma para sostener las peligrosas estramancias...

Por ejemplo: ¿Qué autoridad en San Pedro Tlaquepaque o en Zapopan -por mencionar sólo 2 municipios conurbados- permite que se instalen sobre propiedad pública, en los nodos de entrada y salida a la ciudad, estos anuncios? ¿Por qué casi todos los puentes peatonales son ahora meros sostenes -muchas veces sin capacidad estructural- de paneles publicitarios? ¿Quién cobra por esta utilización y cuánto? ¿A dónde va a dar ese dinero?

Supongamos que los ayuntamientos cobran por los anuncios puestos en propiedades públicas o en los puentes y que tales cantidades ingresen a las arcas municipales. Cualquier monto es irrisorio al lado de los costos sociales que estas prácticas provocan.

Por demasiado tiempo se le ha perdido el respeto a Guadalajara. Cualquier gente de mediana cultura es consciente de que atacar la dignidad de los entornos urbanos perjudica la calidad de vida de todos, la salud pública. Los anuncios "espectaculares", o mantas que cubren edificios completos u otros reclamos igualmente perniciosos, producen una capa de confusión visual y desorden que devalúa permanentemente a la ciudad que tantos han trabajosamente tratado de edificar con decoro.

El ejemplo de Sao Paulo, Brasil, puede ser muy útil: allí retiraron todos los "espectaculares" de un decidido plumazo. La larga permisividad, la apatía y la corrupción en estos campos constituyen una complicada inercia.

Juan Palomar Verea
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 3 de febrero de 2016).

Los cierres viales que se han realizado en estos últimos meses en el centro tapatío logran que nuestra capital sea una de las más caóticas del país, logrando que nuestras vidas cotidianas, que alguna vez fueran plenas de tranquilidad -al menos en lo que se refiere a tránsito vehicular-, se esfumaron, pero no solamente nuestra ciudad sufre por eso, también la intranquilidad la ofrecen los constantes acosos de la violencia que hacen ya de Guadalajara y su zona metropolitana una de las peores.

Es increíble que los gobiernos metropolitanos no hagan nada en compensación, es indignante cómo ni el gobierno del estado, ni los jefes de los ayuntamientos hagan algo. Caos y violencia. Tráfico insufrible.

Nada hace que la calidad de vida que merecemos se vea reflejada día tras día. Es lamentable, sí. Esta ciudad que otrora fuera una muy tranquila y solariega, en la actualidad es una de las más insufribles. No hay vuelta atrás, es cierto. Ya la paz con la que se vivía no podrá volver. Es lamentable, muy lamentable, pero no hay políticas públicas a la vista, solamente la tortura que cada día sufrimos como ciudadanos con estos malos gobiernos que ya comienzan a trabajar en sus futuros puestos políticos. Ya trabajan, sí, en ello. Se nota. Lo sabemos...

Roberto López
(v.pág.2 "Correo" de La gaceta de la Universidad de Guadalajara del 22 de febrero de 2016).

Ya se ha vuelto una costumbre, y una realidad irremediable, que en el centro de la capital [jalisciense] las vías se convulsionen a toda hora, con las consecuentes molestias de los ciudadanos y las catástrofes que en la salud conllevan el ruido excesivo, el polvo de las construcciones y, es claro, la acumulación de esmog.

Si uno viene en auto a realizar alguna encomienda, lo que no sabe es que a cada rato se cierran vialidades y el tiempo estimado para invertir en ello pasa los límites que se había puesto. Cada día hay, como en un espectáculo de magos, una nueva sorpresa: si un lunes viene a las tiendas céntricas encuentra algo, pero si vuelve el jueves o el sábado sabrá, así de pronto, que ya el atajo que logró hallar, está cerrado y tiene que volver a localizar uno nuevo. Amén de eso, del caos por obras en las avenidas y calles, tendrá que soportar el caos vial y sus consecuencias: estrés, cansancio y, claro, enojo. No hay una buena planeación en las obras que se realizan. No hay una información clara de los cierres por parte del gobierno tapatío. No hay orden, pues. Ni respeto para los ciudadanos.

Alguien como yo que tiene que venir a trabajar al centro, en camión, debe adivinar que su ruta ya pasa por otro lado y, luego, descubrir que ya otro día por otro. Y por si fuera poco, los espacios peatonales están en "reconstrucción" y tiene que evitar ciertos espacios porque no se pueden transitar. Es, pues, Guadalajara, un verdadero desorden. Caprichosos, los gobiernos se apuran en la reconstrucción de la ciudad pues ya van casi a terminar sus gestiones y vienen las elecciones intermedias en las cuales algunos ediles buscarán -ahora hablo de la ZMG- un nuevo hueso político y -malpensados que somos- todos los ciudadanos creemos que sacan su lanita por debajo de las calles en "recontrucción" para sus posibles campañas. Guadalajara y toda su zona metropolitana, en los últimos años, ha dejado de ser un espacio amable: se mueve, se reconstruye, se modifica, y luego una y otra vez lo mismo. Y uno se pregunta: ¿Alguna vez las ciudades metropolitanas quedarán bonitas y sin nuevas modificaciones? ¿Alguna vez volveremos a tener la certeza de que hoy esta o aquella calle o avenida será fluida o veremos de nuevo otra vez que la levantan y la tiran y...?

Rodrigo Márquez Ríos
(v.pág.2 "Correo" de La gaceta de la Universidad de Guadalajara del 7 de marzo de 2016).

Ha llegado el tiempo cuando el sol lleno de rabia se lanza sobre una ciudad que ha llenado de grava y chapopote la mayoría de sus avenidas, que ha talado sus parques para convertirlos en simples jardines con maleza chaparra. Un clima insoportable, que pica, quema, y muchas veces hace imposible transitar a pie por las calles. Guadalajara es una ciudad como cualquier otra, malgobernada, maltratada por sus ciudadanos, gestionada para que los coches avancen rápido y los peatones busquen comprarse un coche. Ya no hay rosas porque el clima no es benigno, ni parques con lagos interiores. Somos una ciudad donde cada que regresa la primavera el sol se vuelve más rabioso, una ciudad que perdió el rumbo y le dejó su futuro a personas que no ven más allá de Palacio de Gobierno. Y quizá como el reloj de Palacio debimos detener el tiempo y quedarnos bajo las sombras de las jacarandas.

Juan Sin Miedo
(v.pág.32 del suplemento "Ocio" del periódico Milenio Jalisco del 8 de abril de 2016).

Aunque se pensaba que creando calles peatonales se disminuiría el tráfico vehicular por el centro, lo que hasta el presente se ha logrado, luego de muchos años de experiencia, es generar notables embotellamientos de todos los días y un aumento mayor de la contaminación, entre otras cosas porque los planificadores urbanos no ofrecieron otra alternativa al tráfico que desalentar el uso del automóvil, como si eso fuera posible ante la ausencia de transporte público suficiente y eficiente; o como si la cultura del automóvil pudiera desalentarse suprimiendo las vialidades.

Tampoco se ha hecho una evaluación acerca de la situación de la llamada "Plaza Tapatía" intransitable desde que atardece, en parte abandonada, y en parte todo lo grande que se pudiera desear para no seguir deseando nuevos espacios peatonales.

Resalta como 1er. asunto la ausencia de una planeación estratégica con todas sus exigencias, ni siquiera parece que la autoridad haya establecido, con ayuda de los vecinos, comerciantes y demás usuarios del centro histórico una mínima lista de urgencias, destacando las prioritarias a fin de que todo recurso se aplique precisamente en orden a su prioridad.

Imaginar la avenida Alcalde peatonalizada, llena de fuentes, bancas, jardineras y antros a lo largo de casi 3 kilómetros se presenta como un proyecto atrayente, turístico, y ecológico, sólo que para llegar a dicho parque lineal se debe cruzar por un centro histórico deprimente, con 1,600 casas abandonadas, gran número de inmuebles grafiteados, con pavimentos pavorosos, pésima iluminación, filas de coches estacionados a uno y otro lado de las calles, y prolongados embotellamientos en las calles de López Cotilla, desde la avenida Enrique Díaz de León y otro tanto en las calles de Prisciliano Sánchez, Juan Manuel, San Felipe, y Garibaldi, por los correspondientes embotellamientos de tráfico en las calles de Mariano Bárcena, Contreras Medellín, Corona y Degollado, con el consecuente empeoramiento del aire que de igual forma se fomenta por la creación de calles con topes de almohadilla en varias calles de la Zona 30. Añadir a este aspecto el tema de la permanente inseguridad en el centro histórico de la cual toda la ciudad es conocedora, hace todavía más idealista la posibilidad de llegar a disfrutar de una nueva zona peatonal que por cierto nadie está solicitando ni parece ser lo prioritario.

Armando González Escoto
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 22 de mayo de 2016).

Cuando señalábamos que las "ocurrencias" de la clase gobernante en Jalisco, administración tras administración, no eran más que eso, no lo decíamos porque lo hubiésemos inventado... somos de esta H.ciudad y tenemos muy buena memoria para ciertas cosas... el ver y padecer el deterioro de lo que ha sido el centro de esta Guadalajara es tan palpable que hasta los ciegos, mudos, tontos y locos (todo junto me refiero) lo notarían... Ah, pero no terminan de taladrar las entrañas de la antigua calle de San Francisco, cuando ya se están frotando las manos en otra estramancia (¿una más?) como lo es la de volver peatonal dicha arteria hoy conocida como Avenida 16 de Septiembre, vendiéndonos el cuento chino de que esto quedaría ¡como Barcelona! No sé francamente a que ciudad se refieran autoridades y urbanistas que han propuesto esta ocurrencia más, tal vez deba ser Barcelona, Texas... pues que yo recuerde en la de España no existe avenida de semejantes dimensiones como la que aquí nos ocupa, que sea realmente "piatonal", "dijieran en mi rancho"... Paseo de Gracia o Las Ramblas, por si los promotores locales no lo saben (que usen internet también) no son peatonales... cuentan con ancho camellón central o lateral que permite que los viandantes disfruten el andar como les venga en gana.

Las zonas peatonales son un fracaso absoluto en grandes urbes, y si no, para muestra un botón... ¿no les basta la malhadada PLAZA TAPATÍA? o más recientemente el originalmente bello ¿Parque Revolución?... aún no terminan de "piatonalizar" la cortísima callecita de Marcos Castellanos, límite Poniente del Parque, cuando ya no saben qué hacer con una especie de tianguis ambulante sabatino, donde usted señor, señora, señorita, transgénero, u lo que sea, abre la cajuela de su coche o sin él, y puede expender toda clase de prendas -eso sí, usadas-. Y del orden, marca y talla que sean. ¡Oh, Darling how lovely!...

¿Se "ocupan" más pruebas de lo que se ocasiona al cerrar al tráfico vehicular las arterias céntricas? En Puebla y Querétaro han funcionado ciertas fórmulas, pero jamás tratándose de espacios ni avenidas de las dimensiones de esta urbe... Ahora bien, si los mandamases se quieren sacudir de una vez por todas el monstruo “camioneril”, por no enfrentarse a tantos intereses creados por ellos mismos (décadas atrás) y que fueron permitiendo que dicha avenida se convirtiera en un muladar, pues no va a ser a costa de los que somos TAPATÍOS por generaciones.

Entretanto, muchísima gente que cotidianamente veíamos en el TEATRO DEGOLLADO -por citar un ejemplo- han [sic] dejado de asistir al haber cambiado la circulación de la calle que permitía no sólo rodear la Plaza de la Liberación, sino bajarse del auto a la entrada del Teatro y que el chofer -bueno, en sentido figurado- lo recogiera donde se le depositó.

Basura por todos lados... ladrones que de azotea a azotea se saltan a los patios... y una enredada madeja de cables eléctricos, telefónicos, de cable y de todas las épocas que hacen que este tramo de avenida Libertad parezca más una inmunda arteria capitalina de la colonia Guerrero o la Escuadrón 201. ¿Revivir el CeEnTRo?... ja, pues tal vez se refieran al de Guadalajara, España.

El Duque de Tlaquepaque
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 6 de junio de 2016).

¿Es Guadalajara una ciudad que tiene todos los hilos para presumirse y dar los mejores servicios a ciudadanos, turistas y hombre de negocios?

Comencemos por las puertas de entrada. Llegar a la capital tapatía por avión o camión es un desastre. Las centrales camioneras y el aeropuerto no sólo están rebasados, sino que se encuentran en manos de mafias y trabajadores que hacen el tránsito por ellos una extensión de la pesadilla más reciente. La falta de capacitación del personal y una infraestructura deficiente y caduca arroja al turista del deseo de regresar. Colas interminables para entrar a salas de última espera o de aduana dejan muy atrás cualquier canto.

Las centrales camioneras continúan con la anécdota del pleito con Uber. Los taxistas -nunca controlados por un inútil secretario de movilidad que trabaja de barata escultura- continúan la amenaza que no es solo para el operador del servicio privado de transporte, sino del pasajero que, ante los precios elevados y trato de choferes, prefieren optar por otro servicio.

El coro armónico puede dejarse a un lado ante la insistencia de ciudadanos de robos y motoladrones, de falta de acuerdos e interminables grillas del congreso, de políticos de carrera e independientes que solo buscan su hueso, de periodistas que se dicen objetivos pero apoyan “un cambio” sin decirle al lector cómo lo financian.

Gonzalo Oliveros
(v.pág.9 del periódico Milenio Jalisco del 5 de agosto de 2016).

Desde que hace unos 25 años nuestra principal avenida la convirtieron en una especie de horroroso "eje vial" de un solo sentido al tráfico de autos, dio tiro de gracia cualquier intento por remoto que fuera de al menos haber mantenido ese aire de ciudad cosmopolita que ya como Av. Juárez llego a tener hasta hace 2 o 3 décadas, restaurantes y cafés abiertos, hasta muy tarde, tiendas de lujo y el gran cine Variedades, luces de neón y tráfico en ambos sentidos, algo increíble para aquel que no lo vivió... ¡o vio! No sabemos a este punto para que invertir millones en la imagen de "marca" de Guadalajara, si ni siquiera están sus calles en estado conveniente. El centro oscuro por las noches y sin un solo establecimiento para cenar más allá de las 22:00 horas, salvo un par de excepciones y del roof del nuevo hotel NH Collection... inseguridad, oscuridad, fealdad, tristemente es la realidad que a fuerza de ocurrencias nos han venido acostumbrando a los tapatíos los que buscando dosis de irrealidad mudaron su estilo de vida auténticamente tapatía o andaluza, por un modo de vida americanizado... aunque hay mil planes para rescatar... al menos debían reparar las calles, y no es que siempre haya sido de este modo si la Ciudad de México era "la Ciudad de los Palacios"... Guadalajara no se le quedaba atrás pero esto no lo saben por supuesto las autoridades.

El Duque de Tlaquepaque
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 8 de agosto de 2016).

Puestos a escoger entre los 2 extremos -no el medio, donde es fama que se encuentra la virtud-, los tapatíos "químicamente puros" eran, tradicionalmente, menos proclives a la modestia que a la jactancia. Jalisco -¡y Guadalajara, muy particularmente!- era, para ellos, la versión corregida y aumentada de El Paraíso Terrenal. ("O sea -dirían, a la usanza actual- lo máximo...").

Que se escogiera a Guadalajara como sede de la II Cumbre del Cambio Climático de las Américas y del Grupo de Gobernadores por el Clima y los Bosques, celebradas durante 4 días de la semana pasada precisamente en esta "Tierra de Dios y de María Santísima", se antojaba -con las debidas licencias de Sherlock Holmes- "elemental". ¿Dónde mejor...?

Al margen de las conceptuosas deliberaciones y de los morrocotudos acuerdos que en el marco de esas "históricas" jornadas se tomaron, el denominado Grupo de Trabajo de Empresas y Derechos Humanos de la ONU, participante en esos eventos, se dio tiempo para realizar, a petición de vecinos de los municipios de El Salto y Juanacatlán -conurbados con Guadalajara, como es público y notorio-, un peculiar ejercicio: salir, por un rato, de los confortables salones de los hoteles de lujo en que realizaban sus "sesiones de trabajo", y constatar la realidad cotidiana del entorno en que muchos miles de personas están condenados a nacer, crecer, reproducirse y morir; a ver, oler y tocar, si les place, las aguas sucias, espumosas, pestilentes del río que alguna vez formó parte del extenso catálogo de los justos motivos de presunción de sus ancestros; a recoger testimonios sobre las enfermedades digestivas, respiratorias, renales y dermatológicas -cánceres incluidos-, amén de la deplorable calidad de vida que ese entorno ocasiona, propicia o favorece…

Un ejercicio similar, por cierto, al que hubieran podido realizar en la Cuenca del Ahogado, por la que seguramente todos ellos pasaron, a más de 100 kilómetros por hora -subidos los vidrios, conectado el aire acondicionado de las camionetas que los transportaron desde y hacia el aeropuerto-. O en el Lago de Chapala, si los anfitriones de la dichosa "Cumbre" les hubieran agendado una visita al "Rinconcito de amor / donde las almas -¿quién lo ignora...?- pueden hablarse de tú con Dios".

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 6 de septiembre de 2016).

Pese al grito estentóreo de la realidad, el gobierno municipal no lo oye. ¿Qué es más importante, invertir una millonada de nuestro dinero público peatonalizando la Avenida Alcalde, o invertir esa suma en arreglar el centro histórico que se está cayendo a pedazos? Se obstinan en hacer, dicen, una avenida, un andador bien bonito, ¿y qué con el resto enorme del centro? Fachadas pintarrajeadas, calles todas cubiertas de baches, banquetas inservibles, tráfico siempre atorado, edificios históricos en constante deterioro, jardines abandonados, inseguridad a todas horas, la macro Plaza Tapatía funcionando a medias, mugre y suciedad apenas se sale de la cruz de plazas, y el gobierno empeñado en convencer a los vecinos de Avenida Alcalde en sacar adelante su capricho, para luego decir que la decisión fue consensada, ¿cuál consensada? Si primero tomaron el acuerdo y ahora quieren que la gente lo apruebe, ¿eso es consensar?

Razón y Acción
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 17 de septiembre de 2016).

Don Agustín, chofer del servicio Uber, ha pasado varios días con un ejercicio que lo mantiene entretenido: se ha puesto a contar lo accidentes que se encuentra en sus diversas rutas y no ha habido un solo día, desde que empezó, que cuente menos de 20. "Un viernes de quincena conté hasta 38, no sé qué le pasa a la gente", me comenta. Don Agustín sólo trabaja por las mañanas y por las tardes en horas pico.

Entre los alcaldes, el gobierno estatal y la federación con la Línea 3 del Tren Eléctrico, tienen estrangulada la ciudad con obras, que van a inaugurar todo en 2017 para decirnos que trabajan en nuestro beneficio y nos acordemos de ellos en las elecciones de 2018.

Dentro de esas maravillosas obras que han planeado para nuestro beneficio, están las ciclovías. Su plan era tener 200 kilómetros, llevan alrededor de 35 y el Instituto de Movilidad del Estado prevé que no van a llegar a la meta por los recortes presupuestales. Por esos carriles exclusivos para bicicletas hay molestia de los vecinos de Marcelino García Barragán, porque no los consultaron, complican el acceso a sus casas y aseguran que pocas son las bicicletas circulan por ahí, además es ruta alterna para las obras de avenida Revolución. Así se las gastan.

A los jaliscienses les dicen que tengan paciencia porque prometieron obras y las están haciendo.

Gabriela Aguilar
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 13 de diciembre de 2016).

Si tanto las autoridades municipales como los comerciantes establecidos decidieron que algo tiene que hacerse para volver atractivo el Centro de Guadalajara, es -Perogrullo lo firmaría gustoso- porque, de un buen rato a esta parte, el dichoso Centro se ha vuelto repelente.

El comercio es uno de los principales termómetros del imán que puede tener una zona determinada de la ciudad. Al Centro de Guadalajara lo que menos le falta son visitantes. Con una salvedad: que la mayoría son pequeños comerciantes establecidos en barrios aledaños o en colonias periféricas, o simples mortales que se abastecen para las compras de temporada.

El pretexto de gobernantes y comerciantes para unir sus voces en el coro de lamentaciones, son las obras de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano que tienen convertida a la avenida Alcalde-16 de Septiembre en una ruina, y en zona de desastre varias calles aledañas que se han vuelto intransitables.

Hay, sí, el consuelo de que se trata de una etapa de transición, y la esperanza de que, concluidas esas obras y transformada la avenida de referencia en un imán que atraiga visitantes -tanto turistas como lugareños-, vengan tiempos mejores para la zona... Empero, es un hecho que muchos tapatíos han abandonado la costumbre de visitar el Centro, y muchos más, nacidos aquí, que ni siquiera lo conocen... y aun se precian de ello.

El proyecto de "revivir" el Centro se encuentra en una etapa incipiente. Ya se publican anuncios: escenas típicas de Guadalajara, con la leyenda "Vuelve a disfrutar el corazón de la ciudad"... Faltaría incorporar, a base de imaginación -¡pero mucha...!-, respuestas a las preguntas que dicha invitación sugiere: ¿Qué tiene actualmente de disfrutable el Centro de Guadalajara...? ¿Con qué compensaría a sus visitantes la penitencia -por no decir "pesadilla"- de un transporte público deficiente por donde se le mire, o la saturación de las vialidades, o la imposibilidad absoluta de circular por algunas, o la insuficiencia de los estacionamientos, o el mal estado de las banquetas, o la contaminación ambiental en la que el polvo omnipresente se suma a las emisiones de los automóviles que circulan a paso de tortuga...?

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 14 de diciembre de 2016).

La obra pública que actualmente se realiza y la que está previsto se realice en el curso de los próximos meses, impactará directamente sobre el tráfico vehicular: cierres de arterias y calles transversales con motivo de las obras de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano; cierres más breves de otras vialidades, en todos los municipios conurbados, para reemplazar los pavimentos que ya están viviendo horas extra...

Se antoja ilusorio alimentar el buen deseo que el quebranto será pasajero y que "ya vendrán tiempos mejores", considerando que Guadalajara está atrapada en la inercia, no por inevitable menos perniciosa, de una obra pública que se ha convertido en el cuento de nunca acabar...

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 28 de febrero de 2017).

Ya está decidido: Alcalde dejará de ser avenida y se convertirá en "paseo". La ciudad perderá una de sus arterias viales más importantes. En compensación, sus moradores y visitantes ganarán -supuestamente- un espacio propicio para la convivencia...

El proyecto se ha revelado, hasta ahora, de manera fragmentaria. El gobierno municipal resolvió, a raíz del cierre de la avenida, desde la Normal hasta el centro, a raíz de las obras de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano, aprovechar la coyuntura para darle a la ciudad, en palabras del alcalde Enrique Alfaro Ramírez, "el centro más bonito de la república".

La aspiración parece excesiva, considerando que muchas ciudades del país (Puebla, San Luis, Morelia, Guanajuato, Zacatecas, México obviamente...) se han esmerado en conservar en sus centros históricos edificios emblemáticos, ricos en señorío y en belleza arquitectónica. En ese aspecto, el valor estético de las construcciones que reemplazaron a las que fueron demolidas a mediados del siglo pasado para ampliar las avenidas Juárez y Alcalde-16 de Septiembre, fue nulo. La mediocridad fue la tónica. Lejos de enriquecer, empobrecieron a la ciudad. La hicieron más funcional, seguramente -lo fue hasta hará unos 25 años-... pero no más hermosa.

Una de las variantes de la Ley de Murphy advierte que "nada -incluida la avenida Alcalde, como está actualmente- es tan malo que no pueda estar peor".

Jaime García Elías
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 1o.de marzo de 2017).

Sórdida, sucia, infecta, decadente... Cualquiera de esos pudiera ser el calificativo a la medida para las condiciones en que se encuentra, desde hace años la Plaza de los Mariachis. La que debería ser -y que probablemente en alguna época remota fue- uno de los principales atractivos turísticos de Guadalajara, reputada mundialmente como la tierra del tequila y del mariachi, pasó a ser, para los turistas sobre todo, una zona repelente, desagradable, pestilente... e incluso peligrosa.

Las intentonas que se han hecho en el pasado para devolver a la Plaza de los Mariachis la dignidad y el atractivo que probablemente tuvo en tiempos de María Canica, han resultado fallidas... Si, en este caso, "lo más importante -en palabras del jefe del gabinete del ayuntamiento, Hugo Luna Vázquez- va a ser la renovación de la imagen urbana, la pintura de las fachadas, la iluminación y el equipamiento del mobiliario", se estará corriendo el riesgo de tropezar de nuevo con la misma piedra; de quedarse en el aspecto estético; de malgastar el dinero del pueblo, que teóricamente debería invertirse en obras socialmente útiles, en algo tan ocioso -valga la analogía- como maquillar un cadáver insepulto.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 14 de marzo de 2017).

Todo empezó con una solitaria línea de telégrafo que iba dispuesta sobre postes de madera. Incluso, en las áreas centrales de la ciudad, la línea iba fijada en la parte superior de las construcciones. Luego vinieron los tendidos de la electricidad, los del alumbrado público, los de teléfonos y semáforos...

Gradualmente la malla fue creciendo. Un punto de inflexión lo constituyó la instalación de la televisión por cable, y más redes que la tecnología fue necesitando. Actualmente, no existe prácticamente una calle o espacio público que se mantenga libre de la omnipresente maraña de instalaciones aéreas.

El resultado, no por paulatino es menos dramático: el paisaje urbano ha ido mutando. De ser la expresión natural de las necesidades arquitectónicas y constructivas de los habitantes se ha convertido en un campo visual altamente contaminado y alterado por las excrecencias tecnológicas de la vida contemporánea. Esto constituye una verdadera mutación en el aspecto de la ciudad, y más profundame.

Basta repasar los viejos álbumes de pueblos y ciudades, sus cielos y perspectivas limpios. Basta observar los registros pictóricos y fotográficos que de nuestra ciudad se conservan hasta casi la mitad de la pasada centuria.

Pero, en tantos casos como el de Guadalajara, la condición de limpieza visual, por su misma espontaneidad, era un hecho firme y tácito, una característica que se daba por asegurada. De allí que no hubiera mayores resistencias cuando la incipiente maraña de los cables comenzó. Voces experimentadas plantearon en su momento -desde la década de los 30- la implantación de ductos subterráneos para alojar, con mayor seguridad y mejor mantenimiento, las distintas redes necesarias. Pero, por supuesto que tal inversión estaba lejos de la ecuación de menor esfuerzo y gasto de las distintas compañías.

El resultado está a la vista. Una mutación sumamente desafortunada del paisaje urbano. Anuncios, grafitis, construcciones y chipotes inarmónicos, y miles de kilómetros de cableado aéreo han terminado por trastocar profundamente los contextos que debieran ser ordenados, limpios, gratos.

Juan Palomar Verea
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 19 de abril de 2017).

La proliferación del grafitti por toda la ciudad seguirá siendo, a los ojos de propios y extraños, elocuente manifestación de la incultura y del desapego de los tapatíos -de muchos tapatíos, al menos- a la casa común.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 28 de junio de 2017).

Los ejidatarios de El Zapote en la Carretera a Chapala bloqueando un carril y la entrada al aeropuerto tapatío.

Los mototaxistas paralizando avenida López Mateos a la altura de La Tijera porque se autodenominan "prestadores de un servicio" necesario.

Más de 12,000 autos de Uber circulando con un amparo bajo el brazo.

Cierres y desvíos por obras y más obras y la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero con la tuneladora detenida.

Todo eso ocurrió ayer en la metrópoli.

Allá en La Fuente
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de julio de 2017).

Lamento que hoy nuestras vías urbanas no se hayan vuelto inalámbricas y que sólo consigamos mirar al cielo a través de un denso entretejido de cables portadores de servicios varios que, aunque hayan perdido su utilidad vigente, sigan contaminando el panorama hasta que la lluvia o un buen ventarrón los remuevan, tal como sucede con las tiras de ornato que se colocan para ambientar el paso de la zapopana por las calles de nuestra ciudad.

Paty Blue
(v.pág.3-A del periódico El Informador del 23 de julio de 2017).

Tráfico desenfrenado, ruidos incesantes y fuera de toda norma, "espectaculares" que proliferan, anuncios irregulares de toda índole, banquetas intransitables, grave carencia de arbolado urbano, imagen urbana deteriorada, postes y cableados demenciales, fealdad que avanza: otros tantos actuales fenómenos generalizados, otros tantos componentes tóxicos de la ciudad ante los que habría que reaccionar, que la sociedad debería de combatir y eliminar.

Juan Palomar Verea
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 23 de agosto de 2017).

Opiniones de algunos visitantes


Me parece muy bonita Guadalajara, pero está muy sucio, hay demasiadas cosas tiradas y es una malísima imagen para los que venimos.

Margarita Noriega (de Zacatecas)
(v.pág.4/A de El Occidental del 20 de abril de 2003).

Comentario del webmaster - en el mismo artículo periodístico aparece la siguiente información: "Las vacaciones [de Semana Santa] llegaron para todos, incluso para quienes se encargan del aseo público de Guadalajara, lo cual provoca que las plazas y jardines de la ciudad luzcan con basura y sea una mala imagen para los turistas". Así es como los exageradamente bien pagados gobernantes promueven turísticamente a la ciudad.

Publicado en el periódico El Informador el 30/sep/2004 Publicado en el periódico Público el 18/dic/2009 Publicado en el periódico El Informador el 25/may/2010

La mayoría de los usuarios de las calandrias son turistas nacionales aunque también los estadounidenses gustan de subir al carruaje. Gilberto dice que a todos les gusta la ciudad, pero que esta impresión desaparece cuando el carruaje se aproxima al Mercado de San Juan de Dios y a la Plaza de los Mariachis, "ahí huele mal y está muy sucio".

(V.pág.7-A del periódico El Informador del 6 de abril de 2005).


Para disfrutar Guadalajara, o se es trasnochador o se es madrugador... y hay que dormir el resto del día para no ver cómo acabaron con la ciudad.

Emmanuel Carballo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de noviembre de 2006).


"Coca Cola y espectaculares, fue la primera impresión que tuve de Guadalajara", dijo el reconocido conferencista Charles Landry, durante su visita a nuestra ciudad para impartir la ponencia: "El arte de crear ciudades".

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 16 de octubre de 2007).


Un diario local ("Público", III-11-08) difundió la misiva de un lector, Joel Torres León, quien se identifica como extranjero, temporalmente residente en Guadalajara. La carta pondera el celo que autoridades y vecinos de México, Querétaro, Morelia, Aguascalientes y Zacatecas han tenido por conservar sus centros históricos libres de "graffiti"; con atractivos cafés y restaurantes al aire libre; con comercios de artesanías orientados hacia el turismo... De ahí salta al contraste brutal. Tras aseverar que "Guadalajara tiene potencial para desarrollar un gran centro histórico con condiciones para alto turismo" (sus edificios públicos, la amplitud de sus plazas, algunas iglesias...), repara en que las casas están ruinosas o deterioradas; en que los toldos de los negocios, "como todo en la ciudad, tienen dos centímetros de mugre"; en que "la basura inunda la ciudad"; en que "las ventanas son basureros públicos"; en que la gente pisotea, arruina y ensucia los prados, se mete a las fuentes y hasta lava en ellas; en que calles y banquetas están "en terribles condiciones"; en que los negocios son "totalmente tercermundistas", repelentes para los turistas.

"Guadalajara -añade la carta- no ofrece nada para invitar al regreso. Al contrario -concluye-: es el repelente mejor planeado de México para alejar al visitante".

Por desgracia, esa fotografía -realista, descarnada, cruda; sin el retoque truculento de la demagogia; sin el maquillaje mentiroso de "Las Tontas no van al Cielo"...- no sólo retrata a la ciudad: retrata fielmente, sobre todo, a sus habitantes... y a sus desgobernantes.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 12 de marzo de 2008).


¡He sentido la vergüenza más grande de mis últimos tiempos! Recibí la visita de amistades extranjeras, con las que compartí estudios universitarios durante mi estancia en Canadá, y si ellos han quedado sorprendidos con lo descuidada que esta mi ciudad, más golpeado aún he quedado yo cuando me hicieron ver mucha realidad urbana-social de la que todos los tapatíos somos participes.

Calles del centro histórico son realmente una vergüenza, la suciedad, el mal comportamiento de los ciudadanos, la falta de interés por parte de las autoridades gubernamentales, mal control de la policía, los lugares de venta de comida, los pequeños negocios que se encuentran en el área del centro de nuestra ciudad...

Quedaron desilusionados.. y eso que siempre les decía que vivía en una linda ciudad. Aún peor me sentí cuando me dijeron que jamás volverían a visitarme, que han tenido una experiencia "pésima" como turistas en el área. ¡Estoy muy achicopalado!

Juan Carlos Rodríguez Escobar
(v.pág.8 "Cartas del lector" del periódico Mural del 3 de julio de 2008).


El mensaje que se tomó la molestia de dejar José Luis Hernández Yáñez a manera de despedida, luego de una breve estancia en Guadalajara, sería ofensivo si fuera calumnioso; es decir, si careciera de veracidad. Pero como no es el caso y sí, en cambio, se trata de un diagnóstico puntual, sincero, muy probablemente realizado con espíritu constructivo, resulta simplemente vergonzoso...

Este (con mínimos retoques de carácter gramatical... y, en todo caso, matizando, por respeto al estómago del lector, algunos detalles innecesarios, pero sin desvirtuarlo en absoluto) es el texto del mensaje:

"Vengo de la ciudad de Querétaro, a la cual regresaré mañana... gracias a Dios (...). Ha sido una experiencia no muy grata estar en esta ciudad, ya que es un enorme basurero. Realmente da pena ver todo el centro de la ciudad lleno de basura, y del mercado llamado "San Juan de Dios", ni hablar: qué cosa más indignante. Creo que es el establecimiento más grande de América de esas características, y también así de grande es el basurero. Hay excreciones humanas por todos lados. En las escaleras y por todos los rincones, los olores fétidos son notorios. Se siente una gran vergüenza. En el área de fondas, igual: los olores de guisos, mezclados con otros no tan agradables; las cocineras, desaliñadas; las barras, sucias. En cuanto a los precios, son muy altos para un lugar popular. Qué vergüenza que promuevan este mercado como un sitio turístico mundial. Si no lo pueden limpiar, deberían demolerlo. Los invito a Querétaro y a que hagan una comparación. Perdón si ofendo a alguien, pero digo la verdad...".

So pretexto de la celebración de los Juegos Panamericanos de 2011 en Guadalajara, la actual administración municipal está empeñada en "rescatar" el llamado "centro histórico" de la ciudad. Se abre, pues, un plazo perentorio de dos años para revertir los patrones de conducta de los habitantes de ésta que se preció de ser "ciudad limpia"... o para resignarnos a que sus visitantes se lleven la convicción de que Guadalajara está habitada -¡y gobernada, no faltaba más...!- por marranos (peyorativamente hablando, por supuesto).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 6 de enero de 2009).


En Guadalajara sólo hay 2 estaciones en el año: un largo verano, dividido en un verano seco y otro húmedo "como el Monzón", y un corto y seco otoño.

Turista inglés.


Para decirlo pronto: los turistas que visitan Guadalajara se llevan, en general, una buena impresión de la ciudad... y mala de sus habitantes.

Los turistas que por estas fechas visitan Guadalajara, la chulean por sus amplias avenidas, por sus parques y jardines, por la belleza de algunos de sus edificios públicos... Hay que decir, en honor a la verdad, que el mérito, en gran medida, corresponde a los tapatíos que aprovecharon el asueto de las semanas Santa y de Pascua para abandonar la ciudad y correr hasta donde les aguante el huarache. Gracias a ellos, las avenidas recuperan su prístina vocación de rúas por las que circulan con razonable fluidez los vehículos, y dejan de ser los habituales "tortugódromos"; es decir, pistas donde los automóviles -sobre todo a ciertas horas- se desplazan a paso de quelonio reumático.

Sin embargo, aun entre los visitantes hay consenso en que el pintito en el arroz de la zona metropolitana de Guadalajara estriba en el desaseo. En las comparaciones, especialmente cuando se le parangona con Querétaro, San Luis Potosí, Zacatecas, Morelia y el Distrito Federal, por ejemplo, la otrora "Perla de Occidente" sale perdiendo... y por goliza.

Es una mala costumbre hablar mal de los demás. En el caso, sin embargo, es de justicia hacerlo: si Guadalajara y anexas se distingue -para mal- por la suciedad, es por la incapacidad de quienes la gobiernan para hacer cumplir las leyes, como "protestan solemnemente" hacerlo cuando toman posesión de sus cargos. Se han gastado fortunas en hacer campañas de "concientización" a favor de la limpieza (aquellos espantosos "pendones" que proclamaban que "En Guadalajara la limpieza va en serio", en la administración que encabezó Fernando Garza, por ejemplo), en vez de hacer algo que no sólo no cuesta sino, incluso, puede llevar dinero a las arcas públicas: aplicar a rajatabla los reglamentos municipales, y multar tanto a quien tire basura como a quien no barra diariamente el frente de su casa.

Una ciudad, en efecto, refleja a la perfección, en algo tan básico como el aseo, tanto el carácter y el civismo de sus habitantes... como la calidad de sus gobernantes.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 6 de abril de 2010).


De acuerdo con un sondeo realizado por la Dirección de Turismo del Ayuntamiento de Guadalajara, la basura fue la principal queja de los visitantes que arribaron a la ciudad durante la Semana Santa y Pascua.

(V.pág.6 de la sección "Negocios" del periódico Mural del 22 de abril de 2010).


Estimado señor Revueltas (El ángel exterminador, 02/06/10).Tristemente de acuerdo con usted, he pensado que los mexicanos tenemos una vocación genética a la fealdad y al ruido, a pesar de las incesantes loas que a diario nos recetan sobre la "belleza que nace de nuestra mexicanidad". Sistemáticamente hemos ido destruyendo todas las bellezas naturales de este país: playas contaminadas, bosques talados, arroyos drenaje, lagunas, cloaca, etc., etc.

El impacto negativo visual y auditivo que usted sufrió al pasearse por esta otrora ciudad de las rosas, hoy ciudad de las fosas, se quedó corto. No obstante, le agradezco su señalamiento.

Carmen Herrera Dania de Grossi
(v.pág.21 "correo" del periódico Público del 4 de junio de 2010).


No sé si alguna vez les ha pasado. Algún conocido llega a tu casa sin previo aviso, ésta está sucia y desordenada, se te cae la cara de vergüenza y deseas haber estado alerta para haber causado una buena impresión. Ahora ya es tarde, ese visitante pensará que eres un puerco y un desobligado, que poco o nada haces por mantener limpia tu casa. Y puede que tenga razón.

Pues igualito me pasó con la visita del polémico columnista del diario Público-Milenio, Román Revueltas Retes a nuestra ciudad. En su columna del miércoles 2, Ruido, suciedad, fealdad..., narra de manera por demás cruda y real, la impresión recibida durante su reciente visita de fin de semana a Guadalajara, nuestra Guadalajara. Habla de la "descomunal suciedad de sus calles... plagada de grafiti por doquier". Compara a nuestra querida Guadalajara diciendo "La ciudad está igual de inmunda que el DeFectuoso". Cabe aclarar que Román vive en Aguascalientes, que, reconozcámoslo aunque no nos guste la comparación, es una ciudad limpia ordenada, civilizada y humanizada. La conozco y puedo aseverar esta versión. Algunos de ustedes me dirán que Aguas no tiene tantos habitantes como Guadalajara, a lo que reviraré que la Perla tapatía no tiene tantos habitantes como el DF; la proporción es de 5 chilangos por un tapatío.

Salta a la vista que muchos somos unos ciudadanos indolentes, puercos, irresponsables, bárbaros, embrutecidos e insensibilizados por el diario acontecer y que dejamos de lado el cuidado y limpieza de nuestra ciudad capital. Si a lo anterior le aunamos que tenemos (padecemos y mantenemos -becamos-) a unos servidores públicos (me niego a reconocerlos como autoridades) totalmente incapaces, improvisados, irresponsables, indolentes y estultos en su diario quehacer, y surge una fórmula de espanto: una ciudad cuyos habitantes no la cuidamos y además la ensuciamos y que los que debieran limpiarla y ordenarla a pesar de nosotros no lo saben (o no lo quieren) hacer. Qué vergüenza, no sé ustedes. Pero, no se vale. Puercos todos.

Jorge del Pozo Marx
(v.pág.21 "correo" del periódico Público del 4 de junio de 2010).


Muchos al llegar a Guadalajara sólo se preguntan respecto a qué basurero se han metido.

JP
(v.pág.4 "Comentarios a mural.com" del periódico Mural del 11 de octubre de 2012).


Levantarse de la banca y dejar botes o caminar y arrojar basura al suelo, son imágenes que todos los días se repiten en el centro de Guadalajara y son captadas por trabajadores de los giros turísticos de la zona. Coinciden en algo: los tapatíos están lejos de contar con una cultura cívica para conservar limpios los espacios públicos.

Nataly Torres, quien vende boletos para el Tequila Tour en Plaza Guadalajara desde hace un año, lamenta que la perspectiva de los turistas, emocionados con la ciudad, cambie cuando ven escenas como la que describe: "Hay veces que la gente nada más remueve la basura con el pie para esconderla y ya, pero es a la vista de todos".

Tan solo a una cuadra de distancia, sus colegas del Tapatío Tour comparten su visión. A decir de Sergio Ortiz, a veces los turistas están tan entusiasmados con la arquitectura de la ciudad que no perciben el "detalle" de la basura, aunque hay sus excepciones.

Su compañero Carlos López asegura que muchos visitantes los felicitan por tener una ciudad tan limpia y bien cuidada luego de disfrutar el paseo. Esto por una razón: "Tenemos comentarios de que tenemos una ciudad limpia... pero es porque hay mucha gente del ayuntamiento trabajando en eso y los lugares por los que pasamos los mantienen limpios, Vallarta, Chapultepec, pero si nos arrimamos a San Juan de Dios otra cosa sería, además hay gente que todavía deja caer basura de los carros y los camiones".

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 21 de octubre de 2012).


Damiano Calore, arquitecto de origen italiano. En su visión de Guadalajara la ciudad se defiende en muchos aspectos contra otras ciudades, pero es en el transporte público en donde le salen todos los nudos al peine por el mal servicio. "Es en donde se nota que México es tercer mundo".

(V.pág.7-A del periódico El Informador del 10 de febrero de 2013).


"Me molesta que hay basura en el Centro (de Guadalajara); hace feo el lugar", indica Sebastian Amor, originario de Sídney, Australia.

En el Anuario 2007, las encuestas con turistas coincidieron en que el tráfico era lo que menos les gustó. En 2013 el peor servicio evaluado cambió: la falta de limpieza y basura desbancaron en el 1er. sitio al tráfico. Esto exhibe la carencia de más acciones de limpieza de la autoridad municipal, pero también el desinterés de la población para depositar los desechos en botes de basura.

"Es una gran ciudad con mucha basura, con muchos autos... pero me gusta mucho", responde Sharon Evans, originaria de Wisconsin.

¿Cuáles son las principales sugerencias de mejora realizadas por visitantes?: mejorar la movilidad, cuidar el medio ambiente y dar mantenimiento a las calles.

(V.primera plana del periódico El Informador del 6 de julio de 2014).

Con respecto a Guadalajara, a Jesús García le agrada la posibilidad de poder hacer viajes cortos a otros destinos, además de la oferta cultural. Sin embargo, enciende la alerta de que en sus visitas ha percibido que el centro histórico está más sucio que en otros lugares, como Querétaro y Puebla.

De acuerdo con la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara, en 2013 el peor servicio evaluado por los turistas fue la falta de limpieza y basura, desbancando al 2o. sitio al tráfico, que fue la principal queja en 2007.

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 27 de septiembre de 2014).

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