Tapatíos 100%


"Guadalajara es la hija predilecta del trueno y la tempestad."
Ignacio Manuel Altamirano, escritor del Siglo XIX


Con la intención desinteresada de contribuir al entendimiento de los tapatíos y los "fuereños", se presentan las siguientes reglas que permiten entender e identificar al verdadero tapatío.
No hagas en privado aquello que puede ser público mediante el sano ejercicio del rumor o el chisme (ingeniería social). Frases como: "me contaron que...", "te lo voy a confiar nada más a ti...", "no vayas a decirle a nadie...", forman parte del vocabulario cotidiano del tapatío radical. El truco consiste en narrar la historia sin implicarse.
No hagas público aquello que debiera saberse. Un auténtico tapatío se reconoce por su capacidad para guardar información privilegiada, y más si con ello se protege la reputación de algún pariente o amigo. La fidelidad del tapatío radical está con los de su propia especie, los demás no importan.
Comprométete a todo, pero nunca digas cuándo (no en balde el "Son de la Negra" es una de las piezas de música jaliciense más conocidas mundialmente). El verdadero tapatío jamás le pone fecha a sus compromisos y recurre al "te llamo para confirmar..."; así evita el uso del poco diplomático "no". Sacar la agenda puede ser considerado un signo de mala educación o hacer sospechar al interlocutor en turno de algún interés inconfesable. Entre tapatíos radicales esto no representa problema, ya que se resuelve con un cómodo: "me llamas o te llamo... sí pues".
Conoce los árboles genealógicos de las familias "bien", que es uno de los principales requisitos para moverse con soltura en diferentes ámbitos. Un "pero claro, tú eres la hija de "X", que se casó con "Y", quien es primo de mi cuñado", es capaz de abrir cualquier puerta. Además, cualquiera que no pertenezca a esas familias y haga billetes, es sospechoso de "lavado de dinero" o "narcotráfico".
Al buen tapatío se le reconoce por el beso en la mejilla y el apretón discreto de manos. No se trata en estricto sentido de un beso ni de un apretón, es apenas un roce en la mejilla y un corto y discreto toque de manos, otros aspavientos son costumbres de norteños y mafiosos.
La utilización de diminutivos forma parte de la complicada socialización del tapatío o tapatía radical. Jamás emplea en familia o fuera del círculo de los "de más confianza" palabrotas soeces como usan los norteños.
Fundamental resulta el dominio de ciertos localismos en sus contextos de uso. "Ocupo" (en lugar de necesito), el adverbio "bien" ("bien mucho", "bien bonito", "bien suave", etc.), "ira" (como sinónimo de "mira", "fíjate"), "mijo" o "mija" (para dirigirse a cualquier persona menor en edad), el "pos" en lugar de "pues", y finalmente, el plural en las conjugaciones de la segunda persona del singular ("dijistes", "trajistes", "hicistes").
Los tapatíos pueden ser invisibles. Pueden encontrarse de frente dos amigos y no reconocerse (por así convenir en el momento a uno o ambos de ellos), así que se rozarán sin saludarse. Hay que afinar la lectura del lenguaje corporal para evitar saludar a alguien que en ese momento no lo desea.
El tapatío es "sentido como jarrito de Tonalá". Ello significa que se toma todo a pecho y como afrenta personal.
Los tapatíos radicales tienen varias opciones dominicales: recluirse en la santidad del hogar; recluirse en la santidad del hogar extendido, es decir, en la casa de los papás, los suegros o los abuelos; ir a comer raspados; metersa a las plazas en busca de boletos para la película más solicitada; ir al fut-bol y, si gana su equipo, llevar a comer a la familia a las "Carnes Garibaldi", si pierde, a la birria a Tlaquepaque. Organizar "carnes asadas" no es opción. Esta es costumbre de norteños y "donde empieza la carne asada termina la civilización".
El Tapatío 100% jamás se deja ver en "desfiguros". Eso de salir a la calle vestido como para lavar el aljibe es costumbre de chilangos. No es admisible ni para lavar el carro.
Cuando el auténtico tapatío maneja un automóvil se convierte en propietario del carril por donde circula y no admite que nadie se le atraviese obligándolo a modificar la velocidad o cambiar de carril. Por supuesto que él también trata de no estorbar y solo la desesperación o el error (nunca admitido) lo hacen entrar en forma "imprudente" a un carril. Otra forma de conducir es considerada incivil, "chilanga" o de "gente que aprendió a manejar en una cantina".

De Mexicanos de Primera, a Chilangos de Tercera

Y como la maldición se cumplió: Guadalajara cada vez se parece más al DF, volvieron a salir con sus altares de muertos, alegando que son 'tradición', cuando antes de la invasión chilanga no habían sido vistos en esta ciudad.

Me comentaban que habían promovido la instalación del altar de muertos para frenar la costumbre -más exótica- del 'Halloween'. Está bien, pero eso de las calabaza y las chiquillas y chiquillos tocando a las puertas para pedir regalos en esa fecha, es costumbre de hace siglos en la hacienda de El Cabezón, de los Cañedo, aquí en Ameca.

Chiquillas y chiquillos salen en bola, sonando botes y cazuelas, tocan la puerta y cantan: 'No vengo por hambre/ni por necesidad/es por costumbre/que usted me ha de dar'. Les daban calabaza cocida, tamales, dulces o dinero. Hagan de cuenta como ahora 'pedir el jalowin'.

En la zona rural de Ameca había la costumbre de 'Pedir la Calabaza'. Rezaban y luego recitaban a la puerta 'Animas de esta casa, echen fuera la calabaza'. Así que ni calabazas, ni pedidera son tan exóticos en estos rumbos, como lo es la fábula de los altares de muertos.

Gregorio González Cabral
(v.pág. 4A de Ocho Columnas del 4 de noviembre de 2001).


La explicación de por qué estamos y somos así los tapatíos. Si lo llevamos en el tibio clima, el lustroso paisaje, el cielo nimboso, los celajes inolvidables; el 'ahorro' consuetudinario, la afición al chisme, la envidia inclemente, la desconfianza habitual, lo cual no siempre pudieran ser defectos, pues los griegos clásicos eran así y construyeron la cultura madre, del mismo modo como el culto Agustín Yáñez nos dio una Minerva que parece madre con casco.

Francisco Rea González
(v.pág.7/A del periódico El Occidental del 4 de mayo de 2003).


Siempre donde hay dos tapatíos, encontramos seis opiniones distintas y tres pleitos verdaderos. Imposible esperar unanimidad respecto a nada en estos rumbos donde los celos y las envidias son considerados virtudes cívicas.

Gregorio González Cabral
(v.pág.10A del periódico Ocho Columnas del 8 de junio de 2003).


Cucharadas de jarabe tapatío

Pos, si no le parece o no está de acuerdo y si ha de malgastar su vida criticando la forma de ser, hablar, pensar, manejar y convivir que tenemos los tapatíos, me permitiría sugerir a mi rumbosa vecina que se dé una vuelta por la Central Camionera e investigue cuándo hay corridas hacia Durango o Villahermosa, en donde dicen que se vive a todo dar.

No es que no la apreciemos, ni que en la cuadra experimentemos animadversión alguna contra los oriundos de la otrora húmeda laguna de Texcoco. Tampoco se trata de coartarle su inalienable libertad de expresión sino, simplemente, sugerir que ella, al igual que todos esos fuereños que tan a disgusto viven en este pueblo bicicletero a donde llegaron para asentarse, alcance esa paz espiritual que ha perdido a causa de nuestros regionalismos verbales y nuestras provincianas mochilerías.

Tal vez en un destino más distante, no se le altere el ánimo porque alguien ocupa un birote para hacerse un lonche, un balde para trapear el zaguán o un fajo para detenerse el pantalón. En otra ciudad que no sea Guadalajara, quizá nadie ofenda su pudor porque come capirotada con panocha o porque coge un camión en Pedromoreno o Lopezcotilla. Muy posiblemente, en otro terruño geográficamente más cercano a la avanzada capital que dejó hace diez años, no tenga necesidad de vivir enfatizando las desventajosas comparaciones entre su lugar de origen y su actual residencia. Estoy cierta de que en otros lares, su proverbial impuntualidad no será más responsabilidad de esos torpes jalisquillos que manejan y papan moscas al mismo tiempo; que dejará de lamentar la ausencia de quién sabe que menjurje que en su tierra abunda y aquí ni siquiera sabemos con qué se come.

Probablemente me equivoque, pero intuyo que si la susodicha muda sus reales a otras latitudes, dejará de repelar por el modo como hablamos, por lo sentido que somos, por las costumbres que tenemos.

Y más le valdría considerar muy seriamente la posibilidad de encontrar un nuevo sitio para vivir, porque a quienes le rodeamos ya nos caldeó el ánimo y, Dios no lo quiera, cualquier chico rato, no nos detendremos para suministrarle unas cuantas cucharadas de jarabe tapatío, pero con una cuchara de palo, de esas que aquí ocupamos para menear ese menudo aguado y sin chiste que tanto le hace extrañar el potaje grasiento y enchilado que se estila en su terruño. No es que deseemos emprender una campaña de linchamiento contra los capitalinos que encontraron buen asiento geográfico en nuestra hospitalaria y remilgosa ciudad, pero al menos desearíamos que les funcionara un poquito mejor la dinámica neuronal para asumir que, si se trata de criticar o hablar mal de los tapatíos, sólo nosotros podemos hacerlo con impunidad. Faltaba más. Y, para empeorar el asunto y volverlo más pantanoso, la desdichada le va al América.

Paty Blue
(v.pág.38 del periódico Público del 30 de septiembre de 2003).


Publicado en el periódico Mural el 9 de octubre de 2003.


Batalla callejera [del 28 de mayo] mirada en su totalidad por la televisión que produjo un hecho nunca antes visto en la historia de siglos de Guadalajara: la aceptación y el apoyo de los habitantes a sus policías.

Por primera vez los cuicos no sólo recibieron el reconocimiento de los tapatíos, sino que generaron un fuerte sentimiento de apoyo popular. Frente a los políticos radicales y los burócratas de los derechos humanos que 'pretenden calumniarlos', achacándoles violencia innecesaria a unos y prácticas torturadoras a los de la judicial, la voluntad general está por 'las fuerzas de la ley'.

Según sondeos, un rotundo 80% de los ciudadanos están completamente de acuerdo con sus policías. Es más, la gente ya no les huye cuando divisa a los policías. Incluso les ofrece el jarro de agua o la chela.

Pero no sólo eso. Para dejar en claro el 'milagro', los agarrados, ahorrativos, codísimos lugareños ya acordaron darles propina a sus policías. Eso sí es más que prodigioso. Tapatíos reconociendo servicios con dinero y no con diplomas, es también para la historia. No obstante sucedió. En lugar de descontarles a los policías los escudos rotos, las macanas perdidas o las botas maltratadas, les van a dar: cinco mil pesos a cada uno de quienes estuvieron en primera línea, dos mil a quienes hayan estado de apoyo a la hora de los hechos y mil a cada policía o 'policío' que haya estado acuartelado.

¿Cuándo se había visto eso en Guadalajara? Nunca antes. Jamás de los jamases.

La misma gente presiona para evitar la impunidad, por lo menos la de quienes fueron atrapados o atrapadas por la policía la tarde noche de aquel viernes. Aun cuando ahora alegan que no fueron ellos o ellas, que los confundieron, que los encueraron, que les pusieron a hacer sentadillas, que 'libertad a los presos políticos', el clamor popular es que paguen por andar viniendo aquí a golpear pacientes policías y a causar destrozos en los comercios. De plano tienen la aplastante mayoría en contra... e indignada.

Para acabar de complicarles la vida, salieron a defenderlos ¡los del PRD! Ahora sí como si pretendieran hundirlos. Vale aquel dicho: Mejor no me defiendas, compadre. Aquí el PRD, aparte de que no pinta, dejó fama de revoltosos. Y precisamente por eso los traen de encargo, por revoltosos, por enemigos de la ley y el orden, por anacrónicos izquierdistas...

Gregorio González Cabral
(v.pág.9A del periódico Ocho Columnas del 6 de junio de 2004).


Eso que llamamos aquí 'crudo invierno' en otras latitudes sería una agradable semana de otoño.

Los tapatíos (o biroteros-zonametropolitanos, para ser más específicos) somos malagradecidos y más bien chillones respecto al clima que nos tocó: siempre estamos viviendo el mes más frío, el más caliente, el más lluvioso o el más seco del que tenemos memoria. Y ése es el problema: que no tenemos memoria. Queremos que la ciudad se acerque al mito que tenemos de ella, el de 'la ciudad de la casi eterna primavera'... porque sin el 'casi' sería entonces Cuernavaca, que así le dicen, aunque tenga peor tráfico y contaminación que nosotros, gracias a las hordas chilangas que han tenido a bien invadirla.

Y entonces queremos vivir de acuerdo con una falsa idea de lo que es el clima aquí: dizque una sucesión de largas primaveras, refrescadas por un par de meses lluviosos que nos dejan el aroma de tierra mojada y rematadas por templados otoños en los que, si acaso, sacaremos una chamarra o un rebozo, según el gusto y ya no el género.

Pero no es así: arrancamos el año entre azul y buenas noches, con días secos y fríos como bistec sin tapa en el refrigerador, luego tenemos dos o tres meses ventosos y con tolvaneras para pasar a un calor estilo Mexicali light donde hasta las iguanas pujan. Cuando estamos a punto de morir deshidratados, llegan unos tormentones que nos inundan hasta las azoteas, y terminan justo a tiempo de tener, ahora sí, algunas semanas de campeonato, que nos dejan soñar con eso de la 'primavera eterna', que aparte de cursi suena más añejo que un comercial de Novedades Bertha.

Y esta época es lo mismo, la terca realidad termina por encimársenos una y otra vez: en cuanto los meteorólogos predijeron 'el invierno más crudo de los últimos años', empezó un calor como de Cuyutlán en julio, y ahora que nos acercamos a febrero, tómala: fríos, resfriados y pulmonías. Entramos al invierno.

Por lo pronto, yo aprovecharía para sacar del ropero un 'gallito' que algún despistado de apellido Navarrete se agenció justo para salir a cazar focas en el Polo Norte, aunque nunca fue más allá de Sombrerete, y que aquí sólo puede ser utilizado en una madrugada como la de antier. El problema es que dos horas después ya está uno sudando como pasajero de minibús en mayo. Y ni modo de cargarlo: tiene el volumen, la apariencia y la mitad de peso que un auténtico oso grizzly. De hecho, parece que el pariente mío no fue más allá del cañón de Juchipila, les decía, porque lo confundieron con una bestia y otro ídem se lo tumbó con un riflazo 30-30.

El agujerote, cuando menos, ahora sirve de ventlación.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 20 de enero de 2005).


En nuestro envidioso mundito tapatío, podemos apreciar una tendencia bastante prolija para hablar mal de los demás. La cizaña, los rumores y el chisme se dan con singular alegría, sobre todo cuando se trata de arruinar a quien ha tenido éxito.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.8A del periódico Mural del 3 de febrero de 2005).


Tiene su significado la indiscreción de los botellones de barro de Guadalajara. Así como éstos transpiran el agua que se les confía, así los tapatíos dejan escapar cuanto saben o les cuentan en una continua exudación de rumores.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y ex gobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de febrero de 2005).


La apatía que caracterizó durante generaciones a los tapatíos, murió a raíz de las explosiones del ´92, y quedó sepultada bajo los escombros de las calles reventadas y las casas derruidas en el Sector Reforma. Aquella ciudad tibia, apática, indiferente, cuyos habitantes se quedaron al margen de los acontecimientos históricos; que en la guerra de Independencia se inclinó más hacia Calleja que hacia Hidalgo y que festejó con un multitudinario Te-Deum en catedral la victoria realista en la batalla de Puente de Calderón y la huida del libertador y sus huestes, y que en la Revolución vio pasar por sus calles a villistas y carrancistas como quien ve llover y no se moja; aquella ciudad abúlica, incapaz de involucrarse en nada, es cosa del pasado...

Lo que antes era excepcional, si acaso, ahora es sistemático: la actitud de los tapatíos se ha vuelto levantisca por sistema. Ejemplos recientes: la irritación de los comerciantes del Mercado Libertad cuando se habló, hace unos años, de demolerlo; la indignación generalizada ante las recientemente anunciadas alzas en las tarifas del transporte público; ahora mismo, las voces de protesta que ya empiezan a levantarse ante el anuncio del alcalde de Guadalajara, de dar luz verde a la instalación de ductos para el gas natural.

Muchos tapatíos aún no pueden superar 'el síndrome de Guadalajara', como se le llegó a llamar: en todo ven amenazas de explosiones.

Queda claro que la burra no era arisca...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 9 de marzo de 2005).


Guadalajara es una ciudad bonita, podrida de chiqueada, muy sangrona, y su medio cultural es muy hostil. Hasta ahora están surgiendo los apoyos de gobierno, pero no ha habido un apoyo proporcional a la cantidad tan grande de creación que se hace en la ciudad.

El gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, se muestra totalmente desinteresado en los temas de la cultura. Tenemos una secretaría pobrísima en recursos, en capacidad y visión y una secretaria que me da un poco de vergüenza.

Karla Sandomingo
(v.pág.16-B del periódico El Informador del 11 de julio de 2005).


Cuando un fuereño despistado pregunta por nuestra cocina regional, es llevado a un local con meseras vestidas como piñatas, o si tiene suerte, a una cenaduría: un local minimalista -a veces consta sólo de una doña, una mesa y un anafre con su palangana de aceite hirviendo- donde se sirve mexicatessen de alto pedorraje: tacos dorados de requesón, flautas de frijoles o carne deshebrada, o el súmum de la comida jalisciense: el pozole, que es una sopa de cerdo con granos de maíz previamente reventados al hervirse con un puñado de cal. Vamos, tíos: un caldo de pop corn con marranito. Aderezado, claro, con hortalizas frescas: col o lechuga ralladas, cebolla, rábanos y un buen chorro de limón verde, muy agrio.

Por cierto, los tapatíos gustamos de echarle limón a todo tipo de alimentos, razgo no muy celebrado por nuestros compatriotas.

Emparedados en caldo picante

"La torta ahogada callejera es, como los misterios eleusinos, un secreto al que sólo se accede después de peregrinar a su meca: Guadalajara, Jalisco.

Parte del problema remite a sus ingredientes. Las carnitas -trozos de cerdo fritos en su propia grasa- requieren una sazón local. Más profundo es el misterio del birote salado: un pan de levadura agria, con migajón consistente y costra dura, crujiente, que sólo es posible elaborar en esta zona metropolitana. Así como se lee: fuera de estas coordenadas territoriales no es posible reproducir la calidad y consistencia de este pan, ni siquiera con expertos panaderos de estos lares. Es por eso que exóticas torterías de la Ciudad de México, por ejemplo, importan a diario un cargamento de birotes por vía aérea.

Por todo lo anterior, la torta ahogada es un manjar desconocido para el resto del mundo. Lástima. Es una obra maestra de depuración en el arte culinario: consta sólo de un birote -en ocasiones con una ligera embarrada de frijoles refritos- sobre el que se tiende un puñado de carnitas. Eso es todo.

O casi todo: el apelativo de ahogada le viene de un singular proceso de inmersión en un cuenco de salsa, ya sea 'dulce' (sin chile) o picante, llamada 'de chile'. El tiempo de inmersión en cualquiera de las salsas (o en ambas sucesivamente, pero siempre primero en la 'dulce'), determina los grados de radioactividad de la torta. Una vez rescatada de su chapuzón salsero, la torta se sirve en el plato y es acompañada por cebolla cruda curada en limón, o 'desflemada'.

Ya después, sin parsimonia, pasa a calcinar lengua y paladar de los comensales, por no hablar del resto de su tracto digestivo.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 28 de julio de 2005).


No hay entusiasmo tapatío que dure más de 72 horas.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.1-C del periódico El Informador del 23 de agosto de 2005).


¿Dónde termina el folclor y comienza la piedad?... O, planteado a la inversa, ¿dónde termina la piedad y comienza el folclor?...

Los límites entre uno y otra -o una y otro, que 'tanto monta...'- se diluyen por completo.

'La Romería', si se le denomina con su nombre culto, o 'La Llevada', si se prefiere el nombre plebeyo, es, en efecto, parte del folclor (definido por la Real Academia como 'conjunto de creencias, costumbres, artesanías, etc., tradicionales de un pueblo') de Guadalajara y anexas. La costumbre data de los tiempos en que'Las Barranquitas', hacia el norte; el Agua Azul, hacia el sur; el barrio de Oblatos -vecino a San Juan de Dios-, hacia el oriente, y la Colonia Americana, hacia el poniente, constituían los límites de la ciudad. Acompañar a la imagen de 'La Generala' hasta Zapopan, en esas circunstancias, aun atenuadas por el hecho de que desde los orígenes de la tradición ya se contaban por miles los fieles que se aventuraban por veredas y caminos de herradura, era, en toda la extensión de la palabra, una expedición.

Alguna vez, al levantar el acta ministerial de una de las trifulcas que casi nunca faltan, entre grupos de jóvenes alcoholizados, que se resolvió con algunos heridos y unos cuantos detenidos, los testimonios concordaron: de uno de los grupos surgió una exclamación: '¡Viva la Virgen de Guadalupe!'; del otro, la réplica: '¡Cállense, (...) chilangos!'... Y se armó, literalmente, 'la de Dios es Cristo': de los insultos se pasó a las pedradas, y de ahí a los golpes y a todo lo demás.

En Zapopan, la comuna anticipó que, con motivo de la 'Romería', daría 3,700 permisos a comerciantes fijos y ambulantes. Falta la cifra de licencias para expender alimentos y baratijas de toda especie que, con este mismo motivo, extienda el Ayuntamiento de Guadalajara. Lo cierto es que los miles de 'puestos' que se instalan, desde la 'Plaza Guadalajara' hasta la ahora llamada 'Plaza de Las Américas Juan Pablo II', convierten esa ruta, por unas horas, quizá, en el tianguis o 'mercado sobre ruedas' -con predominio del expendio de fritangas- más extenso del mundo.

Por supuesto, ni a irreverencia llega -y ya no digamos a blasfemia-, consignar que, al paso de 'la venerada imagen' -como reza el lugar común-, humos y olores del aceite con que se cocina al aire libre, prevalecen, ampliamente, sobre las aromáticas volutas emanadas por los incensarios, y que los pregones de los comerciantes prevalecen, ampliamente también, sobre aclamaciones, cánticos y rezos.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 10 de octubre de 2005).


La que se supone que es nuestra gran tradición popular es el Día de Muertos. Eso, claro, si no le preguntamos a un niño popis, sino a un antropólogo, de preferencia gringo o europeo. Porque el tapatío promedio, sobre todo si es sincero, nos dirá que aquí, la verdad, eso del Día de Muertos es tan exótico como el Jálogüin. Y con razón: es una festividad que tiene un pie firmemente anclado en la tradición indígena y, por lo tanto, muy arraigada en zonas con mayor población autóctona o mestiza: Michoacán, el Edomex, Puebla, Guerrero...

Y la verdad, en la Guadalajarita criolla, con ínfulas de ciudad güera casi alteña, como que eso de armar tzompantlis con sus tzempasúchitls, prender las velitls con cerillotls y comer tamallis con xocolátl en águatl, como que no cundió. Para decirlo en tapatío vernáculo: 'Sabe qué modo', pues.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 3 de noviembre de 2005).


Todas las personas que por diversos motivos han venido a radicar a Guadalajara tienen una queja en común: consideran que integrarse a la sociedad tapatía, 'entrar' en ella y ser bienvenido socialmente es sumamente difícil.

Y no me refiero a aquéllos que por el solo hecho de haber nacido o vivido, por ejemplo, en la capital o en la regia ciudad del norte se sienten superiores a los 'provincianos' tapatíos, o a aquéllos a los que su soberbia los hace merecedores del rechazo social, sino a todos los que, a pesar de que brindar un trato amable, de 'iguales', de gente 'normal' y educada, y que han tratado noble y honestamente de hacer nuevos amigos en esta ciudad a la que la vida los trajo son, de una u otra manera, rechazados.

Yo no sé si esto se da en todas partes o es práctica exclusiva de los tapatíos, pero sin duda en Guadalajara existe un concepto de la amistad muy especial y equivocado.

La mayoría de los grupos sociales se consideran a sí mismos como cerrados y difícilmente aceptan que se agregue a ellos una nueva persona o una nueva pareja.

No obstante, las probabilidades de aceptación de un fuereño son revisadas y aumentan exponencialmente si el aspirante a la categoría de 'amigo' cuenta con determinadas características físicas y económicas.

Si el recién llegado y su pareja son ricos, bien parecidos y, preferentemente, de ojo claro, la aceptación se agiliza, como si se tratara de un corrupto trámite burocrático. Pero si el fuereño es de modesta economía y su aspecto físico se asemeja más a la llamada raza de bronce que a la de los suizos tapatíos nacidos en alguna de las nobles colinas de Guadalajara y que, por lo mismo, se sienten con la misma alcurnia de la nobleza europea, las probabilidades de ser rechazado socialmente son prácticamente todas.

De que en Guadalajara la discriminación por debajo de la hipocresía social opera al máximo, no les quepa la menor duda.

Pero los problemas de estos grupos sociales no son únicamente los relativos al rechazo de individuos de cultura y orígenes distintos, sino también otras extrañas reglas y conflictivas condiciones que le ponen a las amistades.

Una de ellas es que los amigos son y vienen en paquete. Esta regla dice, que si por alguna razón alguien llegara a invitar por separado a una persona que regularmente sale con un determinado grupo de amigos, nadie de ese grupo le perdonará jamás que los haya dejado fuera. Si así lo hace, corre el riesgo -si se puede llamar riesgo- de que los que no fueron invitados boicoteen su amistad y le retiren el saludo. Los grupos sociales funcionan como pandillas: o van todos o no va nadie.

La otra regla o condición es el fenómeno de la 'exclusividad de la amistad', que funciona como sigue:

"Si un día se le ocurre salir con alguien distinto y ajeno al círculo de amigos que normalmente frecuenta, habrá un extrañamiento, y el hecho será interpretado como desinterés y el posible deseo de cambiar de amigos. O sale siempre con los mismos o le obligan a escoger, porque la amistad es concebida como una especie de franquicia exclusiva que nadie más puede utilizar, como si se tratase de marcas o patentes de amigos registrados.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.10A del periódico Mural del 10 de noviembre de 2005).


Paisajes tapatíos

La costumbre de fin de año de festejar con fogatas [y quema de llantas], sobre todo en colonias populares, ha hecho durante los dos últimos años nuevos que el 1o.de enero se tengan los perores niveles de contaminación atmosférica de todo el año.

(V.pág.8 del periódico Público del 30 de diciembre de 2005).


Guadalajara fue víctima de su propio encanto. Atrajo ('sedujo', podría ser el vocablo más exacto) a muchos migrantes, no sólo de Jalisco y estados circunvecinos, sino también de entidades relativamente distantes. Fue la tierra de promisión para quienes quisieron compartir la 'aurea mediocritas' (dorada medianía) de los tapatíos... Pero no sólo: el carácter afable de su traza, de su clima y, sobre todo, de sus habitantes -cordiales, hospitalarios...-, conquistó también a parias y delincuentes de cuello blanco: tan malvivientes unos como otros.

El creciente desempleo -resultado de la insuficiente oferta de trabajo para todos los demandantes- generó, por una parte, las manifestaciones típicas del subempleo: el ambulantaje; algunas variantes de la mendicidad: 'franeleros', 'apartalugares', 'limpiaparabrisas'. Por otra, la delincuencia abierta.

Vandalismo. 'Grafiti'. Suciedad. Desorden. Ruido. Proclividad a la anarquía. Inseguridad. Corrupción. Prepotencia de las autoridades. Desprecio del ciudadano por ellas... Esos serían algunos de los rasgos más característicos del horrendo autorretrato que los habitantes de la ciudad trazamos día a día ('golpe a golpe, verso a verso', diría Antonio Machado), a brutales brochazos, en deterioro de la plausible imagen de ciudad amable' que los tapatíos de otros tiempos se esmeraron, amorosamente en trazar.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2006).


Guadalajara ha sido una ciudad asediada por la contaminación del agua que consume. Y tan copada como lo ha sido su territorio desde los sismos aquellos que acometieron a la Ciudad de México en 1985, cuando mucha gente se fue a radicar a la Perla Tapatía.

Cosas de las costumbres. O de las malas educaciones con que suele llegar la gente a lugares donde no estaban.

Mucha gente de aquella Guadalajara recuerda todavía cómo el agua era utilizada con cuidado y las calles barridas desde muy temprano. La madrugada incluso. Conforme llegó más gente a vivir allí, podía mirarse a personas que regaban a manguerazos la banqueta o lavaban el auto a cubetazos.

Vicente Bello
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 15 de abril de 2006).


A la gorra no hay quien corra, y mucho menos un tapatío. Con decirles que la última encuesta de MURAL en cuestión de espectáculos no dice nada nuevo, pero confirma contundentemente lo que ya sabemos: pedimos mucho, pagamos poco. Y eso, si no hay remedio.

El 24 de abril pasado, en la sección Gente apareció esta nota, por si les interesa ahondar en ella. Si no, aquí se la resumo: pedimos a U2, al mamucas de Robbie Williams o la mamita caderona de Shakira. Pero uno de cada tres no pagaría ni 300 pesos por boleto. Menos de 30 dólares. ¿Es poco o mucho? Para lo que cuesta una producción de ese tipo, muy poco. Para nosotros, mucho. Para mí, por ver al nefasto de Arjona, por ejemplo, es un robo descarado.

Peor aún: el 50% de los encuestados, la mitad, no va nunca a conciertos. Nunca. Claro que esa respuesta se presta a varias interpretaciones. Se supone que el margen de error de la misma es de 5%. Pero no sabemos si de pronto la que respondió fue una ruquita que cree que lo único que vale la pena oír en un concierto es música compuesta hace dos siglos, o un chavito reventado que no va a conciertos... porque se la pasa en los 'raventones' a la ponchis ponchis, 24 horas de reventón constante. Vayan ustedes a saber.

Y hablando del poder de los gruperos, ¿quién se acuerda de aquellos gentíos del Río Nilo? Ahora ni los casinos llenan.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 4 de mayo de 2006).


Hay muchas palabras que los tapatíos usamos incorrectamente, algunas veces sin darnos cuenta, y otras, las más, conscientemente, pues las hemos incorporado a nuestro lenguaje habitual.

Tal vez, la palabra que tiene el primer lugar en este uso incorrecto sea el verbo ocupar, que utilizamos por necesitar, pues campechanamente decimos 'ocupo' un martillo por necesito un martillo.

Mucho se nos ha criticado por esta incorrección, pero nosotros seguimos tan campantes, que hasta podría pensarse que nos agrada esta crítica.

Otra palabra de un uso doble incorrecto es 'ahorita', que la usamos cuando nos retiramos de con un amigo o un grupo de amigos, al expresarles 'ahorita' vuelvo. En primer lugar la palabra ahora no tiene diminutivo, y en segundo lugar, lo correcto es ahora me voy y luego regreso.

También el vocablo ahora lo usamos mal, al confundirlo con el adverbio hoy, ya que ahora es el momento en que lo pronunciamos y no la fecha o el día.

Igualmente, usamos mal la palabra álgido, puesto que a pesar de que significa lo más frío, lo usamos como lo más caliente.

Cuando al estar comiendo le echamos sal a la comida, justificamos esta acción afirmando 'es que soy muy salado', cuando lo justo sería decir 'es que soy muy desabrido'.

Desde pequeños se nos dijo 'límpiate esas narices', cuando sólo tenemos una.

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 19 de junio de 2006).


Entre las versiones que conozco acerca de nuestro gentilicio, 'tapatíos', hay una que achaca su origen al supuesto náhuatl 'tapatiotl', que dizque significa 'comerciante'. Otra, más plausible, se refiere a una medida utilizada en el comercio. Como sea, ambas nos otorgan una cierta afinidad y vocación comercial, actividad que en verdad ha predominado, ya fuera a nivel regional, hacia poblaciones relativamente cercanas, como a nivel nacional, pues éramos paso obligado en la ruta Pacífico hacia el norte.

Y tanto talento para la compraventa, el regateo y la trácala... ¿qué se hizo?

Pues si tomamos en cuenta a las grandes firmas del comercio jalisciense, se hizo humo. Al igual que la gran industria en el estado, fue comprado o simplemente orillado a la quiebra por fuereños más hábiles o más eficientes. La fábrica de los Aranguren y Calzado Canadá son ejemplo de ambos extremos. En el comercio, grandes almacenes pasaron a mejor vida, o a manos más hábiles, en tan sólo un par de décadas: Maxi, Hemuda, El Nuevo París o Las Fábricas de Francia, con todo y su barata For-Bec.

El comercio 'informal', de nuevo, prosperó, pero al parecer no con el empuje y la habilidad de otras zonas, en especial el centro de la república. Es cierto, cualquiera capaz de armar y sostener las redes que surtan de contrabando a la segunda ciudad más poblada del continente, será en principio el rey de la fayuca. Tanto por volumen de ventas, como por su capacidad de tener a las 'autoridades' comiendo de su mano (esto, si no es que los mismos funcionarios son los capos mayores).

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 3 de agosto de 2006).


Varias imágenes quedan de lo que fueron y son algunas costumbres de los tapatíos, así como cosas curiosas que pasan en Guadalajara.

En primer lugar, la romería del 12 de octubre, para acompañar a la Virgen de Zapopan en su retorno anual a su basílica.

Los tapatíos participan con el mismo entusiasmo en los festejos patrios.

La Plaza de la Liberación continúa como predilecta de las familias, para pasar en ella una tarde de recreo.

Las tortas ahogadas se multiplicaron, pero con un sabor distante del que tenían las de su creador, "El Güero", que las vendía en Miguel Blanco y 16 de Septiembre, salvo las que se sirven en la esquina de Madero y Huerto, que sí se les parecen bastante.

Se conserva aún el hábito de las tapatías de tener macetas con plantas de ornato en los patios y balcones de sus casas, cuidando de ubicarlas en el lugar correspondiente si son de sombra o de sol.

La cena de antojitos, pozole, tacos, sopes, tortas y tostadas, ya sea comprados y llevados a casa, o comerlos en los mismos puestos y establecimientos.

En algunos barrios todavía se escucha el peculiar silbato del afilador de cuchillos, a cuyo sonido se deben agitar los monederos, para la buena suerte.

Los vendedores de fruta picada, en recipientes o bolsas de plástico, con sal, un poco de picante y limón.

Las personas que conservan la buena costumbre de barrer el frente de sus casas, las que no hay que confundir con aquéllas que sólo avientan la basura a los lados o al centro de la calle, y que luego los vehículos se encargan de regarla por toda la cuadra.

Los que piden ayuda para completar el boleto de camión, para comprar unas medicinas o para enterrar a algún familiar, y que las más de las veces no es cierto.

Los conductores de vehículos que cuando hay corrientes de agua en las calles, disfrutan bañando a los peatones que van por las banquetas.

Los discapacitados, que en sillas de ruedas aprovechan los 'altos' prolongados en algunos cruceros para ofertar dulces, chocolates y chicles a los conductores de vehículos, y que muchos les compran porque su venta es una actividad digna, y no se limitan a extender la mano, como lo hacen, en los mismo cruceros, mujeres jóvenes con niños en brazos.

La venta de los famosos dulces llamados 'borrachitos', tocayos como diría un amigo, en la confluencia de Hospital y Federalismo, pero que la venta la realizan mujeres ancianas y niñas, al ya increíble precio de 10 pesos la caja.

Los huicholes, que en los tianguis andan vendiendo pomada de peyote para dolores musculares, reumas y torceduras.

En algunas colonias de la periferia el reparto de leche se sigue haciendo en caballos y mulas.

Por último, como cosa curiosa, en los negocios de venta de pollo frito, del famoso 'coronel', todos los empleados, hombres y mujeres, llevan pantalones sin bolsas.

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 18 de septiembre de 2006).


"¿Qué tanto sabe usted sobre la Revolución Mexicana? (Escoja sólo una opción, no sea burro)."

¿Quién fue Madero?
A) Un aguardiente.
B) Una calle.
C) Un futbolista del Atlas.

¿Qué es lo más destacable de la Revolución?
A) Que le hizo justicia a mi padrino el diputado.
B) ¿La avenida? Que la bloqueó el PRD, según Paulina Rubio.
C) La Revolución de Amor, de Maná.

¿Por qué no hay calles con el nombre de Calles?
A) Porque se pasó de rosca.
B) Porque ni modo de ponerle a una plaza, "Plaza", o a un busto "Busto".
C) Porque ni siquiera debutó en Primera División.

¿Por qué Villa no fue presidente?
A) Por pen... sarlo tanto.
B) Porque se fue a la villa, perdió la silla y lo cosieron a balazos.
C) Porque, a diferencia de Germán Villa, en la única división que militó fue en la del Norte.

¿Quién evacuó Piedras Negras?
A) Una bola de zacatones.
B) Uno que tragó harto y se empanzonó.
C) Los Tecos, con tantos cambios de entrenador.

¿Cuál es la fama de "los Dorados"?
A) Que, como no se bañaban, brillaban a lo lejos.
B) Que inventaron el bronceado sin Coppertone.
C) Que anunciaban una mueblería, "Los Dorados de Villa".

Solución:

Si respondió a la mayoría con la letra...
A) Es usted un cínico. Tal vez no sepa mucho de historia, pero siempre se acercará a la verdad por el puro hecho de pensar lo peor de cada situación. El periodismo puede ser su opción profesional.
B) Es usted un imbécil. Siempre se va por la salida fácil. Dedíquese a la política.
C) Usted es el peor: es un enajenado. Apague el televisor y póngase a trabajar. Ya. En lo que sea.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 28 de septiembre de 2006).


Pues sí: como en Jalisco ya no hay inseguridad, ni desempleo o subempleo, ni falta de servicios de salud o deficiencia en los de educación, etc., que requieran esfuerzos o desvelos de los representantes populares, éstos, fraternamente colegiados en el Congreso del Estado, encontraron al fin -¡eureka!-, lo único que faltaba: ¡un himno!

Dirán que ahí está la 'Guadalajara', de Pepe Guízar. Empero, por una parte, lo de los 'Colomitos lejanos' es un craso anacronismo, tomando en cuenta que la mancha urbana ya los devoró; la evocación del aroma 'a limpia rosa temprana' en plena inversión térmica, y 'a pura tierra mojada' a cualquier hora y cualquier punto de la ciudad es, hablando en plata, una ironía grosera. Tampoco funcionaba reciclar un mambo -o algo así- que ponderaba las aproximaciones al Olimpo que hace medio siglo, gracias a las "Chivas", una figura del boxeo y el primer mexicano nombrado 'príncipe de la Iglesia', engalanaban a esta 'tierra de Dios': 'Jalisco tiene tres cosas / que hacen la tierra temblar: / su equipo Guadalajara, / Becerra y el cardenal'... Y como el bravío '¡Ay, Jalisco, no te rajes!', en plena invasión del americanismo, 'La Academia' y la música de banda (hay la hipótesis de que Jalisco -¡madre santísima de Talpa!- ya es el estado más sinaloense de la república) ya no motiva a nadie, se promovió un concurso para buscarle letra y música.

El vate Moisés Guerrero López presentó estos vibrantes versos: 'Jaliscienses, la patria nos llama, / tremolando el pendón tricolor, / recordando la casta valiente / que a Jalisco su vida ofrendó'. Etc.

Obviamente, la similitud en la métrica, en el léxico (tremolando, pendón...), la ideología belicista ('la patria nos llama', 'la casta valiente'...) en los ripios incluso, con el Himno Nacional, es mera coincidencia. El maestro Felipe Vázquez, al musicarlo, debió vérselas negras para no fusilarse, impunemente, a Jaime Nunó.

Lo cierto es que el Himno Jalisciense aún no pasa la aduana. Al parecer, se piensa -es un decir- abrir un concurso, para que ningún aspirante a autor se quede afuera. Ni siquiera quien propone otro con dos estribillos. Uno, para antes de los eventos en que el Himno se ejecute: '¡Sí se puede, sí se puede...!'. Otro, para después: '¡No se pudo, no se pudo...!'.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de octubre de 2006).


Gracias a la fermentación de unos granos y unas frutas, los tapatíos han disfrutado de excelentes bebidas, que han sido el deleite de sus paladares por varias generaciones. Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 2 de octubre de 2006).
Publicado en el periódico Mural el 19 de octubre de 2003.


Muchas organizaciones altruistas y de asistencia social que llevan programas de atención a los más necesitados, se quejan de que los ricos de Jalisco, con sus honrosas excepciones, no saben dar a los demás. Que son verdaderamente tacaños.

Familias que tienen multitud de propiedades, negocios y capitales almacenados en diversos bancos no tienen la capacidad de mantener una actitud altruista hacia los que menos tienen.

Guillermo Dellamary, filósofo y psicólogo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de octubre de 2006).


Los defensores de las costumbres mexicanas apuestan por conservar el Altar de Muertos y luchan contra la importación del Halloween.

Pero, ¿qué tan tradicional es en Jalisco el hecho de colocar calaveras de azúcar y papel picado para celebrar el Día de Muertos?

A lo mejor no tanto, porque según el investigador del INAH Jalisco, Horacio Hernández, los Altares se empezaron a popularizar a finales del siglo 19 en México y llegaron al estado provenientes, probablemente, de Michoacán.

El investigador, que tiene 20 años trabajando el tema de las ofrendas para los fallecidos, considera que si los altares no tienen una larga tradición en el país, menos aún cuentan con una historia en el estado.

"En el caso de Guadalajara y de Jalisco esta práctica no está arraigada, no es parte de nuestra memoria histórica porque empieza a cobrar vida de manera extraordinaria de unos 20, 25 años para acá. Si nos remontamos al siglo 18 aquí no teníamos la más mínima idea de eso", aseguró.

"(En Jalisco) empieza a cobrar una importancia inusitada en función de que se academizó mucho esta festividad y se academizó en el sentido de que la Universidad de Guadalajara y otras universidades privadas empiezan a elaborar Altares de Muertos en sus espacios".

Incluso el autor del libro Ofrenda a la Vida a Través de la Muerte, editado por la UdeG, "culpa" a la película "Janitzio", de 1934, de la llegada de los altares a Jalisco.

"Si mal no me acuerdo, aquí en la ciudad los primeros altares maravillosos que se empezaron a hacer fueron los de Pepe Hernández en el Museo Regional de Guadalajara, hace aproximadamente unos 25 años", añadió el investigador.

Para Hernández, la Iglesia católica también ha jugado un papel importante en estos intentos por "fabricar" esta costumbre a través de la normativización de los altares incluyendo elementos como los tres niveles para representar a la Santísima Trinidad.

"La propia Iglesia ha estado insistiendo en reapropiarse este tipo de expresiones para hacer más patente la sintomatología del cristianismo, más que el hábito pagano o el hábito indígena", explicó el investigador.

(V.pág.5 de la sección "Gente" del periódico Mural del 2 de noviembre de 2006).


De acuerdo con el arquitecto y rbanista Carlos Mondragón González, el problema de la traza urbana de Guadalajara comienza en la época virreinal, ya que en ese tiempo "se establecía que el ancho de las calles debería de aproximadamente 13 metros de ancho para que se pudieran mover con facilidad, mulas carretas y gente".

Según el estudio de movilidad del ITESO, en los inicios del Siglo XX, Guadalajara ya presentaba las primeras modificaciones en su traza urbana, en ese entonces la ciudad contaba con una población de 101,452 habitantes, que tan sólo en 10 años aumentaría hasta los 120,000 pobladores. Esto se debió fundamentalmente "a la migración de personas del campo que buscaban emplearse en la ciudad".

Para 1940 se acelera el desarrollo urbano de Guadalajara, aparecen "nuevos fraccionamientos, se pavimentan los primeros 80,000 metros cuadrados de calles y nuevas avenidas".

A finales de esa de década el sistema de tranvía eléctrico ya había desaparecido para dar paso a autobuses y los primeros automóviles, además de que la extensión la ciudad casi se había duplicado al pasar de 2,620 a 4,180 hectáreas.

En la década de los 60 el acelerado incremento de la población, el parque vehicular y la mancha urbana continuaban avanzando. La población pasó de 867,035 a un 1'480,472 habitantes, además de que "aparecen 123 nuevas colonias y fraccionamientos, de tal forma que la urbe llega hasta el municipio de Tonalá en 1964, año en que Guadalajara alcanza el rango de metrópoli con un millón de habitantes repartidos en casi 9,000 hectáreas".

Para 1980 la población metropolitana alcanzó 2'245,000 habitantes y los automóviles registrados pasaron de 82,000 a 250,000. En este periodo se elaboran y aprueba el Plan Municipal de Desarrollo Urbano de Guadalajara para posteriormente dar paso al Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara. Finalmente, en 1989, al Plan Estatal de Desarrollo Urbano. En ese mismo año se inaugura el primer sistema de transporte colectivo: El tren ligero.

Actualmente, según el último Conteo Nacional de Población y Vivienda, realizado por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco de Zúñiga sirven de asiento para 4'169,463 personas, aproximadamente, que representan 61.8% del total de población jalisciense.

(V.pág.8-B del periódico El Informador del 6 de noviembre de 2006).


Qué se le va a hacer. A los tapatíos nos gustan las vacas, pero para hacerlas bisté. Esa, la explicación más sencilla, es tal vez la más adecuada para entender por qué a pocas semanas de haber iniciado, la exposición callejera CowParade muestra un sinfín de vacas de fibra de vidrio pateadas, raspadas, rotas, rayoneadas y destazadas.

Será que necesitamos inaugurar un rastro estilo TIF en la avenida Vallarta. Se ocupa.

Los enterados de la industria restaurantera recordarán que hasta hace pocos años, cuando alguien intentaba ofrecer algo más que comida típica, se arriesgaba al más rotundo fracaso, a menos que de última hora, con las mesas vacías y ya con los acreedores pateando la puerta, hicieran un ajuste providencial a su menú. Justo al lado de los rollitos Raigón con espejo de jalea de chabacano y salsa de tres berenjenas, aparecía la infaltable lista de cortes de res. Así salvaban el pellejo.

No es que la raza sea ignorante o bárbara. Es que si no siente que comió carne, nomás no considera que valió la pena el gasto. De ahí la frase pa' frijoles, en mi rancho. Nadie va a un restaurante de postín a pedir un plato de frijoles de la olla, aunque sí pague por una fabada asturiana, que son frijoles... con chorizo y varios trozos de carnitas. Lo mismo pasa con la paella. ¿El sushi? Si no incluye pescado, que se los compre sushi.

Así que no es exagerado pensar que, con todos los destrozos, el desfile de vacas es un verdadero éxito. No sé de qué se quejan los organizadores. Han tenido publicidad gratis, ubicación privilegiada y gran popularidad. Nunca antes en esta ciudad se había montado tanto ganado desde que desaparecieron los caballitos de monedas de afuera de las mercerías. ¿Y la moda de los toros mecánicos? No fue más allá de un par de discotecas gruperronas.

Será entonces por pura nostalgia que abundan aquí los lugares de table dance. Sólo que ahí los papeles se invierten: son los clientes los que son jineteados, tal vez no como vacas, pero sí como bueyes. Porque de qué otra manera puede uno explicarse que paguen un buen billete por tres minutos de simulacro, y que además lleguen a pensar que una lindura de 20 años está brincoteando sobre su gran barriga, y a 30 centímetros de su cara con más barros que una brecha en época de lluvias, porque él le cayó bien. O por guapo.

Muuu.

Olvídense de los hula hulas: las vacas del CowParade son un verdadero hito en la plástica tapatía. Que si se rompen las obras de arte, peor para ellas. Quién les manda a los artistas ser tan desechurados, hombre. Qué les costaba hacer más recias sus esculturas. Le hubieran pedido consejo al charlatán ése de Sebastián, el culpable de los Arcos de Milenio. El les hubiera sugerido, claro, hacerlas de puro fierro: así no se las pueden llevar, porque pesan un demonial. No se rompen, si acaso se oxidan. Y con el friyazo que se puede llegar a sentir, a ver quién es el guapo que las monta sin congelarse las sentaderas.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 14 de diciembre de 2006).


He aquí los pasos para manejar un auto en Guadalajara:
  1. Si tiene un auto súbase en él. Si tiene varios, préstele uno a su esposo, su mujer, su hijo: la familia quedará mejor si cada quien conduce uno. Dispóngase al viaje por Guadalajara. Tome de preferencia las avenidas Federalismo, Enrique Díaz de León, Javier Mina, Revolución, Vallarta, López Mateos, Hidalgo, Las Rosas, Américas. En su defecto tome la avenida que le dé la gana. Váyase al infierno que son las calles hoy en día en la ciudad. Antes, no olvide verificar que su claxon funcione.
  2. Seguro el maldito tráfico lo pondrá furioso. Cálmese: usted no tiene la culpa. Además, ese gusano lento, multicolor y gordo del que su vehículo forma parte es un privilegio: significa que usted subió en la escala social y ahora pertenece a esa cuarta parte de la sociedad que no debe viajar a bordo de un pestilente camión. Recuerde: tres cuartas partes de sus paisanos lo envidian.
  3. Los ciudadanos de a pie lo envidian no importa que sean niños, mujeres bellas o viejitos con bastón. Para que se les quite écheles el carro, invada las líneas de cebra, súbase a las banquetas. Nomás cuide que no lo vea la autoridad o resígnese a ser multado.
  4. Ignore los semáforos. En estos días, usted habrá notado que cuando su semáforo está en verde usted avanza medio metro. Písele cuando su semáforo se ponga en rojo. Una advertencia: si, por ejemplo, usted viaja por Federalismo a la altura de Hidalgo, se quedará a medias de Hidalgo y los que vienen por esa vía le pitarán, ciegos de ira. Hágales una seña obscena. O gríteles: le servirá para bajar la tensión. Si por el contrario, usted viene por Hidalgo y una treintena de automovilistas le impiden avanzar hacia el centro, use el claxon y, no se quede con las ganas, responda la ofensa: "¡Imbécil, muévete!" u otra peor, según su temperamento. Claro, tome en cuenta que también se la podrán regresar.
  5. Para dar una vuelta a la izquierda no es necesario que circule por el carril izquierdo: las filas son inmensas, usted no está como para perder su tiempo y lo hará verse como todo un valiente si usted dobla a la izquierda desde el carril derecho. Anímese. ¿Se dio cuenta de cuántos años le ha pagado al seguro sin usarlo? Puede intentar la operación en Vallarta y Rafael Sanzio, en Federalismo y la Paz o la avenida de su preferencia. Notará que varios siguen su ejemplo. Si por el contrario alguno le mienta la madre, siga las últimas instrucciones del paso anterior.
  6. Quizá encontrará algunas avenidas más desahogadas: llegó el momento de aprovechar todos los caballos de su vehículo. Ni se le ocurra dejar que otro automovilista se pase a su carril. Si usted viene de ese lado su trabajo le costó.
  7. ¿A su pareja se le ocurrió ir de compras al centro de la ciudad? Ni intente ir a un estacionamiento. Los que no están llenos son caros. Muchos tuvieron la misma idea y la zona está abarrotada, al igual que Santa Tere y las plazas comerciales. Mientras su pareja compra, usted espere en la calle, en doble fila. De todos modos otros lo hacen.
  8. Tome en cuenta algunos tiempos de desplazamiento por esta ciudad en las horas pico (descubra usted mismo cuáles son): si va sobre Hidalgo, tardará mínimo quince minutos entre Enrique Díaz de León y Federalismo. Si circula por Américas hará 30 minutos entre Pablo Neruda y los arcos de Zapopan. Para llegar a Plaza del Sol, de donde quiera que venga, hará más de media hora. De la calzada del Ejército a la glorieta del Charro, 25 minutos. No pierda su tiempo: practique los pasos anteriores. Tome en cuenta que todos los carros que usted ve continuarán en Guadalajara después de la Navidad. Tome en cuenta que el próximo año será peor. Y recuerde: en estas fechas las agencias automovilísticas rematan su mercancía: quizá lo que usted necesita es un vehículo más rápido.
Vanesa Robles
(v.pág.8 del periódico Público del 17 de diciembre de 2006).
Entre los tapatíos, existe una expresión reprobatoria que define la estrecha y prejuiciosa idea que muchos habitantes de esta parte del mundo han tenido de su propia ciudad: "¡Estás hasta la calzada!". Esta expresión, con sus variantes que incluyen a otras personas gramaticales, debió acuñarse a fines de la Colonia o en los primeros años de la época de la Independencia, cuando a la rúa que atravesaba Guadalajara de cabo a rabo, desde el Agua Azul hasta el actual parque Morelos (La Alameda se llamó en un principio), comenzó a ser conocida popularmente como "la calzada", tanto por inusual anchura como por estar acotada o "calzada" por cuatro hileras de fresnos, que corrían por ambas aceras y por los bordes del río de San Juan de Dios, que hasta los primeros decenios del siglo XX fluyó, a cielo abierto, por la parte central de la calzada.

Aun antes de ser conocida así (el oficial fue, durante mucho tiempo, paseo: Paseo de la Alameda, Paseo del Agua Azul, Paseo Porfirio Díaz..., pero acabó cediendo ante la denominación popular), la calzada ya era vista por los habitantes del poniente como frontera "hasta un límite natural había: el riachuelo de San Juan de Dios" de la Guadalajara "criolla", "castiza", "decente", entre otras presunciones clasistas y sociales por el estilo. Del otro lado de la calzada vivían los indígenas de Analco (su toponímico no podría ser más significativo: "al otro lado del río") y el populacho, con los "malditos" de San Juan de Dios y de barrios como El Alacrán. Y aun cuando a fines del Porfiriato el gobernador Miguel Ahumada entubó el río, y a la calzada se le impuso el apelativo de "Independencia", con motivo del centenario de la gesta de Hidalgo y de la inauguración del monumento conmemorativo, en 1910, "estar hasta la calzada" siguió significando estar equivocado y muy lejos de lo deseable.

Lo peor del caso es que, en la práctica, este prejuicio es compartido por muchos grupos sociales y hasta por las propias autoridades. ¿Dónde se desarrollan, por ejemplo, las actividades culturales patrocinadas por el Ayuntamiento de Guadalajara y el gobierno del estado? No, por cierto, en el oriente de la ciudad. ¿Cuál es la idea que directivos y patrocinadores del Cowparade tienen de Guadalajara? La de una ciudad literalmente mocha, pues borraron todo el oriente tapatío, al no instalar una sola de sus "artísticas" reses del otro lado de la calzada. ¿Quiénes son los que de veras están hasta la calzada?

Juan José Doñán
(v.pág.3 del periódico Público del 19 de enero de 2007).


Sostener que "esas cosas sólo suceden en Guadalajara", sería, como dijo alguien, "mentir... y, además, faltar a la verdad". Sin embargo, hay que decir, precisamente en honor a la verdad, que es preocupante que "esas cosas" ocurren con tanta frecuencia en Guadalajara y sus alrededores.

El miércoles, la Secretaría de Desarrollo Urbano, mediante un escueto boletín, informaba que el tráfico por un ramal subterráneo del "nodo Colón", se cerraría durante dos semanas, al efecto de instalar "un dispositivo recolector (vulgo ‘tubo’), para evitar que se mojen los pavimentos del nivel menos seis".

Como en las historietas de La Pequeña Lulú, "La Araña ya investigó". Una vez que "el estudio que previamente se había realizado" -reza el boletín- demostró que "el flujo del nivel freático no ha sufrido alteración" (o sea que la naturaleza no aprovechó la coyuntura del paso a desnivel para alterar abruptamente sus leyes, inmutables por definición), se encontró una manera de contener las filtraciones: un palo de escoba -sujeto con alambres, en parte para amacizarlo... y en parte para que no tan fácilmente se lo roben- retacado en el orificio. El sistema parecerá burdo, poco sofisticado, indigno de profesionistas de primer nivel; pero de que funciona, funciona.

La memoria se pierde en todas las historias surrealistas que, en tratándose de obras públicas, desde tiempo inmemorial han ocurrido en estos lares: el soporte y los "cinchos" que en ese mismo paso a desnivel se colocaron debajo de un colector, para evitar que un sismo lo fracture y lo colapse; la barda perimetral que circunda Plaza del Sol, para evitar inundaciones; los parches al Palacio Federal y la "faja" en la "Torre Educación", porque ambas construcciones resultaban inseguras; los reforzamientos que requiere el Mercado Libertad, al advertirse que la carga que soporta su estructura puede ser, en el muy posible caso de un sismo, superior a su resistencia; o el colmo: el túnel de la Avenida Federalismo, que debió corregirse, porque no se calculó que los carros, en la curva que tiene entre Hidalgo e Independencia, simplemente no cabrían.

Menos mal que los urbanistas tapatíos tienen maestrías, doctorados "y de ahí p’arriba", en los que el arquitecto Guillermo Sandoval Madrigal llama "remedios rancheros"...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de enero de 2007).


Quienes hayan asistido desde hace tiempo a la esquina de los olores que dominan, la Calzada y Javier Mina, incluso antes de la instalación del sifón de triste memoria, recordarán la creación de Taiwán de Dios: cuando los vendedores de fayuca, china en su mayoría, se comenzaron a instalar en lo alto de la noble estructura diseñada por el arqui Alejandro Zohn.

A poco, la venta de grabadoras Panasonex, cassettes Memormex y Sonni y pantalones Lewy's empezaron a hacer competencia a las marcas originales -Panasonic, Memorex, Sony, Levi's- que también ahí se vendían. Pero la explosión nos llegó desde el ciberespacio: primero fueron los quemadores de CD, luego, los de DVD. Y de ahí pa'l real: lo que inició con discretos puestos, a la sombra, es ahora un impresionante despliegue de discos, películas y juegos para computadora o consola de TV. El megachurro "Apocalypto", que recién se estrena en cines, está ahí disponible desde hace un mes "directito del original, amigo". "Babel" y "El Laberinto del Fauno", no se diga.

Pero más apabullante que su nivel de sofisticación para ofrecer mercancía inconseguible aquí de otro modo, es su proliferación: ya son mayoría en el tercer piso, pero también empiezan a propagarse por el área de las joyerías, las rampas centrales ¡y hasta las guaracherías!

Una película en DVD, por ejemplo, vale 20 pesos. 10 veces menos su valor en tiendas. Un juego de XBox, igual. ¿Cómo esperan, de verdad, competir contra eso?

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 1o.de febrero de 2007).


Hace 50 años, para remediar el problema de la falta de cambio, una de las líneas camioneras que entonces había, la de Mezquitán-Mexicaltzingo, los camiones verdes para quienes los recuerden, puso a la venta pequeñas monedas de bronce, con un pequeño hoyo en el centro, para que los usuarios pagaran con ellas su pasaje, con el aliciente de que al comprar cierto número les daban una de más.

A mí me tocó conocer todas esas líneas, y tengo la impresión de que su servicio era mejor y más seguro que el de ahora.

Además de la línea Mezquitán-Mexicaltzingo, estaban:

Centro-Colonias, de color blanco y con rutas del centro a las colonias del poniente.

Oblatos-Colonias, de color rojo, comunicando a colonias del oriente con la zona céntrica.

Norte-Sur, de color verde bajo y con rutas entre el norte y el sur de la ciudad.

Analco-Moderna, de la zona de Analco a varias áreas de los sectores Hidalgo y Juárez.

Tlaquepaque-Guadalajara, enlazando a Tonalá y Tlaquepaque con Guadalajara.

Mezquitán-Mexicaltzingo, con camiones verdes que unían a una zona sur de la ciudad con gran parte del Sector Hidalgo y avenida Américas hasta Zapopan, regresando por Atemajac.

Circunvalación, de color azul, con un recorrido periférico dentro de la ciudad.

Todas tenían camiones de primera y de segunda, estos últimos con un asiento alrededor de la unidad, al igual que un pasamanos para todo el pasaje de pie.

Los boletos en los camiones de primera costaban 20 centavos y sólo se les permitían tres pasajeros de pie; en los camiones de segunda el pasaje era de 15 centavos.

El mejor servicio estaba en la línea Centro-Colonias y el peor en la Analco-Moderna, a cuyos camiones se les llamaba Analco-Panteón o "Fiebre Amarilla".

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 12 de febrero de 2007).


Los valores y tradiciones de los tapatíos han cambiado en las últimas décadas, y al referirse a ello, el coordinador de Investigaciones de El Colegio de Jalisco, Jaime Olveda Legaspi, dijo: "Las costumbres tradicionales son desplazadas por las costumbres modernas; algunas celebraciones cívicas han desaparecido o ya no les dan importancia, existe un desgano por conocer la ciudad, por recorrerla, por vivirla. Por ejemplo, mucha gente no conoce el centro de la ciudad".

Por su parte, el investigador del Departamento de Estudios Mesoamericanos y Mexicanos de la Universidad de Guadalajara, Bogart Armando Escobar Hernández, al hablar del orgullo de ser tapatío expresó: "Los antiguos historiadores hablaban de una supuesta identidad tapatía: describían al tapatío como una persona que en donde se paraba, se notaba que era de Guadalajara, desde su presencia física, hasta una gran dignidad; resaltaba la personalidad, pero ese estereotipo cambió con el mosaico diverso de personas, incluso de otros estados que ahora conforman el universo de Guadalajara.

-¿Cómo cambió?

-En los años 80 llegó mucha gente de otros estados, tanto por la numerosa oferta de construcción de vivienda, como por el auge económico de la capital de Jalisco. Se reconfiguraron las prácticas sociales y culturales con los nuevos habitantes, mismas que incluso responden a procesos mundiales.

-¿Cuáles son los valores del tapatío?

-Gente amable pero no de entrada, se pasan años para consolidar aceptación. Es hospitalario pero no desde el principio, el tapatío es muy leal en su amistad cuando la da, ése es un valor del que está orgulloso.

Otro valor es la solidez familiar; uno ve la trayectoria de los grandes personajes que ha dado esta ciudad, como Efraín González Luna y Jorge Matute Remus, es gente que cuando se destacan sus datos biográficos, lo principal es su fuerza, su base familiar, la solidez de su familia y sus creencias, su religiosidad católica y su dedicación al trabajo; la sencillez es otro de los rasgos del tapatío.

Sin embargo, actualmente existen identidades diversas, fragmentadas, con la aparición de corrientes como los "escatos" y los "dark", que lo que evidencian es que no están encontrando ningún referente que les atraiga, ningún tipo de personajes o agrupaciones que los convenzan, por lo que están "volteando hacia sí mismos", intentando crear referentes de identidad, obviamente en el actual contexto de globalización.

Jaime Olveda Legaspi, es una voz autorizada para hablar de la identidad del tapatío a 465 años de la fundación de la ciudad de Guadalajara.

-¿Qué percepción tiene el tapatío de su origen? -La ciudad de Guadalajara ya no es la de antes. Algunos insistimos en que existe toda una identidad, un orgullo subsiste, pero ha cambiado, porque la realidad está cambiando.

La ciudad de Guadalajara no es la misma de hace 70 años, sobre todo por fenómenos como la globalización, ésta hace que los habitantes de cualquier ciudad tengan una percepción distinta de "su" ciudad. Así, la percepción de la Guadalajara tradicional, bonita y todas esas cosas, ya no la tienen todos los habitantes, porque las circunstancias han cambiado, el orgullo provincial, el orgullo de ser tapatío, el orgullo de sentirse habitante de una ciudad bonita, representativa, también se transforma, y junto con ese sentimiento de identidad, el sentido de pertenencia.

La ciudad se ha convertido en un receptáculo de muchos inmigrantes, tanto nacionales como extranjeros, que la convierten en una ciudad cosmopolita, en la que necesariamente la identidad cambia.

-¿Qué aporta la llegada de inmigrantes a la ciudad?

-Ellos traen sus propias costumbres y muchos se agrupan en clubes, se reúnen y recrean sus propias costumbres y todo eso permea, pero también asumen costumbres de los tapatíos, es una mezcla, una combinación, que de alguna manera cambia la identidad típica.

-¿Cómo es el orgullo actual del tapatío?

-No es el mismo de los años 30 y 40, que se empezó a reflejar en el cine mexicano, en las películas de charros; la sociedad se ha urbanizado, el país es otro, está más integrado, el regionalismo se ha debilitado, y también se ha debilitado el orgullo de ser tapatío y jalisciense, solamente se debilita pero no ha desaparecido, todo mundo se siente orgulloso del lugar donde nació, no es cualidad propia de los tapatíos.

(V.pág.8-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2007).

Centro


Mucho ha llovido y el río que se lleva las avenidas hace ya más de un siglo que lo convertimos en un albañal. El otro río, el Grande de Santiago, es otro albañal, que ahora se intenta limpiar. Y regresarlo, junto con su barranca, como parte del gran paisaje que a Guadalajara corresponde y que tanto ha negado. Desde las más altas crestas del bosque de la Primavera hasta los más hondos pliegues de la barranca de Oblatos el suelo que nutre a la ciudad espera su reconocimiento y su vigencia. Las venas que alimentaban la tierra fueron, una tras otra, segadas, aterradas, entubadas. Es tarea de esta generación entender finalmente el suelo que pisamos, comenzar la ardua tarea de restaurar lo agraviado, de recuperar lo perdido.

El valle de Atemajac podría volver a ser el ámbito de armonía que alguna vez nos contaron que fue. La arquitectura que ahora se levante pudiera aspirar a abrigar, con discreción y gracia, la vida de todos, todos los días. El orden extraviado entre la codicia y la insensatez puede ser instaurado. Basta que los habitantes así lo quieran. La historia de las ciudades muestra con largueza la posibilidad de la regeneración y el renuevo.

Mucho tiene Guadalajara que no ha perdido. Subsisten aún las huellas de la original sensatez, los esfuerzos de 30 generaciones por vivir en orden y en paz. Muchas arquitecturas ahí están, aún presentes. Casi olvidadas otras, a duras penas en pie, esperan la oportunidad de volver a ser útiles, de durar bajo el mandato de la racionalidad y la sencillez. Y mucho, nunca hay que olvidarlo, es lo que hemos perdido, a veces sin remedio. La nómina de los daños es extensa y fatigosa. Desde el viejo Colegio de Santo Tomás, el Colegio de San Juan, el Palacio de Medrano y el de Cañedo, medias calles de 16 de Septiembre, Alcalde, Juárez, Corona y varias más; los viejos mercados Corona y de San Juan de Dios, casi todos los conventos del Carmen y de San Francisco, la iglesia de la Soledad, los hoteles Imperial y García, la Escuela de Música, la casa Aguilar de Barragán y aquí seguiría la lista.

Mejor quedar con una estampa indeleble que pintó Ixca Farías hace ya muchos años: una vieja casa de barrio de ese certero color pajizo que en tantas construcciones se usaba. Dos contrafuertes sostienen los humildes muros puntuados por puertas y ventanas. Un árbol fraternal se recarga contra el edificio. Las sombras revelan la tarde que avanza. Podría haber sido ayer, quizá dura hoy todavía, por el rumbo de San Andrés, por ejemplo. Es la Guadalajara que pasa y que queda: la que sin duda durará mañana.

Juan Palomar Verea
(v.pág.9-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2007).


Mientras la mayoría de los ciudadanos tapatíos asegura que respeta el reglamento de tránsito, no compra "piratería" y no ha estado involucrado en accidentes viales, es común observar en la ciudad autos estacionados en sitios prohibidos, personas que no cruzan por las esquinas, autos contaminando, automovilistas arrojando basura y un sin fin de hechos que demuestran que la responsabilidad ciudadana no es una característica de los tapatíos, y para el investigador Adrián Acosta Silva, resulta "preocupante" la situación que se vive, por lo que urge mejorar en cuanto a la cultura de la legalidad, la formación de valores, la cultura democrática y el desarrollo comunitario.

Para el estudioso Adrián Acosta Silva, jefe del Departamento de Políticas Públicas de la Universidad de Guadalajara, la ciudad padece problemas derivados de hábitos y costumbres que tienen muy poco que ver con el "ciudadano ideal", es decir existe un déficit de civismo.

"La falta de responsabilidad ciudadana tiene una deuda cívica que se manifiesta en el incumplimiento de normas, reglamentos, en los comportamientos cotidianos, que trasciende hacia otros esquemas de orden social, como las prácticas de simulación, los arreglos, la transgresión de la ley, los acuerdos ‘en corto’, entre otros, que revelan un orden cívico desdibujado", dice el experto.

Lo anterior revela un estudio realizado por el Departamento de Mercadotecnia de EL INFORMADOR, a 600 personas mayores de 21 años habitantes de la zona conurbada de Guadalajara.

A la pregunta ¿ha estado en riesgo de ser multado por manejar de manera inconveniente?, 57% contestó "sí"; 43% respondió "no".

Las razones por las cuales estuvieron en peligro de ser infraccionados fueron: 41% "por no usar cinturón"; 28% por "estacionarse en lugar prohibido"; 22% por "pasarse un alto", y 9% por "conducir bajo los efectos del alcohol".

Al preguntar ¿cree usted que debe mejorar la cultura en cuanto al nivel de responsabilidad ciudadana? 72% respondió "sí" y 28% "no".

A la interrogante ¿alguna vez ha utilizado un servicio sin pagar? 61% dijo "no" y 39% "sí". Los servicios que no pagan fueron: 52% servicio de cable; 30% agua y 18% luz [energía eléctrica].

Finalmente a la pregunta ¿alguna vez ha comprado un producto "pirata"? los encuestados dijeron: 61% "no" y 39% "sí".

Para Acosta Silva el poco ejercicio de civismo es un problema viejo de la sociedad mexicana, de la tapatía y en general de las sociedades de América Latina. El experto considera que existe un inconveniente en la construcción de ciudadanos y una ciudadanía ligada a la debilidad ante lo que se ha denominado "el imperio de la ley" o el "estado de derecho".

¿Y qué pasa con la cultura?

-La cultura ciudadana tiene que ver más bien con los "hábitos del corazón", los rituales, las costumbres, las creencias, los valores y las prácticas que poseen los ciudadanos, que son construcciones sociales que se trasmiten de generación en generación; es decir, la cultura de "más vale un mal arreglo que un buen pleito", la costumbre de la "mordida", dar dinero para evitar o evadir el cumplimiento de la ley, el no respetar los lugares de estacionamiento, las señales de tránsito, el violar constantemente los límites de velocidad, todo eso tiene que ver con los "hábitos del corazón", que no son buenos en términos democráticos, sino responden a una forma de pensar y de actuar, que se ha edificado sobre la base de eludir compromisos y comportamientos.

-Si se considera que la falta de responsabilidad ciudadana es un problema ¿qué hacer para intentar revertirla?

-Una forma tradicional, histórica y probada de formar ciudadanía tiene que ver con la escuela. Es en los centros escolares y en la familia, donde se van construyendo los valores, las prácticas, las costumbres, los hábitos deseables para la vida en común; y ahí en donde están los problemas, en el ámbito público que nos ofrece la escuela y en el ámbito privado, que es la familia, existen enormes conflictos derivados de la vida cotidiana, que no es que sean "malos hábitos cívicos", ni productos de una sola fuente, pues son resultado de la falta de interacción entre la escuela, la familia, la gente de la colonia, el barrio y la propia ciudad.

-¿Por qué el déficit cívico?

-Los problemas de déficit cívico son en buena medida problemas de confianza social, que simplemente se reflejan en la falta de cumplimiento de normas y de leyes que no revela otro problema que la desconfianza en las instituciones, cuyas leyes son sustituidas por otras formas de comportamiento, redes de confianza y de asociación.

-¿Es alarmante la falta de responsabilidad ciudadana en la ciudad?

-Es preocupante, no es apocalíptico ni dramático; sí existen normas, aún no se llega a la anomia social, todavía no existe un caos, ni se ha llegado a la ley de la selva, en realidad existe un orden, corrupto, oscuro, pero que responde a una necesidad social en la vida de los ciudadanos. En esta medida, comprender el ordenamiento social de los grupos es encontrar formulación de mejores políticas para crear ciudadanía democrática, que se define en el respeto a la ley, a las instituciones y la tolerancia y el acuerdo, para avanzar hacia la construcción de una ciudadanía más responsable.

En Jalisco y en la ZCG se ha logrado avanzar en la cultura de la prevención, sin embargo, aún existe un gran sector de la sociedad tapatía que no escucha las recomendaciones de los distintos organismos encargados de proteger a la ciudadanía.

Así lo expresó el mayor José Trinidad López Rivas, director general de la Unidad Estatal de Protección Civil en la Entidad.

"La gente escucha poco, una parte mínima de la ciudadanía hace caso a las recomendaciones, reglas o reglamentos, un bajo porcentaje de la población tiene idea que existen riesgos y que se pueden eliminar, al tener una mejor seguridad tanto en el hogar como en el vehículo".

"Urge conformar un frente común entre medios de comunicación y autoridades, para informarle a la población cuáles son los riesgos y cómo se pueden evitar, mediante un programa permanente en el que se asegura que las instancias seamos escuchadas".

-¿Qué falta?

Despertar cultura de la autoprotección civil. No se pueden seguir tolerando jóvenes que circulan a 140 kilómetros con sus camionetas; que los camioneros sigan circulando con tanta irresponsabilidad; traileros que le avientan su camión a otros automovilistas. Todas ellas son evidencias de la falta de cultura, pero también de respeto hacia los demás, falta mucho por hacer, se tiene que hacer un frente común por parte del medio oficial, llevando medidas de seguridad a la población, desde Protección Civil, Bomberos, Seguridad Pública, Vialidad, los maestros en la escuela, todos tenemos que hacer lo que nos corresponde.

-¿Es irresponsable la ciudadanía en Jalisco y la ZCG?

-Nunca he sido partidario de la palabra irresponsable, pero la palabra correcta es ésa. Somos irresponsables porque aún conociendo los riesgos, nos hacemos "de la vista gorda", del oído sordo y esa mentalidad que muchos mexicanos tenemos de "a mi no me pasa", "ay se va".

-Es un orgullo tonto de pisar el acelerador del carro para rebasar a dos o tres que van delante de nosotros, cuando debemos de cuidarlos a ellos también y los accidentes disminuirían.

-Existe un gran sector de gente irresponsable entre jóvenes y adultos, entre amas de casa, en algunas zonas de la ciudad existen grupos de niños y niñas de 11 a 13 años inhalando drogas, ¿dónde están los padres?, ésa es una irresponsabilidad por permitirle a los hijos hacer lo que quieran.

-En general, los padres estamos dando una libertad que se ha convertido en libertinaje. Desde 1994 comprobé que los únicos responsables de generar y hacer delincuentes somos los padres de familia, por desobligados, por descuidados. Si todos los padres los vigiláramos, estuviéramos enterados de dónde están, con quién, qué hacen, se disminuirían los accidentes, pero existe la costumbre de muchos padres de familia de "echar" a los niños a la calle para que no los 'molesten'.

Sus autos, marcas de ropa y acento al hablar los identifica. Es "gente bien" que compra productos "piratas" en los tianguis de Santa Tere, Chapalita, Paseos del Sol y otros puntos en donde se expenden copias de ropa de marca y sin fin de artículos de calidad dudosa a mucho menor costo.

Las apariencias engañan. No solamente la clase media y baja son los principales consumidores de la piratería, sino que las altas esferas de la sociedad tapatía son los primeros clientes de los tianguistas y proveedores de artículos apócrifos.

Perfumes, ropa, zapatos, discos, películas, bisutería, programas de cómputo, videojuegos y sombreros son solamente algunos de los productos que se consumen día a día en los mercados ambulantes, por parte de los tapatíos.

"En el tianguis de Paseos del Sol tenemos de todo, desde mercancía original hasta las perfectas copias, mucha gente no tiene para pagar grandes cantidades y por eso prefiere la piratería, es claro que mientras haya gente que compre nosotros vamos a tener un inmenso sector de venta".

"La verdad, aquí viene gente rica, pobre, clase mediera, pero todos buscan ahorrar dinero, todos quieren salir con el mejor artículo a precios baratos, por eso nosotros estamos listos para ofrecer la mercancía".

"Hace unos años la gente no pedía marcas, ni las conocían, pero gracias a la televisión, revistas y anuncios, pues tenemos un margen de ganancia más grande, unos lentes que en un centro comercial cuestan hasta 5,000 pesos, aquí los tenemos en 200 pesos, no es lo mismo, pero dan el 'gatazo' y eso es lo que le importa a la gente, quieren aparentar que traen algo bueno, cuando realmente es bien 'pirata'", dice Sergio Alfredo Villa Martínez, vendedor del tianguis de Paseos del Sol, quien habló de la piratería como un problema "que nunca va a terminar, mientras haya compradores, esto es como en tiempos de Al Capone, además el nivel viene de las altas esferas, ¿quién saca los demos de los discos?, los empresarios de alto nivel, la autoridad simplemente se hace de la vista gorda", dijo el comerciante.

Los compradores van en grupo, buscan las mejores marcas, unos parecen productos originales, tienen la etiqueta, pero hasta la marca está mal hecha.

"A nosotros nos surten desde México, de Tepito, allá pedimos las etiquetas y aquí cuando se maquila el producto, se coloca la marca y la gente que nunca ha tenido una prenda original, pues la compra sin chistar", señala entre risas Sergio Alfredo.

Al ser cuestionado sobre su trabajo explicó: "Desde niño acompañaba a mi papá a trabajar en los tianguis, aquí uno aprende muchas cosas, sabemos que estamos haciendo mal, pero la necesidad es más grande y por eso lo hacemos".

"No tenemos ninguna clase de cultura en ningún aspecto, ni vial, de autoprotección, lo peor es que a diario vemos como los padres de familia impulsan a sus hijos a maltratar las áreas verdes, a no respetar a los adultos mayores, a repetir los modelos establecidos". - Elizabeth Salazar, empleada de oficina.

Las reglas que más se rompen:
Desconocer los reglamentos de tránsito, como la vuelta a la derecha, que es continua, pero se debe esperar a que pasen los peatones y los autos.
Manejar alcoholizado.
Exceder los límites de velocidad.
Estacionarse en sitios prohibidos (minusválidos, cocheras, raya amarilla, hospitales, escuelas y doble fila).
No respetar el balizado para peatones.
Hablar por teléfono celular cuando se conduce.
Hablar por teléfono celular cuando se carga gasolina.
No tener tolerancia con el resto de los automovilistas, ni ayudar a una mejor movilidad.
No ceder el paso cuando se encienden las luces intermitentes de otro automovilista.
Dejar el auto en doble fila y las llaves al "apartalugar" para que lo estacione cuando haya lugar.
Tirar basura por las ventanillas de los automóviles y en la vía pública.
Usar el claxon en la madrugada afectando a los vecinos.
Tener mascotas sin control.
No mantener la distancia establecida entre un vehículo y otro.
Los automovilistas que se "pegan" detrás de las ambulancias para circular a una velocidad mayor.
Observar el semáforo preventivo y cruzarse, ante lo cual se provoca caos vial por quedar a media calle.
No respetar el "uno y uno", es decir usar reglas no escritas que en otras ciudades como Aguascalientes, Zacatecas y San Luis Potosí y algunas de Los Altos de Jalisco se utilizan; en la ZCG todos los automovilistas quieren pasar a la vez.
Circular con infantes en la zona delantera del auto, sin ninguna silla de seguridad.
No cruzar por las esquinas.
No respetar el semáforo para peatones.
Permitir que se dañen esculturas, árboles o monumentos.
Tirar basura en la vía pública, fuentes o camiones.
No dar el asiento a los adultos mayores y discapacitados cuando se viaja en camión.
Al observar el semáforo en preventiva (amarillo) cruzar la calle en lugar de detenerse.
No usar los puentes peatonales.
No usar casco cuando se viaja en motocicleta.
Comprar piratería.
Tala de árboles.
Quema de llantas.
Orinar y defecar en la vía pública.
Colocar grafiti.
Los camiones que circulan con las puertas abiertas.
La gente que habla y que recibe llamadas de su celular en el cine.
Responsabilidades que se dejan para después:
Pago del predial.
Pago de la tenencia.
Afinar el auto.
Fugas de agua que no se arreglan.
Barrer el frente de la casa.
(V.págs.10-B y 11-B del periódico El Informador del 21 de febrero de 2007).
Cuando yo era chica, en mi propio hogar, el probable juicio de algún prójimo, tan anónimo como sus intenciones de juzgarnos, cobraba capital importancia. No se podía llegar tarde a casa porque, con toda seguridad, alguien estaría pendiente de nuestras entradas y salidas para "andar diciendo" sabrá Dios qué cosas de uno. Si se armaba la discusión familiar, no había mejor justificación para acallarla, que "los vecinos que nos oigan van a decir que...".

Y, para que los susodichos, o los parientes, o la gente que pasaba por la calle "no dijeran", no usábamos minifalda, no platicábamos con el novio en la banqueta, no comíamos mucho en público, no nos enfrascábamos en la charla larga y tendida con la tendera, no preguntábamos por el paradero del marido desaparecido de la de enfrente, no gritábamos de una banqueta a otra, ni pedíamos fiado ni prestado.

Que Dios nos guardara de andar dando razón de nuestros presupuestos, hábitos, aficiones y debilidades porque, según mi progenitora, era dar pie a que "anduvieran diciendo". La reticencia llegaba a punto tal que, para que "no fueran a decir", porque de seguro vivían pendientes de la puntualidad de nuestros asuntos internos, no comprábamos toallas sanitarias, ni siquiera pastillas para aliviar los cólicos, si quien atendía en la farmacia era del sexo masculino, porque luego iban a "decir que"...

Luego, existía una variante en esto de la "dicencia", que consistía en contrarrestar el muy posible veredicto de quienes nos tenían en la mira, como bichos en un miscroscopio. Entonces, al son del "pa que no digan", había que realizar otra larga lista de proezas, heroísmos y actos públicos para destacar en la conversación ajena.

Paty Blue
(v.pág.15-B del periódico El Informador del 12 de marzo de 2007).


Un buen amigo dice que los tapatíos vivimos en un estado de depresión permanente. Que siempre buscamos el dato que confirme que los regios o los capitalinos son más diestros, más unidos o aunque sea más suertudos que nosotros. Que los políticos, académicos y empresarios exitosos, son dignos de sospecha, acerca de sus méritos o el origen de sus logros.

Los triunfos de nuestros artistas y deportistas, los consideramos éxitos personales, aunque en muchos casos alguna autoridad, universidad o empresa local, o al menos la familia o los conocidos hayan sido claves en alguna etapa de su desarrollo. Andamos deprimidos y nos empeñamos en alimentar la depresión.

Eduardo Rosales Castellanos
(v.pág.11 del periódico Público del 25 de marzo de 2007).


Juan Palomar define el estado de ánimo de los tapatíos como "melancólico". Pareciera que vivimos en la insatisfacción plena y que el peso del ayer nos aplasta brutalemente. Vivimos en el reino de la pregunta inútil: "si hubiéramos hecho". Sin embargo, esa tendencia kierkegaardiana que súbitamente ensombrece nuestro espíritu es combatida discreta pero eficazmente por miles de tapatíos exitosos.

En Guadalajara, como en el resto del país, el cooperativismo está por los suelos. Si al ver a personajes públicos triunfadores, o bien, a los héroes anónimos que por convicción propia ponen un grano de arena en la construcción de la ciudad que soñamos ser, nos motivamos a ser mejores, iremos de gane. Lo que no debe ocurrir es que se pervierta la iniciativa y se convierta en un activo para un grupo en específico.

Vale la pena que los municipios vean esta campaña, a fin de cuentas Guadalajara es la suma de las ciudades que la rodean. Lo ocurrido con el concepto de Ciudad Zapopan fue una pesadilla. Esos intentos por diferenciarse a lo bruto de lo que somos no contribuyen a pensar en lo que requiere la ciudad: ser una sola.

Las ideas innovadoras, la capacidad de tomar riesgos quiere provocar la desaparición del apatío, del nostálgico del ayer, del melancólico.

Frank Lozano
(v.pág.19 del periódico Público del 25 de junio de 2007).


Los ingresos que la Cruz Roja recauda en Jalisco mediante la aportación extraordinaria en el pago del refrendo vehicular, cayeron este año: apenas 39 de cada 100 personas que pagaron este impuesto aceptaron contribuir con 23 pesos adicionales para la benemérita. En 2006, la cifra fue de 42 por cada 100.

No sólo el refrendo, sino el resto de colectas han ido a la baja. Este año la meta era recabar cinco pesos por jalisciense y obtuvimos 2.20 pesos. Eso es insuficiente para atender la demanda.

(V.pág.11 del periódico Público del 13 de julio de 2007).


Célebres personajes escribieron sobre los aguaceros de Guadalajara. Uno de ellos, el escritor y liberal radical Ignacio Manuel Altamirano, quien estuvo aquí en 1867 y lo que más le impresionó de la ciudad fueron sus mujeres y las tempestades. De esos fenómenos naturales consignó "en pocos lugares de la república puede contemplarse el grandioso espectáculo que en Guadalajara, que pudiera llamarse la hija predilecta del trueno y de la tempestad".

Enrique Ibarra Pedroza
(v.pág.10 del periódico Público del 29 de julio de 2007).


Lo que nos ha ocurrido a los tapatíos en los últimos 30 años es que hemos vivido de generar ideas grandiosas. Nuestro orgullo está sustentado en los que algún día fuimos y en lo que soñamos que podemos ser y no en una realidad concreta. Ese tapatío farolón, de negocios de saliva, vendedor de ilusiones es el que, desde mi punto de vista, tenemos que desterrar de nuestro imaginario.

Parte de la cultura empresarial que tenemos que cambiar en Jalisco es que nuestra capacidad de ejecución sea más cercana a nuestra capacidad de imaginación. El cementerio de las buenas ideas es la industria de mayor expansión en el estado y eso genera incredulidad, dudas y desesperanza. En la medida en que seamos capaces de acercar la capacidad de imaginar a la capacidad de ejecutar entonces podremos decir que hemos comenzado el camino a una nueva cultura empresarial en Jalisco.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 10 de agosto de 2007).


Para mi, las mejores tortas del mundo se hacen con birote (pan salado) de Guadalajara, aceite de oliva español y rebanadas de jitomate rabiosamente americano. La otra torta mejor del mundo, o la segunda, es la que se hace con telera de Guadalajara, angulas españolas en aceite de oliva y una guindilla (chile de árbol) picada. El mejor pan blanco que se puede conseguir en este país es el de Guadalajara, sobre todo si se lo llevan hasta las puertas de su hogar, como es mi caso.

Rafael del Barco
(v.pág.38 del periódico Público del 12 de agosto de 2007).


17 de agosto de 2007


Todo empezó en los años 80 con el afán de importar (¿copiar?), desde la Ciudad de México, las soluciones al congestionamiento capitalino resuelto con los "ejes viales", de los cuales quisimos que nos tocara un Par, y así no quedar rezagados del progreso nacional.

Es inconfundible nuestra ciudad intermunicipal, donde abundan los arquitectos y los urbanistas, y paradójicamente escasea ya la arquitectura y el urbanismo (cuando antes era al revés); donde practicamos la amnesia voluntaria haciendo caso omiso del proyecto del Tren Ligero dejándolo a medias y conformándonos con dos líneas truncas y con su intersección semigloriosa, prefiriendo mejor saturarnos de coches inubicuos; donde preferimos aumentar el caudal de la red de distribución del agua en lugar de reparar sus nada insignificantes fugas que socavan el subsuelo; donde bajo cables eléctricos plantamos árboles como si éstos jamás fueran a crecer hacia arriba (o extender sus raíces) y cuando los mutilamos so pretexto de poda, los dejamos desahuciados, listos para caer sobre los mismos autos inubicuos durante la tradicional temporada de chubascos.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de septiembre de 2007).


Guadalajara nació dividida. En 1542 los españoles eligen instalarse en definitiva al poniente del río San Juan de Dios. Al oriente del mismo río, en Analco, ya se localizaban asentamientos indígenas. Desde su fundación, un río ha sido nuestra referencia urbana, nuestra diferencia económica y nuestra distancia social. La indiferencia ha sido cómplice de esta división de origen que nos desvalora por igual a los habitantes de ambos lados. Los tapatíos "lo hemos tenido claro": nos molestaba tanto la inmundicia del río San Juan de Dios que, en lugar de sanearlo, lo tapamos, como si enterrándolo nos hiciera olvidar nuestras miserias. Optamos por un efímero "progreso" con la Calzada Independencia, en lugar de haber elegido la rehabilitación de un río con parques, plazas y puentes de concordia, convivencia y unión. El río siempre nos ha podido unir o separar; la opción siempre ha sido nuestra.

Juan Ignacio Castiello Chávez
(v.pág.10 del periódico Público del 21 de septiembre de 2007).


Proyectos de envergadura se desarrollan y planean de forma inconexa, porque no hemos sido capaces de crear una visión conjunta de nuestra ciudad para el futuro; estamos ocupados en resolver los asuntos cotidianos, dejando de lado la altura de miras que nos uniría para trabajar cada uno en su espacio; carecemos de una estrategia abierta al futuro.

Esta actitud tendiente a la inmediatez, que viene de largo tiempo, ha propiciado la superficialidad en la aproximación a los grandes temas de nuestro futuro. Los prejuicios, propios de un conservadurismo cerrado, han dominado la escena, de forma que sólo con grandes esfuerzos es posible crear grandes proyectos, que por supuesto carecen siempre del respaldo general. Hemos creado una fuerza invisible que nos impulsa a la medianía, dado que se castiga lo excepcional por principio.

Viene al caso reflexionar estos temas, porque en muchos casos hemos caído en la resignación de no hacer grandes cosas por la falta de presupuestos. Haremos unos juegos con escenarios menores a lo de Río; no hay forma de crecer el tren eléctrico urbano; una presa con récord en retraso, un macrolibramiento postergado; las iniciativas urbanas de magnitud carecen del respaldo general; Centro Cultural Universitario; Guggenheim; transporte urbano de calidad y muchos otros.

Por eso cabe preguntarnos: ¿Quiénes piensan la ciudad? ¿Serán las autoridades, los técnicos, los académicos, los líderes formales, los políticos, o será que la piensan en presente y no en futuro? Más aún, ¿quiénes hablan del futuro de la ciudad con perspectiva y profundidad?, porque quienes tienen capacidad, que son muchos, parece que piensan pero no hablan, o mejor no dialogan.

Luis Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de octubre de 2007).


En el caso de Guadalajara, realmente han sido pocos los beneficios que el predominio centralista nos ha traído recientemente. Desde el temblor de 1985, hace 20 años que perdimos la brújula y nos dio un caso agudo de Infonavititis; nos derramamos en la jungla del crecimiento urbano desordenado (desatado primero por la migración masiva de capitalinos y luego por la imposición de tontas políticas públicas federales en diseño, construcción y financiamiento de vivienda que poco han tenido que ver con las características locales).

Por contraste, los proyectos de estirpe local, si bien tienen tiempos elásticos propios, rara vez son contundentes. En el caso de los grandes proyectos privados de interés público (cuyos pasos se aletargan según los tiempos de la economía particular y la política local) figuran notablemente los aspiraciones eternamente en camino como son el Desarrollo JVC, la torre Torrena, el Centro Cultural Universitario, el museo Guggenheim, el Santuario de Santos Mártires, la renovación del centro histórico, la Presa Arcediano, el gran proyecto de la Red Metropolitana de Vialidad y Transporte y las Villas Panamericanas, entre otros.

Aquí, la falla sustancial en la planeación de nuestra extensa ciudad urbana está en que todavía parecemos atrapados por el peso de nuestra propia historia que nos limita. Mientras no sea resuelta nuestra dependencia a la capital del país, se ve difícil que se resuelvan bien las oportunidades de nuestro futuro.

Una de las muestras del centralismo que sufrimos en todo el país, es que la prensa y las noticias de lo que ocurre en interés de la Ciudad de México, acapara la atención de todas las provincias restantes, volviéndose así el foco distractor de la vida nacional.

Como si sufriéramos los demás de insuficiencia cardiaca, adiestradamente la Ciudad de México ha sido el "marcapasos" de lo que ocurre en el resto del país.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 16 de octubre de 2007).


Un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad ubicó a la zona conurbada de Guadalajara en el segundo sitio entre 71 ciudades del país, a pesar de que Jalisco como estado se encuentra en el lugar 16 de las 32 entidades.

El hecho que Guadalajara esté en el subliderato y el estado a media tabla habla de las enormes desigualdades y carencias que todavía hay al interior del estado y del país.

Para su información, el primer lugar lo ocupó la zona conurbada de Monterrey.

El estudio "Ciudades, piedra angular del desarrollo del país. Indice de Competitividad Urbana 2007", revisó 10 variables: sistema de derecho, cuidado del medio ambiente, sociedad sana y preparada, estabilidad económica y política, eficiencia gubernamental, sectores precursores de clase mundial, mercados eficientes, estabilidad política, relaciones internacionales benignas y macroeconomía estable.

Y frente a estos sofisticados indicadores, la pregunta que me hago es si el empresario común, el profesionista, funcionario público y trabajador promedio de la ciudad de Guadalajara es realmente competitivo y reúne todas esas maravillosas cualidades con las que conjuntamente terminamos calificados en segundo lugar, o si más bien lo que ocurre es que los tapatíos en general nos estamos "colgando" de la competitividad de unos cuantos, principalmente de la industria electrónica y del software asentada en nuestra ciudad, y que opera con estándares y niveles de exigencia superiores a la media nacional; porque salvo honrosas excepciones, la verdad, así como que los tapatíos nos caractericemos por ser competitivos y eficientes en el ámbito empresarial y profesional, no parece muy creíble.

Ahora, si la competencia se diera en el cuidado del ambiente (el de la chorcha) o en la efectividad para el consumo de aperitivos, tacos y botanas, no tengo duda de que hasta los chistes tapatíos serían biodegradables.

Tampoco veo que la eficiencia gubernamental y la vigencia del sistema de derecho sean característica de los gobiernos municipales involucrados en el estudio.

Creo más bien que, así como a Guadalajara la ubican en el segundo lugar de competitividad y a Jalisco en el 16, de la misma manera, la competitividad atribuida a Guadalajara le corresponde a las grandes empresas nacionales y trasnacionales asentadas en la ciudad, y no a la enorme cantidad de pequeñas y medianas empresas, de changarros, talleres y despachos de profesionistas que trabajan con sistemas y equipos obsoletos, ni a las ineficientes oficinas de gobierno con las que nos topamos todos los días.

Admitámoslo: la realidad general es otra, y el éxito de unos cuantos nos los han adjudicado a todos.

La competitividad de una ciudad debiera medirse no en términos macroeconómicos o con macroindicadores de estabilidad política, sino en términos de la microeconomía y del precario micro estado de derecho que cotidianamente sufrimos la mayoría de los tapatíos y no los grandes corporativos.

Se puede decir que una persona o empresa es competitiva cuando lo que hace es difícil de imitar, único, posible de mantener, netamente superior a la competencia y aplicable a variadas situaciones.

Y la realidad es que el ciudadano y el funcionario público común de la zona conurbada de Guadalajara dista mucho de contar con estas características que definen la competitividad.

La ineficiencia, así como la falta de capacitación y tecnología en las oficinas de gobierno municipales y en la generalidad de los negocios y servicios tapatíos son evidentes y más característicos que la competitividad que ahora se nos atribuye.

Por lo anterior me parece necesaria una precisión a los términos de este segundo lugar de competitividad que nos han otorgado a los tapatíos y a nuestras autoridades:

En lugar de decir que Guadalajara obtuvo el segundo lugar nacional de competitividad, más bien habría que decir que las grandes empresas de Guadalajara obtuvieron el segundo lugar nacional de competitividad, y que para ellas el estado de derecho, y por tanto la administración de justicia, es eficiente, expedito y confiable.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 18 de octubre de 2007).


Estrategias de la Tapatiez

En lo que toda a las reglas de cortesía y a las interacciones, siempre debes tomar en cuenta que el tapatío, pese a ser tapatío, es "sentido como jarrito de Tonalá". Ello significa que el tapatío radical se toma a pecho y como afrenta personal, de maneras misteriosas, cualquier tipo de comentario, acción u omisión, cometidas por un conocido-amigo-enemigo y cuya factura será cobrada al "infractor-infractora", ad infinitum y ad nauseam, y también de maneras misteriosas, que el afectado-afectada a veces nunca percibe.

Al buen tapatío se le reconoce por el beso lejano en la mejilla o por el apretón discreto de manos. Son movimientos difíciles de dominar, pero el ejercicio constante hace al maestro. No se trata en estricto sentido de un beso, o de un apretón. Es apenas un roce delicado en la mejilla del amigo-amiga, oponente o amiga del amigo, acompañado de una cierta distancia corporal, que sin práctica puede hacer trastabillar al donante. El chasquido producido por un beso bien dado, o un apretón fuerte de manos, no llama a engaños: inmediatamente revela a los infiltrados. Ah, y a la gente nomás se le saluda de abrazo en los cumpleaños o en Navidad, ¡por Dios!

La utilización de los diminutivos forma parte de la complicada socialización del tapatío o tapatía radical, pero puede ser aprendida siguiendo algunas reglas básicas. El diminutivo no puede faltar cuando se hace referencia a algún atributo o marca de carácter físico o social, que los tapatíos consideren ligeramente incómodo: un negro pasa a ser un "negrito"; un ciego se convierte en "cieguito"; un homosexual se transforma en "rarito" (si es de confianza puede sustituirse por "jotito"); un bebé poco agraciado se llama "curiosito"; un discapacitado puede ser un "tullidito".

(V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 20 de octubre de 2007).

Pese a su acusado perfil cosmopolita, los auténticos tapatíos mantienen el núcleo de su identidad a través de su relación con la comida y un particular estilo de nombrarla. Por ejemplo, para evitar el albur, "huevos" ha sido sustituido por "blanquillos", aunque se trate de huevos rojos de granja. Error frecuente de un outsider es llamar a todo pan salado "birote" en el afán de congraciarse con los locales, para birotes, los de la (vieja) Central Camionera y que esta forma particular de pan (saladito, crujiente y con poco migajón) no sería nunca confundido con un bolillo o con una telera, por un verdadero, auténtico y radical tapatío.

Conocido crítico español del cine mexicano (q.e.p.d.), autor de la "Historia del Cine Mexicano", pero a quien no viene al caso citar, ha dicho, con agudo sentido del método de observación, que "los domingos tiene serias dudas de que los tapatíos existan". Nada más cierto y más falso, en sentido dialéctico. El despoblamiento de la ciudad es un hecho empíricamente verificable los domingos, pero lo que nuestro observador ignora (todavía) es que los tapatíos radicales tienen 3 opciones dominicales: a) recluirse en la santidad del hogar, propio; b) recluirse en la santidad del hogar, extendido, es decir, en la casa de los papás, de los suegros, de los abuelos, de los compadres, o c) ir a comer raspados o a tomar un agua fresca y en un acto de generoso reconocimiento a la diversidad cultural, comprar "morelianas" del parque Chapalita, que todavía es llamado por los auténticos tapatíos "la glorieta del Padre Cuéllar". Lo que de ninguna manera significa que los tapatíos no existan, sino que su existencia transcurre en plácidos y bien predecibles escenarios.

(V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 27 de octubre de 2007).

Fundamental resulta el dominio de ciertos localismos en sus contextos de uso. Muchos simuladores se han metido en problemas tratando de copiar sin la debida formación sociolingüística el ya célebre "ocupo", que si bien como sabemos, es sinónimo de "necesitar" y no de llenar un espacio, requiere de un manejo adecuado. Así, decir "ocupo verte para decirte una cosa", puede resultar exagerado, pero decir "ocupo decirte unas cosas" es una frase auténticamente tapatía. Los niños "ocupan un lápiz"; la señora de la casa "ocupa una sirvienta" y el político "ocupa mejorar su imagen". Al "ocupo" le sigue en orden de importancia el prefijo "bien" que antecede, según la situación, a los calificativos "mucho", "bonito" o "suave": "bien mucho", "bien bonito", "bien suave". Sin embargo, al pasar de los años, el "bien mucho" ha perdido popularidad entre las clases medias que consideran a esta formulación "ligeramente naca". En su lugar se recurre al infalible "bien bonito", que se pronuncia con los cachetes un poco inflados y algo flojos. Transclasista es, en cambio, la palabra "ira" (no de los pecados capitales, sino como sinónimo de "mira", "fíjate"): un outsider se declara cuando pone cara de desconcierto al escuchar la formulación de usos múltiples: "esquira", pronunciado sin respirar y sin pausas. La traducción al "no-tapatío" sería: "Es que mira, fíjate", o incluso "observe, permítame explicarle". Finalmente, en lo que toca a los localismos, es importante aprender a introducir el plural en las conjugaciones de segunda persona del singular, ejemplos: "dijistes", "trajistes", "hicistes" (pero no se debe llegarl al "dijites" o "hicites"; eso es más bien del interior del estado).

(V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 3 de noviembre de 2007).


¿Qué tal cuando no se sabe hasta el último momento si el respetable va a responder a la convocatoria? Eso, todo empresario local lo sabe, es un verdadero albur en esta ciudad donde la gente se espera hasta cinco minutos antes de que algo inicie para ponerse una camisa y lanzarse a ver qué localidades encuentra. Claro, a menos que se trate de una reverenda estupidez inflada por la televisión...

Paco Navarrete
(v.pág.12 del periódico Mural del 1o.de noviembre de 2007).


Después de años de ver manejar a los tapatíos he llegado a una lapidaria conclusión: son los automóviles los que los manejan a ellos. Hasta el más comedido y educado muta en pitecantropus cuando se pone al volante. Dan vuelta como si trajeran trailer, entienden las direccionales en una avenida como indicación de que quien las encendió nunca podrá abordar el carril que seguro alguien facturó a su nombre, entran a las glorietas como si fueran ciegos, tocan el claxon como si sirviera para algo. Son una absoluta calamidad. Lo han sido siempre y seguirán siéndolo. Sin embargo, para quienes pensaban que había fenómenos como éste que no podían empeorar, bueno, recuerden, hablamos de los tapatíos.

En los últimos tiempos pululan otros especímenes que a todo lo anterior agregan nuevas gracias. A algunos les ha dado por encender las luces en pleno día. Es una manera de decirle, imagino, al que está adelante de ellos "quítate, me estorbas". A los que han adoptado esa costumbre absurda una información más que pertinente: nadie va a decir "chin, alguien prendió las luces, voy a quitarme o voy a acelerar". Apaguen sus luces, honestamente no nos importa. Otros, y esto es histórico, se avientan el tiro de abrir el escape de sus autos. Es una ternura escuchar un motor "rugir" y voltear esperando ver un Porsche o un Jaguar y encontrarse con un Tsurito o un Jetta que parece Atlantic. A esos otro mensaje: gente muy inteligente, científicos, han trabajado hasta el cansancio para disminuir el ruido de los motores. Piensen que calificativo merecen los que van a contracorriente de ellos. Y qué tal los que traen el sonidazo atasacdo de bajos que no permiten, entre otras cosas, escuchar la "música". O los que se le pegan a las ambulancias para ganar tiempo. O los que se ponen por encima el cinturón de seguridad sin abrocharlo sólo para evitar la multa. Es una fauna indefendible, por decir lo menos.

Y por último, nuestros heroicos motociclistas. ¿Pueden imaginarse alguien más estúpido que uno de ellos con el casco en la mano? El otro día me topé con uno de estos émulos de Neandertal y le indiqué lo absurdo del hábito. Su respuesta es para enmarcarla: "Lo necesitas más tú que yo". Le respondí que en caso de chocar con él, el accidente le costará la vida, a mí, en cambio, me costaría cuando mucho una multa. Digo, además del más que difícil trance de haberle causado la muerte a alguien con toda la carga psicológica, anímica y legal que conlleva. Pensando bien todo lo anterior, le debo una disculpa al hombre de Neandertal por la injusta comparación. "Yo no era tan bestia", diría.

Antonio Salcedo M.
(v.pág.3 del suplemento "Ocio" del periódico Público del 2 de noviembre de 2007).


El tapatío: (V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 10 y 17 de noviembre de 2007).
Guadalajara es una ciudad con más tradición que visión, con más pasado que futuro, con más desatinos que destinos. Una ciudad tan clasista, tan llena de murallas, tan encerrada en sus miedos. Lujuriosamente puritana, perversamente católica, con más zonas rojas que verdes. Dormida en sus marchitos laureles. Amable sólo en el slogan. Gigantesca, hipocondríaca, mercantilista, privada de iniciativa, que cambia para no cambiar. Con una sociedad civil que actúa más por berrinche que por conciencia ilustrada, adolescente en contra de todo por sistema, con unos medios críticos hasta el disparate y serviles hasta la deshonra, que confunden chisme con noticia, alarmismo con objetividad.

Una ciudad con tapatíos que bendicen al cambio mientras no se metan con su banqueta, con su calle, con sus rumbos, que son ecologistas hasta que no tienen un árbol enfrente que les tira basura; como si las hojas y las flores fueran comparables a latas y envases desechables.

Tampoco ayuda mucho el tener autoridades que se equivocan hasta cuando aciertan, que no importa lo bondadoso y útil de una idea o una acción, ya que se presentan y explican a la comunidad tarde y mal, que siempre nacen politizadas y por lo mismo endebles. Autoridades que no creen ni en ellas mismas.

(V.pág.14 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 17 de noviembre de 2007).


Este hogar es tapatío.

(V.pág.12 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 8 de diciembre de 2007).


Duele decirlo, pero Guadalajara no era así...

Los tapatíos -oriundos o arrimados, que "tanto monta..."- tenían el defectillo de ser presumidos; excesivamente orgullosos de su ciudad. Sin embargo, ni cuando la ponderaban como "la ciudad de las rosas", ni cuando la calificaban como "ciudad amable", ni cuando se preciaban de que como "ciudad limpia" competía con cualquiera, se les podía tildar de mentirosos. Guadalajara hacía honor a todos y cada uno de esos calificativos. Su gente honraba la fama de educada, atenta y hospitalaria que corría por todo el país. Por las mañanas, en efecto, Guadalajara, olía "a limpia rosa temprana". Y en las tardes lluviosas del verano, era un deleite aspirar su aroma "a pura tierra mojada".

Unos tiempos traen otros, por desgracia. Probablemente sucedió que las brutales costumbres de los inmigrantes -"mea culpa, mea culpa..."- avasallaron a los lugareños con todo y sus virtudes. Lo cierto es que la degradación de Guadalajara, consecuencia de lo que pudiera denominarse "la invasión de los bárbaros", es evidente... Sus habitantes, por desgracia, nos acostumbramos a vivir en medio de la suciedad. Vemos con naturalidad que las calles estén llenas de papeles; las banquetas, tapizadas de chicles; las fuentes, pletóricas de botellas de plástico; fachadas y cortinas metálicas de establecimientos comerciales, tapizadas de "grafitti"; el mobiliario urbano -postes, bancas, arbotantes, paraderos de camiones...-, vandalizados; prados, camellones y jardines, atiborrados de desperdicios de comida; las unidades deportivas, convertidas en catálogos del deterioro y el abandono.

Toda esa inmundicia que la ciudad exhibe impúdicamente, que retrata de cuerpo entero la desidia de los moradores; la incompetencia de las autoridades... La experiencia demuestra que tratar de "concientizar" a los ciudadanos es perder el tiempo; que realizar campañas publicitarias -aquellas de "atínale al bote", "la limpieza va en serio", etc.- es tirar el dinero del pueblo...

La ineficacia de cuantas acciones se han tomado hasta ahora por estas vías, sugiere la conveniencia de que, a la voz de "la tercera va la vencida", se probara una fórmula que hasta ahora se ha tenido en el abandono: aplicar la ley... Para decirlo pronto: como si hubiera autoridad.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de enero de 2008).


Mis tías -tapatías de tooooda la vida-, en un afán de cuidar sus ahorritos de viuda, todo lo regatean, escatiman en todo hasta que no tienen más remedio que pagar. Y aún así, acaban evadiendo la fecha de pago a sus acreedores. Ya saben: si los regiomontanos tienen fama de codos, acá bien nos merecemos la de "poquiteros". Y aquí está uno de sus hijos preclaros para confirmarlo.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 17 de enero de 2008).


2 de la tarde con 20 minutos. Avenida Federalismo, dirección hacia el norte. Carril derecho. Semáforo en rojo. Me detengo. Soy el primero de la fila. Estoy justo en la esquina de Reforma. Un claxon de tono agudo, similar al de un Volkswagen, se escucha una y otra vez. Sale de una Caribe que conduce una señora. Está detrás de mi Tsuru. Cuando veo el retrovisor, la mujer, de unos 50 años, manotea y saca la cabeza de su auto. "¡Muévete! ¡No ves que es vuelta continua!", claro que sí, pero los coches que circulan por Reforma no dejan que doble con facilidad. Además hay peatones que esperan el paso. "¡Pendejo!", remata la señora, 2 segundos antes del verde. Doy la vuelta. El Caribe azul celeste me rebasa al instante, pasa a mi izquierda y a paso lento la señora sigue con sus reclamos. Increíble. "¡No sabes manejar! ¡Idiota!". No pude decir nada. Me atrapó el silencio y pedí lo mismo. "¡Cállate!", le dije. Nada más. Debió subir la velocidad porque ahora su Caribe interrumpía el tránsito fluido. El claxon salía de una pick-up y su tono era grave. La señora y su Caribe azul se perdieron entre el tráfico. Uno más de los tantos automovilistas que se suben al coche para descargar la ira al subir la velocidad y mentar madres ante el menor contratiempo. ¡Qué cosas!.

Nebur
(v.pág.2 del suplemento "Ocio" del periódico Público del 18 de enero de 2008).


No nos hagamos tarugos, el territorio de limpieza del tapatío, se reduce a su propiedad privada y a su colindancia inmediata, y no siente obligación alguna por cuidar lo que le pertenece a otro, llámese vivienda, local comercial, plaza o avenida.

Cada quien pinta su raya, y solamente barremos y limpiamos el frente que nos corresponde. Ni un centímetro mas. Y cuando nadie nos ve, la basura se la echamos al vecino y así nos "deshacemos" del problema, recorriéndolo hasta llegar a la esquina o a la avenida principal donde, por arte de magia, los desechos que originalmente fueron nuestros, se vuelven ajenos, y por lo tanto responsabilidad municipal.

En la propiedad ajena (y la de todos es considerada ajena), se vale tirar basura, escupir, pintarrajear o destruir. Y si vemos a niños o adultos hacerlo, nos hacemos los desentendidos y guardamos un silencio cómplice a menos, claro está, que la propiedad en cuestión sea la nuestra. Entonces sí que reclamamos al otro su falta de educación y de civismo.

No disculpo a las autoridades por su insuficiencia para mantener limpias las calles y espacios públicos, pero aunque suene trillado, el problema y la solución no es sólo del gobierno, sino de todos.

Debemos reaccionar frente al deterioro de la propiedad pública de la misma manera como reaccionamos para defender la propiedad privada.

Las asociaciones de colonos podrían ayudar mucho en esto, y así como se organizan para exigir enérgicamente a la autoridad que pare las construcciones que no les parecen y castigos para quienes las autorizan, de la misma manera deberían organizarse para exigir la limpieza periódica de las "tierras de nadie", de los pasos a desnivel y de las grandes avenidas que colindan o pasan por sus colonias, porque los basureros públicos tapatíos no son recipientes adecuados y estratégicamente colocados en las calles y avenidas de la ciudad, sino los mismos montones de "basura de nadie" acumulada en las "tierras de nadie" a los que cada transeúnte o automovilista que pasa cerca de ellos les agrega algo de su propia cosecha.

Como que a la "basura de nadie" se vale echarle más encima, al cabo nosotros no fuimos los que empezamos el montón.

Nos podemos desgañitar reclamando atención, pero al final esto no se corrige limpiando todo lo que los ciudadanos irresponsablemente ensuciamos, es un asunto de cultura y educación cívica, particularmente de la autoridad que tiene a su cargo el aseo público (aunque lo subcontrate), porque la basura se tira en las narices de los mismos policías y ni se inmutan. Yo mismo los he visto dejar basura y envases de refrescos en los cajetes secos de las banquetas, pero nunca he visto a uno llamarle la atención a alguien o levantar una infracción por tirar basura en la vía pública.

Y si apareciera por ahí un policía o agente de tránsito educado en Suiza y nos multa por tirar basura, el monto y las consecuencias son de tal manera ridículas que no son freno o escarmiento suficiente como para dejar de hacerlo.

La solución no tiene más que dos lados: el lado ciudadano y el lado de la autoridad.

El lado ciudadano se llama cultura cívica, y esa sólo se va a lograr si desde las escuelas se hace un agresivo y permanente programa de educación cívica que involucre a alumnos, maestros y padres de familia, pues de nada sirve decirle a los niños con dibujitos que la basura hay que ponerla en su lugar, si en el trayecto a la casa, sus padres (que no tienen madre) tiran la bolsa del lonche por la ventana del auto.

Y en el lado de la autoridad, habrá que hacer varias cosas: además de endurecer la ley y ver que se aplique, organizar mejor su trabajo y asegurarse que los policías, los agentes de tránsito y sus familias reciban un curso intensivo de educación cívica.

Solo así podremos cambiar ese arraigado y nefasto modo de ser los hombres y mujeres de esta impune y vapuleada ciudad, que en su fuero interno dicen que: lo mío es mío y lo demás no importa.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 24 de enero de 2008).


Los tapatíos destinan cerca de 10% de su salario en comprar cigarros y bebidas alcohólicas: caguamas, tequila y ron.

Investigadores del Departamento de Métodos Cuantitativos de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.33 del periódico Público del 25 de enero de 2008).


Hay pequeños detalles que ilustran con claridad los hábitos, la cultura, la personalidad y la educación de la gente que integra una determinada comunidad.

Usted, que es una persona pacífica y educada, podría salir en este momento, abordar su automóvil y seguramente en el tránsito de su trabajo a su casa, o viceversa, tendría sobradas razones para experimentar varios disgustos y escupiría más de una maldición. Allá afuera, en la selva de asfalto, se presentan muchas situaciones que explican tan singular y abrupta transformación en un caballero o una dama de tan fina estampa.

a) Porque no faltarían personas que atravesaran la calle o avenida a mitad de cuadra, sin utilizar la zona peatonal determinada para ellas con las rayas amarillas diagonales o los puentes peatonales construidos para garantizar su seguridad, exponiendo su vida y la de usted, que muy probablemente tendría que frenar precipitadamente, con el riesgo de que el vehículo que venga detrás le alcance y le pegue.

b) Porque algún motociclista suicida, que podría ser un simple vendedor de pizzas, se le podría emparejar para rebasarlo en forma zigzagueante, en su apresurado afán de entregar su mercancía antes de media hora, como le obliga alguna singular promoción. Para eludirlo, quizá tendría que frenar intempestivamente o cambiar de carril en forma apresurada, con el consiguiente riesgo para usted y otros automovilistas, además de los muy naturales insultos a de los que seguramente usted se haría acreedor.

c) Porque podría suceder que detrás de usted apareciera algún piloto suicida, que en su suprema ignorancia e insensatez le vaya impulsando, apresurando e insultando con el claxon de su vehículo, para obligarlo a acelerar, cuando es evidente que usted transita tranquilamente por el carril de baja velocidad. Y en ocasiones podría suceder el absurdo de que el resto de los carriles, por los que podría circular a mayor velocidad o rebasar con facilidad, estarían desocupados.

d) O en todo caso, que al llegar a una esquina, usted atiende la luz preventiva amarilla del semáforo y se detiene con oportunidad, en el mismo momento que quien transita detrás de su auto "e amarra"ruidosamente y le insulta, porque simple y sencillamente usted acató una elemental disposición de tránsito y se detuvo con corrección y prudencia, en lugar de acelerar para tratar de ganarle a la señal de alto, como usualmente reacciona la generalidad de los conductores.

e) También podría tener la desgracia de encontrarse como compañero de viaje a un camión urbano, de tamaño medio o grande, que en forma permanente lo intimidaría, para tratar de arrinconarlo contra la banqueta, o que se mantendría en doble o triple fila simplemente para fastidiarle a usted el día e impedirle el paso, nada más porque se le pega su regalada gana a un grosero e impertinente chofer. Podría suceder inclusive que ese camionero salvaje le raspara alguna parte de su vehículo, le diera un ligero golpe y hasta le insultara, por el simple placer de hacerlo repelar y hacerlo sentir como el más miserable e impotente de los mortales, frente a un energúmeno cavernícola.

Estos hechos son parte del catálogo del absurdo que caracteriza la vida de la comunidad metropolitana. Todos los días los padecemos o somos protagonistas de ellos. Poco reflexionamos en forma madura, inteligente y sensata sobre la imperiosa necesidad corregirlos.

Pedro Mellado
(v.pág.2 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 21 de febrero de 2008).


Decir Semana Santa, en Guadalajara, en tiempos pretéritos, era disponer el ánimo para las celebraciones culminantes de la cuaresma: el Lavatorio de los pies, el Vía Crucis, Las Siete Palabras. Los privilegiados que encontraban un lugar en Catedral para el tradicional sermón del canónigo José Ruiz Medrano, el Domingo de Resurrección, ya tenían tema de conversación para varias semanas... En aspectos más profanos, los altares y las imágenes en las iglesias, borradas de la vista por severos mantos morados; las matracas que sustituían a las campanas hasta que éstas reaparecían, triunfalmente, anunciando la Gloria; las multitudinarias visitas del Jueves Santo a Las Siete Casas, con algunas suculentas -nada penitenciales, pues- escalas gastronómicas, estratégicamente distribuidas en los puestos de empanadas.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de marzo de 2008).


Desde que se anunció la visita de Renée Fleming, programada para el miércoles próximo y suspendida la semana pasada "por razones logísticas" (sería deseable, por cierto, que alguien tradujera al español la frase entrecomillada, pues "logística" significa "parte del arte militar que atiende al movimiento o avituallamiento de las tropas en campaña", y también "lógica que emplea el método y el simbolismo de las matemáticas"), se temía que la promoción se frustrara. En una ciudad del primer mundo de la cultura, un recital con la Fleming sería un acontecimiento. Un mes antes de la fecha programada, ya sólo sería posible encontrar boletos en la reventa, y probablemente a precios prohibitivos. En Guadalajara, al margen de la versión oficial (más abstracta e incomprensible que la otrora clásica "por causas de fuerza mayor"), hubo otra, acaso más creíble: puesto que la preventa, insignificante, hacía vislumbrar la posibilidad de un fiasco tanto en lo artístico -un recital con miserable respuesta de público desmoraliza a cualquiera- como en lo económico, se optó por tomar "las de Villadiego"...

En Guadalajara, gente cuya cultura operística se circunscribe a saber que "la ópera se acaba cuando la gorda se muere", suponía que Renée Fleming formaba parte del elenco de "Los Soprano" porque en los pendones del Auditorio Telmex la anunciaban como "la mejor soprano del mundo".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de marzo de 2008).


A los tapatíos nos encanta quejarnos del calor, aunque sabemos que cada año en los meses de abril, mayo y junio va a hacer y mucho. Cada año decimos que nunca había hecho tanto calor casi como un reflejo plavloviano y, acto seguido, arranca una plática que comienza con el tema del calentamiento global y termina con la nostalgia de la ciudad que se nos fue.

¿Hace más calor ahora que antes? No. El calor es el mismo. Las temperaturas en estos meses pueden llegar a 38 grados a la sombra; este año se espera que lleguen a 36 (5% menos de la máxima). 2008 no será un año especialmente caliente. Pero no importa: sentimos más calor y nos quejamos más. Sentimos más calor porque ahora pasamos más tiempo expuestos a él. El recorrido de la escuela a la casa o del trabajo al lugar donde comemos es ahora más largo. Si antes de cualquier punto a otro de la ciudad (allá en los gloriosos setenta) no se hacían más de 15 minutos en auto o 30 en camión, hoy un recorrido promedio a mediodía es del doble. Sentimos más calor porque hay menos sombra en la cual resguardarnos y porque la mancha de concreto lo irradia más. Además de lo terrible que es sufrir el calor, el problema de las temperaturas de estos meses es la contaminación. A diferencia de la de invierno, que es una nata evidente, la estival es menos visible y más peligrosa. El ozono es veneno puro, pero por alguna extraña razón nos preocupa menos que el resto de los contaminantes. Lo que nos importa del calor es expulsarlo, para lo cual he aquí algunas recetas tapatías.

Un café expreso volcado en un vaso con hielos. Pocas cosas pueden ser más refrescantes y al mismo tiempo energizantes. Lo único que se le podría comparar es una coca chica tomada de un solo jalón. Mi recomendación es tomarse los dos, aunque cuando yo lo hacía el mesero del Café Azteca me miraba con cara de azoro como si fuera una droga prohibida. El efecto es espectacular y no está prohibido.

Un tejuino con nieve, de preferencia del mercado Centenario (el de la Capilla de Jesús) o de alguno de los de la familia del carrito naranja. El tejuino es un manjar de dioses, y algo saben de eso estos muchachos, pues en el cielo, dicen, hace un calor infernal.

Cuenta la leyenda que el pintor Benito Zamora recomendaba practicar la inmovilidad. Muchos animales, aunque no sean tapatíos, lo hacen. El riesgo es que 99% confundirá el ejercicio de la inmovilidad con la flojera, entre ellos su jefe o su pareja, y podría usted ser injustamente acusado de tirarla impunemente.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 4 de abril de 2008).


Jalisco, donde se hacen los hombres.

(V.pág.46 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 19 de abril de 2008).


Esta es una Ciudad, ¿quién lo duda?, destruida y reconstruida en función del automóvil. La aspiración máxima es tener un buen carro. La mínima, un "chocolate" [de contrabando]. No es casualidad que en una ciudad apenas clasemediera abunden tantos carros de lujo, pagados a plazos. O chocolatones, de reciente legalización. En un extremo, la ostentación, la búsqueda de estatus. En el otro, el afán de librarse de la pesadilla que es el transporte colectivo. En medio, una ciudad de vialidades cada vez más congestionadas e imposibles de atravesar por un peatón: ahí están cientos de atropellados cada año, como testimonio inobjetable: más muertes que las de Ciudad Juárez, y sin tanto despliegue en los medios...

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 24 de abril de 2008).


Caminando por las calles del centro, después de asistir a la marcha, tuve la curiosidad de preguntar a los cuerpos de Protección Civil de Guadalajara y Bomberos, si ellos tenían conocimiento del motivo de la acumulación de personas que protestaban, y cuál fue mi sorpresa... casi no lo pude creer, pero es que ¿acaso no tienen acceso a la información? Ninguna de estas personas, encargadas de cuidar a los ciudadanos, sabía de qué trataba la marcha. "Se trata de los del PRD", "Es por lo de la telenovela Las tontas no van al cielo". Ninguno de ellos tenía idea de la verdadera razón por la que los ciudadanos estaban reunidos.

El motivo de la marcha no fue hacer una separación de partidos, qué importa si se trata del PRI, PAN, o PRD. La manifestación del pueblo jalisciense fue en contra de un gobernador que no respeta ni el erario ni a sus gobernados. Al primero lo deja en manos de Dios, y a los segundos se dirige con palabras: "Chinguen a su madre, me vale madre". Quienes se encargan de mantener el orden y cuidado de los ciudadanos nunca se enteraron de nada en concreto. ¿Sigue siendo Guadalajara una ciudad apatía?

(V.pág.7 del periódico Público del 27 de abril de 2008).


Guadalajara está en la lista de espera para ser Capital Mundial del Libro en 2010; Beirut, la capital de Líbano, lo será en 2009. ¿Qué será lo que ofrecerá nuestra distinguida capital de Jalisco al mundo del libro, en caso de ganarle la candidatura a Lisboa (Portugal), Ljubljana (Eslovenia), Riga (Letonia), San Petersburgo (Rusia), Viena (Austria) y Wellington (Nueva Zelanda)? Por lo pronto, se puede presumir que se tiene a la Feria Internacional del Libro, la más importante en lengua española en todo el mundo; sí, suena apantallador, pero ¿se sabe qué índices de lectura arroja la llamada Perla Tapatía? ¿Se sabe que en nuestra ciudad -por no decir que prácticamente en todo el estado- las políticas públicas de promoción al libro y crecimiento de lectores brillan por su ineficacia y mala planeación cuando no por su ausencia? Para poner un ejemplo rapidísimo, que si lo supieran los de la UNESCO quién sabe si se arrepentirían de haber dado tal deferencia a Guadalajara para 2010: la Feria Municipal del Libro, que se llevará a cabo durante los primeros días de mayo, y que es la feria dedicada al libro más antigua del país, destinará la extraordinaria cantidad de ¡200,000 pesos! para poder llevarla a cabo, amén de una considerable reducción en las actividades que regularmente se ofrecían al público. Las autoridades municipales han señalado, por cierto, que sólo si se otorga el nombramiento de Capital Mundial del Libro estarán dispuestos a ofrecer mayores apoyos al fomento de la lectura. No, pos gracias por no ser tan convenencieros.

David "Negro" Guerrero
(v.pág.13-B del periódico El Informador del 30 de abril de 2008).


¡Órale, ándale, híjole, éjele, újule, quihúbole, école, épale, úchale y éijas!

Todas estas expresiones tienen múltiples significados y aplicaciones, según el contexto y el tono en que se usen, y aunque su uso es bastante común, no todas aparecen en el diccionario de la lengua española.

Veamos: ¡Órale! es una interjección que el diccionario dice que sirve para exhortar, pero la realidad es que tiene mas usos: en algunos casos se utiliza para quejarse de la imprudencia o tosquedad de una persona (órale, fíjate por donde andas); también sirve como señal de alarma, sorpresa o peligro, y en otros casos como señal de entendimiento, admiración o reconocimiento a lo que otro hace o es capaz de hacer (órale, qué bien esta eso). Curiosamente también funciona como saludo o despedida. Es una mexicana deformación de la interjección ¡oh!, utilizada para manifestar diversos estados de ánimo, asombro, pena o alegría, y cuando se pronuncia con la "o" más larga (oooórale) se convierte en la versión mexicana del wow! que utilizan los americanos.

¡Ándale! puede ser una orden o una exhortación para que alguien se apresure; un sinónimo de ¡apúrale o pícale!, y en otro tono, un reto, advertencia o amenaza de las graves consecuencias que podría tener una determinada acción (ándale: atrévete a hacerlo y verás lo que te pasa).

El ¡híjole! es la expresión de susto o miedo más popular y se utiliza con frecuencia cuando algo malo ocurre o nosotros provocamos. Esta expresión tiene otra versión más "light": el ¡áijole!.

¡Éjele! es la forma más clara de burlarse descaradamente, de la broma o del engaño.

El ¡újule!, aunque también sirve para la burla, es mucho más preciso cuando se le dice a quien, aparentando ser experto en algo, le salen mal las cosas y decepciona a todos.

¡Quiúbole! es el saludo por excelencia. Sin embargo, si se le cambia el tono y una letra (u por o) denota cierto extrañamiento reto o amenaza (¡quióbole, qué trais!)

El ¡école! es señal inequívoca de aceptación, aprobación, conformidad o permiso.

Un ¡épale! o un ¡éijas! sirven para reclamar los tropezones y atropellos corporales; una manera simpática de decir ¡fíjate!, ¡cuidado!, ¡aguas!

¡Úchale! tiene un significado difícil de explicar. Se utiliza cuando algo está saliendo mal, o cuando la ejecución de algo está resultando más difícil de lo esperado.

Es una especie de decepción profunda, una forma de decir ¡qué mala pata (suerte)!, "ni modo, a ver qué hacemos"; un reclamo más ligero que el ¡no manches (no mam...)!

Nótese (inútilmente) que todas estas expresiones son esdrújulas, incluyendo el mismo nótese, y que si bien muchas de ellas no forman parte oficial del idioma español, son parte real de nuestro mexicano modo de ser y de decir las cosas.

Por esto último y para no olvidar agravios nada más porque sí, coloquialmente al gobierno habrá que decirle: ¡újule! A las mentadas ¡éijas!, y a las exigencias y reclamos legítimos: ¡école!

"¡Híjole, en manos de quién estamos!"

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 8 de mayo de 2008).


La pitaya es un producto estacional de varias regiones del país, pero orgullo como pocos del sur de Jalisco, por varias razones pero una muy poderosa: escasos orgullos tiene esa tierra tan castigada, aparte de los más grandes escritores, pintores y compositores mexicanos del siglo pasado, verdá de Dios. Así que en la paradójica pitaya -es explosión de colores, pero sutileza en el sabor y de delicado trato- bien podemos encontrar algo de la esencia del "otro" jalisciense: no el criollo soberbio, inflado como pavo real, retratado en el charro cantor del cine nacional -supuestamente alteño, por más señas-, sino el lacónico indio de calzón de manta y sombrero colimote, de frases secas como la cuaresma, filosas como cuchillo de Sayula. La pitaya es además, el fruto más sabroso de toditita la República Mexicana, si no es que del mundo entero. Ajúa.

Las lluvias aquí son un espectáculo tan hermoso, sobrecogedor -y a últimas fechas catastrófico- que en verdad no permiten otra cosa que sentarse en un equipal a admirarlas, con un tequilita en la mano... o salir a desafiarlas, con el Jesús en la boca.

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 8 de mayo de 2008).


Aquí en el terruño estamos acostumbrados a ver y escuchar sandeces todo el tiempo. Que las ciclovías se hacen sobre la banqueta; que el dinero no es para el santuario sino para el turismo; que los camiones no son negocio; que los consejeros electorales no están arreglados sino que fueron electos democráticamente; que mató al perro porque era muy bravo.

Myriam Vidriales
(v.pág.22 del periódico Público del 30 de mayo de 2008).


Cada año aseguramos que el calor es más intenso en Guadalajara.

No es que "la calor" -como dicen por ahí- se haga más intensa. Se trata de un asunto de reniego, inconformidad e incluso identidad generalizada propia de los que vivimos en esta bonita ciudad. ¿Qué sería de nosotros si no nos quejáramos de todo aquello que nos resulta incómodo? Desde los asuntos políticos hasta aquellos que son inherentes a la mano del hombre. Las quejas son el tema predilecto del buen tapatío que se jacta de serlo: que si las macrolimosnas, que si el tráfico, que si los sueldos de risa.

No son pocas las injurias que se escuchan en boca de los jalisquillos a causa del calor, hacia el clima y hacia quien inocente -y frescamente- pregunta "¿qué te sucede?". La temporada tiene la "virtud" de exaltar los ánimos y transformar a los habitantes de esta bonita ciudad en seres extraños que cambian sus hábitos diurnos en nocturnos.

Para darse cuenta de ello, sólo hay que echar un vistazo medianochero a las calles. Sobran quienes busquen en el contexto de la casi madrugada aquello que el día no puede ofrecer: viento fresco y ausencia de multitudes que sólo agravan la situación.

Esto tiene su explicación. La primavera también es un obstáculo para que se desenvuelva plenamente la voluntad somnífera de los que se disponen a pasar una digna jornada en brazos de Morfeo -salvo los casos de los que duermen con ventilador en sus respectivas habitaciones o los que tienen sueño tan pesado que, aún con una banda de pueblo tocándoles a un lado, no despiertan-.

Nucas, cuellos, sábanas, colchones y almohadas empapadas de sudor. Las imposibilidades para pegar el ojo durante las noches primaverales tapatías radican básicamente en una humedad corporal que brota de los sitios más recónditos de la anatomía humana. Y esto, en lugar de agradecerse o disfrutarse, da como resultado a monitos malhumorados.

Oprobio
(v.pág.3 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 7 de junio de 2008).


13 de junio de 2008.


El director del Instituto Astronómico y Meteorológico de la Universidad de Guadalajara, Angel Meulenert, sostiene que una tromba, en su tierra, es una "columna de agua que se levanta en el mar por efecto de un remolino". (A estas horas ya le habrán aclarado que la Real Academia aplica el mismo vocablo a un "chubasco intenso, repentino y muy violento"; es decir, a las lluvias "al estilo Jalisco").

El caso es que las primeras lluvias de la temporada ya dañaron severamente a la infraestructura urbana de la zona metropolitana de Guadalajara, y fastidiaron a un alto porcentaje de sus resignados pobladores... Estos, en consecuencia, han recordado lo que antaño sucedió con el "Palacio Federal", la "Torre Educación" y otras obras públicas perpetradas al "'ai se va"... y llegado a la conclusión de que el tapatío medio vive sentado sobre un barril de pólvora.

(Bien decía el adagio que "en Jalisco puros machos").

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de junio de 2008).


Guadalajara, ¿lectora?

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recomienda un promedio mínimo de lectura de 4 libros por habitante al año. Lo óptimo, indica el organismo internacional, son 24 volúmenes.

(Fuente: Encuesta Nacional de Lectura 2006 del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

(V.pág.45 del periódico Público del 20 de junio de 2008).


Desde los tacos de frijoles hasta los colectores bajo los túneles vehiculares (el de las avenidas López Mateos y Las Rosas, por ejemplo) pasando por los cíclicos remiendos a los pavimentos y la construcción de edificios públicos, etc; hay 2 maneras de hacer las cosas: bien y -da pena tener que decirlo-... "al estilo Jalisco".

Si los acueductos romanos de los que aún se conservan vestigios monumentales como homenaje a la calidad de las construcciones -y, por supuesto, a la inventiva de los constructores- funcionaron a la perfección durante siglos; si alardes de la ingeniería como los canales de Suez y Panamá han operado de manera impecable durante muchos años; si los túneles ferroviarios en las entrañas de los Alpes o- sin ir más lejos- en la Sierra de Chihuahua, han sabido combinar la utilidad de reducir las distancias con el deleite de permitir a los humanos la contemplación de paisajes que antaño eran privilegio exclusivo de las aves y los animales silvestres; si fue posible construir y poner a funcionar un túnel vehicular bajo en canal de La Mancha (por no hablar de los transplantes de órganos y las operaciones de microcirugía, hoy en día absolutamente cotidianos), ¿qué podría tener de extraordinario, sensacional, audaz, temerario, increíble o inaudito el que, si había dinero para absorber la diferencia en el costo, el Gobierno del Estado accediera a construir un túnel (como hay tantos en el mundo, por lo demás) donde los vecinos rechazaron, por considerarla antiestética (muy a su gusto...) y lesiva para su patrimonio (muy a su derecho...), idea inicial de construir un puente?

Precisamente porque las cosas pueden hacerse bien o con las patas, hubo voces- un oficio del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado, entre las más autorizadas-, en su momento, que lo advirtieron: resultaba "imprescindible aplicar un refuerzo eficaz y de calidad para garantizar que en el futuro inmediato (no) se presenta una falla de graves consecuencias en el interior del túnel" ("Público", VI-30-08).

Menos mal, para los negligentes e ineptos, que también para hacer peritajes, deslindar responsabilidades y penalizar impericias, hay 2 maneras: bien y- como lo dijo el ranchero... "la que dijimos endenantes".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de julio de 2008).


En Guadalajara ya vivimos característicamente en una sociedad de alto riesgo; nuestro desarrollo urbano e industrial actual ha creado nuevas formas de riesgo e impone una peligrosidad distinta a la acostumbrada hace poco. Nos encaminamos hacia una nueva modernidad en la que el eje que estructura nuestra ciudad no es ya la distribución de sus bienes, sino de sus males.

No es ya el aprovechamiento de nuestras riquezas, sino la minimización del riesgo y la inseguridad lo que activa hoy a la gente.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de julio de 2008).


Los empresarios tapatíos se caracterizan por ser "todólogos" y carecer de paciencia, 90% de las empresas no sebreviven al segundo año.

(V.pág.11-A del periódico El Informador del 28 de julio de 2008).


En esta semana me desplacé por carretera hacia San Luis Potosí, para asistir a la ceremonia de inauguración de la más reciente fábrica de automóviles de General Motors en México. Como habitante de Guadalajara y "jalisquillo" adoptado y convencido, fue muy difícil no sentirme algo mal al ver que una inversión fuerte como esa, de mil millones de dólares en 14 meses, estaba puesta en otro estado. Lo más duro de todo, fue percibir, simplemente por mirar alrededor, que San Luis Potosí, como casi todo el Bajío mexicano, ofrece condiciones mucho mejores para las inversiones de toda clase, aún más las de esa importancia. Nosotros, desgraciadamente, parece que no tenemos más remedio que resignarnos.

Es merecida la elección de San Luis Potosí como sede de la nueva fábrica de GM en México. El ingreso por carretera desde la Ciudad de México o desde el norte del país, se hace por una espectacular malla vial de 12 carriles, sin un solo semáforo en sus 6 carriles centrales, que llevan el flujo de vehículos hacia el centro, la zona hotelera y la zona industrial, entre otras. Ahí, hay también ferrovías que unen a la ciudad con el sur y el norte del país. Su aeropuerto cobra cada vez más importancia y pasa por una remodelación que estará concluida en 2012. En pocas palabras, van por el camino correcto.

Desafortunadamente, en Jalisco ya ni siquiera figuramos entre las opciones para la industria automotriz. Hoy, que se habla de inversiones futuras de Toyota y Volkswagen, por ejemplo, los estados mencionados como posibles sedes de sus nuevas fábricas son San Luis Potosó, Aguascalientes, Guanajuato, Hidalgo, Nuevo León y, para variar, el Estado de México.

Como sede de Honda de México, Jalisco ya cuenta con una cierta estructura que podría facilitar en mucho la entrada de otras armadoras automotrices, que aprovecharían el parque de proveedores local y lo ampliarían con su arribo.

Sin embargo, el problema es la infraestructura. Las carreteras de Jalisco y las calles de la zona metropolitana de Guadalajara están en un estado similar, es decir, muy malo. La "autopista" entre Guadalajara y Lagos de Moreno está siempre en reparaciones y logra aun así el milagro de nunca estar en perfectas condiciones. Le echan la culpa a las lluvias, pero si se construyera con calidad, ese problema sería infinitamente menor. Aquí ni de lejos llueve como en Europa y Japón, donde las carreteras están siempre en buen estado. Incluso las federales, mucho más las de cuota.

En Lagos de Moreno, las obras de la autopista que uniría esa ciudad -mejor dicho, todo el estado- al centro del país, lo que facilitaría mucho la producción, están abandonadas. Hay un paso a desnivel ya construido, al que le falta sólo poner concreto en sus carriles centrales. Pero el lodo ya lo invadió y la maleza crece a cada día. No tenemos vías de ferrocarril que nos unan eficazmente al corredor que es el centro de la república y algunas empresas tienen que mandar su mercancía en camiones hacia el tren en -ya lo adivinaron- San Luis Potosí, para que desde ahí vaya a Estados Unidos o Canadá.

Nuestro mayor parque industrial, en El Salto, apenas tiene una carretera de doble carril que, para variar, está en mal estado. Además, para llegar y salir de ahí, tienen que enfrentarse al cuello de botella que es la carretera a Chapala, la única vía de acceso al aeropuerto. Incontables negocios se han perdido porque alguien o algún producto, no pudo llegar a tiempo a la terminal aérea por causa de un accidente o manifestación en esa vital arteria. Ni qué decir de los más que rebasados corredores urbanos como el Periférico, Lázaro Cárdenas, López Mateos, Javier Mina-Juárez-Vallarta o la Calzada Independencia. Si a eso sumamos los baches, la violencia, la contaminación y otros, no es difícil ver por qué estamos excluidos de los grandes planes de inversión de la industria automotriz.

Es, pues, una pena ver que la súplica que hizo el autor Ernesto M.Cortázar en su más célebre canción "Ay Jalisco, no te rajes", no está siendo escuchada por algunos jaliscienses. Jalisco, a juzgar por sus fundamentales vías de comunicación -qué triste- parece que sí se está rajando, apartándose del resto del país, para aislarse en el ostracismo.

Sergio Oliveira
(v.pág.2-E del periódico El Informador del 2 de agosto de 2008).


Por lo que se refiere a la infraestructura de transporte que requiere la zona metropolitana de Guadalajara, basta con recordar que cuando la Ciudad de México contaba con una población como la que hoy hay aquí, ya estaban en marcha las obras del Metro, mientras aquí a lo más que se aspira es a contar con unas cuantas avenidas con autobuses articulados, que difícilmente representan una solución integral y profunda al taponamiento que un día sí y otro también padecen los tapatíos.

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de agosto de 2008).


Quiso ser un segundo himno regional de Guadalajara; quedó en pieza de museo. Se pretendió que fuese la réplica tapatía a las coplas de Guadalupe Trigo ("Mi ciudad es chinampa en un lago escondido...") dedicadas al Distrito Federal; de la buena intención no pasó. Convencieron a Marco Antonio Muñiz de que la suya era la voz perfecta para entonar aquellos versos; lo hicieron creer que su personalísima versión se volvería, al paso de los años, tan clásica como "Las Mañanitas" con Pedro Infante, o tan universal como el "Nessun Dorma" con Luciano Pavarotti. Y no...

La canción de marras comenzaba con una pregunta que más bien parecía reconvención por una obviedad mayúscula: "¿Que por qué soy feliz en ti, Guadalajara?"...

Por supuesto, la respuesta enlistaba todas las bondades que el Supremo Hacedor, dentro de su sabiduría infinita, decidió concentrar, precisamente, en la popularmente llamada "Perla de Occidente" e internacionalmente afamada "Atenas de las Américas": las bondades de su clima, la inconmensurable belleza de sus mujeres, la hermosura de sus fuentes, la calidad de sus equipos de futbol, el talento y la honradez de sus gobernantes, etc., etc.

Hubiera sido la canción perfecta para paladearla, a bordo del automóvil, con el motor apagado, a la mitad del camino entre la casa y el trabajo -o la escuela-, después de calibrar, con la paciencia de Job, las gigantescas dimensiones y los alcances del mega-colapso vial de la mañana de ayer, en las muchas "vialidades" que se convirtieron, virtualmente, en estacionamientos de automóviles durante cuatro horas.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de septiembre de 2008).


Ahora que estuve en Guadalajara, entendí como nunca el carácter y la personalidad de los tapatíos: hombres y mujeres -ellas, guapas como siempre- que viven con austeridad, pero que saben disfrutar de las cosas sencillas de la vida...

Martín Casillas de Alba
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de septiembre de 2008).


Cosas que han cambiado y que desorientan sobremanera son los nombres de las calles: antes Las Torres, ahora Lázaro Cárdenas; antes Tepic, ahora Luis Pérez Verdía; antes Tolsa, ahora Enrique Díaz de León; antes Bosque, ahora Zuno; antes Del Sur, ahora Efraín González Luna. ¿Por qué el empeño en hacernos bolas? ¿Por qué no conservar la tradición, qué necesidad de enaltecer nombres que pocos reconocen?

Otro ejemplo: antes, en el cruce de López Mateos y Niños Héroes-Guadalupe estaba la glorieta de las jícamas (cabe aclarar, para los no iniciados, que no era porque vendieran fruta en ese sitio preciso, sino por la forma geométrica de las fuentes, que asemejaba la manera tan peculiar en que se cortaba la jícama, para que el limón no resbalara y permaneciera dentro de la fruta). En fin, ahora se la conoce como la glorieta de los caballos, por la escultura que ahí se ha colocado y que sirve como escaparate fotográfico para muchos recién casados y quinceañeras.

Laura Zohn
(v.pág.18 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 27 de septiembre de 2008).


La ciudad ha crecido de manera exponencial en las últimas décadas. Recordemos que el tapatío un millón llegó con la década de los 70s, más de 400 años después de que doña Bety Hernández cantara aquella de "El rey es mi gallo". Y apenas 3 décadas después ya habíamos triplicado esa cifra. Así que no es sólo la combinación del mediocre desempeño de nuestros futbolistas, la soporífera televisión local y los llamados de la cofradía de la vela gorda por evitar el uso de anticonceptivos lo que ha logrado que nos multipliquemos como chiquilllos en primera comunión, esperando el bolo. Es también por la dichosa inmigración.

Como buen punto comercial, esta ciudad siempre ha sido un imán de población.

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 2 de octubre de 2008).


Ser tapatío de cualquier edad nos obliga a hablar en tapatío, por lo que los nacidos en Guadalajara ocupamos ir a la tienda a comprar virote, tenemos que alzar la ropa en los cajones. Podemos poner cualquier cantidad de pretextos, pero algo que me queda muy claro es que tenemos que manejar más despacio porque si le damos muy recio podemos machucar a alguien...

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 4 de octubre de 2008).


Guadalajara es una ciudad huraña y desconfiada. Lo dicen los mercadólogos, quienes deben pasar la prueba tapatía para decidir si gastan o no enormes cantidades de dinero en el resto del país para la introducción al mercado de cualquier producto.

Martín Almádez
(v.pág.16-B del periódico El Informador del 6 de octubre de 2008).


"Limpiar Guadalajara"... ¿Dónde hemos oído eso?

Se lo han propuesto, en recientes administraciones municipales, varios alcaldes. Uno de ellos, que luego sería gobernador del estado (Francisco Ramírez Acuña), salió una mañana, escoba en ristre y escoltado por una nube de reporteros y fotógrafos, a barrer alguna de las plazas públicas del centro. Otro (Fernando Garza Martínez) mandó colgar de los arbotantes del primer cuadro unos pendones gigantescos, con el rostro patibulario de un cómico, una leyenda ("Atínale") y un slogan: "En Guadalajara, la limpieza va en serio". (Pocos entendieron se trataba de un chiste)... Con la anuencia expresa de los ciudadanos, ordenó detectar, detener y multar a quienes tiraran basura en la vía pública. El dispositivo hizo famoso, por unos días, a un ciudadano que debió pagar mil pesos de multa por arrojar una colilla de cigarrillo al piso, frente a Catedral. Después, como ha sucedido con tantas "acciones" que quedan en la consabida llamarada de petate, la campaña sólo sirvió para dar la razón a quienes aseveran que "No hay entusiasmo tapatío que dure 72 horas".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de octubre de 2008).


Pues resulta, señor, una de tres: o el respetable y culto público tapatío reprobó el examen al que se le pretendió someter el pasado fin de semana, en la primera edición del "Festival de la Cerveza"; o el festival en cuestión fue estropeado por saboteadores profesionales, contratados por enemigos embozados, envidiosos del prestigio internacional de Guadalajara (y anexas)..., o alguna bruja convocó a los espíritus chocarreros para reeditar, en estas tierras dizque de Dios y de María Santísima, el proverbial "Rosario de Amozoc".

Los testigos del "Festival de la Cerveza" dan dos versiones. Unos aseveran que la promoción, a pesar de que no fue muy publicitada, convocó a demasiados rufianes, incapaces de entender que se trataba de un ejercicio cultural. Otros dicen que el evento fue víctima de su propio éxito. En todo caso, fue necesario cancelarlo abruptamente, porque la multitud sedienta se salió de control.

La nota, casualmente, coincide con otras en que se refiere que la flamante sección de sanitarios en las Fiestas de Octubre fue vandalizada ("grafitti", saqueo, destrozos por parte de las turbas...), y que otro tanto sucede ya en los cementerios (robo de flores, floreros, cristos... y hasta osamentas), según el inventario previo a las celebraciones del inminente Día de Muertos.

Colofón: ¿Y todas estas cosas suceden en la que se preciaba de ser, por encima de cuantas aspiraran a ese título, "Ciudad amable"...?

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 28 de octubre de 2008).


Si uno pone un poco de atención, descubrirá que cotidianamente nos hacen preguntas que sólo por ser tapatíos podemos responder.

"¿Ya llegaste?", es una pregunta que muchas veces nos han hecho cuando arribamos a algún lugar; si uno lo piensa, no tiene lógica, porque si nos están viendo llegar, ¿qué caso tiene preguntar?... "¿A ver cuándo nos vemos?", típica frase tapatía cuya respuesta lógica sería afirmar que nos estamos viendo en ese preciso momento, sin embargo uno contesta: "El día que quieras", para al final, como parte del ritual, no quedar absolutamente en nada o simplemente decir: "Bueno, mañana nos hablamos" -algo que por supuesto ambos sabemos que no va a suceder, pero parece ser una respuesta muy educada-. También es bastante común que nos pregunten "¿No te has ido?". Uno podría contestar: "Si me estás viendo aquí es obvio que no me he ido", pero esa respuesta sería considerada una falta de delicadeza y el argot tapatío es de una cortesía extrema, de hecho, además de pedir todas las cosas "por favor", hay una necesidad de pedirlas en diminutivo. Parece ser más cortés pedir que nos pasen una tortillita, el salerito o un vasito de agua fresca a la hora de la comida, que simplemente una tortilla, la sal o un vaso con agua, que también es común pedir como un "vaso de agua"... No importa, tengan la seguridad de que el mesero nos lo va a servir de "todas maneras".

"Sa qué mo tiene la ñora", me dijo un taxista el otro día. Tapatío de hueso colorado que soy, entendí que me quería decir "sabe qué modo tiene la señora", que sigue siendo igual de indescifrable pero perfectamente entendible si hemos vivido lo suficiente en "Guadalarranch".

Ya se nos "acabó el veinte", lo que significa que no nos queda más espacio.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 8 de noviembre de 2008).


Hablábamos de lo difícil que puede resultar para aquellos procedentes de "extranjia" -es decir, los extranjeros- poderse comunicar con nosotros los tapatíos, que aunque en teoría hablamos castellano, a ellos les resulta bastante complicado comprender algunas de nuestras acepciones, a pesar de que la mayoría de las palabras que utilizamos las pueden encontrar fácilmente en el diccionario.

"Andele pues" expresado después de hacer una reverente genuflexión, es una manera por demás educada de aceptar una propuesta; "está bien papita", es bastante común para referirnos a algo que tiene un grado de dificultad por demás elemental. Además somos tan entusiastas que de repente no nos asustan los calificativos, por ello, algo puede resultar "mucho muy" agradable o también nos puede dar "bien mucho" calor... Hacer una cita puede resultar más complicado de lo que imaginan, porque podemos quedar de vernos "entre ocho y ocho y media" o "pasaditas las diez", que en términos generales, puede ser cualquier hora después de las diez... Sin embargo es una hora en la que todo tapatío puede agendar un evento sin problema. "Nos echamos un grito" la semana entrante, también es bastante usual para ponernos en contacto con cualquier conciudadano la próxima semana. "¿Qué horas traes?" o "¿Qué horas tienes?", como si cada quien trajera o tuviera una hora distinta en su reloj...

Ayer llamé por teléfono a una empresa que tiene adeudos conmigo, me contestan "¿Bueno?". Pregunto por el ingeniero, el ingeniero "no se encuentra" me responden -se habrá perdido y no se encuentra a sí mismo, me quedé pensando...-. "Salió fuera", escupe la secretaria al teléfono para explicarme la ausencia del profesionista de su oficina, además me informa que mi cheque "no salió esta semana"... ¿Cómo explicarles a estas damicelas que no hay posibilidades de "salir dentro" y que los cheques no "salen", alguien simple y sencillamente debe firmarlos y entonces uno puede pasar a recogerlos? Sin embargo, estas respuestas nos dejan bastante tranquilos, por lo tanto, la siguiente semana llamaré nuevamente, sólo que esta vez diré amablemente: "Señorita, le hablo para preguntarle si ya 'salió' mi cheque".

"Es como todo", una respuesta que recibimos con frecuencia después de hacer todo un discurso sobre política, religión o deportes; si uno lo piensa detenidamente, se pregunta ¿cómo como todo? Es decir, ¿es como la física nuclear o como el birote de la Central? Sin embargo es una magnífica respuesta que a "todo el mundo" deja satisfecho, es decir: a los chinos, a los rusos y, hasta donde tengo noticia, a los vietnamitas también.

Si nacimos en esta noble y leal ciudad, no importa que nos enfrentemos a las preguntas o respuestas más extrañas, siempre estaremos en calidad de entender lo que nos qieren decir.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 15 de noviembre de 2008).


Que si los tapatíos son cómplices de una doble moral y que los chilangos son unos gandallas colmilludos, son tan sólo meras especulaciones a las que llegó el "chilanquillo" en Un Chilango en Jalisco. Cualquier parecido con la realidad, será mera coincidencia.

Sin ánimo de ofender a la "realeza jalisciense", Alberto Martínez Vara evidencia en ese primer texto suyo, publicado por Almuzara, con mucho humor las incongruencias en las que se va tejiendo día a día la realidad contemporánea de este lugar, vistas desde la mirada de un tapatío que ha vivido en el DF, y que desde hace 20 reside en Guadalajara.

"Cuando yo me vine a vivir a Guadalajara, hace 20 años, era una ciudad hermosísima para vivir, verde, limpia, la gente amable, sin agresividad, sin tanta contaminación y en un de repente la ciudad se ha transformado en otro DF chiquito", dijo el escritor, mientras degustaba una tortita ahogada en un puesto entre las calles Venezuela y Lázaro Cárdenas.

Este libro que habla sobre la identidad no es un estudio antropológico, pero sí un registro de situaciones que regularmente pasan por alto ante los ojos de los ciudadanos, principalmente los de quienes integran las cúpulas empresariales, gubernamentales y eclesiásticas.

"Es un reclamo a todos los que tienen que ver con esto, las autoridades, las cúpulas que han permitido que Guadalajara se haya contaminado así, y no hablo sólo de la contaminación de gases, sino de contaminación moral, de corrupción, de mafias. Hemos importado del Distrito Federal todas las malas mañas y permitido que se queden aquí", dijo.

"Siempre en tono humorístico, hablo de la doble moral de los tapatíos, del yugo católico que es impresionante aquí, de los corruptos líderes sindicales, de lo fatuos que se vuelven las personas que llegan al gobierno, los que lideran la iniciativa privada, y cambian por falta de seguridad. Abordo el odio hacia los gringos, hacia los extranjeros y hacia los chilangos, que son puros complejos, el libro quiere reflejar eso para ver si entre todos reflexionamos lo que nos está pasando".

(V.pág.7 de la sección "gente!" del periódico Mural del 20 de noviembre de 2008).


Vivir más de 40 años en una misma ciudad nos permite entender cuando una calle "sube" o "baja" a pesar de que la susodicha carezca de desnivel.

En algún momento el río de San Juan de Dios era el punto más bajo de la incipiente ciudad, por ello, ir hacia el río significaba bajar; ir en sentido inverso significaba subir, es así de simple.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 22 de noviembre de 2008).


12 de diciembre de 2008.

Este 25 de diciembre, Guadalajara amaneció en algunas zonas de los sectores Reforma y Libertad con 100 imecas o más de contaminación, cortesía de sus propios habitantes. "Sí hubo bastantes fogatas, la verdad es que no nos dimos abasto ni nosotros ni [los] bomberos para extinguirlas todas", declaró Martín Maldonado, supervisor operativo de la Policía de Guadalajara.

Como se anunció, desde la noche del 24 las unidades pick up de la policía tapatía colaboraron con Bomberos y Protección Civil en la detección y sofocamiento de fogatas, pero aún con las advertencias sobre no encenderlas y el esfuerzo oficial, los ciudadanos se salieron con la suya: "Aquí es también falta de conciencia de las personas, la verdad es imposible cuidar a cada una de las casas".

En cuanto a los choques, dijo que hubo muchos, la mayoría causados por conductores en estado de ebriedad. "Afortunadamente no tenemos ningún reporte de herido por una bala perdida", indicó Martín Maldonado, aunque reconoció que sí hubo muchos reportes, pero la mayoría falsos, pues se trataba de detonaciones de juegos pirotécnicos.

(V.pág.7 del periódico Público del 26 de diciembre de 2008).


Comer y morir en Guanatos

En la búsqueda de nuevos horizontes culinarios, Guadalajara puede dar sorpresas. Pero no sólo me refiero a la birria y al tequila, sino a múltiples y notables platillos que permanecen inéditos fuera de tales fronteras.

Encima, también puede cambiar la percepción de sobria resignación y deleite ante los infortunios de la vida, pues en Guadalajara, como en el Guanajuato de José Alfredo, la vida no vale nada, pero de otros modos a los esperados.

Si uno pasa el tiempo suficiente ante las noticias locales, no tardará en ver suicidas ahorcados; no siempre se saben las causas. Y no sólo pueden ser debido a las declaraciones del precioso góber limosnero (dícese de quien gusta de dar limosnas) y a sus "indoloras" mentadas de madre. Todos los residentes de Guadalajara con los que hablé, me dieron nota de los camioneros asesinos, también llamados matabucerdos, a los que se teme por su costumbre de rematar a los heridos atropellados por ellos, que al fin que "vale menos un muertito que un tullido". Quizá los ahorcados de la tele son choferes con conciencia social. Quizá los ahorcados son usuarios del Museo Regional de Guadalajara, frente a la Rotonda de los Jalisciences Ilustres, que se cansaron de esperar a que abrieran la librería del museo.

Por hambre, seguro no habrá quien se ahorque. Las famosas tortas ahogadas, hechas con birote (bolillos de mayor consistencia, para aguantar el remojo en salsa de tomate) y la birria abundan por todo Guadalajara, pero no son lo mejor para el turista comilón. Bastan los alrededores de Guadalajara para comer como pelón de hospicio.

En Zapopan, al lado del mercado del centro, dan un menudo (panza) blanca que podría competir con cualquier platillo de alta cocina, nomás con unas mosquitas y un poco de cebolla. Hasta lo venden en combo, con chesco y jericalla. Ver para creer: en Zapopan, toda la lengua de res es importada, quesque porque así sale más barata.

En Tequila, propiedad de las tequileras de exportación, hay unos preparados de atole de maza, con piloncillo, hielo, limón y sal de grano: el tejuino. Uno de esos basta para aplacar al más urgido. ¿Insuficiente? Pues échese un agua de ovo (así se llama, no crean que estoy haciendo un homenaje a Chaf y Kely), hecha con frutas de ovo (una suerte de ciruela amarilla). También las preparan en raspado. En casi cualquier restorán puede conseguirse chicharrón de pescado: pedazos de pescado bien fritos, con todo y piel, que saben mejor que esos feos chicharrones de puerco llenos de harto colesterol del malo y feo que a todos espanta.

En Chapala venden caviar mexicano (hueva de pescado) que suele prepararse con algunas hierbas finas (todo sacado del lago de Chapala) para darle un delicioso toque radiactivo. En El Guayabo Sabroso, propiedad de El Guayabo, cuya foto aparece a la entrada del restorán, 1939-2005, y un epígrafe "Sácate las manos chacho" (haga sus conclusiones sobre lo que se estaba agarrando el mentado guayabo), los molcajetes de mariscos son buenos, buenos. Si Chapala le parece que ha dejado de ser lo in para los guadalajareños con dinero, se puede pasar a Ajijic. Nomás en la carretera hay restoranes que van de la comida europea, especializada en comida alemana, china, italiana, hasta las mixturas de su preferencia. Y es que la población flotante extranjera es mucha. Casi todos los servicios inmobiliarios se ofertan en inglés y español.

Hasta cines hay en Ajijic. En Tlaquepaque, famoso por la birria y el tequila, hay otras cositas para degustar. No sólo se ha gastado en infraestructura para hacer agradable el lugar a la bola de gringos que van a ponerse briagos como placa de trailero (hasta atrás y hecho un asco), sino que entre las muchas artesanías made in China que ahí se venden, se ofrecen unas deliciosas guasanas (garbanzos verdes en su cáscara) que se venden con limón, chile y sal. Deliciosas y sanas horas de diversión pelando las cáscaras que dejan los dedos del comensal bien verdes (Hulk, los que vamos a comer te saludamos).

Además, como en casi todo el Estado, las nieves de garrafa son notables. Si después de eso insiste en comer birria en el Parián, pues allá usted y su mala cabeza.

Si el recorrido no lo ha dejado satisfecho y tiene estómago para seguir comiendo y aguantar a los choferes de camiones y vehículos en general que avientan la lámina como hijos putativos de ex presichente, éntrele a las comilonas guadalajareñas.

En enero me tocó la muestra internacional de cine en la Universidad de Guadalajara, atrás del siempre notable templo expiatorio (iglesia gótica con vitrales y toda la cosa, casi como estar en Estrasburgo o Colonia). Eso sirvió para ir a hacer la digestión de los productos de croissants Alfredo, ubicados al ladito de la iglesia (la tienda tiene más de 70 años, según la vendedora que tenía tipo de haber nacido y casi muerto en la tiendita), y donde venden unos inauditos cuernitos rellenos de cajeta, o chocolate, o mermeladas que bien valen el coma diabético al que uno se expone por andar de tragón con esas viandas salidas del cielo inventado por Rabelais en Gargantúa y Pantagruel. Bueno, por otro lado, uno puede entrarle a la carne en su jugo en los muchos restoranes especializados en los cárnicos y sus derivados. Como normalmente esos platazos los sirven con frijoles revueltos con granos de elote, ya se puede suponer que está haciendo una comida balanceada (en triglicéridos, colesterol y amibas, es verdad) pero que en apariencia no engorda mucho.

Sobran las opciones para ejercitar la mandíbula en Guadalajara. Desde iniciar el día con unos chilaquiles o con unas enchiladas. Si no teme pagar cuentas insultantemente caras por unos pedazos de tortilla y pollo o carne, se puede lanzar al restorán Los Chilaquiles, en la calle de Lázaro Cárdenas. Los dan desde "poco picosos" hasta "sólo para políticos", preparados con salsa de chiles habaneros y pólvora usada de narco. Una delicia para los que gustan de sudar a tempranas horas, sin temer los sudores nocturnos de la digestión. En todo caso, puede recurrir a cualquier área pública para comer salchitacos (salchichas envueltas en tortillas fritas quesque parecen tacos) o salchipulpos (esas mismas salchichas quesque parecen pulpos por los cortes tipo falda que les ponen) con una pasta de chile rojo, que también es muy recomendable para provocar úlceras o gastritis al yerno de su preferencia. Y tenga cuidado con las tostadas o quesadillas que pida en cualquier cenaduría o puercoboutique local: siempre les ponen caldo de tomate y harta col o lechuga (algunas las lavan con el agua estancada por las inundaciones homicidas que se dan cada año en la temporada de lluvias en la ciudad: ahí sería mejor poner el dinero de las limosnas en construir el drenaje profundo).

Y todo eso es para empezar el viaje, sin haber comido una sola birria ni haberse echado un solo alipús de tequila. Quizá algunos colgados de Guadalajara mueren de indigestión, cómo saberlo.

El Juez Borgues
(v.pág.39 del periódico Público del 25 de enero de 2009).


30 de enero de 2009.


Inicio del Gran Diccionario Tapatío

Alza tu piezaOrdena tu habitación
¡Arrebáselo, apá!¡Pase a ese auto, padre!
CarcanchaCarro destartalado
FajoCinturón
Ira, qué le hace...Mira, no importa
Me trais el vuelto, mijoMe regresas el dinero que te sobre, hijo
No lo hagas desatinarNo lo molestes
No me ajustaNo me es suficiente
OcupoNecesito
Papi, ¿me canchas?Papá, ¿me llevas de caballito?
Tienes un regueroTienes un desorden

Basado en el publicado por Mac
(v.pág.40 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 17 de enero de 2009).


Guadalajara es una de las ciudades del país con menor índice de lectura, pese a ser la sede de la Feria Internacional del Libro. Las estadísticas hablan de poco más de un libro al año por tapatío.

Ana Guerrero Santos
(v.pág.3 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 14 de febrero de 2009).


Las principales virtudes del tapatío al volante.

Manejando por la ciudad - Primera lección.

Mac
(v.pág.40 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 14 de febrero de 2009).
El cumpleaños de nuestra ciudad da motivo para numerosos recuentos históricos y celebraciones populares, pero también para que la memoria de algunos tapatíos que la han conocido en diversas edades reviva gozosas andanzas, anécdotas o vivencias relacionadas con sus calles y sus personajes, mismas que hoy comparten en este espacio.

Aunque cualquiera podría pensar que la remembranza es cosa de "viejitos", las palabras de tapatíos de todas las edades nos permiten advertir que el espacio del recuerdo es tan vasto y atemporal, que la recuperación de momentos y vivencias, así como las emociones que ésta desata no tiene edad y que, en este caso, todos refieren a una ciudad en la que han crecido y han visto cambiar a pasos precipitados. "Lo que un día fue no será", reza el estribillo de una popular canción entonada por José José, pero sirve también para enunciar lo que, en diversas épocas, no tan lejanas, los moradores de la Perla rememoran como algo que el progreso urbano dejó atrás.

"Si un recuerdo imborrable tengo de mi ciudad, es la etapa de infancia que viví por la calle Juan Manuel, en una casa en la que hoy se podrían construir cuatro departamentos del tamaño del que vivo. Como si pasara por mi mente una película, rescato las tardes en que mi mamá nos llevaba, a mi hermano y a mí, a jugar a donde los del rumbo conocíamos como la Buzeta, que hoy es la plaza de la República y el viejo obelisco quedó aislado en una pequeña glorieta, en donde confluyen la avenida México y la calle Pedro Buzeta. Había ahí bancas de cemento en las que mi mamá se sentaba a tejer, mientras correteábamos por un jardín con matorrales que se cuajaban de unas bolitas rojas, como pingüicas, que recolectábamos y comíamos por montones. Ahí mismo, estaba Novedades Bertha, ‘donde termina Lafayette y empieza su economía’, a donde acudíamos en cuanto juntábamos 10 ó 20 pesos de nuestros domingos, para comprar libros de colorear o algún otro juguetillo. Cuando el paseo se prolongaba, caminábamos por Lafayette, que era mucho más angosta que hoy, para llegar hasta el monumento de los Niños Héroes cuya rampa se nos convirtió en una delirante pista de carreras", relata Beatriz Contreras, de 56 años, sin esconder las lágrimas que le brotan espontáneas al recordar a ese compañero de aventuras fallecido hace poco más de un mes.

El abogado Juan Enrique Zuloaga, quien apenas sobrepasa los 5 decenios de edad, relata: "Recuerdo en particular 2 cosas que ya desaparecieron; primero, no sé si ocurría todo el año o sólo durante la Cuaresma, pero era muy común el pregón de ‘pescado bagre, pescado fresco’, que el vendedor cargaba en unos carritos como los que se usan para las frutas, en los que ponían barras de hielo cubiertas con alfalfa y sobre ella, grandes filetes de pescado extraordinariamente bueno, sólo que con muchas espinas. Luego, me acuerdo que los sábados por la tarde, pasaban por la calle Colonias (la de la esquina de mi casa), arrieros con grupos de toros y vacas que, según yo, llevaban al rastro que nunca supe exactamente dónde quedaba".

"Viví por el barrio del padre Galván, en una calle que antes se llamaba Venecia, de donde datan la mayoría de mis recuerdos de infancia: el grito de ‘turrón jóvenes’ que lanzaba un vendedor que cargaba sobre el hombro derecho una tabla con el producto, y sobre el izquierdo unas patas de tijera sobre las que la colocaba para despachar a quienes le pedían un trozo de aquel dulce duro y chicloso que ponía sobre un papelito de estraza y escurriendo un chorro de limón. Al igual que el que gritaba ‘paletas pa la calor’, recuerdo al de las ‘varits, varits’, que expendía manzanas o varitas con tejocotes cubiertos de caramelo rojo que me encantaban, pero que mi mamá nos prohibía comprar porque decía que estaban todas mosqueadas y cubiertas de polvo. Ahí me tocó atestiguar la extraña pasada de una plaga de chapulines que de pronto oscurecieron el cielo, la gran inauguración de Maxi Calzada y la emocionante llegada de la temporada navideña, cuando ocurríamos al parque Morelos a que me compraran una mona de cartón". Carolina Gómez Sánchez, 62 años.

¿Una experiencia memorable? "¡El Mundial del 70!", responde sin titubear Roberto Álvarez, quien a sus 49 años recuerda emocionado la fiebre brasileña que vivió la ciudad, y los desfiles que se armaban por los triunfos de la selección carioca, a los que llegó a incorporarse en compañía de su padre. "Ya no recuerdo si México ganó entonces algún partido, porque yo tenía entonces como 10 años, pero en mi memoria guardo intacta la emoción de verme sentado sobre la ventanilla del carro de mi papá, con una banderita de Brasil y pegando de gritos, recorriendo la avenida Tolsá y llegando hasta López Mateos, en donde estaba el hotel al que llegaron los brasileños. Me acuerdo con cierta nostalgia de la nevería Valencia y su famosa changa, del autocinema Ritz, al que mis papás nos llevaban por las noches, con pijama y cobija; de la glorieta Chapalita, que entonces estaba cercada y en su interior había juegos, incluido el resbaladero más alto que he conocido en mi vida".

"Siempre que volteo hacia atrás, con intención de recordar mis experiencias amables, me veo en Plaza del Sol; acompañando a mi mamá al super, comiendo tacos al pastor, comprando una nieve de Bing o un globo de gas que muy pronto se me iba al cielo, pasando un buen rato en Diversiones Maravillosas o simplemente sentada en una banquita viendo la fuente. Era lo más cercano que tenía a mis pocos años de vida y el lugar al que pedíamos ir, cada domingo. Ahora hay ya muchas plazas, pero ésa me sigue resultando entrañable, a pesar de que ya no es como la recuerdo y con facilidad me pierdo entre tantos pasillos que ahora tiene. También recuerdo con tristeza el club Guadalajara de Colomos, porque ya no existe y ahí pasé prácticamente 10 años de mi vida, entrenando natación y sirviendo como instructora a los más pequeños", relata Adriana Martín Leos, de 33 años.

"Las matinés del cine Reforma, los dulces agritos y elotes asados que vendían afuera del Expiatorio, la panadería de la esquina en donde me compraban merengues de colores", enlista José Antonio Retana, de 51 años, como las delicias de la juventud que no podría recuperar en la actual Guadalajara.

No se necesita ser un anciano para dar cuenta de los múltiples y sustantivos cambios que la modernidad y sobrepoblación de fuereños han impuesto a una urbe que, a los 440 de edad, todavía podía presumir su espíritu provinciano. "Cuento a mis hijos que la avenida Mariano Otero no existía, sino la Calzada de la Victoria que llegaba adelantito de las vías del tren, y se les figura que les estoy hablando de la era cuaternaria o que, a los 50, ya soy un viejito narrando aventuras de la Revolución. Cuando les hablo de que Chapalita llegaba hasta Niño Obrero, que prolongación Américas era el viejo, empedrado y angosto camino a Zapopan, que en media Plaza Tapatía estaba la plaza de toros y que en los cines pasaban 2 y hasta 3 películas por función, se ríen pensando que les hablo de tiempos de don Porfirio, y no de la ciudad que me tocó vivir y disfrutar en plena juventud. De aquella Guadalajara extraño el pozole y las tortas de don Tomasito, las buenas jericallas que vendían en unas tazas gordas y desorejadas en los mercados, la facilidad y rapidez con que viajábamos al Centro para comprar cualquier cosa y la ‘vallarteada’ de los sábados por la noche", narra José Juan Becerra Padilla.

Asunción Uribe recién cumplió 55 de edad y 53 de haberse mudado a vivir a una ciudad que considera la propia y muy distante de la tierra oaxaqueña que "por puro accidente" la vio nacer. "Lo que más vívidamente recuerdo de mi infancia eran las tardes que la tía Lola me pedía que la acompañara de compras al centro, porque siempre salía yo con algo de ganancia. Mi tía compraba pocas prendas de vestir, pero nunca baratas, así que me llevaba a Las Fábricas de Francia o El Nuevo París, que desde la entrada olían muy bonito. También compraba telas en El Vapor y algunos blancos en Franco, porque el dueño era su amigo y le daba crédito que siempre liquidaba con extrema puntualidad. Pero mi máximo era que termináramos los encargos y mi tía me comprara una bolsa de donitas que vendían en los portales y me dejara un buen rato observando los aparadores de Woolworth, aquella tienda ubicada en el cruce de Juárez y 16 de septiembre, donde vendían todo lo que una chiquilla como yo podía soñar, desde juguetes hasta un montón de vistosas chucherías".

Aunque la mayoría de los opinantes vertió más de un comentario sobre lo que les entristece de la Guadalajara actual, aceptaron que, por hoy, lo que toca es hablar bien de la del cumpleaños y seguirle agradeciendo las buenas vivencias que sólo en una ciudad como ésta es posible vivir.

Patricia del Castillo
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 18 de febrero de 2009).


Porque de momento no están el horno para bollos ni La Magdalena para tafetanes, ayer que, por alguna misteriosa razón, el tema saltó a la palestra, no hubo más remedio que decirlo con (casi) todas sus letras: el proyecto de agregar a Guadalajara a la lista de las ciudades que pueden presumir entre sus atractivos -para turistas y lugareños- con un Museo Guggenheim, ni se abandona ni se aborta; simplemente se archiva en la lista de pendientes.

(La lista en cuestión, por cierto, se va haciendo laaaarga, laaaarga... Pero ésa es harina de otro costal).

Cinco años han transcurrido desde que comenzó a cacarearse, con la enjundia que caracteriza a los tapatíos, el buen deseo de materializar ese proyecto.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de febrero de 2009).


Aquí en Guadalajara, en 2 distintas ocasiones y sin real justificación yo he sido amenazada con armas de fuego con diversos pretextos al paso de mis perritos -2 cocker de raza pequeña.

Martha González Escobar, divulgadora científica de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de marzo de 2009).


Yo esperaba encontrar en Guadalajara opiniones encontradas, sentimientos contenidos, añoranzas calladas. Esperaba encontrar una cierta preocupación de los ciudadanos acerca del futuro de su ciudad, de la transformación de su Centro Histórico, de las posibles mejoras, de su necesario embellecimiento o, simplemente, de su crecimiento y desarrollo.

Salvo honrosas excepciones, he sido testigo de la ausencia de interés por la ciudad. He visto cómo se le reprocha a las autoridades, y a la clase política, en general, las intervenciones que han propuesto, pero de ninguna manera he visto proponer alternativas. Mi impresión es que no es común entre los ciudadanos tomar parte activa en la creación de propuestas de intervención en su ciudad. Es evidente que no existe siempre una aceptación popular en todo aquello que supone transformar la ciudad, pero siento que los ciudadanos dejan estas decisiones en manos de los políticos, como si nadie más que ellos pudieran opinar de manera previa antes de cualquier decisión. Ser testigo de la aceptación con resignación de la demolición del antiguo edificio de Fábricas de Francia o la antigua entrada del Parque Agua Azul, como si hubiese sido algo inevitable, me ha conmocionado.

Muchas han sido las personas que, cuando les he preguntado, me han hablado del Centro Histórico de Guadalajara con desidia. Otras con desprecio. Las más con indiferencia. Mi experiencia es que una gran parte de la población cree tener un Centro Histórico poco valioso, incómodo y obsoleto. Para un europeo, esto es poco menos que un atentado cultural. Muchas ciudades europeas que tienen centros históricos más pequeños, o de menor valor histórico-artístico, los cuidan como un tesoro, presumen de él, lo disfrutan y lo exhiben con orgullo. El Centro Histórico de Guadalajara tiene, pese a que ha perdido gran parte de su patrimonio, un valor incalculable. En todas las ciudades europeas, el Centro es el lugar más buscado. Quien no tiene capacidad adquisitiva para comprar una vivienda en el centro, tiene que conformarse con vivir en la periferia. En Guadalajara, las capas sociales de mayor poder económico huyen del Centro y se construyen su casa, a la europea, o a la norteamericana, en suntuosos fraccionamientos, aislándose de la ciudad.

Los cotos representan la mayor involución urbana de la ciudad. Muestra inequívoca del deterioro social, dan la espalda a la ciudad, negándola. Manifiestan de manera rotunda su decisión de no participar de ella, de aislarse de todos sus males. Como si de un fortín amurallado se tratase, retrata la mayor paradoja de la actualidad. Mientras la ciudad trata de ser abierta, integradora, hilo conductor de todo tipo de actividades socializadoras, grupos de ciudadanos se apiñan unos contra otros, encerrándose y restringiendo cualquier contacto con el exterior. El coto es un síntoma de una sociedad urbana enferma. Es la peor manera de dar respuesta al miedo y la inseguridad. Antaño los vecinos se ayudaban, se protegían, confíabas en ellos. Hoy el recelo y la desconfianza en tu prójimo está produciendo reacciones urbanas nada aconsejables. Es una solución improvisada, fácil, un remedio superficial. El verdadero reto es conseguir una ciudad segura, amable, sin fronteras.

Esto es otra de las consecuencias del desinterés de la población por su ciudad. Una sociedad que se siente preocupada por el devenir de su ciudad, por su mejora, por su evolución hacia un modelo de calidad, jamás se plantearía vivir en un "cocoon" que le hace impermeable a los acontecimientos diarios, que la separa del resto del organismo complejo, integral, diverso, estructurado, que es la ciudad.

Me embarga una profunda tristeza cuando me dan pruebas de que los tapatíos no aman suficientemente a su ciudad.

Juan Cano
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 1o.de abril de 2009).


Recuerdan aquella frase atribuida a Carlos Salinas que dice que los jaliscienses no plantean grandes proyectos, sino buscan sólo pequeños privilegios.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de abril de 2009).


Si bien la siesta es lo mejor para combatir los calores, los tapatíos hemos encontrado otra forma de atajar este fenómeno que en nuestra ciudad dura de 8 a 10 semanas: la práctica de la inmovilidad. No moverse es un reflejo animal ante las temperaturas excesivas, es una forma de almacenar energía y de no producir calor. La inmovilidad se practica normalmente después de la siesta y antes de caer la noche. Hay varias formas de estar inmóviles, algunas de ellas incluso "productivas" pero de lo que se trata realmente es de evitar cualquier movimiento capaz de generar energía calorífica, lo demás es lo de menos.

El ejemplo prototípico de la inmovilidad es esa maravillosa costumbre (que desgraciadamente se va perdiendo) de sacar una silla a la banqueta, buscar una sombrita y dedicarse literalmente a matar la tarde. Matar es un eufemismo, porque ante todo es un verbo que implica acción, cosa que se trata justamente de evitar, y porque además la tarde se muere sola, y sin ayuda de nadie, todos los días. Pero matar la tarde es para los tapatíos una actividad, una actividad inmóvil; es el arte de hacer nada. Es lo más parecido al dolce fare niente de los romanos, que también eran buenos para la práctica de la inmovilidad.

Otra forma de inmovilidad muy arraigada en estas tierras, sobre todo entre mujeres mayorcitas, es rezar el rosario. Durante años me pareció algo extraño, horroroso y una forma muy retorcida de perder el tiempo para ganar eternidad. Pero en abril o mayo, cuando el calor está a plomo, meterse en una iglesia fresca, de grandes bóvedas, relativamente vacía y escuchar el sonsonete del rosario repetitivo, somnoliento y musical puede llegar a ser una experiencia mística de inmovilidad. El movimiento más brusco durante el rezo de la tarde es el desplazamiento del pulgar derecho sobre el índice para pasar un cuenta del rosario cada 30 segundos. Difícilmente uno se puede encontrar una actividad tan esencial como ésta, y encima se ganan indulgencias.

La tercera forma de práctica de la inmovilidad es el café. Una tarde entera sentado en una terraza sombreada, con vista a la calle tomando café helado o en su defecto una cerveza (ni modo, hay sacrificios que hay que estar dispuestos a hacer en el no tránsito por este valle de lágrimas) es una buena forma de hacer nada. Ya caerá la noche y podremos desplazarnos otra vez. En tanto, le cae al que se mueva.

Más de algún pragmático estará pensando el mejor antídoto frente al calor y la práctica de la inmovilidad es un aire acondicionado, lo cual es muy cierto, pero qué afán de atentar contra los usos y costumbres, es decir contra la cultura, de esta noble y leal ciudad.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 10 de abril de 2009).


Desde luego que durante la cuaresma, "época de penitencias y mortificación", como me decían, era cuando mejor se comía: las tortitas de camarón, la sopa de habas, la capirotada, las aguas frescas. El jueves santo, junto con el 12 de diciembre, era cuando mi mamá, experta y refinada en la alta cocina jalisciense, más se lucía: el lomo mechado era uno de sus platillos de presumir. Lo recuerdo adornado con pasas, no sé si también nueces y piñones, cocido muy jugoso y servido con una salsa dulce de naranja, jitomate y cilantro. No tengo memoria del agua fresca para la ocasión, como que recuerdo que era algo así como de hierbabuena y limón, pero no estoy seguro.

En Guadalajara, el jueves santo, era obligatoria la visita a "las 7 casas", con su muy importante aspecto gastronómico de las empanadas, sobre todo las de camote y las de crema, con las aguas frescas de horchata y de chía.

Recuerdo también, ya en mis años en Guadalajara, que durante la cuaresma las familias procuraban que los hijos se abstuvieran de toda diversión: por supuesto que las familias decentes no iban al cine durante esos cuarenta días y procuraban que no se escuchara música en la casa. Tengo presente, allá por 1943, que los directivos del Instituto de Ciencias tuvieron problemas con varios padres de familia: resulta que el 19 de marzo festejaban a su patrono San José; parte de los festejos la hacía la novillada en la plaza de El Progreso: los papás no se explicaban cómo un colegio católico se permitía tener una gran fiesta en plena cuaresma...

El viernes anterior a la Semana Santa, Viernes de Dolores, se colocaba el altar lleno de veladoras, llamado "incendio": era el día en que se festejaba a las Lolas, nombre muy popular, y se invitaba a los vecinos para que vieran "llorar a la Virgen", que lloraba agua de jamaica. El jueves y el viernes santo, los cines, el Alameda y el Avenida, el Variedades y el Cuauhtémoc, proyectaban películas "religiosas". El viernes santo, los tapatíos, sobre todo las tapatías, se vestían de negro; y. en algunas familias, ese día no se podían bañar.

Pero, desde los tiempos coloniales, la costumbre más memorable era la quema de los judas el Sábado de Gloria. Antes del Concilio Vaticano Segundo, a mitad de los años sesenta, el sábado siguiente al Viernes Santo, durante la mañana se celebraba un oficio religioso en el que "se abría la Gloria": volvían a tocarse las campanas, silenciadas desde el jueves, y se tocaba música. Al terminar lo religioso, en la calle venía la fiesta profana de la quema de los Judas. Eran muñecos de paja o cartón.

"Aquí, en la ciudad de Guadalajara y en especial en los barrios de Mezquitán, Analco y Mexicaltzingo, los pequeños recibían una tunda de palos para que crecieran... Los judas representaban esqueletos, demonios, personajes populares, charros y en muchas ocasiones algún vecino del barrio, pero siempre con autorización de la persona; desde luego antes de morir el judas se leía su testamento, en el que siempre dejaba herencia o encargos a los vecinos, y después se continuaba con algún convivio..." (Juan Gil Flores, en Capítulos de historia de la ciudad de Guadalajara, tomo segundo, pp.156, 157).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.14 del periódico Público del 10 de abril de 2009).


Crecí en la Guadalajara del tejuino de Don Marcelino, las tortas ahogadas del Profesor Jiménez y los mayates dorados en la Plaza de Armas. Por eso no entiendo la penetración de la cultura del narco en la ciudad. Queda poco de la que algún día fue llamada la ciudad de las rosas, ciertamente no es la misma ciudad de hace 10 años. El encanto de provincia y el clima idílico han desaparecido, la Guadalajara en la que todos se conocen parece un cuento exagerado y ya no podemos decir: "Aquí no pasa eso...".

No voy a colgarle el calentamiento global al narcotráfico, pero vaya que van deslustrando a la Perla Tapatía. Estaciones de radio como "La Zeta", "La Ke Buena" o "La Nueva" siendo las más escuchadas en muchas otras ciudades, no se establecían porque aquí no se oía música banda; hoy son las más escuchadas en nuestros radios. Las familias de abolengo eran admiradas por vivir bajo el prestigio de dinero viejo; casas, carros y estilos de vida cómodos; pero modestos. Ahora somos deslumbrados por Hummers y Lincolns, residencias valuadas en millones de dólares, atuendos machometrosexuales y el despilfarre ¿Dónde hubiera vivido un narco en Guadalajara antes de las Puertas y los Valles Dorados, Plateados y Reales?

No tengo nada en contra de la música banda, tengo un par de vaqueras, mi papá se pone sombrero cada que puede, tengo la misma fascinación por carros de lujo que todos los hombres y he disfrutado todas las novedades que han llegado a la ciudad. Lo que me molesta de la cultura del narco es la violencia, las amenazas, los tenebrosos rumores, la afiliación que claman a la Iglesia Católica (ni Jesucristo, ni la Virgen María querían estar en la cacha de un arma) y la idolatría que reciben. Delincuentes tratados como héroes...

Me dicen, que estamos en la segunda generación, que antes ya había pasado, en los tiempos de los Caro Quintero o "Don Neto". Esta vez, empezaron a ponerles casa a sus familias, legítimas e ilegítimas, en Guadalajara (irónicamente para mantenerlas a salvo) y pronto descubrieron lo que los tapatíos hemos sabido por mucho tiempo, la vida aquí es buena.

Ha sido una invasión eficiente y exitosa. Inscribieron a sus hijos en colegios privados, de ahí, naturalmente, se hicieron de amigos y novias; pero a diferencia de los locales no tenían papás que ponían las reglas, tenían carros nuevos y fueron formados bajo una serie de anti-valores, con pobres, si escasos, modelos a seguir. La señora del narco vino a presumirle a la tapatía su vida de lujo, cirugías plásticas rebuscadas, joyería y ropa fanfarrona, desinterés en sus hijos y una costumbre de vagancia que resulta en dejar la casa en manos de la servidumbre. Realmente los jefes de familia no se presentaron hasta que los hijos se empezaron a matar y para entonces ya habían hecho de Guadalajara su lugar de residencia y operación.

Un titipuchal de viviendas ostentosas de donde escoger, una variedad extensa de "antros que tocan banda" y un público que hasta canta sus glorias. Les hemos abierto las puertas de par en par y le han llegado con primo y suegra de paso. Lo peor es el impacto que hemos dejado que causen en nuestra cultura. Las consecuencias las vemos cuando los muchachos anhelan lo que ven como una vida fácil y majestuosa, romantizada por el folklor del narcocorrido y condecorada por el pueblo; cuando las muchachas se creen la falacia y persiguen un estilo de vida que las margina a una vida sola y desdichada; y cuando un día despertamos en una ciudad insegura y desconocida.

Juan María Naveja Diebold
(v.pág.18 del periódico Público del 24 de abril de 2009).


Durante décadas se ha dicho que Guadalajara es una de la Calzada para acá y otra de la Calzada para allá (para los de allá, el acá, es allá y para los de acá, el allá es allá). Se dice también que la gente pobre suele vivir en el lado donde las calles no tienen nombre, sino número y los ricos del lado donde las calles tienen nombres rimbombantes.

Más allá de que eso sea cierto, la verdad es que hay muy poco diálogo entre las clases sociales en la ciudad. Fuera de los trabajos, donde unos son los jefes y otros la mano de obra, no hay diálogo sobre los problemas comunes que enfrentan los unos y los otros. De paso, los tapatíos solemos ser muy sectarios, así que nomás les hablamos a los que son iguales que nosotros, pero de nuestro grupo, porque a los que son iguales, pero son de otro grupo les hacemos el feo.

Ricardo Salazar
(v.pág.16 del periódico Público del 7 de agosto de 2009).


A continuación un breve listado de ejemplos para que identifique por qué nuestra Perla Tapatía continúa siendo tan pueblerina. Mac
(v.pág.11-B del periódico El Informador del 22 de agosto de 2009).
Desde hace muchos años, los tapatíos nos hemos podido poner de acuerdo en muy pocas cosas. La mayor parte de las coincidencias han sido para rechazar, para resistir, para destruir, y puede ser que esto se deba en buena medida a 2 cosas: primero, que hemos encontrado vías de expresión eficaces que le dan sentido a la manifestación ciudadana, siempre válida y respetable; y segundo, que muy probablemente los rechazos obedecen a malas decisiones (autoritarias, oscuras o interesadas, o todo eso y más) de gobernantes con poca sensibilidad y mucha ambición política.

Víctor E. Wario Romo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de septiembre de 2009).


Con aire contaminado, sin tratamiento de sus aguas residuales y una generación imparable de residuos sólidos, se está condenando a los futuros habitantes de la ciudad.

Editorial
/v.pág.4-A del periódico El Informador del 26 de septiembre de 2009).


Cada año, en vísperas del 12 de octubre, es lo mismo: mientras unos -los más- hacen los preparativos para "La Llevada", otros -los menos- alimentan una polémica tan tímida como añeja: ¿Es, la Romería a Zapopan, un acto de fe propiamente dicho? ¿Se limita a ser una festiva y variopinta estampa del folklore casero que cada año se reedita de manera rutinaria?... "Those are the questions", diría Hamlet.

Al margen de las opiniones -respetables todas- en uno u otro sentido, la edición en puerta del acontecimiento profano-religioso multitudinario por excelencia en estos pagos, trae de la mano, esta vez, implicaciones de carácter sanitario. A las acostumbradas preocupaciones de las autoridades por disponer algunas medidas que den una cierta confianza en que la precaria convivencia de la muchedumbre con las estufas y fogones, ollas y sartenes en que se cocinan y se exhiben los antojitos que permiten suministrar, como indica el adagio, "al cuerpo lo que pida", no deje secuelas lamentables (el resto se deja en las manos de Dios... y de "La Generala", obviamente), para la ya muy próxima celebración se anuncian "medidas especiales", dispuestas en función de las contingencias sanitarias que ahora rondan por estos rumbos.

La Secretaría de Salud, a través de uno de sus funcionarios, sin embargo, salvo prueba en contrario, se excede.

Recomienda, por ejemplo, "no pernoctar en la calle la noche anterior"; sugiere no llevar niños, "si no es necesario"; desaconseja asimismo la presencia de enfermos y personas de edad avanzada... Habría que explicarle, tal vez, que en la romería del 12 de octubre no "se pernocta": simplemente, se está; que llevar a los niños siempre es necesario: ¿cómo, si no, se les inculcaría la tradición que se ha mantenido a lo largo de generaciones?; que los enfermos participan en "La Llevada", precisamente en esperanzada demanda del milagro que les reintegre la salud; que las personas de edad avanzada -algunas, incluso, en silla de ruedas- acuden porque hay un compromiso vitalicio de acompañar a la imagen de la Virgen de Zapopan, de regreso a su santuario.

Por lo demás, si así no fuera, no se refrendaría -ni se explicaría, siquiera- el patronato jurado de "La Generala" para tantas cosas (sismos, epidemias, etc.), sin el cual posiblemente de Guadalajara y sus pintorescos lugareños ya sólo quedarían -como de la Atlántida- distantes, nebulosas, vagas referencias.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de septiembre de 2009).


Con la emigración que provocó el gran temblor de 1985 en la Ciudad de México, el crecimiento en Guadalajara se salió de aquel carril tradicional cuyo logro la llevó a ser una de las modestas joyas urbanas del mundo. Ese éxodo en hordas no sólo trajo a más personas, sino las acompañó de políticas públicas y capitales desvinculados de los valores propios locales. El estilo de vida se rompió. El amor, cariño, respeto y cuidado que se tenían aquí fueron arrollados por los asustados, a más bien dejar la capital que llegar a la provincia. Nuestra estructura local de liderazgo se vio rebasada, tal que la caótica realidad literalmente explotó algunos años después. Ya lleva rato que la Perla de Occidente está "chafeando" en el progreso.

La reciente trifulca que vivimos aquí alrededor del tema de los Juegos Panamericanos, es una muestra más de la condición que vivimos como ciudad. Por un lado, los sueños fantasiosos; por el otro, los arrebatos mezquinos.

Norberto Alvarez Romo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 6 de octubre de 2009).


Durante el Porfiriato fuimos dependientes del centro y a partir del proceso revolucionario se nos bautizó por los bárbaros del norte como el gallinero y seguimos sin entender, hemos abrazado al caudillo en turno o al tlatoani impuesto sin menor recato y hasta nos mandan analfabetos y no chistamos; si bien es cierto que sí hubo gobernantes y políticos que se han opuesto al centro, también lo es que no encontraron eco social ni apoyo de la sociedad jalisciense. En concreto: no existe un peso político de nuestro ente a nivel estatal, no digamos en la esfera regional o en el contexto nacional, a la altura de nuestra tierra. Y no es por falta de talentos, sino por individualistas, carentes de mística y de solidaridad, principalmente.

José de Jesús Covarrubias Dueñas
(v.pág.11-A del periódico El Informador del 12 de octubre de 2009).


Al cabo de 5 años de acariciar el sueño de que la otrora "Perla Tapatía" agregara a la extensa lista de sus orgullos (la belleza de sus mujeres, la virilidad de sus mancebos, la variedad de su gastronomía, el apego de los lugareños a las tradiciones, la primacía de sus equipos en el concierto futbolístico nacional, etc.) la distinción de ser la primera ciudad latinoamericana sede de un Museo Guggenheim, acaba de colarse, sigilosamente, por la puerta de atrás, la noticia de que "Dijo mi mamá que siempre no".

Al anunciar en Bilbao, el último fin de semana, que "el proyecto que había para Guadalajara está muerto", el director de Estrategia Global de la Fundación Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, atribuyó a un intangible, "la crisis económica", el aborto de dicho proyecto.

Al margen de las dudas que surgieron, desde el principio, acerca del beneficio que pudiera dejar o del impulso que la construcción pudiera significar para aproximar a Guadalajara al Primer Mundo -o, al menos, para reducir la distancia que lo separa de él-, el aborto en cuestión se agrega a una lista de "ideotas" (aumentativo de "ideas") que se malogran por angas o por mangas... y que ya va resultando demasiado extensa: los Arcos del Milenio, el Teatro de la Ciudad, el "Ave" (tren rápido México-Guadalajara), etc.

A los tapatíos -sus autoridades, sus empresarios...- les da por competir. Cualquier pretexto es bueno para tratar de meter a Guadalajara, a martillazos, al Libro de Récords Guinness: desde parejas que se besan en la plaza pública, hasta mariacheros que entonan (eso dicen...) "El Son de la Negra" de manera simultánea.

Al paso que vamos, bien pudiera ser (mejor dicho: "mal pudiera ser...") que Guadalajara entrara al susodicho Libro Guinness como la ciudad que más proyectos fallidos ha coleccionado en su historia reciente.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 27 de octubre de 2009).


Difícil imaginar una semana más negativa para la ciudad y el ánimo ciudadano: se muere el Guggenheim, se muere Arcediano y hay una nueva bronca en la Villa Panamericana. Pero, ¿No son los mismo que criticaban la Guggenheim y a Arcediano los que ahora se azotan porque no se van a hacer? Sí, y eso habla con toda claridad del problema de los tapatíos. Hacemos todo para que nada se haga y luego nos azotamos porque fracasamos. Carne de diván, diría el psicoanalista. Hace unos años, Fernando González Gortázar proponía, medio en broma medio en serio, que deberíamos organizar en una exposición con todos los proyectos fallidos de Guadalajara, y hasta le pusimos nombre: La ciudad soñada.

No hay duda de que los tapatíos somos mejores para soñar que para hacer. En la exposición, también soñada, deberían estar estadios de beisbol, torres de 80 pisos, trenes de cercanías, un metro, un monorriel en la zona de Plaza del Sol, un funicular en la barranca, una torre de telecomunicaciones, el JVC y los sueños guajiros de Vergara (que tanto se enojó cuando escribí que el proyecto era inviable y muy por encima de su capacidad económica), Arcediano, el Periférico con sus 8 trazos, etc. Eso por no mencionar la Disneylandia en Chapala o las islas de los japoneses en el mismo lago que eran invenciones puras pero que circulaban como proyectos aunque nunca hubo un croquis.

Arcediano estaba muerta desde hace años. Si Ramírez Acuña no la hizo, fue simplemente porque era inviable, pero no tuvo la valentía de matarla, la dejó en coma para que el asunto reventara después. Desde el momento en que el gobierno decide subir la cortina del Zapotillo, con la consecuente inundación de Temacapulín, el mensaje era clarísimo. No hay sorpresa. Lo mismo sucede con el Guggenheim: hace más de un año, con el cambio de director de la Fundación Solomon R.Guggenheim, sabíamos que ese museo en Guadalajara estaba descartado, lo cual no significa que no se puede hacer algo incluso mejor y menos caro. En el caso de la Villa Panamericana, desde el momento en que la Odepa cancela el proyecto en el centro y acepta sólo tres propuestas, dos de los cuales eran absolutamente inviables (el Cerro del Cuatro y El Disparate) estaba claro que la opción era el Bajío en Zapopan. Los regidores le están haciendo al tonto, y la verdad, les sale bastante bien.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 30 de octubre de 2009).


Orwell retrataría a la Guadalajara del año 2090: la ciudad que debería ser, de conformidad con las estupendas directrices de sus gobernantes... Será una Guadalajara reconciliada con sus añejas etiquetas de "Ciudad Amable" y "La Perla de Occidente". Tendrá excelentes -cómodos, eficientes, rápidos- sistemas de transporte colectivo: metro, tren eléctrico, macrobús. Unos cuantos automóviles particulares -eléctricos o solares- circularán por sus estupendas calles y avenidas, libres por completo de baches. Un "Tren Bala" la unirá con la Ciudad de México. Las lluvias torrenciales -en eso no habrá cambios- ocasionarán leves y momentáneos contratiempos: en cuestión de minutos, una parte del agua se habrá filtrado a los depósitos subterráneos de las que se abastecerá a los lugareños; el resto se enviará al Lago de Chapala mediante un ingenioso sistema de canales. Los Arcos del Milenio estarán concluidos; es más: competirán con la Estatua de la Libertad y la Torre Eiffel -bicentenarias ambas para entonces- como los monumentos más visitados del mundo. Habrá un Museo Guggenheim y las primeras franquicias latinoamericanas del Louvre y el Hermitage. La ciudad habrá sido sede de unos Juegos Olímpicos aclamados -ejem, ejem...- como "los mejores de la historia". No habrá grafiti. Habrá gobernantes competentes y honestos. Varios tapatíos habrán ganado diversos premios Nobel.

Una docena de tapatías habrán ganado sendas ediciones de "Miss Universo". El Atlas estará a punto de ganar su segundo título de Liga...

"Guadalajara 2090" será, en suma, la concreción puntual de todas las promesas que sus gobernantes han hecho a lo largo de la historia.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 2 de noviembre de 2009).


La aportación anual que los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara hacen a la Cruz Roja es de 98 centavos en promedio, cuando en el interior del estado hay delegaciones que recaudan hasta 11 pesos por habitante, señaló Miguel Angel Domínguez Morales, vicepresidente nacional de la Cruz Roja Mexicana, durante la inauguración de la colecta que se llevará a cabo en las instalaciones de la Universidad de Guadalajara.

También reveló que la zona metropolitana de Guadalajara es el área con menor recaudación vía refrendo vehicular, pues sólo 38 de cada 100 personas que efectúan dicho pago, aceptan el cargo extra de 30 pesos destinado a la Cruz Roja.

(V.pág.2-B del periódico El Informador del 11 de noviembre de 2009).


Hay imágenes que se quedan grabadas o esculpidas en las escasas neuronas de nuestro cerebro. Tengo guardadas algunas en el cajón de mis recuerdos de la Guadalajara que conocí cuando apenas llegué a su suelo cálido para comenzar la experiencia de estudiar mi carrera profesional. Ese suelo me apresó como a las raíces de los árboles que viven en sus calles y hasta la fecha no me he podido desprender de sus fauces. Guadalajara ha cambiado, yo también, pero hay cosas que permanecen como símbolo (en mi cabeza) de la ciudad donde alguna vez deliré en realizar los sueños más trasnochados y poco austeros.

De una pequeña ciudad norteña, poblada por gente trabajadora, gritona, nada tibia y acostumbrada a decir las cosas "como van", al chile pues, (allá sí es sí y no es no, no existen los sí que significan nos). Eso de los sí que significan no me costó años identificarlos, he de confesar que incluso me sorprendo a mí misma usándolos.

Pues sí, la pequeña llegaba con sus maletas y sus sueños de grandeza. La segunda ciudad más grande de México la recibió como se dice: "con los brazos abiertos y con una sonrisa helada en la cara que pretendía ser calurosa" Déjeme desdoblar la primer impresión.

Su aroma: la ciudad olía en aquel 2001 a la cebada de las fábricas de cerveza, todavía cuando ando por Mariano Otero y me llega el aroma, los recuerdos empiezan a centellear en mi cabeza.

Su voz: disculpen si los ofendo, para mí el sonido de Guadalajara es y será siempre: "Zeta, zeta, zeta gas" cada mañana me despertaba la cancioncita esa que me parecía tan molesta, años después cuando regresé y la escuché de vuelta mi corazoncillo se puso feliz.

Su forma: recuerdo, cómo olvidarlo, cuando me subí al camión para dirigirme a la universidad. Parada frente a todos los pasajeros, atareada sacando las monedas para pagar el pasaje, me percaté que había mucho asientos desocupados, pero todos del lado de la ventanilla. Tan bonito que es ir del lado de ella, vas observando el paisaje urbano, pero parecía que la gente al sentarse del lado del pasillo marcaba un territorio que no deseaba fuera invadido por algún desconocido. Al momento tuve que molestar al pasajero y decirle, "disculpe", mientras intentaba cruzar rozándole las rodillas.

Su sabor: parecería cliché, pero uno de los sabores que más me impresionó fue el de la torta ahogada. Al principio la imagen me taladró la cabeza, ver el bolillo nadando en una salsa que parecía lo estaba desangrando, me hizo dar un paso atrás. Hoy día es uno de los platillos que más disfruto.

La palabra: "ocupo". Yo ocupo un espacio en el mundo, pero "ocupar" un lápiz era una frase completamente descabellada en mi estructura mental. Cuando mi compañero de clase me pidió un lápiz, lo miré extrañada y pregunté: "¿de qué hablas?".

Fantasmagórica
(v.pág.2 del suplemento "Ocio" del periódico Público del 13 de noviembre de 2009).


La "ciudad amable" de antaño se ha ido a las antípodas: hoy es una ciudad grosera, sucia, insegura y hostil; sus habitantes, con mala fama de apacibles en grado superlativo -de apáticos incluso- en el pasado, de un tiempo a esta parte se han vuelto levantiscos; los "agachones" de antes, ahora son anarquistas: nada los convence; de todo se inconforman...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de noviembre de 2009).


¿Por qué cada vez que en Jalisco se quiere hacer una obra pública más o menos importante o significativa, siempre hay problemas (más allá de los normales que todo emprendimiento tiene), dudas en cuanto a su transparencia y legalidad, y dudas en cuanto a su viabilidad técnica y financiera?

La lista de ejemplos de proyectos y obras de alguna manera emproblemadas o que han sido objeto de críticas y rechazo social es grande: Teatro de la Ciudad, Arcos del Milenio, Túnel de las Rosas, Nodo de Colón, Ciudad Judicial, Villa Panamericana, Estadio de Atletismo, Macrobús, etc. Vaya, hasta la obra de unas simples banquetas como las de Vallarta está en aprietos.

Y ahora el mal llamado "Nuevo Cancún" apenas se anuncia y surgen toda clase de cuestionamientos y reclamos que ponen en duda no sólo su factibilidad sino también su pulcritud.

¿Qué clase de maleficio tenemos los jaliscienses que es imposible llevar a cabo una obra pública de manera transparente, expedita y exitosa?

El gobernador anuncia este mega desarrollo con un razonable aire de orgullo, ya que una obra supuestamente de la magnitud de Cancún no es para menos. Pero en cuanto aparecen las dificultades, el gobierno se deslinda y dice que es un asunto entre los inversionistas y el consejo de administración de Pensiones del Estado que aprobó la inversión, y del cual curiosamente el propio gobierno estatal forma parte.

Los problemas que hasta ahora se han mencionado relativos a la tenencia de la tierra y asuntos ambientales, me parecen de alguna manera podrían tener solución. Los primeros mediante procesos jurídicos ya utilizados en otros casos similares, y los segundos con un proyecto de desarrollo responsable que considere y solucione adecuadamente la sustentabilidad ecológica de la zona, bajo el criterio de buscar cómo sí se pueden hacer destinos turísticos de esta magnitud, en lugar de simplemente oponerse a todo para que no se haga nada.

Pero el problema que veo en este caso como más delicado de todos, es el de utilizar los fondos de retiro de los trabajadores del Estado para invertirlos como capital de riesgo en un proyecto inmobiliario privado.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 11 de febrero de 2010).


El consejero nacional de la Asociación de Profesionales Inmobiliarios, Sergio Dueñas, destacó el caso de Guadalajara, en donde los precios se han mantenido estables pese a que ahora la colocación del inmueble tarda mucho más. Este comportamiento de estabilidad en los precios es nuevo para el sector, confiesa el experto.

Y es que al haber demasiada oferta, los precios tienden a bajar, y en la capital del estado no es así, ello se debe a cuestiones culturales: "Tenemos una idea muy comercial en nuestra entidad. Aquí decían los antiguos habitantes, los de Los Altos: bien vendido o bien podrido, y así piensa la gente de Guadalajara, no están dispuestos a ceder gran cosa".

El costo de los inmuebles debería ajustarse, pero además del factor cultural que es determinante, los valores catastrales tampoco están apegados a la realidad. En muchísimos casos son superiores al valor real del mercado.

"Los municipios lo que hacen es que, por una idea recaudatoria, aumentan los valores catastrales".

Por otro lado, los valuadores también juegan un papel trascendental en la tarea de fijar precios: "No es posible que pregunten para qué necesitan la valuación: si es para vender, para comprar o para el banco, el valor es uno y ya".

(V.pág.7-B del periódico El Informador del 15 de febrero de 2010).


Nuestros bisabuelos tapatíos tenían más imaginación y sentido de la vida que nosotros y eso se puede ver en los nombres que les ponían a las calles: la calle de Abasolo antes era Esteros; Aldama, antes Cuerno; Andrés Terán, antes Algodonal; Antonio Rosales, antes Oso; Antonio Bravo, antes la Joya; Libertad, antes Tequesquite; Belisario Domínguez, antes Camino a Oblatos. Con los Ayuntamientos emanados de la Revolución, los nombres modernos borraron nombres sugestivos: Riva Palacio, antes El Sapo; Camarena, antes el Sol; Coronel Calderón, antes Galápago; Clemente Aguirre, antes Agua Fría; Churubusco, antes La Aurora; Dionisio Rodríguez, antes La Borrasca; Gerardo Suárez, antes La Ahorcada; Gregorio Dávila, antes El Puentecito; Ghilardi, antes Mala Hora; Guillermo Prieto, antes Retoño; Guadalupe Victoria, antes Avispero. Había nombres más divertidos, como Granaditas, La Barranquita, Pata de Cabra, Molinito, El Cometa, Caja del Agua, La Colmena, en lugar de los nombres actuales: Jazmín, Jesús García, José Antonio Torres, José Palomar, Juan Díaz Covarrubias, Juan N. Cumplido y Licenciado Verdad. Algunos nombres son claro reflejo de la historia oficial, como la calle Dos de Abril, en honor de Porfirio Díaz, que cambió a Veinte de Noviembre. Mi mamá siempre lamentó que a su calle de San Andrés le hayan cambiado el nombre por el del matón y prepotente Álvaro Obregón y que a la calle preferida de las tapatías casaderas, "San Cristóbal", la cambiaran por Ocho de Julio. Por supuesto que muchas calles con nombre de santos o alusión religiosa también se cambiaron: San José por Reforma; Loreto por Pedro Moreno; San Antonio por Lázaro Pérez; La Merced por Hidalgo; San Diego por Garibaldi; Zaragoza por Seminario Mayor; Miguel Blanco por Aranzazú; Cuauhtémoc por San Sebastián de Analco; Contreras Medellín por Capuchinas; Dieciséis de Septiembre por San Francisco.

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 26 de febrero de 2010).


A raíz del temblor de 1985 en la Ciudad de México, el crecimiento en Guadalajara salió de su carril acostumbrado, que realmente la había llevado a ser una de las joyas urbanas del mundo, si bien modesta comparativamente. Ese evento trajo no sólo a personas, sino que las acompañó de políticas públicas desvinculadas con los valores locales. El amor, cariño, respeto y cuidado que se tenía fue apabulladamente arrollado por las ondas (hordas) secuenciales del gran sismo. La estructura de liderazgo social y político se vio rebasado y la caótica realidad acumulada literalmente explotó algunos años después.

Es un sentimiento ampliamente compartido que la calidad de la vida en Guadalajara está afectada en forma negativa por su crecimiento urbano desordenado y caótico que ha rebasado la capacidad y voluntad de la ciudad. Sin embargo, en lugar de atender el asunto de frente, nos perdemos en las grandes declaraciones de los nuevos soñados proyectos que nos salvarán poniéndonos en los reflectores internacionales.

El dilema que vivimos está en que mientras queremos imaginar sentirnos importantes en el escenario global, estamos descuidando la calidad de nuestras banquetas, calles, parques, jardines, del aire, agua, los ruidos, los olores; en fin, la calidad de la vida. Nuestros sueños andan desubicados.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis, A.C.
(v.pág.8-B del periódico El Informador del 2 de marzo de 2010).


Si disponer de autobuses exclusivos para damas y reservar para el uso exclusivo de las mismas la tercera parte de los asientos en el Macrobús y el Tren Ligero hubiera sido el resultado del afán de hacer más amables sus traslados, el resto de la humanidad hablaría muy bien de la hidalguía y la nobleza de los tapatíos. Los vería, quizá, como los sobrevivientes de una especie zoológica en vías de extinción...

Sin embargo, como la medida se dispuso a resultas de quejas, inicialmente aisladas, luego repetitivas, y finalmente a raíz de una encuesta que reveló que las damas son objeto no sólo de descortesías (lo que es lamentable) sino de ofensas y vejaciones (lo que es muy grave), la conclusión sólo puede ser una: que en Guadalajara y anexas hay necesidad de tomar providencias drásticas, antipáticas, por obra y gracia del deterioro, en la práctica, del clásico concepto de caballerosidad: el respeto a la femineidad como un valor moral (de "mor-moris": costumbre) social de primer orden.

Es una pena que de medidas como las que empiezan a aplicarse, se concluya que si antes se decía que "en Jalisco, puros machos", ahora pueda decirse que "en Jalisco... puros patanes".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 3 de marzo de 2010).


En mi infancia y mucho más en los días en que mi madre era una niña, es decir en marzo de 1910, los tapatíos saboreaban cada mañana riquísimas piezas de pan: los terrones, chamucos, cuernos, corbatas, enredos, chilindrinas, conchas, revolcadas, calzones, besos, trenzas, polvorones, puerquitos de carbonato, clavadas, chorreadas, ojos de buey, cocoles de ajonjolí. En marzo de 1910 se recomendaban los picones de "La Central", y las trompadas, cáscaras y campechanas de "La Luz"; las cemitas de "La Tapatía", situada más allá de la avenida Porfirio Díaz, la actual Calzada Independencia. Por supuesto que nuestros abuelos, amantes de la buena vida ignoraban las preocupaciones de la dietética y por lo tanto desconocían el absurdo pan integral, puesto que el salvado era comida para los becerros, las vacas y los bueyes, no para los humanos. De modo que mi indignación cuando en Guadalajara no son capaces de ofrecerme un sabroso pan dulce es algo muy fundado en las tradiciones tapatías.

En marzo de 1910, vísperas de la Revolución, tampoco existían en Guadalajara las nutriólogas y dietólogas. Las tapatías con muy ganada fama de mujeres bonitas, no se preocupaban por saber si ingerían carbohidratos, grasas y calorías, y al levantarse tomaban su desayuno: un café con leche o una taza de chocolate espumante por el molinillo, y una sabrosa pieza de pan. Ya entrada la mañana almorzaban: chilaquiles, huevos rancheros o algún otro platillo de la cocina regional como carne de cerdo en salsa roja o chicharrones en salsa verde o roja, además de otras posibles delicias. Nuestras abuelas y bisabuelas eran más bien llenitas; las mamás decían a las niñas: "lo bonito les entra a las niñas por la boquita".

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 19 de marzo de 2010).


Cuando a los tapatíos aún les calaba en el orgullo que a su ciudad, nada menos que "La Perla Tapatía", se le colgara la ominosa etiqueta de "pueblo bicicletero" y se le llamara despectivamente "Guanatos", una de sus muchas medallas era la de ser una ciudad sin arrabales. Alguna vez que se le tocaba el punto, al que fuera alcalde de Guadalajara y gobernador de Jalisco, Francisco Medina Ascencio, se le humedecieron los ojos...

"Es verdad- dijo, con una mezcla de orgullo por lo tenido y remordimiento por lo perdido. Había pobres en Guadalajara, pero teníamos una pobreza digna: hasta en la casa más pobre había macetas con flores, y la calle se barría todas las mañanas.

Sin embargo, ya es una de las dos manchas urbanas mexicanas y de las 21 latinoamericanas que aparecen en la "lista roja" de la ONU, por el hacinamiento, la contaminación, la insalubridad, el ruido, la creciente inseguridad, la insuficiencia de los servicios públicos... y mil penurias y carencias más, hasta llegar al más dramático: el hambre.

(En Guadalajara -la "ciudad amable" de antaño- es cada vez más frecuente el espectáculo de gente que come lo que encuentra en los botes de la basura... Y lo peor: ya no nos sorprende, ni nos indigna, ni nos duele que así sea).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 23 de marzo de 2010).


Independientemente de lo que muchas crónicas de la época -Dávila Garibi, Yáñez, etc.- consignan, aún hay sobrevivientes de los tiempos en que, por estas fechas de Semana Santa, se honraban ciertas tradiciones tapatías. No sólo las estrictamente mundanas, vinculadas con la gastronomía (las empanadas, la suculenta comida "penitencial" de los viernes de Cuaresma, en que la carne desaparecía de la mesa familiar, en beneficio de viandas y potajes dignos de una moderna reedición del Festín de Baltazar...), sino, principalmente, las relacionadas con los dramáticos sucesos históricos que se conmemoran... Por ese camino, más allá de las tradiciones profanas, generosas en elementos plásticos, a las que se incorporaba un mínimo barniz de religiosidad -las "judeas", las "visitas a las 7 casas"...-, eran verdaderos sucesos, por su impacto inmediato y por su trascendencia social, verbigracia, todavía hasta la década de los 70, los excelentes sermones (gemas de la oratoria sagrada: "Pensamiento claro y expresión correcta", como él mismo enseñaba con el ejemplo) de monseñor José Ruiz Medrano en Catedral.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 30 de marzo de 2010).


Los turistas que, todavía hasta ayer, pasearon en "calandria", en los modernos autobuses de dos pisos y aun en los impropiamente llamados "tranvías" por lo que aún le queda más o menos digno de presumir a la otrora "Perla de Occidente", debieron haberse llevado una gratísima impresión de cómo vivían, cuando aún eran niños, los tapatíos que ya son abuelos.

Para darse una idea de cómo viven los tapatíos de hoy, habría necesidad de promover algunas "extensiones" de la ruta turística archisabida (Catedral, Palacio de Gobierno, el Teatro Degollado, la "Cruz de Plazas" del centro, la avenida Vallarta, el Templo Expiatorio, los Arcos, la Minerva, Plaza del Sol, la "Colonia Americana"... y "tan-tan"), lo mismo hacia "Royal Country" y "Santa Anita" que hacia "La Duraznera", "Arenales Tapatíos", "Las Pintitas de Abajo" o "Mesa Colorada" -por mencionar los primeros botones de muestra que saltan espontáneamente del arcón de la memoria-, o hacia colonias cuyos pioneros decidieron rendir homenaje perenne a compatriotas tan esclarecidos como José López Portillo y Heliodoro Hernández Loza.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 12 de abril de 2010).


Una y otra vez compruebo que los tapatíos cuando viajan a la Ciudad de México, lo único que desean es regresar lo más pronto posible a su casa para levantarse el sábado y mantener a raya la rutina.

En cambio, cuando los chilangos van a Guadalajara, lo que desean es prolongar su estancia: desayunar los chilaquiles del Hotel Isabel, volver a ver el Hombre en Llamas en el Hospicio Cabañas, almorzar las tortas ahogadas que apaciguan los demonios y si se puede comer la carne en su jugo de la calle Garibaldi o irse por la laguna de Chapala para tomar la birria de Jocotepec.

Martín Casillas de Alba
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 1o.de mayo de 2010).


Cada año es lo mismo. Llega mayo y con él sus famosos calores. Y los tapatíos, raudos y presurosos, no tardamos nada en decir que, definitivamente, hace más calor que nunca. Todos y cada uno rascamos dentro de nuestra memoria y, después de mucho hurgar, afirmamos convencidos que no, que no ha habido año más caluroso que éste. Y de nada sirve que luego vengan las instituciones meteorológicas a decirnos que, por ejemplo, a principio del siglo XX hubo un día que el termómetro llegó a los 39 grados. Tampoco nos interesa mucho que en Santa Rosa, Amatitán, el mercurio haya subido hasta los 43.5 grados. No, eso no nos importa. Lo que importa es que aquí, en la zona metropolitana, está dura la calor.

Y lo que también sigue siendo lo mismo desde hace varios años -demasiados ya- es la falta de una política pública que sirva para revertir esta situación. La ciudad está construida -¿pensada? ¿planeada?- como un monumento al automóvil. Y los autos, ya se sabe, necesitan calles. Y las calles necesitan concreto o, si los presupuestos no lo permiten, harto chapopote. El problema es que el concreto y el chapopote son calientes y no limpian el aire. Y entonces ese calor, que posiblemente no sea tanto, cala más en los ánimos.

Y cala porque uno busca resguardo en una sombra. Sombra que dan los árboles. Árboles que están... no, ya casi no están. En muchas y distintas ocasiones otros grupos también han alzado la voz para evidenciar la deforestación que hoy día padece la otrora llamada "ciudad de las rosas". Y en muchas ocasiones los gobiernos municipales han presumido la siembra de uno que otro arbolitos que, en realidad, sirven de poco o nada -¿se acuerdan, por ejemplo, de las palmeras "anti nevadas" que mandó plantar Cornelio Ramírez Acuña en avenida Patria? ¿O de los palitos que sembraron no hace mucho en el camellón de Federalismo y que ya están siendo sustituidos por flores?

La mayoría de los camellones están para llorar, y no se digan los accesos a la ciudad. ¿Han pasado, amables y pacientes lectores, por Lázaro Cárdenas, allá por el Álamo? Y aquí sería necesario poner un espacio para que cada uno de ustedes lo llene con el ejemplo que le quede más próximo, que abundan. No hay una estrategia gubernamental que fomente el cuidado de lo verde. Por el contrario: si a usted le molesta que ese ficus gigante tire tantas hojas, sólo llame a Parques y Jardines para que se lo dejen más pelón que Salinas de Gortari. O, si tiene recursos, hágalo usted mismo. Nada más considere lo siguiente: la próxima vez que el Sol caiga de lleno y le requeme los brazos al punto de ponerlo en riesgo si viaja a Arizona, recordará la plácida sombra que antes echaba ese ficus del demonio.

Edgar Velasco
(v.pág.18 del periódico Público del 14 de mayo de 2010).


El 70% de los habitantes de Jalisco prefiere dejar de escuchar, ignorar o simplemente no hablar cuando algún presente en un café, un bar o en una casa comienza a platicar de política, según se desprende de la Encuesta Nacional Sobre Cultura Política y Prácticas Democráticas de 2009.

En términos generales, los habitantes de Jalisco presentan porcentajes de actuación política muy similares a otras entidades constituidas por grandes manchas urbanas, en las cuales la mayoría de la población habita en una ciudad. 15 de cada 100 tapatíos dicen no estar nada satisfechos con los logros en materia de democracia, mientras que 1 de cada 4 niega que México sea una democracia, en contra del 30% que sí lo cree. Más del 20% de los jaliscienses estaría dispuesto a ser gobernado por una dictadura si a cambio su economía familiar mejora. Todos estos datos rondan la media nacional.

El 83% de los jaliscienses se informa exclusivamente por la televisión, sólo 2 de cada 10 acuden a los periódicos con el propósito de extraer información. Sólo 4 de cada 10 jaliscienses afirman que la política está relacionada con la mejora de las condiciones de vida y el restante cree que una cosa no tiene nada que ver con la otra. En relación a la ley y al seguimiento de las normas, una parte de los jaliscienses considera que si una ley es injusta no hay que seguirla, siendo Jalisco, con 9%, el segundo detrás de Nuevo León que encabeza la lista con 12% en este indicador.

Para terminar, es interesante que a una parte importante de los habitantes del estado, no les interese participar en las decisiones políticas ni en los casos que son catalogados como los más importantes. Más del 30% de los jaliscienses sostiene que no es necesario consultar a la ciudadanía ni en situaciones muy relevantes, esta cifra duplica a los pobladores de Nuevo León o del Distrito Federal que se sitúan en 17% y 14% respectivamente.

En la última elección, 5 de cada 10 tapatíos no acudieron a votar para elegir al presidente municipal de Guadalajara. En Zapopan y Tlaquepaque, la abstención llegó a 52.3% y en Tonalá fue ligeramente mayor, alcanzando el 54%.

La media estatal de abstención, en la misma elección de 2009, fue de 47.9%

(V.pág.5-B del periódico El Informador del 31 de mayo de 2010).


Es fiel a su identidad y no se cierra al progreso, es sentido, es observador, pero también mitotero, es expansivo en cuanto a emociones, así como gritón, y a veces, no sabe enfrentar situaciones cara a cara como lo haría alguien del norte del país.

Así describe al tapatío el presidente del Consejo de Crónica de Guadalajara, Armando González, quien hace una radiografía de la personalidad del oriundo, explora sus modismos, sus fiestas y costumbres, así como la historia de la urbe con trazo cuadricular que se deformó.

Todo esto está reunido y compactado en su libro Guadalajara. La Casa Tapatía, su Gente y su Tiempo.

"Los muchachos suelen ser generosos, dóciles a sus familias aunque a simple vista no parezca", comenta González.

"También hago crítica sobre la actitud de vivir conectados a tecnologías de la información que los desconectan, y que se degraden al entrar a antros, sujetándose a que no sé quién decida quién pasa y quién no".

El año tapatío, que tiene sus fechas propias y no coinciden con el calendario nacional.

Ejemplificó el 12 de octubre, Día de la Raza, que a nivel nacional no es fiesta cívica y no se suspenden labores y sólo en Guadalajara sí; otro evento que rompe el calendario cotidiano es la Feria Internacional del Libro, que se volvió un espectáculo que atrae a miles de personas y no un lugar para estimular la lectura.

"Es un espectáculo de libros, a lo mejor van y no van a leer nada, pero les gusta porque son muy mitoteros también", expresó el historiador.

(V.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 8 de julio de 2010).


A mí me asombra, por ejemplo, que no haya cada tercer día un caballo arrollado por cualquier cretino que crea que Juárez es una versión tapatía de Daytona. Y es que los tapatíos acaso "sintamos" que debe seguir habiendo calandrias, y que se perdería una parte muy significativa de nuestra identidad si desaparecieran. A mí me dejan perplejo siempre que me las topo: las veo como pruebas vivientes de que Guadalajara no sabe qué hacer consigo misma, y sospecho que eso resulta evidente para quien termina de dar esos paseos peligrosos por rutas en las que no sé qué hay que ver.

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 8 de julio de 2010).


Las aportaciones a la colecta anual de la Cruz Roja, dentro de la zona metropolitana de Guadalajara, no llegan ni a un peso por persona en promedio, lamenta el delegado de la institución en Jalisco, Miguel Ángel Domínguez Morales.

Asegura que el promedio de aportación por tapatío es de 98 centavos, mientras que en la zona de Los Altos los habitantes donan más de 10 pesos.

Advierte que las alcancías que se colocan en bancos, tiendas de autoservicio y farmacias, entre otros comercios, llegan a acumular alrededor de 232 pesos cada una, sólo con monedas de 1 a 5 pesos.

(V.pág.3-B del periódico El Informador del 3 de agosto de 2010).


Los directivos de la Cruz Roja deploran la tacañería (no se suscriben abiertamente al vocablo; prefieren un conato de eufemismo: "La colaboración de la ciudadanía es escasa") de los tapatíos. La contrastan con la generosidad de los alteños: éstos aportan, en promedio, hasta 13 pesos anuales a la institución; en Guadalajara y anexas, el promedio -dicen-... no llega a un peso.

El lugar común, para efecto de los chascarrillos, colocaba a los regiomontanos como modelo de cicatería.

En la práctica, Guadalajara, genéricamente, se llevaba las palmas. Botón de muestra: las aportaciones más exiguas, en las colectas de dinero a beneficio de damnificados por desastres naturales, procedían de Guadalajara. (La única excepción se daba cuando se pedía "ropa usada en buen estado" para los "hermanos en desgracia"; había la malévola hipótesis de que los tapatíos aprovechaban esa coyuntura, no tanto para ejercer la solidaridad o la generosidad cristiana, sino para desentilichar el guardarropa... y, de paso, ponerle una estrellita en la frente, aunque fuera de oropel, a la conciencia).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 4 de agosto de 2010).


En un mundo mediático, los ciudadanos destacados ya no son los intelectuales, ni los científicos, son los que por su trabajo tienen gran exposición mediática y por lo mismo, le dan nombre a la ciudad. En Guadalajara no son muchos estos ciudadanos, pero sí bastantes más de los que teníamos. Durante años los de exportación fueron los artistas y escritores. Clemente Orozco, el doctor Atl, Juan Rulfo, Luis Barragán, "Chucho" Reyes Ferreira, Juan José Arreola. Fue una generación de tapatíos de exportación que le dieron nombre y fama a Guadalajara. Hoy son también un puñado de personajes que brillan internacionalmente, pero la buena noticia es que se siguen agregando. A Guillermo del Toro, el grupo Maná, Lorena Ochoa, "Rafa" Márquez y Alejandro Fernández, se le han sumado recientemente los jóvenes Hernández en ballet, "Checo" Perez en automovilismo, el "Chicharito" en el Manchester U y ahora Jimena Navarrete. Se dice fácil, pero ninguna otra ciudad del país y muy pocas de Latinoamérica los tienen.

Jimena Navarrete. La Joya de Jalisco - Mural del 7 de julio de 2011. Informador del 10 de septiembre de 2011.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 25 de agosto de 2010).


Desde mucho antes de que el tema de la movilidad urbana se convirtiera en la pesadilla que es actualmente -a ratos, al menos- en Guadalajara y sus cada vez más inabarcables orillas, los tapatíos ya ejercitaban, con singular entusiasmo, el deporte de alimentar sueños de color de rosa en ese capítulo...

La ciudad contaba con un sistema de transporte público, si no ejemplar, sí, al menos, eficiente y digno (al margen de la leyenda negra de "La Fiebre Amarilla", como se designaba en las notas de policía a los autobuses de la línea Analco-Moderna), en los tiempos -¡se vale suspirar, Señor Don Simón...!- de los Centro-Colonias, Mexicaltzingo-Mezquitán, Oblatos-Colonias, Circunvalación, etc. A raíz de la inauguración de la primera línea del Metro de la Ciudad de México, el entonces gobernador de Jalisco, Francisco Medina Ascencio, convenció al presidente Gustavo Díaz Ordaz, de aplicar el mismo modelo en Guadalajara. Medina Ascencio murió con la frustración de que el proyecto abortara... y con la convicción de que los tristemente célebres "conflictos estudiantiles" de 1968 tuvieron la culpa.

Al paso de los años, la zona metropolitana de Guadalajara ha experimentado con una serie de sistemas que han ido desde las "combis" o "decapeseras" hasta el más o menos flamante "Macrobús", pasando por las 2 líneas del Tren Eléctrico Urbano y los efímeros "taxis económicos", amén de trolebuses, "choribuses", etc.

El siguiente capítulo de esa historia está por empezar a escribirse este viernes que el gobernador, Emilio González Márquez, y el alcalde tapatío, Jorge Aristóteles Sandoval, viajen a Atlanta, para observar el funcionamiento y, sobre todo, ponderar la pertinencia de instalar en Guadalajara y anexas un sistema de trenes de levitación magnética como el que ya tienen en algunas ciudades de Japón y China.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 8 de septiembre de 2010).


En Jalisco no surgió un solo insurgente político que haya planteado proyectos o ideas. Lo que hubo fueron guerrilleros e insurrectos rústicos. En general la ciudad era realista, porque los comerciantes no querían perder sus negocios en el puerto de San Blas.

Jaime Olveda Legaspi, doctor en Historia por la UNAM e investigador de El Colegio de Jalisco
(v.pág.6 del suplemento "Bicentenario y Centenario" del periódico El Informador del 15 de septiembre de 2010).


O los tapatíos estamos locos o a las autoridades no les ha caído el veinte de que gobernar no significa inventar proyectos, sino gestionar la energía social para construir una mejor ciudad. No es un tema de colores ni de ideologías: el mismo problema, en dimensiones distintas trae el PAN con la Vía Express y el PRI con el túnel de La Minerva. En los 2 casos parecen más interesados lo gobernantes en hacer una obra que en solucionar un problema y en ambos traen un pésimo ambiente con los ciudadanos.

Y a lo mejor sí, los tapatíos estamos un poco locos, somos raros, especiales y anti todo. Pero ese es un dato que las autoridades, tapatías también, deberían saber de memoria.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 18 de octubre de 2010).


Guadalajara es una típica madrecita mexicana que aún conserva bien delineadas sus curvas y ha decidido no usar sostén y así se las da de liberal y cosmopolita pero sin olvidar ningún domingo de ningún mes acudir bien tempranito a la iglesia con el rebozo ajustado y el escapulario sudoroso entre los senos: es por la tensión que le causa morderse los labios para pasar por recatada y no caer en la tentación de renunciar verdaderamente a su vocación conservadora y sinarquista de jefecita complaciente y aleccionadoramente machista pero con un botón menos en el escote o un tímidamente atrevido tatuaje (digamos) de una flor o una mariposa o dos leones junto a un árbol en el tobillo para parecer europea y liberada del yugo de las centenarias tradiciones coloniales, de la epístola de casamiento sumiso y de la mujer cargada y en el rincón, como las escopetas. Incluso se somete a costosas cirugías con tratamientos atirantados, proyectos de elevaciones magnéticas, levantamiento y endurecimiento de los asfaltos que ya se le hunden por la edad, rehabilitación de las vías alternas. Puede hasta darse el negligente lujo de cerrar las piernas de su acceso principal, la deliciosa glorieta que todos conocemos, para discriminar a quien vive con ella y mejor pasar una noche loca en orgías plenipotenciarias de comensales internacionales que miran absortos la infidelidad rampante con la madrecita abnegada lamiendo desde la punta la larga promoción que ingenuamente piensa que le dará su affaire organizado por propagandistas idiotas, hijos de un matrimonio sin amor que nacieron por condones blanco con azul rotos con los dientes de su población más ultra.

Alejandro Silva
(v.pág.45 del periódico Público del 5 de noviembre de 2010).


Las 3 cuadras que camino hacia ahí, tengo que recorrerlas casi todo el tiempo bajo la banqueta, gracias a que cada vez son más los autos que se estacionan sobre ellas. Como van las cosas, uno de estos días será noticia ver alguna cuadra por aquí sin autos sobre las banquetas. El cruce con la avenida Vallarta me sorprende entre los conductores cada vez más vivos que no sólo se pasan la luz amarilla, que ya la ven como verde, sino también ahora entre los que no esperan a que el semáforo se ponga en verde para arrancar, sino que checan el semáforo del cruce contrario y cuando este se pone en amarillo, están ya metiendo el acelerador, ganando segundos que seguramente ellos sienten les serán recompensados con sabrá Dios qué grandes cosas. Los minutos que uno tiene, como peatón, para "invadir" una vialidad por el sólo hecho de tener que cruzar son cada vez menos y menos; en cambio, los autos se apropian sin ningún llenadero de los espacios que se supone son sólo para peatones.

David Izazaga
(v.pág.10-B del periódico El Informador del 20 de noviembre de 2010).


A diferencia del resto del espacio público, que tiene claramente al Estado como responsable, en la banqueta el ciudadano, el que habita la casa, es el encargado de mantener el espacio público.

La primera función que cumple una banqueta tapatía es el del tránsito de los vehículos hacia en interior de la casa. Es por donde pasa el coche en su camino a pernoctar en la cochera. La rampa para los autos es más importante que el paso de los peatones. Si para que el coche suba bien hay que hacer un desnivel en la banqueta, se hace, pues su majestad el automóvil no tiene porque tener obstáculo alguno.

La segunda gran función de nuestras banquetas es la de soporte de los servicios públicos. Si hay que poner un poste de teléfonos va en la banqueta; si hay que poner botes de basura, van en la banqueta; si hay que poner luminarias para iluminar la calle, no las banquetas, van en las banquetas. Bueno, el colmo es que hasta los anuncios ahora los ponemos en las banquetas. Si sobra espacio para el peatón qué bueno, y si no cabe, pues que se baje a la calle o se cambie de acera.

La tercera función es la de estacionamiento alternativo. Como los coches ya no caben en las calles ahora se autoriza con mucha facilidad hacer estacionamientos en las banquetas. No solo interrumpen como si nada el flujo de los peatones, sino que les dejan, cuando bien les va, el peor lado de la acera, la rampa de acceso al estacionamiento.

Finalmente, la última función de las banquetas tapatías es, ahora sí, la de la circulación no motorizada. Pero como alguien inventó que los peatones, a pesar de tener sólo dos piernas, son 4X4, a nadie le preocupa que la banqueta pase de una casa a otra de piedra laja, a cemento, a ladrillo de cuadritos, a interceramic (ideal para matar cristianos en tiempo de aguas) a piedra bola o a cantera, a elección del habitante en turno.

Si hubiera que definir a los tapatíos por sus banquetas no habría duda: somos unos nacos, irresponsables que cuidamos más a nuestros carros que a nuestros hijos.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 14 de diciembre de 2010).


Ser peatón equivale cada vez más a ser un ciudadano de segunda o de tercera en Jalisco, incluso en las zonas que supuestamente son para peatones, entiéndase en las banquetas y en las líneas amarillas que se pintan sobre la calle para marcarle un límite a los autos y dejar que los peatones crucen.

Los autos ya invaden con cotidiana naturalidad muchas de las banquetas, sin importarles que los peatones deberán desviar su camino y bajar a la calle donde los esperan autos en marcha, por lo que el invadir la banqueta con un auto equivale también a poner en peligro a terceros. Y qué decir de la invasión de la zona "peatonal" en plena calle, al parecer muchos automovilistas no tienen la menor idea de para qué sirven "esas rayitas amarillas" y sin más adelantan su auto para "ganar" más espacio.

Es indignante ver sufrir esto incluso a mamás con varios niños de la mano, a ancianos y a ciudadanos en general, jugándonos la vida y asumiéndonos como una suerte de "casta" inferior para los demás y para las autoridades. Sería genial que se aplicara una campaña con todo y rigurosa multa a todos los automovilistas que invadan las banquetas y zonas peatonales. Y además, habría una muy buena fuente de ingresos con base en estas multas.

Leopoldo Mora
(v.pág.16 "correo" del periódico Público del 17 de diciembre de 2010).


Unidad José Boy Padilla.

Mientras los tapatíos no adquieran una cultura de convivencia, las autoridades de Guadalajara toparán con pared con todo y sus buenas intenciones si no implementan mayor seguridad en el ínter para mantener agradables los espacios públicos, como lo demuestran dos ejemplos de intervenciones en la colonia Santa Cecilia -una de las más conflictivas de la ciudad- el mes pasado. La primera, un campo en donde se adecuó una cancha de fútbol, juegos infantiles y un módulo de salud como parte del plan llamado Intervención por Objetivos; la segunda, la unidad deportiva José Boy Padilla, que a pocas semanas de haber sido remozada se encuentra prácticamente igual que antes, pero pintada de rojo.

(V.pág.10 del periódico Público del 2 de enero de 2011).


En la comarca jalisciense donde abunda la clase que pretende poseer lo público, no se ve tanto ese apego por los libros. Y me atrevo a decir que tampoco por su lectura. Ya ni siquiera son socorridos los clásicos de todo tapatío, como El manual de Carreño para los buenos modales, ni el libro de catecismo del padre Jerónimo Ripalda. A decir verdad, en éste último tengo mis dudas. Me temo que en los hombres de poder de acá, Ripalda sigue "rifando".

Martín Almádez
(v.pág.14-B del periódico El Informador del 10 de enero de 2011).


Los tapatíos conocemos los problemas de Guadalajara mejor que nadie. Somos una sociedad bastante crítica con la ciudad, aunque poco autocríticos como ciudadanos.

Como dice un buen amigo, "los oigo que todo el día se quejan de Guadalajara pero no he visto a ninguno que se vaya". Sin duda es porque este sigue siendo, según los quejumbrosos tapatíos, un buen lugar para vivir.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 12 de enero de 2011).


Se levanta horizontalmente el brazo formando un ángulo recto con el torso y el índice alargado al aire en la esquina de la calle pidiendo la parada y "se la damos, con sumo gusto" dice el chófer con acento aplicando los frenos del transporte público y causando algunos golpes en los labios de los pasajeros con los tubos de los asientos, y comienza el viaje.

Se aborda y enseguida llega el tufo de axilas alarifes y sudores preadolescentes mientras se desembolsan las monedas que recibe el compa sentado en una cubeta vacía entregando a cambio el boletito que invariablemente va a parar, arrugado y hecho bolita, al fondo de los bolsillos, en tanto el chófer, apurado, mienta la madre con el booster de los frenos a los automovilistas perniciosos.

Momento perfecto para admirar con barbilla en mano el interesante ornamento del camión de transporte público, que comienza con los estambres colgados como marco flotante de un espejo que algún decorador surrealista colocó en el cielo raso, espejo que tiene pegada con diurex una estampa de alguna virgen con cara de estoico desamparo junto a una de esas tarjetas de presentación de chicas de la calle con cara de te amparo el estoico, que cobran a dos por 500 el servicio a parejas, mujer a hombre, mujer a mujer; luego hay que seguir por la caja de clínex con cubierta de terciopelo, muy cerca de la ventana del chófer, especie de museógrafo kitsch que ha tenido el genio de instalar cerca de las puertas del camión letreros que igual se utilizan en el estampado de tangas que se venden en tianguis sobre ruedas, tipo: "La bajada es por detrás", o "Las puertas no se abrirán hasta que la unidad esté totalmente parada".

Se busca algún modo de asirse ante el movimiento de casita de los espantos pero el sobrecupo dificulta las maniobras y queda como remedio posicionarse detrás de la nenorra que toma sugestivamente el tubo con ambos puños, o dejar que algún oportunista haga lo propio detrás de nuestras dignidades. Mejor la primera opción, y ya la chica pone cara de desgraciado cerdo atrevido cuando al primer tope se arrima uno como con ánimos de repoblar el planeta pero nada puede hacerse y a la larga -no tan larga joven- se vuelve rico y uno agarra concha, pero al segundo afrenón la cosa se pone dura y a la doncella agraviada no le queda otro remedio que la bofetada certera y la mirada vengadora.

Y uno, adolorido, y feliz, se va sobando la mejilla mientras transita al fondo del camión, donde se reúnen los alegres gañanes que abordan con una Modelo de lata envuelta en bolsa de papel cartón a dar lata a las nenas que sin ser modelos son perfectos receptores de las más delicadas invitaciones al vicio, al estilo

-Tss, tss; hasta luego chula...

Alejandro Silva
(v.pág.45 del periódico Público del 21 de enero de 2011).


Ayuntamiento jalisciense solicita director municipal de Seguridad.

Requerimos:

1. Masculino de 25 a 45 años, con educación máxima de sexto de primaria (los muy léidos y escribidos, no son entrones).
2. Bigotón y de patilla ancha (eso es básico para infundir respeto).
3. De preferencia chaparrito (los grandotes siempre son medio pen...).
4. Sin antecedentes penales. Bueno, no muchos antecedentes penales.
5. Que sea un Rambo experto en manejo de armas, explosivos, lucha a mano limpia, con cuchillo o con navaja de botoncito.
6. Que sea medio prepotente.
7. Y también medio panzón.
8. Con palillo en la boca (obvio).
9. Que sea bien honrado y chambeador, pero que sea muy malo, más malo que los malos.
10. Cinta negra en karate, tae-kwan-do, jiu-jitsu y pilates.
11. Que no le den miedo las balas ni los agujerotes que hacen.
12. Que no tenga familiares (pa'que no los secuestren).
13. Que sea un soñador y se crea la historia de que puede ganar una guerra sin dinero y con armas de la Segunda Guerra Mundial... y poquitas.
14. Que hable enfrente de las cámaras como si leyera un acta del Ministerio Público (susodicho, presunto, occiso, etc.)
15. Que lea las revistas de socialités tapatíos pa'que no vaya a arrestar al hijo de un influyente.
16. Que tampoco se le ocurra apresar a un graffitero, porque eso es ataque a la "cultura urbana".
17. Y que ni piense que puede maltratar o golpear a tianguistas, sindicalistas, manifestantes, estudiantes, sexoservidores o diputados beodos prepotentes.
18. Resistente a "cañonazos" de a millón.
19. Que los malhechores le tengan miedo y sus subordinados, más miedo.
20. Experto en labores de inteligencia, contrainteligencia y contra-contrainteligencia.
21. Con plan de gastos funerarios pagado.
22. Guapo y con personalidad que imponga (eso es básico).
23. ¡Ah!, y que no se frustre si a los malvados que atrapa los dejan libres los jueces (Chihuahua style).

Ofrecemos:

1. El doble del sueldo mínimo, más prestaciones de ley y propinas.
2. Uniforme bien chidísimo, a escoger: o lleno de medallitas en el pecho, (como de dictador de república bananera), o camuflado y con muchas bolsas, (como de soldado gringo en Iraq), o de perdis, paliacate negro pa'la cabeza (como 'El Zorrou').
3. Lentes Ray Ban (piratas, pero dan el gatazo).
4. Botas con estoperoles en punta y tacón (para hacer ruido marcial al caminar).
5. Cinturón con 16 fundas de varios tamaños y formas.
6. Pistolota de uso exclusivo del Ejército (las balas van por su cuenta).
7. Cananas tipo Emiliano Zapata (obviamente sin balas).
8. Pick-up semi nueva con muchos letreritos, micrófono con bocinas (oríllese a la orilla...), sirena de varios sonidos, torreta estroboscópica con espectaculares luces de colores y equipada con llantotas todo terreno (pa' poderse estacionar en las banquetas y brincar camellones).
9. Casita del Infonavit (con hipoteca a 25 años).
10. Quince días de aguinaldo más IVA o sin factura, a escoger.
11. Nombramiento chido (Águila 1, Cóndor 1 ó Pantera 1).
12. Microfonito en su casco (igual que el de los pilotos de Top Gun).
13. "Charola" de identificación (podrá entrar al futbol, cine, y teatro gratis).

Si usted llena los requisitos, favor de enviar su solicitud por quintuplicado al H.Ayuntamiento. Adjunte oferta de posible mochada mensual al C.Presidente Municipal y a la Comisión Edilicia de Seguridad.

Alberto Martínez Vara
(v.pág.6 del periódico Mural del 3 de febrero de 2011).


Hace ya varios meses en esta misma columna se hablaba de Guadalajara como ciudad sitiada. Las bandas delictivas en efecto se apostaban en Lagos de Moreno, en Tequila, en Jilotlán, e incluso se decía que una de ellas tenía su campamento en las inmediaciones de San Cristóbal de la Barranca, observaciones orientadas a la prevención por parte de ciudadanos y autoridades a fin de que dicho sitio no lograra su objetivo. Luego de un año Guadalajara amanece como ciudad tomada.

En el entre tanto ¿Qué sucedió? En realidad, nada tan significativo como para evitar esta incursión de la violencia en cascada, ubicua, sincronizada, expansiva, bien acordada, sin escrúpulos, dispuesta a todo. En esta noble ciudad entonces sitiada, cada quién siguió su propia agenda, la policía correteando malandrines de tercera, el congreso exhibiendo su sainete cotidiano, el poder judicial dedicado a la corrección de estilo, la universidad pública organizando marchas para obtener más dinero, tandas de títeres a lo grande para distraer a la ciudadanía, los medios de comunicación aprovechando la contingencia informática, y funcionarios del más diverso nivel dedicados a proseguir su campaña con miras al 2012, desde luego usando tiempo y recursos que la ciudadanía les paga para que sean lo que deben ser hasta que concluya su mandato. Es muy probable que ahora estas personas estén pensando en serio cómo le van a hacer para continuar con sus proyectos personales sin que los distraiga de ellos este primer embate brutal de la delincuencia. Siempre alguien tiene que echar a perder la fiesta.

Armando González Escoto
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 6 de febrero de 2011).


El silbato del tren en la noche. La súbita irradiación de las primaveras por La Paz. El local de Helados Bing frente a la Fuente Olímpica. Las morelianas en el Agua Azul, cuando se celebraban ahí las Fiestas de Octubre. Los Colomos. Franco. El silencio que va estrechándose por la Calle Zaragoza, desde Reforma y hasta Manuel Acuña. El pasaje a la Luna al cruzar las vías en la Colonia Morelos. El olor a alcanfor en la Antigua Farmacia Jalisciense, por Pedro Moreno. El cielo vertido en la alberca del Club Guadalajara. La Puerta Amarilla. Mayco. Circundar en patines la fuente al centro de la arcada, junto al templo de San Francisco. Los pasadizos que serpentean sobre los ríos de coches en Los Cubos. Un restaurante campestre que había en Obregón y ¿la 60? (existe todavía, parece, pero ya no existe). El cerro detrás de la Barranca. Maxi. Las fuentes del Parque de la Revolución. El olor del café tostándose en la esquina de Santa Mónica e Independencia. Plaza del Sol. El circo en La Normal. El apogeo inesperado de las jacarandas. La birria de pollo del Batán. El cielo vertido en las albercas del Deportivo Morelos. Los paseos a caballo en el camellón de Lázaro Cárdenas. Las torres vecinas a Plaza Patria. Las eles amarillas del Parque González Gallo. Chalita. Las Nueve Esquinas. Más parques: Ciudad de Guatemala, Italia, Walt Disney. Las serenatas en la Plaza de Armas. Las bolsitas de cañas en el Santuario. La altura insuperable del Condominio Guadalajara. Tío Carmelo. El Sanborn's de Tepic (es decir: de Francisco Javier Gamboa y Vallarta). Las nieves de San Antonio. El zoológico de arbustos en la Plaza de la Bandera. Más parques: Liberación (¿un lago?), Alcalde (el invernadero, el reloj floral, las lanchas), el zoológico de concreto en el Parque Morelos (también ahí: un faquir enterrado vivo, que se podía ver por un cristal). El tianguis del Mercado Alcalde. La Calle Parque Juan Diego. La Muñeca. El olor de las especias por Santa Mónica. Cafés que ya no existen, pero de algún modo: Brasilia, Treve, Málaga. El Nuevo París. El Cine Latino (y el Tonallan, y el Colón, y el Gran Vía, y...). La certeza de que el Baratillo es infinito. La vieja central camionera. El Bolerama de Washington. La fuente en Circunvalación y Plan de San Luis. El minigolf en Circunvalación y Prolongación Alcalde. Camarauz. La torre de San Felipe. El trolebús bajo tierra. La certeza de que el Panteón Guadalajara es infinito. Los cines de Plaza México (y el Versalles, y el Cinematógrafo, y el Greta Garbo, y...). Un billar en Javier Mina. Cafés que todavía: San Remo, Madrid, Madoka, el VIP's de la Glorieta Colón. La casa china en Guadalupe Zuno. El templo de Huentitán. El jardín de Analco, el otro jardín de Analco, el de Aranzazú, el del Expiatorio, con la estatua de Cuauhtémoc. La estación del ferrocarril. El Parque Mirador. Las Sombrillas. Un parque con cisnes o patos en la Calzada Independencia. Las rutas de camiones organizadas por colores. Los subterráneos de Juárez y 16 de Septiembre. Etc.

José Israel Carranza
(v.pág.6 de la sección "gente!" del periódico ural del 10 de febrero de 2011).


El catálogo de los abortos monumentales en la historia reciente de Guadalajara es demasiado extenso. Como si se tratara de demostrar que los sociólogos aciertan al decir de los tapatíos que son, en general, mucho mejores para concebir "ideotas" (aumentativo de idea) que para hacerlas realidad, los botones de muestra abundan. Váyale sumando, señor...
  1. El "Museo Guggenheim", en que tanto el gobierno como algunos empresarios "audaces" y "visionarios" invirtieron varios millones de pesos en estudios de factibilidad que, al final de la película, se volvieron humo.
  2. Las presas de Arcediano y Temacapulín, en que asimismo se invirtieron respetables sumas de dinero público, con los resultados que constan en actas: cero absoluto.
  3. El Macrobús como proyecto magno de movilidad urbana para la zona metropolitana de Guadalajara, que no pasó de la Línea 1.
  4. El "Tren Bala" -versión totonaca del AVE que ya une a Madrid con Barcelona y Sevilla- que conectaría a México y Guadalajara.
  5. El complejo urbanístico "Puerta Guadalajara", en Periférico y la Calzada Independencia Norte, a inmediaciones del zoológico.
  6. El núcleo habitacional, vecino al Parque Morelos, que sería Villa Panamericana para los inminentes Juegos, y a continuación sería el impulso que revertiría gradualmente ("según San Lucas") el despoblamiento, la degradación y la ruina del centro de la ciudad.
  7. La "Torrena", al lado de Plaza del Sol.
  8. La Vía Exprés. Etc.
(Suma total, en concreto, de todo lo anterior: cero).

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 2 de marzo de 2011).


La idea generalizada es que Guadalajara es una ciudad predominantemente conservadora y excluyente, y que la Ciudad de México es una zona cosmopolita que acepta todas las formas de ser. Pero los paradigmas van a empezar a cambiar, porque estas ciudades hace rato que lo hicieron.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, presentada por el Conapred, muestra un extraordinario parecido en las actitudes de discriminación que tienen los habitantes del Distrito Federal y los de Guadalajara. Estas 2 ciudades se parecen más entre sí de lo que a algunos les gustaría reconocer. Para empezar, los resultados las ponen en el mismo sitio cuando de maltratar al migrante se trata. Según ellos mismos, es en estas 2 ciudades en donde peor se trata al migrante (¡regrésate a tu país! gritan por ahí).

A las minorías religiosas les va un poco mejor que a los que no están en su nación, pero no hay diferencias grandes en las 2 metrópolis. Con una ligerísima diferencia positiva hacia el Distrito Federal, 3 de cada 10 integrantes de una minoría religiosa se quejan de discriminación, lo que pone a los chilangos y a los tapatíos a media tabla en el pizarrón de los discriminadores. León lidera en intolerancia, pues 5 de cada 10 miembros de una religión no dominante se sienten maltratados, mientras que Querétaro, por otro lado, parece ser la ciudad más tranquila: sólo 1 de cada 10 habla de discriminación religiosa.

Las razones por las que el Distrito Federal y Guadalajara arrojan números parecidos en discriminación no vienen en la encuesta, pero es posible atisbar una respuesta: la intolerancia no es una característica de la derecha o de los grupos conservadores, sino que es, lamentablemente, una tara que poseen muchos mexicanos en todo el espectro ideológico. Es probable que la intolerancia religiosa en el Distrito Federal no se dirija a los mismos grupos que en Guadalajara. Puede haber más rechazo, por ejemplo, a la Luz del Mundo o a los católicos dogmáticos, mientras que en la capital de Jalisco la discriminación quizá se dirige a evangelistas y ateos. La actitud, sin embargo, es la misma: la otredad no se permite, la diferencia es mal vista, los derechos no son para todos y sólo hay una forma correcta de hacer las cosas.

Ahora resulta que no hay nadie más parecido a un chilango que un tapatío de verdad.

Ivabelle Arroyo
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 20 de abril de 2011).


Aquí, es casi imposible mantener una velocidad constante, la que permite el menor consumo [de combustible] posible. Esto lo debemos al exceso de semáforos, a los criminosos topes, a los inevitables baches, pero también a nosotros mismos, que no sabemos conducir como deberíamos. ¿Por qué no lo sabemos? Porque nadie nos enseñó. Casi todos aprendimos a manejar con nuestro padre, hermano, un tío o un amigo.

Por esto es tan difícil la tarea de la Secretaría de Vialidad, por intentar reeducar. Si fuéramos, desde el principio, educados para conducir con propiedad, prudencia, consciencia, todo sería diferente.

Si vamos por la avenida López Mateos a 60 km/h, que es la velocidad máxima permitida en el lugar, veremos como nos rebasan todos. Algunos, visiblemente irritados, nos voltean a ver con cara de que les estamos ofendiendo, o al menos estorbando de manera clara. Ahora con la "foto multa", quisiera pensar que esto se dará sólo hasta que las primeras infracciones lleguen a las casas de los más rápidos al volante.

Sergio Oliveira
(v.pág.4-E del periódico El Informador del 14 de mayo de 2011).


Mocho, según el Diccionario de Mexicanismos, significa "falso devoto, excesivamente religioso". Los tapatíos han cargado sobre sus espaldas, desde tiempo inmemorial, el sambenito de proclives a la mochería. Y no precisamente porque sean modelos de congruencia con los preceptos de la religión mayoritaria -la católica, obviamente-, sino por llevar la religiosidad al fanatismo... y, sobre todo, por incurrir en actitudes farisaicas. (Los fariseos, antiguamente, eran una secta cuyos miembros aparentaban rigor y austeridad, pero en la práctica tendían a la disipación y a los vicios). La mochería, por tanto, es, sin más, sinónimo de hipocresía o fingimiento.

Unos tiempos traen otros, dicen. Así, aun en la hipótesis de que el hecho de nacer o vivir en Guadalajara imprima carácter y condicione la manera de ser de los tapatíos, es indudable que los vientos de la secularización también soplan por estas latitudes.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 14 de junio de 2011).


Una de esas prácticas negativas que se han hecho costumbre, es la asumir que no podemos tener una mejor ciudad. Dar por sentado por ejemplo, que los autos no disminuirán y el poder detrás de esa industria nos llevará seguir construyéndoles puentes y reparándoles las calles, que nuestro transporte público seguirá siendo un desorden por estar en manos de mafias intocables, o que los espacios públicos están destinados al abandono y al graffiti, son algunos de los males que seguramente una gran mayoría quisiéramos superar, pero que ante la costumbre, poco hacemos. Entre esos males también está el de la obra pública. Este rubro que constituye una da las partidas más importante de los gobiernos municipales y estatal, se ha convertido en un obscuro concepto de uso discreto y autoritario, que tiende a ser una fuente de obras de baja calidad y enriquecimiento ilícito. Repartiendo a discreción contratos millonarios, se dejan a la ciudad puras obras apresuradas. Mientras grandes sumas de recursos públicos son almacenados a través de proyectos sin rumbo en mudos archiveros, otros son destinados a la edificación de inmuebles que se sumaran al inventario de malas construcciones con muerte anunciada. Metrópolis como Guadalajara deberían asumir que cada obra pública que se construye debe convertirse en un patrimonio, de esa manera vamos edificando una mejor ciudad, más interesante y más competitiva. Destinar millones de pesos a la construcción de un edificio público, debe ser un acto de la mayor responsabilidad de la autoridad, ya que tiene el triple reto de responder a una necesidad, usar adecuadamente los recursos y ofrecer un producto de calidad, los ciudadanos lo merecen. Si cuesta lo mismo hacer un edificio bueno que uno malo, ¿por qué tenemos que tolerar resultados mediocres con recursos públicos? La calidad de la arquitectura no es un problema de dinero, es un problema de administración de los recursos y de competencia de las autoridades y profesionales involucrados.

Alfredo Hidalgo Rasmussen
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de junio de 2011).


Sobre nuestra ciudad pesa el bien ganado mote de ciudad moralina. Para muchos tapatíos es incluso una cuestión de orgullo e identidad el hecho de ser ésta la Guadalajara en la que prevalece uno de los más intensos arraigos de tradiciones sustentadas en valores morales que aunque en fechas recientes han cambiado en forma, no necesariamente lo han hecho en fondo.

Promueve el respeto entre ciudadanos y las más civilizadas normas de convivencia urbana. No se puede juzgar diferente a las exitosas "multas de la vergüenza" o "wiki-multas" que en el contexto del próximo congreso internacional "Hacia ciudades libres de autos" se reparten para que el ciudadano de a pie pueda multar simbólicamente, es decir "moralmente", al auto mal estacionado que bloquea rampas para discapacitados, pasos cebra o áreas peatonales. Estas multas golpean directamente al ego moralino de quien las recibe más allá de lo que indique la ley o de la falta de capacidad de la autoridad para hacerla valer.

Lo mismo aplica en la exigencia ciudadana para la cancelación de la Vía Exprés, que habría dividido comunidades e implantado un modelo de ciudad pro-automóvil favoreciendo la dispersión urbana y creando más problemas que soluciones o para la cada vez más urgente salida del auditor Godoy Pelayo, que ha colocado a nuestros supuestos representantes en el congreso entre la espada y la pared, vamos, entre los intereses de sus respectivos grupos y su propia condición moral. Ambas causas han sido promovidas por grupos de ciudadanos organizados de los más diversos orígenes ideológicos, unidos por un argumento profundamente moral.

Felipe Reyes
(v.pág.46 del periódico Milenio Jalisco del 8 de julio de 2011).


Creemos que la ciudad va de mal en peor. Las mujeres son aún más pesimistas, pero son pocos a los que les entra la idea de irse de aquí. A 6 de cada 10 ni les pasa por la cabeza eso de cambiar de ciudad y creen fervientemente que Guadalajara está mejor que el resto de las ciudades del país. 8 de cada 10 están orgullosos de los Juegos Panamericanos, dicen que Guadalajara es una ciudad en la que se puede ser feliz y, más aún, dicen ser felices o muy felices aquí. Y eso que vamos mal.

7 de cada 10 consideran que su situación económica está igual o peor que el año pasado, pero la mitad de los tapatíos está convencida que el próximo año será mejor. 7 de cada 10 se dicen satisfechos con su ingreso y 6 de cada 10 viven con temor de perder su trabajo. 7 de cada 10 dicen que con lo que ganan les alcanza para vivir o, incluso, a pocos (15%) para ahorrar. 3 de cada 4 tapatíos tienen casa propia o la están pagando, son o fueron sujetos de crédito; sin embargo, tenemos una percepción de una sociedad muy desigual. Somos la ciudad con más autos per cápita, pero según la encuesta queremos, ya, inversión en transporte público. Nos quejamos de los servicios públicos, no estamos satisfechos con el servicio de agua, pero estamos conscientes que la única forma de cuidarla es con multas y aumento en las tarifas.

Estos son, entre otros muchos, algunos datos de la primera encuesta sobre calidad de vida que presentó el observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos.

Los tapatíos somos, de acuerdo con este espejo, contradictorios y paradójicos. Felices y optimistas, pero exigentes y críticos. No estamos conformes con el rumbo de la ciudad, pero para efectos prácticos es nuestro Duvalín: no la cambiamos por nada.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 12 de julio de 2011).


Esa lluvia y los estragos que ésta nos provoca. Aunque se sabe que en Guadalajara cada año en esta temporada siempre se caen los árboles y se inundan las calles dejando destrozos, no deja de asombrar y acaparar las noticias. Como si nunca se hubiera visto algo parecido aquí.

El tema de las inundaciones que siempre sufre nuestra metrópoli es recurrente cada año. La noticia sólo tiene vigencia mientras duran las molestias; una vez pasadas éstas, se van al olvido anual. Mientras tanto, en la sequía continuamos provocando las mismas causas que en la siguiente temporada contribuirán a más inundaciones. Tomando prestado de Sor Juan Inés de la Cruz podríamos decir: Hombres necios que acusáis a la Naturaleza sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que la culpáis.

Curiosa relación que en esta ciudad tenemos con el agua: a veces nos falta, otras nos sobra. Nosotros mismos inducimos los daños que causan sus torrentes y nos lamentamos ingenuamente de éstos. Construimos justo donde luego se agrieta el suelo y donde el agua socavará derrumbando nuestras casas. La distribuimos con grandes ineficiencias y la descuidamos como si no nos costara. Al agua limpia le echamos la sucia, convirtiéndola toda insalubre. Siempre responsabilizamos a otros por nuestras desgracias; en el mal de muchos, uno se consuela con no ser el culpable.

El tema del agua siempre nos aviva quejas, ilusiones, ambiciones y pleitos públicos sobre la importancia de posibles escenarios futuros. Según el tema de moda, las discusiones abarcan desde drenajes, presas, tuberías ineficientes, colectores, bajos precios, altos costos, usos, obras y créditos.

¿Cómo no se van a inundar nuestras calles, si los antiguos arroyos fueron rellenados y pavimentados para poder fraccionar y vender lotes y terrenos? ¿Y cómo no se va a inundar lo construido sobre sus lechos? Algunas calles hasta llevan cínicamente los nombres originales de esos arroyos.

¿Y cómo no se van a caer los árboles, si no se les da espacio suficiente para enraizarse bien y se les mutila las ramas (provocándoles podredumbre) para que no se enreden entre los cables eléctricos, bajo los cuales los plantaron a sabiendas de que crecen para arriba y a los lados?

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis, A.C.
(v.pág.8-B del periódico El Informador del 12 de julio de 2011).


Por la suma de mi indiferencia y mis antipatías, veo que debo contarme entre la minoría de tapatíos que se sienten poco o nada orgullosos del Chicharito, de la miss y de los juegos cebitos, tapatíos también los 3, razón por la cual se preguntó acerca de ellos en la Encuesta de Percepción Ciudadana de Calidad de Vida, levantada por el Observatorio Ciudadano de Calidad de Vida y cuyos resultados se dieron a conocer el lunes pasado. A la pregunta de qué tan orgulloso se siente uno de vivir en Guadalajara, el 77% respondió "muy" o "algo", y de nuevo: yo me acomodaría en la franja de los que contestarían que nada -e incluso, de existir, marcaría la casilla que dijera: "Más bien me da penita".

Abundan los datos sorprendentes en esta encuesta, y las ocasiones para la perplejidad más inesperada. "¿Cree que esta ciudad es propicia para que usted sea feliz?". ¡El 81% respondió que sí cree! Pero más adelante encontramos que, entre quienes se sienten "algo" y "muy" inseguros en la ciudad, suman un 45%; 21% de los encuestados fueron víctimas de algún delito en el último año, y 56 de cada 100 juzgan como "grave" la violencia callejera en la colonia donde viven. ¿De dónde aquel optimismo, entonces? Los tapatíos no nomás percibimos que las autoridades hacen poco o nada por resolver problemas como la inseguridad y el narcotráfico, el desempleo, la pobreza y la desigualdad social y la corrupción y la ineficiencia del gobierno, sino que además nos tenemos mucha desconfianza entre todos: el 64% recela de los transeúntes con los que comparte la calle, y el 71% de los "jóvenes reunidos".

Por lo que respecta al rubro de "Cultura y recreación", las cifras son poco dignas de ningún orgullo: lo que más se nos da es ver la tele, y no hacemos mucho más (ir a museos, al teatro, a conciertos) por falta de tiempo, principalmente.

Con todo, entre quienes se dicen "algo" y "muy" felices, suman un pasmoso 90%. Pero más de la mitad aprecia que, en general, Guadalajara va "por mal camino". ¿Entonces? Pues que así somos, una sociedad esquizofrénica: mientras no nos falten motivos para esa cosa absolutamente inservible que es el orgullo tapatío...

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 14 de julio de 2011).


Hoy como todos los días me dirigí al trabajo, de casa al trabajo hago un aproximado de 15 minutos cuando hay tráfico "normal". Estos días hice aproximadamente una hora y no es tanto por la cantidad de vehículos, sino es por la falta de educación vial que tenemos. Me encontré en el camino gente de todo tipo, unos se te "meten" y ni la lengua saca. Es bien sabido que no usamos las direccionales casi para nada, de hecho debe de haber gente que no sabe ni usarlas, si las usáramos menos accidentes habría.

Otros automovilistas se pasan los altos, otros bloquean los cruces de calles, porque hay mucho tráfico y no alcanzaron a cruzar. No hablemos de la calidad de los choferes del transporte público, hasta algunos peatones se cruzan en verde. No falta quien se frena para tomar el periódico de edición gratuita, es decir, te encuentras todo tipo de quebrantos hacia las reglas básicas de vialidad, aunado al tedioso el flujo vehicular.

Diego Bustos Morfín
(v.pág.20 "Los correos del público" del periódico Milenio Jalisco del 15 de julio de 2011).


La sociedad de Jalisco tiene una estructura muy distinta a la del promedio nacional. Es una sociedad "rica" y pobre al mismo tiempo. Rica en potencialidad y pobre por su falta de enfoque. Un estudio publicado en días recientes por la firma de estudios de opinión de Roy Campos muestra que Jalisco tiene 10% de familias que se clasifican en el socioeconómico más alto, sólo por debajo del Distrito Federal que tiene 12% y muy por encima de Nuevo León que tiene 7%. Pero además tiene también el tercer segmento más grande de clase media por detrás de Baja California, y el Distrito Federal.

Jalisco es una sociedad emergente, formada por familias que aspiran a ascender siguiendo el modelo de éxito de esa capa de 10% que se hace presente con sus autos, hábitos de compra y forma de vida cada vez más cercana a los modelos del sur de los Estados Unidos. La explicación a este hecho está en la composición del tejido social formado por una amplia cantidad de inmigrantes de las regiones cercanas y paradójicamente por la también extensa expulsión de migrantes hacia nuestro vecino del norte.

Llegaron aquí las clases medias emergentes a prepararse provenientes de la costa del Pacífico y se fueron los más necesitados de las regiones rurales. Con los años se concentró riqueza proveniente de las regiones cercanas y se incrementó el monto de las remesas. El resultado fue la composición de esta clase media capaz de consumir más de 45,000 viviendas por año y adquirir casi 200 autos nuevos cada día en la entidad.

Viene al caso la reflexión de estos aspectos materiales para contrastarlos con los aspectos culturales. Sin duda los tradicionales valores familiares, religiosos y de convivencia que imperaron en de la sociedad de la primera mitad del siglo XX, ahora se han mezclado con la enorme pluralidad que supone el acceso a la información y el conocimiento. Como a la enorme variedad de opciones para formarse, consumir y viajar real o virtualmente.

Jalisco está integrado por una sociedad conservadora en su forma de verse a sí misma, pero liberal en su comportamiento económico y su aproximación al conocimiento. También es tierra de injustos contrastes por la concentración de poder y riqueza en la zona metropolitana de Guadalajara y la miseria de municipios de entre los más pobres de México, como Mezquitic y la lacerante realidad de más de 400,000 personas en pobreza extrema en la entidad.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de julio de 2011).


Hay cosas que de tan feas adquieren personalidad. La Minerva es una de ellas. Pocos monumentos son tan poco agraciados como la famosa mole de la glorieta, y vaya que tiene competencia.

La Madre Patria de Avenida México y Pedro Buzeta es de sacarle un susto al miedo. Está inspirada en la famosa patria del mural de Camarena (la de los libros de texto) y ésta es todavía más imponente. Paradojas del destino, a 10 cuadras hay otro monumento igualmente horroroso y del mismo personaje: "la mona". A mí me costó muchos años entender que esa monja de piedra (que siempre imaginé bigotona, aunque no lo pueda probar porque nunca la he visto de frente) adusta, seca y con cuerpo de pepino era la misma homenajeada que la del otro lado de Chapultepec. Dos visiones distintas de una misma madre en una patria esquizofrénica.

El Monumento a la Madre en la Plaza 10 de mayo, sobre la Calzada Independencia, es quizá la más fea de todas la esculturas urbanas.

La lista podría seguir, pero todo esto era sólo para decir que, en eso de la fealdad, La Minerva no está sola.

Originalmente, en el lugar de La Minerva, entonces el cruce de la carretera a Tequila con la incipiente Avenida Ingenieros, se pensó colocar una escultura de San Miguel Arcángel, uno de los 3 patronos de Guadalajara junto con Santo Santiago y la Virgen de Guadalupe (aunque hay que dejar claro que podrá haber 3 patronos pero sólo una es la que manda: la Virgen de Zapopan). El entonces gobernador, entendedor del laicismo, decidió mejor buscar una figura mítica y escogió por puro gusto a Minerva, o lo que es lo mismo, Atenea la diosa griega. La escultura la hizo el hidrocálido Pedro Medina con una modelo zacatecana, pero le salió tan fea que el rumor de la época es que se trataba de un político inmortalizado en esa figura femenina (cada quien le veía parecido con el político que le caía más mal).

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 10 de agosto de 2011).


Cuando los turistas panamericanos se hayan ido, volveremos al cochinero en que los tapatíos -por nacimiento o por adopción-, por desgracia, ya nos acostumbramos a vivir.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 10 de agosto de 2011).


Cuando uno entra a Guadalajara por el aeropuerto lo que más se ve son anuncios de table dance y religiosos, lo que muestra con una nitidez involuntaria la doble moral de la sociedad tapatía.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 15 de agosto de 2011).


En esta ciudad el transporte colectivo, además de ser insuficiente y de operar en condiciones denigrantes para sus usuarios, es criminal, y sus conductores enfurecidos ven sólo obstáculos que pueden suprimir en los vehículos, los ciclistas y los peatones que osen atravesárseles; evidentemente, son incontable mayoría los automovilistas y los motociclistas que hacen lo que les viene en gana: la señora estúpida que maneja con el bebé en las piernas, el cretino pasmoso que se atranca en la avenida, el otro que se cierra y bufa nomás para llegar más rápido al semáforo, las ráfagas de idiotas sin casco que hacen retumbar sus máquinas. Evidentemente, también hay peatones y ciclistas muy brutos, que terminan volando por los aires cuando no se fijaron por dónde iban (o quizás sí se fijaron, pero les dio igual). Evidentemente, la autoridad es inepta y corrupta, cuando no inexistente e inservible. Evidentemente, nada de esto debería ser así.

La realidad visible de la movilidad en una ciudad como ésta es la animadversión generalizada que nos tenemos entre todos cuando andamos en la calle: la consigna es "Yo voy primero".

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 8 de septiembre de 2011).


¡Qué experiencia tan más hermosa la ceremonia de inauguración de los 16 Juegos Panamericanos Guadalajara 2011.

¡Qué éxito para Jalisco! ¡Qué bendición para México! ¡Qué maravilla para el deporte!

Eso era exactamente lo que necesitábamos, que alguien viniera y nos demostrara con hechos que lo podemos hacer bien, que somos grandes, que tenemos cultura, que tenemos talento, que tenemos deporte, que tenemos estrellas, que tenemos clase, que tenemos futuro.

Fue hermoso. Aquí todavía pasan cosas hermosas. Y lo tenemos que decir, y lo tenemos que reconocer, lo tenemos que celebrar y, sobre todo, lo tenemos que reflexionar.

¿Qué fue lo que pasó aquí? ¿Por qué tanta emoción? ¿Por qué tanta alabanza?

Por desesperación. Miles de personas estábamos tan hartas de nuestra pavorosa realidad que necesitábamos una fuga, encontrar algo bonito, experimentar, aunque fuera sólo por un rato, algo parecido a la felicidad, a la dignidad y al orgullo.

Y la noche del viernes 14 de octubre fue como un regalo del destino, un milagro, una válvula de escape.

Además, digámoslo con todas sus letras, nadie se lo esperaba.

Después de experiencias tan patéticas como las fiestas del Bicentenario, de balaceras como la que todos vimos por televisión en el estadio de Torreón.

De todo lo que se dijo de las obras que se estaban construyendo en Jalisco y del paso del huracán Jova, aquello pintaba para ser la desgracia más grande del siglo XXI.

No sé usted, pero yo, entre que me daba flojera, entre que no esperaba nada y entre que me puse a grabar todo lo que pude pensando que iba a haber bombazos, quemados y heridos.

Pero no, el comité organizador, las autoridades y el pueblo de Jalisco sacaron la casta y nos dejaron a todos con la boca abierta. Fue precioso.

Nunca en la historia de los Juegos Panamericanos se había visto una ceremonia inaugural tan emotiva, tan completa ni tan espectacular. ¡Nunca!

Es más, no nos hagamos tontos, hasta antes del viernes pasado, por lo mismo, a muchas personas no les importaban ni los juegos, ni las fiestas, ni los Panamericanos, ni Guadalajara ni nada.

Y estoy convencido de que esto fue parte del éxito de la ceremonia de inauguración.

Como esto se hizo lejos de la complicadísima y atoradísima capital del país y como casi nadie alcanzó a dimensionar la importancia económica, política y social de este evento, fueron pocas, muy pocas, las instancias que se metieron.

Los partidos políticos no ensuciaron, los intereses de los empresarios no distorsionaron y las televisoras no nos atascaron de mujeres encueradas, de comediantes de mala muerte ni de su tradicional basura audiovisual.

¿Resultado? Los Juegos Panamericanos entraron limpios, fueron una verdadera oportunidad para crear, fueron como tendrían que ser muchas otras cosas en este bendito país.

Por si esto no fuera suficiente para festejar, como los Panamericanos son un evento joven, las personas que diseñaron el show del viernes no tuvieron las presiones que normalmente se tienen en un mundial de futbol o en unos Juegos Olímpicos.

Guadalajara no tenía la obligación, por ejemplo, de gastar más o menos dinero que el que se gastó en Sudáfrica 2010, el comité organizador no tenía el compromiso moral de superar una ceremonia inaugural como la de Beijig 2008.

Y los ejecutivos que diseñaron el evento no se tuvieron que romper la cabeza imaginando, entre otras cosas, nuevas formas para encender el fuego panamericano.

Se dieron el lujo de innovar, de proponer, de hacer bien su trabajo. ¡Qué maravilla!

Tenemos mucho qué aprender de lo que sucedió la noche del 14 de octubre en Guadalajara.

¿Cuántas cosas buenas no se podrían hacer en este país si los políticos, los empresarios y los medios no metieran tanto su cuchara?

¿Cuántas cosas buenas no podríamos disfrutar si por un momento nos alejáramos de presiones e intereses?

¡De todo lo que nos estamos perdiendo, caray!

Gracias, Guadalajara, por este regalo. Gracias por la esperanza, por el espectáculo, por la reflexión. ¡Gracias!

Álvaro Cueva
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 16 de octubre de 2011).


¿Por qué se ve a tantas mujeres guapas solas en Guadalajara? Muy sencillo, ¡hay pocos hombres!, me explicó, tomándome la mano y señalando mis dedos cada vez que decía un número.

-De cada 10 hombres solteros tapatíos, la estadística es la siguiente: 2 ya tienen novia; 3 se fueron pa'l otro lado; 2 son solterones empedernidos con mamitis; y 2 son gays. Entonces sólo te queda 1, y ése normalmente es un megaidiota que se siente galán, debido a que tiene 10 chavas rogándole todo el tiempo sin importar si es feo, viejo, pobre o miopen... Y por eso de repente ves a un tipo insignificante y vulgar, que trae colgada de su brazo a un cuero de niña. Simplemente porque no tiene competencia.

Alberto Martínez Vara
(v.pág.6 del periódico Mural del 20 de octubre de 2011).


A cualquiera que ponga un poco de atención al ir por calles tapatías tendría que quedarle claro cómo la experiencia de lo cotidiano desmiente la publicidad fraguada sobre unas cuantas nociones de folclor: aunque haya quien sí, no todo mundo va cantando con una botella de tequila en la mano (ni todos adoramos a Maná, o a Vicente Fernández, o al Chicharito, o a cualquier otro emblema de tapatiez). Pero tal vez no sabemos de otra, y es que seguramente otras tradiciones y famitas con las que se podría identificarnos son más impresentables -la de quejarse por todo (como porque Chente siga pujando rancheras, por ejemplo), y sin hacer gran cosa por impedirlo; o la de operar según el «orgullo» injustificable de haber nacido o vivir aquí.

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 20 de octubre de 2011).


No soy nueva en esta ciudad, he estado en contacto con ella desde que nací. Y aunque a veces de lejos, siempre que vuelvo a Guadalajara me enamora. ¿Por qué? Exactamente no lo sé. Sin embargo, no me ciego y percibo como cualquiera detallitos que a la larga disgustan más de lo normal, como basura en las calles, la contaminación, el tráfico, la inseguridad, lo caro de la vida...

Una mañana cualquiera salí temprano de casa para dirigirme al trabajo. Como siempre, acostumbro saludar y no faltó quien frunciera el ceño o callara en vez de contestar. Tomé un primer camión urbano (porque necesito trasladarme en 2), pagué mi boleto al chofer y con la novedad de que la mayoría de los asientos estaban ocupados por hombres. ¿Y las mujeres? Había muchas de edades variadas y todas de pie. Ninguna alcanzamos ni por cortesía un lugar. Tomé el segundo y entonces sí. Pero a mi lado viajaba un joven que gustaba de compartir su música con los demás a muy alto volumen. Llegué a mi destino y crucé una avenida principal, despreocupada desde luego, porque el semáforo en rojo señaló mi turno, a pesar de ello, un automovilista me recordó en tono altisonante que el peatón no va primero. La tarde fue lluviosa y las calles se volvieron ríos. Esperé mi turno para cruzar, mientras me dije a mí misma: "Qué suerte la mía no haberme mijado", y justo en ese momento... "¡ras!". Una ola de agua sucia originada por la fuerte velocidad de un auto llega hacia mí...

Los veo casi a diario y me asombra bastante cómo rápidamente se expande esa falta de buenas costumbres como la cortesía y el respeto hacia los demás. Entiendo perfectamente que estos tiempos propician una vida más acelerada y modernizada pero no por ello debe volverse egoísta ni desconsiderada. Soy fiel a los principios de equidad de género y creo también que la caballerosidad en nada se relaciona con el machismo.

(V.pág.48 del suplemento "Ocio" del periódico Milenio Jalisco del 21 de octubre de 2009).


Guadalajara, Jalisco. Cuando por meses se habló de la incapacidad de esta ciudad para organizar los decimosextos Juegos Panamericanos, parecía que esto iba a ser un fracaso continental.

Sólo se sabía de problemas y conflictos.

Para la Villa Olímpica se compraron 2 manzanas del centro, se derrumbaron las construcciones, y ahí quedaron, en el corazón de esta Perla de Occidente, 2 terrenos baldíos y abandonados. La Villa se tuvo que construir en otra zona.

El estadio de atletismo se cambió 3 veces de lugar mientras afloraba la crisis PAN-PRI entre el gobernador Emilio González y el alcalde Aristóteles Sandoval, que hizo a los juegos rehén de la pugna partidista, como si lo que estuviera en riesgo no fuera el prestigio de Guadalajara y los tapatíos.

Pasaron los años sin conocer bien a bien cómo iba la organización, silenciosa, de los juegos, lo que estalló con la deslumbrante inauguración. Nunca en unos juegos continentales, nunca en un evento en México, ni siquiera en las fiestas del Bicentenario, habíamos visto un espectáculo de esa magnitud y de esa calidad.

Luego fui testigo de 3 vertientes admirables: la organización perfecta de los juegos, los escenarios de los eventos deportivos y el agregado humano, excepcional, de los anfitriones.

Joaquín López-Dóriga V.
(v.pág.2 del periódico Milenio Jalisco del 28 de octubre de 2009).


Mucho ha cambiado la Perla Tapatía desde mis mozos años pero sólo ella, tan enhiesta y majestuosa, sigue ahí, mirando hacia el horizonte, erguida sobre la inmundicia urbana que la rodea, deslumbrada por el sol poniente o cobijada por la obscuridad nocturna, sirviendo de anfitriona para los más disímbolos propósitos y ocurrencias de los ediles en turno. Y yo la sigo queriendo como la primera vez que la vi y me impresionaron sus ojos sin pupilas; como las sucesivas ocasiones en que, divisando a lo lejos su figura, me anunció que había yo llegado a casa, después de pasar algunos días fuera de la leal ciudad custodiada por la justicia, sabiduría y fortaleza que ella encarna, con su lanza al aire y un escudo que le flanquea la mitad de sus 20 metros de estatura.

Decían (y siguen diciendo) que está bien fea, que el escultor Arias reprodujo en ella su propio rostro, que tiene una pierna más larga que otra, que está desproporcionadamente cabezona, que sus manotas no son femeninas... pero con todo y su pétrea malhechura, y para decirlo en tapatío, la quiero "bien mucho", por todo los recuerdos amables de infancia y juventud que me recrea cada vez que la veo.

Paty Blue
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 13 de noviembre de 2011).


En Guadalajara -reza la frase, y ya el tiempo se encargará de decir si queda para los bronces o pasa a ser, como tantas, intrascendente versión de "lo que el viento se llevó"- llegan más autos que bebés.

La legítima maternidad de la frase corresponde a Rocío Corona Nakamura, diputada local, crítica sistemática de los vicios que parecen haberse arraigado en el Congreso del Estado. La soltó al anunciar que esta misma semana presentará a los dizque "representantes populares" una iniciativa para crear el Instituto de Movilidad Sustentable: una entidad que -se infiere- establecería los criterios orientados a revertir la cada día más caótica situación que en materia de movilidad se vive -mejor dicho: se sufre- en la zona metropolitana de Guadalajara, sin ir más lejos.

(A reserva de corroborarlo, en Guadalajara, a despecho de los programas -oficiales o clandestinos- de control de la natalidad, paternidad responsable o como se prefiera denominarlos, se registra un promedio de 222 nacimientos diarios... y se incorporan a la circulación, en el mismo lapso, 380 automóviles).

Con todo y el riesgo de que el propuesto Instituto se sume a la extensa lista de los abortos legislativos, o, peor aún, de que prospere, sí, pero degenere en una más de las instancias burocráticas que sólo sirven para repartir entre un número creciente de zánganos el casi inagotable dinero del Presupuesto, hay, también, la esperanza -remota, si se quiere, pero esperanza al fin- de que su creación sirva para frenar la vertiginosa marcha hacia el caos, y se posponga, al menos, el día en que en que el afortunado propietario del "automóvil un millón" (o el número que se decida) descubra, con pavor, que ya no hay, en las supuestas vialidades de ésta que llegó a ser ciudad idílica, espacio para él.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 23 de noviembre de 2011).


Con un trabajo ensayístico ameno, fluido y rebosante de realidades innegables el crítico cultural Juan José Doñán publica su nuevo libro intitulado Ai pinchemente, con el cual traza los rasgos más significativos que definen al tapatío.

El título, explica el autor, es una frase que -dicha por un popular jugador de futbol local: José Villegas "el Jamaicón"- resume toda "una forma sincera de ser modestamente ególatra".

Juan José Doñán escudriña sobre la conducta social del nacido en Guadalajara, con atención en sus actos de orgullo y fama involuntaria que lo desmarcan del perfil nacional.

Con un lenguaje directo, apoyado en anécdotas las que son referidas con cierta escrupulosidad documental, el autor, originario de Tizapán el Alto, Jalisco, dibuja con fluidez y sana distancia, las vicisitudes y cualidades que enmarcan una "teoría del tapatío".

"El tapatío no es tanto lo que parece ser ni tampoco lo que cree ser, sino lo que oculta en cada uno de los dobleces de su también oblicua, ladina, alfilesca, sesgada, diagonalista, asimétrica, paradójica, dispareja, contradictoria, pinche... personalidad. Este libro trata de varios de esos pliegues y dobleces, semejantes a los de un pañuelo facial económico; de algunas de las facetas más características de los hijos e hijas de la Guadalajara mexicana".

Y así es como nos adentramos en la lectura que desvela el porqué se identifica como tapatíos a los que habitan esta ciudad; se describe con puntualidad las máscaras más caras del tapatío como son la buena crianza y la extrema modestia: "el tapatío es muy afecto a "tirarse al suelo" para que otros lo levanten, hablando de los méritos y aptitudes que el dueño de éstos calla o niega intencional y también calculadamente".

El amor a la patria chica queda expuesto en esa frase común y dicha con orgullo por viejos y jóvenes, generaciones anteriores y actuales que dice: vivir fuera de Guadalajara es vivir en el error y que por estos días, retoma en su "face" un diputado federal, agradecido del confort que le brinda la Guadalajara que tanto ama.

Los grandes personajes, las acciones más simbólicas, las famas que distorsionan la realidad o la reafirman, las anécdotas "agradecibles" por inéditas, que en conjunto configuran a una Guadalajara como esencia de México son abordadas desde una perspectiva que si bien informa y renueva la percepción sobre las distinciones del tapatío, también las cuestiona y las envuelve de una duda necesaria para reflexionar sobre la verdadera y actual conducta del que vive Guadalajara.

Martín Almádez
(v.pág.7-B del periódico El Informador del 4 de enero de 2012).


Como niño tapatío, lo que me tocaba era creer en el Niño Dios. O mejor: en el Niñito Dios, que era como había que referirse a Él, particularmente en lo tocante a Su singular papel como cumpleañero que hace regalos en lugar de recibirlos. Pero esa creencia implicaba graves dificultades de índole práctica, tanto así que resulta asombroso que la aceptara tan dócilmente -o tan convenencieramente: después de todo, podía prescindir de explicaciones siempre que no terminara prescindiendo de lo que hubiera pedido-: siendo un bebé recién nacido, ¿cómo podía el Niñito Dios arreglárselas para cargar y repartir bultos? Bueno, pues era Dios, y supongo que me bastaba con acomodar ahí algún barrunto acerca de Su omnipotencia para conformarme... porque, encima, no nomás era a mí que me traía juguetes: también habría millones de niños en el mundo esperando, y el reparto tenía que ser puntual y preciso: ¿y si no alcanzaba? ¿Y cómo hacía para saber qué era lo que anhelábamos todos esos millones? ¿Y dónde Se surtía? Por si esta angustia no fuera suficiente, mi papá la aderezaba conforme se acercaba el 24 de diciembre: interrumpía su lectura del periódico para informarme con toda seriedad: «¡Al Niñito Dios lo metieron a la cárcel! Lo agarraron en la frontera porque venía con mucha fayuca. Yo creo que este año no va a llegar».

De ahí que, alguna vez, yo tratara de componer las cosas imaginando que Santa Clos estaba a las órdenes del Niñito Dios y que se encargaba de la logística. Pero lo cierto es que el barrigón siempre me pareció sospechoso: me resultaban antipáticas sus carcajadas infundadas, hallaba odioso el restallido de su látigo, me parecía que nomás servía para anunciar Coca-Cola. En todo caso, habría preferido que me correspondiera esperar a los Reyes Magos -aunque tardaran tanto en llegar. Eran inobjetables: ricos y poderosos, con los cargadores que hiciera falta, con medios de transporte, y además sabios y por si fuera poco magos: ¿qué no iban a poder? Lo malo es que en Guadalajara no se los tenía en cuenta, y la única vez que me animé a pedirles algo fue, tímidamente, un diccionario (que me trajeron, en efecto: Mi Primer Diccionario, de la editorial Novaro: todavía lo tengo como un emblema de la perplejidad: ¿por qué les pedí eso?).

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 5 de enero de 2012).


Puede decirse que hasta fines de los años 60s del siglo pasado, si algo caracterizaba a Jalisco era el indiscutible liderazgo que en múltiples aspectos tenía en el concierto nacional. Su aportación en el campo de las letras y de las artes, antaño y hogaño, siempre ha sido determinante. De esa época data la frase que pronunciara el presidente Adolfo López Mateos, cuando inauguró la Biblioteca Pública del Estado y que está grabada en la parte trasera de ese edificio, que dice: "Creo interpretar el sentir nacional cuando declaro que México debe mucho de lo que ha sido su cultura a los hombres nacidos y formados en esta hermosa ciudad".

Si bien Jalisco sigue destacando en las letras, las artes (y ahora en el deporte) en otros aspectos o áreas de actividad ha venido a menos, siendo en múltiples indicadores un estado de media tabla, colocado en un sitio que no le corresponde y del que no acierta cómo salir. Para ilustrar un poco lo anterior, baste tan sólo lo siguiente:

En competitividad, desde hace 10 años nos ubicamos entre el lugar 14 al 17; en Índice de Desarrollo Humano, entre 2000 y 2008 Jalisco ha pasado del lugar número 14 al 13; en porcentaje de incremento al empleo en 2011 Jalisco se ubicó en el lugar número 20, con 5.01%; en inversión extranjera directa estamos en el sexto lugar al captar 2.9% del total que recibe nuestro país, cuando el DF se lleva 56% y Nuevo León 11%.

Ciertamente, nuestro estado tiene un indiscutible liderazgo o destacado papel en producción de huevo y leche; y es el segundo productor de alimentos para animales, azúcar, y de carne en canal de pollo res y porcino en el país.

Sin embargo, los datos anteriores y el hecho de que de los 300 líderes que en 2011 identificó la revista Líderes Mexicanos sólo 14 sean oriundos de Jalisco y tan sólo 9 vivan en nuestro estado, nos debe llevar a preguntarnos a qué se debe eso.

Puede afirmarse que los principales factores que tratan de sumir o mantener a Jalisco en la mediocridad son los mismos que nos dan identidad:

  1. La "cultura del cangrejo" que cuando alguien destaca o va subiendo, los demás lo jalan hacia abajo para que todos se queden igual;
  2. la desunión o división que desde principios de los setentas ha caracterizado a los jaliscienses y que ha provocado que nunca en nada se puedan poner de acuerdo;
  3. el parroquialismo político con sus múltiples lidercillos que reclaman autarquía en sus espacios de poder;
  4. la débil cultura de la disciplina y lealtad institucional que prevalece entre la clase política del estado y que ha traído como consecuencia el grupismo y el faccionalismo en los partidos y en los gobiernos;
  5. el desinterés de nuestro estado para invertir en educación y cultura;
  6. el centralismo que ha provocado lacerantes asimetrías entre municipios y regiones de nuestro estado.
Pese a lo anterior, si en algo destaca Jalisco es por su gente y no por los apoyos gubernamentales.

Javier Hurtado
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 7 de enero de 2012).


Los cuatro mitos del tapatiísmo:

(V.pág.12-B del periódico El Informador del 13 de febrero de 2012).


En el presente, Guadalajara es un monstruo con un espíritu -ethos, diría Max Weber- de ciudad que mantiene su ambiente pueblerino. Es recatada y gracias a la Calzada Independencia, y a sus múltiples fronteras psíquicas, mantiene hasta el presente su doble moral: decente al poniente y viciada al oriente, buena de día y perversa de noche. Este aire pueblerino le permite continuar siendo amble y mantener las formas básicas de cortesía. Pero sobre todo sigue siendo muy mocha y persignada. Pero también es Guanatos: la ciudad caótica. Desparramada. Sin proyección. Ruidosa. Tumultuosa y con harto tráfico. Pero sobre todo, como me lo hizo ver un amigo extranjero, es en todos sentidos una ciudad a medio terminar. De ello hablan sus intentos de periféricos inconclusos, los castillos que sobresalen de la mayoría de las construcciones, la avenida Federalismo que parece ruinas de bombardeos, y los miles de planes y proyectos que nunca se realizaron. Por último, a pesar de todo, Guadalajara es muy cosmopolita. Aquí tienen lugar la Feria Internacional del Libro, y la del Cine. El centro comercial de Andares concentra las firmas y tiendas presentes en las principales avenidas de las grandes capitales del mundo. Fue sede, y de manera exitosa, de los Juegos Panamericanos. Y realmente se lució. Y por ello se siente capaz de competir por la sede de las olimpiadas. Presume tener una Miss Universo, y un goleador en el Manchester. Se ha hablado de grandes planes que convocan a los más famosos arquitectos del mundo para diseñar un museo Guggenheim, o un Centro JVC, o el proyecto de centro cultural de la Universidad de Guadalajara. Muchos de estos proyectos se quedaron en bocetos, pero dieron vuelo a la imaginación de estar a la par de cualquiera las principales ciudades del mundo. Guadalajara se proyecta hacia el futuro con aires de grandeza y, aunque no pierde de vista sus raíces tequileras y mariacheras, se ve como capital cultural en la nueva geografía global del mundo cosmopolita. Hoy se habla de habilitar una parte del centro para construir la Ciudad Creativa Digital... Quién sabe si logremos salir del rancho grande, pero, mientras que lo intentamos, durante el trayecto entre una ciudad y otra, caemos en el bache de una calle mal asfaltada, o nos tropezamos con las lozas sueltas de una banqueta, y con ello recordamos que, para echar a volar nuestros sueños cosmopolitas, hacen falta pistas de despegue y aterrizaje dignas.

Renée de la Torre
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2012).


Aun con el riesgo de caer en los extremos y en las generalidades, mi visión de la ciudad se parte en 2: soy quien ama y soy quien odia a la ciudad. Soy quien limpia y soy quien ensucia la ciudad. Imposible mirarla de una sola manera: pienso bien y mal de ella simultáneamente.

Guadalajara tuvo una clara identidad durante cientos de años y, década tras década, la ha perdido o, mejor dicho, la ha confundido, porque ya no es una, sino varias identidades las que definen a esta ciudad compleja y contradictoria. Es imposible entender a Guadalajara como un todo, hay que intentar abrazarla (sin que se desparrame) como una serie de subciudades que pretenden, absurdamente, ser sólo una. Hace mucho que dejamos de ser la Ciudad de las Rosas, si acaso por las espinas y ser medio cursis, pero ya no por su imagen cálida ni por su amabilidad.

Conforme crecen los problemas de toda índole, las soluciones parecen llegar tarde, a medias o nunca. La movilidad se diversifica pero el tráfico no cesa. Se construyen puentes y túneles pero el trayecto nos estresa igual que antes. Todo nos queda cada vez más lejos.

Acabamos de ser sede panamericana y estuvimos en vivo a escala internacional. Demostramos que sabemos trabajar en equipo. Luces, desfiles, música y muchas medallas. ¡Hemos saltado a la fama por 17 días! Mucho más de lo que Warhol pronosticó. ¿Y ahora? ¿Qué hacemos con el resto de la ciudad que no fue embellecida, porque no salió en la televisión? ¿Por qué tuvimos que esperar tan magno evento para remozar calles, monumentos y camellones?

Guadalajara, que tanto renegó ser un pueblo bicicletero y veía urgente la modernidad, ahora lo que quiere es andar en bici (sin el sustantivo de pueblo) y recuperar la grandeza de su antigüedad. La ciudad del mariachi, del tequila y la torta ahogada también quiere ser tecno-house-lounge, tomar martinis y saborear sushis de salmón. Paseamos en familia por los agringados centros comerciales, pero también desayunamos menudo en el mercado. Mientras unos se aferran en preservar el patrimonio arquitectónico, otros se ensañan en destruirlo. Unos plantan, reciclan y crean conciencia ecológica, mientras otros crean basura y mutilan árboles añejos para que los anuncios sean admirados.

Los tapatíos no hemos evolucionado de manera uniforme. Nos sentimos high-tech pero nuestra mentalidad no ha cambiado. Nos debatimos entre la mochez y la desvergüenza, entre la decencia y la corrupción, pasamos del exceso a la mesura con suma facilidad. Un día alguien comete un acto delictivo y al día siguiente se persigna frente al altar. Somos malinchistas cuando vamos de shopping pero también nos sentimos orgullosos de lo Hecho en México. Somos rebeldes y radicales, pero también conservadores y de mucha tradición.

Hay días en que me abruma esta ciudad. Se me escapa de las manos. No quiero rajarme, como buena jalisquilla, pero tampoco sé cuál camino debo tomar sin cansarme. Cómo actuar de manera responsable sin salir perdiendo... cómo contagiar amor por la ciudad si cada vez lo siento menos...

Laura Zohn
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2012).


En un sondeo aplicado por este diario, a través de su sitio web, 851 personas respondieron a diversas preguntas referentes a las cualidades más características de Guadalajara y los símbolos más representativos en su actividad gastronómica, cultural y arquitectónica:

76% considera que el platillo más típico es la torta ahogada por encima de la birria.

72% asume que la jericalla es el postre más popular que una nieve raspada del Parque Morelos.

49% asegura que la Glorieta Minerva es la arquitectura más representativa de la ciudad, en lugar del Instituto Cultural Cabañas (20%), el Teatro Degollado (18%) y los Arcos de Guadalajara (13%).

63% destaca que costumbre más arraigada es el asistir a la Romería de Zapopan, en tanto que 19% opta por pasear en el centro histórico de Guadalajara.

Tanto el mariachi como el tequila, son considerados como los símbolos más representativos con 48% cada elemento, por encima de las calandrias (4%).

48% subraya que el "tapatiísmo" más usado es ocupo (de necesitar), en vez de "edá" (de verdad) con 27%, "bien mucho" (de muy) con 22% y alzar (de acomodar) con 3%.

(V.pág.9-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2012).


Por generaciones los tapatíos hemos probado ser capaces de acostumbrarnos a todo, lo bueno y lo malo, de la floración de las jacarandas a las tormentas que regularmente vuelven lacustre la ciudad, de los domingos de Vía RecreActiva al transporte colectivo desastroso y criminal, de nuestras variadas famas (fundamentadas o no) a los gobernantes cretinos. Desde mis perplejidades como habitante de Guadalajara, cada vez sospecho más que es una ciudad que sólo puede existir en la imaginación, y que el gentilicio sirve apenas como una convención que en realidad no alcanza a precisar gran cosa, si por "tapatío" nos referimos lo mismo a un vecino de la Federacha que a uno de Jardines del Bosque, uno de Santa Tere, uno de San Juan Bosco, uno de Miravalle, uno de Providencia-... También tenemos, decía, una costumbre peculiar, fundada por una extrañeza quizás excesiva para nuestros modos, y que, por así decirlo, nos tomó desprevenidos y con la que ya no supimos nunca qué hacer: la Plaza Tapatía. Estamos acostumbrados a no poder acostumbrarnos a ella.

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 23 de febrero de 2012).


Dicen que un chilango toma decisiones esperando que avance el tráfico, un norteño decide mientras disfruta su chela, un sureño decide meciéndose en su hamaca y un tapatío decide... después.

Veamos esta escena en casa de un tapatío que acaba de comprar un aparato electrónico: observa la caja por todos lados; no la abre, la rompe; quita todos los libritos que vienen y los tira al suelo; rasga los protectores de estireno; saca el cordón de conexión a la electricidad y lo enchufa; prende el dichoso aparato y espera... no pasa nada; le da un golpecito arriba... no pasa nada; le da un trancazo de lado... nada; aprieta un botón... otros botones... todos los botones... ninguna señal de vida. De repente, al aparato nuevo ¡le empieza a salir humito!

Como reacción típica, al ver el nefasto humo, el tapatío enfurece y profiere maldiciones contra las mamás de los asiáticos inútiles y chafas. Después de eso se deprime, baja la cabeza y ve en el suelo, junto al instructivo, un papelito escandalosamente amarillo que dice en 7 idiomas: ¡Ojo! No conecte el aparato sin retirar las gomas de protección, que se pueden quemar. Y usted perderá la garantía. Sorry.

Una decisión tomada después es una de esas decisiones que casi siempre se les sale el humito. Por eso aquí se vende tanto la píldora anticonceptiva...del día siguiente.

Casi todas las decisiones que tomamos son así, esa es la razón por la cual vivimos en total desorden, el ejemplo típico es nuestra ciudad, Guadalajara. La lógica urbanística nos dice que debe haber zonas de vivienda, industriales, comerciales y de trabajo, pero aquí muchísimas casas tienen convertida la cochera en "negocito", las escuelas se instalan en casas viejas, las fabricas en edificios, las oficinas en casas "adaptadas", las Villas Panamericanas en una zona unifamiliar. Todo hecho sin respetar la lógica ni los "planes de desarrollo". Por eso todo se colapsa; el tráfico, el drenaje, los servicios.

En los negocios el problema se agudiza. Se nos ocurre una idea y sin más le metemos todo nuestro capital y nos aventamos como el Borras (andando y meando pa'no hacer hoyo). A los 6 meses de no vender ni un cacahuate y perder todo nuestro dinero, nos damos cuenta que lo que vendemos a 100, los chinos lo producen en 15 y lo venden a 30. ¡Háigalo yo sabido antes!

La política no es la excepción; ningún candidato tapatío tiene planes de trabajo, simplemente porque no conoce los problemas del pueblo. Sólo hay que ver sus sosas campañas, no ofrecen ni planes ni soluciones. Dicen que ¡ora sí van a resolver todo!, pero no dicen cómo. ¡Y así los escogemos!

Para eso existen los instructivos, los planes de gobierno, de negocio, de desarrollo urbano, de factibilidad, de crecimiento, de riesgo y un sinfín de procedimientos que enfocan los esfuerzos futuros y las capacidades.

Debemos aprender a planear, a pensar antes de actuar, so pena de seguir construyendo mamotretos en Los Colomos y en La Primavera, eligiendo gobernantes ineptos, perdiendo tiempo en el tráfico, trayendo al mundo hijos no deseados y recibiendo mentadas de los poderosos.

O sea que... viendo a los candidatos y conociendo a mi gente, lo más seguro es que se nos va a seguir saliendo el humito.

Alberto Martínez Vara
(v.pág.8 del periódico Mural del 1o.de marzo de 2012).


Guadalajara es una ciudad de contrastes, hay gente muy moderna y de vanguardia y hay otra muy tradicionalista y sin ánimo de experimentar algo diferente.

Por eso dicen los expertos en mercadotecnia que aquí hay que probar los nuevos productos y servicios, si algo pega aquí es casi seguro que pegará en cualquier otra parte de la República Mexicana, incluso hay quien afirma que también en el extranjero.

Los inversionistas en restaurantes saben que si tu negocio triunfa en los primeros meses, es probable que ya la hiciste por algunos años más, pero si no, necesitas de mucho dinero para soportar las pérdidas hasta que la gente, poco a poco, valore lo que ofreces.

¿Qué tenemos que somos así? En vedad no lo sabemos a ciencia cierta, pero es una extraña combinación entre ser caseros, vivir de modas y preferir las recomendaciones a experimentar lo nuevo por sí mismos. Dicen que los tapatíos se guían mucho de lo que la gente dice, sea para bien o para mal. Si hablan bien de un médico o un abogado, todos los consultan, ah pero si hablan mal de él, tache para siempre.

Guillermo Dellamary
(v.pág.10-B del periódico El Informador del 4 de marzo de 2012).


Jalisco tiene fama de ser cuna de grandes sacerdotes y religiosos, personas de fe y de carácter firme para servir a la Iglesia.

También existe la otra cara de la moneda, ateos, detractores y sobre todo gente con doble moral, comúnmente conocidos como hipócritas. Se persignan en el templo y explotan y patean al prójimo, sin ninguna carga de conciencia.

Hay gente muy buena y realmente generosa, pero abundan los "codos" y avaros. Personas muy adineradas que difícilmente cooperan con tiempo y dinero, para la ayuda a los más jodidos.

Nuestro estado es un claro oscuro de pasiones y valores, de frivolidad y golpes de pecho, de antros, casinos, parroquias y círculos de Biblia.

Guillermo Dellamary
(v.pág.9-B del periódico El Informador del 25 de marzo de 2012).


De acuerdo con el libro Jalisco en cifras, recientemente publicado por la Secretaría de Planeación y el Consejo Estatal de Población de Jalisco, el porcentaje de fieles católicos pasó de 96.5% en 1990 a 93.1% en 2010, una disminución de 3.1%. En tanto el número de fieles protestantes y evangélicos aumentó de 2% a 3.2% en el mismo lapso. En el censo de 2010, 114,000 personas se declararon sin religión, 2.3 veces más que 10 años atrás.

Aunado al lento descenso de fieles, los católicos se comportan de modo más pragmático: sigues siendo fieles a la Iglesia, pero cumplen los preceptos que les interesan y no todos los que ordena la tradición.

Rubén Martín
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 7 de abril de 2012).


O es el hambre, o las ganas de llegar, el cansancio acumulado, el ansia o sabrá Dios qué, pero muchos automovilistas quisieran pasarse el alto. Al menos tienen ya el pie en el acelerador (si es que su auto es automático) o el clutch metido y la intención de sacarlo ya (si se trata de autos estándar).

Y entonces avanzan. Y comienzan los problemas. Uno supondría que el auto que va por el carril de la extrema derecha va a dar vuelta, para tomar López Mateos. Al menos eso pensó el carro que venía a la izquierda de éste y que sí quería dar vuelta, suponiendo que no habría problema, porque era obvio que el de la derecha estaba ahí porque daría vuelta. En sólo cinco segundos luego de que cambió a siga, este tramo ha empezado a entrar en caos, pues hay un auto que debería dar vuelta y no lo hace y uno que insiste en tomar su derecha, aún cuando circula por un carril central. Cláxones, mentadas y uno que otro frenón aquí.

Mientras tanto, del otro lado las cosas no están color de rosa: el auto que circula por el extremo izquierdo ha decidido comenzar a "brincarse" carriles a la brava, pues quiere continuar por Vallarta, pero intuye que de seguir ahí, la marea de autos lo llevará hacia López Mateos Sur. En esos pocos metros que van desde donde arrancaron al nuevo alto que los detiene en plena Glorieta de La Minerva, se han formado una serie de nudos, de invasiones de carriles, de movimientos en falso. Nadie respeta los carriles y ahora sí, la ley de la selva, del más hábil, del que logre arrancar más rápido, del que traiga camionetota con llantas amenazantes o del que se cuele por donde nadie lo esperaba, es la que saldrá victoriosa.

El semáforo sigue en rojo. El calor parece haber aumentado. No hay ningún agente de tránsito a la vista y se han unido al contingente varios minibuses, aunque se supone que ya no debían circular por aquí. Si tuviéramos una cámara en las alturas podríamos fácilmente creer que, con la trayectoria que cada auto tomará en unos segundos -como autos chocones de la feria-, todos irán contra todos.

Llega el verde y con él aceleran los más hábiles y toman rumbos distintos: hacia Vallarta la mayoría, muy pocos hacia Golfo de Cortés. Cláxones que vuelven a sonar por todos lados, insultos que difícilmente saldrán más allá de las cuatro puertas del auto; unos ceden, más a la fuerza que voluntariamente, otros han tomado rumbos que no querían y la mayoría se vuelve a atorar, ahora a la espera de que el alto se ponga en siga y los deje avanzar hacia López Mateos Sur o hacia Washington. Y otro nudo. La escena se repite y se repetirá por toda la glorieta todo el día, agudizándose a las horas "pico". Y el extremo de la agudeza termina en "alcances", que es como eufemísticamente le llama Tránsito a los choques.

David Izazaga
(v.pág.10-B del periódico El Informador del 6 de mayo de 2012).


Nunca me ha entrado en la sesera la razón por la que, en lugar de armarse de paciencia y tolerancia ante lo inevitable, como lo es la escasa o nula fluidez vial en tiempo de aguas, a mis coterráneos les da por convertirse en una especie de basiliscos vociferantes sobre máquinas rugientes, que a bocinazos estentóreos y violentos cambios de luz buscan abrirse paso en el arroyo, urgiendo a quienes le anteceden para que le franqueen el camino.

Con tantos asuntos tan peliagudos en lo político y social por los cuales realmente mortificarse actualmente, de plano no entiendo qué chiste le hallan muchos a empeñar inútilmente su energía y actividad vesicular, hasta que el hígado se les haga moño, con tal de avanzar un metro en una calle anegada, cuando debieran agradecer cada tramo de 10 centímetros que el intrincado flujo les concede. Ya ni la amuelan.

Porque, digo, cuando se llega a la inmovilidad vial extrema, sobre todo al circular por las zonas aledañas a las múltiples y desbarajustadas remodelaciones urbanas que tienen a nuestra ciudad convertida en una auténtica recreación de Kosovo después de los bombardeos, lo mejor es buscarse un quehacercillo temporal, de los muchos que pueden ejecutarse en el interior de un auto, antes que paliar la espera con gritos y manotazos sobre el claxon, dispensando ofensas a diestra y siniestra o contagiando la exasperación a los acompañantes en el mismo carro. Mejor ponerse a escuchar la radio, tararear una melodía, cortarse las uñas, repasarse el peinado, limpiar el tablero con un trapo, echarle un ojo a uno de los periódicos que regalan a la pasada o, ya de perdida, fantasear con el día que podamos comprar lo que se oferta en catálogos de muebles y tecnología, que también los surten gratis.

Lo mejor sería que esos intolerantes sacaran la cabeza por la ventanilla, para que el agua les remojara la tatema y les atemperara el mal genio.

Paty Blue
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 26 de mayo de 2012).


Lo que llama la atención es cómo muchos automovilistas muestran muy poco respeto por los demás: cada quién maneja como le conviene, como quiere y sin pensar en los otros automovilistas; mucho menos en los peatones. Si a un auto le ha tocado quedar parado a mitad del cruce de avenidas y no permite el paso de los demás, "lo siento mucho, no es mi culpa y qué quieren que haga".

En esta ciudad priva la ley del más gandalla.

Federico conduce a vuelta de rueda. Sube el puente y desde ahí observa no sólo el lento tránsito de los autos que van circulando por Avenida Patria, sino la larga fila que está frente a él, hasta llegar a la salida a la lateral. De pronto, una camioneta aparece por la izquierda y se le empareja en velocidad, tratando de presionarlo para que le haga un lugarcito, para que sea buen ciudadano y le dé chance de pasar. Pero Federico no deja de avanzar y no quiere darle oportunidad en la fila por una razón muy sencilla: ha visto cómo el de la camioneta estaba formado atrás en la fila, se salió desesperado y ahora pretende meterse así sin más. Federico quisiera decirle: "oye, ¿qué te parecería que estuvieras formado en la fila para comprar boletos para entrar al estadio o al cine y te dieras cuenta que yo, delante de ti, dejo pasar gente?". Pero no se lo dice, porque no hay tiempo de bajar la ventanilla para hacerlo, pues aunque lenta, la fila avanza y Federico está preocupado por no dejar ningún resquicio que el gandalla pueda aprovechar para colarse. Y el gandalla, desconcertado por la actitud de Federico que no lo ha dejado pasar, le hace una seña con el dedo desde la potestad de su camioneta de alto cilindraje, acelera varios carros adelante y encuentra el modo de colarse.

Mientras Federico ha visto cómo el gandalla tuvo su premio, otros potenciales gandallas que vieron que la maniobra del de la camioneta tuvo éxito, salen de muy atrás de la fila e imitan el hecho: los automovilistas se olvidan de toda civilidad, van hasta la punta y se detienen pidiendo la conmiseración del automovilista con el que se topen, ponen su cara de piedad y quien está en la fila no piensa en el respeto que le merecen quienes atrás esperan, quienes se han formado, sino que se siente muy bien de hacer su buena obra del día, dejando pasar al desvalido gandalla que, otra vez, volvió a ganar.

Federico recuerda que esta muestra de "me vale un comino el otro", sólo ha sido superada por otra: hace un par de meses, cuando circulaba por una calle de un solo carril en Santa Teresita y repentinamente una camioneta que iba delante de él se detuvo sin previo aviso, se bajó la conductora: una señora que parecía luchadora y comenzó a acarrear -¡ahí a media calle!- unas cajas de zapatos de la cajuela de su auto a la banqueta, con toda calma. Federico no atinaba qué hacer frente a la escena. De pronto, ella volteó a verlo y sacando el pecho y abriendo las manos con las palmas hacia arriba le gritó: "¿Qué?".

Ahora cada que observa a algún gandalla pasarse el alto, dar vuelta prohibida o estacionarse donde no se debe, antes de que se lo pregunten, él se responde: "nada, no pasa nada".

David Izazaga
(v.pág.9-B del periódico El Informador del 26 de agosto de 2012).


Se han terminado los espacios para verter desechos, el modelo de rellenos sanitarios está agotado y la tecnología brinda oportunidades mayores cuando se trata de proyectos de mayor escala; el SIAPA atraviesa por una crisis financiera y estructural que hace necesaria medidas muy profundas para reestructurar o mejor, reinventar, el que fue modelo de coordinación intermunicipal hasta que fue presa de una serie de pésimas administraciones y se convirtió en botín político partidista.

El transporte público es tan ineficiente como controversial en la ciudad, formado por un conjunto de empresas y programas requiere que se ponga orden mediante un plan que integre todas las modalidades disponibles y abra la puerta a soluciones no motorizadas y acciones sustentables a largo plazo, haciendo mucho más amigable la movilidad en la ciudad.

Y la seguridad se encuentra en el punto más crítico desde hace décadas, los cuerpos estatales y municipales, influidos o posiblemente infiltrados por grupos de delincuentes, se enfrentan ahora al reto legal para Jalisco de luchar contra la venta de drogas al menudeo y con el desafío de recuperar espacios y aun territorios a la delincuencia.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 26 de agosto de 2012).


De repente se oscurece el cielo, unas nubes negras danzan a ritmo de truenos y rayos.

En el ambiente ya huele a tierra mojada, mientras que hacia el norte [¿noroeste?] resplandece el sol, en espera de la pronta llegada de las tinieblas.

Los nativos, de mente acuosa, comienzan a vivir una profunda ansiedad. El agua diluye sus pensamientos y entorpece su voluntad.

Comienzan a caer enormes gotas, que progresivamente se convierten en andanadas de cubetazos que se precipitan con singular agresividad. El estruendo del agua es una sinfonía de macabros instrumentos. Los rayos aparecen en el escenario y hacen vibrar el entorno con luminosos destellos.

El cielo se ensaña con el Valle de Atemajac y lanza gotas en forma de trozos de hielo con peculiar dolo. Sus perversas acciones, aumentan la hecatombe en un instante. El ruido es estremecedor, cada trozo de gélidas gotas golpea, sin compasión alguna, todo lo que se encuentra a su paso.

El concierto toma la tribuna de las calles y ahora, las persistentes y abundantes gotas, se arremolinan en las calles para crear unos desafiantes ríos, que recogen todas las almas perdidas que se distraen en su huida en busca de un refugio.

Por unos momentos, las avenidas son cascadas e imponentes masas de agua. Arrastran sin piedad todo, todo lo que se encuentran por el camino.

El viento se suma a la contienda y también arremete con tesón, hasta derribar a los árboles más débiles de la comarca.

Los chubascos tapatíos son muy peculiares, son tan tropicales, como dantescos y tan extraños e inesperados como visita de obispo.

Igual muestran su tempestiva presencia, como desaparecen con el encanto, de que aquí no pasó nada, sale el sol y todo vuelve a la normalidad. Eso sí los árboles caídos, los cables tirados y toneladas de basura, quedan como vestigios del concierto que pasó.

Son únicos, espectaculares, dignos de contarse como epopeyas y aventuras inolvidables.

Esto sólo pasa en la Perla Tapatía. ¿O no?

Guillermo Dellamary
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 16 de septiembre de 2012).


Dicen que en la Perla de Occidente abunda la materia gris, que resaltan miles de mentes brillantes que iluminan el andamiaje social.

Desde en las universidades, hasta en el transeúnte común y corriente, los tapatíos poseen gran destreza para conjugar memoria y lógica en forma creativa y sumamente original.

La fama se ha ido ganando poco a poco y el talento es reconocido por propios y extraños.

Se ha logrado impactar, internacionalmente, con la Feria Internacional del Libro, los Juegos Panamericanos, las muestras de cine, las Fiestas de Octubre, el Festival de Mayo, la feria ganadera y en fin, múltiples eventos que hacen patente la destacada mentalidad.

Somos tan capaces que bebemos tequila, festejamos con mariachis e inventamos los clubes para convivir con nuestros amigos y familiares. Hemos llenado nuestra ciudad de joyas, como antros, restaurantes, taquerías, tortas ahogadas, casinos, galerías del zapato, escamochas, puestos de frutas y semáforos bien sincronizados.

Somos dignos creadores, de baches con diseños originales, topes de todo tipo, cruces sofisticados, como el de Ávila Camacho y el inicio de Américas, o el puente de Acueducto y Patria. Hacemos paraísos en donde antes eran basureros, como Puerta de Hierro.

Tenemos magníficos equipos de fútbol, con aficiones de increíble lealtad, que admiración a un equipo que es campeón haga lo que haga, y a otro porque creen que algún día lo será.

Hemos logrado abatir la corrupción, la impunidad, el dispendio y, desde luego, controlamos el crecimiento inteligente de la ciudad, reduciendo el impacto ambiental y la contaminación.

Tenemos una ciudad arbolada, llena de bellos camellones con amplias y floridas glorietas, sabemos poner lo mejor de la Calzada para allá, y lo peor de la Calzada para acá. Nos sabemos ubicar perfecto de oriente a poniente y nuestros letreros indican que la salida de la ciudad es a Nogales o a Puente Grande.

De que somos únicos y originales, ni hablar. Nuestra inteligencia está a prueba de todo cuestionamiento.

Guillermo Dellamary
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 23 de septiembre de 2012).


¿Se puede vivir sin auto en Guadalajara? De hecho la mayoría de los tapatíos lo hace, pero aspira a dejar de hacerlo y a comprarse un auto lo más pronto posible, no importa si es un auto viejo que le va a dar problemas cada jueves y domingo, que trague gasolina como loco y contamine sin piedad. Todo eso es secundario ante la incomodidad que representan las largas distancias en un transporte público ineficiente.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 24 de septiembre de 2012).


¿De donde rayos sacan nuestros urbanistas la idea de que Guadalajara tiene que "crecer pa’rriba", igualito que algunas "grandes" ciudades del mundo?

¿Por qué no se van un año sabático a una de esas ciudades y experimentan lo mal que funcionan? Váyanse a Les Banlieues de Paris, al Bronx de Nueva York, a la Costa del Sol española o al Tlatelolco del DF para que vean lo que provoca la proliferación de edificios a lo tarugo. En 15 años sin mantenimiento, todo se deteriora, se convierte en hacinamiento y la gran idea urbanísitica post moderna solo provoca una pésima calidad de vida.

Eso de "crecer pa'rriba" funciona en una ciudad que tiene el dinero suficiente para renovar su infraestructura y dar mantenimiento constante, o demoler lo obsoleto y volver a construir. Pero aquí, que no funciona nada de eso, es un suicidio urbano.

Y esto viene al caso por la voracidad de algunos "poderosos" constructores que, a pesar de que los vecinos se oponen y los Planes Parciales de Desarrollo no lo permiten, a fuerzas quieren construir más torresotas sobornando o pasando por encima de todos.

Porque está bien fácil sacar una licencia para construir 4 pisos y aventarse 20 o construir en zonas ecológicas protegidas y luego muy machos decir: ¡A ver 'ora derrumben! Y ya nadie les hace nada.

¿Ejemplos? El fraccionamiento Las Cumbres, los edificiotes en la Colonia Providencia, los de la entrada de Valle Real o la famosa Villa Panamericana.

Hace poco tiempo acompañé a unos amigos que viven en la calle Pablo Neruda muy cerca de la Autónoma, a una junta con uno de esos poderosos constructores para reclamar porque les están construyendo, pegaditito a su condominio horizontal, una torresota de 13 pisos y les están afectando sus cimentaciones metiéndoles anclas de concreto ¡debajo de sus casas!

En esa junta, los constructores "presumían" su poderío por haber construido varias torres en Andares. Si, esas que están casi vacías por caras y a las que no se puede llegar en coche, porque colapsaron la vialidad de Patria y de Acueducto.

No es que no queramos modernizarnos, el problema es que, cuando se planeó la Guadalajara bonita, se calcularon redes de agua, cargas eléctricas, drenajes, estacionamientos y vialidades para lotes de una sola casa. Pero ahora, en esos mismos lotes, quieren construir edificios de 30 ó 50 departamentos. ¿Se imaginan el tráfico, las inundaciones y los cientos de coches estacionados encima de las banquetas?

Yo felicito y me uno a los vecinos que ya no se quedan callados ni se agachan ante el poder político y financiero de los tiburones de la construcción. En el caso de Pablo Neruda igual que en la Panamericana, ya les clausuraron la obra. A ver cuanto nos dura el gusto. Porque ahora van a entrar "las influencias y las mordidas".

Una ciudad moderna no es una hilera de edificios con antros y billares en la planta baja. Una ciudad moderna tiene arquitectura del paisaje, grandes espacios verdes, zonas comerciales, poco tráfico, red de ciclovías, transporte público no contaminante y convivencia humana.

Esperemos que los nuevos alcaldes honren su puesto y no permitan más torresotas ni levanten los sellos de clausura. ¡Se vería muuuy sospechoso!

Y poderosos señores constructores; yo entiendo que algunos regidores autoricen cambios de uso del suelo porque son gente de nivel intelectual muy mediocre y "comprables"; pero ustedes han viajado, son universitarios y supuestamente de las mejores familias de GDL.

¿O con tal de ganarse una lana, les vale sorbete seguir arruinando la ciudad que alguna vez fue la más bonita del país?

Alberto Martínez Vara
(v.27 de septiembre de 2012).


Santuario, torta del. La torta del Santuario o torta compuesta consiste en una pan de telera (también conocido como pan español y que no es otra cosa que un bolillo aguado, insípido, en forma de concha) untado con frijoles refritos, lomo, pierna, pata o panela, aderezado con lechuga y rábano (algunos le ponen cebolla desflemada y rebanadas de jitomate) y bañado en una salsa de jitomate crudo y con un toque de chile, preferentemente chipotle.

Santuario, buñuelos del. El buñuelo es una pasta frita aderezada con azúcar y canela. Los del Santuario se acompañan con una miel de panocha (piloncillo, para los que no son tapatíos) o de miel de guayaba.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 9 de octubre de 2012).


Laura Ibarra, directora de Estudios Europeos de la Universidad de Guadalajara, señala que en México no hay cultuta de la legalidad y que Guadalajara se ha vuelto una ciudad muy permisiva, por lo cual es necesario recordar la política de tolerancia cero de Rudolph Giuliani en Nueva York.

Y añade que en las ciudades educadas no se esperan a que la educación se haya recibido o no, sólo se aplica le ley y se respeta. Lo que hace falta es la determinación de la autoridad y "contundencia".

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 21 de octubre de 2012).


La Segunda Encuesta de Percepción Ciudadana sobre Calidad de Vida ¿Cómo nos vemos los tapatíos? 2012 revela que los habitantes de la urbe consideran que su nivel global de calidad de vida fue a la baja en el periodo 2011-2012. En el estudio de opinión mandado a hacer por el observatorio Jalisco Cómo Vamos, los tapatíos califican con 71 sobre 100 su calidad de vida, 3 puntos por debajo de 2011.

Al analizar los datos por dimensión, no es difícil darse cuenta de que los tapatíos están particularmente insatisfechos con el contexto institucional que incluye la actuación del gobierno, los servicios públicos y la seguridad, elementos mal calificados por los ciudadanos en los diversos estudios de opinión pública.

Al contrario de esto, los tapatíos demuestran mayor satisfacción con las capacidades individuales de los ciudadanos para mejorar su calidad de vida: empleo, economía, educación, cultura y recreación. Mientras la satisfacción con el contexto institucional disminuyó de 56 a 54% en el periodo de un año, en el área de capacidades individuales la satisfacción creció de 63 a 71% en el mismo lapso.

Así, el gobierno es la dimensión pública en la que los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara reportan menos satisfacción (44%) y las relaciones interpersonales son la esfera de socialización que brinda más satisfacciones, con 84%.

En el mismo sentido, las expectativas y la visión positiva del futuro siguen imperando en la sociedad tapatía. A la pregunta de si esta ciudad es propicia para ser feliz, 85% de los tapatíos contestó que sí, lo que es 4 puntos porcentuales más que en 2011. Solamente uno de cada ocho considera que esta ciudad no tiene las características necesarias para maximizar los niveles de felicidad.

Siguiendo la misma línea, queda claro en la encuesta que, a pesar de que los tapatíos consideran que su calidad de vida se ha deteriorado en el transcurso del año, se sienten más felices que en 2011: en 2012, 95% de los tapatíos se sienten "felices" o "muy felices", lo que significa 4 puntos porcentuales más que en el estudio de opinión realizado en 2011.

Sin embargo, los habitantes de la urbe no creen que las cosas vayan por buen camino: mientras en 2011 42% creían que la ZMG avanzaba con buen rumbo, un año después ese porcentaje se redujo a 38. No hay ningún municipio metropolitano en que la percepción mejore.

(V.pág.1-B del periódico El Informador del 7 de noviembre de 2012).


Guadalajara es una de las 10 metrópolis más grandes de América Latina, y sin embargo tiene el peor servicio de transporte público de región.

La Ciudad de México, con sus 8.8 millones de habitantes tiene una red de 12 líneas de metro de 201 kilómetros que ofrecen servicio a 1,487 millones de usuarios al año.

La zona metropolitana de Guadalajara, con la mitad de la población del Distrito Federal, apenas tiene 2 líneas de tren ligero con una extensión de 24 kilómetros que transportan 80 millones de pasajeros por año, es decir apenas 5.3% del DF. Desde hace 18 años no se construye ni una kilómetro más de tren ligero en la ciudad.

A diferencia de las metrópolis de su tamaño en América Latina, en Guadalajara la mayoría de la población se traslada en autobuses de pasajeros.

Otro tercio se traslada en automóviles privados, que ha tenido un crecimiento exponencial al pasar de un millón de vehículos hace 20 años a 2.8 millones en 2011.

El sistema de transporte en Guadalajara, si bien es un servicio público, está concesionado a varias empresas, entre ellas la Alianza de Camioneros conocida como "pulpo camionero" por su historia de monopolio y de abuso en el ejercicio de una concesión cedida por el estado.

En Guadalajara se tiene el peor de los mundos en cuanto a transporte público, pues en lugar de ser regulado y organizado por un ente público, se deja a la lógica empresarial. El modelo de negocio que impera, el camión-hombre, se vuelve una salvaje competencia por el pasaje que provoca accidentes, heridos y muertos, mal servicio y un salario raquítico para los choferes. En este esquema pierden los usuarios, los choferes, la ciudad y ganan únicamente los dueños de las unidades.

Desde hace tiempo se ha exigido a la autoridad una reestructuración a fondo del transporte público, lo que no ha ocurrido.

Rubén Martín
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 13 de noviembre de 2012).


Puede que en la decisión de nombrar al Corredor Cultural Lafayette, que tendrá lugar este fin de semana, haya habido un componente de nostalgia por un tiempo ya lejano e irrecuperable para Guadalajara: concretamente, el tiempo en que la Avenida Chapultepec se llamaba así, Lafayette, pero también el que prosiguió mientras hubo tapatíos que siguieron refiriéndose a ella de ese modo (quizás hasta que una generación completa fue incapaz de saber a qué podría aludir aquel eslogan publicitario: «Donde termina Lafayette ¡y empieza su economía!»). En una entrevista publicada por un diario local hace más de un año con el impulsor de la iniciativa, Iván Cordero, se lee que tuvo la idea de denominar así la zona, para manejar dicha denominación en su libro Manual de uso Lafayette, «porque así se conocía el lugar tradicionalmente»: el perímetro que comprende las colonias Reforma, Americana, Francesa, Moderna y West End, además de algunos barrios entre ellas -o bien lo que los tapatíos de antaño llamaban «las Colonias» (¿y si uno se acuerda de eso califica como tal, aunque también pueda tenerse por un tapatío de hogaño?): de ahí aquello de «Oblatos-Colonias», que era una ruta de camión emblemática -sí, los tapatíos les decimos «camiones» a los autobuses-, como lo refrenda Juan José Doñán en el estupendo libro sobre Guadalajara que precisamente tituló así.

El mapa que describe el territorio en que tendrá lugar el Corredor Cultural Lafayette abarca desde López Mateos hasta Federalismo y desde Washington-Santa Eduwiges-Agustín Yáñez hasta Avenida México-Juan Manuel. En él están marcados algunos de los puntos de interés arquitectónico más relevantes, y también -es lo que más me gustó- contiene una guía de árboles: las primaveras de La Paz, claro, entre Enrique Díaz de León (¿cuántos le seguimos diciendo Tolsa, así, sin acento?) y Chapultepec, pero también, el tabachín de Moscú entre Libertad y López Cotilla, o los pirules de Vallarta y Francisco Javier Gamboa (en el mapa dice «Luis Pérez Verdía», pero ahí todavía no se llama así... además: ya que estamos nostálgicos, sigue siendo Tepic, ¿no?).

Es iniciativa ciudadana y no parece que vaya a ser como esas otras presuntas «recuperaciones del espacio público», emprendidas o alentadas o solapadas por las autoridades en turno, que consisten básicamente en cerrar Chapultepec, convertirla en cantina ruidosísima para padecimiento de los vecinos y hacer pachanga sin más. Guadalajara ya no puede regresar a lo que fue en otro tiempo, pero sí puede ser una ciudad distinta de ésta en la que prevalece el desastre, prosperan la ruina y el estropicio y se vuelve más difícil cada día hallarla vivible.

José Israel Carranza
(v.pág.5 de la sección "gente!" del periódico Mural del 6 de diciembre de 2012).


Este año nos recibió con una semana invernal, de cierto que un invierno muy tapatío pero suficiente para sacar nuestros ajuares para cubrirnos de lo que consideramos como gélido temporal. En otros sitios la población con un clima semejante andan en shorts y escuchamos pocas quejas, pero aquí nos forramos y a quejarnos se ha dicho.

Pero nosotros tenemos un alegre gusto por el sentido de imitación, pocas cosas gustan más a los habitantes de esta noble y leal que alguien, refiriéndose a nuestra apariencia física, nos diga que a pesar del nopal que traemos sobre la cabeza no tenemos finta de ser mexicanos, eso sí nos causa alegría; una referencia en contrario puede llegar a causar pleitos que terminen en sangre. Hace tiempo esperaba me entregaran mi pasaporte, porque aunque no tengo con qué viajar siempre trato de que el impedimento para hacerlo no sea la falta de documentos, pues delante de mi iba una señora a la que entregaron el pasaporte de su pequeña hija, procedió a revisarlo y antes de retirarse, lanzó un grito porque al describir a la criatura fruto de sus entrañas el documento había señalado a su hija como morena clara y eso era según el criterio materno una barbaridad. Yo ni el calificativo le habría dejado y me parece intrascendente como se refieran a ti en un pasaporte, pero la madre aludida armó la de Dios es Cristo y detuvo con sus gritos la entrega de documentos, hasta que hubieron reportado el entuerto -y yo creo que le han de haber puesto en el color como blanco pambazo-.

Carlos Enrigue
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 6 de enero de 2013).


Francisco Salinas Paz, filósofo y académico de la Universidad de Guadalajara señala que la sociedad tapatía, en general, es muy conservadora "con una visión muy unitaria, muy monocromática del mundo", por lo que las ideas de las reglas sociales, de urbanidad y "buenas costumbres", aún permanecen arraigadas a un sector social estrecho y discriminatorio.

En la calle se ve de todo. Cada quien hace y se relaciona a su modo. No importa el lugar, lo mismo sucede en la colonia Jalisco, que en Puerta de Hierro. Existen símbolos, acciones y situaciones que reflejan el vivir de la ciudad, el país, el mundo.

Hoy nos fijamos más en quien bota la lata de refresco en la jardinera, pero ya no importa tanto que las mujeres caminen del lado de la pared cuando van acompañadas de un hombre; y un hombre que le abre la puerta dela auto a una chica puede ganarse un insulto y celebrar debut y despedida en la primer cita.

Sally Rangel se presenta como experta en buenos modales, comportamiento y protocolos. Dice que éstos son necesarios e indiscutibles, que sin ellos, la sociedad estaría perdida en un ambiente hostil y grosero. Hay que vestir bien, no ser vulgar y comportarse como toda una dama y un noble caballero.

Igual piensa Claudia Canales, escritora, también experta en buenos modales y todo lo demás. Considera que es necesario retomar el buen comportamiento hacia el prójimo y la sociedad en general. Hay que educar desde el nacimiento hasta la muerte.

Por las calles de la metrópoli la cortesía y los "buenos modos" se entienden de diversas formas: "Buenos días", "¿Cómo estás?", "¿Qué pasó güey?", "¿Qué onda cabrón?".

En mis interrogatorios pregunto sobre el machismo subyacente en los buenos modales y el Manual de Carreño. Las expertas afirman que sí lo hubo, muy poco. Pero ahora las cosas son distintas, la mujer ha propiciado un cambio para bien y ha hecho valer sus derechos y responsabilidades.

"No sabemos a qué le llaman buenas costumbres", asevera la socióloga Dolores Muñoz Cano, al detallar que los buenos modales son aquellas normas más elementales de educación, entre las que destacan el respeto en cualquier espacio, público o familiar.

No obstante, Francisco Salinas dice que la idea de ceder el paso o abrir la puerta al acompañante, es una norma que en ciertos contextos culturales puede considerarse como valiosa o no, pensando en un mundo cosmopolita y globalizado.

"Guadalajara no es una ciudad muy cosmopolita, pero piensa en otras ciudades donde coinciden personas de muchas religiones, culturas, idiomas y conviven en espacios públicos. Seguir y exigir normas, así, para todos, es una injusticia".

Norma Gutiérrez
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 20 de enero de 2013).


Más que sarcástico, Jardiel Poncela fue bastante objetivo cuando propuso la siguiente definición de "estatua": "Figura de bronce o de mármol que sirve para poner en ridículo a un hombre -o a una mujer- ilustre... y a un escultor".

Por ejemplo, "La Minerva".

Que "La Minerva" se haya convertido en un icono de Guadalajara -tan simbólico de la misma como las célebres torres de la Catedral, o punto menos- es una cosa; que estéticamente tenga por donde el Diablo la deseche... otra muy diferente. Desproporcionada -chaparra y cabezona- en función de la altura del pedestal que la sustenta, la estatua ha sido blanco propiciatorio del humor negro de los lugareños. Cuando la hoy emblemática glorieta fue construida y la mirada de la diosa de la sabiduría se perdía entre las milpas, las lenguas rayadas afirmaban que "estaba castigada porque, de todas las tapatías, era la única fea".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 30 de enero de 2013).


Manue, masoterapeuta de nacionalidad francesa de 40 años de edad, para poder radicar en la ciudad tuvo que cambiar su discurso directo por uno prudente en temas como religión y sexualidad y no hablar de ellos con cualquiera. "O te acostumbras o de plano vete, cambia de región, de ciudad o de país", dice.

Guadalajara le enseñó a ser flexible, ya que la educación que recibió en Bretaña, al noroeste de Francia, fue muy directa, allá le decía a alguien que algo no le gustaba y no había problema, los desacuerdos no generan chispas.

Uno de los detalles que le llaman la atención es que al ser una ciudad amplia y la 2a. con mayor importancia a nivel nacional, Guadalajara tenga sólo 2 líneas del Tren Ligero.

"De plano se me hace completamente loco que en una ciudad tan grande y tan extendida como Guadalajara no haya metro. Hay 2 líneas de Tren Ligero. Somos la 2a. ciudad más importante de México. Me sorprende y no de la buena manera".

Héctor Claudio Farina, periodista y profesor universitario de origen paraguayo -en donde trabajaba como reportero de la sección de Economía del diario La Nación-, dice que los tapatíos son conservadores con visos de rebeldía pero no de revolución, "gente que tiene un pensamiento medio conservador y que por momentos se rebela, pero como decía Octavio Paz, la diferencia entre un rebelde y un revolucionario es que el rebelde es el que se separa de algo, se niega a acatar una orden, se manifiesta en contra y se separa; el revolucionario, además de eso, implanta una idea y logra cambiar un orden establecido de cosas, logra transgredir un sistema, una forma de pensar, una forma de actuar".

(V.pág.7-B del periódico El Informador del 10 de febrero de 2013).


La ciudad que ha privilegiado al automóvil, en la que circulan autos todo el día y sin parar y cuando paran se suben a las banquetas y obstruyen el paso de los peatones. La de las glorietas por todas partes, en las que todos los conductores se atontan y no saben qué carril seguir. La de las señoras que van maquillándose en cada alto, desayunando mientras conducen y escribiendo mensajes en su celular que al cabo ningún tránsito les dice nada. La misma en la que se construyen avenidas más rápidas para que puedan andar más autos; en la que cada día es más complicado encontrar calles para circular sin ir a vuelta de rueda. En la que llegando a un alto un ejército de personas se pone en acción: el que cinco metros antes de llegar a donde estás avienta un chorro de líquido a tu parabrisas, el que sabrá Dios en qué momento se ha puesto a acariciar tu auto con un trapeador manual grasoso y te pide monedas; la que te ofrece muñecas, chicles o mazapanes, el ciego que te quiere vender un boleto para una rifa, el del centro de readaptación juvenil que te pide una cooperación y te da un volante, el hombre de los mil volantes que quiere acabar pronto y te da dos de cada uno, el de las semillas de calabaza de a cinco pesos, el que vende cargadores para teléfonos celulares, el de los periódicos, el de los limpiabrisas, el centroamericano con la cobija a la espalda que te pide lo que sea, el...

La ciudad en la que se apartan los lugares para estacionarse en la calle -que es de todos- con lo que se pueda: cubetas, botes de leche, de refrescos, piedras y hasta con la abuela si se deja; la conquistada recientemente por los llamados "viene-viene", aquellos que con la impunidad de poseer una franela te indican dónde estacionarte y te cobran la tarifa en cuanto bajas del auto, no vaya a ser que cuando vuelvas ya no estén y pues "hay que comer, jefecito".

La de las calles que parecen de mazapán, porque basta una lluviecita para que se abran unos hoyos enormes; la de las plazas comerciales a las que hay que ir como si a un baile por si te encuentras a quien no quieres encontrarte (y te lo encuentras), la de la Avenida Chapultepec, frecuentada e invadida por hípseters, eskatos y trajeados que se sienten muy modernos. La ciudad en la que existen cotos dentro de los cotos; en la que si el termómetro baja a menos de 10 grados la gente se muere de frío y piensa que está a punto de nevar, la misma en la que se sienten morir rostizados con 38 grados. La ciudad de la doble moral por excelencia, aquella en la que proliferan -en las zonas más bonitas y de mayor prosapia- prostíbulos que funcionan como estéticas y que abren los domingos, porque hay quienes antes o después de misa necesitan un buen corte.

La de los carritos de frutas atendidos por oaxaqueños o chiapanecos, la ciudad en la que se roban las baterías de los autos, cables de cobre y alcantarillas. La del Tianguis del Sol, en la que se encuentra de todo, al que van las señoras tapatías a comprar prendas que saben que valen mil pesos y que les duele pagar en 200. La de las tortas ahogadas "hasta que dejen de patalear", la del menudo "desgrasadito" y las nieves y chocomiles ligth en bolsita.

La ciudad a la que han llenado artificialmente de agaves por todas partes, como si crecieran como ficus o buganvilias: Guadalajara.

David Izazaga
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 10 de febrero de 2013).


Las generalizaciones -por manejables- también tienden a establecerse como estereotipos o famas difíciles de erradicar, e incluso terminan por aceptarlas quienes son señalados por ellas. Por ejemplo lo que suele decirse de la sociedad tapatía: que es conservadora, recelosa de los agentes externos que traten de insertarse en ella, jactanciosa de un pasado quizás digno o hasta glorioso, pero dilapidado en una historia de oportunidades desaprovechadas y actitud indolente, de ambiciones infundadas e ínfulas sin sustento; que en ella prevalece un ánimo provinciano -que bien puede se motivo de dudoso elogio: "Qué bonita ciudad: sigue pareciendo pueblito"-, resumible en sus querencias clericalistas o en su comportamiento asustadizo, en su pasividad, su escaso interés por lo que haya más allá de sus límites geográficos o mentales, y también que se sueña aún en pos de un cosmopolitismo (un afrancesamiento, más bien) del que podrá sentirse orgullosa, aunque esté lejos de alcanzarlo. Todo esto además de la convicción de que no hay tapatío que no delire por destrozarse el paladar con una torta ahogada, por dañarse el oído medio con las trompetas del mariachi o por ir al futbol, etc.

Para empezar: ¿dónde queda Guadalajara? Podemos figurárnoslo, pero precisarlo es más complicado de lo que se podría pensar, dada la magnitud de las diferencias de toda índole entre zonas de la mancha urbana cuya colindancia únicamente se puede explicar por la improvisación y la imprevisión. Un recorrido que partiera de la Catedral revelaría qué pronto esas diferencias exceden la convención según la cual nos encontramos siempre en la misma ciudad, y cómo las zonas en que se podría dividirla tienen muy pocas razones para entenderse entre sí. Es posible que ese desencuentro sostenido de Guadalajara consigo misma, desentendida de que partes suyas prosperaran mientras que otras decayeran, de que a unas más las sometiera el marasmo mientras que otras las decidiera la ocurrencia o el capricho, sea causa del presente caótico.

En cuanto a los tapatíos, ¿quién sabe quiénes seremos?: si nos acredita el solo hecho de hallarnos aquí, como una fatalidad indescifrable, o lo único que nos afilia es la incomprensión. Guadalajara cumple años hoy. Creo que yo la quiero más de lo que la detesto. Pero no tengo muy claro por qué, porque no sé muy bien qué sea.

José Israel Carranza
(v.pág.6 de la sección "gente!" del periódico Mural del 14 de febrero de 2013).


El observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos presentó anoche su 3a. publicación: ¿Cómo nos vemos los tapatíos? Segunda encuesta de percepción ciudadana sobre calidad de vida 2012.

Salvador Camarena, corresponsal del diario español El País, definió a la obra como un retrato en donde los habitantes se pueden dar cuenta de que están "bien amolados", pero que, sin embargo, se dicen felices. Es decir, encontró contradicciones en sus dichos.

(V.primera plana del periódico El Informador del 20 de febrero de 2013).


La organización del transporte en Guadalajara, o "movilidad", como les encanta llamarla ahora, ha estado jodida siempre.

David Izazaga
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 10 de marzo de 2013).


No les cae el veinte.

Se sabe que el cambio climático podría colapsar regiones enteras de Jalisco si no se cambian los patrones de consumo de agua y si no se modifican los dispendios en el uso del recurso. No obstante, la mitad de los tapatíos no se muestran dispuestos a cambiar su estilo de vida, y en su mayoría, exhiben ignorancia en torno al tema de la adaptación, esencial para enfrentar el fenómeno de cambio planetario.

Una encuesta coordinada por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, y que aplicaron en Guadalajara en 2011, miembros del Instituto de Medio Ambiente y Comunidades Humanas de la UdeG, deja a Jalisco como la entidad peor calificada en el tema en relación con las capitales de otros estados del país: Baja California, Colima, Ciudad de México, Estado de México, Michoacán, San Luis Potosí, Sonora y Yucatán.

"Los tapatíos piensan que los esquimales tienen más problemas que los jaliscienses, lo que habla de una desviación de la percepción; el tapatío no tiene idea de lo que es adaptación frente al cambio del clima, no tiene la menor idea y comparado con las otras ciudades es el que tiene el rezago más grande: más o menos sabe de qué se trata el tema, más o menos sabe del fenómeno del incremento del calor y las enfermedades, pero de la adaptación no tiene idea", explica el director del instituto, Arturo Curiel Ballesteros.

"Hay un elemento importante: una cosa que hemos identificado del tapatío es que no está dispuesto a modificar sus hábitos alimenticios, no está dispuesto a consumir menos carne, por ejemplo; son cosas que tenemos identificadas como un problema en términos de percepción, que se tiene que ir generando a partir de un proceso de comunicación más efectivo, un capital social que lo modifique, no sólo se trata de voluntad política", subraya.

Mientras en el DF, los encuestados hablan de aspectos reales de adaptación como consumo, reciclaje y ahorro de agua, en Jalisco se habla de calor y frío, animales y enfermedades, es decir, se confunden efectos con medidas de mitigación.

(V.pág.8 del periódico Milenio Jalisco del 22 de marzo de 2013).


El gran tema de ayer en las redes sociales fue una señora, de esas que piensan que caminar es pecado y no se quita, que estacionó su camioneta sobre la banqueta en la Avenida Chapultepec y Mexicaltzingo, afuera del Banorte. Un joven que pasaba por ahí le pidió, aparentemente de buena manera, eso no lo podemos saber, que no obstruyera la banqueta, lo que generó una discusión que ambos grabaron con sus respectivos teléfonos cruzando mutuamente acusaciones de haber lanzado ofensas. Por supuesto que la señora no movió el coche, se metió al banco y obligó a todos lo peatones a bajarse al arroyo de la calle con el riesgo que eso implica. Lo más patético es que este banco es de los pocos que cumple cabalmente la norma y tiene un estacionamiento enorme para sus clientes a media cuadra; menos de 50 metros que la señora vestida muy "spor" de pantalones capri, sudadera y zapato de piso, se negó a caminar.

La señora no iba tomada, no insultó ni agredió a la persona que le pide que se mueva ni a nadie más (un leve "a tu mamá dile lo que quieras", pero nada grave) y tampoco dijo algo que pudiera considerarse prepotente, racista o clasista. En ese sentido puede parecer un poco exagerado equipararla con las "ladies" de Polanco o la "lady" senadora. Lo que sí, el joven tenía toda la razón y todo el derecho de pedirle a esa señora, y a cualquier otro que se estacione en la banqueta, que moviera su auto y que no obstruya el paso de los peatones. Lo más grave del asunto es que 24 horas después la señora seguramente sigue pensando que ella fue la víctima porque, como muchos otros y otras, siempre se ha estacionado en la banqueta, ese lugar extraño que en su cabeza sólo sirve para subir el coche o llevar el perro a hacer pipi, pues para caminar está el gimnasio.

El quemadón que se dio la "lady" Chapultepec en las redes sociales no se lo quita nadie, y merecido lo tiene. El problema es que no es la única. Los tapatíos que creen que su coche es más importante que la vida de cualquier peatón son muchísimos y los que creen que traer coche los hace superiores o merecedores de un trato distinto, más. Es urgente concretar políticas públicas encaminadas a generar un mayor respeto al peatón y al espacio público. No es con campañas de publicidad, hermosos discursos o letreros en los camiones como se protege a los peatones, sino con cosas concretas, como invertir en banquetas y señalización, y acciones punitivas, como multar en serio a quienes, como la señora de "Chapu", todos los días invaden las banquetas.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 26 de junio de 2013).


El crimen organizado está metido hasta la médula en la sociedad tapatía. Hemos sido, por miedo, conveniencia, irresponsabilidad, o por lo que sea, muy tolerantes en la convivencia con el narco y sus derivados. Están en las escuelas, en los clubes, en las fiestas y aparentemente no pasa nada, hasta que pasa. En lo individual, aparentemente es muy poco lo que podemos hacer para evitar la convivencia y legitimación social del crimen organizado y por ello, consciente o inconscientemente, les hemos tendido la cama. Cada vez que sociedad y gobierno toleramos un acto de corrupción, una compra ilícita, un negocio que lava dinero, un delincuente en libertad por detalles procesales, un abuso de poder, etcétera, el crimen organizado nos gana terreno.

La gran complejidad de un problema como éste es que el Estado no puede enfrentarlo si la sociedad se convierte en cómplice, y la sociedad no puede resolverlo sin el compromiso claro y decidido del Estado. Las sociedades que han logrado frenar al crimen organizado son aquellas donde la indignación y el hartazgo social han encontrado eco en un político comprometido, como es el caso del de Palermo y su alcalde, Leoluca Orlando.

Diego Petersen Farah
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 3 de julio de 2013).


A principios de la década de los 70 se publicó en la colección SepSetentas (una que se desencuadernaba volando) el trabajo de Hélène Rivière d’Arc titulado Guadalajara y su región. La geógrafa francesa describe una ciudad del tercer mundo pero que mostraba un nivel muy aceptable de desarrollo urbano, gracias a un manejo sensato y eficaz. Guadalajara era una ciudad prometedora. Cuando a mediados de los 90 volvió a venir, en una conferencia en El Colegio de Jalisco y para disgusto de muchos, afirmó algo evidente: que la ciudad se las había arreglado para echarse a perder y convertirse en un auténtico desastre. Las causas de tal catástrofe urbana son archiconocidas y se han estudiado desde todos los ángulos posibles, lo cual no ha servido de nada.

María Palomar
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 7 de julio de 2013).


Sin duda que Guadalajara tiene una cantidad de defectos inenarrables, qué baches (uff), hasta programas televisivos y en los medios para criticarlos, que en cuanto llueve (que por lo general son unos tormentones terribles) se inunda, es una verdad innegable, baste decir que somos tan, pero tan sofisticados que construimos el puente atarantado (que algunos, de los que me excluyo, lo consideran un icono que podría traer turismo a la ciudad, cosa que personalmente dudo, pero como decía Bora, yo respeto) pero, guste o no, es un puente que te hace, cuando está lloviendo, que llegues a la inundación que con absoluta seguridad se formará bajo los inconclusos Arcos del Milenio, no queremos que se tarden en llegar. Inundadita la avenida pero muy veloz.

Qué decir de la destrucción de fincas patrimoniales, aunque hay que reconocer que si usted es feliz propietario de una finca que "alguien" consideró como patrimonial no podrá hacer nada con ella. En principio no creo que casi nadie se oponga a conservar las construcciones representativas, eso generará que alguno de nuestros amados padres conscriptos decida crear una ley que las proteja, lo que fuera del exceso de leyes suena bien, donde la puerca tuerce el rabo es cuando se trata de decidir quién o quiénes serán los que determinarán el valor que se señalará como sujeto de protección y en su lugar, es muy común que se contrate a un gran número de amigos y bienhechores de los hombres públicos quienes al tanteo van a determinar cuáles bienes deberán protegerse aunque hay que decir que el criterio de estos últimos se obtiene más que por conocimiento sobre el tema por el grito de a puños, y después contamos y se sienten en la obligación de censar la mayor cantidad de fincas y eso, creo que no resulta.

Todos los días vemos cómo son derribadas construcciones que son consideradas como valiosas por personas que opinan en los medios, no tengo capacidad para determinar si tiene o no valor para conservar una finca, pero sí para percibir que poco a poco se modifica nuestro entorno vital sin que en la mayoría de casos se mejore el entorno y eso daña la convivencia.

Ahora que lo que resulta más difícil es qué puede hacer el dueño de una propiedad valiosa, resulta fácil decirle que la conserve, que invierta; utilizando la clásica de que se haga la voluntad de Dios en la yunta de mi compadre, de tal manera que deberemos buscar formas para no perjudicar a los propietarios.

De no hacerlo así, va a ser muy difícil que la destrucción de la ciudad se detenga.

Carlos Enrigue
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 21 de julio de 2013).


Los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara (y sus "h." autoridades, of course) se pasan 9 meses del año quejándose de lo costoso y lo difícil que resulta abastecer de agua al monstruo de 5 millones de cabezas" y los 3 meses restantes lamentándose a moco tendido de que los torrenciales aguaceros tapatíos les hacen la vida imposible.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 24 de julio de 2013).


Son de fama las lluvias en Guadalajara y al nombrar a la ciudad me refiero a la zona metropolitana. Sin embargo, nunca, ninguna autoridad ha sido capaz de emprender una obra que, por un lado, dé cauce a las precipitaciones y, por otro, permita el aprovechamiento del agua pluvial.

¿No quieren? ¿No se animan? ¿No es popular? ¿Es anti electoral? Porque no estamos para que salgan ahora con que no hay recursos, que no hay presupuesto que alcance, que las condiciones no están dadas y bla, bla, bla... como siempre.

Es un verdadero enigma para mí cómo es que en una ciudad como Guadalajara y su área conurbada no prosperan proyectos como un colector profundo o un sistema de colectores que resuelva los problemas que enfrentamos temporal tras temporal, incluso si no es muy abundante. Este es un ejemplo, otro es el Tren Ligero o el Metro ¿por qué en Guadalajara no? ¿Qué nos detiene?

Y se nos van pasando los años, llegan nuevas generaciones, los problemas son los mismos y los políticos se van pasando la bolita de un trienio a otro, de un sexenio a otro, de un partido a otro y las cosas no cambian, si acaso, para empeorar.

¿Seguirán pasándose la bolita eternamente? ¿Hasta cuándo? Los estragos de las tormentas ahora son resultado de las deficiencias que venimos arrastrando desde siempre; de los cauces invadidos; del desorden en el crecimiento de la ciudad; de la planeación intermitente; de las obras mal hechas como consecuencia de la ineptitud y de la corrupción (hasta podrían ser sinónimos). ¿Qué no merecemos los jaliscienses, con los impuestos que pagamos, una obra bien hecha y de largo alcance? ¿No habrá, entre todos los políticos que nos circundan y que cobran tantísimo, alguno que quiera pasar a la historia por una gran obra? ¿Alguien que quiera ser recordado en el futuro por su inteligencia, su capacidad de gestión, su nivel de convocatoria?

Laura Castro Golarte
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 27 de julio de 2013).


Algo muy tapatío es establecer cada temporada marcas insuperables, así acostumbramos decir que ha llovido como nunca, o que ha hecho más calor que nunca o más frio que nunca, el hecho es que es muy de nuestra antes bella y aún cómoda ciudad.

A esto cooperan los del meteorológico, que previendo el temporal no emiten un dictamen único, sino que por ejemplo en materia del temporal habrá un experto que asegurará que las corridas meteorológicas nos dicen hasta donde puede afirmarse que en este temporal se prevé que las lluvias serán muy escasas; otro meteorólogo afirmará que por el contrario esto va a ser un aguadal que casi podemos ir comprando góndolas porque vamos a navegar y un tercero que dirá que lo razonable es que las lluvias sean como el promedio de los últimos 10 años. La ventaja es que yo no conozco a nadie que en su vida diaria tome en cuenta los pronósticos. El tiempo es bastante previsible y tanto el frío como el calor nunca son extremos, digo siempre que no sea comentario hecho por un tapatío en cuyo caso el calor será insoportable "como nunca" tal vez causado por el calentamiento global o estaremos con un frío polar, que por lo general tiene la misma causa que el calor. Pero lo que nunca aceptaremos que es lo mismo de todos los años.

Carlos Enrigue
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 4 de agosto de 2013).


La multiplicación de topes demuestra falta de cultura y control vehicular.

José Manuel Gómez Vázquez Aldana
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de noviembre de 2013).


No deja de ser un poco curioso que en un fin de semana más de 25,000 tapatíos se organicen en redes sociales con el objetivo de eludir la ley, que en menos de 48 horas seamos capaces de organizarnos para ver cómo hacemos para que no nos agarren en curva con el famoso alcoholímetro.

Que 25,000 tapatíos se hayan unido en redes sociales para pasarse tips de cómo evadir la ley, no para no ir a la cárcel sino para seguir manejando alcoholizados, no habla bien de nosotros. El lugar de los jóvenes no es en sus casas encerrados: es en las calles divirtiéndose. Una ciudad con los jóvenes en las calles es más segura. Pero en una sociedad donde se maneja con alcohol, como la nuestra, la 1a. causa de muerte entre jóvenes son los accidentes viales, la forma más torpe de arriesgar el futuro de un país.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de noviembre de 2013).


Cada FIL, la ciudad se llena de extranjeros. No suelen ser, estos fuereños, particularmente elegantes o guapos. Sin embargo sí que son, algunos, lumbreras de la escritura, la edición, la academia. Los leen miles o millones, sus títulos se consultan en escuelas, bibliotecas, sofás y vagones de metro de todo el planeta. Ante esta oportunidad, más o menos única, algunos tapatíos nos apeñuscamos en los salones de la Feria. Pero otros, no lo podemos negar, lo que hacen es afilar los colmillos y las garras.

Raro es el taxista, por ejemplo, que se resiste a cobrar 200 pesos por el trayecyo que va entre avenida Chapultepec y la Expo Guadalajara a cualquiera al que le vea cara de alemán con maleta -durante esos días, incluso los que parecemos güeros de Tepa honorarios pasamos a ser unos alemanes con maleta.

Rara es la mesera que no le toma el pelo a algún escritor -de preferencia joven- y le informa, mientras le sirve el café, que en esa misma mesa, en donde está arranado comiendo unos huevos motuleños, escribió sus obras completas Juan Rulfo -así se trate del Starbucks más reciente de la ciudad. Yo sé de 5 o 6 sudamericanos que han regresado a su tierra pensándose afortunados por haber desayunado donde el autor de Pedro Páramo -que no era de aquí y vivió en Guadalajara apenas estrictamente lo necesario- concibió sus obras maestras.

También hay que reconocer que quizá esos incidentes no son culpa de ninguna velada maldad nuestra, sino parte del complejo de guía nativo que aparece entre nosotros por estas fechas. Porque nunca como durante la FIL se ve a tantos tapatíos afanándose por llevar gente al Cabañas, los Guachimontones, el Parián de Tlaquepaque y Ajijic.

Aunque el resto del año, la verdad, no haya modo de sacarlos de los escaparates de Andares.

Antonio Ortuño
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 30 de noviembre de 2013).


El observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos presentó resultados de la Tercera Encuesta de Percepción Ciudadana sobre Calidad de Vida. En el apartado de Cultura y recreación hubo oportunidad de indagar en la percepción de los ciudadanos de la zona metropolitana de Guadalajara en relación con algunos elementos culturales gastronómicos o de actividades relacionadas al arte, la cultura y el entretenimiento, la mayoría de las de arrastre masivo entre la comunidad.

Las variables de esta entrega se resumen en 2 tablas. En la 1a. se aborda el grado de identificación con elementos culturales como el Tequila (59%); el Mariachi (74%); la virgen (81%); la comida típica de Jalisco (88%); en la 2a. tuvo que ver con actividades culturales o recreativas como el Festival Internacional de Cine (38%), las Fiestas de Octubre (43%), la Feria Internacional del Libro (48%), o el equipo de futbol favorito del encuestado (53%).

(V.pág.11-B del periódico El Informador del 4 de diciembre de 2013).


Somos TAPATÍOS hasta las "cachas", esta categoría (por así llamarla) no nos excluye de reconocer cómo somos los nativos de la ¿Perla de Occidente? Ya, por cierto, muy pero muy gastada, y como no haya sido de aquellas maravillosas, con que familias como los BARRÓN y FORBES se enriquecieron (entre otros negocios más) en el Mar de Cortés... hacia la segunda y tercera década del siglo XIX... pues nuestra perla, la local, como que le faltó "oriente", o a base de uso y abuso perdió el brillo que alguna vez tuvo... y lo que resta es poco o nada comparado con lo que ciertamente alguna vez fue (eso sí, sin el cursilísimo mote de la "Perla"). Difícil situación para todo aquel nacional o extranjero que por azares del destino llega a vivir a esta metrópoli (claro, en tamaño, más no en modos, usos o costumbres) y ponen cara de "What?" ante la despiadada forma en que nos saludamos, despedimos, concretamos citas, prometemos negocios y compadrazgos, enviamos saludos, invitamos y hasta convidamos a fiestas y ¡viajes! Hacer una especie de diccionario de usos y recursos de los cuales echar mano para ¿ENTENDER?, si es que se pudiera lograr tal cosa, a que atenerse cuando un TAPATÍO invita, saluda, se despide o dizque intenta sacar la cartera para ¡pagar la cuenta! No será asunto fácil el tratar de poner en claro el DICCIONARIO de USOS Y COSTUMBRES TAPATÍAS... pero "grosso modo", bien podríamos ennumerar algunas palabrejas que ayuden a COMPRENDER no sólo a los foráneos... sino a la gente EDUCADA, que aún la hay... que, por ejemplo, si el nativo de esta Guadalajara dice y recalca: "Mañana nos llamamos" = "Ni loco... que me llame él si quiere, que diré que estoy fuera de la ciudad". "Oye, qué gusto, sí claro, sin falta el viernes comemos" = "Sí, tal vez el viernes... pero Viernes Santo del año próximo". "Oye, da por un hecho... el auto ya es mío... no lo ofrezcas" = "Que dice el señor que salió de viaje en un auto nuevo que recién le trajieron". "Ring... Ring... Si los señores me esperan a comer" = "Ay, siñor, pos yo creo que o se equivocó de siñores, pos mis patrones todavía ni se levantan". "Señorita, ¿de casualidad entregó usted al licenciado el presente que envié por Navidad?" = "Uy sí, pero ¿qué cree? Se lo bebieron en una junta y pos a lo mejor no se enteró ni quién se lo mandaba, ¿quién dice que es usted?" (obviamente un mes después de la Navidad). "Oye, sin falta nos vemos en el club" = "En el mentado club, si el interfecto encuentra una mesa que su limitada mentalidad cree de más relumbrón" (hace como que se esconde tras las palmas o vegetación para no ser "descubierto" por aquél al que invitó. "Ay, oye, no sé cómo tienes un mozo y una criada tan, pero tan, chancludos y casi me vacían el té en mi traje nuevo que recién compré en ¡Houston! Tu categoría de anfitriona te obliga a tener un servicio a tu medida" = "Oiga Chole y Juan... aquí está mi tarjeta... llámenme mañana mismo que yo les pagaré más de lo que les paga la ‘desconsiderada de mi amiga... o sea su patrona’". "Oye, pero si te he estado buscando como habiamos quedado" = "Sí, seguramente lo estaba buscando, pero con los ojos cerrados, y como si no hubiese teléfonos y toda clase de artilugios". "Ay oye... eso sí... no me vayas a quedar mal. Ya sabes mi agenda qué apretada está y si organizo esta comida es para que conozcas a mis amigas del bridge" = "La siñora salió de viaje antier y que bridge ni que bridge... a lo más como que veo que juegan con una como baraja como de reyes y espadas". No acabaríamos de citar diálogos como los que señalo.

Guadalajara... que si no es española, al menos cree que es la sucursal más cercana de la "madre patria". Lo CURSI allá, eso sí... tiene mucho en común con lo CURSI aquí... tan CURSI en España el acortar los nombres como lo es aquí... "Ay, voy a casa de Majo", "¿Que no te invitó ‘Gra’ a su ‘cumple’?". Otra característica es anteponer a todo lo que no se encuentra un calificativo inteligente como "DIVERTIDO". "Ay Soffiiii, ya viste que ‘Vaca Más divertida’". ¿Divertida una vaca? ¡No vemos cómo! O que "SUUUUperdivertido" o "hipercool" es Andrés... Sí claro, más sobre todo si es hijo de un banquero importante... aunque el pobre sea un pelmazo. Y para concluir la confusión reinante en este siglo de avances... les parece hasta muy ELEGANTE asisitir a la ópera... pero grabada y en pantallas, que dizque ¡desde Nueva York! Práctico puede ser una función de ópera, pero ni ELEGANTE ni mucho menos comparable a una función en vivo, real y no cibernética... Una obra de teatro con actores de carne y hueso o un buen concierto con una orquesta buena o mala, pero de ¡verdad!

El Duque de Tlaquepaque
(v.pág.7-B del periódico El Informador del 18 de enero de 2014).


En Guadalajara, los mecanismos de discriminación han permanecido por décadas, sutiles, nunca sobreevidenciados y se han arraigado en la cultura local haciendo creer a muchísimas personas que son lo normal. Y no lo son.

Una sociedad que busca constantemente crear espacios de exclusión a donde solo pueda acceder un sector de la población es una sociedad que abiertamente discrimina y limita las posibilidades de desarrollo de su propia gente. Y el elitismo, esa forma de discriminación tan característica de esta ciudad, no puede disimularse en el espacio urbano.

Si bien, a principios del siglo pasado, la elite tapatía se alejó del centro para instalarse en las colonias y comenzar a distinguirse unos de otros, paulatinamente la obsesión ha venido creando los enormes monstruos urbanos que representan las largas bardas en torno a fraccionamientos a los que, a todas luces, se les tolera el ejercicio diario de discriminación.

Estos cotos disgregan la ciudad, generan inseguridad en los alrededores, limitan el libre tránsito de las personas, ya sea a pie, en auto o en bicicleta y provocan los problemas de movilidad correspondientes. Además suelen bloquear grandes porciones de territorio y permitir el acceso solo a aquellos que se identifiquen plenamente y dejen en una caseta identificación en prenda.

Argumentar que dentro de esos guetos vive gente muy poderosa y que por eso se otorgan derechos especiales equivaldría a reconocer una disfuncionalidad del sistema para beneficiar a sus propios gobernados.

Felipe Reyes
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 31 de enero de 2014).


En Guadalajara el gobierno, desde hace varios sexenios, juega a hacerse la guerra a sí mismo, pues por un lado favorece los escenarios para la comisión de delitos: casinos, antros, tugurios, centros botaneros, zonas de compra venta de robado, y luego manda al señor fiscal a atrapar a los maleantes, que luego los jueces sueltan, o rara vez envían al penal para que profesionalicen sus actividades.

Los líderes empresariales de nuestra región, salvo raras excepciones, no tienen una visión que supere sus expectativas de negocio y dinero, su contribución determinante y condicionante para la generación de un estado verdaderamente sustentable, integrado y progresista, sigue ausente.

Armando González Escoto
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 2 de febrero de 2014).


Nuestra vanidosa perla de Occidente. Este sobrenombre por sí solo... ‘perla’, muestra uno de los rasgos de nuestra subcultura: La cursilería... Se vive aquí dentro de una visión romántica del pasado ideal y bello... con la desesperacion ante un presente que se impone a pesar de todos quienes quisieran prolongar la vision idealista de la realidad (el presente entra a Guadalajara en una especie de ‘contrabando’, surgiendo como una serpiente maldita entre nuestras tradiciones). Empiezan así a sentirse agobiados por un pesimismo invencible ante la idea de un futuro en el que no habría ni mariachis, charros, ni balcones con geranios... Lo anterior mencionado, corresponde al trozo de ciudad que yo he vivido: falso... resentido... hipócrita... No creo que haya lugar donde se inventen más chismes, se propaguen mas calumnias, se critique más... y se haga menos... Así, Guadalajara es una trampa... sus innegables atractivos atrapan al menor descuido, y así la ciudad nos impone su ritmo... nos reblandece... nos aniquila...

He tenido claro los motivos que me apartan de tener una relacion plena con Guadalajara; detestando su doble moral, su cerrazón social, la pereza mental autocomplaciente, su vanidad ante lo mediocre y su constante derroche de talentos y oportunidades... Pero a la par, no menos claro he tenido motivos por los que vuelvo... seduciéndolo el clima, la imperiosa necesidad de algunas de sus gentes... su proximidad a zonas cargadas de recuerdos... el peso de su gravedad... los flujos de alimento que vienen desde las raíces...

Fernando González Gortázar
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 8 de febrero de 2014).


Ha surgido una nueva generación de tapatíos que piensa y actúa diferente a los tapatíos tradicionales que durante décadas nos han dejado -a todos los que nacimos o vivimos aquí- la nada buena fama de ser personas difíciles, conservadoras, apáticas y "pichicatas", con las que es prácticamente imposible asociarse y hacer negocios, a menos, claro está, que tengan el control de las cosas y la capacidad para hacer con sus "socios" (siempre minoritarios) lo que les venga en gana.

En términos electrónicos, los viejos tapatíos serían como "tapatíos analógicos" (imprecisos, caprichosos e informales) y los nuevos serían los "tapatíos digitales" (precisos y de alta definición) versión 1.1.

Pertenecer a la generación de "tapatíos digitales" no es un asunto de edad física, sino de actitudes y formas de pensar, de disposición al cambio, de tomar y aceptar riesgos, de esplendidez, de saber compartir y dejar ganar a otros, y sobre todo de un estado de mejora e innovación permanentes en el que las utilidades dependen más del aumento de los ingresos que de la reducción de gastos.

Ser de mentalidad análoga o digital tampoco tiene que ver con el tamaño de las ciudades donde vivimos, como algunos piensan. Tener problemas más grandes, no hace a las personas más capaces, las hace más infelices.

Vivir en una ciudad más chica que la Ciudad de México no nos hace "provincianos" en el sentido peyorativo y discriminante del término.

"Capital" no significa capacidad y progreso, y "provincia" no significa incapacidad y retraso, y menos en esta época de globalización e interdependencia.

Lo que ocurre y hacemos en una ciudad o municipio del interior del país afecta a la capital y viceversa.

(Es curioso que llamen a todas las ciudades de los estados de la república "ciudades del interior" cuando la Ciudad de México, por su ubicación, está más en el interior del país que Guadalajara, por ejemplo. En ese sentido, Mazatlán o Cancún serían ciudades "del exterior").

La calidad de vida obedece a factores que no siempre tienen que ver con el tamaño de las ciudades ni con la concentración de poder ni con el dinero.

¿Qué quiere decir "progreso"? ¿Acaso vivir en la capital del país es vivir en el progreso y vivir en la provincia es vivir en el retraso? Por supuesto que no.

El filósofo norteamericano Will Durant, en su libro "The Pleasures of Philosophy", decía que "no podemos definir el progreso en términos de felicidad porque los "idiotas son más felices que los genios" y todos aquellos a los que más respetamos no buscan la felicidad sino la grandeza. Progreso es la dominación del caos por la mente y los propósitos; la dominación de la materia por la forma y la voluntad".

Para definir quién, cuándo o dónde se vive mejor, no debemos comparar lo peor de una época o de una ciudad con una selección de lo mejor o peor de otras.

La cantidad de dinero, de edificios y automóviles, o el tamaño de los negocios y las empresas de un determinado lugar y en un determinado momento de la historia no son una medida del progreso y bienestar de sus habitantes.

El modelo de vida y crecimiento de las ciudades, sean éstas capitales de países o de estados, ese "pseudoprogreso" y espejismo de bienestar que se nos presenta en forma de grandes centros comerciales y concentraciones humanas, creando necesidades que bien podríamos evitar, no es el modelo de vida al que debemos aspirar. La meta no debe ser otra Ciudad de México, ni siquiera otra Guadalajara. Ni el último grito de la moda, ni el último teléfono celular.

Podemos mejorar inmediatamente nuestras condiciones de vida simplemente convenciéndonos de que el éxito y la felicidad no se miden en términos de dinero, lujos y poder; y que llevar una vida más sencilla, más barata y más tranquila, no significa fracaso o mediocridad.

Regresar a la vida sencilla es posible si nos salimos de las estúpidas competencias económicas y descargamos en nuestro cerebro la nueva aplicación de pensamiento social (V.1.1), que nos convertirá en versiones de ciudadanos del mundo mucho más avanzadas, menos estresadas, con menores costos de mantenimiento y mucho menos problemas operativos.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 27 de febrero de 2014).


A pesar de haber crecido como una mancha fuera de control, de tener poco más de cuatro millones de habitantes, de ser la ciudad con más automóviles per cápita de México, de sufrir de los problemas de una gran urbe: falta de planificación y servicios, tráfico, contaminación, inseguridad y miseria, Guadalajara sigue manteniendo y exhibiendo elementos del Rancho Grande del cine mexicano. Contradiciendo a beatos y apocalípticos de la modernidad, sigue conservando el alma más provinciana que aún ahora, cada temporada de lluvia, mantiene el olor a tierra mojada. No obstante, esto no quiere decir que la cultura de esta ciudad no haya experimentado enormes cambios. Hoy los tapatíos no visten de charros, los hay cholos, hippies, emos, hipsters, darketos y punks. Aun así, ataviados con distintos estilos beben tequila y gustan de tortas ahogadas. Pero a pesar de ello los charros siguen existiendo y se dan cita en sus lienzos, y se muestran orgullosos abriendo los desfiles de las Fiestas de Octubre y de la llevada de la Virgen de Zapopan. La charrería, junto con el mariachi y el tequila, son hoy revalorados como patrimonio intangible de un pueblo para la humanidad, y buscan ser preservados en museos, como se tiene planeado dedicar el precioso edificio de la "Quinceava" Zona que se dice albergará el museo de la charrería.

Es cierto que muchas cosas han cambiado, que Guadalajara ya no es la de antes. Ya no tiene pinta de rancho y lejos está de evocar un paisaje rural. Que ya no es la Ciudad de las Rosas, ni la Ciudad Limpia y Amable. Que sus habitantes no son todos alteños: güeros y de ojos azules. Que la gente ya no vive en casas con hermosos patios andaluces, y que también abandonaron las palaciegas casas jardín de la colonia Moderna para irse a vivir a cotos distantes de la ciudad resguardados con puertas de hierro. Que los antiguos hacendados hace mucho tiempo que dejaron de ser su élite. Que ya no todos se quitan el sombrero o se persignan al pasar por el templo a la hora del Ángelus, aunque siga siendo uno de los lugares con más practicantes de rituales católicos en el mundo. Que sus pobladores no son tan persignados, aunque en general lo siguen siendo, con sus asegunes y a sus maneras heterodoxas y cada vez más contaminadas por las prácticas new age y esotéricas. Que las Chivas ya no sea el equipo campeón y que el Atlas tal vez gane en el futuro ahora que Salinas Pliego, el dueño de Televisión Azteca, lo compró. Verdad es que los jóvenes se diviertan distinto que sus abuelos y sus padres, aunque todos se dieran cita en el mismo lugar: los abuelos iban a Lafayette a coquetear mientras patinaban y tomaban helados; los padres iban a Chapultepec donde estaban los bares, las peñas latinoamericanas y cafés cantantes, y hoy los jóvenes van a "Chapu" a oír un toquín, a andar en patineta, a dar el rol o tomarse una chela. Aunque la manera de nombrar y de practicarlo sea diferente, el lugar sigue siendo el mismo, y mantiene una continuidad cultural. Como la Puerta de Alcalá, Lafayette, reconvertida en Chapultepec, y degradada a "Chapu" ve pasar el tiempo y construye una línea de continuidad entre el ayer y el presente. Con todo, esta ciudad conservadora ha sido y continúa siendo el lugar de prácticas y expresiones artísticas-culturales irruptoras, innovadoras, difíciles de comprender por provocativas.

¿La Guadalajara mocha?

Ahora y antes, bajo su aparente mochería, Guadalajara es también un lugar recurrido y famoso por sus centros nocturnos. Sus burdeles siempre han sido reconocidos por locales y foráneos. En mis tiempos se hablaba del cacicazgo de Rosa Murillo propietaria de Las Cascadas y "La Comanche" (Esther Camberos) esta última, que recién murió en 2012, fue propietaria de el Guadalajara de Día y del el Hotel Aztlán. En una entrevista realizada por Felipe Cobián en Proceso, su hijo Adán describe cómo estos sitios eran lugares de encuentro de la élite nacional: presidentes, gobernadores, jueces, capos, comandantes, líderes sindicales y universitarios, visitaban el lugar y regresaban favores, a doña Esther, considerada por muchos como "la patrona". Sin duda su biografía que parece estará publicada pronto, hará comprensible los hilos invisibles del poder caciquil y la cara oscura de la cultura de Guadalajara. En el presente, el giro cambió hacia los table dances, y más sofisticados aún el Candy's Girls (que presume tener un nivel de calidad avalado por el ISO 9000) y el Men’s Club dirigido a hombres ejecutivos como escenario para "negocios de altura"; ambos se anuncian en visibles espectaculares colocados en las carreteras de ingreso a la ciudad, como lugar de destino turístico de Guadalajara. Ello no significa que Guadalajara no sea la sede nacional del catolicismo conservador, ni quiere decir que el ex nuncio del Vaticano Prigione haya exagerado cuando la nombró "la capital moral de México". Pues con ello no desmiente que sea la capital de la doble moral, puritana en su exterior, pero a la vez permisiva en los pliegues de sus calles. Si bien, las torres de catedral son ícono de una sociedad conservadora, mocha, y católica, Guadalajara es a su vez la Guanatos, la que reivindican con acento de libertad los "jotos", cholos y los travestis. Es la disruptiva, la trasgresora. Es La Tapatía de Julio Haro, líder de la banda El Personal, que le compuso la canción en la cual los lugares tradicionales del centro de la ciudad (el mercado San Juan de Dios, la Plaza Tapatía, el Cabañas, el Cine Variedades y Catedral) son los rincones donde se combina y a su vez transgrede la cultura conservadora: donde sus habitantes se adentran para ponerle a "nuestro vicio", cada quien el suyo.

Lo tapatío: una manera de volver al futuro

La Guadalajara de ayer, se mantiene en la Guadalajara de hoy. No es sólo un sentimiento de nostalgia, prevalece siempre alerta para subirse en el tren de la modernidad. A Guadalajara se le descubre en el cine mexicano, se le llora al son del mariachi, se disfruta de un sorbido con un caballito de tequilla con limón y sal, se le zapatea en un jarabe tapatío. Tradición y modernización son a mi manera de ver las dos ruedas que, aunque giran en sentidos opuestos, generan el ensamblaje de una manera de ser propia, pero a la vez una marca de exportación en un mundo cada vez más conectado por la globalización. Lo tradicional se convierte en su boleto de entrada en la postmodernidad. El rezago de ser una ciudad bicicletera es hoy un demanda ciudadana por el derecho a la vialidad. El tequila ya no es una bebida regional, sino que ha sido el boleto para ingresar en las industrias mundiales y a la vez ha sido el objeto para atraer turismo internacional. El mariachi ha sido denominado como patrimonio mundial de la humanidad, convirtiendo a la Perla Tapatía en la "meca" de la música vernácula que es apreciada en el mundo entero. De esta manera Guadalajara a través de sus mariachis, tequila, charros, futbolistas, miss de belleza se coloca como ícono de una mexicanidad que mira hacia adelante. Y en la política, nos regresa a los tiempos de la Ley de Herodes. Lo tapatío es en la actualidad una marca de identidad reconocida a nivel mundial, y debido a ello la gestión cultural de la ciudad tapatía concentra su atención en dichas expresiones. Incluso a mi manera de ver lo hace de manera exagerada exponensiándolo de tal manera que deja en el olvido otras manifestaciones artísticas y culturales de gran valor como ha sido su arquitectura, reconocida como arquitectura tapatía, influenciada por Luis Barragán, Pedro Castellanos, Rafael Urzúa, cuyas obras no son debidamente resguardadas.

Renée de la Torre
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 2 de marzo de 2014).


Tope: montículo hecho de cualquier material cuyo objeto es recordarle al automovilista, motociclista o cualquier otro vehículo de motor que en esa calle manda otro y por tanto el que por ahí pasa debe frenar de manera intempestiva, hacer la caravana de rigor ante el rey de la cuadra, o bien despedazar cárter, mofle y suspensión, cuando se trata de un auto, o partirse la mandarina en gajos cuando se trata del conductor de una motocicleta.

La definición, hay que aclararlo, no es de la Real Academia Española (ellos no tienen idea de lo que es partirse la mandarina en gajos) y sólo es aplicable para los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara, pues si bien hay otras zonas del país donde los topes son venerados, como en Chiapas, la diferencia estriba en que en aquellos lares el tope es una política pública (el candidato que más topes promete gana las elecciones municipales) mientras que en Guadalajara es una acción absolutamente arbitraria y de la que la autoridad hace como que no se entera, pero autoriza a la menor provocación.

En Guadalajara la mayoría de los topes nace por generación espontánea. Aunque las autoridades municipales de los ayuntamientos de la zona metropolitana autorizan casi un tope al día, son muchos más los que se instalan. Los topes no tienen madre, ni padre, ni padrino político, sino un voluntarioso financiador que considera que en ese punto de la ciudad los coches circulan demasiado rápido y hay que ponerles un alto. La falta de un censo de topes es una clara muestra de que a nadie le importan. Tanto para los ayuntamientos como para Movilidad, el tope es un dato geográfico, nunca una preocupación, menos un asunto a atender.

Por lo general, quien pone un tope tiene una razón para ello. Ni los camiones de pasajeros, ni los autos, ni las motos respetan el límite de velocidad y para la Secretaría de Movilidad, fuera de López Mateos, Patria y Periférico, todo es Cuautitlán. Esto es, a nadie le importa los que pasa con el tráfico fuera de las avenidas principales, si la gente se estaciona donde no debe, si va a exceso de velocidad, si se detiene en doble fila, lo que sea. El argumento de Movilidad es que no tienen agentes suficientes, lo cual seguramente es cierto, pero eso no quiere decir que no sea su responsabilidad.

En la ley del tope, como en la ley del monte, cada quien hace lo que quiere.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de marzo de 2014).


Si se trata de ver a Guadalajara -y sus cada vez más distantes orillas- a través del espejo retrovisor, habría que hacer alusión a sus "barrios tradicionales" (Analco, Mexicaltzingo, El Santuario...), a los que posteriormente se agregaron "Las Colonias" propiamente dichas: la Americana, la Moderna, Chapalita... Eso, entre las "aristocráticas"; entre las populares, allende los barrios del oriente (San Felipe de Jesús, la antigua Penal, San Juan Bosco...) surgió "La Hermosa Provincia"; más tarde, la Jalisco...; hacia el sur, la Morelos, la del Fresno y varias etcéteras. Hacia el norte, con la Barranca de Huentitán como límite, por lo consiguiente...

A medida que el crecimiento de la mancha urbana se tornó incontenible, los confines de la misma se extendieron más allá de los municipios vecinos: Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá ("más los que se acumulen esta semana") fueron absorbidos -¿devorados...?- por el monstruo en que devino la "Ciudad Amable".

Las "familias bien" continuaron, incontenibles, el éxodo hacia el poniente: "Providencia" pasó a ser la nueva "colonia popis" de Guadalajara... hasta que la alcanzaron la voracidad de los mercachifles y la facilidad con que se hacen "adecuaciones" a los planes parciales del municipio o se emiten "resoluciones" de los tribunales; "adecuaciones" o "resoluciones" agarradas con las uñas -tanto en sentido literal como en sentido figurado- a la ley... pero reñidas con la más estricta noción del derecho. Con el ánimo de privilegiar los criterios comerciales -centaveros, para decirlo en cristiano-, se han sacrificado normas de convivencia y, en consecuencia, estilos de vida de personas y familias.

(Lo que sigue, por supuesto, es que las generaciones actuales, siguiendo el ejemplo de las pretéritas que pasaron de los barrios a las colonias, pasen, como ya se apuntó, de las colonias a los cotos).

El tema no es novedoso. Sí lo es el planteamiento de los vecinos al presidente municipal de Guadalajara, inconformes por la invasión de bares y restaurantes -sobre todo- que operan impunemente... violando ostensiblemente los reglamentos municipales. Sí lo es, también, la tronante aseveración del alcalde, Ramiro Hernández García: "Vamos a meter en orden a quienes han estado rompiendo los lineamientos de la ley".

2 preguntas: una: ¿quién permitió romper dichos lineamientos?; y dos: ¿ahora sí va en serio, o va a pasar como con la promesa de "meter en orden" a los ambulantes del Centro...?

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 21 de marzo de 2014).


El tapatío vive en la idea de que no hay mejor ciudad que la suya. ¿Pero es realmente así? ¿Está ese orgullo cimentado en algo real? ¿O es estrictamente subjetivo y por tanto incuestionablemente similar al que sienten por su terruño los naturales de Pachuca, de Zamora o de Toluca?

Salvador Camarena
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 7 de abril de 2014).


Si de disertar sobre "Ciudades para la Vida" se trata, el primer edil de Guadalajara pudiera hablar de "la percepción de inseguridad" que los habitantes de Guadalajara refieren; no de la seguridad que los organismos correspondientes les aportan; de las víctimas mortales que reporta cada año el calamitoso sistema de transporte público; de los "ajusticiamientos" que casi todos los días se registran en la ciudad y sus alrededores; de la crisis de abasto de agua que probablemente sufran la ciudad (la zona metropolitana, para ser exactos) y sus 5 millones de habitantes en el corto plazo...

(Por supuesto, con una recomendación al canto: "Véanse en el espejo de Guadalajara; tómenla, por piedad, como ejemplo de lo que no debe hacerse").

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de abril de 2014).


El viernes de Dolores indicaba a los coheteros que ya era tiempo de preparar los Judas del sábado de Gloria que, en aquellos tiempos anteriores a las reformas litúrgicas de los años 60, se quemaban a media mañana del sábado, después de los larguísimos oficios de ese día. Los Judas eran ocasión del desahogo popular contra los gobernantes y gentes de la política: por lo común los muñecos representaban claramente a personajes odiados por el populacho: era un desahogo espontáneo en aquellos años en que la clase política era intocable. Ver la imagen del gobernador quemándose entre estallidos de cohetes era un placer en los largos periodos de nuestra vida pública terriblemente cohibida y reprimida.

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Milenio Jalisco del 11 de abril de 2014).


Guadalajara es una ciudad encantadora, lo que no la libra de ser un lugar de grandes contrastes, muchos errores causados fundamentalmente por los gobiernos y por la necedad y ambición de muchos de los habitantes de la antes pacífica perla de occidente.

A todos nos parece gustar que la ciudad se desarrolle armónicamente, eso en teoría y siempre que no se afecte nuestro interés económico y así se violan sin ningún recato los planes urbanos de densidad, justificándolos al aducir ocultos intereses en la redacción de éstos y el legítimo derecho de hacer negocio, sabiendo que una vez construida la finca no pasará nada, quizá algunas amenazas gubernamentales que sólo quedan en eso, en amenazas. Por mencionar un ejemplo, las malogradas Villas Panamericanas esperan su destino, grupos que parecen aducir con razón un gran daño ecológico y proponen derruir la construcción, porque de no hacerlo se condenaría a la zona y a la ciudad a daños irreparables porque abriría al comercio una gran reserva. Otros establecen que bastará con cambiar el destino del inmueble para aminorar la pérdida. El tema es debatible pero lo que es seguro es que si se derribara, aún con la pérdida económica, el siguiente violador de los planes parciales se la pensaría mucho para hacerlo.

No olvidemos que el paralelo que pasa por nuestra ciudad es el mismo que pasa por la mitad del desierto del Sahara y nuestros asideros de salvación son la altura, Chapala y los árboles, no lo olvidemos, tomemos conciencia. Accidentalmente me enteré de un caso que ejemplifica nuestro egoísmo e ignorancia acerca de este tema, hay por la calle López Cotilla, casi esquina con Atenas, un hermoso guamúchil; a un vecino no gusta de ese árbol ubicado en la servidumbre de otra casa, pues el sujeto recurrió a la autoridad municipal para lograr ¡derribar un árbol sano! porque no le gusta, imagino lo absurdo del caso que el dueño tendrá que ir a defender a un árbol, como si el quejoso no necesitara oxígeno para vivir como todos. Esperemos por única vez en la vida que la autoridad trate de explicar las ventajas de las frondas y que se salve ese ejemplar.

Carlos Enrigue
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 13 de abril de 2014).


Se ha demostrado a través del tiempo que los tapatíos somos muy propensos, por no decir adictos, a cometer irracionales crímenes urbanos que con visión y con el uso adecuado del cerebro se podían haber evitado.

Al contrario de Europa, aquí demostramos ser buenos para desaparecer ríos existentes en medio de la ciudad, como es el ahora drenaje colector de San Juan de Dios, que fue a principios del siglo pasado un cauce de río con agua corriente, que naturalmente no estaba limpia porque no se tenía el cuidado ni la dedicación, mucho menos la visión para evitarlo. Imagínense ustedes si en lugar de taparlo convirtiéndolo en el gran colector de aguas negras que va por la Calzada, que es parteaguas topográfico, hubieran construido dos colectores en sus márgenes, dándose a la tarea de limpiarlo y aprovecharlo, reviviendo su imagen y su estructura.

En la misma área teníamos el lago del Agua Azul para gozo de la belleza y esparcimiento de los tapatíos, el cual en lugar de reforzarlo lo desaparecimos.

Esas acciones contrastan grandemente con el proceder principalmente en ciudades europeas y hasta en Asia; últimamente Seúl ha dado ejemplo de cómo se puede hacer que resplandezca una ciudad haciéndola más humana y más bella, al recobrar un río que anteriormente habían tapado y tenía viaductos de dos pisos encima de él, ahora es una maravilla lo que lograron, quitaron los viaductos para automóviles, rediseñaron y reestructuraron la movilidad urbana, revivieron el río que había sido condenado a muerte, dejando una ciudad esplendorosa.

Así también la multitud de crímenes urbanos que se han cometido en el patrimonio y la imagen urbana, que producían una mejor calidad de vida y un gran equilibrio entre hombre, naturaleza y desarrollo urbano y en las construcciones patrimoniales, que si ustedes tienen la suerte de analizar un extraordinario libro histórico de Guadalajara, que nos enseña los edificios que armonizaban nuestra ciudad con belleza y escala humana en la primera mitad del siglo pasado, les va a dar tristeza, dolor de estómago al ver reflejados los espacios y la armonía que tenía por ejemplo la Calzada Independencia, aunque ya estaba tapado el Río San Juan de Dios. Este ejemplar escrito por Guillermo Gómez Sustaíta delata toda esa destrucción de la memoria, los grandes crímenes urbanos cometidos y claramente se ve que hubo ligereza en la toma de decisiones y falta de análisis, lo que nos llevó a destruir gran parte del patrimonio urbano y natural de nuestra Guadalajara.

Actualmente estamos conscientes del enorme peligro en que se encuentra el Lago de Chapala (la mayor joya como lago de todo el país por su belleza y magnitud), por la cantidad de presas que se han construido en la cuenca del Río Lerma, que impiden que lo que quede de su caudal sea suficiente para alimentar Chapala como lo diseñó la madre naturaleza. Hay un convenio federal interestatal que se cumple a medias y que es parte de la amenaza para Chapala.

José Manuel Gómez Vázquez Aldana
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 13 de abril de 2014).


Hay 2 Guadalajaras. Como hay 2 Méxicos. Nuestras comunidades viven una tensión en medio del contraste.

En la historia de la ciudad se ha consolidado una idea de división entre el oriente y el poniente de la mancha urbana. Hace algunas décadas se situaba la frontera en el trazo de la Calzada Independencia. Aún quedan rastros de aquella demarcación que parecía formada por 4 cuadritos en los cuarteles Hidalgo, Juárez, Libertad y Reforma. Esas divisiones territoriales no existen más, ni las formales como tampoco las convencionales. Pero existen aún 2 Guadalajaras.

La una, está formada por instituciones eficientes con visión global que son altamente productivas. En ellas trabajan miles de personas que viven a un ritmo acorde con el vértigo y la incertidumbre propia de nuestro tiempo. Están sujetas a mediciones continuas de su desempeño y a la competencia abierta. Se sitúan en los cuatro puntos cardinales de la ciudad desde las fábricas de autos y partes automotrices en El Salto, hasta las empresas que desarrollan software en Zapopan, pasando por las instituciones financieras en Guadalajara; en plantas y edificios también trabajan empresas comerciales altamente eficientes ubicadas prácticamente todos los rincones de la metrópoli.

En los últimos 20 años la ciudad ha visto como estas unidades eficientes se implantan y desarrollan generando una sensación de progreso.

Esa Guadalajara es una ciudad que puede compararse con cualquiera en el mundo. Los más jóvenes viven con la visión bien puesta en esta Guadalajara interconectada y vibrante.

La otra, Guadalajara está formada por miles de personas y unidades económicas que actúan inercialmente. La informalidad, la falta de rigor, como la tendencia a eludir el cumplimiento responsable, los convierte en altamente improductivos.

Esa otra Guadalajara, está también en todas las zonas de la urbe: tienditas, puestos ambulantes, tianguis, talleres, que aparecen para formar un rico contraste económico y social. Esa tensión entre la vida tradicional y la eficiencia enfocada al mérito individual, es una de las características de nuestra sociedad.

La ciudad vive una transformación silenciosa en la que avanza la actualización, la interconexión en una convivencia con ese sector tradicional que ha caído en la trampa de la baja productividad y los bajos salarios.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 13 de abril de 2014).


Evidentemente el Estado no es responsable ni puede prever la cantidad de agua puntual que va a caer, pero por supuesto que tenemos estadísticas de muchos años y un sentido común que no dice que en tiempo de aguas lloverá y que en Guadalajara este año va a llover como todos los años, con tormentas puntuales terribles, aunque los tapatíos nos seguiremos haciendo los sorprendidos.

En el origen de toda tragedia, lo sabemos, está la corrupción: un empresario corrupto que se encontró "de casualidad" a un funcionario corrupto y se generó un licencia para urbanizar un cauce de un río, interrumpir un cuenca natural, o simplemente una decisión gubernamental de usar las cuencas de los arroyos para poner calles y luego hacerse los sorprendidos cuando se inunda, como sucedió en la Avenida Patria la semana pasada (Patria no "parece un río" como decían las redes sociales, es un rió).

Estando como estamos y siendo como semos (si ya saben cómo semos para que votan por nosotros, diría el funcionario) ¿hay algo que se pueda hacer para evitar las muertes?

Por supuesto que sí, pero pasa en gran medida porque hagamos lo que nunca hacemos: trabajo en planeación a mediano y largo plazo e inversión pública en cosas que no se ven, nadie agradece y no dan foto de portada en los periódicos. La inversión en colectores en Guadalajara está detenida desde hace años. Seguimos autorizando fraccionamientos sin tomar en cuenta que cada metro cuadrado de tierra al que le ponemos concreto encima es agua que en lugar de infiltrase a la tierra hay que canalizar a los colectores, y no le estamos cobrando a los urbanizadores el precio real de inversión que requiere esa canalización. Peor aún, lo que se cobra entra a las arcas municipales y ahí se pierde en una gran bolsa que termina pagando nóminas y no invirtiéndose en soluciones de canalización del agua.

Pero hay además un montón de pequeñas obras que si los ayuntamientos estuvieran atentos podrían evitar muertes, y que tienen que ver con sistemas de protección de los canales, pequeños puentes para cruzar, que quizá se hicieron una ve, pero que nadie voltea a ver en qué estado están hasta que se ahoga un niño.

Pero la parte más importante de prevención tiene que ver con lo que hagamos los ciudadanos. Las alcantarillas están tapadas porque tiramos basura en la calle. Y por basura hay que entender desde colchones, muebles, pedazos de autos, hasta bolsas de plástico, pañales y todo lo que ya sabemos y que, acumulado, tapan cualquier canal, alcantarilla o colector.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de julio de 2014).
Modernidad tapatía.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de julio de 2014).


Primero un chiste, cortesía de la exdirectora de la FIL Nubia Macías: 2 tapatíos que mueren simultáneamente llegan a las puertas del cielo. Tocan. Les abre San Pedro. "Hola, ¿de dónde vienen?", pregunta el barbado santo. De Guadalajara, contestan los recién llegados. "Hmmmm", responde San Pedro, con evidente hastío. "Pues pasen. A ver si les gusta".

Bromas aparte, los tapatíos están -en efecto- muy orgullosos de su ciudad, pero salvo que a ellos les resulta bonita, entrañable, única, etc., ¿hay algo hoy en Guadalajara que garantice que en el futuro este lugar gozará de prestigio? Y al hablar aquí de Guadalajara me refiero a un factor de identidad que le es propio a la ciudad capital, pero que rebasa los límites metropolitanos de la misma, resumiendo en buena medida la forma en que son, y en que son vistos, los jaliscienses en general.

Para responder a la pregunta aquí planteada se puede comenzar con un ejercicio de memoria. Tan sólo en este año, Jalisco ha sido noticia a nivel nacional por escándalos tan lamentables como el protagonizado por un oportunista senador que hace de una visión conservadora de la familia una moneda para avanzar políticamente, por unos tarados neonazis, y por unas prostitutas en una fiesta panista en Puerto Vallarta.

Es obvio que esta síntesis es reduccionista. Se requeriría de un meticuloso estudio para calibrar en qué medida hoy Guadalajara y Jalisco son identificados por un chato conservadurismo y por escándalos tan lamentables como los protagonizados en un pasado nada lejano por el exgobernador Emilio González Márquez.

Sería injusto decir que a la Guadalajara de 2014 la representan los morenazis panistas o los dolores de cabeza (megadeuda y desarrollos inmobiliarios fallidos) de la cruda de los Panamericanos. Pero a falta de una narrativa que exponga claramente una identidad moderna es legítimo cuestionar qué es lo que sí representa hoy a Guadalajara.

Hace meses, en los días en que el Atlas fue vendido a un empresario de la capital, oí en Guadalajara un lamento: ¡Cómo es posible que un club tradicionalmente tapatío se lo haya quedado un chilango! Nada me parecía más tapatío que escuchar la queja precisamente de quienes forman parte de una clase que no supo administrar exitosamente a ese club. Lo mismo aplica a Chivas, equipo en manos de un empresario que nunca entendió la importancia del símbolo que posee, que nunca supo la relevancia de esa institución. Y estamos hablando de mucho más que futbol.

Mientras otras regiones libran batallas para renovar su identidad, Guadalajara luce, desde mi punto de vista, extraviada en lugares comunes tan trillados como el mariachi y el tequila. Y apostarle sólo a ferias mercantiles, incluida la Internacional del Libro, podría resultar demasiado poco de cara al futuro.

El lugar que presumía un alma de provinciana ha de actualizar sus factores de orgullo. Más cuando Nuevo León, que parece recuperarse de la ola criminal que la azotó, vivirá una pujanza energética. Más cuando el Estado de México se está beneficiando de esa tradición presidencial de consentir a la entidad cuna del primer mandatario. Más cuando el DF, a pesar de Miguel Ángel Mancera, mantiene su carácter vibrante.

A los tapatíos puede que les guste mucho su ciudad. Pero desde el centro del país, lo poco que parece ocurrir ahí son escándalos, malos equipos de futbol y políticos retrógradas. Seguro ocurren ahí muchas más cosas, pero de entrada les urge vender algo más que folclor, tequila, tables y malas noticias.

Salvador Camarena
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 1o.de septiembre de 2014).

La forma en que los tapatíos procesamos los cambios en las políticas públicas: Por un lado ese afán por descalificar cualquier iniciativa aun antes de que nazca y por otro la claridad de que una vez que adoptamos algo como nuestro no hay partido político, grillo, o poder fáctico que pueda contra ello.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de septiembre de 2014).

Cuando algo sale súbitamente mal, los tapatíos solemos decir, absurdamente, "tan bien que íbamos" (la expresión tapatía es realidad tam bien quíbamos, pero la ortodoxia es la ortodoxia). Lo absurdo radica en pensar que todo iba bien hasta que súbitamente algo salió mal y no, como es en realidad, que cuando algo sale mal es porque no se hizo bien desde el principio.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de octubre de 2014).

¿Cuándo se perdió el amor propio de la ciudad? ¿Cuándo tantos de sus habitantes dejaron de cuidar el decoro de sus calles, casas y negocios? ¿Cuándo la misma autoridad dejó de actuar para remediar o impedir tanto tiradero urbano, tanto desorden? Quienes conocieron la ciudad de hace apenas 40 años podrán corroborar la decadencia.

Quizás, además de la premura o la necesidad que "impide" el aliño urbano, la principal razón para tener una ciudad en tantos ámbitos descuidada sea la instalación de lo que la palabra cuachalotez define con precisión. Esa mezcla de descuido, suciedad y valemadrismo por la propia apariencia, el personal orden. Y que se transmite a todo lo que el cuachalote toca.

La pobreza, históricamente, nunca fue sinónimo de dejadez. Los indios, en su sencillez, solían vestir con dignidad, aún con elegancia; del mismo modo edificaban y mantenían sus casas y sus calles. La gente del pueblo llano, en el campo y las ciudades tenía a orgullo portar vestiduras limpias, usar sombreros inmaculados, camisas, faldas y rebozos impecables. La honrada clase media cuidaba tanto su apariencia física como la de sus habitaciones. Pisos relucientes, banquetas y calles barridas, patios con bien mantenidas plantas, azoteas limpias y cuidadas.

Las fotografías que van de los años 30 a los 50 del siglo pasado muestran una Guadalajara albeante, una fábrica urbana compuesta por patios bien trazados y fachadas enjabelgadas, empedrados de la mejor factura, plazas centrales como tazas de plata. La gente hacía su parte, la autoridad la suya. Así se construyó una tradición regional de decoro, de humilde señorío. Luego vino la pseudomodernidad y nos alevantó. Llegaron contingentes enteros, de gente propia y extraña, que ni entendía ni quería a la ciudad. La piqueta y la corrupción acabaron con buena parte del patrimonio y extendieron así una tácita licencia para el destrozo y la humillación citadina. Mucha gente -de todos los estratos sociales- discurrió que nada importa la manera como uno se manifiesta ante los demás. Para todo hay estilos, claro, y muy libres las personas de vestirse y andar como quieran.

Total, Guadalajara se convirtió en una ciudad descuidada de sí misma, cuachalota. Miles de fachadas podrían pintarse, kilómetros de banquetas arreglarse, arbolarse y limpiarse. Pero mucha gente, a la que muy bien le ajusta para hacerlo, prefiere gastar en otras cosas y ver la televisión comiendo comida chatarra (lo que les luce).

En un radio de una manzana se pueden enumerar patéticas muestras de esta cuachalotez ahora consuetudinaria. Por la misma cuadra, una casa "catrina" e histórica ostenta todo el jardín de su banqueta -que va de calle a calle- hecha un muladar. Enfrente, los encargados de un edificio tienen similar muladar en su banqueta, con el agravante de que impunemente la convirtieron en "estacionamiento". A la vuelta, otra gran casa muestra una larga colección de los más que lamentables grafitis en su barda sin que los propietarios muevan un dedo. Para el otro lado, un kínder (centro de "educación") tiene todas sus banquetas destruidas -incluyendo un árbol caído- y constituyen un peligro para los transeúntes. En la esquina 2 registros de cemento rotos son un peligro total para ciegos y distraídos... y así se puede seguir, casi infinitamente, el muestrario de la cuachalotez tapatía.

Juan Palomar Verea
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 29 de octubre de 2014).

Estamos demasiado acostumbrados a usar la ciudad como una mera herramienta para llevar adelante las ocupaciones cotidianas. Ir y venir a troche y moche, no barrer frente a las propias casas o negocios, contaminar, tirar con frecuencia basura (la cantidad de chicles que ensucian los pisos públicos debe rebasar al número de habitantes urbanos), maltratar banquetas y arbolados, tapar alcantarillas con desperdicios, repartir propaganda impresa que inevitablemente acaba en el suelo de la vía pública, cortar camino a lo bestia por parques y espacios verdes... en fin, otras tantas conductas que menosprecian la dignidad del contexto colectivo y que envilecen y sobajan nuestras propias vidas.

Esta noción utilitarista de la ciudad que muchos habitantes comparten -considerarla un mero obstáculo a salvar para llegar lo antes posible a ver televisión, por ejemplo- ha contribuido en mucho a degradar las condiciones de vida generales.

Hemos olvidado inculcar a niños y jóvenes (y también a la gente grande -a lo mejor todavía es tiempo- el cariño por, como decía Ignacio Díaz Morales, la casa grande de todos. En 1er. lugar desde las familias: enseñarles qué es Guadalajara, por qué es así, cómo funciona este complejo organismo, cuáles son sus principales espacios y monumentos, sus nombres y sus historias; y sus aspiraciones. Y también las particularidades de cada barrio, de cada pequeño contexto: su origen, sus personajes y su carácter, sus virtudes y sus problemas; y sobre todo, cómo poder ayudar a que sea un mejor lugar para vivir. Muchos niños crecen -y han crecido- creyendo que todo funciona en automático y que no cuesta un gran trabajo tener agua y drenaje y luz y que alguien se lleve la basura, alguien asegure el alumbrado, alguien cuide y etc., etc. Además, debería ser obligatorio ver todo esto en las escuelas en las clases que se llaman, precisamente, civismo.

Juan Palomar Verea
(v.pág.10-A del periódico El Informador del 10 de diciembre de 2014).

Postal 1: Sábado, avenida Mariano Otero a reventar, 3 choques en menos de 8 cuadras, en uno de ellos los conductores pelean a golpes. Postal 2: Jueves, estacionamiento de un banco, pasadas las 9 de la mañana. Camioneta roja golpea a una gris. Involucrados discuten. El conductor del vehículo culpable huye, brinca topes, banqueta y jardinera, casi golpea otro en su fuga. Postal 3: Lunes, minutos después de las 10 de la mañana, coches parados en calle Juan Manuel, automovilista les reprende, mujer con bolsas de dulces en ambas manos se expresa con medio diccionario de mexicanismos.

Esta es la Guadalajara que vivimos los días previos a la Navidad, que tienen de todo, menos sentimientos de fraternidad. En las calles hay prisa, impaciencia, rabia, enojo, angustia, insatisfacción. Como si llegar primero a cualquier lado fuera una victoria sobre el otro, como si salirse con la suya fuera una acción contestataria, como si entorpecer la vida de los demás fuera una revancha contra enemigos imaginarios.

Todas fueron expresiones humanas, instintivas y viscerales donde queda claro que hay un hartazgo generalizado que no se aplaca de acuerdo a la época, aunque sea la muy tradicional de "paz y amor" en diciembre.

Hoy en día todo son quejas, justificadas o no. Es más fácil quejarse que hacer algo, me queda claro. Lo más triste y alarmante es la comodidad con la que exigimos todo y nuestra aportación es mínima, eso queda muy claro cuando circulamos por la calle. El camino no es ese, el enemigo a vencer no es el que va a lado, sino la pereza con la que afrontamos nuestra responsabilidad y la parte que nos toca para que el mundo siga dando vueltas.

Gabriela Aguilar
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de diciembre de 2014).

Nuestra ciudad de Guadalajara peca de "civilizada" cuando no debe, y muy "incivilizada" cuando debiera... así de la noche a la mañana la quisieron volver una urbe "ciclista" y antes de montar decenas de "estaciones de bicicletas en renta" a un altísimo costo al erario, y más que eso a los contribuyentes desde luego claro está... ¿No se les pudo ocurrir con antelación tener el cuidado y el respeto de pavimentar debidamente las calles y avenidas por donde se pretende que los millares de ciclistas supuestamente circularían?

Y anoto "circularían" porque paradójicamente desde que se puso en servicio el servicio de bicis y sus consabidas estaciones, ¡hemos visto menos ciclistas que nunca!... al menos la "estación" cercana a nuestro domicilio ya luce como un auténtico basurero... y nuestra calle por donde ciertamente los miércoles por la noche se desplazaban 2 o 3 cientos de muy avezados ciclistas a los paseos nocturnos, seguramente deberán de antes de ello comprar un seguro de vida y accidentes... pues la Av. Libertad es sin duda alguna una de las más deterioradas en pavimento que yo recuerde... además, peligrosa como la que más... como que bajan de poniente a oriente algo así, como "chorrocientas" decenas de rutas de camiones de servicio público... a altísima velocidad para lograr alcanzar la luz verde de alguno de los semáforos... encima de todo, es el camino obligado de retorno al Centro de las calandrias... lo que ocasiona todo el tiempo (no las calandrias, desde luego) y hasta ciertas horas de la noche un tráfico infernal que, sumado a la cantidad de baches y lo angosto de la calle, hacen una vía peligrosísima para los ciclistas como para los mismos automovilistas... ¿ES TAN DIFÍCIL USAR EL SENTIDO COMÚN...?

El Duque de Tlaquepaque
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 29 de diciembre de 2014).

Pedaleo mi bici sobre la ciclovía de La Paz. En Avenida Alcalde una camioneta se echa abruptamente de reversa y me da la bienvenida. En Guadalajara ni las ciclovías se salvan de los baches. De repente aparecen, amenazantes y musculosos, como recién salidos de la crisálida asfáltica.

En la ciclovía de La Paz hay que tener cuidado con las alcantarillas. Hay que aguantar al Sol perro. De Alcalde a Chapultepec es subida. Se avanza lento, y hay que pedalear mucho.

A la altura de Donato Guerra una camioneta se estaciona en la ciclovía y un auto se pasa el alto. Un motociclista toma un atajo por la ciclovía y rebasa a las bicis. "¡Aguas, luego te los cobran como nuevos!", grita y acelera el renegado: lentes oscuros, pelo en pecho y cola de caballo al estilo Teo González.

Después de Federalismo, sobre Penitenciaría, una moto circula en sentido contrario por la ciclovía. En Escorza, la ciclovía se aleja de la banqueta y se unta a los carriles de los automóviles. "¡Mugroso, muévete!", me grita un conductor peinado pa' atrás, con 3 botones de la camisa abiertos para que se vea su cadena dorada.

Antes de Bélgica hay 3 autos estacionados sobre la ciclovía. También hay basura, hojas secas y heces de perro. Hay hombres trabajando en un edificio y se oyen martillazos. En Moscú se tiene que estar atento a los autos que dan vuelta y se incorporan a La Paz. Es necesario estar pendiente de que no se metan en la ciclovía, porque lo hacen; desde Chapultepec hasta Américas la ciclovía es suya.

Gonzalo Jáuregui
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 20 de enero de 2015).

Los datos del Instituto Municipal de la Vivienda en Guadalajara son rotundos: "En el perímetro (...) del centro histórico existen 1,341 'predios disponibles'". La nota consigna que 383 son "casas en venta" y 323 "casas o departamentos en renta"; no precisa, en cambio, cuántas están así desde hace 3 meses... y cuántas desde hace 10 años, por ejemplo. Los 635 predios restantes son 259 fincas "deshabitadas", 329 "ruinosas", y 47 viles baldíos.

Un recorrido "a vuelo de pájaro" por algunas zonas relativamente céntricas de la otrora "Perla de Occidente", permite constatar el creciente despoblamiento de los que fueron vecindarios tradicionales. La invasión de giros comerciales motivó el éxodo de los descendientes de los propietarios de las casonas degradadas, prostituidas, transformadas en bodegas, "boutiques" y jugueterías, y modificó drásticamente la vocación, antaño habitacional, de los antiguos barrios.

Condenadas, por leyes absurdas, obsoletas, a conservar sus características originales, no obstante su pobreza arquitectónica -en la mayoría de los casos- y su inoperancia funcional, las casas en que transcurrió la infancia de los más ancianos de la comarca, agonizan ostensiblemente. Sólo Dios sabe si llegará algún día el alcalde, el regidor o el diputado visionario, que, aplicando aquello de que "las leyes se hicieron para servir a los hombres, y no los hombres para servir a las leyes", se atreva a promover los cambios en la legislación que permitan volver a la vida a todas las construcciones que hoy son, en el mejor de los casos, insalubres, sórdidos refugios de malvivientes... amén de síntomas indudables de la dejadez de los habitantes y de la incompetencia de los seudogobernantes que esta "noble y leal ciudad" -como reza la leyenda en bronce del pedestal de la Minerva- ha tenido la desgracia de padecer.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 21 de enero de 2015).

Guadalajara, llamada cursi y pomposamente la Perla de Occidente, es una de las peores ciudades de México y del mundo para vivir.

Ahora que se festejaron los 473 años de fundación de la ciudad las autoridades pagan una campaña publicitaria resaltando las bondades de vivir en Guadalajara.

Pero para quienes nacimos o residimos en esta ciudad desde hace décadas, se puede apreciar y confirmar un deterioro acelerado de la calidad de vida en esta urbe. Apenas hace un par de semanas un estudio realizado en 78 grandes ciudades, Guadalajara apareció como una de las 10 ciudades con el peor tránsito del mundo, junto a Yakarta, Estambul, Ciudad de México, Surabaya (Indonesia), San Petersburgo, Moscú, Roma, Bangkok, y Buenos Aires (CNN, 4 febrero de 2015).

Quienes se mueven en transporte público invierten todavía más tiempo para sus trayectos diarios (al trabajo, a la escuela, de compras o de esparcimiento). ¿Qué calidad de vida ofrece una ciudad que obliga a sus habitantes a pasar 2, 3 o más horas para transportarse cotidianamente? No se trata solamente del pésimo tráfico y de uno de los peores sistemas de transporte público del país.

Todos los indicadores muestran que la calidad de vida en Guadalajara se viene deteriorando aceleradamente. Una de las razones principales es que el estado y los gobiernos renunciaron a su capacidad rectora para dejar el crecimiento de la ciudad a los empresarios y especuladores inmobiliarios.

Eso propició que la mancha urbana se cuadruplicara en apenas 30 años, comprando terrenos agrícolas a bajo precio para sembrar miles de viviendas de alto precio y mala calidad, sin servicios garantizados (Tlajomulco es el ejemplo).

Se apostó además por un modelo de ciudad de servicios segregados (al modelo estadounidense de los suburbios y los centros comerciales) en lugar de una ciudad concentrada de usos mixtos como recomiendan los urbanistas más sensatos.

El crecimiento de la ciudad se convirtió en un valor de cambio en lugar de un valor de uso. Con ello ganaron empresarios y gobiernos corruptos pero perdimos todos los tapatíos.

Esas transformaciones han acentuado el deterioro ambiental, la pérdida de áreas verdes y zonas ambientalmente frágiles. La contaminación por vehículos automotores, y procesos industriales enferman y matan a miles de tapatíos.

En resumen, tenemos ahora una de las ciudades con peor calidad de vida. No es un asunto ni divino ni del destino. Incapacidad, negligencia y corrupción de la clase política nos han conducido hasta aquí, pero también una sociedad que en lugar de exigir derechos se contenta con plantear peticiones e influir en las políticas públicas. Si la sociedad no arrebata a la clase política y empresarial el crecimiento y destino de la ciudad, estamos condenados a seguir contemplando la decadencia de Guadalajara.

Rubén Martín
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de febrero de 2015).

La curiosa avaricia de preposiciones y artículos que ha querido deformar nombres entrañables: Bosque de los Colomos (sin el "de"), bosque de La Primavera (igual), Plaza de la Liberación (sin preposición y artículo), Plaza de los Laureles (con el redundante "Guadalajara"), Mercado de San Juan de Dios (sin "de") San Pedro Tlaquepaque (sin el santo patrono), Parque de la Revolución (sin "de" y "la"). ¿Qué sigue?: ¿"Barranca Oblatos"? ¿"Iglesia Paz e iglesia Carmen"? ¿"Catedral Guadalajara"? ¿"San Juan Dios"? ¿"Plaza Mariachis"? Y en el ámbito del estado: "San Juan Lagos", "Lagos Moreno", "Altos Jalisco", "San Miguel Alto"... y un largo, potencial y dañino etcétera.

Andar de tacaños (y telegráficos) o de pretensiosos o demagogos con los nombres de las cosas significa una corrupción que ataca la raíz misma de lo que para todos es el contexto comunitario.

Juan Palomar Verea
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 20 de febrero de 2015).

En 400 años, es decir, de 1542 a 1942 la población tapatía pasó de 240 vecinos a 240,000 habitantes. Y de 1942 a 1992, en 50 años, de 240,000 a 3'306,233 habitantes según estimaciones posteriores al Censo de 1990, realizadas por el Instituto de Urbanismo e Investigación de Asentamientos Humanos de la Universidad de Guadalajara que comandaba el Arq.Jorge Camberos Garibi, de feliz memoria.

¿Y qué hay del caos vehicular? A finales de la década de los 80 entrevisté al Arq.Esteban Wario, quien se encargó de la Planificación Urbana de Jalisco durante varios sexenios, prácticamente hasta su fallecimiento; pues bien, entonces me mostró la proyección del Tren Ligero (1987-1988), un esquema con el mapa de Guadalajara atravesado por 8 rutas que comunicaban hasta el punto más lejano de la zona metropolitana.

Carencias presupuestales, falta de visión, de voluntad, las explosiones del 22 de abril y los costos políticos; la calidad de timoratos de algunos políticos en todo este lapso; las grillas electorales y cuestiones por el estilo, retrasaron los planes, estos ya con casi 30 años de existencia.

Bueno, pues apenas -y ¡qué bueno! aunque sea tarde- se está construyendo la Línea 3 del Tren Ligero. Guadalajara esperó pacientemente durante lustros a que una ruta más fuera, finalmente, una realidad en una ciudad que muy difícilmente llegará a tener metro.

Laura Castro Golarte
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 21 de febrero de 2015).

No hay tapatío de cierta edad que no sepa que, en algún momento de finales del siglo pasado, el clima se echó a perder. Aunque era Cuernavaca la que ostentaba el mote de "la ciudad de la eterna primavera", cualquier nativo de Guadalajara sabía que la descripción le encajaba mejor a su localidad que a ninguna otra y que la fama de Cuernavaca tenía más que ver con su condición de jardín añorado por los capitalinos que con cualquier clase de superioridad evidente. Claro: en toda memoria que se respete hay registros de tormentas, heladas, inundaciones, calorones, que rompen con la línea de serenidad. Pero el caso es que, excepciones aparte, Guadalajara tenía un clima benigno. No más: una de las conversaciones rituales que sostenemos cada día, en taxis, comercios, oficinas y escuelas, borda sobre las puñaladas traperas del clima.

Los 10 días en que el invierno se muestra más o menos riguroso, nos quejamos. Si caen 2 lluvias en febrero, primero nos estrellamos unos contra otros (ni el Checo Pérez es bueno para manejar cuando llueve en esta ciudad) y luego nos quejamos. Apenas despunta el calor (ocurrió esta semana, luego de varias de fresquito) volvemos a quejarnos. Los días templados pasaron de canon a anomalía. Y no hay remedio: la ciudad triplicó (o cuadruplicó) su tamaño, el concreto llega ahora desde Chapala hasta el Bosque de La Primavera y el arbolado ha sido hostilizado o de plano exterminado en vastas áreas.

Resulta curioso, eso sí, que nos quejemos cuando la sensación térmica que nos acecha tiene que ver directamente con nuestras manías urbanizadoras. Guadalajara carece de nada que pueda ser descrito como skyline (si omitimos esa fealdad extrema que se ha dibujado por unos pocos condominios de lujo en la zona de Andares) y se caracteriza por ser casi puramente horizontal. Puede verse casi completa desde una azotea más o menos humilde. Digamos de un 5o. o 6o. piso. No hay edificios que tapen la vista.

Porque lo que todo tapatío desea es una casa de 2 pisos rodeada de otras iguales. Por eso la ciudad se ha extendido sin fin en vez de elevarse, como suele suceder con las urbes de ciertas pretensiones. La Colonia Moderna o la Americana, que ya andan rascando o sobrepasan la condición de centenarias, comenzaron como suburbios. Ese proceso (huir del Centro hacia periferias cada vez más periféricas) se ha ido repitiendo. Por eso Guadalajara es una colección de fraccionamientos chaparros que van de Cajititlán a Tala sin ton ni son, y que, claro, cuentan con una cantidad mínima de espacios públicos -si dejamos de lado a esos Campos Elíseos locales que son las plazas comerciales-. Casa tras casa y calle tras calle, se nos olvidó que las ciudades no pueden funcionar con un corazón único. Nos parece natural que cada que un pelado quiera festejar algo, haya que cerrar Chapultepec o el Centro (decisión en la que no sólo influye la escasez de espacios colectivos sino nuestro inveterado clasismo, que hace que un promotor medio no quiera ni oír hablar del parque González Gallo, el Montenegro o el de la Solidaridad como sitios de reunión masiva). ¿A quién le importa eso si nuestro instinto de lemmings indica que es urgente irnos a vivir tras las bardas de un coto? Es obvio que en una ciudad que se entiende como como una confederación de barrios amurallados, la solidaridad no tiene sitio.

Total: el clima se echó a perder en todo el planeta, a gran escala pero también en pequeña. Y en ese sofoco y horror que sentimos tan a menudo al circular por Guadalajara, sus habitantes tenemos una responsabilidad innegable.

Antonio Ortuño
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 1o.de marzo de 2015).

"No estoy en el comité de la escuela de mis hijos. Tampoco participo en la parroquia ni en la colonia... la verdad es que no me gusta andar en el mitote", responde Guadalupe, la ama de casa de 51 años de edad que se quejaba de que "nadie resuelve los problemas".

En la Encuesta de Percepción Ciudadana, los tapatíos se retratan a sí mismos como ciudadanos "nada propensos a involucrarse con la comunidad, ni siquiera en los organismos de las escuelas donde estudian sus hijos".

El problema es que la gran mayoría no participa en organizaciones de ningún tipo: 8 de cada 10 jaliscienses nunca han participado en algún tipo de organización, como junta vecinal, sindicato, club deportivo, asociación civil u organización política.

La justificación: 3 de cada 10 no participa por la poca capacidad para interactuar en asamblea por los previsibles desacuerdos, y 2 de 10 sólo se interesa por sus asuntos.

"Los resultados que arroja la encuesta reflejan que entre los tapatíos predomina una lógica delegacionista en cuanto a los asuntos públicos, e individualista en cuanto a las cosas comunes", señala Héctor Castañón, especialista en planeación y gestión del desarrollo.

El alto índice de desconfianza en grupos fuera de la familia es lo que provoca poca participación de los jaliscienses en la toma de decisiones comunitarias, revelan los resultados de la encuesta: 4 de cada 10 dijeron confiar poco o nada en las personas con las que se relacionan de manera habitual: vecinos, transeúntes y colegas que no pertenecen a su familia; mientras que 23% no confía nada en las personas en la vía pública, lo que significa que casi un cuarto de la población está en el espacio público con temor de los otros.

Por otra parte, la participación política de los jaliscienses se limita al voto casi de forma exclusiva: 70% estaría dispuesto a hacerlo, aunque tampoco aseguran que votarán en junio próximo.

El otro problema es que a los tapatíos les interesa muy poco la política. A 3 de cada 10 no les interesa casi nada.

(V.pág.3-A del periódico El Informador del 12 de marzo de 2015).

Ya se había notado en ejercicios anteriores de "Jalisco cómo vamos" y no se ha llamado la atención, como se debe, sobre este punto. Los ciudadanos de Jalisco somos bastante mediocres. Ciudadanos de tercera. Los habitantes del área metropolitana califican mal a sus alcaldes, pero no saben quiénes son, no lo consideran importante, y la verdad es que es comprensible: no ven la relación entre ese tonto o prepotente o corrupto que creen que gobierna y su vida en casa. No tienen incentivos para participar en grupos, no ayudan con los espacios públicos y lo peor de todo: desconfían unos de otros. El otro es el enemigo y hay que defenderse o abusar, total, no es de la familia. Sólo la familia vale, lo demás que se pudra, y lo malo es que sí se pudre.

La encuesta de percepción es un indicador poderoso y ha prendido ya la alerta. Es urgente mejorar la calidad de las relaciones interpersonales, participar en espacios colectivos (no tienen que ser gubernamentales) e interesarse por lo que pasa más allá del zaguán. No se trata del voto, olviden el voto. Hay que ver quién vive al lado, enfrente y atrás, barrer la banqueta, juntarse a ver qué se va a hacer con ese hoyo que el gobierno no ha arreglado ni arreglará, hacer colectas para poner un letrero que falta, cuidar al adolescente del vecino que llegó en mal estado en la madrugada. ¿Escucharon a González Iñarritu? Dice que ruega porque encontremos al gobierno que merecemos. ¡El que tenemos es el que merecemos! ¿Por qué? Porque estos ciudadanos son los que somos.

Ivabelle Arroyo
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 18 de marzo de 2015).

Los tapatíos, en general, no sólo no se involucran... sino parecen jactarse de mantenerse al margen de cualquier forma de asociación: ni iglesias, ni sindicatos, ni juntas vecinales, ni ONG, ni clubes..., ni, mucho menos, partidos políticos.

Etiquetados como "religiosos" (la tradicional Romería anual a Zapopan sólo tiene parangón, a nivel nacional, con las de la Basílica de Guadalupe ), una minoría (22%) admite haber pertenecido a -o militado activamente en- asociaciones religiosas; la gran mayoría (78%), en cambio, declara, rotundamente, que "nunca" ha formado parte de ellas. Así y todo, las iglesias serían las asociaciones menos repelentes para los tapatíos.

El último lugar en la lista de sus potenciales aficiones corresponde a los partidos políticos: mientras 8% de los encuestados declara haberse involucrado alguna vez, de alguna manera, en ellos, 92% restante dice repudiarlos abiertamente.

Cualquiera diría, a la vista del desdén que manifiestan por cualquier forma de interacción para compartir creencias, intereses o aficiones, que a los tapatíos, en efecto, no les motiva nada que no sea el ejercicio de contemplación de su propio ombligo, ni les entusiasma ningún deporte como no sea el ejercicio solitario del "yo-yo".

Integrarse de manera activa -por poner un ejemplo- a clubes deportivos, es complicado: hacerlo implica pagar cuotas que a la generalidad de los habitantes de Guadalajara y sus alrededores les resultan prohibitivas. Se trata, por tanto, de un lujo inaccesible para la mayoría de las personas. La relativa indiferencia por la religión pudiera ser, en parte, consecuencia del fenómeno mundial de la secularización, y, en parte, secuela del descrédito generado por los recientes escándalos en que se ha visto inmersa la Iglesia Católica. En cuanto a la fobia por la actividad política, ¿qué otra cosa podía esperarse, si quienes la han convertido en su "modus vivendi" se empecinan en desprestigiarla...?

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 19 de marzo de 2015).

Una de las mayores sorpresas que he recibido en la vida fue que un amigo, argentino trasplantado al DF, me dijera alguna vez que hablaba yo con un acento "inconfundiblemente tapatío". Luego de una larga vida de haber sido tomado por chilango, guanajuatense o regiomontano, aquello fue una suerte de mínimo premio de consolación. Llevo 38 años en la ciudad y si no son más es porque no nací antes. Sin embargo, si exceptuamos mi afición por las Chivas, parece ser que carezco de varias de las principales señas de identidad que debe manifestar un tapatío "de los de antes". Al menos, a decir de una serie de personas que sí pertenecen a tan noble estirpe y que ha estado compuesta, según la época, por compañeros de escuela, profesores, vecinos, parientes políticos y hasta por un destacado notario público.

Lo acepto: mi familia nunca se caracterizó por observar las tradiciones de esta noble y leal ciudad, que la alberga desde 1949. El resultado de esto es que haya yo crecido sin comer capirotada en Cuaresma ni empanadas en Semana Santa y que sea básicamente incapaz de orientarme (o de guiar a nadie) con referencias de templos, como hacen los nativos de pura cepa ("Mira, agarras la calle de Garibaldi, das vuelta a la derecha en San Diego de Alcalá y te sigues hasta que se vea refulgir en el horizonte la torre del Refugio en el camellón de Federalismo", me dijeron una vez y terminé en el Edificio Federal de avenida Alcalde). Nomás conozco la Catedral y el Expiatorio y esto porque es probable que de otro modo tuviera que devolver mi credencial del INE y largarme de la ciudad.

Otra de mis incapacidades es la de recordar los viejos nombres de las calles. He intentado mimetizarme con mis mayores y decir "Tolsá" (eso sí: no he tenido valor para pronunciar "Tolsa" sin acento y contar además la historia de las huertas del señor Tolsa y su confusión con el apellido del gran don Manuel) a Enrique Díaz de León y "Tepic" a Francisco Javier Gamboa/Luis Pérez Verdía para ver si los taxistas me hacen un guiño de complicidad. Pero he sido vencido: ya ni ellos se acuerdan de tales antecedentes, de tan egregios y rancios como son, y acaba uno metido en explicaciones: "Ah, es que fíjese que así se llamaba antes".

Tampoco, debo reconocer, suelo consumir uno de las grandes ases en la manga de la gastronomía local: las tortas ahogadas. No entiendo a los fuereños, ya sean capitalinos o extranjeros, que al hablar con un tapatío se refieren a ellas con reverencia y tacto, como si estuvieran mencionando a la querida tía Conchita. Quizá porque nací en Zapopan, pero la primera vez que probé una ahogada "completa" estuve a un paso de terminar en Urgencias del Hospital Civil.

A esta sarta de confesiones debo agregar una, terrible y final: carezco totalmente de antecesores del sur del estado (o del estado en general, ya que estamos en esas), y que con ello violo el 1er. y único mandamiento de un profesor de literatura, ya fallecido, que decía que escribir se trataba de "recordar las historias de nuestras abuelitas de Talpa y de Sayula". Como mi abuelita no sólo no nació, sino que jamás puso un pie en tan renombrados lugares, el tipo se ponía colorado al leer mis intentos de cuento y los retachaba todos con una anotación: "¿Y la abuela?". Un día, de plano le respondí con otra anotación: "¿Y su madre?". Creo que por mi mano hablaron todos aquellos con familia de otra parte, aquellos que no tenemos parientes con nombre de calle ni nos guiamos por templos. Creo que somos un par de millones de personas.

Antonio Ortuño
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 29 de marzo de 2015).

Durante mi juventud se solía decir que una familia "normal" tapatía estaba compuesta por un padre proveedor, una madre ama de casa, auxiliada en sus faenas por su propia madre o una tía soltera. Luego había una cierta cantidad de hijos, según la "voluntad de Dios" y no faltaba una pieza también muy importante: un primo o un tío en Los Ángeles.

Ahora bien, estas familias normales y pías con frecuencia contaban con aláteres clandestinas permanentes, sobre todo si había recursos, y también la señora echaba mano ocasionalmente de sus detallitos... Pero, eso sí, el domingo iban todos muy juntos a la iglesia...

Con anterioridad, cuando los jóvenes eran nuestros abuelos, la estructura resultaba ser más o menos la misma, pero el número de hijos y de entenados era mayor. Entre éstos contábase con frecuencia un joven recogido de una familia consanguínea en desgracia, que resultaba muy bueno y barato como mozo.

Pero hoy, al menos en Guadalajara, las cosas han cambiado mucho. En 1er. lugar cerca del 60% de las mujeres que pueden hacerlo trabajan fuera de casa y perciben ingresos, a veces iguales o mayores que el marido... Ello está muy bien. Pero hay otra cifra que debería perturbar más a los tradicionalistas: más del 40% de los hogares tapatíos está gobernado por una "jefa". Ello quiere decir, generalmente, que no hay adulto varón a la vista.

En muchos casos ya no es solo el primo quien está en Los Ángeles: también el padre y hasta hermanos mayores. En otros, la causa de dicha "anormalidad" es simple y sencillamente el divorcio.

En tales condiciones, me pregunto ¿en qué tipo de familia piensan los conservadores? ¿En la que realmente es o en la que quisieran que aparentara ser?

La sociedad es otra y, si queremos entenderla, debemos saber bien y aceptar cómo es mayormente la familia de hoy.

José Ma. Murià
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 31 de julio de 2015).

El entorno, regalado por la divinidad y que por fortuna el gobierno, a pesar de sus reiterados intentos, no ha logrado deteriorar. Ya sabemos que en nuestro mundo tapatío el sólo anuncio de que el gobierno atenderá algún tema hace que lo consideremos en peligro de extinción, por tanto reitero que a pesar de las acciones del gobierno, subsisten en aparente supervivencia. La Primavera, la laguna de Chapala y la Barranca, espero que el creador las mantenga fuera de sus presupuestos y de su interés. De no existir estos supuestos estaríamos en las mismas condiciones que el desierto del Sahara, con quien compartimos el mismo paralelo, pero ese entorno tan positivo ha hecho que sobrevivamos a nuestros gobernantes.

A la ciudad, en sí no le ha ido tan bien con las intervenciones del gobierno que prácticamente no recuerdo ningún caso en que la ciudad se haya beneficiado con una intervención del gobierno, que si de verdad amaran a la ciudad lo más sensato sería que la dejaran sola. No deseo ser extremista, por lo que si mi solitario lector recuerda una obra, no más en la que considerara que hubo alguna acción de gobierno que hiciera mejorar el entorno por favor indíquemelo para reconocerlo. Por piedad no se burlen refiriendo como obra positiva la ciclovía de La Paz, que de cierto no me explico cómo no han metido a la cárcel al que diseñó el esperpento.

Beltrami, explorador y naturalista italiano, describió en 1824 nuestra ciudad: "Es verdaderamente una hermosa ciudad. Sus calles son espaciosas y tiradas a cordel; sus plazas numerosas grandes y simétricas; sus fuentes proporcionan agua pura y cristalina llevada por un acueducto que los antiguos envidiarían". Ward, contemporáneo del anterior dijo que nuestras calles "son melancólicas y se ven desiertas" en tanto su mujer más generosa en sus conceptos describió nuestra ciudad al decir que nuestras "calles son espaciosas y aireadas y por el número de plazas, fuentes, conventos, iglesias, portales que la adornan producen una impresión general sumamente agradable". Anoto que a la proto embajadora británica le llamó la atención la belleza de la Alameda, para los más modernos el Parque Morelos y para los que puedan sobrevivir los anuncios que ya lleva casi un lustro que la están anunciando que ahí estará la ciudad digital, cosa que con todo el respeto del mundo me permito dudar.

Carlos Enrigue
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 23 de agosto de 2015).

Una talentosa arquitecta cuenta: "Estaba yo parada en una esquina principal de esta ciudad. Para donde volteara había cosas feas, decadente vulgaridad, tontería, codicia vuelta cosas, edificios, anuncios. Era aplastante. En ese momento decidí largarme de Guadalajara".

Así fue como durante años perdimos a una mujer que podría haber hecho mucho por los tristes trópicos tapatíos. No es para menos. Precisando, la esquina en cuestión es la de Avenida México en su cruce con Las Américas. Examinemos: esquina norponiente: uno de esos supercitos caros y chafas que se rodean de estacionamientos llenos de solazo, aceite de carcanchas y bolsas de papitas tiradas en el piso. Además, para implantar tal joya se demolió una casa funcionalista decente y se destruyeron varios árboles grandes. Resultado: uno de los mejores terrenos de la ciudad destinado a la rápida (?) compra de cigarros, condones y cervezas. Debe ser algo muy rentable, a menos que el juego de las tiendas de conveniencia sea el de acaparar puntos estratégicos urbanos con fines aviesos.

Esquina nororiente: una digna casa de los 40 o tempranos 50 literalmente destazada para sacarle el máximo provecho con rentas. Chipotes, bodegón de lámina sobre lo que fue un jardín, pedazos pintarrajeados sin ningún orden, letreros anárquicos y vulgares. Todo esto, coronado por un anuncio "espectacular". Los árboles que había, tanto en las banquetas como en la casa fueron también destruidos.

Esquina surponiente: un figón de tacos con un ducto de lámina que se las arregla para echar a perder a un razonable edificio funcionalista de los 50, ahora muy mal pintado. Los árboles de la banqueta (destruida y obstaculizada por coches) también fueron eliminados, siendo el último una terca jacaranda que resistió bravamente hasta que pudo. Un puesto abollado de periódicos completa la escena.

Esquina suroriente: un muy limpio edificio funcionalista, también de los 50, del arquitecto Enrique Nafarrate. Totalmente echado a perder, como si fuera un resumen de lo que esta ciudad ha hecho de las mejores arquitecturas del siglo XX. Lleno de letreros, pintarrajeado, maltratado, achipotado. Y, por supuesto, coronado con otro "espectacular". No hay casi árboles y la banqueta de Américas es una perfecta majadería para el peatón.

Las calles mismas: llenas de cables, árboles mutilados, parches, la fuente no funciona casi nunca, perspectivas hacia las 4 direcciones feas y echadas más a perder por más "espectaculares". Conclusión de la arquitecta: este lugar es peor que las afueras de Falfurrias, Tejas. Aquí -en esta ciudad- no hay nada que hacer. Y de estas esquinas hay centenares. ¿Cuántas gentes más se han rendido -y hemos perdido- ante la horrible decadencia de una ciudad que, como la esquina de Américas y avenida México, alguna vez fue razonablemente armoniosa?

Lo más dramático del asunto es que todas estas pérdidas hubieran sido fácilmente evitables y son igual de fácilmente reparables. ¿Cómo? Con conciencia y energía. De las autoridades ahora omisas, de los propietarios de inmuebles que debieran cuidarlos, de la ciudadanía que se deja bocabajear mansamente y no exige que no le conviertan su ciudad en una porquería. No es tan difícil: pero lo malo es estar tan acostumbrados y resignados a la mediocridad y a la humillación que tanta vulgaridad supone. Por eso, dan ganas de irse.

Pero, por cierto, la arquitecta ya regresó y ha comenzado a hacer cosas por la ciudad...

Juan Palomar Verea
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 26 de agosto de 2015).
La ciudad de los Guinness.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de septiembre de 2015).


  1. Cuando a Guadalajara se le llamaba -despectivamente, hay que reconocerlo- "pueblo bicicletero", en sus calles, en efecto, había ciclistas en cantidades industriales.
  2. A los ciclistas de aquella Guadalajara no se los tragó la tierra; ni, como los dinosaurios y demás reptiles descomunales que poblaban el planeta hace millones de años, fueron destruidos inopinadamente por la caída de un metrorito gigantesco: se transformaron en usuarios del transporte público, en los años en que ese servicio era digno y eficiente..., o, a medida que sus posibilidades económicas se los permitieron, en automovilistas.
  3. Meter reversa a las ruedas de la historia es imposible. En consecuencia, para que Guadalajara vuelva a ser el emporio de los ciclistas que fue antaño ("La Ámsterdam de América Latina", se diría), se requiere generar las condiciones culturales que vuelvan idóneo o apetecible el uso de la bicicleta como medio alternativo de transporte.

La otrora Perla Tapatía "está lejos de ser una ciudad amigable para el ciclista"; que aunque quizá no llegue a ser imposible circular en bicicleta por arterias importantes como Mina-Juárez-Vallarta, 16 de Septiembre-Alcalde, Hidalgo o la Calzada Independencia, ciertamente es temerario hacerlo por la agresividad sistemática y la falta de respeto de automovilistas y camioneros hacia los ciclistas, "a los que ven como un estorbo", y que el único oasis para el ciclista es la banqueta... en detrimento de la seguridad y los derechos del peatón.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 8 de septiembre de 2015).

Preocupado por la inseguridad, el mal estado de las calles y banquetas, insatisfecho con el servicio de transporte público y sin confiar en partidos políticos, policías municipales, ni en el congreso local, es el perfil que define al ciudadano metropolitano de Guadalajara.

La organización civil Jalisco Cómo Vamos, delineó al tapatío, su nivel de escolaridad, modo de vida, sus preocupaciones y su percepción de la ciudad. Concluyó que el tapatío define a su ciudad con palabras como bonita, tequila, mariachi pero también inseguridad y tráfico.

"Creen que las autoridades deben garantizar la seguridad ciudadana y mejorar el estado de las calles y banquetas. Se sienten amenazados por el crimen y la violencia, aseguran que cerca de sus casas hay venta y consumo de drogas. Mencionan a la discriminación como la principal injusticia", destacó Augusto Chacón Benavides, director ejecutivo de Jalisco Cómo Vamos.

(V.pág.8-A del periódico El Informador del 1o.de octubre de 2015).

Llevamos décadas sin un proyecto de ciudad que ilusione a los tapatíos. Ayuntamientos endeudados, obesos, ineficientes, con servicios de 3er. mundo, concesionados hasta la médula y sin proyecto de futuro.

La renuncia de los ayuntamientos a la gestión participativa de lo común ha sido tal, que en la actualidad los municipios han concesionado o privatizado todo lo que han podido. Las alcaldías, como la tapatía, han llegado al ridículo de concesionar la irrenunciable función de multar a los autos. El atentado contra lo público es una deriva de las autoridades municipales desde inicios de siglo.

Enrique Toussaint
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 11 de octubre de 2015).

Un amigo de origen brasileño avecindado en Guadalajara, y que a estas alturas es ya más mexicano que un chile serrano, me hizo notar que para los tapatíos el auto es algo más que un medio de transporte. No hay mayor aspiración para un tapatío que un auto, y si ya lo tiene siempre aspira a tener uno mejor. El auto, dice Sergio, es el espacio donde los tapatíos y tapatías no sólo pasan la mayor parte del día, sino que es el lugar donde pueden estar a solas con ellos mismos, donde guardan muchas de sus pertenencias, oyen su música, cantan a placer, hablan con quien quieran (aunque esté prohibido) y por el tiempo que quieran. Ahí no hay jefe, ni marido ni mujer. No comparto plenamente esta visión, creo que hay muchos que podrían dejar su coche si tuvieran un alternativa más barata y eficiente.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de octubre de 2015).

Cuando vemos los problemas de Guadalajara cuesta trabajo ser optimistas sobre el futuro de la ciudad. Todos los problemas, desde el tráfico hasta la violencia, pasando por la basura y contaminación parecen rebasarnos. La buena noticia es que a mediano plazo todas estas cosas pueden mejorar, si ciudadanos y autoridades hacemos lo que tenemos que hacer y, por supuesto, si dejamos de hacer las burradas que nos tienen donde estamos, desde la corrupción, de autoridades y particulares, hasta la evasión, no sólo de impuestos sino de responsabilidades civiles mínimas como mantener nuestra banqueta.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de noviembre de 2015).
En Guadalajara se registra el mayor porcentaje de personas a las que no les gusta leer. 3 de cada 10 contestó que no les gusta o les gusta poco, de acuerdo con los resultados de la última Encuesta Nacional de Lectura y Escritura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Los tapatíos que sí leen se perfilan especialmente al rubro de la información, como en ninguna otra ciudad. Hasta 41.6 de cada 100 encuestados afirmaron que prefieren leer información.

Este perfil se concentra en la población de entre 31 y 45 años de edad, que reporta interés en la lectura de periódicos y en el contenido digital, incluso como publicaciones en las redes sociales. Este tipo de personas relegan a los libros, ya que leen en promedio 1.4 al año 'por obligación', cuando el promedio nacional es de 5.3 ejemplares.

Juan Carlos Silas Casillas, miembro del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO, comenta que es congruente el dato porque los tapatíos son pragmáticos: "Si me sirve lo uso. Si no sirve para qué le invierto tiempo. Me suena lógico que leen para informarse o resolver un problema, para salir de alguna circunstancia o una urgencia".

Alicia Peredo Merlo, académica de la Universidad de Guadalajara, coincide en que los jaliscienses leen conforme a sus necesidades, además las familias y escuelas promueven entre los jóvenes la lectura moralizante que se dirige a formar ciertos valores que consideran importantes:

"Quizá, en Guadalajara, siguen apegados todavía a una moral católica y se promueven libros que fomentan estos comportamientos".

Juan Toscano García, historiador y cronista, explica que tras la reforma educativa de la década de los 70 se perdió la costumbre de leer por entretenimiento, ya que desaparecieron los talleres y clases de lectura en el nivel medio superior: Por ello, los actuales adultos leen para informarse, "fueron acostumbrados a leer para informarse, no leen por entretenimiento porque no quieran hacerlo sino porque no lo saben hacer".

Otro estudio revela que los tapatíos duran diariamente 2.4 horas para trasladarse a sus trabajos o escuela. En ese sentido, el escritor Benito Taibo dice que precisamente ese tiempo que se pasa en el transporte puede utilizarse para leer.

Silas Casillas asegura que ve a más personas leyendo en el transporte público. Y contrapone que las condiciones económicas y laborales de los ciudadanos limita la capacidad de leer.

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 18 de noviembre de 2015).

Si honrar la tradición de asistir a la FIL nos hiciera más cultos, los tapatíos -nativos o por adopción- ya estaríamos en el "top ten" del gusto por el cultivo de la inteligencia en todas sus posibles manifestaciones: arte, ciencia, filosofía, tecnología...

Justamente reputada como "la más grande de su género, en el mundo, del idioma español", la Feria Internacional del Libro apoya su prestigio en la contundencia de las cifras: los cientos de miles de asistentes; centenares de editores de varias decenas de países; homenajes y conferencias en que participan prestigiosos escritores procedentes de todo el mundo; eventos colaterales, y muy particularmente los que aporta el país designado como "invitado de honor"...

Hasta ahora no se ha incorporado el dato del promedio de libros adquiridos por cada uno de los asistentes a la Feria. Cuando la "numeralia" del evento se enriquezca -es un decir...- con ese elemento, faltaría complementarlo con un par de detalles: el 1o., si, al margen del género (novela, ensayo, ciencia, tecnología...), los libros que se adquieren merecen que se les califique como alimento, o si sería más apropiado designarlos como "comida chatarra" para el intelecto; el 2o., qué porcentaje de los libros que se adquieren, en efecto, se lee.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de noviembre de 2015).

Pues esta semana, como todo mundo sabe, se celebra la FIL, que agradezco al licenciado se le haya ocurrido y la siga desarrollando, sin importar si la misma produce o no lectores, no se trata de eso. En este país (y la Feria es prueba de ello), lo importante no es que las cosas pasen, sino que parezca que pasen.

Por fortuna, el señor licenciado tuvo piedad de nosotros y ya a los niños de la 1a. infancia (léase de 0 a 10 años), les puso un lugar para irse a vacunar contra la lectura y ya no los tenemos enfadándonos en la sede principal.

Ahora tenemos que lidiar con los de la 2a. infancia, los pubertos, que con toda la crueldad del mundo son llevados a ver un tema que no les interesa y que en su gran mayoría tampoco les va a interesar (pero que es necesario para la numerología con que el licenciado presume el evento). Por fortuna para ellos, es un magnífico sitio para ligar, para que ellos y los más viejanos veamos bonitas minifaldas y chuladas de niñas. Por tanto, deseo proponer al licenciado que haga una FIL ligue, en coordinación con los hoteles de alterne de la zona, lo que será un rotundo éxito.

Por lo general la FIL es el mejor lugar para comprar libros, que no sé quién dijo que hay que leerlos, yo creo que con tenerlos es suficiente; pero comprarlos es una delicia, hasta donde le ajuste a usted el dinero, que por desgracia el mío se agota rápido. Pero sin duda se trata de un sitio muy interesante para mostrar la fauna local; de los notables, pueden ustedes eliminar a la casi mayoría de políticos que se lucen y estorban muchísimo con la cantidad de guaruras que llevan, por fortuna eso sólo pasa el día de la inauguración y en menor grado el resto de días, y si hiciéramos algún examen sobre el tema, resultaría que la inmensa mayoría no recordarían ni 3 libros de los 5 que dice el INEGI que leyeron este año (anuncio que todavía es catalogado como la humorada del año).

Una cosa que me dio mucho gusto, es que se vendió un ejemplar del libro de mi autoría, Crónicas de familia, editada por Salto Mortal, sin importar que el comprador haya sido yo mismo.

Carlos Enrigue
(v.pág.12-B del periódico El Informador del 6 de diciembre de 2015).

En Guadalajara no hay fiesta mariana más importante que "la llevada" de la virgen de Zapopan a su basílica. En mi infancia, para el 12 de diciembre no cerraban sino una cuadra para poner una rueda de la fortuna y puestos de buñuelos. ¿Qué ocurrió?

Que Televisa se dio a crear una tradición guadalupana que no existía: las mañanitas a la virgen, con el gran atractivo de las estrellas de tv que cantan. La gente sintonizaba las mañanitas para ver a Vicente Fernández y a Flor Silvestre y un ramillete de estrellas. Eso creó una tradición guadalupana novedosa.

Luis González de Alba
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 20 de diciembre de 2015).

Los santacloses, por lo visto, para bien o para mal, llegaron para quedarse...

Se trata, obviamente, de las versiones autóctonas de Santa Claus: ciudadanos que se agarran al "espíritu navideño" como náufragos a un tablón ardiendo; acondicionan una estramancia portátil que hace las veces de escenografía: básicamente, el portal de una casita de madera, con profusión de esferas de colores y "escarcha" de utilería de festival de Primaria; instalan una mecedora o un sillón, y se arrellanan en él, caracterizados con barba postiza y lentes minúsculos, provistos de almohadones que les hacen protuberante la barriga, enfundados en un traje rojo con vivos blancos (que en algunas mentes evoca reminiscencias un tanto pecaminosas de la Gradisca, de Amarcord, de Fellini), botas a tono, y, provistos de una campana, emiten el característico "¡Jo-Jo-Jo...!" para atraer la atención, primero, y la presencia, después, de los padres de los niños que los convencen de que se sienten en su regazo, les digan qué regalos quieren en la Navidad, y les toman -o les compran- las fotografías.

El caso es que los santacloses, incorporados a la extensa lista de las "tradiciones tapatías" -las empanadas del Viernes Santo en "la visita de las 7 casas"; las tortas ahogadas o las guasanas en el Estadio Jalisco...- de cuño relativamente reciente (¿qué llevarán ahí: unos 30 años...?), libraron la guadaña de la autoridad municipal. La "limpia" que erradicó la cizaña de los vendedores ambulantes, respetó el trigo de las dichosas "tradiciones"; de ahí la decisión de permitir que se instalen algunos vendedores de golosinas típicas, artesanías, flores, etc., de los que ya se verá si, en efecto, impactan positivamente en la imagen del centro histórico de Guadalajara, primero, y si se convierten, después, en el modus vivendi de algunos ciudadanos que sólo se enteran de la bonanza de la economía mexicana cuando desbaratan el cucurucho de papel periódico en que les envolvieron las lentejas en el mercado, y leen las declaraciones, exultantes de optimismo, de los funcionarios públicos... Y ahora, como "artistas urbanos", los santacloses.

Colofón: podrá resultar chocante incorporar a los santacloses, sin más trámite, a la lista de las "tradiciones tapatías". Pero habría sido más chocante que por ese mundo ancho y ajeno se corriera la voz de que las autoridades municipales de Guadalajara expulsaron de la ciudad a Santa Claus.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 22 de diciembre de 2015).

Luego de la frenética destrucción de Guadalajara durante los años de 1950 a 1980 vino una reconsideración que hizo restoranes y notarías en bellas casas que así salvaron la existencia. Ya estaban derrumbadas 3 esquinas de Vallarta y Chapultepec, pero aún alcancé a ver en la restante una hermosa villa donde ahora está un banco. Habría merecido estar frente al lago de Como. Las otras esquinas siguen siendo adefesios de plástico.

Y los buitres han regresado sin que ninguna protesta vecinal pueda pararlos.

En esa edad de la piqueta se afirmaba, como asunto natural, que lo viejo debía dejar paso a lo nuevo.

Fue una actitud en los hombres (en sentido estricto, pues nada más señores tomaban las decisiones en casa, ciudad o país) nacidos en la 2a. y 3a. década del siglo XX.

Es una mentalidad producida por ignorancia, falta de viajes salvo de compras a San Antonio. Así que la meta de las ciudades debería ser muchos malls conectados por viaductos de varios niveles. Ninguno de aquellos señores de traje, corbata y sombrero había paseado por Florencia, Roma, París, Madrid o Lisboa. No habían visto el amor de los andaluces por Granada y Sevilla o el de los catalanes por Barcelona. Conocían El Paso, Texas.

Nuestras hoy más bellas ciudades se salvaron porque los estados eran pobres o por milagro. Guadalajara quedó arrasada. No he visto en el mundo nada más feo que la avenida Federalismo: un paso de bulldozer con 2 manzanas de ancho y kilómetros de largo, bajo donde corre una de 2 líneas del tren ligero. Aún hay ruinas que muestran lo que fue la pared interior de la última recámara en una casa tapatía de patio y arcos. Es que Jalisco ha sido siempre un estado rico. A Guadalajara no la salvaron ni Yáñez, Arreola, Rulfo y Orozco.

Luis González de Alba
(v.periódico Milenio Jalisco en línea del 28 de diciembre de 2015).

Para una buena cantidad de tapatíos las fiestas comienzan en la FIL, prosiguen con preposadas y posadas, alcanzan un 1er. apogeo en Navidad y anexas y el 31 de diciembre los encuentra convertidos en momias que caminan.

Un adulto promedio a estas alturas ya se terminó 3 cajas de sales de uva, 2 de mezcla de bicarbonato y aspirina, una de antiinflamatorios y otra de pañuelos desechables y eso si no le pegó una de esas gripas fulminantes de la época y duró 15 días a base de jarabitos, antibióticos y caramelitos de miel.

Así, pues, el Año Nuevo es la fiesta en la que uno echa el resto de la carne al asador antes de derrumbarse. Pocos son los que llegan enteros al Día de Reyes que además, como se sabe, no es fiesta demasiado popular en estos lares, al contrario de lo que ocurre en la capital.

La cena de Año Nuevo suele ser espantosa. Predomina el guajolote, que es el animal más soso del planeta, y que suele ser cocinado según recetas llegadas de culturas ajenas a nuestra idiosincrasia (por hablar como diputado de la vieja escuela). ¿Pavo relleno de ciruelas? Cualquier torta ahogada de la calle sabe mejor.

Otra costumbre es la de destapar vinos espumosos pero como a casi nadie nos alcanza para el champán o para un cava decoroso, termina uno tragando brebajes a medio camino entre el refresco de lima y el líquido para frenos. Si cree usted que la cruda de 8 cervezas es cosa seria, pruebe a beberse 2 botellas de sidra gasificada (y falsificada, porque lo que se expende en la mayoría de nuestras tiendas no merece ser llamado sidra y es una ofensa a la bebida tradicional asturiana): amanecerá tan lúcido como si le hubieran inyectado cemento en el lóbulo frontal.

Caso aparte es el de las uvas, que en muchas familias se insiste en engullir justo mientras suenan las campanadas de la medianoche. Aunque la prudencia indica consumir uvas verdes, pequeñas y dulces, la tradición señala que deben ser moradas, inmensas y llenas de semillitas, para facilitar que el tío Mariano se atragante y haya que darle respiración asistida o volcarle al buche medio litro de aguardiente para que se recobre.

Por si fuera poco, los comerciantes aprovechan el momento para vender uvas que llevan un mes en la bodega y saben a desinfectante como si fueran diamantes. "¿90 pesos el kilo? Mejor como aceitunas". Eso solía decir una vecina muy ahorradora a la que siempre nos topábamos en el mercado durante las compras de la cena. "Para el día 1o., Dios mediante, van a estar a 5 pesos kilo". Y era verdad.

Paradójicamente, la vecina no perdonaba la compra de unos calzones rojos y cada año, apenas pasadas las campanadas, se salía a la calle a enseñarlos, entre risotadas, mientras arrastraba una maleta. Ya se mudó pero todavía la llamamos La Loca de los Calzones.

Antonio Ortuño
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 3 de enero de 2016).

La cultura de la donación es nula entre los jaliscienses, por lo menos en lo que a la Cruz Roja se refiere. El monto de la colecta anual durante 2015 en la entidad fue de 8'145,289.20 pesos por parte de los 7'350,682 habitantes, según datos de población de INEGI. La cifra contrasta con lo recolectado en el Estado de Sinaloa en el mismo periodo y fue quien más logró captar al conseguir 35'272,241 pesos. Dicha entidad cuenta con 2'767,761 pobladores.

Además los jaliscienses aportaron 1'900,000 pesos por concepto de donación telefónica al *6565 de líneas residenciales de Telmex.

La Cruz Roja Jalisco toca puertas de empresarios, empleados de los ayuntamientos, Gobierno del Estado, las tiendas de conveniencia para los redondeos, pero no logran concientizar a la población de la importancia de las donaciones.

"Con 5 pesos que se donara por habitante, la Cruz Roja estaría sin problemas económicos", afirmó Eduardo Díaz Pérez, coordinador general administrativo de la institución.

En otros estados como Sinaloa, Baja California, Chihuahua entre otros es obligatoria la aportación para la Cruz Roja durante el refrendo vehicular. En Jalisco, los diputados no han modificado la ley. Legislaturas pasan, algunos diputados repiten en el cargo y no logran que el pago sea con carácter de obligatorio.

(V.pág.7-A del periódico El Informador del 9 de enero de 2016).
Termómetro tapatío.

No fui a Zacatecas porque me dijeran que allí vivía mi padre (en realidad vive acá, a unas 4 cuadras, y tengo entendido que nunca anduvo por esos rumbos) sino por motivos de trabajo. Pasé 4 días, pues, en aquella ciudad, enfrentado a un frío delirante, uno de esos que hacen que los tapatíos (y los zapopanos, que venimos a ser los mismos) nos preocupemos, porque acá no alcanzamos estas temperaturas y sentimos que vamos a morir. Somos raros con el frío. Hay alguna suerte de gen privativo nuestro que provoca un efecto rarísimo. El frío nos hace los mandados si estamos, por ejemplo, en Estados Unidos, ya sea por trabajo o shopping, pero nos aniquila mientras más cerca nos encontremos de Plaza del Sol. Es verdad. No hay tapatío que se resista a subir a las redes su foto enfundado en un anorak peludo y con la nieve hasta los cornetes si visita a sus parientes en Wichita Falls, pero el mismo tapatío agoniza y se estremece de fiebre y tos si la temperatura urbana baja a menos de 15 grados o si el aire sopló con demasiada fuerza por la zona de la Barranca.

Supongo que soy así también. Detesto el frío desde que tengo memoria. Antes de poner un pie en EU, me aseguro de que la marmota haya vaticinado ya el inicio inminente de la primavera.

[Lo que] queda claro es que el único frío capaz de tumbarnos es el de aquí, aunque sea poquito y ridículo, porque es el que nos sabe el modo.

Antonio Ortuño
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 7 de febrero de 2016).

Hoy, la ciudad que celebra su aniversario de fundación ha dejado de ser lo que había venido siendo por lo menos hasta la década de los años 70 del siglo XX. A esos años llegó como una ciudad ordenada, planeada, limpia, progresista pero contenida, abierta pero arraigada. La ciudad había estado bajo la guía de buenos líderes en su mayor parte. El partido político dominante le venía ofreciendo a la ciudad administradores capaces, respetuosos, visionarios, muchos de ellos realmente honestos, su autoridad y don de mando les permitía mantener bajos los índices de inseguridad y conflicto, y un manejo cuidado de los recursos mantenía lejano el espectro de la deuda, del despilfarro o el saqueo.

A partir de entonces ese partido político se fue hundiendo cada vez más en el pantano de la corrupción, de las ambiciones de poder y el canibalismo, a tal extremo que comenzó a perder en sucesivos procesos electorales. La facilidad con la que el partido ganador de entonces siguió el mismo camino disoluto, les permitió volver no como un instituto político renovado y transformado, sino con un espíritu de revancha y de agresividad desastroso.

Guadalajara es hoy día una víctima evidente de la guerra entre los partidos, capaces de arruinar la vida de toda una ciudad por asuntos de venganza y previsiones electoreras en el mediano plazo. Que agentes del partido perdedor en las pasadas elecciones municipales, se dedicaran consistentemente a limitar al máximo las posibilidades reales de mejorar la ciudad, para hacer quedar mal al partido ganador, es un crimen que no debe ser olvidado.

Denigrante para Guadalajara observar como muchos de sus habitantes fueron convertidos en vándalos a sueldo para gritar, oponerse, hacer marchas y plantones en defensa de privilegios adquiridos a costa de adhesiones partidistas, ¿cómo un partido político establecido en orden a grandes ideales de libertad y transformación social ha acabado reducido a una cloaca de todas las ambiciones y corruptelas? ¿Cómo un partido que albergó tan distinguidos pensadores se volvió cómplice permanente de los peores enemigos de la ciudad, de su identidad y de su origen? ¿Cómo un partido que en años lejanos dio a Guadalajara verdaderos y visionarios gobernantes, en los últimos años la puso en manos de saqueadores?

Hoy llegamos al 474 aniversario de la fundación de nuestra ciudad con una Guadalajara en ruinas, con obras públicas inacabables porque el dinero no llega, o nomás por molestar, o porque los responsables fallaron en sus cálculos; con una administración municipal maniatada por la deuda heredada, pero también por la impericia de muchos colaboradores y el lastre de burócratas perpetuos.

Una Guadalajara de 474 años de vida, con su identidad y su raíz amenazada por los diseñadores caídos de los cotos residenciales que de Guadalajara apenas si comprenden el nombre, y a todo esto ¿dónde están los tapatíos, los de origen y los de adopción? ¿En qué coto se refugiaron abandonando la ciudad que heredaron?

Armando González Escoto
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2016).

En Jalisco no sabemos entender el papel de la oposición. Pensamos en el opositor, ya sea institucional o social, como un criticón sin argumentos, como alguien que pone piedras en el camino con la única motivación de descolocar a los gobiernos. Nunca nos detenemos a pensar en una máxima irrenunciable de la política: el poder necesita control, tanto al interior de las instituciones como afuera de ellas. De la misma forma en la que requerimos medios de comunicación libres que se atrevan a denunciar la corrupción, una sociedad civil autónoma que cuestione a los gobiernos y un sector académicos crítico y que proponga soluciones, también la democracia necesita de espacios políticos de disenso, de una oposición que no se deje cooptar.

Enrique Toussaint
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 20 de marzo de 2016).

Había una vez una ciudad caótica que se llamaba Guardalacara. Desde que seres extraterrestres dieron con abundancia de agua, aquella apacible ciudad creció al infinito gracias a un equipo de expertos en convertir las tierras fértiles en fraccionamientos, los bosques en cotos residenciales, y las fuentes de agua en industrias de cuanto género fue posible contratar. Todos estos agentes del progreso eran seguidores de una extraña religión basada en el azar, cuyo ritual más común consistía justamente en hacer cientos de planes, aventarlos al cielo y ejecutar solamente aquellos que cayeran boca abajo.

Muy pronto se unieron al equipo planificador los miembros de una secta muy selecta, egresada de las más elevadas universidades, con impresionantes postgrados obtenidos en otras aún más elevadas universidades, de países igualmente mucho más elevados; se presentaban como "expertos" urbanistas, decididos con todo el ímpetu de su edad y títulos a aplicar en Guardalacara sus sabias e incomparables tesis.

Este gran equipo solía tener por las noches sus sesiones de meditación profunda, tántrica, bajo la guía de un gurú cuyo trabajo consistía en decir a sus adeptos: cierren sus ojos, imaginen la mejor y más hermosa y viable ciudad que hayan conocido, elijan aquellos aspectos que más impresionaron su alma sensible, y ahora juren por todos los dioses que los aplicarán, así, a ojos cerrados, en Guardalacara. Y aquellos feligreses imaginaban Boston, Colonia, Osaka, Ginebra, Ottawa, las ciudades-bosque de Alemania, y cosas por el estilo, elegían lo impactante y al día siguiente ya estaban presentando un nuevo plan urbano para la sufrida Guardalacara, que después de tantos y tantos "implantes" ya parecía la versión empeorada de Frankenstein.

En una hermosa mañana, el trance les llevó a contemplar el espectáculo repulsivo del tráfico vehicular frente a la apacible vialidad del centro histórico de Oslo; en rápida sucesión de iluminaciones relampagueantes apareció en sus mentes la solución final: peatonalizar, desalentar el uso del auto, ciclovías para llegar sudado al lugar de trabajo, a menos que seas jefe y tengas allí tu baño privado, apostar al transporte público que ahora sí te permitirá viajar sentado sin tener que llevar encima cuatro prójimos, serenar el tráfico arruinando vialidades, convertir las avenidas en zonas verdes, ¡qué belleza!

Fieles a sus rituales impusieron sus planes, como siempre a ojos cerrados, ignorando los efectos que ya había producido el macrobús en la Calzada Independencia, que dicho sea de paso, los planeadores jamás utilizaban, pero aconsejaron añadirle primorosos jardines horizontales que nadie usa. No obstante, sus colegas y muy amigos, seguían vendiendo autos al por mayor, a bajos precios, cómodas mensualidades, nuevos, usados y muy usados, en tanto el transporte público seguía triunfando sobre ciudadanos y gobernadores, tratando a sus usuarios como ganado, correteando por calles y avenidas, subiendo y bajando a criterio del chofer.

Guardalacara se vio así sometida al lecho de Procusto, por un lado no tiene la ciudadanía más remedio que acudir al auto, pero los planeadores están empeñados en reducir las vialidades, los demás han de exponerse al uso de camiones tal y como siguen, pero también los camiones con vialidades cada vez peores.

Armando González Escoto
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 8 de mayo de 2016).

Medra entre nosotros una cierta calaña de gente a la que no es posible convencer de nada y que cree, por ejemplo, que los camiones ardiendo de los narcobloqueos fueron alucinaciones colectivas o una argucia de las fuerzas oscuras para distraernos de eventos más importantes pero secretos (la ineluctable "cortina de humo"). Para documentar su negación tajante a aceptar lo que sea, inclusive que el calor ha aumentado y estamos todos cociéndonos en nuestro jugo, estos señores se han leído otra clase de artículos en Internet, esos que tanto le gustan a Donald Trump y en los que se postula que no hay calentamiento global, ya sea porque todo se trata de una mentira urdida por los chairos (sí, todavía queda gente que acusa de planear cosas perversas a grupos hipotéticos así como así, en rama, como si fueran una hermandad del mal) o porque, en realidad, vivimos los albores de una nueva glaciación y la Tierra se prepara recalentándose antes de ponerse en plan de cubito de hielo. ¿Dónde están estos escépticos? Pues en todos lados. Son la vecina de edad avanzada que contradice a los expertos y declara que en su juventud hacía más calor por estas fechas ("había que untarse alcohol para aguantar") y nadie se alborotaba. Son buena parte de los taxistas (y esos hermanos perfumados suyos que son los choferes de Uber), cuando se niegan a ponerle al aire acondicionado bajo el argumento de "uy, joven, la semana pasada sí estaba bueno: ahorita qué". Son ese cuñado o yerno que declara, olímpico, que en Ottawa hacía un frío de miedo la pasada Navidad, un frío que no se le pasó ni siquiera después de echarse al buche media botella de whisky, por lo cual es falso que las temperaturas mundiales estén aumentando.

Cuando la faz de la Tierra sea toda como es hoy el Desierto del Gobi, sólo sobrevivirán las cucarachas y un señor tapatío, en pantuflas, que les asegurará a las dunas y los cactus que no pasa nada, que todo es una cortina de humo.

Antonio Ortuño
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 22 de mayo de 2016).

En promedio, cada tapatío dona 50 centavos a la Cruz Roja. Todos los fondos con los que se mantiene la institución, el pago a su personal, la compra de insumos y el mantenimiento de sus equipos se basa en la bondad o el olvido de los ciudadanos. Hoy se encuentra en el 2o. estatus.

De acuerdo con la delegación estatal, las aportaciones de los habitantes de la metrópoli son menores en comparación con las que dan ciudadanos del interior de Jalisco. La razón de esto es la existencia de servicios de salud prestados por otras autoridades, como la Cruz Verde, incluso por empresas privadas.

En contraste, hay municipios fuera de la metrópoli en los que el ingreso promedio por habitante es de 9 pesos.

Según Nancy García Vázquez, académica de la Universidad de Guadalajara, el que la Cruz Roja Mexicana opere en Jalisco bajo números rojos desde hace años obedece a varios factores.

El 1o. y más importante es la realidad económica actual: la mayoría de los jaliscienses procura sus gastos elementales y su presupuesto está ceñido a ello. Pero al margen de eso, detalla, existe entre los mexicanos una "falta de cultura cívica" que incide en poca solidaridad y nulo interés en participar en las causas comunes.

"Es un porcentaje muy pequeño de la ciudadanía en Jalisco el que se adhiere a alguna causa".

Agrega que el plan de estudios actual "ha demeritado la enseñanza de vivir en comunidad... de tener responsabilidades y ser solidario con el otro".

"Esta ausencia de cultura de la donación es un síntoma de algo más. Hoy le toca a la Cruz Roja y es síntoma de una falta de integración como ciudadanos..."

Expone que todas las instituciones de emergencia están "abandonadas", con instalaciones "deficientes" y, sobre todo, "limitadas" para la demanda que tienen.

Y "si el gobierno no manda el mensaje de que esas instituciones son importantes y que hay que ser solidarias con ellas para que den servicios dignos, a los ciudadanos no nos llega tampoco el mensaje (...) Parece una atención asistencialista o de quinto mundo".

(V.pág.2-A del periódico El Informador del 26 de mayo de 2016).

A fuerza de volverse rutinarias, las noticias sobre crímenes en los municipios de la zona metropolitana de Guadalajara... han dejado de serlo. El ocasional "macabro hallazgo" de un cadáver (¿de qué más podía ser?) en las faldas del Cerro del Cuatro, pongamos por caso, antes de que la mancha urbana lo devorara -literalmente-, era motivo más que suficiente para que fotógrafos y reporteros de policía se desplazaran presurosos a dar cuenta del suceso, que pasaba a ser, durante varios días, motivo de especulaciones y comentarios...

Hoy no. Los crímenes se han vuelto cotidianos; los "hallazgos macabros2, el pan de todos los días. Cualquier callejuela apartada, cualquier vereda, cualquier camino vecinal, a tiro de piedra del chocerío -cada vez más distante- que rodea a la urbe, puede ser el escenario de dicho suceso. Si son 2 o 3 los cadáveres que cada día se encuentran en esas circunstancias, las notas periodísticas ya ni se molestan en ir más allá del sexo y la edad aproximada ("un masculino de unos 30 años", por ejemplo), y, si acaso, la indumentaria que la víctima vestía.

Ocasionalmente, como complemento, se aporta el dato estadístico. Por ejemplo, que sólo en este mes de mayo, en la zona metropolitana de Guadalajara, se han registrado setenta y tantos crímenes.

Si alguien se fastidió el desayuno leyendo que la morgue del Servicio Médico Forense está saturada, porque en sus gavetas permanecen almacenados los restos de varias decenas de personas que ni fueron identificadas ni, mucho menos, reclamadas por sus familiares, es posible que haya llegado, sin darle demasiadas vueltas al asunto, a la conclusión de que la casi totalidad de esos crímenes (setenta y tantos en un mes, varios cientos en un año) quedan impunes.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 31 de mayo de 2016).

Una ciudad limpia no es la que tiene muchos barrenderos sino la que tiene ciudadanos que no ensucian, que no tiran basura en las calles y se hacen cargo de los frentes de sus casas. Muchos dirán que se trata de un tema cultural, que la solución de fondo es la educación y que si comenzamos ahora educando a las nuevas generaciones algún día aspiraremos a ser una ciudad limpia con una sociedad que se haga responsable del espacio público. Ahora sí que como diría mi maestro: Sí; sí, pero no.

En Nuevo León, norteños y pragmáticos a fin de cuentas, suelen decir que educar a un regiomontano cuesta exactamente 279 pesos, que es el precio de un boleto de autobús desde Monterrey hasta San Antonio, Texas, porque cualquier "pelado" llegando a Texas deja de tirar basura y pasarse los altos. La razón es muy sencilla: la multa por tirar basura en la calle (dejar la bolsa debajo del poste, por ejemplo) en algunas ciudades de Texas va de 2,000 a 4,000 dólares. No hay "pelado" que se arriesgue.

Hay una parte de la educación cívica que entra irremediablemente por el bolsillo. Argumentar que 1o. hay que educar y luego multar es un argumento al mismo tiempo populista y paternalista: pensar que exista alguien que no entienda que la basura hay que ponerla en un basurero y no tirarla donde se le antoje es tratar como idiotas a los ciudadanos. Pero si alguien no lo entiende al pagar la multa lo entenderá y lo aprenderá de manera más rápida y profunda que si se lo explican 40 veces en la primaria.

Lo que hay que vigilar del programa es, 1o., que realmente se aplique, y 2o., en dónde se aplica el dinero recaudado. El gobierno de Alfaro no está inventando el hilo negro; son muchos los gobiernos que lo han intentado antes y no ha funcionado. La clave de cualquier programa de este tipo es la continuidad y la capacidad de respuesta. El programa banquetas libres, por ejemplo, es extraordinario, pero los gobiernos de Guadalajara y Zapopan no han tenido la capacidad para hacerlo cumplir. Son muchas las banquetas que siguen invadidas y los ayuntamientos se ven rebasados, lo que a la postre termina enviando un mensaje de incapacidad de la autoridad. Lo 2o. es que el dinero vaya a donde tiene que ir, en este caso a mantenimiento de espacios públicos.

Pero no nos hagamos bolas; nosotros somos los marranos, como cantaba Julio Haro en El Personal; a nosotros nos toca tener a la ciudad limpia. Y si no, que nos multen.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 7 de julio de 2016).

Lo más hondo del verano. Nunca habría que menospreciar la capacidad de la vegetación de la ciudad para esplender con las lluvias. Un cuadro de tierra en una banqueta, lastimera y permanentemente desatendido por algún vecino holgazán, se convierte de repente en un mínimo vergel con una asombrosa variedad de plantas. Los árboles tienen los brillos que el cochinero ambiental opaca durante las secas. En algún momento del pasado reciente la gente extravió el sentido común y la sabiduría para entender los temporales tapatíos. Las tormentas de este valle, a veces, son eventos meteorológicos mayores: basta fijarse un poco en las nubes, leer la escritura del cielo para prevenirse. Y entonces, prudentemente aguardarse. Y así como todo mundo encuentra en sus jornadas el rato para las ahogadas o los camarones de la esquina, es preciso tomarse el tiempo para la muy útil y aleccionadora práctica de ver llover en paz. En lugar de eso, cientos de miles de tapatíos asumen que pueden impunemente desafiar las grandes tormentas y seguir haciendo sus cosas como si nada. El resultado: graves riesgos, gente empapada, automovilistas inundados y atascados, congestionamientos viales sin cuento, quejumbres y necedades. Los mayores lo sabían bien: es necesario, cada temporada de aguas, saber tomar sus pausas. Lo que además puede ser un señalado placer...

Juan Palomar Varea
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 31 de julio de 2016).

Como buenos tapatíos que orgullosamente somos, la vida pasa en un tranquilo transcurrir y así, hace un calor como nunca, hace un frio como nunca, ha llovido como nunca, finales de invierno, hay flores: primaveras rosamoradas, jacarandas, tabachines, magnolias.

Que quiere, a mi me encanta Guadalajara con todo el daño que desde Oñate le han tratado de causar absolutamente todos, pero todos, los alcaldes y sueño con una ciudad en la que sola, sin ayudas exteriores ni de expertos ni mucho menos de autoridades se desarrollaría y hasta ahora cada que pretenden mejorar alguna por lo general lo arruinan. Guadalajara sueña con un gobierno de holgazanes, sin ideas maravillosas, sin "intervenciones" mágicas, soluciones sencillas como recoger la basura, que dejen la ciudad transcurrir en paz.

Lo he dicho hasta el enfado gobiernos buenos no ha habido ni creo posible existan, los hay dañeros, muy dañeros y fatales, pero buenos ni soñados, eso no se da.

Así los gobernantes viajan a traer ideas de otro lado, que no son aplicables a nuestro entorno, le ejemplifico, yo, si seguimos los criterios de la OMS digamos que estoy un poco o si quiere muy excedido de peso, esto es soy gordo, de tal modo si se pone mi saco, no deja de ser saco pero a usted no le queda. Nuestros gobernantes aman Colombia para imitar, desde luego yo creo que dicho país solo tiene de exportación la cocaína y algunas guapísimas concursantes en certámenes de belleza, de ahí en demás en casi todo creo están más fregados que nosotros, vamos, si tienen suerte saldrán de una guerrilla que tenía medio país, ojalá tengan éxito pero no me los den por buenos.

Pero los anuncios de los gobernantes, eso si está bien, porque no tocan la ciudad, y así nuestro archirecontramega alcalde y gallo pal 18 ha declarado que invertirá muchos melones (no se si se ha fijado pero Alfaro siempre anuncia obras de millones) para combatir los baches, aplauso general porque los baches han llegado a ser parte entrañable de los habitantes, es más diferentes medios organizan temas al respecto. Desde luego los baches permanecerán incólumes; antes Ramiro confiaba en que su gobierno sería recordado por lo mucho que pavimentó y no, se recuerdan los baches que dejó; y Paco, durante su interinato anunció combate a bache y estos subsistieron, nuestro actual gober en su época combatió baches y no venció. Como las flores salen el primavera los baches saldrán en las aguas, que quiere, eso es lo que toca.

Casi podríamos señalar los anuncios de temporada, intervenciones en Chapu que todos han hecho y que entre todos casi acaban con la belleza de lo que fue, a pesar del gobierno, la avenida Laffayete , otra muy socorrida es el anuncio de intervención en lo que fue la Alameda y después el Parque Morelos, allá por el tiradero de Petersen, lo hizo Paco, después lo hizo Ramiro y hoy lo hace don Enrique.

La ciudad y las enredaderas crecen solas.

Carlos Enrigue
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 31 de julio de 2016).

Otro aspecto sumamente importante es el que tiene que ver con nuestros malos hábitos, mismos que en un alto porcentaje son los propiciatorios de accidentes, tales como la falta de cuidado al tirar la basura y cacharros viejos que si solamente una persona lo hiciera, no pasaría nada, pero cuando cientos y miles de habitantes de una ciudad incurren en tamaño desacato, es entonces cuando se forman serios obstáculos que no solamente impiden la libre circulación del agua, sino que además forman represas que se tornan mortales.

Cuauhtémoc Cisneros Madrid
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 1o.de agosto de 2016).

Al margen de los vaivenes de la política y del buen deseo de que Guadalajara, entendida como un todo, fuera gobernada por un estadista y no por 2 o 3 políticos ambiciosos y con dotes de liderazgo, más 4 o 5 caciquillos transformados en alcaldes por sus compadres -como pago a favores políticos ocasionalmente inconfesables-, es plausible que se formalice el compromiso de todos por "jalar para el mismo lado", para decirlo en términos coloquiales.

Falta, empero, lo más importante: entender que el 1er. paso para recuperar el orgullo de los tapatíos consiste en hacer amable su ciudad. Amable, en el sentido literal: digna de ser amada. Y para que eso suceda, falta que la ciudad recupere gradualmente, en la medida de lo posible, la dignidad que se fue perdiendo conforme creció hasta tornarse gigantesca, caótica, desordenada y sucia; vandalizada por sus propios habitantes y descuidada por sus gobernantes.

Por buenas intenciones no ha quedado. A partir, sobre todo, de las alternancias políticas que se han vuelto sistemáticas en lo que va del siglo, muchas inquietudes a favor del reordenamiento y la recuperación del decoro de la ciudad se han planteado. Casi todas, sin embargo, se han quedado en el terreno del discurso.

Jaime García Elías
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 3 de agosto de 2016).

Los tapatíos, de los 9 municipios, los nuevos y los viejos, los recién llegados y los de rancia raigambre, tenemos esa relación compleja con la ciudad, pues creemos que una buena parte de la culpa de que las cosas no sean de otra manera (ni siquiera estamos seguros de qué otra manera quisiéramos que fuera pero tenemos claro que así no) tiene que ver con el gobierno en turno, del color que sea, y canalizamos nuestro descontento a los baches, a la inseguridad, a la falta de empleo, a la mala calidad de la educación.

Buena parte de la crítica a la marca ciudad se ha centrado en los costos de hacer una campaña cuando la ciudad está llena de baches.

Todos queremos una ciudad sin baches y una ciudad segura; una ciudad con oportunidades y un espacio público gozable y gozado. Todos queremos una ciudad que nos permita crecer. De hecho por eso estamos aquí; por esos son más los tapatíos que llegan que los que se van.

Hacer ciudad es dejar en ella nuestras críticas, nuestro trabajo, nuestro sudor, pero también nuestros pasos, nuestras ideas, nuestros amores. Hacer ciudad es mentarle la madre al gobierno cada vez que caemos en un bache (por ir viendo una minifalda espectacular, un laurel descomunal o un balcón con malvas en botes de chile) y cantar Guadalajara, Guadalajara.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de agosto de 2016).

Si bien Guadalajara pareció ser impermeable a los cambios anunciados por la secularización del siglo XX que anunciaba disminuir la presencia e influencia de la religión en la sociedad; no parece contener la tendencia a la posmodernidad.

En 1996 realizamos la 1a. encuesta sobre Creencias y prácticas religiosas en la zona metropolitana de Guadalajara. La replicamos en 2006 y de nuevo la aplicamos en 2016. Esto nos permite no solo configurar cuál es el perfil creyente y practicante de los tapatíos, sino también ver si efectivamente tiene o no que ver con una tendencia a un cambio religioso contenido.

A partir de los resultados recientes arrojados por la encuesta lo primero que podemos afirmar es que Guadalajara sigue representando una sociedad hegemónicamente católica, cuya población parece resistirse a mudar de credo para abrazar otras ofertas o bien para abandonar su iglesia. La encuesta mantiene un porcentaje estable en la población católica (86.3% en contraste con la cifra de 86.5% registrado hace una década). Lo que sí cambió es que disminuyó la población sin religión (10% en 2006 y 7.5% 2016) y aumentó ligeramente la población de cristianos evangélicos (de 2.6% a 6.3%).

En el presente, casi la mitad de los encuestados, que como vimos son mayoritariamente católicos, están abiertos a asistir a una ceremonia de otra religión diferente a la suya (44.5% sí vs. 53% que no lo haría). De hecho, durante la aplicación de las encuestas, pudimos atestiguar que esta pregunta no es hipotética, pues 40% ya habían asistido a cultos de otras iglesias, pues la mayoría tiene algún familiar cercano que era converso a otro credo. Esto ha traído un cambio en la percepción hacia los que deciden cambiar de credo, que contrasta con las décadas anteriores. En el presente la mayoría (77.5%) afirma que respetaría la decisión de aquel miembro de su familia que decida convertirse a otra religión, y sólo 13% trataría de convencerlo de que está en un error; y 1% dice que no lo trataría más. Si consideramos que hace 20 años la cifra de la respuesta "respetaría su decisión" era 18 puntos porcentuales menor, y la de considerar que debía convencerlo de estar en un error era 20 puntos porcentuales mayor, constatamos un cambio de mentalidad del tapatío, que demuestra que la diversidad religiosa va abriendo paso a una cultura de apertura y respeto hacia la pluralidad religiosa.

Más de una tercera parte de los católicos se definen como Católicos por tradición (36%). Es decir que se mantienen en el catolicismo como una manera de continuar con lo que sus padres y abuelos les transmitieron. Llama la atención que una tercera parte (31%) se define como "católico a mi manera", y que sólo el 18.5% se identifica como católico practicante. No obstante, es difícil pensar que los tapatíos en realidad sean poco practicantes cuando 43.8% reporta asistir cada semana a servicios religiosos y 8.8% dice asistir diariamente, el resto lo hace ocasionalmente, y sólo 6% dice no hacerlo nunca. Más aún, es difícil considerar que los tapatíos no son practicantes cuando para 62% sigue siendo muy importante la celebración de los bautizos, bodas y entierros mediante un ritual religioso.

No obstante, si nos acercamos a otras preferencias, podemos entender por qué una tercera parte de los encuestados prefieren definirse a sí mismos como Católicos a mi manera. Católico a mi manera expresa que cada cual decide los grados de compromiso con su institución. Pero también significa que cada católico tiene un cierto margen de libertad para decidir cómo creer, para opinar con respecto a situaciones sociales que difieren de los dogmas eclesiales, para hacer ciertas chapuzas entre el dogma y la práctica.

Por ejemplo, cuando les preguntamos si creían a Dios, la mayoría de los tapatíos afirma esta creencia (sólo 1.5% dice no creer, 2% se manifiesta como indiferente y 1.3% no contestó). Poco más de una tercera parte creen en Dios manteniendo la fórmula del dogma católico de la Santísima Trinidad y 20.3% lo hace concibiendo a Dios como un Dios Personal; pero lo que llama la atención es que 29% han incorporado una nueva fórmula para pensar o creer en Dios. Se trata de Dios como una fuerza vital o energía, la cual está siendo muy difundida por la oferta neoesotérica o por las sensibilidades New Age, hoy presentes en la sociedad tapatía. Algo similar ocurre con la creencia que la gente alberga sobre lo que existe después de la muerte. 28.8% cree que habrá resurrección y juicio final; 26.5% creen que existe el Cielo y el Infierno; pero 14.8% creen en la reencarnación (doctrina asociada con las religiones o filosofías orientales) y otro 14% dice no creer en nada, e incluso 8% dice que se logrará una unidad con el cosmos, creencia que está más ligada a entender la trascendencia dentro de una cosmovisión vinculada con las energías y la ley cósmica. Fórmulas "a mi manera" de creer en la trascendencia.

Ser católico a mi manera no implica que el creyente sea menos practicante, ni tampoco significa que no continúe practicando ceremonias tradicionales. Significa que a ello agrega otras experiencias. Lo cual no significa que dichas nuevas tendencias suplan a las tradicionales. Más bien el creyente a mi manera puede asistir a misa, sin por ello dejar de combinar sus tradiciones de peregrinar a santuarios (50%), leer la Biblia (60%) o rezar el rosario (62%), con otras prácticas no necesariamente promovidas por los curas o su parroquia. Mientras que 12% manifiesta participar en algún grupo de oración y 32% reporta apoyar actividades parroquiales; el resto realiza prácticas variadas que no necesariamente son fomentadas por los templos y que ocurren en otros espacios. Algunas de ellas son las heredadas por las tradiciones indígenas que continúan practicándose como parte del sincretismo popular, como son: el altar de muertos (50%), limpias con yerberos o curanderos (5%) pero otras tienen que ver con nuevas prácticas no tradicionales, como son leer horóscopos (22%), practicar yoga y meditación (18%), leer libros de autoayuda (45%); cargarse de energía durante el equinoccio (7%) o practicar un ritual neomexicano (danza ritual o baño de temazcal: 7%); asistir a la alineación de chakras (8%). En conjunto, si bien ninguna de estas prácticas es mayoritaria, si ofrecen una diversidad de formas de vivir la catolicidad de manera subjetiva, y de ir adoptando nuevas experiencias que van siendo incorporadas a sus menús creyentes a la carta.

Pero hay que subrayar que el ámbito donde se evidencia de manera franca la autonomía individual respecto a las directrices de la Iglesia Católica es el de la moral sexual. La aceptación del divorcio se ha incrementado de 35% en 1996, a 50% en 2016.

De manera aún más impresionante, la aceptación de la homosexualidad que hace 2 décadas registraba apenas 12% hoy alcanza casi 41%. No obstante, es también notable que la aceptación abierta del aborto se incrementó muy poco de 8.2% a 9.8% en 20 años, y de hecho disminuyó con respecto a la cifra intermedia en 2006, que era de 19%. Adicionalmente a estas cifras, resulta interesante observar un rasgo común en la opinión que los habitantes de la ciudad tienen frente a los temas de moral sexual, que muestran que su posicionamiento ya no se determina por la convicción dogmática, sino por las circunstancias y sus posibles efectos. Cada vez son más los católicos que antes que definir una postura de acuerdo o desacuerdo con estas prácticas, antepone su consideración personal según se presente el caso, por lo que la cifra de la respuesta "depende" (sin decir de qué) asciende en 2016 a 13.5% con respecto al divorcio, 13% a la homosexualidad y 5.8% al aborto.

Resulta claro que un componente importante de ese ser católico "a mi manera" que parece definir a los tapatíos comprende la creciente independencia de criterio respecto a la autoridad eclesiástica en esta área de la vida. En el mismo sentido podemos interpretar cómo los valores considerados más importantes en la educación de los niños es el de "amor al prójimo" (38%) mientras que la formación religiosa ha disminuido (de 28% en 1996 a 18% en 2016). Y al cuestionarlos sobre la institución que debe enseñar estos valores, la iglesia ocupa un lugar crecientemente secundario frente a la institución más "privada" e "íntima" de los tapatíos: la familia, que pasó en 2 décadas de 71% a 89.5%. Este aumento se ha dado en detrimento de la importancia de la Iglesia, que pasó en el mismo período de ser considerada como la principal institución en la formación de valores por el 16% de los tapatíos, a serlo solamente para el 2%.

El tapatío, se ha distanciado de sus soportes eclesiales y dogmáticos y se ha individualizado para reconocerse, pensar y actuar como católicos a su manera.

Renée de la Torre, investigadora del CIESAS Occidente y Cristina Gutiérrez, investigadora de El Colegio de Jalisco
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 4 de septiembre de 2016).

Es un parque, y como todos los jardines municipales, está en perpetua necesidad de mejor mantenimiento, de arreglos diversos, de limpieza más constante, dado lo cerdo que pueden ser ciertas gentes. Porque los parques son complejos organismos vivientes: todo en ellos evoluciona, experimenta cambios, requiere todo tipo de cuidados. No hay presupuesto que alcance para todo ello.

Los vecinos cercanos, a veces, colaboran con algunas medidas. Pero no ajusta: se sabe la proverbial tacañería tapatía -con honrosas excepciones- para abonar al bien común. Pero más bien el espacio verde depende íntegramente de los magros presupuestos municipales para subsistir. Y se ve que el ayuntamiento hace lo que puede... que nunca ajusta.

Este parque, situado en una zona de gente acomodada, bien podría estar flamante si los principales beneficiados por su existencia, y sus usuarios privilegiados por la cercanía, dieran módicas contribuciones para su sostenimiento. Pero no es así. La mentalidad pequeñoburguesa está muy apegada a aquel dicho: "Que lo mantenga el gobierno".

Las buenas ciudades tienen a sus parques en óptimas condiciones. Punto. Porque son lugares esenciales para la salud urbana, para el bienestar de los ciudadanos. Para su orgullo como habitantes, para la identidad de la urbe.

Juan Palomar Verea
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 14 de septiembre de 2016).

Quienes la disfrutaron cuando se jactaba de ser "La tierra de Dios y de María Santísima" y la sufren ahora que forma parte de los varios núcleos urbanos a los que se da el rango de megalópolis, coincidirán en que la calidad de vida de los habitantes de la Guadalajara de dimensión humana que conservan en el formol de sus recuerdos era, sin punto de comparación, mejor a la actual...

Habrá quien diga que es un consuelo que no estemos al nivel de Ecatepec -el municipio más grande de la entidad más poblada del país-, que ocupa el último lugar. Empero, es inevitable que nos invada un sentimiento de envidia (definida como el dolor por la felicidad ajena) al observar que se otorgan a Mérida, Saltillo, Aguascalientes, Campeche y Colima, de entrada, los diplomas como las ciudades de México en que mejor se vive.

A cambio de que los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara se declaran "medianamente satisfechos" en rubros como centros de diversión y oferta de vivienda, en temas como la seguridad casi la mitad dicen estar "nada satisfechos". En cuanto a vialidades y pavimentos, las calificaciones van, en promedio, de la nota reprobatoria (5.9) a la aprobación "de panzazo": 6.7.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 5 de octubre de 2016).

Cuando yo era niño, se festejaba Todos los Santos en Guadalajara, y la celebración de los muertos era más bien una fiesta de la gran Chilangostlán y el centro de la república; por cierto, ya ahora muy modificada por las Catrinas, que tal vez porque es un personaje muy simpático, vino a apoderarse del festejo, haciendo que se olvide toda esa cultura de la muerte que tenían los aztecas y que ojalá no se pierda, pero entre la Catrina y James Bond, ya cambió la fiesta, y tal vez ahora sea una revoltura con Halloween y lo nuestro, que no critico, sino lo entiendo como una nueva visión de las cosas.

Carlos Enrigue
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 6 de noviembre de 2016).

El Día de Muertos está al alza y en plena fusión multicultural con el Halloween. Porque no me digan que parte de la tradición ancestral que se supone que se honra es disfrazarse de Frida Kahlo esquelética o de pachuco con rostro de calavera. No, señor. Esos modos los trajeron los mismos que decoran calabazas y piden dulces.

Antonio Ortuño
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 6 de noviembre de 2016).

El caos vial del domingo pasado resultó en verdad desconcertante y, en muy buena medida, también humillante. Tuvieran urgencia o no, miles de coches circularon durante toda la mañana, en apariencia sin ton ni son, buscando el modo de llegar a su destino.

Con frecuencia se violaban las leyes de tránsito en un afán siempre desesperado, pero la mayor parte de las veces inútil, de salir del atolladero.

No fueron los hados ni los astros sino los lúcidos promotores deportivos de los principales ayuntamientos del Valle de Atemajac.

De por sí es por demás cuestionable el cierre da calles para que otros se diviertan. Sin embargo, la llamada "Vía Recreactiva" de Guadalajara tiene cierto pedigrí y longevidad de éxito que le concede cierta legitimidad, aunque es evidente que las calles son para circular y el esparcimiento debe hallar otros espacios.

Hace poco, iluminados zapopanos decidieron no quedarse atrás e hicieron su propia vía... con patéticos resultados: se entorpece una arteria de gran importancia y los usuarios, después de un cierto éxito causado por la novedad, no pasan de ser unos cuantos que entorpecen la vida de muchos.

Pero el pasado fin de semana se produjo el "maratón" tapatío anual, pero con una nueva ruta tan bien pensada que resulta imposible creer en un estorbo mayor. Independientemente de un bloqueo de calles principales que duró varias horas porque los miles de impresionantes atletas, siempre vencidos por forasteros, iban y venían por ellas, dejaron prácticamente encerrados en sus casas a muchos ciudadanos que, por no ser corredores, al parecer tienen menos derechos que éstos.

Sólo que no fue todo: en Jardines de Guadalupe, por donde algunos logramos escapar, nos llevamos la sorpresa de que se organizó también una carrera de bicicletas de la que no hubo noticia alguna... a lo mejor ni siquiera las autoridades se enteraron, puesto que era dirigida por sujetos que no aparentaban poseer más autoridad que la proporcionada por unos chalecos amarillos, bastante deteriorados por cierto.

Todo ello ocurrió sin una mínima capacitación ni planeación previa de los agentes de tránsito que estaban mucho más desconcertados y agobiados que la misma ciudadanía, pero a cambio también caía sobre ellos la retahíla de improperios al hacer lo único que se les había indicado: prohibir el paso.

Vale agregar que, el sábado anterior, a manera de aperitivo, la Avenida Niños Héroes se convirtió en un desastre debido a los preparativos de un concierto que hubieron de suportar en la noche las estatuas de los jóvenes aquellos en el sitio del Castillo de Chapultepec.

José M.Murià
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de noviembre de 2016).

Es probable que algún día se entienda que si Guadalajara fue, en efecto, una ciudad que se preciaba de su limpieza, se debió, en efecto, al ingenio de un programa gubernamental vigente en ese tiempo. Consistía, sin más, en que, todas las mañanas, cuadrillas de inspectores salían a constatar que se cumpliera la ordenanza municipal que obligaba a los vecinos a mantener aseado el frente de su domicilio... so pena de pagar una multa de 10 pesos.

Alguna administración municipal -la que encabezó Fernando Garza- hizo un sondeo, del que se desprendió que los vecinos aplaudirían que la autoridad, cumpliendo su papel, reimplantara esa norma. En la práctica, se prefirió realizar una campaña publicitaria -una más...- que arrojó los decepcionantes (por no decir nulos) resultados que puede constatar, casi en cualquier lugar de la ciudad, cualquiera que tenga ojos en la cara...

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 22 de noviembre de 2016).

La 1a. serenata de la que tuve conocimiento ocurrió a finales de los años 80. Mi madre estaba divorciada hacía casi un decenio y un pretendiente (un caballero de edad, muy atildado y cortés) tuvo a bien llevarle un trío al estacionamiento del edificio donde vivíamos. Era casi la una de la mañana. No recuerdo si a mi madre le alegró que le fueran a cantar boleros, pero sí tengo presente que al resto de los vecinos no les pareció ni romántico ni agradable. Claro: vivíamos en el 4o. piso de un edificio multifamiliar y era jueves. Milagro que no nos lincharan.

Años más tarde nos mudamos a lo que entonces era el sur profundo de la ciudad (y que gracias al desarrollo monstruoso de Tlajomulco ya es casi el centro). A la vuelta de casa vivía una chica francamente guapa. Era sinaloense y su novio también. Debían estar muy enamorados porque cada fin de semana, una banda de 15 integrantes bajaba de una camionetita sus tubas, redovas, tarolas y trompetas y le interpretaba a la interfecta las obras completas de destacados compositores de la música norteña. Todo, claro, por cortesía del muchacho, que se aposentaba en el cofre de su camioneta, bajo una texana, y suspiraba. La chica, en un balconcito, suspiraba también. Eran felices. Sufríamos los demás, porque eran capaces de quedarse allí 3 horas, entre trompetazos y besitos.

Debo reconocer que tardé años en conocer la modalidad más humilde de la serenata, que consiste en estacionar el automóvil bajo la ventana de la chica afectada y ponerle a todo volumen ya sea la radio (si uno es, de plano, un buenazo para nada) o una selección de piezas pensada especialmente para halagarla. Nunca he llevado una serenata (tampoco me han llevado una a mí, ahora que lo pienso) y, al menos entre mi grupo de amigos (en donde predomina el elemento académico y progresista), priva la idea de que las serenatas son ritos de tiempos pasados, síntomas de una sociedad patriarcal que convierte el cortejo en un espectáculo deplorable (aquí, en un paréntesis, acepto que mi principal problema con ellas no es ése, sino que quienes las llevan no suelen destacar por ser grandes músicos y por eso, claro, trabajan llevando serenatas).

Es probable que las serenatas sean una bestia en vías de extinción. Pero podrían estar renaciendo de un modo impensable: como shows multimedia. Me explico: el pasado fin de semana me tocó contemplar una neoserenata muy inquietante (de hecho, desde que regresé a Zapopan me he topado con una serie de usos y costumbres que me parecían impensables en Guadalajara, 50 cuadras al oriente, y de los que ya escribiré). Quizá la vecina de aquí a 3 puertas es la reencarnación de Helena de Troya o de perdida María Félix (no la conozco) y su hermosura es tal que invita a los pretendientes al desvarío. Como sea: la seranata que le llevaron incluyó fuegos artificiales, un ballet de 5 acróbatas, un dj y hasta un anfitrión con micrófono que nos explicaba a los vecinos lo que seguía, como si todo se tratara de un programa televisivo. Al final llegaron 2 barbones con guitarras y tocaron unos covers de The Police que estaban como para llamar al Ministerio Público. Contra lo que pudiera pensarse, el único vecino molesto era yo. Los demás salieron a sus ventanas y aplaudieron. El pretendiente consiguió entrar a la casa de Helena de Troya, único resultado triunfal posible en ese contexto.

A mí, qué quieren, me urge que llegue el siguiente paso evolutivo y las serenatas se contraten como especiales de Netflix para el disfrute solitario de sus afectados.

Antonio Ortuño
(v.pág.12-B del periódico El Informador del 27 de noviembre de 2016).

Las célebres "calandrias" de Guadalajara no sólo están en vías de extinción: tienen impresa, a muy corto plazo, la fecha de caducidad. Cuestión de unos cuantos meses para que sus propietarios los sustituyan por unos artefactos mecánicos que las relevarán en su noble función de pasear turistas y de (supuestamente) ilustrarlos -sus conductores- acerca de la historia de la otrora "Perla Tapatía", antes de que la actual administración municipal extienda el certificado de defunción y pasen a ser, como tantas cosas hermosas y románticas que en Guadalajara han sido, historia antigua; cosas del pasado...

Las "calandrias" ya eran, "desde endenantes" -que diría el paisano- rotundos anacronismos (por definición, "incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde"). Antiguallas, pues. Su decadencia, su proceso de extinción, fue uno de los precios que han tenido que pagarse a cambio del progreso, supuesta sucesión de portentos y maravillas... En la moderna Guadalajara, con sus "vialidades" cada vez con más frecuencia congestionadas, saturadas, pletóricas hasta el hartazgo de automóviles, los carromatos tirados por caballos burdamente enjaezados con un plumero en la frente y equipados en el otro extremo de su economía corporal con un receptáculo a guisa de pañal, eran más dignos de pena que de admiración.

La metamorfosis de la ciudad las hizo obsoletas. No había para ellas los espacios que, en cambio, sigue habiendo en Roma para las "boticellas", o en Sevilla y otras ciudades de Europa, y hasta en la blanca Mérida, para calesas y carruajes similares. La contemporánea escenografía de Guadalajara pasó a serles agresiva... Los organismos ciudadanos defensores de los animales dieron el siguiente paso: en nombre de la compasión que debe tenerse a los nobles brutos que tiran de ellas, consiguieron que leyes y reglamentos incluyeran apartados que las proscribían. La resistencia de los pocos sobrevivientes entre quienes habían hecho de esa industria vinculada con el turismo un medio de vida, fue mínima. La perspectiva de que las "motocalandrias" que las reemplazarán en el corto plazo sean más atractivas para los visitantes y más rentables para sus propietarios, hizo el resto.

Las "calandrias", así, como los tranvías de mulitas -precursoras de Macrobús, Pretrén y demás prodigios que supuestamente verán las generaciones venideras- están en vías de ser, pues, nostalgia pura: cosas del pasado...

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 29 de noviembre de 2016).

Cualquiera, oyendo algunos de los versos que Pepe Guízar incluyó en la letra de su inmortal "Guadalajara", diría que, una de 2: o el compositor sacó a relucir en su celebrada oda a la "Perla Tapatía" su faceta de humorista -en el ramo del humor negro, para ser exactos-... o dejó constancia de su gusto por la ciencia ficción.

De otra manera -pensaríase- no se explica de cuál fumó, como se dice modernamente, o de qué chistera truculenta se sacó el llamado "Pintor Musical de México" elogios para los aires que se respiran en Guadalajara, como la aseveración de que "hueles a pura tierra mojada" -con las reminiscencias pueblerinas que la referencia evoca-, o la lograda (aunque no muy realista) metáfora de "hueles a limpia rosa temprana".

Quien conozca la historia o, simplemente, haya vivido aquellos tiempos, sabe la verdad: no se trata de meras fantasías ni de licencias poéticas. El retrato que Pepe Guízar hizo de la ciudad a la que regaló con esa canción un 2o. himno nacional, corresponde fielmente a la realidad de su época: 1a. mitad del siglo pasado. Si tuviera que escribirla en los tiempos presentes, su musa tendría que buscar motivos por otra parte... y con suerte los encontraría.

Viene a cuento lo anterior por los afanes de la dependencia pública encargada, entre otras cosas, de procurar una mejor calidad del medio ambiente y de dar a los ciudadanos la información pertinente, al efecto de disminuir riesgos para su salud derivados, precisamente, de la contaminación en todas sus facetas.

Es cuestión de sumar realidades: el crecimiento incontenible -e inevitable, además- del parque vehicular en la zona metropolitana de Guadalajara; los escuálidos resultados prácticos de proyectos y programas orientados a promover los modernamente llamados medios de transporte "sustentables" (bicicleta, transporte colectivo, etc.); las obras públicas que congestionan las vialidades en que se realizan, y acrecientan, en consecuencia, la contaminación; la época del año en que las bajas temperaturas propician las inversiones térmicas.

El resultado, documentado por las autoridades sanitarias con datos acerca de las crecientes morbilidad y mortalidad, es preocupante: a despecho de declaraciones, discursos y buenas intenciones, Guadalajara ya padece uno de los síndromes de las grandes ciudades. Sus habitantes, a cambio de tantas bellezas y portentos que los rodean -¡oh, sí...!-, están condenados a vivir (o morir, si tantito se descuidan) en una cámara de gas... o punto menos.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 1o.de diciembre de 2016).

La Cruz Roja de Guadalajara es una de las que menos recauda en el país, y por razones obvias (el tamaño de la ciudad, el número de automóviles y de accidentes) una de las que más servicios presenta. Al frente del patronato de esta noble institución han estado personajes intachables de la ciudad y, al menos desde que tengo memoria (puede fallar, eso seguro) no ha habido un escándalo sobre el manejo de los recursos. ¿Por qué entonces lo tapatíos no colaboramos con la Cruz Roja?

La respuesta es muy sencilla: porque somos codos y agarrados. Los regiomontanos tienen fama de no soltar un peso y los tapatíos tenemos fama de mochos. Pues bien, resulta que es exactamente al revés: los más codos somos lo tapatíos y los regiomontanos son más mochos que nosotros, aunque muchos crean que eso no es posible. Decía un amigo norteño que en realidad los fundadores de Monterrey eran unos jaliscienses que expulsaron por derrochadores. Si, decía, es cierto, los regios son codos, pero nunca como los tapatíos.

El único lugar, no sé si del mundo pero sí de este país, en el que la gente se mete a los patronatos a ver qué saca y no para ver cuánto aporta y en qué colabora es Guadalajara. He visto asociaciones donde los patronos se pelean como gatos boca arriba por convertirse en proveedores de la institución a la que supuestamente apoyan, que exigen tratos especiales y se gastan la poca lana de sus beneficiados en beneficios personales.

No es el caso de la Cruz Roja de Guadalajara, que es quizá una de las asociaciones mejor manejadas en la ciudad.

Sí a los 20 pesos por automóvil para la Cruz Roja, porque de otra manera a los tapatíos no nos van a sacar lo que se requiere para atendernos con calidad. Espero nunca necesitar los servicios de la Cruz Roja, pero más espero que el día que eso suceda esté en las mejores condiciones, y eso requiere de mis 20 pesos más lo que quiera y pueda aportar después en la colecta anual.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de diciembre de 2016).

No me cabe duda que en esta noble y leal uno de los sucesos más esperados del año, en mi caso el más aguardado, que es la Feria Internacional del libro gracias a las eficaces gestiones del licenciado Raúl Padilla López y el personal por él elegido; los que por edad hemos asistido a todas recordamos como en las primeras era un puñado de mesas de las que si usted, como es mi caso, no estaba interesado en marxismo (del malo, porque el bueno es el de los hermanos Marx) tenía que espulgar las mesas para conseguir alguno que tuviera un tema diferente, por lo que yo si agradezco al licenciado que nos siga proporcionando el placer de ver libros, porque también hay que decirlo los miembros del infelizaje va a ser muy difícil adquirir más de 3 libros, aunque no leamos, de alguna manera al asistir por una especie de cultura por contagio e incluso ponerse de fachas con ropa que uno cree es la forma de vestir de los intelectuales.

Yo no sé si el licenciado simplemente haga negocio, lea o simplemente le guste la vida social con escritores, artistas y políticos (estos últimos, que en la feria pretenden ser cultos e incluso escriben libros a pesar de no recordar 3 libros leídos o no saber ler -dije ler- y luego, dar conferencias ahí mismo) pero sin importar si lee o le gusta la vida social, crea un mundo en que la gente esté contenta. De esa manera trae figurones literarios a ser vistos y si a usted le agradan los autógrafos puede conseguir alguno o muchos. Se presentan libros con la concurrencia de expertos que exalten las cualidades de esas obras. Hay libros de autoayuda, de ayuda y de antiayuda. El licenciado ha de tener el gusto por la música y en la FIL hay todos los tipos de filarmónicos para complacer a los melómanos. Avances tecnológico, ventas de tecnología. Como dicen que alguna influencia tiene en la universidad, pues nuestra máxima casa de estudios estalla en festivales y eventos, dentro y fuera del local. En fin el licenciado es buenísimo en compartir non nosotros tanta felicidad y no se, puede que hasta gane algo de dinero.

Lo único que personalmente detesto es que el licenciado, hace, para efectos de asistencia que miles de adolecentes (razonablemente más preocupados por la hormona que de la cultura) he sugerido que para ellos se haga una SEXI-FIL. Para ellos sería más atractivo, porque es difícil verlos con un libro.

Uno de los sueños paternos es que los niños lean aunque ellos no lean, a mi me pasó que a un nieto que tendría por aquella época como 7 años lo llevé a la FIL, esperando le gustara. Estuvo parco en su expresión. Al siguiente año le pregunté si quería ir a la FIL y muy serio me respondió "me prometí a mi mismo no volver a ir a la FIL".

Carlos Enrigue
(v.pág.11-B del periódico El Informador del 4 de diciembre de 2016).

La ciudad de Guadalajara ha sido definida a lo largo de su historia de múltiples maneras: "El rancho grande", "la ciudad bicicletera", "la ciudad de las rosas" o "Guanatos". Todos estos motes expresan una mezcla de nostalgia por lo que fue y dejó de ser, pero añoramos que vuelva a ser. Al mismo tiempo, nombrarla así expresa la frustración de lo que aspira a ser pero no ha sido, o no ha llegado a ser aunque sea tan pretenciosa.

El postmodernismo, el neoliberalismo, la globalización o el cosmopolitanismo, además de generar nuevos habitos, ha transformado el paisaje de la ciudad. No me hallo ya en la Ciudad de las rosas. Aunque guardo recuerdos de que antaño los rosales decoraban sus camellones, hoy en su lugar veo agaves tequileros. desperdigados en camellones y glorietas no logran colorear el paisaje, sino dar una imagen raquítica y pobre de la arquitectura de jardín. La colocación de agaves por toda la ciudad se debe a la idea neoliberal de utilizar emblemas como marcas que comercializan la ciudad. Guadalajara la del tequila, se vende como marca de un producto, como la bebida mexicana que ha conquistado las gargantas del mundo. Los agaves nos reciben desde que aterrizamos en el aeropuerto. Fueron sembrados en camellones e incluso en la glorieta Minerva. La ciudad del Tequila transforma nuestro paisaje. La ciudad parece hoy como un significante vaciado de sus antiguos significados y usos para dar paso a una ciudad que desea colocarse como denominación de origen de imaginarios de consumo regional en un extenso mapa global.

Si algo aprecio de mi ciudad son sus mercados. La arquitectura colorida de sus puestos de frutas y verduras. Sus comedores de fritangas. Los saludos de las marchantas que te dan la bienvenida con "pásele, pásele chula". La interacción cotidiana. La música vernácula y en vivo. Los olores mezclados. Los colores encendidos. Si algo detesto de la vida post moderna es tener que ir a un supermercado donde todo es anónimo y efímero. Pero los mercados parecen estar amenazados por el descuido. Y los incendios (casuales y supuestamente no intencionales) acechan con su desaparición. Lo mismo pasa con las tienditas, que son soporte de economías familiares que están siendo suplantadas por los Oxxos y Seven Elevens donde ni siquiera se ve puesto un letrero que anuncie "Hoy no fío, mañana quién sabe".

Las contradicciones son aberrantes. Por un lado, se busca el reconocimiento de nuestras tradiciones como patrimonios intangibles de la humanidad, pero, por otro lado, no se apoya para que el rumbo de la celebración de las costumbres continúe, cuando es la tradición lo que las mantiene vigentes. Podemos encontrar varios ejemplos, que van desde quienes piensan que la Romería tiene un sentido cultural para nominarlo como patrimonio de la humanidad y no ven en ella el sentido devocional religioso; quienes consideran que las peregrinaciones pueden ser transformadas en turismo religioso, para tener algo más que explotar comercialmente.

En 2016 he percibido, como nunca antes, que Guadalajara se abre paso hacia una sociedad de consumo, cuya lógica reconvierte sus símbolos en productos de mercado, "hasta convertirse en meros simulacros de sí mismos".

Renée de la Torre
(v.pág.2-B del periódico El Informador del 8 de enero de 2017).

Sólo ocasionalmente hay marchas verdaderamente multitudinarias en Guadalajara. La regla es que las expresiones de rechazo social, cualquiera que sea el motivo que las suscite, resulten más bien desairadas. (Una de las pocas excepciones que confirman esa regla sería la protesta que tuvo lugar durante la administración encabezada por Emilio González Márquez, contra la finalmente abortada "macrolimosna" -con dinero del pueblo- para el Santuario de los Mártires)..."

Así, que en la manifestación del sábado pasado contra el "gasolinazo" participaran alrededor de 15,000 personas, en vez de las 3 o 400 que suelen secundar iniciativas de ese tipo, rebasa considerablemente los parámetros ordinarios, desmiente la aseveración de que la sociedad tapatía es apática por naturaleza... y resulta sintomático de que el malestar de la población, esta vez, es legítimo, notorio y generalizado.

Una buena prueba de que los tapatíos suelen pensarlo muy bien antes de participar masivamente en una marcha fue, el sábado, el nivel de civilidad que caracterizó a la manifestación de referencia. Hubo consignas, por supuesto; hubo expresiones cargadas de ironía y aun de rabia, desde luego; hubo gritos y pancartas que rebasaron los niveles de la corrección y llegaron a la ofensa, claro que sí... No hubo, en cambio, a diferencia de lo que sucedió en otras ciudades del país -la propia Ciudad de México incluida-, saqueos de comercios ni enfrentamientos con la autoridad. Ni hubo, hasta donde se sabe, presencia de alborotadores profesionales... aunque sí de oportunistas de la política que vieron en dicha marcha una dorada ocasión para llevar agua a su molino.

Fueron los casos de los partidos políticos de oposición, cuyos dirigentes hicieron acto de presencia para tratar de marcar distancia con respecto al gobierno y al partido gobernante, con vistas a las próximas elecciones...

No lo consiguieron, obviamente, porque el ciudadano común entiende que, en tratándose de los militantes de partidos políticos, todos -salvo honrosísimas excepciones, que por ahora no aparecen- están hechos del mismo despreciable barro. De hecho, el elemento esencial del caldo de cultivo para la irritación social vigente -más allá del "gasolinazo" que ha servido de catalizador- estriba, precisamente, en la inmoralidad y la desfachatez de una clase política que sólo ve por sus intereses y sus privilegios, y que es notoriamente incapaz de hacer causa común con los gobernados y sus penurias.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 9 de enero de 2017).

La cifra de usuarios de MiBici, pasó de los 1,047 con que arrancó a finales de 2014, a 1,460 a principios de este año. El incremento sería, pues, de menos de 50%, en una cifra que, por lo demás, se antoja raquítica para un programa en cuyo equipamiento (bicicletas, "puertos", infraestructura, personal, etc.) invirtió tanto dinero y a cuya promoción dedicó tanto "rollo" la autoridad. Menos de 2,000 usuarios del sistema, más quienes acostumbran desplazarse en su propia bicicleta, en una ciudad de 5 millones de habitantes, no pintan...

Convendría recordar que programas similares han resultado no sólo exitosos sino espectaculares en otras latitudes -abundan los ejemplos- por varias razones:
  1. La topografía amable de la ciudad.
  2. El clima benigno de la misma.
  3. Las distancias adecuadas para que la bicicleta sea una opción interesante o atractiva.
  4. La disposición de una red de ciclovías suficientes, pertinentes en su trazo y adecuadas en su equipamiento.
  5. La promoción sistemática de la cultura vial, entendida como la difusión de una serie de derechos y obligaciones, al efecto de propiciar el respeto mutuo entre automovilistas, ciclistas y peatones, y la vigilancia que supervise el puntual cumplimiento de las mismas.
  6. La seguridad pública.

Es innecesario subrayar que, en Guadalajara, los 3 primeros requisitos, bien que mal, se cumplen. Los 3 restantes, en cambio -y muy particularmente el 5o., que en nuestro medio está en el abandono más absoluto- son asignaturas pendientes...

Jaime García Elías
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 7 de febrero de 2017).

Si bien hay todavía mucha gente digna que cumple con los principios de una banqueta decente, pareciera ser que va siendo una minoría. Paradójicamente esto sucede en medio del imperio de la apariencia. De la pretensión por lucir ropas, tatuajes, adornos, zapatos tenis y de los otros, coches, y fachadas que denoten estatus y merecimientos. Pero basta ver las banquetas de las casas y locales de los pretensiosos -sean estos dueños de las fincas, propietarios, negocios de poca o mayor monta- para darse cuenta de que en la pura y dura realidad son unos patanes.

Pudo verse en días pasados a un señor, gordo y sudoroso, vestido (es un decir) con pants y camiseta, lavando afanosamente su coche en la entrada de su casa. Con la manguera, claro. Minuciosamente, con delicadeza, le quitaba al armatoste los chorretes de la semana. Para lucirlo, claro, en todo su esplendor por las calles tapatías mientras colabora arduamente en envenenar la atmósfera y en saturar las vialidades. De más está decir que la banqueta del gordo era un asco. Un árbol mocho y ya extinto, losas del pavimento rotas, basura, un escalón majadero.

Alguien que guiaba un recorrido arquitectónico por las colonias recientemente se sentía obligado, cada cuadra, a pedir disculpas por el pésimo estado de las banquetas. El grupo incluía varios viejitos extranjeros, que movían la cabeza con incredulidad -y justo enojo. Al lado de ejemplares arquitectónicos de alta valía hay muladares a manera de andadores viales. Al pie de edificios "corporativos" el piso está desmolachado y sucio. Y etcétera: qué vergüenza.

De los llamados "cotos" mejor ni hablar. Tal parece que al interior, en muchos, apenas si existen las banquetas. Y, eso sí, las del exterior, todas, tienen una muralla altamente desagradable, coronada por picos, por un lado, y una calle inhóspita por el otro. Esas banquetas, esa expresión de quienes habitan adentro de esos conjuntos "residenciales", hablan muy poco favorablemente del respeto por sí mismos y por los demás que tales ciudadanos practican.

Lo que debería seguir, por parte de la autoridad, es el refrendo de la obligación de todos los propietarios y ocupantes de las fincas de Guadalajara para tener banquetas integralmente decentes. "Banquetas completas", para utilizar una expresión de moda. Esta era la norma y lo habitual en la ciudad de hace algunas décadas. ¿Por qué no se impulsa, ya, y con todo vigor, la plena dignidad de los principales espacios públicos, las banquetas, y de paso la de los habitantes? Basta un buen albañil, un poco de material, unos árboles adecuados... y una escoba. Y amor propio.

Juan Palomar Verea
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 8 de febrero de 2017).

En la lista de las ciudades ideales para vivir sin automóvil hay muchas de Europa, y cuatro de Estados Unidos: San Francisco, Boston, Washington y Nueva York. La clave, para sus habitantes, consiste en combinar el transporte público con la bicicleta... y caminar.

Para casi la mitad de los tapatíos, vivir sin automóvil sería una pesadilla. Es probable que, para ellos, tener que prescindir del vehículo particular equivalga a condenarlos al inmovilismo... o a depender de los autos de alquiler; la mayoría, muy probablemente, no sabría en qué ruta de camión hacer sus traslados habituales.

En las ciudades en que el automóvil es perfectamente prescindible, el transporte público tiene 2 cualidades básicas: es eficiente... y es digno. Si la tendencia, en Guadalajara, es a bajarse del camión en cuanto se tiene la posibilidad de adquirir un automóvil -una de las 274 células cancerosas que diariamente se agregan al tumor en que se ha convertido la mancha urbana-, el fenómeno tiene una lógica aplastante: las políticas relacionadas con la mejoría del transporte público se han quedado en el discurso... y en el buen deseo de que la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano haga el milagro que no la 1 ni la 2, en su momento, hicieron.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 21 de febrero de 2017).

Queda claro que los conductores están estresados (tanto, que no sueltan el celular porque se acuerdan de inmediato de lo mal que está el mundo). Que las obras eternas en puntos clave de la ciudad, el exceso de automóviles, la defectuosa sincronía de los semáforos o las tristezas de la vida diaria los ponen de nervios. Que algunos de ellos, debajo de esa enorme presión, dejan salir el lado psicópata de sus personalidades y no dudan en insultar, agredir o maldecir a quien se les atraviese.

El problema es que los responsables de ello no somos, mayoritariamente, los peatones (claro que algunos peatones somos torpes o lentos al cruzar las calles pero nunca hemos provocado un embotellamiento). Ni, nos caigan como nos caigan, lo son tampoco los ciclistas, que al menos tienen una propuesta de cómo cambiar la movilidad local (que algunos se expresen como talibanes es otra cosa: las bicicletas no provocan el alud de accidentes diarios).

Mientras tantos tapatíos piensen que comportarse como orates al volante es un derecho fundamental, nada se resolverá.

Antonio Ortuño
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 26 de febrero de 2017).

Me encontraba en la celebración del 125 aniversario del Instituto Colón, una escuela absolutamente singular fundada en Guadalajara en 1892. Su antigüedad es ya un dato notable. Para ponerlo en perspectiva: el Instituto es 30 años más viejo que el PRI, 24 años mayor que las Chivas del Guadalajara y 34 años más antiguo que el Atlas (y del América mejor no hablamos). La escuela se fundó entre velas y candiles, 5 años antes de que hubiese alumbrado público en Guadalajara.

Pero en todo caso la singularidad no procede de la fecha de fundación sino de su naturaleza revolucionaria: fue el 1er. colegio laico y mixto. Se dice rápido, pero no es poca cosa. Debió requerir mucho valor de los docentes de aquella época hacer algo tan revulsivo en la Guadalajara conservadora, cerrada y confesional de finales del siglo antepasado. Sentar niños y niñas en una misma aula entrañaba algo perverso para las conciencias de la época, pues sembraba la semilla de la promiscuidad y el libertinaje.

Yo pasé por esa escuela hace más décadas de las que quiero acordarme, pero me queda claro que la persona que hoy soy saldría peor librada en el balance entre defectos y virtudes si en sus aulas no hubiera aprendido que mis compañeras de pupitre podían ser tanto o más inteligentes o capaces que cualquiera de nosotros. Desde allí supe que las mujeres no eran seres extraños y ajenos, no estaban hechas de porcelana ni podían ser tratadas como seres humanos discapacitados. Imposible pensar tal cosa si nunca pude superar a Gaby en matemáticas, que era mi fuerte, ni vencer en las canicas a Beatriz, una niña de puntería infalible. Hasta el día de hoy algunos de mis mejores amigos son mujeres con quien puedo sostener una relación de iguales.

Tampoco era poca cosa su carácter laico. Todas las escuelas privadas de la época eran religiosas y lo siguieron siendo durante muchos años, salvo este instituto, que ofreció desde el principio una educación universal y científica.

Con el tiempo el Colón se convirtió en un oasis de la tolerancia. Como no era una escuela religiosa, acabó siendo el destino de niños y niñas de hogares protestantes, judíos, masones, librepensadores, o de hijos de padres católicos abiertos y modernos, que consideraban que la religión era un asunto particular y a la escuela venía uno a instruirse.

Eso generó un caldo de cultivo amplio, diverso, heterogéneo. Refractario al dogma y al prejuicio. Y no sólo en la actitud de los maestros sino, más importante, en la de los propios alumnos. Veníamos de extracciones tan diversas que la simple convivencia nos obligaba a asimilar y asimilarnos en la apertura y la tolerancia.

Los que pasamos por esas aulas, supongo, crecimos en la tolerancia y en el respeto a la otredad, primer paso para transitar a la solidaridad o la sensibilidad ante las desgracias ajenas. Y no porque fuéramos mejores que otros, ni mucho menos, sino simplemente porque estuvimos expuestos a un entorno favorable.

Jorge Zepeda Patterson
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 20 de marzo de 2017).

La noticia de que el Parque Alcalde reabrió sus puertas, removió nostalgias; la complementaria, en el sentido de que ahora ofrece a sus visitantes "el mejor acuario de México", debiera ser motivo de celebración adicional... aunque la noticia consigna que los precios de entrada, para esa sección al menos, no sean los que tradicionalmente pueden calificarse de "populares".

Puesto en operación hace más de medio siglo, en parte de la zona que históricamente se denominaba "Las Barranquitas", extramuros de aquella "Ciudad Amable" que tuvo en la Escuela Normal de Jalisco, en la "Carretera Nueva a Zapopan" -hoy Avenida Ávila Camacho- y después en el Estadio Jalisco algunos de sus primeros pasos hacia la modernidad, antes de convertirse en el mazacote urbano que es actualmente, el Parque Alcalde fue, hacia el norte de la ciudad, lo que desde principios de siglo había sido el del Agua Azul hacia el sur. Esa Guadalajara que disfrutó de los primeros años del Parque Alcalde, con el lago, la fuente "monumental" y el trenecito (con "La Mansión de Gumaro" incluida) como sus principales atractivos, fue la que permutó el mote de "pueblo bicicletero" por el de "metrópoli" merced al advenimiento de "El Tapatío un Millón".

El parque en cuestión, como consta en actas, tuvo años de esplendor... y los correspondientes de decadencia. Estos últimos se acentuaron al rebautizarlo como "Rehilete Alcalde" y concesionarlo a particulares, hasta llegar al punto del deterioro extremo, la revocación de la concesión, el cierre y el abandono.

Como la experiencia aporta abundantes pruebas de que cuando al gobierno le da por volverse administrador los resultados suelen fluctuar entre lo malo y lo catastrófico -tómense Pemex, a nivel nacional, y Sistecozome, al local, como botones de muestra-, y como la misma experiencia ofrece el caso del Zoológico Guadalajara como ejemplo de una administración eficiente y exitosa, es muy probable que la decisión de poner un atractivo "de Primer Mundo" como el que ahora ofrece a sus visitantes el renacido Parque Alcalde en manos de particulares, le garantice la continuidad... y, de paso, lo vacune contra el cáncer de la corrupción.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 21 de marzo de 2017).

Hubo un tiempo en el que en esta ciudad el principal enemigo de los peatones y automovilistas eran las unidades del transporte público de pasajeros y sus choferes ("vacunos" los llegó a llamar la sabiduría popular [por no decirles bueyes - el webmaster]). Hoy, a pulso ese lugar se lo han ganado los motociclistas, seguidos por los ciclistas.

Hoy nuestras calles parecen una jungla en la que predomina la ley de la selva, en la que los amos y señores son las motocicletas y sus diestros, presurosos y aguerridos tripulantes, que por su forma bruta de conducir no solo arriesgan su vida, sino que además atentan contra la de los peatones. En ocasiones, por su manera de rebasar, causan daño a los coches, huyendo impunemente entre los embotellamientos, sin que nadie los puede alcanzar. ¿Quién o qué autoridad podrá poner orden en esto y someter a los motociclistas?

En ningún país civilizado del mundo los ciclistas circulan a toda velocidad en sentido contrario al de la circulación de los autos, ni los motociclistas circulan por las líneas que dividen los carriles de los autos, zigzagueando para rebasar cuando no pueden avanzar. Menos aún, en ninguna ciudad en la que se respeten las normas más elementales de la convivencia, los motociclistas y ciclistas circulan por las banquetas obligando a los peatones a bajarse de ellas para cederles el paso, si es que no quieren arriesgar su vida. Esto definitivamente es intolerable.

¿Qué acaso los peatones tenemos que hacernos justicia por nuestra propia mano para obligar a motociclistas y ciclistas a bajarse de las banquetas y respetarlas como un espacio exclusivo para los peatones? Ya nomás falta que se tengan que construir andadores exclusivos para peatones, debido a que de las banquetas se han adueñado ciclistas y motociclistas.

Hemos caído en la moda (digo moda porque es un modo de ser absurdo, ilógico y estúpido) de dar todos los derechos del mundo a las cosas (bicicletas) y sus dueños (ciclistas) -hasta mandándoles construir algunas pistas especiales para sus muy escasos traslados- olvidándonos de las personas, que somos los peatones. Equivocadamente, hemos creído que vamos a ser una ciudad como las europeas por endiosar a las bicicletas (en una conocida cantina hasta le pusieron un altar a una de ellas).

Javier Hurtado
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de marzo de 2017).

Hay un aspecto de la nueva verticalidad que salta a la vista de todo mundo: la ausencia de creatividad y audacia arquitectónica que ha generado por contagio el surgimiento de pesados bloques, cuadrados, chatos, planos, monótonos, como torres de cajas de zapatos cuyas ventanas semejan códigos de barras incontrolados, o sudokus alargados que creen salvar su falta de ingenio pintándolos de distintos colores. Hay que ir a otras latitudes para descubrir todo lo que la arquitectura moderna puede ofrecer en diseño y sustentabilidad, en imaginación y osada ingeniería. Probablemente nuestra pobreza a este respecto traiciona la pobreza de los propios inversores que lo único que quieren es hacer departamentos pronto, para recuperar la inversión, así construyan adefesios monumentales.

Armando González Escoto
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 26 de marzo de 2017).

La semana pasada, en un amable convivio con ingenieros y urbanistas, se evocaban las lamentaciones acerca de la degradación -ostensible e incontenible, salvo prueba en contrario- en la calidad de vida de los habitantes de Guadalajara, avaladas por el argumento de autoridad...

"El jardín del Santuario está pelón; y el de San José, y el de Santa Mónica, y el de Belén; la Plaza de armas perdió sus sombras y la Alameda fue diezmada (...); gobiernos han ido y venido con proyectos, caprichos y realizaciones adversos entre sí (...); es penoso transitar por las calles, y en algunas, imposible (...); construcciones de mal gusto han sido clavadas en parques y jardines; infíltranse modernos estilos de vida...".

Como si aludiera a la Guadalajara actual, de la que aún no se sabe si merced a la obra pública que se realiza -¿o sería más exacto decir "se perpetra"?- por doquier, está en proceso de construcción o de destrucción; como si se refiriera al precio de graves incomodidades y contratiempos cotidianos que en el presente tienen que pagarse a cambio del paraíso que se promete para cuando esas obras estén concluidas y en operación; como si hubiera trazado ese boceto de su ciudad natal, de la que fue alcalde y a la que dedicó algunas de sus mejores páginas como literato, Agustín Yáñez hacía esos apuntes... en 1930: hace más de 80 años: antes de la "modernización" que experimentó la ciudad a mediados del siglo pasado; antes de que se transformara (aún no se aclara si para bien o para mal) en la "Metrópoli" que nació junto con "El Tapatío un Millón", en 1964.

Una nota del día da cuenta de que la metamorfosis de la otrora "Ciudad Amable", por lo visto, es irreversible. Se trata de la declaración del presidente de la Cámara Mexicana de la Construcción en Jalisco, Luis Rafael Méndez Jaled, en el sentido de que las monstruosas torres habitacionales -signo del progreso, según eso...- que se han convertido en una plaga, "evitan la dispersión de la población". En otras palabras, que la ciudad ya no debe desparramarse, como lo hizo durante muchos años, sino crecer hacia arriba.

Puesto que, una de 2, o las ruedas de la historia no giran hacia atrás, o aquí no se ha descubierto cuál es la palanca que lo hace posible, al tapatío sólo le queda suscribirse, de grado o por fuerza, al remedio consabido: "agua... y ajo...".

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 30 de marzo de 2017).

Pareciera un contrasentido, pero la tradición necesita reinventarse cada cierto tiempo para que adquiera sentido. Quizá el caso más claro en nuestra ciudad sea el de los danzantes de la virgen de Zapopan. Se trata de una tradición que nada tiene que ver con nuestra historia, nada hay más ajeno a nuestra tradición que esas "danzas indígenas". Lo más cercano son los matachines de Tuxpan, pero ni los aztecas ni los Dakota son parte de nuestra historia, salvo por el Libro Vaquero que todos leímos de chiquillos. Sin embargo, en la medida en que los peregrinos han ido adoptando las danzas y haciéndolas propias, son parte ya de nuestra cultura, aunque no sean parte de la historia.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de abril de 2017).

Al tapatío promedio se le resiste lo de hacer filas. Lo demuestra cuando maneja: somos una ciudad de gente que invade los acotamientos en calles y carreteras, para reaparecer triunfalmente unos metros adelante y tratar de colárseles a los que siguieron el orden.

Somos, también, una ciudad repleta de gente que se hace la desentendida para ver si consigue meterse antes de turno en las filas de cines, aeropuertos, bancos o tiendas de autoservicio. Con el pretexto de ir a preguntar algo, miles de tapatíos cada día intentan saltarse a sus semejantes. Y en ocasiones sus marrullerías se ven coronadas por el éxito (por eso es que lo siguen haciendo, claro está).

Pero, incluso por encima de ello, somos una sociedad en la que existe una calaña particular de personas que se sienten por encima de sus conciudadanos, y a las que algo tan humilde como formarse parece significarles una deshonra intolerable. Pongo un ejemplo sencillo y doméstico para ilustrarlo. Acudo a una tienda que, a pesar de que para todo efecto práctico es una abarrotera bien surtida, insiste en colocarse el rótulo de "gourmet". Hay fila en la caja. Tomo los artículos que voy a pagar y me formo. De la nada, cuando estoy a punto de que me cobren, aparece una mujer envuelta en abrigo de pieles (a pesar de que el termómetro la desautoriza: estamos a 33 grados) y coloca sus vituallas por delante de las mías. Es una mujer en la que parecen haberse probado todos los cirujanos estéticos de la Zona Metropolitana. Su nariz es del tamaño de un dedal y más afilada que la hoja de una navaja. Los ojos, por lo contrario, son enormes, gatunos, decorados por unas pestañas dignas de la cola de un pavorreal. La dama (seamos corteses) me da un empujón para caber en el mostrador a plenitud y le ordena a la cajera, con voz de plantadora de algodón armada de un látigo: "Niña: cóbrame a mí primero, que traigo prisa".

La pobre cajera, que es jovencita y debe tener pánico de que la corran, me lanza una mirada de súplica, que ya es prácticamente una disculpa. Una mirada que significa: "Lo lamento, pero esta señora me da miedo y grita muy fuerte". Quizá lo sensato habría sido rendirme, pero por alguna causa (las miradas de odio de las tres mujeres detrás de mí), me rehúso. "Perdón, señora, pero aquí todos tenemos prisa y estamos formados".

La mujer ni siquiera responde. Bufa como un toro, arroja los víveres que porta en las manos y abandona el campo murmurando entre dientes cosas como "Nomás falta que un gato [es decir yo] se me ponga al brinco". Me quedo lívido, claro. Al menos, antes de que la ofendida se vaya, una de las mujeres en la fila alcanza a decirle: "Ay, pues qué especialita".

Una ciudad de especialitos. Eso somos.

Antonio Ortuño
(v.pág.3-B del periódico El Informador del 7 de mayo de 2017).

Enderezar en 25 años, como se pretende hacer en Guadalajara y sus cada vez más distantes arrabales, lo que se ha torcido sistemáticamente desde hace 50, por lo menos, es difícil; transformar a la otrora Perla de Occidente en "la mejor ciudad de América Latina" sólo pasa como muestra jocosa de la petulancia que -según decían los envidiosos- caracterizaba a los tapatíos.

Desde que Guadalajara dejó de ser una ciudad propiamente dicha y a medida que devoró a los municipios -Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco, El Salto, Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos... más lo que se acumule esta semana- que actualmente conforman la pomposamente denominada "Zona Metropolitana", se convino en que una mancha urbana de esas dimensiones no podía seguir siendo gobernada por media docena de caciques pueblerinos, impreparados para tomar decisiones en beneficio de los ciudadanos, y muy frecuentemente enemistados entre sí. Un monstruo de esa talla sólo podría ser gobernado por estadistas: por políticos con sólida formación -o asesoría- en materia de urbanismo, y con genuina visión de futuro; no por politiquillos incapaces de ver más allá de sus narices y de pensar más allá de su futuro inmediato como saltimbanquis del Presupuesto.

Si surgen ideas plausibles, primero; si hay recursos, después, y se consigue, finalmente, como se pretende, el consenso de los gobernantes de todos los municipios conurbados (apelmazados, hacinados, amontonados) con Guadalajara, algún progreso se hará. Pero transformar al mazacote actual en "la mejor ciudad de América Latina", exigirá un milagro... o lo que sigue.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 24 de mayo de 2017).

La idea progresista e innovadora de las ciclovías, promovida y apoyada por colectivos que fomentan el uso de las bicicletas, se ha topado con la realidad de una ciudad que necesita resolver serios problemas de movilidad antes de pensar en formas de transporte alternativo.

Falta tanto en temas de calidad de calles y avenidas, respeto de señalamientos, educación, aplicación de reglamentos y modernización del transporte público que la instalación de las ciclovías suena a capricho del gobierno para ser precisamente políticamente correcto. Nos da la impresión que tienen que pasar muchas cosas (que no están pasando) para que estas nuevas mini avenidas sean realmente útiles y convivan pacíficamente, sobre todo cuando con mucho aún no hay suficiente número de personas que "de bici" se transporten cotidianamente.

Por la construcción de ciclovías las calles y avenidas se están estrangulando y no se ve que los ciclistas saquen suficiente jugo de la alternativa. De ahí la molestia de quienes por fuerza utilizan automóvil; las ciclovías son cuellos de botella en horas pico. Hoy son contraproducentes.

Pero la ciudad de Guadalajara a su vez y para resolver sus problemas está enviando un mensaje que quizás no estaba en el presupuesto: las motos. Es sorprendente la forma en que este 3er. modelo (ni auto, ni bici) ha emergido, se ha multiplicado y empieza a ser protagonista de la ciudad. Como consecuencia del gasolinazo y gracias al accesible precio de las motos muchas personas han migrado a este modo de transporte. Pero al estilo de lo que suele ocurrir en la ciudad con los temas de movilidad las motos circulan sin control ni planeación y por ello cualquier persona puede empezar a manejar una moto ya sin más requisito que no perder el equilibrio. Y cada vez son más.

Ahí está la trampa para la ciudad. Cientos de motos mucho antes que las bicis, pero circulando en la mayoría de los casos en las calles y avenidas sin pericia con los privilegios de su versatilidad, pero sin asumir las responsabilidades de un vehículo motorizado pero indefenso.

No estaba contemplado y por lo tanto no se sabe qué hacer.

Una ciudad políticamente correcta que se prepara para la bici mientras de manera casi natural responde con las motos. Un gobierno que cree saber qué es lo mejor para la ciudadanía pero sin detenerse a reconocer que la ciudad hoy va en otro sentido, y por su fuerza y naturaleza va a avasallar cualquier otro modelo.

Pablo Latapí
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de mayo de 2017).

Para fines de síntesis, podemos decir que en Guadalajara existen 3 tipos de personas: las que veneran a la glorieta Minerva y la ven como símbolo local ineludible; las que consideran (consideramos) que la Minerva es una de las esculturas más feas sobre la faz de la tierra y estaríamos encantados si su pedestal amaneciera, un día, decorado por una cabeza olmeca (aunque fuera de unicel); y, finalmente, aquellas a las que todo lo que sucede en la ciudad les da lo mismo, ya sea porque su vida es una dramática lucha por la supervivencia o, peor, porque tienen la cabeza llena de humo y nomás piensan en irse a Las Vegas: esas se percatarían de una hipotética desaparición de la mentada glorieta apenas un año después de consumada.

La 1a. calaña, la de los entusiastas, está compuesta por gente muy respetable. Gente que quiere a su ciudad y apoya las medidas destinadas a salvaguardar su patrimonio. Gente que dice que, bueno, es verdad que la Minerva no es precisamente una Venus de Milo y que acepta que la Diana Cazadora del ex DF es muy superior, pero sostiene también que eso no significa que lo nuestro sea una cochinada. Algunos de ellos agregan que, por ejemplo, el David macrocefálico de Monterrey está mucho peor. Viéndolo bien, me atrevería a distinguir, ya entrados en matices, 2 escuelas dentro del bando de los defensores. Una, la moderada, que reconoce las limitaciones de la estatua urbana por excelencia en esta ciudad y cuyo lema podría ser: "Es fea, sí pues, pero es nuestra". Y otra, la de los irredimibles, que proclama como verdad autoevidente que la Minerva no es un monstruo sino que nuestras pupilas la ven así por culpa del neocolonialismo.

También hay moderados y radicales en la esquina de los minervafóbicos. Los serenos, que son la mayoría (que somos, ejem), nos limitamos a gruñir entre dientes y a ensoñar con que algo maravilloso suceda y resuelva la situación de tajo: que un dron vuele la estatua por accidente, pero sin causar daño a nadie, por ejemplo (tampoco somos unos sanguinarios). O que, al festejar un título, la afición de las Chivas convierta la Minerva en un montoncito de pinole (no digo nada de la del Atlas porque se sabe que ellos festejarán, el día que su equipo gane algo, en los Niños Héroes). Los extremistas (que lo son solamente de palabra, hay que aclarar, porque contra la Minerva solamente han atentado sus constructores, por hacerla tan frágil) dicen cosas como: "En vez de la Minerva deberían poner al Tribilín que estaba en la Librería de Cristal de Vallarta". O: "Siempre que me voy de la ciudad, lloro de alegría por dejar de ver la Minerva una temporada. Y lloro al regresar, porque sé que voy a topármela de nuevo".

Mucha gente se sintió perturbada al ver la estatua envuelta por un recubrimiento que parece un sudario. Esto forma parte de los trabajos de restauración que actualmente se realizan en el monumento para evitar que se desmorone como un mazapán. Guadalajara ha perdido tanto de su patrimonio que es de agradecer el intento de preservarlo. Pero algunos no podemos evitar un deseo: que de ese sudario emerja algo menos feo. Aunque sea un poco.

Antonio Ortuño
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 28 de mayo de 2017).
El futbol.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de mayo de 2017).


Según el INEGI, la situación económica del plural de los tapatíos se puede clasificar como "clase media baja". Y, sin embargo, el oeste de la ciudad hierve de grúas y estructuras de acero, que en algún momento serán edificios gigantescos (algunos rodean sus entradas de cines, supermercados, cafeterías, gimnasios y tiendas de mascotas, como para que nadie deba alejarse muchos metros de su departamento para cumplir buena parte de su rutina diaria). No, a sus constructores no les importa que otros proyectos similares hayan resultado un desastre y sus carcasas abandonadas o a medio construir sean visibles, por aquí y por allá, como arcaicos esqueletos de dinosaurio. Lo que quieren es seducir a la capa de población que puede pagar por sus departamentos "de lujo" (y lo entrecomillo porque no es difícil notar que algunos de los que llevan un tiempo ya en funciones lucen tan rotos y decadentes como si los hubiera edificado nuestro amigo el Infonavit).

A la vez, en las orillas de la urbe asoman decenas y decenas de asentamientos precarios, en los que no solo no existen los servicios básicos, sino que tampoco hay esperanza de que lleguen a ser instalados en el corto plazo.

Para todo fin práctico (y el que lo dude, que se asome a una proyección satelital), nuestra ciudad ocupa casi todo el espacio entre la Barranca, La Primavera, y Chapala. Para cuando uno deja de ver casas, hacia el suroeste, ya va llegando al entronque hacia Mazamitla... En ese monstruo incontenible caben millones de personas. Cada cual con su versión de lo que sucede a su alrededor. ¿Qué las une o las separa, más allá de obviedades como el futbol, las historias familiares, etc.? El dinero. Guadalajara es una urbe asombrosamente desigual. Y la brecha no para de crecer. Justo como esta ciudad de edificios flamantes y casuchas de cartón y lata en que vivimos.

Antonio Ortuño
(v.pág.4-B del periódico El Informador del 11 de junio de 2017).

Desde que los congestionamientos viales pasaron a ser cotidianos para los sufridos habitantes de Guadalajara y sus cada vez más distantes arrabales, dos han sido las alternativas que con más frecuencia se han manejado. Por parte de las autoridades civiles, el transporte público; en ese sentido se han hecho intentonas por instaurar un supuesto "nuevo modelo" a fin de mejorar el servicio; en ese mismo sentido se realizan las obras de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano. Por parte de organismos alternos -secundados por la misma autoridad civil-, la insistencia de promover el uso de la bicicleta, no obstante los riesgos que ello implica... y no obstante la oposición decidida de los "carrotenientes" que se ven desplazados por los espacios que se le quitan a los miles de automóviles que ya no caben en las calles, para cederlos a las decenas de bicicletas que ocasionalmente se aventuran por las ciclovías que ya operan.

En lo que se promueven las bondades de las opciones señaladas, un número creciente de ciudadanos ha tomado partido por una 3a. vía: la motocicleta. La Secretaría de Planeación, Administración y Finanzas reporta que en 2010 circulaban poco menos de 180,000 motos en la zona metropolitana de Guadalajara; en marzo de este año hay un registro de poco más de 390,000; es decir que en sólo 7 años se duplicó, con creces, el número de vehículos de ese tipo.

El fenómeno se explica: las motos no sólo son más económicas que los automóviles; son, para muchísimas personas, mucho más eficientes; aunque supuestamente está prohibido que lo hagan, en la práctica circulan despreocupadamente entre las filas de automóviles que, sobre todo en las "horas pico", permanecen estacionados con el motor encendido o, en el mejor de los casos, avanzan a paso de tortuga.

La cuestión es esa: que al incrementarse de manera espontánea el número de motocicletas, se incrementan las prácticas de riesgo de quienes, sin más, optan por ellas: circular sin casco; hacerlo por túneles, puentes y carriles en que no deberían hacerlo; exceder los límites de velocidad; transportar a más personas, menores incluidos...

Como decían las abuelas de antes: "Todo eso es tentar a Dios...".

Jaime García Elías
(v.pág.7-A del periódico El Informador del 21 de junio de 2017).

Sigo encontrando un enorme privilegio el vivir y trabajar en la zona metropolitana, la que me gusta llamar "La Gran Guadalajara" porque es una gran ciudad.

Por cuestiones familiares (mi padre, mis hermanos, mis hijos viven allá) y por cuestiones profesionales (TV Azteca y Grupo Salinas) viajo frecuentemente a la Ciudad de México, y mientras más visito la capital más valoro vivir aquí.

Y la cuestión va más allá del tráfico en CDMX, imposible por cierto nomás de pensar en que hay quien gasta 3 o 4 horas para trasladarse en automóvil (ya no hablamos de quienes utilizan transporte público), o de la corrupción galopante porque hay que reconocer que desde que la CDMX es gobernada por perredistas aquella gran corrupción de los gobiernos priistas (las cúpulas se despachaban con la cuchara grande) hoy se ha "democratizado" y hay corrupción a todos niveles, pero especialmente a nivel de ventanilla y de trámites del día a día. Un saqueo contra todos y a los ojos de todos.

El tema del privilegio de Guadalajara tiene que ver más con la calidad con que viven los habitantes de la CDMX, están más enojados que nunca.

La ciudad, el trafico, el estrés les ha puesto el futuro en las narices (ya no ven más allá) y lo que todavía podrían ser actividades aspiracionales por el disfrute que representan se han vuelto también en empleos que se sufren.

Hace unos días, en un foro de emprendedores, platiqué con una de las responsables en México de la empresa "Best Place to Work", y me compartía una reflexión: En Guadalajara los jóvenes todavía pueden vivir la vida, en la CDMX la vida es la que te vive a ti.

El tema es cómo preservar esa ventaja. Sabemos que con las autoridades no se cuenta, están ocupadas en la grilla, el discurso y la simulación, y su futuro no va más allá de los 3 años de su mandato. El reto para nosotros está en dedicarle unos minutos diarios, sólo unos minutos, a pensar cómo conservar la calidad de vivir en esta ciudad. Quizás el tema tenga que ver con cortesía, sonrisas, o quizás con acciones ciudadanas pequeñas pero contundentes, y comunicarlas alrededor.

Pablo Latapí
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de junio de 2017).

Este año, las administraciones de Guadalajara y Zapopan registraron un incremento en los residuos que las personas tiran en los canales.

Vecinos afirman que la gente tira desde costales hasta llantas, y lo hacen durante la madrugada por lo que es muy difícil darse cuenta para denunciar.

Al respecto, el ayuntamiento tapatío informó que en lo que va del año se han retirado más de 530 metros cúbicos de residuos. Mientras que Zapopan informó que en el 1er. semestre de 2017 retiró 1,535.

Para el Ayuntamiento de Guadalajara, el canal de El Jagüey, en la colonia Lomas del Paraíso, es uno de los que más problemas enfrenta por los residuos que las personas dejan en su interior.

El director de Mantenimiento Urbano, Gabriel Real, afirmó que el constante desecho de muebles, animales muertos, llantas y hasta escombro, provocó 3 inundaciones en la zona durante 2016. Sin embargo, este año el problema se acentuó y obligó a que las autoridades atendieran este punto en 5 ocasiones.

"Apenas terminamos de limpiarlo y ya vinieron a tirar más llantas y escombros. Se les hace fácil. Han de decir: 'Al cabo viene el ayuntamiento a limpiar porque si no luego se les inunda'", agregó Vidal Peña, trabajador del municipio.

Otro que atraviesa una situación similar es el de Balcones del Cuatro, en la colonia Gómez Farías. Real dice que ahí tiran exclusivamente escombro. Este año el ayuntamiento tapatío ha sacado más de 100 toneladas.

El de La Federacha no se queda atrás. A pesar de que ha sido limpiado 3 ocasiones en este año por las autoridades, en sus 600 metros de extensión se observaron llantas viejas y ramas.

(V.primera plana y pág.8-A del periódico El Informador del 10 de julio de 2017).

Tiempos hubo, Señor Don Simón, en que Guadalajara se significó como paradigma de la vida provinciana: rutinaria -en el buen sentido- y apacible. El tópico la identifica como asiento de muchas de las más acendradas tradiciones mexicanas: el mariachi, el tequila, la charrería... Entre sus múltiples timbres de orgullo se cuentan haber sido la cuna del 1er. cardenal mexicano (José Garibi Rivera), del 1er. campeón mundial de boxeo mexicano (José Becerra), de "el portento musical del siglo" (Ernesto Hill Olvera, descubridor de la técnica que dio pie al furor efímero de "el órgano que habla")... y, por supuesto, del 1er. "campeonísmo" desde que se implantó el profesionalismo en el futbol nacional. Modernamente, se le asocia con la Feria Internacional del Libro, la mayor del libro en español en el mundo.

Rutinaria y apacible, pues, como ya quedó apuntado, Guadalajara no ha quedado exenta de notas negativas. Las más notorias, quizá, las explosiones del '92 en el Sector Reforma; el asesinato, un año después, del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, o la fuga, en 2001, del "Chapo" Guzmán de la cárcel ("de máxima seguridad") de Puente Grande.

"Linda y provinciana", como también la llamó uno de sus rapsodas, Guadalajara, excepcionalmente, acaba de ser noticia. Lo fue porque la prensa internacional difundió un par de episodios ocurridos el último fin de semana... Uno, la aparición, en un solo día, en diferentes puntos de la zona metropolitana, de 9 personas -no las 2 o 3 que de ordinario se registran- muertas en circunstancias violentas (3 de las cuales colgadas de un puente peatonal, sobre una de las avenidas más transitadas de la mancha urbana), con indicios -la saña, la espectacularidad...- de haber sido víctimas de la llamada "delincuencia organizada": algo que, de confirmarse, condenaría tales episodios a la regla de la impunidad. Otro, el atraco a una agencia automotriz, de la que los ladrones -muchos, necesariamente-, como si se tratara de inscribirse en el Libro de Récords Guinness, se llevaron entre 27 y 40 automóviles.

Se robustecerá la hipótesis de que Guadalajara -tan apacible otrora- pasó a ser una ciudad sin ley.

Jaime García Elías
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de julio de 2017).

La cultura del agandaye hoy por hoy parece ser -en esta "ciudad amable", según sus panegiristas- la norma suprema.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 11 de julio de 2017).

En uno de sus excelentes discursos, en un congreso internacional, monseñor José Ruiz Medrano -uno de los mejores oradores sagrados mexicanos del Siglo XX- comenzó diciendo (la cita es de memoria): "Perdonadme, los que no sois de Guadalajara, si hablo demasiado bien acerca de Guadalajara; y perdonadme, los que sois de Guadalajara, si hablo demasiado poco acerca de nuestra ciudad".

Eran los tiempos en que se contaba, como chiste, el caso del tapatío que murió y llegó al cielo.

-¿De dónde vienes?- preguntó San Pedro.
-De Guadalajara.
-¿Guadalajara? No la tengo en mi lista.
-¡No es posible...! ¡Guadalajara, la ciudad de las rosas...! ¡La tierra de Dios y de María Santísima...! ¡La de las mujeres más hermosas y los hombres más cabales...! ¡La ciudad de la eterna primavera...!
San Pedro -que, ya se sabe, no se distingue por verborreico-, paró en seco la letanía.
-Pues no la tengo en mi lista. Pero da igual. Pásate al cielo... y ojalá te guste.

Bromas aparte, una prestigiosa revista internacional, especializada en turismo, designó a San Miguel Allende como "la mejor ciudad del mundo" para ser visitada, "por su calidad en el servicio, amabilidad, gastronomía, limpieza, experiencia de compras y movilidad".

Se dirá que el calificativo fue aplicado en función de la actividad eminentemente turística; que se trata de una ciudad relativamente pequeña; que posiblemente varias ciudades mexicanas (Mérida, Oaxaca, Campeche, Puebla, Guanajuato, Morelia...) estén en condiciones de competir por esa designación. Se recordará que, en Guadalajara, las autoridades locales hicieron el compromiso público de devolver a la otrora "Perla de Occidente" su añejo rango de "la mejor ciudad de México" -"¡'ai pinchemente!", con la venia de Juan José Doñán-, para sus habitantes, principalmente, y que, incluso, le pusieron fecha: para el año 2042 (dentro de un cuarto de siglo), cuando se cumpla el 5o. centenario de su fundación.

En lo que se cumple el plazo, convengamos en que merece celebrarse que a nivel internacional, a cambio de tantos horrores, se diga algo bueno de México... aunque no sea -por esta vez- de Guadalajara.

Jaime García Elías
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 13 de julio de 2017).

Como peatón, casi cualquier otro habitante de la ciudad es mi enemigo natural. Los automóviles desean mi mal y los ciclistas otro tanto (creo que las estadísticas dejan fuera de discusión que la poca pericia y las malas artes al volante dejan un sinfín de choques, arrollamientos y percances evitables; de lo que se habla menos es del hecho de que los ciclistas, en general, tampoco es que sean esos Mahatma Gandhi que hablan en los medios; pero, y esto es importante, el impacto de sus acciones es mucho menor). La única diferencia (ya anotada y que no es cualquier cosa) es que si me pega un auto, milagro será que la libre, mientras que de la embestida de una bicicleta es más probable salir incólume. Pero ahí no terminan los problemas, porque hay que contar también a la enorme cantidad de tapatíos que consideran que subir su vehículo a la banqueta es un derecho humano inalienable, así como dejar sus rejas abiertas (y hasta atorarlas, no vaya a ser que alguien quiera pasar y se las cierre). El tapatío es un toro bravo que considera que la calle y la acera son suyas y de nadie más y que lo demuestra con lo que pueda: con un autobús, con una camioneta, con una moto, con una bicla, con un enrejado...

Por otra parte, los sistemas de transporte público en la ciudad son una vergüenza. Son inseguros, su cobertura es insuficiente, su servicio es pésimo. Es lógico que se busquen alternativas. Una de ellas, las ciclovías. El hecho de que estén mal construidas, que no hagan conexiones entre sí en la mayoría de los casos y que resulten, en ocasiones, hasta imprácticas con el resto del entorno (hay una que pasa enfrente de un hospital y convierte la llegada a urgencias en un caos), creo que está fuera de duda que es mejor que las haya a que no.

Pero la cosa no debería quedar allí. Los tapatíos requerimos, de modo urgente, un cambio en la manera en que nos movemos en la ciudad. Nuestro comportamiento vial es atroz.

La ciudadanía y sus bicicletas no van a resolver el problema de fondo, que es el desastre absoluto de nuestro sistema de transporte público.

Antonio Ortuño
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 14 de julio de 2017).

Cuando el Mercado Libertad comenzó a funcionar, hace poco más de medio siglo, era -casi como la Catedral; casi como los rosales, rebosantes de flores, de la Avenida de las Américas; tanto o más que Los Arcos de la Avenida Vallarta- timbre de orgullo de Guadalajara. Era -como los de Oaxaca o Guanajuato- tarjeta postal obligada para los turistas: la variedad de las artesanías y la abundancia y el colorido de las frutas quedaron registrados en miles de fotografías captadas por los visitantes. El olor de los alimentos en proceso de preparación -los chiles rellenos, muy particularmente- y la limpieza resplandeciente en la zona de restaurantes, eran irresistibles...

La noticia de que la autoridad municipal "inauguró" -en la acepción de "abrir solemnemente un establecimiento público"- la 1a. etapa de la enésima "renovación" a la que el inmueble se ha sometido, invita a soñar, en alas de la nostalgia, en que el mercado recupere la dignidad que tuvo y vuelva a ser el lugar de visita obligada para los forasteros que alguna vez fue, y motivo para que los lugareños, parafraseando la frase que el viejo Catecismo de Ripalda dedicaba al sacramento de la penitencia (hoy "reconciliación"), sostuvieran que "comer en el Mercado Libertad es obligación de todos los tapatíos, una vez al año... o antes si se está en peligro de muerte".

La historia de cómo el Mercado Libertad se degradó paulatinamente, es del dominio público. A la avaricia de los potenciales locatarios que surgieron cuando constataron las bondades de la obra y pensaron -es un decir- que "todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" (o, en el caso, "desacomodar") se sumó la falta de visión y eventualmente la corrupción de los gobernantes. La suma de esos factores derivó en la invasión irracional y la consiguiente saturación de los espacios, en detrimento, primero, de la estética del local; y segundo, de la comodidad e incluso la seguridad de los visitantes.

Revertir esos vicios acumulados y consolidados se antoja imposible: por una parte, se aducen "derechos adquiridos" de los comerciantes que han atestado el inmueble; por la otra, la ambición de quienes atiborraron de vendedores el mercado, o permitieron que se atiborrara, en detrimento del confort y la seguridad -reiterémoslo- de los potenciales compradores, va de la mano con la temeridad.

Moraleja de la historia (con música de mariachi): "Ayer maravilla fui, Llorona... y ahora ni sombra soy".

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 20 de julio de 2017).

Viene al caso recordar que el catálogo de "intervenciones" -felizmente realizadas unas, arteramente perpetradas otras- en parques, glorietas, camellones y demás, en esta "Tierra de Dios y de María Santísima" es bastante extenso; inabarcable, quizás...

Entre los obligados botones de muestra, acuden a la memoria, desordenadamente, la escultura del Monumento a la Madre, del que la "vox populi" decía que era "mucha piedra y poca madre"; originalmente colocada en una glorieta de la Calzada Independencia, fue sustituida por la "Fuente Olímpica" -en ocasión de los Juegos de 1968 en México-, que pasó a ser conocida como "el monumento al pollo rostizado". A la gigantesca escultura abstracta denominada "La Inmolación de Quetzalcóatl" (una de las manías del entonces presidente José López Portillo) se le conoce más por el mote familiar de "El Rabito de Porky". A la que se colocó en la Avenida de Las Rosas en sustitución de la de "La Hermana Agua", el mismo ingenio popular que rebautizó al águila pétrea de la Plaza de la Bandera como "El Zopilote Mojado", dio un mote nada encomiástico: "La Hermana Drácula". Los inconclusos (y costosos) "Arcos del Milenio" también han salido bastante raspados -al igual que su autor... y las autoridades que le encomendaron el proyecto- en la inevitable polémica sobre su pertinencia estética.

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 26 de julio de 2017).

La culpa no es del agua, ni del cambio climático, ni de este o aquel ciclón con nombre de teibolera, sino de la forma en que diseñamos la ciudad. Nos pareció fácil construir calles donde había arroyos, rellenar cañadas para tener terrenos planos, llenar de pavimento y esconder el agua, tanto el agua contaminada por nosotros mismos, las aguas negras y residuales, como la de la lluvia. La modernidad creyó que todo lo podía.

Pero, no fue así. Acostumbrados a que, gracias a la ciencia y la tecnología, al abrir la llave sale agua y al tirar la cadena del baño desaparece el agua sucia como por arte de magia, hemos olvidado entender el ciclo del agua y cuál es nuestro papel en él.

Si la ciudad se inunda es porque la capacidad de desplazamiento de nuestros colectores es menor a la de la precipitación. Hacer colectores para desalojar esa cantidad de agua en solo unos minutos sería una locura, pues requeriríamos una inversión imposible para utilizarla máximo 10 horas al año, cuando llegan estas tormentas extraordinarias. Los colectores fueron diseñados, como en todas las ciudades del mundo, en función de las precipitaciones medias de esta zona. El problema es que ese sistema, diseñado para una ciudad con una extensión X, tiene ahora que dar servicio a una ciudad mucho más extensa y habitada por ciudadanos, ahí entramos nosotros, que no entendemos que cada bolsa de basura, no digamos colchón, sillón o tele, que tiramos en la calle pone en crisis un sistema de por sí endeble.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 26 de julio de 2017).

Además de las circunstancias "¿excusas?" consabidas, ¿qué ha llevado a Guadalajara a ser una ciudad decadente, que alcanza, y con trabajos, 65% de su potencial en todos los términos? Así sea para, tan sólo, provocar a la reflexión, se puede arriesgar una hipótesis: la decadencia de las elites.

Para los efectos de estas líneas, las elites tapatías son esos grupos de gentes, más o menos determinados y flexibles, que a través de la historia y las generaciones han establecido, con una mezcla de sabiduría y de audacia, los parámetros a los que debía de aspirar una ciudad, los usos y las prácticas culturales, económicas y artísticas que, pragmáticamente, eran la referencia y muchas veces el objetivo de amplios grupos sociales.

Uno de tantos ejemplos: los empresarios que, desde 1840, promovieron la industrialización de la ciudad y la región. Un grupo de personas ilustradas que fundaron las fábricas textiles de Atemajac, la Escoba, el Batán, El Salto y la Experiencia, entre otras factorías. Muy próximos a la revolución industrial comenzada en Inglaterra, pero también a la doctrina social de la Iglesia, formaron complejos industriales que mucho tenían de ejemplares. Salarios justos, prestaciones adecuadas, vivienda digna, educación, recreación y deporte, eran parte integral de esos núcleos fabriles. Falta una historia más detallada del espíritu de esas empresas -y el de sus fundadores- que a la distancia tienen mucho que ver con utopías humanistas como las que preconizaba Fourier.

¿De entonces a esta parte, qué sucedió? ¿Cuáles son las empresas que supieron recoger esas herencias? ¿Cuáles, además del simple lucro, buscaron la formación y el bienestar integrales de los trabajadores y sus familias? Tarea, sin duda, de historiadores. Lo que es factible observar es que, de un liderato nacional en el campo industrial, estamos ahora ante un panorama dependiente en su gran mayoría de capitales y voluntades que, contrariamente a lo que sucedía con la generación de 1840, son muy ajenos a la gente de aquí, a las necesidades, particularidades y retos de esta región.

Tomemos otro ejemplo: la generación de arquitectos de la Escuela Tapatía de Arquitectura y sus sucesores. La nómina es deslumbrante: Luis Barragán, Pedro Castellanos, Juan Palomar y Arias, Rafael Urzúa, Ignacio Díaz Morales, Enrique González Madrid. Después, tres figuras también fundamentales: Julio de la Peña, Salvador de Alba, Alejandro Zohn. Avanzando: Andrés Casillas, Gonzalo Villa Chávez, Marco Aldaco. Jorge Camberos y Esteban Wario en la arquitectura urbana. Y, por supuesto, algunos otros. ¿Y luego? No hace falta más que asomarse a las calles de Guadalajara (y de muchos pueblos) para comprobar cómo, de la espléndida ciudad que dejaron atrás, hemos hecho un triste batidillo.

¿Qué tenían en común el grupo de industriales de 1840 y los arquitectos de 1926-1970? Que eran elites profundamente tapatías, conocedoras y amantes de sus tradiciones y sus cosas, abiertas a las corrientes espirituales de todo el mundo, intensamente comunicadas entre sí, curiosas, socarronas, distanciadas del poder político, refinadas y cultas sin pretensiones.

¿Dónde están ahora estos grupos, esenciales según Barthes, para la estructuración anímica y funcional de una sociedad? Los industriales: ¿En las Taco Towers de San Diego o San Antonio? ¿Al fondo de un "coto" o en camino al centro comercial o al club de su preferencia? ¿Chapurreando pésimo inglés mientras lame los zapatos de un empresario gringo al que le va maquilar cualquier cosa? Por supuesto que no: esas no son elites, son simples ricos. Los arquitectos: ¿proyectando centritos comerciales, "cotos" o casas para "cotos", fachadas rimbombantes de vidrio y plástico? ¿Guardando silencio y acomodándose lo mejor que atinen para ir de simples ganapanes, sin tener nada que ver con la lucha por una mejor ciudad?

Queda pues, un largo pendiente: cómo una ciudad, y una región, puede generar las elites (no confundir con los económicamente pudientes) que sean un fermento de cambio y justicia. Que le vuelvan a dar a Guadalajara y a Occidente mayor cultura y personalidad, mayor hondura humana.

Juan Palomar Verea
(v.periódico El Informador en línea del 4 de agosto de 2017).

Alguien tiene que decirlo. En nombre del respeto a la ciudad en que se vive, y que es deber de todo ciudadano bien nacido y obligación de sus gobernantes, alguien tiene que decir "¡ya basta...!"; que Guadalajara ya ha soportado demasiadas agresiones al paisaje urbano -como lo denominan los entendidos- en nombre de la alianza, por demás ilícita, entre la mediocridad y la petulancia de supuestos artistas, y la complacencia de gobernantes con ínfulas de dejar huella, tan perpetua como sea posible, de su paso por los cargos públicos que desempeñaron; que no hay derecho a seguir destinando fondos públicos que preferentemente deberían aplicarse a resolver carencias básicas de la población -seguridad pública, por ejemplo- para "invertirlos" en estramancias que, lejos de embellecer a la casa común, la afean ostensiblemente.

Es probable que la intención de ornamentar a la ciudad, de devolverle algo de lo mucho que en ese aspecto ha perdido al paso de los años, sea genuina; y plausible, por tanto... En todo caso, alguien, por encima de los gobernantes, debería tener la autoridad moral para ponderar propuestas, alentar las encomiables e impedir que, a la ley de "aquí yo mando", se perpetren más barbaridades de las que ya soporta Guadalajara.

Alguien que pueda decirles, en suma, que "de mi arte a tu arte, yo prefiero mi arte".

Jaime García Elías
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 9 de agosto de 2017).

No sé si alguien recuerda el huracán Patricia, de octubre de 2015, que tuvo los vientos más fuertes registrados en el Hemisterio Occidental y amenazó con mandar a Jalisco a la lona (algunos locutores televisivos, con algo que no era fácil saber si era entusiasmo o pánico, citaban continuamente la catástrofe provocada por el paso del huracán Katrina por Nueva Orleáns, en 2005, como ejemplo de lo que podría esperarnos, pese a que nuestra ciudad se encuentra a cientos de kilómetros del mar). No llegó a suceder nada espantoso, por fortuna, porque el huracán no pegó de lleno en las poblaciones costeras, se estampó en la Sierra Madre y perdió toda su fuerza. Aunque en la costa hubo municipios con daños severos, en la ciudad no sucedió nada más allá de que los tapatíos se pasaron un par de mañanas, grises y ventosas, bajo un tenue manto de lluvia. Eso sí: se evacuaron escuelas y algunas oficinas, se llamó a reforzar ventanas y a acudir a albergues si la cosa empeoraba. Se produjeron escenas de confusión y hasta de pánico. Yo me encontraba en la Ciudad de México y, rodeado de capitalinos, me tocó mirar la cobertura en televisores de bar que generalmente solo transmiten partidos de futbol o peleas de box. "Ya se va a acabar Guanatos", le dijo con cierto pasmo el mesero a un parroquiano recién llegado que atinó a preguntar qué estábamos mirando todos en las pantallas. Yo sentí como si me dieran una cuchillada, la verdad. "Guanatos", por suerte y como todos sabemos, sobrevivió bien. Sin embargo, ese par de días de azoro deberían servir para recordarnos que nuestra infraestructura urbana no está como para soportar nada fuera de lo normal (si lo normal lo soporta muy apenitas).

Antonio Ortuño
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 3 de septiembre de 2017).

¿Sabía usted, o se imaginaba al menos, que Guadalajara es, de cuantas hay en este pícaro mundo, "la ciudad más querida por sus jóvenes"? ¿Más que Guanajuato, Zacatecas o la propia Ciudad de México, entre las mexicanas, o que Coimbra, Barcelona, Praga, Berlín, Hong Kong, Sidney o la que a usted se le ocurra, de cuantas hay en este planeta, por los suyos?... ¿Sabía que los confeccionistas de rankings -para no dejar pasar la ocasión de usar ese neologismo- descubrieron que, por contrapartida, Toluca fue clasificada -también a nivel mundial, habrá que suponer- como "la menos querida" por su población joven?...

En lo que se difunden también -y se ponderan, a la pasada- la metodología de la encuesta y la validez de los parámetros que llevaron a esas conclusiones, los tapatíos podrían hacer el ejercicio de buscar, entre sus experiencias cotidianas, indicios del cariño de los jóvenes, particularmente, por su ciudad...

Puesto que el grafiti es una expresión típicamente juvenil, podrían buscarse, por ejemplo, los argumentos que demuestren que pintarrajear garabatos -para denotar dominio territorial, según eso- en cuanta pared, cortina metálica y hasta edificio público se pone al alcance de los jóvenes provistos con las correspondientes latas de pintura en aerosol, es, precisamente, una manifestación de cariño por la casa común. Puesto que el vandalismo en autobuses urbanos, parques públicos o unidades deportiva es otra conducta que se atribuye asimismo, de manera preponderante, a los jóvenes, convendría tener argumentos para entenderlo precisamente como señal de afecto y de respeto por la ciudad, y no como muestra fehaciente de incultura, falta de civismo y desprecio por la ciudad.

Jaime García Elías
(v.pág.9-A del periódico El Informador del 8 de septiembre de 2017).

Guadalajara está en una zona sísmica. En sus 475 años de historia ha sido objeto de un sismo de consecuencias mayores al menos cada siglo, el último fue el de 1932 que afectó a Jalisco y Colima. Fue un terremoto de entre 8.1 y 8.4 grados con epicentro a 60 kilómetros de profundidad frente a Cihuatlán. El saldo reportado fue de al menos 300 muertos. La barranca, que limita Guadalajara al oriente y al norte, es una falla sísmica que representa también un riesgo para la ciudad. El año pasado nos sacó un buen susto: fue un temblor ligero pero por la cercanía lo sentimos literalmente como en casa. En 85 años no hemos vuelto a tener un sismo de consecuencias desastrosas en Guadalajara, pero lo más seguro es que lo volveremos a tener.

De acuerdo con datos del Centro Nacional para la Prevención de Desastres (Cenapred), 11 de los 75 sismos mayores a 7 grados o que tuvieron consecuencias de pérdida de vidas humanas en el país sucedieron en las costas de Jalisco, Colima y Nayarit, o su origen fue el volcán de Colima. Dicho de otro modo: 15 de cada 100 sismos devastadores afectan a Jalisco y por supuesto a la zona metropolitana de Guadalajara.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de septiembre de 2017).

Hasta hace unos años solía decirse, a manera de chascarrillo, que "Guadalajara no crece: se desparrama". Con respecto a las añejas limitaciones que, en parte por la costumbre y en parte por los reglamentos municipales que imperaban, había la leyenda de que no se permitía construir edificios más altos que las torres de Catedral. Verdadero o falso, el hecho fue que aún pasaron varios años desde que la ciudad se convirtió en metrópoli -cuando llegó al millón de habitantes, en 1964- hasta que comenzaron a construirse edificios de más de 7 pisos.

Una vez que la antigua Guadalajara se transformó en Zona Metropolitana al devorar a los municipios que antaño la circundaban, el crecimiento vertical es una de sus señales de identidad... sin que el crecimiento horizontal se haya contenido. Lo que significa que la Guadalajara actual crece como antes no lo hacía... y se desparrama como siempre lo ha hecho.

El fenómeno es visto por los inversionistas del ramo inmobiliario como una señal de progreso. Que actualmente estén en construcción alrededor de 100 torres de departamentos u oficinas, se interpreta como un gran paso hacia la modernidad. Que dichos inversionistas decidan, calculadora en mano, que construir una mansión en una colonia residencial es mucho menos rentable que construir una torre de 20 pisos, explica el fenómeno que se vive actualmente: la incontenible tendencia a "redensificar" la ciudad; a hacerla más alta... y, supuestamente, más compacta y eficaz...

Probablemente tenga validez, a beneficio de inventario, la hipótesis de que el crecimiento de Guadalajara, a la usanza tradicional -horizontal, pues- ya era insostenible. Considerando, sin embargo, que los habitantes de las torres de departamentos que por doquier se construyen, demandarán una serie de servicios básicos -agua, drenaje, transporte, seguridad, escuelas, parques y jardines...-; que la infraestructura hidráulica ya es insuficiente y obsoleta; que la movilidad urbana va de mal en peor; que los colapsos viales, antaño excepcionales, se han vuelto cotidianos; que la carrera entre el crecimiento de la ciudad y el del transporte público es similar al de la liebre y la tortuga (sin esperanzas de que aquí, como en la añeja fabulilla, gane la tortuga); que no hay proporción entre los espacios públicos existentes y las demandas de los habitantes, la desoladora realidad es que mientras los promotores inmobiliarios se frotan las manos, la calidad de vida de los tapatíos -envidiable hasta hace unos años- parece estar condenada a un deterioro incontenible.

Jaime García Elías
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 3 de octubre de 2017).
Pronóstico del tiempo.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 27 de octubre de 2017).


Con la llegada de la interminable y super costosa "línea tres" [del Tren Ligero], nuevamente la iglesia de San Francisco fue dañada, precisamente por los trabajos previos destinados a que no se dañara. Lo extraño y paradójico del asunto es que los trabajos en pro de la conservación de este verdadero monumento de nuestra historia parece que solamente interesan y preocupan a los franciscanos, como si sólo ellos comprendieran el valor y significado de esta valiosa herencia de nuestra ciudad.

Armando González Escoto
(v.pág.5-B del periódico El Informador del 5 de noviembre de 2017).

De acuerdo con las estimaciones del Instituto Estatal de Geografía y Estadística, la zona metropolitana, Guadalajara para ahorrar letras, llegó ya a los 5 millones de habitantes. ¿Lo festejamos o nos lamentamos?

En poco más de 50 años Guadalajara multiplicó por 5 el número de habitantes.

Si la ciudad creció a ese ritmo es porque algo bueno ofrecía. Ni multiplicándonos como conejos lo habríamos logrado solo los oriundos. Ninguna ciudad puede quintuplicar su población en medio siglo si no es porque es atractiva. Prueba de ello es que hoy la mitad de los tapatíos son de 1a. o 2a. generación; ellos o sus padres no nacieron aquí, sino que eligieron esta ciudad. Guadalajara fue capaz de atraer talento, de seducir a habitantes de otros lares, cerca o lejos, que encontraron aquí trabajo, calidez y una calidad de vida mejor a la que tenían en su lugar de origen. Gracias a los migrantes la ciudad pudo también romper su provincianismo: se hizo más plural, más diversa, más fuerte culturalmente. La ciudad de hoy, con todos sus problemas y contradicciones, es sin duda mejor que la de los 60.

El problema es que al tiempo que Guadalajara multiplicó por 5 su población en este medio siglo multiplicó por 10 el número de automóviles y casi por 8 la mancha urbana. Perdimos densidad poblacional, pero no a cambio de un mejor espacio público, sino de una discontinuidad urbana. La ciudad se desparramó y el transporte público fracasó. Eso, y un extraño culto al automóvil importada del modelo americano de vida, provocó que el número de autos por persona se duplicara con las consecuencias de contaminación, tráfico e invasión del espacio que ello implica.

Dentro de 25 años, cuando la ciudad llegue a sus 500 años de vida, la expectativa es que seremos 8 millones de tapatíos desparramados en 9 municipios. Si seguimos la expansión con la misma lógica de urbanización y desarrollo urbano vamos a construir un monstruo inhabitable. Si ocupamos los espacios vacíos y redensificamos moderadamente la ciudad cabremos todos en el mismo espacio. Ese es el reto.

Diego Petersen Farah
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 9 de noviembre de 2017).
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Fecha de última actualización: 9 de noviembre de 2017.
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