El berrinche infantil del mexicano


Imagine a un agricultor que siembra las semillas de algún cereal como maíz o trigo en su parcela y que al día siguiente vuelve y reclama y se enoja porque aún no hay nada que cosechar. Nos parecería alguien sin sentido de la realidad pues no entiende que deben transcurrir varios meses antes de que la semilla sembrada se convierta en un fruto apto para ser cosechado.

Esta metáfora viene a cuento por diversos reclamos que hemos escuchado últimamente. Uno de ellos fue tras conocer los resultados de la prueba PISA.

Algunos culparon a la reforma educativa.

Desde luego que los datos son desastrosos. Estar en último lugar entre los países de la OCDE en la evaluación de ciencia, lectura y matemáticas, para jóvenes de 15 años, es para poner nuevamente el tema como prioridad nacional.

Pero, ese resultado nada tiene que ver con la reforma educativa.

Más allá de que la reforma se ha entrampado en el tema laboral y de relación con la CNTE, aunque todo hubiera salido muy bien y estuviera avanzando aceleradamente, no tendría ninguna incidencia sobre el nivel académico de los egresados de 3o. de secundaria.

Veamos otro caso: la reforma energética.

En días pasados se realizó la licitación más importante desde que el congreso aprobó la reforma energética, y se asignó 80% de los bloques puestos a concurso además de que Pemex formalizó su 1a. asociación estratégica.

Como resultado de ello, se empezarán a producir hidrocarburos hasta por 900,000 barriles diarios en un lapso que va de 7 a 10 años, es decir, para 2023 a 2026.

Y, sobre esta base, hay quien dice que fracasó la reforma energética porque la producción de crudo continúa a la baja. Hay que esperar que las inversiones fructifiquen, como sucede en la industria petrolera de cualquier parte del mundo.

Pero la impaciencia no ha sido sólo de los críticos a las reformas. El gobierno explicó por meses que la reducción de las tarifas eléctricas a la industria se debía a la reforma energética, cuando el factor más importante fue la sustitución de combustóleo por gas y la caída de los precios internacionales del hidrocarburo.

A noviembre de este año, para el consumidor doméstico la electricidad ya está 5.8% más cara que en el mismo mes de 2012. Y para la industria ya está al mismo nivel de noviembre de 2012, cuando el año pasado tenía una caída de 19%.

Es probable que a la larga las tarifas eléctricas bajen. Pero por ahora se van a mover con los precios de los hidrocarburos, y especialmente del gas.

¿Por qué la impaciencia?

Cuando nuestras expectativas son favorables, estamos en disposición de permitir que se pospongan los beneficios de políticas correctas, que tardarán un tiempo en rendir frutos.

Cuando la sociedad está cansada y pesimista, pierde la racionalidad y la paciencia.

Y quien prometa cosechas rápidas y sin esfuerzo va a obtener respaldo, mientras que a los que insistan en que para cosechar hay que sembrar, regar, fertilizar, cuidar y dar tiempo, probablemente les espere el escepticismo y el rechazo.

Ése es un dilema en el que estaremos metidos en los siguientes años.

Enrique Quintana
(v.periódico El Financiero en línea del 12 de diciembre de 2016).

Todos, o casi todos, recuerdan "la madriza" mediática que manos interesadas y voces preocupadas propinaron a Enrique Peña Nieto por la invitación al entonces candidato Donald Trump.

Con el tiempo, pocos -o muy pocos- se atrevieron a reconocer que el presidente mexicano realizó un análisis correcto sobre las elecciones presidenciales de Estados Unidos y, por supuesto, sobre la victoria de Trump.

Algo parecido ocurrió en el caso de la visita de Peña Nieto a Cuba, solo que sin "la madriza" mediática.

Muchos cuestionaron que Peña Nieto hiciera lo que -diplomáticamente hablando- tenía que hacer respecto a la muerte del dictador Castro. Muchos criticaron la visita del Presidente mexicano a La Habana, en donde se reunió con "la crema y nata" de los dictadores latinoamericanos y de otras latitudes.

Y sea por ignorancia, mala leche, interés electorero rumbo a 2018 o -de plano- porque es moda "madrear" a Peña Nieto, muchas voces volvieron a la cargada contra el presidente mexicano.

¿A qué carajos fue Peña Nieto a Cuba?, era la pregunta en no pocos comederos políticos.

Para algunos, Peña Nieto cometió un error. ¿La razón? Que según esas voces el presidente no debió aparecer en el funeral de un dictador; no debió mostrarse entre la "crema y nata" de los dictadores latinoamericanos y que, en suma, no debía avalar una dictadura como la cubana y menos a las dictaduras que la aplauden.

Otros reclamaron que Peña Nieto atendiera en México los urgentes problemas resultantes de la victoria de Trump en Estados Unidos.

Lo cierto es que -otra vez-, todo indica que Peña Nieto cometió un notable acierto que, de nueva cuenta, muchos no quieren ver por ignorancia, miopía; por interés electorero, fobias o, de plano, porque lo políticamente correcto es madrear a Peña Nieto.

¿Y por qué fue un acierto la visita de Peña a Cuba?

Según embajadores de carrera consultados, Peña Nieto dio uno de los primeros golpes certeros antes de que su homólogo de Estados Unidos tome posesión.

La visita de Peña Nieto al funeral del dictador cubano fue una jugada diplomática "de fantasía"; jugada que muestra que el gobierno de México responde estratégicamente y con los instrumentos adecuados a los peligros que para el mundo, para el continente y para México significa Trump.

Pero existe otra resultante que pocos han querido ver. En La Habana se habría establecido el primer contacto con China para el diseño de la estrategia preventiva frente a las amenazas de Trump.

Ricardo Alemán, pág.19 del periódico Milenio Jalisco del 2 de diciembre de 2016.

No recuerdo un nivel de odio verde con espumarajos como suscita entre cierta clase media todo cuanto haga, y no haga, el presidente Enrique Peña Nieto: ni Díaz Ordaz después del 2 de octubre cuando, además, no se hubiera podido expresar nada en absoluto; tampoco Echeverría después del 10 de junio. Un par de crímenes en el archivo muerto donde no hubo un solo autor detenido. En cambio, los aprehendidos y acusados por el asesinato de 43 normalistas son un centenar, incluidos un alcalde y los autores materiales confesos.

La primera dama es discreta. Alguna vez leí a un crítico, de esos anónimos en redes sociales, señalar con indignación que le había visto repetir tres veces el mismo vestido. ¿Y no es eso un punto a favor de la señora en un país donde las senadoras de izquierda nos pasan sus gastos?

No he visto nada más ridículo, más ignorante, más pedestre y, además, dicho con pecho inflado, ojillos cerrados y sonrisita autosuficiente, que el video donde López Obrador explica que hacer un pozo de petróleo "no lleva mucha ciencia, es como uno de agua pero más profundo". El mismo personaje se ufana de no hablar inglés y no pasa nada.

No es asunto trivial porque, como los síntomas de una enfermedad grave, anuncia al mundo el espíritu de la raza. El nivel de nuestra crítica al gobierno denuncia la ausencia de formación ciudadana. Exhibe al crítico en todo su infantilismo enfermizo, de berrinche y pataleta. Nos da la medida de nuestra clase política: entra a saco sobre el presupuesto porque son niños en pastelería y destruyen más de lo que se comen.

En esos mares de bilis navegan viejos lobos del sistema priista como Manuel Bartlett, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, se atiborra los bolsillos la corte del Niño Verde; la CNTE y la CETEG destruyen Oaxaca y Chilpancingo para conservar el derecho a vender plazas y les regalan más. Mientras tanto, el público se ríe si Peña no logra decir "tres tristes tigres".

Luis González de Alba, pág.3 del periódico Milenio Jalisco del 13 de marzo de 2015.
El chip autoritario de buena parte de los políticos y analistas mexicanos le da el rasgo distintivo al infantilismo de los recetarios que suelen remitirle a través de los medios al nuevo presidente. Pero no se trata de simples recetarios. Van acompañados de advertencias perentorias de que se olvide de gobernar si no observa escrupulosamente cada una de sus estipulaciones.

Casi todas las recetas vienen de la matriz del absolutismo presidencial, pero han sobrevivido a la transición al presidencialismo acotado. Así lo manifestó el presidente Calderón al cumplir, a costa del ex presidente Fox, la prescripción que estipula acabar con todo vestigio positivo del antecesor como condición para fundar el nuevo reino sexenal. Y acaso lo que buscan las frecuentes convocatorias de Los Pinos a Peña Nieto es el exorcismo capaz de conjurar ese riesgo que siempre pende sobre el mandatario saliente.

Pero a raíz del descabezamiento en 1995, por Carlos Salinas, del imperio de impunidad del sindicato petrolero, un golpe conocido como el quinazo, y en la medida en que las malformaciones de la transición mexicana han generado otros centros de poder, real o potencialmente resistentes al cambio o remisos al mando gubernamental, la receta más socorrida se ha vuelto la aplicación de inyecciones de quinazo varias veces al día.

Estos días lo mismo le han recetado al presidente electo la aplicación de dosis mayores de quinazos a la líder magisterial Elba Esther Gordillo, que al petrolero Romero Deschamps, que al imperio abrumador de Carlos Slim, que a las fortificaciones de Azteca de Salinas Pliego y de Televisa de Azcárraga Jean.

Pero una cosa es combatir excesos, corruptelas e impunidades de sindicalistas y no sindicalistas, o promover leyes contra concentraciones monopólicas, como se ha hecho en EU con la industria petrolera y las telecomunicaciones, en beneficio de los consumidores y de la competitividad nacional, y otra muy diferente es recetar golpes discrecionales y descontones del poder presidencial, por lo demás, hoy inverosímiles, para eliminar del mapa a poderes sindicales o empresariales.

Pero la expectativa de quinazos no pasa de ser una fantasía del infantilismo autoritario que quiere ver castigados a sus demonios, a escoger entre diablos y diablas, sindicales o empresariales. En esta época del poder diluido, cualquier actor político o social encontrará en la ventilación pública de sus excesos su final cercano. Y si bien la Presidencia de hoy no puede decretar hostilidades ni castigos con el poder del pasado, sí tiene a su disposición un valioso instrumental de estrategias de gobierno y de políticas públicas a aplicar con los grupos involucrados -por poderosos que sean- con la firmeza de la persuasión y de las leyes.

José Carreño Carlón, pág.2-A del periódico El Informador del 24 de octubre de 2012.


La reciente boda de su hijo provocó que en la opinión política y las redes sociales el nombre de Carlos Salinas volviera a surgir como el imponderable bróker de la política mexicana, "padrino" del presidente electo Enrique Peña Nieto, jefe de la "mafia en el poder", y arquitecto del mantenimiento del status quo de los poderes establecidos. Salinas debe tener su ego totalmente inflado por ser considerado tan poderoso, pero como también es inteligente, sabe que eso no es cierto. Deja correr que eso se crea de él, pero en realidad, como se demostró en la fiesta del sábado pasado, si bien reunió a gente de poder, como apuntó un agudo observador, no fue la gente del poder.

La preposición modifica todo. Salinas es probablemente el ex presidente más sofisticado que haya tenido México, pero también con una imagen pública totalmente devastada, que lleva casi 20 años tratando. sin éxito, de reconstruirla. El causante de ello es el ex presidente Ernesto Zedillo, quien para desviar la atención de la profunda crisis económica del "error de diciembre" -como la calificó Salinas-, persiguió a su hermano mayor, Raúl, lo encarceló y aún hoy en día no termina de estar acosado por las acusaciones que le formularon por el asesinato de su ex cuñado y secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu en 1994.

Ante el acoso público instigado y alimentado desde Los Pinos, emprendió un largo exilio en La Habana, Montreal, Dublín y Londres. La persecución era sistemática. Legal, como en el caso de su hermano mayor; popular, estimulando la venta de máscaras de él en las calles; y mediática, cuando cada vez que llegaba a México salían versiones desde la casa presidencial de que los movimientos telúricos que coincidían curiosamente con varias de sus visitas, obedecían a su presencia.

Cuando Zedillo terminó su mandato, su ex secretario particular Liébano Sáenz se quedó sin ese manto protector y fue a pedirle perdón a Salinas. Una versión nunca desmentida es que llegó a ver al ex presidente y le lloró para pedir su perdón. En una ocasión Sáenz se topó con Raúl Salinas en un restaurante, casi una década después de estar en la cárcel por un crimen que para acusarlo inventaron cargos y pagaron testimonios en la fiscalía del caso durante el Gobierno de Zedillo, y le fue a decir que entendiera que él "sólo recibía órdenes". Salinas, sin pararse de la silla, le respondió: "Sí, pero lo hiciste con muchas ganas".

El rencor de Carlos Salinas hacia Zedillo nunca se enfrió. Dos libros que escribió sobre su sexenio son una crítica permanente a su sucesor por no haber hecho las segundas reformas neoliberales, y sus abogados estuvieron detrás de la demand que le presentaron en New Haven por su presunta culpabilidad en la matanza de Acteal. Sólo hasta después de que terminó Zedillo su presidencia, Salinas regresó a vivir a México. En el sexenio pasado participó en el intento por descarrillar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador con su manejo en Televisa de los videoescándalos en 2003, y más adelante con su cabildeo indirecto en el Tribunal Electoral -al que todas las partes recurrieron- para que se validara la victoria de Felipe Calderón.

Durante este sexenio, mientras Peña Nieto caminaba rumbo a la presidencia y López Obrador veía en Salinas la Némesis de la evolución democrática en México, el ex presidente hacía trabajos de menor envergadura política, como ser gestor de varios gobernadores ante el Gobierno federal para que les autorizaran presupuestos de obras, o de buscar, como desde hace un par de años en Cancún, las mejores facilidades para crear ahí, con dinero inglés, un centro financiero y residencial. Esa ha sido la parte toral de su actividad en México, no el José Fouché de Peña Nieto y mucho menos su príncipe maquiavélico.

Salinas tiene la fama del poder, pero no la llave del poder.

Ni el presidente electo ni su equipo más cercano niegan tener una relación de respeto y profesional con él, pero está lejos el ex presidente de hablarles al oído. El poder de Peña Nieto no tiene como fuente a Salinas, sino radica más en la fuerza de Atlacomulco y la legislatura donde su ex coordinador de campaña y una de las 2 cabezas del equipo de transición, Luis Videgaray, estuvo.

Salinas no es lo que él deja que se proyecte de su poder, ni tiene la fuerza que le adjudican sus adversarios ideológicos. Quien así lo crea, estará perdiendo la perspectiva del futuro poder y no terminará de comprender el acomodo en el nuevo gobierno ni el papel que jugarán sus principales actores.

Raymundo Riva Palacio, pág.2-B del periódico El Informador del 30 de septiembre de 2012.


Salinas no tiene ya méritos. No fue el hombre que trasformó este país, no sentó las bases para que se convirtiera en una gran potencia industrial, no contribuyó al desarrollo político de la nación, no llevó a todo un partido hacia la modernidad bajo la doctrina del "liberalismo social", no celebró con el país más poderoso del mundo un acuerdo económico decisivamente beneficioso para México, no construyó una impresionante red de infraestructuras ni creó tampoco un eficaz sistema de asistencia social. No, no hizo nada de esto. Su único legado es la crisis de 1994 y una reputación de gran corrupto.

El mito del Salinas diabólico es una de las más fascinantes leyendas de este país. Pasarán muchos años antes de que la historia coloque a este hombre en el lugar que le corresponde: ni ángel ni demonio; más bien, un presidente de luces y sombras que, a pesar de todo, fue el último que tuvo la posibilidad de realizar grandes cambios en México.

Román Revueltas Retes, pág.4 del periódico Público del 17 de mayo de 2009.


Todos hemos visto la escena odiosa: el niño tirado en el suelo en pleno pataleo porque su madre no le compra la bicicleta deseada. La respuesta es siempre la misma en todos los idiomas: ¡Fea, fea, ya no te quiero!

La exhibición dada el sábado por los mexicanos en las llamadas telefónicas y entrevistas callejeras no puede sino verse idéntica. El ex presidente Carlos Salinas de Gortari llega a México por unas horas. La turba lo habría matado. Como no lo tienen al alcance, el linchamiento es verbal y bien alentado por los conductores que llaman "clamor popular" a sandeces del tipo: ¡Cómo lo dejaron entrar! ¡A qué viene! ¡Que se largue! Una respuesta insistente se resume en la expresión: "Luego de todo lo que nos hizo". Veamos qué nos hizo.

Feo, feo, ya no te queremos

Carlos Salinas terminó su sexenio con la popularidad más alta de presidente alguno: 83 por ciento de los mexicanos; entregando a Zedillo el peso a 3.50 por dólar, una inflación del 8 por ciento anual y, como él lo recordó a Sergio Sarmiento: "el kilo de tortilla a peso, el litro de leche a 1.90". Eso dejó. Lo que se haya robado su hermano de ninguna manera explica la gigantesca crisis de 1995. La gente cree que 200 millones de dólares desbalancean a México. Pero ni eso ni diez veces más habría causado una crisis como la vivida. México es una de las quince mayores economias del mundo. La fuga de capitales es la explicación. No el robo. Y, además, también es parte de la fantasía popular que el hermano encarcelado, Raúl Salinas, "robó" del erario la fortuna descubierta en bancos de todo el mundo. Que nos lo robó de nuestros impuestos. Pero el origen de esa fortuna mal habida es un poco más complicado, si bien al taxista y a la secretaria no les gustan las complicaciones. Es más simplón llamarlo "ratero". La fortuna tiene su origen, como lo demuestra el proceso, en actos de corrupción, en venta de "ayudas", en tráfico de influencia basada en los apellidos. Lo cual es por supuesto delictuoso, y, como admitió el mismo ex presidente, no porque haya sido una práctica común en México debemos admitirla en este caso. Raúl Salinas arruinó el nombre de su hermano, de su familia y del país. Cierto. Pero no causó la crisis.

La huida de capitales

La crisis de 1995 fue causada por el manejo inexperto del nuevo equipo gobernante encabezado por Ernesto Zedillo. El peso no podía seguir a 3.50, pero hasta para devaluar se debe tener eficacia. Y no la tuvieron.

No era la primera vez que Zedillo se aventaba con el cuidado de elefante en cristalería a ejecutar una medida riesgosa. Recordemos que, como secretario de Educación Pública, su obra cumbre fueron unos libros de texto gratuitos... que jamás pudieron ser repartidos. El criterio de nuestros mejores historiadores ha sido que el Pípila es un mito y que la defensa del castillo de Chapultepec sí ocurrió, pero en los nombres venerados ni están todos los que son ni son todos los que están. Con criterio moderno corrigieron... sólo para enfretar una campaña de prensa escandalizada que Zedillo perdió y a su subsecretario le produjo un infarto.

Ernesto Zedillo unca había pasado por una elección popular a ningún puesto. Por tanto cree que basta con tener la razón, pero en política más importante que tener razón es convencer de que se la tiene. Una vez presidente, hizo lo que los textos de economía recetaban: devaluó. No fue ese el error, sino el cómo. Lo hizo en plena fuga de capitales. Y la fuga tuvo dos causas claras.

Las causas de la fuga

Primera. Que el primero de enero de 1994, con el estreno de la integración de América del Norte en un mercado libre, en Chiapas tuvimos un levantamiento guerrillero.

No olvidemos que el levantamiento del EZLN, según se explicó en su primer comunicado, no era en defensa de la población india, causa defendible; sino muy claramente para tomar por medios militares la capital de la república e instalar en el país un gobierno socialista... en pleno derrumbe del socialismo mundial.

Cualquiera que revise la salida de capitales verá que algunos grandes, medianos y pequeños capitales esperaban ansiosos el 2 de enero a que abrieran los bancos para enviar sus ahorros a lugar seguro.

La muerte de Colosio

Segunda. Pero tres meses después, la muerte del candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, convirtió a México en un país cuyo futuro económico era impredecible, y en alud la huida de capitales. No se los llevó Raúl Salinas, mito infantil, los sacaron sus propios dueños. Ellos nos dejaron sin un centavo. El "clamor popular" no se da por satisfecho con la detención del criminal confeso, juzgado y encarcelado. Todo el mundo está convencido de un absurdo: a Colosio lo mató quien lo impuso al PRI como candidato. La imposición de Colosio le costó al entonces presidente Salinas la rebelión de Manuel Camacho y las dudas en las propias filas del PRI. Dudas que debió enfrentar con aquel ya histórico: "No se hagan bolas, el candidato es Colosio". ¿Y luego lo mandó matar? Sí, "porque lo digo yo".

La respuesta del pueblo es semejante a la que damos ante la pérdida de medio territorio hace 150 años, hoy parte de Estados Unidos. La perdimos en una guerra por ineptos militarmente, porque los católicos más conservadores se levantaron en guerra civil mientras el país estaba en plena guerra con otro entonces más pequeño, pero bien armado; porque nuestro catolicismo siempre ha visto a la ciencia con sospecha, y por tanto no tuvimos desarrollo de industria ni de armamento para defendernos. Y ahora, pregunten los de la televisión al "clamor popular": el único culpable es el presidente Santa Anna que "vendió" esos territorios. Salto explicativo, fantasía ridícula, que nos libera de culpa.

A Salinas se le ha hecho lo mismo. Ya nadie recuerda las tortillas a peso. Ni las camisas a 20 pesos, por obra de la apertura comercial. Sólo queda la memoria de "lo que nos hizo", pero el entrevistador callejero se cuida bien de no preguntar a la balbuceante persona entrevistada: "¿Y qué nos hizo?". Verámos entonces las profundidades del berrinche popular

Luis Gonzáles de Alba, pág. 6 de la sección "Arte & Gente" del diario Público del 14 de junio de 1999.


Carta dirigida al director del desparecido periódico "Siglo XXI" el 23 de octubre de 1996 (y hasta donde sé, nunca publicada).

Señor director:

En la sección CORREO, en la página 2, el Sr. Víctor Manuel Saavedra S., con atribuciones que ignoro de donde provienen, sugiere a la Srita. Noemí Aguirre, Reina de las Fiestas de Octubre, que se vaya a vivir a Dublín porque la opinión de la Srita. Aguirre acerca del Sr. Carlos Salinas no está de acuerdo con la del Sr. Saavedra.

Pienso que uno de los principales problemas que como mexicanos tenemos es la falta de tolerancia hacia las ideas que difieren de las propias. Esto es un rasgo de inmadurez que nos caracteriza y que ha dañado nuestra actitud cívica y social. No es posible desterrar a nadie por sus pensamientos o creencias, volveríamos a un oscurantismo similar al que arrojó fuera de España a los judíos sefarditas que no quisieron convertirse al catolicismo una vez terminada la reconquista.

Lo anterior no quiere decir que yo esté de acuerdo con la Srita. Aguirre, me faltan elementos ciertos de juicio para calificar al gobierno del Sr. Carlos Salinas como mejor o peor que los que le precedieron o que el de los miembros de su camarilla que actualmente nos gobiernan. Lo que es cierto es que no estoy dispuesto a su linchamiento ni al de nadie, y menos por la simple razón de que es "el sentir de la mayoría de los mexicanos" como afirma el Sr. Saavedra. El sentir de las mayorías no es prueba de la verdad. Durante cientos de años las mayorías creyeron que la tierra era plana y, a pesar de ellas, la tierra siguió siendo casi esférica, tal como a la fecha continúa.


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